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ADOLESCENCIA

La adolescencia es un periodo de transición marcado por la búsqueda de identidad y el duelo por la pérdida del cuerpo infantil y la relación con los padres. Este proceso implica una serie de cambios físicos y psicológicos que generan conflictos internos y familiares, así como la necesidad de aceptar nuevas responsabilidades y roles. A pesar de las dificultades, la adolescencia también representa una oportunidad de crecimiento y transformación hacia la adultez, donde el individuo busca nuevas conexiones y experiencias.

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ADOLESCENCIA

La adolescencia es un periodo de transición marcado por la búsqueda de identidad y el duelo por la pérdida del cuerpo infantil y la relación con los padres. Este proceso implica una serie de cambios físicos y psicológicos que generan conflictos internos y familiares, así como la necesidad de aceptar nuevas responsabilidades y roles. A pesar de las dificultades, la adolescencia también representa una oportunidad de crecimiento y transformación hacia la adultez, donde el individuo busca nuevas conexiones y experiencias.

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ADOLESCENCIA

Adolescencia – ABERASTURY

Alrededor del cuarto mes de vida surge la aparición de la genitalidad, la dentición, el lenguaje, la
bipedestación y la marcha. La genitalidad lleva al niño a conocer su identidad genital, se desprende
del pecho materno y se incluye el padre. La bipedestación, la marcha y el lenguaje le permitirán
iniciar una búsqueda activa del mundo externo. En la adolescencia, se define su rol procreador y,
escapando al incesto, se inicia la búsqueda de objetos de amor en el mundo externo (hallazgo de
pareja si se logra el desprendimiento interno de los padres). Al comienzo se moverá entre el impulso
al desprendimiento y la defensa que impone el temor a la perdida de lo conocido. Por lo tanto, es un
periodo de contradicciones, confuso, doloroso con fricciones familiares y del ambiente. Los padres
también viven los duelos de los hijos porque tienen que desprenderse del hijo niño para pasar a
relacionarse con un hijo adulto lo que requiere muchas renuncias.

Existe una ambivalencia de los padres y su resistencia a aceptar el proceso de crecimiento del
adolescente. Se llama “moratoria social” del niño cuando el niño necesita un tiempo para
conformarse a él, reconciliarse con su cuerpo. A la conformidad se llega a través de un largo proceso
de duelo donde además de renunciar a su cuerpo de niño, abandona la fantasía omnipotente de
bisexualidad (base de su actividad masturbatoria). Acepta que para concebir un hijo necesita la
unión con el otro sexo. El hombre renuncia a las fantasías de procreación dentro de su propio cuerpo
y la mujer a la omnipotencia maternal. Todo ese proceso lleva al adolescente a abandonar su
identidad infantil y a tratar de adquirir una identidad adulta. Son dificultades del adulto para aceptar
la maduración intelectual y sexual del niño las que llevan a calificar a la adolescencia como una edad
difícil, olvidando que es difícil para ambos, hijos y padres.

La adolescencia entre los 13 y 16 años es una edad de plenitud en el desarrollo de la motricidad. Esa
torpeza, frecuente en muchos adolescentes, proviene de conflictos en su relación con el cuerpo y en
especial con la actividad masturbatoria, y no implica ninguna mengua (disminución) de su capacidad
de coordinación motriz.

El periodo de latencia es un momento de transición en el que la actividad sexual se mantiene a


través de la masturbación y de juegos hetero y homosexuales entre niños. Según Freud, la cultura y
la sociedad desexualiza al niño mientras que este trata de defender su vida instintiva.

A través de la masturbación, el adolescente redescubre y explora sus genitales (de niño los
exploraba para asumir si era varón o mujer). La masturbación lo ayuda a aceptar su “sexo” y a luchar
contra la tendencia a consumar el incesto. También desempeña un papel importante en cuanto a la
estructuración del esquema del cuerpo.

Tanto los niños como las niñas en la adolescencia temprana manifiestan a través de sus dibujos la
búsqueda de la representación del propio cuerpo. Los adolescentes expresan con dibujos su
ansiedad ante los cambios que se están produciendo en su cuerpo. Aquellos que no reprimen sus
fantasías masturbatorias modifican permanentemente sus dibujos (enriquecen la imagen). Los que
las reprimen realizan dibujos lineales y monótonos donde niegan la diferencia de sexos. En la
adolescencia normal, la masturbación cumple la función de ayudar al Yo a reorganizarse en torno de
la supremacía genital. Si lo logra es porque ha hecho una feliz elaboración del duelo por la pérdida
del cuerpo y la identidad infantil. Este éxito yoico se expresa en la modificación de la representación
gráfica del cuerpo, que adquiere coherencia y armonía con la edad del que la dibuja. Para el
adolescente, la masturbación es una prueba del funcionamiento genital y un reconocimiento del
instrumento que lo capacitara para luego enfrentarse con la relación genital. Durante la latencia,
parece centrarse en el reconocimiento del órgano, saber cómo es, conocerlo, compararlo. En la
pubertad importa su funcionamiento, reconocerlo y estudiarlo como el medio del que luego se
servirá para la relación sexual. El semen y la menstruación son un hecho elemental y universal; en el
plano psíquico determinan conflictos y deformaciones que pueden llevar al rechazo consciente de la
procreación a la esterilidad o a dificultades para asumir el rol paterno/materno. Los cambios
corporales llevan a graves trastornos en la relación de los adolescentes con su propio cuerpo y con el
de los demás. Pueden sentir su cuerpo como extraño (no propio) y llegar a atacarlo (No se produce
una buena elaboración del duelo por el cuerpo infantil aquí). La representación del cuerpo en
dibujos se basa en la íntima relación entre la imagen corporal y las funciones del Yo (percepción,
juicio de realidad, control de la motricidad).

Los cambios psicológicos en la adolescencia que son el correlato de los cambios corporales llevan a
una nueva relación con los padres y con el mundo exterior, solo posible si se elabora lenta y
dolorosamente el duelo por el cuerpo del niño, por la identidad infantil y por la relación con los
padres de la infancia. En la adolescencia, se ve forzado a incluir los genitales adultos en el esquema
corporal y obedecer ciertas pautas de convivencia.

Al hacer el duelo por el cuerpo, el adolescente acepta dos perdidas: una es la de su cuerpo de niño
ante la aparición de los caracteres sexuales secundarios. La otra es que la aparición de la
menstruación en la niña y del semen en el varón los define sexualmente y su rol sexual en la
procreación; exige el abandono de la fantasía del doble sexo. También está la renuncia al incesto
porque la madurez genital le permite efectuar el incesto.

Las condiciones familiares y culturales pueden favorecer o demorar el desarrollo, pero no pueden
impedir que el adolescente deba elaborar por sí mismo estos duelos. No solo el adolescente padece
este largo proceso con su cuerpo, sino que los padres suelen tener dificultades para aceptar el
crecimiento; les angustia la aparición de la genitalidad y la expansión de la personalidad que surge
de ella.

La inserción en el mundo social adulto es lo que va decidiendo su personalidad. Implica un


distanciamiento del presente, se proyecta en el futuro y se independiza del “ser con” o “como” los
padres. En este proceso, lucha entre su necesidad de independencia y su nostalgia y necesidad de
reaseguramiento y dependencia.

Sobre la adolescencia, duelo y a posteriori – URRIBARRI

La adolescencia involucra una serie de modificaciones que se producen en el psiquismo y en las


relaciones con su medio (humano y ambiental) a partir de la maduración física y genital. En ese
periodo: ¿Qué es lo que duele y apena perder de lo anterior? El texto compara el estado de un
paciente que está en duelo o uno que sufrió un infortunio amoroso reciente con los adolescentes.
“Son estados emocionales en los que la libido del individuo está totalmente comprometida con un
objeto de amor real del presente o del pasado inmediato. El dolor mental es el resultado de la difícil
tarea de retirar la catexia (la energía psíquica que se liga al objeto) y renunciar a una posición que ya
no ofrece posibilidades de retorno del amor (gratificación)”. La libido del adolescente está a punto
de desligarse de los padres para catectizar nuevos objetos.

Peter Blos sostiene que la adolescencia está ligada a dos temas dominantes: la revivencia edipica
positiva y la desconexión con los primeros objetos de amor. La describe en dos estados afectivos:
duelo y enamoramiento. “El trabajo de duelo es una tarea psicológica importante en la adolescencia.
La elaboración del proceso de duelo es esencial para el logro gradual de la liberación del objeto
perdido, requiere tiempo y repetición. Similar es la separación de los padres edipicos en la
adolescencia. Este desligamiento que el adolescente tiene con sus padres se desarrolla
paralelamente con la alegría de sentirse independientes del progenitor, estados transitorios de
exaltación, egolatría y ensimismamiento producto de la transitoria inundación libidinal del self, hasta
su reconexión con nuevos objetos.

Knobel, basándose en Aberastury, dice que el adolescente realiza tres duelos fundamentales:

a) El duelo por el cuerpo infantil perdido: base biológica de la adolescencia que se impone al
individuo, que no pocas veces tiene que sentir sus cambios como algo externo frente a lo
cual se encuentra como espectador impotente de lo que ocurre en su propio organismo.
b) El duelo por el rol y la identidad infantil: que lo obliga a una renuncia de la dependencia y a
una aceptación de la responsabilidad que muchas veces desconoce.
c) El duelo por los padres de la infancia: a los que persistentemente trata de retener en su
personalidad buscando el refugio y la protección que ellos significan, situación que es
cómplice por la propia actitud de los padres.

Fernández Moujan dice que el duelo adolescente no es un duelo “puro” que supone una perdida y
un nuevo vinculo objetal. Dice que durante la adolescencia la pérdida coexiste con un “renacer”; no
solo se vive una perdida y su consecuente desplazamiento de la libido objetal hacia el yo, sino que
hay un desplazamiento de la libido narcisista hacia nuevos objetos requeridos por la nueva
configuración yoica desarrollada.

Luego Urribarri hace una crítica a las posturas de todos estos autores citados diciendo que los duelos
propuestos no se atienen a las características señaladas por Freud para el duelo ni tampoco
coinciden con la observación del desarrollo adolescente. Urribarri no habla de perdida, dice: “el
adolescente no pierde, sino que cambia, se transforma”. La relación con los padres, la identidad, el
rol y el cuerpo infantil, si bien dejan de existir en su forma infantil, no constituyen propiamente una
perdida, sino que cambian y este cambio a lo nuevo de alguna manera se basa, incluye y modifica al
pasado infantil, por lo tanto, el mismo no se pierde y no es motivo de duelo. Da un ejemplo de un
niño de campamento: el niño duda dejar a sus padres para ir al campamento, la ganancia a cambio
de esa pérdida son las actividades y la convivencia con sus compañeros. Esa ganancia lo impulsa
(alegría) al niño por lo tanto no siente ese dolor de la perdida, lo que no quiere decir que los deje de
extrañar, es decir, no hay pesar ni dolor por lo tanto no hay duelo.

El sujeto motoriza el acceso a nuevas situaciones y logros que impulsan el desarrollo, el anhelo de
ser adulto. Para Urribarri, no hay perdida ni duelo del cuerpo infantil ya que los cambios físicos
otorgan incentivación y placer que promueve hacia lo progresivo. Se captan las modificaciones, se
significan e incorporan gradualmente modificando la representación psíquica del cuerpo. Esta
transformación otorga continuidad en el cambio y en el tiempo, entonces, también dice que de la
misma manera se entiende que la identidad no se pierde, sino que se transforma y complejiza, y la
relación con los padres, en efecto, varía.

Luego Urribarri sí va a hablar de que hay un duelo y una perdida. Habla sobre el lugar del sujeto en
tanto aceptación de la castración, ubicado en un orden social y familiar regido por el tabú del incesto
que promueve su renuncia forzada a los padres como objetos eróticos de amor. Esta sí es una ardua
y lenta tarea de duelo (decatectizacion) que se liga tanto a la representación psíquica de los padres
como al vínculo con ellos y al contacto externo con los padres reales. Es dolorosa y difícil porque:

a) Debe renunciar a ellos estando aun presentes (sin perder el vínculo)


b) Debe trocar la relación a tierna y amorosa, ya deserotizada.

Aquí la perdida con su consecuente duelo, es también aceptada en tanto que a cambio puede
acceder al contacto genital y la vida amorosa de pareja (socialmente convalidada), lo que representa
la prima de incentivación y de placer que promueve el proceso. Mientras esta incipiente el conflicto,
el joven se aparta de sus padres, predomina la conducta en lo externo y parcialmente los reemplaza
por el grupo de pares. Es decir, hay coexistencia del nuevo objeto y del anterior aun no plenamente
resignado.

Urribarri diferencia ciertos procesos de la adolescencia con el duelo. Un ejemplo es la


desidealizacion, tanto del self como del objeto. El niño inicia en el periodo de latencia a relacionarse
de manera exogámica lo que permite ir viendo otras realidades e ir comparando a sus padres,
humanizándolos con virtudes y defectos, ya no ese lugar omnipotente. Se da una resignificacion, no
un duelo. Lo mismo pasa con el self, se va perfilando una representación de uno mismo por la
relación con otros y el cotejo con la realidad; pero aquí si hay conexión con el duelo por la imagen
esperada de sí mismo al crecer. El crecimiento implica una resignificacion y disolución de la
omnipotencia infantil, cuya compensación es acceder al goce y las prerrogativas (mejor trato, “más
derechos”) de los adultos.

El proceso de desidealizacion corresponde a un proceso de resignificacion posterior ya que es


desencadenado por situaciones, acontecimientos o una maduración orgánica que permiten al sujeto
alcanzar un nuevo tipo de significaciones y reelaborar sus experiencias anteriores. El adolescente no
duela por la infancia como un paraíso perdido, sino que se da cuenta de que no volverá a ser. Es esa
añoranza que se genera, derivada de la moción del decurso del tiempo, que unida a las angustias y
dificultades de la adolescencia hacen que idealice la infancia. “Las imágenes falsificadas de su niñez
los ayudan a soportar las angustias de los ahoras adolescentes”.

Urribarri señala que puede ser confundida esta tristeza con un aparejamiento del duelo, pero
sostiene que tienen orígenes diferentes. Diferencia a los adolescentes con las personas que sufren
un infortunio amoroso (duelantes) sobre todo en aspecto económico:

Aquel que duela siente que perdió a alguien o algo que identifica claramente y que pena por no
tener; sufre un revés en el mundo externo que no quería que le ocurriese (CC e ICC); se sumerge en
el pasado y se detiene en el presente (sueña, recuerda el objeto perdido). El adolescente no conoce
el motivo de su penar e ignora las razones de su tristeza; sufre por un proceso interno de renuncia
(ICC) en busca de independencia de los padres; a pesar de duelar su pasado, busca y crea vínculos y
situaciones nuevas, proyecta futuro.

Urribarri habla también sobre que la problemática de la adolescencia no atañe solo al joven sino
también a los padres, quienes sufren modificaciones en su conducta, duelan, etc. La reestructuración
adolescente, la búsqueda de autonomía, el desasimiento de la autoridad parental, así como la
plenitud física y genital pueden generar que se opongan o desvíen los deseos parentales sobre sus
hijos o los caminos para cumplir esos deseos. Se le llama “pérdida del hijo ideal anhelado” lo que
lleva a un duelo.

Urribarri cierra con que quiere que se entienda a la adolescencia no como desde una perspectiva
que lleva sufrimiento por la perdida y la dificultad para el avance. Perdida no implica
automáticamente duelo. Algo se pierde, pero no significa perdida por él, es prima de incentivación y
placer ante lo nuevo (ganancia). No toda situación dolorosa implica duelo.

El adolescente y sus trabajos – RODULFO

Sitúa cierto conjunto de trabajos y se pregunta para evaluar a un adolescente: ¿En qué trabajo de
simbolización anda? Toda la cuestión de la pubertad se puede pensar en términos de exigencias de
trabajo, trabajo como castraciones necesarias para la estructuración subjetiva, también en el sentido
de tareas cuyo no cumplimiento expone a las más graves consecuencias. Rodulfo distingue 6 tipos de
trabajos que están trabados entre sí.

1 – Pasaje de lo familiar a lo extrafamiliar

Por primera vez lo extrafamiliar deviene más importante que lo familiar, al adolescente le parece
mejor lo de afuera.

2- Transformación del Yo Ideal al Ideal del Yo

Tiene que ver con los duelos, de matar al niño ideal, de duelos por la infancia. Se pierde para
siempre el Yo Ideal y lo queremos reconquistar con el Ideal del Yo, en tanto horizonte abierto de lo
que va a ser o de lo que será sin serlo nunca del todo.

3- Pasaje de lo fálico a lo genital

Es en realidad la primer gran tarea de la pubertad. Tiene que ver con la función del orgasmo en la
adolescencia, con la experiencia erótica. La iniciación sexual en la adolescencia es un acontecimiento
estructurante.

4- Repetición transformada de los tiempos del narcisismo

Se da cuando el adolescente se ve en el otro, se ve como otro, como un extraño. También lo llama


desamparo puberal a eso de verse como un extraño a uno mismo, es lo que inaugura la
adolescencia. Ve a un desconocido allí en el sentido metafórico, es decir, toda la identidad
construida sufre un desacomodo.

5 – Pasaje del jugar al trabajar

Tiene que ver con que algo de las raíces deseantes del jugar se transfieren inconscientemente al
trabajo que hereda lo lúdico y lo transforma. Hay una articulación para que el trabajo no sea una
adaptación obligada como una demanda social. Tiene que ver con una realización deseante de una
subjetividad.

6 – Del desplazamiento a la sustitución (elección de objeto)

Hay una sustitución del objeto de amor de la infancia por otro que tiene que hallar en el mundo
exterior, es decir, el Complejo de Edipo debe desintegrarse por la prohibición del incesto

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