1. Introducción: la Arabia Preislámica.
Arabia es una región de tránsito clave que conecta Asia con Europa y se
divide en varias zonas. En el norte se encuentra el Hiyaz, y separando
esta área del Yemen, ubicado al sur, se extiende el vasto desierto.
La población árabe se divide en dos grupos principales: los beduinos, que
son nómadas pobres que habitan en el desierto, y los yemeníes, una
población rica y poderosa en el sur. La sociedad árabe estaba organizada
en tribus, formadas por familias con un ancestro común, y gobernadas por
un Sayyid, un jefe elegido por los ancianos de la tribu. Inicialmente, la
sociedad era bastante igualitaria, pero el comercio y la apertura al
exterior generaron desigualdades.
En cuanto a la religión preislámica, los beduinos veneraban espíritus
representados en objetos naturales como árboles o piedras, mientras que
los yemeníes tenían una religión más compleja, asociando sus dioses con
los planetas.
La economía de la Arabia preislámica variaba según el grupo poblacional.
Los yemeníes se dedicaban al comercio, la agricultura y la artesanía,
mientras que los beduinos practicaban el pastoreo, el comercio nómada y
el saqueo. El comercio fue central para ambas sociedades debido a la
ubicación estratégica de la península como punto de tránsito.
Históricamente, Arabia albergó la mítica civilización de Saba, y los
nabateos fueron conquistados por los romanos, con los principados de
Petra y Damasco bajo su control. Además, existieron relaciones
comerciales con los sasánidas y bizantinos, beneficiando a las tribus
locales.
2. Mahoma y la verdad revelada.
2.1 la situación de la Meca.
La Meca es un lugar de conexión comercial. Originalmente era un lugar de
peregrinación debido a la presencia de la kaaba, Una piedra a la que se
realizaban diferentes ritos religiosos. Aprovechando esto se realizó una
feria comercial anual De gran importancia, dando un mayor esplendor a la
ciudad. Por ello, para su protección, se le encargó a los quraysies, la tribu
de la Meca, protegerla.
2.2. Mahoma
Mahoma es una figura central en el Islam, conocida principalmente a
través de dos fuentes: El Corán, que representa la revelación divina
recibida por él y que fue compilada después de su muerte, y el Hadit, que
documenta sus acciones y enseñanzas.
Nació en el 570 en La Meca y quedó huérfano a una edad temprana,
siendo criado por su tío. Trabajó como comerciante hasta el año 610,
cuando el Arcángel Gabriel le reveló la verdad sobre Dios. Tras mantener
en secreto esta revelación durante tres años, comenzó a predicar
públicamente en el 613. Su mensaje de monoteísmo amenazó el sistema
económico de los quraysíes, que se beneficiaban de las peregrinaciones
politeístas a la Kaaba.
La creciente oposición llevó a una intensa persecución de Mahoma y sus
seguidores. En el año 622, emigraron a Medina en un evento conocido
como la Hégira, que marcó el inicio del calendario islámico. En Medina,
Mahoma se convirtió en líder político y religioso, estableciendo una
comunidad musulmana.
Sus seguidores comenzaron a realizar incursiones comerciales contra La
Meca, lo que culminó en la Batalla de Badr en 624, donde Mahoma y su
ejército obtuvieron una victoria significativa, consolidando su posición.
Esta batalla es considerada un punto de inflexión en la historia del Islam.
En 630, después de un acuerdo con los quraysíes, Mahoma regresó a La
Meca y restauró la Kaaba como centro de culto monoteísta, limpiándola
de ídolos. Su peregrinación a La Meca se convirtió en un evento
fundamental para los musulmanes.
Mahoma continuó predicando y expandiendo el Islam hasta su muerte en
632. Importante es destacar que no designó un sucesor claro, lo que
provocó tensiones y disputas sobre el liderazgo, sentando las bases para
futuras divisiones dentro de la comunidad musulmana, como la que daría
origen a los sunitas y chiitas.
3. El Islam
El Islam, que significa "sumisión" a Dios, se fundamenta en la creencia de
que Dios es el juez supremo de la humanidad. Es un modo de vida que
establece una serie de códigos y valores, teniendo como referencia
principal el Corán. Este libro sagrado recoge las revelaciones que Dios
hizo a Mahoma y fue escrito posteriormente. El Corán, que contiene 114
capítulos y más de 6200 versículos, se considera la perfección divina y,
por tanto, es inalterable. Sin embargo, su interpretación ha variado a
través de tres fases clave: durante la vida de Mahoma, bajo los tres califas
ortodoxos y en la época de Abdulmalik.
Además del Corán, existe la Sunna, que es la recopilación de los hábitos y
acciones de Mahoma registrados en el Hadit. Estos textos complementan
y explican los principios del Islam.
El Islam se basa en cinco pilares fundamentales:
1. La declaración de fe: No hay más Dios que Allah, y Mahoma es su
profeta.
2. La oración: Debe realizarse cinco veces al día, con un servicio
colectivo los viernes.
3. El ayuno en Ramadán: Durante este mes, los musulmanes deben
abstenerse de comida, bebida y relaciones sexuales desde el
amanecer hasta el anochecer.
4. La limosna: Se espera que los musulmanes ayuden a los
necesitados.
5. La peregrinación a La Meca: Todo musulmán debe realizar esta
travesía al menos una vez en su vida, si su situación económica lo
permite.
Dentro del Islam, existen diversas corrientes, siendo las más destacadas
la sunita y la chiita. El islam sunita es la corriente ortodoxa, mientras que
los chiitas sostienen que el líder espiritual debe ser un descendiente de
Alí, yerno de Mahoma, a quien consideran el sucesor legítimo. Este
concepto se denomina imanato y contrasta con el califato sunita. Además,
existe el jariyismo, la rama más radical del islam.
4. El califato perfecto.
Como hemos comentado, Mahoma no aclara su sucesión, por lo que la
elección del siguiente líder islámico debe ser política. Así, se elige al
primer Califa, Abu Bakr. Este Califa se convierte en el jefe político
supremo, con autoridad en los ámbitos religioso, político y militar, y tiene
la responsabilidad de conservar y expandir la fe en los territorios.
Después de Abu Bakr, le suceden otros califas durante el periodo conocido
como los Cuatro Califas Ortodoxos: Abu Bakr, Umar, Uthman y Ali.
Durante este periodo, se lleva a cabo una expansión territorial
significativa, que incluye la incorporación de la zona mesopotámica, Siria,
Palestina y Egipto. Esta expansión genera descontento con el Imperio
Bizantino y afecta a las islas del Mediterráneo, aunque aquí se detiene el
avance musulmán debido a desafíos geográficos y políticos.
La razón principal del éxito de esta expansión se debe a la unidad
religiosa de la fe musulmana, que proporciona cohesión entre los
creyentes. Además, el agotamiento de los imperios persa y bizantino, que
estaban en constante conflicto, facilitó las operaciones islámicas.
Las bases del Estado musulmán se establecen con el Califa como jefe del
Imperio Musulmán. Este Estado permite la convivencia de musulmanes y
no musulmanes. Los no musulmanes no estaban obligados a convertirse
al islam, pero debían pagar un impuesto conocido como jizya. Por otro
lado, todos los ciudadanos debían pagar el khara, un impuesto
relacionado con la tierra.
Entre los musulmanes, existían diferencias basadas en si eran árabes o no
árabes; los no árabes eran conocidos como mawalis. La estructura del
Estado era bastante provincialista, y la distancia de los territorios
conquistados requería la delegación de un gobernador, quien tenía mucha
influencia en la administración local. Esto podría haber llevado a la
eventual disgregación de las provincias.
Este califato finaliza con la Primera Guerra Civil del Imperio, en la que se
enfrentan los omeyas contra Ali. Este periodo fue convulso y culminó en la
destitución de Ali a favor de los omeyas, poniendo al frente al Califa
Muawiya, quien estableció que la sucesión del califato se basaría en la
descendencia.
5. El Califato Omeya
La capital del Califato se trasladó a Damasco, lo que significó un
alejamiento del hermetismo que existía en La Meca y una apertura hacia
el exterior. Tras la muerte de Muawiya, el califato experimentó una
desestabilización significativa, con varios califas asumiendo el poder en
un corto periodo de tiempo. La estabilidad llegó con la llegada de Abd al-
Malik, quien implementó un proceso de unificación y puso fin a los
localismos y provincialismos del Imperio Islámico. Abd al-Malik también
introdujo una moneda islámica propia, lo que marcó una ruptura con
Bizancio, que era la fuente monetaria anterior.
Abd al-Malik fortaleció el ejército, creando una fuerza militar profesional y
permanente que era leal al califato, en lugar de depender de las tribus
árabes. Esto permitió una expansión más eficaz y control sobre los
territorios conquistados. Se instituyó un sistema de reclutamiento y se
mejoraron las técnicas de guerra, lo que resultó en éxitos militares
significativos. El ejército no solo se encargaba de la defensa del territorio,
sino que también tenía un papel crucial en las campañas de conquista,
facilitando la expansión del islam en regiones como Siria, Egipto y Persia.
En cuanto a la economía del califato, esta se sustentaba principalmente
en impuestos como el jarach, que era un impuesto sobre la tierra, y la
jizya, un impuesto que debían pagar los no musulmanes por vivir en un
territorio islámico. Estas rentas eran fundamentales para mantener el
funcionamiento del estado y financiar el ejército. A pesar de la diversidad
económica, que incluía comercio, agricultura y artesanía, las cargas
impositivas provocaron numerosas revueltas debido a crisis económicas y
a la creciente presión sobre la población.
El comercio fue también un pilar fundamental de la economía del califato.
Gracias a su ubicación geográfica, el Imperio Islámico se convirtió en un
centro de intercambio entre Oriente y Occidente, facilitando el comercio
de bienes como especias, seda y metales preciosos. Las rutas comerciales
se expandieron, y se establecieron mercados importantes en ciudades
como Damasco, Bagdad y Córdoba, que atrajeron tanto a comerciantes
árabes como no árabes.
En este vasto imperio, muchos no árabes, conocidos como dhimmis,
debían pagar un impuesto por vivir en un territorio islámico sin
convertirse al islam. Sin embargo, muchos optaron por convertirse para
evitar estos impuestos y poder ascender en la jerarquía social y
administrativa del mundo islámico. Esto, a su vez, generó una mayor
oposición hacia los árabes debido al incremento de no árabes en el poder.
Las instituciones del califato se basaban principalmente en la figura del
califa, quien era el jefe absoluto tanto en lo militar como en lo religioso.
Aunque eran más abiertos a influencias externas, se promovió una
afirmación de lo árabe, estableciendo que la administración se llevara a
cabo en lengua árabe. El imperio se dividió en cinco provincias, cada una
gobernada por un emir, que detentaba el poder político y militar. Los
emires también tenían la capacidad de nombrar funcionarios de su
confianza para ayudar en sus funciones.
6. Los Abbasies
El fin de los Omeyas se caracterizó por una serie de revueltas con un
fuerte carácter antiárabe. Estas revueltas surgieron en respuesta a la
creencia de que los árabes eran superiores a los demás pueblos dentro
del vasto imperio, lo que generó una oposición al centralismo en Arabia.
Las causas de estas revueltas son múltiples: en primer lugar, estaban los
altos impuestos que generaban descontento entre la población no árabe.
En segundo lugar, la lejanía de los territorios, donde el centralismo omeya
tenía poca influencia, creó un sentido de pertenencia hacia las provincias
locales. Además, la legitimidad de los califas omeyas fue cuestionada; su
justificación para gobernar no se basaba en una línea de sangre divina,
sino en su pertenencia a la tribu de los Quraish, lo que ponía en duda su
autoridad.
Con la caída de los Omeyas, los abasíes emergieron como los nuevos
líderes del califato. Su llegada al poder se consolidó en el año 750, tras la
victoria en la batalla de Zab, donde derrotaron a los Omeyas. La
revolución abasí se basó en un amplio apoyo popular que incluía a árabes
no pertenecientes a la élite y a diferentes grupos étnicos y religiosos que
habían sido marginados bajo el dominio omeya. Los abasíes prometieron
un gobierno más inclusivo y equitativo, lo que les permitió consolidar su
poder rápidamente.
Durante el califato abasí, se sucedieron diversos califas, como Al-Mansur y
el califa final Al-Mutawakkil. Sin embargo, el más destacado fue Al-Rashid,
quien mantuvo relaciones diplomáticas y encuentros con Bizancio y el
Imperio de Carlomagno, lo que le permitió influir significativamente en la
política del Mediterráneo. A pesar de esto, ya se empezaban a vislumbrar
signos de disgregación provincial, que se harían más evidentes en épocas
posteriores.
Las bases del califato abasí se fundamentaban en la existencia de un
califa, quien era visto como una figura casi divina, representante de Allah
en la Tierra. Este califa, cuya legitimidad era fundamental para mantener
el orden, cedió parte de sus funciones a los visires, quienes se
encargaban de la gobernabilidad del imperio de facto. La administración
abasí recibió una influencia considerable de la tradición persa, y se
establecieron diversas instituciones jurídicas, como el fiqh (jurisprudencia
islámica). Sin embargo, la creciente distancia entre el califa y las
provincias comenzó a cuestionar su autoridad.
Para mantener el poder y proteger el vasto imperio, el califato abasí
también contrató ejércitos mercenarios. Estos mercenarios, a menudo de
origen no árabe, jugaron un papel crucial en la expansión y en el
mantenimiento del orden interno. Su lealtad dependía de los beneficios
que recibían, lo que los hacía menos confiables en términos de devoción
ideológica. A medida que estos ejércitos mercenarios asumían un rol más
prominente, se volvieron un desafío para la autoridad del califa,
contribuyendo a la inestabilidad política en varias etapas de la historia
abasí.
7. La disgregación islámica
La disgregación provincial fue un proceso gradual pero inevitable en el
califato abasí. A medida que las provincias se volvían más autónomas, los
gobernadores locales, o emires, comenzaron a acumular poder y a
establecer sus propios reinos. Esto se debió a la vastedad del imperio, que
dificultaba la administración central, además de las diferencias culturales
y lingüísticas entre los diversos grupos dentro del imperio. La ineficiencia
administrativa y los conflictos internos debilitaron la cohesión del califato,
lo que permitió el surgimiento de gobiernos provinciales que se
declararon independientes. Ejemplos notables de esta disgregación
incluyen el califato de Córdoba en la península ibérica y los reinos
independientes en el norte de África , comenzaron a desmembrarse,
estableciendo sus propios líderes y sistemas. Además, surgieron revueltas
sociales, como las de los esclavos y otras religiones, que debilitaron aún
más el equilibrio existente. La desatención creciente hacia las periferias y
las tensiones locales contribuyeron a la fragmentación del imperio.
8. El islam y los imperios extranjeros
La disgregación del mundo islámico se acentuó con la llegada de los
imperios extranjeros a Oriente Medio y sus alrededores entre los siglos XI
y XIII. En este periodo, los turcos selyúcidas se asentaron en la región
mediante la conquista. Aunque adoptaron el islam, su gobierno marcó una
ruptura con la cultura y el orden previamente establecidos por los árabes.
Por otro lado, el norte de África y al-Ándalus lograron cierto grado de
unificación interna. Sin embargo, el Imperio Fatimí se debilitó y no logró
frenar la penetración de las cruzadas, que tuvieron un impacto
significativo. La Primera Cruzada culminó con la victoria cristiana y el
establecimiento de feudos en territorios previamente islámicos, lo cual
contribuyó a la fragmentación de la región.
Finalmente, entre los siglos XIII y XV, las invasiones de mongoles,
mamelucos y posteriormente otomanos marcaron el colapso del imperio
islámico tal y como se conocía, disolviendo las estructuras de poder y
consolidando la desintegración del mundo islámico medieval.
9. Conclusión
La expansión islámica en la Edad Media no solo llevó a la creación de un
vasto imperio, sino que también impulsó el intercambio de conocimientos
en campos como la medicina, la astronomía, la matemática y la filosofía,
integrando tradiciones griegas, persas e indias en el pensamiento
islámico. Este legado sigue siendo evidente hoy en día en la ciencia, la
arquitectura y el arte, así como en las lenguas y costumbres de regiones
que una vez formaron parte del mundo islámico, especialmente en el
Mediterráneo y la Península Ibérica.
Práctica 1. Historia.
Nos encontramos frente a un texto histórico, que se clasifica como una
fuente primaria, ya que fue redactado en la época medieval. Este
documento, de carácter político y jurídico, es la Carta Magna de 1215,
elaborada en un contexto de tensiones entre el rey Juan Sin Tierra y la
nobleza inglesa, quienes exigían limitaciones al poder real debido a las
abusos y malas prácticas del monarca. La Carta Magna, que aparece
firmada por el rey, es probablemente el resultado de la redacción de uno
de sus consejeros o escribanos. Su contenido reconoce derechos y
libertades esenciales para los nobles y vasallos del reino, incluyendo el
derecho a un juicio justo y la limitación del poder del rey.
Al analizar el texto, observamos que su autor, como se mencionó
anteriormente, es Juan Sin Tierra de Inglaterra. Este se dirige a todos los
componentes y funcionarios del reino, incluyendo arzobispos, obispos,
abades, nobles, jueces y prebostes. Esto demuestra que la Carta Magna
está dirigida a todos los funcionarios y miembros de la corte del reino. En
primer lugar, se establece que la Iglesia gozará de libertad absoluta en
sus decisiones y derechos. Además, se menciona que todos los hombres
libres del reino tendrán un conjunto de libertades, que se detallan en los
artículos subsiguientes, garantizando así estos derechos tanto a ellos
como a sus herederos.
En los artículos 2 y 4 de la Carta Magna, se observa una clara intención de
salvaguardar las herencias de los vasallos. El segundo artículo establece
que la herencia se transmitirá al hijo de los condes o varones, siempre y
cuando se haya pagado el impuesto sucesorio correspondiente. Por su
parte, el cuarto artículo estipula que, si alguien está a cargo de la tierra
de un heredero menor, no podrá tomarla por la fuerza; en cambio, tendrá
derecho a recibir una renta razonable de dicha tierra.
En los artículos 12 y 16 de la Carta Magna se establece una clara
protección de los deberes y derechos del vasallo. El artículo 16 defiende la
negativa a cumplir con servicios adicionales que no estén estipulados en
el acuerdo de feudo, garantizando así que los vasallos no sean sometidos
a cargas excesivas. Por otro lado, el artículo 12 establece que no se podrá
exigir el escudero de un vasallo sin el consentimiento del propio Reino,
salvo en ciertas excepciones, como en el caso del rescate del Rey o del
matrimonio de una princesa.
En la Carta Magna, encontramos diversas medidas económicas y jurídicas
que reflejan la importancia de la justicia y la protección de los derechos
comerciales. Por ejemplo, el artículo 35 establece regulaciones que
buscan mantener un equilibrio en la economía del reino. Asimismo, el
artículo 41 se centra en las libertades comerciales, garantizando que
Londres y otras ciudades gocen de sus antiguos acuerdos económicos,
tanto por tierra como por mar, lo cual es fundamental para el desarrollo
comercial.
Por otro lado, el artículo 36 aborda la necesidad de que la justicia se
administre de manera equitativa, estableciendo que los juicios deben ser
justos y conformes a la ley del país. Esto no solo protege a los individuos,
sino que también establece un marco legal que limita el poder arbitrario
del rey y asegura que todos, incluidos los nobles, sean responsables ante
la ley.
Es significativo que esta carta se promulgue en un periodo en el que las
monarquías y la autoridad real están en ascenso, como se observa en el
caso de la dinastía de los Capetos en Francia, que logró imponerse sobre
la nobleza. En contraste, en Inglaterra, Juan Sin Tierra se vio obligado por
los barones a firmar esta carta, garantizando así las leyes y los privilegios
de la nobleza. Este acto de coerción resalta la creciente tensión entre el
monarca y la nobleza, así como el descontento generalizado con la
gestión de Juan, marcada por la ineficacia, las cargas fiscales y los
conflictos bélicos, que tras la actuación similar del anterior rey y su
hermano Ricardo Corazón de León hizo que se limitaran los poderes
monárquicos. A pesar de que Enrique III aportó cierta estabilidad y fue
reconocido como monarca, también tuvo que reafirmar la Carta Magna
tras un alzamiento de los nobles. Esto refleja el debilitamiento del poder
real y la capacidad de movilización de la nobleza en Inglaterra.
A modo de conclusión, podemos establecer que la Carta Magna de 1215
marcó un punto de inflexión en la historia de Inglaterra y, por extensión,
en el desarrollo de los sistemas legales occidentales. Firmada bajo la
presión de los barones, esta carta limitó el poder del rey Juan Sin Tierra,
garantizando ciertos derechos y estableciendo que ni el monarca estaba
por encima de la ley. Aunque inicialmente fue un acuerdo entre la nobleza
y la Corona, la Carta Magna se convirtió en un símbolo de los principios de
justicia y libertades individuales. Su promulgación es una de las primeras
formas de cuestionamiento del poder frente a la monarquía y es
considerada la más importante de la época sobre otras del mismo cariz.
Es sin duda un hito muy importante en la historia legislativa de Inglaterra,
país conocido por su historia por la participación del pueblo en los asuntos
estatales y pionera en limitar el poder absoluto.
Práctica 2.
Nos encontramos frente a una imagen correspondiente a un mapa de
carácter político, que aunque no cuente realmente con todas las
características definitorias para serlo, para una mayor comprensión lo
identificaremos como un mapa. En este caso encontramos una
representación de la Europa central dividida en 3 colores. Estos colores
representan la división del imperio carolingio tras la muerte de Ludovico
Pío, hijo de Carlomagno, siendo su elaboración correspondiente a nuestra
época.
Como hemos comentado anteriormente, el mapa está dividido en 3
colores diferentes. Estos representan los territorios obtenidos por cada
uno de los descendientes de Ludovico Pío: Lotario I fue nombrado
emperador y recibió territorios en Italia y el centro del imperio; Luis
obtuvo Germania, y Carlos el Calvo, los territorios que corresponden a la
actual Francia. Dicha división se plasmará en lo que conocemos como el
Tratado de Verdún del año 843. Este se hace efectivo en el año 843 y
tiene su origen debido a las continuas guerras sucesorias que estaban
ocurriendo en el seno de la monarquía francesa entre los tres hermanos
para zanjar quién detentaba el poder. Esta división que observamos era
frecuentre en la tradición franca, dividiendo los territorios entre sus hijos
en caso de tener más de un heredero.
Aunque la figura imperial siguiera presente, la disgregación del Imperio
Carolingio terminó por hacerse efectiva, pues de facto eran reinos
independientes y gobernados por los reyes en su correspondiente
territorio. Cabe destacar que si atendemos a la imagen, podemos
encontrar similitudes con los territorios franceses y alemanes que más
adelante se conformarían en los estados monárquicos que surgieron en la
Edad Media, dando pie a la conformación de la Europa Medieval tal y
como la conocemos.
Es de destacar que dicha división, como toda fragmentación, debilitó a
cada zona resultante del acuerdo. Paralelamente a ello, ocurren la
segunda oleada de las invasiones bárbaras. Esto hace que los reyes se
vean obligados a buscar ayuda en la nobleza del reino, dando pie a lo que
conocemos al sistema de vasallaje, en el que el noble presta servicio
hacia el rey a cambio de un beneficio, que normalmente solía ser de
carácter territorial. Esto resulta en un debilitamiento del poder real en
favor de la nobleza, llegando a tener una gran importancia en el territorio
que se le cedía e incluso cierto grado de independencia. Esto, al
relacionarlo con el mapa, muestra lo que son los inicios de la
fragmentación territorial de Europa, que comienza con la coronación de
Carlomagno en el año 800 y su unidad imperial europea y finaliza con una
multitud de territorio semi-independientes repartidos por toda Europa.
A modo de conclusión podemos establecer la gran importancia de este
documento, pues definiría el futuro de Europa tanto a corto plazo como a
largo plazo, geográficamente delimitando los territorios y definiendo
futuros reinos, socioeconómica y políticamente debido a la generación a
posterior de un sistema feudal e incluso religiosamente, pues la
religiosidad que estaba ligada a la unidad imperial, desapareció.