Canarias
Canarias
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Alzóla
FONDO.
José Migue'
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TEROR:
HISTORIAS, SEMBLANZAS, APUNTES.
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Prólogo de:
Rafael Caballero Herrera
Profesor Titular de la Universidad
Central de Barcelona
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Prólogo
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quienes le conocemos sabemos donde llegan sus anhelos, amores, pasiones por
lo canario, concretado en este libro a nuestro pueblo natal.
Conocerlo tramo a tramo, por patear durante años, nuestra sinuosa,
quebrada orografía, remontando cuestas, chorreando sudor, pictórico de juvenil
entusiasmo, buscando aldeanos por la medianías, seres de piel gruesa, arrugada
por la lucha diaria con la tierra que les da el sustento, charlar, dialogar,
conocerles, es su objetivo, atisbando sus grandezas, abundancias, carencias,
miserias, que nos la refleja en sus escritos, vivencias, de los paisanos del lugar,
en fechas pretéritas que les son famiUares por repetidas desde la niñez.
"Magua" que se nos acentúa cuando habitamos en tierras lejanas a ¡a
nuestra añorada, un tanto pesaroza del ayer, porque, ya no nos paramos en
la orilla de un atajo intercambiando un saludo, frases un tanto triviales pero
llenas de comunicación, de comunión, echamos de menos el silencio dormido
de un zaguán de vecinos, no escuchamos las campanas de nuestra hermosa torre
amarilla, ni el ruido seco de las fichas de dominó del cafetín cercano, o el griterío
de los chiquillos jugando alrededor de la iglesia, fuente de nuestra fe cristiana,
y amor a nuestra madre del Pino.
Este libro llegado a nuestras manos por benignidad del autor es un canto,
un manjar, que hemos escuchado y degustado con sosiego en íntimo descanso
cuasi monacal, soñando bajo las ramas de un pino canariense, croar de una
rana, rasgueo de un timple, en lontananza el imperceptible murmullo de una
isa parrandera, en las faldas del monte Ossorio, acostado en un mullido colchón
relleno con hojas de castaño...
Vicente nuestra gratitud por tu esfuerzo, continúa por el camino
emprendido, abriéndonos nuevas páginas, difundiendo, enriqueciendo,
enseñándonos nuestro pasado inmediato, que futuras generaciones aprendan
con tus historias, semblanzas y apuntes, nuestros aconteceres terorenses.
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Teror es una Villa desde lejanos tiempos del siglo XVI. Mariana por ser
la sede de la Patrona.
La Villa se formó alrededor de un Pino; desde que la familia Pérez de
Villanueva se estableció en Teror, hay una característica especial en su proceso
de crecimiento: la incidencia del culto a la Virgen, que en algunas épocas fue
factor determinante de residencia e incluso de desarrollo económico, un centro
de confluencia de muchos caminos. A pesar de lo inseguro y movedizo de su
suelo, siempre ha persistido la voluntad y el tesón de mantener a la Virgen en
el entorno del Pino de la Aparición. Acertadamente ha escrito el Doctor Ru-
meu de Armas, "que el Santuario del Pino se mantiene en pie, desafiando el
dictamen de los peritos, por la fe y el entusiasmo con que los moradores de
Teror lo han sabido defender en cualquier circunstancia de peligro; declarado
oficialmente en estado ruinoso a los veinte años de su edificación, es dable con-
templar esas ruinas bicentenarias, enhiestas y altivas, como si hubieran sido ci-
mentadas ayer".
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La Villa de Teror tiene una dilatada y limpia ejecutoria desde los lejanos
años de fines del siglo XV hasta la realidad presente de un pueblo laborioso
y acogedor, con unos valores paisajísticos quizá en parte desconocidos por los
canarios.
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PRIMEROS TIEMPOS
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La desparición de los Libros Parroquiales de Bautismos anteriores a 1605
nos ha privado de interesantes noticias de los primeros tiempos de la vida tero-
rense. ¿Enterró lOs libros y papeles de la parroquia el Cura Juan Riberos antes
de bajar a la Ciudad para luchar contra los soldados de Van Der Doetz?, cual-
quiera sabe, es posible que le achacaran culpas ajenas.
En los primeros veinte o treinta años del siglo XVI, Teror debió de ser
una localidad con un vecindario de labriegos dedicado a desmontar tierras, sem-
brar o cuidar de sus ganados, de familias de procedencia andaluza, castellana,
vasca, gallega o portuguesa, los Pérez de Villanueva, Troya, Arencibia, Her-
nández, Riberos, Rivera, Quintana, Falcón, Díaz del Río, Naranjo, del Toro.
Don Néstor Álamo publicó dos artículos en "El Diario de Las Palmas"
de 18 y 19 de Marzo de 1968, en los que afirma existen pruebas de que en 1558
ya se celebraba la Semana Santa en Teror. Es una evidencia que desde los pri-
meros tiempos de la existencia de algún vecindario en Teror, se celebraban en
la ermita algunos cultos de Semana Santa, se deduce del Acta de la visita del
Obispo Deza el 12 de Marzo de 1558 "ítem un tabernáculo de madera en que
ponen a Nuestra Señora en Semana Santa. ítem unos banquillos para el mo-
numento".
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Los últimos años del siglo XVI señalan la ruina de la ermita del Pino
y el traslado provisional de la imagen de la Virgen a San Matías, sin que se
puedan datar con precisión fechas. Es posible que en los últimos años del siglo
XVI escondieran la imagen de la Virgen en los parajes más altos de la isla por
temor a una invasión de los piratas; lo que si parece evidente es que en la ermita
de San Matías se instalara provisionalmente la iglesia parroquial.
Es posible que los primeros curas después de Juan de Troya, fueran frai-
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les del Clero regular, dominicos o franciscanos; a un Cura de 1579 a 1582, Fray
Lorenzo del Prado, se le cita como padre dominico. El culto a las imágenes fue
impulsado y estimulado por el clero regular, que tenía un gran prestigio entre
el pueblo sencillo; los frailes potenciaron la religiosidad popular, no fueron ajenos
a la organización de las primeras fiestas. En una visita de un representante del
Obispo a la ermita el 8 de Octubre de 1590, se dio por primera vez a Teror el
título de Villa.
Teror en el último tercio del siglo XVI era bastante conocido en la isla.
El Cabildo Catedral acordó el 1° de julio de 1588 trasladar el Tesoro desde el
templo de Santa Ana a Teror, depositándolo en casa del vecino Diego Pérez
de Villanueva "para la seguridad por la nueva que se tiene por la venida de
moros" (Antonio Rumeu de Armas: "Piraterías y Ataques Navales contra las
islas Canarias". Tomo II, página 96). El temor a una incursión inglesa fue tan
extraordinario en Gran Canaria que los inquisidores acordaron el traslado a
Teror de todos los presos extranjeros, dejándolos al cuidado y vigilancia del
alcaide Alonso Redondo, que tuvo que improvisar una cárcel.
Los finales del siglo XVI parecen acusar la decadencia de los Villanueva,
varias de sus extensas y buenas propiedades pasaron a otras manos. Con poste-
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rioridad al siglo XVI se desarrolló el hecho de que las familias importantes de
Las Palmas poseyeran una residencia en Teror.
Termina el siglo XVI, en el XVII son otras las personas, los modos y la
vida del pueblo.
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LOS TIEMPOS NUEVOS
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A lo largo del siglo XVIII se mejoraron las condiciones de cultivo de las
tierras y los productos agrícolas adquirieron un cierto valor; en la Plaza de Te-
ror se desarrolló una feria dominical a la que concurrían gentes de todos los
lugares de la isla.
La Real Sociedad Económica de Amigos del País impulsó el mejoramiento
agrícola; una de sus primeras providencias fue la de nombrar Amigos Celado-
res de la Agricultura, con el encargo de ejecutar cuanto les comunicase una Junta
nombrada dentro de la Sociedad; la misión de estos Celadores era la de aconse-
jar, dirigir y animar a los labradores y evitar que los ganados hiciesen daño
en las sementeras; para que el nombramiento recayese en personas celosas, se
solicitó informe de los párrocos y se pidió el 11 de Marzo de 1777 al Corregidor
Montalvo que comunicase a los Alcaldes que atendiesen cualquier recomenda-
ción sobre mejoras en la labranza; para Teror se nombró a Don Juan Vargas
y a Don Tomás Marrero. En la Junta de la Real Sociedad de 19 de Enero de
1784 se acordó que con motivo de las nuevas plantaciones de viñas en diversos
lugares y pagos de la isla, Don Jacinto Falcón debería plantar castaños en su
finca de San Isidro de Teror, con destino a arquería de toneles; se le recomendó
intentar en la misma finca realizar injertos de encinos en castaños, y avellanos
en almendros.
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La Ilustración introdujo una cierta representatividad democrática en la
designación de los cargos de los pueblos. La Real Cédula de 14 de Enero de
1772 estableció que la elección y nombramiento de Alcaldes pedáneos en los
pueblos de Canaria, Tenerife y La Palma, se rigiese por la norma dictada para
los Diputados y Personeros el 5 de Mayo de 1766, dando aviso de la elección
a los Corregidores. El sistema de esta norma tenía una base popular muy am-
plia de elección por los vecinos en Concejo abierto. En 1812 en virtud de la
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Constitución elaborada por las Cortes de Cádiz, se constituyeron Ayuntamien-
tos según el modelo constitucional, desapareciendo el Cabildo Secular o Ayun-
tamiento de la isla; la vuelta al antiguo régimen con Fernando VII ocasionó
la desaparición de los Ayuntamientos en 1813 y la vuelta del Cabildo de la isla;
se sucedió la sublevación de Riego y restablecimiento de la Constitución, desa-
parición de nuevo en 1823 y restablecimiento permanente y definitivo de los
Ayuntamientos constitucionales en 1835. Todas estas vicisitudes se dieron en
la Villa de Teror, como en los demás pueblos de la isla.
En un estudio de los problemas que en la segunda mitad del siglo XIX
surgieron en los pueblos de las medianías, hay un hecho fundamental por sus
consecuencias en el orden económico, es el proceso desamortizador y la pro-
mulgación de las leyes desvinculadoras. La desamortización, iniciada en 1837,
siguió en Teror las lineas generales de los demás pueblos, con la especial inci-
dencia de ser sede de la Virgen del Pino y su Templo Parroquial, circunstancia
que dio lugar a la constitución de un cuantioso patrimonio eclesiástico y a la
existencia de un cierto número de Capellanías con unos bienes adscritos a la
celebración de misas u otro fin espiritual y que se incluyeron en el ámbito de
la legislación desamortizadora. Con la desamortización y consiguiente venta
de todas las fincas rústicas, urbanas y censos pertenecientes al Clero, a las co-
fradías, obras pías, santuarios y en general a las llamadas manos muertas, apa-
reció en Teror una burguesía rural y se inició un movimiento comercial que llegó
a tener importancia en la isla. Años después se produjeron otras alteraciones
en la propiedad territorial de la Villa, con el establecimiento y ruina de la Casa
comercial de Don Francisco Bethencourt López, la venta en pública subasta
de los cuantiosos bienes que poseían en el término de Teror las familias de Ma-
tos y de Romero, y con la enajenación de las propiedades de la familia Rocha.
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Guiadoras supusieron una modificación importante en las medianías de la isla,
una redistribución de la riqueza territorial; la vida de los pueblos cambió de
estilo.
Ciertamente tiempos nuevos los que se iniciaron a mediados del siglo
XVIII y culminaron con las consecuencias de la desamortización.
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UN ALCALDE
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Los Alcaldes de Teror en el pasado afrontaron problemas muy difíciles
de la vida local sin los medios de que disponen hoy los Ayuntamientos.
El período comprendido entre los últimos años de la década de 1830 has-
ta alrededor de 1860, estuvo marcado por la tragedia. En la historia del pueblo
no se conocen hechos tan graves como los ocurridos en esa época. Con la pers-
pectiva del tiempo transcurrido, podemos afirmar que los componentes del
Ayuntamiento supieron encauzar los grandes problemas del vecindario con in-
teligencia y acierto. Dentro de ese largo período la fase más crítica fue la del
cólera morbo de 1851, Alcalde Antonio Jiménez Ortega.
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José de Las Palmas se presentaron los primeros casos de cólera morbo, fue tan
grave esta epidemia que llegó el caso en que no había por todas partes más que
enfermos sin poderlos socorrer, cadáveres que yacían abandonados o hacina-
dos en los cementerios; en estas circunstancias se pensó en incendiar la ciudad
de Las Palmas para contrarrestar la acción del cólera y para evitar que se en-
gendrase otra peste con la putrefacción de los cadáveres insepultos. De datos
tomados del Boletín Oficial de la Provincia de Canarias, del 11 de Junio al 23
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de Agosto de 1851, fallecieron en Teror 331 personas víctimas de la epidemia;
una semana debió de ser terrible para la Villa, el Boletín Oficial de 14 de Julio
dice "por el correo que llegó ayer de la isla de Canaria se han recibido partes
de los cuales resultan que en Teror del 28 de Junio al 4 de Julio de 1851 murie-
ron 119 personas", en una población de 3.033 habitantes en el término munici-
pal. Los remedios contra el mal eran muy elementales, el Boletín Oficial publicó
que a Teror se entregaron como drogas de fumigación 18 libras de ácido sulfú-
rico y 16 de cloruro de sosa y manganeso.
El Alcalde del tiempo del cólera era de la saga terorense de los Jiménez.
Hijo de Juan Jiménez y de Beatriz de Ortega, descendiente en linea directa del
Capitán Martín Pérez de Quintana y del Alférez Juan Ortega Arencibia, casó
con la vecina de Huertas del Palmar Manuela Suárez Granado. Había sido de-
signado Alcalde del Ayuntamiento Constitucional de Teror en Marzo de 1850.
El primer caso de cólera en la Villa se produjo el 11 de Junio de 1851;
no pudo evitarse que la epidemia apareciera a pesar de que se estableció una
guardia de observación en los lugares de La Peña, San José del Álamo y lomas
de Las Caldereras para impedir el paso de toda persona procedente de Las Pal-
mas de Gran Canaria y de los pueblos que con la Capital se comunicaban. El
día 12 publicó Don Antonio Jiménez un bando prescribiendo varias medidas
para evitar el contagio. Se ordenó proceder al albeo de las casas y limpieza de
las calles; se prohibieron los estercoleros dentro de las casas y en las inmedia-
ciones, así como el tener aguas estancadas; no se permitió la entrada en el tér-
mino municipal a los no provistos de un pase, tuvieran casa donde habitar y
contaran con medios de subsistencia; se decía que se sacarían copias de un mé-
todo curativo recomendable por su sencillez y eficacia; por último se hacían
unas recomendaciones de tipo psicológico "la presencia de ánimo, el valor, la
resignación religiosa son cualidades muy necesarias en cualesquiera circunstan-
cias de la vida, pero especialmente en los contagios, y a fin de evitar el desa-
liento que produce en las personas pusilánimes el repique de campanas y las
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dobles, quedan prohibidos durante las actuales circunstancias". Don Antonio
debió de ser hombre templado y de buenos redaños; el Cura Párroco en el pul-
pito decía sus sermones y continuaban doblando las campanas, la reacción del
Alcalde está en un par de oficios que hemos examinado en el Archivo Diocesa-
no; literalmente dicen, "habiéndole dicho a Vd. verbalmente de no tocar los
dobles y repiques de campana al salir la Realidad, en las actuales circunstan-
cias, espero que Vd. sin dar lugar a medidas de rigor, se abstenga en adelante
de infringir mis órdenes, en la inteligencia de que las haré cumplir empleando
mi autoridad. Se transcribe este escrito al Gobernador y al Obispado", y este
otro "habiéndoseme dado parte por algunas personas de que Vd. se vale del
pulpito para censurar los bandos de buen gobierno dictados por mi Autoridad,
como contrarios a la Religión, espero que Vd. se abstenga en adelante de este
exceso con la inteligencia que la primera vez que se me de noticia de que Vd.
vuelve a cometerlo, procederé a la formación de la competente Sumaria con
arreglo al artículo 304 del código. Con esta fecha se transcribe este oficio al
Gobernador de la Provincia y al Diocesano"; es lenguaje inusual en la época
dirigido a un representante de la iglesia. Don Antonio Jiménez Ortega fue un
hombre que supo hacer frente a unas circunstancias muy adversas.
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URBANISMO
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Existió desde la época en que comenzó el poblamiento de Teror una pro-
piedad rústica en el entorno de la ermita que se denominó "Huerta de la Vir-
gen", citada con este nombre en documentos de escribanos y en las Ordenanzas
del Consejo de Gran Canaria de 1531, que señalan un camino con un itinerario
"a dar a la huerta de Nuestra Señora". Sus rentas o censos los percibía la Cate-
dral hasta que el Obispo Rueda ordenó en 1584 que los disfrutara la iglesia del
lugar.
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los Patronos de la Virgen propiedad de Don Agustín Manrique de Lara Bravo
de Laguna; la casa de la Diputación se corresponde con las edificadas por Don
Sebastián y Don Bernardo Henríquez; la del Mayorazgo de Don Pedro Manri-
que es la llamada casa de Doña Pura Bascarán. Transcurrieron ciento cincuen-
ta años para que la calle proyectada por el Coronel Rocha se hiciera realidad,
aunque siempre estuvo presente en la mente del vecindario como se infiere de
un Acta de la sesión del Ayuntamiento de 1° de Mayo de 1871; por esa época
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un vecino compró la casa del número 14 de la calle de la Herrería para reedifi-
carla y como tenía conocimiento que se proyectaba la prolongación de la calle
Pérez de Villanueva, solicitó se le hiciera su señalamiento y la nivelación que
debería llevar.
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impedían utilizar una acequia, es que el riego de la acequia Real de la Heredad
de los Llanos pasaba por medio de la calle también Real.
Las primeras normas de Ordenación Urbana de Teror son de 28 de Mar
zo de 1869, del Alcalde Don Sebastián Henríquez y Henríquez que no tiene
la nominación de una calle; se titulan Bando de Buen gobierno; por estas orde
nanzas se prohibía bajo la multa de veinte a cuarenta reales vellón, la fabrica
ción de casas, murallas o pared en las calles y caminos sin previo consentimiento
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del Ayuntamiento, lo mismo que hacer cercas o alterar las existentes; se prohi
bía desviar las aguas a los caminos, los estercoleros y los escombros en las ca
lles; se prescribía que los vecinos barrieran los sábados de cada semana la parte
de su acera. En realidad, desde la construcción de la Basílica en 1767, los veci
nos ya se preocuparon en cierta medida de la ordenación de la Villa, delimita
ción de la Plaza, alineación de las fachadas, el suelo del casco adquirió una
valoración superior al de otros lugares de la jurisdicción.
El tema del nacimiento y desarrollo del núcleo histórico de Teror bien
pudiera ser materia exclusiva de un libro. Es una interesante historia.
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TEROR EN 1905
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En 1905 Teror es noticia, es el año de un gran acontecimiento: la Corona-
ción de la Virgen del Pino en las fiestas de Septiembre. Coronas tuvo la Patro-
na desde los primeros tiempos, como se escribe en un acta de la visita del Obispo
Diego Deza a Teror el 12 de Marzo de 1558 (primer documento del archivo pa-
rroquial de Teror).
El Boletín Oficial del Obispado de Canarias del 23 de Septiembre de 1905
publicó el texto de las Preces elevadas al Papa por el Obispo Padre Cueto soli-
citando la Coronación, la concesión, las circulares del Diocesano a sus feligre-
ses sobre los actos a celebrar, y los telegramas que se cruzaron entre el Obispo
y el Cardenal Merry del Val, Secretario de Estado de Pío X; fue un aconteci-
miento que tuvo sus cronistas en los periódicos de la época. Destacamos una
crónica publicada en "El Diario de Las Palmas" del 3 de Octubre de José Batl-
lori Lorenzo, y un artículo en "La Unión Liberal" del 18 de Agosto del ilustre
terorense José Miranda Guerra, que ya a los veinte años, había nacido en 1885,
acreditaba sus aptitudes literarias encauzadas preferentemente en las páginas
de la prensa. En "El Diario de Las Palmas" del 30 de Agosto leemos que "en
el taller de orfebrería del Sr. Márquez se ha terminado la Corona que se coloca-
rá a la imagen del Pino el 7 de Septiembre, de oro de 18 quilates"; los periódi-
cos relataron el desarrollo de la ceremonia: Misa de Pontifical, sermón, procesión
a la puerta mayor del Santuario y Coronación Canónica, calcularon la concu-
rrencia en treinta mil personas; debió de ser un acontecimiento que impresionó
a los vecinos de Teror, desde la madrugada del día 7 coches y carros afluían
continuamente a la Villa, muchos de los grupos de romeros portaban estandar-
tes; en una fotografía de principios de siglo de la procesión del 8 de Septiembre
apreciamos esa presencia de estandartes y las vestimentas de mantillas blancas
y negras; otra nota singular es la existencia de un Laurel de la India a la iz-
quierda de la casa de Manrique, derribado por una tormenta en Abril de 1913.
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Lluviosa Fiesta del Pino.
Manuel Acosta Sarmiento, Párroco Don Judas Antonio Dávila, Maestros Don
Pedro Montesdeoca Suárez y Doña Társila Expósito, Médico Don Antonio Yá-
nez Matos, Farmacéutico Don Pedro Rivero Navarro; existía una estación de
telégrafos instalada en 1902, una fábrica de tejas, dos hoteles, varios comer-
ciantes; en estos anuarios se enumeraban nominalmente los principales contri-
buyentes, eran los que realmente mandaban.
Por 1905 era polémica la posición política del Alcalde Don Manuel Acosta,
líder oficial en Teror del partido Liberal de León y Castillo. En las elecciones
legislativas de Septiembre de ese año el partido Local Canario se presentó co-
mo oposición al leonismo; su candidato Don Juan de Quesada obtuvo en Teror
186 votos contra 395 de la candidatura de Don Fernando León y Castillo. El
periódico "La Defensa" defendía la política del partido Local Canario y "La
Unión Liberal" la de los leonistas; como el Director propietario de este era el
terorense Don José Bethencourt, leonista, el periódico patrocinaba a Don Ma-
nuel Acosta y atacaba a los opositores contrarios que denominaba los mayores
contribuyentes, aunque en la realidad todos eran secuaces de León y Castillo.
25
Por las calendas de 1905 el curato de Teror lo constituían Don Judas An-
tonio Dávila como Párroco; y Don Marcelino Miranda Suárez, Don Juan Quin-
tana y Don Manuel Hernández Ageno como Coadjutores. Don Judas Antonio
Dávila fue Párroco de 1877 a 1908; hombre de Agüimes, popularmente se le
conocía como un "Cura Macho", decían que era fácil a la cólera y a la razón
de los puños; se le recuerda por ser el promotor de la construcción del Conven-
to del Císter, en la Basílica realizó varias obras. Adquirió en Inglaterra el actual
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órgano, asesorado por el famoso Saint-Saéns; para instalarlo fue necesario re-
formar la tribuna ensanchándola hacia el interior de la iglesia; Don Cirilo Mo-
reno hizo el diseño-croquis o plano, que ejecutó el Maestro Carpintero Don
Antonio Melián, de familia muy conocida y arraigada en Teror. El Coadjutor
Don Cleto Marcelino Miranda Suárez tenía aficiones históricas, heredadas por
su sobrino el Presbítero de Arucas Don Pedro Marcelino Quintana Miranda.
Por 1905 estaba de médico en Teror Don Antonio Yánez Matos. Su curri-
culum nos dice que hizo sus primeros estudios en el Colegio de San Agustín
de Las Palmas y terminó el Bachillerato en el Instituto de La Laguna; cursó
la carrera de Medicina en Madrid licenciándose en 1900; alumno interno por
oposición del Hospital General, asistió a una grave epidemia de viruela que por
entonces padecía la capital de España, pasando después al Servicio de enfer-
mos de sífilis y venéreos que regentaba el profesor Aziia en el Hospital de San
Juan de Dios; tenía poder hipnótico que utilizaba en los tratamientos. Una per-
sona de natural bohemio, compatibilizó la profesión con la política y con acti-
vidades empresariales; también ejercía de farmacéutico, lo que motivó la
incompatibilidad con el titular oficial de la Farmacia Don Pedro Rivero, titula-
do por la Universidad de La Habana en tiempos de la dominación española.
Don Antonio Yánez sucedió como médico en la titularidad de Teror a Don En-
rique Revilla García, madrileño establecido en la Villa en 1895, que dejó el re-
cuerdo de la organización de alguna velada literario-musical en el Casino y de
haberle bautizado un hijo en el Palacio Episcopal de La Alameda el Padre Cueto.
De como eran las titularidades médicas en los pueblos, es significativo el si-
guiente anuncio en los periódicos de Las Palmas de 12 de Noviembre de 1900:
"Se encuentra vacante la plaza de médico titular de Teror dotada con 990 pese-
tas anuales. La plaza se proveerá por 4 años y tendrá que prestarse asistencia
a 225 enfermos", en estas condiciones fue el Doctor Yánez a la Villa.
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En el Anuario de Teror de 1905 se incluye como Maestro a Don Pedro
Montesdeoca Suárez, hijo de Don José Montesdeoca líder local y Alcalde a
mediados del siglo pasado. Tenía la condición de sustituto, el titular era Don
Esteban Acosta Sarmiento, hermano del Alcalde, de baja por lo que debió de
ser una enfermedad nerviosa que le duró hasta la muerte. Don Esteban fue el
quinto Maestro de la Escuela de Patronato que fundó Don Domingo Navarro
del Castillo; poseemos fotocopia del expediente personal existente en la Escue-
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la Normal de Maestros de Las Palmas como alumno aspirante, resalta una bo-
nita letra, condición exigida en otros tiempos, una asignatura en dos cursos era
la denominada "Teoría y Práctica de la Escritura".
En los periódicos de Las Palmas de 1905 hay varias referencias a Teror.
"El Diario de Las Palmas" del 13 de Enero publica un trabajo del Ingeniero
Luis León Núñez sobre un proyecto de la Compañía Bilbaína Canariense de
instalación de una gran central eléctrica en Teror para dotar a la isla de fluido
eléctrico; esto es lo que se escribió, uno de tantos proyectos más o menos utópi-
cos". El Fomento de Gran Canaria" de 24 de Noviembre, en una nota dice "que
se comentaba mucho la frecuencia con que ocurren casos de muerte por tuber-
culosis en el Convento de La Bernardas; la opinión atribuye el mal que se la-
menta a las defectuosas condiciones del edificio", la realidad era la deficiente
alimentación. "El Fomento Canario" del 23 de Diciembre publica el nombra-
miento del terorense Rafael Hernández Jiménez como Cónsul de Bélgica para
el grupo oriental de las Canarias. Rafael Hernández llevó a la Exposición In-
ternacional de Bruselas de 1910 unas muestras del agua de la fuente agria de
Teror, que consiguieron un galardón; en 1912 intentó la reapertura del estable-
cimiento de baños proyectado y construido por Don Víctor Grau Bassas, así
como la instalación de una industria de embotellamiento del agua que no pudo
realizar por causa de los conocidos acontecimientos de 1914.
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LAS TIENDAS
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Por la posición geográfica de Teror de confluencia de caminos y por el
factor religioso de Sede de la Patrona, en la plaza de la Basílica del Pino se
desarrolló, juntamente con Los Llanos de Telde, el primer mercado de Gran
Canaria, donde se contrataban los frutos del país; además se traficaba con aperos
para la agricultura, cuchillos canarios, zapatos, aceitunas de Tirajana, tabure
tes, queso, cestos y otros productos; este mercado tuvo una cierta influencia
en el desarrollo comercial de una extensa zona. Testimonio de su importancia
es una nota que publicó el Boletín Oficial de Canarias de 9 de Agosto de 1872
anunciando la pública subasta en renta por el hilo de mil pesetas, cantidad muy
considerable para la época, por diez meses, la administración y recaudación
del arbitrio por puestos en la Plaza de Teror para la venta de los artículos que
se expedían. En 1932, siendo ministro de Trabajo Largo Caballero, se intentó
suprimir la feria dominical con el pretexto de la obligada extensión a todo el
territorio nacional de la legislación laboral; los comerciantes y el Ayuntamien
to lograron que el gobierno declarase a la Villa plaza feriada.
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Debieron de existir unas tiendas calificadas como estancos, que vendían
en exclusiva los artículos estancados o de monopolio como eran el tabaco, la
sal, el aguardiente, el chocolate, el azúcar, papel, cera y bacalao. En la sesión
del Ayuntamiento de 26 de Agosto de 1846 se examinó una solicitud del vecino
José Quintana sobre el establecimiento de un estanco en el pago de Los Arbe-
jales, y en la toponimia del barrio de Huertas del Palmar, la nominación El
Estanco tiene la significación de uno de estos establecimientos.
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En 1846 Don Victorio Azopardo Sabi instaló un comercio en la planta
baja de lá actual casa de los herederos del Conde de la Vega Grande en la Plaza
del Pino; por Escritura de 21 de Agosto de 1846 ante el Escribano Manuel Sán-
chez Velázquez compareció y declaró que "la casa de comercio Shwanston y
Compañía en fuerza de las instancias del compareciente y con el deseo de auxi-
liarle, le han entregado varios efectos de sus almacenes para expenderlos en la
Villa de Teror, proporcionándose por este medio un establecimiento del cual
pende la subsistencia de su casa y familia"; los Azopardos eran una familia
de origen maltes emigrantes a Canarias a fines del siglo XVIII, establecidos
primero en Tenerife, pasaron posteriormente a Las Palmas donde nació Don
Victorio; tuvieron comercio en Las Palmas en la calle Malteses y en la calle
La Peregrina. Este comerciante de Teror fue en su época uno de los líderes loca-
les, fundó el primer casino que existió en la Villa. Además adquirió un cuan-
tioso patrimonio; compró una casa propiedad de la Fábrica Parroquial, la
llamada Casa de la Cal, vendida en la desamortización eclesiástica; adquirió
de los Quintana Llarena la casa de la Plaza del Pino, hoy de los herederos del
Conde de la Vega Grande; era propietario de otras casas y bienes en la Villa
que siguieron las vicisitudes del comercio, finalizado por liquidación; algunas
propiedades fueron a parar a la Sociedad Shwanston y Compañía y a Don Juan
Bautista Ripoche.
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Lápida conmemoraliva del cumcrciu dr Don hmncisco Bethcncourt iy)pez en la calle principal.
Uno de Ibs niños es el que fue Alcalde de Las Palmas, Don José Ramírez Bethencourl.
30
los bajos y gran parte de los altos de las actuales edificaciones números 5 y
7 de la calle General Franco.
A la empresa que Don Francisco Bethencourt López creó y desarrolló
a lo largo de treinta años, le afectó grandemente el hundimiento del comercio
de la cochinilla; este hecho y otras circunstancias lo arruinaron y murió en 1890
con el dolor de ver la quiebra de un comercio que con tesón y trabajo había
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desarrollado.
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diversos lugares de la isla. La tienda de Don Juan Rivero se instaló en una casa
de la Plaza del Pino comprada en 1892 procedente de una Capellanía.
Al final de la primera década del siglo se instalaron nuevas tiendas mayo
ristas que también tuvieron importancia comercial en la isla: la tienda de ios
Hernández, de Don Antonio Rivero Domínguez, y de Don Eusebio Pérez Falcón.
La tienda de los Hernández, unida al que escribe por lazos familiares,
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vendía de todo lo vendible, hasta copas, excepto suela para los zapateros; las
casas de Teror construidas desde 1914 hasta la guerra civil, se fabricaron con
hierro, cemento y madera de los Hernández; se vendían sellos de correos, efec
tos timbrados, telas, tachas, papel y libros para las escuelas y un largo etcétera;
se cobraban las contribuciones rústicas y urbanas, trimestrales, semestrales y
anuales, muchas de setenta y cinco céntimos, una peseta y una cincuenta; se
recibía el parte diario de los precios de la azada de agua de la Heredad de Aru-
cas; eran los corresponsales de varios Bancos y tenían instalado el único teléfo
no de la Villa; cuartel general político, de la política de Don José Mesa, el
contrario Don Carlos Yánez Matos también comerciante. Eran mayoristas y dos
veces al mes se desplazaba en bestia un empleado a proponer por la Cumbre
y Guía, Gáldar, Moya y Firgas; después de una semana o diez días de estar dando
tumbos, se consideraba un éxito vender por siete u ocho mil pesetas en La Cum
bre (Tejeda, Artenara, Fontanales) y diez o doce mil en el Norte, de lo que se
consideraba ganancia un diez por ciento; después las mercancías se remitían
en mulos que llevaban los arrieros, no existían carreteras a ios caseríos cumbre-
ros, buenos clientes del comercio de Teror; una libra de azúcar valía treinta cén
timos, un botella de anís tres pesetas y el sueldo del empleado, un hombre que
trabajaba sin horas, treinta duros mensuales, se vendía por varas, libras y arro
bas, lo del sistema métrico vino con el Movimiento.
Don Eusebio Pérez Falcón, también mayorista, tenía una sucursal en l^s
Palmas en la calle de San Pedro; le sucedió su hermano Don Juan, Alcalde de
Teror de 1931 a 1936; vendía muebles, unas camas, roperos y mesillas que se
llevaban como dote las mujeres que se iban a casar; leemos en un catálogo de
1933 que un juego dormitorio de cama, armario y tocador valía ochocientas
cincuenta pesetas, y de lujo.
Existían otros comerciantes mayoristas, Don Sebastián de la Nuez Medi
na y Don Antonio Domínguez, limitados a tejidos y zapatos, con muy buena
clientela, establecidos en la antigua tienda de Don Pancho; el comercio de Don
Bernardo Guerra y Don Antonio García, sucesores de Don Antonio Rivero;
el de ios hermanos Naranjo l^ntigua instalados en 1933 en la casa de Don Carlos
Yánez Matos; Don Manuel Rodríguez Cardona promotor de Almacenes Car-
32
dona de Las Palmas tuvo tienda en Teror como sucesor de Don Manuel Ortega
y Ortega.
Completaban la nómina de las tiendas unos almacenes de piensos y abo-
nos y las populares de aceite, vinagre y copas o las de algo parecido a los baza-
res, les llamaban las tiendas chicas; el popular Chanito León tuvo una tienda
chica, se arruinó y pasó a cobrador de los coches de Melián y Compañía; otra
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tienda popular era la de Francisco Rodríguez, ignorado por este nombre y co-
nocido por Panchito El de la Escuela por la razón de haber trabajado en la
Finca del antiguo Patronato de la Escuela del pueblo, un solterón, maestro en
el baile de isas y folias. En el número 4 de la Plaza del Pino, en 1921 montó
Pedro Suárez Alvarez una tienda, después la convirtió en Bar en el que alquila-
ba bicicletas y vendía periódicos y revistas, este fue el origen del Bar America-
no. En algunos barrios existían tiendas importantes, como la de Sinesio Yánez
Travieso en Huertas del Palmar, de Juan Melitón Quintana en Arbejales, de
Francisco Alvarez en El Álamo.
Mucho se puede escribir de las tiendas de Teror. Nos referimos a las ante-
riores a la guerra civil de 1936; después del 18 de Julio cambiaron muchas co-
sas, desapareció la,venta al por mayor en La Cumbre y en el Norte. Hoy hay
muy buenos comercios en Teror, pero no se parecen en nada a los que conoci-
mos hace más de cincuenta años.
LAS COMEDIAS
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La celebración de comedias al aire libre se realizó desde las primeras fies-
tas del Pino; están acreditadas documentalmente en el siglo XVII. Existe un
apunte en las cuentas presentadas por el Mayordomo de la Virgen correspon-
dientes a 1647: "ítem se descarga con medio barril de vino, y por él diez reales,
que dixo haber comprado para los que representaron la comedia el dia de Nuestra
Señora". Esta anotación enlaza con una disposición del Sínodo de Fernando
Vázquez de Arce en 1513, que contiene la primera referencia escrita sobre el
teatro religioso en las iglesias de Canarias: "Somos informados que en esta nueva
iglesia y diócesis se hacen algunas veces representaciones de la Pasión o de otros
pasos del Evangelio, lo que resulta más reir e burlar de los que miran que devo-
ción; por ende, ordenamos e mandamos que ninguna representación se haga
en nuestra iglesia e diócesis sin nuestra licencia o de nuestro provisor e, si lo
contrario se hiciera, todos los que en tal representación se hallaren, que cada
uno de ellos incurra en pena de tres doblas; la una para nuestro fiscal que lo
acusare, e las dos para nuestra Cámara".
34
estrenado en Madrid en Septiembre de 1933; el trasfondo de la representación
terorense fue el fin polémico, la exaltación misional de la Compañía de Jesús
expulsada de España en 1932.
Repasando los libros de Actas del Ayuntamiento terorense, leemos un
acuerdo de fecha 8 de Octubre de 1881 por el que se cede temporalmente el
local en que se hallaba instalada la escuela pública de niños, para que una lla-
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mada Sociedad de Cómicos ofreciera al público unas representaciones a las que
se les llamaba pomposamente trabajos dramáticos; la solicitud al Ayuntamien-
to en nombre de la Sociedad la hizo Don Manuel Acosta Sarmiento, que años
después sería indiscutido líder político local; su hijo Don Francisco Acosta Yá-
nez estrenó en Granda en Febrero de 1908 un denominado monólogo dramáti-
co titulado "El Anarquista". En 1885 desapareció la Sociedad de cómicos
terorenses, un acuerdo municipal revocó la anterior autorización y se concedió
el local escuela a la recién creada banda municipal de música.
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renses Pepe Luis, Teresita y Octavio Arencibia Suárez, de los que recordamos
una buena representación de la zarzuela "La Verbena de la Paloma".
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LOS BAILES
Nos referimos a los bailes agarrados. Los sueltos de Isas, Folias, Seguidi-
llas y Malagueñas son tema de folkloristas. Y a la época anterior a la guerra
civil de 1936, y a la zona de medianías de Teror; una sociedad con mentalidad
labradora muy distinta a la actual; hoy el tema de los bailes es otra cosa, son
otros los estilos y maneras.
Los bailes tenían lugar en sitios abiertos: plazas, eras, como eran los de
la noche de los fuegos del Pino o los de la Era de San Isidro en la tarde de
la fiesta del Santo; o en sitios cerrados, en locales particulares cobrándose una
tarifa o "taifa", en las casas, en casinos o sociedades y en las descamisadas.
Los bailes de parida se celebraban con motivo de un nacimiento, en una
época en que se paría en la propia casa con la ayuda de una partera o de una
vecina experta. Punto importante era el bautizo, cristianarlos se decía; repica-
ban jubilosas las campanas de la iglesia, al recién nacido le llamaban el guaye-
te; había padrinos rumbosos qiie por el camino repartían perras gordas, al
regresar a la casa le decían a la madre "comadre, moro me lo entregó, cristiano
se lo devuelvo"; cada año la consorte le daba a su marido un nuevo hijo. Cada
noche hasta el día del bautizo se hacía baile delante de la cama de la parida,
a veces en vez de baile se velaba jugando a las prendas, cantando y bebiendo;
el último baile era la noche del bautizo, la última; se repartía vino, anisado,
ron, galletas de María y bizcochos lustrados. En alguna época las velas las pro-
hibió la autoridad; un Auto de la Audiencia de 14 de Marzo de 1760 estableció
"que en vista de lo representado por el Fiscal sobre los desórdenes, ofensas a
Dios, escándalos, licencias, embriagueses y todo género de excesos que se co-
meten en los pueblos de las siete islas, en los llamados velos de paridas, con
motivo de acompañarlas de noche, acordaron que los Corregidores y Alcaldes
Mayores, hagan y publiquen bando que ninguna persona consienta en su casa
los bailes y juegos y otras diversiones acostumbradas en las velas de paridas,
pena de medio ducado" (Archivo Histórico Provincial. Anexo n° 2. Audiencia.
Tomo I, folio 1-71. N° Inventario 27); es posible que la gente no hiciera mucho
37
caso a la Audiencia; hasta los tiempos anteriores a la guerra civil, en los barrios
de los pueblos, con unas u otras modalidades, se hacían velas de parida, al bai-
le del día del bautizo se le llamaba la última, "ir a la última" era ir a la juerga
que esa noche se celebraba en la casa de la parida.
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Una descamisada en la finca de Ossorios.
Las descamisadas solían terminar con baile, una vez peladas y limpias
las pinas de millo; durante la descamisada corría el ron y el anisado y a veces
se arreglaban matrimonios; en Teror se hacían pasados los días del Pino. Los
bailes de taifas, los caseros y los de las descamisadas, se amenizaban con tim-
ples, guitarras y bandurrias.
En Teror existió, además del Casino del pueblo, una Sociedad en Las Pa-
redes de Huertas del Palmar y otra en El Álamo. Se organizaban un número
determinado de bailes al año, los que llamaban oficiales; los amenizaba un pia-
nista y en tiempos más recientes una orquesta; los Domingos y Festivos por
las tardes se improvisaban unos bailes denominados asaltos, con una gramola
o gramófono. Los oficiales terminaban a las once y media de la noche y se bai-
laba bajo la mirada vigilante de las madres; en los Carnavales y en El Pino se
relajaba un tanto la vigilancia. En Teror, en 1934, se fundó una orquesta para
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amenizar los bailes con el título de orquesta "Power"; eran jóvenes terorenses,
un pianista, un trombón, un trompeta, el borbardino y el saxofón.
Debido a la parquedad de los medios de diversión en la época, los bailes
eran esperados y preparados con ilusión, especialmente por los jóvenes; tam
bién estimulaban las relaciones familiares y las de vecindad. Hoy no hay últi
mas ni bailes de taifas, los que se hacen no se parecen a los de tiempos pasados.
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LOS COCHES
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Terminada la carretera de Teror a Las Palmas y abierta al tránsito por
el año 1897, José del Pino Herrera estableció una empresa de transporte de via-
jeros con la Ciudad, con tres charavanes y una carreta para alquiler en viajes
particulares; el importe por persona del viaje Teror - Las Palmas era de una
peseta, y el alquiler de una carreta en viaje de ida y vuelta, veinte pesetas; po-
pularmente se les llamaba los coches de Pino Herrera. En 1911 se mataron en
la vuelta de los Llanos de Arévalo Don Francisco Farinós y Don Matías Matos,
al caer al barranco un triciclo automóvil que les facilitó Don Cristóbal Péñate;
fue el primer accidente grave en esta carretera. El primer transportista de Teror
con un vehículo de motor, en 1917, fue el mismo que tenía los caravanes y la
carreta, José del Pino Herrera.
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Coche de horas de Melián y Compañía.
Dolorcitas Alfonso,
la de Tamaraceite;
bizcochos lustrados
y café caliente.
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El primer automóvil de Teror lo trajo en 1912 el Alcalde Don Manuel Acos-
ta Sarmiento; era un Napier, pasó después a maestro Juan Rivero, que lo utili-
zó como taxi; también despertaba la admiración de la gente un Ford del
veraneante Don Pablo Cabrera, un rico propietario de plataneras en Arucas.
Por la época del taxi de maestro Juan Rivero, 1929, se hallaban matriculados
en la provincia unos tres mil cuatrocientos vehículos, incluidos camiones y mo-
tocicletas. Por la época anterior a la guerra civil no era fácil tener automóvil,
los poseían los adinerados, los médicos o los pocos industriales del taxi; recor-
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damos el coche del médico Don Pedro Rodríguez Ramos, un Chevrolet de dos
plazas, y más tarde un Morris.
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Había otros transportistas por libre, como era Pepito el Avinculado, hom-
bre del Muñigal; era lechero, salía diariamente para Las Palmas en un coche
de caballos a las doce de la noche, desde la Fuente Agria, para repartir leche
en la Ciudad; llegaba a la Capital de madrugada y regresaba a Teror a media
mañana; el coche llevaba también mujeres que iban a vender violetas recogidas
en los barrancos; cuentan que Pepito el Avinculado era famoso porque el viaje
de ida y vuelta lo hacía cantando, eran calendas de primeros años del siglo.
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Mucho se puede escribir de los coches y Teror; leemos una noticia en el
periódico "La Provincia" de 7 de Septiembre de 1920: "Excursiones a Teror.
Con motivo de la Festividad de la Virgen del Pino y a partir del sábado, 4 del
corriente, el automóvil grande hará dos viajes diarios a aquella Villa, saliendo
de Las Palmas a las nueve de la mañana y cuatro de la tarde, y de Teror a las
siete de la mañana y dos de la tarde. Precio de ida y vuelta, seis pesetas".
Por el año de 1929 hasta tiempos próximos a la guerra civil, existió un
transporte de viajeros de Teror a Arucas, llamado la guagua de Panchito; Pan-
chito Alonso, singular personaje que al llegar al pueblo voceaba "aquí estamos
todos, hemos llegado gracias a Dios y bendito Dios".
Tiempos felices, de la carrera en taxi Teror-Las Palmas, quince pesetas.
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VISITANTES
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Antaño cuando no existían las urbanizaciones del Sur, a los visitantes des-
tacados que se les quería sacar de la Capital, se les llevaba o por la carretera
del Centro hasta Santa Brígida, o bien hasta Teror. Al inaugurarse el Parador
de la Cruz de Tejeda, en este sitio se programaba el almuerzo y regreso a Las
Palmas por la carretera de Cueva Corcho, Valleseco, con parada en la Villa pa-
ra visitar la BasíHca, es lo que se hizo en la estancia de Franco en 1950. En
muchos casos la excursión a Teror tenía móviles exclusivamente religiosos por
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ser sede de la Patrona de la Diócesis, solo se visitaba la Basílica y el Camarín
de la Virgen. Otras personas se desplazaban a Teror con el fin de conocer el
pueblo, ajenos al carisma del Pino, por tratarse de indiferentes en materia reli-
giosa. Pasada la guerra civil hasta finales de la década de los sesenta, todos
los Ministros, Subsecretarios y Directores Generales que arribaban a Gran Ca-
naria, destinaban unas horas a la visita terorense; era un número obligado en
la época del catolicismo oficial, además Monseñor Socorro era persona que
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sabía estar en su función de guía.
Teror antes de la década de los sesenta era un pueblo muy bonito, hoy
lo es pero no tanto, la densidad de las edificaciones ha borrado la fisonomía
de varios parajes acuchillados por el cemento; el bonito paisaje es el que im-
presionó a Don Miguel de Unamuno que visitó la Villa en 1910 y la describió
como un pueblo de sosiego y de paz donde bien se dormía ("Por tierras de
España y Portugal"). Un visitante ilustre fue el Diputado cunero por Gran Ca-
naria Luis Moróte; hizo una excursión a Teror el día del Pino de 1909 en caba-
llerías, entre romeros, por el camino viejo del barranco de la Virgen, Zumacal,
La Laguna, le impresionó el valle y la fiesta ("Por tierra de los Guanartemes",
capítulo "Una impresión de Teror el día del Pino" publicado en el periódico
"El Hoy" de 8 de Septiembre de 1934).
A finales del siglo pasado visitaron Teror el que sería después Jorge V
de Inglaterra, el General Ahumada y Camilo Saint-Saéns. En el periódico "El
Liberal" de 8 de Julio de 1890 se publicó una carta en nombre del Príncipe
de Gales agradeciendo las atenciones recibidas en la Villa, refiriéndose a la fin-
ca de Ossorio en la que Don Adán del Castillo invitaba a los visitantes ilustres.
Leemos en el periódico "Diario de Las Palmas" de 9 de Julio de 1894 que el
General Ahumada fue recibido en Teror con arcos, colgaduras, banda de músi-
ca y baile oficial en el Hotel Inglés. La visita de Camilo Saint-Saéns no se pu-
blicó en los periódicos, la conocemos por referencias.
El 28 de Septiembre de 1922 visitó la Villa almorzando en Ossorios, el
líder del partido republicano Radical Don Alejandro Lerroux. El hecho de ser
invitado a la finca de Don Adán del Castillo es un signo del criterio tolerante
de la época, porque en 1922 Lerroux además de republicano era hombre de iz-
quierdas, un tanto sectario y anticlerical, hasta 1932 o 1933 no derivaría a posi-
ciones de centro, Don Adán era monárquico integral, aristócrata, suegro de la
hija del General Bascarán, en tiempos Jefe del Cuarto Militar del Rey.
El primer Ministro que visitó Teror fue Galo Ponte, titular de la cartera
de Gracia y Justicia en el gobierno de la Dictadura de Primo de Rivera, vino
a Canarias a resolver el pleito de La Aldea. Estuvo en la Villa el 12 de Febrero
4S
de 1927, en tiempos de aires de revuelta por la cuestión del alumbramiento de
aguas de Quiebramonte; Galo Ponte pudo resolver el problema de La Aldea,
pero no el de Quiebramonte. Como consecuencia de la visita una Real Orden
de 14 de Junio de 1927 designó unos comisionados para que informaran sobre
las aguas, se taponó la galería, pero los pleitos continuaron. En Octubre de 1928
se desplazó a Canarias el Presidente del Gobierno General Primo de Rivera;
le programaron un desplazamiento a la Villa Mariana con todo el séquito, el
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Párroco Socorro Lantigua le pidió la concesión de honores militares a la Vir-
gen del Pino, que se otorgaron al año siguiente.
En Julio de 1930 visitó Teror el Nuncio Papal Tedeschini; había desapa-
recido la Dictadura pero aun regía el sistema de catolicismo oficial que desapa-
reció con la II República, por tanto el recibimiento incluyó Autoridades Civiles
y demás parafernalia propia de estos actos; casi a los cuarenta años, en Mayo
de 1970, pasó por el pueblo otro Nuncio, Luigi Daddaglio, pero en estancia sin
el recibimiento de 1930.
En Octubre de 1934 pasó por Las Palmas la Misión Pontificia que se tras-
ladó a La Argentina para asistir al Congreso Eucarístico de Buenos Aires, el
Legado del Papa era el Secretario de Estado Cardenal Pacelli; al regreso, el que
sería desde 1939 Pío XII, visitó la Basílica del Pino con su séquito del que for-
maba parte el Infante Don Eugenio de Baviera, Canónigo de la Catedral de
San Pablo de Roma y hermano de Don Fernando de Baviera cuñado de Alfon-
so XIII; el desplazamiento a Teror no estaba programado por decisión de Pace-
lli de no desembarcar del trasatlántico "Comte Rosso", el desplazamiento se
realizó por una gestión de Don Agustín Graciani. Otras altas Dignidades de
la Iglesia pasaron por Las Palmas con destino al Congreso de Buenos Aires;
el Cardenal Verdier, Arzobispo de París, solo por breves horas y el Primado
de Polonia, Augusto Hlond, que al regreso prolongó la estancia en Gran Cana-
ria varios días. El Cardenal polaco era Salesiano, por esa época era Superior
de los Salesianos de Las Palmas el Padre Antonio Espinosa gran amigo de Don
Antonio Socorro Lantigua, por este motivo el Cura de Teror fue uno de los
protagonistas de los agasajos en honor del Primado polaco, que visitó Teror
el 1 de Noviembre de 1934; un amplio reportaje se publicó en el periódico "El
Hoy" de 2 de Noviembre de 1934.
Después de 1936 se sucede una larga serie de visitantes importantes, que
se inició con el Ministro del Ejército General Várela, con palio y culminó con
el General Franco, sin palio, es que el paso por Teror y la visita al Santuario
se incluyó siempre en la agenda de toda personalidad de relieve que pasara por
Gran Canaria; y los visitantes anónimos que visitan a la Virgen, pasión de siem-
pre para los Canarios y no Canarios con fe en la intercesión de la Madre de Dios.
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LAS VERBENAS
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Los jóvenes de antaño esperaban con ilusión la llegada del verano, época
propicia a los festejos populares de las fiestas del Patrono o Patrona y de las
verbenas, que daban ocasión de divertirse, de encontrar amigos y charlar, to-
mar unas copas, cortejar, también algo para contar al regreso a casa y recordar.
No existían discotecas ni televisión, no eran fáciles los desplazamientos a otros
pueblos ni se disponía de dinero; las jóvenes estaban sujetas a un estricto con-
trol familiar, por lo general las mujeres en los pueblos solo salían de las casas
para ir a misa y a las novenas, de compras, a las visitas, al paseo de los Domin-
gos y festivos hasta el toque de oraciones, y si acaso a algiín baile oficial o de
taifas, descamisada o últimas, de resto en casita a fregar y pelar papas. Las fiestas
y las verbenas del pueblo eran la única válvula de escape como participantes
o espectadores.
Unas verbenas se organizaban dentro del programa de las Fiestas del Pi-
no. Leemos en "El Diario de Las Palmas" de 27 de Agosto de 1902: "En la
Villa de Teror se hacen grandes preparativos para las fiestas del Pino; la inau-
guración será el gran baile popular anunciado para la tarde del 31; en La Ala-
meda, que es el sitio designado para el baile, y de la una a las dos de la tarde
entraran por distintas calles los distintos grupos ya organizados de tocadores
de guitarra, requinto, bandurria, timple y panderetas", los bailes en La Alame-
da los hacían nuestros abuelos a partir de las dos de la tarde, a la hora en que
47
nosotros vemos el telediario. Los periódicos escribieron mucho de esa verbena
llamada Regional; existió un periódico titulado "Unión Liberal" dirigido por
el terorense Don José Bethencourt Montesdeoca, hijo de Don Francisco Be-
thencourt López, este periódico publicaba frecuentes crónicas desde Teror, en
el número 6 de Septiembre de 1902 describía en un estilo rimbombante y retóri-
co la gran Fiesta Regional con intervención de parrandas de los barrios tero-
renses y de Valleseco, San Mateo, Firgas, Arucas y San Lorenzo.
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El "Diario de Las Palmas" del 3 de Septiembre de 1926 publicó una cró-
nica de Don Francisco González Díaz con el título "El pasado vuelve", de una
verbena de rompe y rasga que aun los ochentones la recuerdan como un acon-
tecimiento terorense, con una descamisada y en el pórtico del palacio episcopal
funcionando un telar manipulado por unas viejas.
En las verbenas existían unos puestos de floristas, de bebidas, café, dul-
ces, molinillos y una estación telegráfica en la que se depositaban notas con
una galantería a una persona del otro sexo. En alguna ocasión se organizaban
con el fin de recaudar fondos para un destino determinado, como la que tuvo
lugar en Septiembre de 1918 organizada por una efímera Sociedad denomina-
da "Liga Progresista y Forestal de Teror" con el propósito de destinar el dinero
recaudado a la compra de árboles con que repoblar los campos terorenses, hoy
a nadie se le ocurriría una cosa así. Esta verbena tuvo como cronista a Don
Félix Aranda, que con la gracia y sal de su tierra andaluza la describe en "La
Provincia" del 26 de Septiembre de 1918.
48
se habilitaron coches de pasajeros desde Las Palmas al precio de tres pesetas
el asiento, viaje de ida y vuelta.
Los Carnavales eran una verbena continuada del Domingo por la maña-
na hasta las doce de la noche del Martes, el Miércoles de Ceniza comenzaba
la Cuaresma que se respetaba inexorablemente. El primer parrandero era Pan-
cho Francisco Melián, que llamaban Parrando; aparecía por las calles de Teror
en la mañana del Domingo vestido con una especie de Pierrot. Los Carnavales
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de 1935 hicieron época, el Martes a la amanecida se hizo una chocolatada en
la Plaza, en la tarde se organizó una cabalgata con batalla de confetis y serpen-
tinas. Complemento de los Carnavales eran las Estudiantinas que iban por las
casas acompañadas de un rancho de hombres y mujeres, les brindaban con vi-
no, anís, ron, y con las tortillas de carnaval hechas a base de huevos, harina,
canela, matalauva, limón y con el añadido de miel de abejas.
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No pretendemos hacer un estudio amplio de este tema, que creemos es
una faceta histórico-cultural de la isla poco estudiada; nos limitamos al ámbito
de Teror de una manera muy general.
La creencia en brujerías, maleficios y santiguados no ha sido exclusiva
del campo o de los lugares más pobres y aislados, aunque sí el contexto propi-
cio ha sido la incultura; el analfabetismo y el aislamiento de ciertos núcleos
de población, sin una instrucción adecuada, han sido los factores que más han
influido en el desarrollo de estas prácticas, que creemos que hoy son muy mi-
noritarias por el nivel de información y cultural muy superior a épocas pasadas.
La brujería tenía diversas modalidades, uno de los poderes de las brujas
era el mal de ojo con el que infligían daños a personas o animales; a veces el
maleficio se hacía en un muñeco que acribillado con alfileres permanecía ocul-
to en un lugar que solo podía descubrir la curandera-adivina. También han exis-
tido creencias de fiestas de brujas, que llegaban al punto de reunión en escobas.
Es el caso que hemos visto en el Archivo de la Inquisición del Museo Canario
(Signatura [Link].21). Se trata de una denuncia ante el Párroco de Teror, Juan
Gabriel González, el 31 de Marzo de 1805, de que una tal Jerónima de Vega
se había declarado bruja y que por la noche iba a volar con sus compañeras
al Hoyo de La Laguna, y que una mujer de Tejeda, María Suárez, la enseñó
a volar. Se inició una causa muy prolija, de la que resultó que la tal María Suá-
rez era la bruja mayor; de los informes se dedujo ser notada de profesar y ejer-
cer hechizos y bujerías, y salir de su casa de noche y a horas desusadas. La
mayoría de los procesos de la Inquisición por brujerías, maleficios, sortilegios,
hechizos, adivinaciones y curanderismo, fueron contra moriscos, mulatos y ne-
gros esclavos diseminados por la isla, no faltando elementos isleños nativos y
peninsulares, singularmente portugueses. La Laguna, de Valleseco y su Hoyo,
tuvieron siempre unas leyendas mágicas, no solo de aquelarres o fiestas de bru-
jas. Otra leyenda es la de la Cruz de La Laguna, que tenía un fuego, un jacho;
al llegar una persona el jacho pasaba a otra Cruz junto al camino del Sobradi-
50
lio; al llegar a esta Cruz volvía el fuego a la anterior; este fuego o jacho, era
la luz de un alma que setaba penando.
Las apariciones de almas en pena eran otro de los elementos del conjun-
to de supersticiones de la época; en Teror existe un topónimo con la denomina-
ción Barranquillo de las Animas. Hemos leído una nota en el periódico de Las
Palmas "La Afortunada" de 20 de Agosto de 1873 que dice: "según noticias
que tenemos de la Villa de Teror, parece que algunas personas aseguran haber
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visto por aquellos caminos un Penitente, que anda descalzo y con una soga al
cuello causando pavor a las personas timoratas, y risas a las personas sensatas.
A no ser algún sonámbulo el que de tal manera obra, grandes deberán ser las
culpas del que tan dura penitencia se impone voluntariamente;". El mismo pe-
riódico en su número del 3 de Septiembre siguiente, con un cierto matiz anti-
clerical, escribe: "El Obispo ha permanecido en Arucas toda la semana pasada
administrando el Sacramento de la Confirmación. Esta ausencia ha coincidido
con la desaparición del Pavoroso Penitente que tenía aterrados a unos y diverti-
dos a otros en Teror". Parece ser que la realidad de los hechos era intentar un
heredero cobrar una deuda que un vecino del Barrio Bajo tenía con su padre
muerto.
Para sanar a los que tenían algún mal existían las santiguadoras y las cu-
randeras; estas administraban un brebaje o unas hierbas para curar el malefi-
cio; la santiguadora curaba con invocaciones o rezos, con "santiguados";
generalmente una misma persona reunía la doble condición de santiguadora-
curandera. Una fórmula para santiguar en Teror era: "Yo te santiguo no con
mis manos, con las de Dios y con todos los santos del Cielo (San Pedro, San
Juan y San Antonio eran los preferidos), y que este mal que te hicieron que
se vaya al fondo del mar y no te vaya a salir más". Después de esta fórmula
se rezaba un padre nuestro y un avemaria; en las curas de los nervios tendían
al paciente sobre una cama, le hacían sobre el pecho varias cruces y le presiona-
ban el ombligo; después sobre este ponían una toalla y encima un vaso de alu-
minio con agua hirviendo. En la fraseología de los santiguadores se empleaba
el término "la madre esconchabada", estando la madre en el fondo de la barriga.
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rios en especie; tenían lo que llamaban "una casa regalada o regalona" porque
nunca faltaban papas, fruta, baifos, huevos, etc., obsequio de clientes y veci
nos. Existían los curanderos especialistas en arreglos de fracturas de huesos,
a los que llamaban Esteleros. Todo un mundo en que se confiaba más en los
curanderos que en los médicos.
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MILITARES
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En 1572 la Real Audiencia de Canarias informó a Felipe II que para de-
fender las islas de los continuados ataques de los moriscos y piratas sería con-
veniente que, además de las tropas peninsulares que las guarnecían, se crearan
unas milicias auxiliares formadas exclusivamente por naturales del país, que
tuvieran jefes propios. El Rey aprobó el dictamen y por Cédula de 29 de Abril
de 1573 se crearon las Milicias de Canarias.
También en la Villa terorense existieron unas milicias; en algún documento
se denomina a Juan Pérez de Villanueva Capitán de la Compañía de Teror, que
tuvo cierta entidad; cuando la expedición de los ingleses y holandeses a la isla,
Alvarado para la guardia del Puerto exigió de Teror ocho hombres y un cabo,
y en 1596 al convocar para el 4 de Agosto a toda la gente de a caballo de la
Ciudad y la isla como preparativo o ensayo de una posible invasión, en el re-
parto que se hizo a Teror correspondían 35 hombre (Antonio-Rumeu de Ar-
mas: "Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias").
53
A mediados del siglo XIX existía un Batallón de Milicias compuesto por
los pueblos de Teror, Arucas, Valleseco, San Mateo, Santa Brígida y Firgas, en
Teror radicaban dos compañías. Un acta de 27 de Enero de 1856 (Archivo del
Ayuntamiento de Teror) contiene los acuerdos de una reunión de la oficialidad
de las milicias de la Villa, en virtud de Circular de la Diputación Provincia',
para nombrar la Plana Mayor del Batallón; igual junta se realizó en los otros
pueblos; Leemos que el Capitán de la primera compañía terorense era Don Fran-
cisco Bethencourt López, de la segunda Don Antonio Vicente Domínguez. En
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la elección de Teror proclamaron por unanimidad Primer Comandante a Don
Bartolomé Sarmiento, vecino de Valleseco, Segundo Comandante Don Fran-
cisco Bethencourt López, vecino de la Villa; Ayudante Don José Naranjo Do-
mínguez, Teniente de la segunda Compañía de Teror; Abanderado Don José
María Domínguez, Teniente de la primera compañía; Capellán Don Juan Ma-
nuel Domínguez, Presbítero de la Parroquia del Pino. Singular designación de-
mocrática de cargos militares.
Las Compañías de Teror escoltaban la imagen de la Virgen del Pino en
las procesiones; entresacamos un escrito de 29 de Mayo de 1882 del Alcalde
al Gobernador Militar de la isla solicitando "se digne ordenar que la compañía
que dota esta Villa dirigida por quien corresponda y al toque de corneta mar-
che escoltando la procesión de la imagen de Nuestra Señora del Pino su Patro-
na, en la fiesta votiva que en honor de dicha Señora tendrá lugar en esta misma
villa el día 27 del mes próximo entrante".
En las crónicas terorenses hay que anotar algunos hechos relacionados
con el estamento militar. El Regimiento de milicias de Canarias eligió en 1787
por su Patrona a la Virgen del Pino. El periódico "El Diario de Avisos de Las
Palmas" de 1 de Marzo de 1893 publicó que la colonia inglesa obsequió con
una gira a Teror a la oficialidad de la Escuadra inglesa de visita en el Puerto.
El 30 de Octubre de 1906 tropas de la guarnición de Gran Canaria realizaroi';
marchas por distintos pueblos de la isla siendo revistadas en Teror por el Co-
mandante General de las islas orientales General Hernández de Velasco. En 1911
murió en la Villa el Capitán de Infantería y Alumno de la Escuela Superior
de Guerra, Don Ángel Balcácer; se había desplazado al pueblo con la finalidad
de realizar unos trabajos topográficos, debió de ser persona bien relacionada
en los medios militares puesto que el entierro fue un acontecimiento por las
asistencias de altas representaciones. A finales de Septiembre de 1917 estuvo
en Teror en marcha de prácticas el Escuadrón de Caballería de guarnición en
la Capital, en el Casino se celebró un baile en honor de la oficialidad.
54
mas, con el Coronel Rafael de Castro Caubín. Los periódicos lo calificaron de
gran acontecimiento; misa en la Basílica, comida de la tropa en La Alameda,
banquete a los jefes y oficiales en el Hotel Royal, desfile, baile en el Casino:
Se dio la circunstancia de un soldado del Batallón: Francisco Herrera Pérez,
del Hornillo, fallecido al día siguiente de regresar de África.
Previo expediente instruido por el Coronel Rafael de Castro Caubín, por
Real Decreto de 21 de Agosto de 1929 firmado en Santander por Alfonso XIII
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y el Ministro del Ejército Julio de Ardanaz, se concedieron honores militares
a la Virgen del Pino. La procesión del 8 de Septiembre tuvo especial solemni-
dad; dos compañías del Regimiento de Infantería cubrieron la carrera y escol-
taron a la Patrona, la Banda militar tocó una marcha compuesta por el Maestro
Santiago Tejera sobre motivos de la marcha real y el himno "Ave Maria Ste-
11a"; representó al Rey el Capitán General de la Región, Rodríguez Casademunt,
asesinado en Madrid en la guerra civil; en fotografías de la época se identifican
en la procesión del Pino de 1929, al Obispo Serra y Sucarrats, también asesina-
do en 1936; Don Laureano de Armas Gourié, Presidente del Cabildo Insular;
a Don Mariano Cáceres, Gobernador Civil; el General Jaúdenes Nestorio, Go-
bernador Militar; el Alcalde José Hernández Jiménez. En la República se su-
primieron toda clase de honores a las imágenes, restableciéndose con el
Movimiento en la procesión del Pino de 1936.
Al Coronel Castro Caubín, instructor del expediente, le nombraron hijo
adoptivo de Teror, al General Primo de Rivera Alcalde honorario de la Villa,
se consideró que la concesión de la Capitanía General a la Patrona era un alto
honor.
En la época de la guerra civil de 1936 a 1939, muchos soldados que regre-
saban del frente, algunos mutilados, caminaban a Teror a agradecer a Nuestra
Señora el regresó a la tierra. Al término de la contienda, el 30 de Julio de 1939,
se concentró en la Villa una multitud de ex-combatientes en acción de gracias
por la terminación de la guerra.
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UN CRONISTA
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En 1897 y 1898 el temor por una posible invasión americana de la isla
movió a muchas personas a abandonar Las Palmas e irse a los pueblos del inte-
rior; gran parte de la élite intelectual de la ciudad se trasladó a Teror. Don Emi-
lio Valle y Gracia en "Cuaderno de Recuerdos Triviales" rememora esa estancia
de su infancia, los grupos de familias de la Capital, las visitas al Padre Cueto
en el Palacio Episcopal de La Alameda, y las calles silenciosas y tranquilas.
Uno de los hombres más brillantes de esa época terorense fue Don Manuel Pi-
car y Morales, natural de La Laguna, estuvo destinado como militar en Filipi-
nas; escritor, pintor, gran aficionado a la filatelia, a la numismática y
coleccionista de los más variados objetos. Su contribución a la literatura isleña
fue valiosa, con obras como: "Tiempos mejores", "Semblanzas humorísticas
Laguneras", "Cosmorama y amor" —de recuerdos e impresiones de un viaje
por Europa hasta el Extremo Oriente—, "La Bruja de las Peñuelas", narración
de los tiempos de la Inquisición; "Agenere", folklore canario ilustrado con per-
sonajes de la época. Era un artista que ilustraba sus obras con dibujos de gran
calidad; una novela de Luis y Agustín Millares y Cubas, "Monsieur Charles",
publicada en la revista del Museo Canario tiene ilustraciones de Picar y Morales.
56
retórico y ampuloso, propio de la época. No obstante, contiene algunas obser
vaciones interesantes sobre costumbres de la localidad. Refiere que la mujer del
campo se distinguía en su vestido de las demás de la isla, en que sobre la manti-
lla llevaba un pequeño sombrero de fieltro negro con cinta y lazo muy ceñido
del mismo color. Lo mejor de esta obra es la parte gráfica, con unos bonitos
dibujos de la casa del Mayorazgo de Manrique, de una ventana del Palacio de
La Alameda, de Juan el bobo del Hoyo, y de otros motivos.
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Don Manuel Picar y Morales fue una persona de una cultura extraordi-
naria en los más diversos campos; en 1884 publicó un "Tratado descriptivo y
noticias generales de filatelia"; era coleccionista de bastones.
Merece ser recordado este hombre ingenioso y culto, que no siendo del
pueblo mucho lo quiso.
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POETAS TERORENSES
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Estar dotados para la poesía quiere decir tener ingenio, porque los poetas
tienen el trabajo difícil de hallar la palabra exacta que exprese unos sentimien-.
tes, o de hilvanar unas frases dichas con gracia sujetas a la medida de un verso.
Hay una poesía popular como es la del Rancho de ánimas, las coplas son
versos no escritos que se van transmitiendo de padres a hijos, improvisados ca-
si siempre; una muestra del ingenio popular de los rancheros es la visita a una
casa, los recibe y agasaja la dueña y le recitan: •
Pinito Santana
en El Pedregal
es como el Obispo
en su Catedral.
O bien al Sorchantre del pueblo, que en tiempos pasados cantaba res-
ponsos en los entierros:
Don Carlos Arencibia
que lo tengo delante
más vale cantarle
que el me cante.
O el recuerdo a una hija muerta en otras tierras:
María Concepción
por su poca suerte,
fue a buscar la vida
y encontró la muerte.
O el sentido elogio a una sacerdote:"
Sobre la tierra
y debajo del Sol,
no he visto yo un Cura
como el de Teror.
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Poesía popular es la Isa de Candidito:
Asómate a tu ventana
cara de luna redonda
que el lucero te ronda
lucero de la mañana.
Las Fiestas del Pino han inspirado en todas las épocas la pluma de nues-
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tros mejores escritores, como son las estrofas salidas de la inspiración popular
de Néstor Álamo; los versos del terorense Ignacio Quintana; de Doreste Silva,
del sacerdote Don Mariano Hernández Romero, de Ervigio Díaz Bertrana y
muchos más. El canónigo terorense Don Miguel Suárez Miranda compuso unos
versos de un bonito himno a la Virgen del Pino al que puso música el Maestro
Valle; de Don Miguel Suárez pudiera hacerse una antología con sus trabajos
literarios, en los que destaca su faceta de poeta. En la novena del Pino del Pre-
bendado Hernández Zumbado, que desde 1782 se reza en la Basílica del Pino,
hay unas estrofas invocando a la Patrona.
59
bre este tema. Fue colaborador de los periódicos "El Porvenir de Canarias",
"El País", y "El Ómnibus"; en el número de este de 9 de Diciembre de 1857
se anuncia la publicación de una colección de poesías de Romero y Palomino
con el título "Las Flores del Alma".
José Domínguez Miranda fue un poeta local que siempre residió en Te-
ror, de la saga de los Miranda terorenses; era pariente próximo del canónigo
Don Miguel Suárez y de Don José Miranda Guerra; escribió en 1914 una emo-
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tiva poesía dedicada a la Fuente Agria, símbolo con la Virgen del Pino, de la
Villa:
60
Manuel Sarmiento Ortega es un entrañable personaje de la galería de re-
cuerdos terorenses. Hijo de la popular Antoñita Sarmiento o Mariquita Anto-
nia, fue seminarista; popularmente se le conocía por Manolito Sarmiento y
cariñosamente le llamaban Manolito Tirijala como señas de identidad, por una
repostería que confeccionaba y vendía a la chiquillería que chupaba el dulce
hecho a base de miel; era un hombre bueno; publicaba algunas poesías en la
prensa, entre otras en "El Eco de Canarias" de 5 de Enero de 1963:
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Madre, ya vienen los Reyes,
ya siento la escandalera
de sus esclavos y pajes
con tambores y cornetas.
Pino Ojeda Quevedo es nacida en Huertas del Palmar, de Teror; conoci-
da es la trayectoria de su vida y su dedicación a la pintura y a la poesía, ocu-
pando un lugar destacado en la Literatura Canaria, premio "Tomás Morales";
ha publicado varios libros, y fundó y dirigió la revista "Alisio, hojas de poesía".
Cipriano Acosta Navarro, aunque nació en Arucas, su vinculación fami-
liar es Teror. Su abuelo, Don Manuel Acosta Sarmiento, fue Alcalde de la Villa
durante veinte años, y un tio abuelo, Don Francisco Acosta, Presidente de las
Audiencias Territoriales de Zaragoza y Granada. Pregonero de las Fiestas del
Pino de 1968, a la Patrona le dedicó los sentidos versos:
Señora, tu que has bajado
a este valle de pastores
a extender con tus fulgores
este bosque y este prado
que no te apartes de mi lado,
¡quédate aquí en mis pinares!
Y pon tu brazo en mis sillares
y luz en mi camino
y tu paz, Virgen del Pino,
en el sudor de mis manos.
Cipriano Acosta pasea su hombría de bien por Las Palmas, pero siempre
se ha sentido un terorense.
El ilustre Ignacio Quintana Marrero nació en El Castaño, en la calle del
Monasterio Cisterciense; estudió en el Seminario y posteriormente en la Escue-
la de Periodismo del Debate. Pregonero por dos veces de las Fiestas del Pino,
casi toda su obra es un canto a Teror, a la Virgen, a la Basílica, a los paisajes
terorenses, a sus barrancos; de "Arpa de las Islas" es una bellísima poesía:
61
La historia de sus lares se pierde entre las páginas
de una vieja leyenda que urdieron los abuelos,
personajes entonces de bucólicas láminas
que diz que presenciaron prodigios de los cielos.
Mucho se podría escribir de Ignacio Quintana, es imposible enumerar
en un corte espacio la serie de artículos y poesías sobre temas terorenses escri-
tos por él como director, periodista o autor literario. Es una persona que debe
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figurar como hijo Predilecto de Teror.
Los poetas terorenses han querido entrañablemente a su pueblo, quizá
hayan sido injustamente olvidados.
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UN HOMENAJE
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En los primeros días de Enero de 1919 Don José Bethencourt Montes-
deoca fue agredido en la calle Doctor Chil de Las Palmas de Gran Canaria,
resultando herido grave de una puñalada.
Don José Bethencourt, uno de los hijos del comerciante Don Francisco
Bethencourt López, se avecindó en la Capital ejerciendo desde 1901 la profe-
sión de Procurador de los Tribunales. Hombre de carácter fuerte, un tanto im-
petuoso y explosivo, intervino en la política y en el periodismo de la época,
existió un periódico denominado "Unión Liberal" del que fue Director Pro-
pietario. Dentro del Iconismo existieron varias agrupaciones que, acatando la
jefatura de León y Castillo, se disputaban el liderazgo del partido liberal en
la isla; una de las tendencias que no acataba la supremacía de los denominados
agustinos, seguidores de los líderes insulares Don Agustín Bravo y Don Juan
Melián Alvarado, era la de los llamados Bethencurianos liderados por otro hi-
jo de Don Francisco Bethencourt López, Don Francisco Bethencourt Montes-
deoca, que instalado en Tenerife representó en la Diputación Provincial al distrito
de Las Palmas.
Los seguidores de Don Agustín Bravo y Don Juan Melián Alvarado do-
minaban la política terorense, pero las luchas intestinas de Las Palmas con fre-
cuentes enfrentamientos entre los leonistas, que no respetaban el reparto político
que tácitamente se había establecido en zonas de influencia en los distintos pue-
blos, se reflejó también en la Villa Mariana. Don Manuel Acosta Sarmiento
que había sido Alcalde muchos años fue muy combatido y atacado por cierto
sector de la prensa de Las Palmas; las elecciones de Noviembre de 1913 fueron
muy tensas, enfrentándose personas de la misma filiación Liberal leonista, el
nuevo Ayuntamiento designó Alcalde a Don Juan Rivero García. En Enero de
1914 surgió el conflicto del expediente de declaración de aguas minero-
medicinales del manantial de la Fuente Agria, que motivó la constitución en
el pueblo de unt. Junta Patriótica de Defensa integrada por Don José Bethen-
court, el emigrante a Cuba Don Antonio Ortega Jiménez y varios líderes loca-
63
les. Resulta la cuestión de la fuente Agria se plantearon otros problemas en un
nivel distinto. Con vista a las elecciones municipales de 1915 se constituyó un
partido político local denominado "Los Hijos de la Pila", que tenía como pro-
grama derrotar a los Yánez que tenían el control del Ayuntamiento. En este
mar de fondo y confusionismo, Don José Bethencourt Montesdeoca se instaló
en la política local; durante unos años fue líder indiscutido terorense, hasta que
fue derrocado del liderazgo por otra coalición; en la dictadura de Primo de Ri-
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vera tuvo alguna influencia en la designación de cargos políticos terorenses. Hay
que reconocer que sus buenas relaciones en Las Palmas allanaron el expediente
de obras de las carreteras de Teror-Arucas, Teror-Valleseco y de creación de es-
cuelas.
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Hoy queda como recuerdo una lápida en la calle General Franco alusiva
al comercio de Don Francisco Bethencourt López, colocada dentro del progra
ma del homenaje; y las cacerías, que montaba de una manera espectacular; las
cacerías de Don José Bethencourt tenían una parafernalia: perros, séquito, som
breros, plumas.
Don José Bethencourt al derrocarlo como líder, se exilió de Teror, revocó
el testamento del Hospital y trasladó las estancias veraniegas a Firgas. En los
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pueblos los prestigios políticos son siempre efímeros.
RECUERDOS ESCOLARES
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Mi primera Escuela fue una Unitaria Privada de niños allá por 1929 regi-
da por Don Antonio Sarmiento Ortega, ubicada en la casa de Mariquita Anto-
nia, de reciente edificación por ese año en el solar de la casa de la Cilla o de
la Virgen; en lo que fue salón escolar se instaló más tarde la tienda "La Estre-
lla" de Pepito Falcón. Al año siguiente Don Antonio Sarmiento se integró en
el Magisterio oficial, sucediéndole como titular Don Juan del Rosario Pérez,
un hombre del Trapiche de Arucas, que continuó en la enseñanza privada has-
ta la década de los cuarenta. Auténtico trabajador de la enseñanza, tenía alum-
nos de día y de noche, y además clases particulares, casi todos los niños
escolarizados en Teror entre 1930 y 1940 pasaron por la Escuela de Don Juan
como popularmente se conocía. Oficialmente se denominaba "Colegio Nues-
tra Señora del Pino". Otras escuelas del pueblo eran la de Don Domingo Déniz,
la de Don José Pérez, de Doña Concha, de Doña Toribia y la de Párvulos de
Anita. Las escuelas privadas eran llamadas particulares o de pago para diferen-
ciarlas de las públicas.
Unos niños llevaban calzado, pero otros iban descalzos, signo de la po-
breza de los tiempos, aunque en la Escuela de Don Juan por ser privada se
pagaban cinco pesetas de honorarios mensuales, el jornal diario de un peón.
Cuando estábamos libres de la escuela jugábamos a los tres juegos favo-
ritos de el boliche, el trompo y la "piola"; en este, los saltos iban acompañados
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1931. Alumnos de la Escuela de Don Juan del Rosario Pérez.
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EL COLEGIO DE LAS JIMÉNEZ
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Las señoritas Jiménez, como popularmente se les llamaba, establecieron
un Colegio en Las Palmas en 1862, en la calle Espíritu Santo, actual número
15, con la denominación de "La Inmaculada Concepción". Eran de Teror las
cuatro hermanas: Rafaela, María Dolores, Juana y Catalina Jiménez Romero.
Otra hermana, Sor Agustina Jiménez Romero, fue Superiora del Hospi-
tal de San Martín. Merece ser recordada por su carácter enérgico, unido a un
espíritu de sacrificio y un gran sentido de la caridad; cuando por la morosidad
de la Diputación Provincial a los enfermos les faltaba lo más elemental. Sor
Agustina se lanzaba a la calle a pedir limosna; su labor como hermana de la
Caridad durante el cólera de 1851 fue heroica; el pueblo la llamaba "la madre-
cita"; murió a los sesenta años el 10 de Mayo de 1882 y su entierro constituyó
una imponente manifestación de duelo presidida por el Obispo Pozuelo.
Don Ignacio Jiménez Romero era hermano de las señoritas Jiménez; ob-
tuvo por oposición la Maestría de Ceremonias de la Catedral y se posesionó
de una canonjía en 1905. También profesor del Seminario, murió en 1908.
El padre de las Jiménez era terorense: Pedro José Jiménez Marrero. Fue
designado en 1830 Maestro de Arucas, el primer maestro oficialmente estante
en la villa aruquense, teniendo inscritos hasta ciento cinco niños en su casa-
escuela de la hoy calle León y Castillo; cesó como maestro en 1834 por ser nom-
brado Sacristán Mayor de la Basílica del Pino; hombre muy impuesto en el ser-
vicio del culto y canto llano, pues había sido Sorchantre de la Catedral. Por
esa época la Basílica terorense tenía un Sorchantre —Sacristán Mayor, un Sa-
cristán menor y un Ayudante de Sacristán, y cuatro mozos de Coro, según las
Constituciones del Obispo Herrera, que regulaban los servicios de Altar y Co-
ro en la Basílica, el Sorchantre cantaba en todas las horas canónicas y oficios
de vísperas, laudes y maitines; debía saber el canto llano y enseñarlo a los mo-
zos de coro. El Colegio de las Jiménez comenzó a funcionar en Septiembre de
1862, en una época en que la enseñanza oficial estaba muy desatendida, con
69
maestros muy mal pagados dependiendo totalmente de la precariedad de las
haciendas locales, el sostenimiento de las escuelas estaba a cargo de los ayunta-
mientos.
Doña María Dolores Jiménez Romero había sido Maestra de la única es-
cuela de niñas del barrio de Vegueta; Doña Rafaela y Doña Juana tenían el
título de maestras superiores; Don Ignacio, Capellán-Director, impartía las clases
de Religión, Moral y Gramática. Disponía el Colegio de un profesorado muy
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HOTEL EL PINO
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El viajero de Las Palmas entra en Teror por el llamado Muro Nuevo, un
espacio acotado por un paredón que se construyó a finales del siglo pasado
como contención del terraplén formado por la apertura de la carretera Las
Palmas-Teror. Los avatares políticos de este país hicieron nominar este lugar como
Plaza XIII de Septiembre, en recuerdo del golpe de estado del General Primo
de Rivera en 1923; este nombre apareció, desapareció y reapareció al compás
de la caída de la Dictadura, de la proclamación de la República con la consi
guiente desaparición de todos los vestigios del primoriverismo, y vuelta de nue
vo el 18 de Julio de 1936 de la lápida colocada en 1926; en la actualidad
desconocemos como se denomina oficialmente este enclave terorense, pero el
pueblo le llama El Muro Nuevo. En el entorno está situado el Instituto de Ba
chillerato, construido a finales de la década de los cuarenta como Colegio Sa-
lesiano.
71
go de Matos en Las Palmas; posiblemente los Matos proyectaron construir en
este solar una casa solariega que no tenían en Teror a pesar de las extensas pro-
piedades que poseían en la Villa.
El edificio actual fue construido por Don José del Pino Cárdenes, pa-
sando posteriormente a la propiedad de Don Simón Quintana, hombre del So-
bradillo, de Valleseco. En la planta baja estuvieron las cocheras de un negocio
de transporte con caballerías; el acceso era por un portalón en la actual oficina
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de la sucursal del Banco Central. En lo alto se estableció un Hotel o Fonda
desde principios de siglo denominado El Pino; en el Anuario de la Provincia
de Canarias para 1905, de Zumbado, se hace referencia a este Hotel de Don
Simón Quintana.
En Teror existieron varios hoteles, hemos leído en una crónica del "Dia-
rio de Las Palmas" de 9 de Julio de 1894 que con motivo de la visita del Gene-
ral Ahumada a la isla, en el Hotel Inglés de la villa terorense le obsequiaron
con un baile en el sitio destinado por la colonia inglesa al juego de la pelota;
este Hotel estuvo situado en el edificio número 7 de la actual calle General Fran-
co. Hemos leído un anuncio en el periódico "Diario de Avisos" de 18 de Junio
de 1889 que dice "se acaba de abrir un Hotel en la Villa de Teror, en una mag-
nífica casa situada en la Plaza principal y frente a La Alameda, bajo la direc-
ción de Bernardo Ruiz".
Al fallecer Don Simón Quintana quedó como titular del Hotel su hijo
Don Eduardo Quintana González, hombre de temperamento y de iniciativa que
derivó a otros negocios hasta ser, gracias a su tenacidad e ingenio, una figura
de relieve en la industria insular de refrescos; en los años treinta tuvo una fábri-
ca que elaboraba gaseosas, sifones, jarabe embotellado y el Orange Crusch, an-
tecedente de la planta industrial Nik. La ociosidad no cuadraba en la viveza
de su carácter; dotado de imaginación y perspicacia para aprovechar las opor-
tunidades que siempre ofrece la vida, por 1933 colocó unas tuberías por las
calles del casco urbano de Teror para abastecer de agua potable al vecindario,
siendo el pionero de este servicio público, anterior al Ayuntamiento.
La gente del pueblo recalaba por el Bar del Hotel para el copeo o para
la tertulia; a la gente le gustaba hablar, no había Televisión y la radio estaba
en sus inicios, los huéspedes fijos eran pocos, aumentaban en la temporada de
verano; en el veraneo terorense, unas familias alquilaban casas en el pueblo y
otras se hospedaban en alguno de los dos hoteles existentes. Eran tertulianos
asiduos Don Pedro Rodríguez Ramos, Don Félix Aranda, Don Manuel Henrí-
quez, conocido popularmente por Manolita Henríquez, y algunos otros perso-
najes locales; era un mundo en el que no se conocía la prisa. Don Pedro
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Grupo de lerorenses en 1914.
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Rodríguez se casó en Teror y en el pueblo permaneció hasta el final de su vida,
era el médico de todos los males y de todas las especialidades, muchos teroren-
ses vinieron al mundo empujados por sus hábiles manos, de una humanidad
sin límites y de una paciencia inalterable, asistía gratuitamente a gran parte de
sus enfermos, que le pagaban llevándole por Navidad o el día de San Pedro
un baifo o un par de gallinas. Don Félix Aranda, Secretario del Juzgado, tenía
el gracejo de su tierra andaluza, de gran cultura, periodista de relive fue en una
época Redactor-Jefe de "La Provincia". Don Manuel Henríquez era empresa-
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rio carpintero, político, cazador, amigo de todos, buen cocinero y sobre todo
un hombre bueno con un corazón de oro; la figura del popular Manolito Hen-
ríquez recordada a tantos años de distancia deja un regusto agradable; era un
hombre totalmente desinteresado, que estaba en todos sitios menos en lo que
le podría dejar dinero que era su empresa de carpintería, a pesar de ser persona
de inteligencia natural que pudo ser un gran proyectista. Este era el mundo pue-
blerino de hace más de medio siglo.
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EL HOTEL ROYAL
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En Teror existían dos hoteles: "El Royal" y "El Pino", que eran como
dos mundos dentro del apacible vivir del pueblo; no solo cumplían con su fun-
ción de hospedaje, sino que también eran centro social de amigos; en cada uno
de estos hoteles tenían su cuartel de veraneo, y a veces de invierno, personas
que sentimos se hayan muerto, han dejado recuerdos gratos por su bohemia
y por la impronta alegre que le daban a Teror; eran gente de buen humor, en
un mundo sin prisas, sin inseguridad ciudadana, sin drogas y otras lacras de
la sociedad actual.
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Grupo de lerorenses. Fiesta del Árbol de 1911. Don Francisco González Díaz es la
persona cubierta con gorra o cachucha.
bien pasó por el hotel el poeta Tomás Morales; es que aquellas comidas eran
una delicia, cocidas en vasijas de barro y a fuego lento; Pilarito la cocinera era
una institución, inamovible durante muchos años, hacía unos potajes únicos.
Ya en estas épocas era huésped Don Francisco González Díaz y continuó hasta
su muerte; en el Hotel Royal escribió sus artículos periodísticos que llevaban
el nombre de Teror al pié, y compuso muchas de sus obras en prosa y eíverso
y un libro titulado Teror.
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mió y dado al copeo. Don Antonio Rodríguez Herrera continuó en el negocio
que fundó su padre; Don Antonio conocedor de la vida de Teror, persona de
amena conversación.
La evocación del Hotel Royal renueva todo un pasado de veraneantes,
de tertulias, de los banquitos del Paseo González Díaz; una época de menor
confort que la de hoy, pero de más calidad de vida; de recuerdos del lugar apa
cible, como Unamuno llamó a Teror.
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LA CASA HUERTA
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En el núcleo histórico de Teror existe un lugar denominado "La Finca
de Sintes", propiedad municipal, al Naciente del Palacio Episcopal.
En el siglo XVIII era hacienda de tierras labradías, con casa, árboles y
agua del Heredamiento de Los Llanos, propiedad del Canónigo de la Iglesia
Catedral y Capellán de Honor del Rey Don Andrés de la Huerta y Cigala. Posi-
blemente su origen está en las tierras legadas a la Iglesia por Pérez de Villanue-
va o donadas por Halcón o Falcón, ya que estaban gravadas con dos censos
a favor de la parroquia de Teror, uno de quince reales veinte maravedises de
rédito anual, y otro de cuatro cuartillos de aceite; además de otro censo de 45
reales al Convento Dominico de Las Palmas.
El Canónigo de La Huerta y Cigala donó la imagen del Arcángel San
Miguel colocada en el retablo lateral del lado del Evangelio de la Basílica del
Pino. Debió de ser un Canónigo importante dentro del Cabildo Catedralicio;
el Prebendado Diego Alvarez de Silva lo cita en la Descripción de las Fiestas
de la Dedicación del nuevo templo del Pino en 1767, como participante en la
serie de actos que se realizaron.
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Don Agustín Manrique de Lara y Castillo. El comprador fue en su época el
primer contribuyente por rústica del Archipiélago; casado con su prima Doña
Dolores Manrique de Lara y Cabrera, de procedencia majorera, concentró to-
do el patrimonio de los Manrique de Lara. En Teror era titular propietario del
Cortijo de Ossorios, de la Casa del Mayorazgo de Manrique, de la actual Casa
de los Patronos de la Virgen de Don Agustín Manrique de Lara y Bravo de La-
guna, y de la comprada finca de la Casa Huerta.
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La descripción de los linderos en las escrituras, indica como era esa zona
de Teror en aquella época; lindaba al Naciente con barranquera de la Mina de
la Iglesia y con un trozo de tierra de Don José Ceballos, al Poniente el barran-
quillo de La Higuera, al Norte Plaza de la parroquia del Pino y camino que
pasa entre la propiedad y la casa perteneciente a la Mitra Episcopal, y por el
Sur al Barranco Real; tenía un manantial en la barranquera del Poniente. En
sucesivas transmisiones pasó a Doña Dolores Manrique de Lara Llarena, a Don
Alfonso Morales y Manrique de Lara, vendida a la familia Sintes y adquirida
posteriormente por el Ayuntamiento. Puede que la Casa fuera edificada en los
primeros años del siglo XVIII; Doña Micaela de la Huerta en una anotación
ológrafa de su testamento de 1785, declaró que su hermano ya fallecido había
realizado unas mejoras en la edificación, de lo que parece deducirse que el Ca-
nónigo Huerta la adquirió ya edificada; la parte posterior fue algo deteriorada
en 1932 al realizarse unas reformas y destruirse el corredor. Es un buen modelo
de la Arquitectura Rural de nuestras medianías.
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LA FIESTA DEL AGUA
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La Fiesta votiva o del agua sustituyó en el siglo XIX a las bajadas de
la Virgen del Pino a Las Palmas, que se hacían por hambres, epidemias, se-
quías u otras calamidades públicas; se proyectó alguna que no llegó a realizar-
se, leemos en el periódico "El Ómnibus" de 27 de Febrero de 1858 "se asegura
que para las próximas Pascuas bajará a Las Palmas la Virgen del Pino".
La primera noticia de esta fiesta a la Virgen corresponde a una anotación
en el Diario de Romero y Ceballos sobre que "el 18 de Enero de 1811 se empezó
en el lugar de Teror un novenario a la Virgen del Pino, costeando y asistiendo
a estas funciones una Diputación del Cabildo Secular que lo pidió y acordó,
habiéndose negado a enviar la suya el Senado eclesiástico. El domingo 27 se
hizo la procesión general a fin de implorar la extinción de una epidemia, "esta
epidemia era la de fiebre amarilla; el 11 de Agosto bajó la Patrona a Las Pal-
mas en rogativas por el contagio de esa enfermedad que no había desparecido;
la Virgen entró en la Ciudad por la puerta de Triana huyendo de los barrios
del Risco que estaban infestados. Transcurridos varios años hay otra referencia
del 12 de Mayo de 1839 de que se hizo una procesión general a la Patrona por
falta de agua, después de un novenario. Las rogativas para implorar el benefi-
cio de la lluvia o el cese de una calamidad, iban precedidas de tres días de Leta-
nías, en caso de no obtenerse la gracia, se celebraba un novenario con la imagen
de la Virgen vestida de color violado.
En alguna ocasión el motivo de la fiesta votiva fue el exceso de lluvias,
como ocurrió con la celebrada el 19 de Julio de 1885, en la que el pueblo pidió
a la Virgen "se apiadase de él en la tribulación por la que atravesaba cuando
el exceso y perennidad de las lluvias del último invierno, que al mismo tiempo
que lo desolaba todo de una manera lastimosa, favorecía notablemente la cala-
midad de derrumbamientos de que la población viene amenazada".
Los novenarios y rogativas a la Patrona para implorar el cesé de alguna
calamidad, generalmente se hacían a instancias del Municipio o de alguna He-
80
redad, así en la sesión del Ayuntamiento de Teror de 2 de Diciembre de 1846
se acordó acceder a la solicitud de varios vecinos de hacer un novenario a la
Virgen a fin de conseguir por su intercesión las lluvias que tanta falta hacían;
en otra sesión de 23 de Febrero de 1850 se hace referencia a otro novenario por
las grandes calamidades que pesaban sobre el pueblo, se solicitó del Obispo que
concediera la cera que se consumiera en la novena. Las calamidades fueron una
plaga de langosta y una gran sequía, que precedieron a la gran calamidad de
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la epidemia del cólera morbo de 1851. En Noviembre de 1844 llegó a la isla
una plaga de cigarrón berberisco y se adoptaron medidas como tocar las cam-
panas a rebato y salir comisionados a perseguirlos de día y de noche, también
que cada persona de la familia mayor de catorce años debía entregar una canti-
dad de cigarrón; esta plaga duró hasta 1846, agravando la situación una gran
sequía secándose casi todas las fuentes, desgracias que prepararon el terreno
para el hambre: parece ser que fue tal el hambre que se llegaron a comer pencas
de tuneras y raíces de heléchos.
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LA FIESTA DE SAN JOSÉ
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Fue en otros tiempos la Fiesta Mayor de Teror después de la del Pino.
Las fiestas de la Virgen del Pino eran de toda la isla, las de San José del pueblo,
la fiesta principal local. No se podían celebrar el 19 de Marzo, que es la fecha
que señala el Santoral, porque era tiempo de Cuaresma, vedado a todo lo que
significara alegría y regocijo. Las solemnidades con las que la iglesia celebraba
la memoria de San José y los festejos para recreo del pueblo, se hacían pasada
la Semana Santa. Era una fiesta jubilosa de la primavera temprana, cuando
crecen los pastos, las vacas se llevan a los manchones y se cavan las papas vera-
neras; fiestas que alteraban la monotonía de la vida del pueblo.
Se les denominó Fiestas del Patrocinio de San José y se celebraban por
todo lo alto; en las solemnidades festeras del Santoral, el santo presidía el pro-
ceso ritual de la fiesta, pero esta contenía más elementos profanos que religio-
sos, limitados a los sermones, panegíricos se decía, función religiosa y procesión.
En el periódico "España" del 18 de Abril de 1899 se publicó un programa de
los festejos a celebrar los días 22 y 23; es el mismo estilo de todos los festejos
populares de la isla; en la víspera la puesta de la bandera, la enramada, rosario
cantado y sermón, y los fuegos artificiales; como en esa época no existía en
el pueblo la luz eléctrica, el programa decía que la plaza estaría iluminada con
farolillos a la veneciana. En el día principal feria de ganados, función solemne
en la iglesia, procesión del Santo y por la tarde paseo con música en la Alameda.
Las fiestas de 1904 según una reseña del periódico "Unión Liberal" de
3 de Mayo de 1904, fueron de antología, aunque es de tener en cuenta la cir-
cunstancia de ser el Director del periódico el terorense Don José Bethencourt
Montesdeoca, es una descripción ampulosa con muchos adjetivos; la calle prin-
cipal se engalanó con arcos, se hizo una verbena, la banda municipal tocó a
diana, hubo batalla de flores, bailes. En el programa de 1916 se incluyó el ador-
no de los frontis de las casas, adjudicándose tres premios a las que a juicio de
un jurado resultaron mejor adornadas.
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Una procesión en 1930 por el Paseo González Díaz.
Una comisión formada por ocho o diez personas del pueblo, con mayo
ría de carpinteros, confeccionaba el programa, que iba a parar a todos los pe
riódicos de Las Palmas, siempre con la frase "de los fuegos artificiales
confeccionados por los más afamados pirotécnicos de la isla", que siempre eran
los Dávilas, también recaudaban dinero para sufragar los gastos.
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domingo se verificará una carrera entre un caballo de fama de Teror y una ye-
gua del mismo pueblo; las bestias partirán a las cuatro en punto de la Cruz
del Ovejero hasta Teror".
Al final de la década de los años veinte se introdujo la novedad de una
proyección de cine en La Alameda. A la terminación de los festejos de San José
se celebraba la Fiesta del Árbol con asistencia de los niños de las Escuelas; en
un acto en el "Muro Nuevo" o frente al Hotel Royal, solía pronunciar un dis-
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curso Don Francisco González Díaz. El punto final de la fiesta era un sanco-
cho en San Matías; estos sancochos al aire libre terminaron hace años, hoy es
más cómodo comer en un restaurante. Y al margen del programa cajas de tu-
rrón y molinillos, y el tiro al blanco a un muñeco; las muchachas estrenando
vestido y los viejos luciendo un sombrero nuevo de fieltro.
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LA PARROQUIA
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¿Desde cuándo existe la parroquia de Teror con una cierta organización
eclesiástica y un párroco residente?, lo ignoramos; el Obispo Herrera dejó es-
crito que " n o se encuentran documentos por donde saberse la antigüedad de
dicha parroquial (de Teror), su fundación y dotación, pues el documento más
antiguo es un libro de cuentas de la mayordomía de Nuestra Señora que tuvo
principio el día 12 de Marzo de 1558, y se infiere que, pues se tomaban cuentas,
era más antigua, y así los libros antecedentes como los subsiguientes hasta el
año 1605, no se puede averiguar que fin tuvieron" (Archivo Parroquial de Te-
ror). La primera referencia escrita de la parroquia del Pino es el acta de la visita
del Obispo Diego Deza el 12 de Marzo de 1558, que consigna estar de Cura
el Padre Llórente Martín; se trataba de una ayuda de parroquia dependiente
del territorio del Beneficio de la Catedral.
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En la primera década del siglo XVII se inauguró el nuevo templo parro
quial; el XVIII fue el siglo de oro de la parroquia. Al finalizar esta centuria
estaban inscritos en los registros de la Mayordomía del Pino once fincas rústi
cas, sin contar los terrenos del barranco de la Virgen, y seis urbanas, más 77
tributos que rentaban unos 18.000 reales; la finca del barranco de la Virgen rendía
unos 2.000 pesos anuales. Las rentas permitieron un brillante culto y la crea
ción de Capellanes que prestaban diariamente el servicio de Altar y Coro. El
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Obispo Servera dispuso que en la Basílica del Pino todos los días se cantare
Tercia y Misa y por la tarde Vísperas y Completas; Maitines solemnes en deter
minadas solemnidades y la Calenda de Navidad; además del cuerpo de Cape-
llanas existía un Sacristán Mayor, Sacristán Menor primero y principal, y
segundo Sacristán o Ayudante, y los mozos de Coro. El diario servicio de Altar
y coro lo realizaban ocho Capellanes y el Párroco, que tenía la condición de
Capellán Mayor. La existencia de los Capellanes planteaba en ocasiones pro
blemas de protocolo por sentirse los terorenses con ínfulas capitulares, cuestio
nes que se presentaban especialmente con la Diputación Capitular que se
desplazaba a Teror para las fiestas del Pino.
87
El esplendor del culto terminó con las leyes desamortizadoras, iniciadas
en 1836, vendidos en pública subasta los bienes que integraban el patrimonio
del Pino, quedaron incongruos los Capellanes. Hay que reconocer que alguna
parte de las rentas eclesiásticas se empleaba en fines de enseñanza, que con oca-
sión de las epidemias de la época no se escatimaban medios para paliar las con-
secuencias, que el Puente del Molino se construyó con fondos de la Fábrica
Parroquial, pero el patrimonio eclesiástico era como un peso muerto; los culti-
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vadores de las tierras eclesiásticas eran unos arrendatarios o censatarios que
no tenían el menor interés en mejorarlas; muchas propiedades estaba gravadas
con tributos y en todas con los diezmos, ya que según las Constituciones Sino-
dales del Obispo Murga de 1634 "mandamos que se pague diezmo de todo lo
que se cogiere de la tierra, de todo el pan, trigo, cebada, mijo y otras cosas
que se sembraren". Y sobre todo se daba la imagen de una iglesia excesivamen-
te preocupada por la administración de sus bienes y el cobro de unas rentas.
EL CURA RODRÍGUEZ DE QUINTANA
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El 3 de Abril de 1684, Lunes de Pascua de Resurrección, un fuerte venda-
val derribó el Pino de la Virgen. Era Cura de Teror Juan Rodríguez de Quinta-
na y Montesdeoca, Párroco desde 1675 hasta su muerte en 1718. Descendiente
de Juan de Quintana (conocido por Juan de Soria) y de Vicente Montesdeoca
El Viejo, conquistadores de Gran Canaria, y de la familia de Juan Pérez de Vi-
llanueva, fundador de Teror, bachiller en Teología, nació en la misma plaza de
la Virgen, en la casa propiedad de la familia, conocida sucesivamente por casa
de Quintana, casa de Linares y hoy propiedad de los herederos de Don Alejan-
dro del Castillo; un salón de la planta baja era propiedad del Cabildo Catedral
y destinado a encerrar el grano de los diezmos.
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del Corpus de cada año, se realizaran en la parroquial de Teror unas determi-
nadas funciones y unas misas con responso sobre su sepultura.
El 11 de Septiembre de 1714 otorgó testamento ante el Escribano Luis de
Castilla; dispuso fuera sepultado a la puerta del Coro de la iglesia de Teror;
adquirió una celda en el convento de las monjas de Santa Clara de Las Palmas;
le dio carta de libertad a un esclavo de su padre y dejó a sus heredero^ una
huerta de árboles frutales en Valleseco y una finca en Utiaca.
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El año de su muerte se produjo un incendio en la Iglesia Parroquial; el
18 de Agosto de 1718 explotó una cantidad de pólvora almacenada en la Sacris-
tía, debió de quedar el templo muy deteriorado.
Los Quintanas enlazaron con la familia de los Llarenas y las propiedades
fueron afectadas por las leyes desvinculadoras del siglo XIX. El salón del Ca-
bildo Catedral en la casa de la plaza fue subastado en la desamortización de
1855; el resto del edificio y la huerta fue vendido a Don Victorio Azopardo
Sabi, comerciante.
La finca de Los Llanos fue lugar de enterramiento en la epidemia del có-
lera de 1851; vendida por Don Pedro de Quintana Llarena con un día de agua
de toda la gruesa del heredamiento de Los Llanos; el agua del Heredamiento
del Castaño la vendió Doña Úrsula Quintana y Llarena al comerciante Don
Francisco Bethencourt López.
El Cura Rodríguez de Quintana poseyó un buen patrimonio; en los cua-
renta y tres años de sacerdocio en Teror, fue testigo de hechos de importancia
en la Historia del pueblo.
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EL CURA DON JUAN GONZÁLEZ
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Hasta hace pocos años la persona de más prestigio en los pueblos era
el cura párroco, el líder indiscutido; vivían los problemas de la feligresía, tanto
en las desgracias y calamidades como en las alegrías. Pero ocurre que los cam-
bios sociales, el laicismo, la secularización de la vida y otras causas, han influi-
do en el sistema de valores de los vecinos de los pueblos, sobre todo de los
jóvenes, y por tanto en la valoración de sus curas. No obstante, aunque los con-
textos en que se vive la fé y las prácticas religiosas son distintos, el cura siempre
realiza una función social, no solo en lo espiritual sino también en hacer que
los feligreses observen unas normas de solidaridad y convivencia. Los Curas
Párrocos en Teror siempre tuvieron un gran prestigio y consideración en el pue-
blo, como ocurrió con Don Juan González Hernández, el cuarenta clérigo titu-
lar de la parroquial del Pino, a pesar de que era hombre adusto de carácter
y sin ninguna concesión a las relaciones públicas; estuvo de Párroco en Teror
de 1908 a 1927.
La obra de Don Juan González en relación con el templo del Pino y con
el esplendor del culto fue extraordinaria. Reformó el piso de baldosas de la igle-
sia; su deseo era que fuese de mármol de Carrara, a lo que se opuso el Obispo.
Colocó en el techo unas planchas de yeso encuadradas con guarniciones dora-
das, Don Judas Antonio Dávila había colocado unas planchas de cinc pintadas
de azul celeste. Se pintaron las columnas en imitación de mármol. Trajo de la
9i
Península las actuales cristaleras representando en colores la vida de la Virgen,
así como el juego de arañas de la Basílica y el vía-Crucis. Varias de las imáge-
nes que hoy están en el templo son de los tiempos de Don Juan González: El
Corazón de Jesús, San Luis, San Pascual Bailón, San Antonio.
En 1913 comenzó a construirse una iglesia en Llano Roque por iniciativa
del párroco González; en su espíritu de jesuíta la concibió como un centro de
peregrinaciones Eucarísticas a semejanza del cerro de Los Angeles. Iniciadas
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las obras se plantearon serias desavenencias entre Juan Quintana Quintana, lí-
der del vecindario de Arbejales, y el cura; el Obispo Marquina se colocó de
parte de Quintana, es posible que a Don Juan González le faltara la flexibili-
dad que es conveniente en las relaciones con la gente; a pesar de esta circuns-
tancia, la obra se concluyó por su tesón, las personas mayores de Teror recuerdan
unas juntas dominicales para transportar arena a Llano Roque, y al Cura ani-
mándoles.
Construyó el actual cementerio de Teror, a base de otro anterior más pobre.
Era un gran predicador, lo fue en Barcelona y en su parroquia; sus ser-
mones eran con el tiempo medido y sin adjetivos. Institucionalizó la Fiesta del
Corazón de Jesús e instituyó la procesión Eucarística de Las Espigas, un año
en Arbejales y otro en Huertas del Palmar, al alba, por los caminos del barrio.
En su perfil humano parecía hombre de carácter un tanto hosco, de actitudes
firmes sin concesiones a la galería, más reflexivo que amigo de la conversación;
parece ser que a los visitantes en busca de recomendaciones, les decía no enten-
der de esas cuestiones, que su misión era lo espiritual. Sus restos están enterra-
dos en la iglesia parroquial de Los Arbejales.
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LOS MANTOS DE LA VIRGEN DEL PINO
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Lx)s Mantos, las pinturas y grabados de la imagen, las medallas, las re-
presentaciones escultóricas de la Patrona, los libros de tema Mariano y en ge-
neral toda expresión cultural producida desde los inicios del culto a la Virgen
del Pino, dan testimonio de la importancia simbólica y devocional de la Virgen
María en la Historia de Canarias, son signos de las raices del Cristianismo en
el alma canaria. Bien se pudiera montar en Teror una exposición mariana con
todo lo que de artístico existe en la isla relacionado con la Virgen del Pino,
algo parecido a las muestras expuestas en Valladolid y Burgos con la denomi-
nación "Las Edades del Hombre", aunque limitada en la materia, que ha de
referirse solo a la Virgen.
93
En 1758 adquirido con limosnas por iniciativa del Corregidor Núñez, se
estrenó un manto de color morado que se utilizaba en las liturgias de peniten-
cias y rogativas. El llamado Manto de la Coronación Canónica es de color ver-
de esmeralda bordado en oro. El Obispo Martínez de la Plaza regaló un vestido
de tisú de plata bordado con oro y pedrería.
En las fiestas del Pino de 1868 la Virgen estrenó un temo de color blanco
confeccionado en el Hospital de San Martín por las hermanas de la Caridad,
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en tiempos de Sor Austiona Jiménez de procedencia terorense; en 1932 se pasó
a tela nueva por las monjas del monasterio del císter de Teror. Un Manto de
color crema con bordados en oro y seda es la indumentaria que habitualmente
viste la Virgen.
Un valioso Manto de terciopelo color celeste regalo del Cabildo Insular
de Gran Canaria con ocasión de las Bodas de Oro de la creación de los Cabil-
dos Insulares fue bordado por las monjas cistercienses del Convento de Breña
Alta de La Palma; su confección duró cerca de tres años, se estrenó el 6 de Sep-
tiembre de 1967 en el acto del descenso del Camarín al Trono. Para estrenar
en las fiestas del Pino de 1980 se confeccionó en los propios talleres de la Basí-
lica un traje y manto en seda natural color verde, bordado en oro y a mano.
En una de las vitrinas del Camarín de la Basílica se exhibe una casulla
para el Niño de la Virgen del Pino, es la pequeña muestra que queda del manto
y traje de Los Navios, donado por un párroco a la parroquia de Valleseco y
posteriormente vendido a un anticuario.
Sería interesante un estudio monográfico de investigación sobre este in-
teresante tema de los Mantos de la Virgen del Pino; Don Sebastián Jiménez
Sánchez publicó en "El Eco de Canarias" de 8 de Septiembre de 1968 un inte-
resante trabajo con el título "La silla de mano de las bajadas y los mantos y
trajes de la Patrona"; cita un traje y manto del siglo XVI sin precisar datos
que permitan identificarlo, también es posible que existieran en tiempos otros
mantos además de los enumerados.
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LOS RETABLOS DE LA BASÍLICA
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La Basílica del Pino es hermosa, sobre todo en su interior, un armonioso
conjunto presidido por la imagen de la Virgen, colocada en el centro del gran
medallón dorado que forma el retablo de la Capilla Mayor. Su arquitectura ha
sido estudiada por eruditos de la talla de Pedro Tarquis; es Monumento Histó-
rico Artístico de carácter nacional para preservar sus valores de reformas o in-
novaciones que pudieran perjudicarla.
El interior de la Basílica presenta tres amplias naves: la Mayor, Evangelio
y de la Epístola, a las que corresponden cinco retablos, el del Altar Mayor y
de las capillas laterales, más la pintura del altar de las ánimas. Según Alfonso
Trujillo Rodríguez ("El Retablo Barroco en Canarias") "los cinco retablos más
representativos del rococó en Gran Canaria se hallan en el templo Basílica de
la Villa de Teror", un estilo recargado propio de la época de Luis XV, modali-
dad del barroco. Se atribuyen a Jerónimo de San Guillermo, tallista Maestro
de Lujan Pérez.
El retablo mayor ocupa todo el testero de la Capilla Mayor; la parte infe-
rior tiene un espacio, detrás del altar y el sagrario, sin funcionalidad aparente
donde se suele instalar el belén navideño; a los lados dos puertas arcadas sin
batientes. El retablo se estructura con cuatro columnas, las laterales tienen la
originalidad de su incurvación o desviaje, se tuercen hacia dentro; a la derecha
y a la izquierda del Camarín de la Virgen hay dos relieves de Santa Ana y de
la Visitación; sobre las columnas serpenteantes están colocadas las imágenes
de San José y San Joaquín, talladas en Genova; como motivo ornamental, en
la parte superior un frontal representa el Pino de Teror. Los efectos del dorado
del retablo son muy bellos, por lo que sobran cualquier clase de adornos flora-
les o de otra especie que se le quieran adosar.
En las capillas laterales el barroco rococó no es tan exhuberante; las del
lado del Evangelio corresponden al del Calvario y al del Cristo atado a la Co-
lumna; se ha tenido el acierto de dejar en la hornacina del Calvario solo al Cru-
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cificado, así luce mejor la talla de Lujan Pérez. La escultura del Cristo atado
a la Columna, costeada por el sacerdote Don Domingo Navarro del Castillo,
de las mejores de Lujan Pérez, es de la misma época que el Cristo de la Sala
Capitular; ha escrito Tejera y Quesada "la cabeza del Cristo a la Columna es
la misma que duerme con augusto reposo en el Cristo Capitular, así en el corte
clásico de sus facciones, como en el sedoso anillado de la barba y cabellos".
Al retirar la imagen de la Virgen del Rosario de la Capilla de la Epístola por
Decreto del Obispo Tavira en 1793, se ordenó que en su lugar se colocase la
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imagen del Cristo a la Columna, pero lo que se hizo, contraviniendo el manda-
to del Prelado, fue colocar la del Corazón de Jesús. En estos retablos del lado
del Evangelio destacan las imágenes de los Santos Varones, obra de Alonso de
Ortega, un San Miguel donación del Canónigo de la Huerta Cigala, y un Resu-
citado de escultor desconocido.
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EL RELOJ DE LA BASÍLICA
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El Reloj de la Basílica del Pino tiene una historia que es posible conocer
a través de los legajos del Archivo Diocesano y de los libros de Actas del Ayun-
tamiento de Teror. El Archivo Diocesano nos ha permitido conocer interesan-
tes noticias de la vida parroquial de Teror en el siglo XIX.
El reloj de Teror fue una donación del Obispo Codina; existe una anota-
ción suya que dice literalmente ^'yo hice fabricar en Valencia un reloj para Te-
ror, de cuartos y de horas, y no costó allí más de cuatro mil reales, hay un escrito
del ayuntamiento de la Villa al Obispo, de fecha 29 de Marzo de 1853, solici-
tando autorización para dar comienzo a la "obra necesaria para colocar el re-
loj que V.E. tuvo la bondad de donar a esta parroquia".
Las obras para la colocación del reloj fueron costeadas por aportaciones
voluntarias de los vecinos. Consistieron en la construcción de una escalera en
la torre, un óvalo de cantería sobre el frontón de la fachada principal, y el airo-
so campanario que hoy contemplamos. Como se estimó que estas obras pudie-
ran afectar a la seguridad del templo, se recabó el dictamen de peritos; hemos
leído un informe del técnico Esteban de la Torre que "juzga que puede fácil-
mente y con la debida seguridad formarse dicho campanario en virtud de que
descansa todo él en el espesor de la pared de dicho frontis", es de fecha 7 de
Abril de 1853; los trabajos se iniciaron inmediatamente. Se utilizaron unos des-
bronces y piedras existentes en la denominada Iglesia Chica y otra cantidad de
piedra depositada en la calle junto a la Casa de la Cal, para esto se solicitó
nuevamente autorización del Obispo. Esta piedra debió de proceder de las obras
que se realizaron en la Basílica en 1809 y 1810.
Es interesante la historia de los relojes de la parroquial del Pino. En 1687
el Doctoral Don Juan González Falcón dio para la iglesia de Teror un reloj a
cambio de una campana que se colocó en la ermita de San Isidro; el reloj se
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colocó en la Sacristía y con el tiempo se fue deteriorando. En Marzo de 1830
el mayordomo de Fábrica Don Carlos de Quintana, coadjutor de la parroquia,
solicitó del Obispo autorización para comprar un nuevo reloj. Era la época en
que existía un Coro de Capellanes en la Basílica, y el mayordomo alegaba que
el nuevo reloj era necesario para el "toque de las horas canónicas que se cantan
diariamente"; el Obispo accedió, es el reloj que existe hoy en la Sacristía.
El reloj del campanario de la Basílica ha marcado la hora de los remates
de las heredades, la quiebra de las aguas, los repiques de las doce, de las misas;
las campanadas de las horas, las medias y los cuartos, han sido la única refe
rencia de los vecinos en épocas en que la posesión de un reloj solo era asequible
a los indianos que regresaban de las Américas con dinero.
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LAS CAMPANAS
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El toque de las campanas de la iglesia durante mucho tiempo marcó el
ritmo de la vida de los pueblos, los toques de la campana eran aviso, recuerdo,
convocatoria, anunciaban las fiestas o el tránsito a la otra vida; el tañido era
un acontecimiento, un bautizo, un entierro.
El toque de las campanas de Teror, como las de todos los lugares, es me-
moria del pasado, del que solo queda un grato recuerdo; no resulta muy fácil
escuchar su sonido, son muchos los ruidos que nos aturden.
El toque de las campanas tenía su rito y su música; el monaguillo, o mo-
nigote como popularmente se les designaba, era la persona clave en tañerlas
con cierto compás; hoy los toques que subsisten se realizan por medios mecáni-
cos, antaño era el monaguillo de semana el que repicaba.
En las iglesias de Teror existen en la torre tres campanas, dos grandes y
una pequeña; el reloj de la Basílica tiene dos, una para las horas y otra para
los cuartos. En los bautizos, para avisar al sacerdote de semana se daban tres
campanadas con la grande y repicaban con las dos mayores en el tiempo en
que cristianaban en la iglesia al nacido. En los entierros se llamaba al cura de
semana con las campanas, pero se hacía con dos dobles con las grandes, duran-
te el entierro doblaban más o menos cada cinco minutos, con dos dobles, pare-
cía que las campanas hablaban, tocaban a muerto.
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co los viandantes hincaban la rodilla.
El toque de oraciones era a la prima noche, al atardecer entre dos luces,
se tocaban siete u ocho campanadas con la grande; al toque de oraciones la
gente se descubría y rezaba el Ángelus, el Ángel del Señor anunció a María;
una anécdota refleja su arraigo en el sentimiento del pueblo; un personaje po-
pular de Teror hace ochenta años, Manuel Domínguez, parrandero e ingenio-
so, corría siempre los carnavales, un Martes de Carnaval iba de juerga con el
timple, al tocar la oración recitó:
Párate y reza primero
la oración que Dios te manda,
luego sigue la parranda
pedazo de bandolero.
También se rezaba el "Ángelus" al toque de las doce del mediodía.
El Jueves y el Viernes Santo se sustituían los toques de campana por la
matraca, que era una especie de aspa formada por tablas entre las que colga-
ban unos mazos o martillos, al tirar de una soga giraba ese artefacto produ-
ciendo un fuerte ruido.
El sonido de las campanas producía una emoción religiosa; en los repi-
ques de las funciones y de Id puesta de la bandera del Pino tocaban en honor
de la Virgen, en otros toques invitaban a rezar; eran también unas campanas
amigas que nos acompañaban.
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RECUERDOS DE LA SEMANA SANTA
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Los Oficios de la Semana Santa tenían en Teror un signo reverencial y
solemne. Era una Semana completa a la que el Párroco Don Antonio Socorro
le supo imprimir un rango de gran ceremonial desde la primera a la última de
sus jornadas, cada año insertaba alguna novedad en los cultos. Las imágenes
aparecían cada tarde encuadradas en la puerta principal de la Basílica; iniciado
el desfile, recorrían las calles, las viejas calles del pueblo, cada desfile procesio-
nal tenía su historia. En la Villa la Semana Santa fue siempre recogida, auste-
ra, de una alta categoría estética con tallas de Lujan Pérez, de lo mejor del
escultor de Guía como es el Cristo atado a la columna; y de calidad artística
en los ropajes, en el adorno de los tronos, en el monumento del Jueves Santo,
en las mejores dalmáticas y capas pluviales guardadas en el Camarín y en la
Sacristía.
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La procesión del Viernes Santo. Los Santos Varones, del escultor Alonso de Ortega.
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En el Sábado Santo de la antigua liturgia, el grito alborozado del Alelu-
ya entre los repiques de gloria, se hacía a las diez de la mañana; por la tarde
los muchachos fabricaban el Judas, que paseaban por el pueblo en un burro,
enmedio de la algazara de la chiquillería.
El Domingo de Resurrección era tan fulgurante como un día de Corpus,
con la solemne misa de alba y la salida entre dos luces del Cristo Resucitado.
La Semana Mayor de Teror pasó a la historia. Los tiempos son otros, la
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secularización de la sociedad se ha llevado por delante la significación sacral
de esos días, unos días tristes penitenciales, casi siempre de mollizna terorense.
La descripción primaria de Gabriel y Galán en "La Pedrada" "cuando esta
fecha caía sobre los pobres lugares, la vida se entristecía, cerrábanse los hoga-
res" ha quedado relegada al verso.
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EL HOYO
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Deben conservarse todos los topónimos que históricamente han dado nom-
bre a los distintos lugares de la jurisdicción de Teror. En la creación de la topo-
nimia han influido la vegetación peculiar de cada zona, motivos religiosos,
personajes populares, accidentes físicos o constitución geológica, los topóni-
mos en el transcurso de los años a veces experimentan modificaciones fonéti-
cas y también en sus grafías, ya por vicios de pronunciación o por errores de
funcionarios municipales, es el caso de los Llanos de Arévalo, que hemos visto
escrito erróneamente como Llanos de Leva, este lugar por un accidente en 1911,
también se le conoce por Vuelta de Farinós.
Teror en 1952.
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El ensanche de localidades va desfigurando la toponimia y haciendo de-
saparecer nombres interesantes y emotivos, así ha desaparecido la nominación
"Camino Viejo", topónimo rico en leyendas y anécdotas; también la circuns-
tancia de la formación de núcleos habitados da lugar a nuevos topónimos, co-
mo ocurre con la llamada Vuelta de los Alambres por la circunstancia de una
parada de los coches de linea.
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del ir y venir de los isleños canarios a los territorios de América, como es el
caso del nombre "Santo Domingo", de reciente nominación, a un lugar del Hoyo
por unos emigrantes a la Repiiblica Dominicana. De todas formas los topóni-
mos deben guardar relación con el contexto geográfico e histórico, respetando
las denominaciones tradicionales.
La sabiduría popular observó que existía en una zona una especie de hon-
dura formada en la tierra, quizá como consecuencia de alguna erupción volcá-
nica en la Cuenca del barranco de Tenoya, y la denominaron "El Hoyo". Existen
otros lugares en Canarias con la misma denominación: El Hoyo, en San Nico-
lás de Tolentino; en Los Llanos, de la isla de La Palma; en un barrio de La
Laguna hay un lugar que llaman El Hoyo; a seis kilómetros de Valverde, en
El Hierro, hay una entidad con el nombre de Hoyo del barrio-Mocanal; en Ta-
fira Baja, entre Marzagán y El Sabinal, está situado el barrio de Los Hoyos.
También en la América Latina con población de inmigrantes canarios, existe
la nominación El Hoyo, como ocurre con un lugar de la provincia de Santa
Clara en la isla de Cuba, y con algunos pueblos en los estados mejicanos de
Aguas Calientes y Oxaca; ¿tendrá nuestro topónimo origen americano?, por-
que también han contribuido a formar la toponimia de las islas las aportacio-
nes americanas fruto del trasplante humano.
Es difícil precisar las fechas del poblamiento de lo que llamamos El Ho-
yo, de Teror, ¿cuándo se construyeron las primeras casas? Sabemos que hace
cincuenta años existía un número limitado de familias: Acostas, Quintanas, León,
González, Betancor, Domínguez, Sánchez, Guerra, Yánez, Ortega, Arencibias,
Herreras, Pérez, García, que vivían de la labranza, dispersos en sitios que se
llamaban La Pila, Las Cuevas, La Vuelta del Hoyo, El Sifón, La Higuera Ne-
gra, Las Caldereras, Las Cuatro Esquinas, Las Capellanías del Hoyo, Camino
Viejo, Camino del Mesón. En estos lugares vivían personas que el habla popu-
lar los designaba como Cho o Tío, porque tenían como un cierto patriarcado
o sabiduría: Cho Vicente Rita, Cho Pancho Quintana, Cho Tadeo, Cho Pan-
cho Alfonso.
105
En la nómina de los personajes populares de Teror están los hermanos
Juan y Manuel Pérez, de las Cuatro Esquinas; ya no existen personajes popula-
res, marginados de la vida social, que tan frecuentes fueron en épocas pasadas:
Silvestre, Pablina La Loca, Vicente y Antonio el Bobo. Decían que Juan y Ma-
nuel Pérez eran dos bobos, creemos que eran dos filósofos con dos estilos dis-
tintos; Juan extrovertido y gritón, Manuel estilo de sórrocloco, Juan murió de
una hartada; Manuel decía sermones por una peseta, se ponía el sombrero al
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revés, imitaba tocar el órgano y decía una retahila de frases más o menos inco-
herentes; limpiaba retretes y tenía siempre la chaqueta puesta explicando que
lo que atajaba frió atajaba calor.
Hay un "Hoyo de Arriba" y un "Hoyo de Abajo"; este en los últimos
años se ha desdibujado como consecuencia de una densidad grande de cons-
trucciones, que en algún punto no permite identificar los parajes de hace cin-
cuenta años, como ocurre en el entorno de la fábrica Eidetesa. Una industria
de pastelería que ha creado muchos puestos de trabajo; quien de verdad desee
conocer la villa terorense no puede ignorar esta industria, creada en la década
de los sesenta por la iniciativa de unos terorenses para hijos de Teror. Lo que
va de ayer a hoy, empresas como Eidetesa le han dado al pueblo una nueva
dimensión al poder codearse con cualquier núcleo industrial. En el edificio de
la fábrica existe un Restaurante donde se puede comer un potaje o un caldo
de cilantro, porque el viajero de la ciudad no debe tomar este barrio como tie-
rra de paso. Una de las cosas que los tiempos se han llevado es el potaje barato,
era el termómetro de las calorías alimenticias de las casas. Es un plato suculen-
to de la gastronomía canaria; el de verduras lleva carne de cochino, calabaza,
pina, col, calabaza, batata, ñame, cebolla, colinos, ajos y judías; el de jarama-
gos por los meses de Enero y Febrero, es una variedad excélente, sobre todo
con buena carne de cochino.
106
El barrio del Hoyo tiene unos puntos que lo delimitan: El Roque, un lin-
do caserío, parece que la piqueta al dar paso a la carretera lo dejó colgado casi
en el aire; la mal llamada Vuelta Peña, el topónimo original es Huerta de Peña;
el barranquillo del Castaño, que se denominó en tiempos pasados "El barran-
quillo del Tío Naranjo"; y el "Hoyo de Arriba" en el entorno de la Fuente
del Borbollón.
Existían en El Hoyo fuentes: la citada fuente adulada del Borbollón con
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su charca; naciente y estanque adulado de la .Huerta; el Caño de Cha Rita.
El Hoyo debió de ser un barrio silencioso y como dormido con anteriori-
dad a la apertura de la carretera Las Palmas-Teror a finales del siglo pasado.
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BASAYETA
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¿De dónde procede el topónimo Basayeta?; no está referido a la vegeta-
ción peculiar de la zona, ni a un accidente geográfico, ni a un personaje popu-
lar, ni tampoco a motivos religiosos o políticos, ni a aplicaciones de la labranza;
no es nombre aborigen por lo que deducimos de las relaciones de voces cana-
rias y guanches recogidas por los estudiosos de esta materia; no es una nomi-
nación que guarde relación con las motivaciones que generalmente han influido
en la creación de la toponimia. En algún caso han influido en el origen de los
topónimos elementos peninsulares o de otros territorios que atibaron a las is-
las en la época de la conquista o en el poblamiento y que trajeron a nuestra
tierra nominaciones de sus lugares de origen. En este sentido la palabra Basa-
yeta es semejante a la éuscara Basaqueta que en vascuence significa pequeño
valle. Es posible que de la presencia de los Villanueva en Teror quede este voca-
blo ya que eran una familia de procedencia vasca con extensas propiedades en
el término en tiempos de su poblamiento; sabido es que les fueron dadas pro-
piedades en el pueblo, lo que hoy es el casco urbano de Teror está en gran parte
asentado en tierras que fueron de los Pérez de Villanueva. Es una hipótesis so-
bre el origen del topónimo, no encontramos otra.
Las familias que vivían en Basayeta podían contarse con los dedos de las
manos: Cho Cirilo y la hermana Bastiana, como popularmente se les conocía;
Antonio y Manuel Domínguez, personas conocidas en el pueblo por trabajar
en los comercios de los Hernández y de Don Manuel Acosta; José Santana y
la madre Mana Frasca; Maestro Hilario y Mana Juana. Maestro Hilario, Hila-
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rio González, fue un personaje popular en el pueblo, un retaco de estatura. Con-
serje del Casino un día desapareció y reapareció por 1934 después de una larga
estancia en Cuba.
Por 1930 se instaló en lo que podríamos llamar Basayeta de Abajo, An-
toñito Ramírez, un personaje popular por hacer churros en las fiestas, también
era turronero; se le metió en el cuerpo el demonio de la política hasta que se
curó con los años; su suegro, Maximino Santana Rivero, era otro personaje po-
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pular, vivía a caballo entre lo que llamaban El Barranquillo y Basayeta. Tenía
un respetable macho cabrío que cubría a las cabras de medio pueblo; pasó a
la historia local el suceso de cuando el conocido personaje Don José de Medi-
na llevó a su ninfa a que le apeara el galán de Maximino a las doce de la noche;
se enredó Don José con la cabra, el galán, las cañas y las piedras, de lo que
resultaron unas magulladuras, decía que había tropezado en una piedra rom-
boidal y pretendía que dieran parte a las autoridades competentes.
Basayeta era como un caserío escondido, hoy no lo es, pero también es
nuestro pueblo.
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EL RINCÓN
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Un rincón, lugar apartado, como escondido, de un caserío principal, es
lo que parece significar el topónimo El Rincón. En Canarias existen varios lu-
gares con esta denominación: El Rincón de Tejeda, El Rincón de Tentenigua-
da. El Rincón de Las Palmas de Gran Canaria; Rincón del Palo, una ensenada
en la costa de Lanzarote; unos caseríos en La Laguna de Tenerife y en La Oro-
tava. En la Península existen topónimos con el nombre de Rinconada, Rincon-
cillo y Rincones.
110
za, pero este pago fue creciendo por su cuenta y riesgo. César Manrique consi-
guió que las nuevas construcciones de Lanzarote se hicieran en el estilo tradi-
cional aceptado por los isleños, que es lo que ha debido hacerse en esta isla;
porque casi se ha borrado la fisonomía del caserío terorense, se puede escribir
de un Rincón en el recuerdo y otro en el presente, un sector del barrio es un
área de concentración urbana y hay un núcleo residencial de chalés que en na-
da se parece a lo que fue el caserío; el crecimiento no ha sido armonioso, un
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fenómeno que se ha producido en muchos sectores de las medianías de la isla.
El Rincón, un lugar en que tenían su residencia y vida habitual unos labrado-
res, se ha extendido y se han afincado en nuevas construcciones personas de
la Capital o eje otros lugares, como segunda residencia.
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Feria de ganados de la Fiesta del Pino de 1909 en el cercado de Acosla.
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dos familias y trescientos dieciocho vecinos; la regresión cuantitativa se explica
por aparecer en el censo las entidades Barrio del Pino y Basayeta segregadas
del Rincón. El topónimo Barrio del Pino apareció con la apertura de la carre-
tera Teror-Arucas hacia 1920, con anterioridad, en lo que hoy es el populoso
barrio solo existía un número limitado de casas: las de Maximino y Ascanio,
en El Barranquillo; la de Francisco León Mateo, hoy llamada de Luisita la del
Puente; las de Jorgito; la de los Montesdeoca; la casa vieja de los Navarros,
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en el Castañero Gordo; la de Marrero el panadero; la de Quintana; y la casa
de la salamera, en San Matías.
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sacerdote, coadjutor de la parroquia, un cura refunfuchón, bromista a veces,
campechano, fallecido en los últimos días de 1929. Chanito León vivía en el
camino de La Vecindad en una casa colindante con la de Don Antonio Guerra,
que también ocupó en el veraneo Don Agustín Graciani. Chanito León era un
personaje popular, lo que llamaban un coñón, cobrador durante muchos años
en los coches de horas de Melián y Compañía; en el entierro de la Sardina de
los Carnavales hacía de Cura.
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La Vecindad es como una isla dentro del barrio; en el callejón vivió Ra-
fael Navarro, la familia hacía bizcochos, a las mujeres de la casa las llamaban
las bizcocheras; otro de los vecinos Antonio Valencia, tenía mulos que llevaban
las cargas de los comercios de Teror a la clientela de los pueblos de la cumbre.
Otro sectorÜel barrio del Rincón es la Casa Honda, o más propiamente
la Casa Jonda, llamada así por una edificación que sirvió de depósito de mate-
riales para la construcción de la Basílica del Pino de 1760 a 1767; la casa Hon-
da sirvió como Cuartel de la Guardia Civil. Hoy el lugar tiene la nominación
de calle de San Cayetano por una residencia y capilla que en la década de los
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ta. Mana Pancha, Panchito Mateo el herrero.
Hoy el barrio del Pino se ha desarrollado podríamos decir vertiginosa-
mente; según el censo municipal actual, desde el llamado Puente del Pino has-
ta San Matías viven mil cien vecinos. El Rincón no tiene singularidad, está
englobado en una misma Sección con Las Rosadas y Los Llanos con un total
de mil novecientos sesenta vecinos, de los que más de novecientos viven en lo
que es propiamente El Rincón. Estos datos estadísticos dan una idea de como
se ha desdibujado el antiguo caserío. Es de resaltar que mucho ha influido en
este desarrollo la apertura de una vía de enlace entre las carreteras de Teror-
Arucas y Teror-Valleseco. Se ha producido un cambio en la mentalidad de las
personas, de la forma de entender la vida los que cultivaban la tierra; eran per-
sonas un tanto primarias, socarronas; esta mentalidad desaparecerá con los ma-
yores que aun perviven, puesto que las nuevas generaciones hechas a la televisión,
la radio y el automóvil, derivan por otros derroteros que nada tienen que ver
con el mundo de la labranza.
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EL PEDREGAL Y LAS PEÑAS
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La toponimia de cada pueblo es muy diversa y a veces plantea problemas
de difícil explicación. ¿Por qué la denominación El Pedregal del caserío tero-
rense?; Pedregal quiere decir sitio o terreno cubierto de piedras; por esta cir-
cunstancia, un pedregal casi no tiene vegetación, suele ser un lugar seco sin agua;
en las Canarias además del topónimo de Teror, solo existe en Icod de Tenerife
un caserío con igual nombre.
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.Iregal.
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Dentro del caserío hay diversos topónimos: La Umbría, La Era Blanca,
Las Rajas, El Llano, El Tabacal; en algunas escrituras hemos leído otros nom-
bres: El Pedazo Angosto, El Peralillo. pero estas nominaciones no son conoci-
das, han desaparecido con el tiempo.
El barranquillo del Pedregal es un afluente del Barranco de Teror, tam-
bién llamado "Del Fonduco" o "Del Caldero". En 1934 una Sociedad deno-
minada Hidráulica de Teror realizó en este lugar unos trabajos de alumbramiento
de aguas que dieron lugar a manifestaciones de protesta del vecindario, un gru-
po de mujeres se introdujo en la torre de la Basílica tocando a rebato las cam-
panas; estos hechos tuvieron cierta resonancia en la prensa de Las Palmas
("Diario de Las Palmas" de 6 de Agosto de 1934, "El Hoy" de 29 de Septiem-
bre de 1934).
116
vecino El Pedregal, es como una cañada al pié de La Hoya Alta y sobre el Ba-
rranco de Teror. No conocemos ningún topónimo con la misma denominación
en Canarias; si existen varios caseríos con igual nombre en América Latina y
alguno en la Península, Peñas Arriba es el título de la célebre novela de Pereda.
Existe el topónimo Peñón o Peñones en Arucas, Moya y Mogán.
En el barrio hay a su vez varios topónimos: El Lomito, que a distancia
parece que tiene las casas escalonadas; El Culatón; Los Hediondos, por la planta
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de este nombre; El Risco de los perros, que no es tal risco.
Era un caserío con varios nacientes, hoy casi secos, del heredamiento de
Las Peñas y Tuneras, formado con el caudal que se desviaba de la acequia de
la heredad de Los Llanos por un orificio llamado El Dado calculado en una
treceava parte de la gruesa de Los Llanos, y El Chorro de María Manuela. Existía
también en Las Peñas el heredamiento del manantial y estanque de La Huerta,
hoy extinguido. Por el Norte del caserío pasa la acequia de la Heredad de Las
Rajas, que terminaba en la llamada finca de las Ortegas; el principal manantial
del heredamiento era "El Chorro de Cho Miguel".
Barrios de El Pedregal y Las Peñas en verdad bonitos, con algunas cons-
trucciones inadecuadas.
LA CULATA
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Un lugar objeto de controversia en los tiempos de la separación de Valle-
seco en el siglo pasado. El Ayuntamiento de Teror no se opuso a que se consti-
tuyera en Municipio independiente, pero surgieron los problemas en la cuestión
de los linderos. Encargaron al Presbítero Don Vicente Pérez Marrero un pro-
yecto de deslinde, que formara un "paño de pintura" como denominaron a
algo parecido a un plano topográfico, y según los ediles terorenses se excedió
en sus atribuciones incluyendo los pagos de Madrelagua y La Culata en el nue-
vo término municipal, en la sesión del 14 de Septiembre de 1843 manifestó el
Alcalde que Pérez Marrero solo había tenido en cuenta su comodidad y la de
los compañeros eclesiásticos, de no tener que andar por malos caminos cuan-
do tenían que administrar los Sacramentos. La solución definitiva fue que Ma-
drelagua quedara como barrio de Valleseco y La Culata por Teror, la raya está
en El Lomito del Salto.
La Culata hoy es un lugar donde solo viven dos personas, dos solterones,
en unas casas semiruinosas; en épocas pasadas vivieron tres familias, al cabeza
de una de ellas le llamaban el turronero; el vecino Madrelagua siempre fue un
caserío muy poblado.
A La Culata se puede ir por tres distintos caminos: el casco de Teror, El
Álamo, El Quebradero, subida por El Beor hasta Los Corrales, Risco Negro,
Degollada de los Picachos. Otro es ir del casco de Teror a Las Rosadas, Quie-
bramonte y subida a La Culata. El tercero es salir de Valleseco con dirección
a Madrelagua por El Lomo y bajar por el Norte hasta El Lomito del Salto.
Esta opción es muy interesante; el itinerario es el Barranco de Charquitos o
Charquillos, el de Risco Gordo, Madrelagua, un lindo grupo de casas que lla-
man Los Llanos, Los Naranjeros, y las degolladas de las montañas Jacinto, Mo-
reno y de La Pedrera; este camino pasa por una de las grandes barrancadas
de la isla, con paredes cortadas casi a pico, es el Barranco de Tenoya que recibe
distintos nombres: Madrelagua, Las Rosadas, Teror, Miraflores, Tinocas.
118
Situados en La Culata, la excursión puede completarse caminando por
una senda hacia el Sur hasta la degollada de la Montaña Valerio, subir hasta
la cima y por el Naciente bajar por el camino de La Majadilla hasta la carretera
Teror-San Mateo; La Majadilla es una cañada en el barrio de Los Arbejales,
atravesada por el barranco de los Guindos que en tiempos se denominó Ba-
rranco de Juan de Troya. El topónimo de la montaña es por el nombre de una
persona que vivió en la degollada del Naciente cuidando ovejas y vacas; se casó
tres veces y según algunos las mujeres morían porque Valerio tenía maleficio;
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lo cierto es que era hombre de ingenio, desde Madrelagua lo oían cantando y
al comprar recitaba la retahila:
Una vieja vale un duro
una mocita tres cuartos,
y yo como pobrecito
me voy a lo más barato.
El camino de La Majadilla es muy viejo, citado en las Ordenanzas del
Consejo de Gran Canaria de 1531: "a dar a las tierras del Espartero a dar a
la Caldera a dar al Laureal y a las tierras de Porras que son en Terore y por
encima de las dichas tierras a dar al parral de Juan de Troya e al Barranco del
agua a dar a la huerta de Nuestra Señora"; es un camino que ha conservado
su identidad en quinientos años o más puesto que debió de ser un camino abo-
rigen, que de la Caldera de Pino Santo pasa por El Espartero, El Faro o Laure-
lar, Los Arbejales, sube por La Majadilla hasta Madrelagua y baja por Las
Rosadas a Teror.
Todos estos lugares, poco transitados, merecen ser conocidos.
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PINAR DE OJEDA
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Es un caserío de Teror en la Cuenca de San Lorenzo que parece como
perdido, escondido. No es un Pinar, solo existe un pino que no es centenario;
la zona no es apropiada para arraigar el pino canario, que donde vive bien es
en un ambiente de altura, de suelos pedregosos e inclinados, es un árbol cum-
brero que se alza en los andenes y en los tajos de los barrancos; lo que si debió
de existir entre Tamaraceite y La Caldera de Pino Santo mucha arboleda de
laureles y acebnches, como resulta de la toponimia: El Acebuchal, El Laurelar.
Puede que en alguna época existieran diez o doce pinos en un terreno propie
dad de alguien que se asentó en este lugar, de apellido Ojeda. Ninguna seme
janza tiene el Pinar de Ojeda terorense con el cumbrero de la zona de Pajonales
e Inagua; aunque Fray Diego Henríquez escribiera por 1714 "no se queden en
silencio otros cuatro bosques que tomando cada uno el nombre de sus árboles
se nombraron El Laurelar, El Granadillar, El Acebuchal, y el Pinar de Ojeda,
a distinción de otro que es de pinos de tea porque este era de pino albar o pina
bete", es dudoso que el fraile franciscano visitara el lugar, pero es interesante
la distinción que hizo de las dos clases de pinos.
Es un paraje del "barranco allá" como se le designaba, juntamente con
El Espartero y El Faro o Laurelar, en los antiguos Padrones de Vecinos. Debió
de tener algún poblamiento quizá desde la segunda mitad del siglo XVII por
que en los Libros de Fábrica de la Parroquia del Pino se consignan en unos
folios de 1722 que el Mayordomo se hacía cargo de 1.669 reales y dos cuartos
por limosnas de potros y becerros del Pinar de Ojeda; eran donaciones de reses
a la Virgen del Pino, que se remataban en las fiestas. En las Sinodales del Obis
po Dávila y Cárdenas de 1734 se menciona este lugar, asignándole junto al Lau
relar, veinte vecinos; es posible que el término vecinos se refiriera a cabezas de
familia o casas, pues parece que estos lugares que englobarían lo que hoy cono
cemos por El Faro, El Espartero y El Pinar de Ojeda, debieron de tener una
población superior a los veinte habitantes.
No existe ninguna carretera comarcal al Pinar de Ojeda, está en el itine
rario de nuestros caminos viejos o reales, hoy en algunos tramos preparados,
120
más mal que bien, para la circulación de coches. Una excursión puede ser: el
casco de Teror, El Álamo, Cuesta de Falcón, El Laurelar o Faro, Las Capella-
nías, La Caldera de Pino Santo, Las Morenas y El Lomo del Cojo.
La Caldera de Pino Santo, que es una erupción volcánica ocurrida no
sabemos cuando, está en término de Teror y linda por el Sur con la raya de
Santa Brígida. En La Caldera el camino real se bifurca en dos, uno va a Pino
Santo Alto, otro al Norte baja por un lomo entre el barranquillo de Los Ro-
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quetes y el del Masapés, es el que nos lleva al Pinar de Ojeda. Llegados a este
lugar se pueden seguir dos caminos al Naciente: el de La Milagrosa, San Lo-
renzo, que en este lugar enlaza con el de Mar a Cumbre, desde La Milagrosa
otro camino que pasaba por El Llano de María Rivero llegaba hasta La Calza-
da; o el de Pino Santo a La Vega por el Lomo de La Herradura, Las Haciendas,
Pino Santo Bajo y Los Silos; este es el camino al Pino de los romeros, cuando
subían por El Lomo de la Herradura decían que iban al Pino Santo, que era
lo mismo que decir Teror, de ahí el topónimo Pino Santo.
Los barrancos de esta Cuenca no nacen en la cumbre, sus orígenes están
en las estribaciones de La Caldera, quizá porque la lava de las erupciones vol-
cánicas cegara los valles que descendían de la cumbre. El volcán debió de for-
mar toda la serie de lomos, montañas y barrancos de la cuenca; todos los
barrancos y barranquillos confluyen en un único cauce que desemboca en el
mar por el Confital.
Hoy el caserío del Pinar de Ojeda tiene unos cuarenta vecinos, que viven
en'un lugar silencioso, desconocido por muchos canarios y también por mu-
chos terorenses, sin una tienda, lejos de escuelas; sin embargo allí vive una pa-
reja de alemanes que no sabemos como encontraron este lugar. Aunque
escasamente poblado, tiene buenas tierras de labor y pastos jugosos, buenos
terrenos de papas. Para conocer bien estos lugares hay que olvidarse del auto-
móvil y caminar por sus caminos y veredas.
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LA HOYA DE SAN LÁZARO
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Una Hoya es como un corte, una depresión entre dos montañas, lo que
es el caserío de La Hoya de San Lázaro, de Teror; es un tramo del barranco
de Tenoya entre dos lomos, o más bien montañetas. En Canarias hay varios
topónimos nominados La Hoya: La Hoya en Güimar, La Hoya del Gamonal
en San Mateo, La Hoya del Pajar en Santa Lucía, La Hoya del Pedregal y La
Hoya del Bardo en Guía, La Hoya de Pineda en Gáldar, La Hoya de San Juan
en Arucas, Hoya Andrea en Las Palmas de Gran Canaria. La de Teror ¿por
qué se denomina de San Lázaro?, no es por una advocación del Santoral ni
por el judío de Betania resucitado por Jesucristo, el nombre del caserío tero-
rense tiene el mismo sentido que el del Risco de San Lázaro en Las Palmas de
Gran Canaria, que es un barrio en que vivían en cuevas unas personas afecta-
das del mal de San Lázaro. Lázaro se denominaba a la persona cubierta de lla-
gas, leproso; en la terminología de tiempos pasados, Hospital de San Lázaro
era el centro de hospitalización de leprosos, lazarino el que padecía el mal de
San Lázaro, lazaretos los lugares en que se confinaba para hacer la cuarentena
a los sospechosos de padecer ciertas enfermedades: lepra, fiebre amarilla, cóle-
ra, peste.
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A la izquierda, en un pequeño lomo, hay un par de bonitas casas, una de ellas
con un tejado a cuatro aguas, se parece a las que se ven en la isla de La Palma
y en La Madeira; en la montaña hay un Caldero —El Risco de la Gloria— por
el que en los inviernos lluviosos cae una torrantera procedente de cañadas y
barranquillos. El cauce del Barranco se desvía hacia el Poniente y en la margen
izquierda hay un lugar nominado "Los Mocanes" por una de las plantas de
la Laurisilva Canaria aunque no se conserva ningún ejemplar de la especie; el
"Mocan", el árbol canario de virtudes medicinales para los aborígenes, que
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les fortalecía con su exquisita miel. En una vaguada, en la confluencia del ba-
rranco de Los Arbejales, está una finca que en tiempos era mimada con cariño
por sus propietarios, con una arboleda de Araucarias, palmeras, álamos, pi-
nos, laureles, bonita finca; fue una Capellanía y uno de los capellanes Don Carlos
de Quintana, mayordomo de la Fábrica Parroquial por los tiempos de la cons-
trucción del puente del Molino. En el barranco hay mucha vegetación de sau-
ces, cañaverales, tártagos, mayos, azucareras, hiedras de monte, hay pinos y
almendreros amargos, heléchos, berrazas, el cauce ha perdido la exhuberancia
que tuvo en otros tiempos, ya no hay berros ni violetas salvajes, ni casi ñame-
ras, quizá sea porque los inviernos son más flojos.
123
haciendo descargas hasta la puerta de la iglesia, por medio de una calle enra-
mada y arcos, que principiaba en el segundo humilladero que está más arriba
arrimado a la huerta del Presbítero Don Domingo Navarro"; los humilladeros
eran lugares en las afueras de los pueblos junto a los caminos, con una cruz,
no existe la antigua cruz, sustituida por una más sencilla sin pedestal. El segun-
do humilladero a que se refiere Romero y Ceballos, corresponde a lo que hoy
se conoce por cercado de Don José de Medina.
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El lindero Sur de La Hoya de San Lázaro es una especie de plazoleta donde
se estacionaban los carros de los aguadores de antaño; y la tienda de Juanito,
de tantos recuerdos, donde se comían los chochos o se tomaba el pisco de ron,
con su jardín y la terraza parecía un parador; Juanito dejó este mundo, la tien-
da existe, pero son otros los tiempos.
En las laderas de La Hoya de San Lázaro hay unas cuevas, es posible que
en ellas existiera algún habitat aborigen, tienen patios de flores en cacharros
y macetas y unos caminillos a la carretera.
Cruza el caserío una acequia, de la Heredad de San Lázaro, un hereda-
miento que también se denominó "Del Molino de Enmedio"; la acequia tenía
lavaderos donde las mujeres enjabonaban las ropas y las lavaban para después
tenderlas sobre las pitas, en las liñas y en los matos, todo un tenderete de ropas
en torno a la acequia, una estampa que ha desaparecido.
La Hoya de San Lázaro es un bonito paraje que conserva el encanto de
su vegetación.
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SAN MATÍAS
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• Al pié del Pico de Ossorios se extiende la meseta de San Matías, a poco
más de un kilómetro del casco terorense. Antes de la apertura de la carretera
Teror-Arucas, hace poco más de setenta años, solo existía en lo que hoy es un
caserío una casa muy rudimentaria situada en el lugar donde está ubicado el
Convento de las Dominicas, la casa de la Salamera, una mujer santiguadora.
La meseta de San Matías tiene al Norte y al Sur dos miradores: El Lomo
de Don Diego y La Montañeta, en este punto se cargaron muchas yuntas para
la construcción de la Basílica del Pino. Hacia el Sur se construyó el Monasterio
de las Religiosas Dominicas de la Sagrada Familia inaugurado en Octubre de
1925, proyectado y dirigido por Don Laureano de Armas, fue sede generalicia
de la Congregación, el complejo arquitectónico está construido con riqueza de
materiales y con cantería gris del país, es un conjunto monumental de una gran
belleza, parece una Abadía románica. San Matías fue el cementerio del pueblo
de 1812 a 1816, al prohibirse los enterramientos en las iglesias.
Existió una ermita en el lugar de San Matías con un origen muy antiguo,
ignoramos la fecha de su construcción; se veneraba en ella una talla del Após-
125
tol de su denominación; en 1752 estaba ruinosa, por lo que fue trasladada a
la parroquia del Pino la imagen del titular; desde que fue demolida la primera
iglesia de Teror hasta la inauguración del nuevo templo, fue venerada la imagen
de la Virgen en la ermita de San Matías (José García Ortega: "Nuestra Señora
del Pino"). Hasta la época de la construcción del actual convento de las Domi-
nicas, se podían observar parte de los cimientos de la antiquísima ermita.
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Pino de la Aparición; en la época inmediata a la conquista existía un poblado
canario en el lugar de Guanchía y sus alrededores, bastante cristianizado; es
posible que se edificara la iglesia de San Matías para atender a las necesidades
espirituales de la incipiente población, quizá por el año de 1490. Pudo ser que
lo primeramente poblado de Teror, después de Guanchía, fuera el entorno de
la ermita de San Matías, esta hipótesis se fundamenta en la aseveración de Ma-
rín y Cubas, en la proximidad al primer poblamiento de Guanchía y en el estu-
dio de alguna edificación que existió en la zona, la llamada casa de la Salamera
tenía características constructivas que bien pudieran ser de finales del siglo XV.
En este supuesto, la primera Ermita de la Virgen edificada con estilo construc-
tivo peninsular y que subsistió hasta 1600, es posterior a la ermita de San Matías.
¿Por qué ese culto antiquísimo en Teror al Apóstol San Matías? Su ima-
gen existe actualmente en el retablo lateral de la epístola, de la Basílica; es del
escultor Cristóbal Ossorio, Maestro de la primera mitad del siglo XVII, esta
es la opinión de Alonso Trujillo Rodríguez ("El Retablo Barroco en Canarias").
Tuvo que existir otra escultura anterior, desaparecida.
Es posible que San Matías fuera el patrono del poblado canario cristia-
nizado del lugar de Guanchía y alrededores, con la sede parroquial en la ermita
regida en tiempo indeterminado por el Cura Tristán. Una de las características
de la religiosidad popular de los siglos XV y XVI es la devoción a los santos,
el santo es ante todo un patrono; es decir, señor de un poblado y protector de
sus habitantes; cada uno de los santos tenía sobre las necesidades humanas el
patrocinio que le había asignado la devoción popular por los más diversos
motivos.
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LOS ESCARAMUJOS Y LA CUESTA FALCON
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Al Naciente del Valle de Teror hay una montaña alargada, de Sur a Norte
desde la Cuesta Falcón al Peñón Chiquito, un buen mirador del caserío tero-
rense. Comprende varios topónimos alusivos a su configuración u otras circuns-
tancias: El Peñón Chiquito, El Lomo del Boticario, por la particularidad de
propiedades que pertenecieron al farmacéutico Don Pedro Rivero; Los Escara-
mujos; El Lomo o Lomo de la Cruz; y la Cuesta Falcón.
La vegetación originó el topónimo Los Escaramujos. El Escaramujo es
un rosal salvaje, un arbusto ramoso cubierto de espinas que se cría naturalmente
en algunas breñas y matorrales de nuestras islas, con hojas semejantes a los
rosales cultivados y flores como rosas sencillas. Este tipo de arbusto debió de
existir en otras épocas en este paraje terorense, hoy ha desaparecido, no sabe-
mos porqué; algunas causas climatológicas o de otra índole han debido moti-
var su extinción.
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La Cuesta Falcón tiene reminiscencias históricas, de linajes. Posiblemen-
te el origen del topónimo está en los primeros tiempos del poblamiento de Te-
ror. La opinión del genealogista Fernández de Bethencourt ("Nobiliario de
Canarias") es que en este lugar vivió una Catalina Falcón, del linaje del pobla-
dor extremeño Diego Falcón; sus descendientes siguiendo el uso de la época
adoptaron el apellido de la madre. Los descendientes de estos Falcón enlazaron
con la rama del normando Juan de Bethencourt, con la familia Llarena, con
las de León, Massieu, Castillo Olivares, Matos. El ilustre Don Leopoldo Matos
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Massieu, Ministro de la Corona, tenía sangre de los que allá por las brumas
del siglo XVI vivieron en La Cuesta Falcón.
Hoy la Cuesta Falcón es un camino empinado hasta el Faro, en tiempos
recientes el Ayuntamiento ha abierto una pista con varias curvas, que hacen
la subida más cómoda para el caminante; y hay unas cruces, dos, desconoce-
mos el origen.
Estos lugares son muy pintorescos; en la Cuesta Falcón existen dispersas
unas viviendas con las características de nuestra Arquitectura Rural. En los Es-
caramujos solo hay cuevas y una vegetación de matorral, en la primavera so-
bresalen las bonitas flores color violeta de Los Mayos.
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ÍNDICE
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La Villa 9
Primeros tiempos 12
Los tiempos nuevos 15
Un alcalde 18
Urbanismo 21
Teror en 1905 24
Las tiendas 28
Las comedias 34
Los bailes 37
Los coches 40
Visitantes 44
Las verbenas 47
Brujerías, curanderas, santiguadoras 50
Militares 53
Un cronista 56
Poetas terorense» 58
Un homenaje 63
Recuerdos escolares 66
El colegio de las Jiménez 69
Hotel El Pino 71
El Hotel Royal 75
129
La Casa Huerta 78
La Fiesta del Agua 80
La Fiesta de San José 83
La Parroquia 86
El Cura Rodríguez de Quintana 89
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El Cura Don Juan González 91
El Hoyo 104
Basayeta 108
El Rincón 110
El Pedregal y Las Peñas 115
La Culata 118
Pinar de Ojeda 120
La Hoya de San Lázaro 122
San Matías 125
Los Escaramujos y la Cuesta Falcón 127
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© Del documento, los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2010
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Vicente Hernández Jiménez nació en Teror el 29 de Julio de 1922; es Abogado,
Técnico de la Administración Civil del Estado jubilado, ha sido Delegado Ad
ministrativo Provincial de Educación y Ciencia, Secretario de la Junta Provin
cial de Construcciones Escolares, de la Delegación Provincial del Ministerio de
Educación y Ciencia, y Delegado Provincial de la Mutualidad de Funcionarios
Civiles del Estado.
Es autor de los libros "La Villa de Teror" y "Apuntes Terorenses". Ha i
blicado en El Anuario de Estudios Atlánticos un trabajo de investigación sol
el tema "Las Aguas del Barranco de Tenoya". Ha obtenido el premio litera
"González Díaz" convocado por el Ayuntamiento de Teror.
Ha publicado diversos artículos sobre temas terorenses en la Prensa de
Provincia.