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Reseña WALLE

WALL·E es una película de Pixar que combina entretenimiento y crítica social, abordando temas como el consumismo y el deterioro ambiental a través de la historia de un robot que limpia la Tierra. A pesar de su apariencia infantil, la película presenta una profunda reflexión sobre la desconexión humana y la dependencia de la tecnología, mientras ofrece un mensaje de esperanza sobre la posibilidad de renacer y cuidar el planeta. Con una animación excepcional y una emotiva historia de amor entre robots, WALL·E se convierte en una obra memorable que invita a la reflexión sobre nuestras acciones y relaciones.
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Reseña WALLE

WALL·E es una película de Pixar que combina entretenimiento y crítica social, abordando temas como el consumismo y el deterioro ambiental a través de la historia de un robot que limpia la Tierra. A pesar de su apariencia infantil, la película presenta una profunda reflexión sobre la desconexión humana y la dependencia de la tecnología, mientras ofrece un mensaje de esperanza sobre la posibilidad de renacer y cuidar el planeta. Con una animación excepcional y una emotiva historia de amor entre robots, WALL·E se convierte en una obra memorable que invita a la reflexión sobre nuestras acciones y relaciones.
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Reseña de la película WALL·E

La película WALL·E, dirigida por Andrew Stanton y producida por Pixar en 2008, es una
obra que logra mezclar entretenimiento, emoción y reflexión de una forma muy particular.
A simple vista, puede parecer una historia infantil sobre robots, pero en realidad, es una
profunda crítica a la sociedad moderna, al consumismo y al deterioro del medio ambiente.
Además, tiene una historia de amor sencilla pero conmovedora que le da un toque muy
humano.

La historia se desarrolla en un futuro en el que la Tierra ha quedado completamente


cubierta de basura debido al exceso de consumo y la falta de cuidado ambiental. La
humanidad, incapaz de vivir en ese ambiente tóxico, ha abandonado el planeta y vive en una
nave espacial, mientras robots llamados WALL·E fueron dejados atrás para limpiar el
desastre. Sin embargo, solo uno de estos robots sigue funcionando: nuestro protagonista.

WALL·E pasa sus días compactando basura, recogiendo objetos curiosos que encuentra y
viendo una vieja película musical que le enseña lo que es el amor. A pesar de ser un robot,
ha desarrollado una personalidad dulce, curiosa y solitaria, lo que hace que uno se encariñe
con él muy rápido. Todo cambia cuando aparece EVE, un robot moderno enviado a buscar
señales de vida vegetal. WALL·E se enamora de ella casi instantáneamente, y esta relación
entre dos robots se convierte en el centro emocional de la película.

Una de las cosas más sorprendentes de WALL·E es que casi no hay diálogos durante la
primera parte. Aun así, se logra transmitir todo con gestos, sonidos y miradas. Eso habla
muy bien del trabajo de animación y diseño de personajes, porque sin decir una palabra,
entendemos perfectamente lo que sienten. Es impresionante cómo se puede contar tanto
con tan poco.

Además de la historia de amor, la película lanza una fuerte crítica a nuestra forma de vida
actual. En la nave donde viven los humanos, todos son perezosos, obesos y dependen
completamente de la tecnología. No caminan, no se miran a los ojos, ni siquiera saben lo que
pasa a su alrededor. Esta imagen, aunque exagerada, nos hace pensar en cómo estamos
perdiendo el contacto humano y la relación con nuestro entorno por culpa de la comodidad
excesiva.

Aun así, WALL·E no es una película pesimista. A pesar de mostrar un mundo destruido,
también ofrece un mensaje de esperanza. La planta que encuentra WALL·E simboliza la
posibilidad de que la vida en la Tierra puede renacer, y el esfuerzo del protagonista por
protegerla, junto con el despertar de los humanos en la nave, nos deja con la sensación de
que no todo está perdido.

En el aspecto técnico, la película es excelente. La animación es muy detallada, especialmente


en los paisajes desolados de la Tierra y en el diseño de los robots. La música, compuesta por
Thomas Newman, también es muy importante porque acompaña las emociones de una
forma sutil pero efectiva. Y los efectos de sonido, sobre todo los que usan para WALL·E y
EVE, les dan mucha personalidad a ambos.

En resumen, WALL·E es una película que va más allá del entretenimiento. Nos hace pensar
en el rumbo que estamos tomando como sociedad, pero también nos recuerda que el
cambio es posible. Con un personaje principal entrañable, una historia sencilla pero
emotiva, y un mensaje poderoso, esta película logra quedarse en la memoria y el corazón de
quienes la ven. Es, sin duda, una joya del cine animado y una obra que vale la pena ver más
de una vez.

La enseñanza principal que deja WALL·E es la importancia de cuidar nuestro planeta y


nuestras relaciones. Nos advierte sobre los peligros del conformismo, el abuso de la
tecnología y el olvido de la naturaleza. Al mismo tiempo, resalta que con pequeñas acciones,
empatía y amor, siempre hay una oportunidad de cambiar y mejorar el mundo.

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