Una escritura sobre el nuevo milenio
Intersecciones entre crítica y ficción en el contexto de la
postautonomía literaria
Defensa
Prefacio
• Según Ricardo Piglia, hasta la publicación de Museo de la Novela de la Eterna de Macedonio
Fernández, la literatura argentina se ha presentado distanciada del debate político. “La ficción aparece como
una práctica femenina, una práctica, digamos mejor, antipolítica” (Piglia, [1986]2000, p. 129). (p. 9) 1.
• Piglia relaciona la idea desde la cual Macedonio hubiera dicho, que “porque hay novela hay Estado”
(Ibídem, p. 130), con el proyecto de una crítica materialista que busca desarrollar. Encuentra en la idea de
“valor literario”, debida a la crítica predominantemente estructuralista, “el gusto estético” como un intento por
parte de esa crítica, de establecer una distinción tan radical cuanto ilusoria entre el poder político/económico y
el acceso a las convenciones literarias. (p. 9).
• Tras casi dos décadas de la publicación de Crítica y ficción, Piglia vuelve a debatir las relaciones
entre literatura y política, ficción y Estado, en la conferencia Tres propuestas para el próximo milenio (y cinco
dificultades). Esas y las Seis propuestas para el próximo milenio de Ítalo Calvino se relacionan desde las
nociones que Frederic Jameson señala en “Postmodernidad y sociedad de consumo”, como fundamentales para
la práctica del Pastiche. (p. 11-12).
• Hasta qué punto puede y desde de donde debe un escritor apropiarse de la tradición literaria? El
conocimiento de esas condiciones de apropiación determinó la producción de esa conferencia que Piglia
profiere en Cuba. (p. 12).
Apropiación, secreto y enigma en Ricardo Piglia
• Trabajar “[...] con criterios de verdad más firmes y más nítidamente ideológicos [...]” (Ibídem, p.
13) no haría visible un rasgo distintivo entre las condiciones de apropiación de la crítica frente las de la ficción.
[...] Sin embargo, según Piglia, algunos textos trabajan con un sentido cerrado, reivindican una ruta
determinada de lectura imponiendo al lector una autoridad que lo conduciría efectivamente al encuentro de un
origen, de modo que sería preciso entonces aclarar la diferencia que establece entre secreto y enigma desde esa
perspectiva. (p. 18).
1
Esas marcas que solo traen el número de una página, son citas que hacen referencia exclusivamente al
trabajo de conclusión de grado en Lengua y Literatura de la Universidad Federal de Santa Catarina, del
cual esa defensa se restringe a una síntesis presentada oralmente, al 12 de Julio de 2013, a los profesores
responsables pela atribución del título en cuestión.
• El secreto supone un lugar donde algo está escondido y la posibilidad del descubrimiento. El poder
político se constituye como un lugar de acceso al secreto. El “[...] hecho de que él que tiene poder sabe algo que
los demás no saben [...]” (Ibídem, p. 227) atribuye a la relación entre política y secreto un papel determinante
en el género policial. El Estado como aquello que no dice y que simultáneamente obliga a decir, intima y
intimida. El género se apropia de esa constante para ficcionalizarse. (p. 18)
• La visión del texto como un enigma, que bajo la óptica de Piglia, hace de la crítica “una variante del
género policial”, es concebida sin estar enlaciada a la necesidad de un descubrimiento. [...] El crítico arma un
itinerario sin punto de llegada. Sin embargo, según Piglia, “todo el trabajo de la crítica [...] consiste en borrar la
incertidumbre de la ficción. El crítico trata de hacer oír su voz como una voz verdadera” (Ibídem, p. 13). Ese
aspecto sería uno más de los puntos comunes entre la producción crítica y la autobiográfica para Piglia. (p. 19).
Las tres propuestas de Ricardo Piglia para el nuevo milenio
• La búsqueda por la verdad como horizonte político es para Piglia la primeira propuesta que deve
persistir en la literatura hispano-americana del nuevo milenio. [...] El límite impuesto a la transmisión de la
experiencia, que estaría relacionado no solo al uso del lenguaje, pero antes a la memoria, es el problema que
hace con que Piglia elija el desplazamiento como segunda propuesta para permanecer en el futuro de esa
literatura. (p. 21).
• La tercera propuesta, la claridad, que así como el desplazamiento, guarda una profunda relación con
las “Cinco dificultades para escribir la verdad” que Piglia trae de las teses de Bertolt Brecht, es una continuidad
a ser trabajada ante el problema de la transmisión de la experiencia en un contexto en el cual la publicidad y
más específicamente la economía de mercado determinan cierto dentro y fuera para la circulación del lenguaje.
En la perspectiva de Piglia, la literatura debe permanecer escudriñando los sentidos que en la lengua social
tienden a cristalizarse. (p. 21-22).
• Algunos trabajos más recientes y otros no tanto, como “Post-modernidad e sociedad de consumo”
de Frederic Jameson, no solo persisten en la análisis de ese problema provocado tanto pelo exceso de
información cuanto por el establecimiento de una estereotipia generalizada en el uso del lenguaje, como
también apuntan para “[...] el desaparecimiento del sentido de historia [...]” (Jameson, 1985, p. 17) y, junto a
ello, el fin de la frontera que separaba ficción y realidad. Entre los trabajos más recientes, el artículo
“Literaturas post-autónomas” de Josefina Ludmer, publicado por primera vez en internet, en 2006, parece
concentrar los despliegues de eses problemas que llevaran Calvino e posteriormente Piglia a elaboraren sus
propuestas desde de una mirada dirigida para el futuro, que es el presente del siglo XXI. (p. 22).
Los postulados de Josefina Ludmer
• Los postulados de Josefina Ludmer respecto las literaturas postautónomas se fundamentan con base
en la hipótesis de que las escrituras del presente operan “un vaciamiento a la literatura” (Ludmer, 2006, p. 1).
Para Ludmer, si se tiene en cuenta las imbricaciones entre las escrituras del presente y los medios de
comunicación en los cuales circulan, los cuales por veces esas tematizan, ya no haría más como determinar si
son o no ficción o realidad porque esas escrituras ocuparían eses dos espacios al mismo tiempo. (p. 24-25).
• Sandra Contreras (2009) hace um cuestionamiento bajo el alcance que tendría un presente lo cual
Ludmer define como el presente de las literaturas postautónomas, enchufado a una tradición teórica que ya
tendría dado sus primeros pasos con Roland Barthes en los años 70, pasado por Jameson y Jean Baudrillard
hasta alcanzar el siglo XXI con esa nueva abordaje. (p. 28). Vale señalar que en la noción de pastiche según
Jameson, no está agregado valor crítico, lo cual asocia por otro lado a la parodia y arte moderna de manera
general. En eso sentido, según Contreras, Ludmer actualiza el concepto de postmodernidad de Jameson sin traer
al texto esas referencias directamente. (p. 29-30).
Frederic Jameson y la postmodernidad
• No solo para Jameson como también para los formalistas, la idea de modernidad en literatura se
funda, entre otros rasgos, en la posibilidad de construcción de un estilo singular de escrita. Según Jameson, la
posibilidad de construcción de nuevos estilos agotase dentro de la propia modernidad. (p. 31).
• Es desde la lógica de la construcción de un estilo singular como ruptura a la norma establecida, que
Jacques Rancière identifica, teniendo en cuenta la oposición a la cual somete dos regímenes de historicidad, el
rasgo distintivo del régimen estético de las artes. No solo la oposición entre dos regímenes de historicidad se
establece en el interior del régimen estético de las artes, como también y, por ello, el despliegue en el cual se
configura la postmodernidad en oposición aquello que han llamado de modernidad. (p. 31).
• En ese sentido sería coherente pensar que la diferencia entre postmodernidad y modernidad es más
bien “el desgaste de la vieja distinción entre cultura erudita y cultura popular (la dicha cultura de masas)”
(Jameson, op. cit., p. 17), que los contrastes que van se estableciendo entre ambas respecto al manejo con los
datos de la tradición. (p. 32).
• Es en ese contexto, definido ya en 1936 por Walter Benjamin, como el contexto de una tendencia
del que llama de “masas modernas”, “[...] a superar el carácter único de todos los hechos través de su
reproductibilidad” (Benjamin, [1936]2008, p. 170), en uno marco de destruición de la aura de la “Obra de arte
en la era de su reproductibilidad técnica”, que, segundo Antelo, la imagen tiene un “[...] carácter centrípeto [...]
situado a la mitad del camino entre el fenomenológico y lo transcendente, el estructural y lo histórico, o sea, en
el plano del ana-crónico” (Antelo, 2013, p. 9). (p. 35).
• A partir del problema diagnosticado como destruición de la aura de la obra de arte, lo cual implica
la inviabilidad de la autonomía de una disciplina estética, por un lado, tenemos la pregunta de Calvino respecto
a la posibilidad de una literatura fantástica en el siglo XXI y, por otro, la pregunta de Jameson bajo la existência
de un valor crítico en el arte postmoderna. Teniendo en cuenta la lectura de la contemporaneidad hecha por
Ludmer, sería posible creer que ya no hay escritura que no sea permeada por el fantástico y que también no hay
ficción que no conlleve en sí, mismo que de maneira implícita, una suerte de criterios críticos. (p. 36).
El concepto de ficción según Saer e Rancière
• Bien como Rancière señala, desde el período lo cual propone llamar de régimen estético de las
artes, hasta mismo la objetividad da ciencia histórica estaría comprometida com un proceso de ficcionalización.
(p. 38).
• Respecto esa nueva ficcionalidad, vale destacar las contribuciones de Juan José Saer cuyo ensayo
“El concepto de ficción”, publicado originalmente por el periódico argentino Punto de Vista en el segundo
semestre de 1991, viene a aclarar las confusiones provocadas por algunos escritores amparados por el mercado
editorial, que, constantemente clasifican sus libros como no-ficción. (p. 38).
• Para Saer, la veracidad de lo que es narrado no es consecuencia de la exclusión de rastros ficticios:
“[...] una proposición, por no ser ficticia, no es automáticamente verdadera” (Ibídem, p. 2). Lo que Saer señala
como paradojo de la ficción, el hecho de que cuando “[...] recurre al falso, lo hace para aumentar su credibilidad
[...]” (Ibídem, p. 2), tem que ver con lo que Piglia llama de construcción bajo los rastros vacíos del real. [...]
Ocupar los rastros vacíos del real, por su vez, tiene que ver con una noción que está implícita en la escrita
ficcional, de que la potencia de lo que “podría suceder” desarrollase en la dimensión de lo inverificable. (p. 38-
39).
• ¿Lo que diría Saer sobre la afirmación de Piglia en la cual dice que la crítica se hace oír como una
voz verdadera? ¿Cuál es la dimensión del verificable en el marco de la crítica? ¿Ella trata de alguna realidad
objetiva? ¿Pretende demonstrar empíricamente sus teorías? (p. 39).
• Al reivindicar la verificabilidad de los rasgos no-ficcionales que una escrita pretensamente objetiva
debería contemplar, Saer propone la imposibilidad de la existência de un género no-ficcional. La conclusión de
Saer encontrase en plena sintonía con el concepto de ficción que Rancière trae en La partilla del sensible: “Lo
real precisa ser ficcionado para ser pensado” (Rancière, op. cit., p. 58). (p. 39-40).
Crítica y ficción entre la exposición universal y la especulación: consideraciones finales
• En “La multitud entra en acción”, publicado en 2002 en el periódico argentino Clarín, Josefina
Ludmer identifica en Paolo Virno una de las referencias desde la cual construye sus postulados sobre lo que
llama de postautonomia de la literatura. En el libro Il recordo del presente (1999), tema de ese artigo de
Ludmer, Virno se refiere a un presente dividido entre la recordación y percepción. Fenómenos de naturaleza
distinta que coexisten simultáneamente en todo y cualquier evento. Para Virno, la capacidad de percepción en el
ocurrir de un evento, es simultánea a la capacidad de recordarlo en cuanto sucede, y la diferencia de naturaleza
entre esas dos capacidades es el fundamento de la experiencia histórica. (p. 44).
• Frente la imposibilidad de la concepción de una memoria que no sea en alguna medida anacrónica,
razón por la cual atribuye el fenómeno del déjà vu a la recordación en general, Virno propone una oposición
entre lo que identifica como dos tipos de anacronismo: “la recordación del presente” y el “falso
reconocimiento” [...] siendo que, el primero provoca la experiencia del posible, en cuanto que el segundo
disimula o remueve esa experiencia. (p. 44).
• En ese sentido, Virno atribuye la noción de parálisis o de fin de la experiencia histórica – debatida
acá desde la perspectiva de Jameson respecto al pastiche [...] –, a la transformación del “anacronismo formal”
en “anacronismo real”, es decir, a la transformación de la “recordación del presente” en “falso reconocimiento”,
en ocultamiento de la diferencia entre lo “virtual” y lo “actual”. (p. 45).
• Para Virno, el “anacronismo real” conduce el hombre no para el “fin de la história”, sino para una
época híper-histórica, “[...] en la cual, repetimos, não solo son vividos eventos históricos, sino que también nos
encontramos ante aquello que confiere una tonalidad histórica para todos los eventos” (Ibídem, p. 19). (p. 45).
• Para llegar a la hipótesis de la emergencia de una época híper-histórica, Virno parte de las tres
aproximaciones de modelos de historiografía establecidas por Nietzsche en su “Segunda consideración
intempestiva” de Sobre la utilidad y el prejuicio de la história para la vida, desde las cuales el filósofo alemán
intenta describir la que mejor representa la crisis provocada por el “aumento vertiginoso de la actividad
rememorativa”, responsable por lo que ya había considerado en los finales del siglo XIX, una parálisis en la
capacidad de acción en el presente. (p. 46).
• Prerrogativas de Nietzsche de las cuales Virno se sirve para, sin embargo, llegar a una solución
inversa. “Formular una tesis detallada e aguda, [...] más que una tesis, un pensamiento-guía con el cual navegar
a contrapelo de las teorías y también de ciertas inclinaciones emotivas que postulan la confusión o el colapso
del proceso histórico” (Ibídem, p. 17). (p. 47).
• Respecto al debate propuesto, las actualizaciones de Virno sobre el concepto de “recordación del
presente” poden ser relacionadas a la noción de literaturas postautónomas, teniendo en cuenta, entre las
políticas de esas escrituras, aquella que le permite, según Ludmer, fabricar el presente. [...] La idea que aparece
en el texto de Ludmer, de que “‘la realidad cotidiana’ de las escrituras postautónomas exhibe, como en una
exposición universal” (Ludmer, op. cit., p. 2), todos los aspectos del pasado que puedan ser traídos a la
visibilidad, es también esa atribuida a Nietzsche, cuando Virno nuevamente en referencia a la “Segunda
consideración intempestiva”, apunta para la manifestación de una “‘furia coleccionista’” en la sociedad,
impelida por una época en la cual la actualidad es entendida como una “‘exposición universal’” (Virno, op. cit.,
p. 26).
• Se parece obvio afirmar, por un lado, que una época de postautonomia de la literatura es
necesariamente precedida por una época en la cual la literatura era considerada una actividad autónoma, por
otro, aún no hay suficiencia de argumentos que evidencien tal cisión. Eso no implica en la aceptación de que la
literatura aún sea autónoma, sino en la contestación de que algún día tenga sido. (p. 47).
• Derivada de una actividad literaria pretensamente autónoma, en la cauda de la revolución estética,
la crítica se propone, al principio, a analizar los mecanismos que regulan esa autonomía, de forma tan racional,
cuanto la manera con que la ciencia histórica se propone a relatar los fenómenos del universo empírico. Ese
grado de racionalidad que reivindican esas actividades, refleja el espirito de una época, cuya busca por el
acúmulo y por la fidelidad de las recordaciones del presente transborda el pasado, haciendo con que las
condiciones de posibilidad del futuro sean reducidas a la práctica de la repetición. Inserida en ese contexto, la
ficción encontrase con la crítica – en el sentido en que Calvino, Piglia y Ludmer, cada cual a su manera, dan a
la expresión –, en el curso de un ejercicio especulativo. (p. 47-48).