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INTRODUCCIÓN
La adolescencia es reconocida por recientes investigaciones como un período crucial
para el desarrollo de la salud reproductiva y general en los individuos. Durante esta
etapa, se produce una rápida aceleración del crecimiento óseo, con aumentos en peso
y talla hasta alcanzar la estatura final, y se completa la maduración de los sistemas
reproductivo y metabólico. Según un estudio del Instituto Internacional de Salud
Deportiva en 2021, la adolescencia se caracteriza por una alta demanda de energía, la
cual el metabolismo prioriza para sustentar estos procesos de desarrollo.
Las alteraciones, ya sean originadas por factores genéticos o ambientales,
comportamentales, emocionales, de estilo de vida, nutricionales, la falta de actividad
física o el exceso de ejercicio que cause un desbalance entre las necesidades
energéticas y su disponibilidad, pueden interferir con este desarrollo fisiológico. Estas
alteraciones pueden tener efectos negativos a corto y largo plazo en la salud ósea,
reproductiva y metabólica de los adolescentes (Dipla y cols., 2020; Sports Institute at
UW Medicine®, 2021; Uyaguari y cols., 2021).
Las estadísticas actuales sobre la salud de niños y adolescentes muestran un
preocupante aumento en los casos de diabetes mellitus tipo 2 (DMT2) en la población
joven. Además, se observa un incremento significativo en las tasas de sobrepeso y
obesidad en las nuevas generaciones de adolescentes en Latinoamérica, lo cual podría
ser un factor importante en la aparición de esta enfermedad. La UNICEF (Fondo de las
Naciones Unidas para la Infancia), en su informe de 2023, subraya la importancia de
abordar la obesidad y el sobrepeso como riesgos clave para la DMT2 en adolescentes
de esta región. Diversos estudios han señalado que la malnutrición por exceso es una
causa del desarrollo de problemas endocrinos en adolescentes, y que estos cambios en
las medidas corporales pueden estar relacionados con modificaciones en los hábitos de
vida, como el aumento del sedentarismo, la reducción del tiempo dedicado a la
actividad física, la falta de sueño adecuado y una alimentación deficiente. Esta última,
influenciada por la constante promoción publicitaria de alimentos procesados con alto
contenido calórico, grasas, carbohidratos o proteínas, diseñados para atraer a los
consumidores. Estos productos son ampliamente accesibles en establecimientos
comerciales urbanos, redes sociales y otros medios de comunicación (UNICEF, 2023).
Es bien sabido que la DMT2 está fisiopatológicamente relacionada con la obesidad a
través de la resistencia a la insulina. Esta condición se define como la incapacidad de la
insulina para estimular eficazmente la absorción de glucosa por las células (inhibición
de la señalización) o la respuesta inadecuada de las células objetivo (músculo, tejido
adiposo, hígado) a la insulina (Yaribeygi et al. , 2019; Galicia et al ., 2020). Esto lleva a
una producción excesiva de insulina por el páncreas (hiperinsulinemia), desequilibrios
en el metabolismo de la glucosa y, con el tiempo, a la disfunción pancreática. Esta
disfunción se manifiesta como una deficiente regulación de los niveles elevados de
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glucosa en sangre, condición crónica conocida como diabetes, específicamente DMT2,
debido a su origen secundario al daño pancreático (Ahmed et al ., 2021).
Los mecanismos implicados en la aparición de la resistencia a la insulina causada por el
sobrepeso o la obesidad son diversos y pueden incluir factores genéticos (propios o
hereditarios) que predisponen a dislipidemia o hiperglucemia, y disfunción tiroidea. Los
factores ambientales, principalmente la dieta, también juegan un papel importante al
inducir la acumulación de lípidos en tejidos no adiposos, el aumento del tamaño de las
células adiposas o la inflamación del tejido adiposo, la disfunción o el déficit de las
mitocondrias, el estrés oxidativo asociado al incremento de adipocitos pequeños por
causas alimentarias, y el envejecimiento. Adicionalmente, el estrés y la ansiedad
pueden provocar desequilibrios metabólicos que favorecen el aumento en la secreción
de insulina (Aslam y cols., 2022; Oluwafemi y cols., 2023; Elkanawati y cols., 2024).
La prevención de la DMT2 requiere la identificación temprana de alteraciones
metabólicas iniciales, lo cual se logra mediante la evaluación de la resistencia a la
insulina o el estado de prediabetes. La evaluación de la resistencia a la insulina puede
realizarse a través de pruebas directas que miden variables metabólicas complejas,
como la glucemia y la insulina, o indirectamente mediante cálculos matemáticos que
también requieren la determinación de estas hormonas en sangre. El índice de
resistencia a la insulina, conocido como HOMA-IR (Homeostasis Model Assessment of
Insulin Resistance), desarrollado por Matthews y cols. (1985), es un modelo para medir
la homeostasis de la insulina basado en datos fisiológicos y fórmulas matemáticas que
describen la relación entre los niveles de glucemia e insulina en ayunas.
La resistencia a la insulina puede manifestarse tanto a nivel muscular como hepático, y
su presencia se asocia con la intolerancia a la glucosa, ya sea en ayunas (IGB) o después
de las comidas (IGPP). Ambas condiciones se consideran prediabetes, pero la
intolerancia a la glucosa post-prandial (IGPP) es un indicador más fuerte de esta
condición. La prediabetes es una etapa que precede al desarrollo de la diabetes
mellitus y puede durar aproximadamente 10 años. La intolerancia a la glucosa post-
prandial (IGPP) se considera un factor de riesgo más significativo para la DMT2 en
comparación con la intolerancia a la glucosa en ayunas (IGB). En jóvenes y
adolescentes, las alteraciones en los niveles de glucosa pueden pasar desapercibidas,
por lo que se utilizan pruebas de resistencia a la insulina para identificar estos
desequilibrios bioquímicos (ADA, 2025; Valdivia, 2015).
Es posible que el costo de las pruebas para detectar la resistencia a la insulina, la
prediabetes o la diabetes limite su acceso a la población. En estudios poblacionales, se
están utilizando cuestionarios con preguntas de respuesta cerrada o evaluaciones de
medidas antropométricas, presión arterial y antecedentes clínicos o familiares para
identificar factores de riesgo de DMT2. Estos métodos asignan un puntaje de riesgo
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basado en las respuestas y utilizan escalas predeterminadas para clasificar el nivel de
riesgo de desarrollar la enfermedad (Mera y cols., 2017).
En la población latina, se han implementado dos cuestionarios estandarizados para
diagnosticar prediabetes o evaluar el riesgo de diabetes: el Test para el diagnóstico de
prediabetes de la Asociación Americana de Diabetes (ADA, 2020) y la escala finlandesa
FINDRISC (Finnish Diabetes Risk Score) de la Federación Internacional de la Diabetes
(Vera y cols., 2021; Díaz y cols., 2025). Debido al aumento en la prevalencia de la
DMT2, muchos países, incluyendo los de Latinoamérica, utilizan estos tests o
herramientas de cribado con fines preventivos y como guía para seleccionar a personas
con alto riesgo de desarrollar la enfermedad, quienes luego son evaluadas con pruebas
de laboratorio para confirmar el riesgo o el diagnóstico. Aunque estos cuestionarios
fueron diseñados principalmente para adultos, como la prueba de riesgo de la
Asociación Americana de Diabetes, que ha demostrado ser confiable en poblaciones de
trabajadores adultos, la escala FINDRISC también se ha adaptado para su uso en
adolescentes (Mera y cols., 2017; Valdés, y cols., 2019; Vera y cols., 2021).
Según el Reproductive Health National Training Center (2021), cuando se diagnostica la
prediabetes, es probable que la persona ya haya tenido resistencia a la insulina durante
un tiempo y esté en riesgo de desarrollar complicaciones de salud. En Estados Unidos,
solo se diagnostica el 15.00% de los 88 millones de adultos con prediabetes, y la
prediabetes afecta a 1 de cada 5 adolescentes y 1 de cada 4 adultos jóvenes, con una
prevalencia en aumento. Los jóvenes tienden a progresar más rápidamente hacia la
DMT2 que los adultos mayores debido a una pérdida acelerada de la función de las
células ß pancreáticas, encargadas de producir, almacenar y liberar insulina. La
evaluación de la prediabetes en adolescentes es un área de creciente interés científico,
considerada un paso inicial crucial para la toma de decisiones oportunas.
Este tipo de estudio se considera relevante en el campo de las ciencias aplicadas a la
salud deportiva. Actualmente, esta inquietud se plantea en el Centro de Ciencias
Aplicadas al Deporte del estado Sucre (CENACADES-sede Cumaná). Un informe
estadístico derivado de un estudio realizado en 22 adolescentes con síndrome de Down
(SD) evaluados para preselección deportiva encontró resultados favorables en
comparación con un grupo control de 23 atletas activos regulares de entre 14 y 19 años
del Instituto de Deporte del Estado Sucre (IDES) atendidos en este centro en
septiembre de 2024. Este último grupo participó como referencia en una investigación
para la Licenciatura en Bioanálisis de la Universidad de Oriente (datos no publicados).
Los atletas fueron seleccionados por su aparente buen estado de salud y cumplieron
con los requisitos de abstinencia de ejercicio durante 72 horas y ayuno de 8-12 horas
antes de las determinaciones de insulina y glucemia basal y post-prandial. Los
resultados del informe mostraron intolerancia a la glucemia basal en el 39,13% (9/23),
resistencia a la insulina en el 21,74% (5/23), hiperinsulinemia post-prandial en el
21,74% (5/23) e intolerancia a la glucemia post-prandial a las dos horas de la ingesta en
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el 13,04% (3/23). Además, presentaban antecedentes metabólicos y antropométricos
personales y familiares de riesgo para el desarrollo de la enfermedad (Mujica, 2025).
La realización de este tipo de cribado se considera una oportunidad para asegurar la
salud deportiva y personal futura de los atletas, y para prevenir complicaciones en el
ámbito deportivo. En este contexto, se planteó el objetivo de evaluar los niveles de
glucemia basal y post-prandial en atletas adolescentes con riesgo predeterminado de
diabetes mellitus tipo 2 y otros factores relacionados con la práctica deportiva y el
estilo de vida. Estudio de Caso: CENACADES, sede Cumaná, 2025.