Cámara de Apelaciones- Sala Primera Civil y Comercial
AUTOS "TAFFAREL JOSE LUIS RAMON C/ TAFFAREL MARIA LUCRECIA Y OTRO S/
ORDINARIO (ap. al 8306)" - Expt. Nº 7942/C
JUZGADO CIVIL Y COMERCIAL Nº 2- GUALEGUAY
/ / / -CUERDO:
En la ciudad de Gualeguaychú, Provincia de Entre Ríos, a los diecinueve días del
mes de octubre de dos mil veintitrés, se reúnen los Señores Miembros de la
Excma. Sala Primera en lo Civil y Comercial de la Cámara de Apelaciones de
Gualeguaychú, Dres. Ana Clara Pauletti, Mariano Morahan y Marcelo J. Arnolfi,
para conocer del recurso interpuesto en los autos caratulados: "TAFFAREL JOSE
LUIS RAMON C/ TAFFAREL MARIA LUCRECIA Y OTRO S/ ORDINARIO (ap. al
8306)", respecto de la sentencia dictada el 08/03/2023. De conformidad al
sorteo oportunamente realizado, la votación tendrá lugar en el siguiente orden:
MORAHAN, PAULETTI, ARNOLFI.
Estudiados los autos la Excma. Sala propuso las siguientes cuestiones a
resolver:
¿Es justa la sentencia apelada? y en su caso ¿qué pronunciamiento
corresponde dictar?
A LAS CUESTIONES PLANTEADAS EL SR. VOCAL DR. MARIANO
MORAHAN, DIJO:
1.-Que vienen los presentes a despacho en virtud del recurso de
apelación interpuesto por el actor José Luis Ramon Taffarel con patrocinio
letrado, contra la sentencia dictada por la Sra. Jueza de primera instancia en lo
Civil y Comercial N°2 de la ciudad de Gualeguay, que rechazó la demanda de
impugnación del reconocimiento realizado por Luis María Taffarel (hoy sucesión)
en favor de María Lucrecia Taffarel y Claudio Alberto Taffarel, impuso las costas al
vencido, reguló los honorarios a los profesionales intervinientes y ordenó el
levantamiento de la medida cautelar de anotación de litis sobre los derechos
hereditarios que le pudieren corresponder a María Lucrecia Taffarel y Claudio
Alberto Taffarel en el Expte. "TAFFAREL LUIS MARÍA S/ SUCESORIO AB
INTESTATO"Nº 8306.
2.-Para así decidir, en primer término analizó el planteo de falta de
legitimación del actor para iniciar la acción.
En dicho derrotero explicitó que los coaccionados argumentaron en su
defensa que el demandante cedió sus derechos hereditarios y, por lo tanto, ya no
es parte del sucesorio. Que en miras a dicho argumento precisó que la
legitimación activa de los terceros que recepta la solución contemplada por la
norma aplicable al caso adopta un criterio amplio. En este caso, sostuvo que el
demandante es un tercero con un interés legítimo para demostrar la relación
genética y la disminución de su porción hereditaria. Citó el art. 1624 del CCC que
establece que tanto el cedente como el cesionario tienen la facultad de realizar
actos conservatorios del derecho cedido hasta que se realice la notificación. Dijo
que la doctrina interpretó que esta facultad crea una situación de equiparación
entre el cedente y el cesionario, donde el cesionario es un acreedor sujeto a una
condición suspensiva y el cedente es un acreedor sujeto a una condición
resolutoria. En el caso de autos, como no hay constancia de notificación de la
cesión al cesionario, determinó que el actor está legitimado para realizar los
actos conservatorios de los derechos hereditarios cedidos y, por lo tanto, para
promover la impugnación del reconocimiento analizada, por lo que decidió en
miras a ello no dar recibo al planteo de falta de legitimación deducido.
Por otra parte, y analizando el fondo, relató que la acción de impugnación
del reconocimiento prevista en el art. 593 del CCC tiene como objetivo probar la
inexistencia de vínculo biológico entre el reconociente y el reconocido. Para llevar
a cabo esta prueba, se realizó la extracción de material genético tanto al actor
José Luis Ramón Taffarel (hijo reconocido) como a los demandados María
Lucrecia Taffarel, Claudio Alberto Taffarel, María Silvana Taffarel, María Eugenia
Taffarel, Juan Martín Taffarel y Elsa Ester Gómez (madre indubitada), con el
propósito de verificar el posible vínculo biológico de hermandad entre ellos.
El análisis de ADN demostró que no existe un vínculo biológico de
hermandad completa entre María Silvana y María Eugenia Taffarel respecto de
María Lucrecia Taffarel. Complementariamente se determinó que no hay un
vínculo biológico de hermandad completa entre José Luis y Juan Martín Taffarel
respecto de Claudio Alberto Taffarel. Estos resultados descartaron la paternidad
común en ambos casos.
Argumentó que según la doctrina la prueba genética es decisiva y
suficiente para establecer la filiación, siempre y cuando no existan elementos que
la contradigan. Las técnicas científicas, como el test de ADN, permiten obtener
una certeza cercana a la absoluta en la determinación del vínculo biológico. En
este caso, se demostró que no existe un nexo biológico paterno-filial entre Luis
María Taffarel y los demandados María Lucrecia Taffarel y Claudio Alberto
Taffarel, quienes solo comparten un vínculo de media hermandad con el actor y
los demás demandados. Sin embargo dijo, es importante tener en cuenta que el
concepto moderno de paternidad va más allá del vínculo biológico y se basa en
una función representativa y ordenadora de las relaciones familiares. Luis María
Taffarel cumplió el rol de padre en la vida de María Lucrecia y Claudio Alberto, y
ellos lo consideran como su padre. Llevan el apellido Taffarel durante más de 50
años y desean mantenerlo, incluso su descendencia que continúa con ese
apellido.
Expuso que el actor argumentó que María Lucrecia y Claudio Alberto se
atribuyen el carácter de herederos en el sucesorio de su padre, Luis María
Taffarel, a pesar de no tener un vínculo biológico con él. Según el actor, esto
resulta en una disminución de la porción hereditaria que le corresponde.
Contó que los demandados argumentaron que, a pesar de la falta de
vínculo biológico, han vivido como hijos de un padre legal durante más de 50
años y han construido una identidad basada en esa relación familiar. Respecto al
planteo de si debe prevalecer el aspecto biológico o el derecho a preservar la
identidad dinámica y las relaciones familiares, expuso que la jurisprudencia y la
doctrina reconocen la importancia del interés superior del menor y la necesidad
de analizar las circunstancias particulares de cada caso, y se pueden utilizar
distintos medios de prueba para demostrar estas circunstancias.
Los demandados destacaron que el señor José Luis Taffarel carecía de
fundamentos para impugnar la filiación de María Lucrecia y Claudio Alberto.
Argumentaron que ambos tuvieron un padre presente y amoroso, así como un
abuelo dedicado a su familia. Mencionaron el profundo impacto emocional y la
depresión que sufrió la señora Elsa Ester, esposa del causante, y resaltaron la
documentación fotográfica como evidencia de los vínculos familiares existentes.
Desarrolló el juez que el derecho a la identidad es un derecho humano
fundamental y está sujeto a protección jurídica dentro de un contexto histórico
específico. La identidad de una persona se construye a través de un proceso que
comienza en el nacimiento y se extiende hasta la muerte, evolucionando con el
tiempo. En el contexto de la protección del derecho a la identidad, la
jurisprudencia ha reconocido el derecho a conocer la verdad sobre los vínculos
genéticos (datos estáticos) sin socavar el reconocimiento de los lazos filiales
construidos a través de relaciones socioafectivas (datos dinámicos). Se valora el
proceso de construcción de la identidad a través del desarrollo de los lazos
familiares y la socioafectividad. En resumen dijo, el derecho a la identidad abarca
tanto aspectos genéticos como familiares y personales.
Resumió que es destacada la importancia de la verdad en las relaciones
familiares, y aunque la presente demanda de impugnación puede desestabilizar
los vínculos construidos, existe la posibilidad de una acción autónoma para la
investigación de la verdad biológica, que difiere de las acciones de filiación. Hizo
referencia a la imagen de un árbol genealógico para ilustrar la implicancia de la
impugnación en la vida del hijo y los terceros interesados. Señaló que el derecho
a establecer lazos filiatorios difiere del derecho a conocer el origen biológico, ya
que en materia de filiación existen diferentes verdades, como la afectiva, la
biológica, la sociológica, la de la voluntad individual y la del tiempo.
Finalmente expuso que la interpretación de reclamos de terceros debe
ser restrictiva para evitar poner en peligro el derecho a la vida familiar y la
identidad socioafectiva de un niño o adulto que ha convivido y establecido lazos
familiares. Enunció la importancia de considerar el grado de adaptación al grupo
familiar y la posesión de estado de la persona cuya filiación se cuestiona, para
evitar desmembramientos no deseados; y en este caso particular concluyó que el
reconocimiento de paternidad realizado por Luis María Taffarel hacia María
Lucrecia y Claudio Alberto debía ser mantenido de manera razonable, declarando
así improcedente la demanda.
3.-En su escrito recursivo, el actor expresó su disconformidad con el fallo
por considerarlo una típica sentencia “contra legem”, que la CSJN en su tipología
las ubica dentro de las sentencias arbitrarias.
Inició resumiendo el caso por el cual interpone la demanda y explicando
su conexidad con el sucesorio de su padre, ya que los demandados lograron ser
declarados herederos, a pesar de no ser hijos biológicos, y sostiene que si tal
situación no se modifica, sus medios hermanos se llevarán una porción
hereditaria que corresponde al que presenta el recurso.
Mencionó que el reconocimiento de los medios hermanos como hijos por
parte del padre se realizó al contraer matrimonio con la madre del actor, pero se
afirma que ellos no son hijos biológicos del padre, mas allá de que toda la vida se
los tuvo como hijos de la madre y de otra persona que probablemente nunca los
haya reconocido. Relató que el fue entregado para ser criado por su abuela y su
tía desde una edad temprana, por lo que no fue un integrante más de la familia
de los medios hermanos. Además, señaló que los padres vivieron en otra
provincia durante muchos años, lo que explica el desconocimiento de que los
medios hermanos usaran legalmente el apellido Taffarel. Por todo ello, presentó
la impugnación.
Criticó que el juez de primera instancia prescindió de la prueba pericial
genética, que fue realizada y reconocida como válida en el fallo, y a pesar de
contar con esta prueba concluyente, priorizó la posesión de estado y aplicó
argumentos contradictorios y contrarios a las normas legales aplicables.
Por otro lado dijo que el sentenciante no tuvo en cuenta lo dispuesto en
el artículo 584 del CCC, que equipara la posesión de estado al reconocimiento de
la filiación, pero solo si no está desvirtuada por pruebas en contrario sobre el
vínculo genético. Argumentó que en este caso, la posesión de estado fue
desvirtuada por la prueba genética, por lo que no debería haber sido considerada
como elemento determinante en la sentencia.
Estipuló que el fallo contradice la fisonomía de la filiación por naturaleza,
ya que la concepción de un hijo es el resultado de la unión de un gameto
masculino con un óvulo femenino, y la naturaleza no permite que un hijo tenga
dos padres o dos madres. Explicó que la filiación por naturaleza es de interés
público, y sus resultados no pueden depender de fundamentos ideológicos o
emocionales, sino de circunstancias objetivas y reguladas legalmente.
Sostuvo que en los juicios de filiación la búsqueda de la verdad jurídica
objetiva es un imperativo supremo, y que la prueba genética es fundamental
para establecer la verdadera filiación. Argumentó que los conceptos difusos y
difíciles de probar, como la posesión de estado o la fama, ya no deberían ser
relevantes en la determinación de la filiación, sino que lo importante es
establecer la verdad biológica.
Examinó que el fallo no presta atención a la directiva clara del art. 584
del CCC, que establece que la posesión de estado equivale al reconocimiento
siempre que no se desvirtúe por prueba en contrario sobre el nexo genético. Al
admitir la paternidad socioafectiva a pesar de existir un estudio de ADN que
demuestra que el padre biológico es otro, se viola la ley y se abre la posibilidad
de que una persona tenga múltiples padres.
Señaló que el art. 579 del CCC destaca la importancia de la prueba
genética en los casos de filiación biológica y a pesar de esto, el fallo le otorga
mayor relevancia a la posesión de estado que a la prueba genética, lo cual
contradice la ley. El juez prescindió de las normas aplicables al caso, sin declarar
su inconstitucionalidad, lo que lo vuelve arbitrario. Sostuvo que la jurisprudencia
establece que un fallo es arbitrario cuando el juez prescinde de la ley o interpreta
la ley de una manera que equivale a prescindir del texto legal.
Denunció falta de coherencia en el razonamiento del juez, quien
menciona que no es posible aplicar los estándares que regulan el "interés
superior del niño" debido a la edad de los involucrados, pero luego invoca el
interés superior del menor y cita el art. 3 de la Convención sobre los Derechos
del Niño, y los fallos citados en las páginas siguientes se refieren todos a
menores, lo que contradice la afirmación inicial.
Cuestionó que la sentenciante menciona que el derecho a la identidad no
es absoluto y debe ejercerse conforme a las leyes que regulan su ejercicio, pero
luego ignora completamente esas normas y no menciona otras normas que
también son dignas de respeto, violando el derecho sucesorio y el derecho de
propiedad, en contradicción con lo inicialmente expresado. Explica que el juez
yerra al valorar positivamente un párrafo de la contestación de demanda de los
demandados en el cual se hace referencia a la relación familiar, aunque dentro de
ese relato menciona un acto ilícito. Dijo que el acto de reconocimiento realizado
por el padre y consentido por la madre viola distintos derechos y procede a citar
doctrina que analiza el reconocimiento fraudulento y su relación con la violación
de estos derechos.
Argumentó que el reconocimiento impugnado constituye un delito y
critica que el juez haya avalado la comisión del delito, más allá de la prescripción
o no de la acción. Señaló que esta consideración no se ajusta a la verdad jurídica
objetiva y destacó que el demandante es un heredero y no un tercero, refutando
el razonamiento del juez en cuanto a la interpretación restrictiva y la caducidad
de la acción para terceros.
Reprochó los fallos citados por la Aquo para fundamentar su decisión, sin
advertir que se trata de situaciones de hecho muy distintas. Mencionó la
necesidad de evitar la dogmatización de la jurisprudencia y la generalización de
afirmaciones fuera de contexto.
En resumen, dijo que la sentencia no se basa en el derecho vigente ni en
las circunstancias probadas del caso, lo que la califica como arbitraria, violatoria
de las garantías de igualdad, propiedad y tratados internacionales; por lo que
solicitó se revoque la misma, y en caso de confirmarse dejó reservados los
derechos para recurrir por ante la instancia federal.
4.-Los apoderados de los demandados contestaron el memorial señalando
que la parte actora no presenta una crítica concreta y razonada del fallo, sino
simplemente una disconformidad con las decisiones del juez. Esta falta de
fundamentación adecuada, implica que el recurso de apelación no cumple con los
requisitos legales; solicitando su deserción según el art. 258 del CPCC.
Destacaron que la sentencia se basó en las pruebas y hechos
presentados en el juicio, y que las pretensiones de la parte actora se centran en
intereses económicos y no en la protección de la familia y la identidad
socioafectiva. Además, señalaron que el padre reconoció a todos sus hijos de
manera igualitaria y no manifestó una voluntad distinta en un período de más de
50 años. Por lo tanto, solicitaron que se confirme la sentencia y se desestime la
apelación.
5.-Referenciados de esta manera tanto los lineamientos esenciales que
definen el decisorio de grado en crisis, así como, y de manera análoga, los
términos y alcances en que ha sido puntualmente ensayado tanto el embate
recursivo del accionante como la consecuente réplica del mismo desarrollada por
los coaccionados, razones de orden metodológico imponen dar respuesta en
primer término al planteo de deserción recursiva formulado en la presente
instancia en los términos del art. 258 CPCC.
En tal sentido, cabe liminarmente recordar que conforme inveterada
doctrina que resulta de recibo y efectiva aplicación en la labor de análisis de
fundabilidad del remedio recursivo deducido, como principio general las
expresiones de agravios deben considerarse válidas y solo de manera restrictiva
se las puede declarar inválidas, ello así en tanto se exhibe en este punto en
juego el derecho de defensa en juicio, amparado por la Constitución Nacional -
Art. 18-, como asimismo y en igual medida desde el orden Convencional (Art. 8
C.A.D.H.), inscripto ello dentro del concepto mismo de salvaguarda del Debido
Proceso Adjetivo.
En función de ello, si en la expresión de agravios se hace referencia
específica a la sentencia atacada y a sus deficiencias y contiene un mínimo de
crítica a algún segmento de la misma, es que corresponde su tratamiento y no
declarar desierto el recurso.
Tales circunstancias se verifican en autos donde, advierto, el recurrente
se ha hecho puntualmente cargo de los argumentos centrales motivantes del
decisorio puesto en cuestión, ello a partir de los términos y alcances que exhiben
sus agravios, los que fueren anteriormente referenciados.-
Despejado ello, y en miras al tratamiento de los agravios que concitan la
labor de revisión encomendada, cabe tener presente que el ámbito de
conocimiento del tribunal de apelación reconoce un doble orden de limitaciones:
en primer lugar las cuestiones planteadas por las partes en los escritos
introductorios del proceso (art. 269 CPCC), y en segundo lugar y siempre dentro
de aquel marco de pretensiones, el alcance que las mismas partes, mediante sus
agravios, han dado al recurso de apelación interpuesto, ello cfr. arts.
257,258,270 y ccdtes. CPCC, límites ambos que se fundan en los principios
dispositivo así como de congruencia procesal.
Finalmente resulta del caso apuntar que el recurso de apelación devuelve
al tribunal de alzada la plenitud de la jurisdicción, encontrándose frente al caso, y
siempre dentro de los límites que vienen siendo dados por el alcance de los
agravios vertidos y que concitan su labor, en la misma posición en la que se
encontraba el juez de grado al resolver, pudiendo, y por aplicación del principio
iura novit curia, recurrir en el abordaje y decisión del caso a argumentaciones
jurídicas distintas a las volcadas por las partes, e incluso respecto de aquellas a
las que recurrió el magistrado de la instancia inferior a la hora de decidir.
Bajo tales lineamientos es que corresponde abordar el tratamiento y
decisión de los puntuales agravios vertidos por el recurrente, de cuya lectura
armónica se desprende que en lo esencial de su querella ha cuestionado el
decisorio de grado en tanto concluyera desestimando la acción de impugnación
de reconocimiento filiatorio por aquel deducida, ello así no obstante que las
resultas de la prueba pericial genética producida e incorporada en autos (ADN), y
de las cuales, advierto, se ha hecho efectivo mérito en el fallo cuestionado,
determinan en definitiva que no existe vínculo paterno filial biológico entre el
extinto padre del accionante y los coaccionados, fundado el rechazo en la
decisión de origen de tutelar en el caso puntual el derecho a la identidad de
aquellos en su faz dinámica, salvaguardando de esta manera su actual posesión
de estado a fin de evitar desmembramientos no deseados, por lo que, en
definitiva concluyó, el reconocimiento de paternidad realizado por Luis María
Taffarel hacia María Lucrecia y Claudio Alberto debía ser mantenido de manera
razonable.
Considero entonces que la respuesta jurisdiccional a los agravios vertidos
impone en primer término repasar los límites y perfiles, así como la naturaleza y
alcance, y muy particularmente los presupuestos legales que habilitan la
procedencia de la acción de impugnación de reconocimiento filiatorio impulsada
en autos, para luego así confrontar dichos parámetros normativos con las
razones citadas y que llevaron finalmente al Aquo, a partir de la argumentación
sentencial puesta en cuestión, al rechazo de la impugnación intentada.-
Veamos.
Indica el art. 593 CCC: “Impugnación del reconocimiento. El
reconocimiento de los hijos nacidos fuera del matrimonio puede ser impugnado
por los propios hijos o por los terceros que invoquen un interés legítimo. El hijo
puede impugnar el reconocimiento en cualquier tiempo. Los demás interesados
pueden ejercer la acción dentro de un año de haber conocido el acto de
reconocimiento o desde que se tuvo conocimiento de que el niño podría no ser el
hijo. Esta disposición no se aplica en los supuestos de técnicas de reproducción
humana asistida cuando haya mediado consentimiento previo, informado y libre,
con independencia de quienes hayan aportado los gametos”.
A su tiempo el art. 570 CCC identifica al reconocimiento como uno de los
supuestos de determinación de la filiación extramatrimonial, entre los que se
cuenta asimismo el consentimiento previo, informado y libre al uso de las
técnicas de reproducción humana asistida al igual que la sentencia en juicio de
filiación que la declare como tal, en tanto que el art. 558 CCC afirma en su
primer párrafo que la filiación puede tener lugar por naturaleza, mediante
técnicas de reproducción humana asistida o por adopción; de allí que el
reconocimiento filiatorio extramatrimonial -como supuesto de determinación de
la misma- conlleva la inescindible y simultánea afirmación por parte del
reconociente sobre la previa existencia de un vínculo biológico entre este último
y quien se exhibe reconocido.
De lo dicho se sigue entonces que, por toda lógica, la acción judicial de
impugnación del reconocimiento de filiación extramatrimonial receptada en el art.
593 CCC y ejercida en autos por el Actor recurrente se apuntala -como
insoslayable presupuesto fáctico sujeto a verificación en miras a evaluar su
procedencia- en la afirmada inexistencia del vínculo biológico que sustenta y
explica el reconocimiento puesto en cuestión.
Entiendo por tanto, y a partir del diseño y alcance asignado por el
legislador a la acción intentada en autos (cfr. art. 593 CCC), y desde la puntual
posición del recurrente frente al acto de reconocimiento que cuestiona -tercero-
que su procedencia, siempre deducida en forma temporánea -aspecto que,
advierto, no se exhibe controvertido- se encuentra necesariamente supeditada a
que aquél logre en definitiva acreditar dos extremos, a saber: a) su legitimación
sustancial activa, y b) la denunciada inexistencia de vínculo biológico entre
reconociente y reconocido.
Advierto, a partir de la lectura del decisorio recaído, que ambos
presupuestos fácticos fueron puntualmente evaluados por la sentenciante,
haciendo en miras a ello detenido mérito del plexo probatorio rendido en autos y
que consideró conducente a ello, concluyendo finalmente tanto por la
legitimación del Actor para impulsar su impugnación -ello en el apartado del fallo
destinado a desestimar la defensa de los accionados sobre su déficit- como, y en
igual medida, sobre la inexistencia de vínculo biológico paterno filial entre el
causante y ambos coaccionados, esto último en oportunidad de merituar las
conclusiones que sobre dicha realidad arrojara la prueba pericial genética
oportunamente producida e incorporada en estas actuaciones.
De allí entonces que, y habiendo logrado el accionante acreditar los
extremos habilitantes de la acción de impugnación de reconocimiento de filiación
extramatrimonial que impulsa en autos, y que como tal le resultaran
puntualmente exigidos a partir del diseño que a aquella le imprimiera el
legislador nacional en el art. 593 CCC, es que considero, la misma debe
prosperar, no exhibiéndose contemplada en esta última norma -a título obstativo
de su procedencia- ni pudiendo ello deducirse a partir de la correcta
interpretación sobre su naturaleza, sentido y finalidad, la excepción a su
progreso puesta de manifiesto por la sentenciante de origen en la tutela del
derecho a la identidad en su faz dinámica de los coaccionados reconocidos, y a
partir de allí el consecuente rechazo de la acción impulsada en autos con
basamento en ello, tal lo finalmente decidido.-
Es que, como ha venido sosteniendo el máximo tribunal federal sobre el
particular, en criterio que, entiendo, resulta puntualmente de aplicación al caso
en miras a su dilucidación, “...la primera fuente de exégesis de la ley es su letra,
y cuando esta no exige esfuerzo de interpretación debe ser aplicada
directamente, con prescindencia de consideraciones que excedan las
circunstancias del caso expresamente contempladas por aquella (Fallos:
319:2617 y dictamen de la Procuración General, al que remitió la Corte Suprema
en Fallos: 328:43, entre otros) y no puede llegar al extremo de exigir mayores
requisitos que los que aquella impone (del dictamen de la Procuración General al
que la Corte remitió en Fallos:339:1514)” cfr. CSJN “Recurso de hecho deducido
por la defensa en la causa Machuca, Rubén Sergio s/ lesiones gravísimas (art.
91)" 23/07/20
De manera análoga el STJER tiene dicho que: “toda tarea hermenéutica
debe partir del sentido literal de los términos utilizados. Ello es así puesto que,
como principio, cuando las normas son claras no deben ser modificadas, atento
que las palabras empleadas (como regla) se condicen con la realidad que
designan…” precisando, luego de transcribir las pautas interpretativas de la ley
consignadas en el art. 2 CCC, que si bien “deben aplicarse en su conjunto -ya
que no se verifica un necesario orden de prelación-, no es un dato menor el
hecho de que la norma ubique en primer lugar al elemento gramatical. El
argumento dado se condice con lo expuesto en los Fundamentos del
Anteproyecto, oportunidad en que la Comisión sostuvo que, siguiendo la doctrina
mayoritaria, "la decisión jurídica comienza por las palabras de la ley", teniendo
en cuenta su finalidad, ya que la interpretación que -como ya se dijera, debe
partir de las palabras impresas en el texto legal- debe armonizarse con el
contenido de las demás normas, pues todas ellas constituyen una unidad
coherente.” cfr. STJER en autos "Fisco Provincial c/ Banco Santander Río S.A. (ex
Banco Río de La Plata S.A.) s/Apremio (incidente sustitución y reducción de
embargo)", Expte. Nº 7585, sentencia del 28/12/2017.
Ahora bien, lo concluido -en miras a la procedencia de la acción de
impugnación deducida-, entiendo, no significa desconocer que el derecho
personalísimo a la identidad de ambos coaccionados en su faz dinámica -
entendida esta última como continente de la proyección histórico existencial de
sus personas-, y ciertamente más allá de la verdad biológica de los mismos
acreditada en autos en relación al reconociente, resulte igualmente merecedora
de efectiva tutela -tal la prodigada sobre la identidad de las personas humanas
por diversos preceptos normativos de nuestro derecho común, -cfr. arts. 52, 62,
67, 69, 71 CCC, entre otros-, circunstancia que se exhibe en sintonía con la
flexibilización que rige en la hora actual sobre la modificación del nombre,
dándose así importancia “a la identidad en su faz dinámica” (cfr. CODIGO CIVIL Y
COMERCIAL DE LA NACION, COMENTADO, Tomo I, pág. 339, art. 69 comentado
por el Dr. Edgardo Ignacio Saux, Ed. Rubinzal Culzoni, Sta Fé, año 2014
Ha tenido oportunidad de precisar sobre el particular la CSJN -en voto del
Dr. Ricardo L. Lorenzetti- que: “En nuestro ordenamiento jurídico, el derecho a la
identidad individual está reconocido en relación a las personas humanas (art 52
del Código Civil y Comercial de la Nación); y comprende tanto la identidad
estática como la dinámica. Este derecho encuentra su fundamento axiológico en
la dignidad del ser humano y fundamento legal como derecho personalísimo” cfr.
CSJN “Recurso de hecho deducido por la actora en la causa Asociación Civil
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos c/ Dirección General de
Escuelas s/ acción de amparo” 23/08/22
Se considera aquí oportuno rememorar las conclusiones generales
relativas a la identidad personal elaboradas por la Comisión nro. 1 en el marco
de las XVI Jornadas Nacionales de Derecho Civil, en cuanto precisan que: “La
identidad personal encuentra su fundamento axiológico en la dignidad del ser
humano…La identidad personal es un derecho personalísimo merecedor, por sí,
de tutela jurídica…La identidad personal de raigambre internacional tiene
sustento normativo en nuestro orden jurídico constitucional y legal…El derecho
personalísimo a la identidad personal comprende la faz estática y la faz
dinámica…La identidad personal se encuentra tutelada en su faz dinámico-
estática como un derecho personalísimo”, aclarándose luego que debe precisarse
que cuando en las conclusiones precedentes se hace mención a la faz estática y
a la faz dinámica, distinguen en la primera los atributos de identificación y el
origen genético biológico, y en la segunda la proyección histórico existencial de la
persona. https://www.derechocivil.jursoc.unlp.edu.ar/index.php/17-jornadas-
nacionales-de-derecho-civil/88-1997-xvi-jornadas-nacionales-de-derecho-civil-
universidad-de-buenos-aires-y-universidad-catolica-argentina-buenos-aires
La efectiva protección a la identidad personal se exhibe receptada en
diversos tratados internacionales que integran el bloque de constitucionalidad
(cfr. art. 75 inc. 22 CN); así y por caso, art. 16 del Pacto Internacional de los
Derechos Civiles y Políticos, art. 17 de la Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre y art. 18 del Pacto de San José de Costa Rica (C.A.D.H).
La Corte Interamericana de Derechos Humanos (C.I.D.H), en el marco de
la Opinión Consultiva OC 24/17, luego de afirmar que “este Tribunal ha indicado
que el derecho a la identidad se encuentra estrechamente relacionado con la
dignidad humana, con el derecho a la vida privada y con el principio de
autonomía de la persona (artículos 7 y 11 de la Convención Americana)”, formuló
seguidamente el distingo entre su dimensión estática y dinámica, explicitando
así, con cita del precedente “Caso Contreras y otros Vs. El Salvador” que “...este
derecho está íntimamente ligado a la persona en su individualidad específica y
vida privada, sustentadas ambas en una experiencia histórica, y biológica, así
como en la forma en que se relaciona con los demás, a través del desarrollo de
vínculos en el plano familiar y social” https://www.corteidh.or.cr/docs/opiniones/
seriea_24_esp.pdf
Resulta asimismo necesario tener presente que nuestra Provincia en la
hora actual se exhibe comprometida por su Carta Fundamental a garantizar el
derecho a la identidad personal (art. 10 C.E.R).
En clara sintonía con dicha manda recientemente este Tribunal, si bien en
anterior integración, y en criterio que se comparte, en el marco de una acción de
naturaleza análoga a la que concitara el inicio de estos actuados, y no obstante
el progreso de la misma -tal lo decidido en la instancia de origen- dejándose así
sin efecto el reconocimiento filial puesto en cuestión por el accionante a partir del
resultado negativo del estudio genético que arrojara finalmente la realidad
biológica del caso, confirmó la decisión adicional del sentenciante en cuanto
permitió a quien resultare parte destinataria de los efectos de la acción continuar
igualmente llevando el apellido de quien no resultara a la postre su padre
biológico -accionante en autos-, ello con fundamento en la efectiva tutela del
derecho a la identidad de quien resultare reconocida, en su faz dinámica.
Para así resolver se sostuvo que, y no obstante el resultado final arribado
-en sentido estimatorio de la impugnación filiatoria deducida- no se verifica para
el caso ninguna prohibición normativa que inhiba la utilización del apellido
cuando median razones de utilidad o razonabilidad, recurriendo analógicamente a
la previsión receptada en el art. 67 CCC que habilita a la mujer divorciada seguir
usando el apellido de su marido por motivos razonables, en tanto que -se aditó-
el art. 69 CCC que refiere a los motivos que permiten el cambio de apellido
señala entre las causales “la afectación de la personalidad de la persona
interesada, cualquiera sea su causa, siempre que se encuentre acreditada”,
apuntándose a partir de allí que “...De ello puede deducirse que es causal para
no cambiar el apellido el hecho que pueda afectarse la personalidad de la
persona respecto de la que se requiere tal cambio” P.D.A. C/ B.M.F. y OTRA
S/ORDINARIO ACCION DE NULIDAD (AC. 19.5.2020 REG. N° 1 EMERGENCIA
SANITARIA)" - Expt.Nº 7840/F, fallo del 28/03/23.-
En autos claramente se advierte que los argumentos centrales del
planteo defensivo de ambos coaccionados -cfr. memorial obrante a Fs. 51/55
vta.- exhiben el manifiesto interés de ambos por preservar -de cara a los efectos
propios derivados de la acción deducida- el derecho a su identidad en su faz
dinámica, identidad cimentada a través de los años -ambos, sin ser adultos
mayores, son ya personas de mediana edad- y traducida a su descendencia,
derecho personalísimo que sin duda alguna se exhibe tutelado con arreglo al
plexo normativo Supra apuntado.
No escapa a mi conocimiento la circunstancia de que en este tipo de
conflictos, de ordinario, la opción por la preservación del nombre -a partir de la
valoración positiva de la faz dinámica de la identidad- de quien su filiación se
exhibe impugnada, involucra a niños, niñas y adolescentes, y a partir de allí el
anclaje de la solución del caso en el principio rector del interés superior del niño
al que hiciere alusión la jueza sentenciante en su decisorio (cfr. KEMELMAJER de
CARLUCCI, Aída, HERRERA, Marisa, LLOVERAS, Nora, “TRATADO DE DERECHO
DE FAMILIA” Tomo II, Ed. Rubinzal Culzoni, Sta Fé, año 2.017, págs. 890/891),
pero no advierto aquí razones de peso -a partir de las constancias y
particularidades que exhiben estos actuados- que permitan concluir que el
invocado derecho a la preservación de la identidad dinámica de los accionados,
siendo esta última sostenida ininterrumpidamente desde su nacimiento hasta
esta altura de sus vidas como personas adultas, entendida como el patrimonio
cultural y vital de la personalidad de ambos, lo mismo que su desarrollo
histórico-existencial, no sea igualmente merecedor de efectiva tutela, máxime
cuando el plexo normativo infraconstitucional, constitucional y convencional
enderezado a ello y repasado en la oportunidad, no formula distingo etario
alguno.
6.- Es en función de ello que, y bajo el entendimiento de considerar
resulta ser la respuesta jurisdiccional que mejor se adecúa a la solución del caso
-atendiendo tanto al derecho patrimonial que da sustento a la acción deducida -
salvaguarda de la porción hereditaria del accionante en el Universal de su padre,
como en igual medida el derecho humano personalísimo a la identidad -en su
vertiente dinámica- de ambos coaccionados-, en respuesta al interrogante inicial
que concitara el presente acuerdo me expido por la negativa, y de resultar
compartido mi voto por los colegas del Tribunal auspicio revocar el decisorio de
grado, y en prudente ejercicio de la flexibilización del principio de congruencia -
cfr. arts. 1 inc. 11), 13 inc. 4 LPF-, con anclaje en la efectiva operatividad del
principio pro personae -en este caso en beneficio de ambos coaccionados-, dar
recibo a la acción de impugnación de reconocimiento de filiación
extramatrimonial (cfr. art. 593 CCC) deducida en autos por José Luis Ramón
Taffarel, dejando así sin efecto el reconocimiento de la paternidad
extramatrimonial formulado por el causante Luis María Taffarel y, en
consecuencia, dejar sin efecto el título de estado obtenido mediante el
reconocimiento de María Lucrecia Taffarel y Claudio Alberto Taffarel, de lo que
deberá tomar efectiva razón el Registro del Estado Civil y Capacidad de las
Personas de esta ciudad de Gualeguaychú, suprimiendo la anotación marginal
obrante en el acta matrimonial Nº 135 de fecha 26/07/67 y modificando las actas
de nacimiento Nº 317, Tomo I, Folio 159 de fecha 09/05/63 y Nº 31, Tomo I
complementario, Folio 6 de fecha 13/05/66, manteniendo ambos coaccionados el
apellido Taffarel, y lo propio su actual descendencia portante del mismo apellido,
oficiándose a los fines interesados, ello por los fundamentos expuestos.
Finalmente y con arreglo al resultado estimatorio de la acción deducida,
no existiendo en autos razones que ameriten apartarse del principio objetivo de
la derrota (cfr. art. 65 CPCC), las Costas de ambas instancias resultan a cargo de
los coaccionados vencidos, regulándose los honorarios de ambas instancias.
ASÍ VOTO.
A LAS MISMAS CUESTIONES PLANTEADAS LA SRA. VOCAL DRA. ANA
CLARA PAULETTI, DIJO:
1.- Manifestaré respetuosa disidencia al voto formulado por mi colega
preopinante, remitiéndome a los antecedentes por él bien expuestos.
2.- José Luis Ramón Taffarel (nacido el 18/02/1968) promovió acción de
impugnación del reconocimiento de filiación extramatrimonial efectuada en vida
por el Sr. Luis María Taffarel respecto de los demandados María Lucrecia Taffarel
(nacida el 26/03/1963) y Claudio Alberto Taffarel (nacido el 26/09/1964), acto el
de reconocimiento, que el causante efectuó el 26/07/1967 al contraer
matrimonio con Elsa Ester Gómez, progenitora del accionante, los demandados y
otros tres hijos que el matrimonio aludido tuvo en común (María Silvana Taffarel,
María Eugenia Taffarel y Juan Martín Taffarel), quienes fueron citados como
terceros en este juicio.
No hubo discusión en la instancia de grado acerca del tiempo en el que el
impugnante dijo haber tomado conocimiento del reconocimiento, y entonces, la
caducidad de la acción ejercitada el 08/03/2019, quedó fuera del entendimiento
del tribunal -art. 269 CPCC-.
No obstante, sirve traer el tema a colación, porque la inteligencia del
plazo de caducidad de la acción de un año regulada en el art. 593 CCC,
contribuye a mi interpretación del caso en sentido diverso al que viene propuesto
en la votación.
Digo eso, pues como es sabido, ese reducido plazo de caducidad tiene en
miras el principio de estabilidad de las relaciones de familia e impide que, en
cualquier momento, se pretenda modificar un vínculo filiatorio existente, lo que
significaría avalar una interferencia ilegítima y arbitraria en la vida privada de las
personas, porque nuestro derecho contempla que en la identidad filiatoria, existe
también una perspectiva dinámica y presupone el arraigo de los vínculos
paterno-filiales asumidos y recíprocamente aceptados por padre e hijo, por lo
que la verdad biográfica merece respeto y amparo de la justicia (conf.:
KEMELMAJER DE CARLUCCI- HERRERA - LLOVERAS, Tratado de Derecho de
familia. Según el Código Civil y Comercial de 2014, Rubinzal-Culzoni Editores,
T.II, págs. 888/892).
Aquí el actor dijo saber desde siempre de la ausencia de vínculo biológico
entre su padre y los demandados, pero que se enteró del reconocimiento de
éstos, al reunir la documentación para iniciar el proceso sucesorio del padre,
fallecido el 16/01/2028.
Esgrimió en su escrito inicial que la acción tenía fundamento en la
ausencia de vínculo de sangre y en su interés por la porción hereditaria que a él
le correspondía "realmente" en el juicio sucesorio.
Esto es importante porque a diferencia del código derogado que aludía de
manera genérica entre los legitimados para ejercitar la acción a "los que tengan
interés en hacerlo", el art. 593 CCC precisa con acierto que ese interés debe ser
"legítimo".
Veo relevante al respecto que no se encuentre discutido en este juicio,
que entre el causante y los demandados existía posesión de estado y
socioafectividad, ya que no solo los accionados ocupaban el lugar de hijos en la
familia, sino que existía un sentimiento común que nutría las relaciones
familiares en el grupo.
Si bien el reconocimiento complaciente hoy merece una censura
valorativa, era para la cultura del momento en que acontecieron los hechos, un
acto de amor, que se sostuvo con la igualdad de trato entre todos los hijos del
grupo familiar y luego los nietos, lo cual no puede soslayarse cuando se trata de
privar de efectos a ese acto personalísimo sostenido por cinco décadas por el
reconociente y hasta su muerte, con el consiguiente desarrollo de las relaciones
filiales, parentales y afectivas.
Hablar de "interés legítimo" también lleva a considerar la preeminencia
que puede otorgarse al interés patrimonial justificado en motivos biológicos, por
sobre los vínculos socioafectivos existentes y la posesión de estado de hijos que
han gozado los demandados al menos desde que se formalizó el reconocimiento
impugnado.
En la disyuntiva, en el marco fáctico de la presente causa, entiendo por
mi parte debe darse preeminencia al derecho de los accionados, a quienes los
respalda el afianzamiento y solidificación del vínculo paterno filial aquí
constatado, siendo que la identidad en sentido dinámico, pondera que el
verdadero sustrato de la familia estriba en el afecto entre sus miembros, como el
que cimentó que los accionados fueran tratados como hijos durante décadas
conformando su identidad.
Esa es la conclusión que entiendo emana de una adecuada ponderación
de los derechos involucrados, en donde pesa que el reclamo del actor esté
referido al desplazamiento del estado de familia que ostentan quienes han sido,
desde que nació, sus hermanos, y que las razones sean de orden patrimonial.
La doctrina ha explicado que el criterio socioafectivo para la
determinación del estatus del hijo constituye una excepción a la regla de la
genética para cuando existe una vida de relación y un afecto entre las partes,
porque la noción de socioafectividad es una de las múltiples proyecciones del
derecho a la identidad de las personas. Por eso, la legitimación de los "terceros
con interés legítimo" no puede estar dada para que beneficios o ventajas de
índole económica justifiquen la intervención en vínculos familiares perdurables,
basados en la socioafectividad, elemento constitutivo del derecho a la identidad
(FAMÁ, Victoria: Legitimación de los terceros interesados en las acciones de
desplazamiento filial", en LL, 2018-F , 560; DFyP 2018 (diciembre), 3; TR LL,
AR/DOC/1872/2018).
Aunque no coincida la realidad biológica, la continuidad del vínculo
jurídico aquí atacado, se funda pues en la identidad dinámica e indudable
socioafectividad existente, dada la conjunción del afecto y social consolidado,
fenómeno con implicancias jurídicas en diversas disposiciones del código de
fondo que tiene especial reconocimiento jurisprudencial en el ámbito de la
filiación.
Entiendo pues, como lo apreció el Dr. Eduardo De Lázzari en uno de sus
recordados votos, que atender a la clarificación de la filiación a favor de terceros
en un tiempo tan distante de la minoridad cuya finalidad es borrar la identidad
dinámica de aquellas, sus atributos de personalidad y patrimonio, implicaría
posponer el concepto moderno de persona que hace que el ordenamiento
jurídico, para lo cual, la interpretación y el proceso aplicativo del derecho, lejos
de poder entenderse como una operación mecánica pasa a ser algo necesario y
rigurosamente axiológico (SCBA, "N. d. S., A. A. c. D. S. y S., M. V. y ot. s/
petición de herencia", 09/06/2010, en TR LL, AR/JUR/30424/2010Revista).
Adicionalmente, el derecho sucesorio cuenta con soporte legal para
cuestiones en los que se presentan cuestiones relacionadas con vínculos
socioafectivos, como la previsión del art. 730 CPCC, cuanto más en este caso,
donde la voluntad del causante fue sostener hasta su muerte la condición de
herederos legítimos de los demandados (conf.: IGLESIAS, Mariana B.: ¿Puede la
socioafectividad convertirse en fuente de vocación hereditaria en el derecho
argentino vigente?, en RDPC, 2020-2, Cuestiones patrimoniales del Derecho de
las Familias - II, Rubinzal-Culzoni Editores, pág.276).
Así las cosas, y para terminar, de acuerdo a la línea de pensamiento que
he desarrollado, la acción intentada puede ser vista, incluso, como un ejercicio
abusivo del derecho del actor, conforme al concepto receptado en el art. 10 CCC,
que los jueces debemos evitar.
Los agravios solo admiten su rechazo.
3.- Propicio pues, dictar sentencia desestimando el recurso tratado,
imponiendo las costas de esta instancia al apelante vencido.
Dejo auspiciado además, se difiera la regulación de honorarios por la
actuación profesional cumplida ante este Tribunal para cuando obren los de
grado.
ES MI VOTO.
A LAS MISMAS CUESTIONES PLANTEADAS EL SR. VOCAL DR. MARCELO J.
ARNOLFI, DIJO:
1).- Por compartir sus fundamentos adhiero al voto del Dr. Mariano
Morahan.
Me permito agregar que el art. 593 del CCC dice, en lo pertinente,
respecto de la acción de impugnación del reconocimiento que: “...los demás
interesados pueden ejercer la acción dentro de un año de haber conocido el acto
de reconocimiento o desde que se tuvo conocimiento de que el niño podría no ser
el hijo”.
Como surge de las constancias de autos, no se discutió en la instancia de
grado el tiempo en el que el impugnante dijo haber tomado conocimiento del
reconocimiento, por lo que la caducidad de la acción quedó fuera del
entendimiento del Tribunal (Art. 269 del CPCC).
La aludida caducidad no fue motivo de recurso. Ello torna imperativo
respetar el art 269 del CPCC en cuanto señala que: “El tribunal no podrá fallar
sobre capítulos no propuestos a la decisión del juez de primera instancia”.
2).- Debe tenerse en cuenta también que encontrándose incontrovertido
el tiempo en el que el impugnante tomó conocimiento del reconocimiento, no
existe otra inteligencia de interpretación al art. 593 del CCC que sus palabras
que son claras.
Si bien el criterio del respeto de la verdad biográfica puede ser defendido
doctrinariamente no está expuesto en la norma.
El interés legítimo del impugnante surge de los propios hechos de la
controversia. El legislador no otorgó mayor derecho o preeminencia a los
vínculos socioafectivos existentes o a la posesión de estado por sobre la verdad
biológica.
En suma, no se encuentra legislado nuestro sistema un reconocimiento
de vínculos filiales en base al trato o el afecto. No discuto la posibilidad de que
sea un mejor sistema. El de nuestro código no es ese.
Si bien soy respetuoso de los valiosos criterios doctrinarios que se han
expuesto, en otro sentido nos corresponde obedecer a otra norma inserta en
nuestro código civil que es el artículo 1 del CCC que establece que los casos
deben ser resueltos de acuerdo a las leyes aplicables, conforme con la
Constitución Nacional y los tratados de derechos humanos en los que la
República sea parte.
Respecto de la interpretación del art. 393 del CCC uno de sus autores
señala que el código sigue un criterio realista (Cfr. LORENZETTI, Ricardo Luís, Código
Civil y Comercial de la Nación Comentado, Ed. Rubinzal- Culzoni, 1ra. Edición 2015,T. III, pág.
674).
Si es así, resulta clara la preeminencia de la verdad biológica por sobre
otras consideraciones.
Tampoco se ha esgrimido para resolver en ésta instancia que la acción
intentada constituya un abuso de derecho.
En tal sentido no se argumentó de qué modo peticionar en derecho lo
que luego se acreditó mediante prueba desafíe límites impuestos por la buena fe,
la moral o las buenas costumbres, y es una cuestión que tampoco puede tratarse
en éste Tribunal por no formar parte de las cuestiones recurridas.
ASÍ VOTO.
Con lo que se dio por terminado el acto, quedando acordada la Sentencia
siguiente: FD.: MARIANO MORAHAN, ANA CLARA PAULETTI (en
disidencia), MARCELO J. ARNOLFI. Ante mí: DANIELA A. BADARACCO,
Secretaria.
SENTENCIA:
GUALEGUAYCHÚ, 19 de octubre de 2023.
Y VISTO:
Por los fundamentos del Acuerdo que antecede, por mayoría;
SE RESUELVE:
1.- ADMITIR el recurso de apelación interpuesto el 16/03/2023 por el
actor José Luis Ramon Taffarel, contra la sentencia dictada el 08/03/2023, la que
se revoca, y en consecuencia, hacer lugar a la acción de impugnación de
reconocimiento de filiación extramatrimonial, con el alcance establecido en el
considerando 6 del voto de la mayoría.
2.- IMPONER las costas de ambas instancias a los coaccionados vencidos
María Lucrecia Taffarel y Claudio Alberto Taffarel.
3.- REGULAR…
4.- REGULAR...
5.- REGISTRAR, notificar conforme SNE y, oportunamente, remitir al
juzgado de origen. Fdo.: ANA CLARA PAULETTI, MARIANO MORAHAN,
MARCELO J. ARNOLFI.
Conste que la presente se suscribe mediante firma digital. En 19 de octubre de 2023 se
registró en soporte informático (Acuerdo S.T.J Nº 20/09 del 23/06/09 Punto 7).
Asimismo, existiendo regulación de honorarios a abogados y/o procuradores, y en
función de lo dispuesto por la ley 7046, se transcriben los siguientes los artículos:
Art. 28: NOTIFICACIÓN DE TODA REGULACIÓN. Toda regulación de honorarios
deberá notificarse personalmente o por cédula. Para el ejercicio del derecho al cobro del
honorario al mandante o patrocinado, la notificación deberá hacerse en su domicilio real.
En todos los casos la cédula deberá ser suscripta por el Secretario del Juzgado o Tribunal
con transcripción de este Artículo y del art. 114 bajo pena de nulidad. No será necesaria
la notificación personal o por cédula de los autos que resuelvan los reajustes posteriores
que se practiquen por aplicación del art.114".
Art. 114: PAGO DE HONORARIOS. Los honorarios regulados judicialmente deberán
abonarse dentro de los diez días de requerido su pago en forma fehaciente. Operada la
mora, el profesional podrá reclamar el honorario actualizado con aplicación del índice,
previsto en el art. 29 desde la regulación y hasta el pago, con más un interés del 8%
anual. En caso de tratarse de honorarios que han sido materia de apelación, sobre el
monto que quede fijado definitivamente su instancia superior, se aplicará la corrección
monetaria a partir de la regulación de la instancia inferior. No será menester justificar en
juicios los índices que se aplicarán de oficio por los Sres. Jueces y Tribunales”.
Secretaría, 19 de octubre de 2023. Fdo.: DANIELA A. BADARACCO, Secretaria.