Bartolome Arnolfo Un Saboyano en El Madr
Bartolome Arnolfo Un Saboyano en El Madr
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BARTOLOMÉ ARNOLFO, UN SABOYANO EN EL MADRID DEL SIGLO XVII
ISSN: 0213-2079
DOI: http://dx.doi.org/10.14201/shhmo201335371407
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attention to one of the most prominent members of this nation, the merchant
and businessman Bartolomé Arnolfo. He informs about his activity as a
merchant, and he pays particular attention to his activity as wool exporter,
that he puts in connexion with other activities such as money-lending and
transhumant sheep-breeding.
Key words: Spain, Madrid, Savoy, Trade, Finance, Transhumant Sheep
Breeding, Seventeenth Century.
En el transcurso del siglo XVII Madrid llegó a reunir una de las comunida-
des de mercaderes y financieros más numerosa y diversificada de la Corona de
Castilla, a la que se incorporaron gran número de extranjeros, procedentes
de los más diversos rincones de la Europa Occidental1. Su consolidación como
sede permanente de la Corte, tras el regreso de Felipe III de Valladolid en 1606,
fue sin duda el factor determinante que propició esta evolución. En primer lugar
porque la Monarquía, con su voraz apetito de dinero, atrajo a su entorno a un gran
número de financieros, los llamados asentistas, que en su inmensa mayoría fueron
de origen extranjero, y desempeñaron además un destacado papel en el comercio
de importación y exportación de mercancías. En segundo lugar, porque en torno
a la Corte se concentraron los grupos sociales con mayor capacidad de consumo
del conjunto de la población castellana, que generaron una fuerte demanda de
productos, que fue satisfecha mediante su importación. De ahí que, para dar
respuesta a esta demanda, gran número de mercaderes extranjeros se instalasen
en la villa tras 1606, los cuales mantenían contacto permanente con otros colegas
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suyos residentes en las ciudades portuarias a través de las que entraban en Castilla
gran parte de las mercancías de importación con las que se había de satisfacer la
demanda madrileña, tales como Bilbao o Santander, en el Mar Cantábrico, Sevilla
o Sanlúcar de Barrameda en el Atlántico, y Málaga o Alicante en el Mediterráneo.
Estos mercaderes solían agruparse por «naciones», que tuvieron durante
el Antiguo Régimen un carácter muy diferente al que se les viene atribuyendo
en Europa desde el siglo XIX, la centuria por excelencia de la efervescencia del
«nacionalismo». Entre dichas «naciones», una de las menos conocidas es la de
los súbditos del duque de Saboya. Era este un poderoso príncipe, cuyos territo-
rios formaban parte del Imperio romano-germánico, y ocupaban una estratégica
posición entre Italia, Francia y Alemania. Esto le permitió jugar un papel de
primera fila en el escenario político continental, que a largo plazo hizo posible
su ascenso al rango de rey a principios del siglo XVIII, y que, más tarde, en torno
a él se fraguase a mediados del siglo XIX la unificación de Italia, a cambio de ceder
a Francia la soberanía sobre parte de las tierras gobernadas por sus antepasados
desde la más remota Edad Media.
Entre los súbditos del duque de Saboya hubo desde época medieval indivi-
duos dedicados al comercio a larga distancia que buscaron fortuna en la Península
Ibérica. Está bien constatada su actividad en los reinos de la Corona de Aragón,
pues a partir del año 1420 el rey Alfonso el Magnánimo les sometió a la obligación
de abonar un nuevo impuesto por sus operaciones mercantiles de importación y
exportación, conocido con el nombre de dret alemà y saboyà, pues solo estaban
obligados a pagarlo los mercaderes alemanes y saboyanos2, del mismo modo que
el llamado dret dels italians introducido en 1402 por el rey Martín I recaía exclu-
sivamente sobre los mercaderes de origen italiano. De este modo los mercaderes
súbditos del duque de Saboya fueron asimilados a los oriundos de las tierras del
Imperio al norte de los Alpes, y diferenciados de los italianos, que también eran
súbditos del Imperio. Por ello saboyanos y alemanes tuvieron a su frente en la
Corona de Aragón un mismo cónsul, encargado de la defensa de sus intereses, el
cual ejercía sobre todos ellos jurisdicción en determinadas materias3. Según todos
los indicios, no obstante, los mercaderes súbditos del duque de Saboya desempe-
ñaron un modesto papel en el comercio exterior de la Corona de Aragón en esta
época, mucho menos relevante que el de los italianos, pero también que el de las
2. LÓPEZ ELUM, P.: «Las relaciones comerciales de la Corona de Aragón con los alemanes y
saboyanos. Dret alemà y Saboya (1420-1694)», Saitabi 26 (1976), pp. 47-57.
3. Referencias al oficio de cónsul de alemanes y saboyanos en DIAGO HERNANDO, M.: «Los
mercaderes alemanes en los Reinos Hispanos durante los siglos bajomedievales: Actividad de las
grandes compañías en la Corona de Aragón» en VALDEÓN, J., HERBERS, K. y RUDOLF, K. (coords.):
España y el «Sacro Imperio». Procesos de cambios, influencias y acciones recíprocas en la época de la
«europeización» (Siglos XI-XIII). Universidad, Valladolid, 2002, pp. 299-328.
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4. HINOJOSA MONTALVO, J.: «Sobre mercaderes extrapeninsulares en la Valencia del siglo XV»,
Saitabi, 26 (1976), pp. 59-92, en especial p. 84.
5. BELLO LEÓN, J. M.: Extranjeros en Castilla (1474-1501). Universidad, La Laguna, 1994.
6. BUSTOS RODRÍGUEZ, M. (ed.): Un comerciante saboyano en el Cádiz de Carlos II (Las memo-
rias de Raymundo de Lantery, 1673-1700). Caja de Ahorros, Cádiz, 1983.
7. Contemporáneos de Bartolomé Arnolfo, y residentes en Madrid, fueron, entre otros, los sabo-
yanos Esteban Malet y su hijo Jorge, originarios de Venza, la actual Vence, en Francia. Esteban Malet
pagó derechos aduaneros por mercancías introducidas en la Corona de Castilla a través de la aduana
de Ágreda en 1646. Archivo Histórico Provincial de Soria, Protocolos Notariales, 1574-2367-86.
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11. Se le llama «oficial mayor de Juan Lucas Palavesín» en AHPM, 6494-305, Madrid, 2-VII-
1635. Como «oficial mayor de sus libros» aparece identificado en contrato de obligación otorgado
en Madrid, 22-VI-1637, en AHPM, 5374-461.
12. DIAGO HERNANDO, M.: «Mercaderes y financieros ingleses en Madrid en tiempos de la
revolución y guerra civil inglesa», Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 49 (2009), pp. 397-445.
13. AHPM, 7780-568, Madrid, 23-IV-1644.
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para que pudiese residir allí junto con su esposa Jerónima Zoalli. Tras su muerte,
sin embargo, la necesidad de atender las demandas de sus acreedores precipitó la
venta en pública subasta de dichas casas, que fueron rematadas por la autoridad
judicial en Juan Bautista de Benavente, tesorero general del Consejo de Órdenes
y depositario del Consejo de la Cámara, por el elevado precio de 30.000 ducados.
Como consecuencia, su viuda, Francisca Álvarez de la Torre, hubo de acabar sus
días fuera del edificio que con tanto esfuerzo había hecho construir su marido,
constándonos por su testamento, otorgado en 1659, que su última morada estuvo
en la calle de Juan de Alarcón, de la parroquia de San Martín14.
El afán por integrarse en la sociedad madrileña de Bartolomé Arnolfo lo detec-
tamos también en los criterios que inspiraron la concertación de los matrimonios
de sus tres hijos. En efecto, su hija Ana casó con un miembro del influyente grupo
de los oficiales que prosperaron en Madrid a la sombra de la Monarquía, Francisco
Carrillo, contador de resultas del rey, del que ya había enviudado en 164915. Su
hijo Diego, por su parte, contrajo matrimonio en 1644 con Jerónima Zoalli16, que
era hija de Pedro Zoalli, individuo de origen italiano que fue secretario del rey y
regidor perpetuo de Madrid y estaba emparentado con la familia de origen genovés
de los Sanguineto17. Gracias a este matrimonio, Diego Arnolfo, que desempeñó el
cargo de contador de cuentas de la villa de Madrid, logró la plena integración en
el estrecho círculo de la oligarquía madrileña del que ya formaban parte las fami-
lias de origen italiano de los Zoalli y los Sanguineto. Buena prueba de su exitosa
integración en este medio sociopolítico nos la proporcionan los matrimonios
que logró concertar para sus hijas. En concreto Antonia Arnolfo y Zoalli casó
con Pedro Ignacio de Arce, caballero de Santiago, regidor de Madrid, y aposen-
tador de la Real Casa de Castilla18. Por su parte, Jerónima de Arnolfo y Zoalli
contrajo primeras nupcias con Don Pedro Juan de Frías, caballero de Santiago, y
tras enviudar casó con el licenciado Alonso Fernández de Arce, abogado de los
Reales Consejos19. Y, por fin, Juana de Arnolfo y Zoalli casó con otro abogado
de los Reales Consejos llamado José de Ledesma y Goycochea20. Estas tres nietas
de Bartolomé Arnolfo mostraron, pues, una marcada preferencia por enlazar con
14. Poder para testar otorgado por doña Francisca Álvarez de la Torre, viuda de Bartolomé
Arnolfo, en AHPM, 6527-37, Madrid, 23-I-1659.
15. Consta por AHPM, 7516-411, Madrid, 10-VI-1649. Ella le sobrevivió muchos años, pues
otorgó testamento en Madrid, 16-X-1685. AHPM, 11042-601.
16. Las capitulaciones matrimoniales en AHPM, 6220-46, Madrid 11-V-1644.
17. Pedro Zoalli era primo de Pedro Jácome Sanguineto, que lo nombró como uno de sus
testamentarios. AHPM, 3390-1019, Madrid 13-X-1650.
18. AHPM, 11057-779, Madrid, 1-XII-1698.
19. AHPM, 11057-165, Madrid, 24-III-1698.
20. FAYARD, J.: Les membres du Conseil de Castille à l’epoque moderne (1621-1746). Droz,
Gèneve, 1979, pp. 301 y 418.
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2. La actividad mercantil
Desde que tenemos noticias de la presencia de Bartolomé Arnolfo en Madrid
lo encontramos dedicado a la práctica del comercio a escala internacional. En
su etapa más temprana aparece interesado en la negociación con mercancías en
puertos del sur de Francia, para la que contó con la colaboración de compatriotas
residentes en Niza. Uno de ellos era a comienzos de la década de 1630 Antonio
Massini, quien envió a Marsella ciertas mercancías a un mercader llamado Juan
German para que este las vendiese por cuenta de nuestro personaje26.
En esta misma época también lo encontramos ocupado en la exportación de
mercancías a Inglaterra, para lo cual contó con la colaboración de correspondien-
tes residentes en Londres y en Alicante, puerto de embarque de las mercancías
destinadas a dicha isla. En la capital inglesa recurrió a los servicios de Juan de
Lavaria, que vendió con anterioridad a 1636 en dicha plaza mercancías que le
eran enviadas por cuenta suya27, y de Natan Wright (Nataniel Ruit), hermano de
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residente en Madrid y de partida para Londres, para que cobrase de Juan de Lavaria las cantidades
que hubiese ingresado por ventas de mercancías efectuadas por cuenta de Bartolomé Arnolfo.
28. Sobre este individuo Vid. DIAGO HERNANDO, M.: «Mercaderes y financieros ingleses en
Madrid en tiempos de la revolución y guerra civil inglesa», Anales del Instituto de Estudios Madri-
leños, 49 (2009), pp. 397-445.
29. AHPM, 7177-118, Madrid, 16-I-1636.
30. A Mateo de Velasco vendió en 1639 tejidos de lujo por valor de 19.778 reales. AHPM, 3701-
56, Madrid, 16-I-1639. A este mismo vendió en 1643 terciopelos y chamelotes por valor de 19.120
reales. AHPM, 7779-882, Madrid, 16-XI-1643. A Domingo de Campos le vendió en 1648 12 piezas
de chamelotes por 11.572 reales de vellón. AHPM, 7208, Madrid, 14-V-1648.
31. Contrato firmado con un arriero para que le llevase desde Madrid a Sevilla o Carmona seis
cajas de hilo blanco, en AHPM, 3704-529, Madrid, 21-IV-1642.
32. AHPM, 7779-925, Madrid, 1-XII-1643. Diego del Campo se obliga a pagar a Bartolomé
Arnolfo, en 4 pagas de 3 en 3 meses, 10.976 reales de plata de resto del precio, derechos y gastos de
una partida de espejos y vidrieras cristalinas, traída de Venecia.
33. AHPM, 3702-550, Madrid, 30-X-1640. Cuentas de liquidación de la correspondencia habida
entre Bartolomé Arnolfo y Juan Bautista Truco, padre, difunto.
34. AHPM, 6494-305, Madrid, 2-VII-1635.
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35. AHPM, 7779-501, Madrid, 22-VI-1643. Contrato para el transporte de dos cajas de añil.
36. AHPM, 7781-1429, Madrid, 24-XII-1644.
37. AHPM, 7779-116, Madrid, 9-II-1643.
38. AHPM, 7781-1448, Madrid, 30-XII-1644.
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39. Noticias sobre sus exportaciones de lanas en 1629 en AHPM, 4660, 22-VI-1629. En 1631
obtuvo licencia para exportar 100 sacas de lana de 10 arrobas del partido de Villanueva de los Infantes
(AHPM, 4660, 13-VIII-1631), y en 1633 para 260 sacas de 10 arrobas de lana lavada de Villanueva de
la Fuente, más otras 20 sacas voluntarias, 9 sacas de añinos sucios de Molina, y una saca voluntaria,
y 22 sacas de lana lavada de Segovia, y dos voluntarias (AHPM, 4673, 6-VII-1633).
40. Contrato con los carreteros en Madrid, 30-VIII-1639, en AHPM, 3701-284.
41. Referencias sobre la tipología de las lanas que se comercializaron en Castilla durante el
siglo XVII en DIAGO HERNANDO, M.: «El mercado lanero en la región soriana durante los siglos XVI
y XVII: Tipología y destino de las lanas», Celtiberia, 96 (2002), pp. 47-88. Una visión global sobre
el comercio lanero en Castilla en la Edad Moderna en PHILLIPS, C. R. y W. D.: Spain’s Golden
Fleece. Wool Production and the Wool Trade from the Middle Ages to the Nineteenth Century.
The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1997. (Traducción española: El toisón de oro
español. Producción y comercio de lana en las épocas medieval y moderna. Junta de Castilla y León,
Valladolid, 2005).
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Bajo, donde se almacenaban para que allí las cargasen los carreteros. Entre ellos
cabe destacar, por la reputación y tamaño de su cabaña, a los miembros de la
familia Mesía de Tovar, originarios de Villacastín, de los que nos ocuparemos
con detalle en el siguiente epígrafe. Otros señores de cabañas de gran tamaño
y reputación con los que negoció fueron, por ejemplo, el duque de Béjar 42, y
varios regidores de la ciudad de Segovia, como Joseph de San Román o Blasco
Bermúdez de Contreras43. Pero no todas las compras que efectuó en la ciudad
del Eresma fueron de pilas de grandes dimensiones, pues también realizó allí
operaciones de menor envergadura, como las concertadas en 1647 con Pedro
Manuel de Azcárate, a quien adquirió 1.100 arrobas de lana y añinos44, o con los
testamentarios de Don Antonio Fernández Miñano, a los que compró primero
una partida de 500 arrobas y luego otra de 10045. Y otro tanto cabe decir de
sus tratos con los ganaderos de Villacastín, que rivalizaban con los de la propia
ciudad del Eresma por el tamaño y reputación de sus cabañas, pues también
en ocasiones se tradujeron en operaciones de modesta envergadura, como la
concertada en 1649 con Catalina Márquez de Prado, viuda de Don Pedro Juan
de Pedraza, que le vendió 280 arrobas de lana para devolverle 15.680 reales que
le había prestado46.
Un segundo grupo de productores de lana fina segoviana con los que trató
tenían su asiento en las comarcas rurales del entorno de la villa de Ayllón. Eran
propietarios de cabañas de gran tamaño, aunque con reputación ligeramente
inferior a la de las grandes cabañas de la ciudad de Segovia y sus antiguas aldeas
de El Espinar y Villacastín. Buenos ejemplos de este tipo de ganaderos nos los
proporcionan diversos miembros de las familias Sanz Cadima y Merino, a los que
adquirió entre los años 1646 y 1649 cantidades que oscilaron entre las 700 y las
2.200 arrobas47. Con frecuencia cerró sus tratos con ellos en Madrid, a donde se
42. AHPM, 5375-299, Madrid, 2-IV-1638. Contrato de compra de 3.300 arrobas de lana. Poco
tiempo después el duque de Béjar vendió sus ganados, que hacía poco había adquirido por sendas
compras de dos propietarios segovianos, a unos vecinos de Barco de Ávila, que siguieron vendiendo
las lanas varios años a Bartolomé Arnolfo.
43. AHPM, 6525-433, Madrid, 29-III-1647. Contrato de compra de 5.000 arrobas lana y
añinos.
44. AHPM, 6525-458, Madrid, 1-IV-1647.
45. AHPM, 6525-467, Madrid, 3-IV-1647, y 6525-524, Madrid, 8-IV-1647.
46. AHPM, 7591-37, Madrid, 12-I-1649.
47. AHPM, 7783-261, Madrid, 6-V-1646. Contrato de compra a Gregorio Sanz Cadima y Merino,
vecino de Villacadima, de 850 arrobas de lana y añinos. Sobre la compra a este mismo en compañía
con Melchor Merino, vecino de Villacadima, y otro vecino de El Grado, aldea de Ayllón, de 755
arrobas de lana en 1647, Vid. AHPM, 7515-219, Madrid, 7-IV-1648. El contrato de venta por estos
tres mismos ganaderos de 2.200 arrobas de lana y añinos del esquileo de 1648 en AHPM, 7590-435,
Madrid, 9-V-1648. Contrato de venta por Gregorio Sanz Cadima de 1.000 arrobas del esquileo de
1649 en AHPM, 7591-441, Madrid, 17-V-1649.
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desplazaban para resolver negocios, pero en otras ocasiones delegó esta tarea en
su correspondiente en la ciudad de Segovia, Melchor de Zumárraga48.
Un tercer grupo de ganaderos que le proveyó de lanas finas «segovianas»
estuvo constituido por vecinos de varias villas y aldeas abulenses y salmantinas
próximas a la Sierra de Gredos. Se trató, una vez más, de ganaderos de muy
diverso perfil, entre los que había algunos grandes propietarios, como Francisco
Martínez de las Heras, vecino de El Barco de Ávila, a quien en 1637 compró
3.600 arrobas de lana49, o don Álvaro Villapecellín Carvajal y Loaisa, de la misma
vecindad, que en mayo de 1646 le vendió su pila estimada en unas 800 arrobas50.
Pero también abundaron los pequeños propietarios que apenas lograban reunir
las 300 arrobas por año51.
Otro importante ámbito productor de lanas finas en el que Bartolomé Arnolfo
actuó fue el las sierras conquenses. De él nos ocuparemos con más detalle en el
apartado dedicado al análisis de su relación de negocios con uno de los principales
señores de ganado trashumante del partido mesteño de Cuenca a mediados del
siglo XVII, el regidor Alonso Muñoz de Castilblanque.
Por fin, un último ámbito en el que encontramos documentada su actividad
como mercader lanero es el de la actual región de Extremadura. Así, en 1640
compró a una decena de pequeños propietarios de la villa de Castuera un total
de 480 arrobas de lana blanca, que, no obstante, no le fueron entregadas por estos
en el plazo estipulado52. Y, años más tarde, sabemos que continuaba utilizando
como agente de compras en esta región a un vecino de Zalamea llamado Pedro
de Ferreras Cenizales53.
48. Noticia de una compra de 332 arrobas del esquileo de 1642 a Melchor Merino, vecino
de Grado, por Melchor de Zumárraga en AHPM, 7779-533. En julio de 1643 este último debía a
Bartolomé Arnolfo 525.952 mrs. por alcance en el ajuste de cuentas de la correspondencia que entre
ambos habían tenido. AHPM, 777-549.
49. AHPM, 5374-247, 31-III-1637. El precio acordado fue ligeramente inferior a los que nos
consta que obtuvieron por sus lanas algunos señores de ganados segovianos, que estuvieron en torno
a 36 y 37 reales por arroba.
50. AHPM, 7783-273, Madrid, 7-V-1646.
51. En Navalperal de la Ribera, aldea de Piedrahita, compró en 1646 a Diego García Moreno 200
arrobas de lana y añinos (AHPM, 7783-265, Madrid, 7-VI-1646), y a Joseph Joseph Hernández 100
arrobas de lana y 30 de añinos (AHPM, 7783-341, Madrid, 25-V-1646). En Béjar compró a Francisco
Díaz de Velasco 110 arrobas. AHPM, 7783-359, Madrid, 3-VI-1646. En la villa de El Boyo adquirió
en 1648 de Juan de Solís 320 arrobas de lana y 80 de añinos. AHPM, 7590-416, Madrid, 6-V-1648.
52. Consta por carta de poder de Bartolomé Arnolfo, en Madrid 19-VI-1643, en AHPM, 7779-
495.
53. AHPM, 7783-699, Madrid, 13-XI-1646. Poder de Bartolomé Arnolfo a Pedro de Ferreras
Ceniçales, vecino de Zalamea. A este mismo otorgó poder en 21-VII-1643 para cobrar las 480 arrobas
de lana compradas en 1640 a los vecinos de Castuera, y que todavía no habían entregado. AHPM,
7779-565.
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54. Mantuvo relación con Juan García del Pozo por razón de un asiento que concertó con la
Real Hacienda en 1642. Vid. AHPM, 7778-355, Madrid, 31-X-1642. Y 7779-872, Madrid, 13-XI-
1643. Información sobre los negocios de este soriano afincado en Madrid en DIAGO HERNANDO, M.:
«Juan García del Pozo y las relaciones económicas entre Madrid y Soria en el siglo XVII», Anales del
Instituto de Estudios Madrileños, 39 (1999), pp. 183-212. Sobre su papel como agente de compras
de lanas para exportadores flamencos residentes en Madrid Vid. DIAGO HERNANDO, M.: «Actividad
mercantil y financiera de los hombres de negocios flamencos en Madrid a mediados del siglo XVII»,
Anales del Instituto de Estudios Madrileños, 41 (2001), pp. 165-206.
55. Gregorio Sanz Cadima, Melchor Merino, vecino de Villacadima, y Melchor Merino, vecino
de El Grado, Tierra de Ayllón, otorgan poder a Lorenzo Martínez, vecino de Madrid, para el pleito y
concurso de acreedores a los bienes de Bartolomé Arnolfo, para reclamar 22.016 reales que les quedó
debiendo por escrituras de obligación, procedidas de ventas de lanas. AHPM, 7596-1276, Madrid,
12-XI-1654.
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56. En el verano de 1648 hizo transportar gran número de sacas desde Carabanchel a Almería,
según demuestran varios contratos con carreteros en AHPM, 7590.
57. En 1642 dos arrieros vascos le llevaron desde Segovia a Bilbao 14 cargas de lanas y añinos
lavados, que habían de entregar en la capital vizcaína a Antonio de Lorenzo. AHPM, 7778-335,
Madrid, 5-X-1642. A este mismo individuo remitió en 1646 desde Segovia 16 sacas de lana fina sego-
viana que fueron embarcadas en una nave con rumbo a Flandes, aunque luego surgieron problemas
con ellas porque no fueron entregadas a sus correspondientes. Noticia e AHPM, 7591-860, Madrid,
14-IX-1649.
58. AHPM, 5374-598, Madrid, 12-VIII-1637.
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59. En 1648 Bartolomé Arnolfo, por ejemplo, remitió desde Almería a Génova a Francisco
Taliacarne 153 sacones de añinos finos, en los que a él mismo le pertenecían cuatro partes de once, y
las otras siete partes pertenecían a Francisco Taliacarne, Francisco Casion, y Juan Benito Espinola.
En 1649, por su parte, hizo empleo de 5.474 arrobas de lana fina segoviana beneficiada en Villacastín,
en las que entraban las procedidas del esquilo de sus ganados de ese año. De ellas 2.500 arrobas las
había comprado por cuenta y orden de Francisco Taliacarne y Francisco Casion, vecinos de Venecia,
y Juan Benito Espinola, vecino de Génova. Se remitieron todas a Venecia, dirigidas a Francisco
Taliacarne y Francisco Casion, con orden de que se vendiesen a los precios corrientes. En 1649, por
fin, remitió 28 sacones de lana fina a Andrea Taliacarne, vecino de Génova, todos por cuenta propia.
Vid. AHPM, 9380-51 y 65, Madrid, 29-VIII-1653.
60. AHPM, 7783-171, Madrid, 15-III-1646. Carta de pago de Bartolomé Arnolfo, reconociendo
haber recibido de Andrés Gómez Dávila 193.781,5 reales de vellón, más intereses, por el valor de
3.203 arrobas de lana y añinos, del esquileo de sus ganados del año 1645, que le había vendido a 60,5
reales arroba. El contrato de venta en Madrid, 5-V-1645, en AHPM, 7782-591.
61. Nos basamos en información extraída de protocolos notariales madrileños, pues no cono-
cemos ningún trabajo monográfico dedicado a la reconstrucción de la trayectoria de esta familia.
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Tovar tenían contraída con Juan Benito Espínola y Juan Lucas Palavesín. Así nos
lo confirma una escritura que este otorgó en Madrid, el 7 de octubre de 1639, por
la que cedió a Bartolomé Arnolfo el derecho a cobrar de los dos hijos del primer
conde de Molina, ya difunto, cuatro partidas que sumaban 26.493 escudos, 6 sueldos
y 6 dineros64. Se trataba de una más de las muchas operaciones de compensación
practicadas por los financieros, que en este caso demuestra que Bartolomé Arnolfo
estaba emancipándose respecto al que había sido su patrón, y se encontraba ya en
condiciones de asumir la realización por cuenta propia de arriesgadas operaciones
financieras. Y, por lo que toca a Juan Lucas Palavesín, parece que marcó el punto
final de sus tratos con la familia Mesía de Tovar, puesto que no hemos encontrado
en la documentación noticia de que les volviese a efectuar nuevos préstamos. Por
el contrario, a partir de esta fecha los protocolos notariales rebosan de noticias
de adelantos de grandes cantidades de dinero efectuados por Bartolomé Arnolfo
al segundo conde de Molina, y a su hermano Antonio, que se prolongaron hasta
el propio momento de la muerte del saboyano.
Durante bastantes años estos adelantos se los estuvo efectuando con la
condición de que para su devolución los Mesía de Tovar quedasen obligados a
entregarle las lanas y añinos de su cabaña. Pero a diferencia de lo que se hizo en
1637, cuando las lanas se llevaron a vender a Venecia por cuenta de los Mesía de
Tovar, limitándose Arnolfo a actuar como intermediario comisionista que percibía
un porcentaje fijo del producto de su venta, a partir de 1638 el saboyano asumió
por su propia cuenta la negociación con la mercancía en Italia, embolsándose
directamente los beneficios obtenidos de su venta.
En concreto, los Mesía de Tovar comprometieron la entrega a Bartolomé
Arnolfo de 5.000 arrobas del esquileo de sus ganados del año 1638 a cambio de
recibir adelantados un total de 173.000 reales, en virtud de cuatro contratos
de obligación que firmaron entre el 9 de julio de 1637 y el 26 de enero de 163865.
Pero en todos estos contratos todavía se incluyó una cláusula disponiendo que la
obligación de entregar las lanas cesaría en caso de que los Mesía de Tovar devol-
viesen el dinero que habían recibido prestado antes de una determinada fecha,
indicada en el respectivo contrato. Esto demuestra, por tanto, que Bartolomé
Arnolfo aprovechó los problemas de falta de liquidez que comenzaban a aquejar
a estos reputados ganaderos segovianos para hacerse con el control de su pila en
condiciones ventajosas. Y, dado que con el paso del tiempo dichos problemas de
liquidez no se resolvieron sino que por el contrario se agravaron, su capacidad
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66. El contrato de venta en AHPM, 5376-579. Finalmente se entregaron 7.452 arrobas de lana,
pagadas a 34 reales la arroba, y 1.170 arrobas de añinos, a 44 reales la arroba. AHPM, 5378-753.
67. AHPM, 5378-750, Madrid, 10-X-1639.
68. Según cuentas ajustadas en octubre de 1639 en AHPM, 5378-753.
69. AHPM, 5379-543. A esta deuda principal se sumaban otra de 33.000 reales de plata, por
escritura de obligación en Madrid 14-III-1640, y otra de 26.493 escudos 6 s. 6 d. de oro de marco
que los Mesía de Tovar deben pagar a Arnolfo por cesión que a favor de este había efectuado Juan
Lucas Palavesín en 7-X-1639.
70. Según el ajuste de cuentas de Madrid, 8-IX-1641. Los añinos procedían todos de la cabaña
del hermano mayor, el conde de Molina. Por lo que toca a las lanas, 4.101 arrobas procedían de los
ganados del conde, y 4.547 arrobas de los de su hermano Antonio.
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esquileo, finalmente optó por no quedarse con ellas, y consintió en que se vendie-
sen a unos mercaderes portugueses, aunque continuó tomando parte activa en el
proceso de fijación del precio, y cobró en su integridad el producto de su venta74.
Y de este mismo modo se siguió procediendo en los siguientes ejercicios, en que
también mercaderes portugueses se quedaron con las lanas.
En el año 1644, no obstante, no se juzgó suficiente destinar el producto de la
venta de lanas y añinos para la amortización de la deuda, y Bartolomé Arnolfo
llegó a un acuerdo con los Mesía de Tovar para que estos le vendiesen una parte
importante de su cabaña y se destinase el producto de dicha venta a ese mismo
efecto. Así lo comprobaremos más adelante.
Teniendo en cuenta todo esto, nada tiene de extraño que finalmente termi-
nasen surgiendo fuertes tensiones en las relaciones entre Bartolomé Arnolfo y
los Mesía de Tovar, que siguieron agravándose hasta el momento de la muerte
del primero en febrero de 1650, y dejaron después como secuela un interminable
proceso judicial. Así, en sus últimos años de vida el saboyano se vio involucrado
en un agrio pleito contra los segovianos, después de que los dos hermanos le
denunciasen por haberles cargado unos intereses usurarios en los préstamos y
ventas de lanas que durante muchos años había concertado con ellos. Más en
concreto, exigieron que se diese por nula una escritura de obligación que habían
otorgado ante notario reconociendo que le adeudaban 765.345 reales, argumen-
tando que tal cosa no era cierta, puesto que les había cobrado en los últimos años
ilícitamente, «a título de intereses, refacciones en ventas de lanas y reducciones
de moneda», grandes cantidades de dinero, que por consiguiente estaba obligado
a restituirles. El proceso se sustanció ante los alcaldes de Corte, actuando como
escribano Bartolomé de Salazar, pero, antes de que estos sentenciasen, las dos
partes litigantes decidieron comprometer sus diferencias en manos de Juan de
Solórzano, quien pronunció sentencia a favor de los hermanos Mesía de Tovar, de
la que Bartolomé Arnolfo interpuso apelación ante el Consejo de Castilla, donde
el pleito quedó estancado durante muchos años, pues siete años después de haber
muerto el saboyano todavía no se había pronunciado sentencia75.
En conclusión, por tanto, podemos calificar a la relación de negocios que
Bartolomé Arnolfo estableció con los Mesía de Tovar como fundamental en su
trayectoria como mercader y financiero, no solo por la envergadura de las cuantías
de dinero involucradas en sus tratos, sino también por el papel central que en los
74. Antonio Mesía de Paz vendió al asentista portugués Andrés Gómez Dávila en Madrid, 22-II-
1644. AHPM, 7780-193. Su hermano Pedro, conde de Molina, vendió en Madrid, 14-III-1644, a los
portugueses Gaspar Enríquez de Granada y Antonio Correa de Amezquita. AHPM, 7780- 290.
75. Nos basamos en lo declarado en carta de poder otorgada por Antonio Mesía y Paz a su
hermano el conde de Molina, para continuar este pleito, en Madrid, 13-IX-1657. AHPM, 7652-251.
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mismos desempeñaron las lanas. Pero no cabe duda de que se trató también de
una relación cargada de riesgos, que en última instancia afectó muy negativamente
a la solvencia financiera de nuestro personaje, pues no podemos pasar por alto el
hecho de que al efectuarse el inventario post mortem de su hacienda, en el capítulo
de cantidades pendientes de cobro, la partida más abultada estuvo representada
por los 725.000 reales que se calculaba que, aproximadamente, le adeudaban el
segundo conde de Molina y su hermano Antonio. Y no todo en esta cantidad
correspondía a intereses usurarios.
76. Vid. IRADIEL MURUGARREN, P.: Evolución de la industria textil castellana en los siglos XIII-XVI.
Factores de desarrollo, organización y costes de la producción manufacturera en Cuenca. Salamanca,
1974, pp. 169-73.
77. Estas diferencias de precios quedan bien recogidas en la pragmática de tasa de precios de una
amplia gama de mercancías aprobada por Felipe IV en 1627, y confirmada con modificaciones en
1628. Vid. VIÑAS, C.: «Cuadro económico-social de la España de 1627-28. Pragmáticas sobre tasas
de las mercaderías y mantenimientos, jornales y salarios», Anuario de historia económica y social, 1
(1968), pp. 715-772.
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región desempeñó un papel central la relación que estableció con Alonso Muñoz
de Castilblanque, el mayor propietario de ganado trashumante de la ciudad de
Cuenca en aquellos momentos. Fue este un individuo que, además de reunir una
cabaña de enormes dimensiones, se interesó por otros muy diversos negocios,
entre los que figuraron los arrendamientos de rentas eclesiásticas. Su inclinación
por los negocios especulativos tuvo su traducción en el hecho de que, a diferencia
de lo que era habitual entre los señores de ganados de todos los partidos mesteños
serranos, asumió regularmente las tareas de lavado y ensacado de las lanas obtenidas
del esquileo de sus ganados, a las que a veces sumaba otras partidas compradas a
otros ganaderos, para lo cual se hizo con la propiedad de un lavadero en el lugar
de Zarzuela. Pero las sacas de lana en limpio procedía luego a venderlas a otros
mercaderes exportadores, residentes mayoritariamente en Madrid, entre los cuales
hubo algunos italianos, como Jerónimo Bifi y el propio Bartolomé Arnolfo78.
A partir de 1646 la relación de negocios de nuestro protagonista con este
magnate ganadero conquense se hizo mucho más estrecha y estable debido a
que ese año se hizo cargo de la administración de su hacienda, tras ser nombrado
para tal efecto por el Consejo de la Inquisición, a raíz de que Alonso Muñoz
fuese procesado, acusado del asesinato de un bandolero aragonés llamado Mosén
Jacinto79. Fue el propio Alonso Muñoz de Castilblanque quien sugirió su nombra-
miento en un memorial que elevó al Consejo de la Inquisición el 2 de diciembre
de 1645. En él manifestaba que, a su juicio, el problema principal al que entonces
se enfrentaba la gestión de su hacienda era la falta de capital líquido con el que
afrontar los pagos que imperiosamente había que realizar, pues para todo lo
demás bastaban los mayorales, convenientemente supervisados por él mismo.
Por ello entendía que convenía nombrar como administrador «persona poderosa
de esta Corte… en quien entre el dinero que proceda de las ventas de las lanas
y carnes, esté seguro, y socorra con puntualidad las necesidades de la hacienda,
y pague lo que por Vuestra Alteza se libre». Tal persona solo cabía encontrarla
en Madrid, «donde hay hombres caudalosos y que tratan del género de lanas, y
no en Cuenca, donde no los hay, sino que cualquier cosa que se haya de vender
será a mucho menor precio». Y, por ello, concluyó sugiriendo los nombres de
Bartolomé Arnolfo, Jerónimo Bifi, Pedro María Vivaldo, «u otro de su calidad».
78. Contrato de venta por adelantado de 4.000 arrobas de lana del esquileo del año 1645, en
Madrid 3-XI-1644, en Archivo Histórico Nacional [en adelante AHN], Inquisición, 1916-10. Una
cláusula dispuso que don Alonso beneficiaría las lanas por cuenta del saboyano en su lavadero de
Zarzuela, y las remitiría a Alicante a las personas que este último le ordenase, cargándole por ello lo
que les había cargado, tanto a él como a Jerónimo Bifi, en años anteriores por las lanas que les había
vendido y beneficiado en ese mismo lavadero.
79. El proceso tuvo lugar ante el Consejo de la Inquisición porque Alonso Muñoz de Castil-
blanque era contador del Santo Oficio de Cuenca. La documentación de este proceso, en la que nos
basamos, en AHN, Inquisición, 1916-4.
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MÁXIMO DIAGO HERNANDO 395
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80. Contrato de obligación por 30.000 reales en Madrid, 5-XII-1640 en AHPM, 3702-641v.
Otro nuevo contrato por 13.000 reales más en Madrid, 17-XII-1640 en AHPM, 3702-732.
81. AHN, Inquisición, 1916-10.
82. Noticia de la venta de las 5.400 arrobas en sucio del esquileo de 1647 en la liquidación de
cuentas entre Bartolomé Arnolfo y Antonio Rodríguez Gómez en Madrid, 13-III-1648, en AHPM,
7590-241.
83. El contrato de venta en AHPM, 7591-461, Madrid, 23-V-1649. Se calcula que de los ganados
de Alonso Muñoz serán unas 4.600 arrobas, y las 2.400 restantes procederían de los ganados del
licenciado Juan de Ayala, Don Jerónimo Enríquez y otros vecinos y ganaderos de la ciudad de
Cuenca. Por la liquidación de cuentas en Madrid, 6-V-1650, parece que de los ganados de Alonso
Muñoz de Castilblanque solo se entregaron 3.380 arrobas lana y añinos, que alcanzaron un valor de
79.392 reales. AHPM, 7592-476.
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BARTOLOMÉ ARNOLFO, UN SABOYANO EN EL MADRID DEL SIGLO XVII
84. Esta es la cifra que figura en el ajustamiento de cuentas entre los herederos de Bartolomé
Adolfo con la parte de Alonso Muñoz. En el inventario post mortem del propio Bartolomé Arnolfo
la cantidad adeudada se estima en 157.776 reales.
85. Noticia en AHPM, 9113-10, Madrid, 30-XII-1662.
86. La bibliografía sobre Mesta y trashumancia se ha incrementado de forma apreciable en las
últimas décadas. Un estado de la cuestión en PÉREZ ROMERO, E. : «L’historiographie sur la transhu-
mance en Espagne, 1983-2003», en LAFFONT, P. (ed.): Transhumance et estivage en Occident des origines
aux enjeux actuels. Presses Universitaires du Mirail, Toulouse, 2006, pp. 97-108. Nuestro punto de vista
sobre esta temática en DIAGO HERNANDO, M.: Mesta y trashumancia en Castilla. Siglos XIII a XIX. Arco
Libros, Madrid, 2002.
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87. Vid. GUERRERO MAYLLO, A.: Familia y vida cotidiana de una élite de poder. Los regidores
madrileños en tiempos de Felipe II. Siglo XXI, Madrid, pp. 247-8.
88. Vid. HERNÁNDEZ BENÍTEZ, M.: «Señores trashumantes entre Madrid y Segovia: Los Negrete»,
en Extremadura y la trashumancia (siglos XVI-XX). Editora Regional de Extremadura, Mérida, 1999,
pp. 55-66. Y A la sombra de la Corona. Poder local y oligarquía urbana (Madrid, 1606-1808). Siglo
Veintiuno Editores, Madrid, 1995, capítulo 6.
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89. Ajuste de cuentas del conde con Bartolomé Arnolfo, en Madrid, 16-XI-1644. AHPM, 7781-
1265. Y ajuste con Antonio Mesía y Paz, en Madrid, 17-XI-1644 en AHPM, 7781-1269.
90. AHPM, 7783-241, Madrid, 1-V-1646.
91. AHPM, 7782-284, Madrid, 6-III-1645. Cuando se renovó el acuerdo por otros cinco años,
pero aunque se elevó la cuantía que se había de abonar a 2.040 reales de vellón anuales, de nuevo se
hizo constar que esta cifra se había calculado en función de la estimación de que se esquilarían cada
año 17.000 cabezas. AHPM, 7515-227, Madrid, 16-IV-1648.
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BARTOLOMÉ ARNOLFO, UN SABOYANO EN EL MADRID DEL SIGLO XVII
de ese año y otras 1.500 cabezas que el difunto había donado en marzo de 1648 a
su hijo Francisco Arnolfo92. En cualquier caso no cabe duda de que, aunque los
ganados adquiridos a los Mesía de Tovar proporcionaron el núcleo de la cabaña,
esta fue incrementando su tamaño porque Bartolomé Arnolfo lo buscó de forma
deliberada, lo cual demuestra que su inversión en la actividad ganadera trashu-
mante, aunque sobrevenida, no por ello fue descuidada como algo secundario en
la etapa final de su vida, sino todo lo contrario.
Para proporcionar alimento a sus ganados pudo disponer de las mismas dehesas
y puertos de montaña en los que habían pastado cuando pertenecían a los Mesía
de Tovar, pues los rebaños le fueron cedidos con sus correspondientes derechos de
posesión. Como rasgo novedoso en su forma de negociar con los propietarios
de los pastos cabe hacer constar que, en contra de la práctica habitual entre los
señores de ganados trashumantes, él efectuó con frecuencia adelantos de dinero a
dichos propietarios, anticipándoles voluntariamente el pago de las rentas93.
La cabaña, pese a lo tardío de su adquisición, terminó siendo apreciada por
Bartolomé Arnolfo y su familia como un elemento fundamental de su patrimonio,
que había que tratar a toda costa de conservar. Lo reconocieron explícitamente
a raíz de su muerte su viuda e hijos, quienes declararon que la «hacienda más
principal» que había dejado el difunto consistía en el dicho ganado. Y que no se
trataba de meras palabras lo demuestra la constatación del hecho de que sus dos
hijos varones hicieron un extraordinario esfuerzo por mantener en su propiedad al
menos una parte de la misma, en circunstancias extremadamente difíciles, habida
cuenta que cuando murió su padre dejó una hacienda tan cargada de deudas que
ellos prefirieron renunciar a la herencia.
En efecto, para atender las demandas de los acreedores que se presentaron
al concurso abierto tras la muerte de Bartolomé Arnolfo, la cabaña fue puesta a
la venta por la autoridad judicial en pública subasta y rematada en el financiero
madrileño Juan Bautista de Benavente, que la adquirió en compañía con Francisco
de Ciudad Rodrigo. Varios años después, sin embargo, Diego Arnolfo llegó a un
92. El inventario post mortem en AHPM, 3390-550. En este año de 1650 se obtuvieron 3.500
arrobas de lanas y añinos del esquileo de la cabaña, según consta por el contrato de venta.
93. En 1645 prestó 3.000 reales a Pedro Barrantes de Aragón, regidor perpetuo de Alcántara, a
cambio de que accediese a prorrogarle el arrendamiento de la dehesa de Torre de Sanabria por otros
tres años. AHPM, 7782-600, Madrid, 6-V-1645. En septiembre de 1648, el marqués de Camarena
recibió anticipados 3.300 reales de vellón a cuenta de la renta de la dehesa de Torrejón del Hondonero,
en término de Cáceres, que debía pagar para fin de abril de 1649. AHPM, 7590-931, Madrid, 2-IX-
1648. Al conde del Puerto, Diego de Carvajal y Vargas, le adelantó en varias ocasiones el pago de
las rentas que le debía por sus dehesas. En Madrid, 30-XII-1647, abonó los 24.000 reales que debía
pagar a fin de marzo de 1648 por la renta de las dehesas de Los Pizarrales, en término de Trujillo.
AHPM, 7589-638. En 23-X-1648 adelantó el pago de 21.120 reales de vellón que, según contrato,
debía hacer efectivo a fin de marzo de 1649. AHPM, 7590-1100.
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Sanguineto, que también apostó fuerte por la explotación a gran escala de ganado
ovino trashumante, a la que sus miembros estuvieron dedicados a lo largo de
varias generaciones. Y por ello ambas familias nos proporcionan paradigmáticos
ejemplos que sirven para poner en cuestión la validez de la tesis, machaconamente
repetida en las obras de síntesis de mayor circulación, que caracteriza a la Mesta
como un universo dominado por monjes y nobles, que acaparaban la mayor parte
de la cabaña ovina trashumante del reino.
7. El negocio financiero
Habiendo servido a Juan Lucas Palavesín como oficial mayor de sus libros,
nada tiene de extraño que Bartolomé Arnolfo dedicase una parte importante de
su actividad a los tratos financieros, en todas sus vertientes. Al dar cuenta de sus
negocios con los Mesía de Tovar y con Alonso Muñoz de Castilblanque hemos
tenido ocasión de conocer su faceta como prestamista de dinero destinado a cubrir
las necesidades de liquidez de las grandes explotaciones ganaderas trashuman-
tes. Ahora solo nos cabe añadir que, aunque con ningún otro señor de ganados
trashumantes mantuvo una relación tan prolongada como con los mencionados,
que implicase la movilización de tan enormes sumas de dinero, también efectuó
numerosos préstamos de menor cuantía a otros muchos señores de ganados tras-
humantes de las comarcas de Segovia y Ávila, con los que también tuvo tratos de
compra de lanas. Entre ellos nos encontramos a vecinos de El Espinar y Villacas-
tín, como Bartolomé Márquez de Prado y su cuñado Pedro Juan de Pedraza98,
y vecinos de la sierra abulense como Juan de Solís, vecino de El Barco de Ávila,
recaudador de las rentas del duque de Alba99.
Individuos pertenecientes a otros muy diversos grupos sociales también reci-
bieron de él préstamos de dinero con el que atender muy variadas necesidades.
Entre ellos encontramos miembros de la alta nobleza castellana residentes en la
Corte, que vivían en una situación de falta crónica de liquidez que les forzaba a
recurrir de forma sistemática al crédito. Así, nuestro personaje concertó varios
asientos con el marqués de Malagón y conde de Villalonso, adelantándole impor-
tantes cantidades de dinero para que pudiese pagar a sus censualistas100.
98. Un préstamo de 3.000 reales en AHPM, 7782-35, Madrid, 10-I-1645. Otro de la misma
cantidad en AHPM, 7590-1009, Madrid, 30-IX-1648. Y otro de 5.000 reales en AHPM, 7590-1104,
Madrid, 24-X-1648. En todos los casos eran préstamos a corto plazo, para devolver en el mes de
mayo.
99. AHPM, 3703-742, Madrid, 29-VI-1641. Recibió prestados 11.237 reales, que se obligó a
devolver para mediados de agosto.
100. En 1642 acordó adelantarle 6.000 ducados destinados en su integridad a pagar réditos de censos,
a cambio de que el marqués le consignase 2.526.883 mrs. sobre sus rentas del estado de Malagón de
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ese mismo año. Liquidación de cuentas de la operación en AHPM, 7781-1338, Madrid, 7-XII-1644.
En 1644, por virtud de un nuevo contrato, firmado en Toro, 8-VI-1644, se obligó a anticiparle en
los siguientes cuatro años 10.625 ducados anuales, que le haría efectivos cada año en dos pagas,
en San Juan y Navidad, para que con este dinero se pagasen los réditos de los censos impuestos con
facultad real sobre sus estados. Noticia en AHPM, PN, 7782-1094, Madrid, 25-X-1645.
101. AHPM, 7782-305, Madrid, 10-III-1645.
102. AHPM, 7780-685, Madrid, 20-V-1644.
103. Un ejemplo en AHPM, 7780-172, Madrid, 18-II-1644. Préstamo de 700 reales para devolver
a fines del siguiente mes de junio.
104. AHPM, 7780-37, Madrid, 14-I-1644.
105. AHPM, 7591-198, Madrid, 5-III-1649.
106. AHPM, 3703-373, Madrid, 27-III-1641. Obligación de Mateo de Orcasitas y Blas García
de Bustamante, mercaderes de hierro, obligados del pescado de Madrid.
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asentistas más célebres por la frecuencia y envergadura de sus tratos con la Real
Hacienda durante el reinado de Felipe IV107. No obstante no podemos olvidar
que durante la primera fase de su trayectoria en Madrid mantuvo una estrecha
relación con uno de los principales asentistas de aquellos momentos, el genovés
Juan Lucas Palavesín. Y, además, tenemos constancia de que él mismo concertó
por su propia cuenta algunos asientos, concentrados en los primeros años de la
década de 1640. En concreto sabemos de un asiento por el que se obligó a poner
50.000 ducados en la Corte en moneda de plata hacia 1640108. Y poco después, en
1642, concertó otro por virtud del que se obligó a anticipar a la Real Hacienda
24.000 ducados a lo largo de dicho año, a razón de 2.000 por mes, a cambio de
la cesión del derecho a cobrar 32.000 ducados que esta debía recaudar en Soria y
su provincia109.
Junto a la concesión de préstamos a particulares y a la Real Hacienda, otra
faceta fundamental de su actividad financiera fue la negociación de letras. Es
mucha la información que al respecto proporcionan los protocolos notariales,
y no disponemos aquí de espacio para analizarla en detalle. Nos limitaremos,
por consiguiente, a indicar que mantenía estrechos vínculos de negocios con
destacados financieros italianos, en su mayoría genoveses. Cobró en Madrid
numerosas letras otorgadas en plazas italianas, no solo del norte, como
Plasencia o Nove, sino también del sur, como Palermo. Y también disponía de
abundante crédito en dichas plazas. Lo demuestra, por ejemplo, una operación
que realizó en 1641 ordenando por letra a Juan Benito Espínola, de Génova,
que pagase en la próxima feria de la Aparición de Plasencia 3.085 escudos a
un convento genovés, en el que era monja la hermana y heredera universal del
mercader genovés Joseph Boaci, recientemente fallecido en Madrid. De esta
manera Bartolomé Arnolfo pudo hacer efectivos a dicha monja los 1.588.949
mrs. de plata doble que le adeudaba por virtud del ajustamiento de cuentas
de la administración que había tenido de la hacienda de este mercader tras su
muerte110.
La información relativa a negociación de letras por Bartolomé Arnolfo también
pone en evidencia sus estrechos vínculos con hombres de negocios genoveses residentes
en otras plazas de la Península Ibérica, entre los cuales destaca Antonio Taliacarne,
107. Buena prueba es que no hemos encontrado mencionado su nombre en el trabajo clásico de
DOMÍNGUEZ ORTIZ, A., op. cit.
108. Noticia en AHPM, 3702-580.
109. Detalles sobre este asiento en AHPM, 3703-298. Los 8.000 ducados de diferencia entre los
24.000 que debía adelantar a la Real Hacienda, y los 32.000 que se le consignaban en rentas del partido
de Soria, quedaban a su favor, en concepto de intereses y compensación por costes del transporte de
moneda y otros gastos derivados de la recaudación.
110. AHPM, 3703-39, Madrid, 9-I-1641.
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BARTOLOMÉ ARNOLFO, UN SABOYANO EN EL MADRID DEL SIGLO XVII
111. Cobros por Bartolomé Arnolfo de letras otorgadas en Amberes por Carlos Palavesín en
AHPM, 7591-959 y 1049, Madrid, 9-X-1649.
112. En 1643 se concertó con el doctor Francisco Moreno, presbítero, residente en Corte, para
la explotación en compañía de una mina de alcohol en el lugar de Sorbeda, en el concejo de Riba de
Sil de Yuso, que había sido adjudicada a Bartolomé Arnolfo por la Real Junta de Minas. AHPM,
7779-658 Madrid, 23-VIII-1643.
113. En Madrid, 18-XI-1649, el doctor Enríquez, médico residente en Corte, le prestó 10.600
reales de plata para devolver en plazo de seis meses. En Madrid, 19-IV-1646, Gaspar de Salazar, vecino
de Madrid, le prestó 4.400 ducados vellón, para devolver en plazo de un año. En Madrid, 5-II-1650,
Don Agustín de Villavicencio, del Consejo de la Inquisición, le prestó 68.640 reales, para devolver
en 6-VIII-1650. Copia de los contratos de obligación en AHN, Inquisición, 1916-14.
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BARTOLOMÉ ARNOLFO, UN SABOYANO EN EL MADRID DEL SIGLO XVII
cuantías de dinero para que las tuviese en depósito y a su plena disposición cuando
se las requiriesen, a las que no hay que descartar que él diese empleo por cuenta
propia114. Pero se trata de informaciones muy fragmentarias.
Lo que sí sabemos con seguridad es que en el momento de su muerte, en
febrero de 1650, quedó adeudando importantes cantidades de dinero a un grupo
de acreedores cuya identidad solo conocemos de forma parcial115. Como conse-
cuencia se inició un procedimiento judicial de concurso de acreedores, que forzó
a sus hijos a renunciar a la herencia, quedando toda su hacienda en manos de un
administrador, Alonso Morchón Cavañas, que la gestionó durante muchos años.
Solo un análisis en profundidad de la documentación generada en la tramitación
de este proceso podría darnos una idea precisa sobre el balance final de los nego-
cios de Bartolomé Arnolfo. Fue un proceso complejo, y que se dilató de forma
extraordinaria en el tiempo, pues todavía seguía sin resolver trece años después
de su muerte116. Pero queda pendiente de localización la mayor parte de dicha
documentación.
Probablemente la principal víctima de la apertura del concurso fue la viuda
de Bartolomé Arnolfo, que le sobrevivió 9 años, que no bastaron, sin embargo,
para que pudiese verlo concluido. Como consecuencia parece que tuvo que vivir
en una situación económica bastante precaria. Al menos así cabe deducirlo de
la declaración que incluyó en su testamento del año 1659, manifestando que se
encontraba «muy alcanzada y necesitada», hasta el punto de que prácticamente
vivía a costa y expensas de sus dos hijos, Don Francisco y Doña Ana, para entonces
ya también viuda117.
Pero, aun si tomásemos al pie de la letra esta declaración, no debe llevarnos
a una precipitada conclusión, pues, por otro lado, no podemos pasar por alto
el hecho de que los tres hijos de Bartolomé Arnolfo, pese a no haber podido
aprovecharse en nada de la herencia dejada por su padre, lograron mantener una
posición bastante acomodada en la sociedad madrileña, e incluso fueron capaces
de rescatar una parte importante de la cabaña de ganado trashumante que había
reunido su padre. No todos los esfuerzos del saboyano durante sus años de
114. En abril de 1649 Bartolomé Arnolfo declaró que tenía en depósito un total de 133.000 reales
de plata, que el regidor salmantino Antonio de Vargas Carvajal le había entregado en dos partidas, para
que los tuviese en confianza y se los devolviese cuando se lo ordenase. AHPM, 7591-293, Madrid,
1-IV-1649.
115. Nos consta que en 1652 Pedro de Verastegui, escribano del rey, Íñigo de Fuentes y Pedro
de Salazar Isla, residentes en Corte, habían sido nombrados diputados por los demás acreedores de
Bartolomé Arnolfo para administrar sus bienes. AHPM, 7594-726, Madrid, 12-VIII-1652.
116. Vid. AHPM, 9113-5, Madrid, 18-VIII-1663. Poder de Alonso Morchón Cavañas, adminis-
trador de la hacienda, para vender algunas propiedades en Villacastín.
117. Poder para testar otorgado por doña Francisca Álvarez de la Torre, viuda de Bartolomé
Arnolfo, en AHPM, 6527-37, Madrid, 23-I-1659.
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BARTOLOMÉ ARNOLFO, UN SABOYANO EN EL MADRID DEL SIGLO XVII
9. Conclusión
La utilización de una base documental restringida y poco compacta, como
son los protocolos notariales madrileños, nos impide dar respuesta concluyente a
muchos de los interrogantes planteados a lo largo del presente trabajo. Pese a ello
consideramos que la información reunida resulta suficiente para cubrir el objetivo
principal que nos habíamos marcado, el de poner de manifiesto algunas intere-
santes facetas de la actividad desarrollada por un mercader de origen extranjero
en Madrid, capital de la Monarquía, a mediados del siglo XVII. Con ello hemos
querido contribuir a mejorar nuestros conocimientos sobre la composición y
características de la comunidad de extranjeros que progresivamente se fueron
haciendo con el control de las finanzas y el comercio exterior de la Corona de
Castilla durante los reinados de los Austrias menores. Y al mismo tiempo hemos
pretendido profundizar en el estudio del funcionamiento de las grandes empresas
de negocios en este período de la historia castellana, poniendo de manifiesto los
mecanismos que propiciaron un inextricable entrelazamiento de las actividades
mercantiles y financieras, e incluso de otras del sector primario como la cría de
ganados, en una común estrategia. Desde este punto de vista la trayectoria de Barto-
lomé Arnolfo proporciona un ejemplo ilustrativo de indudable interés, sobre
todo porque demuestra desde una nueva perspectiva la importante vertiente
financiera que tuvo el comercio de exportación de lanas finas en la Castilla del
118. Uno de ellos fue, por ejemplo, el inglés Benjamín Ruit. Vid. DIAGO HERNANDO, M.: «Merca-
deres y financieros ingleses…»
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MÁXIMO DIAGO HERNANDO 407
BARTOLOMÉ ARNOLFO, UN SABOYANO EN EL MADRID DEL SIGLO XVII
siglo XVII. Hasta ahora quienes más han resaltado la conexión existente entre
finanzas y exportación lanera en esta centuria lo han hecho llamando la atención
sobre el protagonismo alcanzado por los grandes asentistas como exportadores
de lanas, que se ha explicado como consecuencia de la necesidad que tenían de
disponer de plata en el exterior, para realizar allí las provisiones concertadas con
la Real Hacienda119. La reconstrucción de los negocios de Bartolomé Arnolfo nos
pone de manifiesto otra estrategia, que también habría de ser tenida en cuenta en
el futuro a la hora de perfeccionar los modelos explicativos.
119. GARCÍA SANZ, A.: «Crédito, comercio y exportación de lana merina» en BERNAL, A. M.
(ed.): Dinero, moneda y crédito en la monarquía hispánica. Marcial Pons-Fundación ICO, Madrid,
2000, pp. 495-510. LLOPIS AGELÁN, E.: «La pila de lana de la cabaña trashumante del monasterio de
Guadalupe: dimensión, venta y estrategia comercial» en GONZÁLEZ ENCISO A. (ed.): El negocio de la
lana en España (1650-1830). Eunsa, Pamplona, 2001, pp. 48 et passim. Y SANZ AYÁN, C.: «Las redes
financieras franco-holandesas y la lana en el tránsito del siglo XVII al XVIII», Ibidem, pp. 82 et passim.
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