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Pensamiento Excesivo

El pensamiento excesivo, descrito como un 'efecto levadura', genera sentimientos negativos y puede llevar a la ansiedad y depresión, afectando nuestras relaciones y salud. Para liberarse de este hábito, es crucial reconocer y detener estos pensamientos, buscar distracciones saludables y mantener una perspectiva adecuada. Estrategias como la actividad física, la meditación y el apoyo social son fundamentales para evitar caer nuevamente en la trampa del pensamiento obsesivo.

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Pensamiento Excesivo

El pensamiento excesivo, descrito como un 'efecto levadura', genera sentimientos negativos y puede llevar a la ansiedad y depresión, afectando nuestras relaciones y salud. Para liberarse de este hábito, es crucial reconocer y detener estos pensamientos, buscar distracciones saludables y mantener una perspectiva adecuada. Estrategias como la actividad física, la meditación y el apoyo social son fundamentales para evitar caer nuevamente en la trampa del pensamiento obsesivo.

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El pensamiento excesivo nos agota.

Pensar está muy bien. Vivir una vida racional y positiva es lo mejor que nos puede
ocurrir. Pero cuando nuestra mente se queda dándole vueltas a nuestros
pensamientos inútilmente produciendo sentimientos negativos, se da lugar al
"efecto levadura", tal como lo denomina Susan Nolen-Hoeksema en su libro
"Mujeres que piensan demasiado" (Ed. Paidós).
Se trata de un pensamiento excesivo que tiene lugar a partir de una pequeña idea
o problema, que pasa a generar más y más preguntas, nuevas relaciones de ideas
(todas con el mismo denominador común, problemático y lleno de temores),
generando otros pensamientos negativos que se expanden, crecen y acaban por
apoderarse de todo el espacio de nuestras mentes.
El resultado es agotador. Lejos de encontrar repuestas o soluciones válidas
acabamos en un callejón sin salida presas de sentimientos de victimismo ("no
podré salir de ésta", "soy tan incapaz como siempre lo he sido"), ansiedad ("esto
se acaba") y depresión ("mi vida no vale nada").

Pensamos demasiado cuando nos dejamos atrapar por torrentes de pensamientos


y sentimientos negativos que nos abruman y que interrumpen nuestro
funcionamiento diario y nuestro bienestar.

1. ¿Por qué es malo pensar demasiado?

Cuando el pensamiento es constructivo y creativo, y aporta soluciones, nunca es


demasiado, ya que se detiene al final del proceso y se relaja inmerso en una
sensación satisfactoria de "misión cumplida".
El pensamiento excesivo, por el contrario, resulta nocivo porque afecta a nuestra
capacidad para obtener respuestas y soluciones a nuestros problemas, produce
desmotivación y genera nuevos problemas, nos bloquea en una posición repetitiva
que acaba alejando a nuestras amistades y familiares (que aun apoyándonos en
un principio acaban siendo presas del mismo agotamiento impotente) y,
finalmente, puede arruinar nuestra salud física y emocional. El pensamiento
excesivo puede llegar a arruinar relaciones.
Según Nolen-Hoeksema, "la mujer tiene el doble de probabilidades que el hombre
de caer en una depresión profunda o de sufrir ansiedad, y parece que una de las
razones de que esto sea así es precisamente nuestra tendencia a pensar
demasiado".

Efectos negativos del pensamiento excesivo.

 Te hace la vida más difícil. Las tensiones a las que te enfrentas te


parecen mayores; resulta más difícil encontrar soluciones adecuadas y es
más probable que tus reacciones sean más vehementes y de efectos
contraproducentes.
 Perjudica tus relaciones. Puedes molestar a otras personas con tus
reacciones desproporcionadas, pero además, incluso tus mejores amigas
pueden acabar aburridas por la repetición incansable del mismo problema e
impotentes ante tu falta de receptividad y actitud para solucionar
decididamente el problema.
 Puede llegar a provocar trastornos físicos y mentales serios, como
gastritis, dolores de cabeza, hipertensión, o bien depresión y ansiedad, así
como el abuso de drogas como el alcohol, café o tabaco.

“El pensamiento excesivo crea estados de ánimo negativos que pueden teñir la
calidad de tus pensamientos hasta tal punto que acabas teniendo una visión
distorsionada de los hechos.
Lo peor de todo es que puedes tomar decisiones equivocadas basándote en esos
pensamientos negativos”.

Atención:

Cuando te veas presa/o del pensamiento excesivo, no tomes decisiones.


Déjalas para más tarde, cuando te sientas más relajada/o y con un pensamiento
más global y positivo.

2. Pienso demasiado. ¿Cómo puedo liberarme de este hábito?

El primer paso hacia la liberación consiste en romper las ataduras: observar


nuestros pensamientos y saber detectarlos cuando están empezando a rumiar
demasiado y demasiadas cosas, de una manera inútil y cansina; nos
desidentificamos con esos pensamientos, los definimos como algo malo para
nosotras y decidimos pararlos para evitar que nos hundan.
El segundo paso consiste en arrastrarnos fuera del fango y situarnos en una
distancia que nos permita ver las cosas una mayor claridad y perspectiva para
poder tomar las decisiones adecuadas.
El tercer paso requiere atención y acción para evitar caer en las trampas que
nuestro hábito de pensamiento excesivo nos guarda para el futuro -ya sea a los
pocos minutos, con el regreso al mismo problema, o bien en cuanto surja el
próximo conflicto.

Romper ataduras con el pensamiento excesivo.


Este primer paso consiste en concentrar todos nuestros esfuerzos en evitar los
pensamientos contraproducentes, por muy arraigados que estén.

 Comprender que el pensamiento excesivo es tu enemigo. Aunque en


medio de tu secuestro mental y emocional te parezca percibir una cierta
lucidez ("ahora me doy cuenta de que nunca me ha querido", "debo ser
realista: nunca he realizado bien mi trabajo"), lo cierto es que en realidad se
está reduciendo notablemente tu visión de modo que sólo eres capaz de
ver las cosas negativas de tu vida. El pensamiento excesivo, repetitivo y
absorbente no te proporciona visiones profundas, sino que en realidad te
hace perder el control de tus pensamientos y sentimientos. Te miente y te
seduce para que pienses y hagas cosas que no te benefician.

 Tómate un respiro. ¿Te has encontrado de repente atrapada en ese


pensamiento traicionero? Date un respiro, literal y metafóricamente. Respira
profundamente -primer paso para la desconexión- y dedícate a otra cosa.
Puedes distraerte haciendo cualquier cosa que te resulte agradable: dar un
paseo, cocinar, salir a hacer la compra, leer un libro, jugar con tus hijos...
Ayudar a otras personas resulta una distracción excelente que, además, da
solidez a tus valores y sentido de utilidad a tu vida.

 Muévete. La actividad física tiene ciertos efectos bioquímicos -como la


segregación en el cerebro de sustancias químicas como la norepinefrina y
la serotonina- que repercuten positivamente en el estado de ánimo y el
modo de pensar.

 Atención y firmeza. Presta atención y proponte parar el pensamiento de


una manera contundente y asertiva. A veces te asalta el "mono loco" del
pensamiento cuando estás en una situación de la que no puedes marcharte
o distraerte. En cuanto detectes ese tipo de pensamiento circular y
corrosivo muestra tu autoridad de una manera contundente, como lo harías
con un niño pequeño que se está poniendo en peligro: "¡Basta ya!", "¡Para!"
o cualquier otra expresión que surta efecto contigo mismo. Tómatelo en
serio.

 No dejes que tus pensamientos te venzan. Recuerda que no eres tus


pensamientos, y que tú llevas la vara de mando de tu vida. Tú puedes.

 Anótalo en tu agenda. Cuando observes que tu pensamiento es circular,


inútil y agotador, o simplemente que no es el momento para dedicarte a
ello, haz un sitio en tu agenda para tratarlo en el momento oportuno, en las
condiciones adecuadas. No se trata de ignorar o evadir problemas, sino de
afrontarlos de una manera eficaz y en las mejores circunstancias.

 Delega tus preocupaciones. Si no depende de ti, hazte un lado y deja los


problemas en manos de quien dependa. Si depende de ti, ciertas actitudes
espirituales como la esperanza o la confianza, y prácticas como la
meditación pueden ayudarte a distanciarte de tus obsesiones.

 Apóyate en otras personas. Hablar con amigos o personas de confianza


puede ayudarte a organizar tus pensamientos y desenmascarar los temores
infundados.
 Escribe un diario. Anotar tus pensamientos te ayuda no sólo a
organizarlos, sino a comprender más tarde tus errores de planteamiento,
tus tendencias nocivas y tus miedos.
 Descubre lo que te gusta y úsalo para cargarte de energía y alimentar
tu autoestima. Busca actividades que te proporcionen emociones
positivas: ve a darte un masaje o al gimnasio, escucha tu música preferida,
ve al cine, sal a cenar con tu pareja o amigas.

Distráete y dale la espalda al pensamiento obsesivo.


Qué hacer.
Sal a pasear, haz ejercicio físico, lee un libro, escucha la música que te guste, ve
al cine, dedícate a cualquiera de tus aficiones (como pintar, tocar el piano, hacer
manualidades), pon orden en la casa, juega con tus hijos, ayúdales a hacer los
deberes, sal de compras, haz trabajos voluntarios o ayuda a otras personas...

SURTEN MÁS EFECTO COMO DISTRACCIONES LAS ACTIVIDADES QUE


REQUIEREN MUCHA CONCENTRACIÓN, Y EL EJERCICIO FÍSICO.

Qué no hacer.
En ningún caso recurras a la comida: no te des atracones o te pongas frente al
televisor a comer helado o comida basura. La sensación de pérdida de control que
te obsesiona se haría mucho más fuerte todavía, además de los efectos
contraproducentes para tu salud.
No recurras al café como estimulante, porque hará aún más hiperactivo tu
pensamiento loco.
No bebas alcohol para anestesiar el dolor. El alcohol actúa en el sistema nervioso
central como un depresivo. Necesitas energía positiva, no más pérdida de control.

Más difícil todavía: parar el pensamiento en medio de la noche.


¡Atención! Si en mitad de la noche empiezas a cavilar durante más de quince
minutos, no caigas en la trampa de pensar que dándole vueltas a los problemas
los resolverás o los entenderás mejor, ni te convenzas a ti misma de que en un par
de minutos conseguirás dormirte. Pensar en mitad de la noche casi siempre va
acompañado de angustia y miedo. Por otra parte, si pierdes horas de sueño al día
siguiente estarás cansada y con menos capacidad para concentrarte y afrontar las
situaciones más conflictivas.
Levántate, ve a algún lugar tranquilo y haz algo que te distraiga. Cuando empieces
a tener sueño, vuelve a la cama.
Te llevará menos tiempo y resultará más reparador que la ansiedad producida por
el insomnio del pensamiento excesivo.

Recuperar la perspectiva.
Una vez frenado el hábito del pensamiento obsesivo, aún hay que resolver el
problema. Es preciso colocarse en una posición mental que permita tener una
cierta perspectiva del problema, para afrontarlo de manera eficaz.
 Enfoca bien. Evita que tus miedos distorsionen tu visión. Interpreta las
cosas de la manera más realista posible.

 Reconoce tus emociones y sigue adelante. Acepta tu depresión, tristeza


u otras emociones negativas, pero no dejes que saboteen tus planes. Sigue
adelante con tu vida.

 Simplifica. No siempre las causa de tus problemas son profundas y


complicadas. Puedes estar de mal humor simplemente porque has dormido
mal, estás cansada o incubas un catarro.

 Deja de compararte con otras personas. En circunstancias diferentes las


cosas son diferentes.

 No esperes a que te rescaten. Toma las riendas de tu vida y cambia las


cosas por ti mismo.

 Deja que fluyan las soluciones. Haz un repaso a todas las alternativas y
elige las más adecuadas para ti.

 Apunta más alto. Define lo que quieres y ve a por ello, a veces cuesta el
mismo esfuerzo dirigirse a otros objetivos que consideramos "intermedios".

 Basta con que hagas algo. Cuando tu objetivo requiere tiempo y


paciencia, además de mucha energía -con la que no cuentas- basta con
realizar una acción modesta que te dé confianza y te cargue las pilas.

 Inténtalo. Aun no estando muy seguro de que funcione, prueba esa


solución que tienes al alcance de las manos. Nunca se sabe y no pierdes
nada con intentarlo.

 Rebaja tus expectativas cuando las cosas no dependen de ti. No sirve


de nada sufrir por que las cosas no son como te gustaría que fueran. Son
como son.

 Comprende que las demás personas también tienen sus problemas y


limitaciones, como tú. Hallarás más paz si no acumulas resentimientos y
odios. A veces te hacen daño actitudes de otras personas que,
simplemente, no han sabido hacerlo de otra manera.

 Que no guíe tu vida las expectativas de otras personas. Identifica


cuándo tu pensamiento obsesivo responde a la voz de otras personas, a
las que les has dado poder para controlar tu vida. Y quítales ese poder.
Cómo evitar volver a caer en la trampa.
Por esta vez has conseguido silenciar la voz interior de la duda y la preocupación
y has podido resolver el problema satisfactoriamente. Pero un día, sucede algo (un
conflicto con una amigo, una crítica en el trabajo, una dificultad en la facultad) y es
como un resorte que te devuelve a las arenas movedizas del pensamiento
excesivo. ¿Cómo controlarlo?
 Evita las situaciones que pueden convertirse en obsesivas. Reduce o
haz más breves las visitas a tu madre si ello significa semanas de pensar
demasiado.
 Elimina los objetivos que te perjudican. Puedes renunciar a perder 20
kilos matándote de hambre y aspirar a adelgazar la mitad con un régimen
sensato.
 Trátate con cariño. Puedes tomarte tu tiempo para ir al gimnasio, meditar
o tomarte un té en medio de la mudanza, aunque alguien te critique por no
"estar disponible" o "ser egoísta".
 Crea una nueva imagen de ti misma. Aprende a observar lo mejor de ti
misma, descubre tus potencialidades y confía en ti.

3. Los pensamientos repetitivos más frecuentes.


Si bien es cierto que cada persona tiene sus propios temas obsesivos, hay
cuestiones que preocupan a todo el mundo y que ofrecen mucha leña para el
fuego del pensamiento obsesivo.

Cuestiones de pareja: No todas las relaciones deben ni pueden salvarse, pero es


importante evitar viejos hábitos obsesivos y sobreprotectores, establecer distancia
para ver la situación de la forma más realista posible (si es necesario, con la
ayuda de terapia) e intentar negociar para evitar en lo posible las situaciones más
conflictivas.

Problemas de familia: Es importante comprender y aceptar que tus familiares no


ven el mundo exactamente igual que tú. Haz lo posible por evitar las polémicas
repetitivas que no conducen a ninguna parte ni convencen a nadie.

Preocupaciones con los hijos: Aun la madre menos sobreprotectora suele


hacerse cargo de la mayor parte de la responsabilidad de criar y educar a sus
hijos. Aunque desees que les vaya bien en la escuela, no se metan en problemas,
estén sanos y se lleven bien con los demás niños y niñas, no siempre va a ser así.
La superación de sus problemas les hará más fuertes así que da la bienvenida a
los conflictos que tengan que superar. Desdramatizar tus preocupaciones no sólo
te ayudará a ti sino que les ofrecerá un espejo valiosísimo para que ellos mismos
eviten futuros pensamientos obsesivos.

Trabajo: Sacar adelante la casa o cómo promocionarse profesionalmente son


fuente continua de pensamientos obsesivos. Frenar las tendencias perfeccionistas
o los impulsos victimistas nos ayuda a afrontar los conflictos de una forma más
eficaz. Criticar o echar la culpa de lo que no funciona a otras personas es una
engañosa manera de proteger la autoestima.
En cualquier caso, no olvides tus objetivos reales: el trabajo. Cuando te toque
sentir el dolor (frustración, rabia, celos o tristeza porque las cosas no son como
desearías), limítate a sentirlo mientras te concentras en el trabajo que es
importante hacer en ese momento. Acabará pasando y tú lo habrás superado y
olvidado mientras haces algo útil y productivo.

La salud: Las personas hipocondríacas tienen muchos más riesgos de enfermar


que las que simplemente se cuidan. Obsesionarse con posibles enfermedades
sólo consigue bloquear el funcionamiento natural del cuerpo y producir
disfunciones reales. Utiliza técnicas de relajación y, en caso de que consideres
seriamente tener alguna enfermedad, hazte un chequeo y aclara tus dudas. Una
vez tranquilizada, actúa en positivo: una actitud positiva y feliz es la mejor manera
de proteger tu salud, además de una alimentación adecuada y ejercicio físico.

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