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La Casa

En un pueblo apartado, una casa conocida como 'La casa de los ecos perdidos' es evitada por todos debido a la leyenda de un hombre llamado Samuel, quien, tras perder a su familia, comenzó a escuchar sus voces en la casa. Clara, una joven periodista, decide investigar la casa y descubre que los ecos de los muertos están atrapados en su interior, clamando por ayuda. Al intentar escapar, Clara se da cuenta de que ha quedado atrapada en el ciclo de lamento, convirtiéndose en una nueva voz entre los ecos.

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La Casa

En un pueblo apartado, una casa conocida como 'La casa de los ecos perdidos' es evitada por todos debido a la leyenda de un hombre llamado Samuel, quien, tras perder a su familia, comenzó a escuchar sus voces en la casa. Clara, una joven periodista, decide investigar la casa y descubre que los ecos de los muertos están atrapados en su interior, clamando por ayuda. Al intentar escapar, Clara se da cuenta de que ha quedado atrapada en el ciclo de lamento, convirtiéndose en una nueva voz entre los ecos.

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En un peque�o pueblo apartado, donde las sombras de los �rboles parec�an alargarse

con cada puesta de sol, exist�a una casa que todos evitaban. No estaba abandonada,
pero nadie se atrev�a a entrar. Se conoc�a como "La casa de los ecos perdidos", y
aunque estaba en perfecto estado, con las ventanas siempre limpias y la puerta
cerrada con llave, ning�n alma se acercaba.

La historia de la casa era un susurro en la brisa, una leyenda que circulaba entre
los pocos habitantes del pueblo. Se dec�a que, mucho tiempo atr�s, un hombre
llamado Samuel hab�a vivido all�, un hombre que hab�a perdido a su familia en un
accidente tr�gico. Despu�s de la muerte de su esposa e hijos, Samuel hab�a
comenzado a experimentar extra�os fen�menos. Dec�a escuchar sus voces en cada
rinc�n de la casa, sus risas, sus susurros, incluso el sonido de sus pasos.

Con el paso del tiempo, la gente comenz� a decir que la casa se hab�a vuelto
maldita. Que los ecos de los seres queridos perdidos segu�an all�, atrapados entre
las paredes. Algunos afirmaban que si uno se acercaba lo suficiente, podr�a
escuchar a los que hab�an muerto, pidiendo ayuda, llamando por su nombre.

Cuando Clara, una joven periodista en busca de historias inusuales, lleg� al


pueblo, escuch� las historias de la casa. Su curiosidad no conoc�a l�mites, y
decidi� que deb�a investigar. A pesar de las advertencias de los habitantes, entr�
en la casa una noche sin luna, cuando todo el pueblo parec�a sumido en el sue�o
profundo.

La puerta se abri� con un crujido bajo la presi�n de su mano. Al cruzar el umbral,


una extra�a sensaci�n la envolvi�. No era fr�o ni calor, sino una especie de vac�o,
como si el aire estuviera suspendido en el tiempo. El interior de la casa estaba en
silencio, demasiado silencio. Las paredes estaban adornadas con viejas fotos en
sepia, y los muebles cubiertos de polvo parec�an haber sido abandonados de manera
repentina.

A medida que avanzaba por el pasillo, Clara comenz� a escuchar algo. Al principio,
fue solo un murmullo lejano, como si alguien estuviera hablando en otro cuarto. Al
acercarse, el sonido se volvi� m�s claro, hasta que pudo distinguir palabras:

"Ay�dame... no me dejes..."

Era la voz de una mujer, una voz suave y temblorosa. Clara se detuvo en seco. No
hab�a nadie visible, pero la voz persisti�. Con cautela, sigui� el sonido hasta una
habitaci�n al final del pasillo. Cuando entr�, vio una silla antigua frente a un
espejo, como si alguien hubiera estado esperando frente a �l.

De repente, la puerta se cerr� tras ella con un golpe fuerte, y el murmullo se


convirti� en un grito desesperado. Clara se gir� r�pidamente hacia el espejo, y vio
la figura de una mujer reflejada en �l. No pod�a verla con claridad, pero su
presencia era inconfundible. La mujer estaba atrapada en el reflejo, su rostro
distorsionado por el miedo y el dolor.

"�Qui�n eres?" Clara susurr�, su voz temblorosa.

La figura levant� lentamente la mano, se�alando hacia la esquina de la habitaci�n.


Clara, con el coraz�n acelerado, se acerc� y vio un antiguo cuaderno de cuero,
desgastado por el tiempo. Al abrirlo, las p�ginas estaban llenas de notas escritas
con urgencia:

"Los ecos nunca descansan. Cada vez que uno de ellos es olvidado, otro toma su
lugar. Los que aqu� habitan no pueden ser liberados hasta que se les d� voz."

Las palabras parec�an estar escritas por Samuel, el antiguo due�o de la casa.
Mientras Clara le�a, el ambiente a su alrededor se volv�a m�s pesado, y las voces
comenzaron a intensificarse, mezcl�ndose entre s� en una cacofon�a aterradora.
Pod�a o�r a la mujer del espejo, pero tambi�n a otras voces, hombres, ni�os,
susurros de angustia y desesperaci�n.

En ese momento, comprendi� lo que hab�a sucedido: Samuel hab�a intentado


comunicarse con su familia, pero las voces no eran solo las de sus seres queridos.
Eran las voces de todos los que hab�an muerto en esa casa, atrapadas en los ecos de
los recuerdos. La casa no era maldita porque la gente temiera a los esp�ritus, sino
porque los esp�ritus se negaban a irse. Estaban atrapados en un ciclo interminable
de lamento.

Clara intent� salir, pero la puerta segu�a cerrada. Las voces la rodeaban,
susurrando, llam�ndola por su nombre, pidiendo su ayuda. Intent� gritar, pero su
voz se ahog� en el ruido. En ese momento, comprendi� algo a�n m�s aterrador: no
estaba sola en la casa, pero tampoco estaba completamente viva.

A medida que el silencio regres�, Clara se dio cuenta de que hab�a quedado atrapada
en el eco, como tantos antes que ella. La casa, que nunca hab�a dejado de susurrar,
ahora ten�a una nueva voz, una voz que dec�a:

"Nunca se va uno completamente. Siempre quedas... entre los ecos."

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