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Satanaass

Satanás, conocido como el adversario y el diablo, es un espíritu engañador que se opone a Dios y se le atribuyen varios títulos y metáforas en la Biblia que reflejan su naturaleza maligna. A lo largo de la historia y en diversas culturas, ha sido representado con diferentes nombres y características, como Lucifer, Belcebú y Mara, cada uno con su propia interpretación del mal. Además, su figura ha influido en la mitología, la teología y la cultura popular, manifestándose en leyendas y creencias de distintas tradiciones religiosas.
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Satanaass

Satanás, conocido como el adversario y el diablo, es un espíritu engañador que se opone a Dios y se le atribuyen varios títulos y metáforas en la Biblia que reflejan su naturaleza maligna. A lo largo de la historia y en diversas culturas, ha sido representado con diferentes nombres y características, como Lucifer, Belcebú y Mara, cada uno con su propia interpretación del mal. Además, su figura ha influido en la mitología, la teología y la cultura popular, manifestándose en leyendas y creencias de distintas tradiciones religiosas.
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LOS NOMBRES DE SATANAS

Satanás es un espíritu engañador que lideró una rebelión contra Dios y


posteriormente fue arrojado a la tierra (Lucas 10:18).

Su nombre personal, "Satanás", significa "adversario". Este nombre indica la


naturaleza esencial de Satanás: es el enemigo de Dios, de todo lo que Dios hace y
de todo lo que Dios ama.

También se le llama "el diablo" en el Nuevo Testamento. La palabra "diablo"


significa "falso acusador" o "calumniador". Satanás desempeña esta función en
Job 1-2 cuando ataca el carácter de Job.

En Mateo 12:24, los judíos se refieren a Satanás como "Beelzebú", un epíteto


derivado de "Baal-zebub" ("señor de la mosca"), un falso dios de los filisteos en
Ecrón (2 Reyes 1:2-3, 6).

Entre otros títulos de Satanás figuran el tentador (1 Tesalonicenses 3:5)

El malo (Mateo 13:19, 38), el acusador de los hermanos (Apocalipsis 12:10)

Tres títulos que señalan la autoridad de Satanás en este mundo:

el príncipe de este mundo (Juan 12:31), el dios de este siglo (2 Corintios 4:4), y el
príncipe de la potestad del aire (Efesios 2:2).

En 2 Corintios 11:14 se dice que Satanás se transforma en "un ángel de luz",


descripción que destaca su capacidad e inclinación a engañar.

Hay un par de pasajes que se refieren al juicio de los reyes terrenales, pero
también pueden referirse a Satanás. El primero es Isaías 14:12-15. Está dirigido al
rey de Babilonia (versículo 4), pero la descripción también parece encajar con la
de un ser más poderoso. El nombre "Lucero", que significa "estrella de la
mañana", se usa aquí para describir a alguien que buscaba derrocar el mismo
trono de Dios.
El segundo pasaje es Ezequiel 28:11-19, dirigido al rey de Tiro. Como en el pasaje
de "Lucero", esta profecía contiene palabras que parecen ir más allá de la
descripción de un simple mortal. Se dice que el rey de Tiro fue "ungido como
querubín guardián", pero fue abatido por el orgullo y "expulsado" por el propio
Dios.

Además de proporcionar nombres y títulos de Satanás, la Biblia utiliza varias


metáforas para revelar el carácter del enemigo. Jesús, en la parábola de los cuatro
terrenos, compara a Satanás con los pájaros que arrebatan la semilla del suelo
endurecido (Mateo 13:4, 19). En otra parábola, Satanás aparece como el
sembrador de cizaña entre el trigo (Mateo 13:25, 28). Satanás es comparable a un
lobo en Juan 10:12 y a un león rugiente en 1 Pedro 5:8. En Apocalipsis 12:9,
Satanás es el "gran dragón... la serpiente antigua", obviamente, una referencia a
la serpiente que engañó a Eva (Génesis 3:1).

El diablo es la personificación del mal tal como se concibe en diversas culturas y


tradiciones religiosas.1 Se ve como la objetivación de una fuerza hostil y
destructiva.2

La historia de este concepto se entrelaza con la teología, mitología, psiquiatría, el


arte y la literatura, pero desarrollándose de forma independiente dentro de cada
una de las tradiciones.3 Históricamente en muchos contextos y culturas se le dan
nombres diferentes — Satanás, Lucifer, Belcebú, Mefistófeles, Luzbel, Baphomet
— , atributos y representaciones. La definición de lo que es un diablo está
directamente relacionada con cada cultura.45

La palabra procede del latín Diabolus.6 Esta a su vez fue tomada del griego
διάβολος diábolos, "calumniador".7 El griego usa las palabras διαβάλλειν
diabállein "calumniar" que se origina de διά diá " a través de" y βάλλειν bállein
"arrojar" probablemente similar al sánscrito gurate, "él levanta".8
Una versión plantea que la palabra «diablo» derivaría del idioma protoindoeuropeo
*deiwos, adjetivo que significa ‘celestial’ o ‘resplandeciente’, una derivación
preindoeuropea de la raíz *diw (‘resplandecer’), relativa sobre todo al cielo diurno.
Otra posibilidad más remota es la raíz *diiv (‘jugar’).

La primera vez que aparece la palabra diabolo en el español es en las Glosas


Emilianenses del siglo X en una glosa marginal que dice: "Elo tercero diabolo". En
los siglos siguientes de la Edad Media diabolo/diablo tiene un uso más extendido
que su sinónimo demonio, aunque lo usa Gonzalo de Berceo con el significado de
geniecillo o espíritu travieso y divinidad inferior. Precisamente es Berceo quien
relata a principios del siglo XIII la leyenda griega de Teófilo en forma de clérigo
judío que para alcanzar un mayor grado eclesiástico hace un pacto con Satanás
—que recibe los calificativos de "falso ángel", "sutil adversario", "mortal enemigo",
"cativa bestia" y "maestro savidor"— aunque interviene la Virgen María que se
apodera del papel que Teófilo había firmado. Referencias al diabolo/diablo
aparecen en el Libro de Apolonio, en el Libro de buen amor del arcipreste de Hita
—que también recoge la leyenda de Teófilo— y en el Conde Lucanor del infante
don Juan Manuel.

Los nombres más comunes o conocidos con que se nombra al diablo en la Biblia
son: Lucifer, Satanás, Belial, Samael,[cita requerida], «antigua serpiente», «gran
dragón», «el dios negro», «el dios de este siglo» y «el padre de la mentira». En la
República Dominicana y al resto de América Latina, se ha adoptado algunos
sinónimos como son: Diale, Diantre, Diache o Mandinga. En México este
personaje es conocido popularmente como «chamuco».

Es quien crea y dirige a la Bestia (estructura de poder imperial). El número del


diablo, considerado la Marca de la Bestia, es el seiscientos sesenta y seis (666) y
para otros es el seiscientos dieciséis (616).
Uso en el español

La primera vez que aparece la palabra diabolo en el español es en las Glosas


Emilianenses del siglo X en una glosa marginal que dice: "Elo tercero diabolo". En
los siglos siguientes de la Edad Media diabolo/diablo tiene un uso más extendido
que su sinónimo demonio, aunque lo usa Gonzalo de Berceo con el significado de
geniecillo o espíritu travieso y divinidad inferior. Precisamente es Berceo quien
relata a principios del siglo XIII la leyenda griega de Teófilo en forma de clérigo
judío que para alcanzar un mayor grado eclesiástico hace un pacto con Satanás
—que recibe los calificativos de "falso ángel", "sutil adversario", "mortal enemigo",
"cativa bestia" y "maestro savidor"— aunque interviene la Virgen María que se
apodera del papel que Teófilo había firmado. Referencias al diabolo/diablo
aparecen en el Libro de Apolonio, en el Libro de buen amor del arcipreste de Hita
—que también recoge la leyenda de Teófilo— y en el Conde Lucanor del infante
don Juan Manuel.9

Nombres y representaciones

La imagen del Diablo, para algunos fue inspirada en el Dios Pan de la mitología
griega, debido a la influencia griega en la cultura judeo-cristiano.

Los nombres más comunes o conocidos con que se nombra al diablo en la Biblia
son: Lucifer, Satanás, Belial, Samael,[cita requerida], «antigua serpiente», «gran
dragón», «el dios negro», «el dios de este siglo» y «el padre de la mentira». En la
República Dominicana y al resto de América Latina, se ha adoptado algunos
sinónimos como son: Diale, Diantre, Diache o Mandinga. En México este
personaje es conocido popularmente como «chamuco».
Es quien crea y dirige a la Bestia (estructura de poder imperial). El número del
diablo, considerado la Marca de la Bestia, es el seiscientos sesenta y seis (666) y
para otros es el seiscientos dieciséis (616).10

Equivalencia en otras religiones

Imagen de Mara, según en la religión Budista es el demonio que intento tentar a


Buda Siddharta Gautama. Fragmento de Alivio de Mara al estilo de Gandhara, que
se encuentra en el Distrito de Swat, Pakistán.

En otras culturas y creencias religiosas, también tienen ciertos conceptos de un


ser maligno o de varios seres malignos, a diferencia del cristianismo, el judaísmo y
el islam de que el Diablo es conocido como un ángel caído o un demonio, en otras
culturas era conocido como dioses del mal y expulsados del cielo. Según las
leyendas de otras culturas, que estos dioses del mal se revelaron contra un Dios o
Diosa de la creación o de varios dioses creadores. Caso coincidente como sucede
en los relatos bíblicos.

Por ejemplo en el budismo, se le conoce como Mara, quien intentó evitar que el
Buda Siddharta Gautama alcanzara la iluminación y destruyera el Ego.

En el zoroastrismo, se le conoce como Angra Mainyu, siendo la representación del


mal, y no necesariamente un dios o un ente propiamente tal.

Respecto al hinduismo, en occidente se le suele asociar a la figura de Iama o


Yama, el dios de la muerte, el señor de los espíritus de los muertos y guardián del
inframundo; sin embargo Iama no es una entidad demoníaca, siendo más bien el
"equivalente" de demonios hindúes los Asuras.

En las culturas precolombinas, por ejemplo en la cultura incaica, el Supay es una


figura ambivalente, definida por el sincretismo, que ha sido asimilada al Diablo de
la cultura cristiana, pero que también es adorado como señor de las profundidades
o Salamanca.1112 A diferencia de lo que sucede con el Diablo cristiano, "el
indígena no repudiaba al Supay sino que temiéndole, lo invocaba y rendía culto
para evitar que le hiciera daño".13

Sin embargo, existe una leyenda con respecto al lago Titicaca, como ser la caída
del ser humano al pecado y que tiene cierta similitud con el relato bíblico del
Génesis como ser la tentación de Adán y Eva.

Cuenta la leyenda que el lago Titicaca era un valle fértil y poblado de personas
que vivían felices en paz y armonía. Nada les faltaba, la tierra era rica y les
procuraba todo lo que necesitaban. Sobre esta tierra no se conocía ni la muerte, ni
el odio, ni la ambición. Los Apus, los dioses de las montañas, protegían a estos
seres humanos. No les prohibieron más que una sola condición: que nadie debía
subir a la cima de las montañas donde ardía el Fuego Sagrado.

Durante largo tiempo, estas personas que habitaban el valle no pensaron en


infringir esta orden de los dioses. Pero el Supay, espíritu maligno condenado a
vivir en la oscuridad, no soportaba ver a estas personas vivir tan tranquilamente en
el valle. Él se ingenió para dividir a los hombres sembrando la discordia. Les pidió
probar su coraje, para desafiar al dios creador, Viracocha, para encontrar el Fuego
Sagrado a la cima de las montañas.
Entonces un buen día, al alba, estas personas desobedecieron y comenzaron a
escalar la cima de las montañas, aunque a medio camino fueron sorprendidos por
los Apus.

Éstos comprendieron que los hombres habían desobedecido y decidieron


exterminarlos. Miles de pumas, salieron de sus cavernas y se devoraron a estas
personas y que suplicaban al Supay por ayuda. Pero este permanecía insensible a
sus súplicas.

Viendo eso, Inti, el dios del Sol o Viracocha, se puso a llorar. Sus lágrimas eran
tan abundantes, hasta formar un diluvio y que en cuarenta días inundaron el valle.

Solo un hombre y una mujer llegaron a salvarse sobre una barca de junco.
Cuando el sol brilló de nuevo, el hombre y la mujer no creían ver ante sus ojos,
bajo el cielo azul y puro, estaban en medio de un lago inmenso. En medio de esas
aguas flotaban y los pumas que estaban ahogados y transformados en estatuas
de piedra.

En las culturas andinas, como en los Departamentos de Oruro y Potosí en Bolivia,


los mineros lo conocen como el tío de la mina. Está representado con la imagen
del diablo, influencia del coloniaje y de la imposición del cristianismo. Según sus
creencias, es el guardián de las minas y su imagen es venerado por los mineros
con ofrendas similar a los santos, aunque nada que ver con rituales satánicos.
Según la fe de los mineros hacia el tío, es para que no les falte las riquezas.
La chicua en la llanura amazónica del Perú, según la mitología amazónica, es
considerado un maligno “diablo” enviado por algún brujo malero, o uno de estos
brujos que busca vengarse de alguien. Cuando canta cerca de una casa la gente
se pregunta a quién habrá venido a buscar ese maldito pájaro.

En la cultura maya, destacan los Ajawab o los "señores del inframundo" , los que
gobiernan el Xibalbá, conocido como el inframundo. Principalmente por la
descripción que de él hace el Popol Vuh (Pop wuj, en k'iche'), cuya traducción
sería "Libro del Consejo" o "Libro de la Comunidad", descubierto en época
posterior a la conquista española en el siglo XVIII, traducido al latín por Fray
Francisco Ximénez desde una perspectiva católica.14 De ahí que se refiera al
Xibalbá con mucha semejanza al infierno cristiano.

Sin embargo el concepto de "mal" está explícitamente representado en las


características de otros seres de la mitología maya, como Wuqub Qak'ix y su
familia, o mediante defectos en las personalidades de los primeros seres humanos
creados. Xib'alb'a no es entonces el infierno, ya que representa a la muerte y la
enfermedad, vistas como parte de la existencia y no como castigo. Es más preciso
referirse a Xib'alb'a como el inframundo.

En la cultura azteca destaca Kisín, según esta cosmología, el infierno regido por
Kisín es en realidad una especie de purgatorio para la mayoría de las personas
que mueren: sin embargo las mujeres que mueren en el parto o los soldados
muertos en batalla no deben pasar por allí, y en cambio los suicidas quedan
relegados a permanecer allí por toda la eternidad.
Los antiguos mayas lo imaginaban como un esqueleto con los ojos colgantes. Su
oponente era el dios del maíz y la vegetación, llamado Ah Mun o Hun-Hunahpu
que a menudo se muestra con una mazorca de maíz creciendo en su cabeza.

Para los lacandones Kisín es «un personaje iracundo, que patea la base de la
gran ceiba cuando está de mal humor, provocando seísmos».

Para la cultura popular actual, Kisín ha permanecido como un personaje que


habita el subsuelo y a quien se le atribuyen los terremotos.

Los guanches, antiguos aborígenes de la isla de Tenerife de Canarias, España,


destacaban a Guayota o Guaiota a la principal entidad maligna de su mitología
según los primeros historiadores de Canarias.

Una leyenda literaria moderna popularizada recientemente pero sin base en las
fuentes históricas tradicionales habla de un enfrentamiento entre Guayota y el dios
supremo Achamán. Guayota había encerrado al dios del sol Magec en el interior
del Teide, sumiendo a todo el mundo en la oscuridad. Los guanches pidieron
clemencia a Achamán, quien tras una encarnizada lucha consiguió derrotar a
Guayota, liberar a Magec y taponar el cráter con Guayota en su interior.

Según el cristianismo, el Diablo, también conocido como Lucifer o Luzbel, es un


ser preternatural maligno y tentador de los hombres (un demonio). En el Nuevo
Testamento se le identifica con el Satán hebreo del Libro de Job (1:6-8), con el
Diablo del Evangelio de Mateo (4:8-10), con la serpiente del Génesis (3:1-5) y con
el gran dragón del Apocalipsis (12:9), todos como un solo personaje.
Debido a la amalgama de tradiciones que confluyen en su construcción, su
significado doctrinal es un tanto confuso. En el Libro de Job (1:6) el Diablo forma
parte de los "hijos de Dios", expresión que proviene de la mitología cananea de
Ugarit.18 Dicha denominación fue usada en el Antiguo Testamento para designar
a los ángeles o emisarios divinos, entidades que tienen gran parte de su origen en
el contacto con otras religiones como el zoroastrismo19 y con paralelos paganos
en los cultos egipcios, asirio-babilonios (milenios IV a I a. C.) y grecorromanos.20
Solo en los escritos judíos tardíos (dos últimos siglos antes de la era común) se
confronta a Dios con Satán, pues se considera incapaz a la divinidad de producir
los males humanos. En este sentido, la teóloga liberal Uta Ranke-Heinemann
considera esta creencia en el diablo como causante del mal una superstición,
aunque cumpliría una función: «El hombre ha inventado al diablo para exculparse
él».21

La doctrina cristiana sostiene que Dios es la fuente y el señor de todas las cosas,
mientras que Satán es una criatura, un ángel caído sometido a Dios y no puede
actuar si no es con permiso de Dios

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