TEMA 11.
EL EMPÍRISMO INGLÉS
INTRODUCCIÓN
El empirismo inglés del siglo XVIII, como corriente filosófica, surge en respuesta al
racionalismo del siglo XVII. Sus principales exponentes son Locke, Berkeley y Hume. Esta
filosofía estudia los límites del conocimiento, estableciendo que todo conocimiento
proviene de la experiencia, lo que limita el alcance del conocer, especialmente en la
metafísica. La desconfianza en la capacidad cognoscitiva culmina en el escepticismo de
Hume, lo que llevará a Kant a plantear el problema de la validez y posibilidad del
conocimiento racional.
2. LOCKE
2.1. Biografía y Obras:
John Locke nació en Bristol en 1632, de una familia liberal que defendió el liberalismo y
los ideales ilustrados de racionalidad, tolerancia, filantropía y libertad religiosa. Estudió
teología, química y medicina, y viajó por Holanda, Francia y Alemania. Murió en 1704 a
los 72 años.
Obras:
o Ensayo sobre el entendimiento humano (1690)
o Dos tratados sobre el gobierno civil (1690)
o La racionalidad del cristianismo (1695)
o Sobre la tolerancia.
2.2. Negación de las ideas innatas
El ambiente en el que se mueve Locke está saturado de cartesianismo, donde
predominan las tres sustancias defendidas por Descartes:
1. Sustancia pensante o res cogitans (el alma),
2. Sustancia extensa o res extensa (los cuerpos),
3. Sustancia infinita o res infinita (Dios).
Locke parte de la filosofía cartesiana y se pregunta por la esencia, origen y alcance del
conocimiento humano. Frente al racionalismo que defendía la existencia de ideas
innatas, el empirismo rechaza estas ideas y sostiene que todo conocimiento proviene de
la experiencia. Locke define la "idea" como una imagen o representación de la realidad
exterior, similar a la noción cartesiana. El entendimiento es como una "página en
blanco" antes de la experiencia. Si existieran ideas innatas, todos los hombres las
conocerían por igual, lo que no ocurre.
2.4. Noción de idea en Locke
Locke distingue entre:
Ideas simples: Son los "átomos" del conocimiento, que no surgen de la
combinación de otras ideas. El entendimiento las recibe pasivamente. Se dividen
en:
o Ideas de origen sensorial externo (cualidades primarias como figura y
tamaño, y cualidades secundarias como colores y olores).
o Ideas obtenidas por reflexión (sensaciones internas como pensamientos
y dolor).
Sensación y Reflexión son las fuentes de nuestras ideas
Ideas complejas: Surgen por la combinación de ideas simples. En este caso, el
entendimiento juega un papel activo. Las ideas complejas son: sustancia, modos
y relaciones.
2.5. Incognoscibilidad de la sustancia
Locke sostiene que solo percibimos cualidades aisladas de los objetos, como tamaño,
color, olor y figura. Aunque no podemos conocer la sustancia de los objetos, suponemos
que existe algo que las sustenta. Esta sustancia es incognoscible y misteriosa. No se
niega su existencia, pero se afirma que no podemos tener ideas claras y distintas de ella.
La experiencia es el origen y el límite de nuestro conocimiento.
2.6. Ontología y epistemología
A diferencia de Descartes, Locke no duda de la existencia de una realidad exterior a
nuestras ideas. El hecho de tener una idea implica la existencia de una realidad que esa
idea representa. Los tres grandes ámbitos de la realidad son:
El «yo», del que tenemos certeza intuitiva ("Pienso, luego existo").
Dios, del que tenemos certeza demostrativa (puede demostrarse a partir del
principio de causalidad).
Objetos físicos, de los que tenemos certeza sensitiva (nuestras sensaciones son
causadas por los objetos exteriores).
2.7. La importancia de Locke en el desarrollo del pensamiento político
Locke tuvo un gran impacto en el origen de la filosofía política liberal, influenciando a
Montesquieu, la Revolución Americana y la corriente liberal del XVIII contra el
absolutismo político. En su Tratado del gobierno civil, Locke argumentó que, si el poder
tiene un origen divino, no se puede afirmar que los seres humanos sean libres e iguales
por naturaleza, un principio fundamental en su filosofía.
2.8. Naturaleza y convención
Locke, al igual que los sofistas, distingue entre naturaleza y convención. Para establecer
las normas que regirán la sociedad política, es necesario conocer primero el estado
natural del ser humano. En este estado, los hombres son libres e iguales, retomando la
tesis renacentista del hombre naturalmente bueno, como Rousseau, pero también
reconoce que, en un estado sin organización política, los humanos pueden violar los
derechos de los demás. Aunque el hombre no es necesariamente bueno en el estado
natural, la razón permite descubrir una ley moral natural que impone límites a la
conciencia y conducta humana. Además, los hombres tienen derechos naturales, como
el derecho a la propiedad, cuyo fundamento es el trabajo.
2.9. La sociedad política
Es necesaria una organización política y una ley objetiva para resolver los problemas del
estado natural. Locke considera que la sociedad política no es antinatural, sino útil para
el disfrute de los derechos naturales. El fundamento de la sociedad política es el
consenso, un pacto en el que los individuos renuncian a parte de su libertad para ganar
seguridad y se someten a la voluntad de la mayoría. Los representantes del poder
político deben promover el bien común y son responsables ante el pueblo.
2.10. La división de poderes
En la constitución del Estado, Locke establece dos poderes: el legislativo y el ejecutivo,
siendo el legislativo el poder supremo. El poder ejecutivo se encarga de aplicar las leyes,
pero no de crearlas. La ley emana de la voluntad de los ciudadanos, y el poder ejecutivo
tiene la responsabilidad de ejecutarla. Locke rechaza la monarquía absoluta de derecho
divino, considerando que un único poder soberano que establezca y haga cumplir la ley
es incompatible con la sociedad civil.
El poder legislativo reside en el pueblo, y este tiene el derecho de resistencia y de
deposición del poder cuando se vulneran los derechos individuales irrenunciables. Locke
enuncia así los principios de una teoría política basada en la razón universal y los
derechos naturales (racionales) de los ciudadanos, que influiría enormemente en el
futuro, especialmente como expresión de las aspiraciones de la clase burguesa hacia la
libertad e igualdad políticas y su participación en el gobierno del Estado mediante la voz
de la mayoría.
2.11. Carácter laico del Estado
Locke concibe al Estado como laico, ya que su propósito es garantizar los intereses
civiles, no los religiosos. La fe es un asunto privado y la organización religiosa no debe
ser competencia del Estado. Este debe asegurar el derecho de los ciudadanos a la
libertad religiosa, pero evitando que ninguna iglesia adquiera poder que cause
discordias civiles.
En su Epístola sobre la tolerancia (1689), Locke aboga por la tolerancia religiosa,
excluyendo a los intolerantes y a aquellos que no reconocen la libertad religiosa de los
demás, como católicos, musulmanes y ateos, quienes representan una amenaza para el
Estado. Locke también rechaza la tesis de Bayle sobre la posibilidad de un "ateo
virtuoso" y defiende el principio de un Estado laico y de libertad religiosa, tanto exterior
como interior.
En el siglo XVIII Inglaterra simbolizará para los pensadores europeos el país de la libertad
y Locke su principal defensor, por su insistencia en que la razón debe presidir toda
manifestación de la vida humana.
3. HUME
3.1. Vida y Obras
Hume nació en 1711 y murió en 1776. Fue un filósofo escocés que influyó en Kant. Sus
obras incluyen Tratado acerca de la naturaleza humana, Investigación sobre el
entendimiento humano, Investigación sobre los principios de la moral y Diálogos sobre
la religión natural. Su filosofía se centra en la naturaleza humana, utilizando la
experiencia y la observación.
3.2. El fundamento del conocimiento: las percepciones
Para Hume, el fundamento del conocimiento está en las percepciones, que constituyen
el contenido de la mente. Estas se dividen en impresiones e ideas. Las impresiones son
las percepciones vivas que nos transmiten los sentidos cuando conocemos objetos; son
fenómenos psíquicos actuales. Las ideas, por su parte, son representaciones o copias de
las impresiones en el pensamiento, menos intensas y más débiles. Las ideas simples
provienen directamente de las impresiones, mientras que las complejas, como las de
sustancia o causa, plantean un problema para Hume, ya que no siempre se derivan de
impresiones directas, lo que las hace susceptibles de ser ideas ficticias creadas por la
mente.
3.3. Modos de conocimiento
Hume distingue dos tipos de conocimiento:
a. Conocimiento de las relaciones entre las ideas: Este tipo de conocimiento se basa en
proposiciones que son verdaderas por su forma lógica, independientemente de la
experiencia, como en las matemáticas y la lógica. Estas verdades se derivan de las
relaciones entre las ideas.
b. Conocimiento de hechos: Este conocimiento proviene de la experiencia y las
impresiones directas de los objetos del mundo físico. Hume afirma que nuestro
conocimiento de hechos está limitado a nuestras impresiones actuales y recuerdos, y no
podemos conocer hechos futuros, ya que no tenemos impresiones de ellos.
3.4. El empirismo de Hume y sus implicaciones
Si consideramos impresiones e ideas los elementos fundamentales del conocimiento,
introducimos un criterio radical de certeza: “para saber si una idea es verdadera, basta
comprobar de qué impresión procede”. Las ideas sin ninguna impresión que les
corresponda serán “pura ficción o fantasía”. Por tanto, el límite de nuestros
conocimientos viene dado por “las impresiones que suministran los sentidos”.
A) Aplicado a la idea de causa y al conocimiento de hechos
a. Nuestro conocimiento de hechos se limita a “las impresiones actuales. Lo que vemos,
oímos, etc.…” y a “nuestros recuerdos de impresiones pasadas (ideas)”. Así, “no puede
haber conocimiento cierto del futuro porque no tenemos impresión alguna de lo que
sucederá en el futuro”, aunque en la vida cotidiana se realizan predicciones basadas en
inferencias causales (por ejemplo, “si no estudiamos será difícil encontrar un buen
trabajo”). Esto sucede porque continuamente hacemos inferencias causales.
b. “La idea de causa es la base de todas nuestras inferencias acerca de hechos de los que
no tenemos impresión alguna”. Se entiende la conexión causal como “una conexión
necesaria entre el efecto y la causa”: al observar que “el fuego calienta”, se predice que
“el agua hervirá si permanece cierto tiempo sobre el fuego”.
c. Sin embargo, “nuestra experiencia no justifica el establecimiento de conexiones
necesarias entre fenómenos”: “no sabemos que el fuego calentará el agua; sólo lo
creemos”. Por ello, “nuestro pretendido conocimiento del futuro sólo es suposición y
creencia”, sustentado en el hábito: “siempre que sucedió lo primero, sucedió después
lo segundo…”.
B) Aplicado a los límites de la inferencia causal
Aunque “nuestro conocimiento de hechos no observados sólo se base en creencias”, en
la práctica esto resulta suficiente para vivir. Hume recurre a “la costumbre como
mecanismo psicológico” para determinar que las inferencias “sólo funcionan entre
impresiones”, permitiendo pasar “de una impresión a otra” pero no a lo que no ha sido
impreso.
C) Aplicado a la existencia de una realidad exterior
Hume rechaza “el argumento lockeano” que reconoce “la existencia de una realidad
extramental” al inferir, a partir de impresiones particulares, una realidad que trasciende
nuestra experiencia. Por tanto, “creer que existe una realidad física distinta de nuestras
impresiones no puede justificarse apelando a la idea de causa”.
D) Aplicado a la demostración de la existencia de Dios
Descartes y Locke recurrieron “al principio de causalidad para demostrar que Dios
existe”, pero Hume considera inválidos sus argumentos porque “pretenden dar el salto
de impresiones particulares a Dios, del que no tenemos impresión alguna”. Así, “es
imposible averiguar si existe Dios o un mundo más allá de nuestras impresiones”.
E) Aplicado a la noción de yo e identidad personal
Los racionalistas y empiristas (Locke, Berkeley) afirmaban la existencia “indudable de un
yo o sustancia cognoscente”. Hume critica esta idea:
a. “Hablar de un yo como sustancia o sujeto permanente de nuestros actos psíquicos no
tiene justificación apelando a la experiencia”, ya que “las impresiones son efímeras y se
suceden unas a otras ininterrumpidamente”. Si tuviésemos una impresión del yo,
“permanecería invariable y constante a lo largo de toda nuestra vida”, lo que no ocurre.
b. “No existe un yo como sustancia distinta de nuestras impresiones e ideas”, y la
conciencia de identidad personal es “no más que un efecto de la memoria”, que permite
recordar la conexión entre múltiples impresiones, sin constituir una identidad
permanente. Esto lleva a Hume a adoptar “una actitud escéptica al respecto”.
3.5. Fenomenismo y escepticismo
El empirismo radical de Hume conduce al fenomenismo y al escepticismo: “las
impresiones aisladas” son “el punto de partida absoluto de nuestro conocimiento, la
única realidad incuestionable”. Entre impresiones, “no cabe establecer más conexión
que su contigüidad o sucesión espacio-temporal”, por lo que “la realidad queda reducida
a mera sucesión de fenómenos” (etimológicamente, fenómeno es “lo que se aparece”).
Esto genera una actitud escéptica: “no podemos conocer nada más allá de las
impresiones, ni establecer conexiones verdaderas y firmes entre ideas o fenómenos”.
3.6. Fundamentos de la moral y emotivismo
El hombre es “no sólo un ser que conoce sino también un ser que actúa”, y cada grupo
humano posee “algún código moral o conjunto de juicios” para expresar aprobación o
reprobación de conductas. Hume critica dos concepciones éticas:
Intelectualismo moral socrático: “la virtud se funda en el conocimiento y el
ejercicio de la razón”.
Ética naturalista: “la naturaleza es el criterio o fundamento de la moral”,
posibilitando el actuar moral a través del conocimiento de la naturaleza.
Hume argumenta que “el conocimiento de la naturaleza no puede determinar nuestra
voluntad”. Aunque podamos “presenciar un asesinato”, no podemos decir que el
asesinato es malo en sí; lo determinan “los afectos o sentimientos” que produce, y “el
fundamento de los juicios morales no es la razón sino el corazón”. Así surge el
emotivismo moral, donde:
• “El conocimiento de hechos o de relaciones entre ideas es útil para la vida pero no
impulsa por sí mismo a actuar”.
• “El conocimiento de los hechos simplemente nos informa de lo que sucede, pero no
de lo que debe suceder o de la valoración moral” (falacia naturalista).
• “El único hecho del que tenemos impresión clara es del sentimiento interior de
aprobación o reprobación”, sin impresión de justificación racional.
Por ello, “ni la razón, ni el entendimiento ni el conocimiento pueden servir de
fundamento a los juicios morales”, siendo “sólo el sentimiento capaz de explicar por qué
actuamos como lo hacemos”. Aun con el riesgo de “el relativismo extremo”, Hume
afirma que “el sentimiento moral es el mismo en todos los seres humanos y se basa en
la búsqueda de la felicidad para toda la humanidad”.
TEMA 12. EL PENSAMIENTO ILUSTRADO ROUSSEAU Y KANT
1.- LA ILUSTRACIÓN
1.1. Marco histórico, socio-político y geográfico
La Ilustración fue “un movimiento no sólo filosófico o ideológico, sino cultural en
sentido amplio: constituyó un ‘estado de espíritu’ de vasta influencia en la
actividad literaria, artística, histórica y religiosa”.
Se extendió y desarrolló a lo largo del s. XVIII, conocido también como siglo de la
Ilustración o de las luces. En todos los aspectos se hicieron patentes las
exigencias de “claridad, justificación y fundamentación de las afirmaciones y
enunciados”.
El movimiento perduró durante un siglo y tuvo amplias repercusiones en ámbitos
culturales, geográficos y socio-políticos, siendo inseparable de filósofos como
Locke y Hume, quienes anticiparon muchos de los ideales ilustrados.
Se desarrolló junto con las grandes revoluciones liberales-burguesas: la inglesa y
la francesa (1789). Inició en Inglaterra, donde el ambiente era “más bien
empirista y epistemológico”, se centraba en “el estudio de las ciencias de la
naturaleza y en cuestiones sobre la religión”, mientras que, en Francia, con
mayor tensión social, se enfatizaban “las cuestiones de orden moral, de derecho
político y de progreso histórico” (la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert). En
Alemania, el análisis de “la razón” y la búsqueda de un “sistema de principios que
garantice un conocimiento cierto” fueron fundamentales, teniendo a Kant como
principal representante.
En España, la actitud ilustrada y su mentalidad racionalista tuvieron “poca
repercusión”.
1.2. Características y rasgos de la “razón ilustrada”
La Ilustración fue “un amplio movimiento de ideas” que influyó en todos los
campos del saber (literatura, arte, ideas políticas, derecho, etc.) y cobró auge
especialmente en el período anterior a la Revolución francesa.
Se caracterizó por la “confianza ilimitada en la capacidad de la razón para
resolver todos los problemas humanos”. Los ilustrados creían que la humanidad
había vivido en “una etapa infantil” dominada por “supersticiones, autoridades
nunca criticadas, prejuicios, tradiciones ancestrales”, y se proponían revisar el
pasado para “desenmascarar” lo irracional.
La razón debía ser “crítica”, es decir, conocedora de sus límites y capaz de
declarar como “superchería” aquello que excediera su alcance, pero siempre
“suficiente para guiar al hombre”.
Asimismo, la razón era “práctica”: orientada a “el conocimiento y el dominio de
la naturaleza” (construcción de una ciencia experimental) y a la construcción “de
una ética, un modo de vida más humano”.
En el plano político, la Ilustración puso los cimientos del pensamiento liberal:
“todos los hombres, por ser racionales, somos iguales y no deben existir
privilegios de ningún tipo”, lo que implicaba que “las leyes han de provenir del
pueblo” y que el Antiguo Régimen debía ser sustituido por un sistema de
ciudadanía.
La educación era considerada “el camino para lograr que la humanidad
progrese”, eliminando la ignorancia que causó el oscurantismo de siglos
anteriores, y permitiendo un “progreso indefinido” en todos los campos.
Los prejuicios y los miedos a actuar de un modo autónomo se suprimirán cuando
las luces acaben con la oscuridad.
Con estas ideas se pretendía lograr “una convivencia racional” donde el hombre
se gobernase a sí mismo, sin la tutela de una casta o clase social, siendo Rousseau
uno de los principales teóricos.
La “razón crítica” tuvo su principal exponente en Kant, quien resumió su tarea
en las preguntas: “¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe
esperar?”, integradas en “¿qué es el hombre?”, siendo la antropología el tema
central de la filosofía de la Ilustración.
2.- JEAN JACQUES ROUSSEAU
2.1. El pensamiento político ilustrado
Jean-Jacques Rousseau nace en Ginebra el 18 de junio de 1712 y, tras la muerte
de su madre, es educado por un tío y una tía. En París se ganó la vida como
profesor, copista de música y secretario político, llegando a ser amigo íntimo de
Diderot, quien le encargó escribir artículos para la Enciclopedia francesa.
En el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” (1755)
expuso que “la ciencia, el arte y las instituciones sociales han corrompido a la
humanidad” y defendió que el estado natural, o primitivo, es superior al estado
civilizado en el plano moral.
En el Tratado político “El contrato social” (1762) defendió “la libertad civil” y la
voluntad popular frente al derecho divino, preparando la base ideológica de la
Revolución francesa.
En “Emilio” (1762) expuso una nueva teoría de la educación, subrayando “la
importancia de la expresión antes que la represión”, lo que le generó
enemistades con las autoridades y con algunos colegas.
En 1762 huyó primero a Prusia y después a Inglaterra, donde fue amparado por
el filósofo escocés David Hume. No obstante, pronto se enemistaron y
polemizaron entre ellos.
Murió el 2 de julio de 1778, en Ermenoville (Oise, Francia).
Su pensamiento, marcado por el apego al sentimiento y a la naturaleza,
influenció los ideales democráticos y es considerado uno de los precursores del
Romanticismo. Kant lo definió como el “Newton del mundo moral”.
2.2.- Del estado de naturaleza al estado social
Rousseau sostiene que la cultura influye en las costumbres humanas y considera que el
hombre del siglo XVIII está desnaturalizado, alienado por depender de la opinión ajena.
La sociedad del Antiguo Régimen ha desnaturalizado al hombre europeo, por lo que es
necesario volver al origen y “escuchar a la naturaleza”.
El hombre natural es prerracional, sin lenguaje ni pensamiento, solitario y animado por
su amor propio. El estado de naturaleza es asocial, donde los hombres son iguales en
derechos naturales y libres. La libertad, según Rousseau, es un sentimiento interior
prerracional, y lo que distingue a los humanos de los animales es la libertad y la
perfectibilidad, la capacidad de perfeccionarse y desarrollar la razón.
Con el cambio en las circunstancias del estado de naturaleza, el hombre desarrolla sus
facultades racionales para satisfacer necesidades insatisfechas, alejándose del estado
de naturaleza. Rousseau interpreta este paso como una transición con varias etapas: en
una primera revolución social, nacen relaciones sociales con la creación de
instrumentos, el lenguaje y la familia. Aparecen las primeras desigualdades y el amor
propio, distinto del amor en sí, que trae consigo vicios como la vanidad, el desprecio y
la vergüenza.
En una segunda revolución, se establecen relaciones económicas, la metalurgia, la
agricultura y la propiedad, lo que aumenta las desigualdades y la ambición. El estado
social surge cuando los ricos buscan asegurar sus propiedades y obligan a los pobres a
pactar. El fundador del estado social es el que primero dijo: “esto es mío”. La sociedad
institucionalizada, la propiedad y la desigualdad transforman al ser humano en un ser
alienado. El contrato social busca establecer leyes para asegurar los derechos de todos,
pero también incrementa las desigualdades.
El contrato social y la soberanía popular
El pacto social de Rousseau no es un contrato de sumisión, como en Hobbes. El pueblo
es soberano, y nadie puede renunciar a su soberanía en beneficio de un particular, sino
en beneficio de la sociedad. En “El contrato social”, Rousseau describe el convenio entre
los miembros de la colectividad para lograr el bien del hombre y su conservación. Lo que
el hombre pierde en cuanto a su libertad lo ve compensado con la protección de las
leyes.
La soberanía se basa en la unión de voluntades (voluntad general), y el gobierno surge
para velar por el cumplimiento de las leyes en beneficio de todos. El poder político
resulta de un contrato de asociación, en el que la soberanía es inalienable e indivisible.
La voluntad general es un pacto entre iguales, que supone la renuncia de los intereses
individuales a favor de la colectividad. Esta voluntad general está encarnada por el
estado, que representa el ejercicio legítimo del poder ejecutivo. El contrato social
implica que el individuo cede soberanía a la asociación política colectiva, pero conserva
su libertad.
2.3.- Desigualdad social y democracia
En el “Discurso sobre la desigualdad”, Rousseau busca redescubrir la auténtica
naturaleza humana. La sociedad política posterior al contrato genera leyes débiles que
ocasionan desórdenes, y es necesario confiar en magistrados elegidos por el pueblo para
garantizar su cumplimiento. En el estado social existen desigualdades entre amos y
esclavos, ricos y pobres.
Rousseau distingue dos tipos de desigualdad: la física, que se da entre todos los
animales, y la moral o política, que proviene de la sociedad y se refiere a las diferencias
de privilegios, riquezas y poder. Esta última es contraria al derecho natural.
Rousseau defiende la democracia, pues el poder soberano recae en el pueblo y la
comunidad, no en un príncipe o una oligarquía. La verdadera democracia está unida a
una mejor moral. El pueblo soberano hace las leyes y puede delegar el poder ejecutivo
a un gobierno, que debe actuar en nombre de todos. Para evitar la corrupción, Rousseau
propone mecanismos como asambleas frecuentes y límites a la representación del
gobierno.
Existen diferentes formas de gobierno (democracia, aristocracia, monarquía),
adaptables a las condiciones de cada pueblo. Se critica al cristianismo por alejarse de la
realidad terrenal y se defiende la separación entre el Estado y las religiones,
promoviendo la libertad de conciencia y el laicismo.
2.4.- Pensamiento educativo
Rousseau, en el “Emilio”, propuso una nueva pedagogía acorde a los tiempos de la
Ilustración. Consideró que los hombres debían abandonar su papel de siervos para
convertirse en ciudadanos libres. La educación es el camino para formar ciudadanos
conscientes de sus derechos y deberes.
Rousseau subrayó que el niño es un ser distinto al adulto, sujeto a sus propias leyes y
evolución. Por ello, la educación debe adecuarse a las etapas de desarrollo del niño,
basándose en sus intereses y motivaciones. Esto permite que el educando se sienta
involucrado en el proceso educativo.
3.1. Biografía y Obras
Immanuel Kant nació en 1724 en Königsberg, Prusia. Fue un hombre profundamente
religioso, metódico y disciplinado. Solo salió de su ciudad una vez y permaneció soltero.
Fue influenciado por los ideales ilustrados y simpatizó con la independencia americana
y la revolución francesa.
Sus obras se dividen en dos períodos:
Pre-crítico (1746-1770): Enfocado en Newton, Leibniz y Wolff. Obras clave:
“Historia natural universal y teoría del cielo”. “El único argumento posible
para demostrar la existencia de Dios”, “de lo bello y lo sublime”, “Los sueños
de un visionario”.
Crítico (1781-1803): Obras más importantes: “Crítica de la razón pura” (1781),
“Crítica de la razón práctica” (1788), y “Crítica del juicio” (1790). “La religión
dentro de los límites de la Razón”, “Metafísica de las costumbres”
3.2. Breve esbozo de sus intereses filosóficos
Kant intentó sintetizar el racionalismo y el empirismo. Sus cuatro intereses
fundamentales fueron:
Crítica de la razón, filosófica e ilustrada.
Crítica de la razón teórica, sobre el conocimiento de la naturaleza.
Crítica de la razón práctica, sobre la moral.
Visión de la religión y la historia.
Su filosofía aborda los problemas filosóficos, culturales y sociales de su tiempo,
buscando aclarar cuestiones científicas, morales y políticas.
3.3. Crítica de la razón
Kant se propuso someter a juicio la razón y descubrir las raíces de las interpretaciones
filosóficas antagónicas:
Dogmatismo racionalista: Creencia en que la razón basta para conocer la
realidad (Descartes).
Positivismo escéptico: La realidad es reducida a lo empíricamente comprobable
(Hume).
Irracionalismo: Sobrecarga del sentimiento y la fe mística, que termina por
rechazar todo discurso racional sobre la realidad.
3.4. Ilustración y libertad
Kant define el “juicio de la razón” como un juicio donde la razón es tanto acusada como
juez. La causa de la minoría de edad es la falta de valentía para pensar por uno mismo.
La crítica de la razón es un ejercicio de libertad para superar las constricciones impuestas
por la tradición y la autoridad.
Kant ve la historia como un progreso hacia una mayor ilustración, donde la ilustración
es tanto el motor como la meta.
3.5. Concepción kantiana de la filosofía:
Kant plantea que la filosofía debe realizar una crítica de los usos desnaturalizados de la
razón y, a partir de allí, establecer las bases para un nuevo estadio de libertad humana.
Su objetivo es desentrañar las leyes, principios y fines últimos que revelan la verdadera
naturaleza de la razón. Kant aborda la "razón pura" desde tres grandes dimensiones:
a) Conocimiento de la naturaleza: La cuestión fundamental aquí es ¿Qué puedo
conocer?, y se responde mediante la teoría del conocimiento expuesta en la Crítica de
la Razón Pura, la cual está centrada en la metafísica.
b) Regulación moral del comportamiento: En este punto se plantea la pregunta ¿Qué
debo hacer?, que se aborda a través de la ética en la Crítica de la Razón Práctica.
c) Fines últimos de la razón: Aquí se responde a ¿Qué me cabe esperar? y se trata la
religión dentro de los límites de la sola razón.
A) Concepto mundano y concepto académico de filosofía:
Kant define la filosofía como «la ciencia de la relación de todos los conocimientos con
los fines esenciales de la razón humana». En su concepción mundana de la filosofía, esta
se ocupa de establecer los principios, leyes y fines de la razón, tal como se ha descrito.
No obstante, una pregunta clave engloba todas las anteriores: ¿Qué es el hombre? Por
tanto, el objetivo final de la filosofía kantiana es lograr una clarificación racional que
lleve a una humanidad más libre, más justa y más encaminada hacia la realización de los
fines últimos.
Además, Kant sostiene que la filosofía debe mostrar la unidad interna y la interrelación
de todos los conocimientos, demostrando que tienen un carácter sistemático y
armónico. La filosofía académica, según Kant, se debe ocupar de ordenar todos los
conocimientos y ciencias de manera que contribuyan a la promoción de los fines últimos
de la razón: lograr una humanidad más libre, sabia, crítica y justa.
3.6. La Crítica de la Razón Pura:
En la Crítica de la Razón Pura, Kant se enfrenta a la pregunta ¿Qué puedo conocer?,
tratando de establecer los principios que permiten un conocimiento científico de la
naturaleza y los límites de ese conocimiento.
3.6.1. Kant ante el racionalismo y el empirismo:
Kant hace una distinción clave entre dos fuentes de conocimiento: la sensibilidad y el
entendimiento. Ambas vías tienen características opuestas:
a) Sensibilidad: Es pasiva y se limita a recibir impresiones externas, como colores o
sonidos. Estas impresiones se asemejan a las «ideas simples» de Locke y las
«impresiones» de Hume.
b) Entendimiento: Es activo y genera conceptos y categorías como «sustancia», «causa»
o «necesidad», sin derivarlos de la experiencia.
Kant toma distancia tanto del racionalismo como del empirismo. El racionalismo
sostiene que el entendimiento puede conocer la realidad sin la experiencia sensorial,
mientras que Kant responde que el conocimiento solo es posible dentro de los límites
de la experiencia. Sin embargo, Kant también rechaza el empirismo, ya que sostiene que
el entendimiento tiene conceptos que no derivan de la experiencia, aunque solo se
puedan aplicar dentro de los límites empíricos.
3.6.2. Posibilidad de la metafísica como ciencia:
Kant se cuestiona si es posible obtener un conocimiento riguroso sobre temas
tradicionales de la metafísica, como la existencia de Dios, la libertad humana y la
inmortalidad del alma. El problema principal es si la metafísica puede considerarse una
ciencia, dado su estancamiento comparado con otras ciencias como la física y las
matemáticas.
Para responder a esta cuestión, Kant primero indaga sobre las condiciones que hacen
posible el conocimiento científico, distinguiendo entre condiciones empíricas y a priori:
Condiciones empíricas: Son aquellas que permiten la percepción de los objetos,
como la distancia o el color. Son cambiantes y no suficientes por sí solas.
Condiciones a priori: Son universales, necesarias y previas a la experiencia. Estas
condiciones son las que hacen posible tanto la experiencia como el
conocimiento, y se conocen como condiciones trascendentales.
La estrategia para investigar las condiciones que hacen posible el conocimiento
científico parte de la premisa de que la ciencia se compone de juicios o
proposiciones. Todo conocimiento científico se expresa en forma de juicios,
donde se predica algo sobre otro algo. Kant concluyó que, para entender las
condiciones del conocimiento científico, debemos investigar las condiciones que
hacen posibles los juicios científicos.
3.6.3. Los juicios sintéticos a priori:
Kant introduce una distinción fundamental entre juicios:
a) Juicios analíticos: Aquellos cuyo predicado está implícito en el sujeto. No amplían
nuestro conocimiento porque no nos dan información nueva sobre el mundo, y se
fundamentan en el principio de identidad. Ejemplo: “Un triángulo tiene tres ángulos”.
b) Juicios sintéticos: Aquellos cuyo predicado no está contenido en el sujeto, lo que
amplía nuestro conocimiento. Ejemplo: “Los bancos se enriquecen más en épocas de
crisis”.
c) Juicios a priori: Son universales y necesarios, y su verdad no depende de la
experiencia. Ejemplo: “El conjunto es mayor que la suma de sus elementos”.
d) Juicios a posteriori: Dependen de la experiencia y no son universales ni necesarios.
Ejemplo: “Los pigmeos son más bajos que los adolescentes españoles”.
Para Hume, esta clasificación sería equivalente a su distinción entre «relaciones de
ideas» y «relaciones de hechos». Además, los juicios analíticos pueden ser
considerados también a priori y los juicios sintéticos son asimismo a posteriori.
Kant introduce una nueva categoría de juicios: los juicios sintéticos a priori, los cuales
son juicios que amplían nuestro conocimiento, pero son universales y necesarios, sin
depender de la experiencia. Ejemplos de esto son las leyes fundamentales de la
geometría y la física. Kant refuta la postura de Hume, quien pensaba que todos los juicios
eran a posteriori, y demuestra que hay juicios sintéticos que no dependen de la
experiencia.
Por tanto, el principio de causalidad es una ley universal y necesaria, que el
entendimiento aplica necesaria y universalmente a todos los fenómenos
de la experiencia.
3.6.4. Teoría del conocimiento:
La Crítica de la Razón Pura se estructura en tres partes fundamentales, que
corresponden a las facultades humanas de la sensibilidad, el entendimiento y la razón.
Cada una de estas facultades está vinculada a un tipo específico de conocimiento:
matemático, físico y metafísico:
Estética trascendental: Estudia las condiciones sensibles del conocimiento,
específicamente cómo se posibilitan los juicios sintéticos a priori en las
matemáticas.
Analítica trascendental: Examina el entendimiento y las condiciones que
permiten la existencia de juicios sintéticos a priori en la física.
Dialéctica trascendental: Se ocupa de la razón y plantea si la metafísica puede
ser considerada una ciencia, cuestionando si pueden formularse juicios sintéticos
a priori en este campo.
3.6.5. La Estética Trascendental
La estética trascendental estudia la sensibilidad y sus leyes, y se divide en dos grandes
apartados:
A) Las condiciones sensibles del conocimiento
La percepción de objetos y la orientación en el mundo dependen de dos condiciones
generales: el espacio y el tiempo, que son trascendentales, es decir, previos a la
experiencia y necesarios para que esta sea posible. Kant los denomina como "formas a
priori de la sensibilidad", o "intuiciones puras".
Espacio y tiempo como formas a priori de la sensibilidad
o Formas: Son las estructuras bajo las cuales percibimos todas las
impresiones, no son sensaciones particulares como colores o sonidos,
sino la forma en que las percibimos, que siempre sucede en el espacio y
en el tiempo.
o A priori: No dependen de la experiencia, sino que son condiciones
necesarias previas a cualquier experiencia. Son trascendentales porque
sin ellas no existiría la posibilidad de experiencia.
o De la sensibilidad: Kant distingue entre la sensibilidad externa, que está
sometida tanto al espacio como al tiempo, y la sensibilidad interna, que
solo se sujeta al tiempo (sucesión de pensamientos, emociones,
recuerdos, etc.).
Espacio y tiempo como intuiciones puras
o Intuiciones: No son conceptos abstractos, sino las condiciones bajo las
cuales percibimos. No se originan de la experiencia, sino que la hacen
posible.
o Puras: No contienen contenido empírico; son formas vacías en las que se
ordenan las impresiones sensibles.
B) Los juicios sintéticos a priori en matemáticas
Kant explica que las matemáticas, específicamente la geometría (que estudia el espacio)
y la aritmética (que trata el tiempo), son juicios sintéticos a priori porque no dependen
de la experiencia empírica, sino de las intuiciones puras de espacio y tiempo.
La geometría trata del espacio, y la aritmética del tiempo, ya que la serie
numérica se basa en la sucesión temporal.
Los juicios sintéticos a priori en las matemáticas son posibles porque el espacio
y el tiempo son condiciones previas a la experiencia, y cualquier objeto de
experiencia debe ser comprendido dentro de ellos. Luego en todos los objetos
de nuestras experiencias particulares se cumplirán necesariamente los juicios de
las matemáticas: son, por tanto, estrictamente universales y necesarios.
3.6.6. La Analítica Trascendental
A) El Conocimiento Intelectual: Condiciones Intelectuales del Conocimiento
El conocimiento no se limita a percibir los datos que recibimos, sino a comprenderlos,
lo cual corresponde al entendimiento. Kant estudia esta capacidad en la analítica
trascendental.
A1. Función de Comprender Mediante Conceptos
El entendimiento interpreta lo percibido asociándolo con conceptos. Sin un concepto
adecuado, no podemos comprender ni comunicar lo que percibimos. Conocer un
fenómeno implica referirlo a un concepto, y el proceso de comprensión se realiza
mediante juicios.
A2. Conceptos Empíricos y Conceptos Puros o Categorías
Los conceptos empíricos surgen de la experiencia (a posteriori), mientras que los
conceptos puros son a priori y no provienen de la experiencia, como las categorías
de sustancia, causa, y necesidad. Kant enumera 12 categorías, que agrupa en cuatro
categorías: Cantidad, Cualidad, Relación y Modalidad. Esta enumeración y hallazgo
de categorías lo denomina Kant «deducción metafísica de las categorías».
A3. Condición Necesaria de los Conceptos Puros para Conocer los Fenómenos
El entendimiento solo puede conocer los fenómenos si aplica las categorías. Sin ellas, el
mundo sería un caos de sensaciones inconexas.
A4. Los Conceptos Puros o Categorías Son Vacíos
Al igual que espacio y tiempo se llenan con las impresiones sensibles, los conceptos
puros deben ser llenados con los datos provenientes de la experiencia. Esto significa que
las categorías no tienen valor en sí mismas fuera de la experiencia. Su función es
proporcionar un marco ordenado para las sensaciones y hechos del mundo, pero fuera
del ámbito de la experiencia empírica, su aplicación carece de sentido.
Es decir, el entendimiento aplica las categorías (lo puesto por el sujeto) a los fenómenos
(lo dado en la experiencia), y solo en este contexto las categorías tienen validez. Sin la
experiencia, las categorías no sirven para conocer la realidad tal como es.
B. Los juicios sintéticos a priori en la física
Los juicios fundamentales en física, como el principio de causalidad, son juicios sintéticos
a priori. Esto significa que:
1. El principio de causalidad se basa en la categoría de causa, que es un concepto
puro que no proviene de la experiencia, sino que es anterior a ella. Por lo tanto,
es a priori.
2. Los fenómenos solo pueden ser conocidos si el entendimiento les aplica las
categorías, como la de causa. Así, el principio de causalidad es universal y
necesario, aplicable a todos los fenómenos que el entendimiento puede conocer.
C) El Idealismo Trascendental: Fenómeno y Noúmeno
Las categorías se aplican solo a lo fenomenal (lo dado en espacio y tiempo). El noúmeno
es la cosa tal como es en sí misma, más allá de nuestra percepción. La razón teórica no
accede a los noúmenos, tarea que corresponde a la razón práctica.
Kant propone el idealismo trascendental, donde el espacio, el tiempo y las categorías
son condiciones para la experiencia, no propiedades reales de las cosas. Las cosas se
ajustan a nuestros conceptos puros, no al revés.
3.6.7. La Dialéctica Trascendental
En esta parte de la Crítica de la Razón Pura, Kant aborda la naturaleza y los límites de la
razón, así como la posibilidad de la metafísica.
A) Imposibilidad de la Metafísica como ciencia
Kant argumenta que la metafísica, entendida como un sistema de proposiciones sobre
realidades que van más allá de la experiencia (como Dios, el alma o la libertad), es
imposible porque las categorías solo se aplican a los fenómenos, no a lo que está más
allá de la experiencia (lo noúmeno).
La aplicación de las categorías más allá de la experiencia da lugar a ilusiones y
errores.
Aunque la razón tiende a buscar lo incondicionado, como Dios o el alma, estas
no son accesibles al conocimiento científico, ya que no pueden ser percibidas ni
experimentadas.
B) Naturaleza de la razón
La razón tiene una tendencia espontánea a buscar principios más generales que
unifiquen las leyes de la naturaleza. Esto ha llevado a avances como la unificación de las
leyes del movimiento en física.
La razón busca siempre explicar más allá de los fenómenos particulares y tratar
de encontrar una explicación universal.
Este impulso hacia lo incondicionado lleva a la razón a tratar de formular teorías
que abarquen tanto los fenómenos físicos como los psíquicos.
C. La razón y la metafísica
La razón busca leyes generales y principios universales, lo que es útil para ampliar el
conocimiento, siempre y cuando se mantenga dentro de los límites de la experiencia.
Sin embargo, la razón tiende a unificar todos los fenómenos físicos y psíquicos mediante
teorías metafísicas, lo que conduce a antinomias y paralogismos cuando se exceden esos
límites. Esta tendencia busca una causa suprema que unifique ambos mundos, físico y
psíquico: Dios.
Dios, alma y mundo son ideas regulativas de la razón que no proporcionan conocimiento
objetivo, pero expresan el ideal de la razón de encontrar leyes y principios cada vez más
generales, actuando como un horizonte hacia el que avanzamos sin alcanzarlo.
Metafísica como ciencia: Kant demuestra la imposibilidad de la metafísica como
ciencia, ya que no podemos conocer el mundo, el alma y Dios de manera
científica, pues no son objetos de experiencia. A pesar de esto, Kant no niega la
inmortalidad del alma ni la existencia de Dios, sino que los plantea como temas
de la razón práctica, no teórica.
Postulados de la razón práctica: Libertad, inmortalidad del alma y existencia de
Dios son postulados necesarios para la moral. Obrar moralmente solo es posible
si existe libertad para actuar conforme al deber. La inmortalidad del alma es
necesaria para alcanzar la virtud máxima, que no puede lograrse en una vida
limitada. La existencia de Dios es justificada como la realidad en la que el ser y el
deber-ser se identifican, uniendo virtud y felicidad.
3.7. La Crítica de la Razón Práctica
3.7.1. El Conocimiento Moral
Kant distingue entre razón teórica (que se ocupa de conocer lo que es) y razón práctica
(que se ocupa de lo que debe ser). La razón práctica se refiere a las decisiones morales
y a los principios que guían la acción humana.
La razón teórica busca conocer el ser (la realidad tal como es), mientras que la
razón práctica busca guiar la acción moral, preguntándose qué debo hacer.
La razón práctica formula imperativos morales (como "no matarás"), mientras
que la razón teórica formula juicios acerca de la realidad.
3.7.2. El formalismo moral:
Si la síntesis kantiana entre empirismo y racionalismo fue una de las tareas más
originales y valiosas en la historia de la filosofía, no lo fue menos su concepción de la
moral. En dos palabras: hasta Kant, las éticas habían sido materiales; a diferencia de
todas ellas, la de Kant es formal.
A. Las éticas materiales
La ética material no tiene nada que ver con "ética materialista"; "materialista" se opone
a "espiritualista", mientras que "material" se opone a "formal". Son materiales aquellas
éticas en las cuales la bondad o la maldad de la conducta humana depende de algo que
se considera el bien supremo para el hombre. En la medida que nuestras acciones nos
aproximen a ese bien supremo, serán buenas; y si nos alejan de él, serán malas. En toda
ética material siempre encontramos dos elementos:
1. Se da por supuesto que existen bienes, cosas buenas para el hombre, y se busca
cuál es el mayor de todos ellos, el bien supremo o fin último.
2. Una vez identificado ese bien supremo, se establecen unas normas o preceptos
que indican el camino a seguir para alcanzarlo.
Es decir, una ética material tiene contenido porque expresamente indica cuál es el fin
supremo del hombre y qué se debe hacer para alcanzarlo.
B. Crítica de Kant a las éticas materiales
Kant rechazó las éticas materiales por una serie de deficiencias:
1. Las éticas materiales son empíricas, a posteriori. Cualquier norma de cualquier
ética material puede ser explicada como generalización a partir de la experiencia.
Kant argumentó que solo los juicios analíticos y a priori pueden ser universales y
necesarios, ya que ningún juicio extraído de la experiencia puede serlo.
2. Las normas de las éticas materiales son hipotéticas o condicionales. No tienen
un valor absoluto, sino condicional, como medios para conseguir otro fin. Las
normas de las éticas materiales dependen del fin propuesto por cada individuo
y dejan de tener valor si no se persigue ese fin.
3. Las éticas materiales son heterónomas. La voluntad humana está impulsada por
deseos o inclinaciones externas a la razón. La "autonomía" implica la capacidad
de darse las normas a sí mismo, mientras que la "heteronomía" implica la
aceptación de normas impuestas externamente.
C. La ética formal de Kant
1. Sentido de una ética formal
Las éticas materiales son empíricas e incapaces de ofrecer principios
estrictamente universales. Por lo tanto, una ética verdaderamente universal y
racional no puede ser empírica ni hipotética en sus imperativos, ni heterónoma,
sino que debe ser a priori, categórica y autónoma. Una ética estrictamente
universal y racional no puede ser material: debe ser formal, vacía de contenido,
sin establecer un bien supremo, sino solo indicándonos cómo debemos actuar.
2. El deber
La ética formal no establece lo que se debe hacer, sino cómo se debe actuar
siempre. Según Kant, los humanos solo actuamos moralmente cuando lo
hacemos por deber, es decir, por respeto a la ley. La acción moral no depende
del fin a conseguir, sino de la intención que la inspira. Actuar moralmente no es
un medio para alcanzar un fin, sino algo que debe hacerse por sí mismo,
respetando el deber.
3. El imperativo categórico
A diferencia de los imperativos hipotéticos de las éticas materiales, las exigencias
de obrar moralmente derivadas de una ética formal son categóricas. El
imperativo categórico exige que una acción se realice según una máxima que
pueda convertirse en ley universal. La moralidad no depende del fin concreto de
la acción, sino de la máxima que la orienta, exigiendo siempre la universalidad
en la acción moral.