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El artículo investiga las experiencias de duelo de cinco mujeres víctimas del conflicto armado en Santa Marta, Colombia, analizando cómo la violencia ha moldeado sus procesos de duelo. A través de un enfoque cualitativo y etnográfico, se revela que las secuelas de la violencia afectan profundamente sus prácticas de duelo, las cuales varían según los hechos victimizantes vividos. Este estudio busca contribuir al entendimiento del impacto del conflicto armado en las dinámicas sociales y emocionales de las mujeres afectadas.

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El artículo investiga las experiencias de duelo de cinco mujeres víctimas del conflicto armado en Santa Marta, Colombia, analizando cómo la violencia ha moldeado sus procesos de duelo. A través de un enfoque cualitativo y etnográfico, se revela que las secuelas de la violencia afectan profundamente sus prácticas de duelo, las cuales varían según los hechos victimizantes vividos. Este estudio busca contribuir al entendimiento del impacto del conflicto armado en las dinámicas sociales y emocionales de las mujeres afectadas.

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Jangwa Pana Vol.

24 (1) | 2025 | e-ISSN 2389-7872


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Artículo de investigación científica

Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del


Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta,
Colombia 1
Living the pain: grief in women victims of the armed conflict in Barrio 11 de
Noviembre and the township of Bonda in Santa Marta, Colombia

Karen Martínez Ahumada y Breiner Echeverría Fonseca*

Para citar este artículo: Martínez, K., & Echeverría, B. (2025). Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del
Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, Colombia. Jangwa Pana, 24(1), 1-20.
[Link]

Recibido: 16/02/2024 | Aprobado: 31/07/2024 | Disponible en línea: 01/01/2025

RESUMEN
Una práctica esencial que fractura y moldea el conflicto armado interno son las experiencias de duelo, que afecta
directamente el cuerpo material y social de las víctimas. El objetivo de la investigación fue analizar cómo el conflicto
armado interno en Colombia moldeó las experiencias de duelo de 5 mujeres residentes del Barrio 11 de Noviembre y
el corregimiento de Bonda, Santa Marta/Magdalena ante la pérdida de un ser querido. Lo anterior, se desarrolló a través
de un enfoque cualitativo basado en el estudio etnográfico y relatos de vida, con el uso de técnicas como las
entrevistas a profundidad y trabajo de archivo o documental. Como resultados, encontramos que las experiencias de
duelo de las entrevistadas se vieron afectadas a causa de los flagelos de la violencia, generando secuelas que
experimentan en el presente. Por otro lado, las prácticas de duelo llevado por estas mujeres difieren y en gran medida,
se debe a los hechos victimizantes.

Palabras clave: duelo; víctimas del conflicto armado; mujeres; memorias.

ABSTRACT

An essential practice that fractures and shapes internal armed conflict are the experiences of mourning, which directly
affect the material and social bodies of the victims. The objective of the research was to analyze how the internal armed
conflict in Colombia molded the mourning experiences of five women residents of Barrio 11 de Noviembre and the
township Bonda, Santa Marta/Magdalena, in the face of the loss of a loved one. This was developed through a
qualitative approach based on ethnographic studies and life stories, using techniques such as in-depth interviews and
archival or documentary work. As results, we found that the mourning experiences of the interviewees were affected
by the scourges of violence, generating sequels that they experience in the present. On the other hand, the mourning
practices carried out by these women differ and, to a great extent, this is due to the victimizing events.

Keywords: mournin; victims of the armed conflict; women; memories.

1
Articulo basado en el proyecto de investigación «El emerger de voces en el silencio: memorias subterráneas en los casos del barrio
11 de Noviembre (Santa Marta) y las fincas Entra si Quieres (Fundación) y El Triunfo (Zona Bananera), Magdalena/Colombia»

* Universidad del Magdalena, Colombia | Correo: breinerecheverriajf@[Link] | ORCID: [Link] 1


Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, Colombia

INTRODUCCIÓN
El conflicto armado interno en Colombia es una problemática que se presenta desde hace
décadas, se ha caracterizado por ser uno de los más extensos de nuestro continente, en el que se
evidencian consecuencias irreparables para la población civil (Calderón, 2016; Trejos, 2013). Este
se cimienta en las disputas del siglo XIX y los primeros periodos del XX, en las que se encuentran
las guerras civiles, las confrontaciones por la tierra y la violencia bipartidista (Moreno et al., 2021).
Esta violencia política y una escasa presencia del Estado en los territorios, posibilitó la
conformación y consolidación de grupos armados guerrilleros, en los que se destacan las FARC-
EP, el ELN y el EPL; desarrollándose en el futuro un proyecto antisubversivo en complicidad con el
Estado, miembros de la fuerza pública y otros sectores con la finalidad de acabar con el accionar
de estos grupos, esto generó aún más víctimas (Niño, 2017).

Según afirmaciones del informe “¡Basta Ya!” del Centro Nacional de Memoria histórica (2013), en
Colombia el conflicto armado no posee una particularidad de violencia, dado que los diferentes
actores armados han empleado y fusionado todas las formas de terror, perpetrando crímenes de
lesa humanidad, siendo la población civil la principal afectada de esta guerra sin escrúpulos. Lo
anterior, se hace evidente en el informe de la Comisión de la Verdad, especialmente en su cuarto
tomo titulado: Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al
derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas (2022), en él se destaca que la
reincidencia de violaciones de los derechos a la población civil por parte de los grupos armados se
dio con base a unas dinámicas, motivaciones y lógicas criminales, siendo las principales causas
el dominio y control político, social y económico del territorio, la obtención de recursos para
aumentar sus capacidades de guerra y la aniquilación del adversario.

De la misma manera, este mismo tomo de la Comisión de la Verdad ofrece datos que dan a
conocer la recurrencia de la violencia de los grupos armados, por ejemplo, en hechos victimizantes
como el homicidio, los mayores responsables son los paramilitares con el 45%, seguido de las
guerrillas con un 27% y agentes del Estado el 12%; en el porcentaje de guerrillas el 21% pertenece
a las FARC-EP, el ELN con un 4% y otras con un 2%. En el caso específico de los paramilitares, su
accionar contrainsurgente también se dirigió a integrantes de partidos políticos de izquierda, así
como a movimientos y organizaciones campesinas, estudiantiles, sindicales, de mujeres y
defensores de derechos humanos, quienes fueron catalogados como enemigos del Estado y el
sistema económico dominante (Comisión de la Verdad, 2022).

Por otro lado, a pesar de los múltiples procesos que se han implementado por acabar este
conflicto armado interno 2, ninguna de estas ha funcionado con efectividad, más bien, se han
presentado nuevos procesos de violencia que dejan en impunidad los diversos hechos delictivos
perpetrados por los grupos armados o por el Estado mismo, que dejan a las personas víctimas en
estado de subordinación o a la deriva, sin soluciones prontas a sus problemas cotidianos
ocasionados por el conflicto armado.

2
En los procesos más significativos están las desmovilizaciones parciales del 2003 y 2007 de las más grandes unidades
paramilitares de las AUC, el Acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC-EP en 2016 y los Diálogos de Paz entre el Gobierno
Nacional y el ELN desde el 2017.

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Según las cifras del Registro Único de Víctimas (RUV) del 2024, las víctimas reconocidas en
Colombia están alrededor de los 9.737.008, en ese sentido, este trabajo se centra en datos de dos
hechos victimizantes, el primero los homicidios con 1.110.187, la desaparición forzada con
196.604 personas dadas por desaparecidas, cifras alarmantes que al pasar los días van en
aumento (Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, 2024). Si nos situamos en
el departamento del Magdalena territorio en el que se basa esta investigación, los datos del RUV
(2024) arrojan que las víctimas ascienden a 529.216, en el que se identifican 38.863 asesinatos y
7.360 personas desaparecidas, así mismo, en la ciudad de Santa Marta se estima que son 118.919
personas las víctimas, 9.489 personas asesinadas y 1.738 víctimas de desaparición forzada, con
respecto a mujeres víctimas del conflicto armado, en la ciudad de Santa Marta encontramos que
ascienden a 62.561 las mujeres afectadas (Unidad para la Atención y Reparación Integral a las
Víctimas, 2024).

Teniendo presente los datos anteriores, podemos denotar que el conflicto armado interno en
Colombia trae consigo el rompimiento en el tejido social de la población civil, en muchos casos
debilita sus creencias, capacidades de acción y de integración (Neimeyer, 2002; Villa & Insuasty,
2016). Por tal razón, una práctica esencial que se resquebraja y moldea durante el conflicto
armado son las experiencias de duelo, por lo general, las víctimas deben vivir hacinados y sin
ningún tipo de intimidad familiar o individual, dificultando el desarrollo de este y la asimilación de
los hechos de violencia, llevando consigo el peso de sus seres queridos, de su territorio y de sus
identidades enajenadas (Guerrero, 2011; Luna, 2020; Vélez et al., 2020).

Siguiendo a Peláez (2007) la muerte y sus consecuencias envuelven prácticas culturales


relacionadas a las experiencias del duelo, mientras que ésta tenga una significación por la
representación de los hechos vividos. El conflicto armado reconfigura esas experiencias,
ocasionando un duelo negativamente elaborado que afecta directamente el cuerpo físico y social
de las víctimas. Es decir, los procesos de duelo presentan mayor dificultad cuando la perdida, en
este caso de un ser querido, se da por circunstancias inesperadas y violentas, en las que no se
tiene ningún contacto o conocimiento del cuerpo, la razón de la muerte, o cuando este ha sido
mutilado (Flórez, 2002). Por ende, para los casos de desaparición forzada prevalece lo que Boss
(2001) y Cabodevilla (2007) mencionan como un duelo ambiguo, este genera más ansiedad, debido
a que se mantiene sin aclarar, en estos casos, la víctima percibe la ausencia física de su ser
querido, pero aún sigue presente psicológicamente, puesto que, no hay seguridad de su vida o
muerte debido a la falta del cuerpo.

Estas circunstancias inesperadas y violentas son llamadas por Díaz et al. (2022) como disruptivas
debido a las irrupciones de las cotidianidades de vida de las personas, donde se vio amenazado su
bienestar y las lógicas relacionadas sobre la vida y la muerte. De algún modo, lo anterior genera en
la mayoría de los casos traumas como respuesta emocional intensa y prolongada debido a los
eventos vividos, en el contexto del conflicto armado, el trauma está estrechamente relacionado a
los hechos victimizantes, ya que dejan cicatrices físicas y psicológicas en las víctimas, estas
ocasionan el truncamiento del progreso de las prácticas del duelo (Corredor, 2002; Neimeyer,
2002). Estos hechos violentos se reviven con intensidad e involuntariamente y se expresan en
sueños terroríficos, recuerdos angustiosos, y sus detonantes se asocian a estímulos como ruidos

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Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, Colombia

imprevistos, fotografías o conversaciones relacionadas con los acontecimientos (Echeburúa et al.,


2005).

En ese orden de ideas, el objetivo de este trabajo investigativo fue analizar cómo el conflicto
armado interno en Colombia moldeó las experiencias de duelo de 5 mujeres residentes del Barrio
11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda, Santa Marta/Magdalena ante la pérdida de un ser
querido. En este trabajo, se busca en primera instancia describir el contexto social de estas
poblaciones y los hechos violentos vividos por estas mujeres, así mismo, identificaremos
estrategias de resistencia y significados frente al duelo por la pérdida de sus seres queridos.

Con este trabajo se pretende contribuir a las diferentes investigaciones que se han desarrollado
en torno a la violencia armada y sus afectaciones en la población civil en el territorio del
Magdalena; si bien se han dado estudios referido al tema del duelo en víctimas del conflicto
armado, aún existe la necesidad de continuar con esta tarea desde y con las víctimas. Este trabajo
es significativo para otros estudios por su enfoque en el género, las narrativas personales, el
impacto del conflicto en las prácticas de duelo y las estrategias de resistencia y afrontamiento
utilizadas por las participantes, esto permitirá dar cuenta del impacto y las lógicas del conflicto
armado en los territorios de estudio.

Marco conceptual

El duelo es una categoría que se utiliza en diversas disciplinas para examinar y comprender las
respuestas individuales y colectivas ante una pérdida (Becerra & Saldaña, 2012). En ese sentido,
no solo abarca la experiencia emocional de quienes enfrentan la pérdida de un ser querido, sino
también la exploración de los procesos sociales, culturales y psicológicos que rodean este
fenómeno (Oviedo et al., 2009).

Para Sigmund Freud (1917) el duelo es una reacción a la pérdida de un ser querido o algo parecido,
que causa alteraciones en la conducta, generando un doloroso estado de ánimo relacionado a la
falta de interés por el mundo exterior. Por su parte, Flórez (2002) expresa que el duelo es un
proceso doloroso e imprevisto como respuesta al fallecimiento de un ser querido o de una perdida
de gran significación, acordes a expresiones mentales y comportamientos asociados con la
perdida afectiva.

El duelo también se describe como una adaptación posterior a las pérdidas físicas o simbólicas,
además comprende las consecuencias directas de estos daños y las conductas que se ejercen
para manejarlas (Corredor, 2002). En un sentido más amplio podemos entender la categoría de
duelo como el proceso reconstructivo y reinterpretativo de los significados con relación a las
experiencias de perjuicios que permiten, en este caso a las víctimas del conflicto armado, darle un
orden y seguimiento a su cotidianidad, por ende, se configura como un sendero en el que debe
reconstruir su identidad y su mundo circundante (Botella et al., 1997).

La categoría «víctimas del conflicto armado» que se enmarca en esta investigación esta
intrínsecamente relacionada a los procesos de duelo, como se ha mencionado, las personas
afectadas por la violencia experimentan pérdidas significativas que desencadenan un sinnúmero

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de consecuencias negativas (Mendoza et al., 2919). Por ende, la noción de víctima en muchos
casos posee una significación de personas pasivas, necesitadas de protección o cargadas de
cierto negativismo (Fuente & Atehortúa, 2016; Hartog, 2012). Según el glosario de la Comisión de
la Verdad de Colombia (2022), la categoría de víctima se refiere a una persona con perjuicio directo
o indirecto, físico o moral por el conflicto armado interno, además, se debe tener presente el
reconocimiento diferencial de los hechos vividos que han experimentado las personas en
concordancia a sus mayores afectaciones.

Por otra parte, López y Guerrero (2018) manifiestan que, desde las perspectivas jurídicas, la
categoría de víctima ha sido expresada como personas que directamente “han sido afectadas
material, física o psicológicamente por violaciones de derechos, situación extensible a familiares
o a personas a cargo de la víctima directa” (p. 174). Así, en la Ley de Víctimas y Restitución de
Tierras se basa en que, las víctimas del conflicto armado en Colombia son personas o grupos con
consecuencias dañinas por hechos sucedidos desde el 1 de enero de 1985, como resultado de
violaciones al Derecho Internacional Humanitario o de graves y evidentes transgresiones a las
normas internacionales de Derechos Humanos (Ley 1448, 2011). La noción de víctima en este
marco legal se aprecia como una representación homogeneizadora donde se igualan a las
personas, ignorando particularidades asociadas al sexo, género, edad, grupo étnico, entre otros
(Fuente & Atehortúa, 2016).

Muchas de esas particularidades se hacen visibles en las vivencias de las mujeres víctimas del
conflicto armado, por ende, no se debe ignorar que han sufrido heridas profundas en sus cuerpos
físicos y sociales; y han enfrentado la brutalidad de la violencia sexual y de género, utilizada
frecuentemente como arma de guerra para deshumanizarlas y desestabilizar sus comunidades
(Albarracín & Contreras, 2017). En suma, estas consecuencias invisibilizan y destruyen las
experiencias de duelo de las mujeres víctimas, puesto que, se están inmersas en amenazas de
represalias e intimidación y exclusión social, pero en muchos casos han afrontado todos estos
inconvenientes y reconstruido sus vidas y la de sus familias pese a la inseguridad o pobreza. Como
se evidencia, ante las diversas dificultades descritas, surgen las mujeres víctimas, ya no desde el
estereotipo de pasivas o desamparadas, puesto que pasan a auto reconocerse como sujetos
políticos, con la finalidad de visibilizar sus luchas ante la impunidad que deja los flagelos de la
violencia armada (Delgado, 2015).

De esta manera, su identificación como sujetos políticos está ligado a la noción de la memoria,
partiendo de ésta posibilitan los procesos de reconstrucción no oficiales de memorias, con el
objetivo de resignificar el dolor y el silencio y en muchas ocasiones llevar sus disputas de la
memoria a la esfera de lo público, partiendo desde diversas estrategias que las distancian de las
concepciones de personas pasivas (Carrizosa, 2011). La memoria en estos casos permite que el
pasado obtenga una parte en el presente y logre continuamente resignificarse (Jelin, 2012; López
& Vélez, 2019). Este agenciamiento permite a las víctimas del conflicto armado transformar sus
circunstancias adversas para intentar restaurar sus dignidades y cotidianidades (Grupo de
Memoria Histórica, 2009).

Siguiendo a Elizabeth Jelin (2012) las memorias (en plural) implican el involucrarse a recuerdos y

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olvidos, narraciones y hechos, silencios y actitudes, por ende, están en articulación saberes,
vacíos y emociones cargadas de zozobra o tristeza cuando se enmarcan en hechos de violencia.
En este trabajo encontramos memorias que se encontraban en silencio, que no habían sido
escuchadas o lo suficientemente escuchadas debido a que sus portadores se encuentran en
zonas de alta conflictividad armada (Castellanos, 2016; Cancimance, 2011), que poseen
relevancia para el análisis propuesto de las afectaciones del conflicto armado a las prácticas de
duelo.

MÉTODOS Y TÉCNICAS
La presente investigación se basó en testimonios de algunos habitantes y los relatos de vida de 5
mujeres de edades entre 40 y 75 años, tres de estas asumen la jefatura del hogar, residentes del
Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, las cuales padecieron a causa
del conflicto armado interno el asesinato de un ser querido desde diferentes hechos victimizantes,
siendo uno de estos desaparición forzada y cuatro homicidios. La selección de las participantes
se dio a través de un muestreo no probabilístico por conveniencia, que fomenta los encuentros de
manera continua y cocreativa del estudio (Hernández, 2021) debido a la proximidad y
reconocimiento que se tiene con estas mujeres.

Esta investigación, apoyada desde un enfoque cualitativo y basada en el método etnográfico,


entendido por Guber (2011) como un proceso de inmersión del investigador en la vida cotidiana de
los sujetos estudiados para captar y comprender sus significados, prácticas y formas de vida
desde dentro, fundamentado en el trabajo de campo. Por ende, el uso de los relatos de vida
significó, en este trabajo, una parte importante, ya que, mediante estos pudimos comprender las
realidades y el entorno de las personas que intervienen en los relatos. (Bertaux, 1989; Couez, 1999;
Márquez & Sharim, 1999; Cornejo et al. 2008).

Las técnicas usadas fueron inicialmente la entrevista a profundidad, ésta cómo una forma especial
de encuentro dialógico, donde se recolectó de manera minuciosa información relevante, que
permitió guiar este trabajo (Fideli & Marradi, 1996, citado en Piovani, 2007). El trabajo de archivo o
documental se configuró como elemento clave para la contextualización de la descripción de las
poblaciones donde se encuentran nuestras interlocutoras, del mismo modo, el diario de campo
permitió plasmar elementos importantes que se desarrollaron en el trascurso de los diferentes
encuentros (Perafán & Martínez, 2019).

DECLARACIÓN DE ASPECTOS ÉTICOS

Para este trabajo investigativo se tuvo en cuenta el consentimiento informado de las entrevistadas,
partiendo de que este se basa en el pleno respeto a la dignidad, derechos y libertades de los
sujetos (Berro, 2013; Sánchez & Aracil, 2023). Además, se acató la protección de la identidad de
las 5 mujeres y los demás entrevistados, debido a que, manifestaron estar en zonas de alta
conflictividad armada, se acordó mantener en el anonimato sus nombres, por eso las entrevistas
se enumerarán para su diferenciación. Así mismo, se les comunicó que la información recolectada
era para uso académico y científico. En suma, esta investigación no violó la seguridad y bienestar

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de los participantes.

RESULTADOS

Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda. Acercamiento a los hechos


victimizantes

Las poblaciones del Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda (Figura 1), se encuentran
en la ciudad de Santa Marta, capital del departamento del Magdalena, esta limita al norte y oeste
con el mar caribe, por el este con el departamento de la Guajira y por el sur con los municipios de
Aracataca y Ciénaga (Alcaldía Distrital de Santa Marta, 2023). Al ser las poblaciones de estudio
territorios con una ubicación estratégica en términos sociales, económicos y políticos, puesto que
se encuentran en el corredor de la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM) y se ubican en la periferia
de la ciudad; esto facilita a los grupos armados el ingreso y dominio de estas zonas, donde se
generan confrontaciones entre distintos grupos armados, como guerrilleros, paramilitares,
narcotraficantes y otros actores por el control del territorio (Fundación Ideas para la Paz, 2011). Lo
anterior, ha provocado un sinnúmero de personas asesinadas, desaparecidas, desplazadas o
reclutadas en los lugares de estudio.

Fig. 1. Ubicación del Barrio 11 de Noviembre y el Corregimiento de Bonda.

Fuente: elaborado por los autores.

El Barrio 11 de Noviembre está situado entre los barrios Nueva Colombia y el 20 de Octubre,
limitando con la urbanización Villa Toledo y los barrios El Yucal, Monte Rey, Cantilito, Garagoa y

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Nueva Mansión; ubicado en la comuna 6 de la localidad 1 (Cultural Tayrona – San Pedro


Alejandrino), y está situado en la parte nororiente a un lado de la carretera Troncal del Caribe en la
ciudad. Fue fundado en 1979, inicialmente, según algunos de sus moradores era «solo monte»,
después paso a convertirse en una invasión que con el tiempo se organizó para luego llamarse el
«Barrio 11 de Noviembre», fecha en la que se conmemora la fundación de éste con actividades
religiosas, deportivas y culturales.

Ahora bien, el Barrio 11 de Noviembre presenta muchas problemáticas, en las que se incluyen el
nivel de pobreza que conlleva a desigualdades socioeconómicas y el contexto de violencia armada
que existe en el sector. Por un lado, esta población, según un reporte del DANE (2022), está entre
las zonas con mayor desempleo en la ciudad de Santa Marta, situaciones de desbalance social
donde hace años se evidenciaba un estado de abandono, dado que, hasta el año 2023, se realizó
la obra del Anillo Vial que atraviesa todo el barrio. Además, no cuenta con un buen sistema de salud
y menos un puesto de inspección policial a diferencia de otros barrios de la ciudad. Por
consiguiente, según algunos residentes es uno de los barrios denominado «zona roja de la ciudad»
por la presencia de actores armados que implementan la violencia para causar temor en la
población. En consecuencia, según la explicación de varios moradores, a raíz de estas
problemáticas, en este lugar se han sufrido los severos efectos del conflicto armado como
asesinatos, masacres, desapariciones y desplazamientos.

En suma, todos esos contextos de violencia armada que afectan a la población, igualmente,
provocan cambios bruscos en algunas de las prácticas y tradiciones tanto culturales como
religiosas y deportivas que anteriormente acostumbraban a realizar sus habitantes. Según algunos
testimonios, por un tiempo dejó de llevarse a cabo la celebración del cumpleaños del barrio por la
ola de asesinatos que se presentaban en esta festividad, en la que conmemoraban a el Santo San
Martín de Loba, patrono del lugar. Consecuentemente, una de las prácticas que se ha visto
afectada en esta población ha sido el duelo, si bien la pena es un proceso propio de cada persona,
es de relevancia en la perspectiva social.

Antes bien, entre un ambiente de guerra y de dolor se percibe una sensación de temor y el sobrevivir
es el pensamiento que alienta a el corazón. La cotidianidad de 3 mujeres en el Barrio 11 de
Noviembre, se volvió un constante sobrevivir a hechos que afectaron sus interacciones sociales.
Así lo expresó una de las mujeres entrevistadas al inicio de la charla:

A mi padre lo mataron delante de mi mamá y de mí hace 29 años, yo tenía 15 años cuando


eso ocurrió, ese día me alistaba para irme al colegio y quise tomarme un café, pero al
acercarme a mis padres que estaban en la terraza de la casa, llego un hombre que,
metiéndose en medio de los dos, le disparó a mi padre hasta matarlo; según algunos
vecinos, la muerte vino por vender parte del patio de nuestra casa, desde ese día nos
cambió la vida. La mayoría del tiempo vivo con temor de que nos suceda algo a mi o mi
familia… (Entrevista 1, comunicación personal, 10 de septiembre, 2023)

Como se mencionó anteriormente, todos esos contextos de violencia experimentados en el Barrio


11 de Noviembre logran un ambiente de intranquilidad e inseguridad que provocan cambios en
muchas de las cotidianidades de sus habitantes que conllevan a un nivel de dependencia de estos

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grupos ilegales que crean supuestos de seguridad para salvaguardar la vida de los residentes, pero
con el objetivo de controlar el barrio; como es el caso de la siguiente mujer, quien nos explicó lo
ocurrido desde el homicidio de su hermano:

La muerte de mi hermano fue algo inesperado, aunque tuvimos el consuelo de hacerle su


ceremonia y sepultarlo debido a que no se presentó ninguno de los hijos, porque lo contrario
no hubiésemos podido enterrarlo muy bien, pero el vivir acá en el Once trae consecuencias
porque al mes de muerto me iban a matar a mí, pues, me llamaron para decirme que me
quitara el luto y que hiciera como si nada hubiese pasado. La impotencia que más me da es
ver a la persona que lo mató y no poder hacer nada por temor a represalias. (Entrevista 2,
comunicación personal, 7 de octubre, 2023).

Así, se ve en la cita nombrada, como los actores armados buscan beneficios para ejercer su poder
sobre una víctima que se somete a lo que estos dispongan al acatar sus órdenes y no seguir con su
duelo según su tradición. Por otra parte, la desaparición forzada de personas es otra de las
estrategias que los grupos armados utilizan para controlar un territorio, evidenciándose esta
práctica con mayor incidencia en zonas periféricas. Por consecuencia, ante la desaparición
forzada de personas se viven muchas escenas de dolor y desconsuelo cuando no se sabe del
paradero de ese ser querido, como bien lo explica la siguiente entrevistada:

Mi hijo hace como 19 años que desapareció y aun no sé nada de él. Por estar sin un trabajo,
tomo la mala decisión de querer hacer parte del grupo que en aquel entonces mandaba en
el barrio, me dijo que se iba a meter a paraco y le dije que no lo hiciera, pero no me escucho,
se dejó convencer de uno de esos hombres que solo buscaban llevarse a los pelaos de aquí
diciéndoles que iban a ganar plata, pero se fue y nunca más volvió, no ha aparecido ni vivo
ni muerto (Entrevista 3, comunicación personal, 10 de noviembre, 2023).

En ese marco, todo lo anterior da cuenta de las dinámicas de poder que los grupos armados
utilizan en el Barrio 11 de Noviembre para controlar este territorio y a sus habitantes e imponer sus
reglas; puesto que, usan el poder para subyugar a esta población y crear situaciones de
dependencia para asegurar el dominio y vigilancia del lugar, en el que desarrollan tácticas de
persuasión para que estos se sometan involuntariamente.

Por su parte, el corregimiento de Bonda se ubica al noreste de la ciudad de Santa Marta, su


territorio limita al norte con el río Manzanares y el cerro Bijo, al sur con cerro de La Cruz, cerro de
la Orquesta y Masinga, limita al este con la Piedra del Cuaco y con Bahía Concha al noroeste
(Martínez & Martínez, 1986). Este sector hace parte de las zonas rurales y se ubica cerca de las
localidades de Masinga y la Macla con dirección de la carretera Troncal del Caribe. El
corregimiento de Bonda por su ubicación geográfica y ecológica ha generado diversos proyectos
turísticos de gran impacto, pero estas mismas riquezas trajo consigo asentamientos de diferentes
grupos armados. Por ende, la violencia armada es una de las problemáticas que desde hace
décadas azota al territorio, se reportan masacres, asesinatos, desplazamientos y desapariciones
forzadas.

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Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, Colombia

En la actualidad aún se siguen presentando enfrentamientos por parte de grupos paramilitares de


las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) y las Autodefensas Gaitanistas de
Colombia (AGC) por el control del territorio y el narcotráfico. De la misma manera, se reconoce
que han seguido implementando impuestos o “vacunas” a los moradores con la falsa idea de
seguridad.

Otro tema que perturba son los asesinatos de líderes y lideresas sociales ubicados en las zonas
rurales del corregimiento de Bonda, los casos más recientes son los de Maritza Quiroz, lideresa de
las mujeres afrocolombianas víctimas del desplazamiento forzado, quien integró la Mesa de
Víctimas de la ciudad de Santa Marta, donde luchaba por los procesos de restitución de tierras y
los derechos fundamentales de las víctimas del conflicto armado (La Paz en el Terreno, 2019). Otro
líder social asesinado fue Alejandro Llinás, este era reconocido por su activismo ambiental en la
Sierra Nevada de Santa Marta y por ser el miembro fundador de la Junta de Acción Comunal de
Calabazo Parte Alta, en vida denunció las irregularidades que se vivián en el territorio por la
presencia activa de grupos paramilitares (Chicacausa, 2022).

En ese sentido, la mayoría de los habitantes de Bonda viven en zozobra y miedo a causa de este
conflicto armado, más aún si en tiempos pasados sufrieron el horror de la violencia, cómo es el
caso de nuestras entrevistadas, quienes perdieron a sus seres queridos y temen que esto
nuevamente suceda e irrumpa de manera brusca y dolorosa en sus vidas:

Uno escucha las noticias de que esa gente está por allá arriba, un bando le echa la culpa al
otro de las matanzas y así, y uno con miedo de que otra vez uno tenga que pasar lo mismo
que antes, le pido a Dios que a mis hijos los cuide que no les pase nada, perder otra vez a
un familiar eso sería duro para mí (Entrevista 4, comunicación personal, 10 de septiembre,
2022).

Las secuelas que deja el conflicto armado interno son imborrables para muchas mujeres y más si
trata de vivir el asesinato de manera violenta de un familiar, ya sea hijo, padre, esposo u otro. Es el
caso de nuestras interlocutoras del corregimiento de Bonda que, debido a los asesinatos de
miembros de sus familias, específicamente esposo y padre, han tenido que desplazarse de
manera forzada a lugares desconocidos:

A mi marido lo mataron los paracos, por eso a nosotros nos tocó irnos de donde estábamos,
las tierritas que teníamos, porque nos dijeron que también nos iban a matar y si hablábamos
de lo que paso, como al marido mío también nos iba a pasar lo mismo, me desplacé con
mis hijos y sin saber pa’ donde irnos, después de eso yo me tuve que hacer cargo de mis
hijos, los mayores dejaron de estudiar pa’ ayudarme, pero así la situación se nos empeoró
feo (Entrevista 4, comunicación personal, 11 de septiembre, 2022).

Los paramilitares asesinaron a mi papá cuando yo tenía 14 años, nos tocó irnos de la casa,
él era el que nos mantenía, pasamos mucho trabajo después de eso, no teníamos que
comer, nosotros nos comíamos hasta el arroz sin manteca, a veces cenábamos un pan con
agua de panela, de ahí empezó el sufrimiento para todos sin mi papá, nos tocó echar pa’
lante con la ayuda de Dios (Entrevista 5, comunicación personal, 13 de 0ctubre, 2022).

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Estas dos mujeres tienen en particular el homicidio por parte de grupos paramilitares del cabeza
del hogar, quien suplía las necesidades básicas de sus familias, lo que generó el cambio de roles,
en consecuencia, otros integrantes asumieron las funciones de soporte económico y protección.
El asesinato del esposo o el padre significó la perdida de sus tierras, sus casas. Desde diversas
formas, vivieron en común el desplazamiento forzado, estos hechos no permitieron que el dolor
tuviera tiempo de manifestarse en los rituales fúnebres, por lo que se pospuso continuamente, y
en muchos casos se confundió con el duelo del desplazamiento:

Cuando a uno le pasa eso, no le da tiempo de pensar tanto en el muerto, yo, por ejemplo,
pensaba era en el cajón y en donde lo iba enterrar, de donde uno iba a sacar plata porque
pa’ eso se necesita plata, y se debía enterrar enseguida, porque a él lo sacaron de la casa y
lo encontramos dos días después ya estaba hinchado y con la cara desfigurada por los tiros,
ese mismo día lo enterramos, no nos dejaron abrir el cajón tampoco. Ya después a la
semana, menos de la semana me tocó empezar a trabajar de lo que sea, pa’ poder buscar
la comida para mis pelaos, porque a mí no me daba casi hambre, yo no comía casi
(Entrevista 4, comunicación personal, 11 de septiembre, 2022).

Yo no pude darle el último adiós a mi papá porque me tocó ir por lo poquito que teníamos
ese mismo día a la casa de donde nos sacaron, eso es algo que siempre voy a lamentar
porque no lo pude ver por última vez, cuando yo llegué donde lo estaban velando ya lo
habían enterrado, después lo veía en las noches cómo si me estuviera reclamando porque
no fui a verlo (Entrevista 5, comunicación personal, 14 de octubre, 2022).

Los sentimientos de incertidumbre y zozobra por la pérdida inesperada se exteriorizaron de


diversas formas, son visibles los insomnios, falta de apetito, caída del cabello, alucinaciones,
entre otras afectaciones. Por tal motivo, reafirmamos que el conflicto armado interno llevó a estas
mujeres a un duelo negativamente elaborado, debiéndose primordialmente a las consecuencias
de los hechos victimizantes sufridos, en las que se incluye, la deformación y desaparición de los
cuerpos de los sujetos, la inocencia de las víctimas o las urgencias que surgieron en el momento
para no perderlo todo.

Estrategias, resistencia y significados frente al duelo: viviendo el dolor

Ahora bien, teniendo en cuenta las situaciones antes descritas, podemos notar como estos dos
territorios, el Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda han sufrido las penurias de una
guerra armada que ha conllevado a que las personas cambien sus cotidianidades, transformando
muchas de sus prácticas como el duelo por temor a represalias o por las consecuencias que sufrió
el cuerpo de los fallecidos.

A pesar del dolor y la incertidumbre, deben continuar con sus cotidianidades, acostumbrarse a la
ausencia del esposo, el padre, el hijo o el hermano. Durante esa odisea deben reinventarse formas
que desde sus perspectivas y prácticas se conecten con el fallecido; estas se configuran como
estrategias y resistencias cargadas de significados que permiten intentar sobrellevar la perdida.
Fotografías, prendas de vestir, una vela encendida por los días de nacimiento y muerte o
desaparición del ser querido, acercamientos a Dios a través de oraciones, misas y rosarios, los

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Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, Colombia

silencios y el agenciamiento político, son importantes para nuestras interlocutoras pues, les
permiten darles un significado a sus experiencias.

Cada historia está llena de vivencias tanto sorprendentes como horribles, sobre todo, porque
detrás de cada palabra hay mucho más que decir. No obstante, lo relevante es que, en la vida
cotidiana de cada una de las personas que nos contaron sus experiencias, los silencios
presidieron; silencios que, en escenarios de violencia armada, pasan a convertirse en formas de
resistir, de habitar cada lugar, pero de manera distinta por cada uno de los residentes del lugar,
aunque, en ocasiones estos se traspasan y se integran para empezar a comprender el grado de
relevancia que tienen ante una sociedad que muchas veces los ignora.

Es decir, pese a la desdicha, el dolor y los sucesos que han vulnerado la vida de muchos, las
personas que siguen viviendo en el lugar que, por uno u otro motivo, no han salido de los territorios,
buscan las maneras de habitar en el contexto de violencia que se les ha impuesto, dado que,
significan y resignifican su lugar de convivencia para cohabitar con el grupo armado que opere en
el momento, logrando así una resistencia al dolor que les provoca el ambiente de horror que les
rodea.

El silencio se vuelve una forma de defensa cuando el dolor supera todas las palabras, los grupos
humanos, inmersos en el conflicto armado, encuentran la manera de manejar y sobrellevar el
miedo en contextos extremos, como la guerra; dado que estos introducen medidas nuevas para
transmitir información importante, necesarias para proteger la vida. Así, estas mujeres han
encontrado formas de sobrevivir y continuar ante los cambios forzados:

La muerte de mi padre significo dejar los estudios y ponerme a trabajar desde los 15 años,
ya que desde ese día mi mamá no fue la misma, también, estaba mi hermana pequeña. El
que mi papá ya no estuviera trajo consecuencias, no poder hacerle un velorio digno de él
por temor a que nos hicieran algo, tres mujeres solas en una casa, vivíamos con temor, no
confiábamos en nadie. Aun así, decidí terminar mis estudios y seguir adelante, soportando
en silencio todo lo que paso con mi papá. (Entrevista 1, comunicación personal, 25 de
septiembre, 2023)

Además, vivir cada día esperando que aparezca esa persona que se fue y nunca más volvió, es otra
forma de resistir a la ausencia de ese ser querido que ya no está. En ese sentido, lo experimentado
por una de las mujeres a raíz de la desaparición de su hijo a forjado una vivencia de dolor constante,
característico del duelo ambiguo, estar cada día con la incertidumbre de no saber qué le ocurrió,
de si está vivo o muerto, desconocer su paradero, el no poder cerrar ese ciclo.

Desde que mi hijo desapareció vivo sumida en un dolor, a veces no se si llorarlo o esperar a
que algún día regrese, todo esto para mi ha significado una carga grande, el no saber si lo
mataron o si sigue con vida, el no poder hacerle una ceremonia, una misa, es muy doloroso
(Entrevista 3, comunicación personal, 20 de noviembre, 2023).

En ese sentido, aunque en el contexto del conflicto armado interno se presentan escenarios de
temor, entre otros, también surgen los rechazos a esta guerra, el deseo de salir adelante a pesar

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de las circunstancias de algunos de sus habitantes se puede ver como oposiciones, fortalezas en
medio del conflicto, puesto que, la violencia armada no solo trae consigo contextos de dolor, sino
que, también, crea resistencias, como bien lo señalan estas mujeres que han luchado por
permanecer en sus casas y en el sector:

El hecho que hayan matado a mi hermano y el vivir en este barrio ha significado para mí no
poderle guardar el luto por su muerte, el tener que aparentar que no ha significado nada por
temor a que nos hagan algo a mi familia o a mí, pero sigo aquí, cada día lo recuerdo como si
fuera ayer, ahí tengo una foto de él en mi cuarto, aunque a escondidas, le prendo una vela
por cada aniversario de su partida (Entrevista 2, comunicación personal, 18 de octubre,
2023).

Así mismo, en los momentos difíciles de sobrellevar algunas de nuestras entrevistadas


manifestaron alejarse de la espiritualidad religiosa, motivado por «la ausencia de Dios al permitir
que la violencia llegara a sus vidas», cuando esto sucede los sentimientos de ira y desolación
desbordan a la persona quien decide dejar prácticas como la oración o las visitas periódicas a la
iglesia, es decir, se ruptura los significados que permiten orientar la comprensión de las
circunstancias. De algún modo, el reencontrarse con su antigua fe generó en ellas sentimientos de
paz y alivio, porque «solo la palabra de Dios produce tranquilidad»:

Dejé de ir a la iglesia, me sentía rabiosa con Dios, yo siempre oraba, iba a la iglesia los
domingos, pero mataron a mi esposo y dejé de ir, porque me pasaba a mí eso si yo no fui
mala persona, Dios me dejó sola con mis hijos, pero bueno, uno va entendiendo que son
cosas de la vida. Ya voy seguido a la iglesia y oro, me siento más tranquila cuando estoy allá
(Entrevista 4, comunicación personal, 12 de septiembre, 2022).

Dios nos da la esperanza de que nuestros familiares vuelvan a vivir en un futuro, yo espero
algún día volver a ver a mi papá, no pierdo la fe, yo no me olvido de él, siempre le prendo una
velita el día de su cumpleaños o a veces cuando sueño con él (Entrevista 5, comunicación
personal, 16 de octubre, 2022).

Estas mujeres afirmaron que les sirvió de apoyo emocional el percibir el consuelo de un ser
todopoderoso en el que arrojaron sus cargas, esperando que les ofrezca la oportunidad de la
resurrección y la vida eterna para sus seres queridos, generando sentimientos de consuelo y
tranquilidad. La religión y la fe posibilitó en estas mujeres edificar percepciones que les
permitieran afrontar la pérdida del ser querido, dándole un sentido a lo vivido, sin importar lo
doloroso que resulte.

El agenciamiento político también permite a las víctimas del conflicto armado interno generar
estrategias que les permitan tramitar su dolor a través del trabajo directo con organizaciones,
como las comunidades de duelo que, según Bedoya, et al. (2023), son grupos significativos de
encuentros y charlas comunitarias en las que las víctimas logran sobrellevar su dolor y comparten
las experiencias vividas del conflicto armado con otras personas que han estado en situaciones
iguales o similares, como es el caso de la siguiente entrevistada:

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Tengo, aproximadamente, un año en el Comité Barrial Samario en Bonda, hemos ido a


bastantes veredas ayudando a la gente en lo que podamos, me he encontrado con gente
que también es víctima del conflicto y darles una mano a ellos me da un motivo para seguir
ayudando a más gente, porque sabe lo que es pasar necesidades y no tener nada (Entrevista
4, comunicación personal, 12 de septiembre, 2022).

Lo anterior, le permitió a esta mujer generar lazos sociales que se fracturaron durante sus
experiencias con la violencia armada. En ese sentido, el vivir en carne propia los flagelos del
conflicto armado interno les permite por medio de comunidades de duelo, posicionarse
empáticamente a partir del dolor de los demás en el que comparten sus propias experiencias.

DISCUSIÓN
En vista de los resultados planteados, se ha evidenciado, como el conflicto armado moldeó y
generó diferentes formas de duelo en estas 5 mujeres, como el vivido por la entrevistada 1 ante la
equivocación del asesinato de su ser querido, o la 2, que fue irrumpido e imposibilitado por medio
de amenazas al cohabitar con los victimarios. Por otro lado, la 3, presenta un duelo ambiguo por
la desaparición de su hijo al desconocer su paradero; las 4 y 5, presentaron afectaciones físicas
como psicológicas por falta de apetito y pesadillas asociadas al no poder ver a sus seres queridos
por última vez. No obstante, estas mujeres, a la hora de tramitar su dolor, crearon estrategias para
resistir ante la pérdida de un ser querido, por ejemplo, una vela encendida por la muerte o
desaparición del familiar, continuar con sus proyectos de vida, el acercamiento religioso y el
agenciamiento político que les permiten ayudar a otras personas que padecieron circunstancias
similares en contextos de guerra.

Siguiendo a Bedoya, et al. (2023), al ser un duelo traumático causado por el conflicto armado, es
importante considerar la experiencia y el vínculo con la persona asesinada o desparecida, por lo
que puede tener un impacto significativo en los proyectos de vida de los sobrevivientes, generando
preocupación y dudas sobre el futuro y de cómo sobrevivir ante los hechos vividos. En ese sentido,
notamos cómo el conflicto armado genera temor en las poblaciones mediante el control del
territorio y de prácticas culturales y religiosas, como el duelo, imposibilitado en todos los casos,
ya que no permitió que ninguna de estas mujeres llevara a cabo el proceso por la pérdida de sus
seres queridos adecuadamente.

En ese marco, el conflicto armado quebranta prácticas importantes que impiden a la población
civil tramitar su dolor, por ejemplo, los ritos o ceremonias fúnebres son importantes porque
permiten al afectado aceptar la perdida, que, de no realizarse, puede generar secuelas
irreparables que marcan sus existencias, es decir, un duelo traumático que dificulta el desarrollo
de sus cotidianidades (Nader, 1997, citado en Corredor, 2002). Así, el análisis de cómo el conflicto
armado interno moldeó las experiencias de duelo en estas 5 mujeres, permitió vislumbrar que no
solo transformó las tradiciones que solían realizar alrededor del duelo, sino que generó cambios
en sus cotidianidades y prácticas culturales y en la significación que esto tenía para ellas, puesto
que, la incertidumbre que las abarca y el dolor de no poder procesar el duelo como lo demanda su
cultura o tradición, no les alivia el sufrimiento de no haberle dado una indicada sepultura a ese

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Karen Martínez Ahumada y Breiner Echeverría Fonseca

familiar por la ausencia del cuerpo o el mal estado de este.

En ese sentido, se resalta que nuestras entrevistadas se vieron inmersas a lo que Diaz et al. (2022)
denomina «circunstancias disruptivas» debido a los sucesos imprevistos que acaecieron durante
la violencia armada. Siguiendo a Peláez (2007) a pesar de residir en zonas asediadas por grupos
armados, las entrevistadas no imaginaron que la violencia tocaría sus puertas, esto para ellas
representó un acontecimiento «doblemente doloroso», al ser concebido como una injusticia que
destruyo sus vidas.

Por tal motivo, el aporte de Flórez (2002) y, teniendo presente aquellos elementos que no facilitan
el duelo, en cuanto a las dificultades que presentan las personas debido a las circunstancias
insospechadas y violentas, en la que no se sabe del paradero del cuerpo, o razón de muerte, se
hizo palpable, en las cotidianidades de estas mujeres, que manifestaron encontrarse inmersas en
esta situación de zozobra, a esto se le suma la alta conflictividad armada y dominio de sus
territorios. De algún modo, las experiencias de duelo en estas mujeres tienden a poseer
singularidades asociadas a las pérdidas múltiples y acumulativas, violencia de género y contexto
sociopolítico, relacionado a los hechos victimizantes vividos, como la desaparición forzada y el
asesinato; de hecho, Becerra y Saldaña (2012) manifiestan que se encuentran similitudes
asociadas a un fenómeno en común que es el conflicto armado interno, en ese sentido, el duelo
en los afectados cobra una doble significación tanto de considerarlos alrededor del duelo como
por la experiencia vivida por el trauma.

Algunos estudios realizados alrededor del duelo y el conflicto armado interno en Colombia
muestran como los flagelos de esta guerra ha afectado a muchas familias, principalmente a las
mujeres, esto evidenciado en nuestro trabajo investigativo; concordamos con Jiménez (2021), al
afirmar que las mujeres son invisibilizadas con respecto al dolor que les ha tocado experimentar
por la pérdida no solo de un ser querido, sino también la parte material y las consecuencias
psicológicas que esto les acarreó; esta autora comenta que es relevante darle a la mujer el espacio
que se merece en las afectaciones que les ha dejado el duelo no resuelto relacionados con la
violencia armada.

Si bien queda de manifiesto que son las mujeres las mayores afectadas por estos hechos de
violencia, también resisten y crean estrategias que les permitan darle un significado a sus
experiencias de dolor, esto con el objetivo de sobrellevar la perdida y sentirse apaciguadas. Los
diferentes mecanismos utilizados por ellas dan cuenta de las complejidades que resulta el
cohabitar el territorio con los mismos victimaros. Por ende, resaltamos en esta investigación los
silencios como formas de resistencia, en concordancia a lo expresado por Cancimance (2011),
quien considera la importancia de abandonar la idea del silencio relacionado con las barreras de
la memoria y más bien reconocerlo en estos casos de violencia constante, como opciones
eficaces ya sea para los procesos del duelo o como un mecanismo de supervivencia.

Lo anterior, se configuró en el principio de la investigación en un desafío debido a que estas


mujeres viven en desasosiego y deben considerar delante «quien hablar o saber callar», tal y como
lo manifiesta Castellanos (2016), existe una tensión entre las palabras y los silencios los cuales
provienen del cambio que los contextos de violencia han generado en muchas familias; para esta

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Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, Colombia

autora los silencios son mecanismos de supervivencia en entornos donde el habla implica riesgos
de muerte. De algún modo, el posicionarnos como víctimas del conflicto armado interno ante
nuestras entrevistadas, facilitó los encuentros dialógicos de la investigación.

Esta investigación nos permitió acercarnos a una perspectiva compleja de los procesos por las que
estas poblaciones sufren a raíz de los contextos violentos impuestos por los grupos armados en
sus territorios y la forma en cómo la guerra moldea muchas de sus tradiciones, como el duelo. Si
bien son situaciones diferentes, están vinculadas en cuanto a que la violencia armada ha
estigmatizado a estas poblaciones como «zonas rojas de la ciudad» y ha dejado a muchos
residentes en situación de vulnerabilidad.

Este trabajo ofrece elementos claves para otras investigaciones asociadas al duelo en contextos
de violencia armada porque puede ofrecer elementos relevantes que permitan comprender cómo
las dinámicas del conflicto armado han influenciado en las experiencias de las víctimas ante la
pérdida de un ser querido. Además, demuestra la complejidad del duelo en estos contextos, donde
la pérdida de un familiar se entrelaza con otras pérdidas, como la seguridad, el hogar, la
comunidad y el tejido social, también, evidencia los desafíos y resistencias que las mujeres suelen
enfrentar al tramitar su dolor. Así, aporta una perspectiva diferente de lo que les conlleva a las
mujeres víctimas del conflicto sobrellevar su duelo en estos territorios, puesto que, siguiendo a
Taussing (1987), son lugares en donde se da una «cultura del terror», que crea una interacción
compleja entre los habitantes del lugar y los sujetos armados que imponen su hegemonía a través
de diferentes estrategias para residir y dominar un territorio.

CONCLUSIONES
Frente al objetivo de este trabajo investigativo que consistía en analizar cómo el conflicto armado
interno en Colombia moldeó las experiencias de duelo de 5 mujeres residentes del Barrio 11 de
Noviembre y el corregimiento de Bonda, Santa Marta/Magdalena ante la pérdida de un ser querido,
se puede sostener lo siguiente:

El conflicto armado interno en Colombia determinó la fragmentación de prácticas importantes que


no permiten la elaboración del duelo, esto se evidenció en nuestras entrevistadas, las cuales se
les dificultó tramitar su dolor ante el homicidio y desaparición de sus seres queridos. Diferentes
hechos victimizantes se amalgamaron generando en estas mujeres cotidianidades difíciles de
sobrellevar. Sin embargo, como se observó a lo largo del trabajo, las estrategias y resistencias
juegan un papel importante en los procesos de recuperación, aunque se encuentren en zonas de
alta conflictividad donde son vulneradas.

De algún modo, la exploración de estrategias y resistencias frente al duelo en estas mujeres revela
la capacidad excepcional para enfrentar la adversidad. Más allá del dolor, se encuentran
estrategias de afrontamiento que permiten la sanación y resistencias que buscan la
transformación y la reconstrucción. Los relatos de vida de estas 5 mujeres se erigen como
testimonios vivos de la capacidad humana para encontrar luz en los momentos más oscuros y
construir, con determinación, un sendero hacia la recuperación y la esperanza. Así pues, pese a lo

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difícil y peligroso que resulte el investigar en zonas de alta conflictividad armada, se debe tener la
convicción de que se realiza para un bien común fundado en la creación de conocimiento,
teniendo presente nuestras experiencias, debido a que, este conflicto armado nos acaece a todos,
por ende, el ser víctimas de esta guerra nos posiciona frente al dolor y resignificación de estas
mujeres.

Este trabajo demuestra que se debe continuar con las investigaciones que buscan conocer las
resignificaciones del dolor por parte de las víctimas. Por tanto, se considera que el abordar las
complejidades y desafíos que estas poblaciones enfrentan no solo proporcionará una
comprensión más profunda de las dimensiones psicológicas y sociales del duelo en contextos de
violencia armada, sino que también darán cuenta de las necesidades específicas de las víctimas,
en las que se demuestra con urgencia la implementación de intervenciones psicosociales
apropiadas que se relacionen a terapias grupales y espacios seguros para compartir el dolor.

Cabe destacar que estas investigaciones dejan en manifiesto la necesidad de una reparación
integral y justicia transicional para las víctimas, que implican no solo medidas económicas, sino
también simbólicas y sociales, que permitan recuperar su dignidad y reconstruir sus proyectos de
vida. Las experiencias de duelo de estas mujeres nos demuestran que el conflicto armado en
Colombia no es un evento del pasado, sino una herida abierta que continúa sangrando. La
violencia armada no solo arrebató vidas, sino que también destruyó prácticas relevantes como el
duelo.

DECLARACIÓN SOBRE CONFLICTOS DE INTERÉS

Este trabajo no presenta ningún conflicto de interés, la investigación y redacción del documento
fue elaborada por los autores.

AGRADECIMIENTOS
Agradecemos especialmente a las 5 mujeres residentes del Barrio 11 de Noviembre y el
corregimiento de Bonda por abrirnos no solo las puertas de sus hogares sino también sus
recuerdos y experiencias. Agradecemos a nuestra directora de trabajo de grado Raíza Llinás, a
nuestros profesores Fabio Silva y Jesús Diaz, y a la compañera Eysis Alvarado por sus aportes
constructivos a nuestra investigación. Por último, pero no menos importantes, agradecemos a
nuestros familiares por su apoyo incondicional.

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Vivir el dolor: duelo en mujeres víctimas del conflicto armado del Barrio 11 de Noviembre y el corregimiento de Bonda en Santa Marta, Colombia

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