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Efimero

Marcos, un joven actor de teatro, reflexiona sobre su dolorosa relación con Elena, quien lo dejó sin explicaciones, y su regreso al teatro donde comparten un camerino. A medida que ensayan, la tensión entre ellos crece, revelando un vacío emocional que no pueden superar. La historia culmina en el estreno de una obra, donde ambos sienten que su conexión se ha perdido irremediablemente, simbolizando el final de su relación sin un cierre adecuado.

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Efimero

Marcos, un joven actor de teatro, reflexiona sobre su dolorosa relación con Elena, quien lo dejó sin explicaciones, y su regreso al teatro donde comparten un camerino. A medida que ensayan, la tensión entre ellos crece, revelando un vacío emocional que no pueden superar. La historia culmina en el estreno de una obra, donde ambos sienten que su conexión se ha perdido irremediablemente, simbolizando el final de su relación sin un cierre adecuado.

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EFIMERO: EDICION I

RECOMENDADO LEERLO CON LA CANCION :Lights Are On

-CAPITULO 1:La función de marionetas.

A veces desearía no haberla conocido. Así de simple. Así de cruel.


Porque si no la hubiera conocido, no tendría este vacío. Este silencio raro
que se queda dentro cuando alguien importante desaparece sin
explicaciones. No tendría que forzarme a sonreír cuando ella pasa por
delante y actúa como si no hubiera pasado nada. Como si no me hubiera
querido. Como si yo no la hubiera querido más que a nadie.

Pero la conocí.
Y aunque duela, aunque me atragante con su nombre, no me arrepiento.
Porque, durante un tiempo, fuimos verdad. Y eso no se olvida.

Me llamo Marcos. Tengo dieciseis años. Y Llevo actuando más de la mitad


de mi vida. Nadie me ve después del telón. Excepto ella.
Elena. La única que supo ver al actor cuando ya no estaba actuando.

Nos conocimos en un ensayo. Nos enamoramos sin quererlo. Nos


escondimos detrás del teatro, del guion. Todo parecía perfecto hasta que
dejamos de cuidarlo. Y ella se fue. Un lunes, sin aviso. Solo un mensaje
corto.
"Lo siento. No puedo seguir."

No hubo más. Ni explicación, ni despedida. Solo un vacío Efimero.

Y cuando pensaba que me estaba recuperando, volvió.


Al teatro. Al mismo camerino. A sonreír como si nada hubiera pasado.
Dijo "hola" como si los meses de silencio no hubieran existido.

Y ahora, compartimos camerino otra vez.


El mismo lugar donde todo empezó a doler.
Donde todo se rompió.

Dicen que el teatro es magia. Que cura. Que transforma.


Yo creo que el teatro es verdad. Y la verdad, cuando duele, no hay aplauso
que la cure
Todo empezó hace 2 meses,cuando empezábamos con los ensayos de la
nueva obra de teatro, era bastante emocionante,pues en ese entonces Elena
y yo estábamos en una relación amorosa,nos conocimos entre camerinos.
al principio las conversaciones eran incomodas,Luchando por encontrar la
palabra correcta para hablarle,pues estaba lleno de sensaciones y
emociones que no sabia como expresar….
Ella buscaba excusas para arcercarse a mi y hablar,tan solo con tal de
hablar,o estar conmigo.
La hora… La coreografia… Y mas excusas para hablarme,teníamos muy
claro que los dos nos gustábamos mutuamente.
Y volvamos un mes Delante,cuando quedaban menos de dos meses para
estrenar la obra de teatro,estábamos en el ensayo de la coreografia que nos
enseñaba Leo,uno de los coreógrafos y amigos de teatro,esa coreografia me
hacia mucha ilusión,pues era mi canción favorita,y la de elena también.
Que como lo se? Pues yo estaba obsesionado con Elena,sabia todo de ella
ya hasta había veces que se preguntaba que como se esas cosas….

Cuando Leo puso las posiciones para la coreografia,Adivinar que…


Me pusieron de pareja con Elena.. Y,lo que menos esperaba,sucedió.
Ella venia hacia mi posición como si fuera una princesa de un cuento de
hadas,le veía tan hermosa,tan brillante y tan ``Sincera´´ que me puse rojo
entero,las piernas me temblaban los ojos se me cerraban y senti
mariposas,como la primera vez que le vi,ella se coloco a mi lado,con su
bonita sonrisa mirándome,y yo balbuceando y diciendo palabras
inventadas….
Mientras nos mirábamos asi,como si fueramos dos enamorados,de
repente..Alex;Cayo desmayado al suelo,y de pronto la sonrisa de Elena se
le borro de la cara y se puso blanca,fue corriendo a donde estaba
Alex…mis ojos,se pusieron llorosos y vi como empezaba a salirle sangre
de la cabeza a alex,y como a la vez los ojos de Elena empezaban a soltar
lagrimas poco a poco….
Pasaron 15 minutos,y yo estaba sentado en el camerino,solo comiéndome
un trozo de bocadillo que me sobro,solo pues,todos se fueron al hospital
junto a Alex,Y yo?... no…yo no fui,pues el me odia y además esta
enamorado de Elena y,yo ya sabia que no iba a querer que le acompañara,y
casi seguro..asi fue…Me dolio bastante pero es lo que yo ya suponía y lo
que suicidio al final,una herida mas al museo…

``Sono el despertador´´ y presentia que hoy no seria igual,mire la hora y


eran las 11 y el ensayo era a las 10,Llegaba tarde,algo que mi yo del pasado
no se habría imaginado decir nunca,pues estuve toda la noche llorando y
dormi muy mal,me vesti con prisa me puse las zapatillas me peine, y me
fui.

Me metí por detrás, como el animal que regresa herido al lugar donde lo
cazaron, en silencio, sin ser visto.
Llegaba una hora tarde al ensayo,entre y estaban a mitad de una
coreografia,el ambiente era raro,no era el mismo ambiente teatrero de
siempre,el ambiente era apagado,la gran mayoría serios,subi al escenario y
me acople a la coreografia sin decir nada

CAPÍTULO 2: La sombra del silencio

El ensayo siguió adelante, pero yo apenas podía concentrarme. La coreografía era solo
un fondo, un movimiento mecánico que repetía una y otra vez sin significado. Los pasos
se mezclaban con el ruido de mi mente, con los recuerdos de la última vez que había
visto a Elena sonreír sin miedo, sin dudas. Ahora, todo era distinto. Ella estaba allí, pero
no estaba allí. Había una barrera invisible entre nosotros, algo que no se podía ver, pero
que estaba presente en cada uno de sus gestos.

De repente, me sentí observado, como si todo el teatro estuviera pendiente de mí,


esperando a ver si caía o seguía. Estaba atrapado en una rutina, un ciclo sin fin de
movimiento y dolor. Me miré en el espejo del camerino, y no reconocí a la persona que
veía. ¿Quién era ese tipo que se esforzaba por ser parte de algo que ya no tenía sentido?
¿Quién era yo sin ella?

Elena estaba allí, al otro lado del escenario, haciendo los mismos pasos con la misma
perfección, pero algo había cambiado en su forma de moverse. Era como si estuviera
buscando algo que ya no podía encontrar. O quizá estaba buscando una respuesta que yo
no sabía dar. No pude evitar fijarme en sus ojos, que ahora parecían más vacíos, como si
el brillo que una vez tuvieron hubiera desaparecido.

Cuando la coreografía terminó, me quedé allí, inmóvil, esperando a que el silencio lo


dijera todo. Pero no dijo nada. Solo quedaba el eco de nuestras respiraciones y el
retumbar de los pasos sobre el suelo.

Elena se acercó, y por un segundo, creí que todo volvería a ser como antes. Pero no fue
así. En su rostro no había una sonrisa, solo una expresión de duda, de incertidumbre. Me
miró, y sentí como si todo lo que había construido en mi cabeza se derrumbara de golpe.

"Marcos...", susurró, con una voz quebrada, como si estuviera a punto de romperse. "No
sé qué hacer."

No supe qué responder. No había respuesta. Solo quedaba el vacío, ese espacio entre
nosotros que no sabía cómo llenar.

CAPÍTULO 3: La Murmullada de la Verdad

Elena se quedó allí, frente a mí, su figura tan cercana pero a la vez tan distante. Podía
oír la respiración de ambos, como si el aire entre nosotros hubiera quedado atrapado,
suspendido, sin poder escapar. La música del ensayo se desvaneció lentamente en el
fondo, y el ruido del teatro parecía ahogarse. Solo quedábamos nosotros dos, en ese
rincón del escenario donde todo comenzó, pero ya nada era lo mismo.

"Marcos...", repitió, esta vez con más firmeza, como si estuviera tratando de encontrar
la forma correcta de decir lo que ya sabía que no podía decir. Me miraba con esos ojos
tristes, con esa mirada que se había convertido en un espejo de mi propio dolor.

No supe qué hacer, cómo actuar. Quería acercarme, decir algo que la hiciera sentir
mejor, pero las palabras no salían. Todo lo que había pensado en esas semanas se
desvaneció como humo. No podía explicar lo que sentía, no podía ofrecer una solución
a lo que había sucedido. Lo que había entre nosotros ya no era algo que pudiera
arreglarse con simples palabras o promesas vacías.

"Elena..." finalmente logré decir, mi voz saliendo más baja de lo que quería. "No sé
cómo hacerlo. No sé qué nos pasó."

Ella bajó la mirada, como si esas palabras también le dolieran. Un silencio pesado se
extendió entre nosotros, y por un momento, me sentí completamente perdido. Lo que
más temía era que ella me dijera que lo nuestro ya no tenía remedio, que todo estaba
dicho y hecho. Pero ella no lo dijo. No de inmediato.

"Es que... no sé cómo seguir," dijo, con una voz temblorosa. "Todo lo que solíamos
ser... ya no está. Y no sé si eso se puede arreglar."

Yo asentí lentamente, sintiendo cómo el peso de sus palabras me aplastaba por dentro.
Sabía que tenía razón. No podía seguir adelante como si nada hubiera pasado, como si
las cosas fueran a regresar a su curso normal. Estábamos cambiando, ambos, y no
sabíamos cómo manejarlos. Había demasiados huecos entre nosotros ahora, demasiados
silencios.

Elena dio un paso atrás, separándose un poco de mí, y de inmediato sentí la distancia.
La barrera invisible que había crecido entre nosotros, sin darnos cuenta, se hacía más y
más grande. "Lo siento, Marcos," murmuró, casi como si no pudiera soportar verla
sufrir. "Lo siento por todo."

Y ahí, con esas palabras, la sentí aún más lejana. No porque ella no quisiera estar cerca,
sino porque ya no sabíamos cómo estarlo. Estábamos atrapados en el mismo lugar, en el
mismo dolor, sin saber cómo salir.

CAPÍTULO 4: La Caída del Telón

Esa noche, después de ese ensayo, no pude dejar de pensar en lo que había dicho Elena.
Esas palabras de disculpa seguían resonando en mi cabeza, como si ella hubiera
admitido una culpa que no era suya, como si todo lo que estaba pasando fuera solo su
responsabilidad. Pero no era así. Ambos habíamos dejado que esto sucediera. Ambos
habíamos permitido que el silencio y el dolor se interpusieran entre nosotros.

Los días pasaron, y Elena continuó ausente de los ensayos, o al menos de los que yo
estaba. No la vi más en el escenario, y aunque intentaba mantenerme ocupado, siempre
había algo en mi mente que me traía de vuelta a ella. Me costaba concentrarme, me
costaba pensar en otra cosa. Sentía que el teatro ya no tenía el mismo significado para
mí. Había dejado de ser un lugar donde nos encontrábamos, donde compartíamos
sueños y risas. Ahora era solo una jaula vacía, un espacio donde se representaba algo
que ya no existía.

En el ensayo de la semana siguiente, me costó tanto moverme con la misma fluidez que
antes. Los pasos se sentían robados, como si los estuviera haciendo sin corazón, solo
por cumplir con el guion. Cada vez que pasaba cerca del lugar donde ella solía estar, me
sentía más solo. Como si ella se hubiera llevado consigo algo que yo no sabía que era
tan importante hasta que ya no estaba.

El público nunca sabría lo que realmente sucedió entre nosotros. Nadie nunca lo sabría.
Porque el teatro, con todo su brillo, su glamour, su magia, no podía contar la historia
que estábamos viviendo en silencio. Nadie podría entender el dolor que se ocultaba
detrás de las sonrisas forzadas y las miradas vacías.
CAPÍTULO 5: El Último Acto

Finalmente, llegó el día del estreno. La emoción en los camerinos era palpable, pero no
la compartía. Los otros actores se preparaban con entusiasmo, se maquillaban, ajustaban
sus disfraces. Yo no podía concentrarme. No estaba listo. No podía ponerme en el
papel, no podía convencerme de que todo iba a salir bien.

Elena apareció en el camerino, como si nada hubiera pasado. Entró, como siempre, con
su energía tranquila y serena, pero algo había cambiado. Su presencia ya no tenía el
mismo efecto sobre mí. Cuando nos miramos, fue como si todo estuviera congelado. No
pude sonreírle. No pude fingir que todo estaba bien.

"Marcos," me dijo en un susurro, antes de que el ensayo final comenzara. "Lo siento por
lo que pasó. De verdad. Pero... ya no sé qué hacer."

"No lo sé, Elena. Yo tampoco," respondí, con el corazón apretado.

Las luces comenzaron a brillar, y las cortinas se levantaron. Nos dirigimos al escenario,
listos para representar una historia que ya no entendíamos, listos para cumplir con el
último acto de algo que había quedado atrás mucho antes de que comenzara.

CAPÍTULO 6: La Última Función

Cuando las luces del escenario se apagaron por última vez, sentí que algo dentro de mí
también se apagaba. La ovación del público no me llegó. El sonido de los aplausos no
me consolaba. Todo lo que había dejado de ser real seguía allí, en la oscuridad del
teatro.

Elena y yo nos miramos por un segundo, y aunque estábamos rodeados de todo el ruido
de los aplausos, en ese momento, todo fue silencioso. Sabíamos que lo que habíamos
compartido ya no tenía forma de regresar. Ya no éramos los mismos dos que
comenzaron esa historia.

Y, al igual que el telón que cae al final de cada obra, nuestra historia terminó sin un gran
final, sin despedidas definitivas, solo con la sensación de que algo hermoso se había
perdido en el proceso.

FIN

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