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Revisión Pruebas Complementarias

El documento aborda el diagnóstico veterinario a través de pruebas complementarias, centrándose en el perfil renal y hepático. Se detalla la importancia de las muestras de sangre y orina, su manejo, envío y conservación, así como la interpretación de resultados para evaluar la función renal y hepática. Además, se enfatiza la relevancia clínica de estas pruebas para el diagnóstico temprano y el manejo de enfermedades en animales.

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El documento aborda el diagnóstico veterinario a través de pruebas complementarias, centrándose en el perfil renal y hepático. Se detalla la importancia de las muestras de sangre y orina, su manejo, envío y conservación, así como la interpretación de resultados para evaluar la función renal y hepática. Además, se enfatiza la relevancia clínica de estas pruebas para el diagnóstico temprano y el manejo de enfermedades en animales.

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Universidad Autónoma de Yucatán

Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias


Medicina Veterinaria y Zootecnia

DIAGNÓSTICO VETERINARIO
M en C. CARLOS HUMBERTO SAURI ARCEO

Revisión Bibliográfica:
PRUEBAS COMPLEMENTARIAS

Equipo #4:

Centeno Canto, Diego


Ek Colli Karen Guadalupe
Godoy Coot, Alía Sharleen
Díaz Rocha, Laura Naomi
Várguez Campos, Migden Joanna

Fecha de entrega: 27 de febrero de 2025

ÍNDICE
2. Perfil Renal – Página 1
2.1 Tipos de Muestras Requeridas – Página 2
2.2 Envío y Conservación de las Muestras – Página 3
2.3 Interpretación de Resultados – Página 4
Creatinina – Página 4
Urea – Página 4
Relación Urea/Creatinina – Página 5
Electrolitos – Página 5
Proteína en Orina (UPC) – Página 5
Densidad Urinaria – Página 5
2.4 Importancia Clínica y Aplicaciones – Página 6
3. Perfil Hepático – Página 7
Pruebas – Página 8
Integridad – Página 8
Colestasis – Página 9
Función – Página 10
Circulación Portal – Página 11
4. Perfil Hormonal – Página 12
4.1 Pruebas de Función Tiroidea – Página 12
4.2 Prueba de Estimulación con ACTH – Página 13
4.3 Medición de Insulina y Glucosa – Página 14
5. Pruebas de Virología – Página 15
5.1 Pruebas Indirectas – Página 15
Técnicas Serológicas
ELISA – Página 16
Western Blot – Página 16
Inmunofluorescencia – Página 16
Aglutinación – Página 16
5.2 Pruebas Definitivas – Página 17
Aislamiento Viral en Cultivo Celular – Página 17
Detección de Ácidos Nucleicos
PCR – Página 17
Hibridación – Página 18
6. Pruebas de Histopatología – Página 19
6.1 Diagnóstico Preciso y Aplicaciones – Página 19
6.2 Caracterización de Neoplasias Caninas – Página 20
6.3 Diagnóstico de Micosis en Patología Veterinaria – Página 21
6.4 Procesamiento de Pruebas Histológicas – Página 22
7. Pruebas Bacteriológicas – Página 23
7.1 Recolección de Muestras – Página 23
7.2 Métodos de Análisis – Página 24
Método Simple – Página 24
Tinciones – Página 25
Tinción de Gram – Página 25
Tinción de Ziehl-Neelsen – Página 25
Cultivo Bacteriano – Página 26
Agar Nutritivo – Página 26
Agar Sangre – Página 26
Agar Chocolate – Página 26
Agar MacConkey – Página 26
Agar S.S. – Página 26
Agar Mueller-Hinton – Página 26
7.3 Interpretación de Resultados – Página 27
Sistema Respiratorio – Página 27
Sistema Digestivo – Página 27
Sistema Urinario – Página 27
Tracto Genital – Página 28
Sistema Nervioso – Página 28
Sistema Circulatorio – Página 28
Tejidos – Página 28
Músculo Esquelético y Articulaciones – Página 28
Región Ótica – Página 28
8. Referencias – Página 28

PERFIL RENAL

La prueba de perfil renal es una herramienta diagnóstica esencial en la medicina


veterinaria. Permite evaluar la función renal y detectar enfermedades renales en animales.
La función principal de esta prueba es evaluar la salud y el funcionamiento de los riñones.
La prueba mide varios parámetros bioquímicos en la sangre y la orina, como la creatinina,
la urea, el nitrógeno ureico en sangre, el fósforo y los electrolitos. Según, Gómez (2018),
estos parámetros ofrecen información valiosa sobre la capacidad del riñón para filtrar
desechos y mantener el equilibrio de fluidos y electrolitos en el cuerpo.

Tipos de Muestras Requeridas

Para llevar a cabo una prueba de perfil renal, se requieren principalmente dos tipos de
muestras: sangre y orina. La sangre se obtiene mediante venopunción, generalmente de
la vena cefálica o la vena safena en pequeñas especies, o de la vena yugular en animales
más grandes, como señala Martínez (2017). Este procedimiento debe realizarse con
cuidado y en condiciones de asepsia para evitar infecciones y asegurar la calidad de la
muestra. Las muestras de sangre son esenciales para medir parámetros como la creatinina
y la urea, que son indicadores directos de la función renal.

La orina puede ser colectada mediante micción espontánea, cistocentesis o cateterismo.


La cistocentesis es el método preferido en muchas ocasiones ya que minimiza la
contaminación bacteriana y proporciona una muestra más representativa del estado renal,
según Pérez (2019). Este procedimiento consiste en la inserción de una aguja a través de
la pared abdominal hasta la vejiga para recolectar orina directamente. El cateterismo, por
otro lado, implica la inserción de un catéter a través de la uretra hasta la vejiga y es útil
cuando la cistocentesis no es factible.

Una vez recolectadas, las muestras deben ser manejadas adecuadamente para asegurar la
integridad de los resultados. Las muestras de sangre deben ser procesadas rápidamente
para separar el suero del plasma y evitar la hemólisis, que puede alterar los resultados de
los análisis. La orina, por su parte, debe ser analizada lo antes posible tras su recolección
para evitar cambios en su composición debido a la proliferación bacteriana o la
descomposición de los compuestos químicos.

Envío y Conservación de las Muestras

El envío y la conservación adecuados de las muestras son cruciales para asegurar la


precisión de los resultados. Las muestras de sangre deben ser enviadas en tubos con
anticoagulante, como EDTA, y refrigeradas a una temperatura de 4°C. Las muestras de
orina deben ser enviadas en recipientes estériles y también mantenidas refrigeradas si no
se pueden analizar inmediatamente. Según Rodríguez (2020), un almacenamiento
inadecuado puede alterar los niveles de glucosa y pH, afectando la interpretación de los
resultados.

Además, es importante tener en cuenta el tiempo transcurrido entre la recolección y el


análisis de las muestras. Las muestras de sangre deben ser procesadas dentro de las
primeras dos horas tras la recolección para evitar la degradación de componentes
celulares y bioquímicos. La orina, por su parte, debe ser analizada en las primeras 24
horas para garantizar que los resultados representen con precisión el estado fisiológico
del animal en el momento de la recolección. Estos procedimientos garantizan que los
parámetros medidos reflejen con exactitud la función renal y el estado de salud del animal.

Para su análisis, es esencial el etiquetado adecuado de las muestras con información


detallada sobre el animal, la fecha y hora de recolección, y el tipo de muestra. Además,
es fundamental utilizar equipos calibrados de acuerdo con la especie.

Finalmente, es muy importante que a la hora de interpretar los resultados se tenga en


cuenta en el contexto clínico del paciente. Factores como la edad, raza, dieta, y estado de
hidratación del animal pueden influir en los resultados y deben ser considerados al evaluar
la función renal. Es responsabilidad del veterinario informar a quienes realicen los análisis
en el laboratorio de cualquier factor que pudiese afectar los valores de la prueba, por lo
que es primordial brindarles el historial clínico del paciente.

Interpretación de Resultados

Creatinina

La creatinina es un producto de desecho de la fosfocreatina en el músculo, y su


concentración en sangre es un indicador crucial de la función renal. En perros y gatos, los
niveles normales de creatinina varían entre 0.6 y 1.6 mg/dL (Gómez, 2018). Valores
elevados pueden indicar insuficiencia renal, deshidratación o enfermedades musculares.
Es importante considerar que la masa muscular del animal puede influir en los niveles de
creatinina, por lo cual es fundamental interpretar estos valores en el contexto del estado
general del paciente (López, 2016).

Urea

La urea es otro producto de desecho que se excreta a través de los riñones y cuya
concentración en sangre es un marcador de la función renal. Los niveles normales de urea
en perros y gatos oscilan entre 10 y 30 mg/dL (Hernández, 2018). Niveles elevados
pueden sugerir insuficiencia renal, deshidratación o una dieta alta en proteínas. Es crucial
interpretar los niveles de urea junto con los de creatinina para obtener una imagen más
completa de la función renal (García, 2015).

Relación Urea/Creatinina

La relación entre los niveles de urea y creatinina puede proporcionar información


adicional sobre el origen del problema renal. Una relación elevada puede indicar una
insuficiencia renal pre-renal, es decir, causada por deshidratación o baja perfusión renal,
mientras que una relación normal con niveles elevados de ambos marcadores puede
sugerir una insuficiencia renal intrínseca (López, 2016).

Electrólitos

Los electrolitos, como sodio, potasio y cloro, son fundamentales para la función celular
y la homeostasis. Las alteraciones en sus niveles pueden indicar problemas renales y
afectar la interpretación de otros parámetros renales. Específicamente, un aumento en los
niveles de potasio puede ser un signo de insuficiencia renal aguda o crónica (García,
2015).

Proteína en Orina (UPC)

La evaluación de la relación proteína/creatinina en orina (UPC) es una prueba que ayuda


a detectar la presencia de proteinuria, un signo temprano de enfermedad renal. En perros
y gatos, una relación UPC superior a 0.5 es anormal y puede indicar daño glomerular
(Pérez, 2019).

Densidad Urinaria

La densidad urinaria es una medida de la concentración de solutos en la orina y puede


proporcionar información sobre la capacidad de los riñones para concentrar la orina. En
condiciones normales, la densidad urinaria en perros debe estar entre 1.015 y 1.045, y en
gatos entre 1.035 y 1.060. Valores bajos pueden indicar insuficiencia renal (Martínez,
2017).

Importancia Clínica y Aplicaciones

La prueba de perfil renal tiene una gran importancia clínica en la medicina veterinaria.
Permite el diagnóstico temprano de enfermedades renales, lo cual es crucial para el
tratamiento y manejo de estas condiciones. Además, esta prueba es fundamental en la
evaluación preoperatoria y en el monitoreo de pacientes con enfermedades sistémicas que
pueden afectar la función renal, como la diabetes mellitus (Hernández, 2018).

Las enfermedades renales son una causa común de morbilidad y mortalidad en animales
de compañía, y su detección temprana puede mejorar significativamente el pronóstico y
la calidad de vida de los pacientes. La evaluación regular de los niveles de creatinina,
urea, fósforo y electrolitos en sangre, así como la realización de análisis de orina, son
esenciales para monitorizar la función renal y detectar cualquier anomalía en sus etapas
iniciales.

Además, el perfil renal proporciona información valiosa sobre el estado de hidratación


del animal y puede ayudar a identificar problemas subyacentes que podrían complicar
otros tratamientos. Por ejemplo, un animal con deshidratación severa puede presentar
niveles elevados de creatinina y urea, lo que indica un compromiso en la función renal
que debe ser abordado antes de cualquier procedimiento quirúrgico o tratamiento médico
adicional.

El monitoreo continuo de la función renal también es imprescindible en animales que


reciben medicación a largo plazo, especialmente aquellos medicamentos que pueden tener
efectos nefrotóxicos. En estos casos, la realización periódica de perfiles renales permite
ajustar las dosis o cambiar la medicación según sea necesario para prevenir daños renales.
PERFIL HEPÁTICO

El hígado es responsable de muchos procesos vitales para el organismo, ya que


desempeña funciones fundamentales en el metabolismo, la detoxificación de sustancias,
la producción de proteínas esenciales, la regulación de los niveles de glucosa, y la
producción de bilis para la digestión de grasas, entre otros (Norton, et al., 2016). Por ello,
es crucial mantener su salud, ya que cualquier alteración en su actividad puede ocasionar
trastornos graves que afecten el bienestar general. Por lo tanto, es necesario realizar
pruebas para monitorear su funcionamiento y detectar posibles alteraciones de manera
temprana.

El conjunto integral de pruebas de laboratorio, que incluye el hemograma completo, el


perfil bioquímico y el análisis de orina, proporciona datos clave para la evaluación
detallada del estado clínico del hígado. Estas pruebas permiten una valoración precisa de
la salud hepática y de su capacidad funcional, abarcando diversos aspectos
fisiopatológicos que pueden comprometer su funcionamiento (Behling, 2024).

Es importante saber la diferencia entre enfermedad hepática y falla hepática, ya que,


aunque ambas condiciones afectan al hígado, tienen implicaciones clínicas y pronósticas
diferentes. La enfermedad hepática se refiere a un daño o alteración funcional del hígado
que puede ser de diversa índole, como inflamación, fibrosis, cirrosis, o infección, pero
que no necesariamente compromete de forma crítica la capacidad del órgano para realizar
sus funciones vitales. En cambio, la falla hepática es una condición más grave, en la cual
el hígado pierde su capacidad para llevar a cabo funciones esenciales, como la
detoxificación, la producción de proteínas plasmáticas y la regulación del metabolismo.
Sin embargo, ambas condiciones requieren un enfoque diagnóstico y terapéutico
adecuado, pero la falla hepática es una emergencia médica que demanda intervención
inmediata.

Es fundamental considerar todos los parámetros obtenidos en estas evaluaciones para


realizar un diagnóstico exhaustivo y diferenciado de los cuatro procesos patológicos
hepáticos más relevantes: la lesión hepatocelular, la colestasis, la disfunción o
insuficiencia hepatocelular y las alteraciones en la circulación portal. El análisis
exhaustivo de estos procesos es esencial para determinar el diagnóstico y la causa
subyacente de cualquier trastorno hepático y para orientar el tratamiento adecuado,
optimizando así la atención y el pronóstico del paciente.
PRUEBAS:
INTEGRIDAD
En esta categoría se trata de encontrar una lesión o necrosis que provoque una alteración
de la membrana hepatocelular y cierto grado de lisis y muerte celular. Este análisis se
realiza mediante la medición de enzimas hepáticas, las cuales ayudan a localizar el daño
en los tejidos y a detectar un incremento en la liberación de estas enzimas en el torrente
sanguíneo. Las lesiones hepáticas pueden ser de naturaleza directa, como resultado de la
inflamación del parénquima hepático, exposición a toxinas, neoplasias o infecciones, o
indirecta, originada por enfermedades sistémicas que alteran el flujo sanguíneo hacia el
hígado. Sin importar la causa subyacente, existen pocos indicadores bioquímicos que
permiten diagnosticar con precisión este tipo de daño (Behling, 2024)

Existen dos tipos de enzimas conocidas como inducibles y de escape. Estas primeras se
utilizan para la evaluación hepática y son las denominadas enzimas inducibles; entre ellas
se encuentran la fosfatasa alcalina (FA) y la gamma glutamil transpeptidasa (GGT). Un
aumento en FA (hiperfosfatasemia) es un indicador de una alteración del hígado y del
tracto biliar (degeneración grasa, abscesos, cirrosis, intoxicación por fármacos, ictericia
obstructiva de cualquier etiología, colangitis, colecistitis).También puede estar asociado
con patologías óseas (osteosarcoma, osteodistrofia, metástasis tumorales en el esqueleto,
linfogranulomatosis, osteoporosis), enfermedades de la sangre (leucemia), procesos
oncológicos primarios en el cuerpo de los animales,y enfermedades gastrointestinales
(colitis ulcerosa, enteritis, infecciones intestinales), enfermedades endocrinas
(tirotoxicosis). También se ha reconocido el aumento de la FA en el hipertiroidismo felino,
mientras que el tratamiento con fenobarbital puede causar una elevación de la ALT, FA y
GGT en el perro. (Admin, 2020)

Las enzimas de escape o de fuga, como la alanina aminotransferasa (ALT) y el aspartato


aminotransferasa (AST) o también conocido como glutamato oxalacético transaminasa
(GOT), son los principales marcadores utilizados en esta categoría para evaluar la
magnitud del daño hepático y orientar el tratamiento adecuado (Behling, 2024). AST y
ALT se encuentran predominantemente en las células del corazón, hígado y músculos
esqueléticos, y normalmente en el corazón y los músculos esqueléticos, La ALT tiene una
vida media y una concentración hepatocelular mayores que las de la AST, lo cual es clave
para su interpretación. Un aumento conjunto de ambas enzimas apunta a una
degeneración o necrosis hepatocelular activa. Si la AST se encuentra en niveles normales,
sugiere que el proceso es inactivo; por otro lado, si la AST supera a la ALT, podría indicar
un daño muscular, aumento de permeabilidad o degeneración (Núñez, 2005). Tal
distribución de la actividad enzimática en sangre y tejidos en condiciones normales, y su
cambio en las condiciones patológicas, permite utilizar la información obtenida con fines
de diagnóstico (Admin, 2020). La monitorización seriada es esencial; la ALT tiene una
semivida de 2-3 días en el perro y de solo 3-4 horas en el gato, mientras que la semivida
de la AST es inferior a un día en el perro. Cada perfil bioquímico es una única instantánea
de ese momento y, por tanto, cuando se valora la importancia clínica de las alteraciones a
lo largo del tiempo, es importante tener en cuenta la semivida de las enzimas.

COLESTASIS
La colestasis es la reducción o interrupción del flujo biliar. Puede deberse a una
disminución de la secreción del hepatocito o a un bloqueo estructural en cualquier punto
del tracto biliar, desde los pequeños canalículos hasta la vesícula biliar. La excreción de
bilis desde el hepatocito, a través de las células epiteliales biliares hasta llegar finalmente
al tracto intestinal, depende en gran medida de la energía y también se necesitan varios
transportadores activos y gradiente osmótico.

En el contexto del perfil hepático, la colestasis se detecta principalmente mediante el


aumento de ciertos marcadores bioquímicos. Los más relevantes incluyen la fosfatasa
alcalina (FA) y la gamma glutamil transpeptidasa (GGT), que son enzimas involucradas
en el transporte de bilis. Un incremento en estos niveles sugiere la presencia de colestasis,
ya que reflejan una alteración en el flujo biliar, ya sea por obstrucción o disfunción
hepatocelular relacionada con la secreción de bilis
Entre las patologías más frecuentes que pueden causar colestasis se incluyen la
inflamación hepatocelular (p.ej., la lipidosis hepática), los procesos neoplásicos, la
inflamación crónica (fibrosis), los colelitos, los parásitos, la pancreatitis, los mucoceles
de la vesícula biliar y las causas funcionales de colestasis como la hipoxia y la inhibición
de la excreción mediada por citoquinas.

FUNCION
El hígado tiene un papel fundamental en la síntesis de varias proteínas plasmáticas, como
la albúmina, los factores de coagulación y las apolipoproteínas. Estas proteínas son
esenciales para la homeostasis del organismo, ya que participan en la regulación del
volumen sanguíneo, la coagulación, y el transporte de lípidos y otros compuestos en la
sangre. La disminución de los niveles de estas proteínas, como ocurre en casos de
insuficiencia hepática o daño hepático grave, puede ser un indicador importante de
disfunción hepática. El hígado es donde principalmente tiene lugar la gluconeogénesis y
la síntesis del colesterol y alberga las enzimas del ciclo de la urea. Por lo tanto, la
albúmina, la glucosa, el colesterol y la urea se utilizan conjuntamente como indicadores
de la capacidad del hígado para participar eficazmente en el metabolismo intermediario.

En cuanto a la excreción, el hígado también desempeña un papel clave en la producción


y eliminación de bilis, que es fundamental para la digestión y absorción de grasas. La
bilis contiene compuestos como la bilirrubina y los ácidos biliares, que son excretados
por el hígado hacia los conductos biliares. La bilirrubina, un producto de la
descomposición de los glóbulos rojos, es procesada en el hígado y excretada en la bilis.
Su acumulación en el torrente sanguíneo puede dar lugar a hiperbilirrubinemia,
manifestada clínicamente como ictericia. Este incremento de bilirrubina puede ser
indicativo de disfunción hepática o de una obstrucción biliar, como en la colestasis.
Entre las proteínas que son sintetizadas en el hígado se encuentran la albúmina, que es
crucial para la regulación del volumen sanguíneo y la presión oncótica, y las globulinas,
que incluyen inmunoglobulinas, fundamentales en la defensa inmunitaria. Una
disminución de los niveles de albúmina y globulinas en la sangre puede ser un indicio de
disfunción hepática, como ocurre en enfermedades hepáticas graves como la cirrosis o la
insuficiencia hepática.

Un aumento en los niveles de bilirrubina en sangre (hiperbilirrubinemia) puede indicar


una disfunción en la capacidad de excreción del hígado, lo que se observa en condiciones
como la colestasis o la insuficiencia hepática. El hemograma y el análisis de orina pueden
ayudar a descartar estas posibles etiologías. La síntesis de colesterol está disminuida en
enfermedades con malabsorción, el hipoadrenocorticismo y algunos tumores, por lo que
estos procesos se deben descartar cuando la insuficiencia hepática sea el principal
diagnóstico diferencial. El diagnóstico por imagen puede ser útil para evaluar el tamaño
general del hígado y para investigar la posible presencia de fibrosis (Behling, 2024).
La glucosa por naturaleza, es el principal proveedor de energía para las células, y un
aumento (hiperglucemia) acompaña a la enfermedad hepática, pero también puede ser
con diabetes mellitus, tirotoxicosis, función suprarrenal alterada, función renal, esfuerzo
físico intenso.
Por otro lado, el hígado también se encarga de la conversión del amoníaco, un
subproducto del metabolismo proteico, en urea, que posteriormente se excreta a través de
los riñones. La evaluación de los niveles de urea en sangre, junto con otros parámetros
del perfil hepático, puede ofrecer información valiosa sobre la función hepatocelular. En
situaciones de insuficiencia hepática, los niveles de urea pueden disminuir debido a la
incapacidad del hígado para llevar a cabo este proceso.

CIRCULACIÓN PORTAL
La circulación portal es un componente clave en la fisiología hepática y desempeña un
papel fundamental en el perfil hepático, ya que transporta la sangre desde el tracto
gastrointestinal, el bazo y el páncreas hacia el hígado. La sangre que circula a través de
la vena porta hepática lleva consigo nutrientes absorbidos de los alimentos, así como
productos de desecho y sustancias tóxicas que deben ser procesados y eliminados por el
hígado. Este sistema es esencial para que el hígado pueda realizar su función de filtrado
y detoxificación, además de regular los niveles de glucosa, aminoácidos y otras moléculas
en el organismo.
Cuando se sospecha una alteración en el flujo portal o en la capacidad excretora del
hígado, una herramienta diagnóstica importante es la medición de los ácidos biliares
séricos. Un incremento en los niveles de ácidos biliares puede sugerir una reducción en
la masa funcional hepatocelular o la presencia de un shunt portosistémico, una anomalía
en la circulación sanguínea que permite que los ácidos biliares escapen de la circulación
hepática y permanezcan en la circulación sistémica. Además, niveles elevados de ácidos
biliares también pueden estar relacionados con alteraciones en el flujo biliar, como en la
colestasis, lo que complica la evaluación precisa de la masa hepática y del flujo sanguíneo
portal.
Cabe señalar que, en pacientes con enfermedad hepática avanzada y/o malabsorción ileal,
los niveles de ácidos biliares pueden mantenerse dentro del rango de referencia, lo cual
puede dificultar la interpretación del perfil hepático. En estos casos, la absorción de los
ácidos biliares desde el tracto intestinal se encuentra comprometida, lo que puede generar
resultados engañosos respecto a la función hepática. Por lo tanto, es esencial considerar
otros parámetros clínicos y bioquímicos, además del contexto clínico completo del
paciente, para obtener una evaluación más precisa y orientar el manejo terapéutico
adecuado.
PERFIL HORMONAL
Herramienta diagnóstica crucial para evaluar alteraciones endocrinas en diferentes
especies. Las pruebas complementarias permiten la detección de disfunciones hormonales
con la evaluación del estado funcional de diferentes glándulas endocrinas, como la
tiroides, las glándulas suprarrenales y el páncreas. Su utilización es clave en el diagnóstico
de enfermedades endocrinas como el hipotiroidismo, hipertiroidismo, enfermedad de
Cushing y diabetes mellitus.

Pruebas de función tiroidea

Para diagnosticar hipotiroidismo o hipertiroidismo se mide la concentración de T4 total,


T4 libre, T3 y TSH. En el caso del hipotiroidismo, se confirma con niveles bajos de
tiroxina (T4) y triyodotironina (T3) en sangre, aunque la T4 suele ser más útil para el
diagnóstico. Además, es común encontrar hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia, lo
que hace que la muestra de sangre se vea lipémica.

En perros eutiroideos normales, la TSH varía entre 0.06 y 0.32 ng/ml. En los casos de
hipotiroidismo primario (que es el más común), los niveles de TSH están elevados,
mientras que en hipotiroidismo secundario o terciario, los valores de TSH son bajos
(Matamoros, R., et al. 2002).

Prueba de estimulación con ACTH

Esta prueba evalúa la respuesta de las glándulas suprarrenales a la ACTH para


diagnosticar la enfermedad de Cushing o insuficiencia suprarrenal.

Primero, se toma una muestra de sangre para medir el cortisol basal, luego se inyecta
ACTH (ACTH gel IM, 2.2 unidades/kg, con un máximo de 40 UI; Cosyntropin® o
Cortrosyn®, 5 mg/kg IV, con un máximo de 250 mg; en gatos, la dosis es de 125
mg/gato IV). Después de dos horas, se toma otra muestra de sangre para medir el
cortisol post-ACTH.

En perros sanos, los valores normales de cortisol basal están entre 40-180 nmol/L, y
después de la inyección de ACTH suben a 230-570 nmol/L. Los perros con síndrome de
Cushing tienen niveles de cortisol post-ACTH mayores a 700 nmol/L. Por otro lado, si
el paciente tiene hiperadrenocorticismo iatrogénico, en los análisis se observan valores
que sugieren hipoadrenocorticismo (Matamoros, R., et al. 2002).

Medición de insulina y glucosa

Es clave para diagnosticar y manejar la diabetes mellitus y el insulinoma, pero se debe


saber diferenciar de cuando se ve alterado por estres o por la dieta previa a
modificaciones patologicas. Los pacientes con diabetes mellitus presentan hiperglicemia
persistente y significativa (mayor a 14 mmol/L), mientras que el aumento por estrés
suele ser más moderado. También pueden aparecer glucosuria y cetonuria, y si hay
cetonuria, es muy probable que se trate de diabetes. Si la glucosuria es marcada, esto
respalda el diagnóstico, ya que indica que los niveles de glucosa en sangre han superado
el umbral renal (12-15 mmol/L) por el tiempo suficiente como para acumularse en la
orina (Matamoros, R., et al. 2002).
PRUEBAS DE VIROLOGÍA

Pruebas indirectas:

Estos métodos se basan en la interacción antígeno-anticuerpo, no buscan detectar el


agente en sí, sino las evidencias de su presencia en el huésped mediante la respuesta
inmune. Esto se logra al identificar anticuerpos específicos contra el agente o sus
componentes, lo que permite inferir que el patógeno estuvo presente en algún momento
(Guzmán & Bernal, 1999).

La muestra principal a utilizar es el suero, aunque algunas pruebas pueden realizarse con
plasma EDTA, plasma heparinizado o sangre entera, dependiendo de la técnica aplicada
(Gunn-Christie, 2023).

Para las muestras de suero, la extracción debe hacerse en tubos de suero (tapón rojo) o en
tubos con separador de suero (tapón con patrón de manchas). La muestra debe mantenerse
a temperatura ambiente entre 20 y 30 minutos para permitir la completa coagulación. Si
el coágulo no se forma adecuadamente, el suero puede gelificarse debido a la presencia
de fibrina latente (Gunn-Christie, 2023).

Para separar el coágulo del tubo, se debe recorrer suavemente el borde con un aplicador.
Luego, se centrifuga la muestra a velocidad moderada (~450 rpm) durante 10 minutos. Si
se emplea un tubo con separador de suero, la centrifugación formará una barrera de gel
de polímero entre las células y el suero. Si esta capa presenta grietas, es recomendable
repetir la centrifugación (Gunn-Christie, 2023).

Cuando se usa un tubo de suero (tapón rojo), se debe transferir el suero a un tubo limpio
para evitar interferencias, como la disminución artificial de glucosa por glucólisis celular.
El suero debe mantenerse refrigerado o congelado hasta el análisis, ya que los retrasos
pueden afectar los resultados (Gunn-Christie, 2023).

Para un diagnóstico más preciso, pueden requerirse muestras pareadas. La muestra de


fase aguda debe tomarse en la etapa temprana de la enfermedad y congelarse, mientras
que la de convalecencia se recoge 10-14 días después. Ambas deben enviarse juntas al
laboratorio (Gunn-Christie, 2023).

Técnicas Serológicas

• ELISA

o El ensayo ELISA es una reacción antígeno-anticuerpo asociada a una


reacción enzimática con lectura colorimétrica. En el ELISA indirecto, los
pocillos están recubiertos con antígeno y se les agrega la muestra de suero.
Si hay anticuerpos específicos, estos se fijan al antígeno. Luego, se añade
un conjugado con una enzima que interactúa con los anticuerpos.
Finalmente, un sustrato enzimático genera una reacción de color, cuya
intensidad se mide espectrofotométricamente. Un resultado positivo se
obtiene si la intensidad supera un valor de referencia (Esnal & Extramiana,
s.f.).
o El punto de corte, determinado por el fabricante del kit, se basa en estudios
de correlación con otras pruebas. Sin embargo, los valores de ELISA en
animales sanos y enfermos pueden superponerse, por lo que se establece
un equilibrio entre especificidad y sensibilidad (Esnal & Extramiana, s.f.).

• Western Blot

o Esta técnica permite detectar y cuantificar proteínas específicas en


muestras celulares. Con el tiempo, su sensibilidad y confiabilidad han
mejorado, convirtiéndose en una herramienta estándar en investigación.
Consiste en transferir proteínas separadas por electroforesis en un gel de
poliacrilamida a una membrana absorbente. Luego, la membrana se incuba
con un anticuerpo primario, que reconoce la proteína de interés, y un
anticuerpo secundario marcado con un fluoróforo, generando señales
visuales en forma de bandas (Milton, s.f.).
o Los resultados se interpretan como positivos, negativos o indeterminados
según el número y tipo de bandas presentes. Existen criterios de
interpretación establecidos por diversas organizaciones, como el CDC
(Milton, s.f.).

• Inmunofluorescencia

o Se utiliza un anticuerpo marcado con fluoróforo para detectar anticuerpos


específicos en células o tejidos. La inmunofluorescencia indirecta permite
detectar anticuerpos contra un antígeno particular, utilizando un
anticuerpo marcado con fluoresceína que se une a inmunoglobulinas
humanas, independientemente de su especificidad (Guzmán & Bernal,
1999).

• Aglutinación

o Esta técnica se emplea para detectar anticuerpos dirigidos contra un agente


patógeno. La presencia de anticuerpos se confirma por la aglutinación de
una suspensión pura del microorganismo sospechoso, lo que indica que el
huésped estuvo expuesto al patógeno y desarrolló una respuesta inmune
(Guzmán & Bernal, 1999).

Las pruebas indirectas desempeñan un papel crucial en el diagnóstico de enfermedades


infecciosas, ya que permiten identificar la respuesta inmune del organismo ante un agente
patógeno sin necesidad de detectarlo directamente. Estos métodos son fundamentales
para la identificación retrospectiva de infecciones, ya que, al detectar la presencia de
anticuerpos específicos en una muestra biológica, es posible inferir que el organismo
estuvo expuesto al agente infeccioso en algún momento (García Palomo et al., 2010).

Además, tienen una gran aplicación en la vigilancia epidemiológica, pues facilitan el


monitoreo de enfermedades y ayudan a rastrear su propagación en distintas poblaciones.
Su uso permite evaluar la inmunidad colectiva y medir la efectividad de estrategias de
prevención, como la vacunación. Una de sus principales ventajas es la reducción del
riesgo biológico, ya que no requieren el manejo directo del patógeno, minimizando así la
exposición del personal de laboratorio a posibles agentes infecciosos (García Palomo et
al., 2010).

La diversidad de técnicas diagnósticas disponibles, como ELISA, Western Blot e


inmunofluorescencia, permite la adaptación a distintas necesidades clínicas, ofreciendo
alternativas con diferentes niveles de sensibilidad y especificidad. Además, estos métodos
son herramientas clave en la investigación de vacunas y en la evaluación de la respuesta
inmune de los individuos, permitiendo determinar la duración de la inmunidad tras la
exposición al patógeno o después de la administración de una vacuna (García Palomo et
al., 2010).

Gracias a estas ventajas, los métodos indirectos son esenciales para detectar infecciones
pasadas, realizar estudios poblacionales y evaluar la efectividad de medidas de control,
proporcionando información clave para la toma de decisiones en salud pública (García
Palomo et al., 2010).

Pruebas definitivas:

Se enfocan en detectar directamente el antígeno, es decir, la presencia del agente


infeccioso o uno de sus componentes. Incluyen técnicas que identifican material genético
viral conservado y replicable en fluidos, células o tejidos, ya sea en estado activo o latente.
También comprenden el cultivo del virus en condiciones controladas para su
confirmación (Crespo, 2000).

• Aislamiento Viral en Cultivo Celular

o Dado que los virus son microorganismos intracelulares, su detección


requiere líneas celulares adecuadas para su replicación. La infección viral
se evidencia por efectos citopáticos (EC), que pueden ser degeneración
morfológica, formación de sincicios, vesículas o inclusiones. El tipo de
EC observado puede ser clave en la identificación del virus (Crespo,
2000).
o Las muestras no deben mantenerse a temperatura ambiente ni ser
congeladas y descongeladas repetidamente. Lo ideal es almacenarlas en
refrigeración (4°C-8°C) o en hielo hasta su inoculación. Si la inoculación
se retrasa más de 4 días, las muestras deben congelarse a -70°C y
preservarse con crioprotectores como DMSO, leche descremada, proteínas
o glicerol (Crespo, 2000).

• Detección de Ácidos Nucleicos

o PCR

▪ Esta técnica amplifica selectivamente fragmentos de material


genético del agente infeccioso, permitiendo su detección con alta
sensibilidad. Se compone de tres fases:
1. Desnaturalización: Separación de las cadenas de ADN a
95°C.
2. Hibridación: Unión de cebadores específicos a la
secuencia diana a 55°C.
3. Extensión: Síntesis de ADN por la polimerasa a 72°C.
▪ El proceso se repite en múltiples ciclos, duplicando el material
genético hasta hacerlo detectable en un gel de agarosa, donde se
confirma su identidad mediante sondas específicas (Crespo, 2000).

o Hibridación

▪ Se dispone de fragmentos de ADN altamente conservados de virus


específicos para su uso como sondas. Estas se hibridan con
secuencias complementarias en muestras biológicas para formar
moléculas dúplex. Este método puede aplicarse para confirmar la
identificación de un virus en cultivo o detectarlo directamente en
tejidos o fluidos fijados adecuadamente. Dependiendo del tipo de
estudio, las muestras pueden requerir congelación en nitrógeno
líquido o fijación química (Crespo, 2000).

Las pruebas definitivas son esenciales para la identificación directa de un agente


infeccioso o su material genético, proporcionando un diagnóstico preciso y confiable. Su
principal importancia radica en que permiten confirmar la presencia del patógeno en
muestras clínicas, lo que resulta fundamental para determinar el tratamiento adecuado en
los pacientes afectados. La alta especificidad y sensibilidad de técnicas como la PCR y el
aislamiento viral hacen posible la detección de pequeñas cantidades de material genético
o partículas virales, asegurando diagnósticos certeros incluso en casos en los que la carga
viral es baja (Pérez-Roth et al., 2016).

Estos métodos son ampliamente utilizados en epidemiología y salud pública, ya que


permiten estudiar la evolución de los virus, identificar nuevas cepas y establecer
estrategias efectivas de control y prevención de enfermedades infecciosas. También
resultan fundamentales para la detección de virus en distintas fases de la infección,
permitiendo identificar su presencia tanto en estado activo como latente, lo que contribuye
a una mejor toma de decisiones clínicas y a un seguimiento más preciso del curso de la
enfermedad en los pacientes (Pérez-Roth et al., 2016).

Además de su importancia en el diagnóstico clínico, estos métodos desempeñan un papel


clave en la investigación científica y en el desarrollo de nuevas terapias antivirales y
vacunas. Su capacidad para proporcionar información detallada sobre la estructura y el
comportamiento de los patógenos permite avances significativos en la lucha contra
enfermedades virales emergentes y reemergentes. En este sentido, los métodos definitivos
son herramientas esenciales para garantizar una respuesta rápida y eficaz ante brotes
epidémicos y pandemias, ayudando a mitigar su impacto en la población y mejorando las
estrategias de control de enfermedades infecciosas (Pérez-Roth et al., 2016).
PRUEBAS DE HISTOPATOLOGÍA
La histopatología se basa en el análisis microscópico de tejidos animales para identificar
alteraciones celulares y estructurales que permitan diagnosticar enfermedades. El proceso
inicia con la obtención de muestras mediante biopsias en animales vivos o necropsias en
casos de fallecimiento, que se fijan en formol para preservar su estructura.
Posteriormente, las muestras se deshidratan, se incluyen en parafina y se seccionan en
láminas ultrafinas que, tras ser teñidas (por ejemplo, con hematoxilina y eosina), son
examinadas al microscopio por un patólogo. Este análisis es esencial para detectar
cambios patológicos asociados a tumores, procesos inflamatorios, infecciones y otras
alteraciones (Oncopets, 2024).

La histopatología es considerada la herramienta de referencia en el diagnóstico


veterinario por diversas razones:

Diagnóstico Preciso: Permite diferenciar entre lesiones benignas y malignas,


estableciendo la agresividad y el tipo de neoplasia, lo cual es crucial para definir el
pronóstico y orientar el tratamiento.
Guía para el Tratamiento: La información histopatológica resulta indispensable para
planificar intervenciones quirúrgicas y terapias adyuvantes (como quimioterapia o
radioterapia), evitando tratamientos innecesarios.
Seguimiento y Evaluación: Facilita el monitoreo de la evolución de la enfermedad y la
detección de recurrencias, asegurando decisiones terapéuticas oportunas.
Complementariedad con otras técnicas: La integración de la citología –método rápido
y mínimamente invasivo– con la histopatología permite reforzar el diagnóstico cuando el
análisis citológico resulta inconcluso (VetOncología, n.d.).

En la práctica clínica, la histopatología se utiliza para confirmar diagnósticos sospechosos


y orientar la estrategia terapéutica ya que un análisis oportuno del tejido extraído tras la
remoción quirúrgica de un tumor es determinante para evitar recurrencias y
complicaciones posteriores, lo que se traduce en una mejor calidad de vida para la
mascota (Laboratorio Veterinario Patvetec, 2024).

Caracterización de Neoplasias Caninas:


El estudio realizado en el Laboratorio de Histología y Patología Veterinaria de la
Universidad Peruana Cayetano Heredia (2003–2015) presenta un análisis detallado de las
neoplasias caninas diagnosticadas por histopatología. Este trabajo resalta la diversidad y
frecuencia de los tumores en caninos, identificando patrones en relación con la edad, la
raza y la localización anatómica. Además, enfatiza la importancia del diagnóstico
histopatológico para establecer un tratamiento adecuado y proporcionar información
prognóstica fundamental en el manejo de los pacientes oncológicos.

Diagnóstico de Micosis en Patología Veterinaria:


Otro estudio se centra en el diagnóstico histopatológico de micosis, evidenciando la
relevancia de esta técnica para identificar infecciones fúngicas en animales. Se detallan
las técnicas empleadas, incluidas tinciones especiales (por ejemplo, PAS o Gomori
methenamina plata), que permiten visualizar los elementos fúngicos en el tejido. Este
enfoque resulta vital para confirmar la presencia de micosis y guiar la elección del
tratamiento antifúngico más adecuado, destacando la utilidad de la histopatología ante
desafíos diagnósticos en infecciones profundas.

La histopatología es una herramienta esencial en la medicina veterinaria, ya que


proporciona un diagnóstico certero y detallado que fundamenta las decisiones
terapéuticas y pronósticas. Su aplicación abarca el análisis de tumores, procesos
inflamatorios, infecciones y, específicamente, el estudio de neoplasias, lo que evidencia
su papel determinante en el cuidado integral de los animales. La combinación de técnicas
(citología e histopatología) y la realización oportuna de estos estudios optimizan el
manejo clínico, mejoran la calidad de vida de los pacientes y fomentan avances en la
investigación veterinaria.

El procesamiento de pruebas histológicas, (Citopat Veterinaria, Bermejo, 2006; García


del Moral, 1993), se realiza a través de un protocolo sistemático que garantiza la
preservación, el procesamiento y el análisis de las muestras tisulares. El proceso consta
de los siguientes pasos:

1. Recogida de la muestra:
Se obtiene el tejido de interés mediante biopsia en animales vivos o mediante
muestreo post-mortem en necropsias. Es crucial que la muestra se recoja de
manera rápida y adecuada para preservar sus características originales.
2. Fijación:
La fijación consiste en inmersión inmediata de la muestra en un fijador,
comúnmente formaldehído al 4%, con el objetivo de detener la autolisis y la
putrefacción, conservar la arquitectura tisular y facilitar la posterior impregnación
de colorantes. La rapidez y el método de fijación dependerán del tamaño y tipo
del tejido.
3. Recepción y registro:
Una vez en el laboratorio, la muestra se registra con un número identificador, lo
que permite llevar un control y rastreo adecuados durante todo el proceso.
4. Descripción macroscópica y corte:
Se realiza una evaluación visual y descriptiva del tejido, anotando dimensiones,
características y posibles lesiones. Se seleccionan las zonas de interés y se corta
el tejido en fragmentos de no más de 3-5 mm de espesor para facilitar el
procesamiento posterior.
5. Deshidratación e inclusión:
La muestra se deshidrata mediante una serie de baños en alcohol de
concentraciones crecientes, eliminando el agua presente. Posteriormente, se aclara
con xileno (o un agente similar) y se infiltra en parafina líquida, lo que otorga
rigidez al tejido y permite su corte en secciones ultrafinas. Este proceso suele
realizarse en un procesador automático y tiene una duración aproximada de 12
horas.
6. Confección de bloques:
El tejido infiltrado en parafina se coloca en moldes para formar bloques sólidos.
Es fundamental orientar adecuadamente la muestra en el molde para garantizar
que los cortes posteriores sean representativos de la zona de interés.
7. Corte histológico – Microtomía:
Con el bloque listo, se realizan cortes muy finos (del orden de micras) utilizando
un microtomo. Estos cortes se colocan en un baño de flotación a una temperatura
controlada (35–45 °C) y se recogen sobre portaobjetos.
8. Tinción:
Los cortes deben ser teñidos para resaltar las estructuras celulares. Se inicia
eliminando la parafina (desparafinado) y rehidratando la muestra a través de una
serie de alcoholes de gradación decreciente. La tinción más habitual es con
Hematoxilina y Eosina (H&E), donde la hematoxilina tiñe los núcleos y la eosina
colorea el citoplasma, permitiendo una visión integral de la arquitectura tisular.
9. Montaje y observación:
Finalmente, tras la tinción, se deshidrata nuevamente el tejido, se aclara y se
monta utilizando un medio de montaje (resinas sintéticas) entre el portaobjetos y
un cubreobjetos. Este montaje garantiza la conservación y óptima visualización
del tejido al microscopio, permitiendo el diagnóstico final por parte del patólogo
PRUEBAS BACTERIOLÓGICAS
Complementarias en el diagnóstico y control de enfermedades de tipo infeccioso en
animales ya que permiten la identificación de los agentes patógenos, ver su sensibilidad
y resistencia o mantener un control de enfermedades posiblemente zoonóticas (Manual
de Veterinaria, 2015).
Recolección: El origen de la muestra generalmente es variado, ya que puede obtenerse
desde el mismo laboratorio a través de un cultivo o bien, puede extraerse directamente de
material clínico que proviene de áreas estériles (sangre, orina o líquido cefalorraquídeo)
o de áreas generalmente colonizadas (tractos y piel), (Stanchi, 2007).
La recolección puede ser por medio de jeringas, bisturí, almacenarse en placas de Petri o
el hisopado, este último se utiliza con frecuencia para recoger muestras de piel,
conjuntivas, fistulas, heridas o infecciones de tejido blando, sin embargo, no es
recomendable para analizar bacterias anaerobias, pero se acompaña con sistemas estériles
como el Culturette. Es importante tomar una muestra representativa y antes de iniciar
algún tratamiento antimicrobiano; si la muestra no es analizada al mismo tiempo es
importante tener en refrigeración a 5°C (Stanchi, 2007).
No se debe añadir conservadores debido a que estos pueden ocasionar alteraciones en la
muestra e incluso provocar la muerte de los microorganismos (Stanchi, 2007).
Método Simple:
se observa a las bacterias en una gota de agua destilada cubiertas por un portaobjetos, se
observa a 100x utilizando aceite de inmersión permitiendo que la lente del microscopio
tenga mayor acercamiento al sumergirse (Stanchi, 2007).
Tinciones: (López Jácome, et al. 2014).
1. Tinción de Gram: es una tinción diferencial pues utiliza dos colorantes y
clasifica a las bacterias en Gram negativas y Gram positivas basándose en las
características de su pared celular. Utiliza como colorante primario el cristal
violeta, se coloca lugol, alcohol-acetona y safranina para teñir a las que no
retienen el cristal violeta. Las bacterias Gram positivas se tiñen de un color
azul-morado mientras que las Gram Negativas se tiñen de rojo-rosa.
2. Tinción de Ziehl-Neelsen: utilizada para el diagnóstico de tuberculosis,
diferencia a las bacterias expuestas en las que son capaces de resistir la
decoloración con alcohol-ácido y las que no son resistentes. identifica bacilos
ácido-alcohol resistentes con sensibilidad de 74% y especifidad de 98%.
Cultivo Bacteriano:
Se utiliza para la formación de bacterias en una mezcla de componentes esenciales que
les permite a los patógenos llevar a cabo su proceso de propagación realizando su
metabolismo fuera de su hospedador, como componentes principales debe contener
carbono, nitrógeno, azufre, fósforo y sales inorgánicas además de requerir un pH óptimo,
vitaminas y pirimidinas (Casado González, et al. 2012).
Los medios de cultivo más comunes son: (Casado González, et al. 2012).
1. Agar Nutritivo: Utilizado para todo tipo de bacterias, facilita su identificación ya
que las hace crecer en su exterior.
2. Agar Sangre: Se emplea en el crecimiento de estreptococos.
3. Agar Chocolate: Principalmente se emplea en el aislamiento de Neisserias y
Haemophilus.
4. Agar MacConkey: Es útil para el aislamiento e identificación de enterobacterias.
Inhibe bacterias Gram positivas por contener cristal violeta y selectivo para
enterobacterias por su contenido en sales biliares. Contiene lactosa y rojo de
metilo que lo convierten en un medio diferencial.
5. Agar S.S.: Para aislar Salmonella spp. y de algunas especies de Shigella spp. a
partir de heces, alimentos y otros materiales donde se sospeche la presencia de
ellos.
6. Agar Mueller-Hinton: Se necesita para realizar pruebas de susceptibilidad
antimicrobiana en microorganismos aeróbicos por el método de Bauer-Kirby.
Interpretación de resultados: (Stanchi, 2007).
• Es de suma importancia contar con una historia clínica completa para comprender
los hallazgos encontrados en las pruebas, saber la región de la que fue tomada la
muestra es esencial para permitir una identificación precisa del patógeno.
o Sistema Respiratorio: se puede encontrar bacterias comunes como
Mycoplasma, Chlamydia, Bortedella Bronchyseptica, Erlichia,
Pasteruella, Streptococcus, E. coli, Staphylococcus, entre otras.
o Sistema Digestivo: la presencia de Helycobacter felis, Campylobacter
jejuni, Clostridium perfringens, Salmonella, o protozoarios es común de
detectar en este tipo de pruebas.
o Sistema Urinario: Escherichia coli, Pseudomonas, Enterobacter,
Streptococcus spp o Staphylococcus son bacterias que se deben tomar en
cuenta al momento de una detección por medio de las técnicas descritas.
o Tracto Genital: entre las más comunes de encontrar se encuentran Brucella
abortus, B. canis, Salmonella, Campylobacter, etc.
o Sistema Nervioso: a este nivel puede encontrarse agentes como Erlichia
canis y Rickettsia rickettsi.
o Sistema Circulatorio: Staphylococcus, Streptococcus, Klebsiella,
Pseudomonas, Enterobacter, Clostridium, entre otras pueden ser tomadas
en cuenta.
o Tejidos: Staphylococcus, Mycoplasma, Sporothrix, Actinomyces,
Sporocardia y Mycobacterium.
o Músculo esquelético y articulaciones: se debe pensar en la presencia de
Erlichias, Mycoplasmas, Streptococcus, Proteus o Pseudomonas.
o Región ótica: Staphylococcus, Proteus y Pseudomonas.

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