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Elegía

El documento analiza las elegías de Vicente Espinel y Miguel Hernández, destacando su enfoque en la muerte de seres queridos y la expresión de sentimientos de tristeza y soledad. Mientras Espinel no encuentra consuelo, Hernández muestra una leve esperanza de reencuentro. También se comparan sus estilos literarios, evidenciando diferencias en el uso de adjetivos y recursos poéticos, reflejando sus respectivas épocas.

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Elegía

El documento analiza las elegías de Vicente Espinel y Miguel Hernández, destacando su enfoque en la muerte de seres queridos y la expresión de sentimientos de tristeza y soledad. Mientras Espinel no encuentra consuelo, Hernández muestra una leve esperanza de reencuentro. También se comparan sus estilos literarios, evidenciando diferencias en el uso de adjetivos y recursos poéticos, reflejando sus respectivas épocas.

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Filología Hispánica

Análisis Literario
García Ramírez, Lidia

La elegía es un subgénero poético en el que se alaba a una persona fallecida,


generalmente, a una figura conocida públicamente. En el caso del poema de Vicente
Espinel, se trata de su madre mientras que la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández
está dedicada a su buen amigo José Ramón Marín Gutiérrez. Éste último se publicará en
El rayo que no cesa.

Aunque generalmente se escriban a personas conocidas públicamente, estas elegías son


elegías privadas pues se escribe sobre personas íntimas. Además, mientras que en la
públicas se hacen descripciones de las personas a las que se alaban aquí no es necesario
precisamente por esa relación íntima entre Espinel y su madre y Miguel Hernández con
su amigo Ramón Sijé. Son privadas también porque se habla en singular y no en plural
como en las públicas, en las que hay que convencer al lector de que el llanto es en vano
y de ahí el elogio a esa persona.

En las elegías suelen incluirse la descripción de los personajes en cuestión, pero Vicente
Espinel no lo hace físicamente, sino sobre lo buena y pura que era su madre usando
imágenes como la azucena, el jazmín: “De sus virtudes, ya del cuerpo ajena, cercada en
torno, blanca y olorosa, más que jazmines, lirio, y azucena”. Estas imágenes eran
características en los textos del siglo XVI al que pertenece dicho autor.

Por su parte, Miguel Hernández se centra más en la descripción de sus sentimientos y la


indignación que le provoca la muerte de su amigo: “tanto dolor se agrupa en mi
costado” “no perdono a la muerte enamorada” “ando sobre rastrojos”. La descripción
común en ambos es la de la soledad y tristeza en que viven por la marcha de sus seres
queridos.

De la forma métrica es destacable que en ambos están formados por tercetos


encadenados con versos de arte mayor, concretamente endecasílabos de rima
consonante (ABA/BCB...). Además, ambos incluyen un verso de más en la última
estrofa, de modo que son cuatro y no tres los versos que cierran ambos poemas, es decir,
la última estrofa es un serventesio

Este modelo métrico es característico de la literatura italiana y española debido a la


influencia de Dante y Petrarca.

En cuanto al contenido, ambos comparten el mismo tema (la muerte de un ser querido)
y el mismo tono intimista iracundo, frustrado y de tristeza. Sin embargo, en el poema de
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Análisis Literario
García Ramírez, Lidia

Miguel Hernández al final se puede apreciar una pequeña esperanza que carece de razón
alguna pues piensa que va a volver a ver a su amigo en esta vida. En cambio, Espinel no
encuentra consuelo alguno ni siquiera en la religión. Esta esperanza de Miguel
Hernández se da desde “Volverás a mi huerto y a mi higuera”. El final de Espinel es el
de un muerto en vida.

Otro tema recurrente en ambos es el de los huesos: “Andaré en cementerios revolviendo


los blancos huesos” en el verso 121 de la Elegía a la muerte de la madre o en “besarte
la noble cabellera” en el verso 32 de la Elegía a Ramón Sijé.

La soledad es un tema común en los dos poemas: “ando sobre rastrojos de difuntos, y
sin calor de nadie y sin consuelo” en el verso 16 de Hernández y “En vida amarga,
solitaria y triste” en el verso 22 de Espinel.

En ambos escritores se puede apreciar un sentimiento mayor que el común entre una
madre con su hijo, o entre dos amigos. Parece ser que los unen relaciones mucho más
fuertes y eso puede verse en los sentimientos lleno de contradicciones por medio de
condicionales en Vicente Espinel, y en la furia de Miguel Hernández. Pese a esta
diferencia, en los dos textos se perciben los sentimientos y estados anímicos de sus
respectivos autores.

En cuanto al estilo, hay una diferencia clara en el uso de los adjetivos pues Vicente
Espinel los usa continuamente para reflejar su profunda tristeza y soledad, mientras que
para mostrar esto Hernández usa las comparaciones, metáforas, símbolos e hipérboles:
“No hay extensión más grande que mi herida”.

Otro recurso que aparece en ambos es el encabalgamiento suave:

- Hernández: “llama a un campo de almendras espumosa/mi avariciosa voz de


enamorado”.
- Espinel: “vuelve a mirar abierta las entrañas/del que en las tuyas”.

En la obra dedicada a Ramón Sijé sí que abundan los verbos como en “Quiero ser
llorando”, algo que se repetitadmente: “Quiero escarbar” o “Quiero mirar”.

En conclusión, ambos tienen una visión lúgubre de la muerte y un profundo sentimiento


de soledad por la muerte de los seres queridos, aunque Miguel sí consigue tener
esperanza al final del poema mientras que Vicente Espinel no ve consuelo. El manejo de
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Análisis Literario
García Ramírez, Lidia

los adjetivos hace visible la diferencia de época entre ambos pues el uso abusivo es
característico del XVI.

Esta diferencia temporal también se ve en el uso del lenguaje pues en Espinel se hace ya
un uso del español parecido al de ahora y hay recursos grecolatinos e imitación a Dante
como por ejemplo de su infierno (“por negros montes, y sangrientos ríos de serpientes y
víboras poblados”) algo muy común en dicho siglo.

Por su parte, Miguel Hernández es un escritor del siglo XX que pasa por varias etapas
literarias. Esta obra pertenece en su etapa perteneciente a la Generación del 27. Esto
significa un lenguaje más refinado, más puro al estilo de Juan Ramón Jiménez. Aunque
es un lenguaje cargado de símbolos no resulta tan recargado con continuos adjetivos y
repeticiones como sí lo son los textos del Renacimiento y Barroco.

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