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El artículo explora la complejidad de las emociones, analizando diversas teorías desde la evolución hasta la cultura y la psicología, y propone un modelo integrativo que busca unificar estas perspectivas. Se destaca la importancia de comprender las emociones como sistemas adaptativos que responden a estímulos internos y externos, y se clasifican en emociones básicas y sustitutivas según su finalidad adaptativa. A través de este enfoque, se busca avanzar hacia una comprensión más holística de las emociones y su impacto en el bienestar humano.
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El artículo explora la complejidad de las emociones, analizando diversas teorías desde la evolución hasta la cultura y la psicología, y propone un modelo integrativo que busca unificar estas perspectivas. Se destaca la importancia de comprender las emociones como sistemas adaptativos que responden a estímulos internos y externos, y se clasifican en emociones básicas y sustitutivas según su finalidad adaptativa. A través de este enfoque, se busca avanzar hacia una comprensión más holística de las emociones y su impacto en el bienestar humano.
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1

Artículo para AESPAT – Revista Española de Psicología Humanista y


Análisis Transaccional

Introducción a una integración sobre emociones


Dr. Mario A. M. Vázquez – Dra. Patricia A. Francica - 2019

De las llamadas Funciones Mentales Superiores pocas han estado tan en el


centro de la discusión popular y académica como las Emociones. Y este debate que ha
comenzado hace miles de años con los albores del pensamiento nos encuentra hoy tan o
más enfrascados y apasionados que antaño, defendiendo definiciones y conceptos sobre
la cuestión que van desde lo esotérico hasta la biología y las ciencias médicas.

Lo que hace del tema un terreno espinoso es que las teorías abundan, pero
existen limitaciones para vertebrar los conceptos alrededor de un eje coherente que
permita el debate y los consensos, aún cuando se alcancen desde disciplinas tan
aparentemente alejadas como la filosofía y las neurociencias.

No pretendemos aquí llegar a definiciones canónicas que zanjen las


diferencias. Sólo plantear una forma de análisis de las emociones que posibilite integrar
las teorías tradicionales (evolutivas, culturales, psicológicas, entre otras) y las más
modernas (la inteligencia emocional de Gardner o la Educación Emocional de Steiner).

Para ello tomaremos como base el pensamiento de Eric Berne (creador del
Análisis Transaccional) y los aportes de las neurociencias, elaborando un marco de
análisis desde el que se pueda hacer confluir las teorías ya mencionadas que completen
y consoliden los conceptos sobre las emociones.

El primer problema que se encuentra al comenzar con el estudio de las


emociones consiste en que el foco atencional está puesto en distintos aspectos de la
emoción, según el marco teórico que maneja el investigador. Por ejemplo, los
defensores de teorías evolucionistas (Darwin, Ekman, Damasio) se centran
especialmente en las características de universalidad, desde la predisposición y hasta
determinación genética de algunas emociones y su finalidad adaptativa, mientras que
los antropólogos culturales, como Margaret Mead, desechan que existan emociones
innatas y sólo toman en cuenta los mecanismos de aprendizaje, considerándolas un
producto cultural cuya única finalidad adaptativa es capacitar al individuo para
amoldarse a su medio sociocultural, o el psicoanálisis desde su visión de la subjetividad
2

considerará a las emociones como expresión de la misma, desechando todo tipo de


generalización.

Son estos sesgos perceptivos los que dificultan la integración.

A ello se suma la representación social de la emoción, que pasó en


relativamente poco tiempo de la negación y represión de la modernidad (“en la época
moderna ha sido muy corriente considerar las emociones como una forma inferior de
actividad intelectual (Leibniz, Wolff, Herbart)”. (Ferrater Mora, p.511) a la apología del
“si lo sentís, está bien” del posmodernismo con el imperio de la emoción.

Sin embargo, creemos que la integración es posible, porque las distintas


miradas solo manifiestan descripciones complementarias (no opuestas) del fenómeno
emocional, y todas aportan “verdades” que pueden integrarse para acercarnos a una
comprensión más holística.

Somera revisión de las teorías sobre emociones

1- Teorías evolucionistas.

Iniciada por Charles Darwin con su libro sobre las emociones (Darwin, 1984)
ha visto actualizada su vigencia con los estudios de psicólogos como Ekman (2003) o
neurocientíficos como Damasio (2008).

Plantea que las emociones son fruto de la evolución de nuestro Sistema


Nervioso, tienen una finalidad adaptativa que las entroniza como elemento fundamental
en la toma de decisiones relacionadas con la supervivencia pero pueden ser modificadas
por el aprendizaje cultural.

2- Teorías “fisiologistas”.

Son de las más viejas y las más modernas al mismo tiempo. Comenzaron con
las teorías de W. James y C. Lange que postularon que primero se producían los
cambios fisiológicos (taquicardia, sudoración, etc.) y que las emociones son
consecuencia de ellos. W. Cannon y P. Bard en los años 1920 y 1930 pusieron especial
interés en el Tálamo Óptico como centro emocional y a la inversa de la teoría anterior
postularon que el Tálamo envía al cerebro la información para producir la emoción
desde el estímulo y que es ésta la que provoca las reacciones fisiológicas.
3

Actualmente Schachter y Singer unifican estas teorías con el pensamiento


cognitivo (ver teorías cognitivas) y proponen que ambas teorías planteaban partes de la
misma realidad: si bien la identificación cognitiva de las emociones se produce a partir
de los estímulos fisiológicos (James-Lange) luego se “etiquetan” las emociones
cognitivamente y este proceso es individual ya que las mismas sensaciones pueden
producir diferentes emociones en los distintos individuos (Cannon-Bard). Este
“etiquetado” tiene relación con la Teoría del Marcador Somático (A. Damasio).

3- Teorías culturalistas.

Esgrimidas especialmente desde la Antropología Cultural (M. Mead),


consideran que las emociones son un producto de la cultura, no son universales y sus
manifestaciones son consecuencia del aprendizaje, iniciado en la microsociedad familiar
y extendido a la sociedad a la cual el individuo pertenece. Gracias a ellas se desarrollan
sentimientos de pertenencia y cohesión con ese entorno.

3- Teorías cognitivas.

Son las más recientes y plantean que las emociones son fruto de los procesos
cognitivos previos. Es decir, sentimos emociones en base y como consecuencia de lo
que pensamos, y no son independientes de los procesos de pensamiento (Arnold y
Lazarus).

4- Teorías psicodinámicas.

Hacen hincapié en la subjetividad, por lo que se considera a la emoción como


un proceso particular del sujeto, en todo caso consecuencia de las interacciones
infantiles, que no puede ser generalizado.

El problema de la definición

La variedad de posturas sobre el tema se ha manifestado claramente en la


definición de qué es una emoción.

Desde la general y clásica de Ferrater Mora quien planteaba que la emoción era
un “afecto general en relación con (y también en contraste con) lo intelectual y lo
volitivo”. (p.510) o la etimológica, (del latín ex – movere, movimiento hacia fuera) que
las limita a un sistema de respuesta a estímulos (Vazquez y Francica, 2018), la
definición de emoción se ha visto mezclada con conceptos como sentimientos
4

(Damasio, 2008), pasiones (Ferrater Mora, s/f), estados mentales, interpretación


cognitiva y etiquetado de reacciones fisiológicas (Schachter-Singer), respuesta
fisiológica a evaluaciones cognitivas (Arnold, 1970 y Lazarus), etc.

Un modelo integrativo

Teniendo en cuenta la breve e incompleta revisión anterior, vemos que cada


mirada con respecto a las emociones focaliza en aspectos que, dentro del sistema de
pensamiento utilizado, son coherentes e incuestionables.

El modelo que presentamos, basado tanto en los conocimientos de las


neurociencias como en el marco teórico del Análisis Transaccional, toma en cuenta
muchos de estos aspectos y busca integrarlos en un cuerpo racional pero no canónico,
que pueda actualizarse desde los distintos aportes manteniendo coherencia y
consistencia teórica.

Para ello tomaremos en cuenta la teoría evolucionista, ya que ella aporta un


concepto fundamental para la comprensión del fenómeno emocional: la finalidad
adaptativa.

Desde Darwin (1873/1984) hasta Damasio (2008), pasando por Paul Mc Lean
(Rains, 2004) y el mencionado Ekman (2003) la idea de que las emociones son
funciones mentales con finalidad adaptativa, que las compartimos con el resto de los
mamíferos y las “sentimos” en el Cerebro Mamífero/Sistema Límbico, no ha podido ser
rebatida.

Pero tampoco se puede cuestionar la importancia del entorno familiar y social


y cierta forma particular que cada sistema familiar y entorno cultural tiene de sentir,
permitiendo o limitando determinadas expresiones emocionales.

Lo propio acontece con las reacciones fisiológicas (rubor, taquicardia,


palpitaciones, sudoración, lividez, etc.) y las gestualidades faciales (risa, sonrisa, llanto,
etc.) que tienen estrecha relación con el Sistema Nervioso, y hasta las modificaciones
que producen en nuestros Sistemas Inmunológico, Nervioso Autónomo y Endócrino,
base de una explicación holística de las enfermedades psicosomáticas.
5

Tomando en cuenta todo lo anterior ensayaremos una definición simple y


general, que luego se ira complejizando a medida que profundicemos en aspectos
puntuales del funcionamiento emocional.

Podemos decir, entonces que una emoción es “un sistema de alerta y respuesta
a estímulos del medio (o internos) que tiene una función adaptativa” (Vazquez y
Francica, 2018)

Desglosaremos los conceptos de esta definición para su análisis.

¿Por qué un “Sistema”?

Porque tiene una función específica (adaptativa) y estructuras anatómicas y


funcionales bien definidas que sostienen su funcionamiento.

Sistema Nervioso Central: El Cerebro Mamífero o Sistema Límbico y sus


conexiones(Mc Lean): Amígdala. Tálamo, Caudado, cortezas frontales y órbito-
frontales, hipotálamo, etc.);

Sistema Nervioso Autónomo o Periférico, especialmente los Pares Craneales,


responsables de las respuestas fisiológicas a nivel facial y corporal (llanto, rubor,
palidez, desviación de la mirada, midriasis o miosis, risa, sonrisa, “mariposas en el
estómago”, taquicardia, hipo o hipertensión, acidez estomacal por aumento de la
secreción de ácido clorhídrico, etc.)

Sistema Neuroendócrino e inmunológico: modificaciones hormonales con


alteraciones de los ciclos (p. ej. menstrual), y los ritmos biológicos (circadianos,
circanuales), etc.

De alerta y respuesta. La emoción genera la activación del Núcleo Caudado,


esencial en la atención y la memoria de corto plazo, lo que indica al cerebro a qué
debemos prestar atención en un momento dado. Su relación con las funciones de
supervivencia típicas del cerebro mamífero hace que la emoción enfoque la atención en
aquel estímulo que la motivó, preparando al individuo para reaccionar adecuadamente
ante él. Esto es evidente con el miedo, que nos alerta de la existencia de una amenaza y
tenemos que actuar para afrontarla y superarla, pero lo es también con el afecto, cuando
“no hago otra cosa que pensar en ti” (Serrat), orientando los procesos cognitivos y las
respuestas fisiológicas posteriores.
6

Justamente por esto la emoción nos permite una respuesta más flexible que la
meramente instintiva para afrontar el estímulo (huir, acercarse, luchar, congelarse, etc.),
ya que puede ser evaluada cognitivamente y modificada por la voluntad, lo que no
sucede con el instinto, ciego, automático e inconsciente.

A estímulos del medio (o internos). Siempre la emoción es “disparada” por


estímulos. Estos pueden ser externos, como la presencia de un león o serpiente descarga
nuestro miedo, o internos, sensaciones corporales o pensamientos. Como veremos más
adelante hay una diferencia importante en el origen del estímulo desencadenante.

Tiene una función adaptativa. La respuesta que la emoción provoca o sugiere


siempre tiene una función adaptativa. Ésta, en los otros mamíferos, se limita a la
supervivencia y/o reproducción, mientras que en los humanos sirve para adaptarse
socialmente, alcanzando finalidades más amplias que la mera reproducción y
supervivencia.

De todos modos, los neurocientíficos sostienen que esta variación humana no


es totalmente original. Respondemos a nuevas situaciones (la vida en sociedad humana
tiene sólo 10.000 años, contra los 450 millones de la evolución biológica de nuestro
Sistema Nervioso) con un sistema nervioso diseñado para sobrevivir en la selva, más
parecido al de un chimpancé.

Para encarar y resolver problemas de adaptación como el estrés urbano, los


conflictos afectivos, la resolución de nuestra integración en el medio social, etc.
utilizamos estructuras cerebrales casi idénticas a las de un chimpancé o gorila. La única
adquisición nueva (evolutivamente hablando) está formada por el llamado “cuarto
cerebro o cerebro urbano”, constituido por la corteza prefrontal y órbito-frontal a la que
nos dedicaremos más adelante.

Hasta las Emociones Secundarias o Sustitutivas (como veremos) nos permiten


una adaptación, esta vez al medio familiar, aun cuando esta adaptación sea limitada y
limitante.

Los diversos tipos de emociones

No todas las emociones son iguales. Ni en su origen, ni en su duración, ni en su


impacto en nuestro bienestar o malestar, ni en las consecuencias a corto y largo plazo.
7

Por ello ha habido muchos intentos de clasificarlas: en positivas o negativas, en


adecuadas e inadecuadas, en duración, etc.

Los evolucionistas, desde Darwin en adelante, las dividieron en primarias y


secundarias, considerando para hacerlo que las primeras eran “hereditarias y
universales”, las teníamos todos los seres humanos y no estaban condicionadas o
modificadas por los aprendizajes, y las secundarias, en cambio eran aprendidas, siendo
generalmente consecuencia o derivaciones de las primarias.

El modelo transaccional tomó este concepto, llamándolas el propio Berne


Auténticas o Básicas y rackets (falsas) o Sustitutivas.

Tomando este modelo como referencia, hemos agregado un elemento que


consideramos esencial, ya que para nosotros marca la diferencia entre una y otras: la
finalidad adaptativa.

Las Emociones Básicas tienen una evidente finalidad adaptativa, que se


alcanza cuando nos permitimos sentir y/o expresar la emoción, mientras que la
adaptación que se obtiene con la expresión de las Emociones Sustitutivas es sólo al
medio familiar y social, cumpliendo con Mandatos familiares y sociales y perdiendo la
Finalidad que las Básicas tienen.

Estas Finalidades se expondrán cuando hagamos el análisis de las Emociones


Básicas.

Para diferenciar unas de otras también pueden tenerse en cuenta otros criterios,
resumidos en el cuadro siguiente.

Criterio Emoción Básica Emoción Sustitutiva


Finalidad Poseen y se alcanza No poseen ni se alcanza
Duración Corta Prolongada
Externo – la emoción es Interno – la emoción no es
Estímulo
adecuada al estímulo adecuada al estímulo
Alta intensidad que no se
Tolerable y se agota con la
Intensidad agota con la acción
acción concreta
concreta
Reacción en un Son “contagiosas” Producen rechazo o
observador “sano” (Neuronas Espejo) indiferencia
8

Como hemos anticipado, la Finalidad se expondrá cuando analicemos las


Emociones Básicas, por lo que ahora veremos los otros Criterios, algunos de los cuales
son muy útiles en la práctica clínica para identificar el manejo de emociones del
paciente.

La duración de una Emoción Básica es corta, ya que duran lo necesario para


que atendamos al estímulo, focalicemos y actuemos adecuadamente para resolver la
situación y alcanzar su finalidad. Por ejemplo: el miedo produce una reacción
fisiológica tendiente a preservarnos de una amenaza o peligro. Una vez que ha sido
afrontada la situación que lo provocó y superado el riesgo, el miedo desaparece. En
cambio, el terror o el pánico, aun cuando el estímulo ya no está en el foco atencional, se
mantiene por mucho tiempo.

El estímulo que provoca una Emoción Básica es externo, proviene del medio al
que tenemos que adaptarnos, mientras que el que provoca una Emoción Sustitutivas es
interno, producto de nuestros pensamientos. En esto los teóricos cognitivistas tienen
razón. En las emociones Sustitutivas el proceso cognitivo es siempre previo a la
aparición de la Emoción. El problema está en que estos estudios no discriminan entre
emociones Básicos y Sustitutivas y consideran a todas como Sustitutivas.

Justamente por lo anterior la duración y la intensidad de una Emoción


Sustitutiva dependerá de la magnitud del “rollo” del pensamiento. Y ninguna acción va
a hacer desaparecer el estímulo que la genera, porque este es permanente, consecuencia
de los Diálogos Internos de cada sujeto, persistiendo en el tiempo y aumentando en
intensidad ([Link]: en la Depresión los pensamientos automáticos pueden hacer que la
reacción depresiva aumente hasta llegar al intento de suicidio).

La idea de que las Emociones Básicas son “contagiosas” (es decir, la expresión
de una de ellas invita al observador a sentir la misma o una complementaria) ha sido
confirmada por los estudios de Paul Ekman de la manifestación facial de las emociones
y se podrían explicar por la acción de las neuronas-espejo (Rizzolatti), presentas tanto
en los mamíferos como en los humanos y que constituyen la primera forma de
aprendizaje.

Así el lenguaje emocional se constituye en el primer lenguaje, evolutivamente


anterior a la aparición palabra. Los cambios actitudinales y faciales que aparecen
cuando sentimos una emoción no son sólo subjetivos, sino que pueden ser
9

decodificados, interpretados, por los otros. Lo propio sucede con los animales, la
expresión del miedo de una cebra que olfatea la presencia de una leona (dejar de pastar,
levantar la cabeza, abrir los ojos y los belfos) le informan al resto de la manada sobre la
presencia del predador y todos los otros individuos adoptan las mismas respuestas,
preparándose para la huida o la lucha.

Muy posiblemente en nuestra vida como homínidos, y antes de la aparición del


lenguaje articulado, la comunicación entre los integrantes de una familia o clan se
habría producido de esta manera.

Del mismo modo existen indicios de que este mecanismo neuro-biológico, que
comprende estructuras como la amígdala, el tálamo y las neuronas espejo, podría ser el
responsable de la empatía, del aprendizaje por modelado de conductas y la base para
toda Teoría de la Mente.

Las Emociones Básicas

Las Emociones Básicas, compartidas con los mamíferos, se originan, siguiendo


a Paul Mac Lean1, en el segundo cerebro, el cerebro mamífero o sistema límbico. En sus
estructuras se procesa la percepción y se ponen en marcha los mecanismos de respuesta
(Núcleo Caudado – Amígdala – Hipocampo para el alerta, atención y memoria y
Tálamo Óptico – Hipotálamo – Hipófisis – Sistema Nervioso Simpático para la
respuesta lenta u hormonal y la rápida –adrenalina- ).

El Nucleo Caudado no sólo dirigirá la atención hacia el objeto que provoca la


emoción y permitirá la construcción de una percepción sino que inmediatamente y a
través de su responsabilidad en la Working-Memory pondrá a disposición de la corteza
prefrontal los aprendizajes previos vinculados con la situación, para elaborar las
respuestas deliberadas: pensamiento, ideación, imaginación.

Si bien hay consenso generalizado en la división entre Emociones Básicas y


Sustitutivas, y en la identificación de la mayoría de ellas, los investigadores en AT, los
neurofisiólogos y los psicólogos cognitivistas no terminan de acordar cuáles, cuántas y
con qué fundamentos se pueden diagnosticar a las emociones como Básicas.

1Para mayor profundización desde las Neurociencias, recurrir al Apéndice del libro Tolerando la confusión
(Vázquez, 2010) y a los textos de Neurociencias y Neuropsicología citados en la Bibliografía y Referencias.
10

Nuestro enfoque (Vázquez, 2010; Vazquez y Francica, 2018) contempla no


una mera clasificación o enumeración, sino una herramienta de gran utilidad práctica. Si
acordamos, siguiendo la definición de Emoción Básica, que esta tiene una finalidad
adaptativa, pueden reconocerse las emociones que integran esta categoría considerando
la eficacia en cuanto a la obtención de esa finalidad.

Como se verá, la finalidad humana de cada Emoción es psico-bio-social, a


diferencia de la finalidad animal, más ligada a la supervivencia individual y de la
especie, y a la reproducción. Esto circunscribe las emociones que podemos considerar
Básicas (con finalidad), y al mismo tiempo confirma que las Sustitutivas carecen de
ella.

Según este criterio, las Emociones Básicas son siete: afecto, alegría/placer y
sexo (Agradables) y bronca/ira, miedo, tristeza y angustia.

Todas son importantes y necesarias. Se “disparan” ante situaciones del entorno


a las que debemos prestar atención y adaptarnos.

La adaptación eficaz será aquella que logre el cierre (Vázquez, 2010) o


resolución de la situación planteada, logrado lo cual, la emoción desaparece.

Cuando se logra esa resolución o cierre, se alcanza una finalidad, que en todos
los casos es positiva, aun cuando la emoción haya sido desagradable.

Lo propio sucede con los mamíferos con los que compartimos estas emociones.
Un ñu que pasta en la sabana africana y olfatea la presencia de una leona cercana siente
una emoción básica: el miedo. Esta emoción, disparada desde su Sistema Límbico actúa
sobre el Nícleo Caudado y éste sobre la corteza prefrontal haciendo que la atención del
animal, centrada hasta entonces en la tarea de pastar, se dirija hacia el origen del olor.
Al mismo tiempo las conexiones del Tálamo Óptico con el Hipotálamo y de este con el
Sistema Nervioso Simpático vuelcan cantidades de Adrenalina proveniente del SNS y
de la médula suprarrenal.

El ñu, como consecuencia, deja de pastar, levanta la cabeza, dilata sus pupilas,
abre sus narinas para percibir mejor el olor y prepara por la acción de la adrenalina el
cuerpo para la huida o el ataque: aumenta la frecuencia cardiorrespiratoria, envía más
sangre a los músculos, sacándola del aparato digestivo donde estaba ocupada en digerir
las pasturas y el Hipotálamo, a través de sus conexiones con la Hipófisis ordena la
secreción de ACTH (Adrenocorticotrofina) que producirá en la corteza suprarrenal la
11

secreción de grandes cantidades de cortisol que terminan de preparar su cuerpo para la


acción (ataque o huída).

Ha sido el miedo el que preparó su sistema de alerta para percibir el peligro y


respuesta (la huída en este caso) para sobrevivir. Es decir, es la Emoción Básica el
disparador de una reacción de eustrés.

Si lo logra, huyendo de la leona, el ejercicio físico de la carrera “quema” la


adrenalina y el cortisol y una vez superado el peligro, puede relajarse inmediatamente y
volver a pastar.

En este ejemplo puede verse con claridad cómo la Emoción Básica es un


sistema integrado psicobiológico de alerta y respuesta para alcanzar la finalidad
esperada, en este caso la supervivencia. Y cómo el que sea agradable o desagradable
sentir la emoción, es secundario. El miedo es una emoción desagradable, pero la
finalidad alcanzada, la supervivencia, es positiva.

Lo propio acontece con las emociones humanas, con la diferencia de que estas
tienen finalidades más complejas, ya que los estímulos que las originan también lo son.

Las Emociones Básicas, por ende, tienen una utilidad evidente, ínmtimamente
ligada al estrés positivo (eustrés) ya que ambos se manifiestan a través de las mismas
estructuras mencionadas.

Sin embargo, generalmente la educación (Steiner, 1998), y particularmente la


educación que está ligada a la identificación de género, se basa en la prohibición de
algunas de estas emociones, y su reemplazo por otras.

Por ello las emociones son la primera instancia educable del individuo (Kertész
y col. 1997; Steiner, 1998), y prácticamente toda la educación familiar las utiliza como
terreno, manipulándolas, reemplazándolas, prohibiendo su expresión y en casos graves
hasta la posibilidad siquiera de sentir alguna o varias de ellas. La importancia social del
manejo de las emociones es universal y pueden evidenciarse características específicas
en el permiso o prohibición de expresión de Emociones Básicas en las distintas culturas,
como se verá al tratar las Emociones Sustitutivas.

Pero el hombre se ha alejado cuanti y cualitativamente del resto de los


mamíferos, desarrollando una cultura, un lenguaje y una sociedad complejos. Todo ello
ha sido posible por la evolución de nuestro cerebro, en especial por el desarrollo de
12

niveles de control cortical de las emociones. Junto con la aparición de las áreas de
corteza cerebral que controlan las Funciones Mentales Superiores (Pensamiento,
Imaginación, Simbolización, Abstracción, Lenguaje, etc.) se desarrollaron otras que se
activan para la regulación de las emociones.

Si los hombres sintiéramos y expresáramos nuestras emociones del mismo


modo que los otros mamíferos, no podríamos vivir en nuestra compleja sociedad. Las
frustraciones nos llevarian a peleas físicas violentas, la atracción sexual a sexo
indiscriminado, en público y sin esperar consentimiento, las situaciones de peligro a
huídas precipitadas, etc.

Pero no solo no es así. Conductas como las descriptas en el párrafo anterior son
integradas en la práctica clínica en el Trastorno Asocial de la Personalidad (la
psicopatía) y desde los medios de comunicación se las tilda de “animales”.

Porque hemos desarrollado áreas coticales específicas para el contrrol


emocional. La acción de esas áreas de control (áreas 11 y 12 de Brodmann, junto al área
10) permite modular nuestra respuesta emocional, controlando la intensidad, la duración
y la oportunidad (postergación) de su expresión.

Estas áreas son las responsables de la educación de nuestras emociones, y


permiten nuestra integración social. Sin embargo no siempre esta educación será
positiva, como veremos en la génesis de las Emociones Sustitutivas.

La comprensión de cada Emoción Básica puede ser facilitada por el contenido


del cuadro siguiente. Allí se expone cuál es la situación a cerrar o resolver (el
disparador que las hace aparecer en los cambios del entorno) y la finalidad que se
alcanza al expresarlas.

La “situación a cerrar” es el estímulo, la circunstancia sobre la que el


individuo debe actuar para resolver el conflicto y adaptarse a la nueva situación.

La finalidad alcanzada es distinta en el caso de los animales y del hombre. En


los mamíferos esa finalidad es una adaptación, más rica y flexible que la respuesta
instintiva, pero circunscripta generalmente a satisfacer las necesidades de reproducción
y/o la supervivencia individual o de la especie.

En los humanos, en cambio, esa finalidad es compleja e incluye cambios


psicológicos, biológicos y sociales. Nuestros “primos evolutivos” (chimpancés y
13

bonobos) también muestran modificaciones de Emociones Básicas. Por ejemplo la


utilización del sexo para establecer preeminencia o para obtener beneficios.

Cuadro Nº 6: Emociones Básicas: Situación a cerrar, finalidad animal y


finalidad humana (Vázquez, 2010, p.148)

EMOCIÓN SITUACIÓN A CERRAR O


FINALIDAD ANIMAL FINALIDAD HUMANA
BÁSICA FUNCIÓN

Lograr y mantener relaciones Cuidado y enseñanza de


AFECTO INTIMIDAD
emocionales estables las crías

Reiteración de conductas
ALEGRÍA
gratificantes y de intercambios Socialización (en manada) DISFRUTE
/PLACER
sociales

INTIMIDAD Y
Lograr y mantener relaciones
DISFRUTE (ambas
emocionales estables y reiteración Reproducción /
SEXO permiten la integración
de conductas gratificantes en el Socialización (primates)
social en distintos niveles
intercambio emocional profundo
de intimidad)

Fijación de límites, aceptación de


Territorialidad.
BRONCA límites externos y superación de la IDENTIDAD
Predominio Sexual
frustración

Prevenirse ante situaciones


MIEDO potencialmente peligrosas (toma Supervivencia ÉXITO
adecuada de riesgos)

Aceptación de las pérdidas


TRISTEZA Elaboración de las pérdidas CAMBIO
(crías)

Superación de las crisis,


ANGUSTIA _______________ CRECER
especialmente las existenciales

Afecto: Es una capacidad innata de atracción cuyo objetivo principal es


establecer y mantener relaciones emocionales estables (y profundamente
comprometidas). El nivel de compromiso afectivo en cada relación marcará el grado de
Intimidad que se alcance en esa relación. Si bien la capacidad de sentir y expresar
afecto es compartida con los animales (mamíferos) y el objetivo y finalidad son
similares, es en nosotros los humanos en quienes el afecto alcanza su máximo grado de
perfección, permitiendo la constitución de relaciones de pareja estables y prolongadas, y
de la familia como base y núcleo de nuestra compleja sociedad.
14

Alegría / Placer: Es la emoción de la satisfacción. Gracias a nuestro Circuito


de la Recompensa cerebral donde el neurotransmisor Dopamina “premia” con placer al
cerebro cuando se alcanzan logros, se tiene la tendencia a reiterar aquellas conductas
que nos permitieron experimentarla, por lo cual es la emoción ligada al aprendizaje y al
establecimiento y mantenimiento de relaciones sociales. Lograr Disfrutar, la finalidad
alcanzada por la emoción, es muy distinto de divertirse, por más que la cultura light ha
intentado hacerlos sinónimos. Justamente la capacidad de disfrutar está íntimamente
ligada a la creación, los logros personales, el cumplimiento de objetivos, etc.

Sexo: Los humanos hemos reemplazado el instinto sexual, transformándolo en


deseo sexual.

Esta emoción alerta sobre la posibilidad de establecer relaciones en las que se


unen el compromiso afectivo y el placer sexual.

El sexo es la Emoción Básica que permite establecer y mantener relaciones


emocionales profundas y estables, en un marco de placer y alegría. En esas condiciones
la finalidad de la emoción es la suma de las dos anteriores: a través de una vivencia
madura de la sexualidad se alcanza la posibilidad de lograr Intimidad y Disfrute.

La misma cultura light a la que se ha hecho referencia ha transformado el sexo


en solo un “divertimento”, limitado al placer y en el mejor de los casos al
establecimiento de relaciones más sociales que afectivas, sin compromiso, estabilidad ni
profundidad. En este caso se ha sustituido la emoción: la búsqueda solo de placer remite
a esa emoción y no al sexo. Por ello puede decirse que esa es una emoción de Falso
Sexo, un sexo desprovisto de su finalidad, encubriendo simplemente el Placer como
Emoción Básica subyacente.

Si los mandatos familiares y sociales transforman, prohíben, limitan la


capacidad de sentir y expresar las Emociones Básicas agradables mucho más lo hacen
con las desagradables.

Bronca: La bronca (ira) es la emoción del límite. Compartida con los


mamíferos, es lo que siente cualquier animal cuando ve invadido su territorio.
Vehiculizada desde el Hipotálamo por el Sistema Simpático, merced a la acción de la
adrenalina y noradrenalina, prepara al sistema cardiovascular y muscular para la lucha,
mientras que la respuesta lenta vía Hipotálamo – Hipófisis libera ACTH que inducirá la
producción de cortisol a nivel de las glándulas suprarrenales.
15

Cuando se siente bronca las hormonas que se ponen en juego en el mecanismo


fisiológico de respuesta preparan para una reacción violenta, como la de los animales.
Estos se dejan llevar por el instinto y responden agresivamente. Con el movimiento
(lucha, carrera de huida, etc.) estas hormonas se “gastan” cumpliendo con su objetivo
biológico: defender el territorio, delimitar un territorio nuevo o establecer jerarquía.

La invasión del espacio psíquico o la frustración del deseo provocan bronca,


generando en el individuo los mismos cambios físicos que en los animales. Pero la
forma humana y social de responder a las invasiones o frustraciones generalmente no es
violenta, con dos consecuencias inmediatas: la primera es positiva, porque gracias a las
formas alternativas de respuesta no violenta se puede convivir en sociedad, pero la
segunda es negativa, la cronificación de la bronca termina por provocar distress.

También tenemos que tener en cuenta que la invasión que se siente no está
limitada a un territorio geográfico, como en el caso de un animal, sino a un espacio
psíquico, mucho más complejo y mucho menos concreto que el territorio de un león,
por ejemplo.

La familia, el trabajo, la patria, la autoimagen, los deseos, son pasibles de ser


agredidos, invadidos, frustrados, etc., acarreando la aparición de una profunda “bronca”.

Así la “bronca” funciona como una alarma que alerta, advirtiendo que algo o
alguien está sobrepasando el límite y penetrando en el territorio personal. Sentirla es la
garantía de que se podrán tomar las medidas para frenar la invasión. Por eso es bronca
lo que sentimos cuando ponemos un límite, o lo recibimos.

Ahora bien, si la “bronca” permite fijar los límites, estos a su vez delimitan un
espacio: todo lo que está fuera de esos límites: no soy yo / no es mío, y todo lo que está
dentro soy yo / es mío.

Por ende, la bronca es la emoción que nos permite configurar, actualizar o


determinar nuestra Identidad, lo que yo soy y lo mío.

Las etapas en que esa identidad está puesta en juego, o debe ser modelada, son
etapas teñidas de grandes momentos de “bronca” (el niño entre los 3 y los 5 años, el
adolescente, el adulto en las crisis existenciales: edad media de la vida, vejez, etc.).
16

Tristeza: es la emoción que se siente ante las pérdidas, especialmente las


afectivas. La tristeza alerta acerca de la situación de pérdida y permite elaborar el duelo
o hacer la despedida.

Cuando ello no es autorizado por los otros o por los mensajes parentales
internos, el proceso de elaboración de la pérdida se dificulta, y se entra en Confluencia
(Vázquez, 2010 p. 105 y 151) con la situación o persona que ya no está.

Ahora bien, si se logra la despedida, cerrar la gestalt, elaborar el duelo, lo que


se consigue es que la energía psíquica (catexia) se despegue de la persona o la situación,
quedando en condiciones de aplicarla a otras.

Los esfuerzos naturales se dirigen a lo nuevo; lo viejo, lo anterior, queda como


un recuerdo, pero ya no asume el centro de atención afectiva… es decir, se ha
cambiado.

Por ello se puede decir que cuando se puede sentir la tristeza que la despedida
impone al perder algo o alguien que ha pasado por nuestras vidas (relaciones afectivas,
trabajos, ciclos de estudio, etc.), se alcanza la finalidad de esta emoción básica: la
posibilidad de Cambio.

Miedo: es lo que se siente cuando el entorno (o la fantasía) se presenta (o se lo


considera de ese modo) como algo peligroso.

Como ya hemos visto, es la emoción que siente el ñu del ejemplo anterior ante
el peligro que encierra la presencia de su predador.

Del mismo modo, al hombre el miedo le advierte que lo que se debe enfrentar
es peligroso. El mecanismo de alerta que el miedo proporciona nos permite prevenirnos,
tomar los riesgos adecuados para no fracasar.

Porque entre los humanos no siempre el riesgo significa hacer equilibrios entre
la vida o la muerte. Pero si no lo es concretamente, sí lo es simbólicamente. Cuando
asumimos un riesgo existe la posibilidad de morir: de que muera el deseo o la ilusión
que depositamos en ello, de que muera la alegría o el disfrute, etc.

Pero si se oimos al miedo, si no lo descalificamos, podemos tomar las medidas


suficientes y necesarias para no fracasar (toma adecuada de riesgos). La consecuencia
de prevenirnos adecuadamente nos permite alcanzar el Éxito.
17

El ejemplo más sencillo es el de un examen. Aquel alumno que sienta miedo de


ser aplazado, tomará las medidas necesarias (estudiar a conciencia) y por lo tanto se
preparará para enfrentarlo con éxito. El que no siente el miedo porque es de cobardes y
mariquitas (o como sucede hoy porque ser aplazado es un honor y el éxito no se mide
por el conocimiento sino por la habilidad de “zafar”), no se preparará y fracasará en el
intento.

Angustia: Es la más humana de las emociones, porque es la única que no


compartimos con los animales. Los seres humano somos los únicos que tenemos la
posibilidad de angustiarnos, y hacerlo nos habla por lo general de nuestra humanidad.

La angustia es una Emoción Básica, innata, pero no depende de la herencia


genética, sino que es aprendida en el momento del nacimiento, hecho ya percibido y
desarrollado por Freud (1978) y Rank (1961).

Merced al Trauma del nacimiento, la cosmovisión del bebé sufre un brusco y


dramático cambio. Perdemos o se modifican todos nuestros soportes biológicos y
psicológicos: de ser el único habitante de nuestro universo estrecho pasamos a descubrir
que el mundo es otro, más grande, en el cual estamos absolutamente desvalidos y
necesitados de protección y apoyo externos (rol materno). Para poder sobrevivir
debemos pedir lo que necesitamos (comida, bebida, limpieza, etc.) cuando antes todo
esto nos era provisto pasivamente, sin necesidad de pedirlo.

Todo ello nos produce una emoción nunca antes percibida: la angustia.

Y Esta Emoción Básica reaparecerá en nuestra vida cada vez que haya cambios
en nuestros soportes o nuestra cosmovisión. Cada crisis existencial, que aporta la
posibilidad de cambios dramáticos en las interacciones, la reproduce.

Así la angustia (evidente cuando enfrentamos la posibilidad de muerte física o


psicológica) es un sistema de alerta que nos avisa que la cosmovisión está cambiando:
se está en presencia de una crisis.

Si nos permitimos transitarla, vivirla, padecerla y gracias a ella movilizar los


soportes o adquirir nuevos para enfrentarla y superarla, habremos alcanzado la finalidad
psicológica de la Angustia: el Crecimiento.

Como hemos visto, permitirnos el sentir y expresar las Emociones Básicas es


esencial para lograr las finalidades que ellas encierran. Además, cada etapa de la vida
18

está signada por alguna de estas emociones que nos dan aviso de las tareas existenciales
que tenemos por delante. Por eso la adolescencia, por ejemplo, es una etapa preñada de
tristezas, angustias y “broncas”: en ella debemos despedirnos de la vida infantil,
enfrentar la crisis existencial más profunda y desarrollar la propia identidad, poniendo y
aceptando los límites que las nuevas interacciones con el mundo adulto imponen.

La expresión de las Emociones Básicas se realiza a través de dos sistemas


interconectados, originados en el Sistema Límbico. El primero parte del Hipotálamo y
el Sistema Nervioso Autónomo (el Sistema Nervioso Simpático). Por su intermedio se
generan las manifestaciones universales de las Emociones que estudiara y detectara Paul
Ekman. Los Pares Craneales producirán respuestas inmediatas y automáticas de las
Emociones Básicas. Los nervios que inervan especialmente el rostro (Facial, Trigémino,
los diversos nervios óculo-motores, etc.) generarán los micro y macro movimientos
faciales característicos: llanto, risa, rubor, desviaciones de la mirada, palidez… y el
décimo par, el Neumogástrico o Vago, proporciona las respuestas internas: taquicardia,
elevación de la tensión arterial, respiración suspirosa o entrecortada, las “mariposas en
el estómago”, etc.

Desde el mismo Hipotálamo se origina el segundo mecanismo de respuesta,


mediado por el sistema neuroendócrino. El Hipotálamo controla por sí mismo o a través
de la glándula Hipófisis la secreción de hormonas de todo el organismo. La Psico-
neuro-inmuno-endocrinología es la especialidad que estudia la inter-relación entre todas
estas disciplinas basada en este eje Hipotálamo-hipofisario que controla la secreción
hormonal de la Tiroides (y por ende el metabolismo), que regula el crecimiento
corporal, que dirige las gonadas con la consiguiente regulación de la fertilidad y los
caracteres sexuales que nos identifican como mujeres o varones, que estimula por medio
de la Adrenocorticotrofina (ACTH) la secreción de cortisol y nuestra adaptación a las
situaciones de estrés. Esta es la llave que explica por qué determinadas Emociones,
especialmente las Sustitutivas que veremos a continuación, pueden enfermarnos,
provocando distress y enfermedades psicosomáticas que van desde la hipertensión
arterial al cáncer.

Sin embargo, una expresión no controlada de las Emociones Ba´sicas sería


incompatible con nuestra vida en sociedad. Posiblemente desde una mirada
evolucionista el gran salto que nos ha hecho humanos ha sido el desarrollo de la corteza
19

prefrontal lo que nos ha permitido alcanzar tres capacidades distintivas: el pensamiento,


el lenguaje y el control emocional.

Si el pensamiento, el lenguaje y las funciones ejecutivas están vinculadas


principalmente a áreas prefrontales como el área 10, las cortezas prefrontales mediales y
su conexión con el Núcleo Caudado, el control de la expresión emocional depende de la
Corteza orbito-frontal, áreas 11 y 12 de Brodmann.

Esto permite tomar conciencia de la Emoción Básica, pero regular


volitivamente dos aspectos esenciales: la intensidad y la postergación de la oportunidad
de la expresión emocional. Así, la expresión descontrolada de la bronca (violencia,
agresión), el sexo, etc. son vistas como desadaptaciones que las constituyen en
Emociones Sustitutivas, no Básicas, como veremos más adelante.

Pero son estos mecanismo, imprescindibles para nuestra vida social, los que se
utilizan en la microsociedad familiar para restringir, prohibir o limitar emociones,
basado no ya en la conveniencia de la adaptación social sino en creencias, valores,
prejuicios, etc. de cada familia.

Las dificultades en la conciencia o expresión de estas Emociones Básicas,


como hemos visto, llevan a: 1-sustituirlas con emociones permitidas por los mensajes
parentales (Emoción Sustitutiva) o 2 -somatizarlas, poniéndolas en el cuerpo en
síntomas físicos a través de un estímulo inadecuado y prolongado de las dos vías de
expresión emocional que hemos sintetizado.

Los niveles de prohibición y consecuentes consecuencias son diversos. En el


peor de los casos no podemos sentir alguna de estas emociones, no registramos haberlas
sentido en toda nuestra vida y en cambio sentimos y expresamos alguna Emoción
Sustitutiva o presentamos cuadros de somatizaciones.

En casos más leves podemos sentirlas, pero no identificarlas y expresarlas.


Aquí presentamos una prohibición que se hace consciente, y por lo tanto accedemos con
mayor facilidad a identificar la emoción interdicta.

Si podemos sentirla pero no verbalizarla (no podemos decir que tenemos


miedo, o que queremos a alguien, o que nos da bronca la situación o conducta del otro,
o que deseamos contacto sexual, etc.) el grado de compromiso emocional es de mediana
gravedad y generalmente ocasiona síntomas o la aparición de Emociones Sustitutivas
muy limitantes y destructivas. Según el grado de gravedad de la prohibición de
20

verbalización podemos llegar a configurar un cuadro patológico como la Alexitimia (A:


sin – Lexis: palabra – Timia: Emoción)

Menor grado de gravedad (pero coincidentemente mayor grado de


generalización entre todos nosotros) tiene el poder sentir y hasta verbalizar la Emoción
Básica prohibida, pero no poder expresarla físicamente: No llorar, no reír, no abrazar,
etc. son algunas de las formas en que se manifiesta la dificultad en la expresión de una
específica Emoción Básica.

Las Emociones Sustitutivas o Rackets

El Rebusque (Racket, el neologismo creado por Berne para denominarlas) es


definido por Kertész y col. (1997) como “una Emoción Sustitutiva, inadecuada,
fomentada por los padres o sustitutos de la infancia, que reemplaza a la emoción
auténtica, ignorada o prohibida por estos” (p. 129).

Esta enseñanza no solo depende de la cultura, sino también de las expectativas


que se tienen sobre la persona, según su sexo y las necesidades del propio sistema
familiar. Y es a través de los Diálogos Internos (los “rollos”) introyectados por el niño
al que le prohibieron la expresión de ciertas emociones, que se las “rebusca” para
expresar otras que sean aceptadas por la micro-sociedad familiar, sustituyendo aquellas
sentidas como prohibidas o censuradas en la infancia.

Como la Emoción Básica es un sistema genéticamente determinado, su


aparición es imposible de evitar. La estimulación del Sistema Límbico, e incluso de las
áreas de control como el Área Terciaria de Asociación Limbica y la Corteza
Orbitofrontal es previa a la conciencia de la percepción. Sentimos emociones porque los
estímulos sensoriales hacen escala en el Tálamo Óptico antes de que lleguen a la
conciencia y producen en el Sistema Límbico movilización de energía psíquica (catexia)
que debe canalizarse.

Esta descripción neurocientífica pareciera a poner en duda la vigencia del


concepto de los psicólogos cognitivistas (Arnold y Lazarus, entre otros) ya que no
serían los procesos cognitivos los que generan la emoción sino por el contrario, la
emoción se produce automáticamente en toda percepción por estimulación del Tálamo
Óptico y recién posteriormente la información llega a la corteza prefrontal y tomamos
conciencia de ella.
21

Y esto es así cuando evaluamos a las Emociones Básicas, pero si tenemos en


cuenta a la Emociones Sustitutivas la postura cognitivista es la adecuada: las Emociones
Sustitutivas surgen a partir de procesos cognitivos previos: diálogos internos, creencias,
ideas sobrevaloradas, los pensamientos que refuerzan la autoestima (baja o alta), etc.

Génesis y características de las Emociones Sustitutivas

Existen infinidad de mecanismos de sustitución de Emociones Básicas. Desde


las expresas, verbales y no verbales: “no seas marica, dejá de llorar” o “bajá la mirada,
no seas machona”, hasta las más sutiles, acompañadas de refuerzos a la expresión de las
emociones deseadas por los padres y la censura explícita, o la indiferencia cuando el
niño expresa las Emociones Básicas prohibidas.

Estas son muchas veces las mismas que los padres o cuidadores tienen
interdictas. Otras veces son manifestación de la preocupación de los padres para que los
hijos no se encuentren con las dificultades que ellos vivieron al ser débiles, torpes,
inadecuados, miedosos, temerarios, soberbios, etc.

La administración de Caricias pseudopositivas (Vazquez y Francica 2018) a


ciertas Emociones Sustitutivas, y de censura directa o indirecta a las Básicas, vividas
como inadecuadas por los padres o cuidadores, es el mecanismo de educación
emocional (Steiner, 1998).

Esto se debe a que los padres buscan evitarle al hijo la vivencia de emociones
que les son desagradables (evitar que tengan miedo, evitar que estén tristes), o juzgan
mal la emoción expresada por el hijo, interpretando su bronca como rechazo, falta de
afecto o falta de respeto y desobediencia, o su tristeza y miedo como cobardía o
debilidad, por ejemplo.

Eso los impulsa a censurar la emoción que consideran débil, soberbia,


desafiante, etc. Pero la emoción es una respuesta de base biológica. Es tan imposible
frenar su percepción y expresión como frenar la respuesta motora de un reflejo. Por lo
tanto esa respuesta se vehiculizará hacia la expresión de otra emoción que reemplace o
sustituya a la Emoción Básica que el niño siente como “prohibida”. Esta emoción será
alguna que sí esté permitida por su entorno. En otros casos, y si el niño percibe que
enfermándose es más cuidado, querido, acompañado, reemplazará la expresión de la
Emoción Básica prohibida por un síntoma físico. Esa es la base de las somatizaciones
según este enfoque.
22

Una vez introyectada, la evaluación de la emoción y la consideración acerca de


si es o no adecuada, será re-vivida cada vez que la Emoción Básica se manifieste ante
situaciones del entorno, recurriendo a la censura interna de ella y a la aparición y
fomento de la Emoción Sustitutiva correspondiente. Aquí comprendemos cómo los
aportes de Lazarus, Arnold y Schachter-Singer arrojan nueva luz sobre el tema.

Por ello se puede deducir que las Emociones Sustitutivas no son respuestas
ante situaciones reales del entorno, sino producto de las ideas, introyectos y Mandatos
(elaboración intrapsíquica) acerca de esas situaciones, creadas por los Diálogos Internos
que las provocan reemplazando a las Básicas prohibidas.

Esta conclusión ha sido confirmada por los diagnósticos por neuroimágenes en


tiempo real (Resonancia Nuclear Magnética Funcional y Tomografía por Emisión de
Positrones, por ejemplo) que han demostrado que cuando sentimos una Emoción
Sustitutiva, no solo se activan en nuestro encéfalo las áreas que mencionamos como
responsables de las Emociones Básicas (Sistema Límbico), sino áreas de la corteza
prefrontal (Áreas 10 y 12 de Brodmann) y bitemporal (bancos de memoria) que dan
cuenta de los procesos cognitivos —pensamiento, prejuicios, conceptos aprendidos,
etc.— involucrados en la represión de la Emoción Básica y la aparición de la
Sustitutiva.

Este cambio afecta la Finalidad adaptativa inherente a la Emoción Básica por


una finalidad espuria, solo de adaptación a las expectativas de la familia de origen. Sin
embargo, hay emociones que a simple vista pueden parecer Básicas pero en realidad son
Sustitutivas. A estas últimas se las reconoce como Falsas Básicas: Falso Miedo, Falso
Sexo, Falsa Angustia, Falsa Bronca, Falsa Tristeza y Falso Afecto.

Si bien lo esencial a considerar para diferenciarlas es si alcanzan o no su


Finalidad Biopsicosocial, también pueden ser reconocidas, como vimos, por su
adecuación o inadecuación ante el estímulo, tanto en calidad como en intensidad y
duración.

En el Cuadro siguiente se enumeran algunas de las Emociones Sustitutivas más


frecuentes

Cuadro Nº 8: Emociones Sustitutivas frecuentes


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Falsa Alegría Falsa rabia Soberbia

Falso Afecto Resentimiento Euforia

Fobias Rencor Excitación

Ansiedad Celos maníaca

Depresión Envidia Falsa alegría


maníaca
Culpa Rivalidad
Falso Afecto
Inadecuación Saña
Desesperación
Confusión Ironía
Inutilidad
Vergüenza Temeridad
Melancolía
Timidez Autocompasión
Omnipotencia
Inferioridad Orgullo
Falso triunfo
Desvalorización Menosprecio
Falsa Tristeza
Inseguridad Falsa Angustia
Sadismo
Odio Falso Sexo

Conclusiones

Este somero análisis sobre las Emociones ha intentado proponer un modelo que
tienda a la integración de las teorías previas, basado en el marco teórico del Análisis
Transaccional y los aportes de las Neurociencias.

El aporte de las teorías evolucionistas, especialmente centradas en la


comprensión de la emoción como una respuesta adaptativa determinada o condicionada
genéticamente tiene eco en este enfoque al entender a la Emoción Básica como un
sistema de alerta y respuesta con finalidad adaptativa. Pero considera que esta
adaptación excede la simple respuesta de supervivencia individual o de la especie que
tiene la emoción en el resto de los mamíferos y reemplaza esta finalidad por una Bio-
psico-social mucho más compleja.
24

En cuanto a las clasificaciones tradicionales de emoción que tanto se visualizan


hoy especialmente en la psicología positiva, plantea que las Emociones Básicas son
siempre positivas, aunque sean desagradables, ya que su condición la determina el logro
de la finalidad que permite el cambio, el crecimiento, el éxito, la intimidad y el disfrute.

Respecto de la polémica entre las teorías de James-Lange y Canon-Bard, las


Emociones Básicas son las que más cerca estarían de iniciarse en reacciones fisiológicas
automáticas que tienden a la adaptación más primaria, luego el reconocimiento de estas
sensaciones producidas por la reacción fisiológica ayuda a la comprensión de la
emoción, tal como propusieran Schachter-Single y el propio Damasio, mientras que los
procesos cognitivos previos que plantearan Arnold y Lazarus serían los que generan
Emociones Sustitutivas.

La aplicación clínica de este enfoque es directa: reconocimiento de las


Sustitutivas y Permisos para poder expresar las Básicas prohibidas son pasos clínicos
necesarios para que la emoción no actúe como reforzador del autoconcepto neurótico,
haciendo avanzar el Guión de Vida elaborado en base a los deseos inconscientes
parentales.

Una explicación más detallada de este último concepto excede los objetivos de
este trabajo, si bien la consideramos imprescindible para el psicólogo clínico.
25

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