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El artículo aborda el proceso de duelo en niños, destacando que no es una enfermedad, sino una experiencia traumática que varía según la edad y el vínculo con el ser querido perdido. Se describen las etapas del duelo en diferentes grupos de edad, desde lactantes hasta adolescentes, y se enfatiza la importancia de la intervención adecuada para evitar complicaciones emocionales. Además, se mencionan las reacciones normales y preocupantes en el duelo infantil, así como la necesidad de permitir que los niños expresen sus emociones para facilitar su recuperación.

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El artículo aborda el proceso de duelo en niños, destacando que no es una enfermedad, sino una experiencia traumática que varía según la edad y el vínculo con el ser querido perdido. Se describen las etapas del duelo en diferentes grupos de edad, desde lactantes hasta adolescentes, y se enfatiza la importancia de la intervención adecuada para evitar complicaciones emocionales. Además, se mencionan las reacciones normales y preocupantes en el duelo infantil, así como la necesidad de permitir que los niños expresen sus emociones para facilitar su recuperación.

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REVISTA DE PSIQUIATRÍA

INFANTO-JUVENIL
Artículo Especial
Número 4/2011
Noviembre-Diciembre

9
M. Navarro Serer.
Psicólogo Clínico
Programa de Actuación con
Unidad de Salud Mental Infantil; Dpto. Niños en Duelo
Hospital General de Valencia)
Valencia; 2011
Clinical intervention in
children’s grief
Correspondencia:
Email: sendavitae@[Link]

1.- DEFINICIÓN Y CONCEPTO cepto de muerte varía conforme este va creciendo y por
Debemos partir de la base de que el duelo no es una ello madurando cognitiva y emocionalmente, encontrán-
enfermedad, es un proceso marcado por la experiencia donos con cinco etapas a través de las cuales se va conso-
traumática de perder algo o alguien querido y cuya inten- lidando el concepto en el interior del niño hasta alcanzar
sidad del dolor asociado es directamente proporcional al la comprensión de universalidad e irreversibilidad que
vínculo que existía con lo perdido. A mayor vinculación encierra la muerte.
mayor dolor, y, por tanto, mayor probabilidad de que el
duelo pueda complicarse. 1.1.- Lactantes y preescolares (de 0 a 2 años)
La inmensa mayoría de las veces, la pérdida no es con- Evidentemente en esta etapa no existe comprensión
sentida sino impuesta. No es el niño en este caso quien cognitiva del significado de la muerte, pero, a pesar de
libremente se desprende del objeto o del ser querido por ello, los niños se pueden mostrar muy sensibles a cual-
su propia voluntad, sino que es la vida quien se lo arreba- quier tipo de pérdida, al percibir los cambios de su en-
ta sin su consentimiento; por eso el duelo duele, y es en torno y ser sensibles a las emociones negativas intensas
estas circunstancias cuando uno debe enfrentarse a una de sus cuidadores, reaccionando en consecuencia a nivel
nueva vida en la que se debe aprender a vivir sin lo per- comportamental. De igual forma es en este periodo cuan-
dido. do el niño puede experimentar la vivencia de ansiedad
A pesar de que existen infinitas experiencias de pérdida por separación, sobre todo cuando es apartado de la ma-
en las vivencias de un niño diferentes a perder un ser que- dre como figura vincular principal.
rido (separación de los padres, cambio de colegio o de
domicilio, traslado de residencia a otro país, pérdida de la 1.2.- Párvulos (de 3 a 5 años)
salud familiar o de la suya propia, etc.), nos centraremos Creen que la muerte es temporal y reversible, por lo
principalmente en la muerte de un ser querido como la de que la viven como no real, es un juego. Los dibujos ani-
mayor impacto emocional en el niño. mados alimentan su pensamiento mágico y están conven-
La capacidad cognitiva del niño es diferente depen- cidos de que pase lo que pase no mueres para siempre.
diendo de su edad; por esta razón la adquisición del con- Pueden llegar a entenderla como un castigo o como el
M. Navarro Serer. Programa de Actuación con Niños en Duelo

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cumplimiento de un deseo personal, por lo que si este las capacidades para el pensamiento formal y abstracto.
llegara a cumplirse, el niño puede experimentar una gran Comprenden su muerte y pueden fantasear con ella, pero
sensación de culpabilidad, que si no es trabajada puede sobre todo se afianza en esta edad la falsa percepción de
acompañarle el resto de su vida de forma encubierta, con- invulnerabilidad que a muchos adultos nos acompaña, y
dicionando su existencia. La intervención del duelo con desde la que creemos que las cosas malas, la enfermedad,
estas edades se convierte en un elemento de gran impor- el sufrimiento y la muerte, sólo les suceden a los demás.
tancia, por lo que hay que desterrar la falsa creencia de Por ello, es en este periodo cuando con más fuerza se
tener que apartar a los niños del sufrimiento con el fin de puede negar la propia mortalidad a través de conductas
protegerlos, puesto que por esta misma razón en muchas de riesgo, que por desgracia son el origen de múltiples
ocasiones no nos dedicamos a escuchar cuales son sus accidentes con víctimas adolescentes.
necesidades y no tomamos conciencia de las manifesta- Es a partir de aquí, y apoyándonos en lo que deben ser
ciones de su dolor y el posible enquistamiento del mismo. siempre los pilares básicos de la Relación de Ayuda, entre
los que deberíamos destacar la empatía, la autenticidad y
1.3.- Escolares (de 6 a 10 años) la aceptación incondicional, cuando la figura del psicote-
Empiezan a concebir la muerte como real con insen- rapeuta se convierte en un guía de acompañamiento del
sibilidad e irreversibilidad. Todavía no han adquirido la niño a lo largo de un camino de sombras, donde se entre-
noción de universalidad, por lo que no son muy capaces cruzarán una gran cantidad de sentimientos y emociones
de comprender su propia mortalidad, sobre todo al inicio que en muchas ocasiones nos enfrentarán a toda una serie
del periodo, puesto que sobre los 8 ó 9 años los niños de preguntas que no tienen respuesta, y que el niño desde
ya empiezan a tomar gran conciencia del significado del su pena y desconcierto formulará inocentemente. Siendo
morir, lo cual puede generarles pensamientos de angustia conscientes de nuestras limitaciones, algo deberemos te-
que hay que trabajar con el fin de ayudarles a integrar la ner claro: en muchas ocasiones, el silencio y el lenguaje
muerte como parte de la vida, generando desde la infan- no verbal calman más el dolor de un corazón roto que
cia una actitud de normalidad ante la misma y de acepta- llenar con palabras huecas las preguntas que nacen desde
ción. La muerte de las mascotas se debe utilizar como un el sufrimiento que necesita ser sanado.
recurso fundamental para la explicación de que todo tie-
ne un principio y un fin y como tal forma parte de la vida. 2.- CAUSAS DE LA PÉRDIDA Y
La pérdida de un ser querido en esta etapa, sobre todo
si es la madre quien muere, puede acarrear serias conse- EFECTO EN EL NIÑO
cuencias en el niño, arrastradas incluso a su edad adulta Existen tantos duelos como personas hay en el mundo:
si sus necesidades no son cubiertas durante su duelo, ya cada uno es diferente como cada persona lo es también.
que pueden quedar heridas abiertas que permanezcan sin Toda una serie de determinantes influyen en que esta afir-
cicatrizar a lo largo de los años, derivando incluso en pro- mación sea cierta; entre ellos, el tipo de vínculo que se
blemas psicopatológicos en la vida adulta. tenía con el fallecido, vínculo marcado por la relación,
el apego y el valor atribuido al ser querido perdido. Pero
1.4.- Preadolescentes (de 11 a 13 años) de igual forma otros muchos determinantes influyen, no
En esta edad ya se considera que la muerte es real, hay sólo en que cada duelo sea diferente, sino también en el
una aceptación plena de su insensibilidad, universalidad modo en que va a ser elaborado posteriormente.
e irreversibilidad. El preadolescente comprende total- Existen cuatro formas por las que un ser humano puede
mente su mortalidad, y en ocasiones puede producirle perder la vida: muerte natural, muerte accidental, suici-
mucha angustia, sobre todo si en fases anteriores no se ha dio y homicidio. Cada una de ellas determinará en gran
trabajado su aceptación progresivamente de acuerdo a la medida el tipo de duelo que habrá que elaborar. Existe
capacidad cognitiva en cada momento. una gran diferencia entre la primera y las siguientes, pues
la muerte natural, en la mayoría de los casos, siempre
1.5.- Adolescentes (de 13 a 18 años) está precedida de un tiempo de enfermedad. La vivencia
Van adquiriendo la comprensión de las consecuen- de la enfermedad de nuestro ser querido y el modo en
cias existenciales de la muerte a medida que adquieren que la afrontemos va a ser una experiencia crucial para
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la vivencia posterior de la pérdida; así pues, integrando le han dicho que no la va a poder volver a ver más, y al
progresivamente la evolución de la enfermedad y con- cabo de las horas preguntar cuándo va a volver mamá. Si
siderando que puede finalmente derivar en muerte, va- el concepto de muerte todavía no ha llegado a adquirirse
mos elaborando un duelo anticipatorio que nos ayudará en su totalidad, esta reacción se debe normalizar sin nin-
a enfrentarnos al camino de reconstrucción de nuestras gún problema.
vidas tras la pérdida del ser querido. Los niños son parte Podemos estructurar el duelo en tres etapas principales.
integrante de la familia, y por ello experimentan como La primera sería la fase de shock, donde todo parece un
cualquier adulto toda una serie de emociones que deben sueño, los sentidos están embotados, la conciencia de la
ser recogidas y atendidas para que su efecto ni sea nocivo realidad puede estar obnubilada por el impacto de la noti-
para el menor, ni quede bloqueado en su interior, gene- cia, tanto el adulto como el niño y el adolescente pueden
rando con el tiempo posibles psicopatologías futuras. Así llegar a creer que esto no les está pasando, lo pueden vi-
pues, el niño debe ser incluido en la vivencia de la enfer- vir desde la despersonalización, como si de una película
medad de su ser querido, ofreciéndole con ello un espa- se tratase y ellos fueran meros espectadores de la angus-
cio de despedida y resolución de asuntos pendientes que tia y el dolor de los demás. No es más que un mecanismo
no hará más que contribuir a la sana elaboración del pos- de defensa ante el sufrimiento, y si en un principio es
terior duelo. La tendencia a apartar al niño del sufrimien- normal, hay que mantenerse en permanente escucha ac-
to está lamentablemente muy extendida, apoyada en una tiva para que esta reacción no se cronifique e impida el
educación sobreprotectora hacia el menor. Sin embargo, avance de un duelo normal. Es una fase corta, pues puede
la inclusión de este en la dinámica de afrontamiento y durar desde la comunicación del fallecimiento hasta poco
vivencia de la enfermedad familiar no genera más que después de la finalización de las honras fúnebres.
consecuencias positivas, pues concede permiso para sen- Posteriormente vendría la fase central, la de mayor du-
tir, expresar y no bloquear sentimiento o emoción alguna. ración, que constituiría la fase depresiva, aquella en la
Los otros tipos de muerte entrarían dentro de la ca- que poco a poco se va tomando conciencia de la realidad
tegoría de lo súbito: son muertes no esperadas, no hay de lo sucedido y el enfrentamiento con una vida sin el ser
posibilidad de despedida ni de preparación. La muerte querido fallecido. Es una fase en la que el niño debe estar
nos arrebata a nuestro ser querido de manera traumática, controlado por el adulto para observar como está siendo
y por ello los duelos se pueden complicar, pues algunas su evolución. Observar si están apareciendo cambios im-
emociones cargan con mayor intensidad, como la rabia y portantes en su comportamiento y en su estado emocio-
la culpa, que pueden convertirse en grandes losas para el nal se convierte en tarea fundamental para el control de
deudo abocándoles a un duelo cuanto menos complicado su sana elaboración del duelo. La duración de la misma
de resolver. El acompañamiento a los niños en duelo por es indeterminada, no tiene porque obedecer a un tiempo
este tipo de pérdidas debe estar pleno de cuidado y aten- establecido como normal, pues como se ha dicho antes
ción, pues muchas veces, y dependiendo de en qué fase cada duelo es diferente y la cantidad de determinantes
evolutiva se encuentren, su pensamiento mágico puede que lo acompañan lo hacen único. Sin embargo, como se
llevarles a teorías que no corresponden en absoluto con ha dicho antes, es la de mayor duración.
la realidad, generándoles un sufrimiento añadido a la pér- Finalmente vendría la fase de restablecimiento, la últi-
dida de su ser querido (“mi papá no me quería y por eso ma, aquella en la que ya con el paso del tiempo, y sobre
se ha suicidado”…). todo con la actitud del deudo y la ayuda recibida de su
Las reacciones de duelo en un niño, aún sin ser de- entorno, se ha sabido reconstruir la vida y recolocar al
masiado distintas de las de un adulto, pueden variar con fallecido.
respecto a este, fundamentalmente en base a la edad del Aunque en un principio cualquier reacción debe en-
niño, pues estos no pueden mantenerse apegados al dolor tenderse y aceptarse como dentro de la normalidad, sí
y al sufrimiento durante demasiado tiempo seguido, por es cierto que su continuidad al paso del tiempo puede
lo que pueden irse intercalando momentos de gran triste- estar indicando una serie de síntomas preocupantes que
za con otros de aparente desconexión, donde el niño se requieran intervención profesional.
comporta como si nada hubiera pasado. Puede en fases Así pues, a continuación se nombran algunos aspectos
iniciales llorar desconsolado, pues su mamá ha muerto y que deben ser controlados en el niño en la elaboración de
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su duelo, y que pueden estar indicándonos algún tipo de primera, pues en la medida en que nos damos permiso
problema para la sana resolución del mismo: para expresar, no bloqueamos y vamos tomando concien-
• Llorar en exceso durante largos periodos. cia de la realidad de la pérdida. En muchas ocasiones los
• Rabietas frecuentes y prolongadas. niños no tienen el permiso para sentir, a veces porque
• Cambios extremos en la conducta. es el mismo entorno y los que lo componen quienes se
• Cambios patentes en el rendimiento escolar. lo niegan, por ejemplo a través de frases hechas y muy
• Retraerse durante largos espacios de tiempo. consolidadas socialmente a lo largo de la historia, como
• Falta de interés por los amigos y por la diversión. “los hombres no lloran”, o “tienes que ser tú ahora el
• Frecuentes pesadillas y problemas de sueño. hombre de la casa”, entre otras muchas. De esta forma
• Frecuentes dolores de cabeza. el niño se va cargando de introyectos que le marcan una
• Pérdida de peso. directriz emocional por la que no se permite ser auténti-
• Apatía, insensibilidad y falta de interés por la vida. co con sus propias necesidades y emociones, llegándo-
• Pensamientos negativos acerca del futuro. las a bloquear y convirtiendo su duelo en un camino de
amargura que con seguridad condicionará el resto de su
3.- INTERVENCIÓN Y SEGUIMIENTO existencia. En otras ocasiones es el mismo niño, quizás
La elaboración correcta de un proceso de duelo pasa también determinado por la educación recibida y por ello
por la realización de cuatro tareas, según defiende Wi- por su propia personalidad, en muchas ocasiones todavía
lliam Worden, y que deben de trabajarse para poder llegar en construcción, quien no se permite sentir, al considerar
a la ya comentada fase de restablecimiento. Los niños, que si manifiesta su tristeza al resto de su familia va a
de igual forma que los adultos, necesitan elaborar cada incrementar el dolor de esta. En muchas ocasiones, tras la
una de estas tareas para poder reestructurar su vida tras pérdida de uno de los progenitores, niños y adolescentes
la pérdida y aprender a vivir sin su ser querido. De nuevo bloquean sus sentimientos para convertirse en los cui-
es necesario decir que la edad del menor será un determi- dadores principales del progenitor vivo, entrando en un
nante fundamental para que esta elaboración se realice de duelo congelado que posteriormente les puede acarrear
una forma u otra o con más o menos dificultad. Las tareas serias consecuencias, incluso en su edad adulta.
son las siguientes: Los niños deben tener permiso para sentir, para llorar,
para sentirse enfadados y rabiosos por lo que les ha pa-
3.1.- Aceptar la realidad de la pérdida sado. Sólo de esta manera, compartiendo sus verdaderas
Para la resolución de esta tarea inicial, el niño debe emociones de forma autentica con el resto de los suyos,
tomar conciencia de que su ser querido ha muerto y que llorando juntos si es necesario, podrán expresar libre-
nunca más lo va a volver a ver. Entender esta triste reali- mente su dolor y liberarse de una pesada carga que de
dad pasa por considerar el estadio evolutivo en el que se otra forma podrían arrastrar el resto de su vida.
encuentra el niño, ya que de él va a depender el grado de
integración que tenga del concepto de muerte. La acepta- 3.3.- Adaptarse al ambiente en el que el difunto ya
ción debe ser tanto emocional como intelectual, es decir, no está
aceptar la pérdida desde la cabeza y desde el corazón. Esta tarea conlleva evidentemente un tiempo y un rit-
No hacerlo puede implicar que racionalmente podamos mo. Los determinantes de la pérdida van a ser decisivos
hablar de lo perdido, pero emocionalmente estemos blo- para la elaboración de la misma, (quién ha muerto, cual
queados, ya que la aceptación a este nivel nos enfrenta al era el vínculo, de qué forma ha fallecido, si ha habido po-
inmenso dolor del duelo. La negación como mecanismo sibilidad de cerrar asuntos pendientes, qué tipo de red de
de defensa es el principal impedimento que puede existir apoyo social dispongo, etc). Esta tarea implica redefinir
para la no elaboración de esta tarea, si lejos de su norma- valores y reconstruirse desde lo perdido. Implica también
lidad inicial para amortiguar el dolor llegara a cronificar- asumir los roles de la persona fallecida, y es aquí donde
se para no tomar conciencia de él. podemos tener problemas con algunos niños, que de re-
pente dejan de serlo para convertirse en adulto desde la
3.2.- Dar expresión a los sentimientos asunción de parte de los roles del padre o madre o falleci-
Esta tarea es vital para el deudo y está muy unida a la do. Es muy importante que esto no suceda; un niño huér-
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fano no debe convertirse en el sustituto de aquel que ha de dolor y sufrimiento.
muerto. Sigue siendo un niño, y por ello los adultos que De igual forma que el adulto, el niño también puede
lo acompañan deben velar para que esto siga siendo así, caer en un duelo patológico, y es entonces cuando la
ofreciéndole apoyo y permisos para que esta adaptación normalidad de toda la sintomatología inicial se convierte
al nuevo ambiente pueda llevar un ritmo adecuado y se en manifestaciones de cronicidad que condicionan el día
convierta en un proceso normal y no patológico. a día del niño. La aparición de una serie de reacciones
desproporcionadas, preocupaciones no existentes ante-
3.4.- Recolocar emocionalmente al fallecido riormente y evidencias de cambio comportamental, son
Y con todo llegamos a la última tarea. Alcanzarla sig- síntomas que nos señalan que la evolución no está siendo
nifica haber recorrido un camino previo de dolor y sufri- la correcta. Entre otros elementos a tener en cuenta des-
miento, haber sido capaces de vencerlo y no haber per- tacarían los siguientes:
mitido que sea él quien se apodere de nuestra existencia. • Ansiedad y miedo a morir o a otras pérdidas.
Llegar a este momento implica haber sido capaz de reco- • Persistentes deseos de muerte y reunión con el
locar emocionalmente al fallecido, de seguir sintiéndolo otro.
cerca de ti aún siendo consciente de que ya jamás podrá • Persistencia en culpar o culparse.
ser como antes. Cuando el niño es capaz de hablar de • Hiperactividad, irritabilidad, conductas agresivas.
su papá fallecido, o de su hermano mayor, sin entrar en • Regresiones muy intensas o llamativas.
el dolor, pudiendo sonreír al recordarlo, quedándose con • Disminución del interés por el juego. Anhedonia.
todos los momentos buenos vividos, con la experiencia • Problemas escolares. Falta de concentración.
de todo lo aprendido y compartido en vida; cuando es • Problemas somáticos.
capaz de hablar desde lo que podríamos denominar como • Compulsión a cuidar a terceros.
el “agradecido recuerdo”, podemos decir que el niño ha • Euforia sostenida.
sabido recolocar a su ser querido y que ha aprendido a • Identificaciones patológicas.
vivir su ausencia. Es bueno que siga hablando con el fa- • Momentos de despersonalización.
llecido, que lo sienta, que pueda acudir a él o ella cuando Cuando estas señales hacen acto de presencia es muy
lo necesite, tan solo cerrando los ojos y sintiéndose cerca; recomendable iniciar con el niño un tratamiento y se-
es bueno que el niño entienda que la muerte jamás puede guimiento profesional, con el fin de evitar que la sin-
romper el vínculo del amor, por lo que llegar a esta fase y tomatología anterior siga creciendo, y ayudar al niño a
ser consciente de tal realidad es señal inequívoca de que normalizar su conducta, elaborar sus asuntos pendien-
el duelo ha sido elaborado sanamente. tes y acompañar sus miedos.
Para la consecución de todas estas tareas, el segui-
miento del niño y sus reacciones durante el proceso de su 4.- TRATAMIENTO
duelo se convierte en un objetivo fundamental. Una serie El tratamiento del duelo pasa muchas veces por ser un
de principios asistenciales para el acompañamiento nos simple acompañamiento marcado por el respeto, la em-
pueden servir de guía para tal labor: patía y la comprensión sin juicio de las emociones del
• Considerar su edad y desarrollo madurativo. otro. Como se ha dicho en un principio, el duelo no es
• Atender a lo que el niño dice y calla con palabras una enfermedad, pero puede llegar a convertirse en una
o comportamientos. grave patología e incluso llegar a matar al deudo si este
• Animarle a que formule preguntas. no es capaz de elaborar correctamente la pérdida. Todas
• Darle respuestas directas y simples. las orientaciones que se han ido dando hasta el momento
• Tolerar que el niño disocie, no quiera hablar del van en esa dirección: acompañar en el sufrimiento desde
tema o se escape a jugar. el respeto y la comprensión. Adultos y niños necesitan
• Tolerar las regresiones dentro de unos límites, sentirse escuchados para poder darse permiso para expre-
atendiendo su evolución o fijación. sarse libremente, para llorar, para chillar, para lamentar-
• Utilizar redacciones, dibujos o recuerdos del fa- se, para maldecir, para estar en silencio, o para sentir el
llecido. apoyo reconfortante de un abrazo sostenedor.
• Darle permiso para expresar afectos y conductas El niño muchas veces esta confuso, nadie le habla con
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claridad, se siente desplazado a un segundo término, y a • Decirle que ellos no tienen por qué morir o ir con
pesar de los intentos de su familia de hablarle con norma- otros.
lidad y continuar una rutina, sabe perfectamente que las • Realizar un libro de recuerdos.
cosas no son como eran por mucho que los demás inten- La elaboración de un libro de recuerdos se constituye
ten disfrazar la realidad. Es importante integrar al niño, como un ejercicio que puede convertirse en una óptima
tenga la edad que tenga, en el proceso familiar. Empezan- catarsis emocional si las emociones están bloqueadas,
do incluso en los momentos iniciales de una hipotética pero también en un ejercicio pleno de amor que puede
pérdida, como podría ser la experiencia de enfermedad ayudar por ello a la recolocación del ser querido falleci-
del ser querido, el ingreso hospitalario y la vivencia de do, y por ello a la asunción de su pérdida. Se trataría de
las pérdidas constantes asociadas a ello. Sobreproteger un libro homenaje cargado de fotografías y comentarios
al niño apartándolo del sufrimiento o de la experiencia al margen escritos por los deudos, donde evidentemente
de dolor familiar es un error tristemente consolidado en se encontrarían las aportaciones del niño.
nuestra sociedad que debe ser desterrado. El niño es tam- Acompañar desde la escucha activa, recoger las necesi-
bién prota,gonista y sus emociones deben ser recogidas y dades del niño y no ignorarlas como si no fueran impor-
acompañadas; no por mucho que intentemos protegerlo y tantes desde la consideración de que su sufrimiento no es
apartarlo de la realidad vamos a conseguir que el niño no comparable al de un adulto, e integrarlo en todo el proce-
sea consciente de ella. so familiar como un miembro más, se convertirán en las
Para la consecución de este objetivo, la comunicación claves fundamentales del trabajo terapéutico con un niño
que establezcamos con el niño será crucial para com- en duelo. Sólo compartiendo sus emociones con plena li-
prender y trabajar todas sus necesidades. Dentro de la bertad, respondiendo a sus preguntas desde la sinceridad
tendencia anteriormente expuesta de apartar al niño del y la aceptación de que hay preguntas sin respuesta, y así
sufrimiento y no ser francos con la realidad de la situa- lo tenemos que transmitir, y preocupándonos por no in-
ción, se ha hecho un lamentable uso de frases hechas, crementar sus pérdidas con cambios drásticos en el estilo
considerando además que son lo más adecuado para cu- de vida tras el fallecimiento de su ser querido, consegui-
brir la información que el niño demanda, cuando el efec- remos que el niño pueda atravesar de una forma sana y no
to real que en muchas ocasiones ha provocado en ellos traumática cualquier experiencia de pérdida que la vida
es intensificar su pensamiento mágico y adornar con más pueda imponerle.
creencias irracionales la verdadera realidad. Frases como
“la mamá era tan buena que Dios se la ha llevado” o “el 5.- METODOLOGÍA DE APLICACIÓN
yayo se ha ido de viaje y no volverá más”, provocan en
el niño reacciones y emociones contradictorias que lejos DEL PROGRAMA
de ayudarlo a integrar la realidad lo apartan de la misma.
Algunos consejos que nos podría ayudar para acompa- 5.1.- Apertura de la Historia Clínica
ñar correctamente a un niño en duelo podrían venir defi- Con la derivación a la USMIJ realizada por pediatría,
nidos por los siguientes puntos: la enfermera de la Unidad abrirá la Historia Clínica reco-
• Incorporarle a los rituales y al proceso de elabora- giendo todos los datos del paciente: filiación, edad, tipo
ción del duelo familiar. de pérdida, causas de la misma, sintomatología actual,
• No dejarle solo los primeros días. red de apoyo social, estructura familiar, etc. Posterior-
• Asegurarle una vida cotidiana estable y normal. mente se asignará el caso al psicólogo para iniciar inter-
• Asegurar la presencia de una figura importante vención. Si se tratara de una urgencia, será atendido por
junto al niño (amigo, familiar, padrino, etc.). el psicólogo directamente.
• Jugar con él. Consideraremos “urgencia” cuando el caso sea deri-
• Aportarle un comportamiento afectivo: besos, vado como tal por pediatría o quien proceda, al existir
abrazos, etc. claras manifestaciones ansiosas no controladas o conduc-
• Ayudarle a estudiar, ir al colegio, hacer sus cosas. tas de riesgo, a modo de ideación suicida o evidencia de
• Despejarle cualquier sentimiento de culpabilidad. autolisis.
• Tranquilizarle sobre la continuidad de la vida.
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5.2.- Elaboración de un plan de intervención 5.4.- Recursos utilizados
En consulta, el psicólogo valorará el estado del pacien- Para la consecución de los anteriores objetivos tera-
te y la situación familiar mediante entrevista con la fami- péuticos y la sana elaboración del duelo, se utilizarán los
lia acompañante y posteriormente a solas con el niño, con siguientes recursos:
el fin de determinar los siguientes puntos: • Ejercicios de imaginación guiada.
• Valoración del daño familiar. • Realización de cartas al fallecido como medio de
• Efecto en el entorno del niño. expresión escrita para favorecer la catarsis emo-
• Manifestaciones normales o patológicas del duelo. cional, si fuera necesaria, y el cierre de asuntos
• Valoración del conocimiento de la situación por el pendientes.
niño en base a su comprensión de lo sucedido. • Utilización de fotografías del fallecido para con-
• Posible existencia de negación como mecanismo seguir desbloquear emociones y favorecer la ex-
de defensa. presión verbal.
• Existencia de creencias irracionales que puedan • Preparación de rituales para el afrontamiento de
alimentar sentimientos y emociones negativas futuras fechas señaladas.
(culpa, miedo, preocupaciones, tensión, etc.). • Terapia familiar para el logro de concesión de per-
• Bloqueo de permisos para favorecer la expresión misos de expresión y evitación de conductas de
emocional. sobreprotección.
• Valoración de la necesidad de tratamiento farma- • Uso del dibujo como modo de expresión infantil.
cológico coadyuvante como medida extraordina-
ria junto a la terapia psicológica. BIBLIOGRAFÍA
• 1. Bowlby J. La pérdida afectiva. Tristeza y depre-
5.3.- Desarrollo de la intervención sión. Paidós, 1993.
Recogida toda la información anterior, se elaborará un 2. Gómez Sancho M. La pérdida de un ser querido: el
acompañamiento del duelo a través de diferentes sesio- duelo y el luto. Arán, 2004.
nes, que variarán en número dependiendo de la evolución 3. Kübler-Ross E. Los niños y la muerte. Luciérnaga,
del mismo y, por ende, del estado del niño. A través de 1992.
ellas se pretenderán alcanzar los siguientes objetivos te- 4. Kroen W. Cómo ayudar a los niños a afrontar la
rapéuticos: pérdida de un ser querido. Oniro, 2002.
• Favorecer la expresión emocional del niño. 5. Rocamora A, González T. El niño, la enfermedad
• Resolución de sus creencias irracionales. y la familia. PPC, 2009.
• Reconstrucción de su mundo emocional. 6. Santamaría C. El duelo y los niños. Sal Térrea,
• Readaptación a su medio familiar y social. 2004.
• Normalización de síntomas. 7. Tizón J. Pérdida, pena y duelo. Paidós, 2004.
• Explicación del proceso de duelo. 8. Worden W. El tratamiento del duelo: asesoramien-
to psicológico y terapia. Paidós, 1991.

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