Magdalena de liners
Noche de Reflexiones
En la noche, agotada, me encontraba mirando por las ventanas de la
habitación. Me levanté del sofá y contemplé los jardines. En ese momento,
la historia que aquel hombre, el señor de los perfumes,sobre las cartas de
su amigo en la ciudad B, vino a mi mente. --Me invadió una sensación
apenada al darme cuenta de que todos en la ciudad en ese entonces ya
eran parte del pasado--.
Recordando la conversación:
Usted no debe ir -le advirtió la dama misteriosa al señor de los
perfumes-.
¿Qué no? Sería perder un momento extraordinario. Un placer o dolor
único. Una sensación intensa... -respondió él con determinación-.
Precisamente si usted va, romperá el encanto de todo lo que llegó a
usted a través de un temperamento más artístico que el suyo... me
atrevo a decir, que si usted va, y se expone a ver las cosas de otro
modo perderá todo el encanto de las cartas que su amigo escribió.
Muchos de los que en su historia vivían habrán muerto ya. Yo le
aconsejo. ¡No vaya!
Iré, solo por ver ciertas cosas y conocer ciertas personas. Me atrae. El
señor Alphonsin; una señorita Rosalinda, "Rosalinda la triste", y sobre
todo a la señora de Liniers... Una dama casi misteriosa que iba a
visitar quincenalmente a su esposo tísico...
Y es ahora donde yo le aconsejo que no vaya. Se lo aconsejaba hace
un momento y entonces no había usted perdido nada. Ahora ya
llevará usted una desilusión. -dijo, un poco pálida y paralizada de
hacerme perder el encanto- La dama misteriosa que usted habla...
Así, el recuerdo se desvaneció en mi mente mientras continuaba
observando los jardines en la noche tranquila.
El Alma de una Madre
Mientras reflexionaba sobre la conversación con la dama misteriosa, mi
mente divagaba hacia los recuerdos que mi madre solía compartir conmigo
durante las noches. Recordaba cómo ella me contaba con ternura sobre su
amor por mí, mientras acunaba mis sueños con historias de sus viajes por
todo el mundo.
Originaria de un pequeño pueblo en España, mi madre había sido llevada a
Perú por mi padre, a quien conoció durante uno de sus viajes de negocios.
Mi padre era un hombre de habilidades excepcionales para enamorar con
sus palabras, un encantador nato con una gran confianza en sí mismo.
Gracias a su carisma y persuasión, tenía la capacidad de convencer a la
gente en sus negociaciones y cerrar tratos que parecían imposibles.
La historia de cómo mi madre y mi padre se conocieron siempre me fascinó.
Era como un cuento de hadas moderno, donde el destino y el amor se
entrelazaban en un viaje que los llevó a través de continentes y culturas
diferentes. A través de las palabras de mi madre, podía vislumbrar la pasión
y el encanto que marcó el inicio de su historia de amor, una historia que
dejó una huella imborrable en mi corazón y en mi imaginación.
Eso es lo que habría deseado, pero la realidad fue mucho más desgarradora.
Un día, como cualquier otro, mi madre contrajo la tuberculosis, una
enfermedad que atacaba los pulmones. En esa época, no se sabia la cuasas
de esa enfermedad por lo que mi madre estaba condenada
Mi madre, poco después de contraerla, se vio postrada en una cama,
sufriendo los estragos de esa enfermedad implacable. Los médicos,
desafortunadamente, no tenían los medios para detener su avance. Así que,
impotente, solo pude ver a mi madre sufriendo por aquella desgarradora
enfermedad
Pasaron los días, y mi madre aguardaba su destino en un cuarto oscuro,
iluminado apenas por una vela de cera que apenas podía aliviar la pena de
su sufrimiento. Fue una espera desgarradora, marcada por el dolor y la
impotencia de saber que nada podía detener el curso de la enfermedad.
Mi padre no permitía que me acercara a la habitación donde mi madre
luchaba contra la enfermedad. Sin embargo, cada vez que él salía hacia su
trabajo, me las arreglaba para escabullirme y pasar un tiempo junto a ella.
Durante esos momentos, compartíamos conversaciones magicas y cálidas.
A pesar del dolor y la debilidad que la consumían, mi madre siempre
encontraba la manera de infundirme alegría y esperanza.
Durante aquel tiempo de cuidados estrechos, mi madre compartió conmigo
su pasión por el arte y la moda. Juntas, explorábamos revistas y libros,
admirando las obras de los grandes artistas y diseñadores. Fue gracias a
ella que aprendí a apreciar la belleza en todas sus formas y a tener un
enfoque creativo hacia la vida.
A medida que los días pasaban, el deterioro de la salud de mi madre se
volvía más evidente. A pesar de los esfuerzos desesperados de ella por
mantenerse un dia más con vida y de mi propio deseo de mantenerla a mi
lado, llegó el momento en que su lucha llegó a su fin. En una tarde sombría
y silenciosa, rodeada por la luz de la mecha, mi madre cerró los ojos y partió
hacia un lugar mejor, dejando atrás el sufrimiento y encontrando paz.
Aunque su partida dejó un vacío inmenso en mi corazón, sus enseñanzas y
su amor perduraron en mí. Su legado de creatividad, fortaleza y afecto
continúa recordándome cada día el valor de la belleza, el arte y la
compasión.
Aromas de Éxito
Poco después del fallecimiento de mi madre mi padre empezó llevarme mas
a menudo con el para que no estuvieras sola en la casa y no me quedara
solo pensando en la muerte de mi madre
Yo veía la gran habilidad con la palabra que tenía mi padre para dar una
conferencia donde escuchaban atentamente docenas de personas
importantes y siempre les contaba el mismo chiste.
--Dos peces estaban atrapados en un estanque seco. Uno de ellos se dio por
vencido murió y, pero el otro pececito siguió aleteando tanto que se
convirtió en un ave.
Me apasionaba mucho la convicción que tenia mi padre. Y me puse a prueba
un día en la tienda de perfumes muy elegante en el centro d la ciudad con
la ayuda de mi padre que venia con un traje de … y con un carrujo elegante
con detalles como … ,me hice pasar por la actriz peruana María Guerreo de
Quispe ,que había sido protagonista una de las mejores obras de Ricardo
palma “El Eco de Sus Pasos”
- ¡Con permiso, por favor! -exclamó mi padre, con voz firme, mientras
nos abríamos paso entre los clientes de la tienda de perfumes.
- ¡Abran paso! -repitió, con determinación, haciendo que algunos
presentes se apartaran sorprendidos ante su actitud decidida.
- Mientras tanto, yo mantenía mi postura como María Guerrero de
Quispe, tratando de proyectar la misma seguridad que mi padre.
Avancé con elegancia hacia el mostrador de perfumes, donde la
dependienta nos observaba con cierta intriga.
- Buenas tardes, señorita. ¿En qué puedo ayudarles hoy? -preguntó la
dependienta, con una sonrisa profesional pero cautelosa.
- Estamos interesados en adquirir algunos perfumes exclusivos para
una ocasión especial -respondió mi padre, con voz autoritaria que
denotaba su posición de poder.
- Por supuesto, tenemos una amplia selección de fragancias de alta
gama. ¿Tienen alguna preferencia en particular? -inquirió la
dependienta, tratando de mantener la compostura frente a la presión
que sentía.
- Estamos buscando algo único y distintivo, algo que capture la esencia
de la elegancia y el refinamiento -contesté, con determinación,
mirando fijamente a la dependienta.
La dependienta asintió con nerviosismo y comenzó a mostrarnos diferentes
opciones, describiendo cada fragancia con detalle y entusiasmo. Sin
embargo, ninguna de las opciones parecía satisfacer completamente
nuestros exigentes estándares.
Frustrados por la falta de opciones adecuadas, mi padre comenzó a
expresar su decepción de manera más evidente, amenazando con hablar
mal de la tienda y sus productos a personas importantes de la sociedad. La
dependienta, visiblemente preocupada por las posibles repercusiones, buscó
desesperadamente una solución.
Finalmente, después de mucha insistencia y persuasión por parte de mi
padre, la dependienta cedió ante nuestras demandas y nos ofreció el
perfume que tanto deseábamos el “Fleur de lys”de manera totalmente
gratuita, como un gesto de reconciliación y para evitar cualquier posible
daño a la reputación de la tienda.
Con una sonrisa triunfante, mi padre y yo aceptamos el generoso
ofrecimiento y nos retiramos de la tienda, sintiéndonos victoriosos por haber
logrado nuestro objetivo. A pesar del dramatismo de la situación, nos
sentimos satisfechos de haber alcanzado nuestro propósito y de haber
demostrado nuestra determinación y poder de negociación.