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DESCARTES

El racionalismo, representado por Descartes, surge en la filosofía moderna del siglo XVII, enfatizando la autosuficiencia de la razón y la existencia de ideas innatas. Descartes propone un método basado en la duda metódica para alcanzar la verdad, comenzando con la certeza del 'Cogito, ergo sum' como fundamento del conocimiento. La obra de Descartes establece un nuevo enfoque epistemológico que contrasta con el empirismo, destacando la importancia de la razón sobre la experiencia sensorial.
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DESCARTES

El racionalismo, representado por Descartes, surge en la filosofía moderna del siglo XVII, enfatizando la autosuficiencia de la razón y la existencia de ideas innatas. Descartes propone un método basado en la duda metódica para alcanzar la verdad, comenzando con la certeza del 'Cogito, ergo sum' como fundamento del conocimiento. La obra de Descartes establece un nuevo enfoque epistemológico que contrasta con el empirismo, destacando la importancia de la razón sobre la experiencia sensorial.
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TEMA 6. EL RACIONALISMO: DESCARTES.

1. INTRODUCCIÓN: LA FILOSOFÍA MODERNA (SIGLOS XVII-XVIII).


La filosofía moderna se corresponde con el periodo conocido como Edad Moderna, que
comienza con el Renacimiento y la Reforma Protestante. Se distingue por la tendencia al
idealismo epistemológico, teoría que establece que nuestro conocimiento no recae
directamente sobre la realidad, sino sobre nuestra idea de realidad. La filosofía antigua y
medieval, por el contrario, se caracterizaba generalmente por el realismo: nuestro
conocimiento de las cosas es directo y sin mediaciones.
La rama filosófica más importante en la filosofía antigua y medieval era la metafísica,
mientras que en la filosofía moderna será la epistemología (rama de la filosofía cuyo objeto
de estudio es el conocimiento, el saber). Ello es una consecuencia natural de todo lo
anterior: al no conocer directamente la realidad, se plantea el problema –inexistente hasta el
momento- de garantizar qué correspondencia existe entre nuestra percepción de la realidad
y la realidad misma (la cual ya no es objeto de conocimiento inmediato).
Por esta importancia de la epistemología en la filosofía moderna, las corrientes
fundamentales se van a definir en función de la diferente postura que toman acerca del
conocimiento: racionalismo, empirismo e idealismo trascendental (Kant), aunque este
último es más bien la culminación y el intento de síntesis de las dos primeras.
La filosofía moderna comienza propiamente en el siglo XVII. El Renacimiento supuso
un corte radical con el pensamiento medieval, pero su vuelta a la Antigüedad clásica, con la
consiguiente actualización de las filosofías de aquella época histórica, no derivó en un
pensamiento auténticamente original. Así, Descartes será el primer filósofo moderno y el
primer representante de una de las corrientes fundamentales de la Edad Moderna: el
racionalismo. Descartes, educado en la filosofía escolástica, llegó al convencimiento de que
estaba obsoleta y cargada de prejuicios, y de que era necesario reconstruir el sistema entero
del conocimiento desde sus cimientos, desde la razón misma.
El racionalismo, tomando como modelo el nuevo método científico de Galileo, aceptará
las matemáticas como modelo del saber (aceptando, en consecuencia, la deducción como
método) y se caracterizará por la tesis de la autosuficiencia de la razón: así, buscará la
autonomía de la razón, que su ejercicio no sea coartado o regulado por ninguna instancia
exterior, ajena a la razón misma. Es la que juzga lo verdadero y lo conveniente, tanto en el
conocimiento teórico como en el moral y político. Todos los conocimientos verdaderos son
innatos, proceden de la razón.
Por otra parte, el racionalismo refleja a nivel intelectual los problemas de un siglo difícil
como fue el siglo XVII. La preocupación de esta corriente de pensamiento por la
organización de los conocimientos y su desconfianza hacia los sentidos constituye una
reacción ante los desórdenes sociales y políticos que se están produciendo: enfermedades,
descenso de la población, guerras (la de los 30 años), revoluciones, conflictos religiosos y
políticos, etc.
Así, la Modernidad trae consigo una nueva ciencia, una nueva manera de hacer filosofía y
nuevas formas de organización política. También aparecen nuevas actitudes del hombre
ante el mundo: la idea de progreso, la explotación científico-técnica del mundo, etc.

1
► Racionalismo y empirismo.
Para ambas corrientes filosóficas, conocer es conocer ideas, y las ideas representan a las
cosas. Pero, para el empirismo, la conciencia es vacía y se va llenando con los datos de la
experiencia, mientras que para el racionalismo las ideas son innatas y ya se encuentran en
la conciencia.

RACIONALISMO EMPIRISMO
Siglo XVII. Autonomía y Siglo XVIII
supremacía de la razón

René Descartes, Leibniz, John Locke, David Hume


REPRESENTANTES Spinoza

TEORÍA SOBRE EL Innatismo: las ideas se No hay conocimientos


ORIGEN DE LAS encuentran en el propio innatos: el conocimiento
IDEAS entendimiento. Son innatas procede de la experiencia
y las ideas se adquieren
a través de ésta

INTUICIÓN (modo más Intelectual Senso-perceptual


Rápido de conocer)

El sujeto funda el El sujeto que conoce


ORIGEN DEL conocimiento depende de la experiencia
CONOCIMIENTO

Autónomo: no depende Depende, en su


de la experiencia funcionamiento, de los
PENSAMIENTO datos que le proporcionan
los sentidos y la
experiencia

2. RENÉ DESCARTES (1596-1650). VIDA Y PENSAMIENTO.


Descartes es considerado el primer representante del racionalismo. Nace en La Haye
(Francia), en 1596. A la muerte de su padre, vende las fincas familiares y vive de las rentas
modestamente. Entre 1604 y 1612, estudia en un colegio de jesuitas donde se le daba gran
importancia a las matemáticas. Desde el 1617 al 1621, se alista en el ejército para conocer
mundo, aunque después lo abandona.
En 1625, comienza a redactar las Reglas para la dirección del Espíritu, que quedan
inacabadas. En 1637 escribe el Discurso del Método y en 1642, Meditaciones Metafísicas.
Descartes era católico, pero compartía las ideas de Galileo declaradas heréticas por la
Iglesia. Estuvo más preocupado por crear un pensamiento propio que por las obras de otros
autores.

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3. CONOCIMIENTO: EL PROBLEMA DEL MÉTODO.
3.1. ¿Qué es el método?
El método será, según Descartes, un conjunto de reglas ciertas y fáciles, cuya exacta
observación permite que nadie tome nunca como verdadero algo falso y que se llegue
gradualmente al verdadero conocimiento de todo lo que sea capaz de conocer.
Descartes consideraba que la continua disputa entre las diferentes tesis filosóficas sin
llegar a una solución definitiva se debía a la carencia de un método que sirva para encontrar
la verdad. Esta situación se había avivado en la filosofía escolástica medieval, en la que no
interesaba tanto el descubrimiento de la verdad porque ya había sido revelada. Para nuestro
autor, la búsqueda de la verdad tiene un carácter universal: la verdad es la misma e
independiente de quien la busca.
La razón cobrará el protagonismo para obtener conocimiento (en detrimento de la fe y de
la experiencia). Y se identificará razón con el proceder matemático. Pero con esto Descartes
no pretende identificar la ciencia matemática con la razón, sino que lo que cree es que hay un
determinado modo de proceder que hasta ahora solo ha sido empleado por dicha ciencia (por
eso han alcanzado un mayor grado de certeza). Dicho esto, Descartes quiere descubrir este
modo de proceder para aplicarlo a todas las ciencias, unificándolas de alguna manera. Así,
buscará un método universal (mathesis universalis), único para todas las ciencias. Una vez
desarrollado y aplicado este método, todas las ciencias se pueden estructurar en una unidad
orgánica. A la base estaría la Metafísica, sobre esta se desarrollaría la Física y, a partir de
esta, la Medicina, la Mecánica y la Ética.
3.2. Las reglas del método.
Tomando las matemáticas como modelo de ciencia y una vez definido el saber como
certeza, vemos que dicha ciencia opera siempre, en sus procedimientos, con certezas (por el
contrario, las ciencias empíricas dependen de los sentidos, que solo nos dan conocimientos
confusos). Las matemáticas se atienen a los siguientes pasos: a partir de una serie de
elementos simples (líneas, puntos, etc.), captados como evidentes en una intuición
intelectual, desarrollamos demostrativamente o deductivamente todo el resto del saber
(deducimos, por ejemplo, que un triángulo queda determinado por tres líneas rectas que se
cortan). Pero para llegar a esto simple, intuido, es necesario un análisis previo que
descomponga lo complejo en lo simple. Así que Descartes condensará todo esto en cuatro
reglas:
1. Evidencia: no admitir nada como verdadero que no se conozca como evidente, es
decir, sin posibilidad de duda. El acto por el que la mente llega a la evidencia se llama
intuición: aprehensión (captura) inmediata de algo, de una idea simple.
2. Análisis: sólo se percibe con evidencia las ideas simples por medio de la intuición.
Para poder percibir de la misma manera las complejas (no evidentes y oscuras) basta
con descomponerlas en sus elementos simples o en ideas simples, las cuales serán
también claras y distintas.
3. Síntesis: una vez que hemos convertido los conceptos compuestos en ideas simples e
intuitivas por medio del análisis, debemos volver a recomponerlos por medio de la
síntesis, de forma que podamos percibir de una manera intuitiva su encadenamiento.
4. Enumeración y revisión: el análisis se comprueba con la enumeración, y la síntesis
con la revisión y así se obtiene una intuición general y una evidencia simultánea
del conjunto. Así se realizan recuentos y revisiones para no olvidar nada.

3
3.3. La duda metódica.
Una vez establecidas las reglas, habrá que fijar el punto de partida, que ha de ser firme y
seguro. Esto es esencial porque, si falla el punto de partida, falla todo lo demás, por muy bien
que apliquemos las reglas del método. Buscará, pues, un principio absoluto, una evidencia
absoluta. ¿Y qué es una evidencia absoluta? Pues una certeza de la que no se pueda dudar
bajo ninguna circunstancia. Para encontrarla, Descartes va a seguir el siguiente proceso:
dudará metódicamente de todo hasta encontrar algo de lo que sea imposible dudar y que sea
absolutamente cierto.
Esta duda no será existencial, ni psicológica, sino como ya hemos dicho, metódica: no se
trata de dudar de si el mundo es sueño o realidad, o de si algo manipula nuestra mente, sino
que se trata de una duda universal, de poner en duda todos nuestros conocimientos, nuestras
certezas, para ver si podemos encontrar algo de lo que sea imposible dudar para poder
establecer una verdad absolutamente segura. Cualquier cosa que plantee una mínima duda,
por absurda que parezca, ya no podrá ser dada por verdadera. No será la evidencia absoluta
que estamos buscando.
Descartes seguirá los siguientes pasos:
1. Duda de los sentidos: los datos de los sentidos son confusos, ya que no son objeto de
una intuición intelectual (solo en ella están presentes de modo inmediato). Los
sentidos nos engañan: por ejemplo, si metemos un bastoncillo en el agua, lo veremos
más doblado de lo que realmente está.
2. Duda de la realidad: aunque los sentidos nos den datos falsos acerca de las cosas,
podemos seguir considerando, pese a todo, que las cosas son reales, que existen. Pero
Descartes sostiene que también es fácil dudar de la realidad de las cosas: todos hemos
tenido sueños vividos tan intensamente que parecen reales, y podemos plantearnos si
toda nuestra vida no será un prolongado sueño de gran intensidad. No podemos
distinguir, pues, entre el sueño y la vigilia.
3. Duda del entendimiento: ¿y si nuestro entendimiento, ese que hace de las
matemáticas una ciencia tan segura, estuviese constituido de tal manera que nos
engañase acerca de la validez extramental de sus conocimientos? Para ilustrar esta
duda, Descartes dice lo siguiente: imaginemos un genio maligno, muy poderoso, que
me obliga a engañarme aún en los casos en que creo tener absoluta certeza de algo.
Con lo anterior, hemos llevado la duda a sus extremos. Hemos dudado de los sentidos, de
la realidad misma y de la validez del entendimiento para explicar la realidad. No queda lugar
alguno en el que no poder ejercer la duda.
3.4. El Cogito.
¿Hay algo que, pese a todo, sea indudable? A lo largo de todo el proceso anterior, si hay
algo que permanece indudable es el hecho de que dudo. Por más que dude o me engañen,
siempre hay algo de lo que no es posible dudar o ser engañado y es que, cuando dudo o me
engañan, pienso. Y si pienso, existo: Cogito, ergo sum (pienso, luego soy, existo). Es una
intuición intelectual, una intuición del yo en la actividad del pensar. Esta será la primera
evidencia, un primer principio del que partir. Pero si la Metafísica se limitase a esto solo,
sería un saber muy pobre. Así que a partir de la certeza de mi existencia como ser pensante,
como conciencia, Descartes demostrará, deductivamente, la existencia de otras cosas.

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4. METAFÍSICA Y TEOLOGÍA: EL PROBLEMA DE LA REALIDAD Y DE
DIOS.

4.1. El criterio de verdad y las ideas.


Descartes partirá del cogito, la verdad indudable, para construir una metafísica cierta. Con
su frase “Pienso, luego existo”, el “Pienso” no refiere a algo empírico, sino que refiere a las
leyes del pensar, a una intuición intelectual. Igual ocurre con el “existo”: no hace referencia a
un “yo” psicológico, ni a una existencia real independiente de la mente, sino a la existencia
de la mente misma.
El cogito piensa ideas. Nuestro autor se preguntará: ¿el método me da a conocer realmente
el mundo? ¿Sólo percibimos una porción de mundo? ¿Simplemente nos quedamos en que
existimos?
Para responder a esto, Descartes continuará con el método: ahora debemos deducir todo lo
que podamos a raíz de aquella primera certeza que es el cogito. ¿Qué tenemos? El
pensamiento, el cogito, la conciencia: pensamiento en actividad. Algo debe de pensar.
Cuando Descartes habla de ideas, no lo hace en el sentido tradicional de esencias o de
arquetipos de lo real, al estilo de Platón o San Agustín, sino que las ideas son presencias
reales ante la conciencia. Las ideas son aquello en lo que pensamos, el resultado de la
actividad del pensar (en el pensamiento anterior, yo miraba primero el mundo, y entonces
sabía de las ideas, solo eran el medio que tenía el entendimiento para comprender la realidad.
Con Descartes, primero vamos a las ideas).
Entonces, fundamentada la existencia del pensamiento (atributo de la conciencia), el
problema es cómo podemos deducir la existencia de algo más, cómo se puede justificar.
Tenemos el primer criterio de verdad: “Pienso, luego existo”, que nos conduce a las leyes de
la mente, que son claridad (algo de lo que no tengo duda) y distinción (una cosa
perfectamente diferenciada de las demás). La claridad no implica la distinción, pero sí al
revés –puedo ver claramente un coche y no distinguir la marca; pero si distingo la marca de
un coche, es que lo estoy viendo con claridad-.
Partiendo de todo lo anterior (criterio de verdad, certeza, claridad, distinción y las ideas),
Descartes defenderá que las ideas se pueden considerar de dos maneras:
 Como actos mentales: modos del pensamiento, todas poseen la misma realidad.
 Como contenidos objetivos de la mente: representan un objeto y no todas son
igualmente reales, son diferentes. Cada idea representa una cosa distinta (tierra,
astros…). Las ideas en cuanto tales existen en el espíritu humano, pero, ¿existen
realmente fuera de la mente las cosas que representan? Para responder a esto,
Descartes dividirá las ideas en tres clases:
1. Ideas adventicias: vienen a la mente desde fuera, desde la experiencia (gato, casa,
etc.). Son cosas distintas de mí.
2. Ideas facticias (artificiales): representan cosas “inventadas” por el sujeto que piensa
a partir de las ideas adventicias y las combina, es decir: fabrica unas ideas a partir de
otras (por ejemplo, una sirena, mitad mujer, mitad pez).
3. Ideas innatas: están siempre en la mente humana, las encuentro en mí, en mi
conciencia, he nacido con ellas (idea de pensamiento, de existencia, Dios, etc.).

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Las ideas innatas son las únicas que están en la razón misma. Las adventicias no son
realmente objetivas: las facultades sensibles nos pueden engañar, la memoria tampoco es
fiable…Por otro lado, las facticias son inventadas. En definitiva, solo de las ideas innatas son
de las que no podemos tener duda, porque no dependen de nada exterior: las ideas innatas
son claras y distintas, evidentes, que son condiciones indispensables para la certeza y la
verdad. Y es aquí donde ahora, Descartes pasa a analizar la idea innata más elevada para él:
la de infinito, que identifica con Dios.
4.2. Dios: demostración de su existencia.
¿Serán las ideas innatas objetivas, verdaderas? Descartes elegirá la más elevada y
perfecta de todas, la que ha de ser más objetiva (está repitiendo la idea de los grados del ser
de Platón, San Agustín y Santo Tomás para decir esto): la idea de Dios. Esta idea que existe
en nuestra mente no procede del exterior (no es adventicia) ni es fabricada (no es facticia).
Tiene que ser, por lo tanto, innata. Así, ¿existe objetivamente Dios, más allá de ser una idea
innata de mi conciencia?
Demostrar la existencia de Dios es asegurar que yo existo y que el mundo existe: Dios es
la garantía de que existe la verdad y la base de toda la metafísica de Descartes. Aplicará el
principio de causalidad (como Santo Tomás) para demostrar su existencia. Tres pruebas:
1. Basada en la Idea de un Ser Perfecto y la causalidad: la idea de infinito (Dios) no
ha podido tener como causa un ser finito (el hombre). El hombre es un ser imperfecto
porque duda y porque es finito, así que no puede ser la causa de un efecto perfecto e
infinito.
2. Basada en la imperfección y dependencia de mi ser: soy consciente de mi
imperfección, me doy cuenta de ello porque dudo. Si fuese absolutamente perfecto y
la causa de mi propio ser, me habría creado como sabio, no como ignorante. Además,
soy contingente: necesito de otro para existir y, además, soy incapaz de mantenerme
en el ser porque sé que voy a morir. Yo no me he creado a mí mismo, no soy mi
causa, soy el efecto de otra causa, igual que mi existencia. Luego Dios es perfecto y
necesario; si no lo fuera, tendría que haber una idea superior y no la hay, caeríamos
en una cadena infinita de causas y creadores.
3. Prueba o argumento ontológico: el término Dios expresa la esencia de un ser que no
puede no existir. Por lo tanto, a partir de la idea de Dios hallada en mi mente, tengo
que concluir que Dios existe, que no es solo una idea. Santo Tomás consideraba que
la idea de Dios solo podía venir dada por la fe. Descartes dirá que tal idea es innata,
está en el entendimiento, con lo cual no es necesario apelar a la fe.
En la idea de Dios está comprendida su propia existencia (en las otras ideas, solo
encontramos posibilidad de su existencia). Es un ser absolutamente perfecto. Solo la idea de
Dios es absolutamente necesaria. Que la existencia se sigue necesariamente de la esencia de
Dios es algo evidente para Descartes. Con las cosas sensibles sí pensamos por un lado la
esencia y por otra la existencia. Pero la idea de Dios es diferente, y sólo por costumbre
pensamos en él como si de una cosa finita se tratara.
Hasta ahora conocemos dos cosas con seguridad: el YO y DIOS. Bien: el resto de las
ideas son posibles existentes, pero no necesarias. ¿Cómo podemos saber si existen entonces?

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4.3. La existencia del mundo y la explicación de la realidad.
Ya se ha demostrado la existencia del cogito y de Dios. ¿Cómo se justifica la existencia
del mundo? Pues es fácil: Dios no puede mentir. Ya sabemos que existe Dios y, como es
sumamente perfecto, también ha de ser sumamente bueno y veraz. Si él nos ha creado,
significa que también podemos perfectamente creer en el testimonio de nuestros sentidos y
nuestra razón, pues él no podría engañarnos. Esto significa que el hombre está capacitado por
su propia naturaleza para conocer la verdad. Ahora es cuando podemos rechazar aquellos
motivos de duda: la hipótesis del genio maligno y la vigilia y el sueño.
De este modo, las ideas innatas son verdaderas y las adventicias se forman a partir del
mundo, que existe por obra de Dios. Las ideas adventicias son conocimiento empírico. Dios
existe sin duda alguna y es la garantía, el fundamento, de la existencia del mundo. Ya no
podemos dudar de la realidad extramental. Dios es garantía de nuestro conocimiento, de
nuestro método y nos ha concedido la intuición. Las ideas innatas significan que poseemos
todas las verdades potencialmente, pues un niño no posee aún la idea de Dios, de infinito,
pero sí la puede encontrar en su razón.
Fomenta así Descartes la idea del carácter deductivo de las ciencias (la verdad está en la
misma razón), menospreciando el experimento, la inducción, el método basado en la
observación, que será secundario.
Pero si esto es así, ¿cómo es posible el error? El error lo es siempre del hombre, nunca de
Dios. Ocurre porque no siempre nos mostramos fieles a la claridad y la distinción. Tenemos
la capacidad de conocer con nuestras facultades, siempre que hagamos buen uso de ellas.
Hay que seguir siempre el método, como las matemáticas.
4.4. La estructura de la realidad y las tres sustancias.
Así, ya podemos hablar de la estructura de la realidad, que estará compuesta por tres
esferas o ámbitos de la realidad: las tres sustancias. Partiendo del “cogito, ergo sum”, en una
primera deducción obtendrá la sustancia pensante (mente o alma). En una segunda
deducción, la sustancia infinita o Dios y, por último, la existencia del mundo y del cuerpo.
De este modo, las tres sustancias son:
1. Sustancia pensante (res cogitans): Mente o alma. Puedo fingir que no tengo cuerpo
o que no existe el mundo, pero no puedo fingir que no existo, porque fingir es pensar
y si pienso existo. Entonces, soy una cosa verdadera y verdaderamente existente.
2. Sustancia infinita (res infinita): Dios. Ya vimos cómo se demostraba su existencia.
3. Sustancia extensa (res extensa): mundo y cuerpo. Dios no puede permitir que las
ideas de mi mente sean falsas, así que el mundo existe.
¿Qué es la sustancia para Descartes? “Aquello que no necesita de otra cosas para
existir”. Literalmente, entonces, solo Dios sería sustancia, pero podemos utilizarlo para
hablar de aquellas naturalezas que solo necesitan de lo divino para existir, y de ese modo
diferenciarlas de aquellas que no pueden existir más que en función de otras naturalezas,
como las cualidades (o accidentes de Aristóteles). En resumen, podemos hablar de la
sustancia creadora y de las sustancias creadas que no necesitan de otras sustancias
creadas.

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Ahora bien, no conocemos las sustancias inmediatamente, sino por sus atributos: “sus
propiedades principales, las que constituyen su naturaleza o esencia y de las que dependen
todas las demás propiedades” y por sus modos: “modificaciones o variaciones no esenciales
de los atributos o formas de darse”.

SUSTANCIAS ATRIBUTOS MODOS

Sustancia pensante, pensamiento Imaginación, memoria,


conciencia, Alma sensación, duda, deseo…

Sustancia infinita, Infinitos: eternidad, No tiene (porque Dios


Dios omnipotencia, no tiene variación)
omniscencia…

Sustancia extensa, Extensión (cantidad, Figura, movimiento…


mundo, cuerpo profundidad, anchura,
longitud)

5. LA FÍSICA.
Al explicar el mundo, Descartes se ajusta al método matemático. Así, la física cartesiana
será deductiva y mecanicista: dicho mecanicismo se opone a la explicación tradicional
aristotélica, según la cual las cosas se mueven buscando un fin. Por el contrario, para
Descartes, el movimiento se produce por choque o contacto. El mundo es una máquina, no
existe el vacío, todo es materia en movimiento. El mundo es como un inmenso reloj
mecánico, al que Dios dio cuerda para siempre, pues Dios insufló una “cantidad de
movimiento” que permanece constante. Ahora se explica el mundo mediante causas
eficientes, no finales como hacía la física aristotélica (crítica: es evidente que Descartes
acaba vinculando la Física a la Metafísica, tan científico que es…). Acaba recurriendo a Dios
para explicar la primera causa del movimiento y la existencia de las tres grandes leyes de la
física:
1. El principio de inercia: “cada cosa permanece en el estado en el que está mientras
que nada modifica ese estado”.
2. Los movimientos son rectilíneos, no circulares como pensaba Galileo.
3. Ley de conservación de la cantidad de movimiento: el movimiento en su conjunto
no aumenta ni disminuye.

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6. ANTROPOLOGIA Y ÉTICA.

6.1. La concepción del hombre.


Tendrá una concepción dualista del ser humano. El hombre es el único ser creado en el
que conviven dos clases de sustancias: la sustancia pensante (el alma) y la sustancia
extensa (el cuerpo). Ni los animales ni las plantas tienen alma, pues solo son organismos
vivos en los que los procesos biológicos se dan de manera mecánica.
Alma y cuerpo son dos sustancias completas, pero interactúan. No es simplemente que el
alma se aloje en el cuerpo, sino que la relación es más fuerte: la relación entre ambas
sustancias se da a través de la glándula pineal, haciendo posible al alma gobernar al cuerpo
a través de dicha conexión. El ser humano es propiamente la sustancia pensante, el cogito,
independiente de la sustancia extensa (en este caso, el cuerpo físico). El cuerpo, como toda
realidad física, actúa como una máquina (mecanicismo) y no puede comportarse de forma
libre (a través de la glándula pineal, las órdenes del alma se comunican a los músculos del
cuerpo). El alma, que es inmortal, si actúa de forma libre y debe gobernar a esa máquina
que es el cuerpo.
► Respecto a la ética, con el desarrollo de la perfección del alma se consigue la
felicidad. Descartes identifica el desarrollo de la perfección del alma con el desarrollo de la
libertad. Y la libertad se consigue con el dominio y guía de los deseos y pasiones que
surgen del cuerpo, pues entonces es cuando el sujeto no se encuentra dominado por la
sustancia extensa, por el cuerpo, sino que gobierna en él su cogito siendo, por tanto,
auténticamente libre. De este modo, la libertad es concebida como la realización por la
voluntad de lo que propone el entendimiento como bueno y verdadero.
Descartes no tendrá un sistema ético terminado, sino que defenderá una moral
provisional. Como resultado de la duda como método y mientras se construye una ética
indudable y cierta, los seres humanos deberán actual moralmente de forma moderada, de
acuerdo a las costumbres y leyes de los distintos lugares y países. Así, con esta moderación,
el error no será nunca absoluto mientras se busca esa ética cierta que producirá la Razón.

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