Grupo 1-Trabajo Final e C
Grupo 1-Trabajo Final e C
Trabajo final
Formación docente inicial primaria en
Chile, México, Perú y Uruguay
Grupo n° 1
● Equipo docente:
Profesor Titular: Jorge M. Gorostiaga
Ayudante de Primera: Pablo G. Pastore
Profesora Invitada: Valeria Pattacini
Estudiante graduado en plan de formación: Alejandro M.
Dodera
● Estudiantes:
Etchepare, Julieta - D.N.I.: 24.963.565
[email protected]
Liviero, Lucía Belén - D.N.I.: 35.970.923
[email protected]
Martínez, Liliana - D.N.I.: 14.495.505 -
[email protected]
Quintana, Raquel Ivon - D.N.I.: 17.540.253-
[email protected]
Introducción
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docente en Chile, Uruguay, México y Perú, explorando cómo las políticas educativas y los
enfoques pedagógicos han moldeado los programas de formación en estos países. Esta
comparación se enmarca en el estudio de la Educación Comparada, disciplina que permite
analizar y comprender las similitudes y diferencias en los sistemas educativos a nivel global.
De acuerdo con Felicitas Acosta (2023), este campo de estudio no solo se centra en
identificar diferencias contextuales, sino que también busca interpretar cómo las estructuras
coloniales e internacionales influyen en la configuración de los sistemas educativos. En
América Latina, la educación comparada ha jugado un papel fundamental en la transferencia
de políticas educativas y la expansión de los sistemas escolares, lo que resulta especialmente
relevante para el análisis de la formación docente.
Este trabajo parte de la premisa de que la formación de docentes en cada uno de estos países
no es un proceso homogéneo, sino que responde a contextos históricos, sociales y políticos
específicos. Por lo tanto, el análisis comparativo se enfocará en las características de los
programas de formación inicial en términos de su currículo, duración, modalidades de
práctica pedagógica y el impacto de las reformas educativas impulsadas por organismos
internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y
la cultura (UNESCO) o el Banco Mundial; todo ello en relación con sus respectivos
contextos.
En el marco de la Agenda de Educación 2030, el punto 4.c establece como meta garantizar la
disponibilidad de docentes capacitados que puedan satisfacer las necesidades de los sistemas
educativos, especialmente en los países en vías de desarrollo. Este enfoque posiciona la
formación docente inicial como uno de los pilares clave para avanzar hacia el cumplimiento
del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS4): "Garantizar una educación inclusiva,
equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para
todos" (UNESCO [et al.], 2022, p. 29). Este mismo organismo toma posicionamiento
respecto a la formación de los docentes haciendo una lectura de la situación actual, en la que
enuncia la escasez de docentes en los sistemas educativos, el abandono de su ejercicio y la
complejidad de factores que lo provoca. Además plantea que esta situación deviene en un
circuito al generar como consecuencia una sobrecarga de trabajo en quienes están activos
alejando el bienestar de los mismos. Es así como la elección por la carrera y su permanencia
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En este sentido, UNESCO (2023), estima que para alcanzar las metas educativas del ODS4
será necesario incorporar al menos 44 millones de docentes adicionales a nivel global,
distribuidos en 24 millones para la educación primaria y 20 millones para la secundaria. Este
informe destaca que aspectos como el desarrollo profesional continuo, la mejora de las
condiciones laborales y la equidad de género en el sector docente son esenciales para
garantizar una enseñanza transformadora, inclusiva y de calidad. Asimismo, enfatiza que
proporcionar apoyo adecuado a los docentes debe ser una prioridad política, ya que su papel
resulta determinante para promover el aprendizaje permanente y el desarrollo sostenible. En
este contexto, se considera que las generaciones futuras tienen derecho a vivir en un mundo
equitativo, sostenible y en paz, y los docentes, como agentes sociales, desempeñan un papel
crucial en la construcción de ese porvenir. La labor docente tiene un carácter esencialmente
relacional y social, ya que su núcleo se encuentra en la interacción entre educadores,
estudiantes y una comunidad más amplia que incluye a colegas, familias, líderes locales y
otros actores de la sociedad. Así, UNESCO (2023) expresa:
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Para dar cuenta de ello también hemos tomado lectura de algunos documentos elaborados por
otros organismos internacionales como es el caso de la OCDE que durante los años
2002/2004 llevó a cabo un proyecto de gran importancia titulado “Attracting, Developing and
Retaining Effective Teachers” (Atraer, formar y conservar a docentes eficientes) en el que
participaron veinticinco países lo que señala el interés y la urgencia en cuanto a las políticas
magisteriales que los gobiernos tienen respecto a la complejidad de una sociedad que exige
que se atienda a la diversidad de alumnos respetando sus particularidades culturales, de
género y lengua, incorporando las tecnologías e ir aggiornandose a los cambios para poder
ofrecer una preparación adecuada a los estudiantes. Las preocupaciones que se destacan en
este trabajo refieren, en primer lugar, a la preocupación creciente sobre la capacidad de atraer
y retener docentes de calidad, sumado al deterioro de la imagen y de los salarios, lo que
provoca poca atracción a largo plazo. En segundo lugar, preocupación por las deficiencias en
las habilidades y saberes en los docentes. En tercer lugar, preocupación por la desigual
distribución de los docentes, siendo escasa en zonas desfavorecidas. Comprender la
multiplicidad de cuestiones que promueven estas inquietudes es un reto para las decisiones
políticas magisteriales que deban asumir los gobiernos. Si bien este documento refiere a
cuestiones situadas en el escenario global de hace veinte años atrás, resulta interesante hacer
un puente entre la realidad de aquel entonces y la actual, ambas marcadas por la preocupación
de hacer más atractiva la carrera docente.
A partir de los datos recogidos en el proyecto, los analistas han considerado la necesidad de
tomar acciones políticas en dos sentidos. Por un lado, acciones que eleven la posición del
docente mejorando su formación y el desarrollo de la profesión y también mejorar las
condiciones laborales, haciendo más atractiva la profesión. Por otro lado, políticas que logren
reclutar y retener a docentes con perfiles específicos que atiendan escuelas con grandes
desafíos. Todo esto conociendo que las acciones no pueden darse en forma genérica para
todos los países, puesto que algunos de ellos ya las están implementando y en otros casos no,
así como cada uno posee sus particularidades a la hora de su implementación.
De esta forma, las políticas de formación docente no pueden diseñarse de manera aislada de
las políticas sobre planes de estudios, sino en un proceso donde las partes interesadas tomen
compromiso y de alguna manera las decisiones sean de su propiedad, en tanto lo afectan.
Marcelo y Vaillant (2021) subrayan la importancia de la formación docente como un
elemento clave para el avance de la educación a nivel global. En su enfoque, resaltan que la
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“las metas concretas que hay que perseguir pueden ser las siguientes: garantizar que
todos los alumnos tengan acceso a profesores cualificados, lograr que la profesión
docente sea más atrayente para jóvenes con talento, generar, así para los alumnos
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Así como también destaca que los programas de actualización y capacitación más frecuentes
son los relacionados con la didáctica y las metodologías de enseñanza, la educación inclusiva,
la atención a la diversidad, la enseñanza de una segunda lengua y las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC).
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A nivel regional, la formación docente inicial se constituye como un tema de agenda para los
organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales, así como también para
los espacios de debate académico y reflexión. En ese sentido, consideramos pertinente referir
al documento escrito por el Banco Interamericano de Desarrollo (2022) ¿Quiénes estudian
pedagogía en América Latina y El Caribe? Tendencias y desafíos en el perfil de los futuros
docentes en tanto material interesante acerca de los dilemas complejos de la formación
docente inicial en nuestra región. Desde ese lugar, se plantea un desafío complejo para la
política pública: estimular, fortalecer y potenciar “la cantidad, la calidad y la pertinencia de
los futuros docentes” (BID, 2022, p. 7). En el análisis sobre la selectividad de los programas
de Formación Docente Inicial en países de alta cobertura de educación superior que se realiza
en este estudio en particular, los programas de Chile, Perú y México aparecen como de “alta
selectividad”. En el marco de este estudio, se describen las características del perfil de los
docentes y su evolución a lo largo del tiempo, así como también un escenario actual de
escasez y estancamiento en la formación de los mismos. Una posición similar expresa la
Coalición Latinoamericana para la Excelencia Docente en su documento “Declaración sobre
la formación inicial docente” (2020). En ese sentido, la Coalición propone una serie de
recomendaciones orientadas a mejorar la calidad de formación docente inicial para todos los
países de nuestra región.
Por otro lado, podemos señalar uno de los planteos del documento OREALC-UNESCO,
UNICEF y CEPAL (2022) cuando se refiere a una “desaceleración” de políticas que
impulsen mejoras en la calidad de la formación docente, un proceso que se encuentra
atravesado por pujas y tensiones, tentativas de cambio e irregularidades propias de un
escenario complejo y fragmentado. En ese sentido, el informe reconoce una serie de
cuestiones, pero principalmente la importancia de potenciar la carrera docente y la necesidad
de una mirada integral que proyecte mejoras a largo plazo y garantice condiciones de
posibilidad, materiales y simbólicas, para la formación y la carrera docente. Consideramos
que este documento es relevante para profundizar el análisis, especialmente porque, al ser
elaborado después de la pandemia de COVID-19, nos ofrece la oportunidad de reflexionar
sobre las tendencias y, fundamentalmente, los desafíos, tanto nuevos como preexistentes, que
nuestra región atraviesa en el marco de la post-pandemia.
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Denise Vaillant es una autora que ha abordado extensamente el tema de la formación docente
en América Latina, pero este texto en particular nos resulta relevante no sólo por su
actualidad, sino por la solidez tanto de su análisis como de las propuestas que presenta para
afrontar los desafíos planteados por la agenda regional. En ese sentido, es interesante
considerar los desafíos que enuncian los autores en relación a la formación docente inicial y
el análisis que realizan de los mismos en el marco de la complejidad regional. Los autores
mencionan seis desafíos en torno a la formación docente inicial. En primer lugar, la
dicotomía entre la formación docente inicial de quienes transitan la formación universitaria y
quienes lo hacen a nivel terciario. Esta dualidad se expresará luego a la hora de reflexionar
sobre la práctica docente. Esta práctica, dicen los autores, estará impregnada por esa
“discriminación de origen”. Por otro lado, la referencia a la selección de quienes ingresan a la
carrera docente se constituye en un segundo desafío, ya que se presenta la preparación para
un buen desempeño en áreas disciplinares y, en algunos países de América Latina, la
necesidad de contemplar actitudes personales. Del mismo modo, un tercer desafío tiene que
ver con los lineamientos curriculares. Para Vaillant y Manso, la acumulación de saberes
disciplinares y pedagógicos conspira contra una formación integral y se agudiza en el caso de
la formación inicial de los docentes para el nivel secundario dado que la propia estructura
disciplinar del nivel colabora en ese sentido.
Un cuarto desafío refiere a los formadores de los docentes señalando la precariedad de
conocimientos sobre las particularidades de las diversas instituciones educativas donde se
desempeñarán aquellos que serán formados. El quinto desafío en la formación inicial tiene
que ver con la complejidad de la profesión en cuanto a la dialéctica entre la teoría y la
práctica, que se agudiza de acuerdo al espacio de formación. A su vez, los autores destacan
como último y sexto desafío los procesos de regulación y acreditación, y las dificultades en
términos de los recursos materiales que garanticen la oferta en su totalidad.
Desde nuestro criterio, estos desafíos, y ciertamente algunos otros, forman parte del contexto
a tener en cuenta a la hora de posicionar un enfoque regional respecto de la formación
docente inicial, lo consideramos en ese sentido porque enuncian una serie de problemáticas
que atraviesan la construcción de sentido acerca de la formación docente.
En la misma línea Vaillant (2017) plantea la centralidad de pensar la formación docente
inicial en clave regional y desde una mirada que reconozca las singularidades de la formación
docente inicial latinoamericana, pero también contemplando las problemáticas comunes que
la atraviesan. En este capítulo, Vaillant analiza algunos ejes centrales para profundizar la
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reflexión: los contextos institucionales, las condiciones del entorno laboral y su relación con
el ingreso y la permanencia en el sistema de buenos docentes, la formación para la inclusión,
el rol de las TIC y la modalidad de educación a distancia. A partir de lo desarrollado, la
autora plantea la necesidad de llevar adelante una revisión de lo que ya se ha puesto en
práctica en América Latina y fortaleciendo una mirada que comprenda la centralidad de la
decisión política y que posibilite “modificar el imaginario colectivo referido a esta profesión”
(Vaillant, 2005 citado en Vaillant 2017, p. 39) promoviendo e involucrando a los docentes de
la región.
Como síntesis de esta presentación, nos parece apropiado expresar que, de lo analizado surge
la necesidad del diseño el desarrollo y la ejecución de políticas magisteriales que impulsen
transformaciones desde la complejidad y la pluralidad, a partir de una perspectiva integral y
contextualizada. Que contemplen aquellos requerimientos necesarios, tales como la
reflexividad, la habilidad en las acciones pedagógicas y la sensibilidad hacia las
particularidades y contextos en la gran diversidad global.
La Formación Docente en la región latinoamericana ha sido un tema relevante desde fines del
siglo XIX y primera mitad del XX. A partir de la configuración de los sistemas educativos
nacionales y de las transformaciones sociales, políticas y pedagógicas, va teniendo lugar la
formación de un cuerpo docente profesionalizado que irá acompañando estos procesos de
cambio. El Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL,
2024) nuestra región se entrama en un escenario heterogéneo, diverso y complejo en el cual
existen y se desempeñan 6 millones de docentes por lo menos en el nivel primario y en el
nivel secundario.
Según Vaillant (2013), “a pesar de la heterogeneidad y la diversidad presentes en América
Latina y El Caribe, pueden identificarse tendencias convergentes” (p. 187). A partir de la
misma se configuran ciertos desafíos y dilemas que son comunes en la región, tales como
mejorar el desempeño profesional, fortalecer la calidad de la formación inicial docente y la
formación contínua, mejorar los salarios y las condiciones de trabajo de las y los docentes e
implementar sistemas de evaluación y desempeño.
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A partir de los datos que allí se observan podemos concluir que el porcentaje de docentes
mujeres en el nivel pre-primario supera en general el 90%, mientras que para el nivel
primario alcanza el 77% de la matrícula femenina; advirtiendo que en el nivel secundario la
misma desciende, pero aún así es mayor al 50%.
En relación a una cuestión clave como lo es la toma de decisiones en términos de políticas
públicas, los Ministerios de Educación juegan un rol central en tanto son los principales
empleadores públicos en América Latina y El Caribe (UNESCO, 2012, en Vaillant, 2013).
La feminización de la matrícula, como otros temas estructurales, responde a una cuestión
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A partir del análisis realizado por UNESCO-OREALC, Vaillant (2013) señala que en nuestra
región hay cuatro tipos de instituciones formadoras de docentes. En primer lugar, se
encuentran las universidades, por otro lado, están las Universidades Pedagógicas que se
ubican estratégicamente para fortalecer la trayectoria de formación. Según la autora, dos de
las más importantes de la región son la Universidad Pedagógica Nacional de México fundada
en 1978 y la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación de Chile fundada en
1986. También están los Institutos Pedagógicos Superiores (Institutos Normales Superiores o
Institutos Superiores de Educación), que son instituciones de nivel terciario por fuera del
sistema universitario y que se encuentran en países como Uruguay y en nuestro país; y,
finalmente, se encuentran las Escuelas Normales.
En el caso de los países que hemos seleccionado en este presente trabajo para llevar adelante
nuestro análisis, las instituciones formadoras de docentes en el nivel primario y secundario
son las presentadas en la siguiente tabla 1:
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Chile X
Uruguay X X
México X X
Perú X X
Fuente: https://siteal.iiep.unesco.org/
Para desarrollar este análisis nos propusimos varias lecturas a partir de las cuales
determinamos tres ejes centrales para explorar en cada uno de los países que seleccionamos.
Pretendemos que este análisis se encuentre contextualizado no solo en el país sino también en
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el tiempo. Así avanzaremos en los países: México, Perú, Chile y Uruguay entre los años 2010
y 2023 sobre los siguientes ejes:
● Renovaciones curriculares (cambios de plan o reformas educativas en los
profesorados)
● Selectividad - perfil docente
● Sistemas de acreditación
México
Para analizar los ejes que hemos seleccionado, es importante considerar el contexto político
en el periodo referido. En el marco de la gestión de Peña Nieto (2012-2018), se concretaron
más de diez reformas estructurales, entre ellas la educativa. A partir de la misma, se
establecieron la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y la Ley
General del Servicio Profesional Docente, cuyo objetivo era responder a las demandas
sociales sobre el fortalecimiento del área educativa. En ese sentido, se impulsaron
evaluaciones que acrediten tanto la labor docente como el desempeño de los alumnos.
Desde el año 2019, México ha estado gobernado por Andrés Manuel López Obrador y su
proyecto partidario denominado la “Cuarta Transformación”, basado en la justicia social, la
equidad y la lucha contra la corrupción. A partir de este contexto, se consideró fundamental
la educación como vía para realizar cambios estructurales necesarios. Esos cambios se dieron
desde un enfoque con el que se perseguía que el sistema educativo destine sus esfuerzos en la
formación de los estudiantes en valores como la inclusión, la equidad y el respeto a la
diversidad promoviendo, de esta manera, la “Nueva Escuela Mexicana” (NEM) (Secretaria
Educación Pública, 2019).
Esta nueva propuesta mostró una decisión política fuerte, priorizando una visión integral y
humana por sobre el sistema de evaluaciones, estandarizadas y con carácter punitivo, que
hasta ese momento se realizaban tanto para el ingreso, permanencia y promoción del
profesorado. Así es que se pone en vigencia la Ley General del Sistema para la Carrera de las
Maestras y los Maestros y la Ley General del Servicio Profesional Docente, como marco
normativo de la Reforma, contemplando becas que favorezcan la inclusión de estudiantes a la
carrera docente.
De acuerdo al Plan Sectorial de Educación 2020-2024 de la Secretaría de Educación Pública
de México, se establece como uno de sus objetivos prioritarios la revalorización a las
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maestras y los maestros como agentes fundamentales del proceso educativo en el marco de
los desafíos actuales. En ese sentido, se propone garantizar que la formación inicial desarrolle
conocimientos, capacidades, aptitudes y valores necesarios en las futuras maestras y los
futuros maestros. Dentro de esta estrategia, se plantean acciones puntuales a nivel curricular,
como por ejemplo la incorporación de contenidos y prácticas pedagógicas vinculadas a la
vida responsable y saludable, así como también la revisión de los planes de estudio 2022 de
la Dirección General de Educación Superior para el Magisterio con el objetivo de promover
en las futuras y los futuros docentes capacidades cognitivas, pedagógicas, socioemocionales,
éticas y digitales. Estas transformaciones se encuentran atravesadas por un enfoque que
contempla la perspectiva de género y de derechos humanos, la interculturalidad y la cultura
de la paz (NEM, 2019).
En México, las futuras y los futuros docentes llevan adelante su formación en las
universidades y en las escuelas normales. Estas últimas responden a una estructura orgánica
federal o estatal y pasaron a formar parte de la Subsecretaría de Educación Superior (SES) en
la primera década del siglo XXI en lo que Díaz Barriga (2021) define como el camino que las
escuelas normales transitaron y transitan para ser reconocidas como instituciones del nivel
superior. Según el autor, en el marco de la Cuarta Transformación, si bien hubo algunos
avances en la elaboración de planes de estudios situados y con sentido pedagógico, los
mismos han sido insuficientes en el marco de un sistema educativo cuyas necesidades
responden a realidades que son heterogéneas (aspectos como la ruralidad, la diversidad, la
interculturalidad y el reconocimiento de la población indígena) y a una agenda de ejecución
compleja. En ese sentido, el autor realiza una crítica a las políticas de educación normal de la
Cuarta Transformación señalando que las mismas no lograron “cumplir con la coherencia que
el sistema educativo mexicano requiere” (p. 552). Se trata de un escenario atravesado por
tensiones y contradicciones, que plantea grandes desafíos para la formación inicial docente en
las escuelas normales. También se refiere al valor de las prácticas en el proceso de la
formación docente como, espacio valioso para la configuración de un “nicho propio” para la
reflexión sobre la propia práctica, siendo un lugar privilegiado para la experimentación
pedagógica de forma cercana a las escuelas donde se llevará adelante el futuro ejercicio de la
docencia.
Según Cuevas-Cajiga y Moreno Olivos (2022), los requisitos para obtener el título docente
presentan tres modalidades posibles de acuerdo a la trayectoria formativa: una elaboración de
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Chile
En la primera parte del periodo seleccionado en el marco de este trabajo, bajo los gobiernos
de Sebastián Piñera (2010-2014) y Michelle Bachelet (2014-2018), se implementaron
reformas significativas. La Ley de Inclusión Escolar N° 20.845 (2015) y la Ley de Carrera
Docente (2016) buscaron elevar los estándares de la profesión, asegurando mejor formación
inicial, incentivos económicos y mayor valoración del rol docente. También se fortalecieron
los requisitos de acreditación para las instituciones formadoras de docentes, promoviendo
estándares de calidad más altos.
A partir de 2019, las demandas sociales que fueron expresadas en el estallido social,
protagonizado por los estudiantes, cuestionaron profundamente las inequidades del sistema
educativo, incluida la formación docente. Con el nuevo gobierno de Gabriel Boric en 2022,
las políticas educativas adquirieron un enfoque más progresista, orientado a fortalecer la
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escuela media. Estos programas, pensados para un momento en particular, que se cursaban a
distancia, con una modalidad flexible y con condiciones mínimas de ingreso, sirvieron como
plafón para que se desarrolle un fuerte incremento de la matrícula de estudiantes.
El ingreso a las universidades chilenas está atravesado por mecanismos de selección que lo
restringen. Según SITEAL, Cuenca (2015) refiere que el ingreso a las carreras de Pedagogía
en Chile está caracterizado por distintas etapas relativas al conocimiento y al desempeño,
donde para acceder a la segunda etapa necesariamente hay que aprobar la primera. Por otro
lado, se señala que los instrumentos para el ingreso, así como las etapas, son definidas por
municipio. Estamos frente a un sistema de ingreso a la formación inicial docente que se
encuentra descentralizado.
Según el BID (2022), las y los estudiantes que se encuentran matriculados en programas de
formación inicial docente son principalmente mujeres, tienen realidades socioeconómicas
marcadas por amplias desventajas y como consecuencia su desempeño es deficitario, esto se
expresa al momento de ingresar a la educación superior. Según lo expresado en este
documento, y desde una mirada valorativa y - a nuestro entender - estigmatizante, se
considera un factor predominante la pertenencia a pueblos originarios. De acuerdo a lo
desarrollado por el BID, si bien hay una disminución en la matrícula en los últimos años, la
selectividad de programas de Formación Inicial Docente en Chile es alta.
Perú
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Según el documento “Profesión: Profesor en América Latina. ¿Por qué se perdió el prestigio
docente y cómo recuperarlo?” del BID (2018), el nuevo marco legal de Perú encauza una
profesionalización de la docencia. En esa línea ubicamos lo desarrollado por Vecchione
(2020). Para la autora, la educación de este nuevo siglo pone el foco en las competencias, en
la capacidad de desarrollar habilidades orientadas hacia la búsqueda y el análisis crítico de la
información, contemplando la dimensión socio-emocional. Desde ese lugar, se piensa el
perfil de un docente que asuma los desafíos de este tiempo a partir de la incorporación de
nuevas tecnologías, contemplando el escenario heterogéneo, diverso y contingente en el cual
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Uruguay
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Educación Pública (ANEP) habían promovido la creación de una universidad pedagógica con
autonomía, cogobierno y alcance nacional, propuesta que tomó fuerza en los debates y
congresos educativos de ese año. Aunque inicialmente se planteó un formato universitario
autónomo, la Ley General de Educación (LGE) de 2008 formalizó al Instituto Universitario
de Educación (IUDE) como un instituto dependiente de la ANEP.
José Mujica (2010-2015) fundó el Consejo de Formación en Educación (CFE) como
organismo transitorio, mientras que en el mandato de Vázquez (2015-2020) las políticas
hacia una universidad de educación mostraron enfoques fluctuantes.
Con el cambio de gobierno en 2020, liderado por una coalición encabezada por el Partido
Nacional, las políticas educativas tomaron otro rumbo, con un enfoque más centrado en la
eficiencia y el control de resultados. La aprobación de la Ley de Urgente Consideración trajo
modificaciones significativas, como una mayor centralización de decisiones y un énfasis en la
evaluación de resultados, lo que también impactó en la formación docente. Este cambio
generó discusiones sobre la dirección de las políticas educativas, entre quienes defendían una
formación crítica y quienes apostaban por modelos más estandarizados.
La UNESCO ha destacado la importancia de diseñar y establecer una política nacional
docente en Uruguay que abarque la formación inicial, el desarrollo y la carrera profesional,
así como las condiciones de trabajo de los educadores.
Por su parte, también el BID (2016), destaca varias iniciativas para fortalecer la formación
docente inicial en Uruguay, particularmente en el nivel de educación primaria. Estas políticas
incluyen la reforma y expansión de centros de formación docente en la que el organismo
respalda la ampliación y equipamiento de estos, lo cual incrementará la oferta educativa y la
capacidad para preparar nuevos maestros en el país. Además, se planea según Vaillant
(2002), construir nuevos centros educativos y ampliar los existentes.
En cuanto al currículum y estrategias de formación, se promueve la definición de un nuevo
marco curricular nacional que considere perfiles de egreso y progresión de aprendizajes. Esta
iniciativa busca mejorar los resultados educativos y fortalecer la capacidad de los futuros
docentes para enfrentar los desafíos actuales en el aula. Además se implementaron reformas
significativas con el Plan 2008, que buscaba superar la fragmentación curricular y avanzar
hacia un modelo universitario. Sin embargo, el sistema siguió siendo terciario, no
universitario. Por su parte, para Mancebo (2019), el Plan 2008 significó una unificación de la
formación docente para eliminar la heterogeneidad curricular entre Magisterio, Profesorado y
Maestros Técnicos. Posteriormente, entre 2012 y 2013, se revisaron los currículos para
abordar problemas detectados como la fragmentación, la carga horaria excesiva y la
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estudios y la movilidad entre diferentes carreras docentes (Zidán E.R,; Silva, J.G; Rodriguez,
S.R., 2020). A pesar de estos avances, según este autor, el modelo universitario aún enfrenta
barreras estructurales, como la modalidad tradicional de contratación y la ausencia de una
estructura de cargos académicos sólidos.
“En el Plan 2020 coexisten espacios curriculares anualizados (como la Práctica
Docente), semestralizados y otros intensivos de menor duración. Otra novedad del
plan es la creditización en todos los espacios formativos. Es una condición
fundamental para la flexibilidad curricular, la navegabilidad y la movilidad horizontal
de los estudiantes, con el debido reconocimiento de sus estudios.” (Zidán E.R,; Silva,
J.G: Rodriguez, S.R., 2020)
Análisis comparativo
Este apartado desarrollará el objetivo principal del presente trabajo en el que, como
anticipamos en el texto introductorio: “se comparará la formación inicial docente en Chile,
Uruguay, México y Perú, explorando cómo las políticas educativas y los enfoques
pedagógicos han moldeado los programas de formación en estos países”. Luego de realizar
un análisis detallado de cada país, observamos que, las políticas educativas que rigen la
formación docente inicial en México, Chile, Perú y Uruguay presentan tanto convergencias
como divergencias significativas, reflejando los contextos sociales, políticos y culturales de
cada país. La evolución hacia la profesionalización de la docencia es un punto común en
estos países, aunque las estrategias para alcanzarla difieren notablemente. México, a través de
la Nueva Escuela Mexicana, enfatiza una formación basada en valores de inclusión,
interculturalidad y equidad, con una estructura que busca superar el modelo evaluativo
punitivo anterior, pero enfrenta el desafío de articular estas políticas con la heterogeneidad
del sistema educativo. Por su parte, Chile se destaca por sus exigentes estándares de calidad y
un sistema de acreditación robusto, implementados a través de la Ley de Carrera Docente y el
Sistema de Desarrollo Profesional Docente. Sin embargo, persisten críticas respecto a la
descentralización y las inequidades en el acceso a la formación inicial. En Perú, la formación
docente se ha orientado hacia la incorporación de competencias socioemocionales y éticas,
respaldadas por el Diseño Curricular Básico Nacional y el SINEACE, aunque la inestabilidad
política ha afectado la continuidad de las reformas. Uruguay, en cambio, se ha enfocado en
transitar de un modelo terciario a uno universitario, con avances en la semestralización y la
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En cuanto a la selectividad y el perfil docente, Chile y Perú lideran con sistemas altamente
selectivos que buscan captar talento académico, mientras que México y Uruguay priorizan
estrategias para ampliar la matrícula y profesionalizar a sus docentes, enfrentando tensiones
entre calidad y cantidad. La dimensión práctica también muestra variaciones; mientras
México y Chile promueven la reflexión sobre la práctica pedagógica en contextos reales, Perú
y Uruguay han incorporado enfoques interdisciplinarios que incluyen el aprendizaje continuo
como un eje central.
En el ámbito curricular, las reformas mexicanas y peruanas priorizan la inclusión y la
diversidad cultural, reflejando la composición multicultural de sus sociedades, mientras que
en Chile se observa un enfoque más técnico y estructurado, y en Uruguay se busca una
articulación más fuerte entre teoría - práctica e investigación.
En lo que refiere a la acreditación, los cuatro países comparten un compromiso responsable
con la acreditación docente, aunque poniendo el foco en distintas áreas. Tanto México como
Chile comparten el lugar prioritario que se le da a los estándares profesionales. En el caso de
México y en el marco de las tres modalidades posibles que allí se desarrollan, podemos
advertir la focalización en la investigación didáctica, la práctica profesional y los estándares
docentes. Por su parte, en Chile, a partir de la Evaluación Nacional Diagnóstica, se distingue
la centralidad de los estándares pedagógicos y disciplinarios. En Perú hay una dimensión más
integral de la acreditación, que contempla de manera indisociable a la formación inicial y la
formación en servicio. Mientras que Uruguay, a través del Plan 2020, introduce un modelo de
acreditación curricular flexible y de movilidad horizontal, donde se pueden encontrar
espacios curriculares que varían en su extensión (anual, semestral o intensivo).
Finalmente, aunque los cuatro países comparten el objetivo de mejorar la calidad educativa y
fortalecer la formación inicial docente, sus avances están condicionados por limitaciones
estructurales, recursos insuficientes y tensiones políticas, lo que evidencia la necesidad de
enfoques contextualizados que equilibren las demandas globales con las realidades locales.
Conclusión
Por todo lo analizado en el presente trabajo, podemos concluir que el análisis de la formación
docente inicial en México, Chile, Perú y Uruguay permite visibilizar tanto las convergencias
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como las divergencias que estos sistemas presentan en su camino hacia la profesionalización
y mejora de la calidad educativa. Si bien todos comparten el objetivo de formar docentes que
respondan a las complejidades contemporáneas, las estrategias implementadas reflejan las
particularidades históricas, políticas y culturales de cada contexto. La orientación hacia la
inclusión, la equidad y la interculturalidad es un eje transversal, aunque su implementación
varía en función de las estructuras educativas y los recursos disponibles. La existencia de
estándares de calidad en Chile y las innovaciones curriculares en México son avances
significativos, mientras que la fuerte selectividad en Perú y el esfuerzo uruguayo por transitar
hacia un modelo universitario representan respuestas únicas a desafíos comunes. No obstante,
persisten tensiones entre las demandas globales y las realidades locales, limitaciones en la
infraestructura educativa y resistencias institucionales que dificultan la consolidación de
reformas. Además, la práctica docente emerge como un espacio crítico para la formación
integral, subrayando la necesidad de conectar teoría y práctica mediante enfoques
interdisciplinarios y de aprendizaje continuo. El análisis destaca la importancia de las
políticas educativas contextualizadas que promueven tanto la excelencia académica como la
sensibilidad hacia las diversidades culturales y sociales, integrando las perspectivas globales
con las necesidades específicas de cada sistema. De este modo, se configura un panorama
complejo y dinámico que exige esfuerzos coordinados y sostenidos para garantizar la
formación de docentes capaces de enfrentar los desafíos de un mundo en constante
transformación, reafirmando su rol como agentes clave en la construcción de sociedades más
equitativas y sostenibles.
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Referencias bibliográficas:
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