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Lo Que Cuesta Seguir A Cristo

El sermón basado en Mateo 8:18-22 enfatiza el costo de seguir a Cristo, destacando dos condiciones: negarse a sí mismo y tomar la cruz diariamente. Jesús aclara que seguirlo implica priorizarlo sobre todo lo demás, incluso sobre la familia y los deseos personales. La vida cristiana no es cómoda y requiere un compromiso serio y constante con la voluntad de Dios.
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Lo Que Cuesta Seguir A Cristo

El sermón basado en Mateo 8:18-22 enfatiza el costo de seguir a Cristo, destacando dos condiciones: negarse a sí mismo y tomar la cruz diariamente. Jesús aclara que seguirlo implica priorizarlo sobre todo lo demás, incluso sobre la familia y los deseos personales. La vida cristiana no es cómoda y requiere un compromiso serio y constante con la voluntad de Dios.
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Sermón: Mateo 8:18-22 Lo que cuesta seguir a Cristo

Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. Y vino un escriba y le dijo: Maestro,
te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos;
mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: Señor,
permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos
entierren a sus muertos.

Mateo 8:18-22

Cita bíblica: «…Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz
cada, y sígame….» Lucas 9:23. Ref. Mateo 16:24, y Marcos 8:34

Introducción:

Que maravillosa invitación la que hizo el Señor Jesucristo hace miles de años y hoy todavía la esta
haciendo, «si alguno quiere venir en pos de mi» puede venir, está bien sígame, pero bajo mis términos,
bajo mis reglas, bajo mis condiciones, «niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame»

Según este verso hay dos principios para seguir a Cristo, dos condiciones.

1 era condición. Niéguese a sí mismo

El significado de la palabra negación: Es no ceder a sus deseos y apetitos, sujetándose enteramente a la


ley, y gobernándose, no por su juicio, sino por el dictamen ajeno conforme a la doctrina del evangelio.
Rae, es abandonar voluntariamente una cosa que se posee, o algo a lo que se tiene derecho; en otras
palabras es cederle mi voluntad a aquel que me llamo, que es Cristo.

2da. condición. «tome su cruz cada día» ref. Mateo 10:38

Pero surge una pregunta, ¿qué era la cruz en el tiempo que Cristo dijo? «tome su cruz»

A. bueno era una herramienta de tortura.B. el peor medio de tortura de aquel tiempo creo yo.C. Un
medio de sufrimiento y ejecución.

Me llama la atención que Cristo todavía no había sido crucificado, pero él ya estaba hablando de la cruz,
eso me dice a mí que en aquel tiempo la gente había mirado gente crucificada.

Por eso el Apóstol Pablo les dijo a los Gálatas:

«…Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mi, y lo que ahora lo vivo
en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amo y se entrego a sí mismo por mi…» Gálatas
2:20
En Mateo 16:24 dice así: «…Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mi,
niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame…» Es como si Cristo le dijera a usted y a mi hoy, «tienen
que olvidarse de hacer lo que ustedes quieran hacer; dejen de hacer su voluntad y hagan mi voluntad y
singani».

Seguir a Cristo es voluntario, Cristo no nos obliga, ¿verdad que no? ¿Hay alguien aquí hoy que está
sirviendo al Señor Jesucristo a la fuerza? no creo. Sigamos, todo creyente que sigue a Cristo es un
discípulo de Él, aprende a seguir al maestro todos los días, no solo cuando uno quiere, ser seguidor de
Cristo es cada día, seguir al maestro es ser obediente a Él, y ahí es donde muchos fallamos, ¿si o no?
Seguir a Cristo implica hacer un lado a mi yo.

Según Lucas 9:57-58 alguien le dice a Cristo que lo quiere seguir, pero el Señor le dijo: «…Las zorras
tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su
cabeza…», la respuesta de Cristo lo dejó sin palabras, y en los versos 59-60 del mismo capítulo 9 de
Lucas sigue diciendo: «…Y dijo a otro: «sígueme,» él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a
mi padre….» Y ahí mismo en Lucas 9:61-62, alguien más quería seguir a Jesús pero puso una condición,
un «pero» leamos, «…entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor, pero déjame que me despida
primero de los que están en mi casa…» Estos tres casos tienen algo en común, no quieren poner lo
primero, primero; en otras palabras no quieren poner a Cristo en primer lugar, quieren seguir a Jesús
cuando ellos puedan y quieran.

Sermón: Mateo 8:18-22 Lo que cuesta seguir a Cristo Pastor Roberto Quiñones Cardona

Mateo 8:18-22 “18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. 19 Y vino un
escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 20 Jesús le dijo: Las zorras tienen
guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. 21 Otro
de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. 22 Jesús le dijo:
Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.”

Posiblemente tú conoces de alguien que por causa de la necesidad de tener un empleo decide
enlistarse en el ejército. O tal vez el glamor de vestirse de soldado, los beneficios económicos y de
educación han movido a muchos a enfilarse en la línea del ejército. Entran al mismo con una idea
equivocada de lo que es ser soldado. Y cuando ven que conlleva largas horas de trabajo arduo, una
disciplina rígida, una separación de su familia, un convertirse prácticamente en propiedad del ejército,
entonces comienzan a aprender en dónde el grillo tiene la manteca.
De alguno de ellos yo he escuchado que no bien han entrado ya están pensando en cómo salirse
del mismo. E incluso algunos han llamado a sus padres llorando para ver cómo pueden lograr conseguir
a alguien que logre sacarlos del ejército luego de haber firmado. Estos se enlistaron en las filas sin haber
considerado lo que cuesta ser soldado.

De esto habla nuestro Señor Jesús en esta perícopa del evangelio de Mateo.

Aquí vemos a dos personas que han respondido favorablemente a la predica y las enseñanzas de
Jesús. Habiendo oído las enseñanzas de Jesús, habiendo sido expuesto al evangelio de la gracia de Dios,
viendo la autoridad de Jesús en sus enseñanzas y habiendo visto u oído de los milagros de sanidad de
Jesús han decido “seguir” a Jesús. Es más ya uno de ellos, el segundo, era un discípulo o uno que ya
había comenzado a seguir a Jesús. No necesariamente implica uno dentro del círculo de los 12 sino uno
que ya ha comenzado a ir detrás de Jesús.

¿Cómo reaccionó Jesús? ¿Cómo reaccionamos nosotros si alguien nos dice que desea hacerse
miembro de Jesús es la verdad? ¿Cómo reaccionan muchas iglesias ante tal situación? Muchas iglesias
reaccionan con mucha alegría y rápidamente lo recibe como miembro de sus iglesias. ¿Pero es así como
Jesús reaccionó? Jesús reaccionó hablándoles claro acerca de lo que cuesta seguirle. ¡Cuán importante
para la iglesia y para cada uno de nosotros es considerar lo que cuesta seguir a Cristo! Jesús nos dice:
cuesta el negarnos a nosotros mismos y cuesta el poner a Cristo primero sobre todo lo demás. Veamos.

I. Negarse a uno mismo

carne. Conlleva vivir en castidad antes del matrimonio, durante el matrimonio y después del matrimonio
si eres viuda(o) o te has divorciado. Conlleva hacer morir lo terrenal en nosotros: el orgullo, la vanidad,
la soberbia, la carnalidad y apartarnos y luchar contra todo pecado sea grande o pequeño. Conlleva
rechazar la pornografía y la práctica de convivir con mi novio(a). Y conlleva dejar la comodidad personal.
Eso era lo que no entendía el escriba. El pensaba seguir a Jesús pero pensando que podía seguir viviendo
una vida tranquila, cómoda. Una vida respetable delante de la sociedad. Continuar viviendo una vida
meramente intelectual en su seguir a Jesús. Y Jesús le dice: la vida cristiana no es así. La vida cristiana no
es una vida cómoda. Si a mí me odiaron a ti también de odiaran. Y si a mí me llamaron Belcebú, príncipe
de los demonios, a ustedes también. Por eso Pablo nos habló claro en 2 Timoteo 3:12 “12 Y también
todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;” Yo sé que no todo es
negativo. Disfrutaremos del amor de Dios, de su cuidado paternal, de su provisión , de su perdón, de su
presencia consoladora, de la comunión de los santos, de la comunión con los ángeles, con el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo, de la justificación, de la santificación, de la adopción como hijos, y de la vida
eterna, etc. Pero nunca es una vida sencilla. Siempre, siempre habrá que segarnos a nosotros mismos y
tomar la cruz diariamente.

II. Preferir a Jesús sobre todo lo demás

V. 21 “21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.

El creyente verdadero es uno que reconoce que Jesús es lo primero en su vida. Para él o para ella Jesús
es lo primero. Y esto por encima de su propia familia, sus bienes e incluso sobre su propia vida.
Posteriormente Jesús lo va a decir explícitamente para que no haya dudas de sus palabras. Busquemos
Lucas 14:25-27 “25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no
aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida,
no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.”
No es que no amemos a nuestros padres, ni que no amemos a nuestros cónyuges e hijos, ni que no
cuidemos de nuestra vida. Si no que nada debe competir con el Señor Jesucristo. Jesús es el número uno
en la vida de cada genuino creyente

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