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El Poder de La Esposa Que Ora - Stormie Omartian

El documento es una introducción a un libro sobre el poder de la oración en el matrimonio, escrito por Stormie Omartian. Se enfoca en la importancia de orar por el esposo y cómo la transformación personal de la esposa puede influir en su relación. A través de experiencias personales, se destaca que el cambio en el matrimonio comienza con la disposición de la esposa a cambiar su propio corazón y actitudes.

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El Poder de La Esposa Que Ora - Stormie Omartian

El documento es una introducción a un libro sobre el poder de la oración en el matrimonio, escrito por Stormie Omartian. Se enfoca en la importancia de orar por el esposo y cómo la transformación personal de la esposa puede influir en su relación. A través de experiencias personales, se destaca que el cambio en el matrimonio comienza con la disposición de la esposa a cambiar su propio corazón y actitudes.

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Contenido

Reconocimientos
Prólogo
Su esposa
Mi oración favorita de dos palabras
El lenguaje primordial del amor
Ni siquiera me gusta…
“Cállate y ora”
Creyente o no
Para crear un hogar
Deja ir las expectativas
Con todo el respeto
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su trabajo
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Salmo 90:17
Sus finanzas
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su sexualidad
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su cariño
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Sus tentaciones
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su mente
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Sus temores
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su propósito
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Sus decisiones
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su salud
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su protección
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Salmo 91:1-2
Salmo 27:5
Salmo 23:4
Salmo 18:2,3
Salmo 17:7,8
Sus pruebas
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su tntegridad
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su reputación
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Sus prioridades
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Sus relaciones
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su paternidad
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su pasado
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su actitud
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Salmo 100:4
Su matrimonio
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
1 Corintios 7: 10, 11
Sus emociones
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su camino
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Salmos 101:6
Su hablar
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su arrepentimiento
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su liberación
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su obediencia
Oración
RRAMIENTAS DE PODER
El concepto que tiene de sí mismo
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su fe
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Su futuro
Oración
HERRAMIENTAS DE PODER
Jeremías 31:17
El poder de la ESPOSA que ORA
STORMIE OMARTIAN
Publicado por
Editorial Unilit
Miami, FL 33172
Derechos reservados
© 2001 Editorial Unilit (Spanish transla on) Primera edición 2001
© 1997 por Stormie Omar an
Originalmente publicado en inglés con el tulo:
The Power of a Praying® Wife por Stormie Omar an.
Publicado por Harvest House Publishers
Eugene, Oregon 97402 www.harvesthousepublishers.com

THE POWER OF PRAYING (El poder de orar) es una marca registrada de The Hawkins Children’s LLC.
Harvest House Publishers, Inc., ene la licencia exclusiva de la marca registrada federalmente THE
POWER OF PRAYING.
Traducción: Silvia Bolet de Fernández
Diseño de la portada: Koechel Peterson & Associates, Minneapolis, Minnesota.
Reservados todos los derechos. Ninguna porción ni parte de esta obra se puede reproducir, ni
guardar en un sistema de almacenamiento de información, ni transmi r en ninguna forma por
ningún medio (electrónico, mecánico, de fotocopias, grabación, etc.) sin el permiso previo de los
editores.
Las historias narradas en este libro son basadas en hechos reales, pero muchos de los nombres han
sido cambiados para proteger la iden dad de los personajes.
El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América
La na; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. U lizado con permiso.
Reina-Valera 1960® es una marca registrada de la American Bible Society, y puede ser usada
solamente bajo licencia.
Las citas bíblicas señaladas con nvi se tomaron de la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional. ©
1999 por la Sociedad Bíblica Internacional.
Usadas con permiso.
Producto 495191
ISBN 0-7899-0935-9
ISBN 978-0-7899-0935-0
Impreso en Colombia
Printed in Colombia
Categoría: Vida cris ana/Crecimiento espiritual/Oración Category: Chris an Living/Spiritual
Growth/Prayer

Este libro está dedicado con amor a mi esposo


Michael, quien de forma constante
me ha dado más de lo que jamás yo hubiera pedido.
Tú y yo sabemos que la oración funciona.
Reconocimientos

Con especial gra tud:

A mi secretaria, Susan Mar nez, por llevar la carga de otra fecha


límite de un libro. Tu amor como de hermana, fidelidad como
amiga, y riqueza como compañera de oración sólo pueden
igualarse con tu eficiencia y dedicación como mi muy apreciada e
irreemplazable asistente.
A mis compañeras de oración y esposas que oran, Sally
Anderson, Susan Mar nez, Donna Summer, Ka e Stewart, Roz
Thompson y Jan Williamson, quienes han experimentado a mi
lado lo que realmente significa clamar a Dios desde las mismas
entrañas en interceder por nuestros esposos. Sin su profundo y
fiel compromiso a Dios y a la oración, nunca hubiera podido
escribir este libro. Ustedes son tesoros eternos en mi corazón.
A mi hija Mandy y mi hijo Chris, por amar a su papá y a mí,
incluso durante los empos en que nosotros no les mostramos la
mejor forma de llevar un matrimonio. Me arrepiento de cualquier
ocasión en que discu mos delante de ustedes, antes de aprender
que la oración es más poderosa que la con enda. Oro para que
ustedes puedan llevar todo el bien que hemos aprendido a sus
propios matrimonios.
A mi nuevo hijo, John David Kendrick, por dejarme ser tu mamá
en la erra ahora que tu papá está en el cielo con tu mamá. Tú
eres lo que siempre nos hizo falta y no nos dimos cuenta hasta
que llegaste a formar parte de nuestra familia.
Al pastor Jack y Anna Hayford, y al pastor Dale y Joan Evrist por
enseñarme cómo orar y mostrarme la forma en que un buen
matrimonio funciona.
A mi familia de Harvest House, Bob Hawkins, Bob Hawkins hijo,
Bill Jensen, Julie McKinney, Teresa Evenson, Be y Fletcher, y LaRae
Weikert por su entusiasmo por el libro y sus constantes
sugerencias posi vas. Todos ustedes son un deleite. Y a la
directora de la Editorial, Carolyn McCready por tener tal gozo.
Gracias por tu ánimo.
A mi editor, Holly Halverson, por su habilidad y perspicacia.
A Tom y Pa Brussat, Michael y Terry Harriton, Jan y Dave
Williamson, y Dave y Priscilla Navarro por compar r sus vidas y
experiencias dándome buenos ejemplos del poder de una esposa
que ora.
Prólogo

Es un chiste en nuestra casa cada vez que me refiero al número de


años que Stormie y yo hemos estado casados. Yo siempre digo: “Han
sido vein cinco años maravillosos para mí y vein cinco años infelices
para ella”. Después de vein cinco años de matrimonio con Stormie, no
queda ninguna fase de mi compleja personalidad que ella pueda
descubrir. Me ha visto triunfante, fracasado, luchando, temeroso y
deprimido, y dudando de mi competencia como esposo, padre y músico,
y también me ha visto enojado con Dios porque Él no brinca cuando yo
se lo pido. Ella ha sido tes go de milagros, mientras Dios redimía algo
de las cenizas en oro. Cada paso del camino ha sido acompañado por
sus oraciones y este libro ha sido escrito de sus experiencias a través de
los años. Yo no puedo imaginar lo que sería mi vida sin sus oraciones
por mí. Me da consuelo y seguridad y también, cumple la misión que el
Señor ene para nosotros de que oremos los unos por los otros y
llevemos las cargas los unos de los otros. No se me ocurre una forma
mejor en que se pueda amar sinceramente al esposo, que levantándolo
en oración con sistemá ca regularidad. Es un regalo que no ene precio
y que le ayuda a él a experimentar las bendiciones y gracia de Dios.
Stormie, te amo.

Tu esposo cubierto en oración,


Michael
Mujer ejemplar, ¿dónde se hallará?
¡Es más valiosa que las piedras preciosas!
Su esposo con a plenamente en ella y no necesita de ganancias mal
habidas.
Ella le es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida.
Proverbios 31:10,12
Capítulo Uno

Su esposa

L o di cil de ser una esposa que ora, exceptuando el empo


sacrificado, es mantener un corazón puro. Tiene que estar limpio
delante de Dios para que puedas ver buenos resultados. Por este mo vo
es que orar por el esposo ene que comenzar con la oración por su
esposa. Si tú enes resen miento, enojo, falta de perdón, o una ac tud
impura, aunque haya un buen mo vo para ello, tendrás dificultad para
ver respuesta a tus oraciones. Pero si puedes entregarle esos
sen mientos a Dios con toda hones dad y luego moverte en oración, no
hay nada que pueda cambiar más dramá camente el matrimonio. En
ocasiones las esposas sabotean sus propias oraciones porque no oran
con un corazón correcto. Esto me tomó un empo comprenderlo.

Mi oración favorita de dos palabras


Me gustaría poder decir que he estado orando con regularidad por mi
esposo desde el principio de mi matrimonio hasta ahora. No lo he
hecho. Al menos no como lo sugiero en este libro. He orado, las
oraciones han sido cortas: “Protégelo, Señor”. Eran directas: “Salva
nuestro matrimonio”. Pero, con más frecuencia, mi oración favorita de
dos palabras era: “Cámbialo, Señor”.
Al principio de nuestro matrimonio, yo era una nueva creyente que
salía de una vida de gran atadura y error y tenía mucho que aprender
sobre el poder de Dios para librar y restaurar. Pensé que me había
casado con un hombre que estaba cerca de la perfección, y lo que no
era perfecto era simpá co. A medida que pasó el empo, lo simpá co se
convir ó en irritante y lo perfecto se convir ó en una perfección que
atolondraba. Decidí que lo que más me irritaba de él tenía que cambiar,
y entonces todo estaría bien.
Me tomó unos cuantos años comprender que mi esposo nunca iba a
ajustarse a mi imagen; y unos años más para comprender que no podía
hacerlo cambiar de ninguna manera. De hecho, no fue hasta que
comencé a dirigirme a Dios con lo que me molestaba, que comencé a
notar alguna diferencia. Y entonces, no sucedió de la manera que yo
pensaba que sucedería. Yo fui la persona en la que Dios trabajó primero,
y comencé a cambiar. Mi corazón tuvo que ser ablandado, humillado,
apaleado, moldeado, y reconstruido antes de Él ni siquiera comenzar a
trabajar en mi esposo. Yo tuve que aprender a ver las cosas de acuerdo
a la manera en que Dios las veía, no como yo pensaba que debían ser.
Con el empo comprendí que es imposible entregarnos a la oración
por el esposo sin primero examinar nuestro propio corazón. No podía ir
a Dios y esperar respuestas a la oración si no perdonaba y guardaba
amargura o resen miento. No podía orar mi oración favorita de dos
palabras sin asegurarme que en lo más recóndito de mi alma, había
orado primero la oración de dos palabras favorita de Dios: “Cámbiame,
Señor”.
¿Quién, yo?… ¿Cambiar?
No digas que no te avisé. Cuando oras por tu esposo, especialmente
con la esperanza de que él cambie, con seguridad puedes esperar
algunos cambios. Pero los primeros cambios no serán en él sino en . Si
esto te enoja, como me pasó a mí, tú dirás: “¡Un momento! ¡Yo no soy
la que necesita cambiar aquí!” Pero Dios ve cosas que nosotros no
vemos. Él conoce dónde tenemos que mejorar. Él no ene que buscar
por mucho empo para descubrir ac tudes y hábitos que están fuera de
su perfecta voluntad para nosotros. Él requiere que nosotras no
pequemos en nuestros corazones, porque el pecado nos separa de Él y
no recibimos respuestas a nuestras oraciones. “Si en mi corazón hubiera
yo abrigado maldad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18).
Dios desea que nuestros corazones estén bien para que las respuestas a
nuestras oraciones no sean comprome das.
Este requisito es di cil cuando sientes que tu esposo ha pecado
contra con falta de amabilidad, falta de respeto, indiferencia,
irresponsabilidad, infidelidad, abandono, crueldad, o abuso. Pero Dios
considera los pecados de falta de perdón, enojo, odio, autocompasión,
falta de amor, y venganza tan malos como cualquier otro. Confiésalos y
pídele a Dios que te libre de cualquier cosa que no sea de Él. Uno de los
mejores regalos que puedes dar a tu esposo es tenerte a por
completo. La herramienta más efec va para transformarlo puede que
sea tu propia transformación.
No te preocupes, yo luché con todo esto también. De hecho, cada vez
que mi esposo y yo llegábamos a un callejón sin salida, Dios y yo
conversábamos más o menos de esta manera: “¿Ves como es él, Señor?”
“¿Ves como tú eres?”
“Señor, ¿te refieres a que hay cosas que quieres cambiar en mí?”
“Muchas cosas. ¿Estás dispuesta a escucharlas?” “Bueno, supongo”.
“Dime cuando estés en realidad dispuesta”.
“¿Por qué yo, Dios? Él es el que necesita cambiar”.
“El punto no es quién necesita cambiar. El punto es quién está
dispuesto a cambiar”.
“Pero Dios, esto no es justo”.
“Yo nunca dije que la vida es justa, dije que yo soy justo”.
“Pero yo…”
“Alguien ene que estar dispuesto a comenzar”. “Pero…”
“¿Cuán importante es conservar tu matrimonio?”
“Muy importante. Las otras opciones no son aceptables”.
“He dicho. Comencemos cambiándote a ”.
“Ayúdame a tener una buena ac tud en cuanto a esto, Señor”.
“Eso depende de ”.
“¿Tengo que orar por mi esposo aunque él no lo esté haciendo por
mí?” “Precisamente”.
“Pero eso no es… está bien, está bien, ya recuerdo. La vida no es
justa. ¡Tú eres justo!”
(Silencio. Él está asin endo con la cabeza desde el cielo.)
“Me rindo. Comienza. ¡Ay, esto va a ser doloroso! Ca…cambia… no
puedo creer que estoy diciendo esto”.
(Profundo suspiro) “Cámbiame, Señor”.

¿Doloroso? ¡Sí! El morir a uno mismo siempre es doloroso. En


especial cuando estás convencida de que la otra persona necesita
cambiar más que tú. Pero este po de dolor te lleva a la vida. La otra
opción es igual de dolorosa y su final es la muerte de un sueño, una
relación, un matrimonio, y una familia.
Dios puede resucitar un matrimonio que está muerto, pero requiere
que nosotras nos humillemos ante Él y que deseemos vivir a su manera:
perdonando, siendo bondadosa y dando amor. Significa dejar ir el
pasado y todo el dolor asociado con éste y estar dispuesta a perder la
discusión para poder ganar la batalla. No estoy diciendo que enes que
volverte una persona carente de personalidad, sen mientos o
pensamientos propios, o permi r que tu esposo te azote a su antojo.
(De hecho, si te encuentras en cualquier po de peligro sico o
emocional, aléjate de inmediato de esa situación y ve a un lugar seguro
donde puedas recibir ayuda. Tú puedes orar desde allí mientras él recibe
la ayuda que necesita.) La sumisión es algo que ofreces de corazón, no
algo que se demanda de . Jesús dijo: “El que encuentre su vida, la
perderá, y el que la pierda por mi causa, la encontrará” (Mateo 10:39).
Pero entregar tu vida es algo que haces voluntariamente, no algo que se
recibe de a la fuerza. Lo que estoy diciendo es que tu ac tud ene que
ser: “Lo que tú desees, Señor. Muéstramelo y yo lo haré”. Significa estar
dispuesta a morir al yo y decir: “Cámbiame, Señor”.

El lenguaje primordial del amor


Algo increíble sucede a nuestros corazones cuando oramos por otra
persona. La dureza se disipa. Podemos ir más allá del dolor, y perdonar.
Incluso terminamos amando a la persona por la que estamos orando.
¡Es milagroso! Sucede porque cuando oramos entramos a la presencia
de Dios y Él nos llena con su Espíritu de amor. Cuando oras por tu
esposo, el amor de Dios hacia él crecerá en tu corazón. No solo eso,
encontrarás amor creciendo en su corazón para , sin él ni siquiera
saber que estás orando. Esto se debe a que la oración es el lenguaje
primordial del amor. Comunica en maneras que nosotros no podemos.
Yo he visto mujeres sin sen mientos de amor por sus esposos, y con el
empo, a medida que oran esos sen mientos surgen. En ocasiones,
ellos se sienten diferentes después de la primera oración sincera.
El hablar a Dios sobre tu esposo es un acto de amor. La oración da
lugar al amor, el amor genera más oración, que a cambio produce más
amor. Aunque tus oraciones no nazcan de mo vos desinteresados por
completo, se volverán más desinteresadas a medida que con núas
orando. Te darás cuenta de que eres más amorosa en tus respuestas, y
que los temas que antes causaban rencor entre ustedes no van a
causarlo más. Podrán llegar a un acuerdo mutuo sin discu r. Esta unidad
es vital.
Cuando no estamos unidos, todo se desbarata. Jesús dijo: “Todo reino
dividido contra sí mismo quedará asolado, y toda ciudad o familia
dividida contra sí misma no se mantendrá en pie” (Mateo 12:25). La
oración trae unidad incluso cuando no están orando juntos. He visto
desaparecer gran tensión entre mi esposo y yo, solo orando por él.
También, preguntándole “¿Cómo puedo orar por ?” trae un aspecto de
amor y cuidado en la situación. Mi esposo por lo general se de ene y
me responde con detalle cuando de otra manera nunca me contaría
nada. Yo sé incluso de esposos no creyentes que responden
posi vamente a esa pregunta de sus esposas.
El punto en todo esto es que como esposo y esposa no deseamos
tomar calles separadas. Anhelamos estar en el mismo camino y ser
compa bles, compañeros para toda la vida, y tener un amor que dure
hasta el final de nuestras vidas. La oración, como el primordial lenguaje
del amor, puede hacer que eso suceda.

Ni siquiera me gusta…
¿cómo puedo orar por él?
¿Has estado alguna vez tan enojada con tu esposo que lo úl mo que
deseabas hacer era orar por él? Yo también. Es di cil orar por alguien
cuando estás enojada o esa persona te ha herido. Pero eso es
exactamente lo que Dios desea que hagamos. Si Él nos pide que oremos
por nuestros enemigos, ¿cuánto más debemos nosotros orar por la
persona con quien nos hemos conver do en una y a la que se supone
que amemos? ¿Pero cómo podemos pasar la falta de perdón y la ac tud
de crí ca?
Para poder derrumbar las paredes en nuestros corazones y destruir
las barreras que de enen la comunicación, tenemos que ser
completamente honestas con el Señor acerca de nuestros sen mientos.
No tenemos que “arreglarlos”. Él conoce la verdad y desea ver si
estamos dispuestas a admi rlo y confesarlo como desobediencia a sus
caminos. Si es así, Él ene entonces un corazón con el cual puede
trabajar.
Si estás enojada con tu esposo, díselo a Dios. No dejes que se
convierta en un cáncer que crece con cada día que pasa. No digas: “Yo
voy a vivir mi vida y dejar que él viva la suya”. Hay un precio que pagar
cuando actuamos completamente independientes el uno del otro. “En el
Señor, ni la mujer existe aparte del hombre ni el hombre aparte de la
mujer” (1 Corin os 11:11).
Debes decir: “Señor, no deseo orar por este hombre. Confieso mi
enojo, herida, falta de perdón, decepción, resen miento y dureza de
corazón hacia él. Perdóname y crea en mí un corazón puro y un espíritu
recto delante de . Dame una ac tud nueva hacia él: posi va, gozosa,
amorosa, que perdona. Donde él ha errado, revélaselo y dale convicción
en su corazón. Guíalo por el camino del arrepen miento y la liberación.
Ayúdame a no mantenerme alejada de él emocional, mental o
sicamente por causa de la falta de perdón, y ayuda a cualquiera de
nosotros que necesite pedir perdón al otro por algún mo vo. Si hay algo
que no he visto y está empeorando este problema, revélamelo y
ayúdame a comprenderlo. Quita cualquier po de confusión que los
malentendidos o la mala comunicación hayan creado. Cualquier
comportamiento en nosotros que sea necesario cambiarlo, te ruego que
suceda ese cambio. A pesar de todo y que pienso que el enojo que
siento hacia él es jus ficado, quiero hacer lo que tú desees. Te entrego
todos estos sen mientos. Dame un nuevo sen miento de amor para él y
palabras para sanar esta situación”.
Si te sientes capaz, haz esta pequeña prueba y observa qué sucede.
Ora por tu esposo cada día durante un mes, usando cada una de las
treinta áreas de oración que he incluido en este libro. Ora un capítulo
diario. Pídele a Dios que derrame sus bendiciones sobre él y los colme a
ambos con su amor. Observa si tu corazón no se ablanda hacia él, si su
ac tud hacia no cambia también y si tu relación no es más calmada. Si
enes dificultad haciendo este po de compromiso de oración, míralo
desde la perspec va del Señor. El ver a tu esposo a través de los ojos de
Dios, no sólo como tu esposo, sino como hijo de Dios, un hijo a quien el
Señor ama, puede ser una gran revelación. Si alguien te llama y te pide
que ores por su hijo, tú lo harías, ¿cierto? Bueno, Dios lo está pidiendo.

“Cállate y ora”
Hay empo para todo, nos dice la Biblia. Y esto nunca es más cierto
que en el matrimonio, en especial en cuanto a nuestro vocabulario se
refiere. Hay empo para hablar y empo para no hablar, y
dichoso es el hombre cuya esposa puede discernir entre los dos.
Cualquiera que ha estado casado por cierto empo, se da cuenta de que
hay cosas que es mejor no decirlas. La esposa ene la habilidad de herir
a su esposo de forma más profunda que cualquier otra persona pueda
hacerlo; y él puede hacer lo mismo a ella. No importa cuánto te
disculpes después, las palabras no se pueden borrar, solo se pueden
perdonar, y no siempre es fácil hacerlo. En ocasiones, cualquier cosa que
podamos decir solo entorpecerá lo que Dios desea hacer, así que es
mejor callarse y orar.
Al principio cuando Michael y yo nos casamos, yo no decía mucho si
sen a que había algo mal. Mantenía mis sen mientos ocultos. Después
que nació nuestro primer hijo, comencé a expresarme más verbalmente.
Pero mientras más formulaba mis objeciones y opiniones, más se resis a
él y más discu amos. Cualquier cosa que yo dijera no solo no lograba
nada de lo que yo deseaba, sino que tenía el efecto contrario. Me tomó
varios años aprender lo que millones de mujeres han aprendido a través
de los siglos: ¡El regaño no funciona! El cri car no funciona. En
ocasiones simplemente hablar no logra nada tampoco. He descubierto
que la oración es lo único que siempre funciona. La seguridad que enes
en la oración es que enes que pasar por Dios para hacerla. Esto
significa que no puedes quedarte con una mala ac tud, malos
pensamientos, o mo vos incorrectos. Cuando tú oras, Dios revela
cualquier caracterís ca de tu personalidad que se resiste a Su orden de
las cosas.
Mi esposo no va a hacer algo que él no desea hacer, y si termina
haciéndolo, los miembros de su familia inmediata pagarán por ello. Si
deseo que él haga algo, he aprendido a orar por eso hasta que tenga la
paz de Dios en mi corazón antes de preguntarle. En ocasiones, Dios
cambia mi corazón, o me muestra una forma diferente, para que así yo
no tenga que decir nada. Si necesito decir algo, trato de no hacerlo de
forma abrupta. Primero oro por la dirección de Dios.
Sin embargo, me tomó mucho empo darme cuenta. Sucedió un día
cuando me leí en Proverbios, “Más vale habitar en el desierto que con
mujer pendenciera y de mal genio” (Proverbios 21:19). Por alguna razón
me impresionó.
“Pero, Señor”, le pregunté, “¿qué tal, ‘más vale ser reprendido con
franqueza que ser amado en secreto’ (Proverbios 27:5) “¿Nosotras no
tenemos que decirles a nuestros esposos cuándo algo está mal?”
Él me respondió: “Todo ene un momento oportuno; hay un empo
para todo lo que se hace bajo el cielo:… un empo para callar, y un
empo para hablar” (Eclesiastés 3:1,7). “El problema es que tú no
conoces cómo hacerlo en amor”.
“Está bien, Señor”, le dije, “Muéstrame cuándo hablar y cuándo
callarme y orar”.
La primera oportunidad para esto sucedió enseguida. Yo había
comenzado un grupo de oración semanal para mujeres en mi casa, y
cambiaba tanto las vidas que le sugerí a mi esposo que empezara un
grupo similar para los hombres. Pero él no quería oír hablar de eso.
—Yo no tengo empo —fue su respuesta ya que no le gustaba la
idea.
Mientras más hablaba del asunto, más se irritaba Michael. Después
de recibir mis instrucciones de parte de Dios, de “cállate y ora”, decidí
tratar esa estrategia. Dejé de hablar del asunto y comencé a orar.
También pedí a mi grupo de oración que se unieran conmigo en esta
pe ción. Pasaron más de dos años después que dejé de mencionárselo y
comencé a orar, un día Michael me anunció, repen namente, que
estaba organizando un grupo de oración semanal para hombres. Ha
estado funcionando desde entonces, y él aún no sabe que yo oré.
Aunque tomó más empo del deseado, sucedió. Y hubo paz durante la
espera, cosa que yo no habría tenido si no hubiese permanecido
callada.
En la Biblia, la reina Ester oró, ayunó y buscó el empo de Dios antes
de acercarse a su esposo, el rey, para tratar un asunto muy importante.
Había mucho en juego y ella lo sabía. Ester no salió corriendo y gritando:
“¡El matón de tu amigo nos va a arruinar nuestras vidas!” Ella oró
primero y luego le ministró amor a él, mientras Dios preparaba su
corazón. El Señor siempre nos dará palabras para hablar, y nos mostrará
cuándo decirlas, si le preguntamos. El momento lo es todo.
He conocido personas que usan la excusa “solo soy honesta” para
devastar a otros con sus palabras. La Biblia dice: “El necio da rienda
suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla” (Proverbios 29:11).
En otras palabras, es imprudente compar r cada pensamiento y
sen miento. El ser honesto no significa que enes que ser
completamente franca en cada comentario. Eso le hace daño a las
personas. Mientras que la hones dad es un requisito para un
matrimonio de éxito, decirle a tu esposo todo lo que encuentras mal en
él, no es solo un consejo enfermizo, sino que posiblemente esto no
revela toda la verdad. La verdad total viene de la perspec va de Dios, y
Él, sin lugar a dudas, no ene los mismos problemas con la forma de
actuar de tu esposo que enes tú. Nuestra meta no debe ser lograr que
nuestros esposos hagan lo que nosotras queremos, sino más bien,
debemos entregárselos a Dios para que Él haga en ellos lo que desea
hacer.
Debes tener cuidado de reconocer entre lo que está bien y lo que está
mal. Si no cae con claridad en una de esas dos categorías, guarda tus
opiniones u ora por ellas, y luego según te dirija el Señor, revélalas para
una discusión apacible. La Biblia dice: “No te apresures ni con la boca ni
con la mente, a proferir ante Dios palabra alguna; él está en el cielo y tú
estás en la erra. Mide, pues, tus palabras” (Eclesiastés 5:2). Hay
momentos cuando nosotras sólo debemos escuchar y no dar ninguna
opinión, debemos apoyar y no ofrecer crí ca construc va.
No estoy sugiriendo ni por un momento que te conviertas en una
simple alfombra donde uno se limpia los pies, que ni siquiera se
enfrenta a su esposo con la verdad; en especial cuando esta es para su
bienestar. Por supuesto que enes que comunicar con claridad tus
pensamientos y sen mientos. Pero una vez que él los ha escuchado, no
con núes acosándolo hasta que se convierta en un tema de discusión y
con enda.
Si enes que decir palabras que son di ciles de escuchar, pídele a Dios
que te ayude a discernir cuándo tu esposo estará en mejor disposición
para escucharlas. Ora por las palabras correctas y para que su corazón
esté recep vo por completo. Yo sé que es di cil hacerlo si enes unas
cuantas palabras que te mueres por decir. Pero aun con lo di cil que
parezca, es mejor dejar que Dios las escuche primero para que Él las
suavice con su Espíritu. Esto es muy cierto cuando el diálogo ha cesado y
cada palabra solo trae más dolor. Yo hubiera deseado aprender más
temprano a orar antes de hablar. Muy a menudo, mis palabras
desataron una reacción defensiva en mi esposo y produjeron palabras
hirientes de las que ambos nos arrepen mos. Él recibió mis sugerencias
como que lo estaba presionando para que hiciera algo o fuera alguien,
aunque en mi corazón siempre le deseé lo mejor, tuvo que venir a él de
parte de Dios.
Cuando nosotros vivimos por el poder de Dios en lugar de nuestra
carne, no tenemos que luchar por poder con nuestras palabras. “Porque
el reino de Dios no es cues ón de palabras sino de poder” (1 Corin os
4:20). Las palabras que nosotros hablamos no son las que hacen la
diferencia, es el poder de Dios que las acompaña. Te sorprendería
cuánto poder enen tus palabras cuando oras antes de decirlas y
estarías aun más sorprendida con lo que puede suceder cuando te callas
y dejas que Dios actúe.

Creyente o no
Si tu esposo no es creyente, tú ya sabes cuánto bien hace el seguir
hablándole sobre el Señor, si él no respondió cuando lo hiciste las
primeras veces. No quiere decir que no puedes decirle nada, pero si lo
que tú dices él lo recibe con indiferencia o irritación, el próximo paso es
mantenerte callada y orar. La Biblia dice que la esposa puede ganarse al
esposo sin palabras, porque el comportamiento que él observa en ella
dice más que sus palabras. “De modo que si algunos de ellos no creen
en la palabra puedan ser ganados más por el comportamiento de
ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y
respetuosa” (1 Pedro 3:1,2).
Dios dice que Él habla de cosas que no son como si fuesen. Tú
también puedes hacerlo. Puedes decir: “No voy a fingir, sino voy a hablar
todas las cosas que no son parte de la vida de mi esposo como si ellas
fuesen parte de la misma. Aunque él no ene fe, voy a orar por él como
si la tuviese”.
Por supuesto que no puedes forzarlo a que haga algo que no quiere
hacer, pero tú puedes tener acceso al poder de Dios, por medio de la
oración, para que su voz penetre el alma de tu esposo. No importa
cuánto empo tengas que orar por tu esposo para que venga al
conocimiento del Señor, aunque le tome toda su vida, el empo no será
desperdiciado. Mientras tanto, ya sea que tu esposo es creyente o no,
tú aún puedes orar todas las oraciones que aparecen en este libro para
él y esperar ver respuestas significantes.

Para crear un hogar


A mí no me importa lo liberada que seas, cuando te casas siempre
habrá dos áreas que, en úl ma instancia, serán tu responsabilidad: el
hogar y los hijos. Incluso si eres la única que trabaja y tu esposo se
queda en la casa para mantenerla en orden y atender a los hijos, aún se
esperará de que el corazón del hogar sea un santuario de paz, una
fuente de contentamiento, aceptación, rejuvenecimiento, educación,
descanso y amor para tu familia. Además de esto, también se espera de
que seas sexualmente atrac va, buena cocinera, una gran madre, y
saludable sica, emocional y espiritualmente. Es abrumador para la
mayoría de las mujeres, pero las buenas no cias son que no enes que
hacerlo todo tú sola. Tú puedes buscar la ayuda de Dios.
Pídele al Señor que te muestre cómo hacer de tu hogar un refugio
seguro que edifique a tu familia; un lugar donde fluya la crea vidad y la
comunicación sea con nua, y que te ayude a mantener tu casa limpia, la
ropa lavada, la cocina en orden, la alacena y la nevera llena, y las camas
hechas. Estas son cosas básicas por las que el hombre puede que no
felicite a su esposa por ellas todos los días (o nunca), pero él notará si
no están hechas. Puede que mi esposo no busque en el armario una
bombilla eléctrica o una batería durante meses. Pero cuando lo hace, él
desea que esté allí. Ni tampoco desea llegar tarde del trabajo a la casa y
encontrar que no hay pan para hacerse un em-paredado. Hago lo mejor
posible para asegurarme que está allí. Le pido a Dios que me ayude a
mantener la casa en una forma que mi esposo encuentre agradable
regresar al hogar y traer a sus amigos. No es necesario tener muebles
costosos o traer un decorador para hacer todo esto. Mi primera casa era
pequeña y tenía muebles de segunda mano que compré en una venta
de ar culos usados. Yo misma pinté todo el lugar (con la ayuda de una
amiga), y lo hice lucir atrac vo. Sólo es necesario pensar en el asunto y
un poco de cuidado.
Parte de conver r una casa en un lugar acogedor es permi éndole a
tu esposo que sea la cabeza para que tú puedas ser el corazón. El tratar
de ser ambos es demasiado. Dios puso al esposo como la cabeza de la
familia, ya sea que se lo merezca o no, y no importa que él se levante
para tomar su posición o no. Es el orden de Dios de las cosas. Esto no
significa que una posición es más importante que la otra. Ambas
trabajan juntas. Si tu esposo es la cabeza de la casa, tú enes que
dejarle ese liderazgo. Si tú vas a ser el corazón del hogar, enes que
tomar los pasos necesarios para hacerlo, inclusive si eres la parte
principal que contribuye financieramente al mantenimiento del hogar. El
tratar de hacer lo contrario man ene una lucha constante.
Esto no significa que la esposa no puede trabajar y el esposo no
puede cuidar del hogar; es la ac tud del corazón y la cabeza la que hace
la diferencia. Hubo semanas enteras, durante el final de cada libro que
he escrito, que mi esposo cuidó de la casa y los niños para que yo
pudiera cumplir con la fecha fijada. Esto nunca minimizó su función de
líder o causó que yo usurpara su posición. Fue algo que él hizo para mí.
Hubo momentos en que él necesitó que yo trabajara para él descansar.
Yo lo hice por él. Es un equilibrio delicado para la mayoría de las
personas, así que es mejor orar para que la integridad de las dos
posiciones en el hogar, la cabeza y el corazón, no sea comprome da.
Mantener el orden en la casa no significa que ene que estar
perfecta, pero no debiera estar fuera de control. Si tú estás
trabajando tan fuerte como él para traer a casa un sueldo, las
responsabilidades debieran ser compar das en el hogar. Si él no
desea compar rlas, gastar cierta can dad de dinero para que otra
persona te ayude unas cuantas horas a la semana, es mucho más
económico que un divorcio, un quiroprác co, un terapeuta, un
médico o un funeral. Pídele a Dios que te muestre sobre eso.
Todo lo que yo he dicho sobre el hogar también va dirigido a tu
cuerpo, alma y espíritu. Se debe inver r algún esfuerzo en mantenerlos.
En una ocasión escuché en un programa radial a una mujer que llamó
para quejarse con un psicólogo popular, de que su esposo le había dicho
que ya no la encontraba atrac va. Él le dijo: “¿Qué estás haciendo para
lucir atrac va?” La persona que llamó no tuvo respuesta. El punto es,
que ser atrac va no sucede solo. Incluso la mujer más maravillosa del
mundo hace mucho para mantener su atrac vo. La reina Ester fue una
de las mujeres más bellas en su país, y ella pasó un año
embelleciéndose antes de conocer al rey.
Nosotras tenemos que hacernos esa misma pregunta. “¿Qué estoy
haciendo para lucir más atrac va para mi esposo?” ¿Me mantengo
limpia y con un olor agradable? ¿Me aseguro de que mi ser interior esté
limpio y rejuvenecido con ejercicios regulares? ¿Conservo mi fuerza y
vitalidad con una dieta saludable? ¿Me visto de forma atrac va? Y más
importante: Paso empo a solas con Dios cada día? Yo te garan zo que
mientras más empo pases con el Señor, más radiante lucirás.
“Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al
Señor es digna de alabanza” (Proverbios 31:30).
No puedes darte el lujo de no hacer esta inversión en misma, en tu
salud y en tu futuro. No es algo egoísta hacerlo. Es egoísta no hacerlo.
Ora para que Dios te muestre qué pasos debes tomar y luego te capacite
para tomarlos. Invita al Espíritu Santo a que more en y en tu hogar.

Deja ir las expecta vas


Al poco empo de estar casados, mi esposo me llamó del trabajo y me
dijo que deseaba que preparara cierto plato con pollo para la cena. Fui
a la enda, compré la comida, la preparé, y cuando llegó a casa, él entró
por la puerta y me dijo con franqueza:
—No tengo deseos de comer pollo esta noche, quiero cos llas de
cordero.
No necesito decirte los pensamientos que pasaron por mi mente
porque estoy segura de que ya tú los conoces. Este no fue un incidente
aislado. Casos similares sucedieron con demasiada frecuencia. No puedo
contar el número de veces que Michael me prome ó estar en casa para
cenar y llamó diez minutos después que la cena estaba lista, para
decirme que él iba a trabajar hasta tarde y saldría a comer con sus
compañeros. Al fin aprendí que no valía la pena molestarse, herirse o
guardar resen miento. Eso solo hacía las cosas peor. Lo ponía a la
defensiva porque él pensaba que yo no entendía su situación.
Comprendí que era más saludable para ambos si yo arreglaba lo que
esperaba de él. Desde ese momento en adelante, preparaba la comida
como si fuera solo para los niños y para mí. Si Michael podía unirse a
nosotros, era una agradable sorpresa. Si no lo hacía, podía vivir con eso.
He aprendido que cuando suceden cosas que me decepcionan, es
mejor que me acuerde de las buenas cualidades de mi esposo. Recuerdo
como a veces él me ayuda con los quehaceres de la casa y la cocina. Él es
fiel y no me da razón para dudarlo; es un creyente que va a la iglesia, lee
la Biblia, ora, y ene altos valores morales. Él nos ama a nuestros hijos y
a mí; usa sus talentos para la gloria de Dios; es un proveedor bueno y
generoso. Las cosas pudieran estar mucho peor, así que no me voy a
quejar de si él está en casa para cenar o no.
Pienso que si pudiera ayudar a una nueva esposa en alguna área,
sería desanimándola para que no entrara al matrimonio con una larga
lista de expecta vas, ya que luego ella se molestará cuando su esposo
no las cumpla. Por supuesto hay ciertas cosas básicas en las que deben
estar de acuerdo antes de la fecha de la boda, tales como fidelidad,
apoyo financiero, hones dad, bondad, decencia básica, altos niveles de
moral, amor sico y emocional, y protección. Cuando tú no recibes esas
cosas, puedes pedirlas. Incluso cuando no las recibas puedes orar; pero
en cuanto a específicos se refiere, tú no puedes exigir que una persona
cumpla con todas tus expecta vas. La presión para hacer eso y cumplir
tus sueños al mismo empo puede ser abrumador para un hombre. En
su lugar, lleva tus necesidades a Dios en oración y busca en Él las
respuestas. Si nosotras tratamos de controlar a nuestros esposos y
tenemos una larga lista por la que ellos enen que guiarse en la vida, y
luego nos enojamos y decepcionamos cuando ellos no pueden
cumplirla, entonces, nosotras somos las que estamos equivocadas. Los
mayores problemas en mi matrimonio ocurrieron cuando mis
expecta vas de lo que yo pensaba que Michael debiera ser o hacer, no
coincidieron con la realidad de quién él era.
Deja ir tantas expecta vas como te sea posible. Los cambios que tú
deseas ver en tu esposo, o que él trata de hacer para agradarte, están
des nados al fracaso y les traerán desencanto a ambos. En su lugar,
pídele a Dios que haga los cambios que sean necesarios. Él hará un
mejor trabajo porque “Sé además que todo lo que Dios ha hecho
permanece para siempre; que no hay nada que añadirle ni quitarle; y
que Dios lo hizo así para que se le tema” (Eclesiastés 3:14). Acepta a tu
esposo de la forma que él es y ora por él para que crezca. Luego cuando
suceden los cambios, será porque Dios ha obrado en él y serán
duraderos. “Solo en Dios halla descanso mi alma; de él viene mi
esperanza” (Salmo 62:5). Tus mayores expecta vas deben venir de Dios,
no de tu esposo.

Con todo el respeto


Es interesante que Dios requiere que el esposo ame a su esposa, pero
a la esposa le requiere que respete a su esposo. “En todo caso, cada uno
de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa
respete a su esposo” (Efesios 5:33). Yo supongo que ninguna mujer se
casaría con un hombre que ella no ama, pero muy a menudo una
esposa pierde el respeto por su esposo después que han estado un
empo casados. La pérdida del respeto parece preceder a la pérdida del
amor y le hace más daño a un hombre de lo que nosotras creemos.
Las consecuencias de perder el respeto al esposo pueden ser muy
serias. La esposa del rey David, Mical, vio a su esposo danzar de gozo
delante del Señor enfrente del pueblo, sin sus ves duras reales y en
ropa interior, mientras que el arca del pacto era traída a la ciudad. Mical
no solo no compar ó su gozo, sino que sin ó desprecio por él (2 Samuel
6:16). Ella se volvió cri cona en lugar de tratar de comprender la
situación de la perspec va de Dios, y pagó un precio alto por su falta de
respeto; el juicio de Dios causó que ella nunca pudiera tener hijos. Yo
creo que nosotras no solo podemos traer derrota a nuestro matrimonio
y esposos cuando no le tenemos respeto, sino que cierra la puerta para
una nueva vida en nosotras también.
En otro ejemplo, la reina Vas rehusó ir delante de la presencia del
rey cuando él lo ordenó. El rey tenía una fiesta para sus amigos, él
estaba con ánimo de fiesta, y quería exhibir a su bella esposa. Todo lo
que él le pedía era que ella se pusiera su ves menta real y su corona, y
que hiciera acto de presencia ante las personas que él estaba
atendiendo. Ella no aceptó, sabiendo muy bien que sería algo
humillante para él. “Pero cuando los eunucos le comunicaron la orden
del rey, la reina se negó a ir. Esto contrarió mucho al rey, y se enfureció”
(Ester 1:12). El resultado fue que Vas perdió su posición como reina.
Ella no solo le hizo daño a su esposo, el rey, sino al pueblo también. A
menos que la esposa desee perder su posición como reina del corazón
de su esposo, y herir a su familia y amistades cercanas, ella no puede
humillar a su esposo, no importa lo mucho que piense que él se lo
merece. El precio es muy alto.
Si esto ya te ha sucedido, y sabes que tú le has mostrado falta de
respeto a tu esposo, confiésalo a Dios ahora mismo. Dile: “Señor,
confieso que no es mo a mi esposo de la manera que dice tu Palabra.
Hay una pared en mi corazón que yo sé fue erigida como protección
para no ser herida. Pero estoy lista a derrumbarla para que mi corazón
pueda sanar. Confieso las veces que he mostrado falta de respeto hacia
él; y que esta ac tud y palabras indebidas son un pecado en contra
tuya. Muéstrame cómo desarmar esta barrera que hay sobre mis
emociones, que me impide tener el amor incondicional que tú deseas
que tenga. Derriba las paredes de dureza alrededor de mi corazón y
muéstrame cómo respetar a mi esposo de la forma que tú deseas que lo
haga. Dame tu corazón para él, Señor, y ayúdame a verlo de la forma
que tú lo ves”.
El orar de esta forma te libera para que puedas ver el potencial de tu
esposo para cosas grandes, lo opuesto a sus faltas. Te capacitará para
decir algo posi vo que te animará, edificará, te dará vida, y hará de tu
matrimonio algo mejor. El amor disminuye si meditamos en lo nega vo y
crece si nos concentramos en lo posi vo. Cuando enes el corazón de
Dios para con tu esposo, podrás ver a través de ojos nuevos. Hay
momentos cuando no puedes comprender qué se trae tu esposo, qué
está sin endo, y por qué está haciendo las cosas que hace, a menos que
tengas el discernimiento de Dios. Pídele a Dios que te lo dé.
Cuando estás orando por misma –su esposa–, recuerda este modelo
de buena esposa de la Biblia. Dice que ella cuida de su casa y la dirige
bien. Sabe cómo comprar y vender y toma decisiones sabias. Ella se
man ene saludable y fuerte y se viste atrac va; trabaja con diligencia y
ene habilidad para comerciar. Ayuda a los necesitados y se prepara
para el futuro. Contribuye a la buena reputación de su esposo. Es
fuerte, firme, honorable y no ene temor de envejecer. Habla con
sabiduría y bondad. No es ociosa y está atenta a la marcha de su hogar.
Sus hijos y su esposo la alaban. Ella no descansa en encantos y belleza,
conoce que el temor del Señor es lo más atrac vo. Apoya a su esposo y
aún ene una vida propia fruc fera que dice mucho de ella (Proverbios
31).
Esta es una mujer maravillosa, la clase de mujer que podemos ser solo
a través de la capacitación de Dios y de nuestra propia entrega. En
resumen es una mujer en quien su esposo puede confiar porque “ella le
es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida”. Yo creo que el
“bien” mayor que una esposa puede hacer por su esposo es orar.
¿Vamos a hacerlo?
Oración

Señor, ayúdame a ser una buena esposa. Comprendo que no tengo


lo que es necesario para ser así si no tengo tu ayuda. Toma mi
egoísmo, impaciencia e irritabilidad y tórnala en bondad, templanza
y deseo de sobrellevar todas las cosas. Toma mis viejos hábitos
emocionales, forma de pensar, reacciones automá cas, suposiciones
rudas, y postura de autoprotección y hazme paciente, bondadosa,
buena, fiel, gen l y con dominio propio. Toma la dureza de mi
corazón y rompe las paredes con tu ariete de revelación. Dame un
nuevo corazón y obra en mi tu amor, paz, y gozo (Gálatas 5:22,23). Yo
no puedo subir más alto de donde estoy en este momento. Solo tú
puedes transformarme.
Muéstrame dónde hay pecado en mi corazón, en especial
relacionado con mi esposo. Confieso que a veces he sido poco
amable, cri cona, he estado enojada, resen da, le he faltado al
respeto, o no lo he perdonado. Ayúdame a poner a un lado
cualquier herida, enojo o desencanto que pueda sen r y perdonarlo
como tú lo haces, de forma total y completa, sin mirar hacia atrás.
Hazme un instrumento de reconciliación, paz, y sanidad en mi
matrimonio. Capacítanos para comunicarnos bien y rescátanos de la
trinchera de la separación donde comienzan las realidades del
divorcio.
Haz que yo sea para mi esposo la ayuda idónea, compañera,
defensora, amiga y apoyo. Ayúdame a crear para él un lugar apacible
de descanso para cuando regrese a casa. Enséñame a cuidar de mí y
mantenerme atrac va para él. Hazme una mujer crea va y segura de
mí misma, rica de mente, alma y espíritu; una mujer que él pueda
presentar con orgullo como su esposa.
Dejo todas mis expecta vas en tu cruz. Le quito la carga de que
ene que complacerme en áreas en las que debiera mirarte a .
Ayúdame a aceptarlo como es y no tratar de cambiarlo. Comprendo
que en algunas cosas él nunca cambiará, pero al mismo empo, lo
dejo libre para que cambie en aquellas cosas que nunca pensé que
pudiera hacerlo. Dejo cualquier cambio que sea necesario, que sea
hecho por tus manos, y acepto que ninguno de nosotros es perfecto
y nunca lo seremos. Solo tú, Señor, eres perfecto, y pongo mis ojos
en para que nos perfecciones.
Enséñame a orar por mi esposo y haz de mis oraciones un
verdadero lenguaje de amor. Donde el amor ha muerto, crea un
nuevo amor entre nosotros. Muéstrame lo que el amor incondicional
es en realidad y cómo comunicarlo de forma que él lo perciba con
claridad. Trae unidad entre nosotros para que podamos estar de
acuerdo en todas las cosas (Amós 3:3). Que el Dios de la paciencia y
el consuelo nos conceda que tengamos el mismo pensamiento el
uno hacia el otro, de acuerdo a Cristo Jesús (Romanos 15:5). Haz de
nosotros un equipo, que no busquemos vidas separadas,
compe vas o independientes, sino más bien trabajando juntos, sin
estar atentos a la falta de cada uno y las debilidades para el
bienestar del matrimonio. Ayúdanos a buscar las cosas que dan paz
con las que podamos edificarnos el uno al otro (Romanos 14:19).
Que podamos estar “en armonía y que no haya divisiones entre
nosotros, sino que nos mantengamos unidos en un mismo
pensamiento y en un mismo propósito” (1 Corin os 1:10).
Oro para que nuestro compromiso con go y del uno para el otro
crezca fuerte y con más pasión cada día. Capacítalo a él para que sea
la cabeza del hogar como tú lo creaste, y muéstrame cómo apoyarlo
y respetarlo a medida que él asciende al puesto de liderazgo.
Ayúdame a comprender sus sueños y ver las cosas desde su
perspec va. Revélame lo que él desea y necesita, y muéstrame los
posibles problemas antes que estos surjan. Sopla tu vida en mi
matrimonio.
Hazme una nueva persona, Señor. Dame una perspec va fresca, un
punto de vista posi vo, y una relación renovada con el hombre que
tú me has dado. Ayúdame a verlo con ojos nuevos, nueva
apreciación, nuevo amor, nueva compasión, y nueva aceptación. Dale
a mi esposo una nueva esposa, y déjame ser ella.

HERRAMIENTAS DE PODER
Por eso les digo, crean que ya han recibido todo lo que estén
pidiendo en oración, y lo obtendrán. Y cuando estén orando, si
enen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre
que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.
Marcos 11:24-25
Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.
Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que
llama, se le abre.
Mateo 7:7,8
Con sabiduría se constuye la casa; con inteligencia se echan los
cimientos. Con buen juicio se llenan sus cuartos de bellos y
extraordinarios tesoros. El que es sabio ene gran poder, y el que es
entendido aumenta su fuerza.
Proverbio 24:3,4
No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido empo
cosecharemos si no nos damos por vencidos.
Gálatas 6:9

Capítulo Dos

Su trabajo

B ernardo pocas veces trabaja. Él está dispuesto a dejar que su esposa


Rebeca, sostenga a la familia mientras que él está en la búsqueda de su
sueño. El problema es que Rebeca no está contenta con llevar toda la
carga del sostén familiar sobre sus hombros de forma indefinida, y
Bernardo ha estado tratando de realizar su sueño durante diecisiete
años sin resultados. Creo que la raíz de la inac vidad de Bernardo es el
temor. Él teme que si no consigue el trabajo de sus sueños, terminará en
uno que odia y quedará atrapado en él para siempre.
Esteban se está matando con tanto trabajo; nunca puede descansar
y disfrutar del éxito de su labor.
Pocas veces pasa empo con su familia, y sus hijos adolescentes están
llegando a la edad de adultos. Él no trabaja tan duro porque tenga
necesidad, sino porque ene temor. Él teme que si descansa, no valdrá
nada a los ojos de los demás, incluyendo los suyos propios.
Estos son ejemplos extremos de cómo un hombre puede relacionarse
con su trabajo. Por un lado es holgazanería, evitando salir del egoísmo,
temor, falta de confianza, depresión o aprensión en cuanto al futuro.
Del holgazán, Dios dice: “Sobre sus goznes gira la puerta; sobre la cama,
el perezoso” (Proverbios 26:14). “Pues borrachos y glotones, por su
indolencia, acaban harapientos y en la pobreza” (Proverbios 23:21). “El
camino del perezoso está plagado de espinas, pero la senda del justo es
como unacalzada” (Proverbios 15:19). “La codicia del perezoso lo lleva a
la muerte, porque sus manos se niegan a trabajar” (Proverbios 21:25).
En otras palabras, un hombre holgazán nunca llegará a ninguna parte,
nunca tendrá nada, solo un camino di cil por delante, y al final lo
destruirá.
El extremo opuesto es el adicto al trabajo; obsesión por el trabajo,
excluye todo lo demás, perdiendo la vida de uno en el proceso. Del
adicto al trabajo, Dios dice: “Así terminan los que van tras ganancias mal
habidas; por éstas perderán la vida” (Proverbios 1:19). “Consideré luego
todas mis obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y vi que
todo era absurdo, un correr tras el viento, y que ningún provecho se
saca en esta vida” (Eclesiastés 2:11). En otras palabras, el ser adicto al
trabajo es agotador y no ene sen do.
Ninguno de los dos extremos promueven felicidad y sa sfacción. Solo
un equilibrio perfecto entre ambos, el cual Dios puede ayudar a un
hombre a encontrar, podrá traer esa calidad de vida.
Lo que causa que un hombre vaya a cualquiera de los dos extremos,
cosa rara, es la misma razón: temor. Esto es debido a que la iden dad
del hombre está a menudo muy unida con su trabajo. Él necesita
sen rse apreciado y ganar, y su trabajo es a menudo un medio por el
cual ve que ambas cosas suceden. Le atemoriza pensar que nunca
experimente ninguna de las dos. Si él está haciendo un trabajo que es
degradante para él, se siente que no ene valor como persona. Si no
ene éxito en su trabajo, se siente fracasado.
Dios reconoce que el trabajo de un hombre es una fuente de
sa sfacción para él. Dice que no hay nada mejor para un hombre, que
“es un don de Dios que el hombre… disfrute de todos sus afanes”
(Eclesiastés 3:13). El hecho de que muchos hombres no se sienten
sa sfechos con sus trabajos ene menos que ver con lo que es su
trabajo, que si enen o no un sen do de propósito. Un hombre que no
tenga eso, con el empo puede llegar al lugar donde ha trabajado duro
y por bastante empo, y sen r que la recompensa es tan poca que
siente que no ene futuro para él, al menos no uno por el que valga la
pena vivir. Si también se suma el detalle de la edad, puede que piense
en cosas como: “Tú no eres valioso para nadie”. “Eres reemplazable”. “Ya
no puedes hacer lo que solías hacer”. “Eres muy viejo para aprender
cosas nuevas”. “Tú no enes lo que hace falta”. “No enes propósito”.
Este es un lugar peligroso para un hombre estar.
Gabriel, su padre, y su abuelo todos han tenido dificultad para
ganarse la vida. De hecho, fue muy tarde en la vida de cada uno de ellos,
cuando pudieron discernir lo que se suponía que estuviesen haciendo.
Fueron de un trabajo a otro sin un rumbo fijo y lucharon con las
finanzas. No tuvieron padres que oraran por ellos para que sus dones y
talentos fueran revelados, y conocer el llamado de Dios en sus vidas,
para que se les abrieran las puertas y llegaran a alcanzar todo para lo
que ellos fueron creados. La historia ende a repe rse si no está
presente la intervención de Dios.
He observado que las personas que han tenido padres que oran
ac vamente, parecen encontrar el trabajo de sus vidas más temprano.
Sus problemas quizás no se resuelvan de inmediato, pero ellos enen
un sen do de propósito y des no que les impulsa en la dirección
correcta. Ellos no viven con la frustración y la falta de sen do que otras
personas enen. Mientras muchos padres enen una agenda para sus
hijos, la mayoría no busca el plan de Dios para sus vidas. Cuando la vida
de un hijo se deja de esa forma a la suerte, el resultado puede ser vagar
sin tener una vocación definida. Es pasar por muchos tropiezos,
desalientos, dudas y desesperación innecesarios mientras trata de crear
un lugar para él. Si tu esposo ha tenido un comienzo como este, tus
oraciones pueden cambiar su vida.
Si él no tuvo padres que oraban, tú puedes llenar ese vacío. Puedes
orar por sus ojos, para que se abran y vean lo que Dios desea que él
haga, y hacia dónde Él lo está dirigiendo. Tus oraciones pueden ayudarlo
a sen rse lo suficiente apreciado y animado como para reconocer que es
valioso, no importa lo que haga. Puedes asegurarle que Dios le ha
dotado de forma única con habilidad y talento y que ene algo bueno
para él. Luego, ora para que Dios se lo revele y abra la puerta de la
oportunidad que ningún hombre puede cerrar. Tus oraciones pueden
pavimentar un camino para él.
Si tu esposo ya ene una carrera de éxito, aún es bueno orar para que
él esté donde Dios desea y para que todo con núe saliendo bien. Mi
esposo que compone música y produce discos, me dijo que él sin ó que
mis oraciones habían evitado que él trabajara con clientes equivocados.
Él nunca ha trabajado con alguien que sea di cil, raro, malvado o que
no le convenía, cosa que no es menos que un milagro en su negocio. Él
sabía que yo siempre oraba para que Dios lo guiara a la persona
correcta y
quitara de su camino aquellas que le traerían problemas. Mientras
que nuestras oraciones no pueden asegurar una vía sin problemas para
nuestros esposos, sí pueden mantenerla libre de muchos.
Si tu esposo trabaja duro, asegúrate de que tenga empo para
descansar y diver rse, para hacer las cosas que lo entre enen y le dan
un alivio del peso que produce tener que mantener toda una vida a una
familia. Los hombres necesitan períodos de refrigerio. Si no los enen,
son propicios al agotamiento y a tentaciones de todo po. Tus oraciones
pueden ayudarlo a comprender que el verdadero significado de la vida
no viene del trabajo sino de seguir a Dios. Oremos por nuestros esposos
para encontrar ese equilibrio perfecto.
Oración

Señor: Oro para que tú bendigas el trabajo que realiza mi esposo.


Que su labor pueda traer no solo favor, éxito, y prosperidad, sino
gran sa sfacción también. Si el trabajo que él está haciendo no está
en línea con tu perfecta voluntad para su vida, revélaselo y
muéstrale qué cosa debiera hacer diferente y guíalo por el camino
correcto. Dale fuerza, fe, y una visión para el futuro para que pueda
levantarse por encima de cualquier tendencia a pereza. Que nunca
huya del trabajo a causa del temor, egoísmo o el deseo de evadir la
responsabilidad. Por otro lado, ayúdalo a darse cuenta de que él no
ene que trabajar hasta matarse para conseguir la aprobación del
hombre, o codiciar más allá de lo que es un don tuyo. Dale la
habilidad de disfrutar de su éxito sin tener que luchar por más.
Ayúdalo a sobresalir, pero libéralo de la presión de tener que
hacerlo.
Oro para que tú seas el Señor sobre su trabajo, y que él pueda
incluirte en todo los aspectos de su vida. Dale suficiente confianza
en los dones que tú le has dado para que pueda buscar, encontrar y
hacer un buen trabajo. Ábrele puertas de oportunidades que ningún
hombre pueda cerrar. Desarrolla sus habilidades para que crezcan y
sean más valiosas con el paso de cada año. Muéstrame lo que yo
puedo hacer para animarlo.
Oro para que este trabajo sea establecido, seguro, de éxito, de
sa sfacción y recompensado financieramente. Que él “nunca deje de
ser diligente; antes bien, sirva al Señor con el fervor que da el
Espíritu” (Romanos 12:11). Deja que él sea como el árbol plantado a
la orilla de un río que, cuando llega su empo, da fruto y sus hojas
jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera! (Salmo 1:3).

HERRAMIENTAS DE PODER
¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y
nunca será un Don Nadie.
Proverbios 22:29
No te afanes acumulando riquezas; no te obsesiones con ellas.
¿Acaso has podido verlas? ¡No existen! Es como si les salieran alas,
pues se van volando como las águilas.
Proverbios 23:4,5
¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida? ¿O qué se
puede dar a cambio de la vida?
Mateo 16:26
Por causa del ocio se viene abajo el techo, y por la pereza se
desploma la casa.
Eclesiastés 10:18
Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre nosotros. Confirma
en nosotros la obra de nuestras manos; sí, confirma la obra de
nuestras manos.
Salmo 90:17
Capítulo Tres

Sus finanzas

Mucho de lo que es tu esposo y de lo que él experimenta en la vida se


relaciona con sus finanzas.¿Es dadivoso o miserable? ¿Agradecido o
envidia a los demás? ¿El dinero es una bendición o una maldición? Es
sabio o descuidado con lo que ene? ¿Está de acuerdo con go en cómo
debe gastarse el dinero, o tu matrimonio presenta problemas
financieros? Nada pone más presión en un matrimonio que la
responsabilidad financiera, falta de dinero o grandes deudas. Solo
cuando reconocemos que todo lo que tenemos proviene de Dios y
busquemos hacerlo Señor en todo, es que podemos evitar los
problemas que el dinero, o la falta del mismo, nos trae.
Aunque mi esposo siempre nos ha dado buena vida, la naturaleza de
su negocio es “abundancia o escasez” de acuerdo a cuándo entra el
dinero y cuánto. Un año hubo una recesión en el negocio de la música y
todo el mundo lo sin ó. Incluso las compañías que eran dueñas de la
nuestra retuvieron pagos debido a su falta de efec vo. Fue un momento
aterrador, pero hubiera sido mucho peor si no hubiésemos tenido la fe
en el Señor y dedicado nuestras finanzas a Él. Nuestra confianza vino en
saber que habíamos obedecido a Dios en diezmar de nuestro dinero a la
iglesia. “Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así
habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto, dice el Señor
Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo
sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).
Nosotros también habíamos sido fieles en dar a los pobres y aquellos en
necesidad. “Dichoso el que piensa en el débil; el Señor lo librará en el
día de la desgracia. El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vida; lo
hará dichoso en la erra y no lo entregará al capricho de sus
adversarios” (Salmo 41:1,2). Nosotros también sabíamos que la Biblia
promete que aquellos “que buscan al Señor nada les falta” (Salmo
34:10). Por supuesto, nosotros estábamos buscando del Señor y creímos
que al buscar de Dios como nuestro proveedor y vivir en obediencia a
sus caminos, Él nos proveería y tendríamos todo lo que necesitáramos.
Él lo hizo y nosotros lo hacemos.
Muchos problemas de dinero se pueden resolver al poner todas las
finanzas bajo la cubierta de Dios y hacer lo que Él dice que debemos
hacer con el mismo. Esto significa, dar cuando Él dice que demos.
Cuando tú lo haces, Dios promete librarte, protegerte, bendecirte,
sanarte, y mantenerte con vida. Cuando no lo haces, vas a experimentar
la misma desolación que experimentan los pobres. “Quien cierra sus
oídos al clamor del pobre, llorará también sin que nadie le responda”
(Proverbios 21:13). El no dar, corta tus habilidades para disfrutar lo que
enes y te lleva a toda una vida de dificultades.
Puedo asegurarte que hay personas pudientes que no dan. Pero si
revisaras de cerca sus vidas, descubrirías que están perdiéndose muchas
de las bendiciones del Señor. Las bendiciones de buena salud,
protección, amor, paz, salud y sa sfacción de con nuo les evaden, y no
saben el porqué. Ellos enen riquezas pero pierden la habilidad de
disfrutarla, todo porque no saben que la clave para la vida es conocer al
Señor y vivir a su manera. Esto significa dar empo, energía, amor,
talento y finanzas de acuerdo a sus instrucciones.
Ora para que tu esposo en enda esta clave para la vida y comprenda
la voluntad de Dios para sus finanzas, y se convierta en una persona
dadivosa que está contenta con vivir de acuerdo a sus medios y no está
siempre luchando por tener más. No estoy diciendo que nunca debe
tratar de aumentar sus ganancias, todo lo contrario. El hombre se
merece ganar lo que valga su trabajo y su esposa debe orar para que así
sea. No debiera aceptarse como es lo de vida el trabajo agotador y
monótono que lleva a una pobreza extrema que trae amargura,
angus a, enfermedades y envidia. De todas formas ora para que el
depósito de bendiciones se derrame sobre él, pero ora para que todo
ello proceda de la mano de Dios. “La bendición del Señor trae riquezas,
y nada se gana con preocuparse” (Proverbios 10:22).
Puede que no sea posible el usar las oraciones para evitar todo
problema financiero, porque Dios en ocasiones usa las finanzas para
llamar nuestra atención y enseñarnos cosas. Pero tus oraciones con
seguridad ayudarán a proteger a tu esposo de luchas y pérdidas
innecesarias. El deseo de Dios es bendecir a aquellos que enen
corazones obedientes, agradecidos y dadivosos, cuyo verdadero tesoro
está en el Señor. “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu
corazón” (Mateo 6:21). Dios desea que tu esposo encuentre su tesoro en
Él, no en sus finanzas.
Oración

Señor, te entrego nuestras finanzas. Te ruego que estés en control


de ellas y que las uses para tus propósitos. Que ambos seamos
buenos administradores de todo lo que tú nos has dado, y que
estemos completamente de acuerdo en cómo debe gastarse. Oro
para que aprendamos a vivir libres de la opresión de las deudas.
Donde no hemos sido sabios, trae restauración y danos dirección.
Muéstrame cómo puedo ayudar a aumentar nuestras finanzas y no a
disminuirlas neciamente. Ayúdanos a recordar que todo lo que
tenemos te pertenece, y a ser agradecidos por ello.
Oro para que a (nombre del esposo) le sea fácil darte a y a otros,
de acuerdo a como tú lo has instruido en tu Palabra. Dale sabiduría
para manejar el dinero. Ayúdalo a tomar las decisiones correctas
para gastarlo. Muéstrale cómo planear para el futuro. Oro para que
él encuentre el equilibrio perfecto entre el gastar sin necesidad y ser
miserable. Que siempre reciba buena paga por el trabajo que realiza,
que su dinero no le sea robado o que lo pierda, devorado, destruido
o malgastado. Mul plícalo para que lo que él gane le rinda. Oro para
que no esté ansioso por sus finanzas, y que busque primero tu reino,
sabiendo que mientras él lo haga, tendremos lo que necesitamos
(Lucas 12:31).

HERRAMIENTAS DE PODER
Así que no se afanen por lo que han de comer o beber; dejen de
atormentarse. El mundo pagano anda tras todas estas cosas, pero el
Padre sabe que ustedes las necesitan. Ustedes, por el contrario,
busquen el reino de Dios, y estas cosas les serán añadidas.
Lucas 12:29-31
Además, a quien Dios le concede abundancia y riquezas, también le
concede comer de ellas, y tomar su parte y disfrutar de sus afanes,
pues esto es don de Dios.
Eclesiastés 5:19
El que ayuda al pobre no conocerá la pobreza; el que le niega su
ayuda será maldecido.
Proverbios 28:27
He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en la
miseria, ni que sus hijos mendiguen pan.
Salmo 37:25
Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a
las gloriosas riquezas que ene en Cristo Jesús.
Filipenses 4:19

Capítulo Cuatro

Su sexualidad

N osotros tratamos en este libro las principales prioridades de la vida


de un hombre. Siento que si nosotras podemos contribuir a la felicidad
de nuestros esposos en éstas áreas más cercanas a su corazón,
tendremos un gran éxito acercándonos en otras áreas que son cruciales
para su bienestar.
Después de veinte años de orar con mujeres por sus fracasos, luchas,
insa sfacciones o matrimonios muertos, he observado que con
frecuencia la relación sexual ocupa un lugar muy bajo en las prioridades
de sus mentes. No es que la esposa no se preocupe en absoluto por esa
parte de su vida, sino que hay muchas otras cosas que piden a gritos su
atención, tales como crianza de los hijos, trabajo, finanzas,
administración del hogar, tensión emocional, agotamiento,
enfermedades y luchas maritales. En el balance de las prioridades de la
esposa, el sexo puede terminar al final de la lista. Algunas mujeres dejan
que pasen semana tras semana, mes tras mes, seis meses, un año, o
incluso más empo sin tener relaciones sexuales con sus esposos por
una u otra razón. Cuando llega el desastre, se sorprenden. Aunque la
esposa puede haberse sen do bien con este arreglo, su esposo estaba
siendo abandonado en una parte importante de su ser.
Para una esposa, el sexo es resultado del afecto. Ella no desea ser
afec va con un hombre que la hace sen r enojada, herida, sola,
decepcionada, sobrecargada de trabajo, sin apoyo, que no la cuida, o
abandonada. Las esposas en ocasiones lo en enden al revés. Ellas
piensan: Nosotros podemos tener relaciones sexuales después que
arreglemos los demás temas pendientes. Pero en realidad hay una mayor
oportunidad de arreglar los demás asuntos si el sexo viene primero.
Por eso es importante que las relaciones sexuales sean una prioridad
en el matrimonio. Ya sea que todas las condiciones estén perfectas o
que te sientas con deseo o no, ese no es el punto. El punto es llenar las
necesidades de tu esposo y mantener las líneas de comunicación
abiertas. Al hombre se le puede, con facilidad, hacer sen r
insignificante, golpeado, desanimado, destruido o tentado en esta área
de su ser. Posiblemente no hay nada más importante para un hombre
sen rse realizado que el área sexual y tampoco hay área más vulnerable
que esta.
Los problemas sexuales son muy comunes porque muchas mujeres no
enen una clara visión del punto de vista de Dios en el tema. Pero la
Biblia es muy clara. “La mujer ya no ene derecho sobre su propio
cuerpo, sino su esposo. Tampoco el hombre ene derecho sobre su
propio cuerpo, sino su esposa. No se nieguen el uno al otro, a no ser de
común acuerdo, y sólo por un empo, para dedicarse a la oración. No
tarden en volver a unirse nuevamente; de lo contrario, pueden caer en
tentación de Satanás, por falta de dominio propio” (1 Corin os 7:4-5). La
relación sexual entre el esposo y la esposa es idea de Dios. A menos que
estemos orando y ayunando durante semanas a la vez, o estemos
experimentando enfermedad o separación sica, no hay excusa para no
tenerlo con regularidad.
Cuando nos casamos, nuestros cuerpos no nos pertenecen. Nosotros
nos debemos atención el uno al otro y no nos debemos de privar el uno
del otro. La frecuencia de las relaciones sexuales depende de las
necesidades de la otra persona, no de las nuestras solamente. Si tu
ac tud acerca de las relaciones sexuales se resume solo a lo que tú
necesitas o a lo que tú no deseas, entonces no enes la perspec va de
Dios. Él dice que nuestro cuerpo debe ser usado para consolar y
completar a la otra persona. En el matrimonio hay algo que se crea
dentro del hombre cuando esta necesidad es sa sfecha por su esposa.
Algo se pierde cuando no sucede. Tú misma te vuelves vulnerable a la
tentación, y a mucha más destrucción de la que puedes imaginarte,
cuando esta área de ín ma comunicación es abandonada. Le puede
suceder a cualquiera, y por eso es que el aspecto sexual de tu
matrimonio y la sexualidad de tu esposo necesita ser cubierta en
oración. Y es mejor comenzar a orar por esto antes que tengas que
hacerlo.
Si tu esposo desea tener relaciones sexuales con más frecuencia y tú
eres la que estás evitando que esto suceda, ora para que Dios te ayude
a cambiar tu forma de ser. Yo he encontrado que el empo más di cil
para lidiar con el tema de la relación sexual es cuando los hijos son
pequeños y no pueden valerse por sí mismos. Para cuando los acuestas
a dormir, estás exhausta y lista para descansar. Estás pensando en
acostarte a dormir tan pronto como te sea posible, mientras que tu
esposo ha estado haciendo otros planes para . Tus opciones son que él
se tranquilice y le dices: “Olvídalo. Estoy cansada”, o le dices lo exhausta
que estás y esperas que él responda: “No hay problema. Descansa”, o
comienzas con una mala ac tud y le haces sen r culpable o enojado.
Pero yo he encontrado cuatro opciones que trabajan mucho mejor.
Trátalas a ver si funcionan con go.
Cuando tu esposo te dice lo que ene en mente, como solo lo puede
hacer un esposo, no le des vuelta a los ojos y respires profundo. En
lugar de eso dile: “Está bien, dame quince minutos.” (O diez o veinte, o
el empo que necesites..) Durante ese empo, haz algo para que te
sientas atrac va. Por ejemplo, toma una ducha o un baño relajante.
Échate una loción perfumada para el cuerpo o su perfume favorito (usa
el perfume que sueles usar solo para estas ocasiones a solas con él).
Péinate. Lávate la cara y prepárala con productos que hagan lucir tu piel
suave y fresca. Ponte brillo en los labios y color en las mejillas. Cámbiate
a una ropa interior que tú sabes que él encuentra irresis ble. No te
preocupes de tus imperfecciones; él no está pensando en ellas. Si estás
consciente de ellas, usa un hermoso camisón de noche que cubra las
áreas que a te molestan. Mientras estás haciendo esto, ora para que
Dios te renueve las energías, fuerzas, vitalidad y buena ac tud. La
esperanza es que cuando estés lista, tu esposo encuentre que valió la
pena esperar. Te sorprenderá lo mucho mejor que eres como pareja
sexual, cuando te sientes bien con go misma. Él estará más feliz y
ambos dormirán mejor. Esto es una pequeña inversión de empo para
ver grandes resultados en tu matrimonio.
En ocasiones tenemos la situación opuesta, donde la esposa es
abandonada sexualmente por el esposo. Su falta de interés puede
suceder por muchas razones, sica, mental o emocional. Pero si él está
contento con pasar un mes tras otro sin tener relaciones sexuales,
entonces algo anda mal. Si no hay un problema sico impidiéndoselo,
quizás ene profundos sen mientos de fracaso, desencanto, depresión
o desesperanza que necesitan ser atendidos; las oraciones pueden
revelar cuál es el problema y cómo resolverlo. Busca ayuda profesional
si la necesitas. Es más económica que el divorcio o el tormento sico,
emocional y mental de un matrimonio muerto. No dejes que las
emociones nega vas como el resen miento, amargura, autocompasión y
falta de perdón crezcan en . Mantente saludable y atrac va. Si no
enes una opinión suficientemente alta de como para cuidar tu
cuerpo, hazlo como un acto de bondad hacia él. Ten camisones
especiales que a él le gusten y póntelos cuando estés con él. Hazte un
nuevo peinado; sorpréndelo con una nueva ac tud y mantén tu mente
fresca y renovada. Básicamente, no te quedes sin hacer algo.
Las cosas malas suceden cuando la parte sexual del matrimonio es
abandonada. No dejes que eso te suceda. Mantén tu vista en el
calendario y rehúsa permi r que pase mucho empo sin tener relación
sica con tu esposo. Si ha pasado demasiado empo, pídele a Dios que
te muestre el por qué y que te ayude a remediar la situación. Y
recuerda, nunca es demasiado tarde para orar por pureza sexual, no
importa lo que haya ocurrido en el pasado de cualquiera de los dos. En
ocasiones los problemas sexuales en el matrimonio suceden como
resultado de experiencias sexuales antes del matrimonio. Ora para que
seas libre y sanada de esos recuerdos. La pureza sucede en el momento
que echa raíces en el corazón. La oración es donde comienza. No dañes
o pierdas lo que Dios ene para tu matrimonio por ser negligente y no
orar por esta área vital de tu vida.
Oración

Señor, bendice la sexualidad de mi esposo y hazla un área de gran


sa sfacción para él. Restaura lo que necesita ser restaurado, y pon
equilibrio donde sea necesario. Protégenos de la apa a, decepción,
crí ca, ocupaciones, falta de perdón, mortandad o falta de interés.
Oro para que hagamos empo el uno para el otro, nos
comuniquemos nuestros verdaderos sen mientos con franqueza, y
nos mantengamos sensibles a lo que cada uno necesita.
Mantennos sexualmente puros en cuerpo y mente, y cierra la
puerta a cualquier lujuria o cosa ilícita que busque asirse a nosotros.
Líbranos de la atadura de los errores pasados. Quita de nuestro
medio los efectos de cualquier experiencia sexual, en pensamiento u
obra, que haya sucedido fuera de nuestra relación. Quita de
nuestras vidas a cualquier persona o cosa que pueda ser una
tentación para la infidelidad. Ayúdanos a “abstenernos de la
inmoralidad sexual” para que cada uno de nosotros aprenda “a
controlar su cuerpo de una manera santa y honrosa” (1
Tesalonicenses 4:3-5). Oro que nos deseemos el uno al otro y a nadie
más. Muéstrame cómo estar atrac va y deseable para él y ser la
compañera que él necesita. Oro para que ninguno de nosotros sea
nunca tentado a pensar en buscar sa sfacción en otro lugar.
Comprendo que una parte importante de mi ministerio hacia mi
esposo es el área sexual. Ayúdame a nunca usar el sexo como un
arma o medio de manipulación, accediendo o negándome con fines
egoístas. Entrego esta área de nuestras vidas a , Señor, y que pueda
ser renovada y con vida de con nuo. Haz que todo sea para lo que
tú lo creaste.

HERRAMIENTAS DE PODER
Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una
persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete
inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no
saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en
ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus
propios dueños: fueron comprados por un precio. Por tanto, honren
con su cuerpo a Dios.
1 Corin os 6:18-20
Pero el cuerpo no es para la inmoralidad sexual sino para el Señor, y
el Señor para el cuerpo.
1 Corin ons 6:13
Bebe el agua de tu propio pozo, el agua que fluye de tu propio
manan al. ¿Habrán de derramarse tus fuentes por las calles y tus
corrientes de aguas por las plazas públicas? Son tuyas, solamente
tuyas, y no para que las compartas con extraños. ¡Bendita sea tu
fuente! ¡Goza con la esposa de tu juventud! Es una gacela amorosa,
es una cerva lla encantadora. ¡Que sus pechos te sa sfagan
siempre! ¡Que su amor te cau ve todo el empo!
Proverbios 5:15-19

Capítulo Cinco

Su cariño

T omás y Patricia llevaban varios años de casados cuando ella tuvo


una conversación seria con él sobre su falta de cariño. Él era un esposo
maravilloso en cualquier otro aspecto y sus relaciones sexuales eran
buenas, pero aparte del acto sexual, no había cariño. No era porque
Tomás no quisiera a Patricia, él la adoraba, sino porque el cariño era
algo que él no tuvo de niño. Patricia se sen a culpable por la manera en
que se sen a y no quería cri car o herir a Tomás, pero ella no había
recibido cariño de niña tampoco, y por eso lo necesitaba tanto en su
matrimonio. Cada vez que Patricia le hablaba a Tomás sobre su
problema él trataba de cambiar, pero pronto las cosas regresaban a
como estaban antes. Esto produjo una gran frustración y heridas en
ambos. Con el empo Patricia perdió las esperanzas y se sin ó como si
estuviera muriendo por dentro. Ella no podía visualizar cómo podría
vivir el resto de su vida sin cariño, pero no tenía ninguna esperanza de
que Tomás cambiara algún día.
Finalmente, su infelicidad la forzó a hablar del problema con sus
compañeras de oración. Ellas con diligencia lo cubrieron con oración
cada semana y mientras oraban, Dios obró en Patricia. Él le habló sobre
obedecerlo a Él en el área de comer bien y hacer el ejercicio apropiado,
un área donde había estado siempre en rebelión. Cuando ella se
some ó por completo a Dios en cuanto a esto y comenzó a hacer las
cosas que Él le había estado diciendo que hiciera, comenzó a sen rse
mejor acerca de sí misma y se dio cuenta de que merecía ser tratada con
cariño por su esposo. No tenía que sen rse culpable por desear afecto
porque el Señor deseaba eso para ella también. Pronto sin ó que Dios
la dirigía a que tratara este asunto con Tomás de nuevo. En esta ocasión
sería diferente porque ahora estaba siendo guiada por el Espíritu Santo,
y ella y sus compañeras de oración habían orado por una
transformación milagrosa en él.
–Necesité coraje para poder hablar de esto de nuevo –me contó ella–.
Yo temía que nos impulsara al divorcio porque ambos estábamos muy
heridos y sen a que no había esperanza entre nosotros. Pero Dios me
dio la habilidad de decir en amor las palabras que necesitaba decir, y en
esta ocasión la conversación trajo un avance inmediato.
–El momento decisivo vino –recuerda Tomás–, cuando Patricia me
dijo: “Querido, ¿cómo una persona tan maravillosa como tú, con todos
tus atributos, alguien a quien yo amo y en quien con o tanto, no puede
ser cariñoso?”
–Como dije palabras que lo alentaban –explicó Patricia–, le dio
esperanza para tratar de nuevo.
Tomás procedió diferente en esta ocasión. Él llevó el problema a su
grupo de oración de hombres, quienes de inmediato se reunieron
alrededor de él. Ellos decidieron no solo apoyarlo en oración diaria, sino
mantenerlo también dando cuentas de su esfuerzo por mostrar algún
po de cariño a Patricia cada día.
–Esto es algo a lo que yo le doy la bienvenida, porque deseaba
cambiar –dijo Tomás–. Yo amo a
Patricia y odiaba que le estuviese haciendo daño. Deseaba ser diferente
y sabía que una verdadera transformación solo podía suceder por el
poder del Espíritu Santo.
Cada día por varias semanas, uno de los hombres del grupo llamaba
a Tomás y le decía:
–¿Qué has hecho hoy para mostrarle afecto a Patricia?
Ellos también le sugerían diferentes maneras de demostrarle cariño y
alentarla. Le dijeron que la llamara con regularidad y le dijera: “¿Cómo
me va?” Para una persona cuyo corazón no había sido preparado por el
Espíritu Santo, esto hubiera sido algo muy fas dioso. Pero debido a que
Tomás le dio la bienvenida a la obra del Señor en él, no le fue gravoso.
–Ahora lo primero que él hace cuando llega a casa es darme un
abrazo y un beso –dice Patricia con una gran sonrisa–. Me sen como
una nueva persona después de cinco abrazos.
La situación de Tomás y Patricia no es rara. Muchas personas, incluso
hombres y mujeres devotos, viven en matrimonios que están muertos
porque no hay cariño en ellos. Las mujeres lo soportan porque sus
esposos son buenos en otras áreas, o ellas no se sienten dignas de pedir
afecto. Pero esta no es la forma en que Dios diseñó las relaciones en el
matrimonio. “El hombre debe cumplir su deber conyugal con su esposa,
e igualmente la mujer con su esposo” (1 Corin os 7:3). Hay “un empo
para abrazar”, la Biblia dice en Eclesiastés 3:5. Cuando estás casada, es
defini vamente el empo. El cariño no está en la cabeza de la lista de
prioridades del hombre, porque a menudo los hombres ven el sexo y el
afecto como la misma cosa. La mayor necesidad de la mujer es el cariño.
Si enes un matrimonio que le falta demostraciones de cariño, ora por
la transformación del Espíritu Santo.
Oración

Señor, oro por un afecto sico abierto entre mi esposo y yo.


Capacítanos a cada uno para dejar a un lado el estar consciente de
uno mismo o apa a y ser efusivos en nuestra demostración de amor.
Ayúdanos a demostrar cuánto nos preocupamos y valoramos el uno
al otro. Recuérdanos cada día que debemos, de alguna manera,
tocarnos de forma afec va el uno al otro. Ayúdanos a no ser fríos,
poco expresivos, sin interés o distantes. Capacítanos para ser
cálidos, ernos, compasivos, amorosos, y aduladores. Rompe
cualquier testarudez de nuestra parte que rehúse cambiar o crecer.
Si uno de nosotros es menos cariñoso para el detrimento del otro,
llámanos a establecer un equilibrio.
Donde cualquier falta de cariño haya plantado en nuestros hijos,
un punto de vista nega vo sobre el matrimonio; o les haya
enseñado alguna forma incorrecta de relacionarse con su compañero
en el matrimonio, ayúdanos a modelar la forma correcta para que
ellos la puedan observar. Muéstranos cómo confesarles con
franqueza nuestros errores y demostrar nuestro compromiso de vivir
de forma diferente.
Cambia nuestros hábitos de indiferencia y mucha ocupación, y si
no sabemos valorarnos el uno al otro, que no dejemos de hacer el
esfuerzo de extender la mano y tocarnos mutuamente con cariño.
Ayúdanos a no debilitar el matrimonio con falta de cuidado de estos
medios vitales de comunicación. Oro para que siempre “nos
saludemos los unos a los otros con un beso de amor fraternal” (1
Pedro 5:14). Yo sé que solo el poder transformador del Espíritu Santo
puede hacer cambios que perduren. Yo con o que tú nos
transformes y nos hagas el esposo y la esposa que nos has llamado a
ser.
HERRAMIENTAS DE PODER
Por tanto, si sienten algún es mulo en su unión con Cristo, algún
consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún
afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer,
un mismo amor, unidos en alma y pensamiento.
Filipenses 2:1,2
Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio
cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha
odiado jamás a su propio cuerpo: al contrario, lo alimenta y lo cuida,
así como Cristo hace con la iglesia.
Efesios 5:28-29
Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también
por los intereses de los demás.
Filipenses 2:4
¡Ojalá pudiera mi cabeza reposar sobre su izquierda! ¡Ojalá su
derecha me abrazara!
Cantar de Cantares 2:6
Que nadie busque sus propios intereses sino los del prójimo.
1 Corin os 10:24
Capítulo Seis

Sus tentaciones

Desde el momento en que Michael y yo nos casamos, le pedí a Dios que


quitara la tentación de nuestras vidas. Yo no sé si ha sido el resultado
de la oración o el hecho de que ambos nos cuidamos contra tales cosas,
pero nunca nos hemos dado el uno al otro ni un solo momento de
preocupación. Estoy segura de que se debe más a la mano de Dios que a
la fuerza de reprensión humana, pero ambas son importantes.
Conozco varias parejas que han experimentado el adulterio en sus
matrimonios, pero a causa de que en cada caso había una esposa
dispuesta a orar y un esposo dispuesto a dejar que Dios lo cambiara y
restaurara, hoy día los matrimonios están aún intactos y con éxito. Solo
la oración, un corazón some do, y el poder transformador del Espíritu
Santo pueden obrar esta clase de milagros.
Tengo otra amiga cuyo esposo ha tenido varios idilios amorosos antes
de al fin divorciarse. Cada ocasión era con una de sus mejores amigas.
Yo pongo en duda su elección de “amigas”, pero nunca pongo en duda
su san dad o compromiso de oración. Ella oró. Pero el corazón que
rehúsa escuchar los impulsos del Espíritu Santo no cambiará, no importa
cuán fuerte ores.
La tentación está en todas partes hoy día, y somos tontas si pensamos
que nosotras o nuestros esposos no pueden ser seducidos de una forma
u otra. La Biblia dice: “El sepulcro, la muerte y los ojos del hombre jamás
se dan por sa sfechos” (Proverbios 27:20). Si eso es cierto, la tentación
siempre es una posibilidad y tenemos que estar vigilando. Ciertas
personas son tentadas por el alcohol y las drogas; otras sienten
tentación por el dinero y el poder. Incluso otras encuentran que la
adicción a la comida, la pornogra a o la inmoralidad sexual son
tentaciones irresis bles. El enemigo de nuestras almas conoce dónde
está la debilidad de nuestra carne y él pondrá tentaciones a nuestro
paso en los puntos más vulnerables. La pregunta no es si habrá
tentación o no, sino cómo trataremos con ellas cuando surjan.
Recomiendo orar en medio de ellas. Mientras que la oración puede o no
detener a un hombre de hacer algo que él está determinado a hacer, sí
puede disminuir las voces de la tentación y fortalecer su resolución.
Puede pavimentar el camino para que él tome las decisiones correctas.
La Biblia dice que Dios no nos enta. Son nuestros deseos quienes nos
atraen a lo que nos seduce. Ellos son los que nos hacen pecar y traer
muerte a nuestras vidas. Pero, “dichoso el que resiste la tentación
porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha
prome do a quienes lo aman” (San ago 1:12). Dios desea que pasemos
por tentaciones porque Él desea bendecirnos. Pero Él necesita saber si
puede confiar en que nosotros escogeremos sus caminos en lugar de
nuestros deseos carnales. Él siempre nos dará la salida si la deseamos
de corazón cuando buscamos de Él.
El mejor momento de comenzar a orar por esto es antes que algo
suceda. Jesús instruyó a sus discípulos a que “vigilen y oren para que no
caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil”
(Marcos 14:38). Si tu esposo lucha en ciertas áreas, ora para que él
desee tener compañeros de oración santos con quienes pueda
compar r con sinceridad, dar cuenta, y recibir oración. Una confesión
abierta delante de Dios y de otros creyentes hace más para minimizar el
poder del tentador que cualquier otra cosa. Desdichadamente, muchos
hombres son reservados para revelar lo que les enta más y de esa
forma se cierran a lo mismo que pudiera protegerlos.
Si después de todo lo que oras, tu esposo aún cae en las manos del
tentador, no te culpes. La decisión al final es de él. Él ha escogido
caminar en la carne y no en el Espíritu. “Así que les digo: Vivan por el
Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque
ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es
contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no
pueden hacer lo que quieren” (Gálatas 5:16,17). No dejes de orar por él.
No importa lo desesperado que luzca cuando lo veas que es tentado
una y otra vez, tú sabes que Dios ha provisto la manera de escapar y
puede que tú seas el instrumento que Él usará para ayudarlo a él a
encontrarla. Si no hay problema de tentación en tu matrimonio, da
gracias y ora para que siga de esa forma.
Oración

Señor, oro para que fortalezcas a mi esposo para que pueda


resis r cualquier tentación que venga a su camino. Quítala de su
mente antes que alcance su corazón o experiencia personal. No lo
guíes en tentación, sino líbralo de males tales como el adulterio, la
pornogra a, las drogas, el alcohol, la adicción a alimentos o juegos, y
perversión. Quita la tentación en especial en el área de (nombra una
tentación específica). Hazlo fuerte donde él es débil. Ayúdalo a
levantarse por encima de cualquier cosa que se levante como
fortaleza en su vida. Que él pueda decir: “No me pondré como meta
nada en que haya perversidad. Las acciones de gente desleal las
aborrezco; no tendrán nada que ver conmigo” (Salmo 101:3).
Señor, tú has dicho que “Como ciudad sin defensa y sin murallas
es quien no sabe dominarse” (Proverbios 25:28). Oro que (el nombre
del esposo) no sea vencido por el poder del mal, sino levantado por
el poder de Dios. Establece una pared de protección alrededor de él.
Llénalo con tu Espíritu y quita todo lo que no sea de . Ayúdalo a
tomar control sobre su espíritu y a tener dominio propio para resis r
cualquier cosa o persona que se convierta en tentación. Que él
pueda tener “..aborrezca el mal; se aferre al bien” (Romanos 12:9).
Oro para que él sienta repulsión por las situaciones tentadoras. Dale
valor para rechazarlas y enséñalo a caminar en el Espíritu para que
él no cometa la tentación de la carne.

HERRAMIENTAS DE PODER
Que nadie, al ser tentado, diga: “Es Dios quien me enta”. Porque
Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco enta él a nadie.
Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos
deseos lo arrastran y seducen. Luego cuando el deseo ha concebido,
engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da
a luz la muerte”.
San ago 1:13-15
Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al
género humano. Pero Dios es fiel, y no permi rá que ustedes sean
tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien cuando
llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que
puedan resis r.
1 Corin os 10:13
Vivamos decentemente, como a la luz del día, no en orgías y
borracheras, ni en inmoralidad sexual y liber naje, ni en disensiones
y envidias. Más bien, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no se
preocupen por sa sfacer los deseos de la naturaleza pecaminosa.
Romanos 13:13-14
Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven
esclavos de sus muchos deseos.
Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en
la destrucción.
1 Timoteo 6:9
Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad
sexual, impureza y liber naje; idolatría y brujería; odio, discordia,
celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y
envidia: borracheras, orgías y otras cosas parecidas. Les advierto
ahora, como antes lo hice, que los que prac can tales cosas no
heredarán el reino de Dios.
Gálatas 5:19-21
Capítulo Siete

Su mente

Yo atribuía las luchas mentales de mi esposo a su genio musical. Tú


sabes, el temperamento ar s co, inteligente y brillante por un lado, y
oscuro y temperamental por el otro. Cuando se deprimía, las palabras
en su mente le decían que iba a fracasar, que no valía nada y que era
incapaz de hacer lo que necesitaba. No tenía ninguna base en la
realidad porque él tenía esos pensamientos aun en medio de sus
trabajos más produc vos y de éxito. Durante largo empo no me di
cuenta de que sus batallas mentales no tenían que ser consideradas
como “esa es su manera de ser”. Ni que tenía que lucharlas solo. Si él y
yo éramos uno, entonces un asalto a su mente lo era a la mía también.
Yo podía mantenerme en pie con él en la batalla, declarando: “Este no
es Dios hablando a la vida de mi esposo, es la voz del enemigo. No voy a
quedarme sin hacer nada y mirar cómo estos juegos peligrosos actúan
en su mente y en nuestras vidas”.
Decidí tratar mi propio experimento y “hacer frente a las ar mañas
del diablo” (Efesios 6:11). Después de todo, la Biblia habla de “orar en el
Espíritu en todo momento con pe ciones y ruegos; y mantenerse alerta
y perseverar en oración por todos los santos” (Efesios 6:18). Sin duda
que “todos los santos” es una categoría, inclusive aunque no sea una
descripción, que incluye a mi esposo. Durante los meses siguientes,
mientras perseveraba en oración por él, me sorprendieron los
resultados. No solo él pudo controlar mejor sus pensamientos, sino que
con el empo, incluso pude ver la agresión venir y atacarla en oración
antes que ganara ventaja. Mientras más veía mis oraciones contestadas,
más cuenta se daba de dónde venían las men ras y menos dispuesto
estaba él a creerlas.
Cuando he viajado por el país debido a mis compromisos para hablar,
he compar do con mujeres de todo po de vida, y me ha sorprendido
ver cuán universal es este problema. De hecho, parece no importar el
temperamento o los antecedentes de los esposos, ellos experimentan el
mismo po de men ras en sus mentes. Al fin me di cuenta de que todos
los hombres enen un enemigo que desea minar lo que Dios quiere
hacer en sus vidas. Las mujeres enen ese mismo enemigo, pero los
hombres parece que son más vulnerables a este ataque en ciertas áreas.
Incluso el más fuerte puede quedar exhausto, abrumado, cargado,
desesperado o enredado en cosas que lo man enen alejado de la
presencia de Dios. Él no ve siempre las trampas del enemigo que desea
que crea que lo que encara es insuperable. Su mente está llena de
palabras como “desespero”, “inú l”, “fracaso”, “imposible”, “terminado”,
y “¿para qué tratar?” Una esposa puede orar que su esposo discierna las
men ras, y en su lugar escuche palabras como “esperanza”,
“prosperidad”, “posibilidad”, “éxito”, y “nuevo comienzo”, y sepa que son
de Dios.
Las dos armas más poderosas en contra del ataque de las men ras
sobre la mente de tu esposo son la Palabra de Dios y la alabanza.
“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que
cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y
del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y
las intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12). Al hablar la Palabra de Dios,
puedes dejar al descubierto el pensamiento equivocado y perderá su
poder.
Si tu esposo no lo hace por él mismo, tú puedes hablar la Palabra de
Dios por él, ya sea en su presencia o a solas en oración, y ver resultados
posi vos. He hecho eso por mi esposo innumerables veces y él dará
tes monio de este poder. Recuerdo que Dios no le ha dado espíritu de
temor, sino de poder y amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7). Yo le
digo que estoy orando por él para re-clamar esa mente sana, que goza
de dominio propio, en todo empo.
La alabanza es también una herramienta poderosa porque la
presencia de Dios viene a morar en nuestro medio cuando nosotros le
alabamos. En su presencia encontramos sanidad y transformación para
nuestras vidas. “A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron
como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inú les
razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón” (Romanos 1:21).
Tú no deseas que pensamientos fú les entenebrezcan el corazón de tu
esposo. Ofrece alabanzas a Dios por su salud mental, y él podrá pensar
con más claridad sobre lo que él permi rá o no entrar a su mente.
Depresión, amargura, enojo, temor, rechazo, desespero, soledad,
rebelión, tentación, maldad, y muchas enfermedades, todas comienzan
en la mente. Estas cosas pueden controlar tu vida a menos que primero
tomes control de tu mente. Por eso es que Dios nos instruye que no
aceptemos como cierto todo lo que pensamos. “Todo el día extendí mis
manos hacia un pueblo rebelde, que va por mal camino, siguiendo sus
propias ideas” (Isaías 65:2). Él desea que compartamos sus
pensamientos. “¿Quién ha conocido la mente del Señor para que pueda
instruirlo? Nosotros [los que creemos] por nuestra parte, tenemos la
mente de Cristo” (1 Corin os 2:16). Vamos a orar por nuestros esposos
para que reciban la mente de Cristo y traigan todo pensamiento cau vo
bajo el control de Dios. ¿Quién no necesita eso?
Oración

Señor, oro por tu protección en la mente de mi esposo. Protégelo


de las men ras del enemigo.
Ayúdalo a que discierna con claridad entre tu voz y cualquier otra, y
muéstrale cómo tomar todo pensamiento cau vo, según tú nos lo
has instruido. Que él pueda tener sed de tu Palabra y hambre de tu
Verdad para que pueda reconocer el pensamiento erróneo. Dale
fuerzas para resis r los pensamientos men rosos. Recuérdale que él
ene la mente de Cristo. Donde las men ras del enemigo ya hayan
invadido sus pensamientos, hago que retrocedan al invitar el poder
del Espíritu Santo a que limpie su mente. Señor, tú me has dado la
autoridad “sobre todo poder del enemigo” (Lucas 10:19). Con esa
autoridad dada a mí en Jesucristo, ordeno a todo espíritu men roso
que salga de la mente de mi esposo, y reclamo que Dios le ha dado a
(nombre del esposo) dominio propio en su mente. Él no va a
albergar confusión, sino vida en la claridad. No será atormentado
con pensamientos impuros, malvados, nega vos o pecaminosos,
sino que será transformado mediante la renovación de su mente,
para que él pueda comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena,
agradable y perfecta (Romanos 12:2).
Capacítalo para que “sea fortalecido con el gran poder del Señor”
(Efesios 6:10). Ayúdalo para que no se inquiete por nada; más bien,
en toda ocasión, con oración y ruego, presente sus pe ciones a Dios,
y le dé gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,
cuidará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses
4:6-7). Por úl mo, todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo
justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de ad-miración,
en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio, que él piense en
estas cosas (Filipenses 4:8).
HERRAMIENTAS DE PODER
Pues aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo
hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino
que enen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos
argumentos y toda al vez que se levanta contra el conocimiento de
Dios, y llevamos cau vo todo pensamiento para que se someta a
Cristo.
2 Corin os 10:3-5
La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad
que proviene del Espíritu es vida y paz.
Romanos 8:6
Pero me doy cuenta de que en los miembros de mi cuerpo hay otra
ley, que es la ley del pecado.
Esta ley lucha contra la ley de mi mente, y me ene cau vo.
Romanos 7:23
¡Gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! En
conclusión, con la mente yo mismo me someto a la ley de Dios, pero
mi naturaleza pecaminosa está sujeta a la ley del pecado.
Romanos 7:25
Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente y con todas tus fuerzas.
Marcos 12:30
Capítulo Ocho

Sus temores

Hay muchas cosas en este mundo a las que temer; solo un necio diría
lo contrario. Pero cuando el temor nos domina, atormenta y controla
nuestras vidas, nos hemos conver do en cau vos de él. Los hombres, a
menudo, son suscep bles a esto porque sin ellos ni siquiera darse
cuenta, son atacados por “qué ocurriría si”. “¿Qué ocurriría si no puedo
ganar suficiente dinero; si algo le sucede a mi esposa e hijos; si contraigo
una enfermedad terrible; si mi negocio fracasa; si no puedo ser un buen
padre; si me quedo lisiado y no puedo trabajar para sostener a mi
familia; si soy vencido o amenazado; si no puedo funcionar
sexualmente; si nadie me respeta; si me veo involucrado en un
accidente; si muero?” El temor puede controlar a un hombre (Salmo
48:6) y causar que su vida se pierda (Salmo 78:33). Si él es “dominado
por un gran temor” (Lucas 8:37), esto lo puede mantener alejado de
todo lo que Dios ene para él.
Nuestro segundo año de casados, Michael y yo hicimos un viaje a
Italia, Grecia e Israel con nuestro pastor, Jack Hayford, y su esposa Anna,
y algunas personas de nuestra iglesia. Michael siempre ha sido un
viajero muy ansioso, así que para cuando llegamos a Grecia, él estaba
con tensión. Una noche, después de unos días en que estábamos
exhaustos, él dijo:
–Esto para mí resulta terrible, yo no puedo quedarme en la gira.
–¿A qué le temes exactamente? –le pregunté.
–No estoy seguro –me respondió–. Pero tal parece que todo en mi
vida se va a desmoronar si no regreso a la casa de inmediato.
Aunque era tarde en la noche, llamé a la habitación del pastor Jack
para decirle que nos marchábamos en la mañana. Yo estoy segura de
que él ya estaba acostado, pero me dijo:
–Voy para allá ahora mismo.
Él vino a nuestra habitación de inmediato y Michael compar ó con él
lo que estaba experimentando. El pastor puso su brazo compasivo
alrededor de sus hombros y le habló sobre el amor que le tenía el Padre
celes al.
–Dios te ha adoptado como su hijo –le dijo–. Cuando tú estás en la
presencia de un Padre fuerte y amoroso, no hay que tener temor.
El pastor Jack oró por Michael para que pudiera percibir con claridad
el amor de su Padre celes al, y él también le demostró el amor de un
padre. Fue un simple acto inspirado por la bondad del Espíritu Santo,
pero una revelación poderosa para Michael. A causa de esto, él pudo
superar su temor y nos quedamos en la gira hasta el final. Y fue bueno
que lo hiciéramos. Yo quedé encinta en Jerusalén, y nueve meses más
tarde nuestro hijo Christopher, nació el día del cumpleaños del pastor
Jack. Cosas significa vas suceden en nuestras vidas cuando no
permi mos que el temor domine una situación.
Hay una diferencia entre un pensamiento de temor que viene a la
mente como un aviso para orar por una cosa en par cular, y el espíritu
atormentador de temor que paraliza. Tú no deseas debilitar los avisos
del Espíritu Santo al corazón de tu esposo, sino apoyarlo mientras él
lucha contra el temor destruc vo. Jesús dijo: “Les voy a enseñar más
bien a quién deben temer: teman al que, después de dar muerte, ene
poder para echarlos al infierno. Sí les aseguro que a él deben temerle”
(Lucas 12:5). El único po de temor que se supone que nosotros
tengamos es el temor del Señor.
Cuando enes el temor al Señor, Dios promete librarte de tu enemigo (2
Reyes 17:39), protegerte del mal (Proverbios 16:6), mantener sus ojos en
(Salmo 33:18), mostrarte su misericordia (Lucas 1:50), darte riquezas y
honor (Proverbios 22:4), suplir todo lo que necesitas (Salmo 34:9),
revelarte todo lo que necesitas saber (Salmo 25:14), bendecir a tus hijos
y nietos (Salmo 103:17), darte confianza (Proverbios 14:26), una vida de
sa sfacción (Proverbios 19:23), larga vida (Proverbios 10:27), y los deseos
de tu corazón (Salmo 145:19). ¿Qué más puedes pedir? Ora para que el
consuelo, la seguridad y el amor perfecto del Señor rodee a tu esposo y
lo libre de todos sus temores.
Oración

Señor, tú has dicho en tu Palabra que “en el amor no hay temor,


sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el
cas go, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18).
Oro para que perfecciones a mi esposo en tu amor para que los
temores que atormentan no encuentren lugar en él. Yo sé que tú no
le has dado espíritu de temor sino espíritu de poder, de amor y
domino propio en su mente (2 Timoteo 1:7). Oro en el nombre de
Jesús que el temor no domine a mi esposo. En su lugar, que tu
Palabra penetre cada fibra de su ser, convenciéndolo de que tu amor
por él es mucho mayor que cualquier cosa que él encare, y nada
puede separarlo de ese amor.
Oro para que él te reconozca como Padre cuyo amor es infalible,
su fuerza sin igual, y en el que en su presencia no hay nada que
temer. Líbralo en este día del temor que destruye y reemplázalo con
un temor santo (Jeremías 32:40). Enséñale tus caminos, Señor.
Ayúdalo a caminar en tu verdad. Dale integridad de corazón para
que tema tu nombre (Salmo 86:11). Que él no tenga temor del
hombre, sino que se levante confiadamente y diga: “El señor es
quien me ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple
mortal?” (Hebreos 13:6). “Cuán grande es tu bondad, que atesoras
para los que te temen” (Salmo 31:19).
Yo te digo (nombre del esposo), “Digan a los de corazón temeroso:
Sean fuertes, no tengan miedo. Su Dios vendrá, vendrá con
venganza; con retribución divina vendrá a salvar-los” (Isaías 35:4).
“Serás establecida en jus cia; lejos de estará la opresión, y nada
tendrás que temer; el terror se apartará de , y no se te acercará”
(Isaías 54:14). “No temerás el terror de la noche, ni la flecha que
vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que
destruye a mediodía” (Salmo 91:5,6). “El Espíritu del Señor reposará
sobre él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de
consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor”
(Isaías 11:2).

HERRAMIENTAS DE PODER
El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado
está para librarlos.
Salmo 34:7
Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores.
Salmo 34:4
Aun, si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú
estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.
Salmo 23:4
Así que no temas porque yo estoy con go; no te angus es, porque
yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi
diestra victoriosa.
Isaías 41:10
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es el
baluarte de mi vida; ¿quién podrá amedrentarme?
Salmo 27:1
Capítulo Nueve

Su propósito

Toda persona ene un propósito. Esta es la razón por la cual exis mos.
Es la misión, el obje vo o plan de nuestra vida. Por lo general estamos
aquí para glorificar a Dios y hacer su voluntad. Cómo esto se traduce
específicamente en nuestras vidas es único en cada uno de nosotros. Tu
esposo necesita saber la razón por la que él existe, y estar seguro de
que su vida no es solo un accidente, sino que está aquí por designio.
Debe tener la certeza de que fue creado para un gran propósito. Cuando
él descubre ese propósito, y somete su vida a él, convir éndose en para
lo que fue creado, encontrará sa sfacción. Esto solo puede contribuir
también a tu felicidad.
Si he aprendido algo en más de dos décadas de casada, es que la
esposa no puede poner presión sobre su esposo para que sea alguien,
pero sí puede orar para que él se convierta en esa persona, y sea
moldeado de acuerdo al plan de Dios y no al de otra persona. Entonces,
el resultado será determinado por si él escucha el llamado de Dios en su
vida o no. Porque “Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por
nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos
concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del empo” (2
Timoteo 1:9). Tu esposo “fue predes nado según el plan de aquel que
hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad” (Efesios 1:11).
Pero tú aún necesitas orar para que él escuche el llamado de Dios, para
que lo que él es y lo que haga esté alineado con el propósito de Dios
para su vida.
Siempre puedes saber cuándo un hombre no está viviendo de
acuerdo al propósito para el cual Dios lo creó. Tú sientes su inquietud.
Tienes la sensación de que algo no está bien del todo, incluso aunque
no puedas intervenir en el asunto. Cuando estás al lado de un hombre
que está cumpliendo su llamado y haciendo aquello para lo que fue
creado, tú estás consciente de su dirección interna, confianza y gran
seguridad. ¿Cómo te sientes acerca de lo que tu esposo está haciendo
en su vida? ¿Sientes falta de paz porque él está en un camino que no le
sa sface, que le golpea, y no lo lleva a ninguna parte? Si es así, entonces
ora: “Señor, saca a mi esposo de este lugar, revélale lo que tú le has
llamado a hacer, y abre las puertas de lo que se supone que él esté
haciendo”.
Orar de esa manera no significa que tu esposo será sacado de lo que
está haciendo y lanzado a otro lugar. Puede suceder de esa manera,
pero a menudo lo que ocurre es un cambio en la perspec va del
hombre. Yo tengo un amigo llamado David, que ha trabajado por años
en una fábrica haciendo aviones. Cuando él escuchó el llamado de Dios
en su vida, sabía que iba a ayudar a adolescentes con problemas, de
familias de bajos recursos. También sabía que no debía dejar su trabajo.
Como resultado, su trabajo le proveía suficiente dinero para sostener a
su familia y le ofrecía el po de horario que él necesitaba para poder
llevar a cabo lo que tenía que hacer. Él ha organizado distribución de
alimentos a familias necesitadas, conciertos gra s para jóvenes menos
privilegiados, alcance cris ano para los no salvos, y conversaciones de
paz entre pandillas rivales. Él ha hecho tanto para traer restauración a
su dividida ciudad como cualquier hombre lo hubiera podido hacer. Su
trabajo no es de ninguna manera fácil, pero llena de sa sfacción. Y él
ene un sen do de propósito inconfundible cuando te acercas a él.
Físicamente, no es un hombre grande, pero es un gigante espiritual y tú
lo sabes cuando estás en su presencia. Su esposa Priscilla, también oyó
el llamado de Dios en su vida y le apoya de toda manera posible.
No importa lo que Dios ha llamado a tu esposo a ser o hacer, Él
también te ha llamado a a apoyarlo y ser parte de ello; al menos
orando, animando y ayudando en la forma que sea posible. Para
algunas mujeres eso significa edificar un buen hogar, criar los hijos, estar
allí para él, y ofrecer oraciones de apoyo. Otras mujeres quizás tomen
un papel ac vo convir éndose en la compañera o ayudante. En
cualquier caso, Dios no te pide que renuncies a tu propia personalidad
en el proceso. Dios te ha llamado a también a hacer algo. Pero va a
encajar con lo que es el llamado de tu esposo, no será algo conflic vo.
Dios no es el autor de la confusión, la con enda, o las situaciones
di ciles. Él es un Dios de un empo perfecto. Hay un empo para todo,
nos dice la Biblia. El empo de hacer lo que Dios ha llamado a cada uno
de ustedes a hacer, obrará de forma perfecta, si está some do a Dios.
Si tu esposo ya está caminando en el propósito para el cual Dios lo ha
llamado, puedes contar con que el enemigo de su alma vendrá a arrojar
dudas, en especial si él no ha visto aún nada cercano a la visión final o
el éxito que desea. Tus oraciones pueden ayudar a disipar el desánimo y
evitar que se apodere de él. Puedes ayudarlo a escuchar y asirse a la
revelación de Dios. Esto puede causar que él viva su vida con propósito.
Oración

Señor, oro que (nombre del esposo) escuche con claridad tu


llamado en su vida. Ayúdale a comprender quién él es en Cristo y
dale certeza de que fue creado para un gran propósito. Que le sean
iluminados los ojos del corazón para que sepa a qué esperanza Él lo
ha llamado (Efesios 1:18).
Señor, cuando tú nos llamaste, también nos capacitaste.
Capacítalo a él para caminar digno de su llamado y ser el hombre de
Dios para lo que tú lo creaste. Con núa recordándole para qué lo
has llamado y no dejes que se desvíe con las cosas que no son
esenciales para tu propósito. Quítale el desaliento para que no se
rinda. Levanta sus ojos de las circunstancias del momento para que
él pueda ver el propósito que tú lo creaste. Dale paciencia para
esperar por tu empo perfecto. Oro que los deseos de su corazón no
estén en conflicto con tus deseos. Que él pueda buscar tu dirección,
y escuchar cuando le hables a su alma.

HERRAMIENTAS DE PODER
En realidad, preferiría que todos fueran como yo. No obstante, cada
uno ene de Dios su propio don: éste posee uno; aquél, otro.
1 Corin os 7:7
En cualquier caso, cada uno debe vivir conforme a la condición que
el Señor le asignó y a la cual Dios lo ha llamado.
1 Corin os 7:17
Por eso oramos constantemente por ustedes, para que nuestro Dios
los considere dignos del llamamiento que les ha hecho, y por su
poder perfeccione toda disposición al bien y toda obra que realicen
por la fe.
2 Tesalonicenses 1:11
Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé
el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor.
Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que
sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su
gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la
grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la
fuerza grandiosa y eficaz.
Efesios 1:17-19
Que te conceda lo que tu corazón desea; que haga que se cumplan
todos tus planes.
Salmo 20:4

Capítulo Diez

Sus decisiones

S urgió un negocio en el cual mi esposo se involucró y no me lo


mencionó hasta que ya estaba en camino. Desde el momento que supe
del mismo no me sen bien al respecto. Pensé que la idea era genial y
su visión para esto era excelente, pero no podía pasar por alto la falta
de paz que sen a al respecto. De hecho, mientras más oraba, más fuerte
la sen a. Cuando se lo mencioné, me respondió a la defensiva: –Tú no
con as en que yo haga la decisión correcta.
Él dijo por lo claro que esto era algo que deseaba y no estaba
dispuesto a escuchar ninguna oposición.
La única salida que yo tenía era orar, cosa que hice. Una y otra vez le
dije a Dios: “Muéstrame si estoy equivocada. Me encantaría que
funcionara porque es una gran idea. Pero si lo que estoy sin endo es
correcto, revélaselo a él a empo para detener el proceso. Muéstrale la
verdad y cierra la puerta”.
Al úl mo momento, justo antes que firmaran los contratos, los ojos
de Michael de pronto se abrieron a una serie de incidentes los cuales
ponían en duda las verdaderas intenciones de las otras partes
involucradas. La revelación de Dios lo puso en descubierto y se canceló
todo el negocio. Con lo di cil que le fue aceptar en ese momento que
estaba equivocado, él está agradecido de haberse librado de tanto
pesar.
Un empo después, mientras escribía este libro, le pregunté a mi
esposo qué ha significado para él que yo ore por él. Una de las cosas
que mencionó fue que le ayudaba a tomar buenas decisiones.
–Cuando se han presentado decisiones importantes y me han
ofrecido ciertas cosas, tus oraciones abrieron mis ojos y evitaron que yo
firmara un contrato que hubiera sido malo –me explicó.
Nosotros tenemos que recordar que todos los hombres piensan que
ellos están haciendo lo correcto. “A cada uno le parece correcto su
proceder, pero el Señor juzga los corazones” (Proverbios 21:2). Sin
embargo, Dios es el único que puede dar un verdadero discernimiento.
Él puede darnos sabiduría cuando la pedimos. La sabiduría trae éxito
(Eclesiastés 10:10), y nos capacita para aprender de las experiencias
(Proverbios 15:31). Nosotros deseamos que nuestros esposos sean
hombres sabios.
Lo opuesto de un hombre sabio es uno necio. La Biblia describe al
necio como alguien que solo “con a en sí mismo” (Proverbios 28:26). Él
aborrece la sabiduría (Proverbios 23:9). Él solo desea hablar y no
escuchar (Proverbios 18:2). En otras palabras, no le puedes decir nada.
Él es de pleito (Proverbios 20:3), y él se pasa de confiado y es arrogante
cuando tratas de razonar con él (Proverbios 14:16). El necio es alguien
que es incapaz de sopesar las consecuencias de sus acciones. Como
resultado, él no toma decisiones sabias. Si tú enes un esposo así, ora
por él para que tenga sabiduría.
Si tu esposo no es un necio “a empo completo”, por así decirlo, pero en
ocasiones se comporta neciamente, no trates de arreglarlo. Dios es el
único que puede hacerlo. Tu trabajo es amarlo y orar por él. La Biblia
dice: “El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor; conocer al
Santo es tener discernimiento” (Proverbio 9:10). Esto quiere decir que
comienzas a orar por el temor del Señor para que lo atrape. Luego ora
para que él tenga consejos sabios: “Dichoso el hombre que no sigue el
consejo de los malvados” (Salmo 1:1). Si tú con núas orando por tu
esposo para que tenga sabiduría y un consejo santo, entonces aunque
él tome una decisión mala, puedes disfrutar del consuelo de saber que
hiciste tu parte y Dios hará que salga bien de todo eso. Mucho en
nuestras vidas es afectado por las decisiones que hacen nuestros
esposos. Nosotros somos sabias si oramos para que ellos tomen
decisiones sabias.
Oración

Señor, llena a mi esposo con el temor del Señor y dale sabiduría


para cada decisión que tome.
Que tenga reverencia por y tus caminos, y que busque conocer tu
verdad. Dale discernimiento para tomar decisiones basadas en tu
revelación. Ayúdale a hacer decisiones santas y apártalo de hacer
algo necio. Saca la necedad de su corazón y capacítalo para que
reconozca con rapidez el error y lo evite. Abre sus ojos para que vea
con claridad y an cipación las consecuencias de cualquier
comportamiento.
Oro para que él pueda escuchar el consejo santo y no sea un
hombre que no aprende. Dale fuerza para rechazar el consejo del
malvado y escuchar tu consejo sobre todos los demás. Declaro que
“el corazón humano genera muchos proyectos, pero al final
prevalecen los designios de Dios” (Proverbios 19:21). Instrúyelo
incluso cuando esté durmiendo (Salmo 16:7), y en la mañana, oro
que él haga lo correcto en lugar de seguir su inclinación carnal. Yo
conozco la sabiduría de este mundo que es necedad ante , Señor (1
Corin os 3:19). Que él no se deje influir por ella, sino que mantenga
sus ojos en y tenga oídos para escuchar tu voz.

HERRAMIENTAS DE PODER
Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el
entendido.
Proverbios 1:5
No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye
del mal.
Proverbios 3:7
El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios
desprecian la sabiduría y la disciplina.
Proverbios 1:7
Entonces me llamarán, pero no les responderé; me buscarán, pero
no me encontrarán. Por cuanto aborrecieron el conocimiento y no
quisieron temer al Señor; por cuanto no siguieron mis consejos, sino
que rechazaron mis reprensiones.
Proverbios 1:28-30
Quien se aparta de la senda del discernimiento irá a parar entre los
muertos.
Proverbios 21:16

Capítulo Once

Su salud

D urante años a mi esposo no le interesaba hacer ejercicio. Yo le daba


reprimendas y charlas significa vas, le dejaba ar culos de revista en su
camino, y le rogaba y me lamentaba que yo no deseaba ser viuda, pero
todo le entraba por un oído y le salía por el otro. Entonces, un día tuve
la brillante idea de que si las oraciones trabajaban para otras partes de
su vida, podrían trabajar para esto también. Decidí emplear mi método
de “cállate y ora”, y pedirle a Dios que le diera el deseo y la mo vación
de hacer ejercicios con regularidad. Oré por varios meses sin ningún
resultado, pero una mañana escuché un ruido poco familiar que
provenía de otra habitación. Seguí de donde venía el ruido y para mi
sorpresa, era mi esposo en el andador eléctrico. Yo no dije ni una
palabra. Él ha estado usando el andador eléctrico y levantando pesas
alrededor de tres veces por semana desde entonces. Cuando más tarde
dijo lo bien que se estaba sin endo úl mamente y que lamentaba no
haber comenzado a hacerlo antes, yo puse en prác ca un control
admirable y ni siquiera dejé que las palabras “te lo dije” se formaran en
mi boca. Hasta este día él no sabe que yo oré.
La salud de tu esposo no es algo que se toma a la ligera, no importa
cuál sea su edad o condición. Ora por él para que aprenda a cuidar de
forma apropiada de sí mismo, y si se enferma, ora para que él sea sano.
He visto muchísimas respuestas a oraciones de sanidad en mi vida y en
la vida de otras personas para dudar que el Dios que sanaba en la Biblia
es el mismo ayer, hoy y mañana. Yo creo que cuando Dios dice, “Yo soy
el Señor que te sana”, Él habla en serio (Éxodo 15:26). Yo tengo la misma
fe de Jeremías que oró, “Sáname Señor, y seré sanado” (Jeremías 17:14).
Yo con o en su Palabra cuando promete “Yo te restauraré y sanaré tus
heridas” (Jeremías 30:17).
Jesús “tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias”
(Mateo 8:17). Él le dio a sus discípulos el poder de “sanar toda
enfermedad y toda dolencia” (Mateo 10:1). Él dijo: “Estas señales
acompañarán a los que crean … pondrán las manos sobre los enfermos,
y éstos recobrarán la salud” (Marcos 16:17,18). Me parece que Dios está
interesado en sanar y él no puso empo límite para esto; tan solo límite
de fe (Mateo 9:22).
Mi esposo me dijo que mis oraciones por su sanidad tuvieron el
mayor impacto en él a mediados de los años ochenta cuando él
descubrió varios tumores en su cuerpo y el médico pensó que podían
ser cancerosos. Un segundo médico también sospechó que era cáncer,
así que hicieron una biopsia. Durante esos días de espera por los
resultados, Michael tuvo la tentación de preocuparse. Él dice que mis
oraciones por su buena salud y paz, lo sostuvieron hasta que se supo
que no era cáncer. Le removieron los tumores y desde entonces no ha
tenido problema.
Sin embargo, recuerdo que aunque oramos y tuvimos fe, él resultado
y el empo fueron decisiones de Dios. Él dice que hay “un empo para
sanar” (Eclesiastés 3:3). Si tú oras por sanidad y nada sucede, no te
atormentes con eso. Dios en ocasiones usa la enfermedad sica de un
hombre para llamar su atención y Él poder hablarle. Sigue orando, pero
con a que la decisión de Dios es el resultado.
Lo mismo sucede cuando oramos para que Dios salve a una persona.
Nosotros no tenemos la palabra final sobre la hora de la muerte de
alguien. La Biblia dice que hay “ empo para morir” (Eclesiastés 3:2), y
nosotros no decidimos eso, Dios es quien lo hace. Nosotros debemos
aceptarlo y podemos orar, pero Él determina el resultado. Tenemos que
darle a Él ese privilegio sin resen mientos, faltas o enojándonos con Él.
Ora por la salud de tu esposo, pero déjala en las manos de Dios.
Oración

Señor, yo oro por tu toque sanador en (nombre del esposo). Haz


que cada parte de su cuerpo funcione de la manera que tú la
diseñaste. Dondequiera que haya algo fuera de balance, hazlo que
funcione en perfecto orden. Sánalo de cualquier enfermedad,
dolencia, lesión, mal o debilidad. Fortalece su cuerpo para que
soporte bien su trabajo, y cuando él duerma que pueda despertar
descansado por completo, rejuvenecido y reanimado. Dale un
corazón fuerte que no falle. Yo no deseo que él tenga problemas del
corazón en ningún momento.
Oro para que tenga deseo de cuidar su cuerpo, comer alimentos
saludables, hacer ejercicio con regularidad, y evitar cualquier cosa
que sea dañina para él. Ayúdalo a comprender que su cuerpo es tu
templo y que él debe cuidarlo como tal (1 Corin os 3:16). Oro para
que él lo presente como sacrificio vivo, santo y agradable a
(Romanos 12:1).
Te ruego que cuando esté enfermo lo sostengas y lo sanes. Llénalo
de tu gozo para que se fortalezca. Oro en especial por (menciona
cualquier cosa que te preocupe). Dale fe para que diga: “Señor, mi
Dios, te pedí ayuda y me sanaste” (Salmo 30:2). Gracias, Señor, que
tú eres mi sanador. Oro para que mi esposo viva una larga y
saludable vida y cuando venga la muerte, que sea acompañada de
paz y no de doloroso sufrimiento y agonía. Gracias, Señor, que tú
estarás allí para recibirlo en tu presencia, y no un momento antes de
la hora que tú tengas señalada.

HERRAMIENTAS DE PODER
Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él
perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias.
Salmo 103:2,3
En su angus a clamaron al Señor, y él los salvó de su aflicción. Envió
su palabra para sanarlos, y así los rescató del sepulcro.
Salmo 107:19,20
He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a sanarte.
2 Reyes 20:5
Tu luz despuntará como la aurora, y al instante llegará tu sanidad; tu
jus cia te abrirá el camino, y la gloria del Señor te seguirá.
Isaías 58:8
Les daré salud y los curaré; los sanaré y haré que disfruten de
abundante paz y seguridad.
Jeremías 33:6

Capítulo Doce

Su protección

¿C uántas veces hemos escuchado historias sobre hombres que


estaban en el campo de batalla y en el preciso momento cuando ellos se
encontraban en el peligro mayor, experimentaron una liberación
milagrosa; para luego saber que alguien en casa estaba orando en ese
preciso momento? Nuestros esposos están en el campo de batalla cada
día. Hay peligros dondequiera. Solo Dios conoce qué trampas el enemigo
ha puesto para traer accidentes, enfermedades, males, violencia y
destrucción a nuestras vidas. Pocos lugares están a salvo por completo,
incluyendo tu propio hogar. Pero Dios ha dicho que aunque “los
malvados acechan a los justos con la intención de matarlos, el Señor no
los dejará caer en sus manos ni permi rá que los condenen en el juicio”
(Salmo 37:32,33). Él promete que será “escudo a aquellos que en él
con an” (Proverbios 30:5). Él incluso puede ser protección para alguien
por el que estamos orando por causa de nuestra fe.
Yo siempre he orado por protección para mi esposo e hijos mientras
viajan en autos. Pero una mañana recibí una llamada de Michael poco
empo después de salir de la casa para llevar a nuestro hijo al colegio.
–Acabamos de tener un accidente –me dijo–, pero Christopher y yo
estamos bien.
Me dirigí de inmediato hacia donde ellos estaban, dándole gracias a
Dios por todo el camino por protegerlos justo como yo lo había orado
durante años. Cuando llegué y vi la condición del auto, perdí la calma. El
pequeño auto depor vo de Michael, el cual a mi nunca me gustó que
condujera, había sido enves do por otro auto mucho más grande y
empujado hacia una barrera de concreto al costado de la carretera. El
pequeño auto sufrió tanto daño, que después fue considerado pérdida
total por la compañía de seguro. La única forma de explicar por qué
ninguno de ellos sufrió daño ene que ser por la mano protectora de
Dios. Sufrieron golpes en el pecho y los hombros por los cinturones de
seguridad, pero pudieron haber sufrido lesiones mucho más serias o
incluso morir. Creo con firmeza que el Señor respondió mis oraciones de
protección a mi familia. (Aún estoy esperando que Él responda a mi
oración para que mi esposo no compre más autos depor vos.)
Mi grupo de oración y yo oramos con regularidad por nuestros
esposos para que estén a salvo en aviones, autos, el lugar de trabajo, o
cuando caminan por la calle. Nosotros ni siquiera pensamos en todos
los peligros específicos, solo le pedimos al Señor que los proteja del mal.
Dios promete “ordenar que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos.
Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra
alguna” (Salmo 91;11,12). Pero los accidentes suceden, incluso a
personas santas, y cuando esto ocurre, es de improviso y sin esperarlo.
Por eso es necesario orar con frecuencia y con nuamente por protección
para tu esposo. Tú nunca sabes cuándo puede ser necesaria en el campo
de batalla. Y si algo sucede, tendrás el consuelo de saber que has
invitado a la presencia y el poder de Dios en medio del asunto.
Oración

Señor, oro para que protejas a (nombre del esposo) de cualquier


accidente, enfermedad, peligro o mala influencia. Mantenlo a salvo,
en especial en autos y aviones. Protégelo de la violencia y de los
planes de personas malvadas. Dondequiera que él ande, asegura sus
pasos. Mantenlo en tu camino para que sus pies no resbalen (Salmo
17:5). Si su pie resbala, sostenlo con tu misericordia (Salmo 94:18).
Dale la sabiduría y discreción que le ayudarán a caminar seguro y a
no caer en ningún peligro (Proverbios 3:21-23). Sé su lugar seguro,
fuerza, escudo y fortaleza (Salmo 18:2,3). Haz que habite bajo la
sombra de tus alas (Salmo 91:1-2). Sé su roca, salvación y defensa,
para que él no sea movido ni sacudido (Salmo 62:6). Oro para que
aunque cosas malas pueden estar sucediendo alrededor de él, éstas
no vendrán cerca de él (Salmo 91:7). Sálvalo de cualquier plan del
enemigo que busca destruir su vida (Salmo 103:4). Cuida su entrar y
su salir desde este momento en adelante y para siempre (Salmo
121:8).

HERRAMIENTAS DE PODER
El que habita al abrigo del Al simo se acoge a la sombra del
Todopoderoso. Yo le digo al Señor: “Tú eres mi refugio, mi fortaleza,
el Dios en quien con o.”

Salmo 91:1-2
Porque en el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al
amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre
una roca.

Salmo 27:5
Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tu
estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.

Salmo 23:4
El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco
en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más
alto escondite! Invoco al Señor, que es digno de alabanza, y quedo a
salvo de mis enemigos.

Salmo 18:2,3
Tú, que salvas con tu diestra a los que buscan escapar de sus
adversarios, dame una muestra de tu gran amor. Cuídame como a la
niña de tus ojos; escóndeme, bajo la sombra de tus alas.

Salmo 17:7,8

Capítulo Trece

Sus pruebas

T oda persona pasa por momentos di ciles. No es nada para


avergonzarse. En algunas ocasiones nuestras oraciones nos ayudan a
evitarlos en otras no sucede así. Es la ac tud que tenemos cuando
estamos pasando por esos momentos, lo que resulta más importante. Si
estamos llenos de enojo y amargura o insis mos en quejarnos y culpar a
Dios, las cosas enden a salir mal, pero si los pasamos con acción de
gracias y alabanza a Dios, Él promete traer cosas buenas a pesar de la
situación. Él dice: “considérense muy dichosos cuando tengan que
enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe
produce constancia” (San ago 1:2,3).
Las oraciones de una esposa por su esposo durante este empo,
quizás no cambien algunas de las cosas por las que él ene que pasar.
Después de todo, si nunca sufrimos nada, ¿qué po de persona
superficial, sin compasión e impaciente seríamos? Pero la oración puede
ayudarlo a mantener una ac tud posi va y de gra tud, esperanza,
paciencia, y paz en medio del problema y le evita ser sancionado por
una mala reacción.
Mi amiga Jan, vio a su esposo Dave, cerca de la muerte como
resultado de haber sido picado por una araña venenosa. Fue un
momento de gran terror para ambos, la prueba duró más de un año
mientras él luchaba por sobrepasar cada nuevo problema sico que se
presentaba como resultado de la picada. Además, ellos se acababan de
mudar a un estado nuevo, lejos de familiares, amigos, e iglesia, y
tuvieron problemas financieros debido a las enormes cuentas médicas.
Había mo vo suficiente para estar enojado y amargado, pero ellos
nunca dejaron de orar, alabar a Dios y mirarlo a Él como su recurso.
A través de innumerables lágrimas y temores, Jan oraba con fervor
para que Dave no se desanimara en la batalla, sino que pudiera estar en
pie en medio de ella. Dios les sostuvo, él se recuperó, y ellos se han
conver do en dos de las personas más ricas en el Señor que uno
pudiera conocer. No es solo eso, sino que sus tres hijos son todos
creyentes fuertes que usan sus enormes talentos para glorificar a Dios.
Ahora, Dave es un pastor de música donde él y Jan enen un ministerio
grande y de éxito. Sus vidas son un tes monio de la bondad del Señor, y
creo que la forma en que ellos pasaron esta prueba ene mucho que ver
con dónde se encuentran hoy día.
Nos sintamos así o no, cuando servimos a Dios, su amor a ende cada
momento de nuestras vidas, incluso los más di ciles, solitarios,
dolorosos y desesperantes. Él siempre está allí en medio nuestro,
haciendo cosas para nuestro bien, cuando nosotros oramos y
esperamos que Él lo haga. “Sabemos que Dios dispone todas las cosas
para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo
con su propósito” (Romanos 8:28). Sus propósitos con nuestras pruebas
son a menudo traernos humildemente delante de Él y experimentar
quebrantamiento en nuestro interior, nuestra independencia y
autosuficiencia, y hacernos crecer en compasión, paciencia, fuerza
espiritual, que seamos personas que glorifiquen a Dios. Él usa estas
situaciones para enseñarnos a confiar en que Él nos ama y cuida lo
suficiente como para ayudarnos a pasar los momentos di ciles.
No puedo pensar en cualquier prueba que mi esposo y yo hayamos
pasado que no nos haya hecho crecer de forma más profunda en las
cosas de Dios, aunque fuera algo horrible soportarlo en ocasiones y
nosotros tuviéramos poca aprecio en cuanto a dónde nos dirigíamos.
Pero a medida que orábamos en medio de cada momento di cil,
encontramos que nuestra fe crecía y nuestro andar con Dios se
profundizaba. Y cuando nuestras ac tudes fueron correctas, también lo
fue el amor que sen amos el uno por el otro.
Si tu esposo está pasando por un empo di cil, mantenlo en oración,
pero no lleves la carga. Aunque puede que tú desees hacerlo, no trates
de llevar su carga y hacerla tuya. Eso al final lo dejará sin éndose débil
o como un fracaso.
Además, Dios no desea que tú hagas Su trabajo ni que trates de ser el
Espíritu Santo para tu esposo. Aunque te duela verlo luchar y desees
arreglar la situación, no puedes hacerlo. Ora, anímalo y apóyalo, pero
Dios usa las pruebas para Su propósito y tú enes que salirte del
camino.
Si tu esposo se siente agobiado por el peso de cosas como tensión
financiera, enfermedad, incapacidad, pérdida de trabajo, problemas con
los hijos, con endas maritales, catástrofes, desastres en el hogar o
relaciones tensas, invita al Espíritu Santo a mudarse a estas
circunstancias y transformarlas. Recuerda a tu esposo la verdadera
imagen: nuestro sufrimiento lucirá como nada comparado con la gloria
que Dios obrará en nosotros, si tenemos la reacción correcta en medio
de la lucha. “De hecho, considero que en nada se comparan los
sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros”
(Romanos 8:18). Anímalo a decir: “Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece” (Filipenses 4:13).
Ora para que tu esposo ansíe acercarse más a Dios hasta que él sepa
que nada lo puede separar de su amor, ni lo que él está pasando ahora,
y tampoco lo que pueda suceder en el futuro. “Pues estoy convencido
de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo
presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa
alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha
manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:38,39). Si nada
lo puede separar a él del amor de Dios, entonces no importa lo mal que
se ponga el asunto, él siempre tendrá esperanza.
Las pruebas pueden ser fuego que purifica y agua que limpia. Tú no
deseas que tu esposo se queme o se ahogue sino que sea refinado y
renovado. Dios ha prome do que “en todo esto somos más que
vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37). “Pero el
que se mantenga firme hasta el fin será salvo” (Mateo 24:13). La
determinación de tu esposo de mantenerse firme en la fe y el esperar
que Dios conteste sus oraciones es lo que le salvarán del calor y lo
mantendrán a flote.
Oración

Señor, solo tú conoces la profundidad de la carga que mi esposo


lleva. Puede que yo comprenda los detalles, pero tú conoces el peso
que hay sobre sus hombros. No he venido a minimizar lo que estás
haciendo en su vida, porque sé que tú obras grandes cosas en medio
de las pruebas. Ni tampoco estoy tratando de protegerlo de lo que
él ene que hacerle frente. Solo deseo apoyarlo para que pase a
través de su batalla como ganador.
Dios, tú eres nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda
segura en momentos de angus a (Salmo 46:1). Tú nos has invitado a
“que nos acerquemos confiadamente al trono de la gracia para
recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento
que más la necesitemos” (Hebreos 4:16). Me presento delante de tu
trono y pido la gracia para mi esposo. Fortalece su corazón para esta
batalla y dale paciencia para esperar en (Salmo 27:1-4). Fortalécelo
para que, no importa lo que suceda, él pueda mantenerse firme y
fuerte. Ayúdalo a que siempre se “alegre en la esperanza, muestre
paciencia en el sufrimiento, persevere en la oración” (Romanos
12:12).
Dale perseverancia para correr la carrera y no darse por vencido,
porque tú has dicho que “siete veces podrá caer el justo, pero otras
tantas se levantará” (Proverbios 24:16). Ayúdalo a recordar que “el
Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de
vivir; podrá tropezar, pero no caerá porque el Señor lo sos ene de la
mano” (Salmo 37:23,24).
Oro que él te busque para que “a las sombra de tus alas se refugie
hasta que haya pasado el peligro” (Salmo 57:1). Que él pueda
aprender a esperar en porque “los que con an en el Señor
renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas; correrán y nos se
fa garán, caminarán y no se cansarán” (Isaías 40:31). Oro para que él
pueda encontrar su fuerza en y mientras él clama a , tú le
escuches y lo libres de todas sus angus as (Salmo 34:6).

HERRAMIENTAS DE PODER
Esto es para ustedes mo vo de gran alegría, a pesar de que hasta
ahora han tenido que sufrir diversas pruebas por un empo. El oro,
aunque perecedero, se acrisola al fuego. Así también la fe de
ustedes, que vale mucho más que el oro, al ser acrisolada por las
pruebas demostrará que es digna de aprobación, gloria y honor
cuando Jesucristo se revele.
1 Pedro 1:6,7
Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permi rá que
el justo caiga y quede aba do para siempre.
Salmo 55:22
Pero yo clamaré a Dios, y el Señor me salvará. Mañana, tarde y
noche clamo angus ado, y él me escucha. Aunque son muchos los
que me combaten, él me rescata, me salva la vida en la batalla que
se libra contra mí.
Salmo 55:16-18
Me has hecho pasar por muchos infortunios, pero volverás a darme
vida; de las profundidades de la erra volverás a levantarme.
Acrecentarás mi honor y volverás a consolarme.
Salmo 71:20,21
Capítulo Catorce

Su tntegridad

Integridad no es lo que tú aparentas ser cuando todo el mundo te está


mirando. Es quien tú eres cuando nadie te está mirando. Es un nivel de
moralidad por debajo del cual tú nunca caes, no importa lo que esté
sucediendo alrededor de . Es un alto nivel de hones dad, verdad,
decencia, y honor que nunca se quiebra. Es tratar a los demás de la
forma que te gustaría que te trataran a .
Un hombre de integridad cuando dice algo es sincero. Él no usa juegos
de palabras de manera que nunca sabes dónde está parado. Él deja
saber que su “sí” es “sí” y su “no” es “no”. “Cualquier cosa de más
proviene del maligno” (Mateo 5:37). Él no va a jugar en los dos bandos
para complacer a todo el mundo. Su meta es agradar a Dios y hacer lo
que es correcto. Un hombre puede ser es mado grandemente entre los
amigos, pero ser una abominación para Dios (Lucas 16:15).
Un hombre de integridad “cumple lo prome do aunque salga
perjudicado” (Salmo 15:4). Él mantendrá su palabra aunque el hacerlo le
cueste. Cuando es puesto en una situación comprometedora, con nuará
manteniéndose firme en lo que él cree. Sobre todo, es un hombre de
verdad; tú puedes depender de su sólida hones dad. Un hombre “que
se conduce con integridad, anda seguro” (Proverbios 10:9), porque su
integridad lo guía y lo lleva a la presencia de Dios (Salmo 41:12).
Mi esposo es un hombre de integridad que ha tenido que tomar una
postura en varias ocasiones en contra de cosas que él creía que estaban
mal. A menudo, le costó mucho. Yo siempre he orado por él para que
hiciera lo correcto, pero no porque él no lo hubiera hecho sin mí. De
cierto lo hubiera hecho; sin embargo, mis oraciones lo apoyaron a
medida que encaraba la oposición y le ayudaron a mantenerse firme
durante ese empo. La Biblia dice: “justo es quien lleva una vida sin
tacha; ¡dichosos los hijos que sigan su ejemplo!” (Proverbios 20:7). Ya
sea que mis hijos lo reconozcan por completo o no, ellos heredarán del
padre principios de alta integridad moral. Hay bendiciones que ellos
disfrutarán a causa de la clase de hombre que él es. Oro para que ellos
pasen lo mismo a sus hijos.
La integridad sucede en el corazón. Por lo tanto, ser un hombre de
integridad es algo que tu esposo ene que escoger hacer por sí mismo.
Pero tú puedes ayudarlo en oración a luchar contra el enemigo que
busca tenderle una trampa, cegarlo, y evitar que él tome esa decisión.
Aun cuando él tome la decisión correcta, habrá una reacción nega va a
ésta en el ámbito del mal. Tus oraciones pueden ayudar a protegerlo de
cualquier cosa que le provoque duda o incer dumbre y darle fuerza
para hacer lo correcto, incluso cuando nadie está mirando.
Oración

Señor, oro para que tú hagas de mi esposo un hombre íntegro de


acuerdo a tus valores. Dale fuerza para decir “sí” cuando deba decir
“sí”, y valen a para decir “no” cuando deba decir “no”. Capacítalo
para que esté firme en lo que él sabe que está correcto y que no
tubee bajo la presión del mundo. No dejes que él sea un hombre
que “siempre está aprendiendo, pero nunca logra conocer la verdad”
(2 Timoteo 3:7). Concédele un espíritu que acepta corrección y que
está dispuesto a escuchar la voz de la sabiduría y crecer en tus
caminos.
Hazlo un hombre que vive por la verdad. Ayúdalo a caminar con tu
Espíritu de verdad en todo empo (Juan 16:13). Sé con él para que le
des tes monio de la verdad para que en empos de presión él
pueda actuar de acuerdo a ella con confianza (1 Juan 1:8,9). Donde
ha errado en esto y otras cosas, dale un corazón que sea rápido a
confesar su equivocación. Porque tú has dicho en tu Palabra: “si
afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados,
Dios que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda
maldad” (1 Juan 1:8,9). No dejes que él sea engañado. No permitas
que él viva una men ra de ninguna forma. Ata el amor y la verdad
alrededor de su cuello y escríbelo en el libro de su corazón. Contará
con el favor de Dios y tendrá buena fama entre la gente (Proverbios
3:3,4).

HERRAMIENTAS DE PODER
Más vale pobre pero honrado, que rico pero perverso.
Proverbios 28:6
A los justos los guía su integridad; a los falsos los destruye su
hipocresía.
Proverbios 11:3
¡El Señor juzgará a los pueblos! Júzgame, Señor, conforme a mi
jus cia; págame conforme a mi inocencia.
Salmo 7:8
Hazme jus cia, Señor, pues he llevado una vida intachable; ¡en el
Señor con o sin tubear!
Salmo 26:1
Sean mi protección la integridad y la rec tud, porque en he puesto
mi esperanza.
Salmo 25:21

Capítulo Quince
Su reputación

U na buena reputación es algo frágil, especialmente en estos días de


medios de comunicación rápidos. Con solo estar en el lugar equivocado
en el momento equivocado puede arruinar la vida de una persona.
La reputación no es algo que se debe tomar a la ligera. La buena fama
vale más que muchas riquezas (Proverbios 22:1) y es mejor que el “buen
perfume” (Eclesiastés 7:1). Es algo que se debe valorar y proteger. Una
persona que no valora su reputación puede algún día desear
credibilidad y no encontrarla. Nuestra reputación puede ser arruinada
por cosas malas que hacemos, por las personas con las que nos
asociamos, o por palabras disparatadas que se hablen acerca de
nosotros. En los tres casos, hay maldad envuelta. Un caso
desafortunado en los tribunales, un chisme significa vo que se divulgue,
una mala influencia, un ar culo de periódico poco halagador, o quince
minutos de notoriedad pueden destruir todo por lo que un hombre ha
luchado toda su vida. La oración es nuestra única defensa.
Mi esposo ha estado muy preocupado por su reputación las veces en
que sus palabras o las de otra persona fueron citadas equivocadamente
en ar culos de periódicos, diciendo algo que no era cierto. Debido a que
sabemos lo dañinas que pueden ser estas cosas, siempre llamamos a las
personas que pensamos serían las más afectadas cuando se nos ha
citado de forma incorrecta, y le decimos cuál es la verdad. Por supuesto
que no es posible que podamos comunicarnos con todo el mundo, así
que oramos para que aquellos a quienes llamamos sean suficientes para
terminar con el asunto. Como resultado, lo que pudo haber ardido
como pólvora, se consumió en un par de días, aunque con facilidad
podía tomar el rumbo contrario y consumirnos. Estoy segura que fue el
poder de Dios, en respuesta a la oración, el que nos mantuvo
protegidos.
Una mujer virtuosa, dice la Biblia, ene un esposo que es respetado.
Él es “respetado en la comunidad; ocupa un puesto entre las
autoridades del lugar” (Proverbios 31:23). ¿Eso sucede solo? ¿El esposo
de toda mujer virtuosa ene su reputación garan zada? ¿O ene ella
algo que ver con esto? Es cierto que el hombre recibe cierto respeto por
tener una buena esposa, pero yo creo que una de las buenas cosas que
ella hace es orar por él y su reputación.
Orar por la reputación de tu esposo debiera ser un proceso con nuo.
Sin embargo, mantén en mente que él ene libre albedrío. Si él no es
sensible a la dirección del Espíritu Santo, puede que insista en ir por su
propio camino e involucrarse en problemas. Si algo así sucede o ya ha
sucedido para empañar su reputación, ora para que Dios saque de esta
situación mala algo posi vo. Él puede hacer también eso.
Oración

Señor, oro que (nombre del esposo) tenga una reputación que no
se pueda empañar. Yo sé que el hombre es a menudo valorado “por
lo que otros dicen de él” (Proverbios 27:21), así que te ruego que él
sea respetado en nuestro pueblo y que las personas hablen bien de
él. Tú has dicho en tu Palabra que “la maldición sin mo vo jamás
llega a su des no” (Proverbios 26:2). Oro para que nunca haya razón
para que se digan cosa malas de él. Mantenlo fuera de enredos
legales. Protégenos de demandas y procedimientos criminales.
Líbralo de sus enemigos, Señor. Protégelo de aquellos que se
levantan para hacerle daño (Salmo 59:1). Defiéndelo de los que lo
atacan (Salmo 35:1). En , Señor, ponemos nuestra confianza. Que
nunca nos avergoncemos (Salmo 71:1). Si tú eres por nosotros,
¿quién puede estar contra nosotros? (Romanos 8:31).
Tu Palabra dice que “un árbol bueno no puede dar fruto malo, y
un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen
fruto se corta y se arroja al fuego” (Mateo 7:18,19). Oro para que mi
esposo produzca buenos frutos de la bondad que hay dentro de él, y
que sea conocido por el bien que él hace. Que los frutos de
hones dad, confiabilidad y humildad endulcen todos sus tratos para
que su reputación nunca sea dañada.
Protege su vida del enemigo, escóndelo del consejo secreto del
malvado. Sácalo de cualquier trampa que haya sido puesta para él
(Salmo 31:4). Mantenlo a salvo de la malvada boca chismosa. Donde
se haya hablado con mala intención de él, toca los labios de estas
personas con tu fuego purificador. Deja que la responsabilidad de los
involucrados sea revelada.
Permite que aquellos que buscan destruir su vida sean
avergonzados y traídos a confusión; y los que le desean mal huyan
en forma vergonzosa y sean llevados a deshonra (Salmo 40:14). Que
él pueda confiar en y que no tema de lo que pueda hacerle el
hombre (Salmo 56:11). Porque tú has dicho que cualquiera que crea
en no será avergonzado (Romanos 10:11). Dirígelo, guíalo, y sé su
cas llo fuerte y lugar de refugio. Que su luz brille de tal manera
delante de los hombres que les permita ver sus buenas obras y te
glorifiquen, Señor (Mateo 5:16).

HERRAMIENTAS DE PODER
Escóndeme de esa pandilla de impíos, de esa caterva de
malhechores. Afilan su lengua como espada y lanzan como flechas
palabras ponzoñosas.
Salmo 64:2,3
Señor, no permitas que me avergüencen, porque a he clamado.
Que sean avergonzados los malvados, y acallados en el sepulcro. Que
sean silenciados sus labios men rosos, porque hablan contra los
justos con orgullo, desdén e insolencia.
Salmo 31:17,18
Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los
persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. Alégrense
y llénense de júbilo, porque les espera una gran recompensa en el
cielo. Así también persiguieron a los profetas que los precedieron a
ustedes.
Mateo 5:11,12
Lo que ates gües con tus ojos no lo lleves de inmediato al tribunal,
pues ¿qué harás si a fin de cuentas tu prójimo te pone en
vergüenza? Defiende tu causa contra tu prójimo, pero no traiciones
la confianza de nadie, no sea que te avergüence el que te oiga y ya
no puedas quitarte la infamia.
Proverbios 25:8-10
¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que jus fica.
¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y
está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.
Romanos 8:33,34
Capítulo Dieciséis

Sus prioridades

Los hombres enen muchas ideas diferentes sobre cuáles deben ser sus
prioridades. Pero cada esposa siente que ella debiera encabezar la lista
de su esposo, justo debajo de Dios. He descubierto, sin embargo, que si
la esposa desea que las prioridades de su esposo tengan ese orden, ella
ene que asegurarse de que las suyas también están en ese orden. En
otras palabras, si deseas que tu esposo te ponga como prioridad, por
encima de su trabajo, hijos, amigos y ac vidades, tú necesitas hacer lo
mismo por él. Si Dios y el cónyuge no son, con claridad, la primera
prioridad en tu vida, tu esposo tendrá menos incen vo para hacer lo
mismo en la suya.
Yo conozco muy bien las luchas que hay para mantener el orden
correcto de las prioridades, en especial si hay pequeños en el cuadro.
Las necesidades de los hijos son inmediatas y urgentes y tú eres la
persona que ene que encargarse de ellas. Después de todo, un esposo
es un adulto y esperamos que pueda cuidarse él mismo. Incluso si no
hay niños, es posible que uno esté consumido por el trabajo, el hogar,
los amigos, los proyectos e intereses y las ac vidades. Es di cil, en
medio de todo lo que ocupa tu empo y atención, el no dejar que tu
esposo baje de categoría en la lista, o al menos se sienta como que es
así.
Afortunadamente, las prioridades no siempre enen que ver con el
empo total que se pasa con ellos, de otra forma cualquiera con un
trabajo de cuarenta horas a la semana estaría poniendo a Dios en
segundo lugar frente a su trabajo, a menos que él o ella estuviera
orando ocho horas al día. Y no hay forma de que una esposa pueda
dedicarle a su esposo el mismo empo que le dedica a los hijos, sin
abandonar a los hijos. En cuanto a tu esposo se refiere, no se trata de
cuánto empo enes para él, sino que ese empo lo haga sen r que es
una prioridad.
Si lo primero que haces en el día es saludarlo con una sonrisa y darle
un abrazo, puede que lo haga sen r que es importante para . También
lo es preguntarle: “¿Hay algo que pueda hacer por hoy?” (Y luego
cuando él te diga, recuerda hacerlo.) También, déjale saber que estás
orando por él y pregúntale por qué cosa específica desea que ores.
Incluso el estar preguntándole periódicamente y mostrarte interesada
por él, en medio de muchas otras cosas que estés haciendo, le asegura
que él sigue siendo el primero en tu lista.
Las prioridades enen que ver con la posición en el corazón. Planea
un empo para ustedes dos solos, una cita, una noche o dos lejos, una
cena a solas, empo en el hogar sin ningún niño o amigos, le comunica
que él es una prioridad en tu corazón. Si deseas que tu esposo te ame a
más, tú necesitas amarlo a él más. Siempre funciona, en especial si
estás orando también por el asunto.
Si te sientes que no enes el empo y la energía para poner en primer
lugar a tu esposo, y hacer todo lo que se espera de , pídele a Dios un
refrigerio en la llenura de su Santo Espíritu. Búscalo a Él primero y te
ayudará a poner tus prioridades en orden. Si tu i nerario no te permite
estar con Dios y acercarte a su fuerza, entonces vuelve a trabajar en tus
prioridades y haz un nuevo i nerario. El viejo no está trabajando.
En el negocio en que está mi esposo, a menudo vemos a personas que
experimentan éxito con rapidez. El problema con eso es que un espíritu
de lujuria por más éxito, más poder, y más riqueza, por lo general les
acompaña. Cuando estas personas no hacen un esfuerzo especial para
mantener sus prioridades en orden, su orgullo les dirige, y son
seducidos por esta tentación. Ellos resbalan a gran velocidad,
abandonando a Dios, familia, iglesia y amigos en su furor. Cuando estas
estrellas fugaces regresan a la erra, el aterrizaje a menudo es duro.
Nosotros no deseamos que eso le suceda, ni siquiera en pequeña escala,
a nuestros esposos. Ora por tu esposo para que siempre ponga a Dios
primero, a segunda y a los hijos terceros. Entonces, no importa
cualquier otra cosa que esté sucediendo en su vida, sus prioridades
estarán en orden y habrá mayor paz y alegría en el futuro para ambos.
Oración

Dios, te proclamo Señor de mi vida. Ayúdame a buscar de


primero cada día y poner mis prioridades en perfecto orden.
Revélame cómo poner de forma apropiada a mi esposo antes que a
mis hijos, trabajo, familiares, amigos, ac vidades e intereses.
Muéstrame lo que puedo hacer bien ahora para demostrarle que él
ene esta posición en mi vida. Arregla las veces que he causado que
él ponga esto en duda. Dime cómo establecer el orden de mis
prioridades de manera que cualquier cosa que le robe a la vida o no
tenga un propósito duradero, no ocupe mi empo.
Oro que las prioridades de mi esposo también estén en perfecto
orden. Sé Señor y gobernante de su corazón. Ayúdalo a escoger una
vida sencilla que le permita tener empo a solas con go, Señor, un
lugar para estar callado en tu presencia cada día. Háblale sobre el
hacer una prioridad de tu Palabra, el orar y la alabanza. Capacítalo
para que me ponga a mí y a sus hijos en un lugar más prominente en
su corazón que su carrera, amigos y ac vidades. Oro que él te
busque a primero y que someta todo a , porque cuando él lo
hace yo sé que las otras piezas de su vida caerán en su lugar
perfecto.

HERRAMIENTAS DE PODER
Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su jus cia, y
todas estas cosas les serán añadidas.
Mateo 6:33
Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también
por los intereses de los demás.
Filipenses 2:4
Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y
amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se
puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.
Mateo 6:24
También se parece el reino de los cielos a un comerciante que
andaba buscando perlas finas.
Cuando encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y
la compró.
Mateo 13:45,46
¡Vete Satanás! –le dijo Jesús–. Porque escrito está: “Adora al Señor tu
Dios y sírvele solamente a él.”
Mateo 4:10

Capítulo Diecisiete

Sus relaciones

E l aislamiento no es saludable. Todos necesitamos la influencia de


personas buenas para mantenernos en el camino correcto. Toda pareja
casada debe tener por lo menos a dos parejas que sean creyentes
fuertes con quien puedan compar r los incen vos, la fuerza, y la riqueza
de sus vidas. Estar alrededor de estas personas edifica, enriquece,
equilibra, llena, y nos ayuda a mantener la perspec va cuando las cosas
parecen salirse de proporción. Que se nos peguen a nosotros las
cualidades posi vas de otras personas, es lo mejor para un matrimonio.
Recuerdo una vez cuando Michael y yo tuvimos una discusión justo
antes de ir a casa de otra pareja para cenar. En el camino nos
mantuvimos en silencio, y lo único en que yo podía pensar era cómo
íbamos a poder pasar la noche con dignidad sin hacer que la otra pareja
se incomodase. Cuando llegamos, nuestros pensamientos y emociones
fueron afectados por la calidez, el amor y la rica devoción que sen mos
de parte de ellos. Poco después estábamos riéndonos y hablando y
pasando un empo maravilloso, olvidándonos de lo que había ocurrido
anteriormente. Lo que esas dos personas tenían no era solo un espíritu
de fiesta de “¡que vengan los buenos empos!”, era el gozo del Señor, y
se nos pegó.
Hemos visto lo mismo suceder a la inversa. En varias ocasiones han
venido a cenar a nuestra casa, parejas que están pasando por conflictos
matrimoniales y cuando se fueron tenían paz en sus corazones. Una
pareja hasta nos llamó por teléfono justo antes de llegar, cuando la
comida estaba lista, para decirnos que acababan de tener una mala
discusión y que no les era posible ser unos invitados agradables. Yo les
dije que entendía perfectamente, porque nosotros habíamos
experimentado lo mismo, pero que queríamos que vinieran, aunque se
quedaran sentados en silencio toda la noche.
–De todas maneras, necesitan comer –les dije–. Si es necesario se
pueden sentar a los lados opuestos de la mesa.
Tomó un poco persuadirlos, pero vinieron y terminó siendo una noche
que todos disfrutamos en gran manera. Hasta terminamos riéndonos de
lo que había sucedido más temprano y ellos se fueron tomados de la
mano.
El ser buenos amigos de personas piadosas, que aman al Señor, no
sucede por casualidad. Tenemos que orar para que personas así lleguen
a nuestras vidas, y cuando las encontramos, debemos seguir cubriendo
las relaciones con oración. También debemos orar para que las malas
influencias se vayan. La Biblia nos dice: “no formen yunta con los
incrédulos” (2 Corin os 6:14). Esto no quiere decir que jamás podemos
estar alrededor de alguien que no es cris ano, pero nuestras relaciones
más ín mas y las que enen más influencia deben ser con personas que
conocen y aman al Señor, si no habrán consecuencias. “El justo es guía
de su prójimo, pero el camino del malvado lleva a la perdición”
(Proverbios 12:26). Por eso es tan importante tener una iglesia donde es
posible conocer la clase de personas que necesitas. Escoge estar
alrededor de las personas de más alta calidad posible, las cuales enen
sus corazones dirigidos a Dios.
Ora también para que tu esposo tenga como amigos a hombres de
Dios. Y cuando los encuentre, dale empo para que pase con ellos, sin
cri car. Esos amigos lo han de refinar. “El hierro se afila con el hierro, y
el hombre en el trato con el hombre” (Proverbios 27:17). Ellos serán una
buena influencia. “El perfume y el incienso alegran el corazón; la dulzura
de la amistad fortalece el ánimo” (Proverbios 27:9). Claro está, si se
convierte en una obsesión, ora por equilibrio.
Después que tuvimos a nuestros hijos, Michael trabajaba todos los
días y las noches durante la semana y en los fines de semana pasaba
todo su empo libre en el campo de golf o en los juegos de béisbol y
fútbol con sus amigos. Hubo muchas discusiones amargas por este
mo vo, pero los cambios no sucedieron hasta que comencé a orar para
que Dios le diera convicción y volviera su corazón a casa. Dios hizo una
obra mucho mejor de lo que yo jamás hubiera podido hacer.
A menudo, los hombres enen menos amigos ín mos que las mujeres
por la manera en que u lizan su empo para establecer sus carreras. No
toman los pasos necesarios para desarrollar amistades ín mas como
nosotras hacemos. Ahí es donde la oración puede hacer una diferencia.
Aun si tu esposo no es creyente, todavía puedes orar para que tenga
amigos devotos. Una ín ma amiga mía ene un esposo que no conoce al
Señor, y muchas veces hemos orado para que tenga amigos devotos y
para que esté en contacto con creyentes en su trabajo. Ahora Dios le ha
traído tantos cris anos fuertes a su vida que nos reímos por la forma en
que el Señor lo ene rodeado.
Ora por todas las relaciones de tu esposo. Él necesita tener buenas
relaciones con sus padres, hermanos, hermanas, as, os, primos,
compañeros de trabajo, y vecinos. Ora para que ninguna de sus
relaciones sea arruinada por su incapacidad de perdonar. Un esposo
torturado por la falta de perdón no es cosa linda.
Oración

Señor, oro para que (el nombre del esposo) tenga buenos amigos
piadosos con quien pueda compar r su corazón abiertamente. Que
sean hombres sabios de confianza que hablen la verdad a su vida y
no sólo digan lo que él quiere oír (Proverbios 28:23). Dale el
discernimiento para separarse de cualquiera que no sea una buena
influencia (1 Corin os 5:13). Muéstrale la importancia de tener
amistades de Dios y ayúdame a animarlo a que las mantenga. Danos
parejas casadas creyentes con quienes nos podamos sen r cómodos
compar endo nuestras vidas.
Oro por las relaciones fuertes y llenas de paz con cada uno de los
miembros de su familia, vecinos, amistades y compañeros de
trabajo. Hoy oro en específico por su relación con (nombre de la
persona). Inspira una comunicación abierta y una aceptación mutua
entre los dos. Permite que, donde ha habido alejamiento, haya
reconciliación. Obra la paz en lo que necesite ser arreglado.
Oro para que en su corazón él honre a su padre y a su madre para
que viva una larga vida llena de bendición (Éxodo 20:12). Ayúdalo a
ser una persona que perdona y no guardar rencor en su corazón
contra nadie. Señor, tú has dicho en tu Palabra que “el que odia a su
hermano está en la oscuridad y en ella vive, y no sabe adónde va
porque la oscuridad no lo deja ver (1 Juan 2:11). Oro para que mi
esposo jamás sea cegado por la oscuridad de la falta de perdón, sino
que camine de con nuo en la luz del perdón. Que no juzgue ni
muestre desprecio por nadie pero que recuerde que “todos
tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios” (Romanos
14:10).
Ayúdalo a amar sus enemigos, a bendecir a los que le maldicen, a
hacer bien a los que lo odian, y orar por aquellos que por maldad lo
u lizan y lo persiguen (Mateo 5:44). Oro para me considere su mejor
amiga y que nuestra amistad siga creciendo. Muéstrale lo que es ser
un amigo verdadero y ayúdalo a ser uno.
HERRAMIENTAS DE PODER
Preocupémonos los unos por los otros, a fin de es mularnos al amor
y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como
acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros.
Hebreos 10:24, 25
Si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu
hermano ene algo contra , deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve
primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu
ofrenda.
Mateo 5:23, 24
Pero si vivimos en la luz, así como Él está en la luz, tenemos
comunión unos con los otros.
1 Juan 1:7
Así que, ¡cuídense! Si tu hermano peca, repréndelo; y si se
arrepiente, perdónalo. Aun si peca contra siete veces en un día, y
siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo.
Lucas 17:3, 4
Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros.
Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos
a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos si se
aman los unos a los otros.
Juan 13:34,35
Capítulo Dieciocho

Su paternidad

Una de las cosas que mi esposo mencionó cuando le pedí que


compar era conmigo sus temores más profundos fue el temor de ser un
buen padre. “Creo que es algo que en general el hombre ende a
temer”, me dijo. “Estamos tan absortos en lo que hacemos en nuestro
trabajo que tememos que no hayamos hecho lo suficiente con nuestros
hijos. O tememos que no lo hicimos lo suficientemente bien, o nos falte
algo. Es aun peor con los adolescentes. Tememos no poder
comunicarnos con ellos porque podríamos ser vistos como viejos y sin
sen do”.
Su perspec va me tocó y decidí orar para que él fuera un buen padre.
Creo que mis oraciones hicieron una diferencia porque lo vi ser paciente
con nuestros hijos y menos inseguro de sus habilidades como padre.
Llegó a estar muy relajado y más capaz de disfrutarlos. Cuando era
necesario disciplinarlos estaba menos enojado o atormentado por los
remordimientos y con más capacidad para hablar con poder la sabiduría
en sus vidas. Ahora él ve que cualquier fallo en nuestros hijos no es
necesariamente un reflejo de su valor como padre.
Los pensamientos de fracaso e inep tud son la causa de que tantos
padres se rindan, se vayan, se vuelvan dominantes de esforzarse
demasiado, o desarrollen una ac tud pasiva y se vayan quedando atrás
en la vida de sus hijos. Esto puede ser muy abrumador especialmente
para un hombre que ya se siente como un fracaso en otras áreas. Las
madres también se abruman con pensamientos de inep tud, pero solo
las muy perturbadas abandonan, rechazan o hieren a sus hijos. Esto es
porque desde el momento de la concepción, tenemos la oportunidad de
derramar tanto de nosotras mismas en las vidas de nuestros hijos. Los
llevamos en el vientre, cuando son recién nacidos los lactamos y
cuidamos, guiamos, enseñamos y les amamos tanto que desde el
principio sen mos un vínculo completo. Los padres no enen ese
privilegio y a veces se sienten que están comenzando desde afuera,
tratando de entrar. Es muy fácil sen rse alejados e inú les por completo
si a la misma vez están empleando mucho empo y energía para
establecer sus carreras. Nuestras oraciones pueden ayudar a esta
situación.
¿Alguna vez ha orado alguien por cuando no podías pensar
correctamente, y después que oraron tuviste una claridad y visión
completas? Yo he experimentado eso un sinnúmero de veces. Creo que
esto es lo que puede suceder a nuestros esposos cuando oramos acerca
de su forma de criar a los niños. Si la duda les tortura y el sen do de
responsabilidad es una carga, podemos reducir estos sen mientos con
nuestras oraciones. La oración les puede ayudar a recobrar una
perspec va clara de lo que significa ser un buen padre, y abrirle la
puerta para que el Espíritu Santo le guíe en cuanto a cómo manejar los
retos que surgen en la crianza.
Mi esposo recordó un incidente específico donde él sabía que mis
oraciones por él en cuanto a su paternidad hicieron una gran diferencia.
Sucedió cuando nuestro hijo Christopher tenía como siete años de edad
y lo sorprendimos en una men ra. Sabíamos que teníamos que tratar
con esto, pero queríamos una confesión completa de parte de él junto
con un corazón arrepen do. En ese momento no sucedió nada. Michael
quería enseñarle algo pero no sabía qué hacer, por lo tanto me pidió
que orara. Se le hizo muy claro mientras yo oré. Mientras Chris miraba,
Michael dibujó un triángulo y un dibujo de Satanás, de Dios y de
Christopher, cada uno en una punta del triángulo. Entonces describió el
plan de Satanás para Chris y el plan de Dios para Chris. Ilustró cómo el
men r era parte del plan de Satanás, el cual Chris seguía. Con detalles
describió las consecuencias finales de seguir tras los planes de Satanás,
lo cual significaba viajar en una trayectoria alejada de Dios, y
Christopher fue tan conmovido que perdió el control y confesó la
men ra con un corazón arrepen do por completo. Michael dijo que él
sabía que si no hubiera sido por ese retrato tan claro de parte de Dios
jamás habría podido llegar a su hijo con la profundidad que era
necesaria.
La mejor forma para que un hombre sea un buen padre es conocer a
su Padre celes al y aprender a imitarlo. Mientras más empo pasa en la
presencia del Señor, siendo transformado a su imagen, mejor influencia
será cuando pase empo con sus hijos. Tendrá un corazón de padre
porque en ende el corazón del Padre. Esto puede ser di cil si tu esposo
no tuvo una relación buena con su padre terrenal. La forma en que un
hombre se relaciona con su papá, a menudo afecta cómo se va a
relacionar con su Padre Dios. Si fue abandonado, quizás tenga temor de
ser abandonado por Dios. Si su padre fue distante o incomprensivo,
puede que vea a Dios como distante e incomprensivo. Si dudaba del
amor de su padre, es posible que dude del amor de su Padre celes al. Si
está enojado con su padre, quizás también esté enojado con su Padre
Dios. Los sucesos del pasado en cuanto a su padre, pueden servir como
una barrera que no le permita conocer en verdad el amor del Padre.
Esto se extenderá a su relación con sus hijos.
Ora para que tu esposo crezca en un entendimiento mayor del amor
de su Padre celes al y que sea sanado de cualquiera idea errónea que
tenga en su corazón y en su mente en cuanto a eso.
Pídele al Señor que le sane esa enorme herida donde su padre le ha
fallado y él le echa la culpa a Dios. La Biblia dice: “Al que maldiga a su
padre y a su madre, su lámpara se apagará en la más densa oscuridad”
(Proverbios 20:20). A menos que perdone a su padre en su corazón, él
estará en la oscuridad en cuanto a cómo ser el mejor padre para sus
hijos. Su padre no ene que estar vivo para poner en orden esa relación,
porque lo que está en su corazón acerca de su padre, es lo que importa.
Ora para que tenga una ac tud correcta hacia su padre terrenal para
que nada se interponga entre él y su relación con su Padre Dios.
Los hombres no siempre se dan cuenta de lo importante que son en
la vida de sus hijos. A veces piensan que solamente están allí para
proveer lo material para ellos. Pero la importancia de la influencia de un
padre nunca puede ser subes mada. La forma en que él se relaciona con
sus hijos ha de moldear sus vidas para bien o para mal. También
cambiará su vida para siempre. Pues si falla como padre, siempre ha de
llevar con él ese sen do de fracaso. Si ene éxito, no habrá un éxito
mayor en su vida.
Oración

Señor, enséñale a (nombre del esposo) a ser un buen padre.


Donde él no fue moldeado según tus caminos, sánale aquellas áreas
y ayúdalo a perdonar a su papá. Dale una revelación de y un
hambre en su corazón para conocerte en verdad como su Padre
celes al. Atráele para que pase empo en tu presencia y pueda
conver rse más como tú, y comprender por completo tu
compasión y amor hacia él como Padre. Dale ese mismo corazón a él
por sus hijos
Ayúdalo a equilibrar la misericordia, el juicio, y la instrucción al
igual que tú lo haces. Aunque tú requieres obediencia, eres pronto
para reconocer un corazón arrepen do. Que él también sea así.
Enséñale cuándo y cómo disciplinar. Ayúdalo a ver que el que ama a
su hijo lo disciplina pronto (Proverbios 13:24). Que jamás “haga
enojar a sus hijos, sino criarlos según la disciplina e instrucción del
Señor” (Efesios 6:4).
Oro para que estemos unidos en las reglas que ponemos a
nuestros hijos y estar de acuerdo por completo en cómo los criamos.
Oro para que no haya ninguna con enda ni discusión en cuanto a
cómo lidiar con ellos y con los asuntos que rodean sus vidas.
Dale habilidad para comunicarse con sus hijos. Oro para que no
sea severo, duro, cruel, frío, abusivo, poco comunica vo, pasivo,
cri cón, débil, indiferente, negligente, no confiable, o que no se
involucra. Ayúdalo a ser amable, amoroso, de corazón erno, cálido,
interesado, que brinda apoyo, cariñoso, involucrado, fuerte,
constante, confiable, que comunique con sus palabras, comprensivo,
y paciente. Que requiera e inspire a sus hijos a honrarle como su
padre para que sus vidas sean largas y bendecidas.
Señor, sé que les pasamos una herencia espiritual a nuestros hijos.
Que la herencia que él pase sea rica en la plenitud de tu Espíritu
Santo. Ayúdale a moldear con claridad un caminar sumiso a tus
leyes. Que se deleite en sus hijos y anhele criarlos en tus caminos.
Ser un buen padre es algo que él desea mucho. Oro para que le
concedas el deseo de su corazón.

HERRAMIENTAS DE PODER
La corona del anciano son sus nietos; el orgullo de los hijos son sus
padres.
Proverbios 17:6
Porque el Señor disciplina a los que ama, como corrige un padre a su
hijo querido.
Proverbios 3:12
El padre del justo experimenta gran regocijo; quien ene un hijo
sabio se solaza en él.
Proverbios 23:24
Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te dará muchas
sa sfacciones.
Proverbios 29:17
Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas,
dice el Señor Todopoderoso. 2 Corin os 6:18
Capítulo Diecinueve

Su pasado

Michael tenía diecinueve años cuando se desplomó exhausto de los


nervios. Durante el día iba a la universidad a jornada completa, y en las
tardes y las noches escribía, hacía arreglos musicales y tocaba el piano y
los tambores en los clubes locales. Tenía mucha tensión, dormía poco y
trabajaba hasta la saciedad. El doctor de la familia sugirió que lo
internaran en un hospital psiquiátrico cercano donde pudiera descansar
lo necesario. Más tarde su madre me contó que ella y el doctor se
arrepin eron de esa decisión, pero en ese momento no sabían qué más
hacer. Michael describió sus dos semanas de “descanso” ahí como la
experiencia más aterradora de su vida. Observó comportamientos tan
extraños y horripilantes en los otros pacientes que se trauma zó con el
temor de que quizás nunca saldría. Regresó a la universidad con una
agenda de trabajo menos cargada, pero también con gran temor.
Durante los años que hemos estado casados, han habido momentos
donde él ha tenido tanto trabajo y presión que ha sen do la misma
clase de agotamiento. Esto siempre le recuerda lo que sucedió cuando
era adolescente.
El pasado le caía encima como un fantasma y lo amenazaba con el
pensamiento: Vas a terminar de nuevo en un hospital psiquiátrico. Él dice
que durante esos momentos es que mis oraciones han sido lo más
importante para él. Yo siempre oraba para que él conociera la verdad, y
la verdad lo hiciera libre (Juan 8:32). Oré para que Dios lo librara de su
pasado. Esto ha sido un proceso gradual, pero he visto adelantos cada
vez que he orado.
El pasado no es un lugar donde debemos vivir, sino algo de donde
aprender. Tenemos que olvidarnos de “lo que queda atrás” y hemos de
“seguir avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece
mediante su llamamiento celes al en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13, 14).
Dios es un redentor y un restaurador. Necesitamos permi r que sean
ambos. Él puede redimir el pasado y restaurar lo que se perdió. Puede
compensar por las cosas malas que han sucedido (Salmo 90:15).
Tenemos que confiar en que Él haga esas cosas. Jamás podremos salir
del presente y entrar en el futuro que Dios ene para nosotros si nos
aferramos del pasado y vivimos en él.
El pasado de tu esposo no solo lo afecta a él, sino a tus hijos también.
Es más que solo transmi r a tus hijos y nietos el color de tu cabello y de
tus ojos. Podemos dejar una herencia tan dolorosa y dañina como la
que nosotros mismos hemos experimentado. Les podemos legar una
herencia de divorcio, ira, ansiedad, depresión y temor, para mencionar
solo algunas. De lo que tú y tu esposo se puedan librar significará más
libertad para ellos. Mientras vivas en el pasado, no solo has de perder
un poco de lo que Dios ene para , sino también para el futuro de tus
hijos.
Es muy probable que los sucesos del pasado de tu esposo que más le
afectan hoy en su vida sean los que ocurrieron en su niñez. Las cosas
malas que sucedieron o las cosas buenas que no sucedieron con los
miembros de la familia son las de mayor importancia. El ser catalogado
de cierta forma por un familiar o compañero, pasa hasta la vida de
adulto. Palabras tales como “gordo”, “estúpido”, “falta de coordinación”,
“fracaso”, “pobre”, “perdedor”, “puerco”, “cuatro ojos”, “lento”, o “idiota”
se hacen sen r y quedan impresos en la mente y en las emociones hasta
bien entrada la adultez. Aunque nadie puede hacer como si el pasado
no hubiera exis do, es posible orar para que eliminar los efectos. Nadie
está des nado a vivir con ellos por siempre.
Dios dice que debemos clamar para ser libres, caminar en sus
caminos, proclamar su verdad, y entonces hemos de encontrar libertad
de nuestro pasado. Pero a veces existen niveles de libertad que hay que
atravesar. Quizás tu esposo cree que está libre de algo, pero esto vuelve
a su cabeza, dejándolo con el sen r de que está de nuevo donde
comenzó. Dile que no se desanime por eso. Si ha estado caminando con
el Señor, es posible que esté entrando en un nivel de libertad más
profundo, el cual Dios quiere obrar en su vida. Con seguridad tus
oraciones lo han de ceñir para la jornada hacia una libertad mayor.
Ser librado del pasado puede suceder muy rápido o puede ser un
proceso paso a paso, dependiendo de lo que Dios esté enseñando. El
problema es que no puedes hacer que suceda a tu empo. Tienes que
ser paciente y orar el empo que sea necesario para poder mantener
contenidas las voces del pasado y tu esposo pueda tomar la decisión de
no oírlas.
Oración

Señor, oro para que ayudes a (nombre del esposo) a dejar su


pasado por completo. Líbralo de cualquier cosa que lo esté
sujetando. Ayúdalo a quitarse el viejo comportamiento y la manera
en que acostumbraba a pensar en él y ser renovado en su mente
(Efesios 4:22, 23). Dale un entendimiento mayor para saber que tú
haces todas las cosas nuevas (Apocalipsis 21:5).
Muéstrale una manera fresca e inspirada por el Espíritu Santo de
relacionarse con las cosas nega vas que han sucedido. Dale la mente
de Cristo para que pueda discernir con claridad entre tu voz y las
voces del pasado. Cuando escuche aquellas voces viejas, ayúdalo a
levantarse y a apagarlas con la verdad de tu Palabra. Donde con
anterioridad ha experimentado rechazo o dolor, oro para que no le
permita influir en lo que ahora ve y oye.
Derrama perdón dentro de su corazón para que la amargura, el
resen miento, la venganza y la falta de perdón no tengan lugar ahí.
Que pueda ver el pasado solo como una lección de historia y no
como una guía para su diario vivir.
Dondequiera que su pasado se ha conver do en un recuerdo
desagradable, oro para que tú lo restaures y saques vida de ahí.
Cubre con vendas sus heridas (Salmo 147:3). Restaura su alma
(Salmo 23:3).
Ayúdalo a soltar el pasado para que no viva en él, sino que
aprenda de él, que rompa con él y entre en el futuro que tú enes
para él.

HERRAMIENTAS DE PODER
Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer
algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo
un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados.
Isaías 43:18, 19
Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo
viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!
2 Corin os 5:17
Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían
quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por
los deseos engañosos; ser renovados en la ac tud de su mente y
ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a la imagen de
Dios, en verdadera jus cia y san dad.
Efesios 4:22-24
Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro
nos vamos renovando día tras día.
2 Corin os 4:16
Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni
llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de
exis r.
Apocalipsis 21:4
Capítulo Veinte

Su ac tud

A nadie le gusta estar alrededor de una persona que ene mala


ac tud. La vida es lo suficiente dura sin tener que oír a alguien que se
queje de con nuo. Yo conozco a un hombre que está tan acostumbrado
a estar enojado y a sen rse desdichado que esa es su primera reacción a
todo; aun a las buenas no cias. Cuando cosas maravillosas suceden,
encuentra algo por lo cual estar enojado. Desgraciadamente esto fue
moldeado desde niño, por lo tanto es probable que sea una respuesta
aprendida. Quizás nunca nadie lo enseñó a disfrutar de la vida. Pero
permi r que el pasado controle el día de hoy es una decisión que él
hace. Por eso, no solo jamás será feliz, sino que tampoco lo serán
aquellos que están alrededor de él. Nosotros no queremos ser ese po
de persona ni vivir con alguien así.
Sin mencionar nombres, déjame asegurarte que soy una experta en
cuanto a orar por alguien que ene mala ac tud. Sin embargo, me tomó
mucho empo dejar de reaccionar a lo nega vo y en su lugar comenzar
a orar por eso. Valió la pena, pero aun estoy perfeccionando este modo
de operación. Cada vez que oraba para que un espíritu de gozo se
levantara dentro del corazón de una persona, pude ver cambios visibles
y mi reacción también era mejor.
Una persona dura, enojada, sin perdonar, nega va, puede ponerse así
por varias razones. Se man ene así por una voluntad terca que se niega
a recibir el amor de Dios. La Biblia dice que tenemos para escoger lo que
permi mos entrar en nuestro corazón (Salmo 101:4), y podemos escoger
si nos endurecemos o no endurecemos ante el amor de Dios (Proverbios
28:14). Nosotros escogemos nuestra ac tud. Elegimos recibir el amor de
Dios. Permi mos que se levante dentro de nosotros una ac tud de
agradecimiento.
Si tu esposo con nuamente ene mala ac tud, hará de un
matrimonio bueno, uno desdichado, y de un matrimonio tambaleante,
uno intolerable. La costumbre de contestar nega vamente afectará de
forma adversa cada aspecto de su vida. Claro, tú no puedes gobernar la
voluntad de tu esposo, pero puedes orar para que su voluntad se ponga
en línea con la de Dios. Ora para que su corazón se vuelva puro, porque
la Biblia promete que la persona de corazón puro verá a Dios (Mateo
5:8) y tendrá un rostro alegre (Proverbios 15:13). ¿A quien no le gustaría
que su esposo vea a Dios y tenga un rostro alegre? Ora para que su
corazón sea lleno de alabanza, agradecimiento, amor, y gozo, porque “el
que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien”
(Mateo 12:35). Aunque no haya cambios importantes de inmediato,
seguro que tus oraciones le han de suavizar. Y por lo menos eso te
puede dar a una ac tud mejor mientras esperas que la de él mejore.
Oración

Señor, llena hoy a (nombre del esposo) con tu amor y paz . Que
haya tranquilidad, serenidad y un sen r de bienestar establecido en
él porque su vida está controlada por Dios, en lugar de controlada
por su carne.
Ayúdalo a caminar delante de en su casa, con un corazón limpio
y perfecto (Salmo 101:2). Haz brillar sobre él la luz de tu Espíritu
Santo y llénalo con tu amor.
Oro para que sea amable y paciente, no egoísta o que se irrite con
facilidad. Ayúdalo a disculpar todo, a creer todo, a esperar todo, y a
soportar todo (1 Corin os 13:7). Líbralo de la ira, intranquilidad,
ansiedad, preocupaciones, confusión interna, con enda y presión.
Que no sea quebrantado por causa del dolor (Proverbios 15:13), sino
que pueda disfrutar de con nuo la fiesta de un corazón contento
(Proverbios 15:15).
Dale un espíritu de gozo y ayúdalo a no conver rse en un hombre
viejo refunfuñón. Ayúdalo a no estar ansioso por nada, sino dar
gracias en todo para que pueda conocer la paz que sobrepasa todo
entendimiento. Que pueda llegar hasta el punto de decir: “He
aprendido a estar sa sfecho en cualquier situación en que me
encuentre” (Filipenses 4:11).
Le digo a (nombre del esposo) este día, “El Señor te bendiga y te
guarde; el Señor te mire con agrado y te ex enda su amor; el Señor
te muestre su favor y te conceda la paz” (Números 6:2426).

HERRAMIENTAS DE PODER
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y
ruego, presenten sus pe ciones a Dios y denle gracias. Y la paz de
Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y
sus pensamientos en Cristo Jesús
Filipenses 4:6, 7
Arrojen de una vez por todas las maldades que come eron contra
mí, y háganse de un corazón y de un espíritu nuevos.
Ezequiel 18:31
Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse.
Proverbios 25:28
Si tengo el don de profecía y en endo todos los misterios y poseo
todo conocimiento, y si tengo una fe que logra trasladar montañas,
pero me falta el amor, no soy nada.
1 Corin os 13:2
Entren por sus puertas con acción de gracias; vengan a sus atrios con
himnos de alabanza; denle gracias, alaben su nombre.
Salmo 100:4
Capítulo Vein uno

Su matrimonio

Una de las caracterís cas que yo quería en un esposo antes de casarme


era que no le interesaran los deportes. Yo detestaba la idea de estar el
resto de mi vida con alguien que pasara cada momento libre sentado en
el sofá con el control remoto en la mano, mirando fútbol, pelota,
baloncesto, y golf. Una de las cosas que más admiré en Michael cuando
comenzamos a salir fue que nunca mencionó los deportes cuando
estábamos juntos. De hecho, afirmó que se aburría por completo con los
deportes. Te puedes imaginar mi asombro, cuando varios años después
de estar casados, no solo se interesó en los deportes, sino que se
convir eron en una obsesión. Si perdían los Chicago Bears, al final
también perdía el resto de la familia. Cuando ganaban los Cubs, todos
los que estaban alrededor de él se quedaban sordos por sus gritos. No
estaba contento con solo ver un juego de vez en cuando; tenía que ver
todos los juegos. No era un observador pasivo. Se ponía las camisetas de
los Bears y las gorras de los Cubs y brincaba. Traté de ir a juegos con él,
pero me atraían más los perros calientes. Traté de ver los deportes en la
televisión con él, pero el aburrimiento era insoportable. Cedí al
resen miento por el hecho de que parecía que prefería ver un deporte
en lugar de pasar empo con su familia.
No fue hasta años después, cuando en realidad comencé a orar por
nuestro matrimonio, que las cosas cambiaron. Por alguna razón que no
pude comprender, Dios no le quitó a mi esposo el interés por los
deportes. En lugar de eso, Él me dio a mí paz y una perspec va nueva.
Llegamos a un compromiso donde yo no le iba a poner presión para
impedir que viera los deportes si él no me ponía presión a mi de tener
que fingir interés. No le acusaría de usar tác cas engañosas antes de
casarnos si él me concedía a mí la misma cortesía. Esto puede lucir como
un asunto de poca importancia dentro de un matrimonio, pero estas
clases de cosas se van sumando y pueden ser fundamentales en
determinar si un matrimonio se queda junto o se deshace.
Orar por todos los aspectos de un matrimonio man ene la idea del
divorcio lejos de tomar auge. Por lo tanto, no debemos descuidar los
temas importantes, aunque pensemos que no se aplican a nosotros.
Desde el día que nos casamos, oré para que no hubiera divorcio ni
adulterio en nuestro futuro. Aunque no exis a historia alguna de eso en
nuestras familias, el divorcio y el adulterio habían saturado tanto a
nuestra cultura y a los negocios en que estábamos nosotros
involucrados, que en ciertos círculos era de esperarse. Oré para que Dios
mantuviera nuestro matrimonio lejos de tal destrucción. Dios ha sido
fiel en contestar aquellas oraciones.
El matrimonio es fantás co cuando dos personas entran en él con el
compromiso mutuo de mantenerlo fuerte, no importa qué suceda. Pero
a menudo, una pareja ene ideas preconcebidas acerca del otro, y cómo
se supone que debe ser la vida matrimonial; luego pega la realidad. Ahí
es cuando sus reinos pueden ser divididos. Tienes que orar
con nuamente para que cualquier expectación inverosímil sea puesta al
descubierto y toda incompa bilidad sea allanada para que puedan
crecer juntos en un espíritu de unidad, compromiso, y vínculo de
in midad. Ora para que tu matrimonio esté en una posición donde
ambos estén de acuerdo, y Dios esté entre ustedes. (Mateo 18:19, 20). Si
alguno de ustedes dos ha estado casado antes, ora para que no traigan
ningún residuo del matrimonio anterior a este. Rompe cualquier
atadura, buena o mala, emocional o espiritual, a relaciones anteriores.
No puedes entrar en el futuro si enes un pie en el pasado.
No tomes tu matrimonio a la ligera, no importa cuán maravilloso éste
sea. “Por lo tanto, si alguno piensa que está firme, tenga cuidado de no
caer” (1 Corin os 10:12). Ora para que tu matrimonio esté a salvo de
cualquier persona o situación que lo pueda destruir. Pídele al Señor que
haga lo que sea necesario para mantener el matrimonio intacto,
¡aunque signifique que el Señor nos tenga que disciplinar como sea
necesario cuando piensen que Él se ha dado por vencido! Ora para que
el Señor haga de su matrimonio una fuente de gozo y de vida para
ambos, y no que sea una carga, una espina, un terror, una irritación, o
una condición temporal.
Oración

Señor, oro para que protejas nuestro matrimonio de cualquier


cosa que pudiera dañarlo o destruirlo. Protégelo de nuestro egoísmo
y descuido, de los planes y deseos malos de otras personas, y de
situaciones feas o peligrosas. Que no haya pensamiento alguno de
divorcio o infidelidad dentro de nuestros corazones, y ninguno en
nuestro futuro. Líbranos de heridas, recuerdos o ataduras de
relaciones del pasado y de expecta vas no reales que tengamos el
uno del otro. Oro para que no haya celos en ninguno de nosotros, o
la baja autoes ma que lo precede. Que no entre nada en nuestros
corazones y costumbres que pueda amenazar de cualquier manera el
matrimonio, en especial los vicios tales como el alcohol, las drogas,
las apuestas, la pornogra a, la lujuria o las obsesiones.
Únenos en un vínculo de amistad, compromiso, generosidad, y
entendimiento. Elimina nuestra inmadurez, hos lidad, o
sen mientos de inep tud. Ayúdanos a sacar empo para el otro,
para estar solos, para cul var y renovar el matrimonio y para
recordarnos las razones por las cuales nos casamos. Oro para que
(nombre del esposo) se comprometa con go, Señor, que su
compromiso conmigo no sea movido, no importa qué tormentas
vengan. Oro para que el amor del uno al otro crezca cada día más
fuerte, para que jamás dejemos una herencia de divorcio a nuestros
hijos.

HERRAMIENTAS DE PODER
Más valen dos que uno, porque ob enen más fruto de su esfuerzo.
Si caen, el uno levanta al otro.
¡Ay del que cae y no ene quien lo levante!
Eclesiastés 4:9,10
Así que cuídense ustedes en su propio espíritu, y no traicionen a la
esposa de su juventud. “Yo aborrezco el divorcio, dice el Señor, Dios
de Israel, “y al que cubre de violencia sus ves duras”, dice el Señor
Todopoderoso. Así que cuídense en su espíritu y no sean
traicioneros.
Malaquías 2:15,16
Tengan todos en alta es ma el matrimonio y la fidelidad conyugal,
porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen
inmoralidades sexuales.
Hebreos 13:4
Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a
calentarse?
Eclesiastés 4:11
A los casados les doy la siguiente orden (no yo sino el Señor): que la
mujer no se separe de su esposo. Sin embargo, si se separa, que no
se vuelva a casar; de lo contrario, que se reconcilie con su esposo.
Así mismo, que el hombre no se divorcie de su esposa.
1 Corin os 7: 10, 11
Capítulo Vein dós

Sus emociones

Daniel u lizó la ira para controlar a su familia. Cada miembro de la


familia estaba tan preocupado por su temperamento que vivían sus
vidas andando en pun llas, cumplían sus antojos a causa del temor en
lugar de por amor. Cuando su esposa Marta aprendió que no solo no
tenía que tolerar su ira, sino que decir amén a todo era desobedecer a
Dios, las cosas comenzaron a cambiar. “No te hagas amigo de gente
violenta, ni te juntes con los iracundos, no sea que aprendas sus malas
costumbres y tú mismo caigas en la trampa” (Proverbios 22:24, 25).
Marta se dio cuenta de que aún podía amar al hombre pero no
aprobar su pecado, por lo tanto comenzó a orar con regularidad por él,
con fervor, tanto sola como con un grupo de compañeras de oración.
Oró para que él dejara de ser controlado por sus emociones, y en lugar
de eso fuera controlado por el Espíritu Santo. Sus oraciones no solo lo
ayudaron a él a aclarar su mente lo suficiente como para ver cómo había
estado actuando, sino que le trazaron el camino para que pudiera
encontrar la fuerza y el valor de cambiar su comportamiento. “El regalo
secreto apacigua el enojo” (Proverbios 21:14). El mejor regalo que una
esposa puede dar en secreto para calmar el enojo de su esposo es orar
por él.
Por años Javier fue atormentado con depresión crónica. Aunque su
esposa María era una persona op mista, las emociones nega vas de él
la derrumbaron y la hicieron sen r desesperada y deprimida como él.
Entonces leyó acerca de las experiencias del rey David y se dio cuenta de
que describían con precisión lo que su esposo había estado sin endo.
“Tan colmado estoy de calamidades que mi vida está al borde del
sepulcro. Ya me cuentan entre los que bajan a la fosa; parezco un
guerrero desvalido” (Salmo 88:3, 4). “Estoy agobiado, del todo aba do;
todo el día ando acongojado…. Me siento débil, completamente
deshecho; mi corazón gime angus ado” (Salmo 38:6,8).
María vio que a pesar de estar tan desesperado, David encontró su
esperanza en el Señor y lo superó. “Tú, Señor, me sacaste del sepulcro;
me hiciste revivir de entre los muertos” (Salmo 30:3). “Me ale-gro y me
regocijo en tu amor, porque tú has visto mi aflicción y conoces las
angus as de mi alma” (Salmo 31:7). “Ven a mi lado, y rescátame” (Salmo
69:18). Ella sin ó que Dios en realidad tenía compasión por Javier, y eso
despertó la esperanza dentro de ella de que la oración era la clave para
liberarlo de las garras de la depresión.
Ella le dijo a Javier que se había comprome do a orar por él todos los
días y quería que él le informara cómo se estaba sin endo. Desde el
primer día, ambos se dieron cuenta de que cada vez que ella oraba, su
espíritu se levantaba. Pronto él ya no pudo negar el poder de la oración
y comenzó a orar con ella. Desde entonces se sigue mejorando. Sus
depresiones ahora son menos frecuentes y es capaz de superarlas
mucha más rápido. Los dos están comprome dos a buscar de Dios por la
libertad total de Javier.
El enojo y la depresión son solo dos de las muchas emociones
nega vas que pueden atormentar el alma de un hombre. A veces es
una costumbre en la forma de pensar, a la que se le ha dado lugar a
través del empo. Los hombres enen la tendencia de creer que es
parte de su carácter que no pueden cambiar, pero estos patrones
pueden ser rotos. No te quedes parada viendo cómo tu esposo es
manipulado por sus emociones. La libertad puede estar a solo una
oración de distancia.
Oración

Señor, tú has dicho en tu Palabra que tú redimes nuestras almas


cuando ponemos nuestra confianza en (Salmo 34:22).
Oro para que (nombre del esposo) tenga confianza en que tú
redimes su alma de las emociones nega vas. Que nunca sea
controlado por la depresión, el enojo, la ansiedad, los celos, el
desespero, el temor o pensamientos de suicidio. En específico oro
por (preocupación). Líbralo de esto y toda otra emoción
controladora (Salmo 40:17). Yo sé que solo tú puedes librar y sanar,
pero úsame a mí como tu instrumento de restauración. Ayúdame a
no ser derrumbada con él cuando él lucha. En lugar de eso ayúdame
a comprender y a poder decir palabras que le ofrezcan vida.
Permítele que comparta sus emociones más profundas conmigo y
con otros que lo pueden ayudar. Líbralo para que llore cuando lo
necesite y no reprima sus emociones. Al mismo empo, dale el don
de la risa y la habilidad de encontrar el humor aun en situaciones
serias. Enséñale a quitar sus ojos de sus circunstancias y que con e
en , a pesar de como se siente.
Dale la paciencia para poseer su alma y la habilidad de tomar
control de él (Lucas 21:19). En este día úngelo con “el aceite de
alegría” (Isaías 61:3), refréscalo con tu Espíritu, y ponlo en libertad
de las emociones nega vas.

HERRAMIENTAS DE PODER
Necio es el que con a en sí mismo: el que actúa con sabiduría se
pone a salvo.
Proverbios 28:26
Pero el Señor cuida de los que le temen, de los que esperan en su
gran amor; él los libra de la muerte.
Salmo 33:18, 19
Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó
mi clamor. Me sacó de la fosa de la muerte, del lodo y del pantano;
puso mis pies sobre una roca, y me plantó en terreno firme. Puso en
mis labios un cán co nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios.
Al ver esto, muchos tuvieron miedo y pusieron su confianza en el
Señor.
Salmo 40:1-3
Me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de jus cia por amor
a su nombre.
Salmo 23:3
El Señor libra a sus siervos; no serán condenados los que en él
con an.
Salmo 34:22

Capítulo Vein trés

Su camino

E l camino del hombre es la manera en que él hace su viaje por la


vida… su dirección, su enfoque, los pasos que toma. Cada día él escoge
un camino. Uno lo llevará hacia delante; todos los demás lo llevarán
hacia atrás. El camino que toma afecta todo aspecto de su ser; cómo se
desenvuelve con otras personas, cómo trata a su familia, cómo las
personas lo ven a él, incluso cómo luce. He visto a hombres poco
atrac vos, desde cualquier punto de vista, cambiar de forma radical al
aprender a caminar con el Espíritu de Dios. Al ser impresa la imagen de
Dios en ellos, desarrollaron riqueza de alma, pureza gloriosa, y confianza
interna de saber hacia dónde se dirigían. Esto les dio fortaleza y un
sen do de propósito que no solo es atrac vo y atrayente, es magné co.
La Biblia revela mucho acerca de la clase de camino que debemos
tener. Hemos de caminar con moral correcta porque “el Señor brinda
generosamente su bondad a los que se conducen sin tacha” (Salmo
84:11). Hemos de caminar sin falta porque “el que es honrado se
mantendrá a salvo” (Proverbio 28:18). Hemos de caminar con consejeros
de Dios porque “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los
malvados” (Salmo 1:1). Hemos de caminar en la obediencia porque
“dichosos todos los que temen al Señor, los que van por sus caminos”
(Salmo 128:1). Hemos de caminar con personas de sabiduría porque “el
que con sabios anda, sabio se vuelve” (Proverbio 13:20). Hemos de
caminar con integridad porque “quien se conduce con integridad, anda
seguro” (Proverbio 10:9). Mas que todo, hemos de andar un camino de
san dad. “Habrá allí una calzada que será llamada Camino de san dad.
No viajarán por ella los impuros, ni transitarán por ella los necios; será
sólo para los que siguen el camino” (Isaías 35:8). La mejor parte de
caminar en el Camino de san dad es que si aun terminamos haciendo
algo tonto, no seremos lanzados del camino.
Bernardo, el esposo de Débora, es un hombre de Dios que no sería
considerado un hombre necio. Sin embargo, por impulso hizo una
inversión de una suma de dinero bastante grande que, en defini va,
probó ser algo muy disparatado. Todo aquel dinero se perdió, y más,
porque tuvo como resultado muchos gastos que se añadieron. Este
asunto pudo haber destruido su economía, y es posible que hasta la
salud de ellos y su matrimonio, pero puesto que Bernardo caminaba
ante el Señor con una obediencia y san dad sólidas, fueron
perdonados. El hecho fue, que él se adelantó a correr por el camino, y
como un necio no esperó la dirección de Dios, se involucró en un
problema, pero no para su destrucción.
Jesús dijo que solo hay una manera de andar en el camino correcto,
una puerta por donde entrar. “Yo soy el camino”, dice Él (Juan 14:6). El
camino a la destrucción es ancho y espacioso y muchos escogen ir por
ese rumbo. Pero “estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce
a la vida, y son pocos los que la encuentran” (Mateo 7:14). Ora para que
tu esposo la encuentre y sea guiado por el Espíritu Santo de Dios. Para
que se mantenga en el camino, tenga fe en la Palabra de Dios, un
corazón para la obediencia, y un arrepen miento profundo para
cualquier acción que él tome que no sea la voluntad de Dios para su
vida. La fe y la obediencia lo pondrán sobre el Camino de san dad; el
caminar en el Espíritu, y no en la carne, lo mantendrá allí.
Dios desea que todo paso de tu esposo sea guiado por Él (Gálatas 5:25),
para que pueda caminar con Él, y crecer a la imagen de Él. Un hombre
que camina con Dios es muy anhelado.
Oración

“Señor, yo sé que el hombre no es dueño de su des no, que no le


es dado al caminante dirigir sus propios pasos” (Jeremías 10:23). Por
lo tanto, Señor, oro para que tú dirijas los pasos de mi esposo.
Guíalo en tu luz, enséñale tus caminos para que él camine en tu
verdad. Oro para que tenga un caminar más profundo con go y un
hambre por tu Palabra que aumente siempre. Que tu presencia sea
como una delicia que él jamás deje de anhelar. Guíalo por tu camino
y que confiese rápidamente cuando se aleja de él. Revélale cualquier
pecado escondido que le impida caminar con rec tud delante de .
Que experimente un arrepen miento profundo cuando no vive en
obediencia a tus leyes. Crea en él un corazón limpio y renueva la
firmeza de su espíritu. No lo alejes de tu presencia, ni le quites tu
Espíritu Santo (Salmo 51:10,11).
Señor, tu Palabra dice que aquellos que caminan según la carne no
te pueden complacer
(Romanos 8:8). Por lo tanto oro para que tú permitas a (nombre del
esposo) caminar en el Espíritu y no en la carne y de esa forma
mantenerse lejos “del camino de la violencia” (Salmo 17:4). Al
caminar en el Espíritu, que lleve el fruto del Espíritu, el cual es amor,
alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y
dominio propio (Gálatas 5:22,23). Mantenlo en el Camino de la
san dad para que su andar se integre a cada parte de su vida.

HERRAMIENTAS DE PODER
Que vivan de una manera digna del llamamiento que han recibido,
siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en
amor.
Efesios 4:1,2
Sólo el que procede con jus cia y habla con rec tud, el que rechaza
la ganancia de la extorsión y se sacude las manos para no aceptar
soborno, el que no presta oído a las conjuras de asesinato y cierra
los ojos para no contemplar el mal. Ese tal morará en las alturas;
tendrá como refugio una fortaleza de rocas, se le proveerá de pan, y
no le faltará el agua.
Isaías 33:15,16
Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos
de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en
el temor de Dios la obra de nuestra san ficación.
2 Corin os 7:1
¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en
tu monte santo? Sólo el de conducta intachable, que prac ca la
jus cia y de corazón dice la verdad.
Salmos 15:1,2
Pondré mis ojos en los fieles de la erra, para que habiten conmigo;
sólo estarán a mi servicio los de conducta intachable.
Salmos 101:6
Capítulo Vein cuatro

Su hablar

¿Alguna vez has observado a un hombre que habla mucho pero no


hace nada? Algunos hombres pasan más empo haciendo alarde de lo
que van a hacer que lo que en realidad hacen. Como de costumbre,
jamás llegan a ninguna parte. “Quien mucho se preocupa ene
pesadillas, y quien mucho habla dice tonterías” (Eclesiastés 5:3). Los
sueños no se hacen realidad cuando pasas mucho empo hablando
acerca de ellos, sino cuando oras y trabajas para alcanzarlos.
¿Has estado alrededor de un hombre que está enojado, es grosero o
impío en su hablar? Si dice malas palabras deja una sensación fea y
desagradable a las personas que lo escuchan y ellas no quieren estar
alrededor de él. “Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y
calumnias, y toda forma de malicia” (Efesios 4:31). Las cosas buenas de
la vida parecen pasar por alto a aquellos que no enen nada bueno
saliendo de sus bocas.
¿Alguna vez has conocido a un hombre que se queja todo el empo?
No importa lo que esté sucediendo, logra encontrar algo nega vo por lo
cual refunfuñar. “Háganlo todo sin quejas ni con endas, para que sean
intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación
torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el
firmamento” (Filipenses 2:14,15). Las palabras nega vas traen resultados
nega vos y rara vez las cosas acaban bien para una persona que de
con nuo las usa.
¿Conoces a algún hombre que es rápido para hablar pero, sin
embargo, no considera con seriedad lo que habla? Suelta palabras sin
medir el efecto de ellas. “El corazón del justo medita sus respuestas,
pero la boca del malvado rebosa de maldad” (Proverbios 15:28). “¿Te has
fijado en los que hablan sin pensar? ¡Más se puede esperar de un necio
que de gente así!” (Proverbios 29:20). Mucho dolor le espera a
cualquiera que no considera las consecuencias de sus palabras.
¿Has visto a un hombre que cuando habla causa desánimo y dolor a
otra persona, al cónyuge, un niño, un amigo, un compañero de trabajo?
“En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de
su fruto” (Proverbios 18:21). A causa de eso, aquel hombre traerá
destrucción a su propia vida.
Nuestras palabras nos pueden jus ficar o condenar (Mateo 12:37).
Nos pueden traer gozo (Proverbios 15:23), o corromper y causarnos
deshonra (Mateo 15:11). Lo que decimos puede edificar o derrumbar el
alma de cualquier persona con quien hablemos (Proverbios 15:4). Las
consecuencias de lo que hablamos son tan grandes que nuestras
palabras nos pueden llevar a la ruina o pueden salvar nuestras vidas
(Proverbios 13:3).
Toda persona puede escoger lo que va a decir, y existen recompensas
por elegir lo correcto. “El que refrena su boca y su lengua se libra de
muchas angus as” (Proverbios 21:23). Escucha cómo habla tu esposo. Lo
que sale de su boca ene que ver con la condición de su corazón. “De la
abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Si lo oyes
quejarse, hablar de forma nega va, como un necio, o decir palabras que
traen destrucción y muerte a su vida o a la de otra persona, en su
corazón abundan cosas nega vas. Ora para que el Espíritu Santo le dé
convicción a su corazón, lo llene de su amor, paz, y gozo, y le enseñe una
manera nueva de hablar.
Oración

Señor, oro para que tu Espíritu Santo guarde la boca de mi esposo,


para que solo hable palabras que edifiquen y traigan vida. Ayúdalo a
no ser refunfuñón, uno que se queja, que dice malas palabras o que
destruye con sus palabras, sino que sea disciplinado para mantener
su conversación pura. Tu Palabra dice que el que quiera disfrutar de
una vida larga ene que refrenar su lengua de hablar mal y sus
labios de proferir engaños (Salmo 34:12-13). Enséñalo cómo hacerlo.
Llénalo de tu amor para que de la abundancia de su corazón salgan
palabras que edifiquen y no que destruyan. Obra eso en mi corazón
también.
Que tu Espíritu de amor reine en las palabras que hablemos para
que no tengamos malentendidos ni nos las memos el uno al otro.
Ayúdanos a respetarnos, hablar palabras que animen, compar r
nuestros sen mientos abiertamente, y llegar a acuerdos mutuos sin
con enda. Señor, tú has dicho en tu Palabra que cuando dos se
ponen de acuerdo, tú estás en medio de ellos. Oro para que lo
opuesto también sea verdad; que tú estarás en medio nuestro para
que nosotros dos estemos de acuerdo. “Sean, pues, aceptables ante
mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor
mío” (Salmo 19:14).

HERRAMIENTAS DE PODER
Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras
contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para
quienes escuchan.
Efesios 4:29
Pero yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar
cuenta de toda palabra ociosa que hayan pronunciado.
Mateo 12:36
El que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su
lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños.
Salmo 34:12,13
Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son
su ruina.
Eclesiastés 10:12
Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la
persona.
Mateo 15:18

Capítulo Vein cinco

Su arrepen miento

D urante años Susana oró todos los días para que su esposo Juan
dejara de consumir drogas. Una y otra vez lo sorprendía haciendo la
misma cosa. En cada ocasión, él lo confesaba, decía que lo sen a y
juraba que no lo volvería a hacer. Pero una y otra vez caía en lo mismo.
Ella jamás cesó de orar para que el verdadero arrepen miento tomara
lugar en su corazón; la clase de arrepen miento que hace que un
hombre se dé vuelta y camine en dirección opuesta. Por desgracia, Juan
tuvo que aprender algunas lecciones duras y dolorosas antes que él
dirigiera su atención a Dios, pero con el empo hubo una
transformación que cambió su vida. Hoy día es un hombre nuevo, y
junto a Susana ene un ministerio público ayudando a personas con
problemas similares. Susana era una esposa de oración que jamás cesó
de creer que Dios traería a su esposo al arrepen miento.
Todos cometemos errores, ese no es el asunto. Pero en el mundo hay
como una epidemia de personas que no pueden admi r que han hecho
algo mal. Dios dice: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y
justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9). Sin
embargo, primero tenemos que arrepen rnos de lo que hayamos hecho.
De acuerdo con la manera de Dios hacer las cosas, existen tres pasos
para cambiar nuestro comportamiento. 1. Confesión: admi r lo que
hemos hecho. 2. Arrepen miento: sen rnos apenados por lo que hemos
hecho. 3. Pedir perdón: lo cual es para ser lavados y libres de lo que
hemos hecho. La incapacidad o resistencia de realizar cualquiera de
estos tres pasos está arraigado en el orgullo. Un hombre que no se
puede humillar delante de Dios ni de los hombres para admi r que está
equivocado, tendrá problemas en su vida que jamás superará. “¿Te has
fijado en quien se cree muy sabio? Más se puede esperar de un necio
que de gente así” (Proverbios 26:12).
¿Tiene tu esposo dificultad para confesar sus faltas? ¿O es de la clase
de personas que puede decir “lo siento veinte veces al día, sin embargo,
el comportamiento por el cual pide disculpa no cambia? De todas
maneras, él necesita un corazón arrepen do. El arrepen miento real
significa sen r tanto remordimiento por lo que has hecho, que no
vuelves a hacerlo. Solo Dios puede hacer que nosotros veamos nuestro
pecado tal cual es, y sen r de la misma manera que Él siente acerca de
eso. “La bondad de Dios quiere llevarte al arrepen miento” (Romanos
2:4). Arrepen miento es un obrar de la gracia de Dios, y nosotros
podemos orar para que suceda en nuestros esposos.
Demasiados hombres han caído por causa del orgullo y la incapacidad
de confesar y arrepen rse. Lo vemos muy a menudo. Leemos acerca de
esto en los periódicos. El pecado sin confesar no se va; se convierte en
un cáncer que crece y ahoga la vida. Ora para que tu esposo tenga
convicción de su pecado, que lo confiese a Dios de forma humilde, y
después que le dé la espalda a su error y cese de hacerlo. Dios “no
quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan” (2 Pedro 3:9).
Esta clase de oración puede ser muy molesta para la persona por la cual
se está orando, pero es mucho más fácil que resplandezca la luz de Dios
sobre nuestro pecado, que experimentar las consecuencias del mismo.
Al final tu esposo estará agradecido, aunque no lo admita.
Oración

Señor, oro para que mi esposo admita cualquier error en su vida.


No permitas que haya “nada encubierto que no llegue a revelarse, ni
nada escondido que no llegue a conocerse” (Mateo 10:26).
Límpialo de cualquier pecado secreto y enséñale a ser una persona
que esté dispuesta a confesar cuando está equivocado (Salmo
19:12). Ayúdale a reconocer sus errores. Dale ojos para que vea tu
verdad y oídos para oír tu voz. Tráelo a un arrepen miento total
delante de . Si ene que sufrir, permite que sea el sufrimiento de
un corazón arrepen do, y no porque la mano aplastante del
enemigo ha encontrado una oportunidad en su vida por el pecado
sin confesar. Señor, yo sé que la humildad ene que venir antes del
honor (Proverbios 15:33). Quita todo orgullo que pueda hacerle
negar sus faltas y obra en su alma una humildad de corazón para
que él pueda recibir el honor que tú enes para él.

HERRAMIENTAS DE PODER
Queridos hermanos, si el corazón no nos condena, tenemos
confianza delante de Dios, y recibimos todo lo que le pedimos
porque obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
1 Juan 3:21, 22
Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo
deja, halla perdón.
Proverbios 28:13
Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y
sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame
por el camino eterno.
Salmo 139:23, 24
Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi
gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del
verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te
confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: “Voy a
confesar mis transgresiones al Señor”, y tú perdonaste mi maldad y
mi pecado.
Salmo 32:3-5
Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser
amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así
humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de
que Dios les conceda el arrepen miento para conocer la verdad, de
modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los
ene cau vos, sumisos a su voluntad.
2 Timoteo 2:24-26

Capítulo Vein séis

Su liberación

M elissa estaba preocupada por la atracción que su esposo sen a por


el alcohol. Marcos no era realmente un alcohólico, pero estaba
demostrando síntomas similares a los de su padre, quien sí era un
alcohólico. Ella oró para romper cualquier tendencia similar que pudiera
haber sido heredada por su esposo, y también para que sus hijos no
heredaran esa debilidad. Le pidió a Dios que los protegiera a todos ellos
de todo síntoma de alcoholismo. Hasta hoy día su esposo no se ha
conver do en alcohólico y sus hijos adolescentes no muestran ningún
indicio. Ella siente que el poder de Dios, en respuesta a sus oraciones,
ha representado un papel importante en guardarlos de heredar esta
condición.
Sara llevaba poco empo casada con Jorge cuando se dio cuenta de
que él luchaba contra un espíritu de lujuria. No era que él no la amara,
sino que él estaba lidiando con los pecados de su pasado; un es lo de
vida promiscuo del cual en realidad nunca se había distanciado por
completo ni al que había renunciado. Una vez que ella se dio cuenta
que esto era algo que lo tenía cau vo, oró por su liberación. Puesto que
él también quería liberarse, no pasó mucho empo para que fuera libre.
Todos necesitamos liberación en ciertos momentos, porque hay todo
po de cosas que nos pueden meter en ataduras. Dios lo sabe. ¿Por qué
hubiera venido Jesús como el Libertador si nosotros no tuviéramos
necesidad de uno? ¿Por qué nos instruyó a orar, “líbranos del malvado”
(Mateo 6:13) si no era necesario para nosotros? ¿Por qué promete
librarnos de la tentación (2 Pedro 2:9), de las garras de personas
peligrosas (Salmo 140:1), de nuestras propias tendencias destruc vas
(Proverbios 24:11), de todas nuestras angus as (Salmo 34:17), y de la
muerte (2 Corin os 1:10), si no ene la intención de hacerlo? Él está
listo y dispuesto. Solo tenemos que pedir. “Invócame en el día de la
angus a; yo te libraré y tú me honrarás” (Salmo 50:15).
¿No es consolador el saber que cuando nos sen mos aprisionados por
las garras mortales de nuestras circunstancias, Dios oye nuestras
súplicas por la libertad? Él ve nuestra necesidad. “Miró el Señor desde
su al simo santuario; contempló la erra desde el cielo, para oír los
lamentos de los cau vos y librar a los condenados a muerte” (Salmo
102:19, 20). Cuán glorioso es poder abrazar la certeza de que cuando
parece no haber salida, Dios nos puede levantar y librar de manera
milagrosa de lo que trata de devorarnos (Salmo 25:15). ¿A quién no le
hace falta eso?
Aunque tu esposo encuentre di cil admi r que necesita ayuda
(algunos hombres se sienten fracasados si no pueden hacer todo ellos
solos), tus oraciones aún pueden representar un papel decisivo en su
liberación. Puedes orar al Libertador para que lo libere de cualquier cosa
que lo ata. A través de tus oraciones puedes pararte firme contra el
enemigo que busca ponerte ataduras. “Cristo nos libertó para que
vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan
nuevamente al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). La mejor forma que
conozco de mantenerse fuerte es poniéndose toda la armadura de Dios.
Así es como oro por mi esposo y por mí y creo que es lo más efec vo. En
lugar de explicarlo, permíteme enseñarte cómo orar por esto.
Oración

Señor, tú has dicho que clamemos a en el día de la angus a y tú


nos librarás (Salmo 50:15).
Clamo a ahora y te pido que obres liberación en la vida de mi
esposo. Líbralo de cualquier cosa que lo ate, y de (mencione una
cosa específica). Líbralo pronto y sé mi roca protectora y la fortaleza
para salvarlo (Salmo 31:2). Líbralo de las manos del enemigo (Salmo
31:15).
Dale comprensión para que él pueda reconocer la obra malvada y
clamar a por ayuda. Si la liberación por la cual él ora no es
inmediata, mantenle lejos del desánimo y ayúdalo a tener confianza
en que tú has comenzado una buena obra en él y que la
perfeccionarás (Filipenses 1:6). Dale la certeza de que aun cuando se
encuentre más desesperado, y piense que es imposible cambiar algo,
tú, Señor, puedes hacerlo todo.
Ayúdalo a entender que “nuestra lucha no es contra seres
humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra
potestades que dominan este mundo de nieblas, contra fuerzas
espirituales malignas en las regiones celes ales” (Efesios 6:12). Oro
para que esté fuerte en el Señor y que se ponga toda la armadura de
Dios, para que pueda hacer frente a las ar mañas del diablo en el
día malo. Ayúdalo a ceñir sus lomos con el cinturón de la verdad y
protegerse con la coraza de jus cia, calzados sus pies con la
disposición de proclamar el evangelio de la paz. Ayúdalo a tomar el
escudo de la fe, con el cual pueda apagar todas las flechas
encendidas del maligno. Oro para que tome el yelmo de la salvación,
y la espada del Espíritu, la cual es la Palabra de Dios, orando siempre
en el Espíritu con toda oración y súplica, vigilando y manteniéndose
fuerte hasta el fin (Efesios 6:13-18).
HERRAMIENTAS DE PODER
El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco
en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más
alto escondite! Invoco al Señor, que es digno de alabanza, y quedo a
salvo de mis enemigos.
Salmo 18:2,3
Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce
mi nombre.
Salmo 91:14
Extendiendo su mano desde lo alto, tomó la mía y me sacó del mar
profundo. Me libró de mi enemigo poderoso, de aquellos que me
odiaban y eran más fuertes que yo. En el día de mi desgracia me
salieron al encuentro, pero mi apoyo fue el Señor. Me sacó a un
amplio espacio; me libró porque se agradó de mí.
Salmo 18:16-19
Tú, oh Dios, me has librado de tropiezos, me has librado de la
muerte, para que siempre, en tu presencia, camine en la luz de la
vida.
Salmo 56:13
El Espíritu de Dios está sobre mí, por cuanto me ha ungido para
anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar
libertad a los cau vos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a
los oprimidos.
Lucas 4:18
Capítulo Vein siete

Su obediencia

Lisa estaba preocupada porque su esposo Josué no estaba creciendo


espiritualmente como ella. La relación de ella con el Señor era cada vez
más profunda, mientras que la de él parecía ir disminuyendo a la misma
velocidad. Ella estaba frustrada por la falta de compromiso espiritual
que él tenía, ya que ella añoraba que los dos crecieran y
experimentaran juntos en esta área importante de sus vidas. Ella no
quería ser la que llevara la carga espiritual en la familia. Siempre que
decía algo al respecto, Josué protestaba diciendo que su carrera lo
mantenía demasiado ocupado para poder pasar empo con el Señor y
leer su Palabra. Sus viajes de negocios a veces lo llevaban fuera de la
ciudad los fines de semana, por lo tanto no podía asis r a la iglesia con
Lisa y sus hijos.
Lo que más la irritaba a ella era que nada de esto parecía molestarlo a
él… hasta que su trabajo se convir ó en un desa o mayor de lo que él
podía manejar de forma cómoda. Al tener más tensión, Lisa se daba
cuenta de cómo él se iba agotando. Ella sabía que si él podía entender
la conexión que hay entre pasar empo con el Señor cada día y
encontrar la fuerza espiritual, su vida estaría mucho mejor. También
estaba segura de que él no estaba listo para oírlo de parte de ella.
Aunque Lisa sabía que Dios estaba llamando a Josué a este paso de
obediencia, ella decidió no decir nada. En lugar de eso, oraba todos los
días para que él tuviera el deseo de tener más de Dios en su vida.
Aunque oró por meses sin ver ningún cambio sico, una mañana él
anunció en voz baja: “Hoy voy a ir más temprano a la oficina, porque
necesito pasar empo a solas con el Señor antes de hacer algo”.
Ella dio gracias a Dios en silencio.
Desde entonces, con unas pocas excepciones, él se va temprano todos
los días de la semana para leer la Biblia y orar en su oficina. De eso ya
hace dos años y ahora esta disciplina espiritual ha traspasado a las
áreas de disciplina sica también. Hace ejercicios, come saludable, y está
bajando de peso, como deseaba, y ganando un vigor nuevo. Solo Dios
puede hacer eso.
Si observas que tu esposo va por un camino equivocado, ¿debes decir
algo? Si es así, ¿cuánto debes decir y cuándo es el momento adecuado
para decirlo? Me he dado cuenta que la mejor forma de proceder es
llevándoselo a Dios primero y pesarlo en sus balanzas. Puede que Él te
instruya a mantenerte callada y orar, como lo hizo con Lisa. Pero si Él te
dirige a hablar con tu esposo acerca del asunto, habrá una oportunidad
mucho mayor para él oír la voz de Dios en algunas de tus palabras, si
has orado antes de hablar. Cualquier cosa que percibas como una
moles a con nua resultará contraproducente y mejor es no decirlo.
Orar para que sus ojos se abran a la verdad, y que su corazón tenga
convicción será mucho más efec vo que si le dices qué debe hacer.
Puedes exhortarlo a que haga lo que es correcto y orar para que haga lo
que es correcto, pero al final es la voz de Dios lo que tendrá mayor
impacto.
Ningún hombre puede recibir todo lo que Dios ene para él si no
está viviendo en obediencia. Jesús, era uno que nunca andaba con
rodeos, dijo: “Si quieres entrar en la vida, obedece los
mandamientos” (Mateo 19:17). Él sabía que nada daría más paz y
confianza a un hombre, que saber que está haciendo lo que Dios
quiere que él haga. La Palabra de Dios promete que al ser obediente
a sus caminos, tu esposo ha de encontrar misericordia (Salmo 25:10),
paz (Salmo 37:37), felicidad (Proverbios 29:18), plenitud (Proverbios
21:5), bendiciones (Lucas 11:28), y vida (Proverbios 21:21). No vivir en
obediencia trae consecuencias duras (Proverbios 15:10), oraciones
sin respuestas (Proverbios 28:9), y la incapacidad de entrar en las
cosas grandes que Dios ene para él (1 Corin os 6:9).
Caminar en obediencia ene que ver no solo con guardar los
mandamientos de Dios, sino con prestar atención a sus instrucciones
específicas. Por ejemplo, si Dios le ha instruido a tu esposo que descanse
y él no lo hace, eso es desobediencia. Si Él le ha dicho que deje de hacer
cierto po de trabajo y él sigue haciéndolo, eso es desobediencia. Si Él le
ha dicho que se mude a otro lugar y él no lo hace, eso también es
desobediencia.
Un hombre que hace lo que Dios pide, edifica su casa sobre una roca.
Cuando vienen la lluvias, las inundaciones, y los vientos azotan la casa,
esta no se caerá (Mateo 7:24-27). Tú no quieres ser tes go de la caída de
tu casa por la desobediencia de tu esposo en cualquier área. Aunque tu
lugar no es ser su madre ni la policía secreta, tu deber es orar, y hablar
después que hayas recibido tus órdenes de parte de Dios.
Si la desobediencia de tu esposo a los caminos de Dios ya ha
derrumbado tu casa en alguna forma, puedes saber que Dios honrará tu
obediencia, y Él se encargará de que no seas destruida. Él derra-mará
sus bendiciones sobre y restaurará lo que se haya perdido. Solo
con núa orando para que tu esposo no tenga un problema en cuanto a
oír la voz de Dios, y que él tenga la fuerza, el valor, y la mo vación para
actuar de acuerdo a lo que oye.
Oración

Señor, tú has dicho en tu Palabra que si abrigamos maldad en


nuestros corazones, tú no oirás
(Salmo 66:18). Deseo que tú oigas mis oraciones, por lo tanto te pido
que me reveles donde haya cualquier desobediencia en mi vida, en
especial con respecto a mi esposo. Muéstrame si soy egoísta, no
amorosa, crí ca, airada, resen da, rencorosa o amargada con él, y
dónde te he desobedecido o no he vivido en tu camino. Lo confieso
como pecado y te pido perdón.
Oro para que des a mi esposo (nombre del esposo) deseo de vivir
en obediencia a tus leyes y caminos. Revela y saca de raíz cualquier
cosa que él haga, que no sea de . Ayúdalo a traer todo
pensamiento y acción bajo tu control. Recuérdale hacer el bien, a no
hablar mal de nadie, y a ser pacífico, gen l, y humilde (Tito 3:1, 2).
Enséñale a abrazar el estrecho dolor de la disciplina y el discipulado.
Recompénsale conforme a su jus cia y conforme a su limpieza de
manos (Salmo 18:20). Muéstrale tus caminos, Señor; muéstrale tus
sendas. Encamínale en tu verdad, pues tú eres el Dios de su
salvación (Salmo 25:4,5).
Hazle una persona de alabanzas, porque yo sé que cuando
nosotros te adoramos a adquirimos un entendimiento claro,
nuestras vidas son transformadas, y recibimos poder para vivir como
tú deseas. Ayúdalo a escuchar tus instrucciones específicas para él y
a obedecerlas. Dale un corazón que anhele hacer tu voluntad, y que
pueda disfrutar de la paz que solo puede venir a través de vivir en
obediencia total a tus mandatos.

RRAMIENTAS DE PODER
Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas; más bien, guarda en tu
corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos
años y te traerán prosperidad. Que nunca te abandonen el amor y la
verdad; llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el
libro de tu corazón.
Proverbios 3:1-3
No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los
cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el
cielo.
Mateo 7:21
Dios aborrece hasta la oración del que se niega a obedecer la ley.
Proverbios 28:9
Obedézcanme. Así yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo.
Condúzcanse conforme a todo lo que yo les ordene, a fin de que les
vaya bien.
Jeremías 7:23

Capítulo Vein ocho

El concepto que ene de sí mismo

¿P or qué será que algunos hombres muy capacitados y talentosos


encuentran las puertas de la oportunidad y la aceptación cerradas para
ellos, mientras que otros con la misma o menos habilidad enen,
aparentemente, oportunidades y éxito sin límites en todas las áreas de
sus vidas? No parece justo. El sen do del empo no ene nada que ver.
Dios ene un empo para todo, y Él hace en nosotros lo necesario para
prepararnos para el porvenir. Tener sen do del empo de Dios trae paz
para poder esperar en el Señor. Sin embargo, puede haber otra razón
importante para la lucha, y es cómo el hombre se percibe a sí mismo. Si
ene un concepto pobre de sí mismo, tendrá dudas en cuanto a su
valor, y esto se refleja en todo lo que hace; aun dentro de sus
relaciones. Las demás personas que se sienten incómodas con la
inseguridad de él, puede que lo evadan, y esto afectará cómo él se
relaciona con su familia, amigos, compañeros de trabajo, y hasta con los
extraños. Si espera ser rechazado, lo será.
Daniel experimentó gran frustración tratando de buscar su camino en
la vida. No sabía quién era o si podía encajar en algún lugar. Su
preocupación de tratar de entender todo, causó gran fricción entre él y
su esposa Cindy. Ella trató de ayudarlo, pero a él le molestó su consejo.
Él veía las ideas y sugerencias de ella como una burla a su habilidad
para entender cosas por sí mismo. Su reacción fue descartar las palabras
de ella, y esto mo vó que ella luchara más porque reconociera su valor.
Mientras más luchaba Cindy por no sen rse sin valor, más represalias
tomaba Daniel, hasta que frustrado por su propia inseguridad rechazó
por completo el aporte de ella.
Esta clase de con enda que se hacía cada vez más profunda pudo
haber terminado en divorcio, pero Cindy aprendió a orar en lugar de
pelear. Le pidió ayuda al Señor para poder entender qué le estaba
sucediendo a Daniel. Ella quería saber por qué él la rechazaba cuando
solo quería ayudarlo.
Dios le reveló que el concepto tan pobre que Daniel tenía de sí mismo
lo había aprendido de su padre. Él también experimentó esa clase de
inseguridad toda su vida. Cindy sabía que Dios tenía el poder de
cambiar cualquiera que fuera la fuente del comportamiento de Daniel.
Ella se propuso orar el empo necesario para que Dios rompiera las
ataduras en su esposo y lo moldeara a Su imagen. Le pidió que ayudara
a Daniel a encontrar su iden dad en el Señor. También oró al Señor para
que la ayudara a hablarle a Daniel en el espíritu y no en la carne, y que
sus palabras fueran recibidas como una exhortación para su alma en vez
de una crí ca.
Pasaron unos cuantos meses antes que ella viera algún cambio, pero
al final los hubo, y grandes. Primero, Daniel aprendió a confiar en que su
esposa estaba en el mismo equipo que él y que no era su rival. Se
pusieron de acuerdo en cesar de pelear y en comprometerse a trabajar
juntos. Él comenzó a ir más a la iglesia, y ella podía ver que él oraba y
leía la Biblia con una fe nueva. Con el empo, él comenzó a verse a sí
mismo como un hijo muy amado de Dios y no como un error de la
evolución. A medida que se valoraba más a sí mismo e iba aceptando
quién era él, las personas lo apreciaban más.
No fue por casualidad que las puertas de la oportunidad comenzaron a
abrirse para Daniel, y pronto él encontró la aceptación y el éxito que
siempre había soñado.
Si el concepto que tu esposo ene de sí mismo necesita reformarse, sé
paciente. Las respuestas no vienen de la noche a la mañana, sobre todo
cuando un patrón de pensamiento ha exis do por mucho empo y es
necesario terminar con él. Pero te puedes apoderar del poder de Dios
para pelear contra el enemigo, que lo alimenta con men ras conocidas,
para que él sea libre para oír la verdad de Dios, y mientras intercedes,
Dios te revelará vislumbres de la clave para desatar todo esto en tu
esposo. En otras palabras, mientras tú oras, Él te va a enseñar cómo
hacerlo.
Yo creo firmemente que la tendencia a la crisis de los cuarenta años,
se puede evitar orando por el asunto. Cualquier toxicidad que queda
aún en el alma de un hombre después que llega a los cincuen-ta, con el
empo va a salir de él como un veneno. Es como si la represa invisible
que lo estaba aguantando se debilitara con los años. Cuando se rompe,
la inundación puede ser lo suficiente fuerte como para arrasarlo
consigo. El tener su iden dad establecida con firmeza en el Señor, hará
una gran diferencia en cómo él pasa este empo.
Dios dice que nuestros primeros pasos han de ser hacia Él: buscando
su rostro, siguiendo sus leyes, poniéndolo a Él primero y nuestros
intereses en el úl mo lugar. Cuando estamos alineados con Dios, Él
dirige el camino y lo único que tenemos que hacer es seguirlo. Al
mirarlo, su imagen queda impresa en nosotros. Cuando nuestra propia
imagen se envuelve tanto en Dios que nos perdemos en el proceso,
somos libres. Nosotras queremos esta libertad para nuestros esposos, y
para nosotras también.
Tu esposo jamás verá quién él es hasta que vea quién es Dios en
realidad. Ora para que encuentre su verdadera iden dad.
Oración

Señor, oro para que (nombre del esposo) encuentre su iden dad
en . Ayúdalo a entender su valor a través de tus ojos y por medio
de tus normas. Que reconozca las cualidades únicas que tú has
puesto dentro de él y que sea capaz de apreciarlas. Ayúdalo a que se
vea como tú lo ves, en endo que “Tú lo hiciste poco menos que un
dios, y lo coronaste de gloria y de honra; lo entronizaste sobre la
obra de tus manos, ¡todo lo some ste a su dominio!” (Salmo 8:5-6).
Aquieta las voces que le dicen lo contrario y dale oídos para que
oiga tu voz que le dice que no será su perfección lo que lo ha de
llevar por la vida con éxito, será la tuya.
Revélale que “él es imagen y gloria de Dios” (1 Corin os 11:7), y
que “en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han
recibido esa plenitud” (Colosenses 2:10). Dale la paz y la seguridad
de saber que él es aceptado, no rechazado, por . Líbralo de
concentrarse en sí mismo y de la midez que pueda aprisionar su
alma. Ayúdalo a que vea quién tú eres en realidad para que así él
sepa quién es él. Que la imagen que tenga de sí mismo sea la de
Cristo impresa en su alma.

HERRAMIENTAS DE PODER
Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predes nó
a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el
primogénito entre muchos hermanos.
Romanos 8:29
Así, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como
en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su
semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el
Espíritu.
2 Corin os 3:18
Dejen de men rse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje
de la vieja naturaleza con sus vicios, y se han puesto el de la nueva
naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su
Creador.
Colosenses 3:9-10
El que escucha la palabra pero no la pone en prác ca es como el que
se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se
olvida enseguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la
ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que
ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al prac carla.
San ago 1:23-25
¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado! ¡La gloria del Señor
brilla sobre !

Isaías 60:1

Capítulo Vein nueve

Su fe

Y o siempre me sonrío cuando alguien me dice que no ene fe, porque


yo sé que es probable que no sea cierto. Hasta cierto punto, todos
vivimos por fe. Cuando vas a un médico, necesitas fe para confiar en su
diagnós co. Cuando la farmacia te prepara tu receta, enes fe en que
recibirás la medicina apropiada. Cuando comes en un restaurante,
con as en que las personas que te sirven no han contaminado o
envenenado la comida. (Se requiere más fe para algunos restaurantes
que para otros.) Todos los días es un caminar en fe en algún nivel. Todos
creen en algo. “Según la medida de fe que Dios le haya dado” (Romanos
12:3).
Nosotros escogemos lo que vamos a creer. Algunas personas eligen
creer en sí mismos, en el gobierno, en el mal, en la ciencia, en el
periódico, otros en trabajar duro, en otras personas, y algunos en Dios.
La única persona que he conocido que no creía en nada terminó en un
hospital psiquiátrico porque lo llevó a la locura. La fe es algo sin la cual
no podemos vivir.
Tampoco se puede morir sin fe. Nuestra fe determina qué es lo que
nos sucede después que dejemos este mundo. Si enes fe en Jesús,
sabes que tu futuro eterno está seguro. Eso es porque “el Espíritu de
aquel que levantó a Jesús de entre los muertos… también dará vida a
sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu que vive en ustedes”
(Romanos 8:11). En otras palabras, si el mismo Espíritu que levantó a
Jesús de entre los muertos vive en , Él también te levantará a .
Tenemos la certeza de que lo que nos suceda cuando muramos ha de
afectar en grande cómo vivimos hoy. La confianza en nuestro futuro
eterno nos da una perspec va para vivir en el presente que está rociado
también con confianza.
¡He aquí un pensamiento que da miedo! Cuando Jesús sanaba a
algunos hombres ciegos, Él dijo: “Se hará con ustedes conforme a su fe”
(Mateo 9:29). ¿No te da eso el deseo de evaluar de nuevo tu nivel de
confianza en Dios? Lo bueno de esto es que nosotros tenemos un cierto
control sobre nuestras vidas y podemos, hasta cierto punto, determinar
cómo nos han de salir las cosas. Nuestras vidas no enen que estar
echadas a la suerte o dejarlas volar con la brisa de acuerdo a cualquier
viento que esté soplando en ese momento. La fe que tenemos nos
ayudará a determinar nuestro resultado final.
Todos tenemos momentos de duda. Hasta Jesús pensó en por qué
Dios lo había abandonado. No era que dudaba de la existencia de Dios o
de su habilidad para venir a su rescate, solo que no esperaba sen rse
abandonado. A veces no dudamos de la existencia de Dios, o si Él es
capaz de ayudarnos, solo dudamos de su deseo de tener algún impacto
inmediato en nuestras vidas. Pensamos, Seguro que Él está muy ocupado
para mis problemas. Pero la verdad es que no lo está.
¿Tiene tu esposo momentos de duda? Si es así, tus oraciones para que
él tenga una fe que se mantenga en crecimiento, harán una diferencia
grande en su vida. Incluso si no conoce al Señor, puedes orar para que
su fe crezca en su corazón y encontrarás que ene más paz. Con una
medida más de fe en Dios, no hay nada en la vida de tu esposo que no
se pueda vencer o afectar de forma posi va.
Jesús dijo, refiriéndose a cualquier hombre que tenga fe para creer en
Él: “Brotarán ríos de agua viva” (Juan 7:38). Eso solo puede ser suficiente
como para lavar una vida de dolor, problemas, temor, pena, apa a,
desesperación, fracaso y duda. ¿Vamos a orar?
Oración

Señor, oro para que le des a (nombre del esposo) una medida más
de fe. Engrandece su capacidad de creer en , en tu Palabra, en tus
promesas, en tus caminos, y en tu poder. Ponle en su corazón el
anhelo de hablar con go y oír tu voz. Dale entendimiento en lo que
quiere decir disfrutar de tu presencia y no solo pedir cosas. Que te
busque, que dependa de totalmente, que sea guiado por , te
ponga a primero, y te reconozca en todo lo que hace.
Señor, tú has dicho que “la fe viene como resultado de oír el
mensaje, y el mensaje que se oye es la Palabra de Cristo” (Romanos
10:17). Alimenta su alma con tu Palabra para que su fe crezca lo
suficiente como para creer que para Dios todo es posible (Mateo
19:26). Dale una cer dumbre, a toda prueba, de que lo que tú has
prome do hacer, lo vas a hacer (Romanos 4:21). Haz de su fe un
escudo de protección. Ponlo en acción para mover las montañas de
su vida. Tu Palabra dice: “el justo vivirá por la fe” (Romanos 1:17);
oro para que él viva la vida llena de fe que tú nos has llamado a
experimentar. Que él pueda saber con toda cer dumbre “cuán
grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen y que a la
vista de la gente derramas sobre los que en se refugian” (Salmo
31:19).

HERRAMIENTAS DE PODER
Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas
del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es
así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor; es indeciso e
inconstante en todo lo que hace.
San ago 1:6-8
Pero el que ene dudas en cuanto a lo que come, se condena;
porque no lo hace por convicción. Y todo lo que no se hace por
convicción es pecado.
Romanos 14:23
Les aseguro que si enen fe tan pequeña como un grano de mostaza,
podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se
trasladará. Para ustedes nada será imposible.
Mateo 17:20
He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en
mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de
Dios, quien me amó y dio su vida por mí.
Gálatas 2:20
En consecuencia, ya que hemos sido jus ficados mediante la fe,
tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 5:1

Capítulo Treinta

Su futuro

N inguno de nosotros puede vivir sin una visión para el futuro. Si no la


tenemos, andaremos dando golpes a ciegas sin dar en el blanco. Sin ella,
parece que la vida no ene sen do y cada día morimos un poco más.
“Sin profecía el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18).
Tener visión no significa saber los detalles específicos en cuanto a lo
próximo que va a suceder. Tiene que ver con tener un sen do general de
hacia dónde te diriges y tener la esperanza de que hay algo bueno en el
horizonte. Es saber que sí enes un futuro y un propósito, y que es
brillante.
No todos los hombres enen esa certeza. Cuando esto sucede, casi
puedes ver que sus vidas son consumidas. Aun los que la enen, no es
así todo el empo. Hasta el hombre más espiritual puede cansarse
demasiado, estar acabado, derrotado, distanciado de Dios, confuso
acerca de quien él es y por qué está aquí, y perder su visión para el
futuro. Puede perder su sen do de propósito y por este mo vo estar
abrumado y no tener esperanza. Si pierde de vista sus sueños y se olvida
de la verdad en cuanto a sí mismo y a su situación, puede terminar
creyendo men ras destructoras acerca de su futuro. “Por falta de
conocimiento mi pueblo ha sido destruido” (Oseas 4:6).
Dios dice que no oigamos las voces que hablan men ras, porque
“cuentan visiones que se han imaginado y que no proceden de la boca
del Señor” (Jeremías 23:16). Cualquier visión para el futuro que está
llena de fracasos y falta de esperanza no es de Dios (Jeremías 29:11).
Dios puede restaurar la visión donde haya estado perdida. Él puede dar
esperanza para volver a soñar y traer su verdad a las men ras del
desánimo. Dar seguridad de un futuro prometedor. La oración es el
medio a través del cual Él lo puede cumplir.
Mi esposo me dijo que una de las veces que mis oraciones
representaron todo para él, fue cuando nos mudamos de Los Ángeles a
Nashville. Fue muy di cil para todos nosotros dejar las personas amadas
y comenzar de nuevo. Había mucho en juego y era una transición di cil,
sin mencionar un gran paso de fe. No sabíamos cómo todo iba a
terminar, pero caminamos en la certeza de que estábamos siguiendo la
dirección de Dios. Confiábamos que nuestras vidas estaban seguras en
sus manos. Mi oración para Michael durante esa época era que no
perdiera la visión que Dios le había dado para el futuro. Cuando las
circunstancias le hicieron perder por un momento su vista espiritual,
dijo que mis oraciones representaron un papel importante en
restaurarla.
Tenemos que recordar que Dios Padre ha hecho su testamento. Su
heredad está dividida en partes iguales entre todos sus hijos. Todo lo
que Él ene, nosotros lo tendremos. Nosotros somos “herederos de Dios
y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17). He leído mi copia del
testamento y dice que ni siquiera tenemos idea de todo lo que Dios
ene para nosotros, porque Él ene para nosotros más de lo que jamás
hemos imaginado. “Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado,
ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para
quienes lo aman” (1 Corin os 2:9). Promete que “los íntegros heredarán
el bien” (Proverbios 28:10). Nos dice que no solo tendremos todo lo que
nos haga falta en esta vida, sino que la parte más importante será
nuestra después que muramos. Entonces estaremos con Él y no
necesitaremos nada más.
Si los ojos de tu esposo se concentran tanto en los detalles del diario
vivir que pierde su visión del futuro, tus oraciones pueden levantar su
mirada. Ellas pueden ayudarlo a ver que Dios es su futuro y que él
necesita vivir su vida de manera que invierta en ello. “¿No saben que en
una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno ob ene el
premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan” (1 Corin os 9:24).
Tú no deseas que tu esposo sea un hombre que hable de una visión de
su propio corazón y pierda el premio. Tú deseas que él pueda ver desde
la perspec va de Dios.
Dios no quiere que conozcamos el futuro, sino que lo conozcamos a Él.
Quiere que confiemos en Él para que nos guíe paso a paso a entrar en el
futuro. Para poder entender la guía de Dios, necesitamos buscar de Él
para todo. “Los que buscan al Señor lo en enden todo” (Proverbios
28:5). También tenemos que mantenernos lo suficiente cerca como para
oír su respuesta. El Señor es el dador de la visión; ora para que tu
esposo la encuentre en Él. Con Dios, su futuro está seguro.
Oración

Señor, oro para que le des a (nombre del esposo) una visión para
su futuro. Ayúdalo a entender que tus planes para él son de
bienestar y no de calamidad; a fin de darle un futuro y una
esperanza (Jeremías 29:11). Llénalo con el conocimiento de tu
voluntad en toda sabiduría y entendimiento espiritual; que pueda
tener un caminar digno de , agradándote por completo, llevando
fruto en toda buena obra y creciendo en tu conocimiento
(Colosenses 1:9,10).
Que viva siendo guiado por el Espíritu Santo y no camine en duda
y con temor de lo que pueda suceder. Ayúdalo a madurar y a crecer
en cada día, some endo todos sus sueños y deseos a , sabiendo
que “lo que es imposible para lo hombres es posible para Dios”
(Lucas 18:27). Dale metas ordenadas por Dios y muéstrale cómo
conducirse de manera que siempre invierta en su futuro.
Oro para que todos los días de su vida esté ac vo en el servicio a
. Guárdalo de perder su sen do de propósito y llénalo de
esperanza para su futuro como una “firme y segura ancla del alma”
(Hebreos 6:19). Dale “lo que su corazón desea” (Salmo 21:2) y “la
heredad de quienes te honran” (Salmo 61:5). Plántalo firme en tu
casa, mantenlo fresco y floreciendo y llevando fruto aun en la vejez
(Salmo 92:13, 14). Y cuando llegue el momento de dejar esta erra e
irse con go, que tenga una visión tan firme de su futuro eterno que
haga que su transición sea suave, sin dolor y acompañada de paz y
gozo. Hasta entonces, oro para que pueda encontrar la visión de su
futuro en .

HERRAMIENTAS DE PODER
Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes afirma el
Señor, planes de bienestar y no de calamidad a fin de darles un
futuro y una esperanza.
Jeremías 29:11
Observa a los que son íntegros y rectos: hay porvenir para quien
busca la paz. Pero todos los pecadores serán destruidos; el porvenir
de los malvados será el exterminio.
Salmo 37:37, 38
Plantados en la casa del Señor, florecen en los atrios de nuestro Dios.
Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán vigorosos y lozanos,
para proclamar: El Señor es justo; él es mi Roca y en él no hay
injus cia.
Salmo 92:13-15
Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo; habitar en
la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la
hermosura del Señor y recrearme en su templo.
Salmo 27:4 Se vislumbra
esperanza en tu futuro.
Jeremías 31:17

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