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0.1 Pedagogia - Hospitalaria - Hoy-21-24

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En otro artículo relacionado con el concepto de Pedagogía Hospitalaria, escrito por una de

las autoras de este capítulo, se recogía lo siguiente: “Sólo al futuro le corresponde sancionar
lo acertado o no de la propuesta. Obviamente, la Pedagogía Hospitalaria será lo que los in-
vestigadores y profesionales, que trabajan en este ámbito de la educación, con su quehacer
propongan” (Lizasoáin y Polaino, 1996, pp. 16). Pues bien, de esto han pasado ya casi 20 años,
y en este tiempo muchos profesionales de la educación han dejado constancia de su queha-
cer pedagógico y han tomado la palabra mediante actuaciones, intervenciones, reflexiones,
escritos o intercambios de buenas prácticas. De esta manera, se ha ido avanzando, ampliando
e incluso transformando el concepto de Pedagogía Hospitalaria. Dicho concepto, asentado
sobre los cimientos planteados a lo largo de las páginas de este capítulo, nos abre la puerta al
siguiente capítulo que nos guiará hacia una nueva perspectiva de la Pedagogía Hospitalaria.

1.3 Hacia una nueva perspectiva de la pedagogía


hospitalaria
Verónica Violant, Olga Lizasoáin y María Cruz Molina

Para poder comprender el concepto de Pedagogía Hospitalaria desde una visión más amplia,
“es preciso analizar aquellos elementos que le dan sentido, empezando por la idea clave
que es la acción pedagógica” (Violant, Molina y Pastor, 2011: 81).

Si bien es cierto que la atención pediátrica ha ido evolucionando, tanto en la forma de llevar
a cabo dicha atención, en los profesionales que intervienen, así como en relación con el lugar
donde se lleva a cabo, más lo ha hecho su conceptualización con respecto a la forma de en-
tender y actuar en situación de enfermedad, y no únicamente en pediatría, sino también con
la persona en dicha situación a lo largo de la vida. Este cambio tiene como base la tendencia a
nivel asistencial de los procesos de humanización concretados, por estas mismas autoras, en:
1/ la reorientación de los servicios asistenciales (modelo de atención humanizadora e integral)
y 2/ las necesidades emergentes de la asistencia pediátrica (que requieren de permanentes
acciones de mejora, a las que se intenta dar respuesta desde las políticas actuales sobre salud).

Una nueva visión de la Pedagogía Hospitalaria también exige una clara comprensión de su
objeto: la persona humana. La ciencia médica se centra en la enfermedad y hace de ella su
objeto de estudio (Marinelli, 2004). Esto genera como consecuencia que el discurso médico
gire en torno a la enfermedad, y no alrededor de la persona que la padece. Además, en
la mayoría de los casos esta persona es vista y concebida como un enfermo, “dando por
sentado que dicha persona es un enfermo, cuando en realidad está enfermo. Esta confusión
entre el ser y el estar va más allá de una expresión lingüística. Tiene que ver con la concepción
antropológica de la persona humana” (Cardone y Monsalve, 2010: 85).

La persona humana se expresa y se relaciona desde toda su dimensión como un todo (físico-
biológico, psicólogico-emocional e intelectual y social), y con la concepción de persona

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La Pedagogía Hospitalaria hoy >Fundamentación Teórica

enferma se está atendiendo básicamente a la dimensión físico-biológica en detrimento de


las demás. Este ha sido, tradicionalmente, el abordaje médico y que de alguna forma los
profesionales de la educación que trabajan en los centros hospitalarios han asumido, a pesar
de que su intervención esté impregnada del humanismo inherente en la educación. Es por
esto que se requiere una clara concepción antropológica de la persona humana, para garan-
tizar una atención que responda a todas las dimensiones de la misma y, con ello, un cambio
en la manera de concebirla y nombrarla. Expresiones tales como “niño autista o paciente
oncológico” deben quedar en el pasado dando lugar a modos de expresarse más acordes
con la condición en que vive la persona y no con su ser. La propuesta de cambio lingüístico
puede parecer irrelevante pero se debe reconocer “la enorme diferencia que puede existir
sólo al plantear una terminología diferente…/… con apenas variar un concepto se amplía
un espectro de significado” (Tabuas 2006: B/6).

Junto a lo recién planteado, y debido también a la disminución del número medio de días de los
ingresos hospitalarios, a la PH se le han ido abriendo otros campos de acción, aquellos en los que
el niño tiene necesidades de atención educativa por motivos de salud, sin estar necesariamente
ingresado. Se trata de que el alumno en situación de enfermedad reciba atención educativa
durante el período de convalecencia, mientras no esté en condiciones de acudir a su colegio.
En este caso, el objetivo principal será el de continuar con las tareas de aprendizaje escolar, a fin
de que pueda luego incorporarse a su centro educativo en el nivel y grupo correspondientes.
Se persigue aquí una estrecha cooperación entre el profesorado del colegio del alumno y el
profesor que lo atiende en su domicilio (Lizasoáin y Lieutenant, 2002; Lizasoáin, 2011).

Como consecuencia de todos estos cambios, la PH plantea en la actualidad retos que


afrontar, respecto (Violant, Molina y Pastor, 2011): 1/ a la dirección de la mirada: se basa
en el concepto de atención integral; 2/ a los servicios implicados: se basa en la atención
materno infantil integrada, y 3/ a los espacios de acción: basados en la acción educativa en
los lugares donde esté el niño o la niña.

A principios del siglo XXI, la profesora Lizasoáin (2000: 110) nos ofreció una definición de
Pedagogía Hospitalaria, recogida en el capítulo anterior, centrada en el desarrollo personal
y en los aprendizajes del niño enfermo. Tres años más tarde, (Lizasoáin, 2003: 32) sostuvo
que “la Pedagogía Hospitalaria, a pesar de su juventud, cuenta ya con una praxis, una
techné y un corpus científico que la constituyen como ciencia”, y una década después
de esta primera definición enunciada, las profesoras Violant, Molina y Pastor (2009: 63)
la conceptualizaron como “la acción pedagógica que se desarrolla durante los procesos
de enfermedad, para dar respuesta a las necesidades biopsicosociales derivadas de dicha
situación, con el fin de mejorar el bienestar y la calidad de vida, garantizando los derechos
con relación a la función educativa”.

La definición de Lizasoáin (2003: 32) de la Pedagogía Hospitalaria como ciencia y de Violant,


Molina y Pastor como acción pedagógica (2009: 63) son dos facetas del mismo objeto a

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considerar. Por un lado, “la visión de ciencia alberga el corpus conceptual y la proyección
actitudinal del docente que se desempeña en estos espacios, y, por el otro, se aborda el
aspecto procedimental en los ámbitos específicos en los cuales esta acción se contextuali-
za” (Cardone y Monsalve 2010: 59). Estas autoras definen la Pedagogía Hospitalaria como
“una nueva ciencia, cuya acción pedagógica se realiza en los hospitales, el domicilio y en
colaboración con la escuela de proveniencia cuando el caso lo requiera” (id: 2010: 59).

Posteriormente, Violant, (2013: 280) nos plantea un interrogante al respecto: ¿Dónde radica
la diferencia entre las definiciones aquí enunciadas y qué avances implican?

Como respuesta a este interrogante la propia autora, (Violant, 2013: 280-281) dice: “ini-
cialmente se concebía la acción pedagógica respecto de un grupo de edad específico: ‘la
infancia enferma’, y en relación a un espacio concreto: ‘el hospital’. En la actualidad ambos
principios han cambiado, la edad se amplía a la acción a lo largo de la vida, es decir, a todas
las edades, y el espacio se ha ampliado, tanto dentro del hospital como fuera de él. En la
actualidad, en el hospital, la acción educativa se procura:

1/ desde un punto de vista educativo-asistencial: dar respuesta en el servicio de ginecología-


obstetricia, neonatología, pediatría, especialidades pediátricas, hospital de día, urgencias
y consultas externas;

2/ desde un punto de vista educativo y lúdico: dar respuesta en el aula y escuela hospitalaria,
habitación, hospital de día, consulta externa, sala de juegos, salas comunes, pasillos,
zonas quirúrgicas, entre otras y,

3/ desde la atención de adultos y adultos mayores: se debería dar respuesta en el ingreso y


durante el ingreso hospitalario, así como en las especialidades médicas.

Fuera del hospital, la acción educativa actualmente,

1/ respecto de la atención materno-infantil, se procura en el domicilio (atención educativa


domiciliaria y asistencia domiciliaria) y en la escuela (en el aula y a través de programas
dirigidos a los adolescentes como el programa Salud y Escuela, en Cataluña-España), y
se debería procurar también,

2/ respecto de la atención de adultos y adultos mayores, la atención educativa desde las


escuelas de adultos, consultas externas, centros sociosanitarios o geriátricos y asistencias
domiciliarias”.

No obstante, si en el origen de la puesta en práctica y conceptualización de la PH era el contexto


hospitalario el considerado como propio, con el devenir y evolución de la misma, su actuación se
va a extender a las consultas ambulatorias y hospitales de día (Lizasoáin, 1998). Cabe destacar

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La Pedagogía Hospitalaria hoy >Fundamentación Teórica

y tener presente que, debido a la ampliación en la atención respecto del lugar donde dar res-
puesta educativa, y debido al aumento significativo de las enfermedades mentales y trastornos
psiquiátricos entre la población infanto-juvenil, el hospital de día está alcanzando una especial
relevancia en la época actual. Este colectivo, al margen de que pueda o no pasar por un período
de ingreso hospitalario, que suele ser largo, tiene en los hospitales de día la prolongación de
su seguimiento terapéutico. Un ejemplo de ello es la proliferación en la respuesta a través de
programas de atención educativa en los centros de día, que se están trazando tanto en Europa
como, más recientemente, en Latinoamérica. El objetivo de estos servicios es “diagnosticar y
reducir los problemas que derivan de estos trastornos (refiriéndose a los trastornos mentales)
mediante tratamientos especializados… el interés de este recurso es que permite la realización
de tratamientos difíciles desde una atención ambulatoria sin la separación familiar y social que
implica la hospitalización” (Violant, Molina y Pastor, 2009: 110-111).

Violant, (2013: 281) propone incluso “ampliar y renovar el propio concepto de PH hacia
un concepto que incluya: 1/ la acción psicoemocional; 2/ todos los entornos donde se lleva
a cabo dicha acción, y 3/ la atención a lo largo de la vida; a saber el de ‘PsicoPedagogía
Hospitalaria y de la salud’, concepto que, para dicha autora, responde a la nueva visión del
concepto de Pedagogía Hospitalaria:

–– a la ampliación de la acción (el psicopedagógico, ya que incluye elementos emocionales


y educativos);

–– al lugar donde se inicia dicha acción: el hospital (por ser el lugar donde se garantizan los
derechos psicoeducativos como ciudadanos en situación de enfermedad y convalecencia),
pero dando respuesta dentro y fuera de él, y

–– a la continuidad a lo largo de la vida (la salud, entendida como el estado completo de


bienestar físico, mental y social a lo largo de la vida)”.

Lo cierto es que la PH como disciplina, pero también como especialidad a nivel de educación
superior, con un cuerpo de conocimiento propio y con una nueva mirada que responda a
las nuevas demandas, necesita de dicha ampliación y renovación de su concepto, ya sea a
nivel de significado, ya sea a nivel de palabra clave.

1.4 Estado de la cuestión en Latinoamérica


Pia Cardone y Clargina Monsalve

La directiva de la Red Latinoamericana y del Caribe por el Derecho a la Educación de niños(as)


y jóvenes hospitalizados y/o en tratamiento (Redlaceh), en su reunión ordinaria del mes
de abril de 2008 acordó la realización de una investigación con el fin de detectar las aulas
hospitalarias existentes en la región.

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