UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y POLÍTICAS
ESCUELA DE DERECHO
CÁTEDRA: DERECHO ADMINISTRATIVO II
SECCIÓN: “J”
Tema 5. La extinción de los actos administrativos. Revocación
y anulación.
Profesora:
Ruggeri Cova, Ana María
Integrante:
Yonis Braian
C.I: 30.159.082
Caracas, 5 de enero del 2025
1. La extinción de los actos administrativos.
El concepto genérico de extinción es la desaparición de los efectos de una
relación jurídica o de un derecho.
Es necesario distinguir entre la extinción de Acto Administrativo y la cesación
de sus efectos.
La cesación entraña la idea de algo que ha de ocurrir normalmente conforme a
lo previsto con antelación, pues se considera que el Acto Administrativo ha
existido de manera legal hasta el momento en que cesa de producir sus
efectos; como por ejemplo, las resoluciones favorables a los contribuyentes,
sólo surtirán efectos para el ejercicio fiscal para el que se otorgaron; en cambio,
la extinción de los Actos Administrativos es la desaparición o cese de los
efectos que dicho acto debe producir.
Los actos administrativos se extinguen por caducidad, revocación, anulación,
renuncia,recisión.
Se mencionan además como medios de extinción del acto administrativo, la
derogación, rescate, la abrogación y el decaimiento.
Con relación a estos dos últimos (abrogación y decaimiento) no constituye en
sí, figuras específicas de extinción de los actos administrativos, sino que son
formas de revocación.
Todo acto administrativo está destinado a producir los efectos jurídicos
queridos por su autor. Estos efectos concluyen frecuentemente, de una vez, al
ejecutarse el contenido del acto, y en ciertas ocasiones, pasado cierto tiempo,
al transcurrir el lapso previsto en el mismo acto. En ambos casos puede
afirmarse que el acto se ha extinguido por el cumplimiento de su ciclo normal,
esto es, que el acto administrativo se ha consumado.
Los efectos jurídicos producidos por ciertos actos administrativos tienen una
duración indefinida. En estos casos, dentro de ciertas limitaciones, los efectos
de esos actos pueden ser suprimidos por nuevas decisiones de la
administración. Puede ocurrir que la administración, después de dictar un acto
administrativo, que éste adolece de alguna irregularidad jurídica, o que había
en el acto, desde su origen, vicios de mérito o que en razón del cambio de las
condiciones de hecho o de nuevas exigencias del interés público, sea
conveniente u oportuno poner fin a los efectos del acto; o que la administración
observe que han desaparecido alguno o algunos de los presupuestos de hecho
que jurídicamente necesarios para dictar el acto; en fin, puede el beneficiario
dejar de cumplir las obligaciones que le impone la resolución administrativa
considerada. En todos estos casos, unas veces de oficio y otras a petición de
parte interesada, puede recaer un nuevo acto administrativo que extinga la
fuerza jurídica del primero.
2. Revocación y anulación.
En el campo de la doctrina existen dos criterios para diferenciar la revocación
de la anulación: el criterio material y el criterio orgánico.
El criterio material toma en cuenta los motivos, razones o fundamentos de la
eliminación del acto. Desde este punto de vista, se entiende por revocación de
un acto administrativo la declaración de extinción de ese acto, pronunciada por
razones de mérito, esto es, por circunstancias relativas a la conveniencia u
oportunidad del acto, y por anulación, la supresión del acto administrativo
producida por razones de legitimidad, es decir, por infracción, de una regla de
derecho.
El criterio orgánico toma en cuenta la naturaleza, administrativa o jurisdiccional,
de la autoridad que pronuncia la eliminación del acto. Dentro de este criterio se
estima que el rasgo distintivo de la revocación es que emane de la
administración, ya sea de la autoridad que emitió el acto, o de su superior
jerárquico. Se considera, en cambio, que la anulación es el pronunciamiento de
extinción de un acto administrativo, emanado de un órgano jurisdiccional, esto
es, de un tribunal.
El segundo criterio expuesto es el que ha dominado en Venezuela, en la
jurisprudencia y en el lenguaje de los juristas.
3. Fundamentos del poder de revocación.
En principio, todo acto administrativo es revocable. Existen, desde luego,
excepciones. Los actos administrativos se presuponen elaborados conforme a
las reglas generales preestablecidas, e inspirados en el interés de la
comunidad. La conformidad con el derecho es la legitimidad, y la conformidad
con el interés general, la oportunidad. Si faltare uno de esos supuestos, esto
es, si el acto resultare violatorio de una regla jurídica o contrario a la utilidad
general, la autoridad administrativa tiene el derecho y está en el deber de
revocarlo. Tal es el fundamento de la potestad de revocar los actos
administrativos.
4. Alcance de los efectos de la revocación:
La revocación de un acto administrativo unas veces hace desaparecer los
efectos del acto, inclusive los ya cumplidos, y otras veces sólo suprime sus
efectos para lo porvenir.
Los actos administrativos generales pueden en cualquier momento ser
revocados o reformados por la administración. Los reglamentos pueden
siempre ser derogados o reformados total o parcialmente. Son decisiones de
carácter general, como lo son normalmente las leyes y lo mismos que éstas,
producen efectos sólo para lo porvenir. Los efectos cumplidos bajo el imperio
de un reglamento derogado permanecen incólumes.
Tratándose de actos administrativos de efectos individuales, conviene distinguir
entre la revocación fundada en consideraciones de mérito y la revocación
basada en motivos de legitimidad.
Si el acto fuere revocado por razones de mérito, es decir, por considerar la
autoridad que no es conveniente el acto o que no es oportuno mantenerlo en
vigor, los efectos de la revocación no se proyectan sobre el pasado. Lo
contrario sería la negación de la seguridad jurídica. Por lo tanto, siempre que la
revocación se funde en consideraciones de mérito, solamente producirá efectos
ex nunc, es decir, para lo porvenir.
Si en cambio, el acto fuere revocado por reconocer la administración que
encuadra en uno de los casos de actos absolutamente nulos, enumerados en
el artículo 19 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, la
revocación debe producir efectos ex tunc, es decir, desde la creación del acto
revocado. La revocación es en estos casos una sanción de la grosera
ilegitimidad del acto, y por lo tanto, todos los efectos del acto extinguido deben
desaparecer.
5. Disposiciones administrativas sobre la eficacia de actos anteriores.
Las decisiones de la autoridad administrativa acerca de la validez de los actos
anteriormente dictados por la administración pueden reducirse en las siguientes
categorías:
a) Revocación por mérito:
Es la declaración de una autoridad administrativa mediante la cual, por razones
de conveniencia u oportunidad, se suprimen los efectos de un acto
administrativo. La revocación, en este caso, puede fundarse en un nuevo
examen hecho por la administración acerca de la conveniencia u oportunidad
de una medida, siendo entonces la nueva declaración una rectificación de la
primera, y puede también la administración, en vista del cambio ocurrido en las
condiciones de hecho imperantes en el momento de ser dictado el acto,
considerar conveniente para la comunidad de eliminación de dicho acto.
b) Revocación por ilegalidad:
Se denomina así la decisión emanada de la administración que declara la
invalidez de un acto administrativo por infracción de una regla de derecho. En
este caso, la administración, conforme al principio de la autotutela, se anticipa a
la sentencia declarativa de nulidad que pudiera ser dictada por un tribunal
competente.
En Venezuela la declaración de nulidad de un acto administrativo por
ilegalidad, es decir, la revocación por ilegalidad, sólo puede ser hecha por la
administración cuando se trate de un acto absolutamente nulo, y no de un acto
simplemente anulable. En efecto, el artículo 83 de la Ley Orgánica de
Procedimientos Administrativos dispone que la administración podrá en
cualquier momento, de oficio o a solicitud de particulares, reconocer la nulidad
absoluta de los actos dictados por ella.
c) Declaración de caducidad:
Es la declaración de la autoridad administrativa mediante la cual se suprimen
los efectos jurídicos de un acto administrativo, en virtud del incumplimiento del
beneficiario en las obligaciones a su cargo, derivadas de aquél.
d) Declaración de decaimiento:
Se llama así la disposición de la autoridad administrativa que pone fin a los
efectos jurídicos de un acto administrativo en razón de haber desaparecido así
las condiciones de hecho o de derecho legalmente necesarias para la
formulación y subsistencia del acto.
6. El principio de la autotutela de la administración pública.
Salvo ciertas limitaciones, la Administración Pública tiene la potestad de
proceder por sí misma, sin necesidad de acudir a los tribunales, a declarar la
extinción o reforma de los actos administrativos que considere total o
parcialmente viciados por razones de mérito o de legalidad. Es lo que Zanobini
ha denominado “el principio de autotutela de la administración pública”. Según
el citado autor, este poder tiene el mismo fundamento que el principio de
ejecutoriedad de los actos administrativos. Así, como la voluntad de la
administración pública se impone sin mediación de los tribunales, cuando se
trata de dar ejecución a sus actos, también dicha voluntad se basta a sí misma,
sin necesidad de intervención jurisdiccional, cuando por una u otra razón
declara la revocación o reforma de sus propios actos.
7. La vía administrativa y la vía judicial.
Siempre que una providencia de la autoridad administrativa pone fin a la fuerza
jurídica de un acto administrativo, se dice que éste se ha extinguido por la vía
administrativa. En algunas ocasiones los vicios de mérito pueden no dañar todo
el contenido del acto administrativo sino partes de él y, en virtud de ello, la
administración puede resolver no declarar la extinción del acto, sino su
corrección o modificación.
Los administrados que se crean agraviados por los efectos producidos por un
acto administrativo y lo estimen ilegal o inconveniente, pueden obtener por la
vía administrativo y dentro de los límites de la revocación o reforma de aquél.
La propia autoridad que formuló el acto o el superior jerárquico, según los
casos, pueden dictar la revocación o reforma.
La supresión de la fuerza jurídica de un acto administrativo puede también ser
declarada por los órganos jurisdiccionales por razones de legitimidad. Como los
tribunales no actúan de oficio, es necesario que la anulación del acto haya sido
pedida por un interesado. Cuando los administrados solicitan ante un tribunal la
declaración de nulidad de un acto administrativo, se dice que hacen uso de la vía
jurisdiccional.