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Canarias

El documento 'Teror: Historias, Semblanzas, Apuntes' de Vicente Hernández Jiménez explora la historia y la cultura de la Villa de Teror, destacando su importancia religiosa y social desde el siglo XVI. A través de relatos y reflexiones, el autor rememora la vida campesina y las tradiciones de sus habitantes, así como la devoción a la Virgen del Pino. El texto también resalta la labor del autor en la recopilación de historias y costumbres, ofreciendo una visión nostálgica y profunda de la identidad terorense.

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El documento 'Teror: Historias, Semblanzas, Apuntes' de Vicente Hernández Jiménez explora la historia y la cultura de la Villa de Teror, destacando su importancia religiosa y social desde el siglo XVI. A través de relatos y reflexiones, el autor rememora la vida campesina y las tradiciones de sus habitantes, así como la devoción a la Virgen del Pino. El texto también resalta la labor del autor en la recopilación de historias y costumbres, ofreciendo una visión nostálgica y profunda de la identidad terorense.

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TEROR:

HISTORIAS, SEMBLANZAS, APUNTES.

VICENTE HERNÁNDEZ JIMÉNEZ


Alzóla
FONDO
José Miguel
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Alzóla
FONDO.
José Migue'
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TEROR:
HISTORIAS, SEMBLANZAS, APUNTES.

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Prólogo de:
Rafael Caballero Herrera
Profesor Titular de la Universidad
Central de Barcelona

ÍPerefrina, 1$

VICENTE HERNÁNDEZ JIMÉNEZ


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IMPRENTA PÉREZ CALDOS, S.L.


Profesor Lozano, 25 - El Cebadal
35008 Las Palmas de Cran Canaria

Dep. Legal: G.C. L323 - 1991


La Basílica de Muestra Señora del Pino.
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Prólogo

Nuestro amigo Vicente Hernández, nos otorga el privilegio de prologar


su libro de apuntes terorenses.
Honor, lleno de emoción por lo que significa para nosotros la Villa, lugar
donde percibimos la luz por vez primera, nos criamos, crecimos, dicurrieron
los momentos de la adolescencia, felices o tristes de nuestra existencia. Felices
porque fue donde se pasó la época de vida importante aprendiendo normas
de conducta, enseñanzas, de nuestros maestros, y padres, donde se nos inculcó
el saber respetar, dar y recibir amor de, o, a ¡os seres con los que convivíamos,
entroncándonos con la tierra en que nacimos.
Tristes, por la cronología, nos tocó despedir, para siempre familiares,
amigos, entrañables del alma, no destinados al olvido.
Rememorar, revivir, dar a conocer hechos y costumbres del pasado
ocasionados por los hombres del lugar, verdaderos protagonistas, constituye
uno de los motivos óptimos, fundamentales que al autor le anima la ardua faena
de escribir sobre la vida campesina del habitat que le circunda.
Página a página, cuadro a cuadro, se nos antoja encontranos ante un
enmarcado paisaje, a veces se torna decorado, para terminar un lienzo completo,
palpitante, pleno de imágenes en movimiento, otrora fijas como las fotos que
lo ilustran, recordando pasados de personajes vivientes, actualmente
desaparecidos por ¡a ley inexorable de lo finito... sabemos que las hojas caen,
al agua baja por el cauce, el reloj no se para en el tiempo... y todo va
cambiando...
El autor busca, escarba, investiga, piensa, reflexiona, trabaja sin cesar
husmeando archivos, legajos, desempolvando viejos periódicos en la
hemerotecas, escudriñando el pasado, tomando notas inconexas, buscando
fuentes del saber, enumerándolas, dándole sentido, sintaxis, redacción amena.
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Prólogo

Nuestro amigo Vicente Hernández, nos otorga el privilegio de prologar


su libro de apuntes terorenses.
Honor, lleno de emoción por lo que significa para nosotros la Villa, lugar
donde percibimos la luz por vez primera, nos criamos, crecimos, dicurrieron
los momentos de la adolescencia, felices o tristes de nuestra existencia. Felices
porque fue donde se pasó la época de vida importante aprendiendo normas
de conducta, enseñanzas, de nuestros maestros, y padres, donde se nos inculcó
el saber respetar, dar y recibir amor de, o, a los seres con los que convivíamos,
entroncándonos con la tierra en que nacimos.
Tristes, por la cronología, nos tocó despedir, para siempre familiares,
amigos, entrañables del alma, no destinados al olvido.
Rememorar, revivir, dar a conocer hechos y costumbres del pasado
ocasionados por los hombres del lugar, verdaderos protagonistas, constituye
uno de los motivos óptimos, fundamentales que al autor le anima la ardua faena
de escribir sobre la vida campesina del habitat que le circunda.
Página a página, cuadro a cuadro, se nos antoja encontranos ante un
enmarcado paisaje, a veces se torna decorado, para terminar un lienzo completo,
palpitante, pleno de imágenes en movimiento, otrora fijas como las fotos que
lo ilustran, recordando pasados de personajes vivientes, actualmente
desaparecidos por la ley inexorable de lo finito... sabemos que las hojas caen,
al agua baja por el cauce, el reloj no se para en el tiempo... y todo va
cambiando...
El autor busca, escarba, investiga, piensa, reflexiona, trabaja sin cesar
husmeando archivos, legajos, desempolvando viejos periódicos en la
hemerotecas, escudriñando el pasado, tomando notas inconexas, buscando
fuentes del saber, enumerándolas, dándole sentido, sintaxis, redacción amena.
correcta, iluminado por la blanca luz de sus neuronas aún no marchitas, para
obsequiar fácil entendimiento al lector, ofreciéndonos retazos cortos, claros,
diáfanos, sutiles de añejas nostalgias, de nuestras tradiciones, de recuerdos
agolpados, acumulados, que surgen en la madurez del ser humano.
Decir que Hernández Jiménez es un escritor vocacional, idealista, culto,
honesto, costumbrista, gran personalidad intelectual, inmensa dimensión
humanística, tolerante, escrutador de nuestra historia, no es difícil adivinar,

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quienes le conocemos sabemos donde llegan sus anhelos, amores, pasiones por
lo canario, concretado en este libro a nuestro pueblo natal.
Conocerlo tramo a tramo, por patear durante años, nuestra sinuosa,
quebrada orografía, remontando cuestas, chorreando sudor, pictórico de juvenil
entusiasmo, buscando aldeanos por la medianías, seres de piel gruesa, arrugada
por la lucha diaria con la tierra que les da el sustento, charlar, dialogar,
conocerles, es su objetivo, atisbando sus grandezas, abundancias, carencias,
miserias, que nos la refleja en sus escritos, vivencias, de los paisanos del lugar,
en fechas pretéritas que les son famiUares por repetidas desde la niñez.
"Magua" que se nos acentúa cuando habitamos en tierras lejanas a ¡a
nuestra añorada, un tanto pesaroza del ayer, porque, ya no nos paramos en
la orilla de un atajo intercambiando un saludo, frases un tanto triviales pero
llenas de comunicación, de comunión, echamos de menos el silencio dormido
de un zaguán de vecinos, no escuchamos las campanas de nuestra hermosa torre
amarilla, ni el ruido seco de las fichas de dominó del cafetín cercano, o el griterío
de los chiquillos jugando alrededor de la iglesia, fuente de nuestra fe cristiana,
y amor a nuestra madre del Pino.
Este libro llegado a nuestras manos por benignidad del autor es un canto,
un manjar, que hemos escuchado y degustado con sosiego en íntimo descanso
cuasi monacal, soñando bajo las ramas de un pino canariense, croar de una
rana, rasgueo de un timple, en lontananza el imperceptible murmullo de una
isa parrandera, en las faldas del monte Ossorio, acostado en un mullido colchón
relleno con hojas de castaño...
Vicente nuestra gratitud por tu esfuerzo, continúa por el camino
emprendido, abriéndonos nuevas páginas, difundiendo, enriqueciendo,
enseñándonos nuestro pasado inmediato, que futuras generaciones aprendan
con tus historias, semblanzas y apuntes, nuestros aconteceres terorenses.

RAFAEL CABALLERO HERRERA


Barcelona, Julio 1991
LA VILLA

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Teror es una Villa desde lejanos tiempos del siglo XVI. Mariana por ser
la sede de la Patrona.
La Villa se formó alrededor de un Pino; desde que la familia Pérez de
Villanueva se estableció en Teror, hay una característica especial en su proceso
de crecimiento: la incidencia del culto a la Virgen, que en algunas épocas fue
factor determinante de residencia e incluso de desarrollo económico, un centro
de confluencia de muchos caminos. A pesar de lo inseguro y movedizo de su
suelo, siempre ha persistido la voluntad y el tesón de mantener a la Virgen en
el entorno del Pino de la Aparición. Acertadamente ha escrito el Doctor Ru-
meu de Armas, "que el Santuario del Pino se mantiene en pie, desafiando el
dictamen de los peritos, por la fe y el entusiasmo con que los moradores de
Teror lo han sabido defender en cualquier circunstancia de peligro; declarado
oficialmente en estado ruinoso a los veinte años de su edificación, es dable con-
templar esas ruinas bicentenarias, enhiestas y altivas, como si hubieran sido ci-
mentadas ayer".

La Villa es testigo a lo largo de los doce meses del año de la devoción


y fe popular a la Patrona y que culmina en las fiestas de Septiembre. Ha sido
Néstor Álamo quien mejor supo captar la idiosincracia de esta Fiesta Mayor
de la isla cuando escribió una de las descripciones más líricas que se han hecho
de la romería del Pino:

Esta es la parranda que va pa la fiesta,


en la vida he visto parranda como esta.
Esta es la parranda que va pa Teror,
en la vida he visto parranda mejor.
¡Ay Teror, Teror, Teror,
ay Teror que lindo estás!
Qué bonita está la Virgen,
en lo alto de su altar!...
10
La esbelta (orre amarilla de la Basílica.
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Pero Teror es algo más que la visita apresurada a la Basílica y las Fiestas
del Pino. La Villa está también en los barrios del Lomo del Gallego hasta el
Pinar de Ojeda; en las ermitas de San Isidro y de la Virgen de las Nieves en
Huertas del Palmar; en los dos monasterios de Santo Domingo y San Bernar-
do; en la recoleta y romántica Plaza de Teresa de Bolívar; en la laboriosidad
de los vecinos; en el Rancho de Animas; en el núcleo histórico que conserva
la fisonomía de sus viejas calles.

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La Villa de Teror tiene una dilatada y limpia ejecutoria desde los lejanos
años de fines del siglo XV hasta la realidad presente de un pueblo laborioso
y acogedor, con unos valores paisajísticos quizá en parte desconocidos por los
canarios.

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PRIMEROS TIEMPOS

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La desparición de los Libros Parroquiales de Bautismos anteriores a 1605
nos ha privado de interesantes noticias de los primeros tiempos de la vida tero-
rense. ¿Enterró lOs libros y papeles de la parroquia el Cura Juan Riberos antes
de bajar a la Ciudad para luchar contra los soldados de Van Der Doetz?, cual-
quiera sabe, es posible que le achacaran culpas ajenas.
En los primeros veinte o treinta años del siglo XVI, Teror debió de ser
una localidad con un vecindario de labriegos dedicado a desmontar tierras, sem-
brar o cuidar de sus ganados, de familias de procedencia andaluza, castellana,
vasca, gallega o portuguesa, los Pérez de Villanueva, Troya, Arencibia, Her-
nández, Riberos, Rivera, Quintana, Falcón, Díaz del Río, Naranjo, del Toro.

La incipiente sociedad terorense que se fue desarrollando a lo largo del


siglo XVI tenía un Alcalde*pedáneo con el calificativo de Real, dependiente
del Concejo de Gran Canaria que los nombraba; ignoramos quién fue el pri-
mero, la desaparición de gran parte del archivo del Cabildo de la isla nos ha
privado de conocer la historia completa de los alcaldes reales de las localida-
des; sabemos que en los de la década de 1.550 era Alcalde Real de Teror Barto-
lomé de Ortega, también mayordomo de la ermita y casado con Inés Pérez, hija
del Capitán Juan Pérez de Villanueva; el cargo debió de estar muy vinculado
a los Villanueva, hombres fuertes de Teror.

Don Néstor Álamo publicó dos artículos en "El Diario de Las Palmas"
de 18 y 19 de Marzo de 1968, en los que afirma existen pruebas de que en 1558
ya se celebraba la Semana Santa en Teror. Es una evidencia que desde los pri-
meros tiempos de la existencia de algún vecindario en Teror, se celebraban en
la ermita algunos cultos de Semana Santa, se deduce del Acta de la visita del
Obispo Deza el 12 de Marzo de 1558 "ítem un tabernáculo de madera en que
ponen a Nuestra Señora en Semana Santa. ítem unos banquillos para el mo-
numento".

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Los últimos años del siglo XVI señalan la ruina de la ermita del Pino
y el traslado provisional de la imagen de la Virgen a San Matías, sin que se
puedan datar con precisión fechas. Es posible que en los últimos años del siglo
XVI escondieran la imagen de la Virgen en los parajes más altos de la isla por
temor a una invasión de los piratas; lo que si parece evidente es que en la ermita
de San Matías se instalara provisionalmente la iglesia parroquial.

Es posible que los primeros curas después de Juan de Troya, fueran frai-

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les del Clero regular, dominicos o franciscanos; a un Cura de 1579 a 1582, Fray
Lorenzo del Prado, se le cita como padre dominico. El culto a las imágenes fue
impulsado y estimulado por el clero regular, que tenía un gran prestigio entre
el pueblo sencillo; los frailes potenciaron la religiosidad popular, no fueron ajenos
a la organización de las primeras fiestas. En una visita de un representante del
Obispo a la ermita el 8 de Octubre de 1590, se dio por primera vez a Teror el
título de Villa.

El culto a la Virgen del Pino no tuvo en el siglo XVI la popularidad de


los siglos posteriores; no obstante se fue desarrollando una pujante religiosi-
dad popular. La devoción a la Virgen de Teror dio lugar desde los primeros años
del XVI a conflictos con la Inquisición por el carisma milagroso e intercesional
que el pueblo atribuyó a la imagen. Esta religiosidad popular tuvo desde sus
inicios un carácter festivo; en una sociedad en que la religión todo lo abarcaba
y explicaba, fiesta popular y religiosa representaban lo mismo y se confundían.

Parece evidente que ya antes de 1558 se realizaban procesiones en Teror


con la imagen de la Virgen. En el Acta de la visita del Obispo Deza en dicho
año se consignó que en la ermita existían "una andicas de madera en que sue-
len llevar a Nuestra Señora en procesión".

Teror en el último tercio del siglo XVI era bastante conocido en la isla.
El Cabildo Catedral acordó el 1° de julio de 1588 trasladar el Tesoro desde el
templo de Santa Ana a Teror, depositándolo en casa del vecino Diego Pérez
de Villanueva "para la seguridad por la nueva que se tiene por la venida de
moros" (Antonio Rumeu de Armas: "Piraterías y Ataques Navales contra las
islas Canarias". Tomo II, página 96). El temor a una incursión inglesa fue tan
extraordinario en Gran Canaria que los inquisidores acordaron el traslado a
Teror de todos los presos extranjeros, dejándolos al cuidado y vigilancia del
alcaide Alonso Redondo, que tuvo que improvisar una cárcel.

Los finales del siglo XVI parecen acusar la decadencia de los Villanueva,
varias de sus extensas y buenas propiedades pasaron a otras manos. Con poste-

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rioridad al siglo XVI se desarrolló el hecho de que las familias importantes de
Las Palmas poseyeran una residencia en Teror.
Termina el siglo XVI, en el XVII son otras las personas, los modos y la
vida del pueblo.

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LOS TIEMPOS NUEVOS

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A lo largo del siglo XVIII se mejoraron las condiciones de cultivo de las
tierras y los productos agrícolas adquirieron un cierto valor; en la Plaza de Te-
ror se desarrolló una feria dominical a la que concurrían gentes de todos los
lugares de la isla.
La Real Sociedad Económica de Amigos del País impulsó el mejoramiento
agrícola; una de sus primeras providencias fue la de nombrar Amigos Celado-
res de la Agricultura, con el encargo de ejecutar cuanto les comunicase una Junta
nombrada dentro de la Sociedad; la misión de estos Celadores era la de aconse-
jar, dirigir y animar a los labradores y evitar que los ganados hiciesen daño
en las sementeras; para que el nombramiento recayese en personas celosas, se
solicitó informe de los párrocos y se pidió el 11 de Marzo de 1777 al Corregidor
Montalvo que comunicase a los Alcaldes que atendiesen cualquier recomenda-
ción sobre mejoras en la labranza; para Teror se nombró a Don Juan Vargas
y a Don Tomás Marrero. En la Junta de la Real Sociedad de 19 de Enero de
1784 se acordó que con motivo de las nuevas plantaciones de viñas en diversos
lugares y pagos de la isla, Don Jacinto Falcón debería plantar castaños en su
finca de San Isidro de Teror, con destino a arquería de toneles; se le recomendó
intentar en la misma finca realizar injertos de encinos en castaños, y avellanos
en almendros.

Por la época de la construcción de la Basílica —de 1760 a 1767— se co-


menzó a distinguir el suelo rústico del urbano, "los llamados sitios para la fa-
bricación de casas" y los vecinos ya se preocuparon de la ordenación del casco
urbano de la Villa; el suelo del casco adquirió una valoración superior al de
otros lugares de la jurisdicción. La propiedad rústica en lugares fuera del nú-
cleo de la Villa tenía un valor inferior, aunque variaba según se tratara de tie-
rras labradías de riego o de secano; cinco fanegadas en Ossorios, lindantes con
la Hacienda del Mayorazgo, se vendieron en 1746 en ocho mil reales de mone-
da de plata; en 1772 unos terrenos de sequero, de dos fanegadas y tres celemi-
nes, en el pago de Las Rosadas, se valoraron en quinientos noventa y cinco reales.

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La Ilustración introdujo una cierta representatividad democrática en la
designación de los cargos de los pueblos. La Real Cédula de 14 de Enero de
1772 estableció que la elección y nombramiento de Alcaldes pedáneos en los
pueblos de Canaria, Tenerife y La Palma, se rigiese por la norma dictada para
los Diputados y Personeros el 5 de Mayo de 1766, dando aviso de la elección
a los Corregidores. El sistema de esta norma tenía una base popular muy am-
plia de elección por los vecinos en Concejo abierto. En 1812 en virtud de la

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Constitución elaborada por las Cortes de Cádiz, se constituyeron Ayuntamien-
tos según el modelo constitucional, desapareciendo el Cabildo Secular o Ayun-
tamiento de la isla; la vuelta al antiguo régimen con Fernando VII ocasionó
la desaparición de los Ayuntamientos en 1813 y la vuelta del Cabildo de la isla;
se sucedió la sublevación de Riego y restablecimiento de la Constitución, desa-
parición de nuevo en 1823 y restablecimiento permanente y definitivo de los
Ayuntamientos constitucionales en 1835. Todas estas vicisitudes se dieron en
la Villa de Teror, como en los demás pueblos de la isla.
En un estudio de los problemas que en la segunda mitad del siglo XIX
surgieron en los pueblos de las medianías, hay un hecho fundamental por sus
consecuencias en el orden económico, es el proceso desamortizador y la pro-
mulgación de las leyes desvinculadoras. La desamortización, iniciada en 1837,
siguió en Teror las lineas generales de los demás pueblos, con la especial inci-
dencia de ser sede de la Virgen del Pino y su Templo Parroquial, circunstancia
que dio lugar a la constitución de un cuantioso patrimonio eclesiástico y a la
existencia de un cierto número de Capellanías con unos bienes adscritos a la
celebración de misas u otro fin espiritual y que se incluyeron en el ámbito de
la legislación desamortizadora. Con la desamortización y consiguiente venta
de todas las fincas rústicas, urbanas y censos pertenecientes al Clero, a las co-
fradías, obras pías, santuarios y en general a las llamadas manos muertas, apa-
reció en Teror una burguesía rural y se inició un movimiento comercial que llegó
a tener importancia en la isla. Años después se produjeron otras alteraciones
en la propiedad territorial de la Villa, con el establecimiento y ruina de la Casa
comercial de Don Francisco Bethencourt López, la venta en pública subasta
de los cuantiosos bienes que poseían en el término de Teror las familias de Ma-
tos y de Romero, y con la enajenación de las propiedades de la familia Rocha.

Los vecinos comenzaron a tener un sentido de solidaridad en cuanto al


planteamiento de ciertos problemas de orden socio-económico: acequias de los
heredamientos de aguas, venta de productos agrícolas, necesidad de que la Ad-
ministración ejecutase unas carreteras que enlazaran en Tamaraceite con la de
Las Palmas al Norte, y otras a Valleseco y Arücas; comenzó a valorarse la im-
portancia y calidad de la Fuente Agria. La desamortización y las leyes desvin-

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Guiadoras supusieron una modificación importante en las medianías de la isla,
una redistribución de la riqueza territorial; la vida de los pueblos cambió de
estilo.
Ciertamente tiempos nuevos los que se iniciaron a mediados del siglo
XVIII y culminaron con las consecuencias de la desamortización.

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UN ALCALDE

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Los Alcaldes de Teror en el pasado afrontaron problemas muy difíciles
de la vida local sin los medios de que disponen hoy los Ayuntamientos.
El período comprendido entre los últimos años de la década de 1830 has-
ta alrededor de 1860, estuvo marcado por la tragedia. En la historia del pueblo
no se conocen hechos tan graves como los ocurridos en esa época. Con la pers-
pectiva del tiempo transcurrido, podemos afirmar que los componentes del
Ayuntamiento supieron encauzar los grandes problemas del vecindario con in-
teligencia y acierto. Dentro de ese largo período la fase más crítica fue la del
cólera morbo de 1851, Alcalde Antonio Jiménez Ortega.

En el ejercicio de un cargo la valoración se ha de hacer más que por el


brillo de la gestión, por las dificultades que han de superar, es el caso de Alcal-
des que han caído en la sima del olvido a pesar de una labor muy positiva,
lo que ha ocurrido con Antonio Jiménez.
En 1838 se declaró una epidemia de fiebre amarilla en Las Palmas; al existir
algunos síntomas en el pueblo, incomunicaron las casas de los afectados para
evitar el contagio. En Noviembre de 1844 arribó a la isla una plaga de cigarrón
berberisco que desvastaba los sembrados, no existían más medios para comba-
tirla que hacer fuegos y tocar a rebato las campanas. La langosta aparecía con
cierta frecuencia en la isla; la primera vez que en el siglo XIX se hace referencia
a esta plaga es por 1833 y se ordena como uno de los medios para combatirla,
que cada vecino había de coger siendo jornalero seis libras de cigarrón y si era
labrador doce; en 1834 hubo también numerosa langosta. La plaga de 1844 du-
ró hasta 1846 agravando la situación una sequía pertinaz que secó casi todas
las fuentes. 1847 se registra en la historia de Gran Canaria con el nombre de
año del hambre, como consecuencia de la sequía, de la langosta y de la parali-
zación del tráfico portuario a causa de un reciente amago de fiebre amarilla;
mucha gente murió de hambre, en Valleseco unas cuarenta personas; se comían
las pencas de tuneras y las raíces de los heléchos. En 1851 en el barrio de San

18
José de Las Palmas se presentaron los primeros casos de cólera morbo, fue tan
grave esta epidemia que llegó el caso en que no había por todas partes más que
enfermos sin poderlos socorrer, cadáveres que yacían abandonados o hacina-
dos en los cementerios; en estas circunstancias se pensó en incendiar la ciudad
de Las Palmas para contrarrestar la acción del cólera y para evitar que se en-
gendrase otra peste con la putrefacción de los cadáveres insepultos. De datos
tomados del Boletín Oficial de la Provincia de Canarias, del 11 de Junio al 23

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de Agosto de 1851, fallecieron en Teror 331 personas víctimas de la epidemia;
una semana debió de ser terrible para la Villa, el Boletín Oficial de 14 de Julio
dice "por el correo que llegó ayer de la isla de Canaria se han recibido partes
de los cuales resultan que en Teror del 28 de Junio al 4 de Julio de 1851 murie-
ron 119 personas", en una población de 3.033 habitantes en el término munici-
pal. Los remedios contra el mal eran muy elementales, el Boletín Oficial publicó
que a Teror se entregaron como drogas de fumigación 18 libras de ácido sulfú-
rico y 16 de cloruro de sosa y manganeso.

Pasado el cólera, a comienzos de 1854 como consecuencia de un invierno


muy intenso con fuertes lluvias, se advirtió que las paredes de la nave derecha
de la Basílica se agrietaban resintiéndose casi todas las casas del pueblo; ante
esta situación de desgracia, el Director de caminos vecinales Don Pedro Maf-
fiote reconoció el terreno recomendado varias medidas; ante la pasividad de
las autoridades superiores, el Ayuntamiento con sus escasos recursos afrontó
la situación, se abrieron varios machos o zanjas, se dio el declive conveniente
a las calles donde se estancaban las aguas, se ordenó que varios terrenos de
cultivo situados dentro del casco quedaran sin cultivar, se limpió la mina exis-
tente que se hallaba casi obstruida en su salida, Alcalde Don José González.

El Alcalde del tiempo del cólera era de la saga terorense de los Jiménez.
Hijo de Juan Jiménez y de Beatriz de Ortega, descendiente en linea directa del
Capitán Martín Pérez de Quintana y del Alférez Juan Ortega Arencibia, casó
con la vecina de Huertas del Palmar Manuela Suárez Granado. Había sido de-
signado Alcalde del Ayuntamiento Constitucional de Teror en Marzo de 1850.
El primer caso de cólera en la Villa se produjo el 11 de Junio de 1851;
no pudo evitarse que la epidemia apareciera a pesar de que se estableció una
guardia de observación en los lugares de La Peña, San José del Álamo y lomas
de Las Caldereras para impedir el paso de toda persona procedente de Las Pal-
mas de Gran Canaria y de los pueblos que con la Capital se comunicaban. El
día 12 publicó Don Antonio Jiménez un bando prescribiendo varias medidas
para evitar el contagio. Se ordenó proceder al albeo de las casas y limpieza de
las calles; se prohibieron los estercoleros dentro de las casas y en las inmedia-
ciones, así como el tener aguas estancadas; no se permitió la entrada en el tér-
mino municipal a los no provistos de un pase, tuvieran casa donde habitar y
contaran con medios de subsistencia; se decía que se sacarían copias de un mé-
todo curativo recomendable por su sencillez y eficacia; por último se hacían
unas recomendaciones de tipo psicológico "la presencia de ánimo, el valor, la
resignación religiosa son cualidades muy necesarias en cualesquiera circunstan-
cias de la vida, pero especialmente en los contagios, y a fin de evitar el desa-
liento que produce en las personas pusilánimes el repique de campanas y las

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dobles, quedan prohibidos durante las actuales circunstancias". Don Antonio
debió de ser hombre templado y de buenos redaños; el Cura Párroco en el pul-
pito decía sus sermones y continuaban doblando las campanas, la reacción del
Alcalde está en un par de oficios que hemos examinado en el Archivo Diocesa-
no; literalmente dicen, "habiéndole dicho a Vd. verbalmente de no tocar los
dobles y repiques de campana al salir la Realidad, en las actuales circunstan-
cias, espero que Vd. sin dar lugar a medidas de rigor, se abstenga en adelante
de infringir mis órdenes, en la inteligencia de que las haré cumplir empleando
mi autoridad. Se transcribe este escrito al Gobernador y al Obispado", y este
otro "habiéndoseme dado parte por algunas personas de que Vd. se vale del
pulpito para censurar los bandos de buen gobierno dictados por mi Autoridad,
como contrarios a la Religión, espero que Vd. se abstenga en adelante de este
exceso con la inteligencia que la primera vez que se me de noticia de que Vd.
vuelve a cometerlo, procederé a la formación de la competente Sumaria con
arreglo al artículo 304 del código. Con esta fecha se transcribe este oficio al
Gobernador de la Provincia y al Diocesano"; es lenguaje inusual en la época
dirigido a un representante de la iglesia. Don Antonio Jiménez Ortega fue un
hombre que supo hacer frente a unas circunstancias muy adversas.

20
URBANISMO

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Existió desde la época en que comenzó el poblamiento de Teror una pro-
piedad rústica en el entorno de la ermita que se denominó "Huerta de la Vir-
gen", citada con este nombre en documentos de escribanos y en las Ordenanzas
del Consejo de Gran Canaria de 1531, que señalan un camino con un itinerario
"a dar a la huerta de Nuestra Señora". Sus rentas o censos los percibía la Cate-
dral hasta que el Obispo Rueda ordenó en 1584 que los disfrutara la iglesia del
lugar.

La "Huerta de la Virgen" probablemente tenía como linderos, por el Norte


las actuales calles del Coronel Rocha y José Miranda Guerra, Naciente el Ba-
rrio Bajo, Poniente la calle de la Aldea Blanca, y Sur la calle de Obispo Urqui-
naona; lo que hoy es la Basílica, Alameda, Casa de la Cultura, Plaza de Teresa
de Bolívar, Plaza del Pino y manzanas de casas que la delimitan, debieron de
ser terrenos integrantes de su superficie.
La historia de la "Huerta de la Virgen" es la de conversión de suelo rús-
tico en edificaciones y plaza, gran parte fue cediéndose en parcelas para edifi-
car. La cesión se realizaba señalando un capital como valor y la obligación de
pagar un censo anual como rédito con carácter redimible. Como tipo se puede
señalar un expediente incoado en la escribanía de Tomás Alvarado Gramas en
1791 como consecuencia de que un vecino solicitó comprar un terreno en las
cercanías de la Basílica para edificar una casa; se describía el sitio "desde la
esquina de la casa de la Diputación hasta el risco por donde se ha de abrir la
nueva calle que se ha pensado continuar según se halla comenzado, y siguien-
do hasta la cerca de pitas y pared que divide la tal huerta de las otras casas
contiguas a la del Mayorazgo que posee Don Pedro Manrique"; la calle referi-
da es el tramo de la actual de Calvo Sotelo comprendido entre la de la Herrería
y la esquina de la calle 11-25 de Octubre, terminada en 1937 y proyectada e ini-
ciada por Don Antonio de la Rocha ante de su muerte en 1783; este solar lo
adquirió posteriormente el Deán de la Catedral Don Jerónimo de Roo y Fonte
para incorporarlo a la huerta de su casa de la plaza; esta casa es la actual de

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los Patronos de la Virgen propiedad de Don Agustín Manrique de Lara Bravo
de Laguna; la casa de la Diputación se corresponde con las edificadas por Don
Sebastián y Don Bernardo Henríquez; la del Mayorazgo de Don Pedro Manri-
que es la llamada casa de Doña Pura Bascarán. Transcurrieron ciento cincuen-
ta años para que la calle proyectada por el Coronel Rocha se hiciera realidad,
aunque siempre estuvo presente en la mente del vecindario como se infiere de
un Acta de la sesión del Ayuntamiento de 1° de Mayo de 1871; por esa época

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un vecino compró la casa del número 14 de la calle de la Herrería para reedifi-
carla y como tenía conocimiento que se proyectaba la prolongación de la calle
Pérez de Villanueva, solicitó se le hiciera su señalamiento y la nivelación que
debería llevar.

En un expediente a solares en la Plaza del Pino y en la actual calle Obis-


po Marquina, la cesión se hizo con la condición impuesta por el Obispado de
la Diócesis de que se habían de fabricar los terrenos y hermosear las inmedia-
ciones; se trata de una Escritura de 11 de Diciembre de 1820 ante el Escribano
Nicolás Oramas y un documento que se conserva en el Archivo Parroquial de
Teror de 26 de Mayo de 1831. Es una permuta de un terreno situado "entre la
casa del monumento y la que fabricó Juan Manuel Domínguez" plantado de
árboles frutales, con otro lindante "por arriba con sitios y casa de Don José
Ortega y muro de la Plaza"; la llamada casa del monumento, denominada así
por guardar las piezas del monumento del Jueves Santo, correspondía a la que
hoy es propiedad de Doña María Castellano Déniz; no exactamente, puesto que
en su solar existía la referida y el terreno que se permuta; la de Juan Manuel
Domínguez corresponde a la actual de los Herederos de Don Manuel Melián
Pérez reedificada a principios de este siglo. Como la condición impuesta era
la edificación, al no poder cumplirse se vendió al terorense Antonio Hernán-
dez, que no se ajustó a la alineación señalada por el Mayordomo de la Fábrica
Parroquial, adelantando la fachada. La casa de Don José Ortega corresponde
a la que hoy es propiedad de los herederos de Don Diego Domínguez Silva;
el muro de la Plaza es el de contención construido en 1810 a lo largo de la calle
Obispo Marquina como parte de las obras de consolidación de la Basílica y
derruido en 1915 en un arreglo y mejora de esa vía.

El Cercado o Huerta de Matos ocupaba una gran extensión lindante con


la calle Real, la de La Herrería, El Castaño y terrenos de los Henríquez; desde
comienzos del siglo XIX fue cediéndose en parcelas para edificar mediante la
imposición de censos; una de esas cesiones fue a Don José Montesdeoca que
compró un solar de tres celemines, en lo edificado estableció su comercio Don
Francisco Bethencourt López: esta fábrica se menciona en el acta de la sesión
del Ayuntamiento de 18 de Agosto de 1837, por la circunstancia de que las obras

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impedían utilizar una acequia, es que el riego de la acequia Real de la Heredad
de los Llanos pasaba por medio de la calle también Real.
Las primeras normas de Ordenación Urbana de Teror son de 28 de Mar­
zo de 1869, del Alcalde Don Sebastián Henríquez y Henríquez que no tiene
la nominación de una calle; se titulan Bando de Buen gobierno; por estas orde­
nanzas se prohibía bajo la multa de veinte a cuarenta reales vellón, la fabrica­
ción de casas, murallas o pared en las calles y caminos sin previo consentimiento

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del Ayuntamiento, lo mismo que hacer cercas o alterar las existentes; se prohi­
bía desviar las aguas a los caminos, los estercoleros y los escombros en las ca­
lles; se prescribía que los vecinos barrieran los sábados de cada semana la parte
de su acera. En realidad, desde la construcción de la Basílica en 1767, los veci­
nos ya se preocuparon en cierta medida de la ordenación de la Villa, delimita­
ción de la Plaza, alineación de las fachadas, el suelo del casco adquirió una
valoración superior al de otros lugares de la jurisdicción.
El tema del nacimiento y desarrollo del núcleo histórico de Teror bien
pudiera ser materia exclusiva de un libro. Es una interesante historia.

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TEROR EN 1905

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En 1905 Teror es noticia, es el año de un gran acontecimiento: la Corona-
ción de la Virgen del Pino en las fiestas de Septiembre. Coronas tuvo la Patro-
na desde los primeros tiempos, como se escribe en un acta de la visita del Obispo
Diego Deza a Teror el 12 de Marzo de 1558 (primer documento del archivo pa-
rroquial de Teror).
El Boletín Oficial del Obispado de Canarias del 23 de Septiembre de 1905
publicó el texto de las Preces elevadas al Papa por el Obispo Padre Cueto soli-
citando la Coronación, la concesión, las circulares del Diocesano a sus feligre-
ses sobre los actos a celebrar, y los telegramas que se cruzaron entre el Obispo
y el Cardenal Merry del Val, Secretario de Estado de Pío X; fue un aconteci-
miento que tuvo sus cronistas en los periódicos de la época. Destacamos una
crónica publicada en "El Diario de Las Palmas" del 3 de Octubre de José Batl-
lori Lorenzo, y un artículo en "La Unión Liberal" del 18 de Agosto del ilustre
terorense José Miranda Guerra, que ya a los veinte años, había nacido en 1885,
acreditaba sus aptitudes literarias encauzadas preferentemente en las páginas
de la prensa. En "El Diario de Las Palmas" del 30 de Agosto leemos que "en
el taller de orfebrería del Sr. Márquez se ha terminado la Corona que se coloca-
rá a la imagen del Pino el 7 de Septiembre, de oro de 18 quilates"; los periódi-
cos relataron el desarrollo de la ceremonia: Misa de Pontifical, sermón, procesión
a la puerta mayor del Santuario y Coronación Canónica, calcularon la concu-
rrencia en treinta mil personas; debió de ser un acontecimiento que impresionó
a los vecinos de Teror, desde la madrugada del día 7 coches y carros afluían
continuamente a la Villa, muchos de los grupos de romeros portaban estandar-
tes; en una fotografía de principios de siglo de la procesión del 8 de Septiembre
apreciamos esa presencia de estandartes y las vestimentas de mantillas blancas
y negras; otra nota singular es la existencia de un Laurel de la India a la iz-
quierda de la casa de Manrique, derribado por una tormenta en Abril de 1913.

¿Cómo era Teror en 1905?, repasamos el Anuario de la Provincia de Ca-


narias de Carmelo Z. Zumbado, leemos que tenía 4.794 habitantes. Alcalde Don

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Lluviosa Fiesta del Pino.

Manuel Acosta Sarmiento, Párroco Don Judas Antonio Dávila, Maestros Don
Pedro Montesdeoca Suárez y Doña Társila Expósito, Médico Don Antonio Yá-
nez Matos, Farmacéutico Don Pedro Rivero Navarro; existía una estación de
telégrafos instalada en 1902, una fábrica de tejas, dos hoteles, varios comer-
ciantes; en estos anuarios se enumeraban nominalmente los principales contri-
buyentes, eran los que realmente mandaban.
Por 1905 era polémica la posición política del Alcalde Don Manuel Acosta,
líder oficial en Teror del partido Liberal de León y Castillo. En las elecciones
legislativas de Septiembre de ese año el partido Local Canario se presentó co-
mo oposición al leonismo; su candidato Don Juan de Quesada obtuvo en Teror
186 votos contra 395 de la candidatura de Don Fernando León y Castillo. El
periódico "La Defensa" defendía la política del partido Local Canario y "La
Unión Liberal" la de los leonistas; como el Director propietario de este era el
terorense Don José Bethencourt, leonista, el periódico patrocinaba a Don Ma-
nuel Acosta y atacaba a los opositores contrarios que denominaba los mayores
contribuyentes, aunque en la realidad todos eran secuaces de León y Castillo.

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Por las calendas de 1905 el curato de Teror lo constituían Don Judas An-
tonio Dávila como Párroco; y Don Marcelino Miranda Suárez, Don Juan Quin-
tana y Don Manuel Hernández Ageno como Coadjutores. Don Judas Antonio
Dávila fue Párroco de 1877 a 1908; hombre de Agüimes, popularmente se le
conocía como un "Cura Macho", decían que era fácil a la cólera y a la razón
de los puños; se le recuerda por ser el promotor de la construcción del Conven-
to del Císter, en la Basílica realizó varias obras. Adquirió en Inglaterra el actual

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órgano, asesorado por el famoso Saint-Saéns; para instalarlo fue necesario re-
formar la tribuna ensanchándola hacia el interior de la iglesia; Don Cirilo Mo-
reno hizo el diseño-croquis o plano, que ejecutó el Maestro Carpintero Don
Antonio Melián, de familia muy conocida y arraigada en Teror. El Coadjutor
Don Cleto Marcelino Miranda Suárez tenía aficiones históricas, heredadas por
su sobrino el Presbítero de Arucas Don Pedro Marcelino Quintana Miranda.

El 27 de Septiembre de 1905 falleció el Cura Párroco de Arrecife Don


Manuel Miranda Naranjo, de la saga terorense de los Mirandas, el cadáver lo
trasladaron a Teror. Otra nota eclesiástica de ese año es el nombramiento como
canónigo de Don Ignacio Jiménez Romero, Maestro de Ceremonias de la Cate-
dral, de la saga también terorense de los Jiménez. *

Por 1905 estaba de médico en Teror Don Antonio Yánez Matos. Su curri-
culum nos dice que hizo sus primeros estudios en el Colegio de San Agustín
de Las Palmas y terminó el Bachillerato en el Instituto de La Laguna; cursó
la carrera de Medicina en Madrid licenciándose en 1900; alumno interno por
oposición del Hospital General, asistió a una grave epidemia de viruela que por
entonces padecía la capital de España, pasando después al Servicio de enfer-
mos de sífilis y venéreos que regentaba el profesor Aziia en el Hospital de San
Juan de Dios; tenía poder hipnótico que utilizaba en los tratamientos. Una per-
sona de natural bohemio, compatibilizó la profesión con la política y con acti-
vidades empresariales; también ejercía de farmacéutico, lo que motivó la
incompatibilidad con el titular oficial de la Farmacia Don Pedro Rivero, titula-
do por la Universidad de La Habana en tiempos de la dominación española.
Don Antonio Yánez sucedió como médico en la titularidad de Teror a Don En-
rique Revilla García, madrileño establecido en la Villa en 1895, que dejó el re-
cuerdo de la organización de alguna velada literario-musical en el Casino y de
haberle bautizado un hijo en el Palacio Episcopal de La Alameda el Padre Cueto.
De como eran las titularidades médicas en los pueblos, es significativo el si-
guiente anuncio en los periódicos de Las Palmas de 12 de Noviembre de 1900:
"Se encuentra vacante la plaza de médico titular de Teror dotada con 990 pese-
tas anuales. La plaza se proveerá por 4 años y tendrá que prestarse asistencia
a 225 enfermos", en estas condiciones fue el Doctor Yánez a la Villa.

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En el Anuario de Teror de 1905 se incluye como Maestro a Don Pedro
Montesdeoca Suárez, hijo de Don José Montesdeoca líder local y Alcalde a
mediados del siglo pasado. Tenía la condición de sustituto, el titular era Don
Esteban Acosta Sarmiento, hermano del Alcalde, de baja por lo que debió de
ser una enfermedad nerviosa que le duró hasta la muerte. Don Esteban fue el
quinto Maestro de la Escuela de Patronato que fundó Don Domingo Navarro
del Castillo; poseemos fotocopia del expediente personal existente en la Escue-

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la Normal de Maestros de Las Palmas como alumno aspirante, resalta una bo-
nita letra, condición exigida en otros tiempos, una asignatura en dos cursos era
la denominada "Teoría y Práctica de la Escritura".
En los periódicos de Las Palmas de 1905 hay varias referencias a Teror.
"El Diario de Las Palmas" del 13 de Enero publica un trabajo del Ingeniero
Luis León Núñez sobre un proyecto de la Compañía Bilbaína Canariense de
instalación de una gran central eléctrica en Teror para dotar a la isla de fluido
eléctrico; esto es lo que se escribió, uno de tantos proyectos más o menos utópi-
cos". El Fomento de Gran Canaria" de 24 de Noviembre, en una nota dice "que
se comentaba mucho la frecuencia con que ocurren casos de muerte por tuber-
culosis en el Convento de La Bernardas; la opinión atribuye el mal que se la-
menta a las defectuosas condiciones del edificio", la realidad era la deficiente
alimentación. "El Fomento Canario" del 23 de Diciembre publica el nombra-
miento del terorense Rafael Hernández Jiménez como Cónsul de Bélgica para
el grupo oriental de las Canarias. Rafael Hernández llevó a la Exposición In-
ternacional de Bruselas de 1910 unas muestras del agua de la fuente agria de
Teror, que consiguieron un galardón; en 1912 intentó la reapertura del estable-
cimiento de baños proyectado y construido por Don Víctor Grau Bassas, así
como la instalación de una industria de embotellamiento del agua que no pudo
realizar por causa de los conocidos acontecimientos de 1914.

1905 está en la historia terorense como el año de la Coronación Canóni-


ca de la Virgen del Pino. Hoy no existe ningún vecino del pueblo con memoria
histórica de ese tiempo, que nos parece muy lejano.

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LAS TIENDAS

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Por la posición geográfica de Teror de confluencia de caminos y por el
factor religioso de Sede de la Patrona, en la plaza de la Basílica del Pino se
desarrolló, juntamente con Los Llanos de Telde, el primer mercado de Gran
Canaria, donde se contrataban los frutos del país; además se traficaba con aperos
para la agricultura, cuchillos canarios, zapatos, aceitunas de Tirajana, tabure­
tes, queso, cestos y otros productos; este mercado tuvo una cierta influencia
en el desarrollo comercial de una extensa zona. Testimonio de su importancia
es una nota que publicó el Boletín Oficial de Canarias de 9 de Agosto de 1872
anunciando la pública subasta en renta por el hilo de mil pesetas, cantidad muy
considerable para la época, por diez meses, la administración y recaudación
del arbitrio por puestos en la Plaza de Teror para la venta de los artículos que
se expedían. En 1932, siendo ministro de Trabajo Largo Caballero, se intentó
suprimir la feria dominical con el pretexto de la obligada extensión a todo el
territorio nacional de la legislación laboral; los comerciantes y el Ayuntamien­
to lograron que el gobierno declarase a la Villa plaza feriada.

Además del mercado callejero, se instalaron en algunos locales tiendas


que vendían al público géneros de consumo. La primera de la que tenemos cons­
tancia documental en el término de Teror, se estableció en el pago de Valleseco;
por Escritura de 25 de Noviembre de 1778 ante el Escribano Antonio Miguel
del Castillo "Juan de Montesdeoca y su mujer María de Candelaria, y Juan
Julián Rodríguez, vecinos de Teror en el pago de Valleseco; comparecen los dos
primeros como principales y Juan Julián Rodríguez como fiador; los primeros
se proponen establecer una tienda en dicho lugar para la venta de ropa y demás
efectos; acudieron para surtirla a Don Andrés y Don Pedro Russell, vecinos
de Las Palmas; estos han accedido con tal de que han de afianzar todo lo que
les diesen, obligándose a pagar cualesquiera cantidades que resultaren de sus
libros y se llevaren de sus almacenes para su tienda"; los Russell eran comer­
ciantes en Las Palmas de origen irlandés con intereses en Teror como propieta­
rios de una casa.

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Debieron de existir unas tiendas calificadas como estancos, que vendían
en exclusiva los artículos estancados o de monopolio como eran el tabaco, la
sal, el aguardiente, el chocolate, el azúcar, papel, cera y bacalao. En la sesión
del Ayuntamiento de 26 de Agosto de 1846 se examinó una solicitud del vecino
José Quintana sobre el establecimiento de un estanco en el pago de Los Arbe-
jales, y en la toponimia del barrio de Huertas del Palmar, la nominación El
Estanco tiene la significación de uno de estos establecimientos.

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En 1846 Don Victorio Azopardo Sabi instaló un comercio en la planta
baja de lá actual casa de los herederos del Conde de la Vega Grande en la Plaza
del Pino; por Escritura de 21 de Agosto de 1846 ante el Escribano Manuel Sán-
chez Velázquez compareció y declaró que "la casa de comercio Shwanston y
Compañía en fuerza de las instancias del compareciente y con el deseo de auxi-
liarle, le han entregado varios efectos de sus almacenes para expenderlos en la
Villa de Teror, proporcionándose por este medio un establecimiento del cual
pende la subsistencia de su casa y familia"; los Azopardos eran una familia
de origen maltes emigrantes a Canarias a fines del siglo XVIII, establecidos
primero en Tenerife, pasaron posteriormente a Las Palmas donde nació Don
Victorio; tuvieron comercio en Las Palmas en la calle Malteses y en la calle
La Peregrina. Este comerciante de Teror fue en su época uno de los líderes loca-
les, fundó el primer casino que existió en la Villa. Además adquirió un cuan-
tioso patrimonio; compró una casa propiedad de la Fábrica Parroquial, la
llamada Casa de la Cal, vendida en la desamortización eclesiástica; adquirió
de los Quintana Llarena la casa de la Plaza del Pino, hoy de los herederos del
Conde de la Vega Grande; era propietario de otras casas y bienes en la Villa
que siguieron las vicisitudes del comercio, finalizado por liquidación; algunas
propiedades fueron a parar a la Sociedad Shwanston y Compañía y a Don Juan
Bautista Ripoche.

En 1850 se avecindó en Teror por matrimonio Don Francisco Bethencourt


López; casó con una hija del líder local Don José Montesdeoca, Administra-
dor de las propiedades de la Casa de Matos en la isla. Bethencourt López figu-
ró en cuarto lugar entre los veinte mayores contribuyentes por Industrial de la
Provincia de Canarias según una relación publicada en el Boletín Oficial del
1 de Febrero de 1871. Su actividad comercial se extendió a toda la isla al esta-
blecer una sucursal en Las Palmas de Gran Canaria con la denominación "Fran-
cisco Bethencourt López e Hijo" en la calle Triana esquina al callejón del
Artillero. Fue comerciante al por mayor, exportador, consignatario de buques
y representante de Compañías de Seguros; exportó para Cuba frutos de las me-
dianías y de la Cumbre, papas, almendras, nueces, queso y garbanzos; el co-
mercio de Don Pancho en Teror, como popularmente se le conocía, ocupaba

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Lápida conmemoraliva del cumcrciu dr Don hmncisco Bethcncourt iy)pez en la calle principal.
Uno de Ibs niños es el que fue Alcalde de Las Palmas, Don José Ramírez Bethencourl.

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los bajos y gran parte de los altos de las actuales edificaciones números 5 y
7 de la calle General Franco.
A la empresa que Don Francisco Bethencourt López creó y desarrolló
a lo largo de treinta años, le afectó grandemente el hundimiento del comercio
de la cochinilla; este hecho y otras circunstancias lo arruinaron y murió en 1890
con el dolor de ver la quiebra de un comercio que con tesón y trabajo había

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desarrollado.

Las tiendas de Don Francisco Azopardo y de Don Francisco Bethencourt


constituyeron como una escuela donde algunos dependientes se prepararon pa-
ra instalar en un período posterior unos comercios también de importancia en
el ámbito de la isla, es el caso de Don Manuel Acosta Sarmiento, de Don Juan
Bautista Yánez Melián y de Don Juan Rivero García; el tinerfeño Don Guiller-
mo Linares Mesa sucedió a Don Victorio Azopardo en el establecimiento de
la Plaza del Pino. De la dependencia mercantil de las tiendas de Teror, en todas
las épocas salieron grandes comerciantes de la isla, basta repasar la nómina de
los grandes comercios de Las Palmas.

El establecimiento de Don Manuel Acosta por 1900 era el más importan-


te de la isla; ocupaba toda la fachada de una manzana de casas, situado en
la calle principal y en la Plaza, repleto de departamentos de bebidas, tejidos,
ferretería, quicalla y paquetería, tenía una sucursal en Arucas; pero la gran pa-
sión de Don Manuel Acosta fue la política, que lo llevó a la ruina; Alcalde de
Teror durante más de veinte años, su gestión hizo posible la terminación de la
carretera Teror - Las Palmas, obra importantísima para la época.

Por 1885 existía un comercio en Teror con la denominación Juan Bautis-


ta Yánez y Compañía; el socio del titular era Don Juan Rivero García, que pos-
teriormente se instaló en otra tienda. Don Juan Bautista Yánez, de la saga
terorense de los Yáne2, tuvo un establecimiento importante; leemos en una no-
ta del periódico "El Noticiero de Canarias" de 13 de Mayo de 1885 "el vapor
Cataluña carga para La Habana cajas de queso de Don Juan Bautista Yánez";
un sobrino, Don Carlos Yánez Matos, pasó con el tiempo a ser su sucesor.

Don Juan Rivero García nació en Cuba, en Matanzas, hijo de emigrantes


canarios, el padre de Guía y la madre de Moya. Hombre de mucho tesón, llegó
a acumular un gran patrimonio, en parte de la mano de Don Juan Negrín, pa-
dre, con el que adquirió los solares donde hoy se ubica la casa del Marino de
Las Palmas, otros solares en la actual Avenida Mesa y López, una concesión
en la zona marítima colindante con la Base Naval y una edificación en la calle
Triana en el solar de los Almacenes Cardona, además de otras propiedades en

31
diversos lugares de la isla. La tienda de Don Juan Rivero se instaló en una casa
de la Plaza del Pino comprada en 1892 procedente de una Capellanía.
Al final de la primera década del siglo se instalaron nuevas tiendas mayo­
ristas que también tuvieron importancia comercial en la isla: la tienda de ios
Hernández, de Don Antonio Rivero Domínguez, y de Don Eusebio Pérez Falcón.
La tienda de los Hernández, unida al que escribe por lazos familiares,

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vendía de todo lo vendible, hasta copas, excepto suela para los zapateros; las
casas de Teror construidas desde 1914 hasta la guerra civil, se fabricaron con
hierro, cemento y madera de los Hernández; se vendían sellos de correos, efec­
tos timbrados, telas, tachas, papel y libros para las escuelas y un largo etcétera;
se cobraban las contribuciones rústicas y urbanas, trimestrales, semestrales y
anuales, muchas de setenta y cinco céntimos, una peseta y una cincuenta; se
recibía el parte diario de los precios de la azada de agua de la Heredad de Aru-
cas; eran los corresponsales de varios Bancos y tenían instalado el único teléfo­
no de la Villa; cuartel general político, de la política de Don José Mesa, el
contrario Don Carlos Yánez Matos también comerciante. Eran mayoristas y dos
veces al mes se desplazaba en bestia un empleado a proponer por la Cumbre
y Guía, Gáldar, Moya y Firgas; después de una semana o diez días de estar dando
tumbos, se consideraba un éxito vender por siete u ocho mil pesetas en La Cum­
bre (Tejeda, Artenara, Fontanales) y diez o doce mil en el Norte, de lo que se
consideraba ganancia un diez por ciento; después las mercancías se remitían
en mulos que llevaban los arrieros, no existían carreteras a ios caseríos cumbre-
ros, buenos clientes del comercio de Teror; una libra de azúcar valía treinta cén­
timos, un botella de anís tres pesetas y el sueldo del empleado, un hombre que
trabajaba sin horas, treinta duros mensuales, se vendía por varas, libras y arro­
bas, lo del sistema métrico vino con el Movimiento.

Don Eusebio Pérez Falcón, también mayorista, tenía una sucursal en l^s
Palmas en la calle de San Pedro; le sucedió su hermano Don Juan, Alcalde de
Teror de 1931 a 1936; vendía muebles, unas camas, roperos y mesillas que se
llevaban como dote las mujeres que se iban a casar; leemos en un catálogo de
1933 que un juego dormitorio de cama, armario y tocador valía ochocientas
cincuenta pesetas, y de lujo.
Existían otros comerciantes mayoristas, Don Sebastián de la Nuez Medi­
na y Don Antonio Domínguez, limitados a tejidos y zapatos, con muy buena
clientela, establecidos en la antigua tienda de Don Pancho; el comercio de Don
Bernardo Guerra y Don Antonio García, sucesores de Don Antonio Rivero;
el de ios hermanos Naranjo l^ntigua instalados en 1933 en la casa de Don Carlos
Yánez Matos; Don Manuel Rodríguez Cardona promotor de Almacenes Car-

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dona de Las Palmas tuvo tienda en Teror como sucesor de Don Manuel Ortega
y Ortega.
Completaban la nómina de las tiendas unos almacenes de piensos y abo-
nos y las populares de aceite, vinagre y copas o las de algo parecido a los baza-
res, les llamaban las tiendas chicas; el popular Chanito León tuvo una tienda
chica, se arruinó y pasó a cobrador de los coches de Melián y Compañía; otra

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tienda popular era la de Francisco Rodríguez, ignorado por este nombre y co-
nocido por Panchito El de la Escuela por la razón de haber trabajado en la
Finca del antiguo Patronato de la Escuela del pueblo, un solterón, maestro en
el baile de isas y folias. En el número 4 de la Plaza del Pino, en 1921 montó
Pedro Suárez Alvarez una tienda, después la convirtió en Bar en el que alquila-
ba bicicletas y vendía periódicos y revistas, este fue el origen del Bar America-
no. En algunos barrios existían tiendas importantes, como la de Sinesio Yánez
Travieso en Huertas del Palmar, de Juan Melitón Quintana en Arbejales, de
Francisco Alvarez en El Álamo.
Mucho se puede escribir de las tiendas de Teror. Nos referimos a las ante-
riores a la guerra civil de 1936; después del 18 de Julio cambiaron muchas co-
sas, desapareció la,venta al por mayor en La Cumbre y en el Norte. Hoy hay
muy buenos comercios en Teror, pero no se parecen en nada a los que conoci-
mos hace más de cincuenta años.
LAS COMEDIAS

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La celebración de comedias al aire libre se realizó desde las primeras fies-
tas del Pino; están acreditadas documentalmente en el siglo XVII. Existe un
apunte en las cuentas presentadas por el Mayordomo de la Virgen correspon-
dientes a 1647: "ítem se descarga con medio barril de vino, y por él diez reales,
que dixo haber comprado para los que representaron la comedia el dia de Nuestra
Señora". Esta anotación enlaza con una disposición del Sínodo de Fernando
Vázquez de Arce en 1513, que contiene la primera referencia escrita sobre el
teatro religioso en las iglesias de Canarias: "Somos informados que en esta nueva
iglesia y diócesis se hacen algunas veces representaciones de la Pasión o de otros
pasos del Evangelio, lo que resulta más reir e burlar de los que miran que devo-
ción; por ende, ordenamos e mandamos que ninguna representación se haga
en nuestra iglesia e diócesis sin nuestra licencia o de nuestro provisor e, si lo
contrario se hiciera, todos los que en tal representación se hallaren, que cada
uno de ellos incurra en pena de tres doblas; la una para nuestro fiscal que lo
acusare, e las dos para nuestra Cámara".

En la Nochebuena, después de la Misa del Gallo, se hacía en la Basílica


del Pino de Teror la Adoración de los Pastores, que era una representación tea-
tral con villancicos, ensayada en la casa de los Alvarez de la calle de La Escue-
la, una lírica navideña de fé sencilla; estas comedias navideñas fueron prohibidas
en las Constituciones Sinodales del año 1947 del Obispo Pildain Zapiain.
En la época de nuestro abuelos en que escaseaban las distraciones, exis-
tía en los pueblos una afición teatral como medio de alterar la monotonía del
tiempo. Era un teatro de aficionados, con representaciones generalmente de saí-
netes o parodias, de intención jocosa o burlesca para entretener. El teatro de
los Hermanos Quintero de simplicidad de trama, diálogo chispeante y de hu-
mor, y el de Arniches, era el que más se representaba; un teatro con fines re-
creativos, representar como intérprete era un juego, una diversión. Alguna vez
se rompía este esquema, como cuando en Teror por 1935 representaron el dra-
ma en verso de José María Pemán "El Divino Impaciente"; esta obra se había

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estrenado en Madrid en Septiembre de 1933; el trasfondo de la representación
terorense fue el fin polémico, la exaltación misional de la Compañía de Jesús
expulsada de España en 1932.
Repasando los libros de Actas del Ayuntamiento terorense, leemos un
acuerdo de fecha 8 de Octubre de 1881 por el que se cede temporalmente el
local en que se hallaba instalada la escuela pública de niños, para que una lla-

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mada Sociedad de Cómicos ofreciera al público unas representaciones a las que
se les llamaba pomposamente trabajos dramáticos; la solicitud al Ayuntamien-
to en nombre de la Sociedad la hizo Don Manuel Acosta Sarmiento, que años
después sería indiscutido líder político local; su hijo Don Francisco Acosta Yá-
nez estrenó en Granda en Febrero de 1908 un denominado monólogo dramáti-
co titulado "El Anarquista". En 1885 desapareció la Sociedad de cómicos
terorenses, un acuerdo municipal revocó la anterior autorización y se concedió
el local escuela a la recién creada banda municipal de música.

Creado el Casino de Teror, esta entidad es la que organizaba en su local


las funciones teatrales, casi siempre denominadas lírico o literario-musicales,
mixtas de algún entremés o saínete y tocata de piano, comenzadas a ensayar
mes y medio antes: Alguna vez se realizaron estos actos en el Salón de Sesiones
del Ayuntamiento, como fue el reseñado en el periódico "La Provincia" de 1
de Octubre de 1926 en el que se cantaron varia? romanzas de la zarzuela "Do-
ña Francisquita", Víctor Doreste ejecutó varias obras al piano y Don Francisco
González Díaz pronunció una conferencia. *

Comedias en el Pabellón Cinema.


Después de 1930 las comedias terorenses se representaban en el Pabellón
Cinema. Según el periódico "La Provincia" de 30 de Julio de 1930, el Cuadro
Atenas puso en escena en Teror la comedia en dos actos "Doña Clarines" de
los Hermanos Quintero, con un prólogo de Don Francisco González Díaz y
una parte musical a cargo de la rondalla "La Siciliana". Don Sebastián Suárez
León era animador del Cuadro Pro Arte Atenas, como lo había sido del grupo
teatral de Los Doce; actor y recitador, heredaron su vena teatral los nietos tero-

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renses Pepe Luis, Teresita y Octavio Arencibia Suárez, de los que recordamos
una buena representación de la zarzuela "La Verbena de la Paloma".

En la década de los cincuenta se avecindó en Teror Rafael Treviño, de ori-


gen peninsular; tenía un puesto de trabajo en la Compañía Telefónica, un tanto
bohemio y un fervoroso aficionado al teatro; impulsó una serie de representa-
ciones teatrales con intervención de jóvenes del pueblo, que hoy muchos son
abuelos. Por 1950 por diversas circunstancias las fiestas del Pino languidecían,
parecía que se les quería dar un carácter poco menos que expiatorio; en esta
circunstancia surgió la reactivación de los Festejos y la realización de actos tea-
trales dentro del programa festero. En este sentido el 5 de Septiembre de 1952
se celebró una velada en el Pabellón, rebautizado Salón Victoria, que finalizó
con el estreno de "¡Ay Teror, qué lindo eres!".
Ha desaparecido el Casino de Teror, El Pabellón Cinema; Rafael Treviño
está en el otro mundo. Dios lo tendrá en el Cielo porque era un hombre bueno.
Al evocar esos tiempos sentimos un comenzón de nostalgia.

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LOS BAILES

Nos referimos a los bailes agarrados. Los sueltos de Isas, Folias, Seguidi-
llas y Malagueñas son tema de folkloristas. Y a la época anterior a la guerra
civil de 1936, y a la zona de medianías de Teror; una sociedad con mentalidad
labradora muy distinta a la actual; hoy el tema de los bailes es otra cosa, son
otros los estilos y maneras.
Los bailes tenían lugar en sitios abiertos: plazas, eras, como eran los de
la noche de los fuegos del Pino o los de la Era de San Isidro en la tarde de
la fiesta del Santo; o en sitios cerrados, en locales particulares cobrándose una
tarifa o "taifa", en las casas, en casinos o sociedades y en las descamisadas.
Los bailes de parida se celebraban con motivo de un nacimiento, en una
época en que se paría en la propia casa con la ayuda de una partera o de una
vecina experta. Punto importante era el bautizo, cristianarlos se decía; repica-
ban jubilosas las campanas de la iglesia, al recién nacido le llamaban el guaye-
te; había padrinos rumbosos qiie por el camino repartían perras gordas, al
regresar a la casa le decían a la madre "comadre, moro me lo entregó, cristiano
se lo devuelvo"; cada año la consorte le daba a su marido un nuevo hijo. Cada
noche hasta el día del bautizo se hacía baile delante de la cama de la parida,
a veces en vez de baile se velaba jugando a las prendas, cantando y bebiendo;
el último baile era la noche del bautizo, la última; se repartía vino, anisado,
ron, galletas de María y bizcochos lustrados. En alguna época las velas las pro-
hibió la autoridad; un Auto de la Audiencia de 14 de Marzo de 1760 estableció
"que en vista de lo representado por el Fiscal sobre los desórdenes, ofensas a
Dios, escándalos, licencias, embriagueses y todo género de excesos que se co-
meten en los pueblos de las siete islas, en los llamados velos de paridas, con
motivo de acompañarlas de noche, acordaron que los Corregidores y Alcaldes
Mayores, hagan y publiquen bando que ninguna persona consienta en su casa
los bailes y juegos y otras diversiones acostumbradas en las velas de paridas,
pena de medio ducado" (Archivo Histórico Provincial. Anexo n° 2. Audiencia.
Tomo I, folio 1-71. N° Inventario 27); es posible que la gente no hiciera mucho

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caso a la Audiencia; hasta los tiempos anteriores a la guerra civil, en los barrios
de los pueblos, con unas u otras modalidades, se hacían velas de parida, al bai-
le del día del bautizo se le llamaba la última, "ir a la última" era ir a la juerga
que esa noche se celebraba en la casa de la parida.

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Una descamisada en la finca de Ossorios.

Las descamisadas solían terminar con baile, una vez peladas y limpias
las pinas de millo; durante la descamisada corría el ron y el anisado y a veces
se arreglaban matrimonios; en Teror se hacían pasados los días del Pino. Los
bailes de taifas, los caseros y los de las descamisadas, se amenizaban con tim-
ples, guitarras y bandurrias.
En Teror existió, además del Casino del pueblo, una Sociedad en Las Pa-
redes de Huertas del Palmar y otra en El Álamo. Se organizaban un número
determinado de bailes al año, los que llamaban oficiales; los amenizaba un pia-
nista y en tiempos más recientes una orquesta; los Domingos y Festivos por
las tardes se improvisaban unos bailes denominados asaltos, con una gramola
o gramófono. Los oficiales terminaban a las once y media de la noche y se bai-
laba bajo la mirada vigilante de las madres; en los Carnavales y en El Pino se
relajaba un tanto la vigilancia. En Teror, en 1934, se fundó una orquesta para

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amenizar los bailes con el título de orquesta "Power"; eran jóvenes terorenses,
un pianista, un trombón, un trompeta, el borbardino y el saxofón.
Debido a la parquedad de los medios de diversión en la época, los bailes
eran esperados y preparados con ilusión, especialmente por los jóvenes; tam­
bién estimulaban las relaciones familiares y las de vecindad. Hoy no hay últi­
mas ni bailes de taifas, los que se hacen no se parecen a los de tiempos pasados.

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LOS COCHES

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Terminada la carretera de Teror a Las Palmas y abierta al tránsito por
el año 1897, José del Pino Herrera estableció una empresa de transporte de via-
jeros con la Ciudad, con tres charavanes y una carreta para alquiler en viajes
particulares; el importe por persona del viaje Teror - Las Palmas era de una
peseta, y el alquiler de una carreta en viaje de ida y vuelta, veinte pesetas; po-
pularmente se les llamaba los coches de Pino Herrera. En 1911 se mataron en
la vuelta de los Llanos de Arévalo Don Francisco Farinós y Don Matías Matos,
al caer al barranco un triciclo automóvil que les facilitó Don Cristóbal Péñate;
fue el primer accidente grave en esta carretera. El primer transportista de Teror
con un vehículo de motor, en 1917, fue el mismo que tenía los caravanes y la
carreta, José del Pino Herrera.

Existían en la isla unos coches de comunicaciones interurbanas llamados


"los verdes", de Don Agustín Melián Falcón, en competencia con "los blan-
cos" de Ramírez. Melián logró la concesión del servicio de correos, que reali-
zaba con sus coches. Don Miguel Sánchez Suárez, de una saga terorense,
hermano del Ilustre Don Santiago Sánchez Yánez, hombre de empresa, trajo
de Inglaterra unos Daimmler y constituyó con Melián una compañía, "Melián
y Cia", por el año 1922, para el transporte entre los pueblos y Las Palmas. En
Teror adquirieron el coche de Pino Herrera, quedando el popular chófer Pepi-
to Herrera como conductor de Melián y Compañía.

En los años siguientes surgió en la carretera Teror-Las Palmas lo que el


pueblo llamó la competencia, con otras empresas de transporte; primero la de
Don José Rodríguez, y después una entidad organizada por el ingeniero indus-
trial Don Manuel de Jesús de la Nuez, con el nombre de Unión Industrial de
Teror-Valleseco-Artenara; los coches de esta entidad eran unos Pannard, llama-
dos popularmente los panales. En esta competencia venció la mejor organiza-
ción y el sentido de eficacia de Don Miguel Sánchez, que quedó como
concesionario del transporte de viajeros.

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Coche de horas de Melián y Compañía.

Los viajeros llevaban unos cubrepolvos; los coches de horas paraban en


Las Palmas en el Camino Nuevo, actual calle Bravo Murillo, junto a la parada
existía un cafetín donde los conductores y cobradores se tomaban un quince
de ron antes de emprender el viaje. En Tamaraceite se hacía un descanso para
tomar café o una copa en la tienda de Dolorcitas Alfonso, o compraban bizco-
chos lustrados y unos caramelos color ámbar. El prestigio de los bizcochos de
Tamaraceite figuró en las coplas parranderas:

Dolorcitas Alfonso,
la de Tamaraceite;
bizcochos lustrados
y café caliente.

Los coches de horas de Melián y Compañía tuvieron como competidores


a los coches piratas, con una historia de guerra a los de linea concesionarios
del servicio público; la piratería se hacía generalmente con "fotingos", que eran
unos autos viejos, como decían "hechos un cacharro"; los primeros piratas de
Teror eran propiedad de Pepito Navarro, de San Isidro.

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El primer automóvil de Teror lo trajo en 1912 el Alcalde Don Manuel Acos-
ta Sarmiento; era un Napier, pasó después a maestro Juan Rivero, que lo utili-
zó como taxi; también despertaba la admiración de la gente un Ford del
veraneante Don Pablo Cabrera, un rico propietario de plataneras en Arucas.
Por la época del taxi de maestro Juan Rivero, 1929, se hallaban matriculados
en la provincia unos tres mil cuatrocientos vehículos, incluidos camiones y mo-
tocicletas. Por la época anterior a la guerra civil no era fácil tener automóvil,
los poseían los adinerados, los médicos o los pocos industriales del taxi; recor-

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damos el coche del médico Don Pedro Rodríguez Ramos, un Chevrolet de dos
plazas, y más tarde un Morris.

Un grupo de amigos en un fotingo.

Existieron en Teror transportistas de mercancías para el comercio, con


carros y bestias, como los hermanos Sebastián y Juan Domínguez; tenían su
negocio, Sebastián en la huerta de la casa número 14 de la actual calle General
Franco; y Juan en la casa número 10, la llamada casa de los Henríquez; Don
Simón Quintana tenía otra empresa de transporte en la planta baja del Hotel
"El Pino". El transporte de mercancías en carros se sustituyó a mediados de
la década de los años veinte por camiones; el primer camión terorense fue un
Tronico!, de Juan Domínguez; en 1936 existían media docena de camionetas
en el término terorense.

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Había otros transportistas por libre, como era Pepito el Avinculado, hom-
bre del Muñigal; era lechero, salía diariamente para Las Palmas en un coche
de caballos a las doce de la noche, desde la Fuente Agria, para repartir leche
en la Ciudad; llegaba a la Capital de madrugada y regresaba a Teror a media
mañana; el coche llevaba también mujeres que iban a vender violetas recogidas
en los barrancos; cuentan que Pepito el Avinculado era famoso porque el viaje
de ida y vuelta lo hacía cantando, eran calendas de primeros años del siglo.

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Mucho se puede escribir de los coches y Teror; leemos una noticia en el
periódico "La Provincia" de 7 de Septiembre de 1920: "Excursiones a Teror.
Con motivo de la Festividad de la Virgen del Pino y a partir del sábado, 4 del
corriente, el automóvil grande hará dos viajes diarios a aquella Villa, saliendo
de Las Palmas a las nueve de la mañana y cuatro de la tarde, y de Teror a las
siete de la mañana y dos de la tarde. Precio de ida y vuelta, seis pesetas".
Por el año de 1929 hasta tiempos próximos a la guerra civil, existió un
transporte de viajeros de Teror a Arucas, llamado la guagua de Panchito; Pan-
chito Alonso, singular personaje que al llegar al pueblo voceaba "aquí estamos
todos, hemos llegado gracias a Dios y bendito Dios".
Tiempos felices, de la carrera en taxi Teror-Las Palmas, quince pesetas.

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VISITANTES

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1928.— Turistas en Teror.

Antaño cuando no existían las urbanizaciones del Sur, a los visitantes des-
tacados que se les quería sacar de la Capital, se les llevaba o por la carretera
del Centro hasta Santa Brígida, o bien hasta Teror. Al inaugurarse el Parador
de la Cruz de Tejeda, en este sitio se programaba el almuerzo y regreso a Las
Palmas por la carretera de Cueva Corcho, Valleseco, con parada en la Villa pa-
ra visitar la BasíHca, es lo que se hizo en la estancia de Franco en 1950. En
muchos casos la excursión a Teror tenía móviles exclusivamente religiosos por

44
ser sede de la Patrona de la Diócesis, solo se visitaba la Basílica y el Camarín
de la Virgen. Otras personas se desplazaban a Teror con el fin de conocer el
pueblo, ajenos al carisma del Pino, por tratarse de indiferentes en materia reli-
giosa. Pasada la guerra civil hasta finales de la década de los sesenta, todos
los Ministros, Subsecretarios y Directores Generales que arribaban a Gran Ca-
naria, destinaban unas horas a la visita terorense; era un número obligado en
la época del catolicismo oficial, además Monseñor Socorro era persona que

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sabía estar en su función de guía.
Teror antes de la década de los sesenta era un pueblo muy bonito, hoy
lo es pero no tanto, la densidad de las edificaciones ha borrado la fisonomía
de varios parajes acuchillados por el cemento; el bonito paisaje es el que im-
presionó a Don Miguel de Unamuno que visitó la Villa en 1910 y la describió
como un pueblo de sosiego y de paz donde bien se dormía ("Por tierras de
España y Portugal"). Un visitante ilustre fue el Diputado cunero por Gran Ca-
naria Luis Moróte; hizo una excursión a Teror el día del Pino de 1909 en caba-
llerías, entre romeros, por el camino viejo del barranco de la Virgen, Zumacal,
La Laguna, le impresionó el valle y la fiesta ("Por tierra de los Guanartemes",
capítulo "Una impresión de Teror el día del Pino" publicado en el periódico
"El Hoy" de 8 de Septiembre de 1934).
A finales del siglo pasado visitaron Teror el que sería después Jorge V
de Inglaterra, el General Ahumada y Camilo Saint-Saéns. En el periódico "El
Liberal" de 8 de Julio de 1890 se publicó una carta en nombre del Príncipe
de Gales agradeciendo las atenciones recibidas en la Villa, refiriéndose a la fin-
ca de Ossorio en la que Don Adán del Castillo invitaba a los visitantes ilustres.
Leemos en el periódico "Diario de Las Palmas" de 9 de Julio de 1894 que el
General Ahumada fue recibido en Teror con arcos, colgaduras, banda de músi-
ca y baile oficial en el Hotel Inglés. La visita de Camilo Saint-Saéns no se pu-
blicó en los periódicos, la conocemos por referencias.
El 28 de Septiembre de 1922 visitó la Villa almorzando en Ossorios, el
líder del partido republicano Radical Don Alejandro Lerroux. El hecho de ser
invitado a la finca de Don Adán del Castillo es un signo del criterio tolerante
de la época, porque en 1922 Lerroux además de republicano era hombre de iz-
quierdas, un tanto sectario y anticlerical, hasta 1932 o 1933 no derivaría a posi-
ciones de centro, Don Adán era monárquico integral, aristócrata, suegro de la
hija del General Bascarán, en tiempos Jefe del Cuarto Militar del Rey.
El primer Ministro que visitó Teror fue Galo Ponte, titular de la cartera
de Gracia y Justicia en el gobierno de la Dictadura de Primo de Rivera, vino
a Canarias a resolver el pleito de La Aldea. Estuvo en la Villa el 12 de Febrero

4S
de 1927, en tiempos de aires de revuelta por la cuestión del alumbramiento de
aguas de Quiebramonte; Galo Ponte pudo resolver el problema de La Aldea,
pero no el de Quiebramonte. Como consecuencia de la visita una Real Orden
de 14 de Junio de 1927 designó unos comisionados para que informaran sobre
las aguas, se taponó la galería, pero los pleitos continuaron. En Octubre de 1928
se desplazó a Canarias el Presidente del Gobierno General Primo de Rivera;
le programaron un desplazamiento a la Villa Mariana con todo el séquito, el

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Párroco Socorro Lantigua le pidió la concesión de honores militares a la Vir-
gen del Pino, que se otorgaron al año siguiente.
En Julio de 1930 visitó Teror el Nuncio Papal Tedeschini; había desapa-
recido la Dictadura pero aun regía el sistema de catolicismo oficial que desapa-
reció con la II República, por tanto el recibimiento incluyó Autoridades Civiles
y demás parafernalia propia de estos actos; casi a los cuarenta años, en Mayo
de 1970, pasó por el pueblo otro Nuncio, Luigi Daddaglio, pero en estancia sin
el recibimiento de 1930.
En Octubre de 1934 pasó por Las Palmas la Misión Pontificia que se tras-
ladó a La Argentina para asistir al Congreso Eucarístico de Buenos Aires, el
Legado del Papa era el Secretario de Estado Cardenal Pacelli; al regreso, el que
sería desde 1939 Pío XII, visitó la Basílica del Pino con su séquito del que for-
maba parte el Infante Don Eugenio de Baviera, Canónigo de la Catedral de
San Pablo de Roma y hermano de Don Fernando de Baviera cuñado de Alfon-
so XIII; el desplazamiento a Teror no estaba programado por decisión de Pace-
lli de no desembarcar del trasatlántico "Comte Rosso", el desplazamiento se
realizó por una gestión de Don Agustín Graciani. Otras altas Dignidades de
la Iglesia pasaron por Las Palmas con destino al Congreso de Buenos Aires;
el Cardenal Verdier, Arzobispo de París, solo por breves horas y el Primado
de Polonia, Augusto Hlond, que al regreso prolongó la estancia en Gran Cana-
ria varios días. El Cardenal polaco era Salesiano, por esa época era Superior
de los Salesianos de Las Palmas el Padre Antonio Espinosa gran amigo de Don
Antonio Socorro Lantigua, por este motivo el Cura de Teror fue uno de los
protagonistas de los agasajos en honor del Primado polaco, que visitó Teror
el 1 de Noviembre de 1934; un amplio reportaje se publicó en el periódico "El
Hoy" de 2 de Noviembre de 1934.
Después de 1936 se sucede una larga serie de visitantes importantes, que
se inició con el Ministro del Ejército General Várela, con palio y culminó con
el General Franco, sin palio, es que el paso por Teror y la visita al Santuario
se incluyó siempre en la agenda de toda personalidad de relieve que pasara por
Gran Canaria; y los visitantes anónimos que visitan a la Virgen, pasión de siem-
pre para los Canarios y no Canarios con fe en la intercesión de la Madre de Dios.

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LAS VERBENAS

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Los jóvenes de antaño esperaban con ilusión la llegada del verano, época
propicia a los festejos populares de las fiestas del Patrono o Patrona y de las
verbenas, que daban ocasión de divertirse, de encontrar amigos y charlar, to-
mar unas copas, cortejar, también algo para contar al regreso a casa y recordar.
No existían discotecas ni televisión, no eran fáciles los desplazamientos a otros
pueblos ni se disponía de dinero; las jóvenes estaban sujetas a un estricto con-
trol familiar, por lo general las mujeres en los pueblos solo salían de las casas
para ir a misa y a las novenas, de compras, a las visitas, al paseo de los Domin-
gos y festivos hasta el toque de oraciones, y si acaso a algiín baile oficial o de
taifas, descamisada o últimas, de resto en casita a fregar y pelar papas. Las fiestas
y las verbenas del pueblo eran la única válvula de escape como participantes
o espectadores.

Las diversiones del verano en Teror tenían el aliciente de la estancia en


el pueblo de los veraneantes, que daban a la Villa un estilo bullicioso y alegre;
la prolífica familia Doreste estaba siempre en todas las movidas que se organi-
zaban. Tenían reflejo puntual en la prensa de Las Palmas porque quizá fue el
pueblo de más entidad en la isla y las mejores plumas de la Capital hacían la
temporada o eran vecinos de la Villa; hemos leído crónicas de verbenas de Don
Félix Aranda y de Miranda Guerra, González Díaz, Fray Leseo y Don Gustavo
Navarro, el periodista Bonello, Rodríguez Doreste, Picar y Morales y muchos
más.

Unas verbenas se organizaban dentro del programa de las Fiestas del Pi-
no. Leemos en "El Diario de Las Palmas" de 27 de Agosto de 1902: "En la
Villa de Teror se hacen grandes preparativos para las fiestas del Pino; la inau-
guración será el gran baile popular anunciado para la tarde del 31; en La Ala-
meda, que es el sitio designado para el baile, y de la una a las dos de la tarde
entraran por distintas calles los distintos grupos ya organizados de tocadores
de guitarra, requinto, bandurria, timple y panderetas", los bailes en La Alame-
da los hacían nuestros abuelos a partir de las dos de la tarde, a la hora en que

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nosotros vemos el telediario. Los periódicos escribieron mucho de esa verbena
llamada Regional; existió un periódico titulado "Unión Liberal" dirigido por
el terorense Don José Bethencourt Montesdeoca, hijo de Don Francisco Be-
thencourt López, este periódico publicaba frecuentes crónicas desde Teror, en
el número 6 de Septiembre de 1902 describía en un estilo rimbombante y retóri-
co la gran Fiesta Regional con intervención de parrandas de los barrios tero-
renses y de Valleseco, San Mateo, Firgas, Arucas y San Lorenzo.

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El "Diario de Las Palmas" del 3 de Septiembre de 1926 publicó una cró-
nica de Don Francisco González Díaz con el título "El pasado vuelve", de una
verbena de rompe y rasga que aun los ochentones la recuerdan como un acon-
tecimiento terorense, con una descamisada y en el pórtico del palacio episcopal
funcionando un telar manipulado por unas viejas.
En las verbenas existían unos puestos de floristas, de bebidas, café, dul-
ces, molinillos y una estación telegráfica en la que se depositaban notas con
una galantería a una persona del otro sexo. En alguna ocasión se organizaban
con el fin de recaudar fondos para un destino determinado, como la que tuvo
lugar en Septiembre de 1918 organizada por una efímera Sociedad denomina-
da "Liga Progresista y Forestal de Teror" con el propósito de destinar el dinero
recaudado a la compra de árboles con que repoblar los campos terorenses, hoy
a nadie se le ocurriría una cosa así. Esta verbena tuvo como cronista a Don
Félix Aranda, que con la gracia y sal de su tierra andaluza la describe en "La
Provincia" del 26 de Septiembre de 1918.

Las verbenas las amenizaba la banda municipal; la de Teror existió desde


1869 y se institucionalizó por un acuerdo del Ayuntamiento de 28 de Febrero
de 1885, el primer Director oficial fue don Agustín Alvarez Alemán con la gra-
tificación de trescientas setenta y cinco pesetas anuales; pasados los años diri-
gió la banda el popular Candidito, Cándido Ortega Hernández; era un hombre
dotado para la música al que los hermanos Arencibia Suárez intentaron de jo-
ven llevarlo a París para darle una formación musical, tenía muy bonita voz,
le recordamos cantando el motete del Miércoles Santo en la Plaza del Pino.

Como despedida de la temporada veraniega solía organizarse una verbe-


na, una Fiesta Típica, como fue la reseñada en una crónica desde Teror en el
periódico "La Provincia" de 17 de Octubre de 1925; se enumeran participantes
con apellidos de la sociedad de Las Palmas de la época: Doreste Morales, Do-
reste Grande, Péñate Medina, Alzóla Péñate, Lecuona, Miranda, Manchado Mar-
tinón. A veces organizaba las verbenas el Casino, como la del 12 de Agosto
de 1923 que hizo época en los anales terorenses, ¿oincidió con la estancia en
el pueblo del Regimiento que estaba haciendo prácticas militares; para asistir

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se habilitaron coches de pasajeros desde Las Palmas al precio de tres pesetas
el asiento, viaje de ida y vuelta.
Los Carnavales eran una verbena continuada del Domingo por la maña-
na hasta las doce de la noche del Martes, el Miércoles de Ceniza comenzaba
la Cuaresma que se respetaba inexorablemente. El primer parrandero era Pan-
cho Francisco Melián, que llamaban Parrando; aparecía por las calles de Teror
en la mañana del Domingo vestido con una especie de Pierrot. Los Carnavales

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de 1935 hicieron época, el Martes a la amanecida se hizo una chocolatada en
la Plaza, en la tarde se organizó una cabalgata con batalla de confetis y serpen-
tinas. Complemento de los Carnavales eran las Estudiantinas que iban por las
casas acompañadas de un rancho de hombres y mujeres, les brindaban con vi-
no, anís, ron, y con las tortillas de carnaval hechas a base de huevos, harina,
canela, matalauva, limón y con el añadido de miel de abejas.

Todo ese mundo de verbenas y carnavales se rompió con las guerras, la


nuestra y la mundial, que tantas cosas se llevaron. Lo de ahora tiene otro estilo,
es otra cosa distinta.

Un grupo de (eroronsi's en los carnuvales de 1909.


BRUJERÍAS, CURANDERAS, SANTIGUADORAS

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No pretendemos hacer un estudio amplio de este tema, que creemos es
una faceta histórico-cultural de la isla poco estudiada; nos limitamos al ámbito
de Teror de una manera muy general.
La creencia en brujerías, maleficios y santiguados no ha sido exclusiva
del campo o de los lugares más pobres y aislados, aunque sí el contexto propi-
cio ha sido la incultura; el analfabetismo y el aislamiento de ciertos núcleos
de población, sin una instrucción adecuada, han sido los factores que más han
influido en el desarrollo de estas prácticas, que creemos que hoy son muy mi-
noritarias por el nivel de información y cultural muy superior a épocas pasadas.
La brujería tenía diversas modalidades, uno de los poderes de las brujas
era el mal de ojo con el que infligían daños a personas o animales; a veces el
maleficio se hacía en un muñeco que acribillado con alfileres permanecía ocul-
to en un lugar que solo podía descubrir la curandera-adivina. También han exis-
tido creencias de fiestas de brujas, que llegaban al punto de reunión en escobas.
Es el caso que hemos visto en el Archivo de la Inquisición del Museo Canario
(Signatura [Link].21). Se trata de una denuncia ante el Párroco de Teror, Juan
Gabriel González, el 31 de Marzo de 1805, de que una tal Jerónima de Vega
se había declarado bruja y que por la noche iba a volar con sus compañeras
al Hoyo de La Laguna, y que una mujer de Tejeda, María Suárez, la enseñó
a volar. Se inició una causa muy prolija, de la que resultó que la tal María Suá-
rez era la bruja mayor; de los informes se dedujo ser notada de profesar y ejer-
cer hechizos y bujerías, y salir de su casa de noche y a horas desusadas. La
mayoría de los procesos de la Inquisición por brujerías, maleficios, sortilegios,
hechizos, adivinaciones y curanderismo, fueron contra moriscos, mulatos y ne-
gros esclavos diseminados por la isla, no faltando elementos isleños nativos y
peninsulares, singularmente portugueses. La Laguna, de Valleseco y su Hoyo,
tuvieron siempre unas leyendas mágicas, no solo de aquelarres o fiestas de bru-
jas. Otra leyenda es la de la Cruz de La Laguna, que tenía un fuego, un jacho;
al llegar una persona el jacho pasaba a otra Cruz junto al camino del Sobradi-

50
lio; al llegar a esta Cruz volvía el fuego a la anterior; este fuego o jacho, era
la luz de un alma que setaba penando.
Las apariciones de almas en pena eran otro de los elementos del conjun-
to de supersticiones de la época; en Teror existe un topónimo con la denomina-
ción Barranquillo de las Animas. Hemos leído una nota en el periódico de Las
Palmas "La Afortunada" de 20 de Agosto de 1873 que dice: "según noticias
que tenemos de la Villa de Teror, parece que algunas personas aseguran haber

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visto por aquellos caminos un Penitente, que anda descalzo y con una soga al
cuello causando pavor a las personas timoratas, y risas a las personas sensatas.
A no ser algún sonámbulo el que de tal manera obra, grandes deberán ser las
culpas del que tan dura penitencia se impone voluntariamente;". El mismo pe-
riódico en su número del 3 de Septiembre siguiente, con un cierto matiz anti-
clerical, escribe: "El Obispo ha permanecido en Arucas toda la semana pasada
administrando el Sacramento de la Confirmación. Esta ausencia ha coincidido
con la desaparición del Pavoroso Penitente que tenía aterrados a unos y diverti-
dos a otros en Teror". Parece ser que la realidad de los hechos era intentar un
heredero cobrar una deuda que un vecino del Barrio Bajo tenía con su padre
muerto.

Para sanar a los que tenían algún mal existían las santiguadoras y las cu-
randeras; estas administraban un brebaje o unas hierbas para curar el malefi-
cio; la santiguadora curaba con invocaciones o rezos, con "santiguados";
generalmente una misma persona reunía la doble condición de santiguadora-
curandera. Una fórmula para santiguar en Teror era: "Yo te santiguo no con
mis manos, con las de Dios y con todos los santos del Cielo (San Pedro, San
Juan y San Antonio eran los preferidos), y que este mal que te hicieron que
se vaya al fondo del mar y no te vaya a salir más". Después de esta fórmula
se rezaba un padre nuestro y un avemaria; en las curas de los nervios tendían
al paciente sobre una cama, le hacían sobre el pecho varias cruces y le presiona-
ban el ombligo; después sobre este ponían una toalla y encima un vaso de alu-
minio con agua hirviendo. En la fraseología de los santiguadores se empleaba
el término "la madre esconchabada", estando la madre en el fondo de la barriga.

En Teror existieron muchas santiguadoras-curanderas. Las más impor-


tantes eran: Celestina, la del Boñigal, santiguadora de personas y de vacas; Jua-
nita Domínguez, vecina de los Ríos en Los Arbejales, componía lo esconchabado,
murió en olor de santidad en 1950. Solo curandera era Emera Brito, popular-
mente la llamaban Mera, La Mera, vivía en la calle de La Escuela del Barrio
Bajo con la hermana Pepa Dolores, personas populares en los anales terorenses.
Las curanderas administraban hierbas y plantas, que realmente eran me-
dicinales; El Mastranto para las enfermedades nerviosas; El Llantén, curativo
en flemones y en infecciones; las hojas de Nogal como tónico; la hoja de euca­
lipto blanco y la Borraja en catarros y resfriados; la Brujilla en el Sarampión;
la malva para las dolencias de estómago; la vinagrera se utilizaba en las pulmo­
nías; la plempina y el marrobio en la diabetis; la cola de caballo, medicinal pa­
ra limpiar la orina, cálculos e irritaciones de las vías urinarias.
El curanderismo del maleficio se ejercía casi siempre por mujeres, que
solían ser además aficionadas parteras y por lo general percibían sus honora­

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rios en especie; tenían lo que llamaban "una casa regalada o regalona" porque
nunca faltaban papas, fruta, baifos, huevos, etc., obsequio de clientes y veci­
nos. Existían los curanderos especialistas en arreglos de fracturas de huesos,
a los que llamaban Esteleros. Todo un mundo en que se confiaba más en los
curanderos que en los médicos.

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MILITARES

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En 1572 la Real Audiencia de Canarias informó a Felipe II que para de-
fender las islas de los continuados ataques de los moriscos y piratas sería con-
veniente que, además de las tropas peninsulares que las guarnecían, se crearan
unas milicias auxiliares formadas exclusivamente por naturales del país, que
tuvieran jefes propios. El Rey aprobó el dictamen y por Cédula de 29 de Abril
de 1573 se crearon las Milicias de Canarias.
También en la Villa terorense existieron unas milicias; en algún documento
se denomina a Juan Pérez de Villanueva Capitán de la Compañía de Teror, que
tuvo cierta entidad; cuando la expedición de los ingleses y holandeses a la isla,
Alvarado para la guardia del Puerto exigió de Teror ocho hombres y un cabo,
y en 1596 al convocar para el 4 de Agosto a toda la gente de a caballo de la
Ciudad y la isla como preparativo o ensayo de una posible invasión, en el re-
parto que se hizo a Teror correspondían 35 hombre (Antonio-Rumeu de Ar-
mas: "Piraterías y Ataques Navales contra las Islas Canarias").

En el ataque del holandés Van der Does en Junio de 1599, la Compañía


de Teror mandada por Baltasar de Arencibia se situó en las proximidades de
la Caleta de Santa Catalina (donde hoy se encuentra la Basa Naval) con las
compañías de La Vega y Arucas, bajo el mando superior del Gobernador Alva-
rado se dirigieron al encuentro de los holandeses que intentaban desembarcar,
en una de las acciones murió el Cura Riberos. En los combates se distinguió
la Compañía de Teror, arrebatando a los enemigos una de sus banderas; recogi-
do este trofeo por el Capitán de la gente terorense, el Capitán General autorizó
que lo adornaran con una imagen de la Virgen del Pino.
En 1770 se desplazó a Canarias el Brigadier Nicolás María Dávalos con
la misión de reglamentar las milicias; jefes y oficiales de la escala activa del
Ejército debían formar un tribunal para comprobar la aptitud de los aspirantes
a obtener el empleo de Oficial, a los declarados aptos se les expedía un Despa-
cho firmado por el Rey. En Febrero de 1886 se suprimieron las milicias, creán-
dose en su lugar el Ejército Territorial.

53
A mediados del siglo XIX existía un Batallón de Milicias compuesto por
los pueblos de Teror, Arucas, Valleseco, San Mateo, Santa Brígida y Firgas, en
Teror radicaban dos compañías. Un acta de 27 de Enero de 1856 (Archivo del
Ayuntamiento de Teror) contiene los acuerdos de una reunión de la oficialidad
de las milicias de la Villa, en virtud de Circular de la Diputación Provincia',
para nombrar la Plana Mayor del Batallón; igual junta se realizó en los otros
pueblos; Leemos que el Capitán de la primera compañía terorense era Don Fran-
cisco Bethencourt López, de la segunda Don Antonio Vicente Domínguez. En

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la elección de Teror proclamaron por unanimidad Primer Comandante a Don
Bartolomé Sarmiento, vecino de Valleseco, Segundo Comandante Don Fran-
cisco Bethencourt López, vecino de la Villa; Ayudante Don José Naranjo Do-
mínguez, Teniente de la segunda Compañía de Teror; Abanderado Don José
María Domínguez, Teniente de la primera compañía; Capellán Don Juan Ma-
nuel Domínguez, Presbítero de la Parroquia del Pino. Singular designación de-
mocrática de cargos militares.
Las Compañías de Teror escoltaban la imagen de la Virgen del Pino en
las procesiones; entresacamos un escrito de 29 de Mayo de 1882 del Alcalde
al Gobernador Militar de la isla solicitando "se digne ordenar que la compañía
que dota esta Villa dirigida por quien corresponda y al toque de corneta mar-
che escoltando la procesión de la imagen de Nuestra Señora del Pino su Patro-
na, en la fiesta votiva que en honor de dicha Señora tendrá lugar en esta misma
villa el día 27 del mes próximo entrante".
En las crónicas terorenses hay que anotar algunos hechos relacionados
con el estamento militar. El Regimiento de milicias de Canarias eligió en 1787
por su Patrona a la Virgen del Pino. El periódico "El Diario de Avisos de Las
Palmas" de 1 de Marzo de 1893 publicó que la colonia inglesa obsequió con
una gira a Teror a la oficialidad de la Escuadra inglesa de visita en el Puerto.
El 30 de Octubre de 1906 tropas de la guarnición de Gran Canaria realizaroi';
marchas por distintos pueblos de la isla siendo revistadas en Teror por el Co-
mandante General de las islas orientales General Hernández de Velasco. En 1911
murió en la Villa el Capitán de Infantería y Alumno de la Escuela Superior
de Guerra, Don Ángel Balcácer; se había desplazado al pueblo con la finalidad
de realizar unos trabajos topográficos, debió de ser persona bien relacionada
en los medios militares puesto que el entierro fue un acontecimiento por las
asistencias de altas representaciones. A finales de Septiembre de 1917 estuvo
en Teror en marcha de prácticas el Escuadrón de Caballería de guarnición en
la Capital, en el Casino se celebró un baile en honor de la oficialidad.

El 15 de Abril de 1925 se desplazó a la Villa Mariana el Batallón Expedi-


cionario a la guerra de Marruecos, del Regimiento de Infantería de Las Pal-

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mas, con el Coronel Rafael de Castro Caubín. Los periódicos lo calificaron de
gran acontecimiento; misa en la Basílica, comida de la tropa en La Alameda,
banquete a los jefes y oficiales en el Hotel Royal, desfile, baile en el Casino:
Se dio la circunstancia de un soldado del Batallón: Francisco Herrera Pérez,
del Hornillo, fallecido al día siguiente de regresar de África.
Previo expediente instruido por el Coronel Rafael de Castro Caubín, por
Real Decreto de 21 de Agosto de 1929 firmado en Santander por Alfonso XIII

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y el Ministro del Ejército Julio de Ardanaz, se concedieron honores militares
a la Virgen del Pino. La procesión del 8 de Septiembre tuvo especial solemni-
dad; dos compañías del Regimiento de Infantería cubrieron la carrera y escol-
taron a la Patrona, la Banda militar tocó una marcha compuesta por el Maestro
Santiago Tejera sobre motivos de la marcha real y el himno "Ave Maria Ste-
11a"; representó al Rey el Capitán General de la Región, Rodríguez Casademunt,
asesinado en Madrid en la guerra civil; en fotografías de la época se identifican
en la procesión del Pino de 1929, al Obispo Serra y Sucarrats, también asesina-
do en 1936; Don Laureano de Armas Gourié, Presidente del Cabildo Insular;
a Don Mariano Cáceres, Gobernador Civil; el General Jaúdenes Nestorio, Go-
bernador Militar; el Alcalde José Hernández Jiménez. En la República se su-
primieron toda clase de honores a las imágenes, restableciéndose con el
Movimiento en la procesión del Pino de 1936.
Al Coronel Castro Caubín, instructor del expediente, le nombraron hijo
adoptivo de Teror, al General Primo de Rivera Alcalde honorario de la Villa,
se consideró que la concesión de la Capitanía General a la Patrona era un alto
honor.
En la época de la guerra civil de 1936 a 1939, muchos soldados que regre-
saban del frente, algunos mutilados, caminaban a Teror a agradecer a Nuestra
Señora el regresó a la tierra. Al término de la contienda, el 30 de Julio de 1939,
se concentró en la Villa una multitud de ex-combatientes en acción de gracias
por la terminación de la guerra.

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UN CRONISTA

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En 1897 y 1898 el temor por una posible invasión americana de la isla
movió a muchas personas a abandonar Las Palmas e irse a los pueblos del inte-
rior; gran parte de la élite intelectual de la ciudad se trasladó a Teror. Don Emi-
lio Valle y Gracia en "Cuaderno de Recuerdos Triviales" rememora esa estancia
de su infancia, los grupos de familias de la Capital, las visitas al Padre Cueto
en el Palacio Episcopal de La Alameda, y las calles silenciosas y tranquilas.
Uno de los hombres más brillantes de esa época terorense fue Don Manuel Pi-
car y Morales, natural de La Laguna, estuvo destinado como militar en Filipi-
nas; escritor, pintor, gran aficionado a la filatelia, a la numismática y
coleccionista de los más variados objetos. Su contribución a la literatura isleña
fue valiosa, con obras como: "Tiempos mejores", "Semblanzas humorísticas
Laguneras", "Cosmorama y amor" —de recuerdos e impresiones de un viaje
por Europa hasta el Extremo Oriente—, "La Bruja de las Peñuelas", narración
de los tiempos de la Inquisición; "Agenere", folklore canario ilustrado con per-
sonajes de la época. Era un artista que ilustraba sus obras con dibujos de gran
calidad; una novela de Luis y Agustín Millares y Cubas, "Monsieur Charles",
publicada en la revista del Museo Canario tiene ilustraciones de Picar y Morales.

En las colecciones de la Hemeroteca del Museo se pueden examinar di-


bujos suyos publicados en "La Provincia" y en "Canarias Turista", una serie
se titula "Compilación Científica y artístico literaria de Gran Canaria y princi-
palmente de Las Palmas", reproduciendo las diversas variantes observadas en
el escudo de Las Palmas desde que le fue concedido por los Reyes Católicos;
también reproduce rincones típicos, ermitas, balcones, fuentes y otros motivos;
la otra serie de dibujos son recuerdos de sus andanzas por tierras de Teror, Ar-
tenara y Tejeda; la esbeltez de la torre de la Basílica del Pino.

En 1905, como cronista de la Villa de Teror, publicó en la tipografía Al-


zóla en reducida edición que no destinó a la venta, una monografía del pueblo
que más tarde reprodujo en la revista del Museo Canario; se titulaba "Teror,
Monografía y Excursiones", que es una descripción de la Villa con un estilo

56
retórico y ampuloso, propio de la época. No obstante, contiene algunas obser
vaciones interesantes sobre costumbres de la localidad. Refiere que la mujer del
campo se distinguía en su vestido de las demás de la isla, en que sobre la manti-
lla llevaba un pequeño sombrero de fieltro negro con cinta y lazo muy ceñido
del mismo color. Lo mejor de esta obra es la parte gráfica, con unos bonitos
dibujos de la casa del Mayorazgo de Manrique, de una ventana del Palacio de
La Alameda, de Juan el bobo del Hoyo, y de otros motivos.

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Don Manuel Picar y Morales fue una persona de una cultura extraordi-
naria en los más diversos campos; en 1884 publicó un "Tratado descriptivo y
noticias generales de filatelia"; era coleccionista de bastones.
Merece ser recordado este hombre ingenioso y culto, que no siendo del
pueblo mucho lo quiso.

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POETAS TERORENSES

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Estar dotados para la poesía quiere decir tener ingenio, porque los poetas
tienen el trabajo difícil de hallar la palabra exacta que exprese unos sentimien-.
tes, o de hilvanar unas frases dichas con gracia sujetas a la medida de un verso.
Hay una poesía popular como es la del Rancho de ánimas, las coplas son
versos no escritos que se van transmitiendo de padres a hijos, improvisados ca-
si siempre; una muestra del ingenio popular de los rancheros es la visita a una
casa, los recibe y agasaja la dueña y le recitan: •
Pinito Santana
en El Pedregal
es como el Obispo
en su Catedral.
O bien al Sorchantre del pueblo, que en tiempos pasados cantaba res-
ponsos en los entierros:
Don Carlos Arencibia
que lo tengo delante
más vale cantarle
que el me cante.
O el recuerdo a una hija muerta en otras tierras:
María Concepción
por su poca suerte,
fue a buscar la vida
y encontró la muerte.
O el sentido elogio a una sacerdote:"
Sobre la tierra
y debajo del Sol,
no he visto yo un Cura
como el de Teror.

58
Poesía popular es la Isa de Candidito:
Asómate a tu ventana
cara de luna redonda
que el lucero te ronda
lucero de la mañana.
Las Fiestas del Pino han inspirado en todas las épocas la pluma de nues-

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tros mejores escritores, como son las estrofas salidas de la inspiración popular
de Néstor Álamo; los versos del terorense Ignacio Quintana; de Doreste Silva,
del sacerdote Don Mariano Hernández Romero, de Ervigio Díaz Bertrana y
muchos más. El canónigo terorense Don Miguel Suárez Miranda compuso unos
versos de un bonito himno a la Virgen del Pino al que puso música el Maestro
Valle; de Don Miguel Suárez pudiera hacerse una antología con sus trabajos
literarios, en los que destaca su faceta de poeta. En la novena del Pino del Pre-
bendado Hernández Zumbado, que desde 1782 se reza en la Basílica del Pino,
hay unas estrofas invocando a la Patrona.

En una evocación del pasado terorense, no debemos omitir a los hijos


de la Villa o muy relacionados con el pueblo, dotados de la facultad de compo-
ner poesías; unos de inspiración sencilla y otros de mayor relieve. Repasando
periódicos en la Hemeroteca del Museo Canario, hemos leído en "El Porvenir
de Canarias" una poesía con la firma de Ventura Aguilar fechada en Teror el
25 de Octubre de 1853; también leemos que publicó un poema con el título "El
cólera morbo" sobre la epidemia que asoló a Gran Canaria en 1851, y que sus
poesías se reunieron en un libro titulado "Cantos de un Canario", datado en
Madrid en 1855. Esta persona fue Secretario del Ayuntamiento de Teror en dis-
tintos periodos, por 1846 y en 1867. Estuvo vinculado a la Villa puesto que en
una Escritura Pública de 27 de Abril de 1849 ante el Escribano Francisco Que-
sada, comparece como vecino del pueblo vendiendo a otro vecino una suerte
de tierra labradía que había comprado con anterioridad; por otra Escritura an-
te el mismo Notario, de 6 de Octubre de 1856, resulta que Severino Aguilar era
dueño de una finca con casa de alto y bajo en El Boñigal que fue de su herma-
no Ventura Aguilar.

Pablo Romero y Palomino no era hijo de la pila terorense, pero,como


titular del Vínculo de los Romero residía en la Casa Solariega de la Villa hasta
que un frustrado lance amoroso lo hizo renegar del pueblo y recluirse en Valle-
seco; cuando por exigencias de las mandas piadosas del Vínculo tenía que des-
plazarse a Teror, lo hacía con unos zancos de madera para no pisar tierra
terorense. Tenía la vena poética de los Romeros; Agustina González y Romero
"La Perejilla" era de la misma saga, Néstor Álamo ha publicado un libro so-

59
bre este tema. Fue colaborador de los periódicos "El Porvenir de Canarias",
"El País", y "El Ómnibus"; en el número de este de 9 de Diciembre de 1857
se anuncia la publicación de una colección de poesías de Romero y Palomino
con el título "Las Flores del Alma".

José Domínguez Miranda fue un poeta local que siempre residió en Te-
ror, de la saga de los Miranda terorenses; era pariente próximo del canónigo
Don Miguel Suárez y de Don José Miranda Guerra; escribió en 1914 una emo-

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tiva poesía dedicada a la Fuente Agria, símbolo con la Virgen del Pino, de la
Villa:

La cristalina agua agria


es nuestro patrimonio,
y os da por testimonio
valor para vencer.

Vicente Jiménez Hernández, de las sagas terorenses de los Jiménez y los


Hernández; nació en el Barrio Bajo, fue Secretario del Abogado Don Antonio
Limiñana. En 1928, en la tipografía del Diario, publicó una colección de poe-
sía nominada "En la isla de la Luz", con varios temas, uno es la procesión del
Pino:

Pino encendido de aromas


sobre telares de plata
va volando por el sol
en el cuadro de la plaza.
Vicente Jiménez era colaborador de la prensa de Las Palmas, especial-
mente del "Defensor de Canarias"; hemos leído un "Poema de las canteras
azules" al Monasterio de las Dominicas en San Matías:
Piedra sin herir:
piedra impasible.
Piedra herida:
bloque azul.
Manuel Lantigua Pérez, hombre terorense, político, filósofo, profesor, poe-
ta y un tanto bohemio; la recordamos mitineando en los tiempos anteriores a
la guerra civil en actos de propaganda de Acción Popular, era un Gilroblista
fervoroso; creo que también estuvo en Cuba; publicó un libro, especie de ensa-
yo filosófico, con el título "Un viaje por el mar del tiempo"; no faltaba nunca
a la cita del Pino con alguna poesía alusiva a las Fiestas; una sobrina nieta,
María del Pino Naranjo Viera, ha heredado la vena lírica.

60
Manuel Sarmiento Ortega es un entrañable personaje de la galería de re-
cuerdos terorenses. Hijo de la popular Antoñita Sarmiento o Mariquita Anto-
nia, fue seminarista; popularmente se le conocía por Manolito Sarmiento y
cariñosamente le llamaban Manolito Tirijala como señas de identidad, por una
repostería que confeccionaba y vendía a la chiquillería que chupaba el dulce
hecho a base de miel; era un hombre bueno; publicaba algunas poesías en la
prensa, entre otras en "El Eco de Canarias" de 5 de Enero de 1963:

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Madre, ya vienen los Reyes,
ya siento la escandalera
de sus esclavos y pajes
con tambores y cornetas.
Pino Ojeda Quevedo es nacida en Huertas del Palmar, de Teror; conoci-
da es la trayectoria de su vida y su dedicación a la pintura y a la poesía, ocu-
pando un lugar destacado en la Literatura Canaria, premio "Tomás Morales";
ha publicado varios libros, y fundó y dirigió la revista "Alisio, hojas de poesía".
Cipriano Acosta Navarro, aunque nació en Arucas, su vinculación fami-
liar es Teror. Su abuelo, Don Manuel Acosta Sarmiento, fue Alcalde de la Villa
durante veinte años, y un tio abuelo, Don Francisco Acosta, Presidente de las
Audiencias Territoriales de Zaragoza y Granada. Pregonero de las Fiestas del
Pino de 1968, a la Patrona le dedicó los sentidos versos:
Señora, tu que has bajado
a este valle de pastores
a extender con tus fulgores
este bosque y este prado
que no te apartes de mi lado,
¡quédate aquí en mis pinares!
Y pon tu brazo en mis sillares
y luz en mi camino
y tu paz, Virgen del Pino,
en el sudor de mis manos.
Cipriano Acosta pasea su hombría de bien por Las Palmas, pero siempre
se ha sentido un terorense.
El ilustre Ignacio Quintana Marrero nació en El Castaño, en la calle del
Monasterio Cisterciense; estudió en el Seminario y posteriormente en la Escue-
la de Periodismo del Debate. Pregonero por dos veces de las Fiestas del Pino,
casi toda su obra es un canto a Teror, a la Virgen, a la Basílica, a los paisajes
terorenses, a sus barrancos; de "Arpa de las Islas" es una bellísima poesía:

61
La historia de sus lares se pierde entre las páginas
de una vieja leyenda que urdieron los abuelos,
personajes entonces de bucólicas láminas
que diz que presenciaron prodigios de los cielos.
Mucho se podría escribir de Ignacio Quintana, es imposible enumerar
en un corte espacio la serie de artículos y poesías sobre temas terorenses escri-
tos por él como director, periodista o autor literario. Es una persona que debe

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figurar como hijo Predilecto de Teror.
Los poetas terorenses han querido entrañablemente a su pueblo, quizá
hayan sido injustamente olvidados.

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UN HOMENAJE

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En los primeros días de Enero de 1919 Don José Bethencourt Montes-
deoca fue agredido en la calle Doctor Chil de Las Palmas de Gran Canaria,
resultando herido grave de una puñalada.
Don José Bethencourt, uno de los hijos del comerciante Don Francisco
Bethencourt López, se avecindó en la Capital ejerciendo desde 1901 la profe-
sión de Procurador de los Tribunales. Hombre de carácter fuerte, un tanto im-
petuoso y explosivo, intervino en la política y en el periodismo de la época,
existió un periódico denominado "Unión Liberal" del que fue Director Pro-
pietario. Dentro del Iconismo existieron varias agrupaciones que, acatando la
jefatura de León y Castillo, se disputaban el liderazgo del partido liberal en
la isla; una de las tendencias que no acataba la supremacía de los denominados
agustinos, seguidores de los líderes insulares Don Agustín Bravo y Don Juan
Melián Alvarado, era la de los llamados Bethencurianos liderados por otro hi-
jo de Don Francisco Bethencourt López, Don Francisco Bethencourt Montes-
deoca, que instalado en Tenerife representó en la Diputación Provincial al distrito
de Las Palmas.

Los seguidores de Don Agustín Bravo y Don Juan Melián Alvarado do-
minaban la política terorense, pero las luchas intestinas de Las Palmas con fre-
cuentes enfrentamientos entre los leonistas, que no respetaban el reparto político
que tácitamente se había establecido en zonas de influencia en los distintos pue-
blos, se reflejó también en la Villa Mariana. Don Manuel Acosta Sarmiento
que había sido Alcalde muchos años fue muy combatido y atacado por cierto
sector de la prensa de Las Palmas; las elecciones de Noviembre de 1913 fueron
muy tensas, enfrentándose personas de la misma filiación Liberal leonista, el
nuevo Ayuntamiento designó Alcalde a Don Juan Rivero García. En Enero de
1914 surgió el conflicto del expediente de declaración de aguas minero-
medicinales del manantial de la Fuente Agria, que motivó la constitución en
el pueblo de unt. Junta Patriótica de Defensa integrada por Don José Bethen-
court, el emigrante a Cuba Don Antonio Ortega Jiménez y varios líderes loca-

63
les. Resulta la cuestión de la fuente Agria se plantearon otros problemas en un
nivel distinto. Con vista a las elecciones municipales de 1915 se constituyó un
partido político local denominado "Los Hijos de la Pila", que tenía como pro-
grama derrotar a los Yánez que tenían el control del Ayuntamiento. En este
mar de fondo y confusionismo, Don José Bethencourt Montesdeoca se instaló
en la política local; durante unos años fue líder indiscutido terorense, hasta que
fue derrocado del liderazgo por otra coalición; en la dictadura de Primo de Ri-

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vera tuvo alguna influencia en la designación de cargos políticos terorenses. Hay
que reconocer que sus buenas relaciones en Las Palmas allanaron el expediente
de obras de las carreteras de Teror-Arucas, Teror-Valleseco y de creación de es-
cuelas.

Homenaje a Don José Bethencourt Montesdeoca en 1919.

La agresión a Don José Bethencourt ocurrió en tiempos de su mayor po-


der terorense. En la Villa le hicieron un homenaje de apoteosis, reseñado en
el periódico "La Provincia" de 21 de Febrero de 1919, un verdadero culto a
la personalidad. Restablecido de las heridas, fue recibido en Teror con arcos,
un Te Deum de acción de gracias en la Basílica y función religiosa a toda or-
questa; nombramiento de Hijo Predilecto; nominación de una calle; un ban-
quete popular en La Alameda; discursos; baile en el Casino. En el Hospital Don
José Bethencourt otorgó testamento, legó su patrimonio primero a la esposa
y después al pueblo de Teror para la edificación de un Hospital, este hecho se
destacó mucho en los discursos del homenaje.

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Hoy queda como recuerdo una lápida en la calle General Franco alusiva
al comercio de Don Francisco Bethencourt López, colocada dentro del progra­
ma del homenaje; y las cacerías, que montaba de una manera espectacular; las
cacerías de Don José Bethencourt tenían una parafernalia: perros, séquito, som­
breros, plumas.
Don José Bethencourt al derrocarlo como líder, se exilió de Teror, revocó
el testamento del Hospital y trasladó las estancias veraniegas a Firgas. En los

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pueblos los prestigios políticos son siempre efímeros.
RECUERDOS ESCOLARES

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Mi primera Escuela fue una Unitaria Privada de niños allá por 1929 regi-
da por Don Antonio Sarmiento Ortega, ubicada en la casa de Mariquita Anto-
nia, de reciente edificación por ese año en el solar de la casa de la Cilla o de
la Virgen; en lo que fue salón escolar se instaló más tarde la tienda "La Estre-
lla" de Pepito Falcón. Al año siguiente Don Antonio Sarmiento se integró en
el Magisterio oficial, sucediéndole como titular Don Juan del Rosario Pérez,
un hombre del Trapiche de Arucas, que continuó en la enseñanza privada has-
ta la década de los cuarenta. Auténtico trabajador de la enseñanza, tenía alum-
nos de día y de noche, y además clases particulares, casi todos los niños
escolarizados en Teror entre 1930 y 1940 pasaron por la Escuela de Don Juan
como popularmente se conocía. Oficialmente se denominaba "Colegio Nues-
tra Señora del Pino". Otras escuelas del pueblo eran la de Don Domingo Déniz,
la de Don José Pérez, de Doña Concha, de Doña Toribia y la de Párvulos de
Anita. Las escuelas privadas eran llamadas particulares o de pago para diferen-
ciarlas de las públicas.

Los libros que se utilizaban en las primeras letras eran La Cartilla y El


Catón; por 1932 aparecieron El Rayas I y El Rayas II, más amenos que las carti-
llas anteriores porque estaban ilustrados con imágenes. Para el aprendizaje de
la escritura se utilizaba pizarra, pizarrín, pluma, palillero y unos cuadernos de
caligrafía que se compraban en la tienda de los Hernández. Teníamos, además
de Las Rayas y El Catón, La Infancia, Las Lecciones de Cosas, El Manuscrito;
el Grado Preparatorio, El Elemental y Medio de Porcel y Riera; el Grado Supe-
rior no se llegó nunca a dar. Para practicar la lectura y repasar la gramática,
el maestro nos hacía leer el Don Quijote.

Unos niños llevaban calzado, pero otros iban descalzos, signo de la po-
breza de los tiempos, aunque en la Escuela de Don Juan por ser privada se
pagaban cinco pesetas de honorarios mensuales, el jornal diario de un peón.
Cuando estábamos libres de la escuela jugábamos a los tres juegos favo-
ritos de el boliche, el trompo y la "piola"; en este, los saltos iban acompañados

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1931. Alumnos de la Escuela de Don Juan del Rosario Pérez.

de una retahila de palabras; por la primavera "echábamos las cometas" que


se armaban con cañas rajadas hechas varillas y papel de colores comprado casi
siempre en la tienda de Mariquita Antonia. Antes de la clase de la tarde se or-
ganizaban en la Plaza del Pino o en La Alameda unos partidos de fútbol con
una pelota de trapo o de papel, siempre que no estuvieran a la vista los guar-
dias Facundo o Antoñito. El maestro utilizaba una palmeta y un puntero para
meter en cintura a los alumnos.
Con los conocimientos de la Escuela, sobre todo los aprendidos en el grado
Medio de Porcel y Riera, hizo el que escribe el examen de ingreso en el Institu-
to. La Doctrina, como se decía, o Catequesis, la dábamos en la iglesia los do-
mingos por la tarde, en los tiempos de la República la enseñanza era laica; como
catecismo teníamos El Ripalda que aprendíamos de viva voz.

La enseñanza era fundamentalmente memorista, aprendíamos la tabla de


multiplicar de memoria; gran parte de las cosas que recitábamos en las leccio-
nes no las entendíamos, aunque en mi época se había desterrado el recitado
de la lista de los reyes godos; donde quizá se acusaba más el memorismo era
en la Doctrina o Catequesis, se contestaba a las preguntas del Ripalda sin com-
prenderlas. De todas formas eran maestros de una gran vocación y humanidad;
Don Juan del Rosario era duro con la palmeta y el puntero, pero castigaba con
amor. Otra cosa que hacían los maestros de la época era leernos algún día a
la semana un librito sobre aseo y comportamiento social que se llamaba Lec-
ciones de Urbanidad.
Han pasado más de sesenta años desde la primera Escuela de 1929; du-
rante todo este tiempo han desaparecido de este mundo mis dos maestros y mu-
chos de mis compañeros de clase, no quedamos más de dos docenas. A todos
los que no están quisiera dedicarles un cariñoso y sentido recuerdo.

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EL COLEGIO DE LAS JIMÉNEZ

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Las señoritas Jiménez, como popularmente se les llamaba, establecieron
un Colegio en Las Palmas en 1862, en la calle Espíritu Santo, actual número
15, con la denominación de "La Inmaculada Concepción". Eran de Teror las
cuatro hermanas: Rafaela, María Dolores, Juana y Catalina Jiménez Romero.

Otra hermana, Sor Agustina Jiménez Romero, fue Superiora del Hospi-
tal de San Martín. Merece ser recordada por su carácter enérgico, unido a un
espíritu de sacrificio y un gran sentido de la caridad; cuando por la morosidad
de la Diputación Provincial a los enfermos les faltaba lo más elemental. Sor
Agustina se lanzaba a la calle a pedir limosna; su labor como hermana de la
Caridad durante el cólera de 1851 fue heroica; el pueblo la llamaba "la madre-
cita"; murió a los sesenta años el 10 de Mayo de 1882 y su entierro constituyó
una imponente manifestación de duelo presidida por el Obispo Pozuelo.
Don Ignacio Jiménez Romero era hermano de las señoritas Jiménez; ob-
tuvo por oposición la Maestría de Ceremonias de la Catedral y se posesionó
de una canonjía en 1905. También profesor del Seminario, murió en 1908.
El padre de las Jiménez era terorense: Pedro José Jiménez Marrero. Fue
designado en 1830 Maestro de Arucas, el primer maestro oficialmente estante
en la villa aruquense, teniendo inscritos hasta ciento cinco niños en su casa-
escuela de la hoy calle León y Castillo; cesó como maestro en 1834 por ser nom-
brado Sacristán Mayor de la Basílica del Pino; hombre muy impuesto en el ser-
vicio del culto y canto llano, pues había sido Sorchantre de la Catedral. Por
esa época la Basílica terorense tenía un Sorchantre —Sacristán Mayor, un Sa-
cristán menor y un Ayudante de Sacristán, y cuatro mozos de Coro, según las
Constituciones del Obispo Herrera, que regulaban los servicios de Altar y Co-
ro en la Basílica, el Sorchantre cantaba en todas las horas canónicas y oficios
de vísperas, laudes y maitines; debía saber el canto llano y enseñarlo a los mo-
zos de coro. El Colegio de las Jiménez comenzó a funcionar en Septiembre de
1862, en una época en que la enseñanza oficial estaba muy desatendida, con

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maestros muy mal pagados dependiendo totalmente de la precariedad de las
haciendas locales, el sostenimiento de las escuelas estaba a cargo de los ayunta-
mientos.
Doña María Dolores Jiménez Romero había sido Maestra de la única es-
cuela de niñas del barrio de Vegueta; Doña Rafaela y Doña Juana tenían el
título de maestras superiores; Don Ignacio, Capellán-Director, impartía las clases
de Religión, Moral y Gramática. Disponía el Colegio de un profesorado muy

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competente en las diversas materias, Doña María Mauserier y Bon tenía a su


cargo la clase de Lengua Francesa; el profesor de Matemáticas Don Pablo Pa-
dilla y Padilla, Aritmética, Geometría y Dibujo Lineal; mención especial mere-
ce el catalán Don Luis Rocafort, beneficiado y organista de la Catedral desde
Abril de 1861 a 1892, profesor que tenía a su cargo la clase de música, piano
y canto. Muchas señoras de la sociedad isleña del último tercio del siglo XIX
recibieron una formación musical en las aulas del Colegio de las Jiménez a tra-
vés del beneficiado Rocafort; en las crónicas de los periódicos de Las Palmas
de la época se reseñan intervenciones de alumnas en conciertos en el antiguo
Teatro Cairasco.
Las alumnas del Colegio podían ser internas, medio internas y externas;
leemos en su Reglamento que la pensión mensual era de ciento ochenta reales
las internas y de cuarenta las externas.
Vencidas por los años las Jiménez se retiraron de la enseñanza; la última
fallecida. Doña Catalina, murió en el Hospital de San Martín en Octubre de
1928. Unas hermanas que tuvieron un gran relieve social como personas desta-
cadas de Las Palmas.

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HOTEL EL PINO

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El viajero de Las Palmas entra en Teror por el llamado Muro Nuevo, un
espacio acotado por un paredón que se construyó a finales del siglo pasado
como contención del terraplén formado por la apertura de la carretera Las
Palmas-Teror. Los avatares políticos de este país hicieron nominar este lugar como
Plaza XIII de Septiembre, en recuerdo del golpe de estado del General Primo
de Rivera en 1923; este nombre apareció, desapareció y reapareció al compás
de la caída de la Dictadura, de la proclamación de la República con la consi­
guiente desaparición de todos los vestigios del primoriverismo, y vuelta de nue­
vo el 18 de Julio de 1936 de la lápida colocada en 1926; en la actualidad
desconocemos como se denomina oficialmente este enclave terorense, pero el
pueblo le llama El Muro Nuevo. En el entorno está situado el Instituto de Ba­
chillerato, construido a finales de la década de los cuarenta como Colegio Sa-
lesiano.

Al viajero le da la bienvenida un amplio edificio con una marquesina en


el frontis, lindante a los costados con la calle principal del pueblo y con la que
se identifica en el plano de 1870 del ingeniero Juan de León y Castillo con el
nombre de Las Palmas. Su solar fue parte de La Huerta de Matos; lo deduci­
mos de una Escritura de 4 de Noviembre de 1799 ante el Escribano Francisco
Martínez de Escobar, por la que María Josefa Azofra en nombre de su hijo
José de Matos, vendió a Bartolomé Cabrera, vecino de Teror, por ciento cua­
renta pesos de a quince reales un solar con algunos materiales "que mira por
delante con la calle Real, por detrás y un lado con casas de Don Andrés y Don
Pedro Russell, y por el otro lado el callejón de Don Domingo Navarro del Cas­
tillo"; el nombre de este callejón es por una huerta y unas casas propiedad del
Presbítero fundador de la Escuela de Patronato terorense; se agregaron a la Ca­
pellanía que fundó el Marqués del Toro denominada de la Misa del Alba; co­
rresponden al cercado y casa que fue de Don José de Medina; se denominaron
Capellanías de Alonso por el nombre del Capellán Alonso de la Nuez. La ven­
ta de 1799 se hizo para invertir el importe en las casas principales del Mayoraz-

71
go de Matos en Las Palmas; posiblemente los Matos proyectaron construir en
este solar una casa solariega que no tenían en Teror a pesar de las extensas pro-
piedades que poseían en la Villa.
El edificio actual fue construido por Don José del Pino Cárdenes, pa-
sando posteriormente a la propiedad de Don Simón Quintana, hombre del So-
bradillo, de Valleseco. En la planta baja estuvieron las cocheras de un negocio
de transporte con caballerías; el acceso era por un portalón en la actual oficina

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de la sucursal del Banco Central. En lo alto se estableció un Hotel o Fonda
desde principios de siglo denominado El Pino; en el Anuario de la Provincia
de Canarias para 1905, de Zumbado, se hace referencia a este Hotel de Don
Simón Quintana.

En Teror existieron varios hoteles, hemos leído en una crónica del "Dia-
rio de Las Palmas" de 9 de Julio de 1894 que con motivo de la visita del Gene-
ral Ahumada a la isla, en el Hotel Inglés de la villa terorense le obsequiaron
con un baile en el sitio destinado por la colonia inglesa al juego de la pelota;
este Hotel estuvo situado en el edificio número 7 de la actual calle General Fran-
co. Hemos leído un anuncio en el periódico "Diario de Avisos" de 18 de Junio
de 1889 que dice "se acaba de abrir un Hotel en la Villa de Teror, en una mag-
nífica casa situada en la Plaza principal y frente a La Alameda, bajo la direc-
ción de Bernardo Ruiz".

Al fallecer Don Simón Quintana quedó como titular del Hotel su hijo
Don Eduardo Quintana González, hombre de temperamento y de iniciativa que
derivó a otros negocios hasta ser, gracias a su tenacidad e ingenio, una figura
de relieve en la industria insular de refrescos; en los años treinta tuvo una fábri-
ca que elaboraba gaseosas, sifones, jarabe embotellado y el Orange Crusch, an-
tecedente de la planta industrial Nik. La ociosidad no cuadraba en la viveza
de su carácter; dotado de imaginación y perspicacia para aprovechar las opor-
tunidades que siempre ofrece la vida, por 1933 colocó unas tuberías por las
calles del casco urbano de Teror para abastecer de agua potable al vecindario,
siendo el pionero de este servicio público, anterior al Ayuntamiento.

La gente del pueblo recalaba por el Bar del Hotel para el copeo o para
la tertulia; a la gente le gustaba hablar, no había Televisión y la radio estaba
en sus inicios, los huéspedes fijos eran pocos, aumentaban en la temporada de
verano; en el veraneo terorense, unas familias alquilaban casas en el pueblo y
otras se hospedaban en alguno de los dos hoteles existentes. Eran tertulianos
asiduos Don Pedro Rodríguez Ramos, Don Félix Aranda, Don Manuel Henrí-
quez, conocido popularmente por Manolita Henríquez, y algunos otros perso-
najes locales; era un mundo en el que no se conocía la prisa. Don Pedro

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Grupo de lerorenses en 1914.
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Rodríguez se casó en Teror y en el pueblo permaneció hasta el final de su vida,
era el médico de todos los males y de todas las especialidades, muchos teroren-
ses vinieron al mundo empujados por sus hábiles manos, de una humanidad
sin límites y de una paciencia inalterable, asistía gratuitamente a gran parte de
sus enfermos, que le pagaban llevándole por Navidad o el día de San Pedro
un baifo o un par de gallinas. Don Félix Aranda, Secretario del Juzgado, tenía
el gracejo de su tierra andaluza, de gran cultura, periodista de relive fue en una
época Redactor-Jefe de "La Provincia". Don Manuel Henríquez era empresa-

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rio carpintero, político, cazador, amigo de todos, buen cocinero y sobre todo
un hombre bueno con un corazón de oro; la figura del popular Manolito Hen-
ríquez recordada a tantos años de distancia deja un regusto agradable; era un
hombre totalmente desinteresado, que estaba en todos sitios menos en lo que
le podría dejar dinero que era su empresa de carpintería, a pesar de ser persona
de inteligencia natural que pudo ser un gran proyectista. Este era el mundo pue-
blerino de hace más de medio siglo.

Marcos Redondo y la actriz Catalina Barcena pasaron por el Hotel El


Pino. Si las paredes hablaran cuantas anécdotas nos contarían de huéspedes
y acontecimientos locales. Examinamos una factura deNHotel de fecha 15 de
Junio de 1930, debió de ser una reunión política con seis cubiertos más una
lata de galletas, total veintiuna pesetas y cincuenta céntimos, ¡felices tiempos!
Don Eduardo Quintana tenía dotes diplomáticas, en 1944 se produjo una re-
yerta en el Puerto en un barco italiano, entre los tripulantes partidarios de Ba-
doglio y los de Mussolini; el Cónsul resolvió el problema mandando al Hotel
El Pino a los mussolinianos; Don Eduardo con mano izquierda enfrió los
ánimos.

Recuerdos de otros tiempos; hoy no hay hoteles en Teror, no hay tertu-


lias, son otros los estilos y maneras de vivir.

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EL HOTEL ROYAL

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En Teror existían dos hoteles: "El Royal" y "El Pino", que eran como
dos mundos dentro del apacible vivir del pueblo; no solo cumplían con su fun-
ción de hospedaje, sino que también eran centro social de amigos; en cada uno
de estos hoteles tenían su cuartel de veraneo, y a veces de invierno, personas
que sentimos se hayan muerto, han dejado recuerdos gratos por su bohemia
y por la impronta alegre que le daban a Teror; eran gente de buen humor, en
un mundo sin prisas, sin inseguridad ciudadana, sin drogas y otras lacras de
la sociedad actual.

En la casa de la calle de la Herrería número 12 instaló en Agosto de 1909


un hotel Don Agustín Rodríguez Hernández. Era una institución; parada y fon-
da, hacía también de Casino; en el comedor se reunían los políticos locales,
se jugaba a la baraja y se leían en voz alta por Don Vicente Navarro Henrí-
quez, una institución de Teror y del hotel, las noticias del periódico referentes
a la guerra de 1914; asiduos a la lectura periodística eran unas personas muy
entrañables en la vida local: Jorgito el panadero, maestro Pancho Domínguez,
Don Conrado Domínguez Maclas y Don Manuel Yánez. En este Hotel de la
calle de La Herrería durmió Don Miguel de Unamuno en la noche de San Pe-
dro de 1910, al volver del Castañar de Ossorio; debió de sentir un confortable
hospedaje, que le hizo escribir ("Por Tierras de España y Portugal") "y entra-
mos en aquel Teror de sosiego, donde tan bien se duerme".
En el comedor del hotel se celebraba un banquete anual organizado por
Don Tomás Miller; se celebraba a fines de año, se reunía toda la familia; para
esta comida se desplazaban ex profeso de Inglaterra los miembros de la familia
Miller residentes en aquel país; para el banquete Don Agustín Rodríguez ador-
naba el comedor con ramaje de yedra; Don Tomás Miller fue el autor de la
denominación de Royal. En el álbum de recuerdos está el último almuerzo de
Don Francisco Farinós y Don Matías Matos antes de matarse en la vuelta de
Los Llanos de Arévalo (carretera de Las Palmas), al caer al barranco un triciclo
en que viajaban facilitado por Don Cristóbal Péñate, allá por el año 1911; tam-

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Grupo de lerorenses. Fiesta del Árbol de 1911. Don Francisco González Díaz es la
persona cubierta con gorra o cachucha.

bien pasó por el hotel el poeta Tomás Morales; es que aquellas comidas eran
una delicia, cocidas en vasijas de barro y a fuego lento; Pilarito la cocinera era
una institución, inamovible durante muchos años, hacía unos potajes únicos.
Ya en estas épocas era huésped Don Francisco González Díaz y continuó hasta
su muerte; en el Hotel Royal escribió sus artículos periodísticos que llevaban
el nombre de Teror al pié, y compuso muchas de sus obras en prosa y eíverso
y un libro titulado Teror.

En 1925 se trasladó el hotel a un nuevo edificio en el Paseo González Díaz;


aquí fue huésped Rafael Romero "Alonso Quesada", hasta fechas próximas a
su muerte; el tenor Marcos Redondo improvisó una de sus romanzas en la te-
rraza, acompañado al piano por una terorense. En esta etapa destacamos a un
huésped: Don Miguel Sánchez Suárez, de una saga terorense. A Don Miguel
Sánchez se le conocía en el pueblo por Don Miguel; pionero de las empresas
de transportes interurbanos en Gran Canaria, era hombre un tanto bohemio
y a la vez de una seriedad absoluta cuando se trataba de cosas objetivamente
serias; a la empresa "Melián y Compañía" le dio un carácter de eficacia y un
sentido de la organización. Le acompañaba su escudero, Don Prudencio Do-
reste Morales "Petronio", funcionario del Ayuntamiento de Las Palmas, bohe-

76
mió y dado al copeo. Don Antonio Rodríguez Herrera continuó en el negocio
que fundó su padre; Don Antonio conocedor de la vida de Teror, persona de
amena conversación.
La evocación del Hotel Royal renueva todo un pasado de veraneantes,
de tertulias, de los banquitos del Paseo González Díaz; una época de menor
confort que la de hoy, pero de más calidad de vida; de recuerdos del lugar apa­
cible, como Unamuno llamó a Teror.

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LA CASA HUERTA

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En el núcleo histórico de Teror existe un lugar denominado "La Finca
de Sintes", propiedad municipal, al Naciente del Palacio Episcopal.
En el siglo XVIII era hacienda de tierras labradías, con casa, árboles y
agua del Heredamiento de Los Llanos, propiedad del Canónigo de la Iglesia
Catedral y Capellán de Honor del Rey Don Andrés de la Huerta y Cigala. Posi-
blemente su origen está en las tierras legadas a la Iglesia por Pérez de Villanue-
va o donadas por Halcón o Falcón, ya que estaban gravadas con dos censos
a favor de la parroquia de Teror, uno de quince reales veinte maravedises de
rédito anual, y otro de cuatro cuartillos de aceite; además de otro censo de 45
reales al Convento Dominico de Las Palmas.
El Canónigo de La Huerta y Cigala donó la imagen del Arcángel San
Miguel colocada en el retablo lateral del lado del Evangelio de la Basílica del
Pino. Debió de ser un Canónigo importante dentro del Cabildo Catedralicio;
el Prebendado Diego Alvarez de Silva lo cita en la Descripción de las Fiestas
de la Dedicación del nuevo templo del Pino en 1767, como participante en la
serie de actos que se realizaron.

Las hermanas del Canónigo de La Huerta fueron sus sucesoras: Micaela


y Mariana; testaron en 1785 designado como heredero universal a su sobrino
Don Pablo Bravo y Huerta, con la condición de que los bienes no los podía
vender, ceder ni traspasar y tenían que transmitirse a la descendencia legítima
conforme a las reglas de los Mayorazgos regulares de España.
La Casa, situada frente al costado Naciente del Palacio Episcopal, era
denominada la Casa de las Huertas o Casa Huerta; impropiamente se ha desig-
nado con esta denominación otra propiedad en El Pedregal que perteneció a
una de las primeras familias que poblaron Teror.
Las Leyes desvinculadoras de 1820 y 1836 autorizaron la enajenación de
los bienes vinculados y en 1848 la hacienda de la Casa Huerta fue vendida a

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Don Agustín Manrique de Lara y Castillo. El comprador fue en su época el
primer contribuyente por rústica del Archipiélago; casado con su prima Doña
Dolores Manrique de Lara y Cabrera, de procedencia majorera, concentró to-
do el patrimonio de los Manrique de Lara. En Teror era titular propietario del
Cortijo de Ossorios, de la Casa del Mayorazgo de Manrique, de la actual Casa
de los Patronos de la Virgen de Don Agustín Manrique de Lara y Bravo de La-
guna, y de la comprada finca de la Casa Huerta.

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La descripción de los linderos en las escrituras, indica como era esa zona
de Teror en aquella época; lindaba al Naciente con barranquera de la Mina de
la Iglesia y con un trozo de tierra de Don José Ceballos, al Poniente el barran-
quillo de La Higuera, al Norte Plaza de la parroquia del Pino y camino que
pasa entre la propiedad y la casa perteneciente a la Mitra Episcopal, y por el
Sur al Barranco Real; tenía un manantial en la barranquera del Poniente. En
sucesivas transmisiones pasó a Doña Dolores Manrique de Lara Llarena, a Don
Alfonso Morales y Manrique de Lara, vendida a la familia Sintes y adquirida
posteriormente por el Ayuntamiento. Puede que la Casa fuera edificada en los
primeros años del siglo XVIII; Doña Micaela de la Huerta en una anotación
ológrafa de su testamento de 1785, declaró que su hermano ya fallecido había
realizado unas mejoras en la edificación, de lo que parece deducirse que el Ca-
nónigo Huerta la adquirió ya edificada; la parte posterior fue algo deteriorada
en 1932 al realizarse unas reformas y destruirse el corredor. Es un buen modelo
de la Arquitectura Rural de nuestras medianías.

La Casa Huerta, denominada en tiempos de los Manrique de Lara la Ca-


sa de la Huerta, enmarca un bello conjunto del casco histórico de Teror, forma-
do por las Casas Consistoriales, La Alameda, La Casa de la Cultura o Palacio
Episcopal, y la Basílica.

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LA FIESTA DEL AGUA

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La Fiesta votiva o del agua sustituyó en el siglo XIX a las bajadas de
la Virgen del Pino a Las Palmas, que se hacían por hambres, epidemias, se-
quías u otras calamidades públicas; se proyectó alguna que no llegó a realizar-
se, leemos en el periódico "El Ómnibus" de 27 de Febrero de 1858 "se asegura
que para las próximas Pascuas bajará a Las Palmas la Virgen del Pino".
La primera noticia de esta fiesta a la Virgen corresponde a una anotación
en el Diario de Romero y Ceballos sobre que "el 18 de Enero de 1811 se empezó
en el lugar de Teror un novenario a la Virgen del Pino, costeando y asistiendo
a estas funciones una Diputación del Cabildo Secular que lo pidió y acordó,
habiéndose negado a enviar la suya el Senado eclesiástico. El domingo 27 se
hizo la procesión general a fin de implorar la extinción de una epidemia, "esta
epidemia era la de fiebre amarilla; el 11 de Agosto bajó la Patrona a Las Pal-
mas en rogativas por el contagio de esa enfermedad que no había desparecido;
la Virgen entró en la Ciudad por la puerta de Triana huyendo de los barrios
del Risco que estaban infestados. Transcurridos varios años hay otra referencia
del 12 de Mayo de 1839 de que se hizo una procesión general a la Patrona por
falta de agua, después de un novenario. Las rogativas para implorar el benefi-
cio de la lluvia o el cese de una calamidad, iban precedidas de tres días de Leta-
nías, en caso de no obtenerse la gracia, se celebraba un novenario con la imagen
de la Virgen vestida de color violado.
En alguna ocasión el motivo de la fiesta votiva fue el exceso de lluvias,
como ocurrió con la celebrada el 19 de Julio de 1885, en la que el pueblo pidió
a la Virgen "se apiadase de él en la tribulación por la que atravesaba cuando
el exceso y perennidad de las lluvias del último invierno, que al mismo tiempo
que lo desolaba todo de una manera lastimosa, favorecía notablemente la cala-
midad de derrumbamientos de que la población viene amenazada".
Los novenarios y rogativas a la Patrona para implorar el cesé de alguna
calamidad, generalmente se hacían a instancias del Municipio o de alguna He-

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redad, así en la sesión del Ayuntamiento de Teror de 2 de Diciembre de 1846
se acordó acceder a la solicitud de varios vecinos de hacer un novenario a la
Virgen a fin de conseguir por su intercesión las lluvias que tanta falta hacían;
en otra sesión de 23 de Febrero de 1850 se hace referencia a otro novenario por
las grandes calamidades que pesaban sobre el pueblo, se solicitó del Obispo que
concediera la cera que se consumiera en la novena. Las calamidades fueron una
plaga de langosta y una gran sequía, que precedieron a la gran calamidad de

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la epidemia del cólera morbo de 1851. En Noviembre de 1844 llegó a la isla
una plaga de cigarrón berberisco y se adoptaron medidas como tocar las cam-
panas a rebato y salir comisionados a perseguirlos de día y de noche, también
que cada persona de la familia mayor de catorce años debía entregar una canti-
dad de cigarrón; esta plaga duró hasta 1846, agravando la situación una gran
sequía secándose casi todas las fuentes, desgracias que prepararon el terreno
para el hambre: parece ser que fue tal el hambre que se llegaron a comer pencas
de tuneras y raíces de heléchos.

En una sesión del Ayuntamiento del 4 de Mayo de 1915 se acordó solici-


tar del Obispo autorización para bajar a la Virgen del camarín y traer a las
imágenes de San Isidro y de Santa María de la Cabeza para acompañar a la
Virgen del Pino en procesión de rogativas por falta de lluvias; por esta época
se dieron en Teror varios casos de viruela que hicieron temer la aparición de
una epidemia.
Los contenciosos de Teror con la Heredad de Tenoya sobre la propiedad
de las aguas del barranco, dieron lugar a fiestas a la Virgen. Las celebraciones
de 1867 y de 1916 estuvieron motivadas por resoluciones del Tribunal Supremo
a favor de Teror, la de 1867 fue costeada por el Heredamiento de Los Llanos
que asignó dos mil reales. Cuando la guerra con Estados Unidos en la que per-
dimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se hicieron rogativas, lo refirió el periódi-
co "España" del 27 de Abril de 1898 "desde el domingo 24 del corriente se
viene celebrando en la Villa de Teror, con mucha pompa y extraordinaria con-
currencia de fieles, un Novenario a la Virgen del Pino para impetrar la victoria
en la guerra contra Norteamérica; todos los días por la mañana hay misa can-
tada y rogativas, y por la noche iluminación, novena y sermón".
Las procesiones se hacían con la imagen de la Patrona y con la mayor
solemnidad, leemos un oficio dirigido al Coronel Primer Jefe del Batallón Pro-
vincial de Guía, de fecha 26 de Junio de 1854 "con motivo de la seca ocurrida
en el corriente año, este pueblo promovió hacer una función a la Patrona la
que tendrá lugar el domingo 9 del próximo Julio, por cuyo motivo ocupo a V.S.
con el objeto de que permita que la Compañía de este pueblo marche en la pro-
cesión y haga algunas descargas, siendo provista de pólvora seca y tambor".
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Fiesta del Agua de 1925.

La Fiesta votiva a la Virgen se institucionalizó celeb mdose cada año la


función de acción de gracias, con independencia de la motiv,. •• ^n concreta por
una cierta calamidad pública. En 1903 se añadieron a la procesión de la imagen
de la Virgen, dos imágenes más que eran elegidas por sorteo entre las de santos
existentes en la parroquia, no pudo ser la ta''=i de San R^món porque su peso
hizo imposible descolgarla de su pe na. La fies.a se celebraba generalmente en
Julio o primera quincena de Agosto, en la época de la siega del trigo y de la
cebada y de la recolección de las papas veraneras; consistía en la bajada de la
Virgen la víspera, solemne función religiosa presidida por el Obispo, procesión
de la Patrona acompañada de las imágenes que por sorteo les correspondía y
diversos actos cívicos: fuegos artificiales y verbena en La Alameda. En la de
1898, el 14 de Agosto, se bendijo por el Obispo y estrenó el actual órgano de
la Basílica que Don Judas Antonio Dávila trajo de Inglaterra ejecutando el Maes-
tro Valle una Salve. La última fiesta del agua así celebrada fue la de 1929; por
el motivo de concesión de honores militares de Capitán General a la Virgen,
se estimó que sin la representación del Jefe del Estado, compañía de honores,
etc. no era posible sacar a la calle a la Patrona y dejó de realizarse esta fiesta
votiva hasta pasada la guerra civil. Por iniciativa de la Hermandad de Labra-
dores y Ganaderos se reinició la fiesta, pero sin procesión de la Virgen del Pino,
consistiendo en una función religiosa en la Basílica y una ofrenda procesión
con la imagen de San Isidro Labrador.

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LA FIESTA DE SAN JOSÉ

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Fue en otros tiempos la Fiesta Mayor de Teror después de la del Pino.
Las fiestas de la Virgen del Pino eran de toda la isla, las de San José del pueblo,
la fiesta principal local. No se podían celebrar el 19 de Marzo, que es la fecha
que señala el Santoral, porque era tiempo de Cuaresma, vedado a todo lo que
significara alegría y regocijo. Las solemnidades con las que la iglesia celebraba
la memoria de San José y los festejos para recreo del pueblo, se hacían pasada
la Semana Santa. Era una fiesta jubilosa de la primavera temprana, cuando
crecen los pastos, las vacas se llevan a los manchones y se cavan las papas vera-
neras; fiestas que alteraban la monotonía de la vida del pueblo.
Se les denominó Fiestas del Patrocinio de San José y se celebraban por
todo lo alto; en las solemnidades festeras del Santoral, el santo presidía el pro-
ceso ritual de la fiesta, pero esta contenía más elementos profanos que religio-
sos, limitados a los sermones, panegíricos se decía, función religiosa y procesión.
En el periódico "España" del 18 de Abril de 1899 se publicó un programa de
los festejos a celebrar los días 22 y 23; es el mismo estilo de todos los festejos
populares de la isla; en la víspera la puesta de la bandera, la enramada, rosario
cantado y sermón, y los fuegos artificiales; como en esa época no existía en
el pueblo la luz eléctrica, el programa decía que la plaza estaría iluminada con
farolillos a la veneciana. En el día principal feria de ganados, función solemne
en la iglesia, procesión del Santo y por la tarde paseo con música en la Alameda.
Las fiestas de 1904 según una reseña del periódico "Unión Liberal" de
3 de Mayo de 1904, fueron de antología, aunque es de tener en cuenta la cir-
cunstancia de ser el Director del periódico el terorense Don José Bethencourt
Montesdeoca, es una descripción ampulosa con muchos adjetivos; la calle prin-
cipal se engalanó con arcos, se hizo una verbena, la banda municipal tocó a
diana, hubo batalla de flores, bailes. En el programa de 1916 se incluyó el ador-
no de los frontis de las casas, adjudicándose tres premios a las que a juicio de
un jurado resultaron mejor adornadas.
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Una procesión en 1930 por el Paseo González Díaz.

Una comisión formada por ocho o diez personas del pueblo, con mayo­
ría de carpinteros, confeccionaba el programa, que iba a parar a todos los pe­
riódicos de Las Palmas, siempre con la frase "de los fuegos artificiales
confeccionados por los más afamados pirotécnicos de la isla", que siempre eran
los Dávilas, también recaudaban dinero para sufragar los gastos.

Un número fuerte de las fiestas de San José era la carrera de caballos


por la tarde, desde la llamada "Vuelta de La Palma" al "Muro Nuevo"; a ve­
ces estas carreras se hacían desde un punto más distante como fue la anunciada
en el periódico "El Diario de Las Palmas" del 22 de Mayo de 1901 "el próximo

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domingo se verificará una carrera entre un caballo de fama de Teror y una ye-
gua del mismo pueblo; las bestias partirán a las cuatro en punto de la Cruz
del Ovejero hasta Teror".
Al final de la década de los años veinte se introdujo la novedad de una
proyección de cine en La Alameda. A la terminación de los festejos de San José
se celebraba la Fiesta del Árbol con asistencia de los niños de las Escuelas; en
un acto en el "Muro Nuevo" o frente al Hotel Royal, solía pronunciar un dis-

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curso Don Francisco González Díaz. El punto final de la fiesta era un sanco-
cho en San Matías; estos sancochos al aire libre terminaron hace años, hoy es
más cómodo comer en un restaurante. Y al margen del programa cajas de tu-
rrón y molinillos, y el tiro al blanco a un muñeco; las muchachas estrenando
vestido y los viejos luciendo un sombrero nuevo de fieltro.

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LA PARROQUIA

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¿Desde cuándo existe la parroquia de Teror con una cierta organización
eclesiástica y un párroco residente?, lo ignoramos; el Obispo Herrera dejó es-
crito que " n o se encuentran documentos por donde saberse la antigüedad de
dicha parroquial (de Teror), su fundación y dotación, pues el documento más
antiguo es un libro de cuentas de la mayordomía de Nuestra Señora que tuvo
principio el día 12 de Marzo de 1558, y se infiere que, pues se tomaban cuentas,
era más antigua, y así los libros antecedentes como los subsiguientes hasta el
año 1605, no se puede averiguar que fin tuvieron" (Archivo Parroquial de Te-
ror). La primera referencia escrita de la parroquia del Pino es el acta de la visita
del Obispo Diego Deza el 12 de Marzo de 1558, que consigna estar de Cura
el Padre Llórente Martín; se trataba de una ayuda de parroquia dependiente
del territorio del Beneficio de la Catedral.

Existían unos beneficios curados regidos por rectores perpetuos elegidos


por el Cabildo y confirmados por el Rey; y simples curas amovibles a la volun-
tad del Obispo, del Cabildo Eclesiástico o de algunos beneficiados, que servían
en las iglesias de los pueblos menores como anexos y ayudas de las respectivas
matrices, sin diezmos ni otras rentas que las de sesenta o cien doblas que los
beneficiados les debían dar, además del pié del altar y las limosnas de los fíeles.
Estos curatos se establecían en los parajes que teniendo más de treinta vecinos,
distaban bastante de la parroquia principal. En Gran Canaria existían nueve
curatos amovibles, uno de ellos era el de Nuestra Señora del Pino de Teror, hi-
juela del beneficio de la Catedral (José Viera y Clavijo: "Noticias de la Histo-
ria de Canarias". Tomo IL Edición de Alejandro Cioranescu. Página 313). En
un Acta del Cabildo Catedral de 11 de Enero de 1567 se dice que los vecinos
de Teror y La Vega habían solicitado la creación de dos nuevos beneficios para
independizarse del Sagrario Catedral, a lo que el Cabildo se opuso aprovechando
una visita a la Corte del Deán Villalta. El 7 de Octubre de 1617 se acordó que
los cinco curatos rurales de La Vega, Teror, Arucas, Moya y Tirajana, fueran
Vicarías perpetuas conforme al Concilio de Trento y se dieran por oposición
a hijos naturales del país.

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En la primera década del siglo XVII se inauguró el nuevo templo parro­
quial; el XVIII fue el siglo de oro de la parroquia. Al finalizar esta centuria
estaban inscritos en los registros de la Mayordomía del Pino once fincas rústi­
cas, sin contar los terrenos del barranco de la Virgen, y seis urbanas, más 77
tributos que rentaban unos 18.000 reales; la finca del barranco de la Virgen rendía
unos 2.000 pesos anuales. Las rentas permitieron un brillante culto y la crea­
ción de Capellanes que prestaban diariamente el servicio de Altar y Coro. El

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Obispo Servera dispuso que en la Basílica del Pino todos los días se cantare
Tercia y Misa y por la tarde Vísperas y Completas; Maitines solemnes en deter­
minadas solemnidades y la Calenda de Navidad; además del cuerpo de Cape-
llanas existía un Sacristán Mayor, Sacristán Menor primero y principal, y
segundo Sacristán o Ayudante, y los mozos de Coro. El diario servicio de Altar
y coro lo realizaban ocho Capellanes y el Párroco, que tenía la condición de
Capellán Mayor. La existencia de los Capellanes planteaba en ocasiones pro­
blemas de protocolo por sentirse los terorenses con ínfulas capitulares, cuestio­
nes que se presentaban especialmente con la Diputación Capitular que se
desplazaba a Teror para las fiestas del Pino.

Kl Puente del Molino en 1900.

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El esplendor del culto terminó con las leyes desamortizadoras, iniciadas
en 1836, vendidos en pública subasta los bienes que integraban el patrimonio
del Pino, quedaron incongruos los Capellanes. Hay que reconocer que alguna
parte de las rentas eclesiásticas se empleaba en fines de enseñanza, que con oca-
sión de las epidemias de la época no se escatimaban medios para paliar las con-
secuencias, que el Puente del Molino se construyó con fondos de la Fábrica
Parroquial, pero el patrimonio eclesiástico era como un peso muerto; los culti-

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vadores de las tierras eclesiásticas eran unos arrendatarios o censatarios que
no tenían el menor interés en mejorarlas; muchas propiedades estaba gravadas
con tributos y en todas con los diezmos, ya que según las Constituciones Sino-
dales del Obispo Murga de 1634 "mandamos que se pague diezmo de todo lo
que se cogiere de la tierra, de todo el pan, trigo, cebada, mijo y otras cosas
que se sembraren". Y sobre todo se daba la imagen de una iglesia excesivamen-
te preocupada por la administración de sus bienes y el cobro de unas rentas.
EL CURA RODRÍGUEZ DE QUINTANA

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El 3 de Abril de 1684, Lunes de Pascua de Resurrección, un fuerte venda-
val derribó el Pino de la Virgen. Era Cura de Teror Juan Rodríguez de Quinta-
na y Montesdeoca, Párroco desde 1675 hasta su muerte en 1718. Descendiente
de Juan de Quintana (conocido por Juan de Soria) y de Vicente Montesdeoca
El Viejo, conquistadores de Gran Canaria, y de la familia de Juan Pérez de Vi-
llanueva, fundador de Teror, bachiller en Teología, nació en la misma plaza de
la Virgen, en la casa propiedad de la familia, conocida sucesivamente por casa
de Quintana, casa de Linares y hoy propiedad de los herederos de Don Alejan-
dro del Castillo; un salón de la planta baja era propiedad del Cabildo Catedral
y destinado a encerrar el grano de los diezmos.

En el dilatado período en que el Cura Rodríguez de Quintana fue párro-


co, se construyó la airosa torre amarilla de la actual Basílica; diez veces bajó
la Virgen del Pino a Las Palmas; se construyó en 1677 la Ermita de San José
del Álamo; se edificó en 1686 por el Doctoral Juan González Falcón la Ermita
de San Isidro en Arbejales; conoció a cuatro Obispos; en 1691 Doña Luisa An-
tonia Trujillo Figueroa hizo un donativo de alhajas a la Virgen del Pino, entre
las que figuraba la famosa Rana.
En Escritura de 22 de Junio de 1710 constituyó un vínculo a perpetuidad
con el carácter de mayorazgo. La primera sucesora del vínculo había de ser su
cuñada Catalina de Armas Trujillo y sus descendientes; en el supuesto de no
existir descendientes, los bienes pasarían a una sobrina monja clarisa, a un so-
brino cura y después a la Virgen del Pino.
Constituyó el patrimonio vinculado con la casa de la plaza, una finca
de ocho fanegadas en Los Llanos de Teror lindante con el Cortijo de Matos
de Las Casas Viejas y Los Sequeros, unos cercados con un lagar en Utiaca,
unos derechos en La Lechucilla y agua en los heredamientos de Los Llanos y
El Castaño; gravó estos bienes con una pensión de ciento cincuenta reales a
favor del Convento de Santa Clara, y con la obligación de que en la Octava

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del Corpus de cada año, se realizaran en la parroquial de Teror unas determi-
nadas funciones y unas misas con responso sobre su sepultura.
El 11 de Septiembre de 1714 otorgó testamento ante el Escribano Luis de
Castilla; dispuso fuera sepultado a la puerta del Coro de la iglesia de Teror;
adquirió una celda en el convento de las monjas de Santa Clara de Las Palmas;
le dio carta de libertad a un esclavo de su padre y dejó a sus heredero^ una
huerta de árboles frutales en Valleseco y una finca en Utiaca.

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El año de su muerte se produjo un incendio en la Iglesia Parroquial; el
18 de Agosto de 1718 explotó una cantidad de pólvora almacenada en la Sacris-
tía, debió de quedar el templo muy deteriorado.
Los Quintanas enlazaron con la familia de los Llarenas y las propiedades
fueron afectadas por las leyes desvinculadoras del siglo XIX. El salón del Ca-
bildo Catedral en la casa de la plaza fue subastado en la desamortización de
1855; el resto del edificio y la huerta fue vendido a Don Victorio Azopardo
Sabi, comerciante.
La finca de Los Llanos fue lugar de enterramiento en la epidemia del có-
lera de 1851; vendida por Don Pedro de Quintana Llarena con un día de agua
de toda la gruesa del heredamiento de Los Llanos; el agua del Heredamiento
del Castaño la vendió Doña Úrsula Quintana y Llarena al comerciante Don
Francisco Bethencourt López.
El Cura Rodríguez de Quintana poseyó un buen patrimonio; en los cua-
renta y tres años de sacerdocio en Teror, fue testigo de hechos de importancia
en la Historia del pueblo.

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EL CURA DON JUAN GONZÁLEZ

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Hasta hace pocos años la persona de más prestigio en los pueblos era
el cura párroco, el líder indiscutido; vivían los problemas de la feligresía, tanto
en las desgracias y calamidades como en las alegrías. Pero ocurre que los cam-
bios sociales, el laicismo, la secularización de la vida y otras causas, han influi-
do en el sistema de valores de los vecinos de los pueblos, sobre todo de los
jóvenes, y por tanto en la valoración de sus curas. No obstante, aunque los con-
textos en que se vive la fé y las prácticas religiosas son distintos, el cura siempre
realiza una función social, no solo en lo espiritual sino también en hacer que
los feligreses observen unas normas de solidaridad y convivencia. Los Curas
Párrocos en Teror siempre tuvieron un gran prestigio y consideración en el pue-
blo, como ocurrió con Don Juan González Hernández, el cuarenta clérigo titu-
lar de la parroquial del Pino, a pesar de que era hombre adusto de carácter
y sin ninguna concesión a las relaciones públicas; estuvo de Párroco en Teror
de 1908 a 1927.

Don Juan González había sido novicio de la Compañía de Jesús, siem-


pre se consideró un jesuíta, incluso en la indumentaria usaba la faja ignaciana.
Lo designaron Párroco de San Francisco de Las Palmas de Gran Canaria en
1885, cesado en 1888 por el Obispo Pozuelo como consecuencia de un inciden-
te con una beata; lo trasladaron a Betancuria, de Fuerteventura, pero como era
un sacerdote de fuerte carácter, lo que hizo fue exiliarse a Barcelona. En Teror
tuvo también algún incidente, que conocemos por una nota del periódico "El
Tribuno" de 16 de Septiembre de 1921, por el motivo de puestos y sillas en la
iglesia; y no fueron cordiales las relaciones con el Obispo Marquina.

La obra de Don Juan González en relación con el templo del Pino y con
el esplendor del culto fue extraordinaria. Reformó el piso de baldosas de la igle-
sia; su deseo era que fuese de mármol de Carrara, a lo que se opuso el Obispo.
Colocó en el techo unas planchas de yeso encuadradas con guarniciones dora-
das, Don Judas Antonio Dávila había colocado unas planchas de cinc pintadas
de azul celeste. Se pintaron las columnas en imitación de mármol. Trajo de la

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Península las actuales cristaleras representando en colores la vida de la Virgen,
así como el juego de arañas de la Basílica y el vía-Crucis. Varias de las imáge-
nes que hoy están en el templo son de los tiempos de Don Juan González: El
Corazón de Jesús, San Luis, San Pascual Bailón, San Antonio.
En 1913 comenzó a construirse una iglesia en Llano Roque por iniciativa
del párroco González; en su espíritu de jesuíta la concibió como un centro de
peregrinaciones Eucarísticas a semejanza del cerro de Los Angeles. Iniciadas

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las obras se plantearon serias desavenencias entre Juan Quintana Quintana, lí-
der del vecindario de Arbejales, y el cura; el Obispo Marquina se colocó de
parte de Quintana, es posible que a Don Juan González le faltara la flexibili-
dad que es conveniente en las relaciones con la gente; a pesar de esta circuns-
tancia, la obra se concluyó por su tesón, las personas mayores de Teror recuerdan
unas juntas dominicales para transportar arena a Llano Roque, y al Cura ani-
mándoles.
Construyó el actual cementerio de Teror, a base de otro anterior más pobre.
Era un gran predicador, lo fue en Barcelona y en su parroquia; sus ser-
mones eran con el tiempo medido y sin adjetivos. Institucionalizó la Fiesta del
Corazón de Jesús e instituyó la procesión Eucarística de Las Espigas, un año
en Arbejales y otro en Huertas del Palmar, al alba, por los caminos del barrio.
En su perfil humano parecía hombre de carácter un tanto hosco, de actitudes
firmes sin concesiones a la galería, más reflexivo que amigo de la conversación;
parece ser que a los visitantes en busca de recomendaciones, les decía no enten-
der de esas cuestiones, que su misión era lo espiritual. Sus restos están enterra-
dos en la iglesia parroquial de Los Arbejales.

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LOS MANTOS DE LA VIRGEN DEL PINO

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Lx)s Mantos, las pinturas y grabados de la imagen, las medallas, las re-
presentaciones escultóricas de la Patrona, los libros de tema Mariano y en ge-
neral toda expresión cultural producida desde los inicios del culto a la Virgen
del Pino, dan testimonio de la importancia simbólica y devocional de la Virgen
María en la Historia de Canarias, son signos de las raices del Cristianismo en
el alma canaria. Bien se pudiera montar en Teror una exposición mariana con
todo lo que de artístico existe en la isla relacionado con la Virgen del Pino,
algo parecido a las muestras expuestas en Valladolid y Burgos con la denomi-
nación "Las Edades del Hombre", aunque limitada en la materia, que ha de
referirse solo a la Virgen.

En 1558 siendo Obispo de Canarias Diego Deza ya aparecía la imagen


de la Virgen del Pino vestida con una camisa labrada de seda verde, pero fue
en el siglo XVIII cuando se cubrió la talla con ricos vestidos. A fines de ese
siglo existió una tendencia a sustituir las imágenes de vestir por esculturas de
madera, como ocurrió con la imagen de Nuestra Señora de la Antigua sustitui-
da por una escultura de Lujan Pérez.
Los Mantos del Camarín de la Basílica del Pino constituyen una muestra
de como la Virgen ha sido uno de los motivos del arte del bordado; es de lo
más valioso que se expone entre una multiplicidad de objetos: silla de la Vir-
gen, dalmáticas etc.; no están expuestos con la singularidad que merecen, ni
con alguna indicación relativa a época de la confección, talleres, característi-
cas; es de interés que los objetos existentes en el Camarín se relacionen y descri-
ban en una guía.
Existe un Manto popularizado con el nombre de "Los Pinos", confec-
cionado en la Real Fábrica de Tapices de Valencia en 1778, bordado en oro con
fondo blanco y dibujos, también bordados, de pinos, lo regaló el Obispo Fray
Joaquín de Herrera. Se estrenó en la Bajada de la Virgen a Las Palmas el 5
de Abril de 1785 por falta de agua, el pulgón, la alhorra y el temor de peste.

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En 1758 adquirido con limosnas por iniciativa del Corregidor Núñez, se
estrenó un manto de color morado que se utilizaba en las liturgias de peniten-
cias y rogativas. El llamado Manto de la Coronación Canónica es de color ver-
de esmeralda bordado en oro. El Obispo Martínez de la Plaza regaló un vestido
de tisú de plata bordado con oro y pedrería.
En las fiestas del Pino de 1868 la Virgen estrenó un temo de color blanco
confeccionado en el Hospital de San Martín por las hermanas de la Caridad,

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en tiempos de Sor Austiona Jiménez de procedencia terorense; en 1932 se pasó
a tela nueva por las monjas del monasterio del císter de Teror. Un Manto de
color crema con bordados en oro y seda es la indumentaria que habitualmente
viste la Virgen.
Un valioso Manto de terciopelo color celeste regalo del Cabildo Insular
de Gran Canaria con ocasión de las Bodas de Oro de la creación de los Cabil-
dos Insulares fue bordado por las monjas cistercienses del Convento de Breña
Alta de La Palma; su confección duró cerca de tres años, se estrenó el 6 de Sep-
tiembre de 1967 en el acto del descenso del Camarín al Trono. Para estrenar
en las fiestas del Pino de 1980 se confeccionó en los propios talleres de la Basí-
lica un traje y manto en seda natural color verde, bordado en oro y a mano.
En una de las vitrinas del Camarín de la Basílica se exhibe una casulla
para el Niño de la Virgen del Pino, es la pequeña muestra que queda del manto
y traje de Los Navios, donado por un párroco a la parroquia de Valleseco y
posteriormente vendido a un anticuario.
Sería interesante un estudio monográfico de investigación sobre este in-
teresante tema de los Mantos de la Virgen del Pino; Don Sebastián Jiménez
Sánchez publicó en "El Eco de Canarias" de 8 de Septiembre de 1968 un inte-
resante trabajo con el título "La silla de mano de las bajadas y los mantos y
trajes de la Patrona"; cita un traje y manto del siglo XVI sin precisar datos
que permitan identificarlo, también es posible que existieran en tiempos otros
mantos además de los enumerados.

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LOS RETABLOS DE LA BASÍLICA

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La Basílica del Pino es hermosa, sobre todo en su interior, un armonioso
conjunto presidido por la imagen de la Virgen, colocada en el centro del gran
medallón dorado que forma el retablo de la Capilla Mayor. Su arquitectura ha
sido estudiada por eruditos de la talla de Pedro Tarquis; es Monumento Histó-
rico Artístico de carácter nacional para preservar sus valores de reformas o in-
novaciones que pudieran perjudicarla.
El interior de la Basílica presenta tres amplias naves: la Mayor, Evangelio
y de la Epístola, a las que corresponden cinco retablos, el del Altar Mayor y
de las capillas laterales, más la pintura del altar de las ánimas. Según Alfonso
Trujillo Rodríguez ("El Retablo Barroco en Canarias") "los cinco retablos más
representativos del rococó en Gran Canaria se hallan en el templo Basílica de
la Villa de Teror", un estilo recargado propio de la época de Luis XV, modali-
dad del barroco. Se atribuyen a Jerónimo de San Guillermo, tallista Maestro
de Lujan Pérez.
El retablo mayor ocupa todo el testero de la Capilla Mayor; la parte infe-
rior tiene un espacio, detrás del altar y el sagrario, sin funcionalidad aparente
donde se suele instalar el belén navideño; a los lados dos puertas arcadas sin
batientes. El retablo se estructura con cuatro columnas, las laterales tienen la
originalidad de su incurvación o desviaje, se tuercen hacia dentro; a la derecha
y a la izquierda del Camarín de la Virgen hay dos relieves de Santa Ana y de
la Visitación; sobre las columnas serpenteantes están colocadas las imágenes
de San José y San Joaquín, talladas en Genova; como motivo ornamental, en
la parte superior un frontal representa el Pino de Teror. Los efectos del dorado
del retablo son muy bellos, por lo que sobran cualquier clase de adornos flora-
les o de otra especie que se le quieran adosar.
En las capillas laterales el barroco rococó no es tan exhuberante; las del
lado del Evangelio corresponden al del Calvario y al del Cristo atado a la Co-
lumna; se ha tenido el acierto de dejar en la hornacina del Calvario solo al Cru-

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cificado, así luce mejor la talla de Lujan Pérez. La escultura del Cristo atado
a la Columna, costeada por el sacerdote Don Domingo Navarro del Castillo,
de las mejores de Lujan Pérez, es de la misma época que el Cristo de la Sala
Capitular; ha escrito Tejera y Quesada "la cabeza del Cristo a la Columna es
la misma que duerme con augusto reposo en el Cristo Capitular, así en el corte
clásico de sus facciones, como en el sedoso anillado de la barba y cabellos".
Al retirar la imagen de la Virgen del Rosario de la Capilla de la Epístola por
Decreto del Obispo Tavira en 1793, se ordenó que en su lugar se colocase la

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imagen del Cristo a la Columna, pero lo que se hizo, contraviniendo el manda-
to del Prelado, fue colocar la del Corazón de Jesús. En estos retablos del lado
del Evangelio destacan las imágenes de los Santos Varones, obra de Alonso de
Ortega, un San Miguel donación del Canónigo de la Huerta Cigala, y un Resu-
citado de escultor desconocido.

Los retablos del lado de la Epístola son el del Corazón de Jesús y el de


San José; otras esculturas valiosas adornan los retablos de esta nave: el San Ra-
fael y el San Gabriel, tallados por Alonso de Ortega, un San Francisco del siglo
XVIII, San Juan Bautista de finales del XVIII, y San Matías, de Cristóbal de
Ossorio, Maestro de la primera mitad del siglo XVII. Las Animas tienen un
sencillo altar y una pintura representativa, necesitada de una restauración.
Tales son los retablos de la Basílica de Nuestra Señora del Pino, unos bue-
nos ejemplares de las Bellas Artes; no quedará defraudado el visitante de Teror,
porque nuestros antepasados hicieron mucho por honrar a la Virgen.

%
EL RELOJ DE LA BASÍLICA

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El Reloj de la Basílica del Pino tiene una historia que es posible conocer
a través de los legajos del Archivo Diocesano y de los libros de Actas del Ayun-
tamiento de Teror. El Archivo Diocesano nos ha permitido conocer interesan-
tes noticias de la vida parroquial de Teror en el siglo XIX.

La instalación de un Reloj público tuvo para el pueblo el carácter de pro-


blema de capital importancia. En la época de mediados del siglo XIX no exis-
tían más relojes en los pueblos que el de la Sacristía y el de algunos ricos; o
se iba a la Sacristía a ver la hora o se miraba al cielo para calcularla. En un
acta del Ayuntamiento de 1 de Febrero de 1846 se hace referencia a un escrito
del Obispo Romo prometiendo 1.500 reales, o 3.000 en caso de devolución de
los bienes de la Virgen del Pino, para la adquisición de un reloj a colocar en
la Basílica; se inició una suscripción, pero eran los años de plaga de langosta,
del hambre, de penuria económica y no se reunió la cantidad que se precisaba.

El reloj de Teror fue una donación del Obispo Codina; existe una anota-
ción suya que dice literalmente ^'yo hice fabricar en Valencia un reloj para Te-
ror, de cuartos y de horas, y no costó allí más de cuatro mil reales, hay un escrito
del ayuntamiento de la Villa al Obispo, de fecha 29 de Marzo de 1853, solici-
tando autorización para dar comienzo a la "obra necesaria para colocar el re-
loj que V.E. tuvo la bondad de donar a esta parroquia".

Las obras para la colocación del reloj fueron costeadas por aportaciones
voluntarias de los vecinos. Consistieron en la construcción de una escalera en
la torre, un óvalo de cantería sobre el frontón de la fachada principal, y el airo-
so campanario que hoy contemplamos. Como se estimó que estas obras pudie-
ran afectar a la seguridad del templo, se recabó el dictamen de peritos; hemos
leído un informe del técnico Esteban de la Torre que "juzga que puede fácil-
mente y con la debida seguridad formarse dicho campanario en virtud de que
descansa todo él en el espesor de la pared de dicho frontis", es de fecha 7 de
Abril de 1853; los trabajos se iniciaron inmediatamente. Se utilizaron unos des-
bronces y piedras existentes en la denominada Iglesia Chica y otra cantidad de
piedra depositada en la calle junto a la Casa de la Cal, para esto se solicitó
nuevamente autorización del Obispo. Esta piedra debió de proceder de las obras
que se realizaron en la Basílica en 1809 y 1810.
Es interesante la historia de los relojes de la parroquial del Pino. En 1687
el Doctoral Don Juan González Falcón dio para la iglesia de Teror un reloj a
cambio de una campana que se colocó en la ermita de San Isidro; el reloj se

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colocó en la Sacristía y con el tiempo se fue deteriorando. En Marzo de 1830
el mayordomo de Fábrica Don Carlos de Quintana, coadjutor de la parroquia,
solicitó del Obispo autorización para comprar un nuevo reloj. Era la época en
que existía un Coro de Capellanes en la Basílica, y el mayordomo alegaba que
el nuevo reloj era necesario para el "toque de las horas canónicas que se cantan
diariamente"; el Obispo accedió, es el reloj que existe hoy en la Sacristía.
El reloj del campanario de la Basílica ha marcado la hora de los remates
de las heredades, la quiebra de las aguas, los repiques de las doce, de las misas;
las campanadas de las horas, las medias y los cuartos, han sido la única refe­
rencia de los vecinos en épocas en que la posesión de un reloj solo era asequible
a los indianos que regresaban de las Américas con dinero.

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LAS CAMPANAS

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El toque de las campanas de la iglesia durante mucho tiempo marcó el
ritmo de la vida de los pueblos, los toques de la campana eran aviso, recuerdo,
convocatoria, anunciaban las fiestas o el tránsito a la otra vida; el tañido era
un acontecimiento, un bautizo, un entierro.
El toque de las campanas de Teror, como las de todos los lugares, es me-
moria del pasado, del que solo queda un grato recuerdo; no resulta muy fácil
escuchar su sonido, son muchos los ruidos que nos aturden.
El toque de las campanas tenía su rito y su música; el monaguillo, o mo-
nigote como popularmente se les designaba, era la persona clave en tañerlas
con cierto compás; hoy los toques que subsisten se realizan por medios mecáni-
cos, antaño era el monaguillo de semana el que repicaba.
En las iglesias de Teror existen en la torre tres campanas, dos grandes y
una pequeña; el reloj de la Basílica tiene dos, una para las horas y otra para
los cuartos. En los bautizos, para avisar al sacerdote de semana se daban tres
campanadas con la grande y repicaban con las dos mayores en el tiempo en
que cristianaban en la iglesia al nacido. En los entierros se llamaba al cura de
semana con las campanas, pero se hacía con dos dobles con las grandes, duran-
te el entierro doblaban más o menos cada cinco minutos, con dos dobles, pare-
cía que las campanas hablaban, tocaban a muerto.

Para avisar al pueblo de la celebración de las mismas, se repicaba con


la campana grande y después de una pausa una campanada grande sin doble,
era la primera; a intervalos de quince minutos la segunda y la tercera, con el
repique y dos o tres campanadas, cuando se repicaba la tercera, la última, la
gente decía "están dejando" y se apresuraban para ir a la iglesia. En las funcio-
nes de las solemnidades religiosas o las llamadas de acción de gracias, se repi-
caba con las dos campanas grandes. En los funerales, para avisar al pueblo en
la primera se tocaba un doble, en la segunda dos y en la tercera tres.
En ciertas Fiestas, como era en la puesta de la bandera del Pino y en la
de la Fiesta de San José, se repicaba con todas las campanas, las tres de la torre
y las dos del reloj, lo que también ocurría cuando se tocaba "a rebato" porque
había un fuego en algún sitio, o como en el caso de la galería del Fonduco en
que unas mujeres consiguieron entrar en la torre y tocar las campanas.
En el Viático a los enfermos, se repicaba con las dos campanas grandes
mientras se oía la campanilla del acompañante del sacerdote; al paso del Viáti-

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co los viandantes hincaban la rodilla.
El toque de oraciones era a la prima noche, al atardecer entre dos luces,
se tocaban siete u ocho campanadas con la grande; al toque de oraciones la
gente se descubría y rezaba el Ángelus, el Ángel del Señor anunció a María;
una anécdota refleja su arraigo en el sentimiento del pueblo; un personaje po-
pular de Teror hace ochenta años, Manuel Domínguez, parrandero e ingenio-
so, corría siempre los carnavales, un Martes de Carnaval iba de juerga con el
timple, al tocar la oración recitó:
Párate y reza primero
la oración que Dios te manda,
luego sigue la parranda
pedazo de bandolero.
También se rezaba el "Ángelus" al toque de las doce del mediodía.
El Jueves y el Viernes Santo se sustituían los toques de campana por la
matraca, que era una especie de aspa formada por tablas entre las que colga-
ban unos mazos o martillos, al tirar de una soga giraba ese artefacto produ-
ciendo un fuerte ruido.
El sonido de las campanas producía una emoción religiosa; en los repi-
ques de las funciones y de Id puesta de la bandera del Pino tocaban en honor
de la Virgen, en otros toques invitaban a rezar; eran también unas campanas
amigas que nos acompañaban.

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RECUERDOS DE LA SEMANA SANTA

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Los Oficios de la Semana Santa tenían en Teror un signo reverencial y
solemne. Era una Semana completa a la que el Párroco Don Antonio Socorro
le supo imprimir un rango de gran ceremonial desde la primera a la última de
sus jornadas, cada año insertaba alguna novedad en los cultos. Las imágenes
aparecían cada tarde encuadradas en la puerta principal de la Basílica; iniciado
el desfile, recorrían las calles, las viejas calles del pueblo, cada desfile procesio-
nal tenía su historia. En la Villa la Semana Santa fue siempre recogida, auste-
ra, de una alta categoría estética con tallas de Lujan Pérez, de lo mejor del
escultor de Guía como es el Cristo atado a la columna; y de calidad artística
en los ropajes, en el adorno de los tronos, en el monumento del Jueves Santo,
en las mejores dalmáticas y capas pluviales guardadas en el Camarín y en la
Sacristía.

El Miércoles Santo era un día de especial solemnidad. Por la mañana al


terminar el canto de la Pasión se rasgaba el Velo, y la procesión de la tarde de
liturgia pública, sencilla y solemne a la vez. Por el barrio bajo pasaban las imá-
genes de San Juan, la Magdalena, la Verónica y la Virgen de los Dolores, su-
bían por la calle de la Escuela y llegaban a la principal; en la Plaza ya estaba
el Señor con la Cruz a cuestas; después cada imagen hacía tres reverencias al
Cristo y se verificaba la ceremonia del encuentro, se cantaba el " O Vos Om-
nes", el motete que varias generaciones de terorenses oyeron con recogimiento;
impresionante Cristo Nazareno, sangrante, lacerado.
La procesión de mayor rango de la Semana Santa era el Viernes, del San-
to Entierro. Del Templo salían la Cruz, el Pendón de la Dolorosa, el trono de
los Santos Varones, el Sepulcro, la Magdalena, el San Juan de Lujan Pérez, y
cerrando el cortejo la Virgen de los Dolores. En la jornada extraordinaria del
Viernes Santo destacaban dos estampas de la liturgia dolorosa del día: la caída
de la losa de una gran fuerza emotiva como un auto sacramental, y la proce-
sión del Retiro de la Dolorosa de la tarde, con las ventanas y balcones encendi-
dos con bombillas y velas.

101
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La procesión del Viernes Santo. Los Santos Varones, del escultor Alonso de Ortega.
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En el Sábado Santo de la antigua liturgia, el grito alborozado del Alelu-
ya entre los repiques de gloria, se hacía a las diez de la mañana; por la tarde
los muchachos fabricaban el Judas, que paseaban por el pueblo en un burro,
enmedio de la algazara de la chiquillería.
El Domingo de Resurrección era tan fulgurante como un día de Corpus,
con la solemne misa de alba y la salida entre dos luces del Cristo Resucitado.
La Semana Mayor de Teror pasó a la historia. Los tiempos son otros, la

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secularización de la sociedad se ha llevado por delante la significación sacral
de esos días, unos días tristes penitenciales, casi siempre de mollizna terorense.
La descripción primaria de Gabriel y Galán en "La Pedrada" "cuando esta
fecha caía sobre los pobres lugares, la vida se entristecía, cerrábanse los hoga-
res" ha quedado relegada al verso.

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EL HOYO

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Deben conservarse todos los topónimos que históricamente han dado nom-
bre a los distintos lugares de la jurisdicción de Teror. En la creación de la topo-
nimia han influido la vegetación peculiar de cada zona, motivos religiosos,
personajes populares, accidentes físicos o constitución geológica, los topóni-
mos en el transcurso de los años a veces experimentan modificaciones fonéti-
cas y también en sus grafías, ya por vicios de pronunciación o por errores de
funcionarios municipales, es el caso de los Llanos de Arévalo, que hemos visto
escrito erróneamente como Llanos de Leva, este lugar por un accidente en 1911,
también se le conoce por Vuelta de Farinós.

Teror en 1952.

104
El ensanche de localidades va desfigurando la toponimia y haciendo de-
saparecer nombres interesantes y emotivos, así ha desaparecido la nominación
"Camino Viejo", topónimo rico en leyendas y anécdotas; también la circuns-
tancia de la formación de núcleos habitados da lugar a nuevos topónimos, co-
mo ocurre con la llamada Vuelta de los Alambres por la circunstancia de una
parada de los coches de linea.

Han contribuido a formar la toponimia las aportaciones americanas, fruto

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del ir y venir de los isleños canarios a los territorios de América, como es el
caso del nombre "Santo Domingo", de reciente nominación, a un lugar del Hoyo
por unos emigrantes a la Repiiblica Dominicana. De todas formas los topóni-
mos deben guardar relación con el contexto geográfico e histórico, respetando
las denominaciones tradicionales.

La sabiduría popular observó que existía en una zona una especie de hon-
dura formada en la tierra, quizá como consecuencia de alguna erupción volcá-
nica en la Cuenca del barranco de Tenoya, y la denominaron "El Hoyo". Existen
otros lugares en Canarias con la misma denominación: El Hoyo, en San Nico-
lás de Tolentino; en Los Llanos, de la isla de La Palma; en un barrio de La
Laguna hay un lugar que llaman El Hoyo; a seis kilómetros de Valverde, en
El Hierro, hay una entidad con el nombre de Hoyo del barrio-Mocanal; en Ta-
fira Baja, entre Marzagán y El Sabinal, está situado el barrio de Los Hoyos.
También en la América Latina con población de inmigrantes canarios, existe
la nominación El Hoyo, como ocurre con un lugar de la provincia de Santa
Clara en la isla de Cuba, y con algunos pueblos en los estados mejicanos de
Aguas Calientes y Oxaca; ¿tendrá nuestro topónimo origen americano?, por-
que también han contribuido a formar la toponimia de las islas las aportacio-
nes americanas fruto del trasplante humano.
Es difícil precisar las fechas del poblamiento de lo que llamamos El Ho-
yo, de Teror, ¿cuándo se construyeron las primeras casas? Sabemos que hace
cincuenta años existía un número limitado de familias: Acostas, Quintanas, León,
González, Betancor, Domínguez, Sánchez, Guerra, Yánez, Ortega, Arencibias,
Herreras, Pérez, García, que vivían de la labranza, dispersos en sitios que se
llamaban La Pila, Las Cuevas, La Vuelta del Hoyo, El Sifón, La Higuera Ne-
gra, Las Caldereras, Las Cuatro Esquinas, Las Capellanías del Hoyo, Camino
Viejo, Camino del Mesón. En estos lugares vivían personas que el habla popu-
lar los designaba como Cho o Tío, porque tenían como un cierto patriarcado
o sabiduría: Cho Vicente Rita, Cho Pancho Quintana, Cho Tadeo, Cho Pan-
cho Alfonso.

105
En la nómina de los personajes populares de Teror están los hermanos
Juan y Manuel Pérez, de las Cuatro Esquinas; ya no existen personajes popula-
res, marginados de la vida social, que tan frecuentes fueron en épocas pasadas:
Silvestre, Pablina La Loca, Vicente y Antonio el Bobo. Decían que Juan y Ma-
nuel Pérez eran dos bobos, creemos que eran dos filósofos con dos estilos dis-
tintos; Juan extrovertido y gritón, Manuel estilo de sórrocloco, Juan murió de
una hartada; Manuel decía sermones por una peseta, se ponía el sombrero al

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revés, imitaba tocar el órgano y decía una retahila de frases más o menos inco-
herentes; limpiaba retretes y tenía siempre la chaqueta puesta explicando que
lo que atajaba frió atajaba calor.
Hay un "Hoyo de Arriba" y un "Hoyo de Abajo"; este en los últimos
años se ha desdibujado como consecuencia de una densidad grande de cons-
trucciones, que en algún punto no permite identificar los parajes de hace cin-
cuenta años, como ocurre en el entorno de la fábrica Eidetesa. Una industria
de pastelería que ha creado muchos puestos de trabajo; quien de verdad desee
conocer la villa terorense no puede ignorar esta industria, creada en la década
de los sesenta por la iniciativa de unos terorenses para hijos de Teror. Lo que
va de ayer a hoy, empresas como Eidetesa le han dado al pueblo una nueva
dimensión al poder codearse con cualquier núcleo industrial. En el edificio de
la fábrica existe un Restaurante donde se puede comer un potaje o un caldo
de cilantro, porque el viajero de la ciudad no debe tomar este barrio como tie-
rra de paso. Una de las cosas que los tiempos se han llevado es el potaje barato,
era el termómetro de las calorías alimenticias de las casas. Es un plato suculen-
to de la gastronomía canaria; el de verduras lleva carne de cochino, calabaza,
pina, col, calabaza, batata, ñame, cebolla, colinos, ajos y judías; el de jarama-
gos por los meses de Enero y Febrero, es una variedad excélente, sobre todo
con buena carne de cochino.

En El Hoyo vivió Vicente Jiménez Ortega, persona destacada en la polí-


tica local de Teror, nombrado por el Obispo Codina en 1853 Mayordomo de
las Cofradías de las Procesiones de la Semana Santa, fue realmente el que dio
esplendor a la Semana Santa de Teror. También fueron vecinos del barrio Maestro
Miguel León y José del Pino Herrera. Maestro Miguel fue un gran maestro Ma-
yor de Obras, dirigió la construcción de la iglesia del Corazón de Jesús en Lla-
no Roque y la muralla del Monasterio del Císter. José del Pino Herrera tuvo
la primera empresa de transportes de viajeros de Teror a Las Palmas, primero
con coches de caballos y después con vehículos a motor; padre del popular con-
ductor de Melián y Compañía Pepito Herrera; su empresa fue absorbida por
los llamados coches de Don Miguel Sánchez.

106
El barrio del Hoyo tiene unos puntos que lo delimitan: El Roque, un lin-
do caserío, parece que la piqueta al dar paso a la carretera lo dejó colgado casi
en el aire; la mal llamada Vuelta Peña, el topónimo original es Huerta de Peña;
el barranquillo del Castaño, que se denominó en tiempos pasados "El barran-
quillo del Tío Naranjo"; y el "Hoyo de Arriba" en el entorno de la Fuente
del Borbollón.
Existían en El Hoyo fuentes: la citada fuente adulada del Borbollón con

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su charca; naciente y estanque adulado de la .Huerta; el Caño de Cha Rita.
El Hoyo debió de ser un barrio silencioso y como dormido con anteriori-
dad a la apertura de la carretera Las Palmas-Teror a finales del siglo pasado.

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BASAYETA

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¿De dónde procede el topónimo Basayeta?; no está referido a la vegeta-
ción peculiar de la zona, ni a un accidente geográfico, ni a un personaje popu-
lar, ni tampoco a motivos religiosos o políticos, ni a aplicaciones de la labranza;
no es nombre aborigen por lo que deducimos de las relaciones de voces cana-
rias y guanches recogidas por los estudiosos de esta materia; no es una nomi-
nación que guarde relación con las motivaciones que generalmente han influido
en la creación de la toponimia. En algún caso han influido en el origen de los
topónimos elementos peninsulares o de otros territorios que atibaron a las is-
las en la época de la conquista o en el poblamiento y que trajeron a nuestra
tierra nominaciones de sus lugares de origen. En este sentido la palabra Basa-
yeta es semejante a la éuscara Basaqueta que en vascuence significa pequeño
valle. Es posible que de la presencia de los Villanueva en Teror quede este voca-
blo ya que eran una familia de procedencia vasca con extensas propiedades en
el término en tiempos de su poblamiento; sabido es que les fueron dadas pro-
piedades en el pueblo, lo que hoy es el casco urbano de Teror está en gran parte
asentado en tierras que fueron de los Pérez de Villanueva. Es una hipótesis so-
bre el origen del topónimo, no encontramos otra.

Hoy el caserío de Basayeta es un lugar desdibujado con respecto a lo que


era hace unas decenas de años, es irreconocible para quien lo conociera, por
poner una fecha, en 1936, hasta el punto de tener hasta calles. Existía una fuente,
un camino en dirección al Socuestro y unas pocas casas; era un caserío con
encanto, se lo daba el agua, los barranquillos y la vegetación, el camino viejo
se ha convertido en parte en una vía asfaltada y el resto es una senda que nadie
transita, llena de zarzales, un camino que terminaba en Firgas.

Las familias que vivían en Basayeta podían contarse con los dedos de las
manos: Cho Cirilo y la hermana Bastiana, como popularmente se les conocía;
Antonio y Manuel Domínguez, personas conocidas en el pueblo por trabajar
en los comercios de los Hernández y de Don Manuel Acosta; José Santana y
la madre Mana Frasca; Maestro Hilario y Mana Juana. Maestro Hilario, Hila-

108
rio González, fue un personaje popular en el pueblo, un retaco de estatura. Con-
serje del Casino un día desapareció y reapareció por 1934 después de una larga
estancia en Cuba.
Por 1930 se instaló en lo que podríamos llamar Basayeta de Abajo, An-
toñito Ramírez, un personaje popular por hacer churros en las fiestas, también
era turronero; se le metió en el cuerpo el demonio de la política hasta que se
curó con los años; su suegro, Maximino Santana Rivero, era otro personaje po-

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pular, vivía a caballo entre lo que llamaban El Barranquillo y Basayeta. Tenía
un respetable macho cabrío que cubría a las cabras de medio pueblo; pasó a
la historia local el suceso de cuando el conocido personaje Don José de Medi-
na llevó a su ninfa a que le apeara el galán de Maximino a las doce de la noche;
se enredó Don José con la cabra, el galán, las cañas y las piedras, de lo que
resultaron unas magulladuras, decía que había tropezado en una piedra rom-
boidal y pretendía que dieran parte a las autoridades competentes.
Basayeta era como un caserío escondido, hoy no lo es, pero también es
nuestro pueblo.

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EL RINCÓN

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Un rincón, lugar apartado, como escondido, de un caserío principal, es
lo que parece significar el topónimo El Rincón. En Canarias existen varios lu-
gares con esta denominación: El Rincón de Tejeda, El Rincón de Tentenigua-
da. El Rincón de Las Palmas de Gran Canaria; Rincón del Palo, una ensenada
en la costa de Lanzarote; unos caseríos en La Laguna de Tenerife y en La Oro-
tava. En la Península existen topónimos con el nombre de Rinconada, Rincon-
cillo y Rincones.

El caserío del Rincón de Teror se formó en un lugar arrinconado del cas-


co de la Villa, por el Norte del Valle, en unas laderas y al pié de un lomo. En
el caserío hay varios topónimos: El Lomo Vivas, El Rincón de Arriba y el de
Abajo, la Vecindad de Arriba y la de Abajo, nominación ésta significativa del
hecho humano de personas que viven en casas inmediatas; en Agaete hay la
Vecindad de Enfrente.
La nominación Lomo Vivas es muy antigua, pudiera tener como origen
una Escritura de 30 de Septiembre de 1525 ante el Escribano Cristóbal de San
Clemente por la que Diego Fernández vende a Don Alonso Vivas, Prior de la
Catedral de Canarias, un pedazo de tierra de sequero de dieciseis fanegas des-
montadas y seis por desmontar, en Teror; Don Alonso Bibas o Vivas se jubiló
como Maestrescuela de la Catedral en 1537 después de cuarenta años de asis-
tencia al coro de Santa Ana; era natural de Huelva y vivió en Sevilla (Datos
genealógicos de Néstor Álamo Hernández "Thenesoya Vidina y más tradicio-
nes"). El topónimo Lomo Vivas posiblemente se debe al terreno comprado;
el canónigo debió de considerar una buena inversión comprar tierras en Teror
que lindaban, según la Escritura reseñada, con otras tierras de Antonio Cere-
zo; este puede ser el Cerezo propietario del valle de Guayedra y donante del
retablo flamenco que se conserva en la Ermita de Las Nieves.

En el paisaje de Teror este barrio parecía como formado por pequeñas


casas escalonadas en la loma; era una arquitectura popular de casas de labran-

110
za, pero este pago fue creciendo por su cuenta y riesgo. César Manrique consi-
guió que las nuevas construcciones de Lanzarote se hicieran en el estilo tradi-
cional aceptado por los isleños, que es lo que ha debido hacerse en esta isla;
porque casi se ha borrado la fisonomía del caserío terorense, se puede escribir
de un Rincón en el recuerdo y otro en el presente, un sector del barrio es un
área de concentración urbana y hay un núcleo residencial de chalés que en na-
da se parece a lo que fue el caserío; el crecimiento no ha sido armonioso, un

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fenómeno que se ha producido en muchos sectores de las medianías de la isla.
El Rincón, un lugar en que tenían su residencia y vida habitual unos labrado-
res, se ha extendido y se han afincado en nuevas construcciones personas de
la Capital o eje otros lugares, como segunda residencia.

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Feria de ganados de la Fiesta del Pino de 1909 en el cercado de Acosla.

En el censo municipal de 1887 vivían en El Rincón de Abajo cuarenta


familias; en el de Arriba, menos poblado, veintiocho, en total trescientos seis
vecinos, según este censo varios cabezas de familia estaban ausentes en Cuba,
como ocurría en todos los barrios de Teror. En la relación nominal de vecinos,
tres mujeres tenían la profesión de Hilanderas al huso, oficio aún existente por
tiempos del siglo pasado, que hilaban con lino, cáñamo o lana de ovejas utili-
zando una especie de clavija de madera que servía para unir o retorcer los hi-
los. En el censo de 1916 desapareció la distinción entre Rincón de Arriba y de
Abajo, pero casi se mantiene estable con relación al anterior, setenta y nueve
familias y trescientos veintiséis vecinos. En el de 1924 se relacionan sesenta y

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dos familias y trescientos dieciocho vecinos; la regresión cuantitativa se explica
por aparecer en el censo las entidades Barrio del Pino y Basayeta segregadas
del Rincón. El topónimo Barrio del Pino apareció con la apertura de la carre-
tera Teror-Arucas hacia 1920, con anterioridad, en lo que hoy es el populoso
barrio solo existía un número limitado de casas: las de Maximino y Ascanio,
en El Barranquillo; la de Francisco León Mateo, hoy llamada de Luisita la del
Puente; las de Jorgito; la de los Montesdeoca; la casa vieja de los Navarros,

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en el Castañero Gordo; la de Marrero el panadero; la de Quintana; y la casa
de la salamera, en San Matías.

La acequia de Los Llanos dividía El Rincón de Abajo del de Arriba, eran


como dos mundos distintos. En el de Arriba existía una tienda popular, la de
Velázquez; en un salón contiguo se hacían bailes de taifas los sábados y domin-
gos y por los Carnavales; también eran vecinos Pepe Marcos, que hacía turro-
nes y voladores para las fiestas del Pino, y la partera Carmen Benítez. La casa
solariega de la finca de La Escuela estaba situada en El Rincón de Abajo, los
terrenos en el de Arriba; esta propiedad fue dotación de Don Domingo Nava-
rro del Castillo a la Escuela de Patronato fundada en 1790; con la desamortiza-
ción pasó a ser pertenencia privada; uno de los propietarios, Don Pedro Rivero
Navarro, fue el titular de la primera farmacia que existió en Teror, había estu-
diado la carrera en la Universidad de La Habana en los tiempos de la domina-
ción española.

El Rincón de Abajo está hoy en gran parte urbanizado. En la vieja casa


de los Navarros, en el Castañero Gordo, reconstruida como chalé, vivió Vicen-
te Navarro Zambrana, hombre de Gáldar casado en 1792 con la terorense Fran-
cisca Beatriz Ramírez Henríquez, Sacristán Mayor de la Basílica del Pino en
los tiempos de esplendor del culto; allí nació y murió el hijo de Navarro Zam-
brana, el cura Juan Navarro Granados. La panadería de Agustín Benítez esta-
ba situada en la subida del camino del Rincón; en el barrio existían varias
panaderías; el pan de Teror era muy cotizado en la isla, hemos leído un anun-
cio en el periódico "El Diario de Las Palmas" del 28 de Diciembre de 1899
que dice: desde el próximo 18 del corriente se halla a la venta pan de Teror en
los establecimientos calle de Triana 67, de La Carnicería 30, del Reloj esquina
a Espíritu Santo, del Castillo 14, venta diaria desde las seis de la mañana, en
el mismo periódico también se anuncia venta de leche pura de Teror en un kios-
ko del puente de Palastro. Eran vecinos de la actual calle Tomás Arroyo Cardo-
so, Don Antonio Guerra y Pepito Rodríguez; Maestro Pepe el zapatero, de una
saga popular en Teror, tenía la vivienda y zapatería en el actual mimero 22 de
la calle, un buen zapatero y bohemio, músico de la'banda municipal, hacía za-
patos a medida. En lo que es el número 7 vivió Don Antonio Guerra Báez,

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sacerdote, coadjutor de la parroquia, un cura refunfuchón, bromista a veces,
campechano, fallecido en los últimos días de 1929. Chanito León vivía en el
camino de La Vecindad en una casa colindante con la de Don Antonio Guerra,
que también ocupó en el veraneo Don Agustín Graciani. Chanito León era un
personaje popular, lo que llamaban un coñón, cobrador durante muchos años
en los coches de horas de Melián y Compañía; en el entierro de la Sardina de
los Carnavales hacía de Cura.

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La Vecindad es como una isla dentro del barrio; en el callejón vivió Ra-
fael Navarro, la familia hacía bizcochos, a las mujeres de la casa las llamaban
las bizcocheras; otro de los vecinos Antonio Valencia, tenía mulos que llevaban
las cargas de los comercios de Teror a la clientela de los pueblos de la cumbre.
Otro sectorÜel barrio del Rincón es la Casa Honda, o más propiamente
la Casa Jonda, llamada así por una edificación que sirvió de depósito de mate-
riales para la construcción de la Basílica del Pino de 1760 a 1767; la casa Hon-
da sirvió como Cuartel de la Guardia Civil. Hoy el lugar tiene la nominación
de calle de San Cayetano por una residencia y capilla que en la década de los

Los hermanos Don Manuel y Don Francisco Acosla Sarmiento.


años treinta construyeron las Religiosas Catequistas. En una de las casas nacie-
ron los hermanos Francisco y Manuel Acosta Sarmiento; Don Francisco fue
Presidente de las Audiencias territoriales de Zaragoza y Granada; Don Manuel
Alcalde de Teror en un dilatado periodo, de líW a 1912, dueño en su tiempo
del mayor comercio de la isla. En la Casa Honda o Vecindad de Abajo, como
también se le llama, vivieron personas conocidas en la historia local: Don Pe-
dro Suárez Ponce, Marcelinita la de las mantillas, Pinito la de todos, Bernardi-

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ta. Mana Pancha, Panchito Mateo el herrero.
Hoy el barrio del Pino se ha desarrollado podríamos decir vertiginosa-
mente; según el censo municipal actual, desde el llamado Puente del Pino has-
ta San Matías viven mil cien vecinos. El Rincón no tiene singularidad, está
englobado en una misma Sección con Las Rosadas y Los Llanos con un total
de mil novecientos sesenta vecinos, de los que más de novecientos viven en lo
que es propiamente El Rincón. Estos datos estadísticos dan una idea de como
se ha desdibujado el antiguo caserío. Es de resaltar que mucho ha influido en
este desarrollo la apertura de una vía de enlace entre las carreteras de Teror-
Arucas y Teror-Valleseco. Se ha producido un cambio en la mentalidad de las
personas, de la forma de entender la vida los que cultivaban la tierra; eran per-
sonas un tanto primarias, socarronas; esta mentalidad desaparecerá con los ma-
yores que aun perviven, puesto que las nuevas generaciones hechas a la televisión,
la radio y el automóvil, derivan por otros derroteros que nada tienen que ver
con el mundo de la labranza.

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EL PEDREGAL Y LAS PEÑAS

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La toponimia de cada pueblo es muy diversa y a veces plantea problemas
de difícil explicación. ¿Por qué la denominación El Pedregal del caserío tero-
rense?; Pedregal quiere decir sitio o terreno cubierto de piedras; por esta cir-
cunstancia, un pedregal casi no tiene vegetación, suele ser un lugar seco sin agua;
en las Canarias además del topónimo de Teror, solo existe en Icod de Tenerife
un caserío con igual nombre.

| | 1 | ^

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.Iregal.

El barrio El Pedregal de Teror no tiene nada que ver con su significación


gramatical, al contrario es un caserío húmedo y de mucha vegetación, algo bru-
moso, con bancales de papas y millo al pié de la montaña de La Hoya Alta,
con brezos, laureles, codesos, escobones y toda la gama de matas de monte ba-
jo; es agradable un paseo por este caserío de flores silvestres como son los Ma-
yos y las trebolinas. ¿Por qué entonces el topónimo El Pedregal?, aquí se
equivocó lo que llamamos la sabiduría popular, podría llamarse Los Limone-
ros, El Brezal, El Laurel o cualquier otra denominación alusiva a la vegetación.
De todas formas el nombre El Pedregal está arraigado y a él hay que atenerse.
Es un caserío entre dos barranquillos: el del Pedregal y el de Los Rato-
nes, que en los días muy lluviosos forma una vistosa torrentera, para los tero-
renses es el índice de una buena lluvia, se dice "corrió el barranquillo de Los
Ratones".

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Dentro del caserío hay diversos topónimos: La Umbría, La Era Blanca,
Las Rajas, El Llano, El Tabacal; en algunas escrituras hemos leído otros nom-
bres: El Pedazo Angosto, El Peralillo. pero estas nominaciones no son conoci-
das, han desaparecido con el tiempo.
El barranquillo del Pedregal es un afluente del Barranco de Teror, tam-
bién llamado "Del Fonduco" o "Del Caldero". En 1934 una Sociedad deno-
minada Hidráulica de Teror realizó en este lugar unos trabajos de alumbramiento
de aguas que dieron lugar a manifestaciones de protesta del vecindario, un gru-
po de mujeres se introdujo en la torre de la Basílica tocando a rebato las cam-
panas; estos hechos tuvieron cierta resonancia en la prensa de Las Palmas
("Diario de Las Palmas" de 6 de Agosto de 1934, "El Hoy" de 29 de Septiem-
bre de 1934).

En El Pedregal vivieron dos personas populares: Florián Ortega y Juan


González; Florián era Ranchero del Rancho de Animas y no faltó nunca a en-
tierro, funeral o velatorio en el término de Teror y colindantes. Juan González
era estelero, un hombre que arreglaba a los desconchabados del pomo y de los
huesos, aprendió a santiguar con un negro en La Habana; muchos vecinos del
Pedregal emigraron a la isla de Cuba, como ocurrió en todos los barrios tero-
renses, buscaban los sesenta duros que valía el pasaje y emigraban.

El heredamiento de Piletas y de La Juliana regaba terrenos de La Era Blan-


ca, tenía el caudal de un remaniente en el barranquillo de Los Ratones.
El topónimo Las Peñas sí tiene una significación clara, por los peñascos
que existen en el lugar, sobre todo cuatro en un punto, una gran piedra, que
llaman la piedra caballera, está montada sobre otras tres a manera de cubierta
de un cuevón; extraño fenómeno, ¿quién movería esos peñascos?, es posible que
en tiempos remotos un cataclismo geológico los desprendiera de la Montaña
de la Hoya Alta, de donde dicen La Carabela.

El caserío de Las Peñas está situado al Poniente del barranquillo de Los


Ratones y tiene unas características semejantes en cuanto a vegetación que su

116
vecino El Pedregal, es como una cañada al pié de La Hoya Alta y sobre el Ba-
rranco de Teror. No conocemos ningún topónimo con la misma denominación
en Canarias; si existen varios caseríos con igual nombre en América Latina y
alguno en la Península, Peñas Arriba es el título de la célebre novela de Pereda.
Existe el topónimo Peñón o Peñones en Arucas, Moya y Mogán.
En el barrio hay a su vez varios topónimos: El Lomito, que a distancia
parece que tiene las casas escalonadas; El Culatón; Los Hediondos, por la planta

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de este nombre; El Risco de los perros, que no es tal risco.
Era un caserío con varios nacientes, hoy casi secos, del heredamiento de
Las Peñas y Tuneras, formado con el caudal que se desviaba de la acequia de
la heredad de Los Llanos por un orificio llamado El Dado calculado en una
treceava parte de la gruesa de Los Llanos, y El Chorro de María Manuela. Existía
también en Las Peñas el heredamiento del manantial y estanque de La Huerta,
hoy extinguido. Por el Norte del caserío pasa la acequia de la Heredad de Las
Rajas, que terminaba en la llamada finca de las Ortegas; el principal manantial
del heredamiento era "El Chorro de Cho Miguel".
Barrios de El Pedregal y Las Peñas en verdad bonitos, con algunas cons-
trucciones inadecuadas.
LA CULATA

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Un lugar objeto de controversia en los tiempos de la separación de Valle-
seco en el siglo pasado. El Ayuntamiento de Teror no se opuso a que se consti-
tuyera en Municipio independiente, pero surgieron los problemas en la cuestión
de los linderos. Encargaron al Presbítero Don Vicente Pérez Marrero un pro-
yecto de deslinde, que formara un "paño de pintura" como denominaron a
algo parecido a un plano topográfico, y según los ediles terorenses se excedió
en sus atribuciones incluyendo los pagos de Madrelagua y La Culata en el nue-
vo término municipal, en la sesión del 14 de Septiembre de 1843 manifestó el
Alcalde que Pérez Marrero solo había tenido en cuenta su comodidad y la de
los compañeros eclesiásticos, de no tener que andar por malos caminos cuan-
do tenían que administrar los Sacramentos. La solución definitiva fue que Ma-
drelagua quedara como barrio de Valleseco y La Culata por Teror, la raya está
en El Lomito del Salto.

La Culata hoy es un lugar donde solo viven dos personas, dos solterones,
en unas casas semiruinosas; en épocas pasadas vivieron tres familias, al cabeza
de una de ellas le llamaban el turronero; el vecino Madrelagua siempre fue un
caserío muy poblado.
A La Culata se puede ir por tres distintos caminos: el casco de Teror, El
Álamo, El Quebradero, subida por El Beor hasta Los Corrales, Risco Negro,
Degollada de los Picachos. Otro es ir del casco de Teror a Las Rosadas, Quie-
bramonte y subida a La Culata. El tercero es salir de Valleseco con dirección
a Madrelagua por El Lomo y bajar por el Norte hasta El Lomito del Salto.
Esta opción es muy interesante; el itinerario es el Barranco de Charquitos o
Charquillos, el de Risco Gordo, Madrelagua, un lindo grupo de casas que lla-
man Los Llanos, Los Naranjeros, y las degolladas de las montañas Jacinto, Mo-
reno y de La Pedrera; este camino pasa por una de las grandes barrancadas
de la isla, con paredes cortadas casi a pico, es el Barranco de Tenoya que recibe
distintos nombres: Madrelagua, Las Rosadas, Teror, Miraflores, Tinocas.

118
Situados en La Culata, la excursión puede completarse caminando por
una senda hacia el Sur hasta la degollada de la Montaña Valerio, subir hasta
la cima y por el Naciente bajar por el camino de La Majadilla hasta la carretera
Teror-San Mateo; La Majadilla es una cañada en el barrio de Los Arbejales,
atravesada por el barranco de los Guindos que en tiempos se denominó Ba-
rranco de Juan de Troya. El topónimo de la montaña es por el nombre de una
persona que vivió en la degollada del Naciente cuidando ovejas y vacas; se casó
tres veces y según algunos las mujeres morían porque Valerio tenía maleficio;

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lo cierto es que era hombre de ingenio, desde Madrelagua lo oían cantando y
al comprar recitaba la retahila:
Una vieja vale un duro
una mocita tres cuartos,
y yo como pobrecito
me voy a lo más barato.
El camino de La Majadilla es muy viejo, citado en las Ordenanzas del
Consejo de Gran Canaria de 1531: "a dar a las tierras del Espartero a dar a
la Caldera a dar al Laureal y a las tierras de Porras que son en Terore y por
encima de las dichas tierras a dar al parral de Juan de Troya e al Barranco del
agua a dar a la huerta de Nuestra Señora"; es un camino que ha conservado
su identidad en quinientos años o más puesto que debió de ser un camino abo-
rigen, que de la Caldera de Pino Santo pasa por El Espartero, El Faro o Laure-
lar, Los Arbejales, sube por La Majadilla hasta Madrelagua y baja por Las
Rosadas a Teror.
Todos estos lugares, poco transitados, merecen ser conocidos.

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PINAR DE OJEDA

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Es un caserío de Teror en la Cuenca de San Lorenzo que parece como
perdido, escondido. No es un Pinar, solo existe un pino que no es centenario;
la zona no es apropiada para arraigar el pino canario, que donde vive bien es
en un ambiente de altura, de suelos pedregosos e inclinados, es un árbol cum-
brero que se alza en los andenes y en los tajos de los barrancos; lo que si debió
de existir entre Tamaraceite y La Caldera de Pino Santo mucha arboleda de
laureles y acebnches, como resulta de la toponimia: El Acebuchal, El Laurelar.
Puede que en alguna época existieran diez o doce pinos en un terreno propie­
dad de alguien que se asentó en este lugar, de apellido Ojeda. Ninguna seme­
janza tiene el Pinar de Ojeda terorense con el cumbrero de la zona de Pajonales
e Inagua; aunque Fray Diego Henríquez escribiera por 1714 "no se queden en
silencio otros cuatro bosques que tomando cada uno el nombre de sus árboles
se nombraron El Laurelar, El Granadillar, El Acebuchal, y el Pinar de Ojeda,
a distinción de otro que es de pinos de tea porque este era de pino albar o pina­
bete", es dudoso que el fraile franciscano visitara el lugar, pero es interesante
la distinción que hizo de las dos clases de pinos.
Es un paraje del "barranco allá" como se le designaba, juntamente con
El Espartero y El Faro o Laurelar, en los antiguos Padrones de Vecinos. Debió
de tener algún poblamiento quizá desde la segunda mitad del siglo XVII por­
que en los Libros de Fábrica de la Parroquia del Pino se consignan en unos
folios de 1722 que el Mayordomo se hacía cargo de 1.669 reales y dos cuartos
por limosnas de potros y becerros del Pinar de Ojeda; eran donaciones de reses
a la Virgen del Pino, que se remataban en las fiestas. En las Sinodales del Obis­
po Dávila y Cárdenas de 1734 se menciona este lugar, asignándole junto al Lau­
relar, veinte vecinos; es posible que el término vecinos se refiriera a cabezas de
familia o casas, pues parece que estos lugares que englobarían lo que hoy cono­
cemos por El Faro, El Espartero y El Pinar de Ojeda, debieron de tener una
población superior a los veinte habitantes.
No existe ninguna carretera comarcal al Pinar de Ojeda, está en el itine­
rario de nuestros caminos viejos o reales, hoy en algunos tramos preparados,

120
más mal que bien, para la circulación de coches. Una excursión puede ser: el
casco de Teror, El Álamo, Cuesta de Falcón, El Laurelar o Faro, Las Capella-
nías, La Caldera de Pino Santo, Las Morenas y El Lomo del Cojo.
La Caldera de Pino Santo, que es una erupción volcánica ocurrida no
sabemos cuando, está en término de Teror y linda por el Sur con la raya de
Santa Brígida. En La Caldera el camino real se bifurca en dos, uno va a Pino
Santo Alto, otro al Norte baja por un lomo entre el barranquillo de Los Ro-

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quetes y el del Masapés, es el que nos lleva al Pinar de Ojeda. Llegados a este
lugar se pueden seguir dos caminos al Naciente: el de La Milagrosa, San Lo-
renzo, que en este lugar enlaza con el de Mar a Cumbre, desde La Milagrosa
otro camino que pasaba por El Llano de María Rivero llegaba hasta La Calza-
da; o el de Pino Santo a La Vega por el Lomo de La Herradura, Las Haciendas,
Pino Santo Bajo y Los Silos; este es el camino al Pino de los romeros, cuando
subían por El Lomo de la Herradura decían que iban al Pino Santo, que era
lo mismo que decir Teror, de ahí el topónimo Pino Santo.
Los barrancos de esta Cuenca no nacen en la cumbre, sus orígenes están
en las estribaciones de La Caldera, quizá porque la lava de las erupciones vol-
cánicas cegara los valles que descendían de la cumbre. El volcán debió de for-
mar toda la serie de lomos, montañas y barrancos de la cuenca; todos los
barrancos y barranquillos confluyen en un único cauce que desemboca en el
mar por el Confital.
Hoy el caserío del Pinar de Ojeda tiene unos cuarenta vecinos, que viven
en'un lugar silencioso, desconocido por muchos canarios y también por mu-
chos terorenses, sin una tienda, lejos de escuelas; sin embargo allí vive una pa-
reja de alemanes que no sabemos como encontraron este lugar. Aunque
escasamente poblado, tiene buenas tierras de labor y pastos jugosos, buenos
terrenos de papas. Para conocer bien estos lugares hay que olvidarse del auto-
móvil y caminar por sus caminos y veredas.

121
LA HOYA DE SAN LÁZARO

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Una Hoya es como un corte, una depresión entre dos montañas, lo que
es el caserío de La Hoya de San Lázaro, de Teror; es un tramo del barranco
de Tenoya entre dos lomos, o más bien montañetas. En Canarias hay varios
topónimos nominados La Hoya: La Hoya en Güimar, La Hoya del Gamonal
en San Mateo, La Hoya del Pajar en Santa Lucía, La Hoya del Pedregal y La
Hoya del Bardo en Guía, La Hoya de Pineda en Gáldar, La Hoya de San Juan
en Arucas, Hoya Andrea en Las Palmas de Gran Canaria. La de Teror ¿por
qué se denomina de San Lázaro?, no es por una advocación del Santoral ni
por el judío de Betania resucitado por Jesucristo, el nombre del caserío tero-
rense tiene el mismo sentido que el del Risco de San Lázaro en Las Palmas de
Gran Canaria, que es un barrio en que vivían en cuevas unas personas afecta-
das del mal de San Lázaro. Lázaro se denominaba a la persona cubierta de lla-
gas, leproso; en la terminología de tiempos pasados, Hospital de San Lázaro
era el centro de hospitalización de leprosos, lazarino el que padecía el mal de
San Lázaro, lazaretos los lugares en que se confinaba para hacer la cuarentena
a los sospechosos de padecer ciertas enfermedades: lepra, fiebre amarilla, cóle-
ra, peste.

El caserío de San Lorenzo, de Teror, debió de ser un paraje en que vivie-


ron unas personas o familias que padecían el mal de San Lázaro y vivían allí
como confinadas. En La Laguna, de Tenerife, existe otro caserío con igual de-
nominación de Hoya de San Lázaro. Hoy es un agradable lugar en el tramo
del barranco de Teror entre el Puente del Molino y La Fuente Agria; por la
margen derecha, aguas arriba, pasaba el camino real o camino viejo de mar
a cumbre, convertido desde 1926 en carretera.

El lindero Norte de La Hoya de San Lázaro es el Puente del Molino; es


un puente construido en 1827 con fondos de la Mayordomía de la Virgen del
Pino que puso a disposición del Ayuntamiento 22.500 reales, por tanto es ante-
rior a la actual carretera Teror-Las Palmas; es un puente viejo, estrecho, tiene
un trazo perfecto de semicírculo; hacia arriba arranca la carretera de la Fuente.

122
A la izquierda, en un pequeño lomo, hay un par de bonitas casas, una de ellas
con un tejado a cuatro aguas, se parece a las que se ven en la isla de La Palma
y en La Madeira; en la montaña hay un Caldero —El Risco de la Gloria— por
el que en los inviernos lluviosos cae una torrantera procedente de cañadas y
barranquillos. El cauce del Barranco se desvía hacia el Poniente y en la margen
izquierda hay un lugar nominado "Los Mocanes" por una de las plantas de
la Laurisilva Canaria aunque no se conserva ningún ejemplar de la especie; el
"Mocan", el árbol canario de virtudes medicinales para los aborígenes, que

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les fortalecía con su exquisita miel. En una vaguada, en la confluencia del ba-
rranco de Los Arbejales, está una finca que en tiempos era mimada con cariño
por sus propietarios, con una arboleda de Araucarias, palmeras, álamos, pi-
nos, laureles, bonita finca; fue una Capellanía y uno de los capellanes Don Carlos
de Quintana, mayordomo de la Fábrica Parroquial por los tiempos de la cons-
trucción del puente del Molino. En el barranco hay mucha vegetación de sau-
ces, cañaverales, tártagos, mayos, azucareras, hiedras de monte, hay pinos y
almendreros amargos, heléchos, berrazas, el cauce ha perdido la exhuberancia
que tuvo en otros tiempos, ya no hay berros ni violetas salvajes, ni casi ñame-
ras, quizá sea porque los inviernos son más flojos.

En La Hoya de San Lorenzo existió un molino de agua, El de Abajo, es-


taba instalado en una cueva; molía de noche con el caudal de la Heredad de
Tenoya, propiedad de Don Francisco Pérez Navarro; dejó de funcionar en 1936.
En el camino viejo el Presbítero Don Juan Guerra levantó en el siglo pa-
sado una pequeña capilla a la Virgen de Lourdes, rematada con la Cruz que
se puso en el lugar que ocupó el altar de la Virgen del Pino en la antigua iglesia
parroquial hasta su demolición; derruida la capilla de La Hoya de San Lázaro,
fue la Cruz llevada en 1913 a Los Arbejales por el Cura Don Juan González;
el párroco Don Antonio Socorro Lantigua la colocó en el camarín de la Virgen
en un relicario de cristal y madera.
En la subida hacia Teror, en la cerca de la casa llamada de Maestro Juan
el guardia, frente a la fuente agria, existió otra Cruz sobre un pedestal, con mu-
cha historia; allí esperaban a la Virgen del Pino al regreso de las bajadas a la
Ciudad, los clérigos y el pueblo de Teror para acompañarla hasta la iglesia; es-
cribe Romero y Ceballos en su "Diario" sobre la bajada de 1785: "a las cuatro
se volvió a formar la marcha hasta el humilladero que está a la entrada del lu-
gar, enfrente de la fuente agria, allí al mismo tiempo el curato y capellanes de
número con cruz alta y las dos Hermandades del Santísimo y Rosario; inme-
diatamente fue puesto el sillón en el humilladero y descubierta la Santa ima-
gen; desde allí se ordenó la procesión yendo delante la Compañía del Lugar

123
haciendo descargas hasta la puerta de la iglesia, por medio de una calle enra-
mada y arcos, que principiaba en el segundo humilladero que está más arriba
arrimado a la huerta del Presbítero Don Domingo Navarro"; los humilladeros
eran lugares en las afueras de los pueblos junto a los caminos, con una cruz,
no existe la antigua cruz, sustituida por una más sencilla sin pedestal. El segun-
do humilladero a que se refiere Romero y Ceballos, corresponde a lo que hoy
se conoce por cercado de Don José de Medina.

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El lindero Sur de La Hoya de San Lázaro es una especie de plazoleta donde
se estacionaban los carros de los aguadores de antaño; y la tienda de Juanito,
de tantos recuerdos, donde se comían los chochos o se tomaba el pisco de ron,
con su jardín y la terraza parecía un parador; Juanito dejó este mundo, la tien-
da existe, pero son otros los tiempos.
En las laderas de La Hoya de San Lázaro hay unas cuevas, es posible que
en ellas existiera algún habitat aborigen, tienen patios de flores en cacharros
y macetas y unos caminillos a la carretera.
Cruza el caserío una acequia, de la Heredad de San Lázaro, un hereda-
miento que también se denominó "Del Molino de Enmedio"; la acequia tenía
lavaderos donde las mujeres enjabonaban las ropas y las lavaban para después
tenderlas sobre las pitas, en las liñas y en los matos, todo un tenderete de ropas
en torno a la acequia, una estampa que ha desaparecido.
La Hoya de San Lázaro es un bonito paraje que conserva el encanto de
su vegetación.

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SAN MATÍAS

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• Al pié del Pico de Ossorios se extiende la meseta de San Matías, a poco
más de un kilómetro del casco terorense. Antes de la apertura de la carretera
Teror-Arucas, hace poco más de setenta años, solo existía en lo que hoy es un
caserío una casa muy rudimentaria situada en el lugar donde está ubicado el
Convento de las Dominicas, la casa de la Salamera, una mujer santiguadora.
La meseta de San Matías tiene al Norte y al Sur dos miradores: El Lomo
de Don Diego y La Montañeta, en este punto se cargaron muchas yuntas para
la construcción de la Basílica del Pino. Hacia el Sur se construyó el Monasterio
de las Religiosas Dominicas de la Sagrada Familia inaugurado en Octubre de
1925, proyectado y dirigido por Don Laureano de Armas, fue sede generalicia
de la Congregación, el complejo arquitectónico está construido con riqueza de
materiales y con cantería gris del país, es un conjunto monumental de una gran
belleza, parece una Abadía románica. San Matías fue el cementerio del pueblo
de 1812 a 1816, al prohibirse los enterramientos en las iglesias.

San Matías tiene historia, uno de los enigmas terorenses es la existencia


de una Ermita dedicada al Santo que sucedió a Judas en el Colegio Apostólico.
El historiador Marín y Cubas (Historia de las Siete Islas de Canaria. Redac-
ción de 1687) escribió: "en Teror se fabricó iglesia de la advocación de San Ma-
tías y cerca de allí está un grandioso pino, al pié de este árbol había un sarzal
de donde salían unos manantiales de agua que se recogía en un pozuelo. El
cura de la parroquia de San Matías que era portugués, el Licenciado Tristán,
por vía de limosna pedía a los Canarios pagar por el agua del pozuelo. La Ca-
tedral mandó que se edificase iglesia y se mudó a ella la parroquia de San Ma-
tías"; Marín y Cubas de profesión médico, conoció los distintos lugares de la
isla, es posible que tuviera alguna relación familiar con los Pérez de Villanue-
va, por lo que estimamos cierta la existencia del cura portugués.

Existió una ermita en el lugar de San Matías con un origen muy antiguo,
ignoramos la fecha de su construcción; se veneraba en ella una talla del Após-

125
tol de su denominación; en 1752 estaba ruinosa, por lo que fue trasladada a
la parroquia del Pino la imagen del titular; desde que fue demolida la primera
iglesia de Teror hasta la inauguración del nuevo templo, fue venerada la imagen
de la Virgen en la ermita de San Matías (José García Ortega: "Nuestra Señora
del Pino"). Hasta la época de la construcción del actual convento de las Domi-
nicas, se podían observar parte de los cimientos de la antiquísima ermita.

Posiblemente el primer poblamiento terorense no fue en el entorno del

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Pino de la Aparición; en la época inmediata a la conquista existía un poblado
canario en el lugar de Guanchía y sus alrededores, bastante cristianizado; es
posible que se edificara la iglesia de San Matías para atender a las necesidades
espirituales de la incipiente población, quizá por el año de 1490. Pudo ser que
lo primeramente poblado de Teror, después de Guanchía, fuera el entorno de
la ermita de San Matías, esta hipótesis se fundamenta en la aseveración de Ma-
rín y Cubas, en la proximidad al primer poblamiento de Guanchía y en el estu-
dio de alguna edificación que existió en la zona, la llamada casa de la Salamera
tenía características constructivas que bien pudieran ser de finales del siglo XV.
En este supuesto, la primera Ermita de la Virgen edificada con estilo construc-
tivo peninsular y que subsistió hasta 1600, es posterior a la ermita de San Matías.

¿Por qué ese culto antiquísimo en Teror al Apóstol San Matías? Su ima-
gen existe actualmente en el retablo lateral de la epístola, de la Basílica; es del
escultor Cristóbal Ossorio, Maestro de la primera mitad del siglo XVII, esta
es la opinión de Alonso Trujillo Rodríguez ("El Retablo Barroco en Canarias").
Tuvo que existir otra escultura anterior, desaparecida.
Es posible que San Matías fuera el patrono del poblado canario cristia-
nizado del lugar de Guanchía y alrededores, con la sede parroquial en la ermita
regida en tiempo indeterminado por el Cura Tristán. Una de las características
de la religiosidad popular de los siglos XV y XVI es la devoción a los santos,
el santo es ante todo un patrono; es decir, señor de un poblado y protector de
sus habitantes; cada uno de los santos tenía sobre las necesidades humanas el
patrocinio que le había asignado la devoción popular por los más diversos
motivos.

Sería interesante estudiar las posibles connotaciones que pudiera tener


la devoción a San Matías con localidades portuguesas que pudieran tenerlo co-
mo patrono. Porque es evidente que en el primer poblamiento de Teror después
de la conquista hay una clarísima influencia portuguesa. Aunque no existe li-
bro de bautizados de fines del siglo XV y del XVI, los notables estudios genea-
lógicos de Miguel Rodríguez Díaz de Quintana y los datos del archivo del
Marqués de Acialcázar, han aclarado bastante esta cuestión.

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LOS ESCARAMUJOS Y LA CUESTA FALCON

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Al Naciente del Valle de Teror hay una montaña alargada, de Sur a Norte
desde la Cuesta Falcón al Peñón Chiquito, un buen mirador del caserío tero-
rense. Comprende varios topónimos alusivos a su configuración u otras circuns-
tancias: El Peñón Chiquito, El Lomo del Boticario, por la particularidad de
propiedades que pertenecieron al farmacéutico Don Pedro Rivero; Los Escara-
mujos; El Lomo o Lomo de la Cruz; y la Cuesta Falcón.
La vegetación originó el topónimo Los Escaramujos. El Escaramujo es
un rosal salvaje, un arbusto ramoso cubierto de espinas que se cría naturalmente
en algunas breñas y matorrales de nuestras islas, con hojas semejantes a los
rosales cultivados y flores como rosas sencillas. Este tipo de arbusto debió de
existir en otras épocas en este paraje terorense, hoy ha desaparecido, no sabe-
mos porqué; algunas causas climatológicas o de otra índole han debido moti-
var su extinción.

En Los Escaramujos hay una fuente, la Fuente de Los Escaramujos, y


cuevas, una sirvió de cobijo a un singular personaje terorense de finales del si-
glo pasado y principios del novecientos, Don Francisco el Loco; una especie
de ascético anacoreta; era un hombre de Valsequillo apellidado Monzón, en tiem-
pos seminarista, cuentan que tenía una corpulencia fuera de lo corriente y que
por la Fiesta del Árbol bajaba por la calle principal hasta la Plaza con un árbol
que había arrancado por sus propios brazos para ofrendarlo a la Virgen.

Las cuevas de Los Escaramujos fueron propiedad de un vecino de Teror


llamado Eustaquio Suárez, popularmente conocido por Eustaquio a secas; es-
ta persona vivía en "Quevedo", un topónimo de Teror, y no andaba hiende
la sesera, otro medio loco.
Allá por la década de los años veinte vivió en una cueva de Los Escara-
mujos una mujer a la que llamaban Pepita la Majorera, no se conocían más
circunstancias personales, solo que procedía de Fuerteventura; vivía de la cari-
dad de los vecinos del barrio más próximo. El Álamo.

127
La Cuesta Falcón tiene reminiscencias históricas, de linajes. Posiblemen-
te el origen del topónimo está en los primeros tiempos del poblamiento de Te-
ror. La opinión del genealogista Fernández de Bethencourt ("Nobiliario de
Canarias") es que en este lugar vivió una Catalina Falcón, del linaje del pobla-
dor extremeño Diego Falcón; sus descendientes siguiendo el uso de la época
adoptaron el apellido de la madre. Los descendientes de estos Falcón enlazaron
con la rama del normando Juan de Bethencourt, con la familia Llarena, con
las de León, Massieu, Castillo Olivares, Matos. El ilustre Don Leopoldo Matos

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Massieu, Ministro de la Corona, tenía sangre de los que allá por las brumas
del siglo XVI vivieron en La Cuesta Falcón.
Hoy la Cuesta Falcón es un camino empinado hasta el Faro, en tiempos
recientes el Ayuntamiento ha abierto una pista con varias curvas, que hacen
la subida más cómoda para el caminante; y hay unas cruces, dos, desconoce-
mos el origen.
Estos lugares son muy pintorescos; en la Cuesta Falcón existen dispersas
unas viviendas con las características de nuestra Arquitectura Rural. En los Es-
caramujos solo hay cuevas y una vegetación de matorral, en la primavera so-
bresalen las bonitas flores color violeta de Los Mayos.

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ÍNDICE

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La Villa 9
Primeros tiempos 12
Los tiempos nuevos 15
Un alcalde 18
Urbanismo 21
Teror en 1905 24
Las tiendas 28

Las comedias 34
Los bailes 37
Los coches 40
Visitantes 44
Las verbenas 47
Brujerías, curanderas, santiguadoras 50
Militares 53
Un cronista 56
Poetas terorense» 58
Un homenaje 63
Recuerdos escolares 66
El colegio de las Jiménez 69
Hotel El Pino 71
El Hotel Royal 75

129
La Casa Huerta 78
La Fiesta del Agua 80
La Fiesta de San José 83
La Parroquia 86
El Cura Rodríguez de Quintana 89

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El Cura Don Juan González 91

Los Mantos de la Virgen del Pino 93


Los Retablos de la Basílica 95
El Reloj de la Basílica 97
Las campanas 99
Recuerdos de la Semana Santa 101

El Hoyo 104
Basayeta 108
El Rincón 110
El Pedregal y Las Peñas 115
La Culata 118
Pinar de Ojeda 120
La Hoya de San Lázaro 122
San Matías 125
Los Escaramujos y la Cuesta Falcón 127

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© Del documento, los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2010
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Vicente Hernández Jiménez nació en Teror el 29 de Julio de 1922; es Abogado,
Técnico de la Administración Civil del Estado jubilado, ha sido Delegado Ad­
ministrativo Provincial de Educación y Ciencia, Secretario de la Junta Provin­
cial de Construcciones Escolares, de la Delegación Provincial del Ministerio de
Educación y Ciencia, y Delegado Provincial de la Mutualidad de Funcionarios
Civiles del Estado.
Es autor de los libros "La Villa de Teror" y "Apuntes Terorenses". Ha i
blicado en El Anuario de Estudios Atlánticos un trabajo de investigación sol
el tema "Las Aguas del Barranco de Tenoya". Ha obtenido el premio litera
"González Díaz" convocado por el Ayuntamiento de Teror.
Ha publicado diversos artículos sobre temas terorenses en la Prensa de
Provincia.

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