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INFORMACIÓN

Las criptomonedas (CM) son activos digitales que funcionan como medio de pago, depósito de valor y unidad de cuenta, y se caracterizan por su naturaleza descentralizada y su soporte tecnológico basado en blockchain. A diferencia del dinero de curso legal, las CM no son emitidas por gobiernos y su valor depende de la confianza de los usuarios en su aceptación y estabilidad. Los sistemas de CM utilizan protocolos criptográficos para garantizar la seguridad y la integridad de las transacciones, y pueden operar en redes centralizadas o descentralizadas.
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Las criptomonedas (CM) son activos digitales que funcionan como medio de pago, depósito de valor y unidad de cuenta, y se caracterizan por su naturaleza descentralizada y su soporte tecnológico basado en blockchain. A diferencia del dinero de curso legal, las CM no son emitidas por gobiernos y su valor depende de la confianza de los usuarios en su aceptación y estabilidad. Los sistemas de CM utilizan protocolos criptográficos para garantizar la seguridad y la integridad de las transacciones, y pueden operar en redes centralizadas o descentralizadas.
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QUE SON LAS CRIPTOMONEDAS?

En términos conceptuales (y no jurídicos) 2, un activo puede ser un medio de pago3,


siempre que sea aceptado a cambio de bienes y servicios y como unidad de cuenta para
un grupo de agentes, y que logre “guardar” valor para su propietario. Para cumplir estos
propósitos, dicho activo debe ser fungible, divisible, durable, fácil de verificar, difícil de
falsificar, portable y fácil de transferir, y con un valor relativamente estable frente a los
bienes y servicios de la economía. Hay en la historia económica varios objetos, tanto
tangibles como intangibles, que presentan estos atributos, pero son los que logran los
mayores estándares en la satisfacción de ellos los que predominan. Las distintas formas
de medios de pago pueden ser emitidas por entidades públicas (dinero de curso legal),
agentes privados como los bancos, susceptibles de ser llevados a cuenta con respecto a la
integridad y estándares del medio o instrumento de pago emitido (cuentas de depósito) y
aquellos que son emitidos de manera anónima (como algunas CM). Así mismo, su
capacidad como depósito de valor puede provenir de estar basados en activos reales
(monedas de oro o plata) o en la confianza entre los agentes de la perdurabilidad de sus
atributos como medio de pago (billetes y monedas de curso legal). El dinero de curso legal
es respaldado directamente por los Estados, y los medios de pago emitidos por las
entidades financieras están respaldados por garantías (como los seguros de depósito) y por
la supervisión que el Estado ejerce sobre estos y sus infraestructuras. En cambio, los
emitidos de manera anónima no cuentan con una entidad privada o pública visible que los
respalde. Conceptualmente las CM son unidades digitales que pueden ser usadas como
medio de pago en el intercambio de bienes y servicios, como depósito de valor y como
unidad de cuenta (FATF, 2015). Estas son un caso particular de lo que se ha denominado
monedas virtuales, las cuales son representaciones digitales de valor denominadas en su
propia unidad de cuenta y susceptibles de ser obtenidas, guardadas y transferidas
electrónicamente. El concepto de moneda virtual cubre una variedad de activos, tales como
simples cupones digitales, millas o minutos al aire en redes de telefonía móvil, y monedas
emitidas por plataformas sociales o juegos digitales; también vincula a aquellas soportadas
por algún activo real, como el oro o acciones de empresas4; y las CM, como el bitcoin5,
cuyo valor intrínseco es nulo (He et al., 2015; ECB, 2015). Los sistemas que soportan a las
monedas virtuales pueden ser centralizados o descentralizados (o entre pares:
peer‐to‐peer). Los sistemas centralizados están en cabeza de una autoridad que emite el
medio de pago, puede redimirlo y definir los protocolos de registro y validación tanto de
saldos en cuenta como de transacciones. Los sistemas descentralizados, por su parte, no
tienen una autoridad central que los administre y el mantenimiento del registro de saldos y
operaciones en muchos de estos esquemas se hace de manera abierta y distribuida entre
participantes en el sistema. A su vez, estos sistemas pueden operar de manera abierta o
cerrada en el sentido de que el activo sea convertible o no por monedas de curso legal
(BIS‐CPMI, 2015). La mayoría de las plataformas de CM que se conocen hoy en día son
abiertas y descentralizadas, y actualmente existen dos clases de esquemas: los que
operan con una sola CM (e. g.: Bitcoin) y los llamados “agnósticos”, los cuales, además de
ofrecer su propia CM, operan contratos basados en otras CM y monedas de curso legal (e.
g. Ripple y Ethereum) (FATF, 2015). Ripple tiene la particularidad de que, aun cuando es
abierto y descentralizado, su operador es una persona jurídica radicada en los Estados
Unidos, pero con alcance global. Las CM se diferencian de lo que se ha denominado dinero
electrónico (o e‐money), el cual es una representación digital de la moneda de curso legal
de una jurisdicción (He at al., 2016; BIS‐CPMI, 2015). En consecuencia, las CM no tienen
el estatus de ser de curso legal; es decir, no tienen poder liberatorio ilimitado, no hay un
emisor que esté obligado a redimirlas (por ejemplo en moneda legal), y no son reconocidas
como divisas según las definiciones del FMI, ya que no son emitidas por un gobierno
soberano6. El e‐money, en cambio, podría cumplir con todas estas características. El valor
de las CM deviene de la posibilidad de ser aceptadas en el intercambio por bienes,
servicios, el pago de obligaciones o en la adquisición de monedas de curso legal o activos
financieros, y de la estabilidad de su valor en el tiempo (Velde, 2013). En otras palabras, su
valor depende de la confianza que los participantes tengan sobre la calidad presente y
futura de sus atributos para ser ampliamente aceptadas como medio de pago, depósito de
valor y unidad de cuenta frente a otras alternativas similares. Para generar esta confianza,
las CM deben garantizar que su oferta esté de alguna manera controlada y que no puedan
ser falsificadas o utilizadas por el mismo tenedor más de una vez (the double spending
problem, o el problema del gasto repetido); de tal manera que se preserve su valor
adquisitivo. Así mismo, deben garantizar que su autenticidad sea fácilmente verificable al
momento de hacer una transacción. Además, estas deberían cumplir con los otros
atributos que las hagan competitivas frente al dinero de curso legal o los medios de pago
emitidos por otros agentes privados (como las entidades del sistema financiero). Los
esquemas de CM tienen algunas características similares a las de los sistemas de pago ya
que, además de emitir su propio medio de pago, sus protocolos definen cómo se crean las
cuentas de depósito en dichos esquemas, cómo se transfieren los fondos entre cuentas, y
cómo se lleva el registro de los saldos y operaciones. Por su parte, el proceso de
liquidación y compensación en estos sistemas es en bruto y casi que en tiempo real, y con
finalidad inmediata (i. e.: sin posibilidad de deshacer las operaciones una vez efectuadas).

2.1 Aspectos tecnológicos de la emisión y registro en las CM

A diferencia del efectivo, el cual es tangible y la validación de su tenencia y propiedad es


directa, en cualquier forma de medio de pago digital dicha validación debe hacerse
mediante algún sistema de registro electrónico. La confianza actual en las CM está basada
en la seguridad que brinda la tecnología que las soporta, la cual se basa en altos
estándares criptográficos para mantener la integridad del registro tanto de la emisión, como
de la posesión e historia transaccional de las CM. Los esquemas de CM utilizan la
tecnología denominada de registro descentralizado encriptado (distributed ledger
technology, DLT) o blockchain8, para llevar la historia transaccional completa del activo
digital entre cuentas de distintos participantes sin la necesidad de que sea intermediada por
una contraparte centralizada. Estos esquemas se basan en la creación de una única cadena
de registros públicos o blockchain, disponible en línea y validable por cualquier participante
del sistema y en billeteras electrónicas susceptibles de ser creadas en cualquier dispositivo
con acceso a internet para la tenencia y transferencia de CM por parte de los usuarios.
Los problemas centrales que deben resolver los esquemas de CM son los de falsificación,
gasto repetido y, asociados a estos, las discrepancias temporales entre distintas versiones
del último bloque de transacciones que pueden surgir, dados los lapsos que hay entre el
envío del mensaje por parte del originador de una transacción y la actualización de la
versión del último bloque a ser verificado por los participantes. Estos problemas se
resuelven mediante protocolos de criptografía de alta seguridad y protocolos
descentralizados para la validación de saldos y transacciones. En particular, estos sistemas
generan para cada usuario una llave pública y una llave privada para que, combinándolas,
el usuario firme digitalmente sus transacciones (similar a la tecnología usada en la firma
digital de documentos). Por su parte, el problema de validar versiones diferentes del
registro del último bloque de transacciones se resuelve con base en distintos protocolos
descentralizados que siguen los participantes activos en la validación del blockchain. El
problema de la verificación descentralizada radica en encontrar un mecanismo que haga
muy costoso que uno o varios verificadores manipulen el registro a su favor exitosamente.
Esto es lo que se llama en el argot de seguridad digital el problema de los generales
bizantinos9. La forma como la mayoría de los esquemas de CM lo resuelven es mediante la
transformación de la información criptográfica de las transacciones firmadas digitalmente
en cada nuevo bloque en un único código criptográfico10. Cada vez que se genera un
nuevo bloque de transacciones aquellos participantes con suficiente capacidad
computacional, o mineros, entran a competir por la solución de algoritmos de validación
computacionalmente complejos para verificar la autenticidad de este código único a cambio
de algún incentivo generado por el sistema (e.g. nuevas unidades de la CM o tarifas
transaccionales). Este protocolo es el denominado proof‐of‐work y resuelve el problema
de los generales bizantinos ya que puede hacer arbitrariamente difícil la validación de cada
nuevo bloque de transacciones (ver Recuadro 1). De esta manera, se hace muy costoso
que un minero pueda generar bloques de transacciones ficticios a su favor y logre ganar la
competencia entre mineros para validarlo. Una vez el nuevo bloque ha sido validado por el
minero ganador, es fácil que cualquier participante del sistema verifique su autenticidad
siguiendo los protocolos criptográficos definidos por el esquema.

En cierto modo, las CM validadas con proof‐of‐work se asemejan a las monedas y billetes
de curso legal, donde los emisores se encargan de que las características de autenticación
sean muy sofisticadas, con lo cual es muy costoso para un falsificador replicarlas, pero
fáciles de verificar por parte de cualquier agente en la economía. La mayoría de las CM
basadas en proof‐of‐work limitan la oferta de CM en el sistema, haciendo cada vez más
onerosa la minería computacional de una unidad adicional (costos marginales crecientes) y
reduciendo las unidades minadas por bloque como premio para los mineros ganadores
(incentivos decrecientes)11. Dado el alto uso de recursos computacionales (y energéticos)
requeridos para mantener la integridad del blockchain de esquemas como Bitcoin, varios
esquemas de CM han migrado a modificaciones del protocolo de proof‐of‐work menos
exigentes o a protocolos alternativos (Danezis y Meiklejohn, 2016). Entre estos otros
protocolos de validación está el de proof of stake, donde el validador de cada nuevo bloque
de transacciones es escogido en función de la cantidad de dinero que está dispuesto a
poner como colateral, el cual pierde si no se comporta dentro de los protocolos de
verificación del sistema y trata de alterar el blockchain a su favor. Usualmente, el total de
monedas es emitido en los orígenes del esquema y subastado a la comunidad de
participantes potenciales, y se mantiene constante. Esta modalidad de emisión es lo que se
denomina initial coin offerings (ICO). Dado que no hay beneficios asociados con la emisión
de la CM, estos verificadores son compensados con tarifas transaccionales. La eficiencia
de proof of stake ha llevado a CM como Ethereum a considerar su migración de poof of
work a este protocolo. Voting consensus es otro protocolo, usado por Ripple, con muy
bajos costos de operación. Consiste en la verificación simultánea de un nuevo grupo de
transacciones por un gran número de nodos verificadores, los cuales simultáneamente
llegan a un consenso sobre el nuevo bloque de transacciones que la mayoría, según el
protocolo del esquema, ha “votado” como auténticas. En esta clase de esquemas, la oferta
también es fija y usualmente las CM son emitidas al inicio de sus operaciones. Finalmente,
hay esquemas que son híbridos, como Peercoin, el cual usa proof‐of‐work para la emisión
de su moneda y proof of stake para la verificación del blockchain12

PARTICIPANTES EN LOS SITEMAS DE CM

Los esquemas de CM operan sobre una red de dispositivos electrónicos (computadores,


teléfonos móviles, entre otros) conectados entre sí (peer‐to‐peer) a través de internet. Los
mineros, en el caso de las CM basadas en proof‐of‐work o los nodos dedicados a la
validación de transacciones y del registro público del sistema, son parte central de estos
esquemas (e. g.: 9613 nodos en Bitcoin: Estados Unidos, 2649; Alemania, 1706; Francia,
677; Brasil, 52; Argentina, 21; Venezuela, 5; Colombia, 413). Cualquier individuo con un
dispositivo conectado a internet puede abrir una billetera electrónica para operar como
usuario de CM. Estos usuarios pueden adquirir CM para hacer pagos de bienes o servicios,
pagar deudas o transferir fondos a otros participantes, y mantener saldos en CM como
inversión. No obstante, la tenencia de CM en computadores o dispositivos personales tiene
el riesgo del fácil robo o pérdida de las billeteras electrónicas que contienen las claves
privadas para poder firmar digitalmente operaciones. Así mismo, puede resultar difícil
encontrar un comprador o vendedor de CM de manera bilateral y personalizada. Es por
esto que es usual encontrar en los esquemas de CM operadores de plataformas de
almacenamiento e intercambio de CM o exchanges (EX) (FATF, 2015; Leinonen, 2016).
Aunque algunos de los EX de CM solo ofrecen los servicios de cambio entre CM y otros
activos, como monedas nacionales, a cambio de una comisión, la mayoría ofrece también
los servicios de provisión de billeteras o cuentas virtuales para el almacenamiento y
transferencia de CM. Estos EX usualmente aceptan toda clase de formas de pago, como
transferencias bancarias, tarjetas de crédito y otras CM, y, adicionalmente, pueden ofrecer
servicios de negociación similares a los de una bolsa de valores o emitir activos financieros
asociados a las CM, tales como derivados. Así mismo, en los ecosistemas de CM
participan otros actores, como los proveedores de servicios de internet, desarrolladores de
software y aplicaciones móviles, desarrolladores de billeteras electrónicas sofisticadas e
instrumentos de pago (como tarjetas débito) y procesadores de pagos, todo lo cual facilita
la aceptación de las CM por parte de los comercios.

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