0% encontró este documento útil (0 votos)
108 vistas9 páginas

2.5 Del Diagnostico en Psicoanalisis - C. Soler

Colette Soler discute la relevancia del diagnóstico en psicoanálisis, señalando que, aunque no es una psicoterapia, enfrenta demandas similares a las de los psicoterapeutas. A lo largo de un siglo, el psicoanálisis ha evolucionado en su comprensión de la sintomatología, buscando construir una clínica psicoanalítica propia que se distinga de la psiquiatría. La polémica sobre el uso del diagnóstico en psicoanálisis se centra en su necesidad y su potencial abuso, reflejando tensiones entre la singularidad del caso y la clasificación generalizada de síntomas.

Cargado por

agustinagarro489
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
108 vistas9 páginas

2.5 Del Diagnostico en Psicoanalisis - C. Soler

Colette Soler discute la relevancia del diagnóstico en psicoanálisis, señalando que, aunque no es una psicoterapia, enfrenta demandas similares a las de los psicoterapeutas. A lo largo de un siglo, el psicoanálisis ha evolucionado en su comprensión de la sintomatología, buscando construir una clínica psicoanalítica propia que se distinga de la psiquiatría. La polémica sobre el uso del diagnóstico en psicoanálisis se centra en su necesidad y su potencial abuso, reflejando tensiones entre la singularidad del caso y la clasificación generalizada de síntomas.

Cargado por

agustinagarro489
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Teorico 2.

Adultos.

Del diagnóstico en psicoanálisis.

Colette Soler

Actualidad de la ética del psicoanálisis.

Introduciré mis ideas de hoy con un breve preámbulo, a partir de una cita extraída del texto de la
Introducción a la edición alemana de los Escritos, fechado el 7 de octubre de 1973. Allí Lacan
habla de los analistas y señala que tienen miedo, que tienen miedo del chiste, es decir que temen al
hecho de que puedan estar sujetados por el significante, por las palabras. En la página 13 de Scilicet
51, dice que en el fondo su miedo está justificado porque “tienen el beneficio de ese destino nuevo: el
de que, para ser, les haga falta ex-sistir”. “Para ser”, entiendan ese “para ser”, como ser representante
de un deseo específico; dicho de otro modo, para que haya deseo del analista, les hace falta ex-sistir.
Escrito de este modo, ex-sistir no solo quiere decir ‘estar presente en el mundo’, porque para estar
presente en el mundo alcanza con poco, alcanza con estar vivo. Para ex-sistir es preciso añadir un
decir específico a esta presencia que, por supuesto, es necesaria. La ex-sistencia de los
psicoanalistas es la ex-sistencia de un decir propio del discurso analítico, que está más allá de las
propias personas.
Se trata de un decir diferente, que vehicula finalidades y, digamos, una ética diferente a la del
discurso común.
El papel del psicoanálisis en el campo de la salud mental y de la medicina, para saber si está
adentro o afuera del campo de la salud; y su lugar respecto de la ideología del derecho a la salud, ya
que nos encontramos en el marco de una ideología así; es un frente de batalla.
Pero también en el propio interior del psicoanálisis existe una lucha de opciones entre las dos
posiciones extremas que recién mencioné. Por ejemplo, sabemos -los textos escritos y difundidos lo
muestran- que la SPP se pronunció favorablemente a la enmienda Accoyer, y no solo favorablemente,
sino .que también propuso combinarla con lo que llama “comisiones de acreditación de los
psicoanalistas” en las que debería haber, dice la SPP, no solo universitarios y médicos, sino que
también psicoanalistas.
¿Podemos aventuramos diciendo que “el psicoanálisis no es una psicoterapia”? Es verdad, no es
una psicoterapia, sin embargo observo que los psicoanalistas reciben las mismas demandas que los
psicoterapeutas, las demandas generadas por los síntomas y el sufrimiento que produce nuestro
malestar. El psicoanálisis transforma estas demandas en otra cosa, pero son las mismas. Por otra
parte, muchos analistas no solamente analizan sino que trabajan en instituciones, con todo lo analistas
que son, se piensa que no practican, psicoanálisis en las instituciones, sino que se limitan a responder
Teorico 2.
Adultos.

al síntoma que encuentran y hay que decir que en ocasiones hacen lo mismo que los psicoterapeutas.
En el mejor de los casos los psicoterapeutas escuchan -no siempre es así-, otros hablan. Entonces,
aventurarse con el slogan “el psicoanálisis no es una psicoterapia”, no solo sería borrar a los
psicoterapeutas (no tenemos ningunas ganas de borrar a los psicoterapeutas, eso está claro), sino que
sobre todo sería un poco -hacía esta comparación- como un local de comestibles con un cartel que al
frente anunciara “aquí no se vende comida”.
Podemos precisar aún más diciendo que el psicoanálisis presenta dos aspectos indisociables. Es
una exploración del inconsciente, consiste en construir, construir con la palabra; consiste en explorar
los significantes, las palabras, los deseos que circulan en el inconsciente: es su vertiente epistémica.
Y es un hecho que, al mismo tiempo, obtiene modificaciones en los síntomas: es lo que llamamos
terapéutica. Resulta muy importante señalar que las dos vertientes son indisociables. En el
psicoanálisis se curan los síntomas por la exploración del inconsciente, es nuestra diferencia,
formulada de modo muy simple respecto a las simples psicoterapias de la escucha, del consejo, del
consuelo y tutti quanti.
Para hacer existir el psicoanálisis puro -el psicoanálisis del psicoanalista-, algunos quisieran
sustraerse, quisieran situarse como excepción, quisieran extraterritorializarse de los problemas del
discurso contemporáneo. Hay otros que estarían dispuestos a dejar de ex-sistir, en el sentido de
producir un decir específico, el del discurso analítico, para estar presentes en el mundo, para seguir
presentes en el mundo. Se trata de dos respuestas a un mismo dilema: cómo ex-sistir al discurso
corriente común en su forma capitalista actual sin desaparecer, esta es la cuestión.

Un siglo de diagnóstico psicoanalítico.

En tanto seguimos la enseñanza de Lacan no podemos prescindir del diagnóstico. En general lo


justificamos en función de la posible psicosis del paciente que nos consulta. Por lo tanto, en principio
me gustaría hacer un breve recorrido por el panorama de lo que voy a llamar “las variantes de la
sintomatología en el psicoanálisis”.
El psicoanálisis ha tenido -ya tenemos un siglo de psicoanálisis- evoluciones en el nivel de la
sintomatología. No llamo ‘sintomatología’ a la configuración de los síntomas, ya que sabemos a ciencia
cierta que los síntomas cambian según el contexto de discurso, son históricos, siempre se habla de
esto, y el propio Freud se dio cuenta de esto. En el fondo, Freud se dio cuenta perfectamente de que lo
que llamaba psicología individual y psicología colectiva, eran solidarias una de la otra.
Hoy en día diríamos más bien que los individuos uno a uno, están sujetos a un mismo discurso. La
sintomatología es otra cosa, se trata de la conceptualización de los síntomas, o sea el saber que se
Teorico 2.
Adultos.

construye, o si lo prefieren y utilizando un término simple de la teoría psicoanalítica, la teoría que se


elabora acerca de los síntomas.
Freud y sus colegas se plantearon la elaboración de una teoría clínica propia del psicoanálisis,
diferente de las teorías clínicas de la psiquiatría. Se trataba de saber si había una clínica psicoanalítica
propia del discurso analítico, que no fuera simplemente la clínica psiquiátrica de ese tiempo. Una
clínica psicoanalítica propia, en sentido fuerte, suponía dos cosas: una nosografía propia, es decir una
identificación de los síntomas propia; y también, en segundo lugar, teorías explicativas propias.
Les recuerdo la evolución de la historia respecto a estas cuestiones.

De entrada es posible constatar que Freud, Lacan, Melanie Klein -en ella es menos claro, pero
pienso que también es el caso-, construyeron su clínica derivándola de la clínica psiquiátrica; es decir
que, en líneas generales, retomaron las categorías diagnósticas de la psiquiatría: psicosis, neurosis y
perversión. La perversión fue la más polimorfa Por otra parte, cada una de estas categorías, están
históricamente unidas a un gran nombre de la psiquiatría clásica: Kraepelin a la paranoia, Bleuler a la
esquizofrenia y Krafftc-Ebing a la perversión y -para resumir-, digamos que Charcot a la neurosis de
base que es la histeria.
Tanto Freud como Lacan retomaron esta nosografía, al menos al principio. En Freud se entiende
porque era la clínica psiquiátrica de su época, finales del siglo XIX y principios del XX. Era
contemporáneo de la construcción de esta nosografía. En Lacan ya es un poco diferente. Durante su
formación como psiquiatra de los años ’30, no está lejos de estas elaboraciones, pero considerando al
Lacan psicoanalista de posguerra, ya está prácticamente a cincuenta años de distancia.
En lo que respecta a nosotros, ya ha pasado un siglo. Por lo demás, Lacan partió de la psicosis
mientras que Freud lo hizo de la neurosis. No obstante, a pesar de todas estas diferencias, Freud y
Lacan realizaron la misma operación: retomaron la nosología psiquiátrica, sus términos, el mapa de
trastornos aislados por la psiquiatría, y procuraron construir una teoría psicoanalítica de esa
nosografía.
Esto se ve con mucha claridad en Freud. Desde el principio efectúa una operación muy simple: toma
el mapa de los síntomas y se pregunta cuál es la incidencia del inconsciente descubierto por él
mediante el análisis de las neurosis, en cada uno de los síntomas. Si bien con algunos titubeos en los
primeros años, responde con la noción de psiconeurosis de defensa, teoría unitaria de las psicosis y
las neurosis. Después, en Freud, puedo seguirse paso a paso la puesta a punto de la investigación
acerca de los mecanismos diferenciales, aunque hubiera partido de una teoría unitaria.
Lacan retoma las categorías diagnósticas. Se constata muy bien cuando se pelea con el órgano-
dinamismo de Henry Ey, su colega, su camarada. Si retoman los textos de los Escritos, verán que
Teorico 2.
Adultos.

ambos están totalmente de acuerdo en la nosografía pero discuten la teoría explicativa. Lacan pone en
marcha el proyecto de repensar todos los fenómenos de la neurosis, de la psicosis y de la perversión a
partir de la estructura del sujeto en tanto determinado por la estructura del significante y del discurso.
Todo esto me resulta completamente claro en la historia del psicoanálisis, salto los matices. En
1973, en la Introducción a la edición alemana de los Escritos, Lacan continúa en esta posición, y
dice en la página 15 de Scilicet 52“hay tipos de síntoma, (...) hay una clínica [él llama clínica a la
descripción de tipos]. Solo que resulta que esa clínica es de antes del discurso analítico”. Ya no
pueden admitirse con tanta claridad los tipos clínicos aislados por la psiquiatría. Y por lo tanto su
pregunta permanece, todavía en este texto: ‘'¿puede demostrarse que los tipos clínicos responden a la
estructura?” -entiendan allí “responden al efecto del lenguaje”-.
Mi primera observación es que Lacan no se inmutó por la aparición de los DSM en el campo de la
psiquiatría, es evidente.
Mi segunda observación es que Lacan no se refiere en absoluto a loe nuevos síntomas que nos
obsequia el capitalismo, estos síntomas a los que hacen tanto caso los psicoanalistas de hoy en día y
que llaman “los nuevos síntomas”. Es bastante extraño porque desde la vanguardia Lacan subrayan
historicidad del síntoma e incluso produjo el neologismo de escrito hystoire con “y” griega -siendo que
‘historia’ se escribe en francés histoire para asociarlo con la histeria, que en francés se escribe
hystérie, indicando así que la estructura de la histeria está obrando en la historicidad. Así es que tenía
una poderosa conciencia de la evolución de los síntomas, de su relatividad en función del estado del
discurso.
En los años ’72-’73 introdujo, hablando con propiedad, una nueva sintomatología; es decir, nuevas
designaciones de los síntomas y una nueva construcción teórica para tratar de dar cuenta de eso. Lo
más extraño, en fin, extraño... es que no nos referimos a ella casi nunca. Nos referimos a ella para
estudiar la cosa, eventualmente para dictar conferencias, pero en la práctica, cuando se trata de
hablar de un caso, las últimas elaboraciones de Lacan se utilizan muy poco -cuando digo “se”, me
refiero a los lacanianos- Nos referimos, seguimos refiriéndonos con preferencia a las elaboraciones
anteriores. Especialmente en la psicosis, vamos directamente a De una cuestión preliminar..., al
Seminario 3: está claro que no seré yo quien disuada de estudiar tales textos, son la base, pero nos
quedamos un poco estancados, ¡es lo menos que se puede decir!
Es preciso reconocer que Lacan realmente no desarrolló una clínica borromeana, sólo la introdujo,
la nombró -lo que ya es mucho-, Disponemos al menos de tres ejemplos; uno que no es gran cosa y
dos muy importantes.
Introdujo en primer lugar -ya lo mencioné y también a los otros durante una presentación de
enfermos- lo que él llamaba “enfermedad de la mentalidad”. No estoy explicando qué entendía Lacan
Teorico 2.
Adultos.

con ese"nombre, pero aquí tienen una categoría nueva, totalmente desconocida en la legión de la
nosología psiquiátrica, y que no se habría podido producir si no hubiera utilizado los esquemas
surgidos del nudo borromeo, que responden a una realidad clínica precisa.
Asimismo introdujo el “sínthoma [sinthomé] Joyce” que no es el “síntoma [symptome] Joyce”,
aunque hay algo en este texto extremada y rigurosamente preciso, que podría llamarse una nueva
formulación de un tipo de síntoma completamente inédito.
En otra ocasión -pero en este caso se trata realmente de una cosa muy pequeña- él pudo decir,
siempre en el curso de una presentación de enfermos: “es una psicosis lacaniana”. ¿Por qué lo dijo?
Porque se trataba de un sujeto que, si mal no recuerdo, alucinaba y deliraba a la vez, pero deliraba con
una especie de cosmología que incluía a lo simbólico, lo imaginario y lo real -era el propio sujeto quien
lo nombraba de este modo, y no me parecía sospechoso de haber leído mucho, de haberlo copiado-.
Polémica sobre el uso del diagnóstico.

El uso de diagnósticos, el uso práctico ante el paciente. Se trata de otra cosa que el mapa
nosográfico o la teoría de los tipos sintomáticos. Hay una viva polémica respecto de este tema, es
decir toda una corriente de pensamiento que rechaza dos cosas.
En primer lugar, la necesidad del diagnóstico en psicoanálisis. Algunas personas piensan que el
diagnóstico es inútil en el discurso psicoanalítico, que no se debería utilizar el diagnóstico. Pero
también, y es enrevesado, están quienes denuncian el uso del diagnóstico como un abuso, lo que no
es del todo lo mismo.
Sin embargo todavía se escuchan voces que combaten los diagnósticos en psicoanálisis. Tomando
las cosas de la manera más positiva, la menos polémica, pues... ¿de dónde viene el problema? Creo
que se comprende muy bien si se remiten a los análisis que Michel Foucault hizo en su libro El
nacimiento de la clínica. Es una de sus mejores obras, tiene otras que también son interesantes,
pero esta es particularmente pertinente. En ella Michel Foucault estudiaba la clínica psiquiátrica, no la
clínica psicoanalítica, y caracterizó la actividad diagnóstica de una manera que considero justa:
diagnosticar es hacer entrar el caso singular en una especie general. El diagnóstico se hace por un
motivo de racionalidad, pero es un poco homólogo a lo que se hace cuando se clasifican las especies
animales o vegetales: se arman jardines botánicos, zoológicos... puede hacerse también un jardín de
las patologías, ¡no hay problema! Michel Foucault resaltó que era una medicina de lo visible, de lo
mostrable, que implicaba el ojo clínico, el ojo del clínico que a partir del siglo XIX ha ido incluso más
allá del campo macroscópico, llegando hasta lo microscópico con la anatomopatología.
La sintomatología de la mirada siempre es una sintomatología del Otro, establecida por el médico.
En la psiquiatría se hace hablar al paciente, sin duda alguna, pero en la medida en que a través de lo
Teorico 2.
Adultos.

que dice pueda entregar los signos de la especie mórbida a la que pertenece. En su palabra no se
buscan las huellas de un sujeto, sino las huellas de su enfermedad. Es por lo tanto un hétero-
diagnóstico, un diagnóstico que viene del Otro y en el cual la palabra en absoluto es constituyente,
simplemente es el vehículo de los signos'. Enseguida se pone de manifiesto que hay un problema con
el psicoanálisis porque en él se acoge el síntoma constituido de una manera muy distinta. Cuando digo
“se acoge el síntoma” quiero decir el síntoma que puede tratarse, no quiero decir simplemente el que
se nos presenta, e incluso tal vez es seguro que no todos pueden tratarse.
El síntoma que puede tratarse está constituido de modo muy distinto, es un síntoma necesariamente
auto-diagnosticado. En el psicoanálisis es un síntoma aquello que el sujeto considera como síntoma.
Mientras no considere un rasgo como síntoma, este permanecerá inerte, permanecerá como un
enclave en la palabra analizante. Hay entonces una disyunción entre la presencia o la ausencia de los
síntomas buscados por el médico, y aquellos que permiten entrar en el psicoanálisis.
Además, y debido a esto, creo, se plantea en la entrada la cuestión de la demanda. Sabemos de
sobra que la demanda que permite entrar en un análisis no es cualquier demanda. Esta cuestión es
muy importante precisamente porque no cualquier estado del síntoma se presta a la elaboración
analizante. Podría decirlo de otra manera: solo es un síntoma tratable aquel que se presenta como un
significante de la transferencia, es decir que suponga un sujeto. Esto no se ve, no atañe a la clínica de
lo visible. Que un malestar cualquiera, lo que no marcha para el sujeto, presuponga al sujeto, no es
visible.
Esto puede expresarse de diversas maneras: lo denominado ‘síntoma’ en la clínica de la
observación no se denomina forzosamente ‘síntoma’ en la clínica auto-diagnosticada del sujeto. O
incluso más: lo que el Otro social no soporta o lo estigmatiza (y la psiquiatría forma parte del Otro
social), no siempre coincide con lo que no soporta un sujeto dado. En este sentido, la palabra, los
dichos del sujeto, son constituyentes del síntoma que puede tratarse con el psicoanálisis. Solo el sujeto
puede decir lo que no marcha para él, aunque ignore la causa; por supuesto que tal vez tratará de
descubrirla. En ocasiones algo no marcha, y encuentro que este caso es mucho más demostrativo,
cuando por otra parte todo va bien.
Por eso muy frecuentemente los neuróticos se hacen tratar como enfermos imaginarios. Un
“enfermo imaginario” es un enfermo subjetivo, es decir que el discurso común dice de él “lo tiene todo
para ser Feliz”, pero no, algo no marcha. Aquí se aprecia una considerable diferencia entre el síntoma
visible, aquel que el psiquiatra puede diagnosticar -y eventualmente también el psicoanalista-, y el
síntoma invisible, aquel que el sujeto vive, o sea entre el síntoma observado y el síntoma subjetivo.

La ética de los diagnósticos.


Teorico 2.
Adultos.

Para resumir la tesis de quienes lo denuncian, el diagnóstico sería una especie de abuso del saber
en provecho de otra cosa; dicho de otro modo, es la idea de que el ejercicio clínico, que es un ejercicio
de saber, solo es la justificación del goce del clínico
¿Cuál es la tesis de Michel Foucault?

En principio, estigmatiza la posición del poder del psiquiatra tomando su referencia, digamos, lejos
en el tiempo, esencialmente en el siglo XIX y en los inicios del XX. Hay allí textos extremadamente
convincentes que él cita, y en los que se ve, en efecto, que los psiquiatras de esa época no se
consideraban sólo hombres de saber, sino rectificadores de las desviaciones morales y sociales.
Foucault estigmatiza el poder del psiquiatra sobre el pobre psiquiatrizado que está a su merced. Y
también aísla -lo resumo a grandes rasgos dos empresas que llama despsiquiatrización y que coloca
en un mismo plano -si no lo han leído, no van a adivinar cuáles son: la farmacología y el psicoanálisis,
en tanto ellas despsiquiatrizan y tocan efectivamente algo del poder moral del psiquiatra. En efecto,
todo esto es para hacer una apología, una verdadera apología, de la antipsiquiatría que sería la única
en haber desarmado efectivamente el abuso psiquiátrico.
Ciertamente, Michel Foucault no pertenece al campo del psicoanálisis, pero sí encuentra tales ecos
en el propio campo del psicoanálisis. Quisiera citar un ejemplo, no porque sea representativo sino
porque de forma contingente leí el libro de René Major, que se llama La démocratie en cruauté.
Como él tuvo la gentileza de ofrecérmelo, lo he leído y encontré una tesis que me sorprendió mucho, a
decir verdad. Está lleno de cosas interesante pero en el fondo René Major inspirado por Derrida,
introduce la noción siguiente: “la hospitalidad incondicional del analista”. Es una muy bella noción, hay
que decir que se trata de una práctica que se pierde, la hospitalidad, condicional o incondicional. Él
introduce esta idea, que al principio parece muy simpática, y luego dice: “la hospitalidad incondicional
al paciente me hace prescindir [met en déroute] de todo lo que puedo saber, jamás sé bastante, toda
aprehensión nosográfica del otro, toda etiqueta que le haré llevar (entonces, es la hospitalidad
incondicional la que excluye toda mirada nosográfica) sería un dispositivo inmunitario (¡escribe bien!)
contra toda llegada imprevisible, inesperada, sorprendente y sería para decirlo todo una medida de
hospitalidad limitada.
¿Qué podemos retener nosotros de esas críticas? ¿Diagnóstico inútil o abusivo? Nosotros, en tanto
que alumnos de Lacan, estemos persuadidos de la necesidad del diagnóstico previo para saber si la
persona que recibimos puede o no beneficiarse con el proceso analítico, y de qué modo.
Ustedes saben que Freud pensaba que el psicoanálisis era inoperante para la psicosis. Esa no es
exactamente la posición de Lacan, ni la de los postfreudianos; la posición de Lacan es muy simple: el
saber clínico orienta la acción. Si no se sabe cómo está construida una psicosis, cuáles son sus
condiciones y la naturaleza de sus fenómenos, entonces -como él dice al final de su texto De una
Teorico 2.
Adultos.

cuestión preliminar “ s e remará sobre la arena”, dicho de otro modo: entraremos en actividad en
vano. Remar sobre la arena es inútil. Si sólo fuera inútil, no es grave; pero también puede ser
peligroso, y esto es más molesto.
La necesidad del diagnóstico es solidaria del racionalismo de la orientación lacaniana, es decir del
postulado según el cual la relación analítica con su experiencia de palabra y el instrumento del
lenguaje por un lado, y por otro el campo que ella trata, a saber los síntomas, ambos -relación analítica
y síntoma- están regulados; es decir que hay leyes, mecanismos, y por ello un cálculo posible.
Quisiera ahora subrayar lo siguiente: en todo diagnóstico hay algo que excede el mero juicio de
saber. Vale más seguramente que el diagnóstico sea ajustado, pero ajustado o no, implica siempre un
juicio ético y un juicio ético no es un juicio de saber. Si ustedes prefieren, se podría decir un juicio de
gusto, retomando el término de Kant. Esto se, capta muy bien en la época actual cuando se escucha
hablar del síntoma de la homosexualidad. Los psicoanalistas hablan del síntoma de la
homosexualidad, es el ejemplo actual para captar verdaderamente que en los diagnósticos no sólo
está el elemento de saber.
Hay fenómenos discretos que muestran esta dimensión de juicio ético en el diagnóstico, y en
principio una cosa muy simple: ser diagnosticado es siempre muy desagradable. Se habla del que
hace el diagnóstico, pero también está el que resulta diagnosticado. Y en ocasiones ser diagnosticado
puede producir mucho desamparo.
Y luego está la práctica del diagnóstico salvaje, que es frecuente: nos tratan de totalmente loco,
histérico, paranoico, esquizo... Que en lo cotidiano se pueda hacer este uso es un índice de que hay
un uso posible del diagnóstico como injuria, especialmente en los ámbitos informados psicoanalíticos y
psiquiátricos, es decir que también hay diagnósticos de pasillo, murmullos que dicen “usted sabe,
Fulano es un...”. Estas pequeñas huellas discretas de lo cotidiano deben ubicarse en una estructura
mucho más general y que Lacan formuló muy simplemente: “todo significante injuria al sujeto”, es decir
que todo juicio que atribuye un significante a un sujeto ejerce violencia sobre ese sujeto. Lo que quiere
decir que ei carácter injurioso no se sostiene tanto del sentido del significante como a la predicación
misma, la predicación que viene del Otro, otro que formula “tú eres esto o aquello”, ya sea positivo o
negativo. Ese “esto o aquello”, el significante predicado, injuria al sujeto. Esto quiere decir que reprime
y que aliena su ser propio. Hay una violencia de la predicación y la predicación del diagnóstico no
escapa en absoluto a esta estructura general. Las palabras que se nos imputa nos violentan.
En este sentido si diagnóstico es lo opuesto al nombre propio -no me refiero al nombre propio como
el patronímico que se lleva, sino a una definición del nombre propio como un nombre que identifica los
rasgos de uno mismo como singulares, único, impredicables justamente, y que no se promueve sino
por la vía de los actos y las obras-. Es lo que permite decir que el nombre propio ex-siste al Otro: no es
Teorico 2.
Adultos.

un significante del Otro, incluso si hacen falta muchos otros para rubricarlo. No todo sujeto tiene un
nombre propio. Y no estoy lejos de pensar que un análisis digno de ese nombre, si comienza con la
injuria del diagnóstico previo necesario y del que dependen las indicaciones del análisis, debería
terminar con un nombre propio, para permitir al sujeto aprehender lo que para él fija su ser singular
fuera del Otro, fuera de la alienación.

También podría gustarte