Cuento 1: El Susurro de las Piedras
En el corazón de un valle olvidado, donde las montañas se alzaban como gigantes
dormidos, existía un pueblo cuyas casas parecían brotar directamente de la tierra. Sus
habitantes eran gente sencilla, de manos curtidas y miradas serenas, que vivían al ritmo
lento de las estaciones. Pero lo más peculiar de aquel lugar eran las piedras. No simples
rocas inertes, sino piedras que, en la quietud de la noche, susurraban historias ancestrales al
oído de quien supiera escuchar.
Una joven llamada Lila tenía ese don. Desde niña, se sentaba en el umbral de su casa al
caer el sol y escuchaba el murmullo profundo que emanaba de las rocas. Le contaban de
tiempos remotos, de espíritus del bosque, de ríos que cambiaban su curso y de amores
perdidos entre las cumbres. Una noche, las piedras le susurraron un secreto sobre una flor
mágica escondida en la montaña más alta, una flor capaz de curar cualquier mal. Sin
dudarlo, Lila emprendió el ascenso, guiada por el eco de las voces pétreas, dispuesta a
descubrir la verdad de aquel susurro.