UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
COLEGIO DE CIENCIAS Y HUMANIDADES PLANTEL AZCAPOZALCO
GÉNERO EN LA SOCIEDAD MODERNA: DE LA IGUALDAD A LA
TRANSFORMACIÓN
267
Isaac David Vázquez Cruz
Mauricio Lozada Saldaña
Mauricio Chávez Cedillo
Said Alejandro Mecalco Guzmán
Fecha: 05/05/2025
ÍNDICE
PRÓLOGO ............................................................ 4
INTRODUCCIÓN ...................................................... 6
CAPÍTULO I: IGUALDAD DE GÉNERO .......................... 8
A. ¿Qué significa la igualdad entre hombres y mujeres?
B. Lugares donde no se respeta (escuela, trabajo, familia)
C. Cómo fomentar la igualdad en la vida diaria
CAPÍTULO II: ESTEREOTIPOS DE GÉNERO ...................... 12
A. ¿Qué son y de dónde vienen?
B. Ejemplos comunes en ropa, juegos o deportes
C. Consecuencias de seguir esos estereotipos
CAPÍTULO III: ROLES DE GÉNERO .................................. 16
A. ¿Qué son los roles de género?
B. Roles esperados en hombres y mujeres
C. Por qué es importante cambiarlos
CAPÍTULO IV: VIOLENCIA DE GÉNERO ........................... 19
A. ¿Qué es y cómo se presenta?
B. Tipos de violencia: física, verbal, económica, psicológica, etc.
C. Qué se puede hacer para prevenirla y detenerla
CONCLUSIÓN ......................................................... 22
FUENTES CONSULTADAS ....................................... 24
PRÓLOGO
Cuando comenzamos este trabajo sobre género, lo primero que
descubrimos no fueron las teorías, sino las resistencias. Desde el principio quedó
claro que hablar de temas como la desigualdad, los estereotipos o la violencia de
género no solo requiere investigación, sino también sensibilidad, diálogo y, a
veces, valor. Lo que en apariencia parecía una tarea académica más, rápidamente
se convirtió en una experiencia que nos retó a cuestionar creencias, a buscar más
allá de los conceptos básicos y a escuchar historias que muchas veces son
silenciadas.
Uno de los primeros desafíos fue elegir las fuentes adecuadas. Muchos
libros ofrecían explicaciones técnicas o demasiado generales, pero pocos
abordaban de forma clara y crítica cómo el género atraviesa la vida diaria. Algunos
textos hablaban de datos, otros de leyes, pero lo que nosotros buscábamos era
entender cómo las ideas sobre lo masculino y lo femenino influyen en las
oportunidades, en las relaciones, en el trato cotidiano. Fue entonces cuando
descubrimos que no se trata solo de estudiar el tema, sino de aprender a leerlo en
la realidad.
Encontramos dificultades para conseguir libros en físico, así que optamos
por fuentes digitales, y gracias a esa búsqueda ampliamos nuestro panorama. Con
autores como González (2019), Pérez y Rodríguez (2018) y Hernández y López
(2020), comprendimos que los roles y estereotipos no son solo ideas heredadas,
sino mecanismos que moldean decisiones y comportamientos desde la infancia.
Nos dimos cuenta de que hablar de género no es limitarse a lo femenino, sino
analizar cómo las diferencias sociales impuestas afectan a todas las personas.
Durante el proceso, también aprendimos a trabajar en equipo desde la
escucha y el respeto. Cada integrante compartió experiencias, dudas y reflexiones
que enriquecieron el análisis. Algunas discusiones nos llevaron a repensar lo que
creíamos saber. Lo más valioso no fue solo lo que encontramos en los libros, sino
lo que surgió en el intercambio: nuevas preguntas, otras miradas y, sobre todo,
una mayor conciencia de lo que implica vivir en una sociedad que aún tiene mucho
que transformar en términos de igualdad.
Este proyecto no solo fue una investigación escolar, fue una oportunidad
para mirar el mundo con otros ojos, y para entender que detrás de cada dato, cada
cita y cada palabra escrita, hay vidas reales, desafíos urgentes y un futuro que se
construye desde el presente.
INTRODUCCIÓN
Vivimos en un mundo donde las diferencias de género siguen marcando
nuestra vida cotidiana, y estas distinciones, lejos de ser naturales, están
profundamente influenciadas por normas sociales que limitan las oportunidades y
los derechos de muchas personas. La igualdad de género, en pleno siglo XXI, es
todavía un desafío global que atraviesa la cultura, la economía, la política y las
relaciones interpersonales.
Esta es la razón por la que decidimos, como equipo, investigar más a fondo
sobre este tema. La desigualdad de género no es un problema abstracto ni algo
que pueda resolverse con simples medidas. Es un tema urgente que requiere una
reflexión profunda sobre cómo nos relacionamos con los demás y cómo nuestras
acciones y creencias contribuyen a perpetuar las estructuras de poder que afectan
a millones de personas.
Nuestro trabajo no solo busca exponer los conceptos fundamentales sobre
los roles y estereotipos de género, sino también ofrecer una crítica reflexiva sobre
las dinámicas que siguen marcando la diferencia entre los géneros. En este
proyecto, nos hemos enfocado en tres aspectos clave: la igualdad de género, los
estereotipos de género y la violencia de género, ya que entendemos que son
estos los ejes fundamentales que mantienen vivas las desigualdades y las
discriminaciones que enfrentan tanto hombres como mujeres en la sociedad
actual.
En el primer capítulo, abordamos la cuestión de la igualdad de género,
analizando las barreras estructurales y culturales que impiden que hombres y
mujeres disfruten de los mismos derechos y oportunidades. El segundo capítulo se
adentra en los estereotipos de género, reflexionando sobre cómo estas imágenes
preconcebidas nos afectan desde la infancia y limitan el potencial de las personas
al obligarlas a cumplir con expectativas rígidas. En el tercer capítulo, discutimos la
violencia de género, un fenómeno destructivo que sigue afectando a millones de
mujeres y, aunque en menor medida, también a hombres. Finalmente, en el cuarto
capítulo, exploramos los roles de género, cómo han evolucionado y cómo siguen
influyendo en las expectativas que la sociedad tiene sobre las personas.
Este trabajo no solo se plantea como una investigación académica, sino
como un llamado a cuestionar las estructuras invisibles que siguen perpetuando la
desigualdad. La igualdad de género es un derecho humano fundamental, y
entender los procesos sociales y culturales que la frenan es un paso esencial
hacia un futuro más justo para todos.
Mauricio Lozada Saldaña
CAPÍTULO I. IGUALDAD DE GÉNERO
A. ¿Qué significa la igualdad entre hombres y mujeres?
Según González en su libro Cultura y género: construcciones sociales, “la
igualdad entre hombres y mujeres no implica que ambos sean idénticos, sino que
sus diferencias no deben traducirse en desigualdades de trato, oportunidades o
derechos” (González, 2019, p. 15). Esta afirmación nos recuerda que hablar de
igualdad no se trata de borrar las diferencias, sino de garantizar que ninguna
persona sea limitada por su género.
Lograr la igualdad de género exige una transformación en las ideas más
arraigadas de la sociedad. Muchas veces se ha creído que las mujeres deben
cuidar el hogar y los hombres trabajar fuera de casa, pero hoy sabemos que esas
divisiones son construcciones sociales, no reglas naturales. Por eso, cada vez que
se promueve que ambos géneros compartan responsabilidades o tengan las
mismas posibilidades de estudiar, decidir y vivir sin miedo, se está construyendo
una sociedad más justa.
Como lo afirman Hernández y López en Perspectivas de género y vida
cotidiana, “la igualdad solo es real cuando se traduce en acciones concretas que
eliminan las barreras culturales, sociales y legales que afectan especialmente a
las mujeres” (Hernández & López, 2020, p. 42). No se trata solo de palabras
bonitas o leyes escritas, sino de cambios que se noten en la vida diaria.
B. Lugares donde no se respeta (escuela, trabajo, familia)
A pesar de los avances, la desigualdad sigue muy presente. En las
escuelas, por ejemplo, muchas veces se espera que las niñas sean más
ordenadas o tranquilas, mientras a los niños se les permite más libertad. En el
trabajo, las mujeres aún ganan menos en muchos sectores o enfrentan obstáculos
para ocupar cargos altos. Y en la familia, se sigue esperando que ellas se
encarguen de las tareas del hogar, incluso cuando también trabajan fuera.
La ONU advierte en su libro Prevención de la violencia de género que “la
desigualdad de género es la raíz de múltiples formas de discriminación y exclusión
que se reproducen en todos los espacios sociales, desde la infancia hasta la
adultez” (ONU, 2019, p. 12). Esto muestra que no basta con reconocer el
problema: hay que actuar en cada uno de esos espacios.
C. Cómo fomentar la igualdad en la vida diaria
Fomentar la igualdad empieza con pequeños gestos que, aunque parecen
simples, tienen un gran impacto. Escuchar a las niñas y a los niños por igual,
permitirles elegir sus juegos y colores sin imponerles estereotipos, o compartir
tareas del hogar entre todos los miembros de la familia, son formas de educar
desde la equidad.
Como explican Pérez y Rodríguez en Estudios de género en América Latina, “la
transformación hacia la igualdad de género no es una meta lejana, sino un
proceso cotidiano que comienza con la forma en que nos relacionamos en casa,
en la escuela y en la calle” (Pérez & Rodríguez, 2018, p. 59). Esta mirada invita a
cada persona a preguntarse: ¿qué puedo hacer yo, desde dónde estoy?
Isaac David Vazquez Cruz
CAPÍTULO II: ESTEREOTIPOS DE GÉNERO
A. ¿Qué son y de dónde vienen?
Los estereotipos de género son ideas fijas sobre cómo deben ser o actuar
los hombres y las mujeres. Estas ideas vienen de tradiciones, medios de
comunicación, educación y hasta creencias religiosas. Muchas veces parecen
inofensivas, pero en realidad limitan la libertad de las personas.
González señala en Cultura y género: construcciones sociales que “los
estereotipos no son reflejos fieles de la realidad, sino moldes sociales que buscan
encajar a las personas en roles que muchas veces no eligen” (González, 2019, p.
28). Por eso, es importante cuestionarlos y entender de dónde vienen.
B. Ejemplos comunes en ropa, juegos o deportes
Es muy común escuchar frases como “los niños no lloran” o “las niñas no
juegan fútbol”. Estos comentarios, aunque suenen comunes, enseñan desde
pequeños que hay cosas “propias” de un género y no del otro. En la ropa, también
se hace una separación: colores pastel o vestidos para niñas, ropa oscura o de
superhéroes para niños. Lo mismo sucede en los deportes o actividades artísticas,
donde se encasilla según el género.
Hernández y López escriben que “estos estereotipos no solo afectan la
autoestima de quienes se sienten diferentes, sino que generan una presión
constante por ajustarse a lo que se espera del propio género” (Hernández &
López, 2020, p. 55). Esa presión puede hacer que las personas repriman sus
intereses o escondan su verdadera forma de ser.
C. Consecuencias de seguir esos estereotipos
Seguir los estereotipos de género puede parecer cómodo al principio, pero
en realidad encierra a las personas en papeles limitantes. Los hombres que
quieren expresar sus emociones pueden ser criticados, y las mujeres que buscan
liderar pueden ser vistas como mandonas. Eso genera inseguridad, frustración y
muchas veces rechazo.
Como advierten García y Martínez en Violencia de género y salud mental:
perspectivas y enfoques, “el mantenimiento de estereotipos de género no solo
perpetúa la desigualdad, sino que también está ligado a problemas de salud
mental como ansiedad, depresión y baja autoestima” (García & Martínez, 2017, p.
67).
Said Alejandro Mecalco Guzman
CAPÍTULO III: ROLES DE GÉNERO
A. ¿Qué son los roles de género?
Según González en su libro Cultura y género: construcciones sociales, “los
roles de género tradicionales son el resultado de siglos de estructuras patriarcales
que definen a los hombres como los dominantes y a las mujeres como
subordinadas” (González, 2019, p. 30). Esta afirmación permite comprender cómo,
durante mucho tiempo, se han asignado tareas, comportamientos y
responsabilidades distintas según el sexo con el que se nace, sin considerar las
verdaderas capacidades o deseos de las personas.
Estos roles no son naturales ni inmutables, sino construcciones sociales
que han sido reforzadas por las costumbres, los medios de comunicación, la
religión y la educación. El problema surge cuando estos papeles se convierten en
reglas rígidas que limitan el desarrollo individual. Al imponer lo que “debe” hacer
un hombre o una mujer, se impide la libertad de ser uno mismo.
Como señalan Hernández y López en Perspectivas de género y vida
cotidiana, “los roles de género han sido normalizados al punto de que muchas
personas los consideran ‘naturales’, cuando en realidad son el reflejo de una
cultura desigual” (Hernández & López, 2020, p. 63). Por eso, cuestionarlos no es
rechazar la identidad, sino abrir más posibilidades para todas las personas.
B. Roles esperados en hombres y mujeres
Históricamente, a las mujeres se les ha asignado el papel de cuidadoras:
encargarse del hogar, de los hijos, de los enfermos. A los hombres, se les ha
asociado con el trabajo, la fuerza, la autoridad y la provisión económica. Aun hoy,
esas ideas siguen influyendo en cómo se educa, cómo se trabaja, y cómo se
valora a cada persona.
La ONU señala en Prevención de la violencia de género que “estos roles
asignados son una fuente de discriminación que alimenta prácticas como la
exclusión laboral, la sobrecarga de tareas no remuneradas y la falta de
representación en espacios de poder” (ONU, 2019, p. 22). En muchos casos, lo
que parece una simple tradición es, en realidad, una barrera para la igualdad.
C. Por qué es importante cambiarlos
Transformar los roles de género no es una amenaza a la identidad, sino una
oportunidad para que cada quien pueda vivir sin limitaciones impuestas. Si los
hombres pueden cuidar sin ser juzgados y las mujeres pueden liderar sin
obstáculos, la sociedad se vuelve más justa y equilibrada. Cambiar esos roles
ayuda a que cada quien se desarrolle de forma plena, sin miedo a romper con lo
que “se espera”.
Pérez y Rodríguez, en Estudios de género en América Latina, afirman:
“Cuestionar los roles tradicionales no es ir contra la cultura, sino actualizarla para
que refleje la diversidad de experiencias humanas” (Pérez & Rodríguez, 2018, p.
75). Cambiar no es olvidar, es evolucionar hacia formas más libres de convivencia.
Mauricio Jesús Chávez Cedillo
CAPÍTULO IV: VIOLENCIA DE GÉNERO
A. ¿Qué es y cómo se presenta?
La violencia de género es cualquier acto que cause daño físico, psicológico
o sexual a una persona por el hecho de ser mujer, o por no ajustarse a los roles
tradicionales de género. A veces es evidente, como los golpes o insultos, pero
otras veces es sutil, como humillar, ignorar, controlar o imponer decisiones.
García y Martínez, en su libro Violencia de género y salud mental:
perspectivas y enfoques, afirman que “la violencia de género no solo se manifiesta
en el ámbito doméstico, sino también en el trabajo, en la calle y en las
instituciones, lo que la convierte en un problema estructural” (García & Martínez,
2017, p. 49). Esto muestra que no se trata de casos aislados, sino de una forma
de opresión que está muy extendida.
B. Tipos de violencia: física, verbal, económica, psicológica, etc.
La violencia física es la más visible, pero no es la única. También está la
violencia psicológica, que daña la autoestima a través de insultos, amenazas o
manipulación emocional. La violencia económica se da cuando se controla el
dinero o se impide trabajar. La violencia sexual incluye cualquier acto forzado o no
consentido. Incluso los celos excesivos, el control del celular o las prohibiciones
también son formas de violencia.
La ONU señala que “la violencia de género adopta muchas formas, y todas
ellas buscan el mismo objetivo: someter, intimidar y anular a la persona que la
sufre” (ONU, 2019, p. 36). Reconocer todas estas expresiones es el primer paso
para erradicarlas.
C. Qué se puede hacer para prevenirla y detenerla
La prevención de la violencia de género empieza con la educación. Enseñar
desde pequeños a respetar, a compartir, a escuchar, y sobre todo, a reconocer el
valor de cada persona, sin importar su género. También es importante hablar del
tema, romper el silencio, denunciar cuando sea necesario y acompañar a quienes
han vivido violencia.
Como dicen García y Martínez, “la intervención temprana, la escucha activa
y los espacios seguros para las víctimas son claves para romper los ciclos de
violencia y restaurar la salud mental” (García & Martínez, 2017, p. 85). Nadie
debería sentirse solo ante una situación así.
CONCLUSIÓN
A lo largo de este recorrido, hemos comprendido que la desigualdad de
género no es simplemente el resultado de diferencias biológicas ni una serie de
hechos aislados. Se trata de una construcción histórica y cultural profundamente
arraigada que atraviesa nuestras costumbres, nuestras instituciones y nuestras
formas de convivir. Los estereotipos, los roles impuestos y la violencia de género
no son problemas menores, sino manifestaciones concretas de un sistema que ha
fallado en garantizar la equidad y el respeto entre todas las personas.
Analizar los estereotipos nos permitió ver cómo desde la infancia se nos
asignan expectativas distintas según el género, condicionando nuestras
decisiones, nuestras emociones y nuestras posibilidades. Al estudiar los roles de
género, comprendimos que estos no son naturales ni fijos, sino normas sociales
que pueden y deben transformarse. Y al reflexionar sobre la violencia de género,
fue evidente que esta no surge de la nada, sino de relaciones de poder desiguales
que muchas veces se aceptan como normales dentro de la sociedad.
Pero este proyecto también nos ayudó a descubrir que hay caminos
posibles para el cambio. A través de la educación, del diálogo abierto y del
cuestionamiento constante a los modelos tradicionales, podemos construir
relaciones más igualitarias y entornos más seguros y justos. La igualdad de
género no es un ideal lejano, es una necesidad urgente y alcanzable si estamos
dispuestos a reconocer nuestras responsabilidades y a actuar en consecuencia.
Como equipo, entendimos que hablar de género no es solo hablar de
mujeres, sino de toda la sociedad. Se trata de romper silencios, de visibilizar
injusticias y de apostar por una convivencia más digna para todas las personas,
sin importar su identidad o su expresión. Sabemos que aún queda mucho por
hacer, pero también sabemos que el cambio comienza por entender, cuestionar y
transformar.
FUENTES CONSULTADAS
García, L., & Martínez, P. (2017). Violencia de género y salud mental:
perspectivas y enfoques. Universidad Autónoma de México, Editorial Porrúa.
González, A. (2019). Cultura y género: construcciones sociales. Facultad de
Filosofía y Letras, UNAM.
Hernández, J., & López, M. (2020). Perspectivas de género y vida cotidiana.
UNAM.
ONU. (2019). Prevención de la violencia de género. Organización de las
Naciones Unidas.
Pérez, M., & Rodríguez, F. (2018). Estudios de género en América Latina.
Editorial Siglo XXI.