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BOE A 2013 12913 Consolidado 10

El documento aborda la importancia de la consulta a administraciones públicas en la evaluación ambiental, estableciendo que la falta de pronunciamiento no debe paralizar el procedimiento. Se describen dos procedimientos para la evaluación ambiental: ordinario y simplificado, y se establecen plazos máximos para cada tipo de evaluación. Además, se clarifica la relación entre la evaluación ambiental estratégica y la de impacto ambiental, manteniendo la regulación anterior.

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El documento aborda la importancia de la consulta a administraciones públicas en la evaluación ambiental, estableciendo que la falta de pronunciamiento no debe paralizar el procedimiento. Se describen dos procedimientos para la evaluación ambiental: ordinario y simplificado, y se establecen plazos máximos para cada tipo de evaluación. Además, se clarifica la relación entre la evaluación ambiental estratégica y la de impacto ambiental, manteniendo la regulación anterior.

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BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO

LEGISLACIÓN CONSOLIDADA

Una de las piezas esenciales de la evaluación ambiental es la consulta a las


administraciones públicas afectadas. Para evitar demoras que no tienen justificación desde
el punto de vista ambiental y conseguir que el procedimiento sea eficaz, la falta de
pronunciamiento de las administraciones públicas afectadas no puede, en modo alguno,
ralentizar, y menos aún paralizar el procedimiento, que podrá continuar siempre y cuando el
órgano ambiental disponga de los elementos de juicio suficientes para realizar la evaluación
ambiental.
En el caso de que las administraciones públicas afectadas no emitieran sus informes, o
si éstos no resultaran suficientes, la ley prevé que el órgano ambiental requiera al titular del
órgano jerárquicamente superior de aquel que tendría que emitir el informe, para que en el
plazo de diez días, contados a partir de la recepción del requerimiento, ordene al órgano
competente la entrega del correspondiente informe en el plazo de diez días, sin perjuicio de
las responsabilidades en que pudiera incurrir el responsable de la demora y de la posibilidad
que tiene el promotor de reclamar a la Administración competente la emisión del informe, a
través del procedimiento previsto en el artículo 29.1 de la Ley 29/1998, de 13 de julio, de la
Jurisdicción Contencioso-Administrativa.
También resulta destacable que tanto para la evaluación ambiental estratégica como
para la de impacto ambiental se diseñan dos procedimientos: el ordinario y el simplificado.
La terminología empleada está muy extendida y consolidada en las comunidades autónomas
y pone el acento en la naturaleza esencialmente procedimental de la norma. Los motivos
que han llevado a establecer esta distinción se encuentran en las propias directivas
comunitarias, que obligan a realizar una evaluación ambiental con carácter previo de todo
plan, programa o proyecto «que puedan tener efectos significativos sobre el medio
ambiente».
Para determinados tipos de planes, programas o proyectos las directivas establecen la
presunción iuris et de iure de que, en todo caso, tendrán efectos significativos sobre el medio
ambiente y, por tanto, deben ser evaluados antes de su aprobación, adopción o autorización,
de acuerdo con el procedimiento ordinario. Para los restantes planes, programas y
proyectos, cada Estado miembro deberá realizar un análisis, bien caso a caso, bien
mediante umbrales o bien combinando ambas técnicas, para determinar si tienen efectos
significativos sobre el medio ambiente. Este análisis es lo que se ha denominado
procedimiento de evaluación simplificado y si concluyese que el plan, programa o proyecto
tiene efectos significativos sobre el medio ambiente, deberá realizarse una evaluación
ordinaria.
De esta forma, se garantiza el correcto cumplimiento de las directivas comunitarias, de
acuerdo con la interpretación efectuada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Por lo que respecta a los plazos máximos, se establecen los siguientes: evaluación
estratégica ordinaria: veintidós meses, prorrogable por dos meses más por razones
justificadas debidamente motivadas; evaluación ambiental estratégica simplificada: cuatro
meses; evaluación de impacto ambiental ordinaria: cuatro meses, prorrogable por dos meses
más por razones justificadas debidamente motivadas; y evaluación de impacto ambiental
simplificada: tres meses.
Sobre el ámbito de aplicación de la ley no se han introducido modificaciones sustanciales
en relación con las leyes que ahora se derogan, ya que este ámbito viene claramente
delimitado en las directivas comunitarias, por lo que no se ha hecho más que mantener la
transposición que de ellas se hizo. No obstante, se han incorporado en el ámbito de
aplicación de esta ley, por cuestiones de técnica normativa, determinados epígrafes de los
anexos I y II del texto refundido de la Ley de Evaluación de Impacto Ambiental de proyectos,
aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2008, de 11 de enero. Asimismo, se ha incluido la
posibilidad de que los proyectos sujetos a evaluación de impacto ambiental simplificada se
sometan al procedimiento ordinario cuando así lo solicite el promotor. En materia de
competencias y coordinación administrativa, la ley trata de clarificar algunas actuaciones
administrativas compartidas previstas en la normativa anterior.
Sobre la relación entre la evaluación ambiental estratégica y la de impacto ambiental
debe señalarse que, de conformidad con las directivas comunitarias, la primera no excluye a
la segunda, de forma que se mantiene la anterior regulación. Igualmente se mantiene el
artículo relativo a la relación entre la evaluación de impacto ambiental y la autorización

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