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Gigamesh 0009

El documento presenta información sobre el evento HISPACON '97, que se llevará a cabo en Mataró del 31 de octubre al 2 de noviembre, destacando la participación de autores y la relevancia de la ciencia ficción en la literatura actual. Se menciona una votación popular sobre las mejores novelas del siglo, donde varios títulos de ciencia ficción ocupan posiciones destacadas. Además, se detallan diversos premios literarios y convocatorias relacionadas con el género.

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Gigamesh 0009

El documento presenta información sobre el evento HISPACON '97, que se llevará a cabo en Mataró del 31 de octubre al 2 de noviembre, destacando la participación de autores y la relevancia de la ciencia ficción en la literatura actual. Se menciona una votación popular sobre las mejores novelas del siglo, donde varios títulos de ciencia ficción ocupan posiciones destacadas. Además, se detallan diversos premios literarios y convocatorias relacionadas con el género.

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HISPACON ' 97

Carlos Giménez
Alfonso Font

¡SON LOS Mataró, del 31 de octubre


MÁS al 2 de noviembre
FANTÁSTICOS
ENCUENTROS f é * . -
SOBRE
CIENCIA FICCIÓN! Orson Scott Card ¡ CARAY, HOMBRE !
¡N O TELO S
PIERDAS !
Escaneo:
G I G A M E S H n°9
CIENCIA FICCIÓN, TERROR Y FANTASÍA
Edita A lfred o L ara L ópez
D ■
N oticias

Pilar Pedraza:
jbabylon5 Alejo Cuervo m ayores con reparos
revistacifi@gma¡l.com Director
Julián Diez P ila r P ed ra z a 10 " B a ln e a ria "

Colaboran en este número A lfred o L ara L ópez 14 Entrevista con P ilar Pedraza
Juan Miguel Aguilera, José Antonio Alvaro,
Adolfina García, Alfredo Lara López,
Pilar Pedraza, Francesc Pedrosa, Cels Pinol, T o m G o d w in 16 " L a s fría s e cu acio n es"
Héctor Ramos, Paco Roca, Albert Solé
D a v id H a r tw ell t :, í Ciencia ficción dura
Portada
Trazo Correo

la revista no se hace responsable de las opiniones 44


de suscolaboradores v nose compromete a mantener S tep h e n B a x ter Visiones distantes: continuaciones
correspondencia sobre los originales recibidos. de La máquina del tiempo

Todos los envíos deben hacerse a: J u l i á n D iez 51 C ríticas


Revista Gigamesh. Librería Gigamesh. A d o lfin a G a rcía
Ronda de San Pedro, 53. 08010 Barcelona.
E-mail: [email protected]
Fotomecánica: Pacmer, S.A. € . 2 H it-p arad e de la crítica
C/Alcolea, 106. 08014 Barcelona.
Imprime: Gráficas Doeba 61 N ovedades
Carrerdels Almogávers, 106. 08018 Barcelona
D.L.: B-24.611-91 64 Los m ás ven d id o s
ISSN: 1130-9326

Ed i t o r i a l
El presence GIGAMESH sirve como ejemplo válido de la Julián Barnes incluye relatos futuristas en su última antología,
disyuntiva a la que se enfrentan en el inmediato futuro nuestros que La guerra de las galaxias es un éxito en su reestreno, que
géneros: apertura y generalización o especialización y cierre en sí Neanderthal es la próxima ola de merchandising que nos viene,
mismos. Mientras cada día mayor número de escritores de los que acaban de clonar una oveja y los medios de comunicación
considerados «de mainstream» trabajan en las inmediaciones de importantes hablan con respeto de Un mundo feliz y acaso
nuestro campo (véase Pilar Pedraza), parte de los aficionados mencionan en alguna ocasión novelas de Wolfe o Varley.
parecen decididos a atrincherarse en las posturas menos literarias La ciencia ficción no se muere, pues, y si en ella sigo es,
del género, de las que el bardes el ejemplo más sobresaliente. entre otras cosas, por esa firme convicción. La que sí está deca­
Personalmente, no siento un excesivo aprecio por la ciencia yendo es la cf autorrecursiva, difícil de leer salvo que se tengan
ficción dura, si bien he gozado en muchas ocasiones de algunas conocimientos concretos, la cf para unos pocos. Los lectores
obras. Otras veces (recuerdo, por ejemplo, una novela de Robert tendrán que abandonar la comodidad de la colección conocida,
L. Forward) he tenido incluso que abandonar la lectura por pura los nombres conocidos, la estantería referente: la cf puede tener
y simple incomprensión. En cualquier caso, parece claro que se ahora muchos rostros, estar en muchos lugares.
trata de la tendencia dominante del momento... ¿o no? Por supuesto, el hard seguirá por siempre vivo y lo conti­
Sí lo es dentro de las estrechas miras del aficionado que se nuaremos disfrutando. Aún a sabiendas de que la literatura que
limita al género. El que se asome fuera, el que bucee en las tiene como valor las ideas, y no la calidad intrínseca, tiene
estanterías generales, se dará cuenta de que hay ciencia ficción fecha de caducidad.
por todas partes: que un autor tan bien considerado como Julián Diez
El fantástico copa una votación popular G IG A M ESH v u e lv e
sobre las m ejores novelas del siglo a c o la b o ra r con la
S e m a n a N e g ra
Los popes de la gran literatura han recibido con escepticismo una más que
interesante lista sobre las mejores novelas del siglo, confeccionada mediante vota­ Por segundo año, nuestra revista
ción popular por la cadena de librerías Waterstone’s y el Canal 4 de la televisión colaborará con la Sem ana N egra de
inglesa. La lista, evidentemente, es discutible, sobre todo porque está completa­ Gijón para dar un toque fantástico al
mente dom inada por títulos escritos originalm ente en inglés. Sin embargo, sirve gran evento de la literatura policiaca
como ejemplo de por dónde marchan los gustos actuales del común de los lecto­ en España. La calidad de los invitados
res. Los diez primeros libros fueron: presentes en Gijón durante este even­
1. El Señor de los Anillos, J.R .R . Tolkien. to lo convierten en una manifestación
2. 1984, George Orwell. de prim er orden.
3. Rebelión en la granja, George Orwell. E ntre los autores españoles, han
4. Ulises, James Joyce. co nfirm ad o su presencia en G ijón
3. Trampa 22, Joseph Heller. nom bres tan relevantes como Javier
6. Elguardián en el centeno, J.D . Salinger. Negrete (con nueva novela en Nova),
7. Matar a un ruiseñor, Harper Lee. Pilar Pedraza, Elia Barceló (que ofre­
8. Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. cerá un talle r lite rario ) y R odolfo
9. Las uvas de la ira, John Steinbeck. M artínez.
10. Trainspotting, Irvin Welsh. Los días que la Sem ana Negra dedi­
Como puede verse, tres libros del género encabezan la lista. Entre los encua­ cará a la ciencia ficción serán el pri­
drados directamente en el fantástico que fueron citados entre los 150 primeros mer fin de semana de julio. La entra­
pueden citarse: El señor de las moscas, W illiam G olding (13); Un mundo feliz,
da a to d o s los acto s es g r a tu ita .
Aldous Huxley (15); Elhobbit, J.R .R . Tolkien (19); La guía del autostopista galác­
Además, se publicarán diversos artí­
tico, Douglas Adams (24); La naranja mecánica, Anthony Burgess (27); Lafábri­
culos sobre el género en A quemarro­
ca de avispas, Iain Banks (32, traducido y saldado por la editorial Euler, aunque
pa, el boletín d iario que publica la
casi nadie parece haber reparado en que existe esta edición en castellano); Dune,
organización.
Frank Herbert (51); la trilogía Gormenghast, de M ervyn Peake (55, M inotauro ha
desistido de terminar su traducción ante el escaso éxito del prim er volum en); El C é sa r M a llo rq u í
cuento de la criada, M argaret A twood (58 ); El maestro y Margarita, M ijail g a n ó e l V I p rem io
Bulgakov (63); Matadero 5, Kurt Vonnegut (67); It, Stephen King (71); La
P a b lo R ido
danza de la muerte, Stephen King (73); 2.001, Arthur C . Clarke (87); Parque
jurásico, Michael Crichton (92); Entrevista con el vampiro, Anne Rice (118); El
César M allorquí, con su relato “El
color de la magia, Terry Pratchett (145); El imperio del sol, J.G . Ballard (148).
decim oquinto m ovim iento”, resultó
En total, recibieron votos 14 novelas diferentes de Iain Banks; 37 de Stephen
ganador de la VI edición del Premio
King; 14 de Arthur C. Clarke; 39 de Terry Pratchett; 12 de Philip K. Dick; y 13
de Isaac Asimov. Además, pueden sumarse innumerables títulos entre los cien Pablo Rido, dotado con 100.000 pese­
primeros de autores próximos al género como M artin Amis, Primo Levi, Patrick tas y organizado por la tertu lia de
Suskind, Richard Adams, Thom as Pynchon... M adrid. Es la segunda ocasión en la
De todas formas, el optimismo debe ser moderado: todas las obras fantásticas que M allorquí obtiene este galardón,
mencionadas entre las 150 primeras tienen versión cinematográfica y/o audiovi­ que consiguió en su prim era edición.
sual a excepción de El color de la magia, que la tendrá pronto, y de Lafábrica de R esultaron finalistas A rm ando Boix
avispas, que es un libro de culto generacional en Inglaterra. Además, pertenecen (con dos relatos), Félix J. Palma y Pedro
por lo general a los autores reconocidos fuera del mundillo. Jorge Romero y Ricard de la Casa.
Prem ios, prem ios, premios Convocatorias
Nébula •Premio UPC 1997. 1.000.000 pta. al
Novela: Slow River, Nicola Griffith. ganador y 250.000 al finalista. 70 a
Novela corta: “Da Vinci Rising”, Jack Dann (en Asimov's 5/95). 115 folios. Por duplicado, firm ados
Cuento largo: “Lifeboat on a Burning Sea”, Bruce Holland Rogers (en F&SF11/95). con seud ó nim o y p lica ad ju n ta a:
Cuento corto: “A Birthday”, Esther M. Friessner (en F&SFSI95). Premio U PC 1997. Consell Social de
Gran Maestro Nébula: Jack Vance. la UPC. Edifici Nexus. Gran Capitá
Philip K. Dick 2-4. 08034 Barcelona.
El premio a la mejor novela publicada directamente en formato bolsillo el pasado año •IX C e rtam en L ite ra rio A lberto
recayó en la ya traducida Las naves del tiempo (en Nova Exito 11), del inglés Stephen Baxter, M agno. 4 0 0 .0 0 0 pta. al ganador,
que ya ganó el John W. Campbell y el Arthur C. Clarke.
100.000 al finalista. 30 a 50 folios.
British Science Fiction Association Award Por triplicado, con seudónimo y plica
Novela: Excession, Iain Banks (cuarta novela de la serie de la Cultura). ad ju n ta antes del 15 de octubre a:
Relato: “A Crab Must Try”, Barrington J. Bailey (en Interzone 103). F acu lta d de C ie n c ias de la
Arthur C. Clarke Award Universidad del País.Vasco. Decanato.
Novela: Elcromosoma Calcuta, Amitav Gosh (ya publicada en castellano en Anagrama). IX Certam en Alberto Magno. Apado.
Tiptree Awards 6 4 4 .4 8 0 8 0 Bilbao.
Premio concedido a obras que toquen temas de relaciones entre los sexos, y con una •VI Concurso de relatos D om ingo
dotación de 1.000 dólares obtenidos por la venta de comidas en las convenciones. Este año Santos. 100.000 pta. Un solo relato
fue declarado un ex aequo entre el relato “Mountain Ways”, de Ursula K. Le Guin (en el por autor, 15 a 20 folios. Firmados
Asimov’s de agosto del 96) y la novela The Sparrow, de Mary Doria Russell. con seudónimo, tres copias antes del
Nominaciones a los Premios Hugo 31 de julio a: VI Concurso Domingo
Serán concedidos el 31 de agosto en la Worldcon de San Antonio, Texas. S an to s (H isp acó n 9 7 ). P atro n at
Novela: Blue Mars, Kim Stanley Robinson; Holy Fire, Bruce Sterling Memory, Lois M unicipal de Cultura. Sant Josep 9.
McMaster Bujold; Remnant Population, Elizabeth Moon; Starplex, Robert J. Sawyer 08302 Mataró.
{Analog?-10/96). •I C oncurso de relatos M anuel de
Novela corta: “Abandon in Place”, Jerry Oltion (F&SF 12/96); “Blood of The Pedrolo. 50.000 pta. Limitado a estu­
Dragon”, George R. R. Martin (Asimov's 7/96); “The Cost to Be Wise”, Maureen E diantes de enseñanza secundaria. Un
McHugh (Starlight 1); “Gas Fish”, M ary Rosenblum (Asimov's 2/96); “Immersion”, solo relato por autor, 6 a 20 folios.
Gregory Benford [SFAge 3/96); “Time Travelers Never Die”, Jack McDevitt [Asimov’s Firmados con seudónimo, tres copias
5/96). antes del 31 de julio a: I Concurso
Cuento largo: “Age of Aquarius”, William Barton (Asimov's 5/96); “Beauty and the M an u e l de P ed rolo. P atro n at
Opera or the Phantom Beast”, Suzy McKee Cham as (Asimov's 3/96); “Bicycle M unicipal de Cultura. Sant Josep 9.
Repairman”, Bruce Sterling [Asimov’s 10/96); “The Land of Nod”, Mike Resnick 08302 Mataró.
[Asimov’s 6/96); “Mountain Ways”, Ursula K. Le Guin [Asimov's 8/96).
Cuento corto: “The Dead”, Michael Swanwick [Starlight /); “Decency”, Robert Reed •II Concurso de relatos El Bucanero-
[Asimov’s 6/96); “Gone”, John Crowley [F&SF9/96); “The Soul Selects Her Own M iraguano. 50.000 pta. en material de
Society...”, Connie Willis [Asimov’s 4/96); “Un-Birthday Boy”, James White [Analog2l96). la Librería Miraguano. Hasta 30 folios.
Mejor presentación dramática: Independence Day MarsAttacks!, Star Trek: First Contact, Firmados con seudónimo y plica apar­
‘Trials and Tribble-ations” (episodio de Star Trek: Deep Space Nine) y “War Without End” te, cuatro copias antes del 15 de octu-
(episodio de Babylon 5). J. Michael Straczynski rechazó nominar otros dos episodios de bre a: Fanzine B u can ero , A ptdo.
Babylon 5 para evitar la desviación de votos. Correos 32, Las Rozas 28230 Madrid.
Breves fandom Proyectos de Ediciones B

•La co m isió n c u ltu ra l de la Los próximos títulos de Nova, según su director de colección M iquel Barceló,
Facultad de Física de S an tiago de serán los siguientes: número 97, Endymion, de Dan Simmons; 98, Mundo de dioses,
Compostela hizo público el resultado de Rafael M arín Trechera; 99, El experimento final Nébula del pasado año de
del I Concurso Stanislaw Lem . En Robert J. Sawyer; 100, La era de diamante, último Hugo, de Neal Stephenson. Con
cuento corto, el ganador fue Javier este número, se cambiará de formato y se preparan después las reediciones de El car­
Fuentes García, de Ferrol, por “El teo­ tero, de David Brin, y Tropas del espacio, de Robert A. Heinlein, con versiones cine­
rema de la esfera peluda”. En cuento matográficas de inmediato estreno. En Nova Exito se anuncia Arrecife brillante, de
largo, ganó Anxo Botana G arcia, de David Brin, mientras parece que se retrasará Paz interminable, de Joe Haldeman.
Santiago de Com postela, por “Unha Para Nova Scott Card llegará, coincidiendo con la presencia del autor en la
civilización allea”. Hispacón de Mataró, Hijos de la mente, la cuarta parte de la saga de Ender. Queda
•Los editores del Fanzine Bucanero pospuesta para el próximo año la anunciada antología de la mejor cf española de los
anuncian la aparición de una nueva últimos años, en principio a causa de la excesiva longitud del material previsto.
colección, a partir de junio. Bajo la
denominación de Abordajes, presentará Otro premio paro Boix Murió Sam Moskowitz
tanto novelas como ensayos con una
periodicidad sem estral, en form ato A rm and o B oix ha a m p liad o su El h isto ria d o r del gén ero Sam
libro con tapas de cartulina. Como pri­
actividad de ganar premios a esferas Moskowitz falleció el pasado mes de
mer título, en principio de aparición
externas al género y se ha llevado el abril de un ataque al corazón cuando
casi sim ultánea con este núm ero de
Gran A ngular de literatura juvenil, contaba 77 años. El que fuera coorga­
GlGAMESH, anuncian Las sete huellas de
dotado con dos millones de pesetas, nizad or de la prim era convención
Satán, de Abraham Merritt.
por El jardín de los autómatas. Se m undial, allá por 1939, deja sobre
•José Miguel Pallares es el autor que
trata de una nueva fantasía histórica todo una importante obra como ensa­
ha abierto el fuego de la colección
del autor, am bientada en la Barcelona yista, campo en el que fue pionero en
Spacios, una nueva iniciativa no profe­
de comienzos de siglo. los cuarenta, y recopilador de relatos.
sional para publicar cf nacional, a cargo
en este caso del Colectivo de Tbos.
Tras este En breve conquistaré esta tierra, Nuevos medios para la cf en España
Pallares será el protagonista del segun­
do número de la colección Tormenta Diversas actividades de aficionados están llevando la ciencia ficción a medios
de Palabras con El ayer vacío. Esta de comunicación en principio poco habituales para el género. Así, ya lleva varios
colección mantendrá su actividad pese meses de emisión el programa de radio dedicado a la cf La compañía interplaneta­
al cierre del fanzine matriz, Elfistone. En ria, puesto en antena por Radio Enlace y dirigido por nuestros colaboradores
cuanto a Spacios, p o d ría p u b licar Eugenio Sánchez y León Arsenal. Cada lunes a las 22:00, ambos llevan a cabo un
como segunda entrega una antología ameno magazine de temas variados sobre el género. Por su parte, Pedro Pablo
de relatos fantásticos de autores espa­ García May, en su programa cultural El pelícano para Efe Radio (que vende pro­
ñoles a cargo de Alfredo Lira, faneditor gramas a emisoras como Radio Salud, de Barcelona), incluye desde comienzos de
de Opar. año una sección de quince minutos dedicada al género en la que cuenta con la
• 1ambién El Fantasma se suma a las colaboración de nuestro director, Julián Diez.
co lecciones p aralelas y an u n cia la M ientras, el fanzine electrónico en diskette Ad Astra tiene m uy avanzada la
publicación de El amante de vidrio, de posibilidad de m ultiplicar sus actividades al contar también con una edición gra­
Félix J. Palma, para algo más tarde, en tuita a la que se pueda entrar en Internet, con los mismos contenidos que el Ad
la convención de Mataró. Astra ya conocido.
PILAR PEDRAZA:
MAYORES CON REPAROS
Alfredo Lara

oy a iniciar este artículo sobre Supongo que este desconocimiento

V Pilar Pedraza con una afirm a­


ción que parafrasea a un famo­
so anuncio — creo que de cerveza—
que seguram ente a todos os suena:
viene de la tendencia de los lectores «de
género» a suministrarse lectura básica­
mente de colecciones «de género». Yo
quiero mucho a las colecciones especia­
«Pilar Pedraza, posiblemente la mejor lizadas en cf y fantasía, las adoro, pero
pluma dedicada a la literatura fantásti­ lo cierto es que los intentos más serios
ca en este país». Ya me doy cuenta de q u e a ctu alm e n te tien en lu gar en
q ue la afirm a ció n su en a un poco España de escribir literatura fantástica
ro tu n d a, pero que q u eréis q ue os están teniendo lugar en colecciones de
d ig a ... Q u izá es q ue m e c ie g a la literatura general, o bajo etiquetas dis­
pasión, y que lo brillante e inesperado tintas a las de cf, terror o fantasía. Juan
de su segunda novela, Lafase del rubí, M anuel Gisbert, C ristina Fernández
co n tin ú a m ed iatizand o m is ju icio s Cubas, José M aría Merino, Jordi Seria
literarios. Quizá es que no he echado y Fabra, M arian Izagu irre, P ilar
bien las cuentas de méritos, logros y Pedraza... Algunos cultivan lo fantásti­
novelas redondas que nuestros escrito­ co con asiduidad y otros ocasionalmen­
Después de llamar la atención res de literatura fantástica van dando te, pero no los busquéis en las coleccio­
actualmente a la luz. También es posi­ nes de siempre. La literatura «sin eti­
sobre Tomás Salvador ble que se me pasen muchas novelas..., quetas», los canales comerciales de la
en el pasado número, o incluso que mi afirm ación inicial, literatura general, permiten una apues­
además de contundente, sea cierta. Lo ta de más calado, de mayor recompen­
seguimos en el empeño de que sí es casi seguro que se refleja en sa final si se da en la diana y se triunfa.
demostrar desde GIGAMESH esa frase inicial m ía, es la tendencia Y es que una colección «de género»
cuán rica es la aportación instintiva que muchos tenemos a otor­ ayuda a que una novela publicada en
gar prem ios, escalafones y pódium s ella venda sus prim eros quinientos
española a los diferentes para significar que algo es bueno, muy ejemplares, pero la lastra para llegar a
géneros fantásticos. bueno. vender más de tres mil. Esta es una teo­
El porqué Pilar Pedraza, una autora ría propia que ya me encargaré de desa­
En esta ocasión, Alfredo Lara, con un alto grado de especialización rrollar en alguna ocasión in extenso,
el faneditor del excelente Opar, en narrativa fantástica, con ya cinco pero, a lo que iba: estoy seguro de que
abandona sus páginas novelas y una colección de relatos edi­ los miembros del fandom encontrarían
tadas, es tan escasamente conocida por sumamente provechoso echarle un vis­
habituales para presentarnos a el conjunto de aficionados a la ciencia tazo a zonas de la librería que no sé si
la gran dama de la literatura ficción y fantasía que conforman los actualmente visitan.
ambientes de este género, es una cues­ Y si nuestros queridos lectores se
tenebrosa española: tión previa a la que al menos conviene deciden a repasar los estantes donde se
Pilar Pedraza. consagrar un párrafo o dos. encuentran las colecciones Andanzas v
La flau ta m ágica de T u sq u ets, o de m em oria, me haga colocar como que escritos a lo largo de varios años—
Fem enino Lum en, de Lum en, o El libro favorito de Pedraza algo realmen­ se encuentran ecos de algunas diferen­
club Diógenes de Valdemar y tienen te improcedente. En todo caso, a pesar tes trad ic io n es en la lite ra tu ra de
algo de suerte — y la librería algo de de mis olvidos, ya véis por donde van terror. Todos tienen, no obstante, el
fondo editorial— se encontrarán con sus referentes literarios: fundamental­ «deje» a Pedraza en tono y temas, pero
alguna buena novela fantástica de Pilar mente los clásicos de la literatura fan­ hay unos cuantos que se apartan del
Pedraza. Si adem ás, bien por certero tástica, terrorífica y perversa de finales «canon», y que no están tan en la línea
instinto, bien por acierto inducido por del siglo pasado y principios de éste. de lo que luego será su personal mane­
la lectura de este artículo, se deciden a Pero ni en la lite ra tu ra todo son ra de hacer.
ad qu irir y leer una de esas novelas, influencias literarias. También contri­ En sus dos primeras novelas, publi­
estoy seguro de que no lo lamentarán. buyen a la obtención de esas inquie­ cadas en años consecutivos, 1987 y
Pilar Pedraza es una autora de ori­ tantes atmósferas narrativas típicas de 1988 — aunque la publicada en segun­
gen toledano que lleva ya unos cuantos Pedraza su interés por el cine expresio­ do lugar fue escrita en 1984— el estilo
años escribiendo y realizando labores nista alemán, su gusto por la estética está mucho más claro y definido. Sus
docentes en V alencia. ¿Y d ocen cia atorm entad a, suntuosa y curva del escenarios y temas empiezan a reflejar
sobre qué tema, si no es indiscreción Barroco, su afición por lo extraño, lo toda esa serie de referentes estéticos y
preguntarlo? Pues, entre otros, sobre pintoresco y lo atávico, o... — los afi- literarios que antes os comentaba.
cine. Y debe de dar clases m uy entrete­ Tanto Lasjoyas de la serpiente como
nidas, ya que ella misma nos contaba, Los referentes literarios La fase del rubí, se desarrollan en una
en el tran scu rso de u n a v isita a España Barroca que, aunque aparece
Madrid, la ilusión que le hizo proyec­ de Pedraza son, refleja d a con ex q u isito c u id ad o y
tar en clase determinadas secuencias de co rrecció n , es evocada sin n ingú n
la película Inferno, de Darío Argento, fundamentalmente, los ánimo de reconstrucción histórica. Ese
para ilustrar el concepto de silencio en es el in ten to básico de una buena
cine. Ya véis, no tengo yo la impresión clásicos de la literatura novela histórica, rescatar del pasado
de que sean clases especialmente abu­ una época determinada, convocar a un
rridas. Os con taré ad em ás, que es
fantástica, terrorífica y m undo pretérito. En ese aspecto, ni
licenciada en Arte y autora de los ensa­ perversa de finales del Las joyas de la serpiente ni La fase del
yos El Barroco efímero en Valencia y La rubí son, en sentido estricto, novelas
Bella, enigma y pesadilla. O tro dato siglo pasado históricas. A Pilar Pedraza le sirven las
que ayuda a completar el panorama de mansiones señoriales de piedra y bla­
sus intereses e influencias es la lista que cionados a estos bichos sabemos que són; los palacios y sirvientes, las calle­
realizó de sus libros favoritos para esto imprim e carácter— por los gatos. jas con sus oscu rid ad es n o cturn as
Babelia, el suplemento literario de El He leído, no sé cuándo ni a quién, cediendo ante las lamparas de vela que
País. Creo recordar que en esa lista que por lo general, la prim era novela llevan en la noche los paseantes; las
mencionaba el Frankenstein de M ary de un autor es, prácticamente, un catá­ damas de antifaz y los nigromantes, la
Shelley, El Gólem de Gustav Meyrink, logo de sus preferencias artísticas y salida de misa, la brujería, los enanos y
Malpertuis, del escritor belga Jean lite raria s. Y sí q u e ciertam en te he los gatos. Lo que menos im porta en
Ray... y aquí mi memoria empieza a observado — m aliciosam ente a veces, esa primera novela suya es si aún viven
ser más imprecisa. Sé que mencionó con cariño otras— , que en prim eras supervivientes de Lepanto o si han
también algún título del marqués de novelas abundan las referencias litera­ nacido ya los españoles que tendrán
Sade y otro de Octave Mirabeau, dos rias, cinéfilas, musicales, pictóricas...: cincuenta años cuando se in icie en
buenos representantes de la veta mal­ Os aseguro que es cierto. Pues bien, España el reinado de Pepe Botella. Se
dita y perversa de la literatura francesa. un papel parecido con respecto a lo adivina que el momento histórico en
Juraría que también explícito entre sus literario puede que juegue Necrópolis, que transcurre Las joyas de la serpiente
p referen cias el Drácula de Bram su recopilación de cuentos, en la obra es el siglo XVII, el Siglo de Oro espa­
Stoker, pero... mejor dejar lo de la lista de Pedraza. Fue su primer libro publi­ ñol. Pero nunca sabremos ni en qué
de preferencias, antes de que un fallo cado, y entre esos cuentos — supongo ciudad de España ni en qué años con­
cretos tienen lu gar las andanzas de ella, una nueva etapa. Así que, me voy do por Isak Dínesen para su encanta­
Bartolomé, su protagonista. a perm itir la arbitrariedad cronológica dor Erenghard o el Gotham City para
En La fase del rubí, su siguiente de hablaros antes de Las novias inmóvi­ Batman. Y lo que Pedraza acaba consi­
novela — aunque acabó siendo publi­ les, y luego volvemos sobre esta novela. guiendo con Las novias inmóviles, y
cada un año antes que la anterior— la Las novias inmóviles, cuarta novela esto es lo fundamental, es una auténti­
dificultad de efectuar una localización de Pedraza, es un puro capricho litera­ ca miniatura gótica, un pequeño, por
temporal y geográfica, es aún mayor. rio, un «a la manera de» nuestra queri­ su extensión, homenaje a los clásicos
Durante todo el transcurso de esta his­ da novela gótica de siempre. No sé si de este género. En esta especie de rees­
toria, el lector ignora en qué ciudad, y alguien recuerda el ejercicio literario critura de Erankenstein que Pedraza
cuándo, tienen lugar todos estos acon­ de Juan Perucho titulado Con la técni­ lleva a cabo, el experim ento sale en
tecim ientos que, a buen seguro, le ca de Lovecraft, en el cual el autor cata­ principio bien. A la Muerte le es arre­
en can taría conocer al T ribunal del lán recreaba la manera de escribir del batado un bebé que ya creía suyo, y
Santo Oficio. Cada uno de los especta­ autor de Providence; o esos Tres pasti­ éste se convierte en un joven capaz,
d ores q u e se asom e a esta no v ela ches Victorianos salidos de la pluma de dotado, pero m uy peculiar. En todo
supongo que situará, al menos incons­ Santerbás. Pues bien, Pedraza ha hecho caso una pequeña joya manierista del
cientemente, los hechos en una ciudad lo m ism o, aun que con la literatura género gótico, y como no, plena de
determinada. Yo reconozco que veía a gótica como referencia. Para ello ha sentimientos m uy poco confesables.
su protagonista, Imperatrice, paseando creado en estas ciento y poco páginas, La pequeña pasión fue publicada
su n o b le fig u ra p o r las c alle s de un mundo de científico loco con un con anterioridad a Las novias inmóviles
T oledo, pero de hecho en n in gú n bastante de n igrom ante, coches de y, puesto que este artículo seguía en
momento de la narración se menciona caballos, tanatorios preindustriales e cierto modo algo parecido a un orden
el nombre de la población. Y es que no indefinición ambiental, m uy difícil de cronológico, quizá hubiera sido perti­
hay una c iu d ad esp añ o la co ncreta situar en momento histórico alguno. nente hablar de ella hace unos cuantos
guardando su incógnito tras la elusión Es una atmósfera de cuento centroeu- párrafos. Pero es que ese homenaje al
de un nom bre, pues sé, de la m ejor ropeo, como de fábula, en la que todo gótico eterno que es Las novias inmóvi­
tinta, que hasta los nom bres de los es familiar pero irreconocible. Lo que les tenía, a mi manera de ver, más en
barrios en los que transcurre la acción Pedraza ha creado para su capricho co m ú n con esa p rim era etap a de
son una invención de su autora. A gótico es un lugar tan reconocible y no Pedraza que con los propósitos litera­
Pilar Pedraza le basta con esa evoca­ histórico como la Ruritania de El pri­ rios que inaugura Lapequeña pasión.
ción de la España dieciochesca que no sionero de Zenda, el Babenhausen crea- Las tres novelas de las que hasta
quiere aparecer con perfiles temporales ahora hemos hablado respetan una de
nítidos en su relato. Ese Barroco tardío las convenciones del género fantástico
español, donde aparece engarzada La y terrorífico más clásicos, al menos
fase del rubí, le presta a la novela sólo leído desde hoy: la percepción de una
lo necesario, su Inquisición y sus mon­ distancia tem poral. Se es m uy cons­
jes escépticos, su verdugo, mazmorras, ciente, cuando se lee el Melmoth, o a
salones y aqu elarres. Ese decorado Hoffman, o El castillo de Otranto, de
necesario y nada casu al, en el que que su escenario no es el nuestro, de
Imperatrice busca el placer y vencer a que existe una distancia tem poral y
la m u erte por p ro ce d im ien to s no una cotidianeidad distinta. Aunque
demasiado acordes — digámoslo así— Pedraza plasma en la España Barroca,
con los principios morales del cristia­ o en un escenario de fábula gótica,
nismo. sentim ientos, pasiones y miedos que
Tras estas dos primeras novelas, no para nada nos son ajenos, lo cierto es
intencionadamente históricas, aunque que el lector queda un tanto protegido
sí con am bientación de época, Pilar frente a la autoimplicación por la pre­
Pedraza publica La pequeña pasión. En sencia de capas, cham bergos, coches
cierta forma su autora inaugura, con de caballos, luz de llam a..., y la ausen­
cia de cafeterías y motores de explo­ Rais. En Las joyas de la serpiente todo neo, tratando de controlar una extensa
sión. Sin em bargo, en La pequeña giraba en torno a casas fantásticas y mancha de aceite que flota en el mar.
pasión, ese ir creando un escenario personajes diabólicos. Las novias inmó­ Hasta esta costa le acaba siguiendo su
adecuado, arropador pero inconcreto y viles ponía sobre el tapete el tema eter­ m ujer, A licia, pintora de profesión,
lejano, totalm ente al servicio de la no de la lucha contra la muerte. Los que pronto es consciente de los pro­
narración, da paso a lo que Pedraza ha anteriores son, todos ellos, caracteres y fundos cam bios que está operando
llamado alguna vez «sacar el monstruo temas míticos en la literatura de terror. aquel am biente en su m arido. Los
a nuestras calles». Ahora, como bien Sin embargo, aunque el vampiro de La sucesos enigmáticos e inquietantes se
dice la solapa de esta novela, la ciudad pequeña pasión actúa bien, y está m uy suceden a su alrededor. Las niñas del
podría ser Valencia. O Madrid con su propio en su papel, no podría llevarse lugar se divierten con crueles juegos en
bonito puerto de mar, añado yo. Es más que un Óscar al mejor actor secun­ la playa, practicando extraños ritos y
decir, una circu n stan cia am biental dario. El auténtico elemento fantástico creencias, y Alicia se va viendo progre­
que, si somos urbanitas, para nada nos de La pequeña pasión, lo constituyen sivamente invadida por esa atmósfera
es ajena. A quí la convención literaria sus imágenes alucinadas, sus evocacio­ lánguida, mágica y turbadora, a la que
del gótico leído en la distancia ya no nes del Renacimiento, los delirios sen­ se m uestra incapaz de enfrentar su
nos pone a salvo. Y esto hace que una suales de corrupción y abandono de su racionalidad de ser pensante, civilizado
de las mejores características literarias protagonista. Y si a arquetipos clásicos y occidental. Con un argumento ten­
de Pilar Pedraza, su capacidad para d ente a lo clásico — m e viene a la
reflejar los pensamientos inconfesables, Aunque en la vida real m em oria el “A ntiguas b rujerías” de
aquellos que la sociedad exige que nos Algernon Blackwood, por ejem plo—
avergoncem os de sentir, funcione a sea una persona muchas de las mejores virtudes de la
pleno rendimiento. La descripción del manera de escribir de Pedraza continú­
tremendo proceso de caída, aním ica y encantadora, como an presentes aquí. Los elementos exó­
de todo orden, que es La pequeña ticos, la crudeza en las descripciones,
pasión, nos enfrenta, en un ambiente
profesional de la las atmósferas sofocantes, la plasm a-
de ensoñaciones extravagantes, morbo­ narrativa tiene una ción de sentimientos paradójicos, cul­
sas y alucinadas, a reflexiones tan faltas pables y turbadores a un tiem po ...,
de piedad para con uno mismo como mala idea realmente todo eso que hace a Pedraza una escri­
ésta: tora especial.
«P orque m i am igo ni s iq u ie ra envidiable
hablaba de su genio. Se lim itaba a per­ Com o podéis ver por lo comenta­
manecer en silencio, aplastado en un de la literatura fantástica quisiéramos do h asta ah o ra , la obra de P ila r
sillón m irando un punto fijo de la referirnos en este caso, por delante del Pedraza se mueve dentro de las tradi­
alfom bra. Le hubiera ofrecido cam ­ abnegad o vam p iro tend rem os que ciones más lin aju d as del fantástico
biarle las vendas de las muñecas, que poner a la ensoñación, la fantasía oní­ europeo: brujería, personajes diabóli­
estaban alcanzando un grado de sucie­ rica y, más aún, la pesadilla. cos, algún vampiro, manipuladores de
dad francamente intolerable, pero no Y en estos días, tras unos años de cadáveres y, aunque todavía con el for­
quise herir su orgullo. M ejor dicho, silencio editorial, al menos en cuanto a mato de novela en proceso, hombres-
me daba asco. Todo lo enfermo y sucio narrativa, aparece Paisaje con reptiles, bestia. Aparece hasta aquí, por tanto,
me da asco.» publicada recientemente por la edito­ como una buena novelista, que cultiva
En La pequeña pasión, Pedraza uti­ rial Valdemar. Y con ella Pedraza sigue el género fantástico con personalidad
liza el arquetipo del vampiro como ele­ insistiendo en «sacar el m onstruo a propia y se inscribe en una tradición
mento fantástico más reconocible. La nuestras calles», que es decir, en este literaria con referentes bastante insóli­
aparición en sus novelas de paradigmas caso, a nuestras playas. tos en nuestro país. Lo cual, dado lo
de la novela fantástica y de terror es Ju liu s es un in gen iero que, por poco sobrados que estam os aquí de
casi una constante en su obra. En La cuenta de la compañía petrolífera para narradores que se apliquen a esta ver­
fase del rubí era una condesa sangrienta la cual trabaja, está destinado a una tien te lite raria , la convierte, com o
al estilo de la Bathory o de Gilíes de calurosa playa del sur del M editerrá­ poco, en una escritora peculiar..
Pero aparte de escaseces patrias, de por la autora con especial fruición. Y si acerada de una m ezquindad cruel y
nuestro gusto o disgusto por la litera­ al adecuado manejo de estas dos claves cotidiana, como cuando, al lado de la
tura fantástica, y de los géneros que los añades imaginación, crudeza, escepti­ cama de un moribundo, alguien cuen­
escritores españoles cultivan o dejan de cismo y atrevim iento, más el registro ta intimidades sobre él y la protagonis­
cultivar, hay algo que Pedraza hace con de adjetivos atípicos que mencionaba ta confiesa:
rara perfección y que es, para m í, párrafos atrás, os aseguro que la mor­ «Llegó un momento en que sentí
donde alcanza muchos de sus mayores bosidad m áxim a es alcanzable. Y es deseos de decirle que se callara de una
logros narrativos. Algo que ya he deja­ que, mientras algunos autores contem­ vez, que pusiera fin a aquella cantine­
do caer anteriormente en este artículo, poráneos asustan aterrorizando con lo la obscena. No lo hice, claro. Y ade­
pero que ahora intencionadam ente previsto y de la forma prevista, cris­ más presté mucha atención, una aten­
subrayo. Su capacidad para reflejar pando dentro de un orden, Pedraza no ción ávida, de arpía, a las atrocidades
esos sentim ientos morbosos y sinies­ ha renunciado todavía — y ojalá no lo que me fue contando con femenino
tros, enigm áticos y culpables, que el haga nunca— a incomodar a sus lecto­ impudor.»
común de los mortales hemos sentido res. Lo consigue con facilidad. Le sale O los grandes m om entos, neta­
alguna vez, y con los que tan difícil es fluido y convincente, hurga y remueve mente sensuales y perversos, que tie­
av e n irse segú n los cán o n es de lo en las zonas más oscuras, allí donde nen lugar en las mazmorras de Lafase
correcto con los que convivimos. Y es del rubí, las m orgues de Las novias
que a las novelas de Pedraza, además inmóviles o las playas de Paisaje con
de calificarlas con los adjetivos litera­ reptiles.
riam en te m ás al uso, se las puede «— T ú ám am e, sim plem ente— ,
motejar de sensuales, crueles, perver­ respondió ella, y dejó caer el vestido, o
sas, morbosas, fascinadoras, m uy polí­ salió de él como una serpiente de su
ticam ente incorrectas, necrófilas, ele­ piel vieja, liberando el esplendor de un
gantes..., y algunas otras cosas más que cuerpo que era como los de las diosas
resultan a veces atrayentes, a veces de los cuadros, pero con algo que ellas
intranquilizadoras y casi nunca bien no tenían: el sudor, el olor, el vello, el
vistas. calor y todo lo que nunca pintaron los
De lo que fundamentalmente escri­ pintores y que tampoco estaba en los
be Pedraza, sus tres temas básicos, son cuerpos de las bellas tuberculosas del
lo extraño, el sexo y la m uerte. La depósito. Algo se parecía el olor de su
m ayoría de los com entarios que he regazo al de los cadáveres frescos antes
leído sobre sus novelas se centran en el de corromperse, pero era poderoso y
elem ento fantástico y hacen especial Pilar Pedraza vivo, sin la asquerosa insipidez que
hincapié en los aspectos lúgubres y im pregnaba la sala de mujeres de la
góticos de su narrativa. Sin embargo, duele. Seguro que Pilar Pedraza, en la morgue.»
son escasas las referencias concretas vida real, es una persona encantadora, En todo caso, Pilar Pedraza. No
que cuando se analiza su obra traen a pero como profesional de la narrativa ap ta p ara se n sib ilid a d e s d éb iles.
colación los otros dos temas omnipre­ de terror, tiene una mala idea realmen­ Cuando leo o rememoro sus novelas,
sentes en sus historias: el sexo y la te envidiable. Sus novelas están llenas adem ás de personajes, escenarios y
muerte. O , siendo incluso más preci­ de sentim ientos turbios, incómodos situaciones, me viene a la m em oria
sos, el erotismo y la necrofilia. Y aun­ para el lector, que, como todo hijo de una frase que se utilizaba durante el
que este aspecto suele ser soslayado, lo vecino con dos dedos de imaginación, franquismo en las calificaciones mora­
cierto es que esa morbosidad de atrac­ los ha sentido en algún mom ento y les de libros y películas, una frase que
ción y repulsión, de mezcla del tabú rechazado avergonzadam ente casi al debiera serle siem pre aplicable a la
que prohíbe lo que asusta con el tabú u n íso n o . Al fin al yo no sé q ué le buena literatura adulta, fantástica y de
que prohíbe lo que atrae, es empleada impresiona más a uno, si la confesión terror: para mayores con reparos.
Rel at o

BALNEARIO
Pilar Pedraza
uenos días, señor! Acomódese hasta que un señor me puso al corrien­

B como pueda, pero, por favor, no


empuje. Cabemos todos, aunque
estemos un poco apretados: se lo digo yo,
te de todo y esperé que acabaran con­
migo y me dejaran en paz. Por fin, un
día, me sacaron. No se crea que fue
que conozco el paño. Tiene usted el codo fácil: peso mucho, y estaba aún más
hecho una piedra y me lo está clavando. hinchada que ahora. M e puse m uy
No es que duela, no, ni siquiera me contenta cuando vi que, después de
m olesta. A dem ás, ¿qué puede hacer muchos tirones y entre dos hombres,
usted? conseguían izarme. Me dije que pronto
No se preocupe ni ponga esa cara, acabaría todo y que, al fin y al cabo,
hombre. Su estancia aquí no será larga; iba a ser útil a alguien. Pero cuando me
como mucho, dos semanas. Se lo digo destaparon en la sala de prácticas y vi la
por experien cia. A estas alturas del cara que ponía el ayudante, me temí lo
curso, nos necesitan más que nunca, y peor. Y así fue. Dijo que estaba muy
los que tienen la suerte de estar tan del- gorda y que no servía, y por si fuera
gaditos como usted, no duran nada. poco tuve que aguantar brom as del
Pronto descansará y se librará de estas peor gusto por parte de los muchachos.
apreturas y, sobre todo, de este olor. Yo Una chica vom itó y se fue llorando,
ya ni lo noto, pero comprendo que un diciendo que no volvería más. Es finita
Después de las páginas recién llegado... Cuando me trajeron a como una caña, y los otros le dijeron
previas, esperamos que se haya m í, me mareé muchísim o. ¡C reí que que sí volvería, y que con ella podrían
me moría! ¿No es gracioso? hacer un ejercicio realmente bueno.
abierto vuestro apetito de No se apene, señor; uno acaba por El caso es que me devolvieron aquí.
leer algo de Pedraza. acostum brarse. D ígam elo a m í, que ¡Q ué mal lo pasé! Yo soy una m ujer
llevo aquí dos años. Se dice pronto, sencilla y sin estudios, pero tengo mi
Aquí os presentamos un breve ¡dos años! Y ya me ve, tan fresca. dignidad. No podía protestar ni que­
pero sustancioso relato, Bueno, es un decir: de fresca, nada. jarme, si siquiera llorar. Pero lo peor no
una buena prueba de Estoy m uy correosa, cada día más. A fue la hum illación, no señor: lo peor
veces me desespero, ¿sabe? M e gustaría fue caer de nuevo en el caldo, volver a
su tipo de fantasía: tum barm e y, sobre todo, estar seca. estas apreturas, a este frío, a esta oscuri­
una malsana mixtura Este caldo es m i desesperación, pero dad.
¿qué voy a hacer? Ni puedo salir, ni me Antes cuidaba de nosotros un señor
entre lo cotidiano y lo sacan. A ratos pienso que me han olvi­ m uy amable, que se llamaba Hidalgo.
fantástico, llamando la dado, pero ¡quiá! Sé que tarde o tem­ Tenía la costum bre de hablarnos. A
atención sobre detalles prano les seré útil, y la espera me da veces me decía alguna chanza cariñosa,
una ansiedad... Si al menos supiera que y un d ía m e prom etió que, aunque
escabrosos pero con un me han olvidado para siempre, tal vez estuviera gorda y no sirviera para los
extraño buen gusto. yo también me olvidaría de m í misma ejercicios corrientes, me utilizaría para
y trataría de sufrir. otras cosas y luego me enviaría a des­
Bienvenidos al más tranquilo Cuando me trajeron, me sentí tan cansar. Era un caballero y llegué a que­
de los balnearios. incómoda y tan asustada como usted, rerle, pero desde que se jubiló, nadie ha
vuelto a mirarme a la cara. Es más, creo ta y que no deseo más que descansar, Tiene usted razón, así entretenemos
que sus compañeros me están tomando puedo decirle sin sentir vergüenza que, la espera. Total, no tenemos nada que
manía. Claro, me tiene tan vista... Me cuanto más crecía, más repugnante me hacer; y es seguro que a por usted ya
llam an La B arrila y m e vuelven la volvía. Todos lo gritaban a los cuatro no vendrán hoy, con la hora que es. No
espalda cuando busco conversación. vientos; y no es que fueran malos: es se preocupe tanto, yo creo que no sen­
¿No le estaré m olestando? ¡G racias! que pensaban que mis sesos de mos­ tirá nada. Ahora, eso sí, no es como
¡Ojalá m añana piense lo mismo y no quito me impedían sufrir. Hablaban de antes. Antes el señor H idalgo hacía
haga como ellos! m í como de una piedra que ni siente ni maravillas con nosotros, con aquellas
A veces creo que la culpa de todos padece, como los muchachos cuando manos de artista... ¡Y las cosas que nos
mis males la tengo yo, pero luego me me tuvieron en la mesa de disección y d ecía! ¡Q ué hom bre! A lgunos días
digo que no, que si estoy así de gorda se pusieron a hacer chistes a mi costa. venía y se pasaba las horas muertas con
no es porque comiera mucho o por el ¿Cómo iban a saber ellos el daño que nosotros, sobre todo en verano, cuando
alcohol. Es de nacimiento. Nací gorda y me estaban haciendo? Hidalgo sí sabía, aprieta el calor y aquí se está fresquito.
torpona. Hay gordas simpáticas y gua­ por eso me hablaba amablemente y me Le respetábamos y le queríamos, aun­
pas, o ricas o muy listas, que se abren consolaba. Pero H idalgo era un caso que no podíamos decírselo. Pero creo
camino en la vida y lo pasan muy rica­ aparte, algunos decían que estaba loco que él lo notaba, porque eso se nota,
m ente. A lgunas ganan concursos y porque hablaba con nosotros como si ¿no cree usted?
salen en las revistas, pero esas son las estuviéramos vivos. Lo que ocurrió con el borracho me
gordísimas, las verdaderas reinas de la Cuando tenía quince años, me violó hizo ir por la vida con más ojo. Bueno,
grasa. Yo era una gorda normal y nací un borracho en un solar abandonado, eso creía yo, pero ¡ca! Ya le he dicho
sin ningún don y con poco sesos aun­ pero no una vez, sino todas las que le que nunca fui un lince; todas me las
que sin ser tonta, eso no. Al menos, yo dio la gana durante más de un mes. A daban en el mismo carrillo. Me harté
creo que no era tonta, aunque la verdad m í me daba vergüenza y no decía nada de mi familia y me puse a servir en una
es que hasta mi madre me lo decía; y a nadie. Pero, claro, me quedé embara­ casa bastante buena. Tenía que cuidar
mis hermanos, para qué le voy a con­ zada. Estaba tan gorda de natural que el de una vieja y de un par de criaturas,
tar... M i padre, como se pasaba la vida embarazo ni se me notaba, pero yo me además de cargar con todas las faenas
borracho, ni se daba cuenta de mi exis­ desesperaba, porque no sabía qué iba a pesadas. La com pra y la com ida las
tencia. Era el único de la familia que no ser de m í. A quí trajeron una vez u-na hacía mi compañera, que era más pre­
se metía conmigo, pobre hombre. embarazada. ¡No vea usted qué revuelo! sentable, aunque no se crea usted...
En las escuelas de barrio, las niñas Todos querían estudiarla, porque tenía ¡Vaya pendón que estaba hecha! Sisaba
gordas lo pasan fatal, créanm e. M is el niño dentro. ¡Muerto, claro! La habí­ y robaba por las dos, porque yo nunca
m aestras me tiraban del pelo, y las an encontrado en la calle, más tiesa que fui capaz, pero cuando la pescaban me
co m p añ eras d ecían q ue o lía m al. un palo, y nadie la reclamó. echaba las culpas a mí, así que acabé en
Tenían más razón que un santo. Los Un día aborté. N ada, que se me la calle. Hasta que encontré trabajo con
humos de la cocina del bar se me aga­ cayó la criatura sólita, de cuatro meses. las monjas, hice lo que pude por ganar­
rraban a la ropa y al pelo y, como no M e puse fatal, pero nadie se enteró, me los garbanzos, pero teniendo cuida­
teníamos cuarto de baño, apenas podía porque lo que es yo, si hay que aguan­ do de que no volvieran a preñarme.
lavarme más que en verano, en el río tar, aguanto lo que sea. En el fondo, Con las monjas, la cosa no mejoró
del pueblo. ¡Ya ve lo que son las cosas: estaba m uy contenta. Lo peor fue des­ mucho. No es que fueran malas, eso
ahora me paso los días, las semanas y hacerm e de aquello. Temía que si lo no, pero yo no les caía bien, aunque
los años con el líquido hasta la coroni­ tiraba a la basura, lo encontraran. Al me esforzaba en hacer todo lo que me
lla! Claro que tampoco este olor es el final, lo metí en una bolsa para el pan mandaban. ¡Y anda, que los mandados
de las rosas, pero de todas formas... con una piedra y lo tiré al río. Si me eran finos! Me pasaba la vida vaciando
Los granos que cubrieron mi cara a hubiera tirado yo tam bién, ahora no orinales y limpiando la mierda de los
partir de los doce años no contribuye­ estaría aquí fastidiándole a usted. Ya sé viejos. Y luego, que si comes demasia­
ron precisamente a hacerme más boni­ que soy una pesada, pero es que nunca d o, q ue si estás com o un to n e l...
ta, ni tampoco el bizqueo de mi ojo hablo con nadie. Nunca me han hecho ¡Claro! ¿Qué gusto iba yo a sacar a la
derecho Ahora que ya nada me impor­ caso, ni en vida ni después. vida, sino el de atiborrarm e siempre
que podía? Tampoco crea usted que pacio, metida dos años en este caldo, muertos, y nunca me llegaba el turno,
aquello era el paraíso por ese lado. La me he dado cuenta de lo imbécil que después de haber sido desechada la pri­
verdad es que se comía fatal, porque las era. ¿Qué gusto le sacaría yo a aquello? mera vez. El me lo explicó con m uy
cocineras eran unas petardas que no ¡Vaya usted a saber! Ni me acuerdo. buena educación. M e dijo que la capa
echaban sal ni a los huevos. Yo siempre Pero ya dicen que a cada cerdo le de grasa hacía difícil trabajar conmigo,
me quedaba con hambre y me comía llega su San Martín. Una noche que vol­ y que los estudiantes no se aclaraban
las sobras de algunas ancianitas; señoras vía de recoger cartones, me salieron al con tanto tocino. No lo dijo así, pero
muy limpias, eso sí. paso cuatro o cinco bastante mayorcitos. no puedo acordarme de sus palabras;
¿Usted viene de un asilo? ¡Entonces, Estaba todo oscuro y no se veía un alma era un hombre m uy sabido y siempre
qué le voy a contar! Ya sabe usted lo por aquellos andurriales, porque hacía llamaba a las cosas por su nombre.
que es eso. Con la edad hay gente que un frío que pelaba. El medio litro de Tenía razón pero, fíjese, me lo tomé
se agria, como la fruta, y aunque hay vinacho que llevaba en el cuerpo hizo m uy a mal. Me dio por pensar que ni
de todo, uno se encuentra con cada que no sintiera miedo. Me levanté las en la muerte me trataban como a los
elemento... Yo tenía bien controlados a faldas y les enseñé el trasero. En vez de dem ás. No sólo no me enterraban,
los viejos, pero así y todo no crea, me reírse, se asustaron, ya ve lo que son las como a cualquier cristiano, sino que me
decían a veces cosas muy sucias, y si me cosas, pero no se movieron del sitio y metían en este pozo, y además no me
descuidaba me m etían mano. No le uno me dio un puñetazo en el pecho. daban el uso que a mis compañeros,
hacían remilgos a mi gordura, no. Luego, otro cogió un pedazo de lavabo como harán con usted. En fin, quejarse
Un día me harté y me fui. Viví un de un montón de desperdicios y se vino no sirve de nada, ya se sabe, y por eso
tiempo como una perra, y a veces tuve derecho a mí, como si quisiera estam­ he acabado por aguantarme. Sigo espe­
que rascar algo de los mercados para pármelo en la cara. ¡Ya no supe más del rando que alguien se acuerde de que
poder comer. ¿Cree usted que adelgacé? mundo! Me desperté rodeada de muer­ todavía estoy aquí y me entierre.
¡Ni un gramo! tos tiesos, en esta fosa de formol. A veces pienso que estaré siempre
Acabé juntándom e con unos que Yo también estaba muerta, pero no aquí, y entonces me entra una congoja
vivían en unas chabolas, por La Espina. acababa de creérmelo, porque... no sentí que para qué. Un día se me ocurrió
Fue una buena época. V ivíam os de la m uerte. M e vino como me había que esto era el infierno, pero no. Si lo
recoger papeles y trastos de las basuras venido todo en la vida, sin darme cuen­ fuera, no habría tantas idas y venidas.
y de los tallercillos de por allí, y al ta cabal de las cosas. Un muerto me Esto es la facultad de medicina; me lo
menos comíamos todos los días y nos tuvo lástima y me explicó dónde estába­ dijo el señor Hidalgo y lo sé de sobra
hacíamos compañía. Tampoco aquellos mos y qué iban a hacer conmigo. Me por experiencia.
me hacían ascos, ni tenían por qué consoló diciéndome que, cuando acaba­ Pero, ¿qué d ice usted, hom bre?
hacérmelos; éramos tales para cuales. ran, me enterrarían y por fin podría ¿Cómo va a tener cada uno un infierno
Fue entonces cuando me aficioné a descansar. Me habló del señor Hidalgo particular? ¡Pues vaya derroche! Oiga,
em pinar el codo, pero no por vicio, y de lo bien que se portaba con los si lo que quiere es asustarme, lo va a
sino para entrar en calor, porque hay muertos, y no tardé en comprobarlo. conseguir. ¡No, no! Un día me sacarán
que ver el gris que se cuela por las ven­ ¡Tener que estar en el otro mundo con el gancho, me m eterán en una
tanas tapadas con periódicos y por los para conocer a una persona buena de caja, y al cementerio. ¡Ojalá no tarden!
tejados de uralita. verdad! Los médicos y los estudiantes ¡Oh, ya se lo llevan! Adiós, señor.
Creo que fue el aguardiente barato nos tratan como si fuéramos puro palo, ¡Eh, llévenme también a mí! Es inú­
lo que me nubló un poco el seso. El pero él no. El era especial, tenía usted til, no pueden oírm e. Bueno, por lo
caso es que me dio por hablar a gritos que haberle conocido. C uando nos menos he podido hablar con alguien.
por la calle yo sola, y por meterme con hablaba, nos hacía sentirnos vivos. Nos ¡Qué señor tan agradable!
los chavales. Al principio, me huían. llamaba por nombres que se inventaba, Tal vez mañana. Aquí van quedando
Cuando me veían aparecer por los sola­ ¡y se le ocurrían algunos muy graciosos! pocos y estamos en plenos exámenes.
res, con mis sacos y mis andrajos, echa­ A mí me puso Bolita de Sebo, y decía Seguro que mañana... o pasado. Al fin y
ban a correr com o g a llin as. Yo les que era su preferida. Claro, como esta­ al cabo, ¿qué prisa tengo yo? ¡Eh, oiga,
insultaba y les m entaba a la madre. ba aquí tanto tiempo, llegó a tomarme córrase un poco hacia allá! ¿No ve que
Ahora que he tenido que pensarlo des­ afecto. Yo iba viendo en trar y salir me está clavando el codo en el estómago?
«LOS CUENTOS DE HADAS
ME DEPRIMEN»
Alfredo Lara entrevista a Pilar Pedraza
¿Te desagradaría que se te definiera ¿Nos puedes comentar algo sobre el sufrimientos, aunque no puedo hacer
en lo fundamental como una escritora momento histórico en que están ambien­ nada por remediarlos.
de novelas y relatos de terror? Sobre todo tadas La fase del rubí, Las joyas de la
cuando se te podría aplicar perfectamen­ serpiente y Las novias inmóviles.15 Creo que hay dos o tres términos que
te el calificativo de autora de literatura nunca utiliza la crítica cuando habla de
fantástica, sin más matices... ¿Huyes de T ranscurren en m i cabeza y en tus novelas: erotismo, o mejor aún, sexo;
las etiquetas como todo autor al que se le tiem po s e n ig m ático s, pero puedo perversión y necrofilia. ¿Se trata de un
aplican? hacerte alguna precisión. Por ejemplo, exceso de tabúes por parte de la crítica o,
Las joyas de la serpiente tiene fecha realmente, me paso yo un poco de rosca
El problem a es que, aun qu e me exacta, 1662. La fase del rubí es vaga­ al considerarlos aspectos o recursos signi­
encantan las etiquetas, no creo demasia­ mente dieciochesca. Las novias inmó­ ficativos dentro de tu narrativa?
do en los géneros. De todas formas, viles, no se sabe. La matanza de tortu­
pienso que mi literatura puede calificar­ gas marinas de Paisaje con reptiles tuvo La exp erien cia me ha enseñado
se más de fantástica que de terrorífica. lugar en las playas de Asilah en 1975. que los lectores que leen por gusto y
Lo que me interesa fundamentalmente Lo sé, porque yo estaba allí. los especialistas que conocen a fondo
es lo siniestro en el sentido de extraño o la literatura suelen coincidir en sus
inquietante, no de terrorífico. ¿Crees que hay una maldad femeni­ apreciaciones, y ellos sí hablan, como
na distinta de la maldad masculina?¿Y tú, de esos aspectos.
Pienso que tus novelas tienen indu­ cuáles serían, según tu punto de vista las
dables influencias —de las que además diferencias básicas entre una y otra? Tu interés por los personajes femeni­
haces gala— de clásicos del gótico como nos perversamente malvados, ¿no va un
Shelley, Meyrinck o Stoker, pero creo H ay una m aldad m asculina que poco a contracorriente de esa línea,
que tus historias no tienen la ingenui­ me inquieta sobremanera: la que con­ importante ahora en la literatura que
dad de éstos, sino la crudeza de autores duce a la guerra, y una femenina terri­ escriben las mujeres, que hace hincapié
de cuentos cortos de terror como Saki o ble: la envidia. Una y otra pueden ser en que los valoresfemeninos por excelen­
Ambrose Bierce. ¿Les reconoces alguna ejercidas indistintam ente por hombres cia son la sensibilidad, la tolerancia, la
influencia a estos autores, o más bien, es o mujeres. paciencia o la ternura, enfrentando este
el decadentismo perverso de gente como mundo femenino a otro masculino más
Quincey, Sade, Wilde o Villiers de L’Isle ¿Tienes más «malvadas fascinantes» zafio y desprovisto de estos valores?
con el que sintonizas en tus novelas? que «malvadosfascinantes» porque no te
interesa la maldad masculina o porque ¡Que pregunta más poco inocente!
R eco n o zco con e n tu siasm o la sólo crees posible hablar de la maldad No tie n e resp u esta. C reo que las
in flu en cia de S ak i, B ierce, Sad e y desde el punto de vista que tiene un sexo mujeres son tan iguales a los hombres
M eyrinck, cuya crueldad me parece sobre sí mismo? que hasta tienen derecho a ser despó­
un método excelente para ejercitar la ticas, ávidas de poder y lujuriosas. No
inteligencia y la independencia nece­ M e interesa el mal, y tengo malva­ identifico a la feminidad con la tole­
saria para escribir y hasta para vivir. das porque conozco mejor a mis per­ rancia, ni con la ternura. Una de mis
Los decadentistas aportan la orfebrería sonajes femeninos que a los masculi­ abuelas era sumamente intolerante, y
verbal y M ary Shelley, el gusto por lo nos. Hacia estos últimos siento cierta hay más ternura en mi gato que en la
auténtico. d e b ilid ad , porque com prend o sus mayoría de mis conocidas. No creo en
un m undo de valores m asculinos y interesa. Ahora trabajo temas clásicos utopía. Creo que hay que seguir dise­
otro de valores femeninos. En todas en escenarios contem poráneos, asu­ ñando utopías que sustenten la acción
partes cuecen habas y, por lo general, miendo el riesgo de caer en la banali­ p o lítica, pero la fantasía, para m í,
quedan duras y hay que tirarlas. dad. El mundo contemporáneo tiende debe ser necesariam ente negra. Los
a ser refractario a lo siniestro: no quie­ cuentos de hadas me deprimen.
En tus últimas novelas, en las que re saber nada de la muerte, ni del paso
transcurren en nuestro tiempo real, ¿no del tiempo, que son los fundamentos ¿Nos puedes contar que estás prepa­
hay un intento de aclimatar la sensibili­ de lo fantástico. Personalmente no me rando ahorai, ¿cuál será tu próxima
dad del terror gótico del siglo pasado, al considero renovadora de nada, ¡qué novela?.
registro de sensibilidades actual? ¿ Te más quisiera yo! Lo único que puedo Ahora trato de terminar una nove­
consideras una renovadora de lasformu­ decirte honestamente es que creo en la curiosa en la que una funcionarla
las del terror góticoi ¿Juegas a intentar lo que hago y que disfruto haciéndolo. liga con un hombre-oso en una ciu­
conseguir los mismos efectos, pero actua­ dad lluviosa y m ugrienta. El sen ti­
lizando los catalizadores de sensaciones? ¿Te interesaría unafantasía «blanda», miento general es de exaltación y pro­
«bonachona», o las sensaciones fuertes no curo que haya risa, aunque sobre todo
Con Las novias inmóviles creo que sonfruto de la exaltación optimista? h a b rá in q u ie tu d . Lo q ue d ecía
llegué a un lím ite de lo gótico más allá Hoffman: que el cuento te haga mirar
del cual estaría la parodia, que no me Una cosa es la fantasía y otra la tras las cortinas cuando lo acabes.

Bibliografía de Pilar Pedraza

NOVELAS
1987 — LaJase del rubí. Ed. Tusquets, col. La flauta mágica. Barcelona.
1988 — Lasjoyas de la serpiente. Ed. Tusquets, col. La flauta mágica, Barcelona.
1990 — Lapequeña pasión. Ed. Tusquets, col. Andanzas, n° 117. Barcelona.
1994 — Las novias inmóviles. Ed. Lumen, col. Femenino Lumen. Barcelona.
1997 — Paisaje con reptiles. Ed. Valdemar, col. El club Diógenes, n° 59. M adrid.

INFANTIL
1992 — Elgato encantado. Ed. Aguaclara, col. Aldaba. Alicante.

COLECCION DE RELATOS
1985 — Necrópolis. Víctor Orenga editor, col. Narrativa insólita, n° 7. Valencia.

ENSAYO
1991 — La bella, enigma y pesadilla (Esfinge, M edusa, Pantera). Ed. Tusquets. Barcelona.

© 1997, Alfredo Lara, por el ensayo y la entrevista.


© 1985,Pilar Pedraza, por el relato.
I CONCURSO GIGAMESH DE
ENSAYO
SOBRE LITERATURA FANTASTICA
BASES

1. El concurso GIGAMESH de ensayo está abierto a articulistas de cual­


quier nacionalidad que presenten ensayos escritos en castellano y
dedicados a la opinión o al análisis de un tema, obra o conjunto de
obras de su elección dentro de la literatura fantástica, en cualquiera de
sus vertientes: ciencia ficción, terror, fantasía...
2. Los ensayos, inéditos incluso en publicaciones no profesionales del
género, deberán tener una extensión mínima de cinco folios y máxi­
ma de 25, presentados en folios que no excedan las treinta líneas
impresas en cuerpo no inferior a doce puntos.
3. Las obras deberán remitirse por duplicado y bajo seudónimo, inclu­
yendo en un sobre cerrado dentro del mismo envío los datos com­
pletos correspondientes al autor.
4. El primer premio es de 50.000 pesetas y puede ser declarado desierto
por el jurado, que en ese caso deberá anunciar un segundo premio
de 25.000 pesetas. Los autores ceden automáticamente los derechos
de la obras premiadas a la revista GIGAMESH para su publicación.
5. El jurado estará compuesto por Alejo Cuervo, Albert Solé y Julián
Diez, que actuará como secretario.
6. El plazo de recepción de originales se cierra el 1 de octubre. Las
obras deberán remitirse a: Librería Gigamesh. Concurso de Ensayo.
Ronda de San Pedro 53.08010 Barcelona.
Relato

LAS FRIAS ECUACIONES


lorn Godwin

o estaba solo. No había otra polizón descubierto en una NEE será

N razón para pensar así que la


blanca m anecilla del indica­
dor del tablero que había ante él. La
sala de control, aparte de él, estaba
arrojado de la nave inm ediatam ente
después de ser encontrado.»
Era la ley, y no había apelación
posible.
vacía. No se oía más sonido que el No era una ley d ictad a por los
m urmullo de los impulsores... pero la hom bres, sino un im perativo de las
m an ecilla blanca se había m ovido. circunstancias de la frontera espacial.
M arcaba cero cuando la nave había La expansión galáctica había seguido
sido lanzada del Stardust. Y en aquel al desarrollo de la navegación hiperes-
momento, una hora después, se había p a c ial, y m ie n tras los hom bres se
alzado. H abía algo en el arm ario de extendían cruzando la frontera, surgió
provisiones, indicaba la aguja, algún el problema del contacto con las pri­
La ciencia ficción tiene estas tipo de cuerpo que irradiaba calor. meras colonias aisladas y los grupos de
cosas: un cuento escrito hace Sólo podía tratarse de un tipo de exploración. Los inm ensos cruceros
cuarenta años con un éxito cuerpo: un organismo vivo, un cuerpo h ip eresp aciales eran p rod u cto del
humano. genio y el esfuerzo com binados de
moderado se convirtió de Se recostó en la silla del piloto y toda la Tierra y su construcción resul­
repente, a raíz de su mención respiró lenta y profundamente, consi­ taba larga y costosa. Y no había sufi­
derando lo que tendría que hacer. Era ciente número de ellos como para que
en el posterior artículo de un piloto NEE, acostum brado a la las pequeñas colonias los poseyeran.
David Hartwell, en el centro de visión de la muerte y acostumbrado a Los cruceros transportaban a los colo­
una de las más acaloradas presenciar la m uerte de otro hombre nizadores a sus nuevos m undo s, y
con una objetiva falta de emoción. Y hacían v isitas periódicas siguiendo
polémicas de los últimos tiempos. no tenía ninguna elección respecto a programas estrictos; pero no podían
Para que nuestros lectores tengan lo q ue h ab ía q u e hacer. No h ab ía detenerse y cam biar de curso para ir a
alternativa, pero hasta para un piloto colonias cuya visita estuviera progra­
su propia oportunidad de NEE requería unos instantes de con­ m ada p ara o tra fech a. T al retraso
juzgar, aquí está este cuento dicionam iento el prepararse a cruzar h ab ría d esb aratad o su program a y
cruel, emocionante, del que la habitación y, fríamente, deliberada­ habría creado una confusión e insegu­
mente, tomar la vida de un hombre al ridad que rompería la compleja inter­
podemos citar como una que aún no había conocido. dependencia entre la vieja Tierra y los
cualidad sobresaliente su Lo haría, por supuesto. Era la ley, nuevos mundos de la frontera.
clara y definitivamente establecida en Se hizo necesario un sistema para
precisión absolutamente el inflexible Párrafo L, sección 8, de llevar provisiones y ayuda a un mundo
matemática. las Regulaciones Interestelares: «Todo no programado para una visita cuan­
do allí se produjera una emergencia. la fiebre, y se había perdido de nuevo trol y se detuvo junto al armario de
La re sp u e sta fu ero n las N aves en el hiperespacio. En aquel momen­ provisiones.
E x p e d ic io n aria s de E m ergen cia. to, una hora después del lanzamiento, — ¡Sal de ahí!
Pequeñas y plegables, ocupaban poco la m anecilla del indicador decía que Su orden resonó áspera y brusca
espacio en el crucero. Estaban hechas había algo más que la cajita de suero sobre el murmullo de los impulsores.
de metal ligero y plástico, eran im pul­ en el armario de provisiones. Le pareció oír el susurro de un
sadas por un pequeño cohete que con­ Posó su mirada en la estrecha puer­ movimiento furtivo en el interior del
sum ía relativam ente poco com busti­ ta blanca del arm ario. A llí, exacta­ armario. Luego nada. Imaginó al poli­
ble. Cada crucero transportaba cuatro mente en el interior, vivía y respiraba zón a cu rru cán d o se en un rin có n ,
naves de este tipo, y cuando se recibía otro hom bre, y estaba em pezando a abrumado de pronto por las posibles
una llamada pidiendo ayuda, el cruce­ sentirse seguro de que el d escubri­ consecuencias de su acto, perdiendo
ro más próximo entraba en el espacio m iento de su presencia ya no le per­ toda seguridad y confianza.
normal el tiempo suficiente para lan­ m itiría alterar la situación, porque era — ¡He dicho que salgas!
zar una NEE con las provisiones y el d e m a sia d o tard e. Era d em asiad o O yó al polizón moverse para obe­
personal necesario, y se desvanecía tarde... para el hombre que se oculta­ decer su orden y esperó con los ojos
después para seguir su curso. ba detrás de la puerta era mucho más fijos en la puerta y la mano junto al
Los cruceros no utilizaban com ­ tarde de lo que pensaba y, en cierto atomizador de su costado.
bustible líquido, de cohete, sino trans­ modo, le resultaba difícil creerlo. La puerta se abrió y el polizón
formadores nucleares que eran dema­ No había alternativa. Se utilizaría salió del armario, sonriendo.
siado grandes y complejos como para combustible adicional en las horas de — De acuerdo, me rindo. ¿Y ahora,
perm itir su instalación en la NEE. desaceleración para compensar el peso qué? — Era una chica.
Los cruceros se veían forzados por com plem entario del polizón. Incre­ La m iró fijam ente y en silencio,
la necesidad a transportar una canti­ mentos infinitesim ales de combustible separó la mano del atom izador, y la
dad lim itada del voluminoso combus­ que no se echarían de m enos hasta certeza de lo que veía le llegó como un
tible de cohete, y el com bustible se que la nave casi hubiera llegado a su fuerte e inesperado golpe físico. El
racionaba cuidadosam ente. Los orde­ destino. Entonces, a una distancia de polizón no era un hom bre. Ante él
nadores del crucero determ inaban la tierra que podría ser de cien metros o había una jovencita con pequeñas san­
cantidad exacta de com bustible que de miles, según la masa de la nave y la dalias blancas; el cabello castaño y
cada NEE necesitaría para su misión. carga y el período precedente de desa­ rizado apenas le llegaba a los hom­
Los ord enad ores co n sid erab an las celeración, los incrementos no perci­ bros; em itía un aroma dulce y suave;
coordenadas del curso, la masa de la bidos en el gasto de com bustible se sonreía y, m ientras aguardaba la res­
nave, la m asa del piloto y la carga. harían notar. La NEE consumiría sus puesta, en sus ojos no había indicio
Eran m uy precisos y exactos, y en sus últim as gotas de combustible con un alguno de temor.
cálculos no om itían nada. No podían, chisporroteo y se lanzaría a una zum­ ¿Y ahora, qué? Si la voz ronca y
sin em bargo, prever, ni ad m itir, el bante caída libre. Nave, piloto y poli­ desafiante de un hombre hubiera for­
peso suplementario de un polizón. zón se fundirían en el impacto como mulado la pregunta, él habría contes­
El Stardust había recibido una lla­ un n au fragio de m etal y p lástico , tado con una acción rápida y eficaz.
mada de uno de los grupos de explo­ carne y sangre, hundiéndose profun­ H abría tomado la identificación del
ración estacionados en W oden. Los damente en el suelo. El polizón había disco del polizón y le habría ordenado
seis hom bres del grupo habían sido firmado su propia condena de muerte entrar en la cámara de presión. Si el
atacados por la fiebre transmitida por al esconderse en la nave. No se le polizón se hubiera negado a obedecer,
la mosca verde de agua kala, y sus pro­ podía p erm itir arrastrar otras vidas habría utilizado el atomizador. No le
visiones de suero habían sido destrui­ consigo. hubiese llevado mucho tiempo. En un
das por un tornado que había arrasa­ V olvió a c o n tem p la r la b lan ca minuto, el cuerpo habría sido lanzado
do el campamento. El Stardust había aguja indicadora, luego se levantó. Lo al espacio... si el polizón hubiera sido
seguido el procedim iento h abitu al. que tenía que hacer sería desagradable un hombre.
Había penetrado en el espacio normal para los dos. Cuanto más pronto lo Volvió al asiento del piloto e indi­
para lanzar la NEE con el suero para hiciera, mejor. Cruzó la sala de con­ có a la chica que se sentara sobre las
unidades de control de im pulsores, que ser, por necesidad, tan duras e — Para ahorrar combustible duran­
una especie de bulto cuadrado coloca­ inexorables como el medio ambiente te un rato.
do contra la pared, a su espalda. Su que les había dado nacim iento. No — ¿Q u ieres d e c ir q u e no hay
sonrisa se convirtió en la expresión obstante, para proteger a personas mucho combustible?
m ansa y culpable del cachorrillo al como ella de los resultados de su pro­ R etrasó la respuesta que tendría
que se sorprende haciendo una trave­ pia ignorancia, había un letrero en la que darle en cuanto preguntara qué
sura y que sabe que ha de ser castiga­ puerta del Stardust que llevaba a la hacían los polizones.
do. zona de alm acen am ien to de naves — No hice más que entrar tranqui­
— Aún no me has contestado— NEE. Un letrero bien a la vista para lam ente cuando nadie me veía — con­
dijo ella— . Soy culpable, así que ¿qué que todos lo vieran y lo obedecieran: tinuó ella— . Estaba practicando mi
me pasará ahora? ¿He de pagar una P rohibida la entrada a toda gelanés con la chica nativa que hace la
multa, o qué? PERSONA NO AUTORIZADA limpieza de la oficina de aprovisiona­
— ¿Q ué estás haciendo aqu í?— — ¿Sabe tu herm ano que viajabas m ie n to de la n ave, cu an d o llegó
preguntó él— . ¿Por qué te colaste de en el Stardust con destipo a Mimir? alguien con un pedido para el grupo
polizón en esta nave? — Oh, sí. Le envié un espaciogra- de inspección de W oden. Cuando la
— Quería ver a mi hermano. Está ma, un mes antes de salir de Tierra, nave estuvo lista para partir, me intro­
con el equipo de investigación guber­ contándole que me había graduado ya d uje ah í en el arm ario un instante
namental en Woden y hace diez años y que iba a ir a M im ir en el Stardust. an tes de q u e lle g a ras tú . S en tí el
que no nos vemos, desde que salió de Yo ya sabía que le destinarán a M im ir im p u lso de q ue a sí p o d ría ver a
la Tierra para ingresar en el cuerpo de d e n tro de un año m ás o m enos. Gerry... pero por la horrible forma en
inspección gubernamental. Entonces conseguirá un ascenso y per­ que me estás mirando, no estoy segura
— ¿C u ál era tu d e stin o en el manecerá en M im ir, y no tendrá que de que fuera un impulso m uy inteli­
Stardust? s a lir en v ia je s de c am p añ a com o gente.
— Mimir. Conseguí un trabajo allí. ahora. »Pero seré una delincuente ejem ­
M i herm ano ha estado enviándonos Había dos grupos distintos de ins­ plar... ¿o he de decir prisionera? — le
dinero todo este tiempo (a mis padres pección en Woden. Le preguntó cómo so n rió de n u evo — . M e p ro p o n ía
y a mí) y pagó un curso especial de se llamaba su hermano. pagar m i m an u ten ció n adem ás de
lingüística que estaba siguiendo. Me — Cross... Gerry Cross. Está en el p a g ar la m u lta . Puedo c o c in a r y
gradué más pronto de lo que esperaba Grupo Dos... al menos ésa es su direc­ remendar la ropa de todos, y sé hacer
y me ofrecieron este trabajo en Mimir. ción. ¿Le conoces? todo tipo de cosas útiles, hasta puedo
Sabía que pasaría casi un año antes de El G rupo Uno era el que había servir como enfermera.
q u e G erry -acabara su tra b ajo en pedido el suero. El Grupo Dos estaba Quedaba aún otra pregunta:
Woden y pudiera ir a M im ir, y por a doce mil kilómetros de distancia, al — ¿Sabías en qué co n sistían las
eso me escondí en el arm ario, aquí. otro lado del M ar del Oeste. provisiones que pidieron para el grupo
H abía espacio suficiente para m í y — No, no le conozco — le contes­ de inspección?
estaba d ispuesta a pagar la m u lta. tó. Se volvió al tablero de control y — O h, no. Sup o n go q u e ú tiles
Somos sólo dos hermanos, Gerry y yo, redujo la desaceleración a una frac­ para su trabajo.
y hacía tanto tiempo que no le veía ción de gravedad. Sabía, al hacerlo, ¿Por qué no podría haber sido ella
que no quise esperar otro año cuando que no podría e lu d ir el fin al, pero un hombre, llevado allí por algún otro
podría verle ahora, a pesar de que al hacía lo único posible para prolongar m otivo? ¿Un fugitivo de la justicia
hacerlo sab ía que estaba v iolan d o el momento. La sensación fue como b u scan d o p erd erse en un m und o
alguna regla. si la nave cayera bruscam en te y el nuevo? O un oportunista, en busca de
Sabía que estaba violando alguna involuntario movimiento de sorpresa transporte a las nuevas colonias donde
regla... de la muchacha casi le hace caerse del podría encontrar el vellocino de oro.
En cierto m odo, no se la podía asiento. O un fanático, con una misión...
acusar de ignorar la ley. Era de la — Ahora vamos más deprisa, ¿no? Q uizás una sola vez en su vida
Tierra y no había comprobado que las — preguntó— . ¿Por qué? encontraba un piloto NEE un polizón
leyes espaciales de la frontera tenían Le dijo la verdad: como ella en su nave. Hombres retor­
cidos, hombres egoístas y viles, hom­ — Por eso ten ía q u e lla m a rle a — El polizón es una chica.
bres b ru ta le s y p e lig ro so s... pero usted primero. El polizón está todavía -¿ Q u é ?
nunca, antes, una sonriente muchacha a bordo y las co n d icio n es son un — Q uería ver a su herm ano. Es
de ojos azules dispuesta a pagar su tanto diferentes... solo una niña y en realidad no sabía lo
multa o trabajar por su manutención — ¿D iferentes? — le interrum pió que estaba haciendo.
para poder ver a su hermano. el com andante, con tono im pacien­ — E n tien d o . — La b rusquedad
Se volvió hacia el tablero y conectó te.— ¿Cóm o pueden ser diferentes? desapareció por com pleto de la voz
la c la v ija p ara c o m u n ic a r con el Sabe usted m uy bien que dispone de del com andante— . ¿Así que llam ó
Stardust. La llamada sería inútil, pero una cantidad lim itada de com busti­ u sted con la esperanza de que yo
hasta que no hubiera agotado aquella ble. Y conoce perfectam ente la ley: pudiera hacer algo? — C ontinuó sin
ú n ica y d é b il esp eran za no p o d ía «Todo polizón d escu bierto en una esperar respuesta— : Lo siento, no
coger a la chica y lanzarla a la cámara NEE será lanzado al espacio inm e­ puedo hacer nada. Este crucero tiene
de presión como si fuera un anim al... diatam ente después de su descubri­ que seguir el curso previsto. De ello
o un hombre. El retraso no sería peli­ m iento.». depende no la vida de una sola perso­
groso con la nave desacelerando en O yó el ah o g ad o g em id o de la na, sino la de m uchas. Sé cómo se
gravedad fraccional. muchacha. siente usted, pero me es im posible
Surgió una voz del comunicador: — ¿Qué es lo que quiere decir? ayudarle. Tendrá que seguir las ñor-
— Stardust. Identifiqúese y proce­
da.
— B arto n , NEE 3 4 G 1 1 . E m er­
gencia. Póngame con el com andante
Delhart.
Hubo una débil confusión de rui­
dos m ientras la petición seguía los
canales adecuados. La m uchacha le
miraba fijamente. Ya no sonreía.
— ¿Va usted a pedirles que vengan
a buscarme? — preguntó.
El com unicador em itió un chas­
quido y luego se oyó una voz lejana
diciendo:
— Com andante, el NEE pide...
— ¿Vendrán a buscarme? — volvió
a preguntar la chica— . ¿No consegui­
ré ver a mi hermano, después de todo?
— ¿Barton? — Era la voz áspera y
ronca del C o m and ante D elhart— .
¿Qué es eso de una emergencia?
— Un polizón — contestó él.
— ¿Un polizón? — Había una vaga
sorpresa en la pregunta— . Eso es un
tanto insólito, pero ¿por qué la llam a­
da de emergencia? Le ha descubierto a
tiempo, así que no debe haber peligro
considerable, y supongo que ha infor­
m ado a Inform es N avales para que
pueda notificarse a sus parientes más
próximos.
m as. Le co m u n ico con Inform es incredulidad desaparecieron por com­ ¿Puede entenderlo?
Navales. pleto de su expresión— . ¿Lo harás? Hubo un silencio breve, sobresalta­
El com unicador em itió un débil ¿Vas a hacer que muera? do, luego Informes dijo, casi suave­
sonido y él se volvió hacia la mucha­ — Lo siento — repitió él— . Nunca mente:
cha. Estaba casi rígida, inclinada hacia sabrás cuánto lo siento. Tiene que ser — Lo siento. Adelante.
adelante en el asiento, con los ojos así, y ningún ser humano del universo Empezó a leer los datos del disco,
fijos, desorbitados y espantados. lo puede cambiar. haciéndolo despacio para retardar lo
— ¿Q ué q u ería d ecir con lo de — Vas a hacer que muera y yo no inevitable lo más posible, intentando
se g u ir las norm as? ¿L an zarm e al he hech o n ad a por lo q u e deba ayudar a la chica, proporcionándole el
vacío?... Seguir las normas... ¿qué que­ morir... no he hecho nada.... poco tiem po que podía para que se
ría decir? No lo que parece... ¿Qué Suspiró, profunda y cansinamente. recobrara y consiguiera que su terror
quiso decir?... ¿Qué quiso decir real­ — Sé que no has hecho nada, hija, se disipara en la calm a de la acepta­
mente? lo sé m uy bien... ción y la resignación.
El tiempo que le restaba a ella era — NEE — el comunicador resonó, — N ú m ero 5 8 3 7 4 g u ió n Y 54.
demasiado breve para que una m enti­ agudo y m etálico— . A quí Informes N om bre: M arilyn Lee Cross. Sexo:
ra significara mucho más que una efí­ Navales. Denos toda la inform ación mujer. N acim iento: 7 de julio, 2160
mera ilusión. del disco de identificación del sujeto. — No tenía más de dieciocho años— .
— Quería decir exactamente lo que Se levantó de su silla y se inclinó Altura: uno sesenta. Peso: 47. — Un
dijo. hacia la m uchacha. Ella se agarró al peso tan ligero era su ficien te para
— ¡No! — Se apartó de él como si borde de su asiento y alzó la cara, páli­ resultar fatal al añadirse a la masa de
le hubiera pegado, alzando a medias da bajo el cabello oscuro; el carmín de la burbuja de fino caparazón que era
un brazo como para protegerse. En sus labios destacaba en rojo sangre. la NEE— . C ab ello: castaño. O jos:
sus ojos brillaba una firme increduli­ — Ahora, ¿qué? azules. Com plexión: ligera. Tipo san­
dad. — Q uiero tu disco de id entifica­ g u ín eo : 0 . — D ato irre le v a n te — .
— ¡No hay otra solución! ción — dijo él. D estino: Port C ity, M im ir. — Dato
— ¡No! ¡Estás brom eando... estás Soltó el borde del asiento y mano­ inútil...
loco! ¡No hablas en serio! seó la cadena que llevaba al cuello con Terminó y dijo:
— Lo siento — le hablaba despacio, su disco de identificación, con dedos — L lam aré lu eg o . — Se v o lv ió
suavemente— . Debía habértelo dicho torpes y temblorosos. El se inclinó y e n to n ce s, una vez m ás, h a cia la
antes. D ebía habértelo dicho, pero desabrochó el cierre por ella, y luego muchacha. Estaba acurrucada contra
antes ten ía que hacer lo que hice. volvió con el disco a la silla del piloto. la pared, m irán d o le con expresión
Tenía que llamar al Stardust. Oíste lo — Aquí están los datos, Informes. estupefacta y asombrada.
que dijo el comandante. Número de identificación: T 837... — Están esperando que me mates,
— Pero no puedes hacerlo... si me — Un m om ento — in terru m p ió ¿verdad? Quieren que muera, ¿verdad?
obligas a salir de la nave... moriré. Inform es— . Esto es para rellenar la T ú y todos los del crucero queréis que
— Lo sé. tarjeta gris, ¿verdad? yo m uera, ¿verdad? — E ntonces, su
Ella escrutó su rostro y la incredu­ — Sí. estupefacción se quebró y su voz era la
lidad desapareció de sus ojos, dando — ¿Y la hora de ejecución? de un niño aterrado y desconcerta­
len tam en te paso a una m irad a de — Daré ese dato más tarde. do— : Todos queréis que muera y yo
aturdido terror. — ¿Más tarde? Esto es m uy irregu­ no he hecho nada. No hice daño a
— ¿Lo sabes? — pronunció las pala­ lar. La hora de la muerte del sujeto se nadie. Sólo quería ver a mi hermano.
bras en tono m uy distante, torpe y pide antes... — No es como tú piensas. No lo es
asombrado. Consiguió, con un esfuerzo, dar a en ab so lu to — le d ijo é l— . N adie
— Lo sé. Así ha de ser. su voz un tono normal: quiere que pase esto. Nadie perm itiría
— Hablas en serio... H ablas real­ — Entonces lo haremos de forma que esto ocurriera si fuera hum ana­
mente en serio. — Se apretujó contra m uy irregular. Primero leeré los datos mente posible impedirlo.
la pared, pequeña y débil como una del disco. El sujeto es una muchacha y — E n to n ces, ¿p o r q u é? No lo
muñequita de trapo, y la rebeldía y la está oyendo todo lo que decim os. entiendo, ¿por qué?
— Esta nave lleva suero para la fie­ Se inclinó un poco hacia adelante, modo. ¿C uándo sería eso? ¿Cuánto
bre kala al Grupo Uno de Woden. Sus con ansiedad, m ientras aguardaba la tiempo podía perm itir que se queda­
existencias de suero fueron destruidas respuesta de él. ra?
por un tornado. El Grupo Dos (al que -N o . — ¿Cuánto tiempo puedo quedar­
pertenece tu hermano) está a doce mil La palabra fue com o una ducha me?
k iló m e tro s al o tro lad o d el M a r fría. La chica volvió a reclinarse contra Retrocedió involuntariamente ante
O ccidental, y su helicóptero no puede la pared. La esperanza y la ansiedad aquellas palabras que eran exactamen­
cruzar el m ar para ayudar al Grupo desaparecieron de su rostro. te el eco de sus propios pensamientos.
U no. La fieb re es siem p re fa ta l, a — ¿Estás seguro... sabes que estás ¿Cuánto tiempo? No lo sabía. Tendría
menos que se inyecte el suero a tiem­ seguro? que preguntárselo a los ordenadores.
po, y los seis hombres del Grupo Uno — Estoy seguro. No hay ningún Todas las NEE recibían escaso exce­
morirán si esta nave no llega a tiempo. otro crucero a menos de cuarenta años dente de combustible para compensar
Estas pequeñas naves sólo van provis­ luz. Nada ni nadie puede cam biar las las condiciones desfavorables dentro
tas del combustible justo para llegar a cosas. de la atm ósfera, y cuando llegara el
su destino, y si permanecieras a bordo, E lla bajó la cabeza y em pezó a momento se consumiría relativamente
el exceso de carga que supone tu peso retorcerse la falda entre los dedos, sin poco. Los bancos de memoria de los
haría que la nave consumiera todo su d e cir p a la b ra , m ie n tras su m ente ordenadores conservaban todos los
combustible antes de tocar tierra. En empezaba a asim ilar la situación. datos relativos al rumbo fijado para la
tal caso, se estrellaría, y tú y yo morirí­ Era mejor así. Si desaparecía toda NEE. T ales datos no se borrarían
amos, y también los seis hombres que esperanza, desaparecería tam bién el hasta que la nave alcanzara su destino.
están esperando el suero. miedo. Si desaparecía toda esperanza, Sólo tenía que dar a los ordenadores
Pasó un tenso m inuto antes de que llegaría la resignación. Ella necesitaba un dato nuevo. El peso de la mucha­
ella hablara. Y cuando consideró sus tiempo y disponía de m uy poco. ¿De cha y el momento exacto en que había
palabras, la expresión de perplejidad cuánto? reducido la desaceleración a 0,10.
se había borrado de su cara. Las NEE no estaban equipad as La voz del com andante D elhart
— ¿Es así? — preguntó al fin— . ¿Es con unidades de refrigeración. Debían surgió bruscamente del comunicador,
sólo que la nave no tiene combustible reducir la velocidad a un nivel mode­ en el instante en que abría la boca
suficiente? rado antes de entrar en la atmósfera. para llamar al Stardust:
— Sí. Estaba haciéndolo a 0,10 de gravedad. — Barton. Una comprobación con
— Puedo irm e sola o llevarm e a Se aproxim aban a su destino a una Informes me indica que no ha com­
otros siete conm igo... ¿es eso lo que velocidad m uy superior a la calculada pletado usted el suyo. ¿Redujo la desa­
pasa? por los ordenadores. El Stardust esta­ celeración?
— Exactamente. ba bastante cerca de W oden cuando Así que el comandante sabía lo que
— ¿Y nadie q u iera que yo tenga lanzó la NEE. Su actual velocidad les estaba intentando hacer.
que morir? a p ro x im ab a m ás a cad a segu n d o . — E stoy d e sac ele ran d o a cero
— Nadie. H abría un punto crítico, al que pron­ com a diez — respondió— . C orté la
— E ntonces, puede ser... ¿Estás to llegarían, en el que él tendría que desaceleración en diecisiete cincuenta
seguro de que no puede hacerse nada? reiniciar la desaceleración. Cuando lo y el peso es de cuarenta y siete. Me
¿Me ayudarían si pudieran? hiciera, el peso de la m uchacha se gu staría perm anecer en cero coma
— A todos les gustaría ayudarte, m u ltip licaría por las gravedades de diez el tiem po que los ordenadores
pero nadie puede hacer nada. Yo hice desaceleración, que sería, súbitamente, d igan q ue puedo h acerlo . ¿Puede
lo ún ico q u e p o d ía h acer cu and o un factor de importancia prim aria: el pasarles la pregunta?
llamé al Stardust. factor que los ordenadores habían El que un piloto NEE hiciera cual­
— Y el Stardust no volverá atrás... ign o rad o cu and o d eterm in aro n la quier cam bio en el curso o grado de
pero puede haber otros cruceros, ¿no? cantidad de combustible de que debía desaceleración que los ordenadores
¿No queda ninguna esperanza de que d isponer la NEE. E lla tendría que habían determ inado iba contra las
haya algún otro crucero, en alguna parte, m archarse en cuanto se in iciara la normas, pero el comandante no men­
que pueda hacer algo para ayudarme? desaceleración. No podía ser de otro cionó la transgresión ni preguntó las
razones de la misma. No necesitaba La voz de algún técnico anónimo masa m a salvo hasta su destino. Y
preguntar. Como indicaba su cargo de le leyó las instrucciones y él las apuntó una segunda ley física había decreta­
comandante de un crucero intereste­ en la libreta sujeta al tablero de con­ do: una cantidad de combustible h no
lar, poseía inteligencia y comprensión trol. Vio que habría períodos de desa­ transportará a una NEE con una masa
de la naturaleza humana. Sólo dijo: celeración, cuando se acercara a la m más x a salvo a su destino.
— Paso los datos a los ordenadores. atmósfera, en los que la desaceleración Las NEE obedecían sólo las leyes
El comunicador guardó silencio, y sería de cinco gravedades... y a cinco físicas, y ni siquiera la mayor cantidad
él y la m uchacha esperaron, ambos gravedades, cuarenta y siete kilos se de sim patía hacia la muchacha podía
también en silencio. No tendrían que convertirían en más de doscientos. alterar la segunda ley.
esperar mucho. Los ordenadores darí­ El técn ico co n clu yó y cerró su — Pero tengo m iedo. No quiero
an la respuesta en unos m om entos. contacto con un breve saludo. Luego, m orir... no ahora. Yo quiero vivir y
Los nuevos datos se introducirían en dudando un momento, estiró la mano n a d ie hace n ad a p ara a yu d a rm e .
las fauces de acero del primer banco, y y desconectó el comunicador. Eran las Todos me d ejan segu ir ad elan te y
los impulsos eléctricos recorrerían los 18:13 y no tendría que volver a infor­ actúan exactamente como si nada me
complejos circuitos. A lgún que otro mar hasta las 19:10. M ientras tanto, le fuera a ocurrir. Voy a morir y a nadie
transmisor resonaría, giraría un minús­ parecía indecente perm itir que otros le importa.
culo diente, pero, en esencia, eran los oyeran lo que ella pudiera decir en su — A todos nos im porta — replicó
impulsos eléctricos los que hallaban la últim a hora. él— . A m í, y al co m an d an te, y al
respuesta. Informes, indiferentes, invi­ Empezó a comprobar la lectura de empleado de la Oficina de Informes.
sibles, determinarían con extrema pre­ los instrum entos, revisándolos con A todos nos importa, y todos hemos
cisión cuánto tiem po podría vivir la innecesaria lentitud. Ella tendría que hecho lo poco que podíamos por ayu­
pálida muchacha que se sentaba a su aceptar las circunstancias y él nada darte. No fue suficiente, casi no fue
lado. Luego, cinco pequeños segmen­ podía hacer para ayudarla a aceptarlas. nada, pero era todo lo que podíamos
tos de m etal del segundo banco se Las palabras de sim patía sólo servirían hacer.
moverían en rápida sucesión sobre una para demorar su aceptación. — No hay bastante com bustible...
cinta y una segunda boca de acero Eran las 18:20 cuando ella salió de Eso puedo en ten d erlo — d ijo ella,
escupiría la papeleta con la respuesta. su pasividad y habló: como si no hubiera oído las palabras
El cronómetro del tablero de ins­ — A sí que tiene que sucederm e de él— . Pero tener que morir por ello.
trumentos marcaba las 18:10 cuando esto sin remedio. Yo, sola...
el comandante habló de nuevo: El se volvió para mirarla de frente. Q ué duro había de ser para ella
— Tiene que reanudar la desacele­ — ¿Lo com prendes ahora? N adie aceptar el hecho. Jamás había conoci­
ración a las diecinueve diez. dejaría que las cosas fueran como son do el peligro de muerte. Jamás había
Ella miró el cronómetro y desvió si se pudiera evitar. conocido el miedo en el que las vidas
rápidamente la mirada. — Entiendo — dijo ella. El color de los hombres podían ser tan frágiles
— ¿Es cuando... cuando tengo que volvió a su cara y el carm ín de sus y fugaces como espuma del mar arroja­
irm e? — p regu n tó . El a sin tió y la labios ya no destacaba tan vividamen­ da contra la rocosa costa. Ella pertene­
muchacha bajó de nuevo la cabeza. te rojo— . No hay com bustible bas­ cía a la apacible Tierra, a aquella socie­
— Le d aré las co rrec cio n e s de tante para que me quede. Cuando me dad pacífica y segura en la que podía
rum bo — d ijo el c o m a n d an te — . escondí en esta nave me m etí en algo ser joven y alegre y reír con las demás
Normalmente, jamás habría perm iti­ que desconocía por completo, y ahora personas como ella. Donde la vida era
do algo así, pero comprendo su posi­ he de pagar por ello. preciosa y estaba bien pro tegid a y
ció n . No hay n ad a q ue yo pueda Había violado una orden que decía donde siempre existía la seguridad del
hacer. Sólo lo que he hecho hasta P rohibida la entrada , pero el casti­ mañana. Pertenecía a aquel mundo de
ahora, y usted ha de seguir estas nue­ go no era un capricho de los hombres, suaves vientos y cálido sol, m úsica y
vas in stru cc io n es. C o m p le tará su y era un castigo que los hombres no luz de luna, de elegante modales, y no
informe a las diecinueve diez. Ahora... podían revocar. Una ley física había a la cruda y yerma frontera.
tom e nota de las co rreccio n es de decretado: una cantidad h de combus­ — ¿C óm o m e o c u rrió todo de
curso. tible transportará a una NEE con una modo tan terriblemente rápido? Hace
una hora estaba en el Stardust rumbo pioneros por lo general sólo se equivo­ p arte del m undo. La m ancha azul
a M im ir. Ahora el Stardust sigue su can una vez. No existe m argen de oscuro que era el Lago del Loto estaba
curso sin m í y yo voy a morir y jamás seguridad a todo lo largo de la fronte­ aproximándose a la sombra. En algún
veré a Gerry ni a mis padres... no vol­ ra. No puede haberlo hasta que los lugar próximo a la orilla sur del lago
veré a ver nada. m undos nuevos estén colonizados y tenía su cam pam ento el Grupo Dos.
El vacilaba, preguntándose cómo dispuestos. Hasta entonces, los hom­ Pronto sería de noche allí, y nada más
podría explicárselo para que entendie­ bres tendrán que pagar por los errores llegar la noche, la rotación de Woden
ra realm en te y no creyera q u e, de que cometan, sin que nadie les ayude, sobre su eje les im pediría comunicar
algún m odo, era la v íctim a de una porque no hay nadie para ayudarles. por radio con el Grupo Dos. Tendría
injusticia irracionalm ente cruel. Ella — Yo iba a M im ir — dijo ella— . que decírselo a ella antes de que fue
no sabía cómo era la frontera; pensaba No sabía nada de la frontera, yo sim ­ demasiado tarde para que hablara con
en términos de la tranquila y segura p lem en te iba a M im ir y M im ir es su herm ano. En cierto modo, sería
Tierra. En la Tierra no se lanzaba al seguro. mejor para ambos no hablar, pero no
vacío a las muchachas bonitas. Había — M im ir es seguro, pero abando­ era a él a quien correspondía decidir.
una ley que lo prohibía. En la Tierra naste el crucero que te llevaba allí. Para los dos herm anos, las últim as
su apuro habría llenado los inform ati­ E lla guardó silencio durante un palabras serían algo tan cortante como
vos y una rápida nave patrulla negra rato. el filo de un cuchillo, pero a la vez
habría acudido a su rescate. Todos, en — Era todo tan m a ra v illo so al algo precioso que recordar, ella duran­
todos los rincones, habrían conocido principio. Había cantidad de espacio te los breves momentos que le queda­
el caso de M arilyn Lee Cross, y no se para m í en la nave e iba a ver tan ban, y él durante el resto de su vida.
habría ahorrado esfuerzo alguno para pronto a Gerry... yo no sabía nada del Conectó la pantalla y utilizó el diá­
salvar su vida. Pero no estaba en la com bustible ni de lo que iba a ocu- metro conocido del planeta para cal­
Tierra, y allí no había naves patrulla; rrirme... cular la distancia que la orilla sur del
sólo el Stardust, que se alejaba de ellos Las palabras de ella se perdieron y Lago del Loto tenía que recorrer aún
a muchas veces la velocidad de la luz. él volvió su atención a la pantalla, hasta sobrepasar el alcance de la radio.
No había nadie que pudiera ayudarla, pues no deseaba m irarla m ientras se Era de setecientos kilómetros aproxi­
no habría M arilyn Lee Cross mañana debatía con el negro espanto del terror m adam ente. Setecientos kilómetros.
so n rie n d o en los in fo rm ativ o s. y se abría paso hacia la gris calma de la T reinta m inu tos. Y el cronóm etro
M arilyn Lee Cross sólo sería un dolo­ aceptación. indicaba 18:30. Admitiendo un error
roso recuerdo para un pilo to y un de c álcu lo , la ro tación de W oden
nombre en una ficha gris en la oficina Woden era un globo envuelto en la interceptaría la voz del hermano de la
de Informes Navales. bruma azul de su atmósfera, nadando muchacha.
— A quí es diferente. No es como en el espacio contra un fondo de mor­ A la izquierda del mundo se veía
en la Tierra — dijo él— . No se trata tecina oscuridad salpicada de estrellas. ya la prim era línea del C ontinente
de que no le importe a nadie. Se trata La gran m asa del C o n tin e n te de O ccidental. Seis mil kilómetros a su
de que nadie puede hacer nada por M anning se extendió como un gigan­ trav é s, a p arec ía la co sta del M ar
ayudar. La frontera es grande y los tesco relo j de aren a en el m ar O cc id e n tal, y el cam p am en to del
grupos de exploración que hay a todo O riental, aún visible la mitad occiden­ Grupo Uno. El tornado se había origi­
lo largo de ella son pequeños, m uy tal del C ontinente O riental. H abía nado p rec isa m e n te en el M ar
a lejad o s en tre sí. En W o d en , por una estrecha franja de som bra a lo O ccid en tal, arrasando con furia el
ejem plo, sólo hay dieciséis hombres, largo del borde derecho del globo, y el cam pam ento y destruyendo la mitad
dieciséis hombres y un mundo entero. Continente O riental iba desaparecien­ de sus edificios prefabricados, inclu­
Los grupos de exploración, de inspec­ do en ella al girar el planeta sobre su yendo el alm acén de medicamentos.
ción, las pequeñas primeras colonias; eje. Una hora antes, todo el continen­ Dos días antes, el tornado no existía.
to d o s están co m b a tie n d o co n tra te habría estado a la vista; ahora, mil Sólo había grandes y tranquilas masas
medios extraños, intentando allanar el kilómetros del mismo habían penetra­ de aire sobre el M ar O ccidental en
camino para los que vendrán después. do en la zona som breada y para la calma. El Grupo Uno había seguido
El medio ambiente contraataca, y los noche q u ed aría sum ido en la otra su h ab itu al trabajo de inspección,
calma. El Grupo Uno había seguido por abrirse paso. Los hombres de la algo im p o rtan te... m alas noticias o
su h ab itu al trabajo de inspecció n, fro n te ra h a b ía n a p re n d id o h acía algo parecido?
ignorante del encuentro de las masas mucho la amarga futilidad de malde­ — Sí, es m uy im portante. Q ue se
de aire en el mar, desconociendo la cir las fuerzas que les destruirían, pues comunique conmigo en cuanto llegue.
fuerza que la unión de tales masas de las fuerzas eran sordas y ciegas; apren­ — De acuerdo. H aré que uno de
aire iba a producir. Había arrasado su dieron la futilidad de pedir ayuda a los chicos espere en el campo con un
cam p am en to de im p ro v iso , una los cielos, pues las estrellas de la gala­ vehículo. ¿Puedo hacer algo más?
estruendosa fuerza d estructiva que xia seguían su largu ísim o curso de — No. Creo que eso es todo. Que
aniquilaba todo cuanto se ponía en su doscientos millones de años controla­ se ponga al transm iso r tan pronto
cam in o . H ab ía se g u id o su curso das tan inexorablem ente como ellos como pueda y me avise.
d ejan d o tras de sí la d estru cció n . por leyes que no conocían ni el odio B ajó el volum en al m ín im o , lo
Había destruido el trabajo de meses, y ni la com pasión. Los hombres de la cual no afectaría el funcionam iento
había condenado a muerte a seis hom­ frontera lo sabían, pero ¿cómo iba a del receptor de señ ales, y cogió la
bres, v luego, como si su misión estu­ comprenderlo del todo una muchacha libreta del tablero de control. Arrancó
viera cum plida, se había reducido de de la Tierra? Una cantidad h de com­ la hoja con sus instrucciones de vuelo
nuevo a suaves masas de aire. Pero b u stib le no llevará a una NEE de y entregó a la muchacha el cuaderno y
pese a su letalidad, había destruido sin masa m más x a salvo a su destino. un lápiz.
malicia ni intención. Había sido una Para él m ism o, y para el herm ano y — Será mejor que escriba también
fuerza ciega que sólo obedecía las leyes los padres de la m uchacha, ella era a Gerry — dijo ella al coger el cuader­
de la naturaleza y su curso habría sido una niñita de dulce rostro. Para las no y el lápiz— . Tal vez no vuelva a
el mismo, y su furia la misma, si los leyes de la naturaleza sólo era x, el fac­ tiempo al campamento.
hombres no hubieran existido. tor a elim inar en una fría ecuación. Empezó a escribir con mano aún
La e x iste n c ia re q u ería orden y Volvió a moverse en su asiento. torpe e insegura, por la forma de suje­
había orden: las leyes de la naturaleza, — ¿P u ed o e sc rib ir u n a carta? tar el lápiz y cómo le temblaba cuan­
irrevocables e inm utables. Los hom ­ Quiero escribir a mis padres y me gus­ do lo posaba entre palabra y palabra.
bres podían aprender a u tiliz arlas, taría hablar con Gerry. ¿Podrías per­ El se volvió y miró fijamente a la pan­
pero no podían cambiarlas. La circun­ m itirm e hablar por tu radio? talla sin verla.
ferencia de un círculo era siempre p¡ — Trataré de conectar — dijo él. Era una niñita solitaria intentando
por el diám etro , y n ingú n tipo de Conectó el transm isor de espacio formular su último adiós y mostrarles
ciencia humana haría que Fuera distin­ norm al y pulsó el botón de señal. su corazón. Les diría cuánto les amaba
to. La combinación del producto quí­ Alguien contestó casi inm ediatam en­ y que no sufrieran, pues era única­
mico A con el elemento quím ico B en te. mente algo que una y otra vez tenía
condiciones C produce in variab le­ — Hola. ¿Cóm o va todo, m ucha­ que pasarle a todos, y ella no tenía
mente una reacción D. La ley de la chos? ¿Está en cam ino la NEE? m iedo. Lo últim o era m entira, una
gravitación era una rígida ecuación —Esto no es el Grupo Uno. Es la p eq u eñ a y v a lie n te m e n tira que
que no hacía d istin cio n es entre la NEE — contestó— . ¿Está ahí G erry aum entaría el dolor de ellos.
caída de una hoja y el movimiento de Cross? Su hermano estaba en la frontera y
un sistema estelar binario. El proceso — ¿Gerry? El y otros dos salieron lo comprendería. El no odiaría al pilo­
de conversión nuclear perm itía a los por la m añana en helicóptero y aún to NEE por no hacer nada para impe­
cruceros trasladar a los hombres a las no han vuelto. Ya casi se ha puesto el dir que ella se fuera. El sabría que no
estrellas. El mismo proceso, en la for­ sol, así que creo que llegarán ensegui­ h ab ía n ad a q u e el p ilo to p u d iera
m ación de una nova, d estruiría un da. Com o mucho en una hora. hacer. Com prendería, aunque el com­
mundo con eficacia similar. Las leyes — ¿Puedes conectarme con la radio prenderlo no suavizaría el dolor por la
eran y el universo se movía obedecién­ de su helicóptero? muerte de su hermana y lo otros... sus
dolas. A lo largo de la frontera, esta­ — O h, ha estad o d u ra n te dos padres... ellos no lo entenderían. Ellos
ban dispuestas todas las fuerzas de la meses fuera y tien e unos circu ito s eran de la Tierra y pensarían como los
naturaleza, y a veces destruían a los rotos. No podemos hacer nada hasta que nunca han vivido donde el m ar­
que llegaban desde la Tierra luchando que llegue el próxim o crucero. ¿Es gen de seguridad de vida era una línea
do, sin rostro, que había enviado a su sentido, son m uy im portantes... para justo para vivir; pero no nos dijo que
hija a la muerte? m í y para ellos. las cosas fueran así.
Le o d iaría n con te rrib le y fría — Lo sé. Lo comprendo. Me ocu­ — ¿No os dijo que su trabajo era
intensidad, pero, en realidad, eso no paré de las cartas. peligroso?
im portaba. El nunca les vería, jam ás Ella miró el cronómetro, luego se — Bueno... sí. Lo mencionó, pero
les co n o cería. Le q u ed aría sólo el volvió a él. no lo entendimos. Yo siempre creí que
recuerdo, las noches de miedo en las — Parece que se mueve más depri­ el peligro de la frontera tenía mucho
que una m uchachita de ojos azules sa. de divertido, una aventura excitante
con sandalias aparecería en sus sueños El no dijo nada, pues no se le ocu­ como en los espectáculos tridimensio­
para volver a morir... rría nada que decir, y ella preguntó: nales — por un momento, una tenue
M iró ceñudo a la pantalla e inten­ — ¿Crees que Gerry llegará a tiem­ sonrisa se dibujó en su rostro— . Pero
tó pensar en otras cosas. No podía po al campamento? no es así, ¿verdad? No lo es en absolu­
hacer absolutamente nada por ayudar­ — Creo que sí. Dijeron que llegaría to. Porque en la realid ad uno no
la. Se había som etido inconsciente­ enseguida. puede irse a casa cu and o acaba el
mente a la pena por violar una ley que Empezó a hacer rodar el lápiz entre espectáculo.
no reconocía la inocencia ni la juven­ las palmas de sus manos. — No — dijo él— . No puede.
tud ni la belleza, que era incapaz de — Espero que llegue. M e siento Su m irada saltaba del cronómetro
sim p atía o in d u lgen cia. Era lógico mal y asustada y querría oír su voz de a la cám ara de compresión y luego a
lam entarse... y, sin em bargo, ¿podía nuevo, y tal vez entonces no me sienta la libreta y el lápiz que aún tenía ella.
evitar lam entarse por saber que era tan sola. Soy cobarde y no puedo evi­ C am b ió lig e ra m e n te de po sició n
ilógico? tarlo. para dejarlos en el banco de al lado,
Se detenía de vez en cuando, como — No — dijo él— . No eres cobar­ m oviendo un poco un pie. Se fijó
si tratara de dar con las palabras exac­ de. Tienes miedo, pero no eres cobar­ entonces en que no llevaba auténti­
tas que expresaran lo que quería decir­ de. cas sandalias de piel, sino sólo unas
les, luego el lápiz reanudaba su susu­ — ¿Y qué diferencia hay? baratas de im itación. Eran de algún
rro sobre el papel. C uando plegó la — Una gran diferencia. tipo de plástico. La hebilla no era de
carta y puso un nombre en ella, eran — M e siento sola. Nunca me sentí p lata, sino de hierro crom ado; las
las 1 8 :3 7 . Empezó a escrib ir o tra, así antes. Como si todo dependiera de joyas eran de cristal coloreado. «La
m iran d o al c ro n ó m etro com o si m í y a nadie le importara lo que me pequeña tienda de papá da justo para
temiera que la negra manecilla llegara o curra. A ntes siem pre estaban mis vivir». Tuvo que dejar la facultad en
a su cita antes de que ella acabara de padres y mis amigos conmigo. Tenía el segundo año para tomar un curso
escribir. Eran las 18:45 cuando dobló muchísimos amigos, y la noche antes de lin g ü ís tic a q u e le p e rm itie ra
la segunda carta y escribió sobre ella de marcharme me hicieron una fiesta ganarse la vida y ayudar tam bién a
un nombre y una dirección, igual que de despedida. sus padres ganando lo que pudiera
en la primera. A m igos y m úsica, y alegría para en algún trabajo a horas cuando aca­
Le entregó las cartas. que ella recordara... y en la pantalla, el bara las clases. D evolverían a sus
— ¿Te encargarás de echarlas al Lago del Loto se iba adentrando en la padres las posesiones personales que
correo? sombra. e lla se h u b ie ra d e ja d o en el
— Seguro — tomó las cartas y las — ¿Es igual para Gerry? — pregun­ S tard u st... pero no serían de gran
guardó en un bolsillo de su cam isa tó ella— . Quiero decir, si comete un valor ni ocuparían mucho espacio en
gris de piloto. error, ¿tendrá que m orir, com pleta­ el viaje de vuelta.
— No podrán echarlas al correo mente solo y sin que nadie le ayude? — ¿No hace...? — se detuvo, y él la
hasta que llegue el próximo crucero, y — Es igual para todos a lo largo de m iró in q u isitiv o — . ¿No hace frío
el Stardust tardará mucho en hablarles la frontera. Y siempre será así, mien­ aquí? — preguntó— . ¿No notas frío?
de mí, ¿no es así? — preguntó ella. El tras exista una frontera. — Oh, sí — dijo él. Vio en el indi­
asintió y la m uchacha continu ó— : — Gerry no nos lo dijo. Sólo dijo cador que la tem peratura am biente
Eso hace que, en un sentido, las cartas que la paga era buena, y enviaba dine­ era la normal— . Sí, hace más frío del
no tengan importancia. Pero, en otro ro a casa porque la tienda de papá da que debía hacer.
— Q uisiera que G erry regresara He hecho daño a todos aquellos a los que ahora me parecen más importan­
antes de que sea demasiado tarde. ¿De que q u iero , ¿no es así? No q u ería tes. Com o Gerry... me regaló un bra­
veras crees que volverá? ¿No lo dices hacerlo... no pretendía hacerlo. zalete de rubís cuando cum plí dieci­
sólo para que me sienta mejor? — No fue culpa tuya — dijo él— , séis años. Era m uy bonito... debió cos-
— Creo que volverá... dijeron que no tuviste la culpa en absoluto. Ellos tarle la paga de un mes. Sin embargo,
volvería enseguida. lo sabrán. Comprenderán. recu erd o m u cho m ás lo q u e hizo
En la pantalla, el Lago del Loto — Al principio tenía tanto miedo cuando atropellaron a mi gatito en la
estaba ya en sombras, ya sólo podía a m orir que era una cobarde y sólo calle. Yo sólo tenía seis años y él me
verse la línea azul de su orilla occiden­ pensaba en m í misma. Ahora entien­ cogió en brazos y me secó las lágrimas
tal, y era evidente que había calculado do lo egoísta que era. Lo terrible de y me dijo que no llorara, que Flossy
mal el tiempo de que dispondría ella m orir de este modo no es el m orir en estaría fuera sólo un rato, sólo el tiem ­
para poder hablar con su hermano. Le sí, sino el hecho de que nunca volve­ po justo para conseguirse un nuevo
dijo, de mala gana: ré a verles. Nunca podré decirles que abrigo de piel, y que por la m añana
— Su cam pam ento quedará fuera sabía los sacrificios que hicieron para estaría a los pies de mi cama.
del alcance de nuestra radio en pocos que yo fuera m ás feliz, q u e sab ía »M ucho tiem po después, m am á
minutos. L1 se encuentra en esa zona todo lo que hicieron por m í y que les me contó que Gerry había ido a una
de Woden que está en sombras — le q u ería m u ch ísim o m ás de lo que tienda y había sacado al propietario de
señaló la pantalla— . Y la rotación de dem ostraba. Jam ás les podré decir la cam a a las cuatro de la mañana, y
W oden h ará q ue q u ed e fu era del ninguna de esas cosas. Una no dice que cuando el hombre empezó a dar
alc an c e de la rad io . No q u ed a rá esas cosas cuando es joven y tiene voces furioso, G erry le d ijo q ue o
mucho tiempo cuando él llegue... no to d a la v id a por d e la n te ... tien es bajaba a venderle inmediatamente un
falta mucho tiempo para que perda­ tanto m iedo de que te tom en por gatito blanco o le rompería la cabeza.
mos el contacto. M e gustaría poder sentim ental y estúpida... — Siempre recuerdas a la gente por
hacer algo... le llam aría ahora mismo »Pero es m uy distinto cuando tie­ las cosas in sign ifican tes. Todas las
si pudiera. nes que morir... entonces deseas poder pequeñas cosas que hicieron porque
— ¿No tendrem os ni siqu iera el decirles que lam entas todas las cosas querían hacerlas por ti. T ú has hecho
mismo tiempo que yo me quedaré? desagradables que les dije o les hice. lo mismo por Gerry y por tus padres.
— Me temo que no. D esearía poder d ecirles que nunca Muchas cosas que has olvidado, pero
— E ntonces — se irgu ió y m iró, quiso realm ente herir sus sentim ien­ que ellos jam ás olvidarán.
con débil resolución, hacia la cámara tos, para que recordaran que siempre — Espero que así sea. M e gustaría
de presión— , entonces me marcharé les amé mucho más de lo que les hice que me recordaran así.
cuando Gerry quede fuera de alcance. saber. — Lo harán...
No esperaré más después... ya no ten­ — No hace falta que digas todo eso — Q uisiera.. — tragó saliva— . La
dré por qué esperar... — le aseguró él— . Ellos lo sabrán... forma en que m oriré... Q uisiera que
De nuevo, él no podía decir nada. siempre lo han sabido. nunca pensaran en ello. He leído lo
— Tal vez no debiera seguir espe­ — ¿E stás segu ro ? — p reg u n tó que le pasa a la gente que muere en el
rando. lal vez soy una egoísta... quizás ella— . ¿Cóm o puedes estar seguro? espacio. Sus entrañas se rasgan y esta­
fuera mejor para Gerry que tú se lo No conoces a mi familia. llan, y los pulmones les salen por los
contaras después. — En todas partes son iguales la dientes y luego, segundos después,
En el tono de e lla h ab ía una naturaleza humana y los corazones de quedan completamente secos e infor­
inconsciente súplica de que la contra­ los hombres. mes, y terriblemente feos. No quiero
dijera, y él dijo: — ¿Y sabrán que deseo que sepan... que ellos piensen nunca en m í como
— A él no le gu staría que no lo que les quiero? algo muerto y horrible...
hicieras, que no lo esperaras. — Siempre lo han sabido... de una — T ú eres suya. Eres su hija y su
— Donde está él ya es de noche, forma que tú nunca podrías expresar herm ana. Nunca podrán pensar en ti
¿no? Tendrá toda la larga noche ante con palabras. m ás q u e com o tú q u ie re s q u e lo
él, y mis padres no saben que no vol­ — Recordando todo lo que hicie­ hagan. Tal como te vieron la últim a
veré jam ás como les prom etí hacer. ron por m í, son las cosas pequeñas las vez.
— S igo ten ie n d o m iedo — d ijo El sollozo que ella había intentado de alcan ce. Q u ería d e cirte ... pero
ella— . No puedo evitarlo, pero no contener se quebró en su garganta, y ahora no puedo. Tenemos que decir­
quiero que lo sepa Gerry. Si vuelve a su hermano le habló: nos adiós tan pronto... pero quizás
tiem po actuaré com o si no tuviera — No llores, M arilyn — su voz se vuelva a verte otra vez. Quizás acuda
miedo en absoluto y... hizo súbitamente profunda e infinita­ a ti en tus sueños con trenzas y llo­
El timbre la interrumpió, rápido e m ente dulce, sin rastro de dolor en rando porque mi gatito ha muerto.
imperativo. ella— . No llores, herm ana, no debes Tal vez yo sea el roce de una brisa
— ¡Gerry! — ella se levantó. llorar. Está bien , cariño, todo está que te musita al pasar, tal vez sea una
El subió el volumen y preguntó: bien. de esas alondras de alas doradas de
— ¿Gerry Cross? — Yo... — le temblaba el labio infe­ que me hablabas. T il vez, a veces, sea
— Sí — respondió el hermano de la rior y se lo mordió— . Yo no quería a lg o q u e tú no p o d rás ver, pero
chica con cierta tirantez— . La mala que te pusieras así, sólo quería que sab rás q u e e sto y a tu lad o .
noticia... ¿de qué se trata? nos dijéramos adiós porque tengo que Recuérdame así, Gerry, siempre así y
Fue ella quien contestó, colocán­ irme enseguida. no... del otro modo.
dose al lado del piloto e inclinándose — C laro, está bien. Así será, her- C onvertida en un susurro por el
un poco hacia el com unicador. Su manita. No quería ponerme como me girar de Woden, llegó la respuesta:
mano pequeña y fría se apoyo en el puse. — Su voz cam bió a un tono — Siem pre así, M arilyn. Siempre
hombro del piloto. im perativo y urgente— : NEE, ¿has así y no de ningún otro modo.
— H ola, G erry — sólo un débil llam ado al Stardust? ¿Hiciste que los — Nuestro tiempo se ha acabado,
temblor traicionaba la cuidadosa indi­ ordenadores verificaran la situación? Gerry... Tengo que irme, ahora, Ad...
ferencia de su voz— . Quería verte. — Llamé al Stardust hace casi una Se le quebró la voz a media palabra
— ¡M arilyn! — una súbita y terrible hora. No podía dar la vuelta. No hay y se debatió con el llanto. Se tapó con
sospecha se traslucía en la forma en ningún otro crucero en cuarenta años fuerza la boca con la mano para con­
que él pronunció el nombre — . ¿Qué luz y no hay combustible suficiente. tenerse y cuando volvió a hablar, las
estás haciendo en esa NEE? — ¿Te aseguraste de que los orde­ palabras fueron claras y firmes.
— Q uería verte — repitió ella— . nadores tuvieran los datos correctos? — Adiós, Gerry.
Q uería verte, así que me escondí en ¿Te aseguraste de todo? Débil, e infaliblem ente punzantes
esta nave. — Sí... ¿Crees que podría perm itir y tiernas, surgieron las últim as pala­
— ¿Te escondiste en la nave? que ocurriera esto si no estuviera segu­ bras de él desde el frío m etal del
— Soy un polizó n... no sabía lo ro? H ice cu anto pod ía. Si hubiera comunicador.
que eso significaba. alg u n a cosa que p u d iera hacer, la — Adiós, herm anita...
— ¡M arilyn! — Era el grito de un haría. En el silencio que siguió, permane­
hom bre que llam a sin esperanza a — El intentó ayudarme, Gerry. — ció sentada inmóvil, como si escucha­
alguien que se aparta para siem pre Su labio inferior a no temblaba y las ra los sombríos ecos de las palabras
de su lad o — . ¿Q ué es lo q u e has mangas cortas de su blusa se mojaron m ien tras se d esvan ecían ; luego se
hecho? cuando se secó las lágrimas— . Nadie separó del comunicador y se dirigió a
— Yo... no es... — perdió la com­ puede ayu d arm e y no voy a llo rar la cám ara de p resión, y él bajó la
postura y su fría y menuda mano se m ás, y tú y m aam á y papá estaréis palanca negra que quedaba a su lado.
agarró convulsiva al hombro del pilo­ bien, ¿verdad? La puerta interior de la cámara de pre­
to— . No, Gerry. Yo sólo quería verte. — Seguro, seguro: todo estará bien. sión quedó abierta, dejando al descu­
No quería hacerte daño. Por favor, Las palabras del herm ano estaban bierto la desnuda celdilla que la aguar­
Gerry, no te pongas así... empezando a llegar más lejanas, y él d ab a, y la m u chacha se encam inó
Algo cálido y húmedo chocó en su subió el volumen al máximo. hacia ella.
m uñeca, y él se deslizó del asiento — Está quedando fuera de alcance Cam inaba con la cabeza erguida y
para ayu d arla a sentarse y b ajar el — le dijo a ella— . En un minuto más los bucles oscuros rozando sus hom­
micrófono a su nivel. no se le oirá. bros; sus sandalias blancas marcaban
— No te lo tomes así... no perm i­ — Estás desvaneciéndote, G erry el paso todo lo seguras y firmes que la
tas que me vaya así... — dijo ella— . Estás quedando fuera gravedad fraccional podía permitir, y
completamente cerrada y él tiró hacia
abajo la palanca roja. La nave se tam ­
baleó ligeramente cuando el aire bor­
boteó en la cám ara, una vibració n
contra la pared como si algo hubiera
pasado h acia la p u erta exterio r, y
luego nada. La nave descendía firme y
segura de nuevo. Subió la palanca roja
para cerrar la puerta exterior de la
cám ara de presión vacía y se volvió
para dirigirse al asiento del piloto, con
los pasos lentos de un hombre viejo y
cansado.
Una vez en la silla del piloto, pre­
sionó el botón del transmisor de espa­
cio norm al. No hubo respuesta. No
había esperado que la hubiera. Su her­
m ano ten d ría que esp erar toda la
noche hasta que el movimiento gira­
torio de Woden perm itiera el contacto
con el Grupo Uno.
Aún no era el momento de reanu­
dar la desaceleración, y esperó mien­
tras la nave caía interm inablem ente y
los im pulsores ro nroneaban suave­
m ente. Vio quel la m anecilla blanca
que indicaba la tem peratura del arma­
rio de provisiones estaba en cero. Una
fría ecuación había quedado compen­
sada y él volvía a estar solo en la nave.
A lgo in fo rm e y e sp an to so co rría
delante de él hacia Woden, donde su
h erm an o estab a esp eran d o en la
noche, pero la nave vacía vivió aún un
m o m en to con la p rese n cia de la
muchacha que no había conocido las
fuerzas que mataban sin odio ni m ali­
el paso todo lo seguras y firmes que la Solamente el pulso en su garganta trai­ cia. Casi parecía que ella se sentaba
gravedad fraccional podía permitir, y cionaba el acelerado latir de su corazón. aún, pequeña e incrédula y asustada,
las hebillas plateadas titilaban con las — Estoy lista. en la caja de metal junto a él, y que
lucecitas de azul, rojo y cristal. La dejó El subió la palanca y la puerta des­ sus palabras resonaban persistente­
caminar sola y no hizo ningún movi­ lizó su ráp id a barrera en tre ello s, m ente claras en el vacío que había
miento para ayudarla, pues sabía que envolviéndolos en la negra y absoluta dejado tras de sí:
ella lo preferiría así. Entró en la cáma­ oscuridad para los últimos momentos «No he hecho nada para morir...
ra de presión y se volvió para mirarle. de su vida. La puerta sonó al quedar no he hecho nada...»

T ítulo original: “The Coid Equations”. Publicado originalm ente en Astounding SF


© 1954 Tom Godwin
© 1978 Ángela Pérez,por la traducción, original para Nueva Dimensión n° 86.
© 1997 Paco Roca, por las ilustraciones.
CIENCIA FICCION DURA
David G. Hartwell

uando leemos una obra de fic­ pié sobre nuestra experiencia en la

C ción, comparamos sus detalles


con nuestra experiencia de los
gestos y matices de la vida diaria. Las
apariencias son cuestionadas cuando
n a tu ra le z a d el co m p o rtam ie n to
humano y es más fácilmente, aunque
no del todo, comprobable en el modo
en que usualmente leemos.
investigamos y apreciamos el valor de
un texto literario. Consideram os que I. Los placeres y los problemas
el texto es auténtico si se ajusta a lo de la cf dura
que observamos — o, en el caso de la
ficción, a lo que podríam os obser­ Este ensayo examina el funciona­
var— si contemplamos nuestro entor­ miento de la ciencia en la ciencia fic­
no. Pero en el caso de la ciencia fic­ ción a lo largo de la historia y el desa­
ción esta prueba no es completamente rrollo del género — desde Poe, Verne,
En este interesante artículo, aplicable. Debemos tener en cuenta el H aw th o rn e y W ells a los actu ales
David G. Hartwell, uno de los escenario aparentem ente irreal y el gigantes— , concentrándose principal­
elemento de ciencia en la ficción. mente en la llam ada «ciencia ficción
mejores ensayistas del género en C uand o leem os una obra de cf, dura». La ciencia en la ciencia ficción
la actualidad, disecciona uno también la comparamos con nuestros no sólo es el cim iento del entreteni­
conocim ientos científicos y técnicos. miento y de sus placeres, sino que es
de los troncos principales de Los principios científicos que operan precisamente uno de los placeres prin­
nuestra literatura: justo el que tras la realidad im aginaria — más que cipales. Creo que es necesario subrayar
la real— están en juego. La actitud esto especialmente ahora, en este pre­
se viene imponiendo en los
que sostiene a la ciencia ficción es que ciso m omento histórico en la evolu­
últimos tiempos por ser, hay una realidad más allá de las apa­ ción de la cf. John Clute ha dicho que
como él dice, el que tiene riencias que es cognoscible a través de en el momento actual, los años 90, la
la ciencia. c f es un género en c risis, y otros
«lo que hay que tener». H ay una clase particular de ciencia muchos críticos están de acuerdo en
Desgraciadamente, como ficción, llamada comúnm ente ciencia que el género de cf, con sus tradicio­
también admite, ese «lo que ficción «dura», que hace hincapié en nes, protocolos de lectura y actitudes
la naturaleza rigurosa de nuestra rela­ literarias, corre peligro de convertirse
hay que tener» supone, ción con esta realidad más allá de la en marginal y degenerar en una forma
en demasiadas ocasiones, experiencia. Otra cf (incluso clásicos de literatura contem poránea menos
com o Cántico por Leibowitz, de diferenciada. Las antologías como The
concesiones a un simplismo W alter M . Miller, Jr.), a pesar de que Norton Book o f Science Fiction son
literario más bien rechazable... suele tener esto en cuenta, hace hinca­ señales en el cam ino. Este ensayo es

B g g fi« B iffi
una adaptación de la introducción de co n sen su ad as, ilu m in an d o así por ciencia describe aquello que conoce­
una antología de próxima aparición, contraste nuestras percepciones de la mos. O riginariam ente, este enfoque
titu la d a p ro visio n alm en te Electric realidad. Esto es cierto tanto en “Jaula fue sólo un medio para obtener vero­
Revelations: The Evolution o f Hará de arena” de J.G . B allard2 como en sim ilitud (en Poe), como sigue siéndo­
Science Eiction (Revelaciones eléctri­ “Tromba de agua” de Isaac Asimov3. lo a m enudo en la literatu ra no de
cas: La evolución de la ciencia ficción Son las experiencias hipotéticas las género, pero con la aparición de la
dura), editada por Kathryn Cram er y que resultan particularm ente revelado­ scientifiction en los años 20 se convir­
David G. H artwell. Está escrita para ras para un lector de cf. tió en un punto de interés central y,
un público no m uy familiarizado con El lector experto sentirá que la cf en los 40, en el tem a esencial y decisi­
la historia y la evolución del género. dura es auténtica si el modo en que las vo de las historias de ciencia ficción.
También hace referencia, como ejem­ cosas funcionan en la historia es cien­ Dado que la cf dura es una forma
plos, a muchos relatos, la mayoría de tíficam en te plau sib le en el lu gar y literaria que requiere una cantidad sig­
los cuales aparecen en la antología. tiempo en qué se sitúa la historia. Por nificativa de conocimientos científicos
Nuestro proyecto, que presentam os ejemplo, en el caso de que existiese un tanto por parte de los lectores como
aquí, es examinar la evolución de la cf planeta elipsoidal como el M esklin de de los escritores, adem ás de lecturas
dura y la el dura actual como centro Hal Clem ent, habitado por una raza previas dentro del género, ha seguido
del campo de la cf, y no como algo en alienígena inteligente, y los humanos produciendo una cantidad despropor­
la frontera de ella. Empecemos. cionada de imágenes centrales comu­
La cf dura trata de la belleza de la La c f dura trata sobre nes a todas las formas de ciencia fic­
verdad. Es una representación metafó­ ción, y generando nuevas traducciones
rica o sim bólica del asombro ante la la belleza de la verdad. de ideas científicas a contextos litera­
percepción de la verdad que se experi­ rios, a través de las cuales pueden con­
menta en el m omento del descubri­ Es una representación vertirse en recursos y, finalm ente, en
miento científico, el Eureka. Esto se clich és de m uchas otras h isto rias.
lleva a cabo de diversas maneras en la del asombro por la H isto ria s com o “ D e se rc ió n ”, de
c f dura. El m omento crucial puede Clifford D. Sim ak,4 y “Tensión super­
aparecer al principio de la historia, y
percepción de la verdad ficial”, de James Blish,5 en las cuales se
el resto requerir simplemente un per­ en el descubrimiento transforma a la hum anidad para vivir
sonaje (y el lector) para responder al en entornos alienígenas, contienen la
impacto del descubrimiento. O puede científico sem illa de muchas otras historias del
aparecer en el clím ax, o puede que género. A unque no tuviese ninguna
haya varios de estos momentos en una fueran a visitarlo , podrían posible­ otra función, sólo ésta bastaría para
historia de c f dura. Esta es la clase de mente hallar que la gravedad, la geo­ m antener su importancia crítica.
historia, como Misión de gravedad de logía, la quím ica y la propia raza alie­ Es opinión común entre los escri­
H al C iern e n t, Cronopaisaje de nígen a se parecen, hasta un cierto tores de c f dura, y algo también perci­
Gregory Benford, o Huevo de dragón grado de precisión y detalle, a la des­ bido por los lectores que la prefieren,
de Robert L. Forward,1 que es percibi­ cripción que hace C lem en t de este que la cf dura es el núcleo de toda la
da por los lectores como un hito o un lugar hipotético, según lo que sabe­ ciencia ficción. Sus obras han estado
clásico. mos sobre astronomía, física, quím ica apartadas de la corriente principal de
La cf dura trata, entonces, de la y biología en la actualidad. la cf ordinaria durante todo el período
experiencia em ocional de describir y En algún punto de la historia, la cf moderno. Sus héroes son H.G. Wells,
enfrentarse con aquello que es científi­ dura se apoya, más que en la prosa R o b ert A. H e in le in y Jo h n W.
cam ente cierto. Podemos com parar literaria, en la prosa expositiva, dirigi­ C am pbell, A rthu r C . C larke, Isaac
los aspectos no realistas y realistas da a la descripción de la naturaleza de Asimov y Larry Niven, Poul Anderson
(como la manera en que los personajes esa realidad particular. Tal realidad, y Gregory Benford. La cf dura es la cf
experim entan la realidad hipotética) con frecu en cia, no es literalm en te con «lo que hay que tener».
de la cf dura con nuestra experiencia cierta pero, al mismo tiempo, se atie­ No o b stan te, la cien cia ficción
personal de realidades percibidas y ne a los principios mediante los que la dura es un hábito adquirido y un pía-
cer especial. Los lectores devotos de cf conservadora, narrada trad icio n al­
dura reconocen lo que es auténtico GREGORY BENFORD mente en clara prosa periodística, evi­
nada más verlo, del mismo modo que tando conscientem ente el efectismo
los lectores de poesía son capaces de literario : la prosa de la descripción
distinguir la poesía real de los ripios científica. Históricamente, ésta es una
de tarjeta de felicitación: por el modo de las formas de lograr verosimilitud
en que el texto cum ple un contrato en una literatura que, de hecho, está
im plícito entre el escritor y el lector. radicalm ente distanciada del aquí y
Incluso una obra de un gran poeta lle­ ahora en la mayoría de sus historias.
vada a cabo de modo (discutiblem en­ Es tam bién una ventaja para el seg­
te) imperfecto puede de todos modos mento principal de escritores y lecto­
ser importante e influyente. The Lake res, que proceden del campo científico
Isle o f Innisfree, de W illiam B utler C R O M O P A IS A J E o tecnológico y con frecuencia leen o
Yeats, con su «m ed iod ía pú rp ura», Pfermo N í BULA
KMO
T 19ft0
IMI escriben m ay o ritariam en te en ese
podría servir com o ejem plo. O , en mismo estilo. Muchos de ellos alber­
orden descendente, mucha de la poe­ gan una prolunda desconfianza hacia
sía de Rudyard K ipling o de Robert la literatura autoconsciente, junto con
W. Service. Sin embargo, sabemos que dura pudieran sobrevivir al shock ini­ una arraigada creencia en la eficacia de
es auténtica, que es de verdad. cial respecto a sus protocolos de lectu­ la habilidad y experiencia del científi­
Una co n d ició n esen cial de este ra habituales, siempre y cuando fuesen co p ara reso lver p ro b lem as en el
reconocim iento (de «lo que hay que conscientes de las actitudes y concep­ m undo real (y en cualquier mundo
tener») es la experiencia ganada con tos previos propios de la c f dura, y se imaginable). Esta últim a suposición se
las lecturas del género. (Admitimos la entusiasmarán ante esta enérgica, vital halla en la base de toda la c f dura.
dificultad de usar el término «género» e influyente rama de la ciencia ficción. Incluso las historias que parecen man­
para describir tanto poesía como cien­ Los placeres fundamentales de la cf tener actitudes antitéticas o estar escri­
cia ficción, pero nuestra intención es dura no residen en su riqueza estilísti­ tas como una reacción consciente con­
usarlo para referirnos a cualquier parte ca. Se podría resumir una historia de tra ella (“Jaula de arena”, de Bailare!, o
de la lite ratu ra poseedora de unas la cf dura y comunicar su chispa esen­ “Las frías ecuaciones”, de G odwin,
expectativas del lector y unos protoco­ c ia l sin re fe rirse a su e je c u c ió n . respectivamente) toman esta actitud
los de lectura distintivos que la sepa­ N orm alm ente se trata de literatu ra como punto de partida.
ran de otros géneros.) También resulta La exp erien cia de la lectura de
útil un conocim iento técnico de las ciencia ficción en general provoca una
reglas por las que se rige ese juego lite­ Hal C le m e n t sensación de distanciamiento radical o
rario concreto. En el caso de la ciencia huida del mundo real, pero paradóji­
ficción dura, el lector debe ser capaz camente la experiencia de leer ciencia
de evocar un conocimiento básico de ficción dura añade a eso la necesidad
las leyes y p rin c ip io s c ie n tífic o s de aportar conocimiento externo a la
mediante las que opera el mundo con­ historia, un conocim iento que sólo
tem poráneo. Es triste decir que esta existe en el mundo real y sólo es acce­
últim a condición impide el disfrute de sible al lector a través de la instrucción
la obra por parte de lectores educados y de un conocim iento general de la
y con experiencia en otros aspectos, ciencia. La c í dura utiliza imágenes
pero el espectro de imágenes notables, espectaculares de acuerdo con una
ideas sorprendentes e innovadoras, y DE GRAVEDAD extrapolación científica plausible con
un nivel generalm ente alto de ejecu­ el propósito de aislarnos de la vida
ción literaria son suficientes para que ordinaria y ponernos frente al univer­
la mayoría de lectores de ficción con­ ".OVA so ideal de la ciencia. Este aislamiento
tem poránea recién llegados a la cf puede producir efectos emocionales e
intelectuales extraordinarios, como y fid elid ad estricta a los principios vio, unas ideas y unos términos espe­
sucede con “La estrella”, de Arthur C. científicos de los relatos de cf dura del cializados, todo ello asum ido por los
Clarke6 (con su visión de un sistema pasado. Incluso el clásico de Bradbury escritores y conocido y fam iliar para el
solar muerto después de una superno- Crónicas marcianas transcurre en el público del género.
va vinculada con el nacim iento de planeta arenoso y habitable que crea­ Los textos de c u alq u ie r género
Cristo) o “M s. Found in a C opy of ron anteriorm en te los escritores de cum plen un contrato im plícito entre
Flatland” de Rudy Rucker (en el cuál ciencia ficción, no en el planeta tal el escritor y el lector; la historia existi­
el personaje central está literalm ente com o ya era c o n o c id o cu an d o rá dentro de los lím ites reconocibles
atrapado en un universo bidim ensio- Bradbury lo describió (finales de los de las convenciones del género, y pro­
nal). 40 y principios de los 50). porcionará el tipo de placer que se
La cf dura, pues, depende siempre Y aún cuando el viaje interestelar espera de un texto de este género.
del conocimiento científico externo a puede haber sido inventado en las Dado que los géneros son interactivos
la h isto ria . Por e je m p lo , “L una poco sólidas y visionarias aventuras por naturaleza, en el sentido de que
inconstante", de Larry Niven," depen­ espaciales de E.E. Doc Sm ith, Ph.D., los escritores leen textos de género y
de en su momento álgido del conoci­ los escritores de cf dura se pusieron los lectores, a su vez, interactúan con
miento de las posiciones relativas de la después a trabajar sobre los problemas los escritores (que son figuras públi­
Tierra, la Luna y el Sol dentro del sis­ que sus invenciones presentaban y cas, y en el campo de la ciencia fic­
tem a solar: astro nom ía de escuela ción, con sus fanzines y sus cientos de
secu nd aria. “Stop Evolution in its convenciones al año, esta interacción
Tracks”, de John Sladek, sólo es diver­
La c f de aventuras es frecuente y constante), es común la
tida si se conocen los hechos más bási­ (con Jack Vanee como reu tiliz ació n de buenas id eas, con
cos de la b io lo g ía e v o lu tiv a. variaciones innovadoras. Se podría
“Chromatic Aberration”, de John M . ejemplo distinguido) comparar esto con la manera en que
Ford, que se basa en la teoría de cam­ los escritores de sonetos ganaron su
bios de paradigma aun sin un conoci­ tiende a existir en reputació n con innovaciones en la
miento de dicha teoría, es una creíble forma, o el caso más reciente de los
emulación del realismo mágico, pero referencia a la c f escrita escritores de m isterio, m im ados por
no es reconocible como cf dura. los connoisseurs del género si eran
La ciencia ficción en su conjunto
con anterioridad capaces de construir una historia «de
tiene m uchas v aried ad es, pero en cuarto cerrado» mejor. De esta mane­
general tiende a depender más de un usaron sus dispositivos en otros rela­ ra, Misión de gravedad de H al
conocimiento de las bases de la cien­ tos, en los cuales fueron reconcebidos Clem ent genera toda una corriente de
cia ficción dura escrita en las últimas con razonamientos científicos plausi­ ficción de «construcción de mundos»
décadas, que de la ciencia en sí. El bles. Las discusiones sobre cf dura que durante varias décadas, incluyendo
conjunto de la c f varía entre Brian tenían lugar en los relatos, en los fre­ Dune de Frank Herbert, “La búsqueda
A ldiss, M ich ael M oorcock o Ray cuentes artículos especulativos de no- d el W e yr” de A n n e M cC affrey, y
Bradbury, literatos brillantes, y todo ficción y en las secciones de cartas de Mundo anillo de Larry Niven.8
un espectro de libros de viajes escritos las revistas de cf, desde finales de los Al leer c f dura participas en una
por escritores especializados. La cien­ años 20 h asta ah o ra, h an sid o el experiencia que te envuelve en una
cia ficción de aventuras en particular fórum donde se han estab lecid o y tensión surgida de la distancia radical
(sirva la obra de Jack Vanee com o mantenido los estándares de plausibi- entre la historia y el mundo real, y su
ejemplo distinguido) tiende a existir lidad de la cf dura y de toda la cf en sim ilitud con los principios científicos
sólo en referencia a la cf escrita con general. Un aspecto en el cual la cf del m undo real que tam bién operan
anterioridad. Podría incluso no existir dura es el núcleo de todo el género es en el im aginado, y a través de los cua­
(discutiblemente) sin los tropos y cli­ que el resto de la literatura del género les los personajes imaginados perciben
chés (naves espaciales, m áquinas del es, en este sentido concreto, la segun­ sus e x p e rie n c ia s. Por e je m p lo ,
tiempo, viajes translum ínicos, armas da en llegar, y que existe en referencia “Tensión superficial”, de James Blish,
láser) desarrollados con lógica rigurosa im plícita a un desarrollo lógico pre­ en la cual unos dim inutos descendien­
tes gen ético s de los hum anos que presa; la conjunción entre ambas debe ralez a y sobre su p o sib le abuso;
viven en un gran charco de barro en entretenernos e inform ar a nuestra “Beep”, de James Blish, abre una mirí­
un planeta alien ígena desarrollan el visión de la naturaleza de la realidad. ada de p o sib ilid ad es sobre nuevos
conocim iento cien tífico su ficien te La ciencia ficción dura adquiere su niveles de transferencia de inform a­
para construir una nave espacial de sabor característico, esencialm ente, ción com pleja; “The M orphology of
madera con la cual explorar los espa­ informando; siendo, de hecho, didác­ Kirkham Wreck”, de Hilbert Schenck,
cios aéreos que hay sobre la superficie tica. El lector es llevado a una gran nos proporciona inform ación sobre
de su mundo-charco es paradigmática. d istan cia en el tiem po y el espacio los huracanes.
Esta tensión genera en los lectores solo para aprender algo que es posible, Lo que es más, el m undo de las
e x p e rim e n tad o s una im p lic a c ió n o plausiblemente cierto, aquí y ahora. historias de ciencia ficción dura es
intensa con el contenido innovador En mayor o menor medida la mayoría determ inista, dom inado por las leyes
(las ideas) de la ficción, puesto que las de la ciencia ficción escapa a los lím i­ de la ciencia; es hostil para cualquiera
ideas nuevas y diferentes son aún así tes del m undo real, yendo hacia un que no conozca tales leyes o cómo
fam iliares al estar basadas en princi­ tiem po y un espacio d istin to s, un deducirlas (el método científico). Este
pios conocidos. Los elementos de fic­ escenario radicalmente lejano (no días es el mundo de Ballard, así como el de
ción (historia, caracterización de per­ o semanas en el futuro, sino cientos, Clem ent. «Alguien me había pregun­
sonajes, argumento, tem ática, etc.) te tado — dijo Clem ent en una reciente
im plican em ocionalm ente, m ientras entrevista— por qué en mis historias
que la necesidad de aplicar los conoci­ no aparecían entidades malas — villa­
mientos científicos te distancia inte­ nos— , y mi explicación fue que ¡el
lectualm ente pidiendo, de este modo universo era un villano perfectamente
y al mismo tiempo, una im plicación adecuado!» El universo ya es suficiente
em ocional en los problem as de los antagonista. De lo que se deduce que
personajes de la ficción y una com ­ los villanos de las historias de ciencia
prensión en el sentido intelectual de ficción dura pervierten la ciencia, o
los fundamentos científicos en los que bien la ignoran. Asumir que el conoci­
se basa tal ficción. La cf dura requiere, miento es bueno resulta esencial para
por tanto, una doble tom a de con­ el esquem a de la cf d u ra, incluso
ciencia del lector, una im plicación cuando se hace de modo soterrado,
intensa p arad ó jicam en te u n id a (al com o en “Los program adores”, de
menos, en los puntos más cruciales de Kate W ilhelm ,12 o “Bookworm, Run”,
la exposición) con un gran distancia- de Vernor Vinge.
miento estético. Larry Niven Puesto que los personajes humanos
Los lectores de cf esperan no obs­ miles o millones de años; no en otro sobreviven casi siempre en un entorno
tante ser sorprendidos en algún punto país, sino m uy lejos en el espacio). que es inherentemente inhum ano, la
por una súbita percepción de cone­ Pero la ciencia ficción dura utiliza esta cf dura se ganó una reputación de
xión con las cosas q ue conocen u distancia para devolvernos de nuevo a optim ism o. Pero “Las frías ecuacio­
observan en la vida diaria. Si la revela­ casa de un modo intelectual, en gene­ nes”, donde un responsable piloto
ción es de la vida interior, como en el ral no mediante la introspección en la espacial es obligado a m atar a una
co n o cid o Flores para Algernon de personalidad humana, sino a través de encantadora e ignorante polizón por­
Daniel Keyes9, entonces el relato no es la visión de la m ecánica interna del que la m atem ática del viaje espacial
cf dura; si la revelación es del funcio­ u n iverso , c ierta en todo tiem po y dice que, de otro modo, todos mori­
namiento de las leyes de la Naturaleza, espacio. De este modo, una historia rán, es un título cargado con un signi­
como en “T ránsito de la T ierra" de com o “El hom bre del agu jero ” de ficado com plejo y profundo para el
Arthur C. C larke10, o “Chapoteo”, de Larry N iven11 nos enseña poco acerca lector de cf dura; simboliza la fuerza
Isaac Asimov, entonces sí es cf dura. del carácter de los científicos, pero fría, inexorable e inhum ana de la ley
En un relato de cf dura, las expectati­ mucho acerca de sus ideas sobre un universal.
vas son tanto de evasión como de sor­ pequeño agujero negro, sobre su natu­ T radicionalm ente — aunque esto
no fue tanto una estrategia literaria de personas ordinarias. Algunas veces sentar un punto de partida darwinista,
consciente como una respuesta a las tienen que superar sus propios proble­ subyacente a toda la cultura científica
publicaciones pulp, en las que un per­ mas psicológicos para sobrevivir, o y técnica de O ccidente durante este
sonaje debía ser heroico o simpático o sobreviven precisam ente a causa de siglo. La ciencia ficción es una de las
ambas cosas, y conducir la acción de sus peculiaridades psicológicas, pero expresiones más interesantes y elo­
la historia— en la cf dura no existe tra d ic io n alm e n te actú an sobre su cuentes de esta fe. F íjense por un
caracterización completa y precisa de entorno y lo modifican. Las im plica­ momento en títulos como Elfin de la
los personajes, puesto que esto reduci­ ciones de esto son que cualquier otra infancia; Misión de gravedad Tigre,
ría el impacto de la estructura general persona (sabiendo lo que el personaje tigre, y en los temas de inm ortalidad y
(la hum anidad contra lo universal) sabe) haría exactamente lo mismo. La trascendencia que forman la base de
que está en la base de este tipo de cf. c f dura trata de conseguir dos cosas una buena parte de esta literatura. La
En una historia de cf dura, el universo sim u ltá n ea s: q ue el p erso n aje sea cf dura es el sueño de salir victorioso
es externo al personaje, y éste debe e x c ep c io n al (d esc rito y re tra ta d o jugando en cam po contrario, derro­
interactuar con el universo para, de como un individuo único) y al mismo tando las leyes últim as del universo
este modo, adquirir o dar validez a su tiem po típico (actú a y resuelve los que nos oprimen y acaban por matar­
identidad. Los personajes de la cfdura problem as u tilizan d o la razón y el nos, al menos antes del final del tiem­
tiend en a o b ten er esta v alid ez no po. La cf dura otorga validez a este sis­
adquiriendo conocimiento de su pro­ La c f dura trata de tema de creencias de un modo distin­
pio yo interior, sino más bien actuan­ to a como lo hacen otras formas de
do sobre su entorno. El conocimiento conseguir, deforma literatura.
propio, o el sentirse bien con uno Y es un sistema (como decía Karl
mismo, son, para el protagonista de la simultánea, que el Popper acerca del marxismo filosófi­
historia, mucho menos im portantes co) que no puede ser refutado por
que la consecución de algo importante personaje protagonista ningún hecho histórico concebible, ni
(como salvar una vida, o el mundo). siquiera el final del universo (que ha
En toda la cf, el universo exterior está
sea excepcionaly, sido superado en muchos relatos, por
alejado del aquí y ahora en parte para al mismo tiempo, ejem plo el clásico de Poul Anderson
poner énfasis en que esta ficción no Tau ZeroM o A Clash o f Cymbals de
trata sobre la condición hum ana del típico Jam es B lish). Frecuentem ente se ha
in d iv id u o a c tu a l, sin o sobre una señalado que la ciencia ficción trata a
v isió n m ayor, más a m p lia , de la conocimiento). m enudo de catástrofes, nucleares o
humanidad en su conjunto. En “¡Qué Esta es otra de las cualidades de la cósmicas, para después interesarse por
grande es estar de vuelta!”, Robert A. cf dura que la sitúa en el núcleo del un hatajo de esforzados supervivien­
H einlein1' practica sofisticados juegos género: sólo interesa verdaderamente a tes. La ciencia ficción afirma el futuro.
con personas ordinarias en situaciones las personas que tienen fe en la cien­ La v id a h u m an a, a u n q u e m uchas
extraordinarias, del mismo modo que cia, en que el conocimiento posee un veces tran sfo rm ad a, p ersiste en la
Gregory Benford en “Efectos relativis­ significado. La fe les dice que el uni­ ciencia ficción a pesar del universo
tas”. 1' Pero los personajes de ambas verso es, en últim a instancia, cognos­ hostil. Este optimismo es, sin embar­
historias son relativamente planos (es cible, y que los problemas humanos go, m ás có sm ico q u e in d iv id u a l.
decir, no redondos), y representan o (la condición humana) son resolubles Compárese La guerra de los mundos de
simbolizan a personas ordinarias. De m ediante la ciencia y la tecnología. H.G. Wells (en la que la victoria mar­
esta manera se destaca la condición Que, a pesar de que se puede abusar ciana es detenida por una enferm e­
humana en circunstancias hipotéticas. de la ciencia, si se usa adecuadamente dad, no por las acciones de una huma­
Con frecuencia esto resulta una expe­ conducirá a una mejora de la condi­ nidad inferior: la naturaleza devuelve
riencia literaria sorprendente, y es uno ción humana, a un im plícito «cielo en el eq u ilib rio ) con Los genocidas de
de los placeres habituales de toda la cf. la tierra». Esta fe en el desarrollo a T hom as M . D isch16 (donde vencen
Los personajes de la c f d u ra, a largo plazo (com binando las ideas de los invasores alienígenas superiores, y
pesar de su individualidad, tienen algo evolución y progreso) viene a repre­ los esforzados supervivientes se ven
reducidos a vivir como gusanos en las h isto ria de la lite ratu ra . Las otras arte». Los intereses de la comunidad
enormes granjas alienígenas, hasta que fuentes principales del nuevo género científica, que residían en la resolu­
perecen como una plaga al alejarse de fueron los libros pnlp y juveniles, cier­ ción de problem as, los m étodos y
ellas: la naturaleza no equilibra nada en tam ente unos orígenes de clase baja. resultados reproducibles, la claridad y
absoluto) para hallar un elocuente con­ El caso de la ciencia ficción es, no la lógica, la naturaleza de la realidad
traste entre los gustos y actitudes de la obstante, com plejo y bastante más exterior, el m undo de la acción, la
cf dura y los de su opuesto post-gótico. interesante de lo que usualmente se ha causa y el efecto, el universo exterior
Fe — los individuos m ueren, la raza creído. en su conjunto, se convirtieron en la
co ntinú a— contra incred u lid ad — En la era m o d ern ista, m ás que materia prima de la ciencia ficción.
dadas ciertas circu n stan cias, todos q u ed ar red u cid a a un arte de baja La ciencia ficción surgió y prospe­
mueren— . categoría, la c f evolucionó en oposi­ ró m ediante la convalidación de esta
Podría parecer que toda esta discu­ ción a la estética modernista de estilo cultura tecnológica, dirigiendo a ella
sión nos distrae del tema principal de com o inform ación, para privilegiar sus intereses y manifestando sus valo­
afecto y fe contra distanciam iento iró­ una innovación en el contenido más res. Poe, Verne y Wells confirmaron a
nico y error individual. El cuerpo de que en el estilo. La cf dura (al menos la cie n c ia com o nuestro contacto
la cf dura hace adoptar a los lectores esencial con la realidad exterior, pro­
una postura om nisciente. Este es el porcionándonos reglas para vivir e
sentido definitivo de la cf dura, que interactuar. Su actitud difería de la
requiere un distanciam iento estético. actitud gótica respecto de la ciencia en
La cf dura es básicamente una litera­ la literatura, tal como la representaba
tu ra n e o p la tó n ic a , q u e se refiere H aw th o rn e (y M ary S h elley, y el
implícita o explícitamente a las formas Stevenson tardío), en que el interés de
subyacentes tras la realidad externa, aquellos se centraba en lo que la cien­
formas que los lectores deben conocer cia podía hacer y/o revelar, no en par­
e identificar como las leyes y princi­ ticular sobre el carácter humano, sino
pios de la ciencia y la m atem ática... y sobre la relación de la humanidad con
en las que deben creer. el universo.
A principios de su carrera, Wells se
II. H istoria y desarrollo: id en tifica b a a sí m ism o com o un
la persistencia de lo anti-moderno escritor de «romances científicos». El
propio Hawthorne también se esforzó
A principios de este siglo se pudo John W. Campbell m ucho en e sta b le c er q u e él era
percibir el desarrollo de una división desde el m omento en que la ciencia «rom ancero», no novelista. Aunque
entre el arte culto y la cultura popular ficción se convirtió en un género, en existe una distinción específica respec­
b ajo la p resió n d el m o v im ien to los años 20, como un cuerpo de fic­ to de los otros «romances» (entendi­
modernista. La cf cayó en la categoría ción separado y autoconsciente con dos como revelaciones del carácter),
de literatura popular o paraliteratura, un público propio) puede verse mejor tal com o W ells afirm ab a, aún así
particularm ente a partir de la larga y como antimoderna (o como la sombra ambos escritores percibían una dife­
am arga batalla estética entre H .G . en versión cultura popular del realis­ rencia con la novela tal y com o se
W ells (cuya obra es un cúm ulo de mo de Dreiser, aún vigente, con sus entendía en la época. Los practicantes
ideas y técnicas de capital importancia teorías quím icas del comportamiento de la proto-ciencia-ficción se sintieron
para los escritores del género) y Henry humano, o la sombra pulp del utopia- durante décadas opuestos a las formas
James, y que a efectos prácticos Wells nismo de Ezra Pound). El modernis­ artísticas y literarias de moda. No es
perdió, convirtiéndose en el escritor mo tenía una actitud y un método hasta la creación del género de la cien­
más popular y de mayor éxito de su racionales y científicos, pero en gene­ cia ficción en 1926, a partir de los
tiem po a costa de perder prestigio e ral apartaba la vista del conocimiento materiales y convenciones del antiguo
influencia literaria en favor de James. tecnológico. La estética jam esiana se romance científico, que la cf se incor­
Estos hechos son bien conocidos en la resum ía en la frase «el arte por el pora y empieza a tomar forma. La ten­
dencia w ellsiana se m antiene hasta cer un m odelo para la c f según un ocupan de los seres vivos); luego están
bien entrados los 30 y más allá, como proceso elucidado por Alexei y Cory las ciencias sociales: antropología, eco­
la «form a literaria» (v.g., Z am iatin, Panshin en su prem iado estudio The nom ía, ciencias políticas y psicología
Huxley, Stapledon, Orwell) cuya som­ World Beyond the Hilk los editoriales experimental. Todas ellas son la mate­
bra paraliteraria era el género pulp de que C am pbell escribía señalaban las ria de la ciencia ficción dura. Pero,
«baja calidad artística». No fue hasta historias escritas por L. Sprague de por debajo de ellas, se encuentran las
los 40 cuando todas las tendencias se Cam p (y concebidas en parte en dis­ h u m anid ad es: teología, filo so fía, e
mezclaron. cusiones con Cam pbell) como ejem ­ incluso psicología clínica (!), a las cua­
Sin embargo, el tomar en conside­ plos de lo que él quería que fuese la les se opone la ciencia ficción moderna
ración la influencia de Poe, Verne, ciencia ficción. Campbell ya se había (aunque siem pre era un juego justo
Wells (y las últimas novelas filosóficas forjado una reputación como escritor tratar de reformar estas disciplinas para
de O laf Stapledon) sólo es el principio popular de aventuras espaciales, y des­ convertirlas en verdaderas ciencias, lo
cuando hablamos de la fundación de pués había empezado a experimentar que condujo, entre otras cosas, a la
la ciencia ficción como género. Hugo con cf dura más ambiciosa, escribien­ Cienciología). En general, la c f dura
G ern sb ack tuvo la in sp irac ió n de do bajo seudónim o (Don A. Stuart). desdeña la teología, la política y el arte
unirlas todas codo con codo en una De modo que su postura estética tenía moderno en todas sus manifestaciones.
sobre los escritores tanto autoridad
literaria como fuerza económica. De
esta manera, Campbell privilegiaba lo
que se dio en llam ar cf dura como la
única ciencia ficción verdadera, pura y
re al; todo lo d em ás, tal com o él
mismo dijo después, es fantasía.
Lo que Cam pbell hizo, de hecho,
fue establecer un sistem a de clases
dentro del campo de la ciencia ficción
que reflejaba la visión global de la cul­
tura tecnológica norteam ericana en
ese periodo, en oposición con la cul­
tura literaria dom inante. Era una ver­
sión apenas velada del darw inism o A LIFE FO R THE S T A R S by Jam es Blish

social del cual son ejemplos “Los aco­


sola p u b licació n y llam arlo razados terrestres” de Wells y “Con el La c f cam pbelliana destaca la vida
scientifiction. Gernsback lo describió en correo nocturno” de K ipling,17 con los exterior sobre la interior y las habili­
el núm ero fundacional de Amazing científicos e ingenieros, las personas dades sobre los sentimientos. El pen­
Stories (abril de 1926), la primera revis­ que conocen y son capaces de m ani­ sam iento se asocia con la acción. La
ta del género, como en parte «romance pular el universo físico, en la posición in ten sid ad se genera a través de la
encantador» y en parte «hecho científi­ más alta. Los valores de este sistema escala, macrocósmica o microcósmica,
co». No obstante, sólo con la aparición derivaban del axioma de que conoci­ de los ajustes que se efectúan para
de John W. Campbell, Jr., más de una m iento es poder, y el único conoci­ otorgar importancia a la acción en las
década después, empezó la definición miento real es el científico. historias. Tam bién prim a la exposi­
del género a alcanzar un cierto nivel de En el puesto m as elevado de la ción como elem ento prim ario de la
claridad y consenso. jerarquía científica están la física, la ficción, privilegiand o así la tercera
Campbell fue el creador de la cien­ quím ica y la astronomía, cuyos cono­ persona del pasado como modo dom i­
cia ficción moderna. Cuando tomó el cim ientos y leyes son matem áticam en­ nante en la cf dura (según la práctica e
timón de Astounding Stories, la revista te verificables. En el siguiente nivel influencia de H.G. W ells y Kipling),
de cf que m ejor pagaba, a finales de están las ciencias biológicas, porque porque perm ite una exposición más
los 30, emprendió la tarea de estable­ son en parte descriptivas o impuras (se sencilla, y la voz del narrador omnis-
dente, lo cual revela los valores del sis­ el buen soldado, el hombre que tras­ de nuestra percepción acerca de la
tem a c a m p b ellia n o . In clu so la cf ciende a sus circunstancias, el inven­ posición de la humanidad en la natu­
actual utiliza la narración en tercera to r; el « in d iv id u o H e in le in » que raleza, “El día m illón” de Frederick
persona más que ninguna otra narrati­ durante décadas fue el prototipo del Pohl20 nos enfrenta con la verdadera
va de ficción contemporánea. héroe en la cf m o derna). Para que extrañeza de un entorno sito en un
El propio optim ism o tecnológico cada h isto ria ad q u iera un m áxim o futuro lejano, y “W hat C ontinúes,
de Campbell (estudió ingeniería en el impacto, no es necesario conocer más W hat Fails” de David Brin nos fuerza
M .I.T. y en Duke) lo llevó a extender que las cualidades básicas que el autor a reconsiderar lo eterno en oposición a
el dom inio de la ciencia sobre toda la ha presentado de, por ejemplo, el per­ lo cam biante, tanto en la naturaleza
literatu ra. A m enudo argum entaba so n a je d el clo n su p e rv iv ie n te de humana como en el universo.
que la ciencia ficción es de m ayor “N u eve v id a s”, 18 de U rsu la K. La cf dura encarna las fantasías de
am plitud (mejor) que todo el resto de LeG uin, o la m onja de “K yrie”, de poder de la cultura científica y tecno­
literatura porque sus dom inios, todos Poul A nderson.,l) Lo más importante lógica de la era moderna y da validez a
los lugares y momentos del universo, es lo que sucede, aun cuando estas dos su fe en el dom inio del conocimiento
son m ayores. La verdadera cien cia historias son más ricas y profundas en científico sobre las otras formas del
puede predecir los sucesos del mundo caracterización de personajes que la conocim iento. Y durante el auge del
real, según el sistema de Cam pbell, y mayoría de la cf dura. reinado de Campbell en los 40 y 50,
él a n im ab a a sus e scrito res a que El aspecto más infravalorado de la una buena parte de ella fue también
intentaran predecir inventos verdade­ ciencia ficción por parte de los obser- xenófoba, elitista, racista y psicológi­
ros, cien cia real y acontecim iento s camente ingenua. La literatura de ese
futuros. De esta manera, la ciencia fic­ La c f dura encarna las período que aún leemos en la actuali­
ción se convertiría en algo parecido a dad no es en su mayoría así, pero en
la ciencia. Aunque Damon Knight, el fantasías de poder de la ella persisten algunas tendencias sim i­
c rític o m ás im p o rtan te de los 50, lares. C o n sid erem o s “T he Person
señalaba que incluir la predicción en cultura científica y da from Porlock” de Raymond F. Jones, o
la estética era absurdo, puesto que “M aking Light" de Jam es P. Hogan,
co n d u cía a la necesid ad ló gica de validez a su fe en el salid as de las actitu d es p o líticas y
esperar hasta el fin de los tiempos para dominio del sociales de C am pbell. La influencia
juzgar los méritos relativos de la litera­ para bien y para mal del patrioterismo
tura de cf, C am p b ell coleccionaba conocimiento científico de R u d yard K ip lin g (tan to en su
ejemplos de predicciones afortunadas p ro to-cien cia ficción, por ejem plo
para reforzar su postura. La mayoría sobre otros “Con el correo nocturno”, como en su
de los escritores no le tomaban dema­ otra poesía y ficción) sobre Campbell,
siado en serio, pero sí muchos lectores vadores es el hecho de que inventa Robert A. H einlein y otros maestros
de Astounding y, en el apogeo de ésta, experiencias humanas hipotéticas y les de la «Edad de Oro» campbelliana no
esos lectores buscaban la realización otorga preferencia por encim a de las debe ser ignorada al considerar la evo­
durante sus vidas de elementos de las experiencias reales. Aunque estas expe­ lución posterior de la c f dura.
historias. riencias pueden ser interpretadas de Una vez dicho esto, muchos de los
En este tipo de historias, y en cier­ modo metafórico (la interacción entre m ejores escritores, como H einlein,
to sentido, el personaje es únicamente un hum ano y un a lien ígen a com o Sturgeon o S im ak , rom pieron con
una serie de características convencio­ m etáfora de un encuentro sexista o Campbell m uy pronto o bien escribie­
nales con variaciones menores, cuya racista, por ejemplo), a veces con pro­ ron con frecuencia en reacción contra
misión es mostrar la natural superiori­ fundidad y riqueza, aun así hay una sus p u n to s de v ista d o m in a n tes.
dad de la inteligencia sobre la irracio­ experiencia hipotética literal que debe O tro s, com o Pohl, K o rn b lu th v
nalidad y las emociones. En general, ser tomada en consideración al hacer Bester, tuvieron que esperar su floreci­
los personajes centrales de la ciencia la lectura de la experiencia como lec­ m iento durante una década o más,
ficción dura son ganadores (el hombre tor de cf. A sí, “D olphin’s W ay”, de hasta los 50, cuando aparecieron otros
competente, el ingeniero, el científico, Gordon R. Dickson requiere un ajuste mercados donde publicar con nuevos
estilos y enfoques. Esta corriente de la nunca. Esta situación se estabilizó en nunca ha sido popular, y adem ás ha
ciencia ficción fue llam ada en su día los 70 y ha durado hasta los 90. Pero, adquirido una mayor conciencia de lo
«ficc ió n esp ec u la tiv a» por Ju d ith aunque las actitudes sociales y políti­ «especial» de su naturaleza y de su
M erril, Damon Knight y otros pode­ cas de Campbell empezaron a perder posición literaria como generadora de
rosos críticos y editores (que también vigencia en los 50, la idea de que el paradigm as, tropos y convencionalis­
eran escritores de cf), y fue publicada ideal de la cf dura era la ciencia utili­ mos para el género. Destacados jóve­
generosamente, y a veces ciegamente, zada a la manera de Campbell nunca nes e scrito re s com o G reg Bear,
en todo el resto de revistas de cf, y pol­ desapareció. Todavía es obvia en, por Gregory Benford y David Brin se han
las recién formadas editoriales de bol­ ejem plo, historias recientes que se convertido en vigorosos defensores de
sillo, como ciencia ficción. Fue en ese concentran por completo en presentar la cf dura. Los más recientes reforma­
momento, finales de los 50, cuando P. ideas de un m odo claro , com o en dores de la c f dura, los ciberpunks
S ch u yler M ille r acuñó el térm ino “The Singing D iamond” de Robert L. (e sp e c ia lm e n te B ru ce S te rlin g y
«ciencia ficción dura» en su colum na Forward. W illiam Gibson) han intentado fusio­
de crítica de libros de Astounding. La aparición de J.G . Ballard y de nar el estilo gótico, con su sofistica­
El último año en que la revista de Brian W. A ldiss a finales de los 50 ción estilística y su atm ósfera noir,
Campbell ganó, por votación popular, puede ser vista en retrospectiva como con las in q u ietu d es decid id am ente
el premio Hugo a la mejor revista de el prim er anuncio del retorno del esti­ tecnológicas y la metafísica esencial de
c f del año fue 1965, el año en que lo gó tico haw th o rn ian o (A ldiss se la cf dura. Las repercusiones de la
finalizó la publicación por episodios definió más tarde a sí mismo, y a toda obra de Sterling (véase Mirrorshades:
de la serie de Frank Herbert Dune. la cf, como maryshelleyano), preocu­ The Cyberpunk Antbology y su polémi­
Después vino el espíritu revoluciona­ pado por la vida interior de los perso­ ca in tro d u c c ió n ) y G ibson (cu ya
rio de la new wave, que acaparó la najes, como influencia en la cf. La pri­ novela Neuromante22 es el más impor­
atención de los medios de comunica­ m era h isto ria de B allard , “P rim a tante texto literario ciberpunk), que
ción durante el resto de la década, y Belladonna” 21 es un refundido de “La adulan respectivamente a Brian Aldiss
que tanto en su rama inglesa como en hija de Rappaccini”, de Hawthorne. y J.G . Ballard, aún no están completa­
la americana llevó a cabo una fuerte El a rg u m e n to im p líc ito en la m ente claras. Pero sus trabajos han
reacción contra C am pbell, Analog y corriente b allard iana de la cf dura, contribuido m aterialm ente a llevar la
las tradiciones de la ciencia ficción, escrita como contraposición a la tradi­ polémica sobre la cf dura a la primera
especialmente la ciencia ficción dura. ción, es que la c f dura cam pbelliana línea. Y el ciberpunk siempre es citado
Todo el mundo estaba de acuerdo en decía que si se poseía el conocimiento, en las discusiones sobre la cf dura con­
que la ciencia ficción mal escrita y mal se podía sobrevivir; Ballard dice que temporánea, aunque a veces sólo para
concebida, en la tradición de las aven­ co n o cer no basta para so brevivir. negar que el m ovim iento provocara
turas pulp, estaba obsoleta, al menos Ballard tiene una formación médica, ningún efecto duradero.
desde la aparición de C am pbell en es clínicam ente objetivo. Sus persona­ En la actualidad, el cuerpo princi­
1937. A finales de los 60 v principios jes viven vidas ordinarias en entornos pal de la ciencia ficción es el resultado
de los 70, se hicieron serios intentos extraordinarios. Incluso cuando son de una mezcla de influencias literarias
para declarar toda la ciencia ficción científicos, tienden a fijarse obsesiva­ (habiendo absorbido las w ellsianas e
anterior a 1965 como historia litera­ mente en su propia vida interior. Las in te g rad o m u chas de las técn icas
ria, ya no una parte viva del género, y historias de B allard son percibidas m odernistas) y extra o paraliterarias
la cf dura como una empresa muerta. com o rad ica lm en te d iferen tes del (películas, cómics y textos de ciencia
Este cambio de política literaria no resto de la cf dura, aunque su uso de popular, por nom brar sólo tres de
fracasó del todo. El p restigio y la la ciencia sea riguroso. ellas), y puede verse como cf postmo­
influencia de C am pbell dism inuye­ La situ ació n actu al es que la c f derna (la sombra de la literatura culta
ron, y la ciencia ficción dura se con­ dura ha sido apartada del centro de postmoderna, tal como la cf moderna
virtió sim plem ente en una variedad atención por diversas fuerzas, inclu­ lo fue de la literatura modernista).
dentro de un género más extenso, aún yendo las modas literarias, la compe­ La c f dura aún sigue siendo una
llam ad o c ie n c ia ficció n pero con tencia y el marketing. Aún en la déca­ corriente vital que fluye a través de las
m enos c o h e re n cia de gén ero que da pasada, la c ien cia ficció n dura obras contemporáneas significativas del
género, y mantiene su posición como resto del género puede aspirar. preocupados por los personajes y para
alm acén de nuevas ideas e imágenes Quizá al final sea echada a un lado los cuales la ciencia es irrelevante.
tomadas de la nueva ciencia y tecnolo­ por algú n sucesor postm oderno, o Nadie, Finalmente, defenderá la mala
gía. Y retiene su espíritu anti-m oder- convertida en cf casi exclusivam ente literatura Frente a la buena. Pero esta­
nista. Aún es la ciencia Ficción con «lo m ilitar (y por tanto m argin ad a), o mos de acuerdo con el aforism o de
que hay que tener». Sus mejores mues­ simplem ente aplastada contra el suelo Frederick Pohl: «El buen estilo es un
tras siguen siendo un modelo al cual el por las hordas de nuevos escritores problema resuelto».

NOTAS
1 Publicadas en los números 55, 66 y 5 de la colección Nova de Ediciones B.
2 En Pasaporte a la eternidad\ antología de relatos del autor publicada por Minotauro.
3 En El hombre del bicentenario, Super Ficción n° 35, M artínez Roca.
4 En Nueva Dimensión n° 7, Ediciones Dronte.
5 En Semillas estelares, Super Ficción 81, M artínez Roca.
() En Lospremios Hugo 1955-1961, Gran Super Ficción, M artínez Roca.
En Antologías Acervo de Anticipación n° 19, Acervo.
8 La primera novela tiene múltiples ediciones en español, en Acervo, Ultramar, Salvat y Plaza & Janés. “La búsqueda del
W eyr” está incluido en El vuelo del dragón de Anne McCaffrey, Ediciones Acervo. La edición más fácil de encontrar de
Mundo anillo es en Gran Super Ficción, M artínez Roca.
l) En Los premios Hugo 1955-1961, Gran Super Ficción, M artínez Roca. Existe una novela con el mismo título, igualmente
recomendable, que fue publicada por Acervo y reeditada por Orbis.
10 En El viento del sol, antología de relatos de Clarke en El libro de bolsillo de Alianza, n° 531.
11 En Los premios Hugo 1973-1975, Gran Super Ficción, M artínez Roca. El relato de Blish puede encontrarse en Imperios
Galácticos III, selección de Brian Aldiss, Todolibro, Bruguera.
12 En el primer número de la Revista de ciencia ficción y fantasía, Ediciones O rion, Argentina.
13 En Historia delfuturo I, Acervo y Biblioteca de ciencia Ficción de Orbis.
’4 En En carne alienígena. Ultram ar Best Seller n° 282. Ultramar.
13 De próxima aparición en la colección Nova, Ediciones B.
16 Nebulae segunda época n° 32. Edhasa.
1 El de Wells, en La ciencia ficción de H.G. Wells I, Biblioteca de ciencia Ficción n° 99, Orbis. El de Kipling, en Antología
de ciencia ficción, selección de Damon Knight. Biblioteca de ciencia Ficción n° 27. Orbis.
18 En Las nueve moradas del viento 1. Nebulae segunda época n° 68. Edh'asa.
19 En El último viaje. Tomo que, junto a Elpueblo del aire, completa la antología The Best ofPoul Anderson. Ciencia Ficción
n° 9, Colección Naranja. Bruguera.
20 En ...Ojo de la noche. Tercer volumen correspondiente a la antología The Arbor House Treasury of Modera Science Fiction,
publicada en castellano en cuatro tomos por Caralt. Ciencia Ficción n° 33. Luis de Caralt Editor.
21 En Vermilion Sands, Minotauro.
22 Minotauro.

© 1993, David H artwell. Publicado originalm ente en The New York Review o f Science Fiction.
© 1997, Francese Pedrosa, por la traducción
Como esta vez el número ha salido con poco margen de tiempo respecto al anterior, apenas hemos recibido correo. Así que la sección es
especial: una selección de las cartas con las que se respondió en el New York SF Review al artículo precedente. Por cierto, un consejo:
antes de leer este correo, leed el cuento de Godwin. Si no, la historia quedará destripada.

(...) Dejadme poner un ejemplo de de cuestiones que muestran que esta ¿Y quién com prende, m ejor que
cuento hard escapista y optimista: Las historia es tecnológicamente improba­ nadie, la historia? Al final, la propia
frías ecuaciones. ¿O ptim ista? Sí. Para ble, cu an d o no ab surd a, m ien tras ch ica. Si G odw in h u b iera querido
los fans de esta historia, la conclusión hacen demandas de ese tipo respecto a poner a la m ujer en su lugar, podría
es sólo superficialm ente triste; des­ historias de cf «blanda», es que “Las haberla hecho gritar y patear. En su
mintiendo esta posibilidad está la afir­ frías ecuaciones” sostiene su visión de lugar, la valentía y racionalidad de la
mación de la naturaleza inflexible del la sociedad. No es un caso de cf mala chica dem uestran que, a pesar de su
universo, y la existencia de esta roca contra c f buena, sino de «mis valores» juventud e ignorancia, ella es de la
de verdad científica queda reasegura­ contra «los suyos». frontera.
da, dándonos algo sobre lo que cons­ John Kessel Kessel ataca también la plausibili-
truir nuestra iglesia. Es sólo una trage­ Raleigh, Carolina del Norte dad téc n ica de la h isto ria . No es
dia para los que no conocen las leyes mucho decir que una historia parece
de la term odinám ica. Esa muchacha El contraste entre leer Las frías menos creíble en 1994 que en 1954
estúpida termina infelizmente porque ecuaciones y la descripción que hace (...). Hoy día, Godwin se habría con­
no sabía lo suficiente sobre ciencia John Kessel de este relato es descon­ centrado en la doble carga para el sis­
como para no abordar esa nave (posi­ certan te. El hecho es que M arilyn tema de soporte vital en lugar de en el
blemente, ni siquiera sabría deletrear Cross es la heroína de la historia — el incremento de la masa.
plexo solar). piloto carece de personalidad defini­
Ningún lector de hard se pregunta­ da— y Godwin hace cuanto está en su Taras W olansky
ría una serie de simples y desagrada­ poder para romper el corazón del lec­ Jersey City, New Jersey
bles cuestiones que harían derrum bar­ tor mostrando su destino.
se esta historia. ¿Por qué no se m antu­ La hipótesis de que el tema del rela­ (...) Creo que el señor Kessel es un
vo cerrada la puerta de la nave? ¿Por to es poner a la mujer en su lugar no tanto desafortunado al juzgar a Tom
qué esa nave con tan pequeñas tole­ sólo no viene demostrada por hechos, si G odw in y los adm iradores de “Las
ran cias de peso es tan esp acio sa? no que es abiertamente ridicula. El con­ frías ecuaciones”. Aunque la historia
¿Cuánto pesan la radio y la silla de traste sobre el que la historia insiste una apenas puede calificarse como cf dura,
aceleración? y otra vez es el que se produce entre la sus méritos como conte philosophique
¿Por qué los lectores no se hacen frontera peligrosa y la Tierra segura, no (es, por supuesto, un ejercicio hipoté­
esas preguntas? Perm itidm e sugerir entre hombres y mujeres. (...) tico de «ética de situación» utilitaria,
que es porque a ellos les gusta el idea­
rio que subvace en la historia. Brinda
una escapatoria en la clase de conside­
raciones que se producen en el mundo
real ante una situación de selección.
(...) Como señaló Catherine Mintz, la
historia transm ite adem ás hostilidad
hacia las mujeres que dejan su lugar
asignado, algo característico de los
Estados Unidos de posguerra. En este
sentido, se trata de un relato profun­
dam ente satisfactorio para la gente
que mantiene determinadas creencias.
(...) La razón por la que los aficio­
nados al hard no se preguntan la clase
de un tipo fam iliar a los lectores de í 'io £oy eu út¿\co qj& vía captado la 5 s£/j ¿uA
Joseph Fletcher y otros filósofos prag­ V ^ e o RECATO TOM 6 ^ 0 D ^ »M n , >
máticos am ericanos), quedan proba­
dos por la fiera reacción que suele ¿ A H i ^ í’i k L & jo l¿ e ó r 4 0 \
provocar. Es una verdadera tragedia, y
en ningún caso una exhortación a que H£ V» AJADO ¿<o
las mujeres se queden en su lugar, al A L PAGADO m .✓
A ¿¿í <U/A>JDO CO ©S¿R(fc’t6..»
menos no más que “Centro muerto”,
una historia de Judith M errill igual­
mente trágica y efectiva lo sería a que ( O vÓs m ^ ^ N
> £ S A # r f c o D ¿ <c y
los niñ o s se q u ed aran en el suyo. ( gD 'rvA/l CA l
Lloré cuando vi en mi juventud una > a a / i * i A <u>*J o
C , P c fV io D í^ tD A ^ <
d ram atizació n de ese cuento en la 7 l€ APcsClA AL V
televisión inglesa. (...) ( CZ0-&& IO"' J
Brian Stableford
Reading, Inglaterra. legítim o, aunque sólo adicional, men­ las creencias más profundas que hacen
saje de cautela. funcionar las glándulas de la gente.
Respecto a las preguntas de John David Stew art Zink “Las frías ecuaciones” no es un acci­
Kessel sobre “Las frías ecuaciones”. A) Nueva York d en te, cam arad a. Tuve a G odw in
Es verdad que la nave podía haber sudando esa historia cuatro veces. (...)
estado cerrada. Pero deshacerse de una Sólo para agitar las aguas un poco Hicimos que el personaje a sacrificar
cerradura no es irracional. Sabiendo más, aquí van un par de extractos de fuera una chica, porque el antiguo
cómo funciona el mundo, es evidente Las cartas de John W. Campbell volu­ in stin to de los m achos m am íferos
que sólo después de una tragedia se men 1. indica que las hembras de las especies
refuerzan las regulaciones de seguri­ A Isaac Asimov, 13 de agosto de no pueden ser desperdiciadas, m ien­
dad. B) Un exceso de 50 kilogramos 1954. tras que los m achos sí. Eso hace el
es un factor im portante en cálculos «Ya conoces el viejo argumento de im pacto más profundo. No fue tu
incluso hoy, y puede ser más que sufi­ una historia en la que se desarrolla reacción, fueron 300 millones de años
ciente para desbordar cualquier reser­ una personalidad. H ay otra posibili­ de instintos evolucionados ardiendo.
va. Las misiones de los transbordado­ dad que puede afrontar un autor... si Estoy saboteando las orientaciones
res espaciales tienen un margen estre­ es lo suficientemente bueno. Se trata culturales, Ted. Estoy diciendo que los
cho. C) Cuando la carga está a tope la de presentar un personaje inaceptable seres humanos pueden ser sacrificados
nave es menos espaciosa y los tanques y no cam biarle a él, ¡sino al lector! por el bien de la raza... cuando las cir­
de com bustible se recargan más. D) »G odw in acepta esta propuesta cunstancias lo exijan.»
¿Cuánto hace que una radio no pesa inaceptable: “Es correcto sacrificar a Gordon van Gelder
50 kilos? (...) una chica”. Es una idea pasada de Nueva York
El intento de interpretación políti­ m oda, ab so lu tam en te in acep tab le,
ca del relato no funciona. Y parece desde que los aztecas dejaron de sacri­ He encontrado un dato que creo
pasar por alto un punto importante: ficar a gente hace m il años. que puede ser relevante en la discu­
el piloto y la gente de la nave no quie­ »Pero la historia demuestra que no sión acerca de “Las frías ecuaciones”
ren castigar a la chica por no saber lo es un presupuesto totalm ente errado. en el perió d ico lllustrated London
suficiente de ciencia. La tragedia es G odwin lo consigue: el lector se ve News de 22 de ju n io de 1929. Un
que, como en un cáncer, las impara­ obligado a mostrarse de acuerdo con avión transatlántico francés intentaba
bles fuerzas de la naturaleza la mata­ un sacrificio humano.» v iajar desde O íd O rchard, M aine,
rán, y nada puede cam biarlo. El que A T h e o d o re S tu rg eo n , 3 0 de hasta París, pero tuvo que aterrizar
e lla, com o alg u ien que se m ete la noviembre de 1954. antes del objetivo porque había un
radio en la ducha, hubiera sobrevivido «E sto y in te n ta n d o sa c u d ir las polizón a bordo, cuyo exceso de peso
con algo más de conocimientos, es un orientaciones culturales subyacentes, consumía el combustible más tapida­
mente y, textualmente, «puede decirse me digan que no va a llevar «¡A por ellos!» y carga contra el fuego
que ponía en peligro las vidas de los lápiz de labios, llaves, diario, alien íg e n a com o un sold ad o de la
pilotos». M ientras el delincuente, un pendientes, pulseras, tam pax, Segunda Guerra M undial convertido
tal Arthur Schreiber, era tratado como cartera, calderilla, cartas, lapi­ en tropa del espacio. Su única elección
un héro en Francia (¡qué inocencia! La ces, gafas de so l, a sp irin a s, es si se toma la m uerte con buena o
aviación era joven por entonces), la peine...) 2,72 mala educación.
tripulación no se sintió tan satisfecha. Agua potable (cinco galones) 19,0 La h isto ria h a b ría fu n cio n ad o
Me pregunto qué habría ocurrido si el Caja de herramientas.Tampoco igualmente con un niño como prota­
combustible se hubiera acabado sobre se m enciona, pero tendrá que gonista (es más posible que ignorara el
el Atlántico. haber una 3,17 p ro b lem a en q u e se m e tía ), pero
Darrell Schweitzer C o n tro le s de h a b ita b ilid a d Cam pbell y Godwin eligieron a una
Filadelfia (bastante robustos: la polizón m u je r; esco g ie ro n M a rily n com o
se sienta sobre ellos) 7,25 nom bre en la época en que M arilyn
El peso de la polizó n es de 50 Inodoro. No necesito decir que M onroe era el símbolo de la sexuali­
kilos. La cabina de la nave espacial ha tampoco viene mencionado en dad femenina; y escogieron como ape­
sido definida con el propósito de evi­ la historia 1,0 llid o Cross (en castellano, cruz) en
tar cálculos de este tipo, pero veamos Papel higiénico 0,3 una historia en la que no sólo destru­
qué es lo que podemos hacer de todas M a te ria l d e p o sita d o en los yen a una atractiva joven, sino que
formas. intestinos y orina (piloto) 0,3 term in a sin su éx ito o su m u erte
M a te ria l d e p o sita d o en los heroica.
Pistola de rayos 1*36
intestinos y orina (polizón) 0,22 No hay n in gu n a p o sib ilid ad de
Funda de la pistola de rayos
Aire en la exclusa 3,0 c am b ia r la h is to ria p ara salv ar a
(para tenerla dispuesta en todo Aire en la exclusa, reciclado por
momento) ^,32 M arilyn Cross. M uere porque era lo
segunda vez. 3,0 que Cam pbell quería que ocurriera y
Puerta del arm ario (plástico
barato, pero tiene que estar ahí p o rq u e G o d w in q u e ría v en d e r a
Total 50,05 Campbell un cuento.
o la polizón no podría haberse
escondido) T13 P.S. Aunque habría sido imposible ¿Por qué esta historia en particular,
Arm ario (también plástico del pu blicar una versión de la historia con un argum ento que hace aguas y
malo) 1>58 según la propongo en el AstoundingAt escrita de form a fu n c io n al, se ha
Normas interestelares. Podemos 1954, creo poder ofrecer el adelanto hecho tan famosa? En parte, porque
estar seguros de que hay una de una o dos escenas especialm ente M arilyn está tan cond enad a com o
copia a bordo, para el caso de v iv id a s. U n a de e lla s te n d ría el Edipo. La tragedia clásica, en la que el
que el piloto se olvide de lo que siguiente diálogo: personaje central no tiene control de
dice sobre disparar a náufragos — M a rily n , tien es q u e ser más lo que viene de fuera, era totalmente
(con la pistola de rayos. ^,45 valiente de lo que hayas sido nunca desconocida para la cf de los cincuen­
Carpeta y lapicero (en el table­ antes. Quiero que vayas al cuarto de ta. Pero también porque la muerte de
ro de control. Lo usa la polizón baño aquí mismo, en la misma habita­ M arilyn , ju stificab le en el seno del
para escribir la carta a su her­ ción que yo. relato, ofrece una catarsis a los hom­
mano) 0’ 1 Damon Knight bres jóvenes, con una educación cien­
Ropa y zapatos (piloto) T0 Eugene, Oregón tífico-técnica, que ven cómo los cam­
Ropa y zapatos (polizón) 1>^5 bios sociales han acabadocon su supe­
Contenido del bolsillo del pilo­ (...) En la Edad de Oro hubo his­ rioridad.
to (cartera, llaves, cald erilla, torias en las que un hombre se sacrifi­ Catherine M intz
cortauñas, navaja del ejército ca a sí mismo por un grupo. La dife­ Filadelfia
suizo, pastillas para la tos...) 0,7 rencia con “Las frías ecuaciones” es
Bolso de la polizón y su conte­ q u e a q u í q u ien se sacrifica es una Lo que parece haber escapado en la
nido (no se menciona, pero no joven m oribunda. M arilyn no grita discusión sobre “Las frías ecuaciones”
es hermosa y su castigo resulta salvaje­
a&TB ño as ~ mente desproporcionado respecto a su
y jtÁ A fj1 PR £7T üT ÍPO J pena, espero que m uchos lectores
£ S T A secú O b * ve ¿a crroOs ) resultaran tan repelidos como gratifi­
t> £ cA&lAS>: i *i OS ^ _ -)
( l ^ ^ A ^ 0 "- cados por la conclusión (como yo, que
&ScXt\XS£tJ D &>oB **»6H . me identifiqué con la protagonista, lo
T o O A S f* V 2 T £ f>
0 & ~ r \ V b J - D O \\
fui).
Joan Howe
Boston

La opinión personal de mi padre,


Tom Godwin, hacia las mujeres estaba
bastante a tono con la de su genera­
ción. Creía que las mujeres debían ser
es que se trata de un cuento malísimo actuales es que el subtexto implica que conservadas y protegidas. (...)
(...). No sólo está m uy mal escrito, los h om bres e n tie n d e n m ejo r las No creo que papá hubiera hecho
sino que su sentim entalism o es inso­ reglas que las mujeres. un an álisis en p ro fu n d id ad de los
portable. Es un icono bastante pobre Cuando leí el cuento, de adoles­ temas que ahora son tratados en esta
para el género. cente, sentí el mismo disfrute misógi­ controversia. La lectura de los diversos
Donald G. Keller no que los jóvenes lectores de los cin­ comentarios aparecidos ha sido educa­
Nueva York cuenta. El debate sobre esta historia, tiva para mí. Leí la historia por prime­
en conclusión, no es entre c f dura y ra vez cuando tenía doce años y me
Creo que en el debate sobre “Las blanda, sino sobre si las actitudes que pareció un cuento triste pero maravi­
frías ecuaciones” se ha perdido de vista prevalecían en la cf de los cincuenta lloso. La he releído en m ultitud de
la perspectiva histórica. Hay dos cosas han m adurado o no en los últim os ocasiones. Quizá porque no puedo ser
que debemos tener en mente cuando cuarenta años. incapaz, nunca he visto o adivinado
leamos este cuento hoy: el primero, el John Dupuis m aquinaciones políticas o com enta­
mensaje que Godwin quería transmi­ M ontreal, Canadá rios sociológicos en su trasfondo.
tir a los lectores de la época. El segun­ Diane Sullivan
do, el mensaje que es captado por una ( ...) M ás q ue el fe m in ism o , Godley, Texas
audiencia totalm ente nueva en nues­ M arilyn Cross representaba para la
tro tiempo. Desde esta óptica, los dos audiencia de Astoundingen 1954 un No tengo absolutamente nada que
lad o s d el d e b ate son c o rrecto s. peligro más cercano: la fem ineidad decir acerca de la polémica sobre “Las
Inicialmente, la historia fue concebida tradicional y la vida cultural general frías ecuaciones”. Quisiera dar a cono­
como una demostración de la indife­ an tiintelectual que llevaría consigo. cer este hecho en la creencia de que
re n c ia d el u n iv e rso h a cia la v id a Los hombres educados científicam en­ puede ser novedoso.
hum ana, y creo que todos estaremos te (y también las mujeres de la misma M ichael Swanwick
de acuerdo en que es efectiva en ese subespecie) tienden a ser tímidos. (...) Filadelfia
sentido. Sin embargo, la lectura hoy, En el universo de “Las frías ecua­
cuarenta años después, demustra que ciones”, la situación se ha vuelto favo­ Esta es una pequeña muestra repre­
en la historia operan otros subtextos. rable para ellos, la ciencia dura y quie­ sentativa, pero tenemos al menos para
(...) El problema básico de la historia nes la conocen son quienes mandan. llenar sin dificultades otros tres correos
para el lector de hoy es por qué esco­ Si a lg u ie n sin fo rm ació n téc n ica como éste con argumentos a favor y en
gió una mujer como polizón. intenta entrometerse, morirá. Es una contra del relato. Lo que queremos
(...) La conclusión es que el uni­ fantasía poderosa, más efectiva porque ahora es escuchar vuestras opiniones en
verso es más hostil para los que no la venganza es dictada por la propia le próximo correo... si es que las discusio­
entienden las reglas. Lo que hace desa­ ley natural. nes sobre la obra el insigne Bel Atreides
g rad a b le la h isto ria a los lecto res A la vez, a causa de que la polizón nos dejan algo de espacio.
E nsay o

VISIONES DISTANTES:
CONTINUACIONES DE
LA MAQUINA DEL TIEMPO
Stephen Baxter
«El Viajero del Tiem po desapare­ libro, ha habido varias continuaciones
ció hace tres años. Y, como ya saben de manos de otros antes que la mía,
todos, no ha regresado...». incluso preludios.
La máquina del tiempo, capítulo 12 ¿Y si W ells h u b iera escrito una
secuela? ¿Qué cuestiones indagaría? ¿Y
a máquina del tiempo de

L
cómo han manipulado los otros auto­
H.G.W ells cumple cien años en res el universo de W ells? En pocas
1995, y sigue siendo un libro palabras: ¿qué fue del Viajero?
com pletam ente recom endable. ¡Pero La verdad es que, en 1897, Wells
tiene un clásico final en suspenso! ya publicó lo que podríamos conside­
Al igual que muchos de sus lecto­ rar un p relu d io d e slig ad o de La
res, siempre he deseado saber qué fue máquina del tiempo. En “A Story of
del Viajero del Tiem po después de los the Days to Come”, una novela corta
acontecim ientos de la novela, en su íntim am ente unida a su distopía de
La gran esperanza blanca del segundo y quizás más interesante viaje 1899 Cuando el durmiente despierte,
hard de estos momentos, a través del tiempo. Por fin, incapaz contem plam os un futuro cercano en
de aguantarlo más, he publicado mi el que Londres se ha convertido en
el inglés Stephen Baxter; propia continuación, con el título de una inm ensa y cristalin a arcología,
con 40 años recién cumplidos y Las naves del tiempo. No me cabe nin­ como lo llamaríam os ahora, una ciu­
un historial bastante deslum­ guna duda de que Las naves del tiempo dad co n ten id a en un solo ed ificio
es una clara continuación, y de que lo gigantesco.
brante a sus espaldas, explica en que cuenta se superpone a los hechos Es una visión del hacinam iento
este artículo las razones que le de La máquina del tiempo, ampliando urbano que se ha hecho fam iliar para
las so rp re n d en te s a v e n tu ras del la más reciente ciencia ficción, como
llevaron a intentar su Viajero del Tiempo. en la película de R idley Scott Blade
sorprendente continuación de W ells, por supuesto, nunca escri­ Runner (1 9 8 2 ). Existe una tensión
La m áquina del tiempo bió una secuela de La máquina del entre los niveles superiores, desocupa­
tiempo. (Es curioso pensar q u e, si dos y llenos de ilum inación aristocrá­
y realiza de paso un interesante Wells siguiera trabajando en la actuali­ tica, y los niveles inferiores y subterrá­
y ameno análisis sobre el dad, som etido a las presiones de la neos, habitados por proletarios pre-
edición m oderna, bien podría haber orwellianos con uniforme azul.
alcance de la obra wellsiana en sido em baucado para hacerlo). Sin Nos impresiona la detallada explo­
todo el corpus del género. embargo, a lo largo de la larga vida del ración de la cuestión del desarrollo de
un futuro de pesadilla, al estilo del tam año de un balón de fútbol, o tal humanos como las patas delanteras de
habitado por los morlocks y los eloi, vez mayor, con tentáculos que arras­ u n a ran a. Inclu so ten ía la cabeza
en el cu al las fuerzas so ciales aún traba por detrás; parecía negra contra redonda, frente prominente y ojos de
im ponen la división de los hombres la espum osa agua rojo sangre, y no mirada frontal. Estas criaturas son ata­
entre los que poseen y los que no: una paraba de brincar de un lado a otro (la cadas por inmensos ciempiés de diez
separación que, en el m undo de La cita es del capítulo 11 de La máquina metros.
máquina del tiempo, d eb ía afectar del tiempo). El Viajero reconoce una desagra­
finalmente a la propia evolución de las Generaciones de lectores han sido dable repulsión hacia el canguro y
especies. Por lo tanto, podemos supo­ cautivados por la breve im agen de expone abiertamente sus elucubracio­
ner que un preludio explícito de Wells W ells acerca de esa playa terminal: la nes de que los canguros y los ciempiés
habría explorado ese mundo. triste voz de la mariposa y la desagra­ puedan ser futuras degeneraciones de
La visión de Wells aquí tiene una dable indefensión de la cosa redonda. los eloi y los morlock, ambos descen­
c ie rta e n e rg ía, in clu so si algu n o s Pero frente a esto, hay poca evidencia dientes de los hom bres; y de la misma
aspectos de semejante pesadilla se nos de descendencia hum ana entre estas manera, puede que el emparejamiento
antojan, a la vista del fin de nuestro escenas. No obstante, com o señala d epredador-presa del cangrejo y la
siglo, algo ingenuos (los horrores de la mariposa quiera significar otra degra­
vida en los niveles inferiores parecen dación más de estos posos de humani­
lim itarse por co m p leto a peleas a dad.
puño lim p io , por e je m p lo ). Pero (D ebo d ecir que la desigualdad
como suele hacer a menudo, incluso superficial de las diversas especies no
en este tipo de obras apresuradas y es una barrera para deducir su relación
defectuosas, W ells propone ideas que de descendencia. Previamente, Wells
generaciones enteras de escritores pos­ había demostrado que era consciente
teriores se han dedicado a desarrollar de la plasticidad darw inian a de las
con entusiasmo desde su época. especies en escalas temporales geológi­
En lo que respecta a las continua­ cas, por ejem p lo , en su ensayo de
ciones, quiero compartir la lectura del 1891 sobre regresión zoológica.)
capítulo 11 de Z.¿z máquina del tiempo, De manera que en esos tres escena­
titu la d o en algu n as ed icio n es “La rios unidos — la dualidad morlock-
visión más distante”, que tal vez nos eloi, las criaturas-conejo, las mariposas
dé algunas pistas de lo que W ells pen­ y los cangrejos— presenciamos una
saba sobre el destino de su historia. p ro gresiv a d ev alu ació n de la raza
En esta secuencia, el V iajero del Philm u, el mensaje de la visión se ve humana. ¿Qué puede explicar, no obs­
Tiempo, tras escapar de los morlocks, sutilm ente alterado si acudimos a un tante, la visión final de la última para­
se adentra en el futuro, atraído por el incidente incluido en la señalización da del V iajero: la cosa redonda del
m isterio del destino de la Tierra. Se de La máquina del tiempo aparecida tamaño de un balón de fútbol al final
detiene en una playa con pendiente. en 1894 en New Review, que fue eli­ de los tiempos? ¿Por qué se incluye
Ve una cosa parecida a una enorm e m in ad a de la p o sterio r ed ició n de esta visión en la cuidadosa descripción
mariposa blanca y criaturas monstruo­ Heinem ann. (Este pasaje se reproduce de la degeneración humana, y por qué
sas con el aspecto de cangrejos, que se en la edición centenaria de Everymay.) W ells la m antuvo cuando excluyó el
muestran hostiles. En esta versión, antes de alcanzar la fragmento de la criatura parecida a un
El V iajero c o n tin ú a hasta que p laya de cangrejos y m ariposas, el conejo?
alcanza una época a treinta millones Viajero se topa con una criatura que él Afirmo que es posible deducir que
de años de allí. La vida ha desapareci­ compara a un conejo o algún descen­ la cosa redonda también representaba
do, aparte de un légamo verde sobre diente del canguro. El ser tiene cinco una cuarta y últim a etapa en la degra­
las rocas y un objeto negro agitándose frágiles dedos tanto en sus pies delan­ dación del hombre.
en un banco de arena. El objeto resul­ teros como en los traseros: los pies Un tema recurrente en la obra de
ta ser una cosa redonda, com o del delanteros, por cierto, eran casi tan Wells es la especulación de que en un
futuro lejano, el hombre podría evolu­ de forma indirecta, para mostrarnos Q uiero dejar claro que no estoy
cionar de tal forma que la cabeza y las una desolada previsión de las conse­ d iscu tien d o el hecho de que obras
manos sean favorecidas a expensas del cu en cias de la evo lu ció n hum ana. como La guerra de los mundos no son
resto del cuerpo, lo cual ha quedado Parece claro que W ells no quería que de ninguna manera continuaciones de
desmentido por los avances tecnológi­ estuviéram os seguros del significado La máquina del tiempo, con las que ni
cos. Esta visión fue presentada, por de sus visiones; el más explícito de los siqu iera están relacio nadas d irecta­
ejem plo, en su ensayo de 1893 “El pasajes citad o s, el de las criatu ras m ente; pero quizás podamos ver en
hom bre del año un m illón”. En él, conejo, quedó suprimido en la versión ellas algo del material temático común
Wells describe renacuajos humanos con libresca de La máquina del tiempo, lo que W ells podría haber explotado si
cerebros enormes, ojos blandos, acuo­ que nos deja con ambiguos vislumbres alguna vez se hubiese decidido a resol­
sos, expresivos y cuerpos atrofiados que de un lejano futuro escasamente com­ ver por sí mismo el final pendiente del
se desplazan a saltos sobre sus manos prendido. Y tal vez sean esta falta de Viajero del Tiempo.
hipertrofiadas o se zambullen en estan­ clarid ad y esta am bigü ed ad lo que ¡Pero no lo hizo, y nunca nos dijo
ques de soluciones nutritivas. El resulta­ ayuda a enraizar en la imaginación la lo que fue de él!
do es una imagen notablemente similar visión más distante.
a la cosa redonda de la playa.- Es horripilante, sin embargo, ima­ En el siglo que siguió a su prim e­
Seres m u y sim ila re s a la cosa g in ar q u e la cosa red o n d a p o d ría ra e d ic ió n , o tro s m uchos au to res
redonda tam b ién su rgen en otros haber mantenido algunos vestigios de exploraron el intrigante universo de
lugares de la ficción de W ells: los inteligencia, de conciencia de su sitúa- La máquina del tiempo. T al vez la
Vigilantes de otra dim ensión de “El secuela más directá, al menos entre
relato de Plattner”, el Gran Selenita de En La guerra délos los aficionados a la ciencia ficción,
enorme cerebro en Los primeros hom­ sea morlock Night, de K .W .Je ter
bres en la Luna. Quizás más conocidos m undos, Wells es (1978). Justo al término de la famosa
sean los marcianos de La guerra de los c en a d e l re g resa d o V ia je ro del
mundos, con sus gran d e s cabezas bastante explícito sobre Tiem po, el Londres de 1890 desapa­
redondas y ten tácu lo s a m odo de rece en una especie de niebla, y resul­
dedos. Aquí Wells es bastante explíci­
que los marcianos que ta que no sólo los m orlocks — los
to sobre que estos marcianos son una describe son una visión generales, los cavernícolas inteligen­
visión futura de la hum anidad ; cita tes que el Viajero no encontró en su
con ironía su propio ensayo “El hom­ futura de la p rim e r v ia je — e stán u san d o la
bre del año un m illón” y dice: «Para m áquina del tiempo que han captu­
m í es bastante plausible la creencia de humanidad rado para invadir la Inglaterra victo-
que los marcianos desciendan de seres riana, sino que tam bién el viaje tem ­
no diferentes a nosotros, a través de ció n : ¡un hom bre del año trein ta poral está generando un colapso cau­
un desarrollo gradual de los cerebros y millones varado al fin, desvalido, en la sal que amenaza la existencia del uni­
las manos...» [La guerra de los mundos, prototípica playa terminal! verso. Es un com ienzo prom etedor,
libro 2, capítulo 2). T am bién debem os recordar que pero d esafortunad am ente, hacia la
Por supuesto que el argumento de W ells, en la época en que escribió la página 40, nos inform an de que sólo
que la cosa redonda de la playa termi­ v ersió n fin al de La máquina del la re e n c a rn a c ió n d el rey A rtu ro
nal pudiera representar un futuro des­ tiempo, se había trasladado a Kent puede com batir a los morlocks y sal­
cendiente del hom bre con cerebro para recuperarse de una fuerte enfer­ var Inglaterra, y gran parte del resto
gigantesco pueda parecer reñido con m edad. W ells fue una m ente'activa de la novela está ocupado por la bús­
la degeneración intelectual del linaje atrapada en un cuerpo que le traicio­ queda de clones de una excálibur cre­
morlock-eloi. Pero esta interpretación n ab a; es ten tad o r su p o n er q ue su ada por las paradojas del viaje en el
nos proporciona una auténtica unidad repetida imagen del confinam iento de tiempo.
sobre la V isión más d ista n te , con la fértil imaginación humana en la frá­ Jeter sólo pretende divertirse, tra­
todas las im plicaciones de que esa gil carne se derivaba de las propias cir­ tando al universo de La máquina del
unión trabaja conjuntamente, aunque cunstancias de su vida. tiempo como un campo de aventuras
para la mente. Y, tomado a su nivel, el proyecta un descarte final, el de su joven H erbert G eorge W ells, ¡que
libro es b astante en treten id o . H ay teoría últim a de la división social. El construye un armazón de cama vola­
momentos agradables que están des­ mayor logro de Lake consiste en exa­ dor con fragmentos de la máquina del
critos con imaginación y estilo, como m inar profundam ente las preocupa­ tiem po y la em plea para com batir a
el subm arino morlock en las cloacas cio n es y p e rc ep cio n e s de W ells. los invasores marcianos!
de Londres. Desafortunadamente, este interesante Por lo que yo sé, La máquina espa­
Pero este libro ha sido m ortalm en­ libro es difícil de encontrar, ya que fue cial encaja completamente con las his­
te traicionado, para mí, por su premi­ publicado por una modesta editorial torias de La guerra de los mundos y La
sa central artúrica, que es esencial­ australiana. máquina.del tiempo, y como tal es una
m ente estú pid a, y por su perezoso C om o estupendo prelud io a La delicia para los admiradores de Wells.
m anejo del estilo y el m aterial de máquina del tiempo está La máquina El libro es básicamente un ejercicio de
Wells; lo que hace Jeter es adoptar el espacial, de C h risto p h e r P riest nostalgia literaria. El paso del tiempo
mito w ellsiano para construir mons­ (U ltram ar). Este libro es un cruce ha convertido la Inglaterra de 1890 de
truos de cómic, en una historia caren­ notable entre La máquina del tiempo y las novelas de Wells en un paisaje que
te del contenido irónico y la ambigüe­ La guerra de los mundos, en el que el nos resulta extraño y, mientras que el
dad propios de Wells. propio W ells incluyó gran parte de
Pero ¿qué le pasó al Viajero? a m b ien te co n tem p o rán eo en sus
Es triste ver cómo Jeter lo despa­ novelas com o lastre para sus m ás
cha pronto. En su segundo viaje, los desenfrenados vuelos de la im agina­
generales m orlock le están esperan­ ción — de hecho, hoy podríamos lla­
do... ¡y sus huesos son arrojados a una m ar a La guerra de los mundos, por
tumba abierta, a millones de años del ejemplo, ficción real— . Aquí nos cau­
día de su nacimiento! tiva ese detallism o de época. Esto es
Esto lo explica M erlín (morlock irónico, dado el propio estilo prosísti­
Night, capítulo 1); y morlock Night co de W ells, transparente y delibera­
continúa. dam ente escueto. El objetivo central
La prim era secuela de otro autor de Priest es entretenernos con una
parece haber sido escrita por un discí­ visita original a lo que se había con­
pulo anónim o (de W ells), con estilo v ertid o (en 197 6) en una G ran
propio, que en 1900 usó la máquina Bretaña alternativa de la últim a época
del tiem po para explorar el futuro. victo riana, aunque él incorpora un
Más recientemente, en The Man Who suave pastiche de algunas de las preo­
Loved morlocks, de D avid Lake, el cupaciones y prejuicios del tiempo de
Viajero del Tiem po vuelve al futuro H.G. Wells Wells.
para encontrar un m undo m orlock- joven viajante de com ercio Edward En La máquina espacial el propio
eloi en apariencia sim ilar al primero Turnbull visita al Viajero del Tiempo Wells aparece como personaje; en rea­
que descubrió, pero se da cuenta de antes de su prim er viaje, y conduce la lidad el libro es un ejemplo de lo que
que en realidad los eloi son una espe­ máquina del tiempo, a través del espa­ la Encyclopedia o f Science Fiction defi­
cie en peligro protegida por los inteli­ cio, a un M arte w ellsiano. (R ecor­ ne como ciencia ficción recursiva: cf
gentes y comprensivos morlocks. Su demos que el V iajero anunciaba que que explora en su propia, enorm e y
canibalism o es la m alinterpretación su m áquina podía viajar in d istin ta­ crecien te trad ició n para h a llar su
del viajero de los estudios de autopsias mente en cualquier dirección del espa­ temática, mezclando personajes reales
de los m orlocks en los cuerpos ya cio y el tiempo, pues decide el piloto: y de ficción. Con el paso de los años,
fallecidos de los eloi. La máquina del tiempo, capítulo 1.) Wells ha sido empleado — o explota­
En La máquina del tiempo, el viaje­ La m áquina regresa auto m ática­ do— de esta manera muy a menudo,
ro elabora y d escarta una serie de m ente a la tierra; Edward vuelve de con diferentes grados de seriedad, y
hipótesis para explicar los hechos del polizón en los cilindros invasores de ahora existe una especie de confusión
mundo que observa; por tanto, Lake los m arcianos. Se encuentra con un — al menos en la m ente popular—
entre el Wells hombre y su ficción. En Así que aquí encontram os lo que a veces de un erotism o intenso, un
alguno de esos retratos, Wells habita el es aparentemente el W ells real, en un viajero temporal de 1990 se compro­
m ism o universo que su V iajero del universo en el que La máquina del mete a transportar neanderthales del
Tiempo, o al menos que la máquina tiempo era ficción. Pero en el tercer pasado a la seguridad del lejano futu­
del tiem po, de form a que W ells se volum en de la serie, The End ofAll ro. (Lo erótico viene por la relación de
c o n v ie rte en el in v e n to r de una Songs, Jherek y su compañera la Sra. este viajero con una neanderthal aná­
m áq u ina real; en otros, W ells y el Amelia Underwood quedan atrapados loga de W eena; la relación contrasta
Viajero son descritos habitando uni­ en la Era Devonia, ¡donde aparece el fuertem ente con el coqueteo sen ti­
versos paralelos. m ism ísim o V iajero del Tiem po! En m en tal d el V iaje ro de W e lls con
Gran parte de la obra de Michael seguida percibimos indicios de que el W een a.) Pero el v iajero se estanca
Moorcock se ambienta en un conjun­ V iajero p erten ece a otro u niverso fu era del tiem p o en la d écad a de
to de universos infin ito , com plejo, paralelo al que habita Wells: habla de 1880, donde paradójicamente es caza­
constantem ente interrelacionado lla­ W aterloo Circus, por ejemplo. do por un joven y desorientado Wells
mado el Multiverso, y muchas de sus En esta historia, el V iajero se ha q ue tem e q ue el v ia je ro cau se un
obras se inspiran en las novelas cientí­ convertido evidentemente en un expe­ colapso temporal. Este es un antipáti­
ficas de la era wellsiana; por ello, no rimentado turista del tiempo. Es inca­ co retrato de W ells, pero logra captu­
sorprende que al menos uno de los paz de liberar a Jherek y Amelia, ¡pero rar algo de la intensidad y de la im pla­
muchos trabajos de Moorcock trate de les deja su cesta de picnic! Finalmente cable inteligencia que solemos asociar
Wells y de su Viajero. Dancen at the el Viajero del Tiem po aparece una vez con él.
énd ofTime es una serie de tres nove­ “T h e H u n g e r an d E cstasy o f
las, una lúd ica e hilaran te historia Wells ha aparecido, en V am p ires” es una novela co rta de
épica de un decadente futuro lejano. Brian Stableford. La estructura de esta
En el segundo volum en, The Hollow relación con la máqina historia es extrañam ente paralela a la
Lands, el héroe del rem oto futuro, de la propia La máquina del tiempo, y
Jh erek C a rn e lia n , es ayu d ad o por del tiempo, incluso en describe una reunión de personajes
W ells cuando se queda atrapado en reales y fic tic io s — O scar W ild e ,
B rom ley en 1 895. Esto es lo que diferentes películas o Sherlock Holmes, Bram Stoker— en
Jherek, con una cierta gratitud, dice una cena wellsiana organizada por un
de W ells: «Nuestra conversación fue
capítulos del viajero temporal consumidor de dro­
m uy seria. El era una de esas pocas Dr. W h o y gas, que viaja al distante futuro en que
personas que he encontrado en vues­ los vampiros se han convertido en la
tro mundo que parecían saber exacta­ Lois y C lark especie dom inante. En esta cena figu­
mente de qué estaba hablando yo.» ra como invitado Wells, ¡temiendo el
(The Hollow Lands, capítulo 13.) Lo más, en el final de los tiempos, donde plagio de sus propias obras!
cómico deriva, en gran parte del con­ el universo afronta un colapso final; La película Los pasajeros del tiempo
traste entre la represión rígida, purita­ llega en una m áq u in a d el tiem p o (d ir ig id a p o r N ic h o las M e y er en
na y acomplejada reinante en la cultu­ a m p lia d a lla m a d a C ro n o m n ib ú s, 1979) mostraba a Jack el Destripador
ra del siglo diecinueve, y el comporta­ acom pañado por policías de 1890, ro bando la m áq u in a del tiem po a
miento alegremente amoral y desinhi­ para arrestar a Jh erek y A m elia. Al Wells, su inventor, y viajando a 1979.
bido de los posthumanos casi om ni­ final, el Viajero se dirige a 1896, o al La m áquina regresa y Wells persigue al
p o ten tes del lejan o fu tu ro . menos a un 1896, para comenzar una Destripador hasta 1979. W ells se pre­
«Expresando su gratitud, Jherek cogió búsqueda de su propia línea temporal. senta como un ingenuo, aturdido por
al Sr.. Wells por los hombros y lo besó Wells ha hecho otras muchas apa­ el violento futuro que él esperaba que
con firm eza en la frente. ¡Y de este riciones como estrella invitada en la fuera utópico. Finalmente regresa con
modo se lo agradezco, Sr.. Wells, que­ ficción. Nos lo encontram os en una una empleada de banco a 1895 y, algo
rido mío! El Sr.. Wells retrocedió, qui­ novela corta llam ada “The Inheritors nada propio del auténtico W ells, ¡sien­
zás algo nervioso.» ( The Hollow Lands, o f Earth”, del auto r b ritán ico Eric ta cabeza para vivir para siem pre en
capítulo 11.) Brown. En esta historia entretenida, y matrimonio!
Es sorprendente que tuviera tiem­ les y nunca echan nada decente...). El Se le representa generalm ente como
po, pero W ells in clu so conoció al crim inal intenta volver a 1966 en la un científico-bulón universal, Victo­
Doctor W ho. Timelash fue una aven­ m áquina del tiem po para asesinar a riano, maduro, sentimental y objetivo,
tura en dos episodios del Dr, Who Supermán cuando era un bebé, en su un destino reservado a muchos de sus
e m itid a por la B B C en m arzo de cohete de K ripton, y W ells ayuda a contemporáneos, como Conan Doyle,
1985, con guión de Glen M cC oy y Supermán a derrotarlo. Puede ser que y un d estin o que sospecho que él
C olin Baker en el papel del Doctor. haya una interesante capa de metafic- habría aborrecido.
En él, el Doctor llega a un planeta lla­ ción aquí: en un momento Supermán, Voy a concluir con la que tal vez
m ado K arfel, d o m in a d o por un el superhéroe de ficción, no puede sea la más interesante, y tam bién la
m utante entre humano y reptil cono­ creer que W ells, la persona real, sea más extraña, de todas las secuelas de
cido como el Borad. El Borad está real en su universo de ficción, o que La máquina del tiempo: Die Reise mit
criando una raza de mutantes ofidios su creación ficticia, la m áq u ina del die Zeitmaschine (El viaje con la
llamados morlox, y el «timelash» es un tiempo, pueda existir de verdad y fun- máquina del tiempo). Este libro es una
tosco ingenio de viaje en el tiem po am plia exploración de las implicacio­
que emplea para exiliar a sus adversa­ nes científicas y filosóficas del viaje en
rios. Una chica llam ada Vena, la hija el tiempo.
del lugarteniente del Borad, es envia­ Egon Friedell lúe un literato y dra­
da a través del timelash a la década de maturgo vienés que produjo llorosos
1890, donde conoce a H erbert. El estudios filosóficos e históricos, los
doctor regresa en el Tardis para salvar­ cuales corrían paralelos a algunos de
la, H erbert viaja al futuro Karfel a los desarrollos de W ells. (Tenía doce
bordo del Tardis, y ayuda al doctor a años menos que Wells). Die Reise mit
derrotar al Borad. Al final se revela die Zeitmaschine so. publicó por prime­
que Herbert es W ells, y se clarifican ra vez en 1946, bajo un permiso del
los vínculos con La máquina del tiem­ ejército norteamericano de ocupación,
po (m orlox inspira m orlocks, Vena y en in g lés a cargo de D onald
inspira Weena.) W ollheim en 1972.
Desafortunadamente, Timelash no El lib ro de F ried ell posee una
fue un buen trabajo; ¡acabó la última estructura narrativa con deudas con el
en la votación de popularidad de la original, pues el callado, tímido hom­
Asociación de Valoración del Dr Who bre de la barba de la cena de W ells
aquel año! Stephen Baxter proporciona a Friedell un relato del
Y como último y más reciente — y cionar dentro de su propio universo, el segundo viaje en el tiempo. El Viajero
extrem o— ejem plo de aparicio nes de Supermán... Pero la historia es más trata de volver a 1840. Pero ve que es
invitadas de W ells, H.G . salió en un bien pesada, los acontecimientos algo im p o sib le traslad arse al pasado, a
episodio de la serie de T V norteameri­ lentos, con un vago guiño a varias causa de una especie de inercia tem­
cana Lois y Clark las nuevas aventuras enseñas de la cf — paradojas tempora­ poral.
de Supermán, cuya primera emisión en les, por ejemplo— sin ningún intento V iaja hacia d elan te, a 1 995; se
la televisión b ritán ica fue el 24 de real de usarlas con rigor o lógica. encuentra sobre un llano cristalino; la
junio de 1995. Wells es de nuevo un Estos ejem p lo s pu ed en parecer ciudad de Londres flota en lo alto del
inventor de la m áquina del tiempo, y banales, pero realm ente ilu stran la cielo. Todos los aspectos de la condi­
viaja hacia atrás desde una Utopía del forma en que W ells ha sobrevivido en ción hum ana están planificados y con­
siglo veintidós fundada por los des­ la conciencia popular. Supongo que trolados, incluyendo el clima, la pro­
cendientes de Supermán. W ells es per­ pocos, incluso entre el público lector, ducción de comida y los patrones de
seguido por un renegado de Utopía han leído La máquina del tiempo; más sueño.
aburrido y de in teligen cia superior bien W ells se ha convertido en un Desconcertado, el Viajero se trasla­
(¿Q uieres conocer el futuro? N adie emblema de su época y del viaje en el da a 2123. Llega a un fangoso terreno
trabaja, nadie discute, hay 9000 cana­ tiempo, atrapado en su propia ficción. colonizado por vegetación enorme y
colorida. Londres ha desaparecido. Se futuras. Die Reise... perm anece, no dad y del intelecto en el futuro lejano,
topa con dos egipcios, que poseen un obstante, como un libro interesante y y en cóm o p o d rían reso lverse las
sentido psíquico de las perturbaciones estimulante. ambigüedades que W ells incorporó a
en el flujo de la historia-causad as, M uchos en ig m as rodean a esta su libro.
claro, por las acciones paradójicas de pequeña obra. No está claro cuándo la Todo esto quedó plasmado en Las
la propia m áquina del tiempo y con escribió Friedell: puede haber sido naves del tiempo. Pero en el fondo, tras
m ucha p alab rería m atem ática, los hasta en 1920. Aunque el libro empie­ haber pasado por todo lo dicho, el
egipcios explican que el m undo de za con una correspondencia ficticia motivo de mi continuación vino de la
eloi-m orlock está tan lejano que el entre Friedell y W ells — con Friedell figura central del propio Viajero del
V iajero no pudo haberlo alcanzado p id ien d o a W ells q u e escrib a una Tiempo. Quizás el vigor y el atractivo
m ediante el viaje en el tiem po, de segunda parte, y recibiendo una seca del personaje del V iajero sea uno de
modo que su visión debe de haber respuesta de una secretaria— no está los aspectos más atractivos de la nove­
sido de una realidad paralela. claro, desafortunadam ente, si el pro­ la de Wells. El Viajero es alegre, bur­
Entonces el V iajero del Tiem po pio Wells oyó hablar alguna vez de él. gués, profundam ente agradable, y a
resuelve penetrar en el pasado, pero En 1938, después de que Austria menudo absurdo. Tiende a reflexionar
cuando lo intenta, se ve suspendido fuese a n ex io n ad a por los n azis, con sus puños: es un capitán Kirk de
en un solo día interm inable — como Friedell — que tenía antepasados judí­ 1890. La historia humana central de
en la película Atrapado en el tiempo— os— se suicidó, a la edad de 60 años. W ells es sencilla y cautivadora: segui­
¡hasta que es inventada la máquina del mos a un personaje simpático a medi­
tiem po, y queda libre! Finalm ente, Cuando empecé a concebir m i pro­ da que se sum erge en el fu tu ro, le
desilusionado por lo que ha encontra­ pia continuación, mi punto de partida, roban el vehículo, lucha para recupe­
do, regresa a su p ropio tiem p o y como Friedell, era la ciencia de Wells. rarlo y vuelve a casa.
emprende un último viaje: la luna de ¿Cómo podía fabricarse una máquina El mercado de las continuaciones y
m iel, con una chica del futuro (no del tiempo wellsiana, que funcionase a las referencias a lo largo de los años
Weena). la luz de la física de los actuales noven­ prueba que La máquina del tiempo
El libro no resulta fácil de leer. ta? ¿Cómo resolver las típicas paradojas sigue prodigando im aginación des­
Está lleno de digresiones y desvíos. del abuelo, y cóm o co n sid eraría el pués de un siglo, que es interesante
Com o he dicho, la mayor preocupa­ Viajero de 1890 tales paradojas? Pero a para más gente que los meros círculos
ción de Friedell es explorar los con­ m ed id a q ue segu ía leyend o obras, académicos. Y deseamos tan ferviente­
ceptos c ie n tífic o s de W e lls; pero como las de Priest y Lake, me iban m ente una co n tinu ación porque le
F ried ell lanza sus extrap o lacio n es interesando más las intimidades de la tenemos mucho cariño al Viajero. Por
como sugerencias apabullantes, antes historia de W ells, y cómo podían ser ello, m i propio libro resultó ser mi
que usarlas para construir auténtica reconsideradas a la luz de otro siglo de aportación para responder aquella pre­
ficción. Es difícil imaginar un contras­ experiencia humana. gu n ta del lector, tan vieja com o el
te mayor con la cuidadosa forma de Y me quedé extasiado pensando en siglo: ¿qué le ocurrió al V iajero del
relatar que tiene Wells en sus visiones las visiones w ellsianas de la hum ani­ Tiempo?

© 1996, Stephen Baxter. Publicado con perm iso del autor. Aparecido originalm ente en Foundation.
© 1997, Héctor Ramos, por la traducción
VARIAS OBRAS MEMORABLES
Comentarios de Julián Diez

Las naves del tiempo

Las naves del tiempo es un regalo precioso: una de esas novelas, cada día más
raras, que justifican la a veces exasperante actividad de leer ciencia ficción. Con
las mismas armas de sus congéneres en el hard, Stephen Baxter ha confeccionado
una novela apasionante, que tenía todos las papeletas para ser un fiasco (es una
continuación y nada menos que de la clásica La máquina del tiempo, tiene ciencia
de últim a moda chorreando por todas partes y apareció en una colección que
hasta ahora no había aportado nada relevante) y es, salvo sorpresas, el gran título
de la temporada.
¿Qué es lo que convierte a esta obra en importante? Baxter ha trabajado con
libertad los materiales disponibles, edificando una continuación que no es tal en
rigor, pero que resulta mucho más satisfactoria que si lo fuera. No se siguen las
aventuras del innominado viajero al mundo de los morlocks y los elois, sino que
se extrapola acerca de un futuro alternativo, moldeado a partir de las consecuen­ Stephen Baxter
cias del viaje inicial, en el que Baxter utiliza los materiales de la especulación Las naves del tiempo
científica de vanguardia del mismo modo en que lo habría hecho el propio Wells Trad. Pedro Jorge Romero
de vivir hoy. Ediciones B. Col. Nova Exito, n°l 1
El prim er acierto, pues, está en un enfoque más espiritual que literal de lo que 424 págs., 3.100 pta.
es la continuación (si bien en el debe de Baxter debe hacerse constar que parece
que su posición ideológica es bastante más conservadora que la de su predecesor).
A partir de ahí, el siguiente logro significativo está en el ritmo alto en el que se
mueve el relato: el viajero deam bula por una esfera de Dyson, un 1938 alternati­
vo y la prehistoria sin que en momento alguno se hagan sentir fisuras de interés
o lógica narrativa.
El capítulo penúltim o (el último sí sería esa continuación pura de La máqui­
na del tiempo hasta entonces pospuesta) merece, por su brillantez, mención apar­
te. Baxter se lanza sin miedo a una disección de las más modernas teorías cosmo­
lógicas en la mejor tradición de la c f dura, enseñando sin dejar de divertir, y con­
vierte una descripción del origen del universo en un tour de forcé narrativo en lo
que hace referencia a la vivencia propia del protagonista, recordando a las catarsis
de las mejores novelas de Robert Silverberg. Son unas sesenta páginas que reco­
miendo leer de un tirón; extenuantes, apasionantes, extensas y hermosas, que jus­
tifican por completo la lectura de la obra.
En suma, una novela importante por muchas razones, pero sobre todo por
una: la elección deliberada por parte del autor del camino más complejo, pero
también del más satisfactorio. Algo m uy de agradecer en una época tendente a lo
trillado, a la convención fácil entre escritor y lector. En este número de la revista,
aparece una nota en la que el propio autor explica el proceso de la creación de
esta novela, que seguramente marcará un hito en la historia del género.
O lvidado rey Gudú

Otro reto, si bien de m uy diferentes características, es el que afronta Ana


M aría M atute con su Olvidado Rey Gudú, una de las grandes novelas españolas
del pasado año que resulta ser una novela fantástica con todas las de la ley. La
académica ya se había acercado en numerosas ocasiones al fantástico puro, como
en su anterior novela (de hace 25 años), La torre vigía. Ahora crea toda una ima­
ginería propia en esta colosal novela, m uy recomendable pese a los altibajos pro­
pios de una obra de 900 páginas.
El relato corresponde a la historia del reino de O lar, un im aginario país
tHviDAÍpo R ey Ij Udú . medieval que nos es presentado de forma satisfactoria. Tal vez el punto fuerte
. Am Hiru Myojf;. •' * ■ de la novela se encuentre, precisamente, en las 200 páginas en las que se pre­
senta la formación del reino, las batallas y aventuras que llevaron a la ascensión
final de Gudú, el rey que no es capaz de amar, narradas en un tono en el que se
Ana María Matute sim ultanea de forma m uy delicada la épica con la descripción de intrigas pala­
Olvidado Rey Gudú ciegas.
Ed.Espasa Calpe. Col. Narrativa Después, si bien el tono se mantiene en cotas m uy altas, se encuentran fases
865 págs., 2.900 pta. más difíciles de digerir, al menos para alguien que, como yo, no es amante de la
fantasía pura. Se deja sentir aquí lo que la propia autora ha reconocido: que leyó
a Tolkien una vez iniciada su propia creación, y que debe más a Andersen o a los
hermanos Grimm que a El señor de los anillos. Sin caer en la simpleza, sí se deja
sentir un cierto infantilism o difícil de digerir para lectores con callos en el «senti­
do de la maravilla» como lo soy yo mismo.
Sin embargo, el libro se acaba con enorme placer debido a la firme mano con
la que M atute mantiene la línea épica general y, sobre todo, gracias a los sobresa­
lientes recursos narrativos de los que dispone la autora. Es evidente, una y otra
vez, que no estamos ante el asalariado de turno publicado por Tim un Mas, sino
ante una escritora con un oficio apabullante y que convierte a cada uno de sus
personajes en una entidad con vida propia, un crisol de emociones contradicto­
rias como, al fin y al cabo, somos todos y cada uno. Además de en la caracteriza­
ción, M atute se mueve con inigualable soltura en la descripción, perfilando sin
esfuerzo un mundo distinto, hermoso y feroz a la par, lleno de países ignotos car­
gados de misterio.
Pero tal vez donde se agradece más la elevada capacidad de la autora es en su
tratamiento de la magia. Lejos de las exhibiciones de los mediocres, en el mundo
de Olvidado Rey Gudú se diría que la magia forma parte del entram ado de la rea­
lidad de una forma continua, sutil. Los aderezos fantásticos de la trama, especial­
mente la rara condición de Gudú, que le da su fuerza pero termina por motivar
su olvido, están tratados con tanto gusto y tan exquisita arm onía que acaban por
resultar por completo naturales.
Estamos, pues, ante una novela sobresaliente dentro del fantástico español, tal
vez la primera gran aportación nacional al fantasy puro, si bien con un regusto
propio. Una obra, pues, imprescindible, que debería ser un toque de atención
para los autores nacionales directam ente encuadrados en el género.
D iccionario ilustrado de los monstruos

Ante una obra de esta naturaleza, resulta difícil la recomendación. Vaya por
delante la declaración incondicional de que estamos ante una novedad importan­ DICCIONARIO ILUSTRADO
DE LOS MONSTRUOS
te, un libro de los que se releen con frecuencia y gusto para encontrar siempre un
nuevo dato y una curiosa anécdota que añadir al acervo cultural propio. Sin
embargo, no es posible ocultar que su precio (7.500 pesetas) lo convierte en una
rareza, un capricho con el que m uy pocos podrán regalarse.
Tal vez ése, el de pedirlo como regalo a algún adinerado de esos que todos
conocemos pero que tienen cierta tendencia a la roñosería, sea el mejor remedio.
Porque quien tenga en su casa este D iccionario tendrá una fuente segura de
diversión. Se trata de un bestiario modernizado, una recopilación de enorme Amgtht.Jm•gro.. *«»«■-
em paque sobre todas las creaciones m íticas de la im aginación de las diversas 4t< MMftoari»
fuentes culturales.
Massimo Izzi demuestra una erudición a prueba de bomba y, sobre todo, una Massimo Izzi
capacidad sincrética admirable, ya que la enorme cantidad de monstruos recogi­ Diccionario Ilustrado de los monstruos
Trad. Marcel-lí Salat y Borja Folch
dos son repasados, en su mayoría, apenas de un plumazo, abriendo en muchos
Ed. José J. de Olañeta, Col. Alejandría
casos el deseo de una información más completa. La bibliografía final supone, en 541 págs., 7.500 pta.
este sentido, un regalo suplem entario con el que profundizar en el tema.
Además, el autor da un paso adelante al incluir entre los monstruos a algunas
de las creaciones de la ciencia ficción, como los cyborgs, con el mismo trato que
a las criaturas mitológicas. El esfuerzo es bastante de agradecer (im pagable el artí­
culo sobre autóm atas, con referencias antiquísim as, muchas de ellas absoluta­
mente desconocidas), si bien se eche de menos un tratamiento más directo, ya
que Izzi no parece haber tenido inquietud para informarse acerca de los autores
del género que han aportado novedades concretas más allá de los clásicos de prin­
cipios de siglo.
También cabe lamentar la escasez de referencias a monstruos españoles (nada
de cuélebres ni decapitados, aunque sí hay por ejemplo trasgus dentro del aparta­
do de los duendes), que tal vez podría haber sido remediada por el editor español.
Una pega, en cualquier caso, menor para un volumen de sobresaliente interés.

A yerm añana

El problema de algunos clásicos, llegada cierta edad, es que pierden el control.


Cobran una desmedida noción de la propia importancia, creen que cada una de
sus palabras debe ser interpretada como un oráculo, piensan que esperamos cada
una de sus p ro d u ccio n es com o am b ro sía q u e lib e re n uestros sen tid o s.
Personalmente no he disfrutado nunca en exceso la obra de Ray Bradbury, apre­
ciable en obras puntuales pero con evidentes déficits globales. Pero es que lo de Ray Bradbury
Ayermañana es simplem ente definitivo. Ayermañana
E stam os a n te u n a c o le c ció n d e ... ¿ a rtíc u lo s? No. ¿E n sayos? No. Trad. Ramón íbero.
Definitivamente, estamos ante una colección de pajas mentales. De pensamien­ Ed. Minotauro
tos sin ningún interés a cargo de una persona sin demasiada profundidad en la 216 págs., 1.700 pta.

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