1 Carlos Marx
1 Carlos Marx
Departamento de Historia de
la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
Manuel Ríos.
Cita:
Manuel Ríos (2013). Programas políticos y clases sociales en la
Revolución Francesa. XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de
Historia. Departamento de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras.
Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.
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XIV Jornadas
Interescuelas/Departamentos de Historia
2 al 5 de octubre de 2013
ORGANIZA:
Ríos, Manuel
FFyL-UBA
1
A mediados del siglo XIX, Carlos Marx escribía, en El 18 Brumario de Luis
Bonaparte, unas palabras sobre los eventos revolucionarios franceses que permitían una
caracterización sobre la Revolución, el estado, y su relación tanto con las clases sociales
como con el desarrollo del capitalismo:
Para Marx, la toma del poder político por la burguesía había significado la destrucción, con
toda la fuerza que el estado brindaba, de las trabas feudales a la producción capitalista. De
este modo, a ojos de Marx y los marxistas posteriores, quedaba clara la relación entre
estado y clases sociales. La clase social en auge, la burguesía, había conseguido hacerse con
el control del estado, pretendiendo así combatir los estorbos a la producción capitalista.
Pero, como el mismo Marx se encargaría de afirmar, la relación entre clases sociales y
estado estaba lejos de ser mecánica. En El 18 brumario de Luis Bonaparte el filósofo
alemán dejaba en claro las particularidades de esta relación. La lucha política podía llevar a
situaciones en las que el estado buscaba elevarse sobre el conflicto social, adoptando en
ocasiones medidas contrarias a la acumulación capitalista, pero que tenían como objetivo
último salvar el régimen social (los jacobinos, sin ir más lejos, no eran grandes burgueses,
1 Marx, Karl (2005), El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Buenos Aires, El libertador, traducción de
Ernesto S. Mazar: 17-18.
2
todo lo contrario). Es lo que se conoce como autonomía relativa del estado, que en
determinados contextos, como en 1848-1870 en Francia, puede acentuar el dominio de la
camarilla gobernante, relajando el control que tiene la burguesía sobre el aparato estatal,
con el afán justamente, de salvar el régimen en crisis. Pero, de todos modos, en Marx, la
relación que se establecía entre estado y clase dominante (así como también clase
oprimida) era nítida. Para el caso de la Revolución, los marxistas no dudaban: era el triunfo
de la burguesía sobre la nobleza, por un lado, y sobre el movimiento popular, por el otro 2.
Esta perspectiva permanecería indiscutida a lo largo de más de cien años, presentando
matices característicos a los contextos particulares de producción historiográfica.
Sin embargo, a fines de los ’70 pasaba al primer plano una interpretación
radicalmente distinta, conocida como “revisionista”, y encabezada por François Furet,
quien retomaba la perspectiva de Alfred Cobban3. Cobban dedicó su obra a repasar la
composición social de los revolucionarios franceses de la alta esfera política, percibiendo
que una parte importante de los representantes del tercer estado en los estados generales
provenían de la nobleza. Incrustados en las estructuras de poder urbanas, de estrecha
relación con las burguesías citadinas, habían conseguido ser votados por las
representaciones plebeyas como diputados del tercer estado en Versalles. Pero esta no era la
única particularidad que chocaba con la interpretación marxista. Si la burguesía había
tomado el poder, ¿no deberíamos encontrar comerciantes e industriales entre sus
representantes? Pero entre los miembros de los estados generales por el tercer estado, la
porción que representaban éstos era muy marginal. Por el contrario, el grueso de los
diputados plebeyos estaba compuesto por abogados, viejos funcionarios del edificio
político-administrativo del antiguo régimen. La burguesía no aparecía directamente
representada, sino que un cuerpo de burócratas tomaba el mando de la Revolución. Pero
había más. El 4 de agosto, de 1789, entre aplausos y ovaciones, la nobleza atacaba los
2 Soboul, Albert (1980), Problemas campesinos de la revolución 1789-1794, Madrid, Siglo XXI: 17-33;
Gauthier. Florence (1978), “Sur les problèmes paysans de la Révolution”, Annales historiques de la
Révolution Française, Paris: 305-314.
3 Cobban, Alfred (1999), The Social Interpretation of the French Revolution, Cambridge, Cambridge
University Press, pássim; Furet, F. (1980), Pensar la Revolución Francesa, Barcelona, Petrel, pássim.
3
cimientos del feudalismo, renunciando a sus derechos a percibir rentas, tributos, etc. Y
frente a estos paladines de la libertad individual, se alzaban, enfurecidos, comerciantes y
beneficiarios de rentas estatales que protestaban enérgicamente contra la insania
revolucionaria, que amenazaba con eliminar de un plumazo las rentas legítimamente
adquiridas por los burgueses, así como también los monopolios comerciales sobre los
mercados coloniales. ¿Nobles revolucionarios, y burgueses contrarrevolucionarios? La
composición social de la alta esfera política evidenciaba que lo de 1789 estaba lejos de ser
una Revolución burguesa. Esa idea parecía ser no más que una fábula teleológica
desarrollada por el marxismo para poder encontrar una explicación histórica a su labor
política.
De hecho, según Furet, los años posteriores a la Revolución difícilmente podían dar
fe de cambio alguno. En el campo, los grandes terratenientes eran en su amplia mayoría
herederos de la nobleza. Desde lo político, a mediados del siglo XIX, un cuarto del cuerpo
legislativo estaba compuesto asimismo, por descendientes de la aristocracia feudal. ¡Y en
1818, retornaba la monarquía de los borbones! Para Furet, la Revolución no había
producido ninguna transformación de fondo, al menos en lo económico. Así, la
interpretación social de la Revolución, que planteaba una relación estrecha entre clases
sociales, capitalismo y estado, se disipaba. 1789 no era más que el cambio en una lógica
política, que había impuesto la sociabilidad democrática como método de legitimación
política, pero que no había desplazado a la nobleza en beneficio de la burguesía, sino que
más bien había reemplazado a una camarilla gobernante, conformada tanto por burgueses
como por nobles, por otra, igualmente compuesta por miembros de ambas extracciones
sociales. Con el argumento de la “composición genética” de la alta política, se negaba
entonces la relación entre burguesía capitalista y Revolución, y por ende, entre capitalismo
y Revolución.
Numerosos estudios en los últimos treinta años han cuestionado este enfoque, desde
perspectivas muy amplias. Se acusó de ceguera a los revisionistas, al negar los evidentes
cambios habidos en el campo. En los años que siguieron a la Revolución, se estima que un
quinto de las propiedades rústicas cambió de propietario, con la nobleza como gran
perdedor. No sólo por la confiscación de tierras a traidores y a la Iglesia, sino también
4
porque el mercado regular de tierras se aceleró notablemente después de 1789. Por otra
parte, el derrumbe del diezmo, de las rentas feudales y de los impuestos indirectos dejó en
manos de los campesinos, en particular, de los laboureurs, un importante excedente que
podía ser vendido en el mercado y reinvertido en la producción 4. La acumulación capitalista
se iba así progresivamente desarrollando, favorecida también por la desaparición de las
aduanas internas y los impuestos molestos al comercio, o sea, por la creación de un
mercado nacional. En las aldeas, las disputas por las tierras presentaban cada vez más
elementos de individualismo agrario entre los campesinos, particularmente, entre los
laboureurs.
4 Optamos por utilizar los términos en su francés original, ya que si bien una posible traducción para
laboureur (también conocidos como cultivateurs) podría ser la de labrador, éste término en español no
conlleva los elementos de status que tiene el original en francés. Igualmente, se utilizará el original
manoeuvre para designar a lo que a veces se traduce como jornalero o, en traducciones más antiguas, peón,
traducción que remite a un hombre sin tierra, lo que no refleja la realidad que vivía el manoeuvre.
5
poder comunal. Las aldeas lorenesas estaban encabezadas por un reducido grupo de
laboureurs. Cada aldea contaba con entre seis y diez laboureurs aproximadamente,
dependiendo de su población y su riqueza. El mote de laboureur se aplicaba a quien
poseyese al menos 40 jours por campo5. Esta extensión de tierra excedía la capacidad de
trabajo familiar, por lo que solían contar con la ayuda de unos dos o tres trabajadores
asalariados permanentes, contratando más trabajadores en tiempo de siembra y cosecha. El
laboureur era, entonces, un proveedor de trabajo. El laboureur tenía su propio arado, y
además, animales para tirar del mismo. Además de los animales de tiro, los más ricos eran
propietarios de rebaños de vacas y ovejas que comercializaban en las ciudades. Para su
reproducción, disponían de pasturas propias (prados) así como también colectivas (pastos
comunales y derrota de mieses).
5 El jour era una unidad de medida que expresaba, en Lorena, una cifra comprendida entre las 0,2 y las 0,35
hectáreas.
6
política, sino que también en contextos de democratización de facto, tenían recursos para
permanecer al frente del movimiento político campesino.
Así pues, no debe sorprendernos que, por un lado, los cuadernos de quejas
expresasen esencialmente las disconformidades de la elite aldeana, y que por el otro, las
diputaciones parroquiales enviadas a las asambleas de bailía estuviesen compuestas en su
amplia mayoría por laboureurs y funcionarios municipales, laboureurs ellos también6. En la
bailía de Mirecourt, futuro departamento de Vosges, la mitad de los diputados cuyas
profesiones conocemos se reconocía como laboureur, mientras que la otra mitad se la
repartían los funcionarios municipales y los comerciantes. Un lugar muy marginal
ocupaban los manoeuvres y los artesanos7. Los reclamos de los cuadernos confirman el rol
dirigencial de los laboureurs. En Biécourt, el cuaderno cargaba contra el copel, un impuesto
a la circulación de mercancías, explicitando a los perjudicados:
7 De los ciento dos diputados elegidos en la bailía de Mirecourt por el tercer estado, conocemos la profesión
de poco más de cincuenta. Martin, E. (1928), Cahiers de doléances du bailliage de Mirecourt, Épinal,
Imprimerie lorraine, pássim.
8 “Le droit de copel cédé à des grandes seigneurs de notre province appartenant à Sa Majesté, et qui
consiste dans le vingt-quatrième de tous les grains que les laboureurs conduisent au marché des villes pour
les approvisionner, rapporte au roi bien peu de chose et grève infiniment les laboureurs par le retranchement
considérable sur les prix de leurs denrées, qui est d’un imal para chaque trois resaux et demi de grains. ” El
resal (en plural, resaux) era una unidad de medida, que equivalía a entre 120 y 175 litros. El imal (imaux, en
plural) representaba un octavo de resal, o sea entre 15 y 25 litros. Martin, E., Op. Cit.: 35. Todas las
traducciones de documentos de época son nuestras.
7
Esta reivindicación estaba presente virtualmente en todos los cuadernos. Otro de los
reclamos muy presentes en los cuadernos de quejas de los rústicos, era el pedido de
eliminación del edicto de 1767. Dicho edicto, aprobado por el parlamento de Nancy,
permitía el cercado de tierras y su sucesiva sustracción del régimen de la derrota de mieses,
por lo que afectaba sensiblemente a las economías de los laboureurs y de los campesinos
pobres, ya que cercenaba su acceso a las pasturas. Mientras que los segundos difícilmente
tuviesen prados para cercar, los primeros tampoco podían sacar ventaja del edicto. En
primer lugar, el precio de la madera hacía del cercado algo inaccesible. En segundo lugar,
una característica fundamental del régimen agrario local era la fragmentación de las
tenencias. No sólo por el régimen de rotación trienal que imponía tres campos, sino también
porque mismo dentro de cada uno de los campos, el laboureur tenía varias tenencias
esparcidas por el agger. Por ende, no sólo la madera era cara, sino que los perímetros de las
tenencias se multiplicaban por la parcelación de las explotaciones, ¡en un régimen de
campos alargados! El cercamiento era económicamente desaconsejable: eran más los costos
que los beneficios. Así, los únicos beneficiarios del edicto eran los propietarios de prados
más compactos con recursos financieros: la nobleza (laica y religiosa). En Clérey, bailía de
Vézelise, futuro departamento de Meurthe, los campesinos exigían: “Que el edicto de los
cercados sea retirado, y la derrota de mieses libre a todos los habitantes.” 9. Este reclamo es
particularmente importante, porque se diferenciaba del anterior en su característica social:
mientras que el primero podía ser compartido por la burguesía comercial, este último era
más genuinamente campesino. En esta última cita, se sugería una salida política al
problema: anular el edicto y destruir los cercados10.
9 “Que l'édit des clôtures soit retiré, et la vaine pâture libre à tous les habitants.” En las bailías de Vézelise y
Pont-à-Mousson (Meurthe), uno de cada dos cuadernos presentaba un reclamo en este sentido. En la de
Mirecourt, tres de cada cuatro. Etienne, Charles (1930), Cahiers de doleances des Bailliages des Généralités
de Metz et de Nancy pour les Etats Généraux de 1789, Tomo 3, Nancy, Berger-Vernault : 63; Martin, E., Op.
Cit., pássim, Harsany, Zoltan-Etienne (1946), Cahiers de doleances des Bailliages des Généralités de Metz et
de Nancy pour les Etats Généraux de 1789, Tomo 5, Paris, Paul Hartman, pássim.
8
algunos nobles, amparados en la voluntad del intendente, habían procedido a dividir los
comunales de sus señoríos entre los habitantes. No lo hacían para favorecer a los más
pobres, sino más bien para enriquecerse: un tercio de los comunales divididos pasaban a su
patrimonio. En 1789, los cuadernos de las regiones afectadas despotricaron contra las
divisiones, ya que afectaban enormemente a la economía de los laboureurs. Contrariamente
a lo sostenido por historiadores como Lefebvre, a fines del siglo XVIII el comunal era un
monopolio de hecho (y en algunas regiones, de derecho) de los laboureurs11. Propietarios
de grandes rebaños (de treinta o cincuenta ovejas, más caballos y vacas), depredaban las
pasturas de los comunales. Los manoeuvres, propietarios de pocos animales, no tenían
interés en que éstos pastasen en los comunales, ya que las hierbas de los mismos no
proveían los nutrientes suficientes para la alimentación de su animal. Por ello, hacia 1790 y
1791, cuando los ritmos de la Revolución llevaron a un quiebre en el movimiento popular,
que fue depurándose de los laboureurs, comenzaron a aparecer las peticiones que
solicitaban la división del comunal, así como también las divisiones de facto, ante el
estupor de los notables de la aldea 12. Con todo, para 1789, la tendencia política de los
manoeuvres todavía no había conseguido copar los espacios formales de poder, y por ello,
los cuadernos presentaban reclamos como el que sigue: “Que se restablezcan los pastizales
comunales que los arrendatarios [del señor] han transformado en tierras arables…”13
10 Bloch sugiere que la derrota de mieses era un reclamo de los humildes, no así de los laboureurs. Mientras
puede que esto sea cierto para el norte de Lorena, donde el proceso de acumulación de tierras estaba mucho
más avanzado, en el centro y sur no era el caso. La fuerza con la que se pide por la derrota de mieses en
asambleas dominadas por laboureurs demuestra que éstos, hasta 1789, defendían el pastoreo abierto. Más
adelante veremos que la Revolución, con su bouleversement político, trajo cambios en este sentido. Bloch, M.
(1931), Caractères originaux de l’histoire rurale française, Paris, Les Belles lettres: 232-233 y Lefebvre,
Georges (1963), Études sur la Révolution française, Vendôme, Presses Universitaires de France: 344-350.
11 Bloch, M., Op. Cit., Págs. 185-186; Vivier, Nadine (1998), Propriété collective et identité communale: les
biens communaux en France 1750-1914, Paris, Publications de la Sorbonne: 57-63; Bourgin, Georges (1985)
“Les communaux et la Révolution française”, en Nouvelle revue historique de droit français et étranger, Bad
Geinlbach, Schmidt: 690-751.
12 Bourgin, Georges (1908), Le partage des biens communaux. Documents sur la préparation de la loi du 10
juin 1793, París, Imprimerie Nationale, pássim.
9
Sintetizando, desde las aldeas emergía un programa agrario que buscaba frenar la
división de comunales, restituyéndolos a su carácter indiviso, abrir las tierras a la derrota de
mieses, anulando el edicto de 1767, y terminar con las aduanas internas e impuestos a la
circulación que reducían el excedente acumulable de los laboureurs, en beneficio de la
nobleza. Era un programa político de los laboureurs, base del desarrollo capitalista en
Francia, contra la nobleza, viejo sostén del feudalismo 14. La lucha de clases, a nivel
parroquial, es evidente, pero, ¿cómo se expresó en las esferas de poder regionales?
Empero, Cobban, y con él, los revisionistas, comete un error crucial en el análisis
histórico. El británico considera que la extracción social del diputado implica,
indefectiblemente, una postura política que defienda únicamente sus intereses. Sin
embargo, extracción social y orientación política no son lo mismo. De ahí la importancia de
analizar el programa político con el que fueron votados estos diputados. Se ha tendido a
resaltar la poca importancia que le daban los cuadernos de quejas a los problemas rurales.
13 “Faire rétablir les pâquis communaux que les amodiateurs ont convertis en terres arables…” Etienne, C.,
Op. Cit.: 236; Martin, E., Op. Cit., pássim.
14 Soboul, Albert, Op. Cit.: 6-13; Ado, Anatoli (2012), Paysans en Révolution. Terre, pouvoir et jacquerie
(1789-1794), Paris, Société des études robespierristes, traducción al francés de Aberdam, S. y Dorigny, M.:
355-453; McPhee, Peter(1989), “The French Revolution, Peasants, and Capitalism”, The American Historical
Review, Chicago, The University of Chicago Press: 1265-1280.
10
Comparados a los cuadernos parroquiales, esta afirmación es incuestionable. No obstante,
los cuadernos de las bailías no dejaban de presentar quejas campesinas.
Vézelise expresaba el mismo reclamo: “Que los pastos comunales divididos y desbrozados
serán restituidos a su naturaleza original (…) que el derecho a la derrota de mieses será
devuelto a las comunidades, y que con relación a esto todas las trabas serán quitadas.” 16
Pont-à-Mousson, un poco menos explícito (no pedía la restitución de la derrota de mieses, a
diferencia de los anteriores), se situaba en la misma dirección:
16 “Que les pâquis communaux partagés et défrichés seront rendus à leur première nature (…) que le droit
de vaine-pâture sera rendu aux communautés, et qu'à cet égard toutes entraves seront levées.” Etienne, C.,
Op. Cit.: 461.
11
como sobre el tema de la repartición de los comunales que
permanecerán en su antiguo estado, siendo el edicto de los cercados
muy perjudicial a la agricultura.17
Los reclamos agrarios, que favorecían las economías de los gallos de aldea
(laboureurs) al redireccionar la renta agraria en su beneficio, iban acompañados de medidas
de libre comercio que les permitirían fomentar su acumulación. Mirecourt reclamaba
“abolir los derechos de aduanas internas” y “la supresión también del copel”.18 Del mismo
modo, Vézelise solicitaba: “Que las barreras sean retrasadas hasta las fronteras… ”19.
Más timorato, Pont-à-Mousson sólo exigía que se consulte a las asambleas de las bailías en
caso de modificar las cuestión de las aduanas internas: “Solicitaremos que nada sea
pronunciado sobre el retroceso de las aduanas (…) que los estados de las provincias no
hayan sido consultados…”20 Esta sugerencia evitaba una toma de posición: evidentemente,
esta materia despertaba conflictos agudos incluso dentro del tercer estado, posiblemente,
por el arriendo por parte de burgueses de las prerrogativas feudales de aduana.
Con todo, la tendencia es clara. Los programas de las bailías recuperaban los
planteos políticos de los rurales. Los diputados del tercer estado fueron tomados, en su
amplia mayoría, de entre los funcionarios locales. Sin embargo, la política con la que
asumían su rol político estaba fuertemente permeada por los intereses de los notables de las
aldeas. Dominando la vida aldeana, los laboureurs confeccionaron un programa que llegó
17 “La suppression des parcours réciproques et la révocation de l'édit des clos ou du moins que les intérêts
des différentes communautés sur ces objets soient contradictoirement entendus et développés ainsi que sur
l'objet de la répartition des communes qui resteront dans leurs anciens états, l’édit des clos étant très
préjudiciable à l'agriculture.” Harsany, Z.-E., Op. Cit.: 238.
18 “D’abolir les traites foraines” “(…) et la suppression encore du copel”. Martin, E., Op. Cit.: 252 y 256.
19 “Que les barrières seront reculées aux frontières…” Etienne, C., Op. Cit.: 459.
20 “On demandera qu'il ne soit rien prononcé sur le reculement des barrières que les Etats de la province
n'aient été consultés…” Harsany, Z.-E., Op. Cit.: 236.
12
hasta Versalles, y que no fue obviado a la hora de discutir, unos años más adelante, el
Código Rural (1791). Encontramos a la defensa de la derrota de mieses y la restitución de
los comunales indivisos en todos los cuadernos, mientras que dos de tres atacaban
duramente las trabas a la circulación (impuestos, aduanas internas). Mismo en el último
caso, en el que no se criticaba éste último aspecto, es interesante destacar que no primaba la
opción contraria. Evidentemente, en Pont-à-Mousson, había miembros del tercer estado
interesados en conservar las aduanas internas. Sin embargo, no pudieron plasmarlo en un
programa político, y debieron dejar una formulación ambigua con la esperanza quizá de
poder imponer, más adelante, su criterio político.
Así, vemos que los diputados partían a Versalles condicionados por los programas
votados en sus ciudades de origen. Podríamos considerar este aspecto como algo no
determinante en el accionar político de los diputados. Después de todo, ¿no podrían éstos
traicionar a sus bases sociales y votar en sentido opuesto? Posiblemente, lo hayan
intentado. Sin embargo, la Revolución se desarrolló en un contexto muy particular, de
profunda movilización política por un lado, y bancarrota estatal por el otro. Esta coyuntura
realzaba la importancia política de los laboureurs por dos razones: por un lado, por el rol
dirigencial en el movimiento popular que les cupo en los primeros años de la Revolución,
por el otro, porque como se dignaban en reconocer todos los diputados, la base impositiva
del reino eran, en última instancia, esos mismos campesinos acomodados. Los primeros
años de los gobiernos departamentales confirman esta hipótesis: los laboureurs, muy lejos
de ser la mayoría en los gobiernos locales, lograban direccionar la agenda política
departamental.
Al igual que las representaciones del tercer estado, los gobiernos departamentales
fueron rápidamente copados por los otrora funcionarios del Antiguo Régimen. Meurthe y
Vosges presentaban composiciones muy similares. En el primero, casi el 60 % de los
miembros del consejo general eran abogados o viejos funcionarios del Antiguo Régimen,
mientras que el 11 % eran laboureurs. En el segundo, la cifra de funcionarios y abogados
13
trepaba al 70 %, mientras que los laboureurs sólo alcanzaban el 14 %. Cuantitativamente,
eran marginales. Sin embargo, hay que tomar recaudos. En primer lugar, también había
alcaldes rurales no contabilizados en estas cifras, que salvo raras excepciones, eran todos
laboureurs. Igualmente, sumando a los alcaldes su número seguiría siendo muy inferior al
de los abogados. Pero el punto de su injerencia política no radicaba en su cantidad, sino
más bien en su fuerza política para influenciar a aquellos que, como los abogados, podían
ser más ajenos a las problemáticas del ámbito rural.
He aquí, señores, el objeto que los distritos han tomado con una
especie de predilección; no hay uno que no haya discutido con cuidado
las cuestiones muy importantes relativas a los inconvenientes o
ventajas del pastoreo recíproco, de la derrota de mieses, de los
cercados, de la división de los comunales…22
21 Los otros tres comités que incluimos en esta lista eran: el de derechos feudales (en Lorena no fue ésta una
causa particularmente destacable), el de policía y mendicidad, y el de bosques.
22 “Voici, Messieurs, l'objet que les districts ont saisi avec une espèce de prédilection; il n'en est aucun qui
n'ait discuté avec beaucoup de soin les questions très importantes des inconvénients ou des avantages du
parcours, de la vaine pâture, des clôtures, du partage des communaux…” Chapelier, J.-C., Chevreux, P.-E.,
Gley, G. (1884), Documents rares ou inédits de l'histoire de Vosges, Paris, Dumoulin, tomo 9: 222.
14
La agenda del comité coincidía con la presentada por las aldeas con motivo de los
estados generales. Esto se debía no solamente a las habilidades políticas, o a la fuerza de los
laboureurs dentro del consejo, sino también a los sucesos que estaban golpeando el campo
a fines de 1790, cuando sesionó el mismo por primera vez. Ya en ese año se venían dando
divisiones de facto de los comunales y roturas de cercos. Las primeras estaban encabezadas
por los manoeuvres, que cansados del monopolio de los laboureurs sobre el comunal, se
hacían con el mismo, lo dividían, y se ponían a cultivarlo. Asimismo, los cercados de los
señores eran violados, posiblemente, por ambos sectores sociales, aunque seguramente, a
juzgar por los debates del consejo, la iniciativa recayese también sobre los manoeuvres23.
23 Ibíd.: 223; Chapelier, J.-C., Chevreux, P.-E., Gley, G. (1884), Documents rares ou inédits de l'histoire de
Vosges, Paris, Dumoulin, tomo 8: 377; Gerbaux, F., y Schmidt, C. (1906), Procès-verbaux des comités
d'agriculture et de commerce de la Constituante, de la Législative et de la Convention, París, Imprimerie
Nationale, tomos 1 y 2, pássim.
24 “Le Comité estime qu'il est équitable de les partager par égales portions…” Chapelier, J.-C., Chevreux, P.-
E., Gley, G., Op. Cit., tomo 9: 312.
15
así, aseguran la subsistencia de los animales durante el invierno, así
como también la de todos los animales durante el resto del año.25
Esto representaba una novedad: antes de 1789, los laboureurs defendían la derrota
de mieses en la totalidad del agger. Como sugieren documentos posteriores, este giro hacia
el individualismo agrario está estrechamente relacionado con las transformaciones
producidas por la Revolución26. Por un lado, la expropiación de bienes nacionales
redistribuyó los prados (el grueso de las reservas señoriales consistían en prados), pero
fundamentalmente, las divisiones de facto de los bienes comunales, al quitarles pasturas a
los laboureurs, los obligaron a reestructurar sus explotaciones para conservar su ganado, ya
que perdieron los pastos comunes, incentivando un ataque a la derrota de mieses en
aquellas tierras en las que más beneficio traería: los prados 27. Sin embargo, no figuraba
entre las reivindicaciones de los laboureurs la cesión, sin disputa, de los comunales. Éste
último punto sin duda alguna era una adaptación del comité a la realidad política
departamental.
25 “C'est de faire mettre en réserve, aussitôt après les fenaisons, généralement les prairies et prés jusqu'au
15 ou 23 août, d'en conserver un tiers pour en faire des regains tous les ans, et les deux autres tiers pour le
parcours commun ; par là, vous assurerez la subsistance des bestiaux pendant l'hiver, ainsi que celle de tous
les bestiaux pendant le reste de l'année.” Chapelier, J.-C., Chevreux, P.-E., Gley, G., Op. Cit., tomo 9: 315.
26 En 1792, una petición a la Asamblea Nacional de laboureurs del departamento de Vosges manifestaba con
claridad el giro político de los mismos: “Los comunales habiendo sido divididos en iguales porciones,
cultivados en parte y gravados de una suma considerable por la comuna, no les queda ningún otro recurso que
el de gozar de las segundas hierbas de sus propiedades para alimentar a sus animales…”“ Les pâquis étant
d'ailleurs partagés par égale portion, cultivés en partie et chargés d'une somme considérable faite par la
commune, il ne leur reste plus aucune autre ressource que de jouir des secondes herbes de leurs propriétés
pour nourrir leurs bestiaux…”. En el mismo sentido se expresaba el prefecto de Meurthe, en 1804: “La
revolución ha eliminado una parte de las dificultades: la división de los pastos comunales, en particular, forzó
a los cultivateurs a destinar una parte mayor de terreno a este tipo de producto [los prados]…” “La révolution
a écarté une partie des difficultés: le partage des pâtis communaux, spécialement, a forcé les cultivateurs de
destiner plus de terrain à ce genre de produit [les près]… ” Bourgin, Georges, Le partage…, Op. Cit.: 643; y
Marquis, Jean Joseph (1804), Mémoire statistique du département de Meurthe, Paris, Imprimerie impériale:
181.
27 Hacia 1790, cuando los laboureurs cambiaron su política en materia de derrota de mieses, el grueso de los
bienes nacionales no había sido vendido, ni siquiera censado, por lo que si bien la venta de tierras de la
nobleza jugó su rol en la difusión del programa individualista, no se encuentra en la génesis del mismo.
16
Los otros informes rechazaban de cuajo este último punto. Más ambiciosos,
pretendían reformar la derrota de mieses en los prados, y conservar los comunales indivisos
en la medida de lo posible. Curiosamente, el orador que defendió éste programa
profundamente laboureur, no era justamente un agricultor. De hecho, no era ni siquiera
miembro del comité de agricultura. La importancia del tema había obligado al ejecutivo a
intervenir, a través de Vosgien, otrora funcionario del antiguo régimen. Sin un pasado en el
ámbito rural, los reclamos que levantaba condensaban la experiencia política de los
laboureurs desde 1789. Por un lado, defendía los comunales: “Hay que ubicar, entre la lista
de usos útiles, el goce de los comunales indivisos…” 28 Por el otro, pretendía una reforma de
las pasturas que beneficiase su acumulación: “El segundo medio para mejorar la agricultura
es permitir a los propietarios de los prados cosechar los renadíos sin obligarlos a
cercarlos.”29 A fines de 1790, el comité votaba y aprobaba esta medida.
Estos dos temas, la derrota de mieses, y la división de los comunales irían ganando
importancia con la intensificación del conflicto por las tierras, a tal punto que en 1791, la
nueva conformación del comité de agricultura incluyó, esta vez, a cuatro laboureurs. La
situación había cambiado notablemente en un año. La asamblea había votado un Código
Rural a fines de ese mismo año, y las divisiones de facto, así como la agitación campesina,
se multiplicaban. Mientras que el Código Rural de 1791 no decía nada sobre los comunales,
sí se expresaba en torno a la cuestión de la derrota de mieses en los prados, avalando y
ratificando dicho uso ancestral. El consejo, que había aprobado sus reformas sin el aval de
la Asamblea Nacional, se veía obligado a retomar el tema. Humbert, viejo orador del
comité, había sido desplazado por sus rivales en materia de comunales. Mientras que las
divisiones se multiplicaban en el departamento, el nuevo comité comenzaba su exposición
tocando la cuestión de la derrota de mieses, y reafirmando lo postulado el año anterior.
Pretendían extraer los prados del régimen tradicional de pastoreo, sin necesidad de tener
28 “On doit placer, au nombre des usages utiles, la jouissance des communes sans partage…” Chapelier, J.-
C., Chevreux, P.-E., Gley, G., Op. Cit., tomo 9: 326.
29 “Le deuxième moyen pour améliorer l'agriculture est de permettre aux propriétaires des prés d'enlever les
regains sans les obliger à les faire clore.” Ibíd.: 333.
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que cercarlos para ello: “(…) la voluntad general parece ser que los propietarios sean
autorizados a realizar renadíos en todos los prados que presenten las condiciones
necesarias, sin necesidad de estar sujetos a cercados…”30. Más adelante, mencionaba la
cuestión de los comunales, evitando dar una posición bien definida. Si bien quienes se
oponían a la división habían copado el consejo, no eran necios, y sabían que en el contexto
de efervescencia política por la división de los comunales, una pronunciación contraria a
los intereses de los maneuvres podría entorpecer sus objetivos reformadores31.
30 “(…) le vœu général parait être que les propriétaires soient autorisés à faire du regain dans tous les prés
qui seront susceptibles d'en porter, sans être assujettis aux clôtures...” Chapelier, J.-C., Chevreux, P.-E., Gley,
G. (1891), Documents rares ou inédits de l'histoire de Vosges, Paris, Dumoulin, tomo 10: 71.
31 Ibíd.: 72.
32 “II est douteux que l'abolition de la vaine pâture, dans les prairies, profite à l'agriculture mais ce qui ne
l'est pas, c'est qu'elle entrainerait les plus grands malheurs dans ces moments où tant de gens sont intéressés
à porter le peuple à des insurrections.” Ídem.
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Así, en 1791 se frenaba la voluntad de los laboureurs loreneses. No perdieron la
votación en el consejo, sino que la misma fue archivada por la intervención del ejecutivo.
¿Por qué nunca se votó? Un año atrás, esta moción había sido aprobada por los treinta y
seis concejales. En 1791, el ejecutivo intervenía evitando la votación, por miedo a que se
obtuviese el mismo resultado. Como lo remarcaba el procurador-síndico del departamento,
no había dudas de lo que traería una votación en dicho sentido: un profundo malestar en un
campo muy propicio a la rebelión. De hecho, un mes antes, campesinos armados habían
atacado el mercado de una de las capitales económicas del departamento. Y unos meses
más tarde, volverían a las armas solicitando la legalización de las divisiones de comunales
ya realizadas. El estado frenaba así las ambiciones de los laboureurs, no por oponerse
ideológicamente (un año antes, la medida había pasado), sino por considerarla
políticamente inoportuna. Era del interés del estado evitar los levantamientos, para
conservar su capacidad de gobierno.
Conclusión
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consejos, sino más bien, en la incuestionable función económica que estos desempeñaban
en el reino. Eran el sostén del estado, tanto en materia fiscal, como en materia de
aprovisionamiento de alimentos a las ciudades. Así, pudieron impulsar un programa agrario
individualista que rechazaba la división de los comunales, a la vez que impulsaba un
cercenamiento de la derrota de mieses en beneficio de los propietarios de prados. Todo esto,
en un consejo integrado en su amplia mayoría por abogados y otros viejos funcionarios del
antiguo régimen. El freno a esta política, en todo caso, no vino dado por la oposición del
gobierno, sino más bien, por el activismo de los manoeuvres, que a fines de 1791
amenazaban la región con una nueva insurrección.
De este modo, creemos recuperar toda la validez de los planteos de Marx, y los
marxistas. La Revolución significó el acceso al poder de sectores sociales vinculados en
mayor o menor medida al capitalismo pujante: industriales, mercaderes, pero también,
laboureurs. Éstos eran la base del desarrollo capitalista francés, con modestas (y a veces no
tanto) explotaciones trabajadas con mano de obra asalariada. Su acceso al poder no
significó, necesariamente, la ocupación del grueso de los cargos políticos. Pero sí implicó el
paso a primer plano de su programa político, discutido en los diferentes niveles estatales. El
fracaso (parcial, ya que muchas conquistas, como la abolición de los tributos feudales y los
impuestos indirectos, son indiscutibles) de su programa no se debió, en todo caso, al freno
puesto por el gobierno. O mejor dicho, el freno puesto por el gobierno, no se debió a causas
endógenas al mismo. En un clima de profunda disconformidad popular, un ataque a la base
material de los manoeuvres hubiese causado estragos a fines de 1791. De hecho, la
voluntad política de los maoeuvres no pararía de fortalecerse hasta bien entrado 1793, y la
sanción de la ley que habilitaba la división de los comunales es una muestra cabal de esto.
El estado, en el marco de la autonomía relativa que le atribuía Marx, priorizó la estabilidad
política por sobre el fomento de la acumulación de los laboureurs. Buscaban evitar así un
desborde por izquierda, y lograr la conservación del nuevo régimen. Los años venideros se
mostrarían más propicios a las reformas agrarias.
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