La Sentencia C-082/99 analiza la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el
contexto de las consecuencias legales del adulterio.
hechos:
+ El ciudadano José Eurípides Parra presentó una demanda de inconstitucionalidad
contra el numeral 7 del artículo 140 del Código Civil.
+ Dicha norma establecía que un matrimonio era nulo si se celebraba entre una mujer
adúltera y su cómplice, siempre que antes del matrimonio se hubiera probado el
adulterio en juicio.
+ Se argumentó que la norma era discriminatoria, ya que solo castigaba a la mujer
adúltera y no al hombre.
+ También se consideró una violación de los derechos a la intimidad y al libre
desarrollo de la personalidad, pues impedía que una mujer divorciada pudiera
casarse con quien quisiera.
La Corte, estudió la constitucionalidad del numeral 7 del artículo 140 del Código Civil, que
establecía la nulidad del matrimonio si este se celebraba entre una mujer adúltera y su
cómplice, siempre que el adulterio hubiera sido probado judicialmente.
declaró inexequible esta norma por considerarla discriminatoria, ya que imponía
consecuencias legales solo a la mujer adúltera, mientras que no sancionaba de la misma
manera al hombre en circunstancias similares.
reconoció que el adulterio de cualquiera de los cónyuges tiene efectos jurídicos en el ámbito
civil, ya que puede ser causal de divorcio, separación de cuerpos o de bienes. Sin embargo,
aclara que estas consecuencias deben aplicarse por igual a ambos cónyuges, sin
distinciones de género, y sin restringir el derecho de la mujer a decidir con quién establecer
una nueva relación.
por lo tanto, no elimina el adulterio como causal de divorcio, pero sí garantiza que su
aplicación no sea discriminatoria y que no se restrinja la libertad de la mujer para contraer
un nuevo matrimonio.
La Sentencia C-533/00 de la Corte Constitucional de Colombia establece principios
fundamentales sobre el matrimonio y la fidelidad.
hechos:
+ Se demandaron los artículos 140 (numeral 5, parcialmente) y 145 del Código Civil.
+ Estas normas regulaban la nulidad del matrimonio cuando se celebraba bajo
coacción o miedo.
el demandante, argumentó que estas normas permitían validar matrimonios que
inicialmente fueron forzados, lo que vulneraba derechos fundamentales como la libertad,
dignidad, intimidad y libre desarrollo de la personalidad.
La sentencia recalca que el matrimonio implica un vínculo jurídico que conlleva deberes
mutuos, entre ellos la fidelidad. Esto podría relacionarse con el concepto de infidelidad
como una violación de los deberes conyugales.
Se enfatiza que el matrimonio debe basarse en un consentimiento libre y sin coacción.
Mostrando la importancia en un proceso de divorcio basado en relaciones
extramatrimoniales, la existencia de voluntad y libertad en las decisiones de los cónyuges
puede ser un factor clave en la argumentación legal.
La Sentencia C-533/00 refuerza la idea de que el matrimonio debe ser una relación basada
en la libre voluntad de los cónyuges y que, cuando esta voluntad se ve afectada (ya sea por
violencia, coacción o infidelidad), la ley no debe imponer obstáculos para su disolución.
La Sentencia C-660/00 de la Corte Constitucional declara inconstitucional una parte del
artículo 6 de la Ley 25 de 1992 (que modificaba el artículo 154 del Código Civil), en la que
se establecía que las relaciones sexuales extramatrimoniales no podrían ser alegadas como
causal de divorcio si habían sido consentidas, facilitadas o perdonadas por el cónyuge
afectado.
2. Argumentos del Demandante (Fabián López Guzmán):
La norma violaba la Constitución al obligar a un cónyuge a mantener el matrimonio tras
haber perdonado una infidelidad.
Desconocía derechos fundamentales como el libre desarrollo de la personalidad y la
dignidad humana.
Implicaba una intromisión en la intimidad de la pareja y restringía la autonomía individual,
pues obligaba a un cónyuge a mantenerse en el matrimonio si en algún momento había
perdonado la infidelidad del otro.
4. Decisión de la Corte Constitucional:
Declaró inconstitucional la expresión “salvo que el demandante las haya consentido,
facilitado o perdonado”.
Consideró que el legislador no puede imponer la permanencia en el matrimonio ni
condicionar el derecho al divorcio con base en actos de perdón o consentimiento.
Resaltó la importancia del derecho a la intimidad, el libre desarrollo de la personalidad y la
libertad de conciencia.
5. Salvamento de Voto (Magistrado José Gregorio Hernández Galindo):
Discrepó de la decisión, argumentando que la norma no violaba la Constitución, sino que
evitaba que una persona alegara su propia culpa para obtener el divorcio.
Consideró que la Corte erró al interpretar la norma como una imposición de indisolubilidad
matrimonial.
Conclusión: La Corte eliminó la restricción que impedía a un cónyuge pedir el divorcio
después de haber perdonado una infidelidad, protegiendo así su autonomía y derechos
fundamentales.
La Sentencia C-985/10
Antes de esta sentencia, el artículo 10 de la Ley 25 de 1992 establecía que el cónyuge
inocente tenía un plazo de un año desde que tuvo conocimiento de la infidelidad y, en todo
caso, máximo dos años desde que ocurrió para presentar la demanda de divorcio.
Los ciudadanos Juliana Victoria Ríos Quintero y Diego Alejandro Arias Sierra presentaron la
demanda argumentando que estos plazos de caducidad:
1. Forzaban a los cónyuges inocentes a permanecer casados, incluso cuando la relación
era insostenible.
2. Limitaban el derecho a la dignidad, la libertad de conciencia y el libre desarrollo de la
personalidad.
3. Eran desproporcionados, porque podían impedir que una persona pidiera el divorcio si no
se enteraba a tiempo de la causal (por ejemplo, si descubría una infidelidad años después).
La Corte analizó si este límite temporal era constitucional y si restringía
desproporcionadamente el derecho del cónyuge afectado a solicitar el divorcio.
Reafirmó que nadie puede ser obligado a permanecer en un matrimonio contra su voluntad,
por lo que las restricciones de tiempo para demandar el divorcio debían ser examinadas
bajo el principio de proporcionalidad.
Argumentó que la estabilidad del matrimonio no debe imponerse forzosamente si la
convivencia se ha vuelto insostenible debido a conductas como la infidelidad.
SENTENCIA C-821 DE 2005
1. Contexto de la Sentencia
Demanda de inconstitucionalidad presentada por Gustavo Adolfo Uñate Fuentes contra el
numeral 1° del artículo 6° de la Ley 25 de 1992, que modificó el artículo 154 del Código
Civil.
La norma demandada establece como causal de divorcio “las relaciones sexuales
extramatrimoniales de uno de los cónyuges”.
Se argumentó que esta causal de divorcio violaba derechos fundamentales como la
dignidad humana, la igualdad, el libre desarrollo de la personalidad y la libertad de
conciencia.
2. Argumentos del Demandante
El demandante sostuvo que la norma vulneraba la Constitución Política por las siguientes
razones:
1. Violación de la dignidad humana (Artículo 1° de la Constitución):
Argumentó que la disposición restringía la autodeterminación de la sexualidad dentro del
matrimonio.
Sostuvo que la fidelidad no debe imponerse legalmente, sino ser una elección personal.
2. Restricción del libre desarrollo de la personalidad (Artículo 16):
Señaló que la norma limita la libertad individual de los cónyuges en cuanto a su vida sexual.
Afirmó que el matrimonio no debe implicar una renuncia a la autonomía personal.
3. Discriminación entre matrimonio y unión libre (Artículo 13):
Alegó que la norma generaba un trato desigual entre cónyuges y parejas en unión libre, ya
que solo en el matrimonio la infidelidad es causal de disolución.
4. Violación del derecho a la libertad de conciencia (Artículo 18):
Argumentó que la norma impone una visión moral sobre la sexualidad y las relaciones de
pareja.
5. Perjuicio a la estabilidad familiar (Artículo 42):
Sostuvo que la causal de divorcio por infidelidad fomenta la disolución de matrimonios y
afecta a los hijos.
3. Posiciones de los Intervinientes
Varios organismos intervinieron en el proceso, defendiendo la constitucionalidad de la
norma:
1. Ministerio del Interior y de Justicia
Argumentó que el matrimonio es un contrato con derechos y deberes mutuos, incluida la
fidelidad.
Señaló que la causal de divorcio protege la confianza y la dignidad del cónyuge afectado.
2. Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF)
Defendió la constitucionalidad de la norma, afirmando que la fidelidad es fundamental para
la estabilidad familiar.
3. Defensoría del Pueblo
Consideró que la causal de divorcio no limita la libertad sexual, sino que otorga al cónyuge
afectado el derecho a disolver el matrimonio si lo considera necesario.
4. Academia Colombiana de Jurisprudencia y Facultades de Derecho
Argumentaron que la norma no impone una obligación de fidelidad, sino que permite la
terminación del matrimonio en caso de infidelidad, protegiendo la confianza y la dignidad del
cónyuge afectado.
4. Decisión de la Corte Constitucional
La Corte declaró exequible la norma demandada, es decir, ratificó su constitucionalidad, con
base en los siguientes argumentos:
1. El matrimonio implica compromisos voluntarios
La fidelidad es un pilar del matrimonio y su violación afecta la estabilidad familiar.
La causal de divorcio no obliga a los cónyuges a separarse, sino que otorga un derecho a
quien se siente afectado.
2. No hay restricción indebida a la libertad sexual
La norma no impone un modelo moral, sino que protege el derecho del cónyuge ofendido a
decidir si continúa o no en el matrimonio.
3. La diferencia entre matrimonio y unión libre es legítima
La Constitución reconoce distintas formas de familia, pero permite que el matrimonio tenga
un régimen jurídico diferente.
En la unión libre, no existe un deber legal de fidelidad, mientras que en el matrimonio sí.
4. Protección de la estabilidad familiar
La causal de divorcio por infidelidad busca evitar la inestabilidad emocional y el deterioro del
matrimonio.
La norma protege el derecho del cónyuge afectado a no ser obligado a mantener una
relación que considera dañina.
5. Conclusión
La Corte reafirmó que la infidelidad dentro del matrimonio es una causal legítima de divorcio
porque:
Protege la confianza y estabilidad en el matrimonio.
Respeta la autonomía del cónyuge afectado para decidir sobre la continuidad de la relación.
No impone una moral específica, sino que regula los efectos legales de una decisión
libremente adquirida.