13.1. LA NORMALIZACIÓN DEMOCRÁTICA Y LA ALTERNANCIA POLÍTICA HASTA 2018.
LA
AMENAZA DEL TERRORISMO DE ETA Y EL TERRORISMO YIHADISTA
Normalización democrática y la alternancia política hasta 2018.
La etapa del gobierno socialista (1982 – 1996)
El gran triunfo socialista de Felipe González en las elecciones de 1982 terminó con la
inestabilidad política del gobierno de Calvo Sotelo, cerró la Transición e inauguró la consolidación
democrática. En estos comicios de 1982 obtuvo más de 10 millones de votos (49% del total).
La victoria generó cierto miedo en sectores más tradicionales de España, pero el PSOE, después
del Congreso celebrado en Surennes, ya había abandonado la exclusiva denominación de partido
marxista y se había abierto a la socialdemocracia, similar a los países europeos. De hecho, una
vez instalados en el gobierno, los socialistas se dirigieron a todas las clases de la sociedad y,
pese a sus reformas, no pretendieron romper el entendimiento con los tradicionales poderes.
En la primera legislatura (1982 – 1986) por primera vez en la historia de España había un
gobierno enteramente socialista y decidió afrontar los graves problemas que el país padecía.
El primer gran problema era económico y para solucionarlo se llevó a cabo una política de ajuste
o plan de estabilización liderada por el ministro de Economía y Hacienda Miguel Boyer. Así, el
objetivo de crear el empleo prometido en el programa electoral dejó de momento de ser prioritario.
Otro gran problema era llevar a cabo el proceso de reconversión industrial que los gobiernos de la
UCD habían iniciado tímidamente. Muchas empresas de sectores metalúrgicos y unos 83.000
trabajadores se vieron afectados.
También hubo reformas político-sociales para profundizar en la democracia y expandir el Estado
del Bienestar: la Reforma de las Fuerzas Armadas que impuso la supremacía del poder civil sobre
el militar, la Legislación sobre la objeción de conciencia, despenalización del aborto o la situación
de la mujer y leyes educativas y sanitarias para avanzar a una cobertura universal.
En política exterior el objetivo prioritario era la entrada a la Comunidad Europea. De esta forma,
en junio de 1985 se firmaba el Tratado de Adhesión a la Comunidad Europea y, poco después, las
Cortes lo ratificaron sin ningún voto en contra. El 1 de enero de 1986, España se convirtió en uno
de los miembros de la “Europa de los Doce”.
Una vez que España formaba parte de la CEE llegó el momento de convocar el prometido
referéndum sobre la permanencia en la OTAN para el 12 de marzo de 1986. Los socialistas que
habían sido contrarios a la adhesión de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte
recomendaron el voto afirmativo con una serie de condiciones. La participación fue más bien baja
y los votos afirmativos llegaron sólo al 52%.
En la segunda legislatura (1986 – 1989) aunque mantuvo la mayoría absoluta, perdió apoyos. Y,
en la tercera legislatura (1989 – 1993) ya no alcanzó mayoría absoluta y se vio obligado a
negociar con otras fuerzas políticas de izquierda y nacionalistas vascos y catalanes. De hecho,
fue investido presidente gracias al apoyo de las Agrupaciones Independientes de Canarias.
En estos años, una vez saneada la economía se aprovechó la expansiva coyuntura internacional
para ampliar el Estado del Bienestar. De esta forma, el seguro de desempleo se extendió al 60%
de los parados, se realizó una reforma educativa que elevó la enseñanza obligatoria hasta los 16
años y para aumentar el gasto público se llevó a cabo una notable subida de impuestos.
En política exterior, España presidió por primera vez la Comunidad Europea e intervino en la
guerra del Golfo (1991) y en el despliegue militar de la guerra de Bosnia (1992 – 1995).
No obstante, en estas legislaturas empezó a verse el pago por la reconversión industrial y la
movilización anti – OTAN que dio lugar al nacimiento de Izquierda Unida. El descontento social se
extendió y acabó erosionando la credibilidad del ejecutivo. De hecho, CCOO y UGT, que había
roto sus tradicionales relaciones de hermandan con el PSOE, convocaron sendas huelgas
generales en diciembre de 1988 y en mayo de 1992.
El desencanto con respecto a la política del gobierno se acentuó desde que los socialistas y
ciertas instituciones del Estado se vieron involucradas en prácticas de corrupción. La opinión
pública empezó a conocer desde 1990 algunos casos importantes de enriquecimiento irregular,
tráfico de influencias y financiación ilegal del PSOE, que empañaron la imagen del partido.
En la cuarta legislatura (1993 – 1996), que el PSOE ganó sin mayoría absoluta, el PP e IU
habían endurecido sus críticas y el PSOE atravesaba serias dificultades. Necesitó aún más apoyo
de los conservadores vascos y catalanes. Además, salieron a la luz pública una serie de casos de
corrupción: Luis Roldán, ex director de la Guardia Civil, y Mariano Rubio, ex gobernador del
Banco de España, fueron acusados del cobro indebido de comisiones en la adjudicación de obras
y de tráfico de influencias.
En 1995 perdió el apoyo de CiU tras el escándalo de las escuchas ilegales del CESID (espionaje
a varios personajes públicos) y al tener que prorrogar los presupuestos de 1996 Felipe González
se vio en la necesidad de convocar nuevas elecciones a Cortes en marzo de 1996.
Los gobiernos del PP (1996 – 2004)
Las elecciones de 1996 dieron la victoria al Partido Popular, liderado por José María Aznar. El
PSOE perdió votantes que optaron por Izquierda Unida, agrupación que lideraba Julio Anguita. Se
inició así el sistema bipartidista PP – PSOE vigente hasta 2015. En su primera legislatura (1996
– 2000), Aznar tuvo que contar con el apoyo parlamentario de las formaciones nacionalistas
(vascos, catalanes y canarios). En la segunda legislatura (2000 – 2004), la mayoría absoluta le
permitió tomar medidas sin contar con otras formaciones.
Utilizando su mayoría absoluta, el Gobierno del PP emprendió una legislación que modificaba la
del PSOE. Incluía la reforma de la educación básica y media o el Plan Hidrológico Nacional, que
establecía el trasvase de agua de unas cuencas, como la del Ebro, a otras. Además, se promulgó
la Ley de Extranjería en el año 2000, que reguló la llegada de inmigrantes y, en 2001, el Gobierno
abolió el servicio militar obligatorio y comenzó la progresiva profesionalización de las Fuerzas
Armadas.
En 2002, la gestión del desastre ecológico causado por el hundimiento del petrolero Prestige
frente a las costas gallegas generó numerosas críticas al Ejecutivo de Aznar. La movilización de
unos 65.000 voluntarios en España, que colaboraron en la limpieza de las playas, reflejó la
creciente concienciación por el medio ambiente.
En política exterior, España continuó con sus compromisos con la OTAN. Las relaciones con la
Unión Europea estuvieron marcadas por los requisitos para la entrada en vigor del euro (2002), la
reforma de la Política Agraria Común (PAC) y el proyecto de Constitución Europea.
Las relaciones con Marruecos estuvieron marcadas por los choques diplomáticos causados por
las negociaciones de las cuotas pesqueras por faenar en aguas marroquíes, por el apoyo del
Gobierno de Aznar al censo de saharauis de las Naciones Unidas para celebrar un posible
referéndum en la antigua colonia española y por la ocupación del islote Perejil, situado en el
estrecho de Gibraltar y de soberanía española, por parte de militares marroquíes en julio de 2002.
Las relaciones internacionales del final del gobierno de Aznar estuvieron marcadas por el
acercamiento a Estados Unidos a partir de la elección como presidente del republicano George
Bush en 1999. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington llevaron
a Estados Unidos a intervenir militarmente en Afganistán por el apoyo del régimen talibán a la red
terrorista Al-Qaeda, responsable de los ataques. En 2003, EE. UU. invadió Irak, tras acusar al
dictador Sadam Hussein de apoyar a grupos terroristas y poseer armas de destrucción masiva. La
invasión fue apoyada por Aznar que participó en la cumbre de las Azores. La intervención en Irak
no contó con el apoyo de la comunidad internacional y fue ampliamente rechazada por la
ciudadanía de los países participantes. En España se sucedieron masivas manifestaciones contra
la guerra y la intervención militar directa de España, que envió tropas.
Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero (2004 – 2011)
Tras los atentados terroristas del 11 – M en Atocha se celebraron las elecciones de marzo de
2004. La gestión informativa y el hecho de que los dirigentes del PP asignaran la autoría a ETA,
cuando las pistas señalaban al terrorismo islamista, influyeron en la derrota de Aznar en las urnas
y en la victoria al candidato del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero con mayoría simple, que
necesitó el apoyo de otros grupos parlamentarios para gobernar.
En la primera legislatura, una de las primeras medidas fue nombrar el primer Gobierno paritario
de la historia española con 8 ministras y 8 ministros. En la segunda legislatura, el número de
ministras superó al de ministros.
En política interior los Gobiernos socialistas impulsaron una importante legislación de carácter
social como la Ley Integral contra la Violencia de Género (2004), la Ley del Matrimonio entre
Personas del Mismo Sexo (2005); la Ley de Dependencia (2006); la Ley de Igualdad Efectiva
entre Mujeres y Hombres (2007) o la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción
Voluntaria del Embarazo (2010) que despenalizó el aborto en las primeras 14 semanas del
embarazo. Algunas de estas medidas, muy avanzadas y pioneras en algunos casos, despertaron
un importante rechazo en los sectores más conservadores.
La política exterior giró del apoyo norteamericano anterior a un mayor acercamiento a países
mediterráneos y de la Unión Europea. Se retiraron las tropas de Irak y se ratificó en Referéndum
la nueva Constitución Europea en 2005 con una participación del 42%. También mejoraron las
relaciones con Marruecos con el objetivo de controlar los flujos migratorios ilegales y reforzar la
política antiterrorista contra el yihadismo.
Gobiernos de Mariano Rajoy (2011 – 2018)
En el 2011, ante la crisis económica, el malestar social y los malos resultados obtenidos en las
elecciones autonómicas de mayo, Rodríguez Zapatero adelantó las elecciones generales. El 20
de noviembre las urnas otorgaron la victoria por mayoría absoluta al Partido Popular de Mariano
Rajoy frente al PSOE liderado por Alfredo Pérez Rubalcaba.
En política interior, destacó la política territorial y el conflicto con la Generalitat de Cataluña que
pasó de protestar por el recorte sufrido por el nuevo Estatuto de Autonomía de 2006 a defender
abiertamente una consulta ilegal y unilateral de autodeterminación en 2017. Otras leyes de los
Gobiernos de Rajoy fueron la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana (2015),
conocida como “ley mordaza” que limitó los derechos de protesta de los ciudadanos, y la Ley
Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE, 2013), aprobada con el único apoyo
del partido en el Gobierno.
A partir del 2013, la justicia empezó a investigar las cuentas que el rey Juan Carlos I poseía en el
extranjero, sin declarar a Hacienda, con fondos procedentes de comisiones recibidas de países
árabes. Además, una caída sufrida durante una cacería en Botsuana en 2012, en los peores
momentos de la crisis económica, marcó uno de los puntos de mayor impopularidad de la
monarquía. Los escándalos también afectaron al entorno cercano del monarca: su hija, Cristina
de Borbón, y el marido de esta, Iñaki Urdangarin fueron procesados en el caso Nóos por lucrarse
de forma fraudulenta a través de convenios firmados entre el Gobierno balear y la fundación que
dirigían. Todo ello precipitó la abdicación de Juan Carlos I en su hijo, Felipe VI, en junio de 2014.
En las elecciones generales de diciembre del 2015, aunque el PP fue el grupo más votado, quedó
lejos de la mayoría absoluta. Tanto el PP como el PSOE perdieron gran número de votos en favor
de nuevas formaciones políticas como Podemos y Ciudadanos que aparecieron debido al
descrédito de las instituciones. Ante la falta de apoyos se volvieron a celebrar elecciones en junio
de 2016. Si bien el PP mejoró sus resultados necesitó la abstención de la mayoría de los
diputados del PSOE para que Rajoy pudiera ser investido presidente.
El malestar social creció por la aparición de nuevos casos de corrupción de los grandes partidos
vinculados a planes urbanísticos, concesión de obras públicas, servicios municipales,
acontecimientos deportivos y culturales o cursos de empleo. Los fondos sustraídos y malversados
de las arcas públicas fueron destinados a financiar algunos partidos y al lucro personal de los
implicados. Fueron destacados las tramas en Cataluña que afectaban a CiU, partido que había
gobernado; en la Comunitat Valenciana, Baleares y Madrid con la trama Gürtel o en Andalucía
con el caso de los cursos de formación que salpicaron a presidentes autonómicos.
El encarcelamiento de Rodrigo Rato, vicepresidente del Gobierno de Aznar, y del tesorero del PP,
Luis Bárcenas, tuvo un enorme impacto mediático. La condena al PP por haberse financiado
ilegalmente desde 1990 hasta 2008 y haberse repartido sobresueldos motivó la moción de
censura contra el Gobierno presidido por Mariano Rajoy. Así, en mayo de 2018, tras la moción de
censura contra el Gobierno, Pedro Sánchez (PSOE) fue investido presidente del Gobierno con el
apoyo de Podemos y de los partidos nacionalistas.
La política exterior, tras el estallido de la crisis, se vio afectada por la política de ajustes, las
negociaciones con instituciones internacionales y los contactos para propiciar el retorno de
migrantes a sus países de origen ante la falta de empleo.
En esos años España ocupó un puesto de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad
de la ONU y en la UE se pasó de abrazar las políticas de austeridad alemana a acercarse a
países que pedían mayor flexibilidad, como Francia e Italia.
Además, España al igual que el resto de países europeos, vivió un incremento sustancial de
migraciones tras el estallido de guerras civiles en países como Irak o Afganistán delegando parte
de las labores de vigilancia de sus fronteras a cambios de concesiones económicas a países
como Marruecos o Turquía y que ha provocado una merma en el respeto de los derechos
humanos de los migrantes, denunciadas por ONG como Open Arms.
La amenaza del terrorismo de ETA y el terrorismo yihadista
Durante la dictadura franquista se asistió en España a un incremento de la actividad terrorista que
se alargó hasta la primera década del siglo XXI. Al igual que ocurre con otros fenómenos
complejos, existen diferentes definiciones de terrorismo. Entre los especialistas no existe
consenso sobre qué es el terrorismo, pero en casi todos los casos se subraya que se trata de una
herramienta para imponer por la fuerza un determinado proyecto político, para lo que es preciso
infundir miedo en los oponentes.
Dentro del terrorismo habría que destacar a la banda terrorista ETA. Esta organización cometió
atentados entre 1968 y 2010, en los que murieron asesinadas más de 800 personas, junto a
secuestros entre los que destacó el del funcionario de prisiones José Antonio Lara, extorsiones y
amenazas. Fue el grupo que pervivió más en el tiempo, pues nació durante la dictadura, pero
incrementó su actividad con la democracia. Su principal reivindicación fue la independencia del
País Vasco.
En el quinto mandato de Felipe González, el juez Garzón ordenó la entrada en prisión de varios
ex altos cargos del ministerio de Interior, acusados de haber participado en la guerra sucia contra
ETA, con la que se reabría el asunto de los GAL: grupos de pistoleros relacionados con la policía
que practicaron terrorismo de Estado contra la banda terrorista de ETA asesinando a más de 20
personas.
Paralelamente se habían llevado a cabo intentos por aislar políticamente a ETA como fue el Pacto
de Ajuria Enea firmado en 1988 por los principales partidos políticos. Además, Francia empezó a
colaborar con España y persiguió a terroristas ocultos en su país logrando así su derrota policial.
Un momento destacado en relación con el terrorismo de ETA fue el asesinato del profesor
Francisco Tomás y Valiente en 1996 y el diputado de Ermua Miguel Ángel Blanco en 1997. Este
último provocó una masiva reacción popular de repulsa con la creación del movimiento
espontáneo conocido como espíritu de Ermua que declaraba la solidaridad con esta y todas las
víctimas del terrorismo etarra.
El Gobierno de Aznar acercó a presos etarras a cárceles vascas para facilitar las conversaciones
con la banda terrorista. En 1998, ETA declaró una tregua unilateral, que rompió en enero del 2000
cometiendo nuevos asesinatos como el de Juan María Jáuregui. Ese mismo año, el PP y el PSOE
firmaron el Pacto Antiterrorista para reforzar la unidad en la lucha contra la violencia. En 2002, el
Gobierno impulsó la Ley de Partidos Políticos, que ilegalizó las formaciones que no condenaran el
terrorismo.
Respecto a la violencia terrorista, el Gobierno de Zapatero entabló conversaciones con ETA. En
2006, la banda terrorista anunció una tregua que rompió ese mismo año con el atentado a la
Terminal 4 de Barajas (Madrid), que causó dos víctimas mortales. El creciente rechazo social y la
detención de numerosos miembros de ETA en España y Francia llevó a la banda terrorista a
declarar el cese definitivo de la actividad armada el 20 de octubre de 2011. En 2018, ETA anunció
el final de su trayectoria y daba por concluida su actividad. Muchos crímenes han quedado sin
aclarar.
Por otra parte, el terrorismo yihadista emplea la violencia para intentar imponer un califato con
una interpretación radical de la sharía o ley islámica. El primer atentado tuvo lugar el 12 de abril
de 1985 en el restaurante madrileño El Descanso. Causó la muerte de 18 personas y más de cien
heridos. Aunque fue reivindicado por un grupo de la yihad islámica, no se llegó a desvelar su
autoría.
El atentado más sanguinario tuvo lugar el 11 de marzo de 2004, tres días antes de las elecciones
generales, un comando vinculado a Al-Qaeda colocó varias bombas en cuatro trenes de
cercanías de Madrid. El atentado se saldó con casi 200 muertos y más de 2000 heridos. Un mes
más tarde murió un Policía Nacional cuando se intentó detener a algunos de los autores de los
asesinatos, que se inmolaron en un piso de la ciudad de Leganés.
El último atentado terrorista islamista tuvo lugar en agosto de 2017 en Cataluña. Se inició con un
atropello masivo en el Paseo de las Ramblas de Barcelona y otro en Cambrils. Este atentado, que
causó 17 muertos y más de un centenar de heridos, fue reivindicado por el Estado Islámico. En
los últimos años se han frustrado numerosos intentos de atentado vinculados a estos grupos, con
la desarticulación de células y la detención de individuos radicalizados en cárceles, en zonas de
conflicto o a través de las redes sociales.