Comisión Nacional de los Derechos Humanos
La función principal de la CNDH es velar por que las instituciones del Estado
garanticen un recurso efectivo a las víctimas cuando se cometen abusos y
reformen las políticas y prácticas que dan lugar a tales violaciones. Dado que
estas instituciones generalmente no lo hacen, a menudo la CNDH representa el
único recurso que les queda a las víctimas que buscan obtener un
resarcimiento por los abusos sufridos. La CNDH debería ser, también, el
principal impulsor de los cambios que México requiere con urgencia para
prevenir que se cometan violaciones de los derechos humanos en el futuro.
La CNDH no deja de realizar estas funciones por falta de recursos. El
presupuesto de la CNDH de 2007 (de aproximadamente US$ 73 millones) es,
sin duda, mayor que el de las demás oficinas de ombudsman de América
Latina y uno de los más grandes del mundo. Cuenta con más de 1.000
empleados, entre los cuales se encuentran profesionales capacitados y con
mucha experiencia, que muestran un compromiso genuino con la promoción de
los derechos humanos. El problema tampoco se debe al mandato de la CNDH,
cuya amplia definición incluye tanto la función de “proteger” como la de
“promover” los derechos humanos, ni a sus facultades legales, las cuales
proveen los instrumentos necesarios para cumplir con su amplio mandato.
Por el contrario, la razón del limitado impacto de la CNDH radica en sus propias
políticas y prácticas. La CNDH no ha ejercido plenamente su amplio mandato ni
maximizado el uso de sus cuantiosos recursos. Una y otra vez, la CNDH no
impulsa a las instituciones del Estado a reparar los abusos que ha
documentado, no promueve las reformas necesarias para prevenir abusos
futuros, no se opone a leyes, políticas y prácticas abusivas y contrarias a
estándares internacionales de derechos humanos, no entrega ni difunde
información que posee sobre casos de derechos humanos y no siempre se
relaciona constructivamente con actores claves que buscan promover el
progreso de los derechos humanos en México.
La CNDH podría jugar un papel mucho más activo en mejorar la situación de
los derechos humanos en México. Sin embargo, para que una institución de
este tipo logre generar los cambios necesarios y no se limite a describir el
status quo, debe ser ingeniosa, creativa, proactiva y persistente al promover
soluciones a los problemas de derechos humanos en el país.
Los investigadores de la CNDH han utilizado los recursos disponibles para
realizar esfuerzos con el fin de documentar abusos. Por ejemplo, la segunda
visitaduría realizó una investigación exhaustiva después de la represión en
Guadalajara en 2004 y en Atenco en 2006 y publicó un relato detallado y
fundado de las serias violaciones de derechos humanos cometidas en ambos
casos. En 2006, la tercera visitaduría utilizó un conjunto de indicadores para
evaluar de manera pormenorizada el sistema penitenciario en el país. La
quinta visitaduría ha buscado superar las dificultades que existen para
documentar abusos sufridos por migrantes a través de la apertura, en años
recientes, de oficinas en lugares claves a lo largo del país, lo cual hizo más fácil
para las víctimas de estos abusos denunciarlos, y para la CNDH investigarlos.
El personal de la CNDH también ha sido, en algunos casos, proactivo en la
promoción de reformas para abordar estos problemas. La quinta visitaduría,
por ejemplo, ha llevado adelante campañas activas para ampliar la libertad de
prensa en México. Esta visitaduría jugó un papel importante para lograr que el
Congreso aprobara legislación para proteger a los periodistas de revelar sus
fuentes en 2006 y la despenalización de la difamación en 2007.
Lamentablemente, como documenta este informe, este enfoque proactivo a la
promoción de los derechos humanos no ha sido replicado en muchas áreas de
trabajo de la CNDH. Las conclusiones de este informe están basadas en
entrevistas exhaustivas realizadas a 38 funcionarios de la CNDH, incluidos su
actual presidente y funcionarios de alto nivel de todas las principales áreas de
trabajo, así como también a distintos ex empleados de la CNDH, incluyendo
todos los ex presidentes. Las conclusiones también se extraen de extensas
entrevistas y consultas con representantes de organizaciones no
gubernamentales locales, que han desempeñado un papel fundamental en
observar el trabajo de la CNDH desde su creación, y con representantes de
comisiones estatales de derechos humanos, abogados, periodistas,
académicos y líderes de la sociedad civil de México. Por último, las
conclusiones están basadas en entrevistas con numerosas víctimas y
familiares de víctimas de violaciones de los derechos humanos.
Conclusión
Los gobiernos federal y estatales son responsables de garantizar la seguridad
pública y de organizar el sistema penitenciario sobre la base del trabajo, la
capacitación para el mismo y la educación, como medios para la readaptación
social del delincuente; sin embargo, las visitas de supervisión del personal de
esta Comisión Nacional, han evidenciado que no se cumple con dichas
exigencias constitucionales, debido a la existencia de diversas irregularidades
que prevalecen en la mayoría de los centros de reclusión del país, que son el
último eslabón de la cadena del sistema de seguridad pública, las cuales se
traducen en violaciones al derecho humano a la seguridad pública de la
sociedad mexicana y vulneran los derechos fundamentales a la readaptación
social a recibir un trato digno, a la legalidad y a la seguridad jurídica, y a la
protección de la salud en agravio de los internos,
Concretamente, los hechos relacionados con la corrupción que impera en los
centros de reclusión, que afectan su buen funcionamiento y favorecen la
comisión de conductas delictivas tanto en el interior como en el exterior de los
mismos, favorecen la vulneración del derecho humano a la seguridad pública y
son contrarios a lo establecido en el artículo 21, párrafo quinto, de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En tales circunstancias,
es evidente que no se están cumpliendo con los fines de la seguridad pública,
de salvaguardar la integridad y derechos de las personas, así como preservar
las libertades, el orden y la paz públicos, tal como lo establece la Ley General
que Establece las Bases de Coordinación del Sistema Nacional de Seguridad
Pública, y tampoco existen avances significativos en la aplicación del Programa
Nacional de Seguridad Pública 2001-2006, entre cuyos objetivos se encuentra
el de reestructurar integralmente el sistema penitenciario.