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Filo Ooo

El 'Discurso del método' de Descartes busca establecer un método racional para alcanzar la verdad en las ciencias, fundamentado en la razón y la intuición. Descartes propone cuatro reglas del método y utiliza la duda metódica para llegar a la primera verdad indudable: 'Cogito, ergo sum' (Pienso, luego existo), que establece la existencia del pensamiento como base del conocimiento. A partir de esta base, Descartes desarrolla argumentos para demostrar la existencia de Dios y la realidad exterior al pensamiento.
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Filo Ooo

El 'Discurso del método' de Descartes busca establecer un método racional para alcanzar la verdad en las ciencias, fundamentado en la razón y la intuición. Descartes propone cuatro reglas del método y utiliza la duda metódica para llegar a la primera verdad indudable: 'Cogito, ergo sum' (Pienso, luego existo), que establece la existencia del pensamiento como base del conocimiento. A partir de esta base, Descartes desarrolla argumentos para demostrar la existencia de Dios y la realidad exterior al pensamiento.
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1.

El discurso del método

La intención principal de Descartes es lograr una verdad filosófica a través de la razón, a


través de un método adecuado con el que pudiera demostrar verdades de manera racional y
sistemática. Además, este método serviría a todas las ciencias para alcanzar la verdad. El
título completo del Discurso es “Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la
verdad en las ciencias”.
A continuación, un breve resumen:
- En su 1ª parte contiene variadas noticias sobre su vida y estudios, así como diversas
opiniones sobre las ciencias y la necesidad que ellas tienen de un método común para todas. -
En su 2ª parte expone las reglas de su método, reglas que han de proporcionar al que las siga
la seguridad y la certeza de que cualquier conocimiento alcanzado será verdadero. - Y en la 4ª
parte expone un resumen de su metafísica y su teoría de las tres sustancias. - En las otras
partes encontramos: en la 3ª, su moral provisional; en la 5ª, un resumen de su Física; y en la
6ª, la afirmación de que el conocimiento que obtenemos gracias a las ciencias no es
simplemente theoria (contemplación racional de la naturaleza), sino que ha de servir para
dominar la naturaleza y ponerla al servicio del hombre.

1.1. El método cartesiano

La cuestión que Descartes se plantea es la construcción de un método que permita aplicar


bien el buen sentido o razón que todos los seres humanos poseemos por naturaleza, o dicho
de otro modo, un método que nos permita dirigir bien nuestra facultad de conocimiento y
aumentar nuestro saber.
Descartes confiaba en la razón para alcanzar la verdad. Además, la razón es la misma para
todos los seres humanos. Si la razón es una, el método debe ser uno y el saber que alcance
también único.
El método ha de ser un conjunto de reglas, fáciles de usar y que permitan aplicar bien nuestro
buen sentido o razón, haciendo que se acreciente/progrese nuestro conocimiento con el
descubrimiento de nuevas verdades.

Dos ciencias que sorprendieron a Descartes por su capacidad para alcanzar verdades
indudables fueron las matemáticas y la geometría. Descartes se vería influido por éstas e
incluso haría importantes avances en estos campos como la invención de la geometría
analítica.

El descubrimiento de Descartes de que podía unificar ciencias como las anteriores lo llevaron
a convencerse de que podía unificar todas las ciencias en una única ciencia, la “Mathesis
Universalis” a través de un método basado en las matemáticas.

Descartes, por tanto, confiaba en la razón para alcanzar la verdad, el problema era aplicarla
bien. Hay factores exteriores a ella (como una educación equivocada o las pasiones que
asaltan el alma o la impaciencia por conseguir un resultado, etc.) que perturban su juicio y la
llevan a cometer errores (a tomar por verdadero lo que es falso). De ahí que sea necesaria la
existencia de algunas reglas de acuerdo con las cuales guiar/aplicar las dos operaciones
básicas de nuestra razón o entendimiento: la intuición y la deducción.

1.2. Las operaciones de la mente.

- Por intuición Descartes entiende una actividad puramente racional en virtud de la cual
conocemos de modo inmediato una verdad evidente. Un conocimiento claro y distinto que
no deja lugar a dudas (evidente).

- Por deducción, toda inferencia o razonamiento demostrativo en virtud del cual llegamos a
concluir alguna verdad a partir de otras verdades ya conocidas.

El método cartesiano está inspirado en el que utilizan las matemáticas, que toman como
punto de partida axiomas evidentes para ir deduciendo teoremas.
1.3. Las reglas del método.

En la 2ª parte del Discurso expone Descartes las 4 reglas del método:

1ª) Regla de la evidencia: no se debe aceptar como verdadera afirmación alguna cuya verdad
no pueda ser intuida con absoluta evidencia. Dicho de otro modo: sólo hay que admitir como
verdaderas aquellas afirmaciones que nuestro pensamiento intuye con tal claridad y
distinción que no es posible dudar de ellas en absoluto.

Por “claridad” entiende Descartes el “conocimiento manifiesto a una mente atenta” y la


evidencia interna de una idea. Por “distinción” comprende el poder precisar su contenido de
forma simple.

2ª) Regla del análisis: hay que descomponer los problemas complejos (no evidentes) en
tantas partes simples como sea necesario para intuir su evidencia.

3ª) Regla de la síntesis: hay que volver a unir mediante una cadena de deducciones las
afirmaciones simples obtenidas tras el análisis, para conocer la relación lógica que las une y
proceder de lo simple a lo complejo.

4ª) Regla de la enumeración: y, por último, hay que comprobar constantemente los pasos
dados, enumerando y revisando los pasos, con el fin de estar seguros de no haber cometido
ningún error en ellos.

Son cuatro reglas que persiguen un mismo objetivo: darnos la certeza (seguridad racional) de
que toda investigación científica o filosófica que las utilice alcanzará la verdad por difícil y
compleja que pueda parecer.

Tal y como aconseja la 1ª regla no hay que admitir como verdadera ninguna afirmación que
no sea evidente, por eso Descartes comienza su filosofía con la duda.
2. La duda metódica y las primeras verdades.

La regla de la evidencia exige aplicar la duda metódicamente, es decir, dudar de todos


aquellos conocimientos que poseemos y que no son evidentes.

Aclaración: El adjetivo metódica nos indica que la duda con la que Descartes comienza su
filosofía no debe confundirse con la duda de los escépticos, pues éstos dudan de todos
nuestros conocimientos porque sostienen que nuestra facultad racional es incapaz de alcanzar
verdades universales, mientras que la duda cartesiana es metódica porque está convencida de
que, dudando de las ideas que no son evidentes, nuestra razón llegará a encontrar alguna
verdad indudable, absolutamente evidente, sobre la que construir una filosofía verdadera.
La búsqueda de alguna verdad evidente sobre la que levantar la filosofía, significa, pues,
dudar de todos aquellos conocimientos que no sean intuidos con claridad y distinción:

a) Los sentidos.

Primero hay que dudar de todos aquellos conocimientos que poseemos a través de los
sentidos, pues éstos nos engañan muy a menudo y no es descabellado pensar que en realidad
nos engañan constantemente.

b) La realidad percibida y los sueños.


Que los sentidos sean engañosos permite dudar de que las cosas sean en realidad tal y como
las percibimos sensiblemente, pero no permite dudar de que las cosas sean reales, es decir,
que existan fuera de mi mente que las percibe. En este punto, Descartes introduce un segundo
motivo de duda: cuando soñamos, los objetos soñados se presentan con tanta viveza que los
tomamos por reales, y sólo al despertar descubrimos que no existen fuera de nuestra mente
soñadora. Del mismo modo, dice Descartes, pudiera ocurrir que nos estemos engañando al
creer que las cosas que perciben nuestros sentidos existan realmente fuera de la conciencia;
por tanto no es del todo evidente que este mundo percibido por los sentidos exista en
realidad, pues bien pudiera ser un simple sueño nuestro que sólo existe dentro de la
conciencia.
c) Los razonamientos y el “genio maligno”.
En relación a los razonamientos que utilizamos en la lógica, por ejemplo, Descartes afirma
que es posible admitir que nuestros razonamientos lógicos pueden contener errores. En
cuanto a los razonamientos matemáticos, que no podamos saber con evidencia si nuestros
conocimientos se refieren a una realidad objetiva existente fuera de nuestro pensamiento o si
son solamente algo que no existe más allá de nuestra subjetividad, no permite dudar de la
verdad de ciertas ideas matemáticas cuya evidencia no depende de si realmente existe o no el
mundo que nos muestran los sentidos.
Verdades matemáticas como, por ejemplo, que los tres ángulos de un triángulo suman 180º,
parecen absolutamente evidentes con independencia de si estamos despiertos o dormidos.
Pero Descartes introduce un último motivo de duda: ‘‘Tal vez exista algún genio maligno de
extremado poder e inteligencia que pone todo su empeño en inducirme a error’’. Esta
hipótesis del genio maligno le permite a Descartes extender la duda sobre todos nuestros
conocimientos, incluso sobre aquellos que parecen más verdaderos, como son los de las
matemáticas, pues viene a decir que, tal vez, nuestro entendimiento es de tal naturaleza que
siempre se equivoca cuando cree haber alcanzado alguna verdad.

2.1. La primera verdad: el cogito y la “res cogitans”

Esta duda metódica parece minar todas nuestras creencias y saberes, y los escépticos tendrían
pues razón. Sin embargo, del acto mismo de dudar de todo surge una verdad indudable: que
soy algo (una realidad, por tanto, una res, una cosa) que está dudando, y como dudar equivale
a pensar, el acto de dudar revela la existencia evidente de una realidad que piensa. De ahí que
Descartes concluya afirmado: Cogito, ergo sum (Pienso, luego existo), pues no podría dudar
si no fuese algo, alguna realidad, algo que existe como actividad pensante, es decir, que duda.

Del término cogito utilizado por Descartes hay que tener en cuenta lo siguiente:

- La verdad Cogito, ergo sum (Pienso, luego existo) es una evidencia racional, una intuición
alcanzada tras la duda metódica, y constituye el primer principio indudable de la filosofía
cartesiana.
- Tal intuición es la captación que hace de sí mismo el Yo en cuanto se intuye con claridad
como una realidad o sustancia cuya total esencia o naturaleza es pensar, denominada por
Descartes “res cogitans”.
El cogito, ergo sum no sólo es la primera evidencia o verdad indudable, sino además el
prototipo de toda verdad: es intuida por nuestra facultad de conocimiento con total claridad y
distinción, y éstas son las características que debe presentar toda afirmación para ser
aceptada como verdadera.
La evidencia, es decir, la claridad y la distinción es el criterio cartesiano de verdad: ‘‘Me
parece que puedo establecer como regla general que todo lo que percibo (con mi
pensamiento) clara y distintamente es verdadero’’ (4ª parte del Discurso). Con la filosofía
cartesiana se inicia lo que se ha llamado el giro subjetivista de la filosofía moderna:
- Los filósofos griegos y medievales han sostenido una epistemología realista: para ellos, los
objetos que nuestra razón trata de conocer existen realmente fuera de la conciencia. Y la
verdad era siempre una adecuación de nuestro entendimiento a lo que las cosas son. - La
filosofía moderna, por el contrario, va construirse sobre una epistemología idealista o
subjetivista, pues lo que resulta indudable en primer lugar no es la existencia del mundo, sino
la existencia del pensamiento que trata de conocer ese mundo. Y ahora la verdad consiste en
que las ideas, que son únicamente representaciones mentales con las que tratamos de conocer
el mundo, posean tal evidencia, sean tan claras y distintas para nuestro pensamiento, que
tengamos de antemano la seguridad subjetiva (la certeza) de que son verdaderas. Así pues,
para el racionalismo cartesiano, sólo podemos estar seguros de si una idea es verdadera
observándola con la razón y descubriendo su evidencia. Sólo tales ideas sirven para darnos
una representación adecuada/verdadera de la realidad.
Para la filosofía moderna, únicamente a través de las ideas (que no son realidades existentes
fuera de nuestro cogito/pensamiento, tal y como las entendió Platón, sino entidades mentales,
es decir, sólo existentes en nuestra subjetividad) nuestro pensamiento se representa el mundo
y trata de conocerlo.

2.2. Las ideas y la demostración de la existencia de dios

La duda metódica le lleva a Descartes al descubrimiento de una verdad absolutamente


indudable: la de la existencia de algo que duda/piensa, de un Yo pensante.
Pero, ¿cómo demostrar ahora que existe también una realidad exterior al cogito o Yo
pensante? Es decir, ¿cómo demostrar que ese mundo que los sentidos me muestran no es un
sueño mío y que existe realmente fuera de mi pensamiento?
El problema que en este punto ha de resolver Descartes consiste en deducir la existencia real
del mundo a partir de la única verdad indudable/evidente con la que cuenta, la de la
existencia del cogito o Yo pensante.
Para seguir adelante, Descartes enumera las afirmaciones verdaderas=evidentes con las que
cuenta:
- Existe una realidad pensante o cogito.
- Y esa res cogitans (realidad pensante) piensa ideas.

En efecto, yo pienso que el mundo existe y que hay cosas en él que son verdes o dulces,
aunque tal vez el mundo no exista realmente, ni tenga esas cualidades que yo le atribuyo,
pero es indudable que mi pensamiento tiene esas ideas: la de que el mundo existe y la de que
tiene ciertas cualidades.
Pues bien, ¿cómo podemos estar seguros de que las ideas que mi yo posee acerca del mundo
se refieren a una realidad existente fuera de mí? En este punto, Descartes repasa los diversos
tipos de ideas que maneja el cogito:

1. Ideas adventicias: son las que parecen venidas de fuera de mí, es decir, del mundo,
llegándome a través de los sentidos, como, por ejemplo, la de caballo, verde o casa. 2.
Ideas facticias: son las que fabrico yo mismo con la imaginación, como un caballo con
alas, una quimera o cualquier otro producto de la fantasía.
3. Ideas innatas: son las que ni proceden del mundo exterior ni son fabricadas por mí,
sino que mi yo pensante las posee dentro de sí desde siempre, ‘‘parecen nacidas
conmigo’’ ha escrito Descartes, como, por ejemplo, la idea de triángulo, la de que si
A=B, entonces B=A, o la idea de Dios. Son ideas claras y distintas, que poseen en sí
mismas evidencia racional indudable. Constituyen los principios del conocimiento.

Las ideas adventicias y las facticias no sirven para demostrar a partir de ellas la existencia
real del mundo: las adventicias, porque, aunque parecen provenir precisamente de fuera de mi
pensamiento, pueden en realidad ser un sueño mío; y las facticias, porque al ser fabricadas
por mi cogito, no sirven para demostrar la existencia de nada exterior a él. Por ello, las únicas
ideas que le permiten a Descartes demostrar la existencia indudable del mundo/realidad
exterior al pensamiento, son las ideas innatas y, entre ellas, la idea de Dios.

Lo primero que debe hacer Descartes es demostrar que Dios no es sólo una idea de nuestro
cogito/pensamiento, sino una auténtica e indudable realidad exterior a él. Para ello utiliza tres
argumentos:

a) Argumento gnoseológico (Dios como idea): es un hecho que en nuestro pensamiento


tenemos la idea de Ser Perfecto o Perfección Infinita (Dios); pero tal idea no es
adventicia (no ha llegado al cogito desde el exterior a través de los sentidos, pues
éstos nunca han captado un ser de tal naturaleza), ni facticia (no ha sido fabricada por
el pensamiento, pues éste es imperfecto, como lo demuestran sus continuos errores y
la misma duda, y lo perfecto no puede proceder de lo imperfecto), por lo que debe ser
innata, ha nacido con nosotros, e indica que ha sido puesta en el pensamiento por una
realidad exterior a él que posee tal perfección, es decir, por Dios.

b) Argumento de la contingencia (cosmológico): es un hecho que soy una realidad


imperfecta y contingente, y que, por tanto, mi existencia depende en última instancia
de la existencia de otro ser que no sea contingente como yo, sino necesario (exista por
sí mismo y no por causa de otro). Tal ser necesario, cuya existencia real hay que
afirmar por el hecho de que yo existo siendo contingente, es Dios.

c) Argumento ontológico: la idea de Ser Absolutamente Perfecto (Dios) implica


necesariamente que tal ser ha de existir, del mismo modo que la idea de triángulo
implica que ha de tener tres lados y que la suma de sus ángulos es igual a 180º.
Luego, tal Ser Perfecto no es sólo una idea del cogito, sino una realidad existente
fuera de él.

2.3. La existencia de Dios y la existencia del Mundo:

Una vez que Descartes se ha asegurado/demostrado que Dios existe realmente fuera del
cogito, pasa a deducir la existencia del Mundo: puesto que Dios existe y es absolutamente
perfecto, ha de ser también bueno y veraz, es decir, dada su perfección y bondad no puede
permitir que me engañe creyendo que el Mundo existe fuera de mi pensamiento si no fuera
verdad. Luego, el Mundo (la realidad material exterior a mi cogito) existe, no es un sueño
mío.
Así pues, según Descartes, la bondad divina es garantía de la existencia real del Mundo. Y,
además, nuestras ideas (en cuanto son claras y distintas =evidentes) proceden de Dios y,
siendo por ello verdaderas, nos permiten conocer el mundo tal y como es.

3. La metafísica cartesiana: las tres sustancias

Descartes compara la Filosofía con un árbol, cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la
física y las ramas que parten de ese tronco son todas las demás ciencias. La metáfora del
árbol sugiere, por un lado, la unidad de todos los conocimientos, pues por diversos que sean
sus contenidos u objetos, todos son producto de una sola facultad de conocer: la luz natural
de la razón o buen sentido; y por otro lado, que la Metafísica es la ciencia fundamental, pues
contiene los principios del conocimiento (ideas primeras acerca del ser o sustancia de las
cosas) que han de servir de punto de partida al resto de las ciencias, las cuales, si se apoyan
deductivamente en las verdades primeras de la metafísica, tendrán la certeza de que los
conocimientos así alcanzados serán verdaderos.
La Metafísica cartesiana sostiene que hay tres clases de sustancias o realidades
básicas: - La “res infinita”. Una sustancia espiritual infinita: DIOS.
- La “res cogitans”. Yo pensante.
- La “res extensa”. La materia o mundo físico.

La idea de sustancia, para Descartes, hace referencia a una realidad que existe en sí misma y
no en otra cosa, es decir, una realidad que no necesita de ninguna otra para existir y que,
además, permanece invariable por debajo de las modificaciones que pueda adoptar. Escribe
Descartes: ‘‘Cuando concebimos la ‘sustancia’ concebimos solamente una cosa que existe de
tal manera que no tiene necesidad sino de sí misma para existir’’. Por tanto, en sentido
estricto, el concepto de sustancia sólo es aplicable a Dios, pues sólo Él, dada su perfección,
no necesita de ninguna otra realidad para existir. Pero, en sentido amplio, el espíritu y la
materia son también sustancias, pues existen con independencia mutua.
Ahora bien, Descartes afirma que las sustancias no pueden conocerse directamente, sino a
través de sus atributos (propiedades esenciales) y sus modos (accidentes o modificaciones
no esenciales de la sustancia).

Los atributos de las sustancias son:


- El de la sustancia infinita: La perfección infinita.
- El de la sustancia pensante: El pensamiento.
- El de la sustancia extensa (material) : la extensión.

Por eso Descartes denomina res cogitans a la sustancia espiritual (pensante), pues es una cosa
que piensa, y cuyos modos o accidentes son los diversos actos conscientes del pensamiento,
como tener ideas, dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar, sentir, etc. Y a la sustancia
material, la denomina res extensa, es decir, cosa extendida en el espacio, cuyos modos o
accidentes son tanto las diversas figuras geométricas que la materia puede adoptar, como sus
movimientos en el espacio.

4. La física cartesiana: el mecanicismo

En la filosofía cartesiana, Dios garantiza, por un lado, que existe una realidad exterior al
cogito, y por otro lado, que tal realidad material o Mundo es tal y como mis ideas claras y
distintas (evidentes) lo piensan.
Pero, no todas las ideas que maneja nuestro pensamiento son claras y distintas. Según
Descartes, sólo aquellas ideas que se refieren a las llamadas cualidades primarias de los
objetos, como son las de espacio y movimiento, poseen la claridad y distinción necesarias
para que la razón las considere verdaderas.

El único Mundo que nuestra razón concibe con evidencia no es este de nuestra vida cotidiana,
conocido a través de los sentidos y sometido a fluctuaciones de muy diverso tipo, sino uno
compuesto de líneas, ángulos y figuras geométricas que se mueven en el espacio.

Para Descartes, el mundo físico o material es un colosal mecanismo de relojería creado y


puesto en movimiento inicialmente por Dios, pero que ahora se mueve por sí mismo en virtud
de ciertas leyes físicas, como por ejemplo, el principio de inercia (cuando una parte de la
materia ha empezado a moverse, no hay razón alguna para pensar que dejará de hacerlo si no
encuentra nada que retarde o detenga su movimiento). La realidad, por tanto es un conjunto
de cuer

La realidad física en Descartes no es teleológica (Aristóteles) sino mecanicista: Todo


movimiento en la naturaleza está causado por el choque entre partes de la materia, no por la
búsqueda de finalidades o télos como afirmaba Aristóteles.

¿Y los seres vivos? Descartes sostiene que son mecanismos muy perfeccionados. Los
animales y los vegetales son autómatas carentes por completo de alma, ya sea vegetativa o
sensitiva. ¿Y el hombre?

5. La antropología.

El ser humano, para Descartes, es una realidad compuesta de dos sustancias: espíritu y
materia.
En cuanto cuerpo material o sustancia extensa, el ser humano está sometido a las mismas
leyes mecánicas que cualquier otro cuerpo material.
Pero, en cuanto espíritu o sustancia pensante, el ser humano es libre y escapa, por tanto, a las
leyes que rigen inexorablemente los movimientos de la materia.
En el Discurso del Método (4ª parte) Descartes se refiere así al espíritu o alma humana: Una
sustancia cuya total esencia o naturaleza es pensar, y que para ser (existir) no necesita lugar
(espacio) alguno ni depende de ninguna cosa material. De manera que este yo, es decir, el
alma por la cual soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo y hasta es más fácil de
conocer que él, y aunque el cuerpo no existiera, el alma no dejaría de ser cuanto es.

El ser humano es, pues, una unión accidental (igual que para Platón) de dos sustancias: una
material y otra espiritual. Y dado que cada sustancia es una realidad que existe con
independencia de la otra, Descartes explicará la interacción entre ambas (es decir, el hecho de
que una modificación en la sustancia material, como por ejemplo, una presión sobre el
cuerpo, llegue a afectar al alma produciendo en ella alguna sensación, o el hecho de que una
modificación en la sustancia pensante, como por ejemplo, un deseo, pueda causar
movimientos en el cuerpo) diciendo que es a través de la glándula pineal, situada en el
cerebro, como se produce la comunicación o acción recíproca entre ambas sustancias.
La sustancia espiritual o pensante posee dos facultades básicas: el entendimiento (es decir,
la facultad racional o inteligente que nos permite distinguir lo verdadero de lo falso) y la
voluntad (es decir, la facultad de desear o querer).

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