Economía marxista
Enviado por grabiela ortiz
Partes: 1, 2
1. Características principales o principios básicos
2. Introducción
3. Los Males del Capitalismo
4. La Autodestrucción del Capitalismo
5. La Utopía Comunista
6. La llamada acumulación originaria
7. De la manufactura a la gran industria
8. Maquinaria y gran industria: la producción de plusvalía relativa
9. La teoría del valor
10. La tasa de ganancia
11. El Ciclo del Capital
12. Las crisis capitalistas
13. El Imperialismo
14. Conclusión
La economía marxista es la escuela de pensamiento económico inspirada en
pro a la obra de Karl Marx. La mayoría de los conceptos fundamentales de esta
escuela fueron desarrollados por Marx en su obra principal El Capital, algunos
de ellos
son: fuerza de trabajo lumpenproletariado, proletariado y burguesía (en
sentido de clase social), lucha de
clases, plusvalía, materialismo histórico, explotación y la teoría del
valor trabajo.
Características principales o principios básicos
Marx señaló que dinero y mercancía no son de por sí capital, como tampoco lo
son los medios de producción o
los bienes de consumo. Mercancía y dinero existían también en otros modos de
producción anteriores como el esclavismo o el feudalismo, pero no se
transformaban masivamente en capital, ni éste era el motor de la actividad
económica.
En las antiguas economías, la manufactura se apoderó sólo de un modo muy
fragmentario de la producción nacional, apoyándose siempre en la artesanía
urbana y la industria subsidiaria doméstica. Por eso Marx enfatiza en la idea
de que la destrucción de la industria doméstica rural, es el factor decisivo para
darle al mercado interior la expansión y la consistencia que el modo de
producción necesita, algo que solo se conseguirá con la aparición de la gran
industria.
Estamos hablando de unas teorías antiguas, pero no obstante muy críticas con
el sistema mediante el cual la burguesía intentaba hacerse un hueco en la
industria. En su teoría económica, Marx hace hincapié en los defectos
del sistema capitalista a la hora de gestionar las crisis. Algo que se puede
decir que estamos viviendo en nuestras propias carnes en estos momentos, ya
que uno de los defectos del capitalismo a la hora de restaurar el equilibrio es
la perseverancia en hacer que en el mercado se equilibre la oferta y
la demanda, cueste lo que cueste.
La teoría economía de Marx, va ligada a su teoría general o marxismo, en la
que destaca la explicación de porque se hacen los cambión históricos y que es
lo que determina las desigualdades de los hombres. Aquí abajo se puede
apreciar un esquema par que lo tengáis más claro.
Si destacamos el error lógico del asunto tenemos que si el valor de ambos
bienes fuese el mismo, no habría razón para el intercambio. Si para cualquiera
un kilo de pan tiene el mismo valor que un kilo de patatas, solo cabe
preguntarse ¿Porque razón habría que realizar intercambio alguno?
Introducción
La economía marxista es resumida por V.I. Lenin de la siguiente manera:
"Una sociedad comunista significa que todo, la tierra, las fábricas,
es propiedad comunitaria. El Comunismo significa trabajar en común."
El sistema económico juega un papel mucho mayor en la cosmovisión marxista
que en la cristiana o en la del humanismo secular. Para los marxistas, el
sistema económico determina las leyes, el tipo de gobierno, y el papel de la
sociedad en la vida cotidiana. Aunque la mayoría estará de acuerdo en que un
sistema económico afecta estas áreas hasta cierto punto, los marxistas afirman
que dicta el carácter preciso de ellas. Con esto en mente, los marxistas
concluyen que sistemas económicos indeseables crean sociedades retrógradas,
indeseables. Ellos señalan los males en una sociedad capitalista y concluyen
que el capitalismo, basado en la propiedad privada, es un mal sistema
económico que debe ser reemplazado con un sistema más humano, uno que
abolirá la propiedad privada y el intercambio libre y pacífico de bienes
y servicios (el libre mercado). De acuerdo con Marx, el problema clave del
capitalismo es que genera la explotación de los trabajadores. Marx dice que en
una sociedad capitalista, la burguesía (los dueños de la propiedad) iguala el
valor personal con el valor de cambio, conduciendo a la "explotación abierta,
desvergonzada, directa y brutal."
Los Males del Capitalismo
De acuerdo con la economía marxista, dos defectos ocasionan necesariamente
que el capitalismo sea un sistema de explotación. El primer defecto es el
problema del excedente de mano de obra. De acuerdo con este concepto, la
burguesía no se lucra por la venta de su producto a un precio por encima
del costo de materiales más la obra de mano, sino más bien al pagarle al
trabajador por debajo del valor de su trabajo. Esta habilidad de la burguesía
para manipular a los trabajadores, les permite devaluar la mano de obra,
creando así ganancias para sí mismos al reducir el precio de la mano de obra.
Los marxistas ven al capitalismo como el creador de un círculo vicioso que
ocasiona que los trabajadores sean explotados cada vez más. Marx explica: "La
acumulación de riquezas en un polo es, por lo tanto y al mismo tiempo, la
acumulación de miseria, agonía de trabajo duro, esclavitud, ignorancia,
brutalidad y degradación mental, en el polo opuesto. . . "
El segundo defecto del capitalismo es su naturaleza caótica. Mientras que el
Estado puede controlar todos los aspectos del socialismo, desde la producción
hasta la distribución, el capitalismo es controlado por el libre mercado.
(Técnicamente, el capitalismo es conocido como una economía dirigida por el
mercado, y el socialismo como una economía planificada centralmente, aunque
en la práctica la mayoría de las economías son una mezcla de ambas.) En un
sistema socialista, las decisiones económicas referentes a precio, producción,
y consumo, son tomadas por planificadores centrales afiliados al gobierno. En
un sistema capitalista, las decisiones son tomadas por cada productor y
cada consumidor - una ama de casa con una lista de víveres, por ejemplo, es
una planificadora económica en un sistema capitalista. El marxismo acentúa
esta diferencia, afirmando que sólo una economía planificada puede descubrir
verdaderamente los mejores métodos de producción y distribución. Los
marxistas creen que las economías capitalistas se alimentan de las crisis que
tienden a estimularlas. Marx creía que esta dependencia de las crisis podría
causar estragos a largo plazo, y por lo tanto, abogaba para que
una comunidad planificada reemplazara tal sistema espontáneo, errático e
irresponsable.
La Autodestrucción del Capitalismo
La teoría de la economía marxista mantiene que el capitalismo eventualmente
se auto-destruirá, a medida que explota a más y más gente, hasta que todos
hayan sido reducidos al estatus de trabajadores. Engels explica el proceso:
"Mientras que el modo de producción capitalista completamente transforma
cada vez más en proletarios a la gran mayoría de la población, crea
el poder que, a riesgo de su propia destrucción, es forzado a alcanzar
esta revolución. [Eventualmente] El proletariado se apoderará del poder
político y transformará los medios de producción en propiedad del Estado."De
esta manera, el proletariado actúa como un catalizador para la caída del
capitalismo y surgimiento del nuevo sistema socialista. "El extremadamente
agudo conflicto de clases entre los explotadores y los explotados constituye la
característica básica del sistema capitalista. El desarrollo del capitalismo
inevitablemente conduce a su propia ruina. Sin embargo, el sistema de
explotación en sí no desaparece. Es destruido sólo como resultado de una
lucha revolucionaria y la victoria del proletariado."El concepto de la dialéctica
ilustra que la caída del capitalismo y el subsiguiente surgimiento del
socialismo, y eventualmente del comunismo, son inevitables. La burguesía
(tesis) y el proletariado (antítesis) chocan para crear el socialismo (síntesis)
que garantiza el advenimiento del comunismo. La dialéctica, de ser
continuada, también garantiza que el comunismo no puede ser la síntesis final.
La Utopía Comunista
El comunismo mundial traerá una cantidad de beneficios. Los marxistas
afirman que el comunismo proporciona más libertad que otros sistemas
económicos. La humanidad habrá alcanzado la perfección, anulando la
pertinencia de la ley y del gobierno. La redistribución de la riqueza resolverá
muchos problemas. El libro de texto Economía Política explica algunos de
ellos: "Una vez que las clases explotadoras, con su consumo parasitario, hayan
sido abolidas, el ingreso nacional estará íntegramente a disposición del pueblo.
Las condiciones de trabajo serán alteradas radicalmente, albergando
condiciones sustancialmente mejoradas en ciudades y campos, y haciendo
accesibles a los trabajadores todos los logros de la cultura moderna."6 Otra
ventaja del comunismo tiene que ver con la motivación de los trabajadores:
"¿Puede una sociedad capitalista, con su desempleo crónico, asegurarle a
todos los ciudadanos la oportunidad de trabajo, sin hablar de la oportunidad de
escoger el trabajo que les guste? Evidentemente, no puede. Pero el sistema
socialista hace del derecho al trabajo un derecho constitucional de un
ciudadano, liberándolo de la opresiva ansiedad e incertidumbre del
mañana."7 En resumen, los marxistas creen que el comunismo es el sistema
económico ideal y la base de la utopía en todos los aspectos de la sociedad.
La llamada acumulación originaria
No es ningún secreto que la economía política burguesa ha tratado de
combatir al marxismo no sólo en sus principios políticos, sino en lo que
siempre han considerado su núcleo duro, el análisis del funcionamiento del
sistema capitalista y las leyes que lo rigen. La crítica de la teoría del valor, la
formulación de las tesis sobre la plusvalía y la apropiación, la acumulación
originaria del capital o la teoría marxista sobre las crisis, han sido denunciadas
por economistas, catedráticos y políticos de la clase dominante, sin que hasta
el momento hayan formulado un alternativa coherente capaz de sustituirlas.
Desde las páginas de El Militante queremos dedicar un espacio a comentar las
ideas más sobresalientes de la economía política marxista y contrastarlas con
la situación general por la que atraviesa el capitalismo hoy. Inevitablemente
muchas consideraciones no podrán ser tratadas por falta de espacio, pero
intentaremos de forma sintética y a trazo grueso abordar las principales
cuestiones del pensamiento de Marx en este terreno.
Iniciaremos esta serie de artículos con el proceso de la acumulación originaria,
tal como Marx lo planteó en El Capital.
Marx señaló que dinero y mercancía no son de por sí capital, como tampoco lo
son los medios de producción o los bienes de consumo. Mercancía y dinero
existían también en otros modos de producción anteriores como el esclavismo
o el feudalismo, pero no se transformaban masivamente en capital, ni éste era
el motor de la actividad económica.
¿Cómo se realiza esta transición imprescindible en el alumbramiento del
capitalismo? Marx lo explica en la sección séptima de su obra: el cambio se
produce cuando los poseedores de dinero, medios de producción y consumo
entran en contacto entre ellos y logran valorizar su posesión. La forma de
lograr esta valorización se realiza mediante la utilización de fuerza de trabajo
ajena. Es decir, la relación capitalista presupone en primer lugar la
desvinculación de los trabajadores con la propiedad de los medios e
instrumentos de trabajo.
Este proceso de transición se de-sarrolló a lo largo de varios siglos,
fundamentalmente en Inglaterra y Holan-da, cunas del capitalismo
contemporáneo. La estructura de la sociedad capitalista surgió de la disolución
de las viejas relaciones de propiedad del feudalismo. Varios factores
fundamentales marcan este proceso:
1. – El productor directo deja de estar ligado a la gleba o ser siervo. El obrero
se sustrae al dominio de los gremios, a sus ordenanzas sobre aprendices y
oficiales y a sus normas laborales. Los recién liberados sólo se convertirán en
vendedores de sí mismos cuando se les arrebate de todos sus medios de
producción y de todas las garantías de existencia que les ofrecían las
viejas instituciones feudales. Tal como señaló Marx, "la historia de esta
expropiación se ha escrito en los anales de la humanidad con rasgos
de sangre y fuego".
2. – La expropiación de tierras del productor rural, constituye la base
fundamental de todo este proceso. En Inglaterra la servidumbre de la gleba
había desaparecido, en la práctica, a finales del siglo XIV. La inmensa mayoría
de la población la constituían para aquel entonces campesinos libres y
autónomos, independientemente de la etiqueta feudal con la que escondieran
su propiedad.
La disolución de esta relación de servidumbre lanzó al mercado de trabajo a
una masa de propietarios libres, en un movimiento caracterizado por
la violencia. Los grandes señores feudales expulsaron por la fuerza al
campesinado de las tierras que cultivaban y usurparon sus tierras comunales,
en beneficio de los grandes rebaños de ovejas, fenómeno alimentado por el
florecimiento de la manufactura lanera en Flandes. De esta manera no es
extraño que Tomas. Moro, en su obra Utopía, hablara del extraño país donde
las ovejas se comían a las personas.
Este proceso violento de explotación de miles de antiguos siervos recibió un
fuerte espaldarazo en el siglo XVI, con la Reforma y la expropiación
generalizada de los bienes de la Iglesia.
Sobre estas bases los terratenientes abolieron la propiedad feudal del suelo y
reivindicaron la propiedad moderna de las fincas. Esta época culminó en el
plano político durante la llamada Revolución gloriosa de 1688, golpe de
Estado que reforzó la monarquía constitucional en Inglaterra, basada en el
compromiso entre la nobleza terrateniente y la burguesía. Como señaló Marx,
el poder fue transferido a los "forjadores de plusvalía terrateniente y
capitalista".
A partir de entonces el saqueo de tierras públicas se desarrolló a
una escala desconocida y la burguesía favoreció el proceso, entre otras
razones, para convertir la tierra en un nuevo artículo de comercio, extender el
área de las grandes explotaciones agrícolas y abastecerse de proletarios
baratos del campo. Este saqueo fue acompañado de un arsenal de leyes que se
convirtieron en vehículo para el robo de las tierras del pueblo.
3. – Por otro lado, los capitalistas industriales tuvieron que desplazar no sólo a
los maestros artesanos de los gremios, sino también a los señores feudales. Es
decir necesitaron transformar radicalmente las relaciones políticas para
asegurar el triunfo de las nuevas formas de propiedad y producción. La
revolución burguesa en Holanda, Inglaterra y posteriormente
en Francia jugaron ese papel necesario.
Si los primeros indicios de producción capitalista se encuentran
esporádicamente en los siglos XIV y XV, localizados en algunas ciudades del
Medi-terráneo, no se puede hablar de la era capitalista como tal hasta el siglo
XVI.
Siguiendo el caso inglés, esta masa popular expulsada de sus tierras no podía
ser absorbida por una manufactura todavía incipiente, y se transformó en una
legión de mendigos, ladrones y vagabundos, contra los que se dictó una
legislación sanguinaria.
Paralelamente, en la agricultura, la transformación radical que supuso el
cambio en las relaciones de propiedad, mejoró los métodos de cultivo,
favoreció la cooperación y la concentración de los medios de producción, en
definitiva incrementó la producción del campo. "La materia prima agrícola",
señalaba Marx "se transformó en el elemento del capital constante", en
la materia prima para la manufactura.
Esta revolución agrícola, junto con el alza de los precios del grano, de la carne
y de todos los productos agrícolas en el siglo XVI, engrosó el capital de los
arrendatarios, mientras que la renta del suelo, que éstos tenían que pagar a los
viejos propietarios, seguía contratada en el viejo valor en dinero
(los contratos a veces duraban 99 años). De esta manera estos arrendatarios se
enriquecieron, convirtiéndose en arrendatarios capitalistas.
El papel de la manufactura
El desarrollo de la manufactura creado mediante la expropiación de pequeños
productores independientes, dio lugar a la aparición de un mercado interno,
esencial para el fortalecimiento de las relaciones de producción capitalistas.
Las materias primas y medios de subsistencia se convirtieron en mercancías,
que el gran arrendatario vendía en la manufactura, su mercado preferente. Al
mismo tiempo todas las materias primas que en el ámbito de la
vieja familia campesina se elaboraban para el propio consumo, como el lino,
artículos baratos de lana, etc., se convierten ahora en los artículos de la
manufactura que, a su vez, encuentran en los distritos rurales su mercado
de ventas.
Sin embargo la manufactura se apodera sólo de un modo muy fragmentario de
la producción nacional, apoyándose siempre en la artesanía urbana y la
industria subsidiaria doméstica. Por eso Marx enfatiza en la idea de que la
destrucción de la industria doméstica rural, es el factor decisivo para darle al
mercado interior la expansión y la consistencia que el modo de producción
necesita, algo que solo se conseguirá con la aparición de la gran industria.
De la manufactura a la gran industria
Como Marx señaló en El Manifiesto Comunista, el capital necesita revolucionar
constantemente los medios e instrumentos de producción, en una batalla
permanente por incrementar la productividad del trabajo. En este proceso, la
transición de la producción manufacturera a las grandes concentraciones
industriales juega un papel clave y asegura el triunfo de las relaciones de
producción capitalistas.
Un aspecto importante del desarrollo de la manufactura, que la diferencia de
la vieja industria artesanal gremial, es la cooperación entre un mayor número
de obreros, en el mismo lugar y para la producción del mismo tipo de
mercancías. La cooperación, es decir, la concentración de obreros para
desarrollar idénticas tareas productivas, facilita asimismo la concentración de
medios de producción, disminuyendo de esta manera el valor del capital
constante y por tanto el valor total de la mercancía. En definitiva se trata de
una economía de medios de producción, debido al consumo común en el
proceso productivo del trabajo de muchos, que además tiene consecuencias
importantes: eleva la fuerza productiva individual y crea una fuerza productiva
que se convierte en una fuerza de masa.
La cooperación permite además distribuir entre diversos
obreros operaciones diferentes y llevarlas a cabo al mismo tiempo, reduciendo
de esta manera el trabajo necesario para la fabricación del producto total. Por
otra parte, los medios de producción y de trabajo usados colectivamente –es
decir, el capital constante– no aumentan en el mismo grado que el número de
obreros empleados simultáneamente.
Las premisas materiales para la gran industria
¿Cómo se produce la transición del periodo manufacturero a la producción
basada en la gran industria?
Hay que señalar en primer lugar que el motivo y fin determinante del proceso
de producción capitalista es la mayor autovalorización posible del capital, es
decir, la mayor producción posible de plusvalía. La manufactura desarrolla la
división del trabajo y aumenta la fuerza productiva del trabajo. Esta lucha por
la productividad del trabajo, es decir, por la reducción del tiempo de trabajo
necesario para la producción de mercancías, favorece el desarrollo esporádico
de máquinas en primer lugar, para ciertos procesos simples que han de
ejecutarse en masa y con mucho gasto de fuerzas. Sin embargo y como Marx
señala, en el periodo clásico de la manufactura la maquinaria específica sigue
siendo el obrero colectivo.
Una de las cualidades más significativas de la manufactura fue engendrar una
clase de obreros no especializados que la industria artesanal excluía. Esta
división del trabajo en la manufactura crea asimismo una división social del
trabajo, que proviene del intercambio de esferas de producción
originariamente distintas.
Pero, como consecuencia ine-vitable del crecimiento de la productividad del
trabajo, la máquina introducida masivamente en el proceso de producción
pone fin al periodo manufacturero. Con la máquina se elimina la base técnica
que aseguraba la relación vitalicia entre el obrero y una función parcial de la
producción.
A diferencia de lo que aseguran los burgueses, el fin de la máquina no es
aliviar el trabajo cotidiano de los seres humanos. Como cualquier desarrollo de
la fuerza productiva, el fin de la máquina es abaratar las mercan-cías, y reducir
la parte de la jornada que el obrero necesita para producir los medios de vida
necesarios para su subsistencia, con el objetivo de prolongar la otra parte de
su jornada laboral en la que trabaja gratuitamente para el capitalista. En
definitiva, la maquinaria es un medio para la producción de plusvalía, y la
diferencia con el periodo manufacturero es que, mientras en éste la revolución
del modo de producción parte de la jornada de trabajo, en la gran industria
parte del medio de trabajo, es decir de la maquinaria.
Máquinas que producen máquinas
La introducción de maquinaria para incrementar la productividad del trabajo
tuvo efectos en todas las esferas de la producción: las innovaciones en la
hilandería mecánica se trasladaron inmediatamente a la
tejeduría mecánica que a su vez impulsaron las transformaciones en la
industria química. A su vez estos cambios profundos en la base productiva
provocaron una revolución en las condiciones generales de los medios
de comunicación y transporte para el intercambio de las mercancías: barcos a
vapor, ferrocarriles, telégrafos...
El desarrollo de estas ramas de la producción y comunicación exigían de masas
de hierro que fundir, soldar, cortar, taladrar y moldear; y esto requería
necesariamente de máquinas enormes que la construcción manufacturera de
máquinas no podía crear. Así, como señala Marx, la gran industria tenía que
apoderarse de su medio de producción característico, de la máquina misma,
produciendo máquinas con máquinas.
Maquinaria y gran industria: la producción de plusvalía
relativa
En el anterior artículo de la serie analizamos las condiciones materiales de la
transición de la manufactura a la gran industria. El desarrollo de la producción
de maquinaria a gran escala, necesaria por la demanda del propio proceso
productivo generó una transformación cualitativa del modo de producción
capitalista, asegurando el triunfo de la producción en masa y una fuente
colosal de beneficios para los capitalistas.
Como cualquier otro componente del capital constante, la maquinaria no crea
ningún valor, sino que transfiere su valor al producto que contribuye a
fabricar. En tanto tiene valor, y por lo tanto, lo transfiere al producto, forma
parte integrante del valor de éste.
La maquinaria entra siempre enteramente en el proceso de trabajo mientras
que sólo lo hace parcialmente en el proceso de valorización. Nunca añade más
valor del que pierde por término medio mediante el desgaste.
Existe pues una gran diferencia entre el valor de la maquinaria y la parte de
valor transferido periódicamente desde ella al producto: cuanto menor valor
transfiera, tanto más productiva será y tanto más se aproximará su servicio al
de las fuerzas naturales.
Marx señalaba que la productividad de la máquina se mide por el grado en que
sustituye a la fuerza de trabajo humana: la ventaja para el capitalista a la hora
de utilizar maquinaria subsiste mientras los costes de trabajo de la máquina y,
por tanto, de la parte de valor añadida por ella al producto, sean inferiores al
valor que añadiría el obrero con su herramienta al objeto de trabajo. Esta idea
sigue manteniendo toda su fuerza en la actualidad. Los fenómenos de
deslocalización de la producción que en el presente llevan a cabo numerosas
multinacionales, trasladando la producción de los países avanzados a los
subdesarrollados se explica por esta razón. La existencia de mano de obra
semiesclava en zonas de Asia compensa al capitalista en lugar de producir en
países con infraestructuras de alto valor tecnológico pero donde los costes
laborales son superiores.
La maquinaria bajo el capitalismo: un instrumento de explotación
La maquinaria este poderoso sustituto de trabajo y de obreros, tal como definió
Marx se convierte inmediatamente en un medio para aumentar el número de
asalariados, colocando a todos los miembros de la familia obrera, sin distinción
de sexo ni edad, bajo el dominio completo del capital.
Al favorecer la utilización de la fuerza de trabajo de todos los miembros de la
familia, la maquinaria reparte el valor de la fuerza de trabajo del hombre entre
toda su familia produciendo la desvalorización de su fuerza de trabajo.
La compra de la familia fraccionada en cuatro fuerzas de trabajo, tal vez
cuesta más que la fuerza de trabajo del cabeza de familia, pero en su lugar se
tiene cuatro jornadas de trabajo en lugar de una, y su precio por tanto,
disminuye en proporción al excedente de plustrabajo de los cuatro sobre el
plustrabajo de uno.
De esta manera la maquinaria amplía desde el principio el campo de
explotación del capital y explica la opresión asfixiante de generaciones enteras
de proletarios desde edad precoz. En El Capital se encuentran registrados
pasajes escalofriantes del trabajo forzado de niños, mujeres y hombres, una
sangría masiva de familias obreras que permitieron la producción de plusvalía
y la acumulación de capital en una escala desconocida.
Productividad de la máquina y creación de valor
Pero la maquinaria, además del medio más moderno para aumentar la
productividad del trabajo, se convierte en un instrumento eficaz para
prolongar la jornada de trabajo más allá de todo límite natural.
La maquinaria se independiza del movimiento y la actividad del medio de
trabajo frente al obrero, pudiendo producir ininterrumpidamente si no
tropezase con ciertas barreras naturales en sus auxiliares humanos: su
debilidad física y su voluntad propia.
Por otro lado la productividad de la maquinaria está en relación inversa a la
parte del valor que transfiere al producto. El período activo de vida de la
máquina viene determinado, por la duración del proceso diario de trabajo,
multiplicado por el número de días en que se repita. En este sentido el
desgaste y el valor producido por las máquinas no corresponde ni mucho
menos a su tiempo de duración. Por ejemplo, una máquina que trabaja 7,5
años, 16 horas diarias y otra exactamente igual que trabaje 15 años
durante 8 horas diarias. En el caso primero, el valor de la máquina se
reproducirá con doble rapidez que en el segundo y el capitalista
ingresará, gracias a ella, en siete años y medio tanto trabajo adicional
como en quince.
Además del desgaste material Marx señalaba que la máquina también
está sujeta a un desgaste moral, provocado porque
la innovación tecnológica, azuzada por la competencia y la lucha por el
máximo beneficio, hace que las máquinas se queden obsoletas. El caso
de los ordenadores en los últimos diez años es ilustrativo de esta idea.
La maquinaria produce plusvalía relativa no sólo al desvalorizar
directamente la fuerza de trabajo y abaratarla indirectamente al abaratar las
mercancías que intervienen en su reproducción, sino que también eleva el
valor social del producto mecánico por encima de su valor individual y permite
al capitalista reponer el valor diario de la fuerza de trabajo con una parte
menor del valor del producto.
Es bastante claro que la industria mecánica amplia la creación de plusvalia,
reduciendo el número de obreros ocupados por un capital dado. Pero de esta
manera transforma una parte del capital que antes era variable, que se invertía
en fuerza de trabajo viva, en maquinaria, es decir, en capital constante, que no
produce ninguna plusvalía. Este es un punto decisivo de la economía política
marxista: es imposible extraer la misma plusvalía de dos obreros que de 24.
Así, en el empleo de maquinaria para la producción de plusvalía subyace una
contradicción orgánica, puesto que la cuota de plusvalía sólo aumenta al
disminuir el número de obreros empleados y es esta contradicción la que, a su
vez, impulsa al capital, sin que el mismo sea consciente de ello, en la
prolongación de la jornada de trabajo, a fin de compensar la disminución
proporcional de obreros explotados mediante el aumento no sólo del
plustrabajo relativo (más producción en el mismo tiempo de trabajo), sino
también del absoluto (aumentando la producción al prolongar la jornada
laboral).
La teoría del valor
Como hemos explicado en anteriores artículos lo que distingue al capitalismo
como modo de producción de otros anteriores, como el esclavismo o el
feudalismo, es la utilización del trabajo asalariado para la producción, venta e
intercambio de mercancías.
Durante siglos, los filósofos y economistas de cada época intentaron dar
explicación al enigma de la mercancía y su valor. En el siglo XVIII, la economía
burguesa de Inglaterra, a través de David Ricardo, se aproximó a la solución
del problema, pero fracasó a la hora de dar una explicación científica.
Federico Engels, en el prólogo a la edición berlinesa de 1891 de Trabajo
asalariado y capital, señaló lo siguiente: "La economía clásica encontró que el
valor de una mercancía se determinaba por el trabajo necesario para su
producción encerrado en ella. Y se contentó con esta explicación" (...) "Pero
tan pronto como los economistas aplicaban este criterio de determinación del
valor por el trabajo a la mercancía "trabajo", caían de contradicción en
contradicción. ¿Cómo se determina el "valor del trabajo"? Por el valor del
trabajo necesario encerrado en él. Pero, ¿cuánto trabajo se encierra en el
trabajo de un obrero durante un día, una semana, un mes, un año?" (...) "Con
saber que el valor de una hora de trabajo es igual a una hora de trabajo, es
como si no supiésemos nada acerca de él. Con esto no hemos avanzado ni un
pelo hacia nuestra meta; no hacemos más que dar vueltas en un circulo
vicioso".
Como Marx señala en El Capital, la mercancía es, en primer lugar, un objeto
que por sus propiedades satisface necesidades humanas de cualquier clase.
La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso, y este valor de uso se
realiza únicamente en el uso o en el consumo.
Pero la mercancía también posee un valor de cambio. Este valor de cambio
viene determinado por la proporción en que los valores de uso de un tipo se
cambian por los de otros. A través de millones de actos de cambio de esta
clase, que se dan todos los días, se equiparan constantemente
todo género de valores de uso, aunque se trate de mercancías diversas y poco
equiparables entre sí.
¿Qué hay de común entre todos estos diferentes valores que los hace
equivalentes dentro de un determinado sistema de relaciones sociales? Esta
cualidad común no es ninguna propiedad física, química o cualquier otra
propiedad natural de la mercancía.
En realidad todas las mercancías son producto del trabajo humano.
De este hecho se puede desprender una conclusión fundamental: la magnitud
de valor de una mercancía se puede medir mediante la cantidad de la
"sustancia creadora de valor", esto es, del trabajo contenido en ella. La
cantidad de trabajo se mide por su duración y, el tiempo de trabajo tiene a su
vez su medida en determinadas porciones de tiempo, horas, días, etcétera.
Para Marx, el valor de una mercancía viene pues, determinado por el tiempo
de trabajo socialmente necesario invertido en su producción.
Una vez llegados a este punto hay que recordar que la ciencia económica
burguesa siempre insiste en que el valor de una mercancía equivale a su coste
de producción. La pregunta que tenemos que hacer entonces es ¿cuál es el
coste de producción del trabajo? De hecho, averiguar el coste de producción
del trabajo no es posible. Lo que si es posible es saber el coste de producción
del obrero, imprescindible en el proceso productivo y que varía según las
épocas, pero que constituye una magnitud dada dentro de ciertos límites. En el
marco del modo de producción capitalista, el coste de producción de un obrero
se determina por los medios de vida necesarios, por término medio, para que
pueda trabajar y mantenerse para seguir trabajando y asegurar la
reproducción de la clase obrera. En realidad el obrero vende al capitalista su
fuerza de trabajo, que el capitalista compra por un valor y utiliza durante un
tiempo determinado. La fuerza de trabajo en la sociedad capitalista es una
mercancía más, pero es la única mercancía que cuando se consume crea valor.
Esto es lo que ocurre en el proceso productivo.
La fuerza de trabajo crea en un día más valor del que ella encierra y cuesta y
con cada adelanto tecnológico crece el excedente de producción diaria sobre
su coste diario, es decir se reduce la parte de la jornada en que un obrero
produce el equivalente a su jornal y se aumenta la parte de la jornada en la
que regala su trabajo al capitalista, es decir la plusvalía.
Lo fundamental es que en el capitalismo son los asalariados, la clase obrera,
los que producen valor, valor por otra parte que no les pertenece, sino que el
capitalista se apropia como dueño del capital, que posee las materias primas,
los medios de trabajo y que compra la fuerza de trabajo que crea valor. Esta es
la contradicción fundamental de la sociedad capitalista. El beneficio del
capitalista toma como base la parte de valor que el obrero produce y el
capitalista se apropia, después de descontar lo que necesita para asegurar su
existencia.
La plusvalía
La plusvalía no puede provenir de la circulación de mercancías, pues ésta sólo
conoce el intercambio entre equivalentes. La cuestión radica en que el
poseedor de capital necesita encontrar en el mercado una mercancía cuyo
valor de uso posea la cualidad de ser fuente creadora de valor, una mercancía
que al consumirse cree valor: esa mercancía es la fuerza de trabajo del
hombre.
El capitalista compra con su capital la fuerza de trabajo del obrero; compra su
valor de cambio por una cantidad determinada de dinero, es decir el coste
de mantenimiento y educación laboral del obrero y su familia y, a cambio, se
apropia de su valor de uso. El trabajador crea en una parte del tiempo total de
su trabajo, el valor necesario con que el capitalista le paga para garantizar su
subsistencia. Pero durante el tiempo restante crea un plus-producto no
retribuido por el capitalista que es la plusvalía. En definitiva la plusvalía es la
diferencia entre el valor creado por la fuerza de trabajo y lo que cuesta esa
fuerza de trabajo. Una vez que ha comprado la fuerza de trabajo el poseedor
de capital tiene el derecho a consumirla durante el tiempo que se acuerda en
el contrato.
La plusvalía se descompone en ganancia, interés y renta del suelo. Obviamente
la plusvalía no es igual a beneficio, pues de la plusvalía el capitalista tiene que
descontar toda una serie de gastos que desembolsa en el proceso productivo y
de comercialización de la mercancía.
De esta manera el salario es el precio de la fuerza de trabajo en el mercado, la
expresión monetaria de su valor.
El capital empleado por el capitalista en el proceso productivo puede dividirse
en dos:
a) Capital constante, compuesto por medios de producción, materias primas,
maquinaria, etc.; se denomina constante porque no altera su valor en el
proceso de producción sino que añade su valor a la mercancía que se está
produciendo. Es trabajo muerto, incorporado poco a poco.
b) Capital variable, la parte del capital que se gasta en comprar fuerza de
trabajo y que al consumirse crea valor, pues produce lo necesario para
garantizar la subsistencia del trabajador más un excedente que se apropia
el empresario, la plusvalía.
Si un empresario dispusiese sólo de capital constante no podría producir
mercancías; es necesaria la intervención consciente de la fuerza de trabajo en
el proceso productivo para poner en relación los instrumentos de producción y
las materias primas y de esta manera producir una mercancía que una vez
vendida en el mercado como producto elaborado, genere una ganancia. De
esta última hablaremos en el próximo artículo.
Para un capitalista es importante conocer la tasa de plusvalía que obtiene en la
producción, pues le indicará el grado de rentabilidad que obtiene de la fuerza
de trabajo. La tasa de plusvalía se puede considerar como la relación entre el
aumento del capital que aparece al final del proceso de producción (plusvalía)
y el capital variable que la produce:
P"= P/V
P" es la tasa de plusvalía, P la plusvalía o D" menos D, y V es el capital
variable.
La tasa de plusvalía expresa el grado de explotación del trabajo por el capital.
Es necesario distinguir entre tasa de plusvalía y tasa de ganancia. Al
capitalista no le interesa especialmente conocer a qué parte especial de su
capital total debe el aumento de plusvalía, puesto que tanto el capital variable
como el constante le resultan imprescindibles. Lo fundamental es que su
ganancia no disminuya. La tasa de ganancia se averigua de la siguiente forma:
La práctica de la producción capitalista hace que la competencia exija de cada
capitalista individual integrar dentro del proceso productivo los últimos
adelantos en maquinaria y tecnología que ofrece el mercado. De esta manera
las inversiones en capital fijo, es decir en medios e instrumentos de
producción, se elevan. A corto plazo esto permite producir más mercancías,
pero hace disminuir la tasa de ganancia en la medida que aumenta la
composición orgánica del capital. Para verlo de una forma más concreta
tomemos a dos capitalistas con la misma inversión en capital variable, la
misma plusvalía y tasa de plusvalía pero diferente capital constante. Si
aplicamos las fórmulas que hemos considerado anteriormente la tasa de
ganancia disminuirá para el que ha realizado mayor gasto en capital constante.
De esto se derivan varios hechos fundamentales del sistema capitalista. Por un
lado que la competencia producirá una tendencia en todo capital a obtener la
tasa media de ganancias y, por otro, que esta misma competencia acelera la
composición orgánica de capital provocando una tendencia general a la caída
de la tasa de beneficios, que se manifiesta episódicamente. No obstante, los
capitalistas tienen recursos y medios para combatir esta tendencia producto de
la competencia, asunto del que nos ocuparemos en el siguiente artículo.
Plusvalía y circulación de las mercancías
Históricamente existen tres formas de circulación de las mercancías:
A) En una economía elemental de trueque una mercancía se intercambia por
otra que contiene la misma cantidad de trabajo socialmente necesario para ser
producida. El intercambio de mercancías se representa por M—M.
B) Cuando en una sociedad se ha alcanzado cierto grado de desarrollo de las
fuerzas productivas y se produce circulación monetaria, hay dos formas
posibles de circulación: venta de mercancías, representada por la formula M—
D y compra de mercancías, D—M.
La operación se representa de la siguiente manera M—D—M", es decir se
compra para vender. En este caso el dinero es tan sólo un instrumento que
facilita las transacciones de mercancías, característico de las sociedades
precapitalistas.
C) La circulación en una economía capitalista. El dinero no circula ya como
moneda sino como capital. El capitalista posee el capital necesario para
comprar los medios e instrumentos de producción, las materias primas y la
fuerza de trabajo. En este sentido el capital es una condición previa para poner
en funcionamiento el proceso productivo. La formula se representa como D—M
—D", con el capital se produce mercancías con las que se obtiene un capital
acrecentado, es decir capital con beneficio.
Marx explica en El Capital: "el dinero presupone un cierto nivel de progreso en
el intercambio de mercancías. Las diversas formas de dinero, simple
equivalente de mercancías, medio de circulación, medio de pago,
atesoramiento y dinero mundial, apuntan, según el alcance y la primacía
relativa de una u otra función, a fases muy diversas
del proceso de producción social.
La tasa de ganancia
La verdadera contradicción del sistema capitalista consiste en que mientras
la producción ha adquirido un carácter social, la apropiación se realiza de
forma individual. Ésta es la base material de la explotación: el
trabajo excedente de un hombre se convierte en condición para la existencia
de otros.
La lucha de clases, que para el marxismo es el motor de todo
el desarrollo histórico, se puede reducir en última instancia a la lucha por la
apropiación de la plusvalía. Los dueños de los medios e instrumentos de
producción, los capitalistas, que se apropian del plusproducto generado por los
trabajadores, se enfrentan constantemente a la resistencia de éstos, que
pugnan por ceder la parte menor de este plusproducto.
Existen diferentes formas de aumentar la plusvalía para los capitalistas, por
ejemplo, incrementando la plusvalía absoluta, es decir prolongando la jornada
de trabajo. En los albores del capitalismo, tal como Marx explica en el libro I
de El Capital, el proceso de acumulación en Inglaterra se desarrolló de una
forma muy violenta, a través de la expropiación de la masa campesina que se
transforma en la mano de obra proletaria, y de la incorporación de ésta al
proceso productivo fabril en condiciones de explotación despiadadas. Las
jornadas de 16 horas eran habituales, no sólo para los hombres, también para
mujeres y niños. En la práctica, la muerte de miles de estos nuevos proletarios
en estas condiciones laborales extremas no suponía ningún problema para la
burguesía: tenían abundante carne de explotación para reponer.
Si echamos un vistazo a la situación actual, durante los últimos veinte años la
burguesía ha llevado a cabo una ofensiva para prolongar la jornada laboral. La
precarización del empleo y el desarrollo de nuevas tecnologías ha permitido
disponer del horario del trabajador al antojo del empresario, extendiendo la
jornada considerablemente.
Junto con la prolongación de la jornada existen otras maneras de aumentar la
tasa de plusvalía que el capitalista se apropia, lo que se conoce como plusvalía
relativa: reduciendo el tiempo de trabajo necesario para la producción de una
mercancía dada, a través de la incorporación de tecnología y de un incremento
de los ritmos de trabajo. Esta forma de aumentar la plusvalía es bien conocida
por millones de trabajadores en todo el mundo, especialmente los vinculados a
nuevas tecnologías o a la producción industrial. El estrés,
las enfermedades laborales, la ansiedad y el agotamiento que producen estos
ritmos infernales de trabajo es la norma habitual en numerosas empresas.
El Ciclo del Capital
Antes de abordar el problema crucial de la crisis capitalista,
su mecánica interna y las leyes que la gobiernan, vamos a concluir este primer
apartado de la serie comentando someramente el proceso de circulación de el
capital.
Como hemos señalado en artículos anteriores, la producción social capitalista
no sólo supone la reproducción de objetos, también de la fuerza de trabajo y de
las relaciones sociales de producción, por eso la producción capitalista implica
la reproducción del sistema capitalista.
Existen dos formas de reproducción:
A) Reproducción simple. En este caso el capital sólo se reinvierte para obtener
en el siguiente ciclo la misma cantidad de producción y el mismo beneficio, de
tal manera que no se consigue ni ahorro ni inversión neta. Todo el incremento
de plusvalía se traslada al consumo y no existe por tanto crecimiento.
B) Reproducción ampliada. Esta es la forma característica del modo de
producción capitalista. Cada ciclo del proceso productivo supone un
incremento de la producción respecto al anterior. La forma de lograr este
crecimiento se basa en la inversión neta cada año, inversión que se obtiene de
la parte de plusvalía anual obtenida que no se ha consumido.
La acumulación capitalista es, por tanto, la transformación de plusvalía en
capital que se invierte en la producción en el siguiente ciclo.
La plusvalía aparece en primer término como parte del valor del producto. En
el momento en que el producto se vende, la plusvalía se materializa
apareciendo en forma de dinero capaz de ser usado como capital.
Los factores que influyen en el grado de acumulación de capital son diversos.
Por ejemplo la proporción en que la plusvalía sea consumida o sea
transformada en capital será fundamental. También influirá la tasa de plusvalía
que se obtenga en el proceso de producción, cuanto más alta sea, mayor será
el grado de acumulación. Tal como planteábamos en artículos anteriores, la
pugna por la apropiación de la plusvalía se convierte en el eje central
del conflicto entre el capital y el trabajo, que sigue siendo la contradicción
fundamental de la sociedad capitalista y el motor de la lucha de clases.
Marx derivaba de este hecho varias conclusiones. En primer lugar la
consideración de que en las condiciones de la producción capitalista, el
incremento de los medios de producción y de consumo no eran sinónimo de la
mejora permanente del nivel de vida de la clase obrera y sus familias. En
consecuencia Marx estableció la ley de la pauperización creciente de la clase
obrera, ley que ha sido siempre centro de ataque y crítica por parte de la
burguesía y sus economistas y, por supuesto, de sus testaferros reformistas en
el seno del movimiento obrero.
Durante años la clase dominante y sus medios de comunicación de masa han
presentado la visión idílica de un mundo en constante crecimiento, donde los
estándar de bienestar de las masas no tenían parangón con ninguna otra época
de la historia. Esta leyenda ha pasado a convertirse en un axioma para los
dirigentes reformistas y socialdemócratas de los partidos obreros y
los sindicatos.
En realidad Marx tenía toda la razón. En las condiciones actuales del
capitalismo contemporáneo, después de una década de crecimiento económico
en los EEUU, después del llamado círculo virtuoso de la nueva tecnología, la
polarización de la riqueza ha alcanzado niveles desconocidos. 220
multimillonarios poseen tantos ingresos como 2.500 millones de personas. Más
de la mitad de la humanidad sobrevive con menos de 2 dólares diarios y
mientras, la crisis se extiende por continentes enteros, provocando devastación
y colapso social. Los acontecimientos revolucionarios en Argentina son una
reivindicación de esta ley tan vilipendiada por nuestros enemigos de clase.
Junto con esta ley, Marx elaboró otra de gran importancia, la llamada ley de la
tendencia decreciente de la tasa de ganancia que incide en una de las causas
recurrentes de la crisis capitalista. De estas dos leyes nos ocuparemos con más
detenimiento en el siguiente bloque de artículos dedicados a la crisis.
El ciclo del capital industrial
El ciclo del capital atraviesa diferentes fases hasta que la plusvalía se
materializa en el mercado.
La fórmula completa sería la siguiente:
1ª Fase: Capital Monetario (D-M). M corresponde tanto a fuerza de trabajo
como a medios de producción. En esta fase el capital cambia de forma, puesto
que de dinero pasa a transformarse en fuerza de trabajo y medios de
producción, materias primas etc.
2ª Fase: Capital Productivo P. En esta fase el capitalista obtiene la plusvalía al
apropiarse del valor de uso de la fuerza de trabajo pagando tan sólo su valor
de cambio.
3ª Fase: Capital Mercantil. M"-D". Finalmente las mercancías a las que se les
ha incorporado el valor del trabajo se convierten de nuevo en dinero,
obviamente acrecentado.
La fase segunda del ciclo corresponde lógicamente a la esfera de la
producción, mientras la primera y la segunda se asignan a la esfera de la
circulación.
El tiempo de rotación del capital estará condicionado por el proceso de
producción de que se trate, pero en cualquier caso cuanto más corto sea ese
periodo de producción mayor es el número posible de rotaciones que se
pueden realizar en un año. El capitalista tiene un interés natural en acelerar el
proceso de rotación del capital porque de esta manera aumentará la tasa anual
de plusvalía.
Como Marx explica en El Capital, no hay más valor que el creado por el
trabajo. El capital industrial es el dominante en la sociedad capitalista porque
es en la esfera de la producción donde se genera la plusvalía. Por supuesto, de
la plusvalía participa también el capital comercial al intervenir en la venta de
los productos en el mercado. El capital comercial es la esfera más antigua del
capital pero sólo se limita al proceso de circulación. En la dinámica del ciclo
capitalista, al capitalista industrial le sale a cuenta ceder una parte de su
plusvalía a otros individuos a cambio de que le organicen la comercialización,
de esta manera el beneficio del comerciante se logra como parte de la
plusvalía que le cede el productor industrial.
El capital financiero tampoco produce plusvalía, pero sí obtiene cuantiosos
beneficios que tal como Marx explica, se obtienen de la inversión o préstamo
del propio dinero. Mediante el crédito, los bancos ponen a disposición de las
empresas capital a un plazo determinado, cobrando un precio por ello que se
denomina interés. Este interés no es un ingreso independiente sino una parte
de la plusvalía que el capitalista industrial y el comercial cede al prestamista.
De esta manera el capital financiero pone en manos de los capitalistas los
medios necesarios para garantizar la explotación del trabajo ajeno, y como se
ha producido durante la evolución del capitalismo, es el propio capital
financiero el que se convierte en propietario industrial dando lugar a la
aparición de una nueva oligarquía capitalista.
Las crisis capitalistas
Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las
fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecerán nuevas y
más altas relaciones de producción antes de que las
condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la
propia sociedad antigua
Karl Marx, Prefacio a la Contribución de la economía política
Todos los periodos de auge y depresión del sistema capitalista muestran
rasgos comunes y aspectos diferentes. No obstante, cuando abordamos
el análisis de la crisis del capitalismo nos interesa conocer cuáles son sus
causas esenciales, su mecánica interna, teniendo en cuenta además que Marx
no dejo acabado en ningún trabajo una sistematización teórica de las crisis.
Este hecho reconocible no impide entender sin embargo, que toda la obra de
Marx esta recorrida por la idea de que las crisis son inseparables del modo de
producción capitalista.
Para los teóricos de la economía burguesa hinchados por
el método del empirismo y su formación filosófica positivista, el proceso de
producción y acumulación capitalista es ilimitado. Su concepción del desarrollo
histórico descarta que el capitalismo sea una formación social transitoria.
Como siempre ocurre, cualquier clase dominante de una sociedad basada en la
opresión de clase considera su posición en el desarrollo de la civilización
humana como el último escalón del progreso. Ocurrió con los patricios en la
sociedad esclavista, ocurrió con la nobleza en la sociedad de la servidumbre
feudal y, como no podía ser menos, ocurre con la burguesía en la sociedad
capitalista. Esta forma de razonar es un reflejo de las condiciones de existencia
de estos señores pues, tal como Marx afirmó, "en última instancia el ser social
determina la conciencia".
En general todas las escuelas de la economía política burguesa consideran que
cuando la crisis estalla, tan sólo se necesita encontrar aquellos factores con los
que lograr el restablecimiento del equilibrio entre la producción y la demanda,
para resolver el problema. En otras palabras, los teóricos burgueses
consideran resoluble el fenómeno de las crisis, que representan
como accidentes puntuales en un proceso de ascenso continuado de
producción y creación de civilización.
Para la economía marxista, que se basa en el materialismo dialéctico, el punto
de partida para abordar el problema de las crisis capitalistas es justamente el
contrario. El sistema capitalista tiene un carácter transitorio, no es eterno,
como ninguna formación socioeconómica ni modo de producción lo es. Por esa
razón es necesario establecer las relaciones que existen entre el desarrollo del
capitalismo con sus crisis, que aparecen cíclicamente y son consustanciales a
él, y los propios límites objetivos del capitalismo.
La anarquía de la producción capitalista
Marx, en El Capital, demostró las leyes que explican el funcionamiento de la
producción, la distribución y el consumo de mercancías y que caracterizan el
sistema capitalista. Para Marx el motor del sistema capitalista es la lucha por
el máximo beneficio, lo que supone una diferencia fundamental con otros
modos de producción anterior. Además lejos del cuadro idílico que los
economistas burgueses pretenden transmitir sobre el funcionamiento lógico y
ordenado del capitalismo, Marx señaló su carácter anárquico. La producción
capitalista no esta fundamentada en ningún plan económico, sino en las
fuerzas ciegas del mercado, y este hecho es lo que hace que la acumulación
capitalista siempre choque contra límites.
Si consideramos los países avanzados durante los últimos veinte años, el
crecimiento económico y la aplicación de nuevas tecnologías de
la información crearon las condiciones para que los "teóricos" de la burguesía
desarrollaran "nuevos paradigmas" económicos. El ciclo virtuoso de
la nueva economíaparecía no tener fin. Las acciones se disparaban, las
empresas de Internet crecían sin freno, las industrias tecnológicas
especialmente las ligadas con las telecomunicaciones y la telefonía móvil
conseguían beneficios históricos, la bolsa rompía todos los límites, y el
consumo había encontrado un nuevo Eldorado. Todos los hechos
aparentemente desmentían la teoría marxista de la crisis de sobreproducción,
y sin embargo, para mal de la burguesía y sus abogados en el mundo culto y
refinado del pensamiento económico, ésta llegó y afectó al corazón del
Imperio, a los EEUU. Actualmente la crisis de sobreproducción y sus efectos
recesivos, afectan al conjunto de la economía mundial. EEUU, América
Latina, Japón, África, están inmersos de lleno en la recesión,
incluso Europa esta viviendo los primeros coletazos de la caída económica.
Los marxistas situamos las causas de las crisis capitalistas en el propio
corazón del sistema, en la contradicción derivada del carácter social que la
producción adquiere bajo el capitalismo y el carácter individual de la
apropiación. Bajo el capitalismo el desarrollo de las fuerzas productivas y la
división internacional del trabajo ha transformado completamente el carácter
de la producción. Ésta se realiza como producción en masa, donde la
participación de millones de trabajadores es imprescindible para asegurar el
funcionamiento cotidiano del sistema.
Como resultado lógico de la concurrencia capitalista, entre los dueños de
capital se desata una feroz competencia por conseguir una tasa de beneficios
mayor, hecho que tendrá implicaciones muy serias en el funcionamiento
general del sistema. Normalmente los capitales afluirán a aquellas ramas de la
producción que ofrecen más margen de ganancia, aunque ello implique un
elevado desembolso de capital fijo. Es lo que ha ocurrido en la segunda mitad
de los años 90 en EEUU, donde las inversiones en tecnología de la
información (ordenadores, chips, redes, telefonía móvil) han crecido
extraordinariamente hasta alcanzar en ese periodo el 80% de la inversión de
capital total en EEUU. Mientras las ventas compensen el desembolso de la
inversión, ésta será rentable pues los beneficios están asegurados.
Sin embargo, en un momento dado, estas inversiones que lógicamente se
transforman en bienes de consumo, llegan a un límite. Muchos capitalistas han
invertido sus capitales en estos sectores punta con el objetivo de conseguir
beneficios rápidos y mayores que en otras ramas de la producción, pero al final
se produce una sobreinversión de capital, es decir las inversiones no se
amortizan tan rápidamente e incluso no compensan porque el mercado esta
saturado de mercancías. Ésta es actualmente la situación con los ordenadores
y toda la industria de telecomunicaciones. La consecuencia de esta
sobreinversión constante en bienes de capital con el objetivo de obtener más
beneficios, consecuencia lógica de la producción capitalista, es la
sobreproducción y la sobrecapacidad productiva instalada. En definitiva existe
demasiada abundancia de todo, abundancia que el mercado no puede
absorber. A partir de ese momento comienza la espiral de caída en la tasa de
beneficios, desinversiones, despidos masivos, cierre de fábricas, en definitiva
destrucción de fuerzas productivas. Como Marx señaló, las crisis son la prueba
de la rebelión de las fuerzas productivas contra la camisa de fuerza de las
relaciones de propiedad capitalista.
La crisis de sobreproducción
Marx afirmó invariablemente que las crisis periódicas de sobreproducción son
el reflejo de los límites del proceso de acumulación y que las razones de estos
límites no hay que buscarlas en causas externas al proceso productivo, ni en
factores parciales, sino que forman parte inseparable de la dinámica interna de
la producción capitalista y la materialización de la plusvalía.
El capitalismo tomado como sistema socioeconómico está condenado. Al igual
que los modos de producción que le precedieron, el choque entre el avance de
las fuerzas productivas y la camisa de fuerza de las relaciones de propiedad
y el estado nacional provocan crisis tras crisis, creando las condiciones
materiales para su derrumbe. Sin embargo Marx negó que el capitalismo
muriese de muerte natural, pues la clase dominante buscaría salidas a la crisis
orgánica de su sistema aunque eso supusiese aplastar a los trabajadores
físicamente y poner a la civilización al borde de la destrucción. Los abogados
del capital pronto olvidan que en el siglo pasado dos guerras mundiales y
regímenes monstruosos como el de Hitler, Mussolini o Franco fueron la
respuesta del capital a la amenaza de la revolución mientras en el mundo, y
especialmente en el continente europeo, la sangre inocente de millones de
trabajadores y jóvenes se vertía para mantener a flote el sistema.
En realidad, la violencia y la destrucción son signos genéticos de esta
sociedad; por eso el capitalismo no es reformable. La crisis del capitalismo y el
avance de las fuerzas productivas ha creado condiciones maduras para la
transformación de la sociedad y el desarrollo de otro modo de producción
superior, basado en la socialización de los medios de producción y
la planificación democrática de la economía. No obstante, para alcanzar esa
situación, como Marx y los grandes teóricos del marxismo no se cansaron de
señalar, es necesario el derrocamiento revolucionario de la burguesía y, para
ello, la acción consciente de la clase obrera es imprescindible. Es decir: el
factor subjetivo, la existencia de una dirección revolucionaria de las masas
oprimidas, es una condición indispensable para liquidar el orden capitalista.
La polémica de las crisis en la izquierda marxista
Si el análisis anterior siempre ha sido el punto de partida de los marxistas
revolucionarios, la cuestión de las crisis y su casuística ha provocado
polémicas intensas en el seno del movimiento marxista.
Rosa Luxemburgo, que dedicó una parte muy importante de su producción
teórica al análisis de las crisis y su metodología, mantuvo una ardua discusión
al respecto con Lenin y Trotsky y otros dirigentes del Partido Bolchevique. En
su obra La acumulación del capital, Rosa Luxemburgo se interroga sobre la
dinámica interna de las crisis de sobreproducción. Para ella el factor que
explicaba la resolución de estas crisis era el hecho de que el capitalismo no
existía de forma pura, es decir: la sociedad capitalista dividida en asalariados y
dueños de medios de producción coexistía con otras formas económicas no
capitalistas que eran dominantes en las colonias y todavía sobrevivían en
aquellos países donde el capitalismo estaba ampliamente desarrollado. De
estas zonas y países provenía la demanda necesaria para resolver las
dificultades que se presentaban a la acumulación, pero al mismo tiempo
creaban las condiciones para la crisis del sistema y su colapso.
"De este modo, mediante el intercambio con sociedades y países no
capitalistas", escribía Rosa Luxemburgo, "el capitalismo va extendiéndose más
y más, acumulando capitales a costa suya, al mismo tiempo que los corroe y los
desplaza para suplantarlos. Pero cuantos más países capitalistas se lanzan a
esta caza de zonas de acumulación y cuanto más van escaseando las zonas no
capitalistas susceptibles de ser conquistadas por los movimientos de expansión
del capital, más aguda y rabiosa se hace la concurrencia entre los capitales,
transformando esta cruzada de expansión en la escena mundial en toda una
cadena de catástrofes económicas y políticas, crisis mundiales, guerras y
revoluciones.
"De este modo el capital va preparando su bancarrota por dos caminos. De una
parte, porque al expansionarse a costa de todas las formas no capitalistas de
producción, camina hacia el momento en que toda la Humanidad se
compondrá exclusivamente de capitalistas y obreros, haciendo imposible, por
tanto, toda nueva expansión y, como consecuencia de ello, toda acumulación.
De esta manera, en la medida en que esta tendencia se impone, el capitalismo
va agudizando los antagonismos de clase y la anarquía política y económica
internacional en tales términos que mucho antes que se llegue a las últimas
consecuencias del desarrollo económico, es decir, mucho antes de que se
imponga en el mundo el régimen absoluto y uniforme de la producción
capitalista, sobrevendrá la rebelión del proletariado internacional, que acabara
necesariamente con el régimen capitalista" (Rosa Luxemburgo,La acumulación
de capital, Editorial Grijalbo, México 1966, página 380).
La rebelión del proletariado mundial se produjo con las convulsiones de la
I Guerra Mundial, donde las contradicciones interimperialistas, la lucha
encarnizada por los mercados y el reparto colonial jugaron el papel decisivo.
Sin embargo, en esta interpretación de las crisis y sus causas, Rosa
Luxemburgo comete varios errores.
En primer lugar, la concurrencia de los capitales en el mercado mundial, y más
específicamente en los países coloniales, no se debe a la imposibilidad de
realizar la plusvalía en las metrópolis imperialistas, sino a la búsqueda de tasas
de ganancias más elevadas. En segundo lugar, el capitalismo se desarrolla, tal
como Marx explicó en El Manifiesto Comunista, integrando al conjunto del
planeta en un único mercado mundial mediante la producción y
comercialización de mercancías. Es falso que, en la medida en que la
humanidad se va polarizando entre asalariados y capitalistas, el proceso de
acumulación se vea totalmente imposibilitado, como la experiencia ha
demostrado; del mismo modo que es falsa la idea de que el final del reparto
colonial y el desarrollo de las formas de producción capitalistas como
dominantes en estos países hacen imposible toda nueva expansión. Una crítica
razonada de las posiciones de Rosa Luxemburgo, así como una formulación
mucho más sólida y convincente de las causas de las crisis, la encontraremos
en los trabajos económicos de Lenin y Trotsky, especialmente
en El imperialismo, fase superior del capitalismo, así como en los polémicos
textos que sobre esta materia escribió Trotsky en los años veinte y que
abordaremos en próximos artículos.
Las causas motrices de la crisis
La lucha por las colonias sigue siendo una parte de la política del capitalismo
imperialista. Por completamente que sea dividido el mundo, el proceso nunca
termina, sino que coloca una y otra vez en el orden del día la cuestión de la
nueva división del mundo de acuerdo con las nuevas relaciones entre las
fuerzas imperialistas.
La curva de desarrollo económico tiende, a través de todas sus oscilaciones
hacia abajo, y no hacia arriba. Sin embargo, ¿quiere decir esto que el fin de la
burguesía llegará automática y mecánicamente? De ningún modo. La
burguesía es una clase viva que ha retoñado sobre determinadas bases
económico–productivas. Esta clase no es un producto pasivo del
desenvolvimiento económico, sino una fuerza histórica, activa y enérgica. Esta
clase ha sobrevivido, o sea que se ha convertido en el más terrible freno de la
evolución histórica, lo cual no quiere decir que esta clase esté dispuesta a
cometer un suicidio histórico ni que se disponga a decir: "Habiendo
reconocido la teoría científica de que yo soy reaccionaria, abandono la
escena." Evidentemente ¡esto es imposible! Por otra parte no es suficiente que
el Partido Comunista reconozca a la clase burguesa como condenada y casi
suprimida para considerar segura la victoria del proletariado. No. ¡Todavía hay
que vencer y tirar abajo la burguesía!
León Trotsky, Una escuela de estrategia revolucionaria Ediciones del
Siglo, Buenos Aires 1973
En el artículo anterior señalábamos las polémicas que se desarrollaron en el
movimiento marxista a la hora de caracterizar las causas motrices de las crisis.
Como explicábamos, la lucha por el mercado colonial juega un papel de primer
orden en la exacerbación de las contradicciones interimperialistas pero
afirmar, como hacía Rosa Luxemburgo, que el fin del reparto colonial traería la
imposibilidad de materializar la plusvalía y supondría el muro contra el que
chocaría la acumulación, representaba un esquematización equivocada de la
teoría económica del marxismo. En cualquier caso la valía de las aportaciones
de esta gran revolucionaria radicaba en el estímulo que proyectaba sobre
el debate teórico en la izquierda marxista, tan rico en aquellos tiempos y que
fue extirpado policialmente por el estalinismo.
Lenin dedicó una gran atención a estos problemas. Su libro El desarrollo del
capitalismo en Rusia fue una gran aportación a la polémica que durante mucho
tiempo desarrollaron los marxistas rusos contra los populistas, los cuales
negaban la posibilidad del desarrollo del capitalismo en Rusia a causa de
la estructura semifeudal de la propiedad agraria, el peso de la economía
campesina en el conjunto de Rusia y la pauperización de las masas
campesinas. En un famoso artículo titulado Sobre la caracterización
del romanticismo económico, Lenin contesta el punto de vista de los populistas
rusos y aborda otras relacionadas con las crisis: "Cuando los populistas
afirman que el mercado extranjero es la salida a la "dificultad" con que
tropieza el capitalismo para la realización del producto, no hacen más que
encubrir con esta frase el triste hecho de que el "mercado extranjero" es la
salida a la "dificultad" con que ellos tropiezan para no comprender la teoría."
(...) "No sólo los productos que existen bajo la forma de medios de consumo,
sino también aquellos que existen bajo la forma de medios de producción,
todos ellos se realizan siempre entre "dificultades", a través de constantes
oscilaciones, cada vez más fuertes a medida que se desarrolla el capitalismo,
entre una furiosa concurrencia que obliga a todo empresario a aspirar a una
extensión ilimitada de la producción, rebasando las fronteras del
propio estado y lanzándose en busca de nuevos mercados a países no
absorbidos aún por el sistema de circulación capitalista de mercancías. Y así
hemos llegado al problema de por qué el mercado extranjero es necesario para
un país capitalista. No es, ni mucho menos, por que el producto no pueda
realizarse en modo alguno dentro del orden capitalista. Pensar esto sería
disparatado. El mercado externo es necesario porque la producción capitalista
implica la tendencia a la extensión ilimitada, por oposición a todos los
antiguos sistemas de producción, circunscritos a los limites de la aldea, de la
heredad, de la tribu, del territorio o del estado. Mientras que en todos los
antiguos sistemas económicos la producción se renovaba siempre del mismo
modo y en la misma escala en que venía desarrollándose antes, bajo el régimen
capitalista esta renovación es imposible y la extensión ilimitada, el perenne
avance se convierte en ley de la producción".
Las teorías subconsumistas
En este mismo texto, Lenin critica las teorías subconsumistas como una
explicación de las crisis, ideas que los populistas tomaron de Sismondi: "El
análisis científico de la acumulación vino a minar todos los argumentos de esta
teoría, demostrando que es precisamente en los periodos que preceden a las
crisis cuando aumenta el consumo de los obreros; que el consumo insuficiente
(con el que se pretende explicar la crisis) ha existido bajo los más diversos
sistemas económicos, mientras que las crisis son características de un sistema
solamente, del capitalismo.
Esta teoría explica las crisis mediante otra contradicción, a saber, la
contradicción entre el carácter social de la producción (socializada por el
capitalismo), y el carácter privado individual de la apropiación. (...) La primera
teoría las explica [las crisis] partiendo de la contradicción existente entre la
producción y el consumo de la clase obrera; la segunda se basa en la
contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de
la apropiación. La primera encuentra, pues, las raíces del fenómeno fuera de la
producción (...) la segunda busca estas raíces precisamente en las condiciones
de la producción. (...) ¿Pero es que la segunda teoría niega la existencia de una
contradicción entre la producción y el consumo, la existencia de un déficit de
consumo? Evidentemente no. Reconoce plenamente este hecho pero le asigna
el lugar secundario que le corresponde, como un hecho que sólo se refiere a un
sector de toda la producción capitalista."
En el próximo artículo analizaremos las ideas de Lenin sobre el imperialismo,
para posteriormente entrar de lleno en la cuestión de los ciclos y el análisis de
las crisis contemporáneas.
El Imperialismo
El capitalismo se ha transformado en un sistema mundial de sojuzgamiento
colonial y de estrangulamiento financiero de la inmensa mayoría de
la población del planeta por un puñado de países "adelantados"; el reparto de
ese botín se efectúa entre dos o tres potencias rapaces y armada hasta los
dientes.
Lenin, El Imperialismo fase superior del capitalismo
Son un hecho recurrente los ataques desde las filas de la intelectualidad
burguesa y socialdemocrata al análisis marxista sobre el Imperialismo. Desde
Sombart, pasando por Berstein, Kautsky y muchos otros, se ha intentado
corregir a Marx utilizando supuestos hechos empíricos que se han elevado a la
categoría de axiomas incontestables. Para estos teóricos reformistas el auge
del capitalismo y el desarrollo de los monopolios auguraba una nueva época en
la qué el acuerdo de intereses eliminaba los conflictos intercapitalistas y
preparaba el terreno para la transición pacífica de la sociedad. Los que
sostenían semejantes tesis no tuvieron problemas en apoyar a sus respectivas
burguesías durante la I Guerra Mundial, como ahora los dirigentes
socialdemócratas apoyan las intervenciones del Imperialismo norteamericano a
los largo y ancho del planeta.
Fue Lenin quien analizo de una manera más acabada y científica el fenómeno
del Imperialismo. El desarrollo del capitalismo se ha basado en un incremento
formidable de la industria y de la concentración de la producción de las
empresas. Así de una forma dialéctica la "libre competencia" se transforma,
gracias a la feroz lucha por los beneficios, en un proceso de monopolización.
Hoy vivimos en la época clásica del capitalismo monopolista y del
Imperialismo. El dominio axfisiante de 500 grandes multinacionales
norteamericanas, japonesas y europeas sobre el mundo es una de las
características más significativas del llamado fenómeno de la globalización, y
ninguna economía nacional puede escapar a este dominio.
Este fenómeno de concentración y monopolio que se ha ido desarrollando a lo
largo del siglo XX, en esencia resulta un gigantesco proceso de socialización de
la producción, de los inventos y el perfeccionamiento técnico, aunque
obviamente manteniendo el carácter privado de la apropiación y de los medios
sociales de producción.
Lenin en su libro señala los medios a los que recurren los monopolios para
garantizar su primacía en los mercados:
-Control de la compra y acceso a las materias primas.
-Control de coste salarial de la fuerza de trabajo.
-Concentración de los medios de transporte.
-Imposición a los compradores de relaciones comerciales exclusivas con los
monopolios.
-Utilización privilegiada de créditos.
-Declaración del boicot.
Por supuesto los monopolios responden a los intereses estratégicos de la
burguesía nacional que representan. Es una falacia afirmar que el capital
monopolista no tiene filiación nacional, tal como Toni Negri y otros autores
han hecho. Esta forma de presentar las cosas niega la lucha de clases y la
propia naturaleza del imperialismo. Si observamos el origen de los principales
monopolios mundiales todos responden de una u otra manera a la propiedad
de la burguesía norteamericana, japonesa o europea (alemana, francesa,
británica) y entre estos, la supremacía del capital estadounidense es clara. Así,
nadie con un mínimo conocimiento de las relaciones internacionales, puede
negar que las aventuras e intervenciones imperialistas tienen como motor, en
la mayoría de las ocasiones, la defensa de los intereses económicos y
estratégicos de estos monopolios. De esta manera, el estado capitalista y los
gobiernos pasan a representar directamente los intereses de estos grandes
consorcios económicos.
De este hecho se desprende que la supuesta supresión de las crisis por la
existencia de los monopolios, tesis defendida por Berstein o Kautsky, es como
Lenin señalaba, una fabula de los economistas burgueses. En la práctica, como
hemos comprobado a lo largo del siglo XX y en lo que llevamos del XXI, los
monopolios agravan el caos propio de la producción capitalista e incrementan
la lucha por los mercados. Las graves consecuencia de esto las tenemos en
África, por citar un ejemplo, donde naciones enteras se desangran por la lucha
entablada entre multinacionales francesas y norteamericanas que pugnan por
las riquezas del continente. Obviamente en esta lucha los grandes consorcios
cuentan con el respaldo militar y diplomático de sus respectivos estados y
gobiernos.
El papel del capital financiero
En el proceso de monopolización que sufre el capitalismo, los bancos juegan un
papel preponderante. Al disponer de casi todo el capital monetario de los
capitalistas grandes, medianos y pequeños, y de una gran parte de los medios
de producción y fuentes de materias primas de muchos países, los bancos se
convierten en monopolistas omnipresentes. Tal como Lenin señala refiriéndose
al monopolio del estado y al monopolio bancario: "De un lado son al fin y al
cabo esos mismos magnates del capital bancario los que disponen de hecho de
los miles de millones concentrados en cajas de ahorro; y de otro lado el
monopolio del estado en la sociedad capitalista no es más que un medio de
elevar y asegurar los ingresos de los millonarios que están a punto de quebrar
en una u otra rama de la industria".
Nosotros podríamos añadir que en las condiciones contemporáneas muchos
monopolios públicos se han encargado de suministrar a bajo precio, materias
primas, energía y garantizar transporte a las empresas capitalistas privadas
que no han querido realizar el desembolso en capital fijo que requerían estos
sectores para su funcionamiento en condiciones óptimas, inversiones que ha
acometido el Estado. Una vez que muchos de estos sectores estratégicos se
han transformado gracias a las inversiones estatales en mercados atractivos
para hacer dinero, los gobiernos burgueses, sean del color que sean, que
actúan como comités ejecutivos que velan por los intereses de la clase
capitalista en su conjunto, los han vendido a los monopolios encabezados por
los grandes bancos.
De esta manera, el poder de los monopolios capitalistas se convierte en las
condiciones contemporáneas de producción capitalista en la dominación de la
oligarquía financiera. La banca, como dice el refrán, nunca pierde. Si en los
periodos de auge económico los beneficios del capital financiero son
espectaculares, durante las épocas de recesión en las que los modestos
ahorradores sufren la caída de las acciones y pierden sus capitales y muchas
pequeñas empresas se arruinan, los grandes bancos hacen negocio
adquiriendo muchas de ellas a precios de saldo, pudiendo fusionarlas,
incorporarlas a sus monopolios o hacerlas desaparecer para consolidar su
control sobre el mercado.
Conclusión
Según la economía marxista, la transferencia del capitalismo al socialismo,
al comunismo, y a la sociedad sin clases es inevitable, de acuerdo con la
dialéctica. El capitalismo contiene su propio defecto mortal, y no puede
detener su avance hacia el socialismo, así como los países socialistas, tales
como la República del Pueblo de China, no pueden detener su avance hacia el
comunismo. Cuando el comunismo se convierta en el sistema económico
mundial, la marcha de la dialéctica hacia la utopía habrá alcanzado su cenit.
Kenneth Neill Cameron explica: "Marx y Engels esperaban que la sociedad
comunista sería la última forma de sociedad humana, porque una vez que las
fuerzas productivas del mundo fueran poseídas comunalmente, ninguna otra
forma podría surgir."
En la cosmovisión marxista nada podría ser más ideal, y de acuerdo con Lenin,
ninguna otra cosa permitiría la supervivencia de la raza humana. Él dice:
"Fuera del socialismo, no hay salvación para la humanidad de la guerra, el
hambre, y la destrucción adicional de millones y millones de seres humanos."
En realidad, sin embargo, el sistema marxista mismo es responsable de la
destrucción de millones de seres humanos a manos de sus partidos políticos y
dictadores, convirtiéndolo en la más grande maquinaria de muerte de todos los
tiempos.10
Queremos dedicar un espacio a comentar las ideas más sobresalientes de
la economía política marxista y contrastarlas con la situación general por la
que atraviesa el capitalismo hoy. Inevitablemente muchas consideraciones no
podrán ser tratadas por falta de espacio, pero intentaremos de forma sintética
y a trazo grueso abordar las principales cuestiones del pensamiento de Marx
en este terreno. Iniciaremos esta serie de artículos con el proceso de la
acumulación originaria, tal como Marx lo planteó en El Capital.
Autor:
Grabiela Ortiz
Capitalismo, imperialismo, globalización y
neoliberalismo
Enviado por achingster
Partes: 1, 2
1.
2. El capitalismo
3. El imperialismo
4. El neoliberalismo
Introducción
Generalmente, por desconocimiento o intencionalmente se presentan los
conceptos de capitalismo, imperialismo, globalización y neoliberalismo como
fenómenos independientes, lo cual no es así. Estas cuatro formas
socioeconómicas no existen independientemente uno del otro. El primero es un
régimen económico, el segundo es la actitud y doctrina de dominio del
primero, el tercero es la tendencia de los mercados consecuencia de la
aplicación del régimen económico llamado capitalismo y de la apropiación
concreta del planeta por las corporaciones imperiales. Finalmente, el
neoliberalismo es un proyecto de renovación del capitalismo que postula la
reducción del estado, en lo social y económico, a su mínima expresión.
Palabras claves: Capitalismo, imperialismo, globalización y neoliberalismo.
El capitalismo
El capitalismo como régimen económico social, nacido en la Europa del siglo
XVI en sustitución del feudalismo y los resabios del esclavismo, tiene como
base la propiedad privada de los medios de producción y la explotación
del trabajo asalariado. Es un modelo que privilegia el capital y la creación
parasitaria de riqueza, en contra del trabajo productivo, lo subordina al simple
hecho de la posesión de dinero. Esta concepción, en el orden económico, ha
derivado en un sistema basado en la aplicación de tasas de interés supuestas
con crecimiento exponencial sobre el capital productivo, quedando este a su
vez subordinado a la especulación[1]financiera.
El capitalismo como sistema económico, es el imperio del capital sobre el
trabajo[2]para la producción y creación de riqueza. La contradicción
fundamental de este modelo se da entre el carácter social de la producción y la
forma privada de apropiarse del producto del trabajo; esta contradicción
expresa el profundo antagonismo entre el trabajo asalariado y el capital, entre
las fuerzas productivas en desarrollo y las relaciones de producción
capitalistas que las atan. En el capitalismo todo cuanto existe es
mercantilizado, tiene un precio la mano de obra, los recursos naturales
(incluso el agua, que es patrimonio de naturaleza), la tierra, los servicios y
todos los bienes materiales; en este sistema funciona el "todo se compra".
Para poder mantenerse requiere un crecimiento perpetuo de la economía real;
consecuentemente, promueve la quema acelerada de recursos naturales
haciendo inviable cualquier posibilidad de economía sustentable; esta
característica del capitalismo (la quema acelerada de los recursos naturales)
ha ocasionado el calentamiento global, hasta el punto de poner a la especie
humana al borde su extinción.
Marx nos dice[3]En nuestra sociedad (léase capitalismo), la forma más general
y simple que adoptan los productos de trabajo, la forma-mercancía, es tan
familiar a todos, que nadie ve malicia alguna en ello. Pero consideremos otras
formas económicas más complejas. ¿De dónde vienen por ejemplo las ilusiones
del sistema monetario[4]
Aquí se ubican los "mercados financieros" con sus "instrumentos
o activos financieros", es decir los grandes casinos especulativos. En donde por
obra y gracia del capitalismo un mineral, el petróleo, el trigo, la soya, son
mercantilizados como "futuros", el cual es un instrumento financiero
especulativo, derivado de un producto tangible como el petróleo, el trigo, la
soya, etc.
Continua Marx: …No cabe duda del carácter fetichista que la forma-dinero
imprime a los metales preciosos. Y la economía moderna, que tanto desdeña, y
que no se cansa de repetir sus marchitas bromas contra el fetichismo de los
mercantilistas, ¿no es también juguete de las apariencias? ¿Acaso su primer
dogma no es el de que las cosas, por ejemplo los instrumentos de trabajo, son
por naturaleza capital, y que cuando se los quiere despojar de ese carácter
puramente social se comete un crimen de lesa naturaleza? Y por último, los
fisiócratas, tan superiores en muchos sentidos, ¿no imaginaron que la renta
del suelo no sea un tributo arrancado a los hombres, sino un regalo hecho por
la naturaleza misma a los propietarios? Pero no nos anticipemos, y
conformémonos todavía con un ejemplo acerca de la propia forma-mercancía.
Si pudiesen hablar, las mercancías dirían: es posible que nuestro valor de uso
interese al hombre. Por nuestra parte, como objetos, ello nos tiene sin cuidado.
Lo que nos importa es nuestro valor. Así lo demuestra nuestra relación entre
nosotras como cosas de venta y de compra. Sólo nos vemos unas a otras
como valores de cambio ¿Y no se podría creer que el economista toma
prestadas estas palabras del alma misma de la mercancía, cuando dice: E1
valor (valor de cambio) es una propiedad de las cosas, la riqueza (valor de uso)
propiedad del hombre. En ese sentido, el valor supone por fuerza el
intercambio; la riquezas no"?
El capitalismo para ilusionar a los pueblos, utiliza como instrumento
de medición de crecimiento económico el PBI[5]que a decir de Joseph
Stiglitz[6], "sólo compensan a los estados que aumentan
la producción material", es decir, no refleja el bienestar social; por esta razón
el presidente de Francia Nicolás Sarkozy, el 08 de enero del año 2008, creó
una Comisión Internacional para la Medición del Desempeño Económico y el
Progreso Social; preside esta comisión Joseph Stiglitz y cuenta con la
colaboración de otro Premio Nóbel de economía -el hindú Amartya
Sen[7]teniendo como objetivo estudiar los instrumentos de medición del
crecimiento.
En un reciente artículo denominado "El Fetichismo del PIB", publicado por EL
ESPECTADOR.COM el 20/09/2009, Joseph Stiglitz, sostiene: El gran
interrogante es si el PIB ofrece una buena medición de los niveles de vida. En
muchos casos, las estadísticas del PIB parecen sugerir que a la
economía le está yendo mucho mejor que las propias percepciones de la
mayoría de los ciudadanos. Es más, el foco en el PIB crea conflictos: a los
líderes políticos se les dice que lo maximicen, pero los ciudadanos también
exigen que se preste atención a mejorar la seguridad, a reducir
la contaminación del aire, del agua y el ruido, y demás -lo cual podría reducir
el crecimiento del PIB.
Continúa Stiglitz:
Por ejemplo, si bien se supone que el PIB mide el valor de la producción
de bienes y servicios, en un sector clave -el gobierno- normalmente no
tenemos manera de hacerlo, de modo que solemos medir la producción
simplemente por las inversiones. Si el gobierno gasta más -incluso de
manera ineficiente- la producción aumenta. En los últimos 60 años, el
porcentaje de la producción del gobierno en el PIB aumentó del 21,4% al
38,6% en Estados Unidos; del 27,6% al 52,7% en Francia; del 34,2% al
47,6% en el Reino Unido; y del 30,4% al 44% en Alemania. De manera que
lo que era un problema relativamente menor se ha convertido en un
problema importante.
De la misma manera, las mejoras de calidad -digamos, mejores autos en
lugar de más autos- representan gran parte del aumento del PIB hoy en día.
Pero evaluar las mejoras de calidad resulta difícil. La atención médica
ejemplifica este problema: gran parte de la medicina se ofrece
públicamente, y muchos de los avances son en calidad.
Los mismos problemas de hacer comparaciones en el tiempo se aplican a las
comparaciones entre países. Estados Unidos gasta más en atención
sanitaria que cualquier otro país (tanto per cápita como en porcentaje de
los ingresos), pero obtiene peores resultados. Parte de la diferencia entre el
PIB per cápita en Estados Unidos y algunos países europeos puede ser, en
consecuencia, el resultado de la manera en que medimos las cosas.
Otro cambio pronunciado en la mayoría de las sociedades es un incremento
de la desigualdad. Esto significa que existe una creciente disparidad entre
el ingreso promedio (medio) y el ingreso mediano (el de la persona "típica",
cuyo ingreso se ubica en el medio de la distribución de todos los
ingresos). Si unos pocos banqueros se vuelven mucho más ricos, el
ingreso promedio puede subir, a pesar de que los ingresos de la
mayoría de la gente estén decayendo. De manera que las estadísticas
sobre el PIB per cápita tal vez no reflejen lo que les sucede a la mayoría de
los ciudadanos.
Utilizamos precios de mercado para valuar los bienes y servicios. Pero
ahora, incluso los que tienen mucha fe en los mercados, cuestionan la
dependencia de los precios de mercado, ya que están en contra de las
valuaciones por ajuste al mercado. Las ganancias previas a la crisis de
los bancos -una tercera parte de todas las ganancias corporativas-
parecen haber sido un espejismo.
Los recientes avances metodológicos nos han permitido evaluar mejor qué
contribuye a la sensación de bienestar de los ciudadanos y reunir
los datos necesarios para hacer ese tipo de evaluaciones de manera regular.
Estos estudios, por caso, verifican y cuantifican lo que debería ser obvio: la
pérdida de un empleo tiene un mayor impacto de lo que representa
la pérdida del ingreso. También demuestran la importancia de la
conectividad social.
Toda buena medición de lo bien que nos está yendo también debe tener en
cuenta la sustentabilidad. De la misma manera que una
empresa necesita medir la depreciación de su capital, también
nuestras cuentas nacionales deben reflejar la sobreexplotación de
los recursos naturales y la degradación de nuestro medio ambiente.
Pese a todos los cambios que ha experimentado el capitalismo,
las leyes objetivas que expresan sus fundamentos generales y caracterizan la
esencia de las relaciones capitalistas de producción se mantienen. Para
comprender las leyes objetivas a que obedece el capitalismo es preciso,
apoyándose en la doctrina económica de Marx, analizar, en primer término los
fundamentos generales del modo capitalista de producción formados en la
época de la libre competencia, es decir, del capitalismo premonopolista. A tal
es preciso poner al descubierto las peculiaridades principales
del proceso capitalista de producción, pasar luego la investigación de las leyes
objetivas del proceso de la circulación capitalista y, por fin, examinar
los procesos de producción y la circulación capitalistas en conjunto, en unidad,
revelar las formas concretas del movimiento capital y comprender el
nacimiento y el desarrollo de la etapa siguiente del capitalismo, su fase
imperialista, que posee sus leyes objetivas propias, surgidas al cambiar
sustancialmente la vida económica de la sociedad capitalista.[8]
El imperialismo
El imperialismo, es el capitalismo en su fase superior y última de desarrollo;
es la etapa del dominio del capital monopolista en lo económico, político e
ideológico. Somos testigos presenciales de cómo
el imperialismo estadounidense ha extendido sus mandos hacia el continente
utilizando medios económicos (intercambio de capital físico y humano),
políticos (a expensas de la libertad de nuestros pueblos y la propiedad de
nuestros recursos) y militares, utilizando como pretexto la lucha contra
el terrorismo y narcotráfico; fuera de las bases militares anteriormente
instaladas, hoy observamos el reforzamiento de su poder imperial con la
instalación de 7 nuevas bases en Colombia y la reactivación de la IV flota que
tiene como zona de control a América del Sur, del Centro, todo el
Caribe, México y territorios europeos en este lado del Atlántico.
Lenin fue el único que…amplió sustancialmente el círculo de problemas que
estudia la economía política marxista del capitalismo. Al examinar las
relaciones económicas entre el capital y el trabajo asalariado, estimándolas las
principales de la época contemporánea, la teoría del imperialismo incluye en el
objeto de su investigación, además, las relaciones de explotación entre la
oligarquía financiera y otras capas de la sociedad burguesa, las relaciones
internacionales de dominación de la oligarquía financiera y la actividad
económica del Estado burgués llamada a reproducir y mantener el existente
régimen capitalista.[9]
Los rasgos económicos principales del imperialismo son[10]
1) La concentración de la producción y del capital ha llegado a un punto tan
alto de desarrollo que ha hecho surgir monopolios, los cuales desempeñan
un papel decisivo en la vida económica.
2) La fusión del capital bancario con el industrial, sobre cuya base surgen el
capital y la oligarquía financiera, con Wall Street a la cabeza.
3) La exportación de capitales, a diferencia de la de mercancías, adquiere
singular importancia.
4) La formación de agrupaciones monopolistas internacionales de
capitalistas que se reparten el mundo.
5) La culminación del reparto territorial del mundo entre las potencias
capitalistas más importantes.
Condiciones inherentes al capitalismo que son, al mismo tiempo, sus
antagonismos y contradicciones.
En la década de 1980 apareció el fenómeno de la llamada globalización, tras
el desplome de los denominados países socialistas[11]ubicados en Europa del
este. Este acontecimiento ha servido para que Estados Unidos haya pretendido
imponer a la humanidad un mundo unipolar. La globalización es el resultado
de la lucha de clases y la predominancia de las "superpotencias", quienes por
su poder económico y político, han logrado imponer la "regla de oro": a mayor
riqueza, mayor poder y como consecuencia, más ganancias para el capital.
Cual esnobismo, la globalización adquiere dimensión planetaria en los inicios
de la década de los 80; contrariamente a la creencia de que este fenómeno es
algo natural o providencial que se da independientemente de
los sistemas sociales (capitalismo o socialismo), se produce en realidad como
parte de la expansión del capitalismo o como consecuencia de
las acciones imperialistas.
Asimismo, la globalización no es nada nuevo; hace aproximadamente dos mil
años, tras el descubrimiento de la China por Marco Polo, se abrieron las rutas
hacia Europa para comercializar la seda, la pólvora, el papel y la imprenta de
oriente; se produjo entonces un intensivo transporte de mercancías, así como
la transferencia de conocimientos científicos, técnicos, culturales y religiosos.
Esa fue la primera y verdadera globalización.
En el mundo moderno, la globalización es muy diferente; la acción de las
superpotencias está dirigida a la explotación indiscriminada de los recursos
naturales a nivel primario, la exportación de capitales que únicamente
persiguen maximizar las ganancias negando cualquier proceso de
transferencia de conocimientos y tecnología al tercer mundo. La globalización
moderna es polarizante, por cuanto produce atraso y pauperiza a los pueblos
sometidos bajo el poder económico dominante. Consecuentemente, la
expansión mundial del capitalismo produce desigualdades notorias entre los
que son fuertes económicamente y las mayorías nacionales.
El neoliberalismo
El neoliberalismo u ortodoxia[12]del libre mercado, es un proyecto del
capitalismo que postula la reducción del estado en lo social y económico a su
mínima expresión, puesto que considera el libre mercado capitalista como
único elemento de equilibrio institucional y puntal de crecimiento
económico de un país.
"La crisis de los setenta, que debilitó intensamente a los trabajadores y sus
representantes, facilitó el desarrollo de teorías que suponían un cambio radical
en la política económica a favor de los intereses del capital. Apoyándose en las
ventajas que permitían la operación mundial del capital, la competencia global
y la potencia de las nuevas tecnologías (como un =círculo virtuoso para el
capital), junto con el debilitamiento e integración de las fuerzas populares, con
la ayuda de las instituciones internacionales y los gobiernos, los grandes
capitales mundiales lograron ir imponiendo una estrategia muy favorable para
ellos que permitía la rápida recuperación de la tasa de beneficio. Es la
conocida como estrategia o política económica neoliberal."[13]
El neoliberalismo en el Perú se viene aplicando desde el año de 1990 con el
llamado "consenso de Washington[14]a través de un listado inicial de 10
puntos:
1) Disciplina fiscal,
2) Reordenamiento de las prioridades del gasto público,
3) Reforma Impositiva,
4) Liberalización de las tasas de interés,
5) Una tasa de cambio competitiva,
6) Liberalización del comercio internacional (trade liberalization),
7) Liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas,
8) Privatización,
9) Desregulación y
10) Fortalecimiento de los derechos de propiedad.
Esta breve lista adquirió independencia y se instituyó en lo que luego se
denominaría «neoliberalismo». Posteriormente la "lista" inicial fue completada,
ampliada, explicada, y corregida. Se ha hablado del Consenso de Washington II
y del Consenso de Washington III.
Este programa, junto con el régimen que lo sustenta, colapsó estrepitosamente
con la gran crisis estructural del capitalismo; la cual alcanzó su punto de
inflexión el mes de agosto del 2008 con el derrumbe del sistema financiero
global y el hundimiento de su barco insignia Wall Street. Si los propios
neoliberales, creadores del sistema y sostenedores del establishment, fueran
consecuentes con su principio fundamental -la no intervención del Estado en el
manejo comercial privado- no deberían haber acudido al Estado para que los
rescate de la quiebra económica generada por su propia y
directa responsabilidad. Antes de la crisis, el Estado no debía intervenir en
nada; luego de presentada la crisis, sin embargo, es el Estado quien debe
acudir para salvar a los responsables de la mayor debacle económica que se
conozca en la historia; es decir, conservan privatizada la estructura de
propiedad y las utilidades de las empresas y obligan a los estados a socializar
las pérdidas que ellos han ocasionado.
Autor:
César Aching Guzmán
[1] En economía, la especulación es el conjunto de operaciones comerciales o
financieras que tienen por objeto la obtención de un beneficio económico,
basado en las fluctuaciones de los precios. Un especulador no busca disfrutar
del bien que compra, sino beneficiarse de las fluctuaciones de su precio.
[2] El trabajo. En la Economía, el trabajo es, según la visión neoclásica, uno de
los tres factores de la producción, junto con la tierra y el capital. Es la medida
del esfuerzo hecho por seres humanos. Históricamente la forma predominante
de trabajo fue la esclavitud, pero desde mediados del Siglo XIX, la esclavitud
ha ido disminuyendo (aunque sin desaparecer del todo) para ser reemplazada
por el trabajo asalariado como forma dominante.
[3] MARX CARLOS, El Capital, en 3 tomos, Traducción Floreal Mazía, Índice
de materias, Jorge Correa, (Buenos Aires €“ Argentina, Editorial Cartago,
1989), Tomo 1, pág. 95.
[4] SISTEMA MONETARIO. Estructura monetaria, sistema legalmente
establecido de la circulación monetaria en un país. Comprende: 1) la
mercancía, que desempeña la función de equivalente general; 2) la unidad
monetaria: el patrón de precios; 3) los medios legales de circulación y los
medios de pago (dinero metálico, papel moneda, moneda fiduciaria: billetes de
banco) ; 4) el sistema de acuñación de las monedas (de pleno contenido: de
oro; subsidiarias - moneda de cambio- de plata y cobre); 5) el tipo de emisión
de los billetes de banco y de los valores del Estado (dinero papel). El sistema
monetario como forma en que se organiza la circulación del dinero no es único
para todos los estados. La base del sistema es la mercancía que desempeña la
función de dinero: el oro, la plata o ambos metales a la vez.
[5] PRODUCTO BRUTO INTERNO (PBI). Valor total de la producción de bienes
y servicios dentro del territorio nacional.
[6] JOSEPH EUGENE STIGLITZ (Gary, Indiana, 9 de febrero de 1943)
economista estadounidense. Premio Nobel de Economía (2001). Es conocido
por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado (a
quienes llama "fundamentalistas de libre mercado") y de algunas de las
instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial. En 2000 Stiglitz fundó la Iniciativa para el
diálogo político, un centro de estudios (think tank) de desarrollo internacional
con base en la Universidad de Columbia (EE. UU.). Considerado generalmente
como un economista neokeynesiano.
[7] AMARTYA KUMAR SEN (3 de noviembre de 1933 en Shantiniketan, India)
es un economista bengalí, conocido por sus trabajos sobre las hambrunas, la
teoría del desarrollo humano, la economía del bienestar y los mecanismos
subyacentes de la pobreza. Recibió el premio Nobel de Economía en 1998 y
el Bharat Ratna en 1999 por su trabajo en el campo de la matemática
económica.
[8] RUMIANTSEV A., Economía Política Capitalismo, Manual, 3a ed. (Moscú,
Editorial Progreso 1985), pág. 103
[9] RUMIANTSEV A., op. cit. Pág. 164-165
[10] BORÍSOV, ZHAMIN Y MAKÁROVA, Diccionario de economía a política,
eumed.net, enciclopedia virtual.
[11] ESTADO SOCIALISTA. Aquel país que se proclama perteneciente al
socialismo como sistema económico y social, incluyendo la propiedad estatal o
cooperativa de los medios de producción y del suelo.
[12] RAE, edición 22: ORTODOXIA. Conformidad con la doctrina fundamental
de cualquier secta o sistema.
[13] MIGUEL GIRIBETS MARTÍNEZ, ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE
LA CRISIS ACTUAL DEL CAPITALISMO
http://www.eumed.net/libros/2009c/599/El%20Neoliberalismo%20y%20la
%20organizacion%20de%20la%20economia.htm
[14] CONSENSO DE WASHINGTON. Listado de políticas económicas durante
los años 1990 por los banqueros y centros económicos con sede en Washington
DC, EE.UU, como el mejor programa económico que los países
latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento. A lo largo de la
década el listado y sus fundamentos económicos e ideológicos, tomaron la
característica de un programa general. Originalmente ese paquete de medidas
económicas estaba pensado para los países de América Latina, pero con los
años se convirtió en un programa general.