NOMBRE Y APELLIDO: FLORES CANDELA
1) Para comenzar, debemos situar el hecho dañoso relatado dentro de lo establecido por el art.
1769 del Código Civil y Comercial de la Nación (CCC) sobre la responsabilidad derivada de los
daños causados por la circulación de vehículos, comúnmente conocido como accidentes de
tránsito. Este artículo menciona que en estos casos son aplicables las normas “referidas a la
responsabilidad derivada de la intervención de cosas”. Para determinar la existencia de
responsabilidad del conductor del vehículo, el Sr. Miguez, debemos remitirnos a lo normado
por el art. 1757 del CCC, el que expone que “toda persona responde por el daño causado por el
riesgo o vicio de las cosas, o de las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su
naturaleza, por los medios empleados o por las circunstancias de su realización”. Como la ley
reconoce, en el art. 1723 del CCC, la responsabilidad del autor del hecho dañoso, es objetiva
por cuanto el vehículo es de su propiedad y, en consecuencia, deberá responder en este
carácter por estar encuadrado dentro de un factor de atribución objetivo. Por otro lado, el art.
1719 del CCC menciona que el hecho de que la víctima se haya voluntariamente expuesto a
una situación de peligro, no justifica el hecho dañoso ni exime de responsabilidad al conductor,
a menos que por las circunstancias del caso pueda calificarse como hecho del damnificado.
Este último escenario interrumpiría total o parcialmente el nexo causal. En la situación
problemática que nos concierne, se configura esto toda vez que el actor, según el relato de los
hechos, no llevaba puesto el cinturón de seguridad. Respecto de la compañía de seguros,
interpretamos que si bien es responsable objetivamente en virtud del factor de atribución que
se le impone a favor del asegurado, solamente se la cita en garantía, según lo dispuesto por el
art. 1722 del CCC.
2) El art. 1726 establece que “son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo
adecuado de causalidad con el hecho productor del daño”. Cuando el nexo de causalidad se ve
interrumpido, las consecuencias dañosas no deben ser reparadas. El análisis en conjunto con lo
dispuesto en el art. 1725 del CCC acerca de la valoración de la conducta, se deduce que cuanto
"mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor es la
diligencia al agente y la valoración de la previsibilidad de las consecuencias”. El deber de
colocarse el cinturón de seguridad cuando el vehículo está en movimiento es ordinario y
básico, y su cumplimiento está tan arraigado en el comportamiento social que no puede
invocarse su desconocimiento o error de interpretación. Razón por la cual existe una probada
concurrencia del Sr. Ceballos, actor, en la responsabilidad del hecho dañoso. Entonces, según lo
dispuesto por el art. 1729 del CCC puede considerarse que parcialmente se encuentra excluida
o eximida la culpa del demandado en tanto existe culpa dela víctima por lo dicho
anteriormente. La circunstancia de circular sin el cinturón de seguridad abrochado, sin
embargo, no es causa suficiente en el nacimiento de los daños acreditados.
3) Atento lo dispuesto en el art. 1738 del CCC la indemnización es la forma de reparación del
daño. En consecuencia y conforme con el art. 1740 del CCC, mediante la indemnización debe
lograrse que se “revierta la situación de la víctima al estado anterior al hecho dañoso”. Según el
art. 1746 del CCC, corresponde indemnizar a la víctima teniendo en cuenta los gastos médicos,
farmacéuticos y de transporte, mediante la determinación de un capital de forma que este
cubra los gastos del Sr. Ceballos, debiendo resultar razonables en función de la índole de las
lesiones o la incapacidad. Asimismo, como consecuencia de quedar completamente
incapacitado para realizar las acciones básicas de la vida cotidiana, se verá obligado a gastar en
la contratación de cuidados de enfermeros y terapeutas ocupacionales de por vida. Debemos
también mencionar que el Sr. Ceballos se encuentra autorizado para reclamar el lucro cesante
que perderá por su incapacidad para trabajar debido a su paraplejía, producto del accidente.
Por su parte, y siguiendo lo dispuesto en el art. 1738, el actor tiene el derecho de reclamar
daños extra patrimoniales, lo que la doctrina llama daño moral, un daño a los derechos
personalísimos. Esto porque se vio afectada su salud psicofísica toda vez que debe quedar
atento a satisfacer su necesidades por terceros, interfiriendo completamente con su proyecto
de vida.