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Reyes I

El documento es un comentario teológico y literario sobre el Libro de Reyes, que busca ofrecer una lectura narrativa y fomentar la interpretación personal del texto bíblico. Se destaca la importancia de la unidad literaria y la intertextualidad con otros libros de la Biblia, así como la necesidad de un análisis crítico que no desvíe la atención del texto mismo. El autor, Pedro Zamora, expresa su agradecimiento a quienes han contribuido a su obra y espera que este comentario inspire a los lectores a profundizar en su fe.

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Reyes I

El documento es un comentario teológico y literario sobre el Libro de Reyes, que busca ofrecer una lectura narrativa y fomentar la interpretación personal del texto bíblico. Se destaca la importancia de la unidad literaria y la intertextualidad con otros libros de la Biblia, así como la necesidad de un análisis crítico que no desvíe la atención del texto mismo. El autor, Pedro Zamora, expresa su agradecimiento a quienes han contribuido a su obra y espera que este comentario inspire a los lectores a profundizar en su fe.

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01 - 11.

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Abreviaturas y siglas ............................................................................. 11

Abreviaturas de los libros bíblicos ...................................................... 17

Breve glosario ....................................................................................... 19

Transliteración del hebreo .................................................................. 20

Prólogo ................................................................................................. 21

Introducción ............................................................................................ 23
I. Enfoques básicos del comentario .......................................... 25
II. Reyes, la Historia Deuteronomista y sus autores .................. 27
III. El guión narrativo ................................................................... 31
IV. Fuentes de la narración .......................................................... 33
V. Claves de interpretación ......................................................... 36
VI. ¿Una teología del Libro profético de Reyes? ........................ 42
VII. El valor histórico del Libro profético de Reyes .................... 45
VIII. El texto del Libro profético de Reyes .................................... 51
IX. Formato del comentario ......................................................... 54
X. Comentarios al Libro de Reyes .............................................. 54

A. Ciclo del Reino Unido – Ciclo de Salomón (1 Re 1–11) ....................... 57


AA. Introducción al Ciclo de Salomón (1 Re 1–2) ..................... 61
11. Últimos días de David (1 Re 1,1–2,12) ........................... 62
12. Consolidación del trono (1 Re 2,13-46) ......................... 84
AB. Informes sobre el reinado de Salomón (1 Re 3,1–11,3) ...... 101
13. Primeros actos públicos de Salomón: su programa de
gobierno (1 Re 3,1-28) ..................................................... 102
14. Organización del reino (I): Israel y Judá (1 Re 4,1-20) 115
15. Organización del reino (II): los dominios siro-palesti-
nos (1 Re 5,1-14) .............................................................. 123
16. Relaciones internacionales y preparativos para la cons-
trucción del templo (1 Re 5,15-32) ................................ 133
17. Construcción del templo y otras obras civiles (1 Re 6–7) 144
18. La dedicación del templo (1 Re 8) ................................. 175
19. La segunda visión de Salomón y el templo (1 Re 9,1-9) 195
10. Informaciones de orden político-económico (1 Re
9,10–11,3) .......................................................................... 200
AC. Conclusión del Ciclo de Salomón ......................................... 221
11. Final fatal del Ciclo de Salomón (1 Re 11,4-45) ............ 222
01 - 11.044 10/8/11 11:07 Página 10

10 EL LIBRO DE REYES (I)

B. Ciclo de los Dos Reinos (1 Re 12 – 2 Re 17) ....................................... 241


BA. Ciclo de los primeros reinos independientes (1 Re 12–16) 245
12. El cisma: dos reinos y dos cultos (1 Re 12,1-33) ............ 246
13. El hombre de Dios de Judá y el profeta de Belén (1 Re
13,1-34)............................................................................... 263
14. Final de los dos primeros monarcas separados (1 Re 14) 278
15-16. Concatenación de sumarios regios de ambas monar-
quías (1 Re 15,1–16,28) .............................................. 295
BB. Ciclo del profeta Elías (1 Re 17,1 – 2 Re 2,18) ..................... 321
17. Relatos de sequía (I): Elías escondido (1 Re 17) ........... 324
18. Relatos de sequía (II): Elías reaparece en público (1 Re 18) 336
19. Relatos de sequía (III): Elías se refugia en el Horeb
(1 Re 19) ........................................................................... 362
Bß. Subciclo de Ajab (1 Re 20–22) ................................. 381
20. Ajab contra Benadad de Aram/Siria (1 Re 20) 383
21. Ajab y la viña de Nabot (1 Re 21) ..................... 407
22. El profeta Miqueas y la alianza hebrea contra
Aram. Sumarios regios de Josafat (Judá) y Oco-
zías (Israel) (1 Re 22,1-54) ................................. 424
23. Enfermedad de Ocozías y su condena por Elías (2 Re
1,1-18)................................................................................. 445
24. Elías, arrebatado por un torbellino: conclusión del Ci-
clo de Elías (2 Re 2,1-18) ................................................. 454
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PRÓLOGO

El presente comentario es parte de la colección Nueva Biblia Española.


Comentario teológico y literario, dirigida por José Luis Sicre, a quien agradezco
la confianza que ha puesto en mí invitándome a escribir el comentario
del último libro de la Historia Deuteronomista, a saber, el Libro de Reyes
(1–2 Reyes). Mi primer contacto a fondo con esta obra fue en 2003, pre-
parando el curso Reyes, la fuerza de la narración a impartir en la Facultad de
teología de la Universidad Pontificia Comillas. Como su título indica, su
enfoque es la lectura narrativa del Libro de Reyes, si bien no dejando en-
teramente de lado ni la tradicional lectura histórico-crítica ni tampoco la
lectura canónica desarrollada desde la década de los setenta. Desde ese
primer año, he de agradecer a todos mis estudiantes la seriedad con la que
han trabajado y lo mucho que han aportado al curso en general, y a mí en
particular. Sin duda, muchas de las observaciones, apreciaciones y enfo-
ques contenidos en este comentario han nacido en este curso.
También en él me he dado cuenta de que, debido a la elevadísima pro-
ducción exegética del último siglo y, más recientemente, a la mayor facili-
dad de acceso a esa producción vía Internet, los estudiantes de Biblia –su-
pongo que ocurrirá igual en otras materias– tienen que hacer frente a un
grave problema: el sentimiento de desorientación o de agobio que surge
ante la jungla de autores y de propuestas a cual más detallada, convincen-
te e ingeniosa. Ocurre, pues, con frecuencia que cuando estudian un tex-
to bíblico particular o un tema concreto, más que aprehenderlo se ven
obligados a recopilar la multitud de enfoques y propuestas de terceros,
perdiendo, en consecuencia, conocimiento directo del texto y de los te-
mas de fondo que este trata. De modo similar, uno tiene la impresión de
que muchos comentarios bíblicos especializados se interesan más por re-
copilar las grandes aportaciones –y no tan grandes– hechas hasta el mo-
mento que por comentar a fondo y extensamente el texto mismo y los
principales temas que comporta para el lector de ayer y de hoy. Siendo to-
davía estudiante, me sentí perdido durante la preparación de un examen
sobre la profecía bíblica en el que tenía que demostrar dominio de toda
su historia de interpretación crítica y, además, exponer una postura per-
sonal sobre dicha profecía. Compartiendo mi inquietud con quien había
de ser mi examinador, me dijo literalmente: «El texto siempre estará ahí».
Obviamente, por «texto» quería decir el «texto de las Escrituras». Es decir,
cualesquiera que fueran las teorías que estudiara, finalmente mi conclu-
sión personal tenía que hacerla yo solo frente al texto bíblico.
Acorde con ello, mi propósito principal no es ofrecer interpretaciones
cerradas y definitivas que se midan con las de otros autores. Obviamente,
en la medida que ofrezco mi interpretación personal, sí estoy haciendo mi
propia contribución, que se sumará a la jungla de propuestas. Pero en to-
do momento he procurado mostrar que la exégesis de un texto dado con-
siste más en un arte que valora sus tonos y sus acordes que en una ciencia
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22 EL LIBRO DE REYES (I)

que los reduce a una explicación última (por más que la pericia científica
es esencial para dicho arte). Por ello, mi propósito es alentar al lector a
buscar siempre su propio descubrimiento en el texto. En mi opinión, este
–sobre todo el que toma forma nítidamente narrativa, como es nuestro ca-
so– ha sido compuesto deliberadamente para estimular la actividad exe-
gética del lector y no tanto para ofrecer respuestas definitivas y cerradas a
preguntas puntuales. Por tanto, espero que mi comentario no solo ofrez-
ca respuestas al lector que busca información concreta sobre el Libro de
los Reyes, sino que además le sirva de acicate para volver por su cuenta al
texto de dicho libro, que siempre será un mundo por descubrir. Este co-
mentario pasará... mas «el texto siempre estará ahí».
Quiero expresar mi más profunda gratitud a la Comisión Permanente
de la Iglesia Evangélica Española, y en particular a su presidente, D. Joel
Cortès, por haberme concedido, a pesar de las dificultades económicas de
estos años, un tiempo sabático que me ha permitido plasmar en este co-
mentario mis ideas y estudios sobre el Libro de los Reyes. Este tiempo sa-
bático ha comportado que otros hayan asumido tareas mías, muy espe-
cialmente el profesor Jonathan Rowe, director del Seminario Evangélico
Unido de Teología (SEUT), a quien agradezco enormemente su decidido
apoyo. Finalmente, decir que debo mucho a mis alumnos de la Universi-
dad Pontificia de Comillas y de SEUT. Les dedico esta obra, con la espe-
ranza de que contribuya siquiera un poquito a la profundización de su fe
–y la de todo lector– en el Señor de la historia.
Pedro Zamora
El Escorial, 30 de noviembre de 2010
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INTRODUCCIÓN
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 25

I. ENFOQUES BÁSICOS DEL COMENTARIO

El carácter del Libro de Reyes es eminentemente narrativo, esto es, es-


tá dominado por el relato de acontecimientos particulares ubicados en un
período histórico concreto en el que cobran un papel protagonista las ac-
ciones de determinadas figuras. Y el conjunto de acontecimientos narra-
dos configura una gran unidad literaria que es coherente dentro de su
propia lógica. No sabemos con certeza si esta nace de una escuela de es-
cribas o de la creación de un autor, pero en todo caso nosotros asumimos
que esta unidad histórico-literaria es resultado de la combinación de una
labor de recopilación del acervo de Israel y de otra de creación. Por esta
razón, nuestro comentario emplea de modo intensivo el análisis narrativo
(narratología), con el propósito de conseguir que el lector palpe la textu-
ra del material que va a interpretar. Sin duda, la narración integra en su
seno multitud de géneros literarios mayores o menores, pero nosotros he-
mos preferido prestarles atención solo en la medida que sirven a la arti-
culación de la unidad narrativa que ahora constituye esta obra. Por otro
lado, esta es más que una unidad literaria, ya que también se muestra co-
mo parte de una colección literaria más amplia. Por supuesto, es parte de
una colección que denominamos Sagradas Escrituras, de las que resuenan
muchos ecos, unos casuales y otros claramente deliberados, lo cual en-
marca el proceso de interpretación. Los especialistas hablan de intertex-
tualidad, pero la intertextualidad de Reyes remite sobre todo a la Torá o
Ley deuteronómica (Libro del Deuteronomio) y a los libros –también na-
rrativos– de Josué, Jueces y Samuel. En efecto, hay una patente transver-
salidad de patrones léxicos, temáticos y tipológicos entre estos libros, lo
que milita a favor de considerarlos una colección distintiva dentro de las
Escrituras. Los especialistas la denominan Historia Deuteronomista (HD,
cf. infra, II). Dada, pues, esta particular intertextualidad, prestaremos es-
pecial atención a aquellas resonancias que consideremos deliberadas, esto
es, con un propósito concreto. A este respecto, se podría decir que la HD
es un «canon» en la medida que no se trata de una mera recopilación de
textos, sino de una colección articulada conforme a criterios religioso-
literarios, entre los cuales opera ya un primigenio criterio de libro-revelación
(cf. Römer y Vermeylen). Este tipo de análisis exegético es denominado
lectura canónica.
Por último, es obvio que el Libro de Reyes narra lo que podemos de-
nominar la historia de la monarquía de Israel (cf. infra, VII). El carácter
pretendidamente histórico de la narración se percibe sobre todo en los Li-
bros de Samuel y Reyes, donde la elaboración legendaria de lo narrado y
las valoraciones netamente teológicas son mucho más circunspectas que
en el resto de la colección. Es decir, el Libro de Reyes pretende ofrecer
una visión sobre la historia de dicha monarquía. Por ello, nuestro análisis
histórico-crítico busca entender la visión histórica detentada por el propio li-
bro. Sin embargo, no es nuestro propósito debatir sobre la historicidad de
dicha visión. Esta diferencia es importante, ya que una investigación his-
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26 EL LIBRO DE REYES (I)

toricista nos obligaría a postular hipótesis histórico-críticas a las que, de


entrada, nos resistimos a concederles un lugar preeminente en nuestra in-
terpretación porque distraerían nuestra atención del texto hacia hipótesis
de reconstrucción del mismo. Por el contrario, nuestro deseo es realzar el
valor del texto mismo, de modo que las reconstrucciones literarias (hipó-
tesis sobre la formación del texto) o históricas (hipótesis sobre la historia
que subyace al texto mismo) no determinen su interpretación. Creemos
firmemente en la necesidad del estudio crítico-literario e histórico del tex-
to bíblico, pero también estamos persuadidos de que un comentario debe
conseguir, ante todo, que el lector palpe la textura del material con el que
está trabajando. Y esto no sería posible si tuviéramos que partir desde una
hipótesis crítico-literaria e histórica concreta que predeterminara nuestra
interpretación del texto.

Bibliografía

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05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 27

INTRODUCCIÓN 27

VERMEYLEN, J., «L’école deutéronomiste aurait-elle imaginé un premier canon des


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II. REYES, LA HISTORIA DEUTERONOMISTA


Y SUS AUTORES

Tanto la tradicional lectura histórico-crítica como las lecturas narrativa


y canónica ponen de manifiesto la existencia de una colección cohesiona-
da sobre todo por la explícita vinculación de cada uno de sus libros a la
Torá deuteronómica (Libro de Deuteronomio), aun cuando cada libro
particular (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) guarde rasgos propios. Entre los
elementos de Deuteronomio que juegan un papel más relevante en la HD,
y propiamente en Reyes, contamos los siguientes:
• Centralidad del culto (Dt 12). Este tema arranca con Salomón (1 Re
3,2) y será clave tras la división de la monarquía unida (12,26-33), ya que
todas las dinastías de Israel (Norte) serán sistemáticamente censuradas
por dividir el culto y no por dividir la monarquía. A partir de ahí, prácti-
camente todos los reyes del Norte cometieron los mismos «pecados de Je-
roboán» (@a††ø´w® yoro√`åm, v.g. 1 Re 16,31; 2 Re 3,3; 10,29; 17,22) y andu-
vieron por el «camino de Jeroboán» (dereƒ yoro√`åm, v.g. 1 Re 15,34; 22,52).
• Culto yahvista exclusivo/Unicidad de Dios. Paralelo a la centralidad cul-
tual, Deuteronomio promulga la destrucción del culto no yahvista (v.g.
12,2-3). Reyes aplica este criterio contra todos los lugares de culto deno-
minados «altozanos» (båmô®) 1 por considerarlos ajenos al templo de Jeru-
salén, ya sea en Israel o en Judá (v.g. 1 Re 12,31; 14,23; 22,43; 2 Re 12,3).
Tal exclusividad cultual es, en realidad, expresión del Dios único.

1
Este vocablo nunca aparece en Deuteronomio, si bien sí está implícito en 12,2.
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28 EL LIBRO DE REYES (I)

• La parénesis de obediencia a la Torá. Se trata de una fraseología pare-


nética sobre la obediencia de la Torá, típica de Deuteronomio, que está
presente en Reyes tanto en secciones que contienen un discurso deutero-
nomista (v.g. 1 Re 2,3-4; 6,11-13; 2 Re 17,13-17) como en sentencias breves
dispersas por el libro (v.g. 1 Re 13,21; 18,18; 2 Re 18,6). Tanto los discur-
sos como las sentencias pueden aparecer en boca de un personaje o bien
como glosa del narrador.
Dada esta presencia de Deuteronomio en los Profetas Anteriores, se ha
dado en llamar Historia Deuteronomista (HD) a dicha colección. Sin em-
bargo, una vez identificado este rasgo transversal en estos libros, caben mu-
chas hipótesis respecto a la historia de su composición, su propósito y su au-
tor o sus autores. El principal proponente de la HD, Martin Noth, la
consideró una composición de autor; este, en torno al 550 a.C., habría re-
copilado material antiguo estructurándolo sobre el discurso y la teología
deuteronómica, resultando una obra muy cercana al texto actual, que po-
dría haber sido posteriormente sometida a una revisión redaccional que le
daría la forma actual. A partir de esta tesis, han surgido otras que postulan
una composición más compleja, de doble o triple redacción. Ciñéndose por
ejemplo al propio dato bíblico, es fácil suponer que el «descubrimiento» de
la Torá narrado en 2 Re 22–23, que sin duda remite al libro de Deuterono-
mio, conlleve una revisión histórica elaborada por la corte de Josías, esto es,
apunte a la primera redacción de la HD, si bien el alineamiento ideológico
de Josías con Ezequías hace pensar a algunos autores que ya habría una pri-
mera revisión histórica de tipo deuteronomista desde los tiempos de este
rey, cuyo germen serían los escribas, profetas y sacerdotes llegados a Judá de
la Samaría invadida por Asiria el año 722. En cualquier caso, todas las hi-
pótesis propuestas pasan necesariamente por tomar en serio lo que se de-
duce del final de Reyes, a saber, que la HD ha recibido su forma definitiva
en el exilio (siglo VI) o incluso en plena época de la restauración (siglo V).
José Luis Sicre ha hecho un estudio completo del tema, al que remitimos al
lector interesado en conocer el estado actual del debate sobre la HD.
Es común encontrar comentarios que ligan la interpretación del Libro
de Reyes a una hipótesis particular sobre la composición de la HD. Noso-
tros, sin embargo, huimos de este proceder, pues creemos que es más ca-
bal interpretar el texto sin dependencia alguna de hipótesis tan perfiladas
–y por tanto cerradas– y también tan debatidas. No obstante, sí hay que
asumir la realidad de una composición mínimamente compleja, que por
otro lado viene avalada por la propia obra, interesada en presentar su uso
de diversas fuentes histórico-literarias (cf. infra, IV). Pero en lugar de con-
siderar que el autor o los autores son escribas de teología deuteronomista
que tienen la última palabra, es decir, que fijan el mensaje de la obra con-
forme a los juicios y sentencias deuteronomistas, postulamos que las mar-
cas deuteronomistas son parte de las fuentes manejadas por quienes die-
ron su forma actual a la obra, lo cual significa que la interpretación
«última» de esta no la da el contenido deuteronomista, sino el contraste
–con frecuencia muy tenso– entre este y la narración misma. Basamos es-
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INTRODUCCIÓN 29

te enfoque tanto en el gran respeto que se observa por las fuentes recibi-
das (las mencionadas por el libro mismo y las identificadas por la crítica
literaria), bastante diversas en su contenido y no siempre fácilmente ar-
monizables 2, como en el nulo esfuerzo por integrar tersamente en ellas el
contenido deuteronomista. Aunque el discurso deuteronomista juega el
papel narrativo de «explicar» el relato histórico, lo cierto es que su rígida
forma, que recorre transversalmente la obra, suscita más reflexión (inter-
pretación) que aclaración. Y esto apunta más a una labor de escribas intere-
sados en el material per se (cf. Seters y Toorn) que a escuelas altamente ideo-
lógicas, como se presenta con frecuencia a la «escuela deuteronomista».
Por eso, como veremos más adelante (cf. infra, V), creemos que quienes
han dado forma a la actual HD se sirven de la historia narrada –y muy par-
ticularmente de Reyes, en tanto que conclusión de la colección– para ha-
cer de la Torá un texto abierto a su interpretación desde la historia, que
es lo mismo que afirmar que la Torá es la referencia última de Israel más
allá de la coyuntura histórica, incluyendo la posesión de la tierra y la exis-
tencia de instituciones político-religiosas. No resulta por tanto extraño,
que el discurso netamente deuteronomista adquiera mayor presencia en
Reyes que en Samuel y Jueces, como muestra la estadística sobre algunos
de sus vocablos clave:
• mi∂wåh (mandato): Dt: 39x; Jos: 2x; Jue: 2x; 1–2 Sm: 1x; 1–2 Re: 20x.
• @øq (decreto): Dt: 21x; Jos: 1x; Jue: 2x; 1–2 Sm: 1x; 1–2 Re: 6x.
• mißpå† (derecho): Dt: 36x; Jos: 3x; Jue: 3x; 1–2 Sm: 12x; 1–2 Re: 25x.
• ßåmar (observar/guardar): Dt: 64x; Jos: 10x; Jue: 7x; 1–2 Sm: 26x; 1–2
Re: 41x.
• hålaƒ (andar) + Dereƒ (camino): Dt: 17x; Jue: 7x; 1–2 Sm: 14x; 1–2 Re:
38x.
Nuestro repaso de la HD se ha centrado en el papel que el canon he-
breo le otorga como marco hermenéutico de la Torá deuteronómica. Pe-
ro este papel también viene a confirmar lo que la crítica histórico-literaria
ya ha puesto de manifiesto: que tanto esta como aquella se fueron gestan-
do a lo largo del período monárquico. Y de todo ello deducimos que el in-
terés del canon es poner de manifiesto que esta gestación previa es la que
sirvió para superar la crisis del exilio. Dicho de otro modo, si tanto la To-
rá deuteronómica como la HD fueran una creación ex novo del exilio, di-
fícilmente se habría podido superar dicha crisis.
Subyace a este repaso sobre la HD una pregunta: ¿quién fue el autor o
quienes fueron los autores de esta obra? Como nos enseña la crítica narra-
tiva, deducir al autor real desde su propia obra y sin datos externos feha-

2
Comparada con la obra del Cronista, especialmente 1–2 Crónicas, la HD muestra ope-
rar más sobre unos criterios inclusivos de la tradición, esto es, interesados en la herencia his-
tórico-literaria per se, recibida y organizada como testimonio de la historia de Israel, que en
ofrecer una interpretación ya cerrada de dicha historia, como hace el Cronista.
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30 EL LIBRO DE REYES (I)

cientes es muy aventurado. Es más acertado deducir el autor implícito. Con


todo, sí se hace necesario cierto grado de conjetura, al menos respecto al
posible perfil del autor real. La HD supone una revisión de la historia de
Israel desde la perspectiva del profetismo yahvista exclusivista, como la pre-
sentada por Oseas (cf. esp. capítulos 9–13). La conciencia y el conoci-
miento históricos, por tanto, descuellan en la obra: toda la HD describe
con grandes visos de verosimilitud histórica –no necesariamente plena ve-
racidad histórica– un amplio proceso de evolución socio-política que abar-
ca los principales estamentos hebreos. Dado pues el tono hipercrítico de
esta revisión contra toda forma de autoridad institucional, deducimos una
sólida base social laica, que habría transmitido su visión y revisión histórica
al margen de los círculos estrictamente cortesanos; será esta base la que,
consciente o inconscientemente, preparará al pueblo para el exilio, sobre-
viviendo a lo largo de este mucho mejor que los sectores más dependien-
tes de la corte. Pero, dicho esto, es difícil definir mucho más. Quizás se pue-
da especular que un sacerdocio de más bajo perfil sacramental que en el
resto del APO pudo formar parte de dicha base laica. Por un lado, parece-
ría lógico, ya que el sacerdocio se repuso en el exilio y condujo el destino
del yahvismo en los siglos posteriores. Además, en la HD apenas juega pa-
pel alguno: no es fustigado duramente, quizás porque, como muestra la
propia HD, estaba supeditado al monarca (v.g. Salomón y Jeroboán). Por
otro lado, la compleja composición de la HD (cf. infra, IV y V) pone de ma-
nifiesto la participación de un elemento culto. Por todo ello, parece más
cabal hablar de un movimiento yahvista diverso en composición social, pe-
ro por eso mismo muy arraigado en la sociedad hebrea (en la «sociedad ci-
vil», diríamos hoy día) y muy cohesionado ideológica e intelectualmente
sobre su yahvismo, su comprensión de los orígenes de Israel y su rol na-
cional e internacional. Sus héroes preferidos, los profetas, representarían
esta procedencia diversa, como vemos en el rechazo de toda vinculación
«oficialista» de figuras como Amós (7,14-15), Elías y su abrupta aparición
en escena (1 Re 17,1) o en Eliseo y su trasfondo campesino (19,19-21). Sin
duda, este movimiento cobraría auge durante el período monárquico, ba-
jo el cual alcanzaría un alto grado de estructuración, como pondría de re-
lieve su capacidad para transmitir su revisión histórica al margen de la cor-
te. De hecho, al tener su base en el Norte, ya habría experimentado un
primer exilio tras la caída de Samaría el año 722 y se habría hecho fuerte
en Judá, donde alcanzaría gran influencia en la corte en períodos concre-
tos, como por ejemplo los asociados con los reyes (2 Re 18–20) y Josías
(22–23), y como muestra la extensa influencia de la familia del alto oficial
Safán (22; 25,22; Jr 26,24; etc.). Pero no habría perdido nunca su raíz «ci-
vil», que le daba gran independencia de las instituciones particulares.

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INTRODUCCIÓN 31

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III. EL GUIÓN NARRATIVO

El Libro de Reyes es una narración que abarca la historia del Reino de


Israel desde la vejez del rey David hasta la destrucción del Templo de Je-
rusalén por Babilonia y la posterior amnistía a favor del rey Jeconías (Joa-
quín). Es decir, la narración entera abarca, aproximadamente, desde el
año 970 hasta el 560. Podríamos decir, por tanto, que el Libro de Reyes es
la historia del Reino de Israel presentada en forma de narración según
una lógica histórica imbricada en ella. Tal lógica histórica se halla como
esbozada en un hilo conductor o guión del libro que se descubre en la im-
portancia concedida a determinadas figuras y determinados episodios:
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 32

32 EL LIBRO DE REYES (I)

Cuadro 1

Ciclos del libro Período aprox.


A. Ciclo del Reino unido-Ciclo de Salomón (1 Re 1–11) 971-931 3

AA. Introducción al Ciclo de Salomón (1 Re 1–2)


AB. Informes sobre el reinado de Salomón
(1 Re 3,1–11,3)
AC. Conclusión del Ciclo de Salomón (1 Re 11,4-45)
B. Ciclo de los Dos Reinos (1 Re 12 – 2 Re 17) 931-724
BA. Ciclo de los primeros reinos independientes
(1 Re 12–16)
BB. Ciclo del profeta Elías (1 Re 17–2 Re 2,18)
Bb. Subciclo de Ajab (1 Re 20–22)
BC. Ciclo del profeta Eliseo (2 Re 2,19–13,25)
Bg. Subciclo del rey Jehú (2 Re 9–10)
BD. Ciclo de varios reyes anteriores a la caída de
Samaría (2 Re 14–17)
C. Ciclo del Reino superviviente: Judá (2 Re 18-25) 724-562
CA. Ciclo del rey Ezequías (2 Re 18-20)4
CB. Ciclo del rey Manasés (2 Re 21)
CC. Ciclo del rey Josías (2 Re 22–23)
CD. Ciclo de los últimos reyes (2 Re 24–25)

Dicho sea de paso, este hilo conductor por ciclos articula el presente
comentario al Libro de Reyes. Una somera observación sobre la propor-
cionalidad entre el conjunto de la obra y el espacio dedicado a los prota-
gonistas y los episodios pone de manifiesto que:
• De los cuatrocientos diez años de historia abarcada en cuarenta y sie-
te capítulos y tres ciclos fundamentales, solo ocho capítulos (el diecisiete
por ciento) tratan el último ciclo, que sin embargo comprende unos cien-
to sesenta y dos años (el cuarenta por ciento).

3
Este ciclo arranca en 2 Sm 5 con la coronación del rey de Judá, David, también como rey
del Norte (Israel), pero aquí tomamos en consideración solo la sección del Libro de Reyes.
4
Algunos autores consideran que los capítulos 19–20 de este ciclo conformarían un Sub-
ciclo de Isaías. Sin embargo, creemos que las intervenciones de este profeta están tan imbri-
cadas con las del rey Ezequías, que no merecen un tratamiento independiente.
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INTRODUCCIÓN 33

• De los cuarenta y un reyes hebreos mencionados en la obra, cobran


protagonismo solo siete, destacando Salomón con bastante diferencia.
• Dos extensos ciclos proféticos (Elías y Eliseo) se entrelazan con los
reyes en el seno de la obra (1 Re 17–2 Re 13), aunque, salvo el primer Ci-
clo del Reino unido, los dos ciclos siguientes están moteados de interven-
ciones proféticas relevantes aparte de Elías y Eliseo, equilibrando por
completo la presencia profética y regia.
• Los principales protagonistas, con gran diferencia del resto, son re-
yes y profetas, lo que apunta a que el enfoque de la historia narrada se
centra en la acción regia sujeta a su evaluación profética.
No encontramos, pues, en esta colección un repaso exhaustivo de los
reyes de Israel, sino el entrelazado de una selección de episodios concer-
nientes a reyes y profetas, operando a modo de guión histórico del período
monárquico de Israel.

IV. FUENTES DE LA NARRACIÓN

No sabemos si la mencionada selección de protagonistas y eventos de-


pende en buena medida de una limitada disposición de fuentes o, por el
contrario, de un criterio muy restrictivo aplicado sobre un amplio catálo-
go de fuentes. Lo que sí sabemos es que el narrador –asumimos por ne-
cesidad la figura de un narrador que no se presenta a sí mismo– quiere
que pensemos que ha utilizado fuentes de información completas, ya que
cita las siguientes:
• «Los anales de Salomón» (sæ…er di√rê ß elømøh). Esta fuente se cita solo
en 1 Re 11,41;
• «Los anales de los reyes de Israel» (sæ…er di√rê hayyåmîm lemalƒê yi≈rå´æl,
el libro de los hechos de los días de los reyes de Israel). Se citan dieciocho
veces a lo largo de la narración 5. En la reseña regia (o sumario regio) que
cierra la historia de cada rey de Israel, se cita esta fuente, salvo en el caso
de Jorán (cf. 2 Re 8,24-26) y Oseas (cf. 2 Re 17,1-6).
• «Los anales de los reyes de Judá» (sæ…er di√rê hayyåmîm lemalƒê yehû∞åh,
el libro de los hechos de los días de los reyes de Judá). Son citados dieci-
séis veces 6, también en las reseñas regias/sumarios regios de cada rey, sal-
vo en cinco casos: Ocozías (2 Re 8,25-29), Atalía (2 Re 11,15-20), Joacaz (2
Re 23,31-35), Jeconías (2 Re 25,27-30) y Sedecías (2 Re 25,6-7).

5
1 Re 14,19; 15,31; 16,5.14.20.27; 22,39; 2 Re 1,18; 10,34; 13,8.12; 14,15.28;
15,11.15.21.26.31.
6
1 Re 14,29; 15,7.23; 22,46; 2 Re 8,23; 12,20; 13,12; 14,15.18.28; 16,19; 20,20; 21,17.25;
23,28; 24,5.
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 34

34 EL LIBRO DE REYES (I)

El narrador insinúa que ha consultado solo estas fuentes, pero nunca


hace explícito cuánto ha bebido de ellas. Eso sí, remite al lector a consul-
tarlas sobre los temas siguientes:
• lit. «(todo) lo que hizo» ([ƒol]-´œßer `å≈åh) tal o cual rey:
Israel: 1 Re 15,31; 16,5.14.27; 22,39; 2 Re 1,18; 10,34; 13,8.12
[// 14,15]; 14,28; 15,21.26.31.
Judá: 1 Re 14,29; 15,7.23; 2 Re 8,23; 12,20; 15,6.36; 16,19; 21,17.25;
23,28; 24,5.
• lit. «sus hazañas» (ge√ûrå®ô) de un rey particular:
Israel: 1 Re 16,5.27; 2 Re 10,34; 13,8.12 [// 14,15]; 14,28.
Judá: 1 Re 15,23; 22,46; 2 Re 20,20.
• lit. «la conspiración en la que participó» (qißrô ´œßer qåßår) un rey de-
terminado:
Israel: 1 Re 16,20, 2 Re 15,15.
• lit. «cómo guerreó» (´œßer nil@am) tal rey:
Israel: 1 Re 14,19; 2 Re 14,28.
• lit. «[...] que construyó» (´œßer bånåh) tal rey:
Israel: 1 Re 15,23; 22,39)
Judá: 1 Re 15,23; 2 Re 20,20 (emplea `å≈åh en lugar de Bånåh).
• lit. «su pecado que él cometió» (@a††å´tô ´œßer @å†å´) tal rey:
Judá: 2 Re 21,17.

Con estas referencias, el narrador remite a una consulta fundamen-


talmente sobre la historia político-militar de los reinos de Israel y Judá. Es
lo que corresponde al género «Anales», cuyo contexto vital (Sitz im Leben)
era el círculo de escribas cortesanos que narraban las gestas y hazañas del
rey de turno. Al citar fuentes sobre este aspecto de la historia, se impri-
me sin duda un carácter histórico a la obra (a la manera pre-crítica, cla-
ro está). Pero, a la par, se informa al lector de que para la lectura princi-
palmente político-militar de la historia de los reinos de Israel y Judá deben
ser consultadas otras fuentes más adecuadas, seguramente propias del
entorno cortesano y/o escribanil más o menos oficial. Nos da igual en
nuestro comentario si tales fuentes eran ficticias o reales, o un poco de
todo, pues lo que importa es la función que cumplen en el Libro de Re-
yes, a saber: remitir a esas fuentes externas al lector interesado solo en in-
formación político-militar, que es lo mismo que avisarle de que aquí en-
contrará «otra cosa». ¿Qué cosa? La respuesta nos la proporciona la
siguiente pista: el narrador cita explícitamente fuentes solo para los rela-
tos sobre los reyes, pero no menciona otras equivalentes para el material
profético, que, sin embargo, compite en presencia con los reyes. La críti-
ca literaria ha puesto de manifiesto que necesariamente la composición
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 35

INTRODUCCIÓN 35

de la obra requería, al menos, otras dos importantes fuentes: una para el


material profético y otra para el Templo de Jerusalén. El silencio narrati-
vo sobre ellas, sin embargo, puede reflejar tanto una enorme dispersión
de tal material como un ámbito de transmisión en círculos estrictamente
proféticos o, en cualquier caso, en círculos muy críticos con la corte que
emplearían, quizás, la transmisión oral para evitar la censura cortesana,
si bien finalmente dicho material sería incorporado a Reyes a modo de
«crónica oficial» de la monarquía. Pero también creemos que este silen-
cio juega realmente un papel narrativo y teológico, a saber: presentar al
Libro de los Reyes también como composición propiamente profética.
Dicho de otro modo, es una obra de consulta obligada para quien quie-
ra conocer la profecía desde una óptica narrativa (histórica) y, por tanto,
distinta a la colección de Profetas Posteriores caracterizada por la reco-
pilación de oráculos organizados sobre una mínima ilación histórico-na-
rrativa. No es extraño, pues, que los maestros judíos clasificaran la obra
como parte de los Profetas Anteriores (Josué, Jueces, Samuel y Reyes) y
que la tradición judía reflejada por el Talmud (cf. b. B. Bat. 14b-15a) atri-
buyera su autoría al profeta Jeremías. Esta misma tradición talmúdica ti-
tula la obra sæ…er melåƒîm (Libro de Reyes), que es el título que se ha im-
puesto finalmente en las tradiciones judía y cristiana. Sin embargo, lo
consideramos relativamente engañoso, ya que se corresponde más con
las fuentes citadas (los «anales de Israel/Judá») que con el verdadero ca-
rácter profético de la obra. Por ello, quizás fuera más adecuado titularlo
Libro Profético sobre los Reyes de Israel. Y, en efecto, una lectura inicial
–e incluso somera– de la obra nos revelará que se presenta como una na-
rración de la historia de Israel con el acento puesto sobre la relación críti-
ca entre los reyes y los profetas de Israel. Así, de todos los ciclos de la obra, so-
lo el de Salomón refleja una consulta sistemática e intensa de fuentes
palatinas, y quizás por ello no aparece en él profeta alguno (Salomón
nunca recibe oráculo profético y la actuación de Natán en 1 Re 1–2 es más
propia de la intriga cortesana que de la acción profética). Pero el resto
de los ciclos está o bien salpicado de intervenciones proféticas o bien se
ocupan por entero de algunos profetas (v.g. Elías y Eliseo), alejándose de
este modo del estilo registral del Ciclo de Salomón, salvo en ocasiones que
descuellan aquí y allá. Así pues, el entrelazado narrativo de relatos sobre
reyes con relatos sobre profetas no áulicos es el que realmente articula
el guión de la exposición histórica de Israel, que es lo mismo que decir
que es el que genera su mensaje. Y este es claramente de evaluación profé-
tica respecto a la monarquía de Israel. Por tanto, es obligado tomar con-
ciencia de este enfoque, ya que está presente en todos los relatos del Li-
bro Profético sobre los Reyes, incluso en aquellos de textura más factual
o registral, como sería, por ejemplo, la extensa lista de elementos deco-
rativos del Templo de Jerusalén (cf. 1 Re 7,13-50). Hemos de suponer
que este enfoque evaluador de la obra tendría gran valor para los desti-
natarios que conocieran las fuentes citadas –si es que fueran reales–, ya
se tratara de unos reducidos estratos escribaniles o de ámbitos más po-
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36 EL LIBRO DE REYES (I)

pulares. Por desgracia, hoy por hoy no contamos con un solo rastro del
contenido de estas fuentes.
No queremos abandonar esta sección sin señalar, aunque sea un dato se-
cundario, que la cita explícita de fuentes marca una importante diferencia
con los libros anteriores de la HD, esto es, con el Libro de Samuel, en pri-
mera instancia, y también con los libros de Jueces y Josué, donde solo se ci-
ta una fuente y de modo esporádico, esto es, sin presentarla como base de
toda la obra: sæ…er hayyåßår, que literalmente se traduce por «El libro del Jus-
to» (cf. Jos 10,13; 2 Sm 1,18), si bien se suele traducir, debido a razones fi-
lológico-exegéticas, por «Los cantares de gesta». Así, al mencionar sistemá-
ticamente el Libro de Reyes unas fuentes antes desconocidas y, sobre todo,
al encontrarse con una sección –el Ciclo de Salomón– plenamente coherente
con lo que sí parece una consulta intensa de su fuente, quien leyera de co-
rrido toda la HD recibiría la impresión no solo de un simple avance en la
cronología de Israel, sino de un verdadero cambio de paradigma que in-
cluso se plasma en el contraste entre las texturas de los libros. Por ejemplo,
Samuel se caracteriza por relatos más personalistas de sus protagonistas (Sa-
muel, Saúl, Jonatán, David, etc.) y, por tanto, por ser más genérico en datos
de contexto histórico; también se echa en falta en estos libros un contexto
más internacional. En cuanto a Jueces, es fácil captar un sabor muy popular
y próximo a la saga característica del Libro del Génesis. Y respecto a Josué,
sobresale la artificiosidad (en sentido estrictamente histórico-literario) de
sus episodios dominantes (Paso del Jordán, Jericó, Reparto de la tierra y Dis-
curso deuteronomista). En este sentido, la separación entre Reyes y Samuel
responde bien a cierto criterio histórico-literario.

V. CLAVES DE INTERPRETACIÓN

V.1. Agregación de unidades

De la mención real o ficticia de fuentes se desprende otra conclusión


importante para la comprensión de la obra, a saber: se insinúa que la com-
posición está basada en la selección y agregación de material más o menos
extenso. La lectura somera de la obra confirma que no se trata de una ex-
posición fluida, sino de una yuxtaposición de relatos cortos –con excep-
ciones–, unas veces engarzados con nexos explícitos, pero otras sin nexo
aparente. Y ya hemos visto que el contenido deuteronomista también crea
tensión con el material narrativo (cf. supra, II). De igual manera que las
colecciones de los Profetas Posteriores recopilan la mayor parte de orácu-
los proféticos en agregación paratáctica, esto es, en yuxtaposición (para-
taxis) de los oráculos sin engarces o nexos explícitos entre unos y otros,
así nuestro libro profético sobre los Reyes presenta multitud de relatos es-
tructurados apenas por una cronología marcada por la sucesión de reyes,
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INTRODUCCIÓN 37

pero sin que se perciban engarces explícitos que expliquen la relación di-
recta entre sí. Long (cf. infra, X) aplica con buen criterio los estudios lle-
vados a cabo sobre la parataxis arcaica de la obra de Heródoto. Aquella de-
be ser entendida como «una composición elaborada con unidades
independientes de desigual extensión organizadas en series» (p. 19). Por
esta razón, tanto Heródoto como el autor del Libro de Reyes deben ser
considerados verdaderos autores y no meros compiladores, pues la para-
taxis arcaica tiene su propio criterio de estructuración de una obra histó-
rica, que «no es ni cronológico ni dramático –ascenso hacia un clímax–,
sino analógico» (p. 21). En Reyes hay, sin duda, un soporte cronológico
mínimo: la sucesión de los reyes de Israel y de Judá, articulada sobre las
reseñas regias/sumarios regios. Pero a partir de ahí los relatos se relacio-
nan entre sí por muy distintos tipos de asociación, que pueden ir desde la
simple asociación léxica (solapado de vocablos idénticos o sinónimos)
hasta la asociación temática. Una obra así no requiere un hilo conductor
climático, esto es, no necesita crear un clímax narrativo para el conjunto
de las unidades (aunque sí suele haberlo en las propias unidades), lo que
permite al narrador conservar la diversidad de factores presentes en las
unidades recibidas (sean orales o escritas). Por lo general, el narrador se
limita a destacar algunos puntos de su interés mediante el uso de técnicas
como las siguientes (la lista no es exhaustiva):
• Glosa: Brevísimo comentario que se presenta como simple aclaración.
• Repetición: Generalmente de una palabra, una oración, un aconteci-
miento, patrones literarios, figuras-tipo (tipologías, cf. infra), etc.
• Inserción de unidades menores: Se trata de material menor que no se
quiere dejar fuera.
• Digresión: Extenso comentario del narrador.
• Sumario: Resumen que puede incluir o no una valoración de un
acontecimiento o protagonista. Un ejemplo son las reseñas regias que ar-
man toda la cronología de Reyes.
• Referencias cruzadas o intertextualidad: Ecos o resonancias muy diversos
con otras unidades de la obra (y también de otros libros)
• Inclusio: Repetición al principio y final de una unidad o sección a mo-
do de marco distintivo.
• Analogía y tipología: El narrador puede asociar distintas unidades na-
rrativas por medio de la analogía entre algunos de sus elementos (analo-
gía) o bien conforme a un patrón similar de eventos o protagonistas (ti-
pología).
• Temática transversal: Las unidades narrativas son muy diversas, pero se
observa una reiteración transversal de unos pocos temas que descuellan
por dicha reiteración. Un ejemplo patente es la parénesis deuteronomis-
ta a la obediencia de la Torá.
• Paradigmas temporales e históricos: La cronología pretende jugar un pa-
pel netamente histórico, pero también paradigmático, pues conduce a
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 38

38 EL LIBRO DE REYES (I)

crear «bloques paradigmáticos», esto es, bloques narrativos que caen bajo
una hermenéutica particular. Así, el período monárquico suma unos cua-
trocientos cuarenta años, cifra cercana a los cuatrocientos ochenta años
que van del éxodo a la construcción del templo (1 Re 6,1) 7 o a los cua-
trocientos años que median entre Abrahán y el éxodo (Gn 15,11).
• Paradigmas protagónicos: Por supuesto, nos referimos aquí a los prota-
gonistas sobre los que se articulan los ciclos básicos de la obra.
• Patrones de verificación: Nos referimos a estructuras narrativas que
obligan al lector a verificar las acciones de los protagonistas. Los ejemplos
más destacados son los patrones de profecía-cumplimiento o de mandato-
ley/obediencia.
Es importante, por tanto, comprender la importancia que cobran las
unidades particulares respecto al conjunto, lo que quizás se explique por
uno de los propósitos más importantes de la obra: recopilar historias del
acervo nacional para ponerlas a disposición de los rapsodas y de los maes-
tros encargados de la formación del pueblo, destacando entre estos, quizás,
los propios profetas. En este proceso de «formación popular» tienen mucho
valor por su fuerza emocional y didáctica las historias particulares. Es con es-
tas unidades con las que se creará una «gran historia», pero a modo de mo-
saico formado con multitud de piezas, o como en la mampostería. Incluso
en el mundo alfabetizado como el «post-moderno» en el que vivimos, inte-
resa más el fragmento, el detalle, lo personal, lo particular, que las grandes
explicaciones totalizantes, ya sean filosóficas, políticas o históricas. En todo
caso, esta textura de la obra es relevante para la formulación teológica que
se haga a partir de ella, pues la preponderancia de las unidades siempre
ofrecerá gran resistencia a la formulación de principios o doctrinas, teoló-
gicas o morales, que puedan dar fe de todos los casos (cf. infra, VI).

V.2. Estructuras de agregación: bloques, ciclos, libros

Siendo esto así, cabe preguntarse por la coherencia global de la obra:


¿carece de cohesión histórica y de tensión narrativa? No nos cabe duda de
que la obra es un verdadero libro, es decir, tiene un guión y un mensaje
de conjunto. Así, el entrelazado entre los ciclos regios y los proféticos es
una muestra de que no solo se ha recopilado y clasificado un material re-
cibido, sino que se ha buscado la interacción entre dicho material. Un
ejemplo de ello es el entrelazado que se da, al menos en el TM, entre el
Ciclo de Elías (1 Re 17–19; 21; 2 Re 1–2,18) y el Subciclo de Ajab (1 Re 16,29-
34; 20; 22). También la intertextualidad que se da tanto a nivel léxico co-
mo de tipología de figuras (v.g. Elías descrito cual Moisés) y aconteci-

7
Si se considera el período que va del éxodo a Samuel, se descontarían los años de rei-
nado de Saúl y David, más los cuatro que tardó Salomón en iniciar la construcción, según
1 Re 6,1, lo que daría unos cuatrocientos veinte años.
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 39

INTRODUCCIÓN 39

mientos (v.g. el patrón del éxodo presente en diversos episodios) habla


del propósito de ofrecer un mensaje transversal a toda la obra. Asimismo,
la formulación más o menos uniforme de las reseñas regias o sumarios re-
gios (cf. infra, 14,19-31) es una pista clara por su transversalidad en toda
la obra. Pero, obviamente, los discursos deuteronomistas descuellan por
hacer explícita una valoración de personas y acciones a lo largo de la obra;
mencionamos algunos de los más importantes por su extensión o ubica-
ción clave: 1 Re 2,3-4; 6,12-13; 8,29-53; 2 Re 17,7-13.34-39. Otra pista de
guión y tensión narrativa del conjunto son los relatos que indican cambios
importantes de paradigmas históricos. Así, veremos que el Ciclo de Salomón
sirve como para «hacer época», a partir de la cual hay un antes y un des-
pués. Tras este ciclo, aparece la acción profética incidiendo en los acon-
tecimientos históricos y también anunciando cambios importantes de pa-
radigmas político-religiosos. En este sentido, creemos que ocupan un lugar
particular el episodio de Elías en el monte Horeb (1 Re 19) y el episodio
de «sucesión profética» de Elías a Eliseo (2 Re 2), ambos previos al explí-
cito juicio global del narrador ofrecido mediante su discurso deuterono-
mista de 2 Re 17. Antes de esta sentencia in toto sobre Israel y Judá, el na-
rrador ha ido diseminando pistas, tanto retrospectivas como prolépticas,
sobre la dirección que tomaba la historia de Israel bajo la monarquía. Y en
tanto que pistas, sirven para intrigar al lector y crear cierta tensión narra-
tiva, que a su vez suscita la «tensión exegética».

V.3. Tensión exegética


En efecto, creemos que en el Libro de Reyes la «tensión exegética» jue-
ga un papel estrechamente vinculado a la tensión narrativa de cada unidad
particular (ya hemos visto que la tensión climática es menor; cf. supra, V.1).
Así, en la obra abundan los problemas exegéticos que solo se pueden ce-
rrar si se halla una interpretación inapelable; sin embargo, se diría que la
obra está pensada para dejar siempre abierta esta tensión exegética, del
mismo modo que su final narrativo (2 Re 25,27-30) cierra la obra con una
especie de To be continued... Reconocer la intencionalidad de esta apertura
exegética es vital para interpretar la obra en sus propios términos y no en
los nuestros. Nuestro pensamiento griego pretende alcanzar una interpre-
tación final que resuelva los problemas que plantea; sin embargo, es posi-
ble pensar que la obra haya sido concebida más para constatar los proble-
mas de una parte de la historia de Israel que para ofrecer soluciones
completas, precisas y definitivas. Por ejemplo, un esquema importante en
la obra, por su transversalidad en la HD, es el de profecía/promesa-cumpli-
miento (u otros concomitantes, como mandato-obediencia), por el que la To-
rá deuteronómica se convierte en referente permanente para la acción po-
lítica de los distintos reyes. Este esquema es el que obliga al lector de la HD
a hacer un seguimiento (a «verificar», decíamos en V.1) de los aconteci-
mientos como un todo histórico, por muy alejados que unos estén de los
otros. Y es también el esquema que obliga a interpretar los acontecimien-
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40 EL LIBRO DE REYES (I)

tos puntuales a la luz de razones (fundamentalmente de la Torá deutero-


nómica) que van más allá de su coyuntura temporal. Pues bien, este es-
quema tan importante en toda la HD, lejos de hacer que todos los aconte-
cimientos cuadren a la perfección según un anuncio o mandato previo,
más bien problematiza siempre el cumplimiento, pues este nunca se reali-
za a la letra de su anuncio o mandato. Así, la Torá deuteronómica, que se-
gún la cronología canónica fue dada por Moisés unos cuatrocientos cua-
renta años antes de iniciar Salomón la construcción del Templo (cf. 1 Re
6,1) 8, ordena construir un santuario único en el lugar que el mismo Señor
indicaría (cf. Dt 12,1-12). Esto alcanza su cumplimiento irrefutable con la
construcción del Templo por Salomón. Sin embargo, el narrador –según
el TM– pone en boca de Dios la elección de Jerusalén solo tras la censura
de Salomón y el anuncio de la ruptura del reino (1 Re 11,13.36), no tras fi-
nalizar la construcción del Templo. Deducimos, por tanto, que el cumpli-
miento no solo no es un «punto final», sino que es el inicio de un nuevo
problema. Es más, la lectura de todo el Ciclo de Salomón pone de manifies-
to el contraste entre un cumplimiento alcanzado por medios netamente
humanos y el propósito divino expresado en la letra de la orden/profecía.
Es decir, el esquema profecía/promesa-cumplimiento no siempre sanciona la
acción humana conducente al cumplimiento. Así, la intriga desplegada por
Natán para entronizar a Salomón como sucesor de David lleva al cumpli-
miento de la promesa divina a David, pero la narración se guarda muy mu-
cho de justificar la intriga. Lo mismo podríamos decir de la construcción
del Templo, que se presenta como parte de unas negociaciones comercia-
les con el rey de Tiro. Deducimos, pues, que en Reyes las acciones divinas
y las humanas se entrelazan estrechamente y pueden incluso aparecer con-
fundidas, pero el progreso histórico-narrativo pondrá al descubierto que
Dios siempre está más allá del propio cumplimiento literal de su palabra,
sea profética o sea el texto mismo de la Torá.
En la creación de la tensión exegética juega un papel muy importante
la rigidez del discurso de la Torá deuteronómica que recorre transversal-
mente el Libro de Reyes (cf. supra, II). Ya hemos citado algunos textos re-
levantes dos párrafos más arriba. Pero hay diseminados por la obra multi-
tud de breves ecos de la Torá deuteronómica. No se trata, salvo alguna
notoria excepción (cf. 2 Re 14,6), de citas explícitas de casos particulares
de la Torá, sino de una especie de parénesis genérica siempre fija, al esti-
lo de «guardar los mandatos de Yahvé», «cumplir los decretos de Yahvé»,
«andar en el camino de Yahvé», «cumplir la justicia de Yahvé», «como es-
tá escrito en la Torá de Moisés», etc. Es decir, el Libro de Reyes está lleno
de ecos de la parénesis del Libro del Deuteronomio, pero son pocos los
casos en los que se remite, explícita o implícitamente, a su legislación. Por
tanto, es vital tomar conciencia de que sistemáticamente el narrador re-
mite a la Torá como referencia última para la interpretación de la histo-

8
Dado que Deuteronomio se sitúa en Moab al final de los cuarenta años de «deambula-
ción» por el desierto (cf. 1,3), restamos esta cifra a los cuatrocientos ochenta de 1 Re 6,1.
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INTRODUCCIÓN 41

ria, pero igual de sistemáticamente se niega a ofrecer una aplicación ex-


plícita de la Torá para cada episodio particular. Y cuando lo hace, como
en el ejemplo mencionado en el párrafo anterior sobre la elección de Je-
rusalén, ofrece un modelo de interpretación más complejo y abierto que
la simple literalidad. Por este motivo, entendemos que el narrador pro-
pone una tensión hermenéutica entre la Torá y la historia: aquella es re-
ferente último –lo muestra mediante el discurso de estilo rígidamente fi-
jado– de todo el desarrollo histórico, pero este «abre» el texto de la Torá
a nuevas posibilidades que no están en su literalidad. A este respecto, ca-
be una doble observación:
• Por un lado, el Libro del Deuteronomio (que también venimos de-
nominando Torá deuteronómica) se ubica a sí mismo en Moab en torno
a los siglos XIV-XIII, a las puertas de la tierra prometida (Dt 1,1-5), donde
su ejecución no es todavía posible.
• Por el otro, su «redescubrimiento» a las puertas del exilio del siglo VI
(2 Re 22) es ya muy tardío para evitar este fatal destino (2 Re 17, esp. v.
13), a pesar de que Josías hace cumplir esta ley como ningún otro rey an-
tes (cf. 2 Re 22,14-17; 23, esp. vv. 3.22-27).
Es decir, la estructura canónica de la HD viene a afirmar que la Torá
nunca ocupó el espacio legislativo ordinario del pueblo de Israel (salvo el
importante pero fugaz período de Josías), apuntando, por tanto, a una al-
ternativa distinta, esto es, su interiorización como piedad personal y co-
munitaria. Por su parte, el Libro de Reyes ubica la Torá deuteronómica en
una memoria lejana mediada (recordada) solo por los profetas que no
han sido escuchados (2 Re 17,13); tras ese período, vino otro de pleno
cumplimiento institucional por parte del rey Josías (capítulo 23) –que lle-
varía al final de la profecía–, pero la HD considera que llegó ya muy tar-
de, como acabamos de ver. Con todo, parece haber servido para compro-
meter al pueblo en alianza con la Torá (cf. 23,3), justo antes de partir al
exilio (nótese la proximidad narrativa de la celebración de la pascua or-
denada a todo el pueblo –v. 21– con las dos deportaciones subsiguientes
–capítulos 24–25). Es más, la ejecución de la Torá por parte de Josías sir-
ve de modelo para la piedad del pueblo basada en la Torá:
• Lectura de la misma como signo de renovación de la alianza (vv. 1-3).
• Pureza del culto, especialmente del sacerdocio (vv. 4-5).
• Rechazo de toda forma de idolatría (6-15).
• Reverencia a la profecía ya fenecida (vv. 16-18).
• Rechazo de cualquier desviación, como la samaritana (vv. 19-20).
• Celebración de la Pascua (vv. 21-23).
• Rechazo de la superstición más popular (v. 24).
Con este modelo se sustancia la aplicación de la Torá a las puertas del
exilio, y desde él se hará interpretación de todo su articulado. Pero tam-
bién se sustancia el enfoque hermenéutico de la Torá para el exilio: su pa-
rénesis es inmutable porque es sustancial: demanda lealtad al Señor de Is-
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42 EL LIBRO DE REYES (I)

rael mediante obediencia a la Torá; por su parte, su articulado es igual-


mente inmutable, pero su aplicación está abierta a la historia particular.
Tenemos en el Libro de Reyes el germen de la exégesis rabínica: Hagadá
(haggådåh, narración ejemplar) y Halaká (hœlåƒåh, jurisprudencia).

VI. ¿UNA TEOLOGÍA DEL LIBRO PROFÉTICO DE REYES?

La tradición teológica dominante en el mundo occidental ha venido


definiendo la teología como el discurso sobre Dios. Obviamente, no hay tal
cosa en el Libro de Reyes. En este, solo encontramos la narración sobre la
relación de Dios con su pueblo a lo largo del período monárquico. Por
tanto, lo que buscaremos en la obra es cómo presenta dicha relación, y,
por supuesto, lo haremos ciñéndonos a las claves de interpretación ex-
puestas en la sección anterior. Con frecuencia, se comete, a nuestro en-
tender, el siguiente error: se busca la teología del libro en el material aje-
no a la narración histórica, que no es otro que el conformado por los
discursos deuteronomistas ya reseñados (cf. supra, V.2) y sus ecos en for-
ma de breves sentencias dispersas por la obra. Sobre este material de va-
loración o juicio de los personajes y sus acciones, es común articular la teo-
logía de la obra; de alguna manera, tales discursos y breves sentencias
deuteronomistas conformarían los hitos del mensaje último del relato. Y,
por ende, es también común concluir que la HD, incluyendo a Reyes, pos-
tula una rígida teología retributiva: la lealtad a la Torá recibe bendición,
mientras que la infidelidad conlleva castigo. Por tanto, Dios no sería sino
el garante de la justa retribución a su pueblo. No cabe duda de que el dis-
curso deuteronomista, igual que la Torá deuteronómica, ciñe su discurso
a este formato retributivo. Sin embargo, el estudio de la estructura del Li-
bro del Deuteronomio nos llevaría a conclusiones mucho más matizadas
(cf. García López). De igual modo, descubriremos en nuestro comentario
que es precisamente en el Libro de Reyes donde la tensión entre el dis-
curso deuteronomista y la historia muestra que la acción de Dios en la his-
toria de Israel (y de la humanidad) no está subyugada a la teología retri-
butiva, o por lo menos no lo está a una aplicación rigorista de dicha
teología. De hecho, acabamos de ver (supra, V.3) que el estricto cumpli-
miento de la Torá por parte de Josías no supuso una alteración del desti-
no fatal de Judá; ni siquiera representó una vida longeva para este rey, que
murió aproximadamente a los treinta y nueve años (cf. 2 Re 22,1) a ma-
nos del faraón Necó (23,29). A nuestro entender, pues, la teología de Re-
yes solo puede articularse sobre los ciclos de la obra, dentro de los cuales
se intercalan los discursos y ecos deuteronomistas en tanto que Palabra de
Dios (Torá) para cada época (ciclo). Dado que los ciclos narrativos pre-
tenden ser paradigmas históricos más que meras descripciones de épocas
históricas, está claro que son ellos los que marcan la temática teológica de
la obra. Y habrá que interpretar la Palabra de Dios (generalmente el mo-
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INTRODUCCIÓN 43

nótono discurso deuteronomista) conforme a su inserción en el ciclo co-


rrespondiente. Es lo que intentamos en la tercera sección de cada capítu-
lo del comentario, denominada Fondo histórico y teológico.
Aparte del recorrido más concreto que hacemos en estas secciones,
ofrecemos aquí una visión teológica de conjunto. Esta arranca desde una
pregunta que creemos fundamental: ¿qué significa que la HD coloque a la
Torá como «mediación» divina en la historia de Israel? En realidad, la pro-
pia HD muestra que no significa que Dios deje de actuar directamente en
la historia, pero sí revela que dicha intervención divina no es caprichosa o
arbitraria, sino que de alguna manera responde a la revelación (Torá), ple-
namente accesible a Israel (al ser humano). Se puede decir, por tanto, que
el Dios de Israel se ha comprometido (Alianza) con su pueblo a una rela-
ción objetivada (Torá). Sobre esta base, la HD presenta la historia de Israel
hasta el período monárquico como un camino –no sin altibajos– hacia el
pleno cumplimiento de las antiguas promesas patriarcales (cf. infra, 5.1.
Excursus sobre las promesas territoriales). Como veremos en su estudio, el Ci-
clo de Salomón se presenta como la aparente culminación de ese proceso, y
la obediencia a la Torá es considerada el principal agente de tal culmina-
ción, como se deja ver en las dos visiones que tuvo Salomón (1 Re 3,10-14;
9,2-9) y en las dos palabras divinas recibidas (6,11-13; 11,4-13). Además, es
obvio que durante toda la historia hasta Salomón, el liderazgo político-
religioso de Israel es decisivo para la aplicación de la Torá en medio de Is-
rael; se trata, por tanto, de una visión altamente política de la misma, lo que,
a su vez, significa que Dios mantiene una relación especial con los dirigen-
tes de Israel, cualquiera que sea la forma de gobierno adoptada (como las
representadas por Moisés, Josué, los Jueces, Samuel y Saúl hasta llegar a la
«monarquía normalizada» de David y Salomón). Con Salomón, sin embar-
go, esta visión política de la Torá y de la relación Dios-Israel toca a su fin.
El pretendido cumplimiento de las promesas en el período salomónico fue
un brillo fugaz y falso (1 Re 11), por lo que Dios iniciará un cambio radi-
cal de paradigma de relación con Israel. Así, aflora en Reyes una profecía
ajena al poder político-religioso (la corte) que es presentada como la con-
ciencia de la Torá frente a los reyes y sus estrategias político-religiosas. Con
Elías y su experiencia en el Horeb (1 Re 19), esta conciencia alcanza el
punto de plena ruptura con la monarquía, que queda descartada como
principal valedora y veladora de la Torá. No se descarta, sin embargo, solo
la monarquía, sino también cualquier forma de poder institucional como
contraparte decisiva de la Torá. En efecto, Elías representa un paradigma
nuevo: la Torá puede y deberá ser cumplida por el pueblo sin apoyo polí-
tico-militar. Es lo que a nuestro juicio significa la «tenue brisa» (NBE) de
19,12 9. A partir de este paradigma, el resto de la historia de Israel no es más
que la descripción del desmantelamiento del poder institucional conduci-

9
El TM lee qôl demåmåh ∞aqqåh, que nosotros hemos traducido por «una voz, ¡apenas un
susurro!».
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44 EL LIBRO DE REYES (I)

do por Dios mismo (Ciclo de Eliseo). Como ya hemos visto (cf. supra, V.3), ni
siquiera el período de Josías detendrá tal desmantelamiento. Es como si
Dios considerara que ese poder estorba a su relación directa con el pueblo.
Para la HD, la plena inserción de Israel en el escenario político interna-
cional de su tiempo ha puesto de manifiesto el fracaso de toda forma de
gobierno como valedora de la Torá. Por eso, con el cierre de la HD en Re-
yes se cierra el abanico de modelos políticos válidos para velar por la Torá:
ya no hay modelos alternativos; la Torá deberá tomar asiento en el pueblo
mismo (formación del pueblo), y Dios se relacionará directamente con él.
Por tanto, cualquier forma de gobierno que surja, dejará de tener la san-
ción divina correspondiente: será una forma de poder desacralizado, ya
que solo la Torá adquirirá tal valor.
De esta visión a vista de pájaro, ¿podemos extraer algo sobre cómo es
el Dios de Reyes? Algo podemos decir, sin duda. Yahvé muestra su capaci-
dad para actuar a escala universal, esto es, más allá de Israel. Tanto el ase-
dio arameo de Samaría (2 Re 7) como el asirio de Jerusalén (capítulo 19)
muestran esta capacidad de intervención directa. Sin embargo, Yahvé no
pone este poder divino a la disposición incondicional de su pueblo, sino
que lo sujeta a la obediencia humana de la Torá; es más, el propio Yahvé
y su poder se vuelven contra el propio pueblo de Dios, ya que moviliza a
las potencias extranjeras contra este, según la «explicación» de 2 Re 17,7-
23, que justifica tanto la caída reciente de Israel (17,1-6) como la posterior
de Judá (vv. 19-20). Por tanto, lo característico del Dios de Reyes no es su
poder omnipotente y su soberanía, capaz de dirigir la historia de su pue-
blo y de la humanidad hasta predeterminarla, sino todo lo contrario: su
renuncia al dirigismo intervencionista acorde a su poder absoluto y, por
tanto su renuncia a predeterminar la historia, al menos el curso habitual
de esta. El Dios de la historia que presenta la HD, y Reyes en particular, es
el Dios que se abaja sujetando su acción a la obediencia o desobediencia
de la Torá. La reducción del juicio histórico de todos y cada uno de los re-
yes a su relación con la Torá es a la vez el marco de libertad general (hu-
manidad) y particular (su pueblo). Algunos comentaristas asocian el seve-
ro juicio del Libro de Reyes contra la mayoría de los reyes con fanatismo
religioso. Sin embargo, la imposición divina de una Torá que está por en-
cima de ellos muestra tres cosas esenciales:
• Dios es quien sustenta la libertad humana, al relacionarse con el
hombre mediante su elección de obediencia o desobediencia a la Torá.
Donde hay una posibilidad objetivada de elección, hay libertad. El ejem-
plo opuesto de esto lo encontramos en el sistema religioso babilónico, al-
tamente dependiente de la adivinación deductiva que sujetaba práctica-
mente todos los aspectos de la vida a causas enteramente ajenas al ser
humano (cf. Bottéro).
• El juicio de los reyes no depende en absoluto del éxito o fracaso de
sus políticas. Todo lo contrario, Reyes plasma con crudeza multitud de ca-
sos de disonancia entre aprobación y éxito, o entre reprobación y fracaso.
Así, Manasés y Jeroboán II tuvieron un largo y exitoso reinado, que es ca-
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INTRODUCCIÓN 45

lificado de nefasto por Reyes. En cambio, Ezequías y Josías obtienen las


mejores calificaciones, pero sus reinados sufrieron importantes reveses.
Contra lo que a veces se afirma, Reyes (y la HD) no pretende enumerar
ejemplos de teología retributiva, sino todo lo contrario: se enumeran mu-
chos casos de injusticias sufridas por los justos, acordes con la denuncia de
libros como Job o Qohélet.
• La Torá impuesta muy particularmente sobre los reyes es fundamen-
to de la libertad del pueblo de Dios. La casi sistemática oposición divina a
una forma de autoridad por Él mismo avalada (1 Sm 8; 2 Sm 7), cuestio-
na toda forma de autoridad que pretenda ser mediación entre Dios y su
pueblo.
En esencia, pues, el Dios de Reyes no es dirigista, y por eso la historia
no está sujeta a reglas mecánicas. Todo lo contrario, el curso de la historia
está determinado por la libre relación entre el ser humano y Dios, objeti-
vada sobre todo por la Torá. De ahí, quizás, que el cierre de la obra ca-
rezca tanto de horizonte escatológico (entendido como final, bueno o ma-
lo, al que se tiende fatalmente) como de perspectiva inmediata: lo que
tenga que suceder tras el indulto de Jeconías/Joaquín (2 Re 25,27) está
aguardando a las decisiones de la generación correspondiente. El ser hu-
mano (el pueblo de Dios) es responsable de su historia, pero puede (y de-
be) confiar en que es Dios quien sustenta esta posibilidad de responsabi-
lidad/libertad.

Bibliografía

ALONSO DÍAZ, J., «La retribución divina en el Libro de los Reyes o Una teología de
la historia», Miscelánea Comillas 44, 1965, 5-16.
BOTTÉRO, J., Mesopotamia: la escritura, la razón y los dioses, Cátedra: Madrid, 2004,
155-166.
GARCÍA LÓPEZ, F., El Deuteronomio: una ley predicada (CB 63), Verbo Divino: Estella,
1989.
WOLFF, H. W., «Das Kerigma des deuteronomistischen Geschichtswerk», ZAW 73
(1961) 176-186.

VII. EL VALOR HISTÓRICO


DEL LIBRO PROFÉTICO SOBRE LOS REYES

Ya hemos visto que el Libro de Reyes no es ni historiografía ni teología


(cf. supra, II y VI). En realidad, se trata del acervo histórico-cultural de
Israel reconvertido en testimonio de la relación del Dios nacional, Yahvé,
con su pueblo, Israel. En la medida que dicho acervo surge del curso mis-
mo de la historia, hay un valor histórico a descubrir. En este sentido, en-
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46 EL LIBRO DE REYES (I)

tendemos que buena parte del material de Reyes procede de un acervo no


creado artificialmente, sino heredado, ya sea en forma escrita u oral. Y por
ello mismo, entendemos que cada unidad histórico-literaria puede ofre-
cer un menor o mayor grado de valor histórico, dependiendo en buena
medida de su género literario y de su propósito más o menos legendario,
esto es, de su propósito más o menos ejemplar. Pero atendiendo a la pro-
pia estructura cronológica de Reyes, armada sobre las reseñas regias/su-
marios regios que enumeran todos los reyes de Judá e Israel desde David,
hay que asumir el anclaje histórico que la obra pretende para el acervo
compilado y rehecho. De hecho, el libro profético de Reyes es, de toda la
BH, el único libro que se basa en una cronología sistematizada. De otro la-
do, las evidencias externas halladas hasta la fecha confirman la cronología
global de Reyes, aunque también cuestione la precisión de algunas fechas
concretas. Sobre tales reseñas se sigue la siguiente sucesión de reyes 10:

Cuadro 2. Cronología de los reyes


Fechas Monarquía unida Datos extra-bíblicos 11
1030 Saúl
1010 David
971 Salomón
Monarquía dividida
Israel Judá
931 Jeroboán Roboán Inscripción de Sesónquis I: Campaña egipcia
contra Israel (ANET 263-264)
914 Abías
911 Asá
910 Nadab
909 Basá

10
Las fechas propuestas para los reyes son aproximadas, sobre todo en el estrato más anti-
guo. En todo caso, hay consenso entre los autores sobre un rango de oscilación que nunca su-
pera los 15 años. Buena parte de los problemas cronológicos detectados –que serán señalados
en el comentario– podrían tener origen en tres causas no explicitadas por el texto bíblico:
– Los años de reinado dados por el texto no siempre son completos. Por ejemplo, se pue-
de atribuir a un rey dos años de reinado, que en realidad serían unos meses que abarcarían
dos años civiles.
– Por causas diversas (especialmente vejez o enfermedad), muchos sucesores podrían
haber sido entronizados prematuramente como co-regentes, imputándose la co-regencia a
los años de reinado.
– El inicio del año varió entre el equinoccio de otoño y el de primavera a lo largo de los
años, lo que daría unas variaciones de seis meses en los cómputos totales de los reyes afecta-
dos por estos cambios.
Respecto a los datos extra-bíblicos, han sido distribuidos por aproximación a los reyes
concernidos.
11
Remitimos aquí a DTB 4 para los datos extra-bíblicos, si bien en el comentario emplea-
remos principalmente ANET y otras colecciones.
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INTRODUCCIÓN 47

885 Elá
Zimrí
884 Omrí
874 Ajab
870 Josafat
Monolito de Kurkh: Victoria de Salmanasar III
853 Ocozías en Qarqar sobre la coalición siro-efraimita; se
mencionan los carros de Ajab (DTB 4, nº 17)
852 Jorán Estatua de basalto de Salmanasar III: Victoria
sobre Jazael de Damasco (DTB 4, nº 18)
Estela moabita de Mesá: Confirma la sumisión
848 Jorán de Moab a la casa de Omrí y su posterior li-
beración (DTB 4, nº 18)
Losa de mármol de Salmanasar III: Victoria so-
bre Jazael y tributo de Jehú (DTB 4, nº 19)/
841 Jehú Ocozías Obelisco negro de Salmanasar III: Jehú paga tri-
buto (DTB 4, n º 10)/Inscripción aramea de
Tell Dan: Mención de la Casa de David por
parte de Jazael (Damasco)
Atalía
835 Joás
813 Joacaz
797 Joás Estela de Adad-Nirari III: Tributo de Joás de
Samaría (DTB 4, nº 21)
796 Amasías
782 Jeroboán II
767 Azarías/Ozías Anales de Tiglat-Piléser III: Posible mención de
Azarías –Azriyau en asirio– (DTB 4, nº 23)
753 Zacarías
Salún
752 Menajén Estela de Tiglat-Piléser III: Tributo de Mena-
jén (DTB 4, nº 24)
741 Pecarías
740 Pécaj
739 Yotán
Inscripción de Tiglat-Piléser III: Invasión de Israel,
734 Acaz cautividad de Pécaj y entronización de Oseas
(DTB 4, nº 26)
731 Oseas Inscripción en tableta de barro de Tiglat-Piléser
III: Tributo de Acaz (DTB 4, nº 27)
727 Ezequías
Crónica babilónica tardía: Mención de la des-
trucción de Samaría por Salmanasar V (DTB
4, nº 28)/Inscripción de los Fastos: Sargón II
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48 EL LIBRO DE REYES (I)

completa la reorganización de Samaría, em-


prendida por Salmanasar V (DTB 4, nº
30)/Prisma de Nimrud: Mención de la depor-
tación de Samaría y su reconstrucción por
Sargón II (DTB 4, nº 31)/Inscripción de
722 Caída de Nimrud: Mención del sometimiento de Judá
Samaría (DTB 4, nº 32; cf. nº 36)/Inscripción de Siloé:
Finalización del túnel de Ezequías (DTB 4,
nº 38)/Cilindro de Senaquerib: Asedio asirio de
Jerusalén (DTB 4, n º 39)/Inscripción en ba-
jorrelieve de Nínive-Senaquerib exhibe el
botín de Laquis (DTB 4, nº 40)
697 Manasés Crónica babilónica: Muerte de Senaquerib
(DTB 4, nº 41). Manasés, vasallo de Asara-
dón (DTB 4, nº 43) y de Asurbanipal (DTB
4, nº 45)
643 Amón
642 Josías
609 Joacaz
Joaquín Crónica babilónica: Nabucodonosor I toma Je-
rusalén; primera deportación (DTB 4, nº 48)
598 Jeconías
597-587 Caída Sedecías Ostraca de Laquis: Asedio babilónico de Laquis
de Judá previo a la toma de Jerusalén (DTB 4, nº
50)/Nota de racionamiento: Se menciona al
deportado Jeconías como rey de Judá (DTB
4, nº 51)

De Asiria recibimos un ejemplo de cronología cruzada o sincrónica co-


mo la que Reyes ofrece para Israel y Judá (cf. ANET 272-273). Pero de es-
te cuadro nos interesa notar que a partir del siglo IX contamos con una
confirmación sustancial del grueso de la cronología bíblica, si bien que-
dan algunos puntos oscuros que serán señalados en el comentario. Por
tanto, el estrato más antiguo entre Saúl y la división de la monarquía es el
que queda más abierto. Y esto no tanto por la falta de datos extrabíblicos
como por el propio texto bíblico, que proporciona pocos datos interna-
cionales. De ahí que los historiadores especulen mucho más sobre una po-
sible magnificación de ese período –el salomónico en particular–, sobre el
que se proyectarían brillantes escenarios históricos posteriores con la fi-
nalidad de presentar una historia de declive fatal desde la más temprana
era monárquica. Se suma a ello el silencio bíblico sobre el auge político-
económico y militar desplegado por Israel bajo los omridas durante parte
del siglo IX o bajo Jeroboán II (siglo VIII), según todos los datos arqueoló-
gicos con que contamos, todo ello envuelto por la sistemática acusación
deuteronomista de idolatría contra todos los reyes del Norte. Sería, por
tanto, una reconstrucción más teológica que histórica. Por ello, la pre-
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 49

INTRODUCCIÓN 49

gunta clave es la siguiente: ¿se puede decir que Reyes toma en serio la
memoria histórica del período monárquico o, por el contrario, se trata de
una revisión pensada solo desde y para el exilio?
Una vez más, acudimos al cierre de la HD como pista para la respuesta:
su horizonte futuro es demasiado abierto como para creer que el trabajo de
recopilación de toda la HD ha sido hecho con vistas exclusivamente al exilio.
Ya hemos visto que se apoya sobre un acervo que constituye su materia pri-
ma, su memoria. Su existencia la ha puesto de manifiesto la crítica literaria
al identificar gran cantidad de material tradicional empleado por la obra
(aparte de las fuentes mencionadas por esta; cf. supra, IV). Eso sí, dicho ma-
terial, salvo contadas veces, es una memoria, no un registro exacto de fechas
y datos; pero, en todo caso, los estudios comparados y la arqueología mues-
tran que, por lo general, los relatos encajan bien en el ámbito histórico que
pretenden. Es más, la «reconstrucción» de la HD ha sido tal que ha dejado
pistas de aquello mismo que no dice, como es, por ejemplo, el caso de Omrí.
Su correspondiente reseña regia (1 Re 16,21-28), según veremos en el co-
mentario, conserva matices sobre su buen hacer político e incluso militar, a
pesar de ser el fundador de la denostada dinastía omrida. Por otro lado, los
juicios o valoraciones deuteronomistas ponen de manifiesto que no se ha
pretendido hacer ni historiografía ni pura recopilación del acervo nacional,
sino ofrecer una memoria crítica, esto es, someter la memoria histórica a una
revisión a la luz del desarrollo de la Torá hasta el exilio, y más concretamen-
te del apartado concerniente a la monolatría yahvista y a la unidad del tem-
plo (cf. supra, II y VI). Muchos autores califican estos juicios de «teológicos»,
en el sentido de ser valoraciones posteriores muy religiosas que no son cau-
sa directa de los eventos y que, por tanto, carecen de objetividad histórica.
Sin embargo, creemos que su presencia se debe a que la HD pretende fun-
damentalmente dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿tenía la fe yahvista
una verdadera posibilidad de éxito yendo de la mano de la formación del es-
tado o de los estados hebreos? Es decir, entendemos que la preocupación
principal de la HD es, en terminología actual, la historia de la relación Igle-
sia-estado, más que la historia del estado o los estados de Israel.
Con esto en mente, la «reconstrucción» histórica que hace la HD en Re-
yes cobra sesgos de mayor «objetividad» histórica, dentro de su género. Ya
hemos señalado que la HD perfila artificialmente un declive fatal hasta la
destrucción del estado o los estados de Israel, concentrando entre Saúl
(prehistoria de la monarquía) y Salomón (máximo desarrollo monárquico
ideal) el proceso opuesto: clímax hacia el esplendor y dominio internacio-
nal del estado hebreo. Aunque ello sea una elaboración artificial, el narra-
dor tiene una base histórica: fue entre los siglos XI-IX cuando el escenario
internacional –principalmente la ausencia de presión de los imperios me-
sopotámicos y egipcios– permitió a Israel asentarse como entidad propia
con cierto peso en su área de influencia. Pero es aquí donde la HD ve la si-
miente del problema: Salomón representa lo mejor y lo peor de la monar-
quía; Salomón es sinónimo de integración en un todo de la política (pala-
cio) y la religión (templo), y también de la plena incorporación de Israel al
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 50

50 EL LIBRO DE REYES (I)

juego internacional de intereses político-económicos. Es como si el narra-


dor insinuara que Israel quiso cubrir el vacío de poder dejado por los im-
perios de turno habituales, haciendo poco más o menos lo mismo que ellos.
Por tanto, para la HD ese período puso la simiente de destrucción no ya del
estado hebreo, abocado a fracasar ante el resurgimiento de las potencias tra-
dicionales a partir del siglo IX, sino de la fe yahvista asociada a aquel. Por eso
presenta la historia posterior a Salomón como absolutamente redundante,
incluyendo los períodos de reyes yahvistas que tampoco pudieron librarse
del escenario internacional (v.g. Ezequías y Josías). Es decir, la HD tiene ra-
zón en que los períodos de esplendor de Israel o Judá no fueron más que
episodios fugaces, realmente engañosos, al menos desde las aspiraciones na-
cionalistas habituales en cualquier pueblo o estado. Con esta visión de fon-
do, la HD presenta en Reyes otro desarrollo histórico, por más que los rela-
tos legendarios envuelvan el dato más objetivo sobre él: el desarrollo de un
tipo de profetismo ejemplar como forma de yahvismo independiente del es-
tado. Sin duda, la HD considera que este desarrollo salvará la fe yahvista en
y tras el exilio del siglo VI. Así, el profeta áulico (cortesano) Natán, que tu-
vo una voz profética contra el rey David (2 Sm 12), aparece en Reyes tan so-
lo intrigando como un cortesano más (1 Re 1–2). Luego hay un elocuente
silencio profético durante el período salomónico, que se rompe al final con
una profecía centrada en la crítica de cada uno de los monarcas de turno
(1 Re 11–16), culminando en una total desafección a la monarquía misma
con el Ciclo de Elías (primera mitad del siglo IX) 12, cuya labor será secunda-
da –aunque la vinculación entre ambos ciclos es muy debatida– por el Ciclo
de Eliseo (segunda mitad del siglo IX). Estos profetas se presentan como pre-
cursores de Isaías (siglo VIII), exponente de una clara política de total neu-
tralidad de Judá como muestra de confianza en Yahvé (2 Re 19), el cual cen-
surará a Ezequías por recabar el apoyo de Babilonia (cf. 20,12-21), porque
ello supone volver a los patrones políticos tradicionales fustigados por esta
tradición profética de yahvismo exclusivista. Por tanto, creemos que Reyes
ofrece una interpretación desde el exilio de la historia de Israel. En tanto,
pues, que la historia de Israel es tomada como antecedente del presente des-
de el que se escribe, no estamos tan lejos de la historiografía moderna, por
más que el material (acervo) sobre el que operara estuviera formado por al-
tas proporciones de géneros populares y legendarios.
En todo caso, el lector hará bien en tener en cuenta un comentario de
Jacques Éllul (cf. infra, X) sobre la moderna pretensión de poder explicar
la historia desde una simple relación de causa y efecto:
Así pues, los acontecimientos históricos son en lo esencial incomprensibles,
aun cuando los historiadores puedan asociar de modo superficial causas y efectos.

12
Proponemos de nuevo el ejemplo de 1 Re 20 y 22 (guerras de Israel contra Aram). El na-
rrador pone en contraste estos capítulos –que entrelazan las batallas con tradiciones proféticas
sobre la intervención militar de los profetas– con el Ciclo de Elías, que describe a Elías sin haber
intervenido jamás en actividad bélica alguna, ni a favor ni en contra del rey. Es decir, estos rela-
tos proféticos pretenden ilustrar distintos modelos proféticos existentes entre los siglos IX-VIII.
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INTRODUCCIÓN 51

Lo único realmente seguro es que cuanto más lúcida es nuestra comprensión, más
superficial y artificial es la explicación (p. 28).

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VIII. EL TEXTO DEL LIBRO PROFÉTICO DE REYES

Los principales testigos del texto de Reyes siguen siendo la tradición


masorética y la tradición griega de la Septuaginta (G). La primera ha sido
recibida en dos fuentes principales, el Códice de Alepo (900 d.C. aprox.),
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52 EL LIBRO DE REYES (I)

publicado por Miqra´ot Gedolot «Haketer» (cf. infra, Cohen), y el Códice de


Leningrado/San Petersburgo (1000 d.C. aprox.), publicado por la BHS,
que es la que emplearemos en nuestro comentario. La segunda está con-
figurada por bastantes recensiones, de las cuales la más alejada del texto
masorético (TM) es la de Luciano (GL). Cabe señalar, sin embargo, que
del conjunto de toda la BH, es precisamente en Reyes donde encontramos
diferencias de mayor calado entre el TM y G. Además de la multitud de
habituales diferencias menores, que a veces pueden deberse más a la pro-
pia traducción que a una Vorlage distinta, nos encontramos en G con blo-
ques textuales que siguen un orden distinto, con una cronología propia
para los reyes entre Omrí y Jehú, o con agrupaciones de versículos repeti-
dos (v.g. 2,35a-o y 2,46a-l).
Actualmente ya no es tan frecuente aplicar sobre estos testigos –y otros
muchos– una crítica textual que busque hallar un supuesto Urtext, esto es,
un texto original del que surgirían todas las variantes existentes (teoría
monogenética). Por el contrario, hay un mayor consenso sobre la teoría
poligenética, esto es, que desde muy temprano circularon distintas fami-
lias textuales y que las recensiones existentes son intentos de unificación.
Esto vale incluso para el texto griego de la Septuaginta, que ya no se con-
sidera resultado de la traducción de una sola familia textual hebrea, sino
resultado de un complejo proceso de unificación. Por ello, y porque cree-
mos que la labor de un comentario es tratar los datos existentes más que
ofrecer hipótesis de reconstrucción (ya sea del texto o de la historia), em-
pleamos aquí la crítica textual como simple herramienta de interpreta-
ción. Concretamente, utilizaremos como base de interpretación la tradi-
ción masorética. El TM es ciertamente un buen testigo por su antigüedad,
como vino a confirmar el descubrimiento de los manuscritos del mar
Muerto 13, pero su contraste frecuente con la Septuaginta nos permitirá
entender mejor el significado del propio texto hebreo preservado por la
tradición masorética.
En tanto que parte de la colección Nueva Biblia Española. Comentario teo-
lógico y literario, adoptamos la versión castellana de Reyes de la Nueva Biblia
Española (NBE). Sin embargo, el lector encontrará que ofrecemos en nues-
tra exégesis traducciones alternativas que intentan reflejar mejor nuestro
enfoque narrativo sobre el texto hebreo; concretamente, tratan de esclare-
cer mejor tanto el hilo narrativo como la intertextualidad canónica.

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13
Los textos qumránicos de Reyes están formados por 4QRe/4Q54 (1 Re 7,20-21.25-
27.29-42.50-64; 8,1-9), 5QRe/5Q2 (partes de 1 Re 1,16-37) y 6QRe/6Q4 (partes y fragmen-
tos de 1 Re 3,12-14; 12,28-31; 22,28-31; 2 Re 5,26; 6,32; 7,8-10; 7,20–8,5; 9,1-2; 10,19-21).
05 - 11.044 10/8/11 11:10 Página 53

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54 EL LIBRO DE REYES (I)

IX. FORMATO DEL COMENTARIO

Acorde con los criterios de exégesis que señalamos al principio (supra,


I), hemos estructurado el comentario de cada unidad literaria –que coin-
cide grosso modo con la tradicional división en capítulos– en las cinco sec-
ciones siguientes:
1. La narración. Presentación de los aspectos narrativos más destacados
de la unidad correspondiente. Generalmente son observaciones sobre los
personajes, el ritmo narrativo, el formato narrativo (v.g. discurso, diálogo,
informe), el hilo conductor de la unidad, etc. Esta sección pretende ofre-
cer al lector el marco del estudio posterior más detallado.
2. Recorrido por el texto. La unidad literaria es dividida en bloques me-
nores más o menos coherentes que son sometidos a análisis detallado, pro-
curando en lo posible comentar todos los versículos, pero siempre como
parte de un todo.
3. Fondo histórico y teológico. Las dos secciones anteriores plantean mu-
chas cuestiones de tenor histórico y también teológico. Las tratamos jun-
tas porque la narración de Reyes así lo pide: la historia conduce a la valo-
ración teológica, igual que esta conduce a la historia. Y en general, el
formato del canon bíblico así lo requiere también. Por tanto, aquí cobra
importancia tanto la lectura canónica como la histórico-crítica.
4. Texto y Palabra. Cerramos el estudio de cada unidad con una breve
sección donde se intenta ofrecer pistas de lectura de todo el análisis ante-
rior como Palabra de Dios. Si se quiere, es una lectura homilética actuali-
zada que intenta tomar en serio el estudio exegético previo. Pero se ofre-
ce solo a modo de pista actualizadora para el lector, ya que en ningún caso
pretende ser la interpretación última del texto.
5. Bibliografía. Se ofrece en cada unidad una bibliografía actualizada
pertinente a la unidad estudiada. Se ha intentado cubrir los aspectos más
destacados abordados por el comentario.

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