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Apuntes Ortega

José Ortega y Gasset, filósofo español del siglo XX, buscó una síntesis entre razón y vida, influyendo en la vida intelectual de España. Su pensamiento se desarrolla en tres etapas: objetivismo, perspectivismo y raciovitalismo, donde este último reconoce la importancia de la razón al servicio de la vida personal y biográfica. Ortega critica tanto el idealismo como el realismo, proponiendo una 'razón vital' que se inserta en la historia y la circunstancia del individuo.
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Apuntes Ortega

José Ortega y Gasset, filósofo español del siglo XX, buscó una síntesis entre razón y vida, influyendo en la vida intelectual de España. Su pensamiento se desarrolla en tres etapas: objetivismo, perspectivismo y raciovitalismo, donde este último reconoce la importancia de la razón al servicio de la vida personal y biográfica. Ortega critica tanto el idealismo como el realismo, proponiendo una 'razón vital' que se inserta en la historia y la circunstancia del individuo.
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TEMA 10:

EL RACIOVITALISMO DE ORTEGA Y GASSET

1.​ CONTEXTO Y BIOGRAFÍA

José Ortega y Gasset (1883 - 1955) es el máximo y más


influyente representante de la filosofía española del siglo XX. Su
búsqueda de una síntesis entre razón y vida le llevó a exponer su
pensamiento de un modo que cualquiera pudiera entender, con un
estilo próximo al periodístico, lo cual chocó con los prejuicios de
la tradición académica, pero que sin embargo le permitió ejercer
un influjo considerable, incluso multitudinario, en la vida
intelectual española de la primera mitad del siglo XX.

José Ortega y Gasset nació en 1883 en Madrid y murió en


la misma ciudad en 1955. Estudió en la Universidad Central de
Madrid donde se doctoró. Poco después se marcha a Alemania. Entre 1905 y 1907 residió y
estudió de forma intermitente en las Universidades de Leipzig, Nuremberg, Munich, Colonia,
Berlín y, sobre todo, Marburgo («la Meca del idealismo», dirá Ortega). En Marburgo recibe
la influencia de dos importantes filósofos neokantianos, Paul Natorp y Hermann Cohen.
Tras su regreso a Madrid gana la cátedra de Metafísica de la Universidad Central de
Madrid en 1910 , que ocupa hasta el comienzo de la Guerra Civil en julio de 1936. En agosto
de este año deja Madrid, yéndose primero a París y después a Buenos Aires y Portugal. En
1946 regresa a España, donde permanece hasta su muerte en 1955.
Entre las muchas obras que llega a publicar, conviene citar: Meditaciones del Quijote
(1914), El tema de nuestro tiempo (1923), La rebelión de las masas (1930), Historia como
sistema (1935).
Respecto al contexto histórico y social debemos decir que en 1898 tuvo lugar la
pérdida de las últimas colonias españolas (especialmente Filipinas y Cuba) y este hecho tuvo
enormes resonancias tanto a nivel social como en el ámbito intelectual español. A partir de
ese momento y durante toda la primera mitad del siglo XX, "el problema de España" se
convierte en el centro de la preocupación de los intelectuales y escritores españoles. Ortega
meditará frecuentemente sobre el lúgubre destino de España, tratando de detectar sus causas y
buscando remedio a sus males, reconociendo el atraso de España respecto a Europa y la
necesidad de que se regenerase recuperando el terreno perdido en los últimos siglos. Esto
suponía la inclusión de España en la vida democrática, liberal, científica y cultural de los
grandes países europeos del momento. Al defender esta posición Ortega adoptaba una
posición decididamente europeísta.
En relación a la situación de España, su preocupación prioritaria fue la renovación
cultural y la introducción en España del pensamiento europeo: su actividad intelectual enlaza
con lo que entonces se llamó “regeneracionismo”.

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En relación a su pensamiento, la obra del filósofo español José Ortega y Gasset hay
que situarla en el contexto del final del pensamiento metafísico.
A partir de Kant, la filosofía abandona definitivamente el antiguo afán por llegar al
conocimiento de la sustancia de lo real, al noúmeno como lo llamó Kant, y en consecuencia
ya no aspira a alcanzar verdades indudables y eternas como pretendió Descartes al inicio de
la edad moderna. Ni siquiera trata ya de reflexionar sobre la «Vida» en general y con
mayúscula, como hemos visto hacer a Nietzsche, sino sobre la vida del individuo concreto: el
«existente fácticamente dado» (dice Heidegger, un renombrado filósofo alemán
contemporáneo de Ortega), «de carne y hueso» (dice Unamuno, escritor y filósofo español
algo mayor que Ortega), el «yo de cada cual que vive en una circunstancia» (nos dirá Ortega).
En fin, una filosofía que quiere ser más humanista y menos abstracta.

Así pues, la realidad que va a interesar a buena parte de la filosofía del siglo XX,
incluido Ortega, es la de la existencia humana individual. Y la razón capaz de indagar en esa
realidad personal concreta ya no es la razón cartesiana atemporal y matemática ni la razón
kantiana pura y trascendental, sino la «razón vital» que existe siempre en un tiempo
determinado. De ahí que a la «razón vital» Ortega termine por denominarla también «razón
histórica».

2.​ LAS ETAPAS DEL PENSAMIENTO DE ORTEGA.

Se suele aceptar que el pensamiento de Ortega se desarrolla en tres etapas sucesivas:

a) Objetivismo (1902-1910)
En todo este período -que incluye su estancia en Alemania-, Ortega publica
únicamente algunos artículos. Le preocupa el tremendo desfase de España respecto a Europa,
el cual -piensa- sólo podrá ser superado si se elimina el subjetivismo y el personalismo
dominantes.
"¡Salvémonos en las cosas!» es su consigna. Hace falta, pues, disciplina, método, critica,
racionalidad; objetividad, en suma.

b) Perspectivismo (1910-1923)
Publica Meditaciones del Quijote (1914).
Los dos grandes temas que llenan este período son los de la “circunstancia” y la
"perspectiva”. El sentido del concepto de "circunstancia” es aclarar que no existe un "yo”
aislado del mundo real. Con el concepto de perspectiva Ortega quiere superar el relativismo y
el racionalismo, como actitudes ilegítimas y contrapuestas.

c) Raciovitalismo (1923-1955)
Etapa de madurez que comienza con El tema de nuestro tiempo (1923) y sigue con La
rebelión de las masas (1930).

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El raciovitalismo pretende reconocer el valor de la razón, pero también sus raíces irracionales
(la intuición) y la pone al servicio de la vida. En esta misma línea de pensamiento, Ortega
afirmará que la vida es la realidad radical. Igualmente, afirma que «el hombre no es
naturaleza, sino historia», puesto que la vida, en la que consistimos, no es sino «lo que
hacemos y lo que nos pasa».

3.​ LA FILOSOFÍA DE ORTEGA

Ortega es un pensador situado en la corriente filosófica denominada


VITALISMO, pues va a afirmar que la VIDA, pero no la vida en
abstracto, no la vida en general o biológica, sino «nuestra vida, mi vida,
la de cada cual», la vida personal o biográfica, es la realidad fundamental
de la que debe partir la filosofía.
Como iremos viendo, con este nuevo punto de partida Ortega trata de
superar tanto el idealismo de la Edad Moderna como el realismo de la
filosofía antigua y medieval.

3.1. El tema de nuestro tiempo: La superación de la modernidad.

Cada época tiene una tarea fundamental que realizar y un destino; para Ortega la
nuestra es superar los principios básicos de la modernidad. El principio básico de la
Edad Moderna es el de la subjetividad, y la filosofía que lo gesta son el racionalismo y el
idealismo.
El racionalismo considera que la razón es la dimensión principal del individuo y que
con ella alcanzamos verdades atemporales y ajenas a cualquier elemento subjetivo. En su
versión extrema, el racionalismo es contrario a la vida.
Por su parte, para el idealismo el mundo es una construcción o contenido del sujeto
cognoscente. Frente a estos puntos de vista encontramos doctrinas opuestas: el idealismo
tiene como contraria la tesis realista del pensamiento antiguo y medieval (realismo ingenuo),
y al racionalismo se opone el relativismo y el vitalismo irracionalista. Pero ninguna de estas
dos oposiciones es correcta y es preciso superar el racionalismo y el relativismo, el idealismo
y el realismo.

Rechaza Ortega la visión de una razón ahistórica y transpersonal, pero sin proponer
una actitud vitalista radical, irracionalista; su «racio-vitalismo» reivindica una noción de la
razón que no sea contraria a la vida, la razón vital. Se trata de mantener una posición de
equilibrio entre el sujeto y el objeto, entre la mente y el mundo, entre el yo y las cosas.

3.2. La crítica al realismo y al idealismo.

En cuanto al idealismo moderno, el iniciado por Descartes (con quien comienza el


"giro idealista" de la filosofía, que parte de la existencia indudable del «yo» y sus ideas), se

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desarrolló con Kant (Idealismo Trascendental) y alcanzó su máxima expresión con la
filosofía de Hegel (denominada Idealismo Absoluto). La filosofía orteguiana va a tratar de
«superar» el idealismo de la filosofía moderna, pero evitando volver al realismo de la
filosofía antigua y medieval, para el cual la realidad exterior al «yo» (llámese Physis en la
antigüedad o Dios en la edad media) era incuestionable y anterior a la realidad del propio
sujeto.

El realismo da por supuesto que el mundo-objetivo existe con independencia de que


un yo-subjetivo lo perciba/ piense/conozca. Es el supuesto básico de la filosofía antigua y
medieval. Los filósofos griegos miraron/admiraron/ pensaron extensamente sobre la realidad
objetiva (la Physis, el Cosmos), y trataron de hallarle explicación para hacer ciencia
(episteme), pero no se dieron cuenta de la realidad del pensamiento, del 'yo', de la
subjetividad que procura explicar/conocer ese mundo de objetos.

Fue el idealismo de la filosofía moderna quien descubrió que el «sujeto» (yo, cogito,
pensamiento, razón pura) no es una realidad más junto con las cosas, sino, en primer lugar, la
realidad de la que tenemos inmediata evidencia (Descartes), y, en segundo lugar, la realidad
que determina el conocimiento de las otras cosas, pues cualquier objeto estará siempre
moldeado/organizado según la estructura general de la subjetividad humana desde el mismo
instante en que comienza a ser un objeto conocido (Kant).

Con la edad moderna la filosofía superó el “realismo” (físico/cosmológico) de los


griegos y descubrió la realidad (psíquica) del propio pensamiento. La subjetividad, el 'yo', la
'razón pura', fue el nuevo continente investigado por los filósofos modernos. Y ese esfuerzo
debe ser elogiado por pionero y necesario. Pero a Ortega el idealismo le parece una
filosofía tan parcial como lo fue el realismo antiguo: éste se olvida del sujeto y aquél se
olvida del objeto.
Por ello, la filosofía de Ortega está comprometida con la «superación del idealismo»,
la «gran tarea intelectual de nuestra época, el tema de nuestro tiempo». Escribe Ortega:
«Necesitamos corregir el punto de partida de la filosofía. El dato radical del Universo no es
simplemente: el 'pensamiento' existe o 'yo', pensante, existo; sino que si existe el pensamiento
existo yo que pienso y el mundo en que pienso, y existe el uno con el otro, sin posible
separación. Ambos somos en activa correlación: yo soy el que ve el mundo y el mundo es lo
visto por mí. Yo soy para el mundo y el mundo es para mí... Nada de esto podría serlo yo si el
mundo no coexistiese conmigo, a mi alrededor, apretándome, manifestándose,
entusiasmándome”.

En fin, que el hecho fundamental, la realidad primaria, el punto de partida de la


filosofía orteguiana que le va a permitir superar el idealismo moderno sin recaer en el
realismo es al que Ortega llama ‘mi vida’, la de cada cual: «La realidad primordial, el
hecho de todos los hechos, lo que me es dado es… ‘mi vida’… y MI VIDA es ante todo
un hallarme YO en el MUNDO».

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Pensar sobre ese hecho fundamental, esa realidad concreta, primera/original, con la
que me hallo, «mi vida», reflexionar sobre la esencial co-existencia del yo y el mundo, es la
tarea filosófica que Ortega se propone: «Lo primero, pues, que ha de hacer la filosofía es
definir ese dato, definir lo que es ‘mi vida’, ‘nuestra vida’, la de cada cual». En eso consiste
la filosofía de Ortega, que él denomina RACIOVITALISMO.

3.3. El raciovitalismo.

Desde Parménides hasta Descartes, pasando por Platón o Aristóteles, la «razón» fue
considerada como la facultad que nos permite conocer el 'ser' primero, permanente, sustancial
e invariable de las cosas. Es una razón de origen lógico-matemático («Nadie entre aquí sin
saber geometría», había escrito Platón a la entrada de la Academia), claramente insuficiente
para captar la realidad temporal, mudable, múltiple e inexacta de la vida, mi vida, la de cada
cual. De ahí que, según Ortega, la filosofía deba dar un giro radical y sustituir la 'razón pura',
abstracta y universal, por una 'razón vital', es decir, por una razón que esté al servicio de la
vida, de mi vida, la de cada cual.
Ahora bien, ello no hace de Ortega un defensor del irracionalismo al estilo de
Nietzsche. Ortega cree que la razón es el instrumento humanizador de nuestra vida: el
instrumento que, en primer lugar, nos es necesario para VIVIR y, en segundo lugar y más
importante, para convertir el vivir genérico inconsciente, biológico, común a toda vida, en mi
vida. Dicho de otro modo: la "razón" de la que habla Ortega, la «razón vital», es la que nos
permite dotar de sentido consciente (transformar en mi vida) al vivir biológico involuntario.
Convierte el impersonal 'vivir' en vivencias mías, rasgo esencial de la vida humana. En fin, la
«razón vital» está orientada a dotar de sentido biográfico (personal e intransferible) al vivir
biológico (propio de la especie).

Escribe Ortega: «Dentro de pocos años parecerá absurdo que se haya exigido a la vida
ponerse al servicio de la cultura y la razón. La misión del tiempo nuevo es precisamente
invertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética quienes han de servir
a la vida.»
Esta razón, que Ortega denomina ‘razón vital’, le sirve a la vida humana, no para
conocer la sustancia de la realidad, la esencia eterna de las cosas, el noúmeno, sino para que
el yo particular, el individuo concreto, llegue a orientarse con algún sentido en la realidad
histórica y concretísima en la que vive, «el aquí y el ahora», en eso que Ortega llama la
circunstancia.

Resumiendo: la «razón vital» orteguiana es un nuevo tipo de razón que trata de


reflexionar sobre el ser temporal (histórico) en que consiste la vida humana, mi vida, la de
cada cual. Y ello para ponerse al servicio de ésta, para dotar a la vida de sentido biográfico,
personal, singularísimo, es decir, convertirla en «mi vida».

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3.4. La razón histórica.

El concepto de «razón vital» queda en los últimos años de Ortega englobado en el


concepto más amplio de «razón histórica», pues el vivir humano no se comprende sin
insertarlo en el tiempo que le ha tocado vivir. «El hombre no tiene naturaleza, sino que tiene
historia», escribió Ortega. Por eso se hace necesaria una razón (un tipo de pensamiento) que
sea capaz de indagar en la estructura temporal de la vida humana, lo cual significa que debe
tratar de asumir de modo consciente el "destino histórico" de cada época, el "programa vital"
de cada generación, descubrir la esencial relación entre 'ser humano' y 'tiempo'. Porque el
tiempo es la malla que da realidad fluida a la vida humana y la proyecta al futuro obligándola
a hacerse y rehacerse constantemente.
Así pues, el tipo de razón que se necesita para darle sentido de futuro a la realidad
temporal del vivir humano es lo que Ortega denomina «razón histórica».

3.5. Vida y circunstancia.

La filosofía de Ortega parte de la realidad primera que es “mi vida”, definida como un
'yo' rodeado de algo que no es 'yo', pero que es inseparable de mi vida y que Ortega denomina
mundo o “circunstancia”. Así pues, «la verdad radical es la coexistencia de mí con el
mundo. Existir es primordialmente coexistir».
Dicho con la frase más conocida de Ortega: «Yo soy yo y mi circunstancia».

- Yo soy yo: la vida de la que habla Ortega es un hecho individual, es «mi vida», única, pues
la existencia humana tiende a su Yo íntimo, a ser consciente de sí misma, a diferencia de la
vida animal, en la cual cada individuo es una repetición de la especie, sin intimidad que lo
singularice.
- Y mi circunstancia: pero «mi vida» no es únicamente un «yo», sino un YO esencialmente
abierto a lo que la rodea, a lo que Ortega denomina «circunstancia».

«Mi circunstancia» es pues:


-​ Todo lo que no soy yo: muy en primer lugar los «otros yos», pues la vida humana es
eminentemente una realidad social, pero también todas las otras cosas del mundo.
-​ Pero que es inseparable de mí: pues mi vida es una realidad cuya existencia está
ligada estrecha y necesariamente al mundo que la rodea, sin el cual no podría vivir,
mundo que existe instando a mi vida a hacer algo. Y en eso consiste vivir: un 'yo'
haciendo algo con ese 'no-yo' que le rodea incitándole a la acción.

Escribe Ortega: «Vivir es lo que nadie puede hacer por mí –la vida es intransferible–,
no es un concepto abstracto, es mi ser individualísimo. Por vez primera, la filosofía parte de
algo que no es una abstracción».

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Es decir, Ortega quiere que el nuevo punto de partida de su filosofía sea una realidad
concreta: «mi vida, la de cada cual». «Mi vida», punto de partida del raciovitalismo
orteguiano, no es sólo ni principalmente un hecho biológico (algo involuntario, general y
común a todo lo que vive), es un hecho biográfico (algo personal y por ello consciente de sí
mismo, algo único). Pero también, no lo olvidemos, es un hecho social, porque la vida de
cada cual es una intimidad abierta muy en primer término a la vida de los otros 'yos', que son
una parte fundamental de mi circunstancia. Y, por último aunque no menos importante, es un
hecho histórico, pues mi vida se desarrolla en un tiempo concreto, en una época y en una
generación determinada; y, como veremos, cada generación tiene un singular proyecto de
futuro (una forma propia de vivir el tiempo).

3.6. “Las categorías de la vida” (atributos de la vida).

Una vez descubierto ese hecho primordial, esa 'noticia' de última hora de que nuestra
vida, la de cada cual, es un coexistir inseparable yo-circunstancia, Ortega se pone a
investigarlo con lupa, pues desea tener la exclusiva sobre el mismo, se pone a averiguar
concienzudamente todos los datos sobre él. Y así va exponiendo cuáles son los atributos de
la vida humana, sus categorías fundamentales.

“Las categorías de la vida” (atributos de la vida):

► Al analizar nuestra vida lo primero que hallamos es que «Vivir... no sería nuestra vida si
no nos diésemos cuenta de ella. Este es el primer atributo decisivo con que topamos: vivir es
esa realidad extraña…que tiene el privilegio de existir para sí misma. Todo vivir es vivirse,
sentirse vivir, saberse existiendo». En fin, que el primer atributo de la vida humana es que
es una realidad consciente de sí misma, una realidad que se da cuenta de que vive.

► El segundo atributo de la vida es que es un quehacer. «Vida es lo que hacemos; claro,


porque vivir es…, en suma, encontrarse a sí mismo en el mundo ocupado con las cosas y los
seres del mundo». La vida no se nos da como algo hecho, sino que se va haciendo mediante
la apertura del 'yo' a las cosas (el 'no-yo'), a la circunstancia o mundo en torno. Vivir es una
actividad.

► El tercer atributo de la vida consiste en que «vivir es encontrarse en el mundo». Escribe


Ortega: «Todo vivir es convivir con una circunstancia». Pero mi vida no se encuentra entre
las cosas del mundo como una cosa más entre otras, sino como aquella cosa/realidad a la que
afectan/interesan vitalmente (para su propio ser , para su propio vivir) todas las otras que le
rodean. Vivir es, pues, encontrarse en el mundo ocupado en las cosas que hay en torno, cosas
que no son ni están nada más, sino que me instan (a ocuparme en/de ellas), y que constituyen
la circunstancia ( lo que me rodea instándome a hacer algo). Yo no vivo si no es ocupándome
de lo que no soy yo. “Yo soy yo y mis circunstancias”.

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► Otro atributo es que nuestra vida, que nos es dada, nos es dada sólo como problema, está
«constituida por una incesante forzosidad de resolver el problema de sí misma». Por eso «la
vida es un problema que necesitamos resolver nosotros». Nos obliga a elegir constantemente
lo que vamos a hacer.

► Así que otro atributo es el de que vivir es tener continuamente que elegir entre varias
posibilidades. Nuestra vida está lanzada a lo posible, es relativamente libre dentro de las
limitaciones que impone la circunstancia. «Por lo mismo que nuestra vida es en todo instante
un problema, grande o pequeño, que hemos de resolver sin que quepa transferir la solución a
otro ser, quiere decirse que no es nunca un problema resuelto, sino que, en todo instante,
nos sentimos forzados a elegir entre varias posibilidades». «Si no nos es dado escoger el
mundo en que va a deslizarse nuestra vida -y esta es su dimensión de fatalidad- sí nos
encontramos con un cierto margen, con un horizonte vital de posibilidades -y esta es su
dimensión de libertad- ; vida es, pues, la libertad en la fatalidad y la fatalidad en la libertad».

En fin, que «vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser». «Estamos condenados a ser
libres», dirá treinta años más tarde Jean-Paul Sartre, el conocido filósofo existencialista
francés. Aunque vivir como 'condena' angustiosa esa radical obligación de elegir que conlleva
siempre nuestra vida, está muy lejos de la visión optimista, aventurera, como un oasis de
posibilidades, que tiene Ortega del vivir. Para éste la vida es un riesgo, ¡qué duda cabe!,
riesgo de equivocarse, pero el error es siempre fuente de aprendizaje del vivir, fuente
caudalosa de la vida misma que explora sus posibilidades con una inquebrantable «voluntad
de aventura», pero sin perder nunca la cabeza. Para Sartre, muy al contrario, el riesgo de
equivocarse es una terrible espada que pende sobre nuestra vida, pues cada error se
siente/piensa como una vida extraviada para siempre, perdida definitivamente, dañada,
inauténtica; así que toda decisión es angustiosa; y la libertad, una condena.

► Y el último atributo expresa la paradoja esencial de nuestra vida: «es un ser que consiste,
más que en lo que es, en lo que va a ser, en lo que aún no es». Es decir, nuestra vida es una
realidad lanzada al futuro, un ser cuya existencia consiste en un cúmulo de proyectos.
Según Ortega, para nuestra vida, todo presente es, tal como indica la palabra misma, un
pre-ser, es decir, instante en que la vida pre-siente en su quehacer lo que va a ser en el futuro.
Por ello la vida humana, dice Ortega, nunca está en su ser, sino yendo siempre hacia él,
proyectándose sobre el futuro.
«La vida es futurición, es lo que aún no es». Tal es la condición temporal de la vida humana.
En fin, la vida humana es histórica, «una actividad que se ejecuta hacia adelante». Un
esencial pro-yectarse.

Resumiendo mucho: en primer lugar, «nuestra vida», la de cada cual, es un saberse


vivir, es decir, una consciencia singular de sí misma que inseparablemente incluye un activo
ocuparse en las cosas que la rodean, (el mundo que hay en torno suyo: la circunstancia). Y, en
segundo lugar, esa ocupación constante en que consiste vivir es siempre un problema que
hemos de ir resolviendo a base de decidir en cada momento lo que vamos a ser en el futuro.
Porque lo que «nuestra vida» hace aquí y ahora (en la circunstancia) es siempre un proyecto

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de futuro (la vida humana es histórica: tiene como rasgo esencial estar haciéndose de tiempo
'por-venir').

3.7. El Perspectivismo. Teoría del conocimiento.

La perspectiva es el particular punto de vista sobre la realidad que posee la vida de


cada cual: verdad parcial, individual, circunstancial, pero verdad al fin y al cabo, la verdad de
mi propia vida. Ortega sostiene que el ‘perspectivismo’ no es una especie de ‘escepticismo’ o
'relativismo', sino una forma nueva de concebir la verdad.
Nuestro filósofo sostiene que cada vida individual es una perspectiva verdadera e
insustituible sobre la realidad. Así escribe: «Cada hombre tiene una misión de verdad. Donde
está mi pupila no está otra. Lo que de realidad ve una pupila no lo ve otra. Somos
insustituibles, somos necesarios». La perspectiva es la verdad de nuestra vida. La forma
temporal, circunstancial, que mi vida tiene de orientarse en el mundo e ir resolviendo el
problema de vivir.
Además de las perspectivas individuales, Ortega afirma que existen también
perspectivas ‘supraindividuales’, como por ejemplo, las que llegan a forjar las generaciones o
las épocas históricas.
La perspectiva es en parte subjetiva, pues es el punto de vista de un 'yo', de una vida,
generación o época, pero a la vez es 'objetiva', algo propio de los 'objetos', una cara ofrecida
por el mundo exterior al 'yo' que sólo a mí se muestra, porque la realidad misma es
esencialmente perspectivística.
La realidad no es una sino múltiple, polifacética, ofrece inagotables perspectivas, está
abierta a infinitas posibilidades de acción/percepción. En fin, cada perspectiva no es
únicamente la 'visión subjetiva' de un 'yo', sino también un componente esencial de la
realidad objetiva, un aspecto constitutivo del propio mundo.
Si nuestra vida es esencialmente histórica, y cada individuo, generación o época tiene
una perspectiva verdadera e insustituible sobre la realidad, entonces la realidad en su
totalidad, es decir, el Universo todo (a cuya comprensión se inclina la razón humana) está
constituido por un infinito número de perspectivas. Y la verdad absoluta, eterna y universal,
válida para todos los hombres de todas las épocas, esa verdad de la que ha hablado la filosofía
desde los griegos, es una fantasía dogmática, pues dicha verdad, de ser algo, sería la suma de
todas las perspectivas.
Con la teoría del perspectivismo Ortega aspira a superar tanto el idealismo moderno
como el realismo antiguo, así como el racionalismo y relativismo. De acuerdo con dicha
teoría la realidad que conozco no existe independientemente de mí, puesto que es una
perspectiva mía, una idea/percepción construida desde mi vida, desde mi 'yo' (en esto se
aproxima al «idealismo»), pero no existiría mi perspectiva si no hubiera algo exterior al 'yo',
es decir, si no hubiera cosas o mundo fuera del 'yo' (en esto se aproxima al «realismo»). Esta
recíproca dependencia o coexistencia Yo y Mundo, esta necesidad que cada uno tiene del otro
para que ambos sean lo que son (mi 'yo', y no otro, en esta 'circunstancia' concreta que sólo a
mi yo se le muestra, instándole a hacer algo, porque en eso consiste precisamente "vivir"), es

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lo que Ortega expresa con la frase: «Yo soy yo y mi circunstancia». Primera definición de la
vida, mi vida, la vida cada cual. Y punto de partida de su filosofía.

3.8. Política y análisis de la sociedad.

La sociedad, los otros 'yos' con los que se encuentra todo vivir, forma una parte
principal de la circunstancia que rodea al yo. Ortega se propone indagar qué elementos de la
sociedad son fundamentales y determinantes de nuestra vida, mi vida, la de cada cual. Por un
lado reflexionará sobre el concepto de “generación”; por otro lado, en su obra “La rebelión
de las masas” analizará la situación social y política de España y Europa, y distinguirá entre
el “hombre masa” y el “hombre selecto”.

El concepto de «generación»:

La «dimensión histórica» es un rasgo esencial del ser humano en cuanto existe en una
sociedad determinada y en una circunstancia temporal concreta. Por ello, todo hombre entra a
formar parte, quiera o no, de una generación. Una generación cristaliza más o menos cada 15
años. De ahí que en la sociedad coexistan a la vez tres generaciones: jóvenes, hombres
maduros y viejos. Las generaciones que viven a la vez en la sociedad son coetáneas, pero no
se debería decir que son contemporáneas. «Contemporáneas» sólo lo son las personas que
forman parte de la misma generación, y ello porque viven en el mismo «tiempo interior», es
decir, han de enfrentarse para vivir a parecidos problemas y encararlos desde una perspectiva
temporal similar, con parecidas ideas, gustos, formas de vestir, modas, etc. Dicho
brevemente: contemporáneos son los que comparten una forma de vivir.
Del mismo modo que la vida del individuo es un quehacer lanzado al futuro, así
también las generaciones tienen históricamente su misión propia, sus propios y singulares
proyectos, sus propias ideas, su singular modo de vivir y de proyectarse hacia el futuro.
Así pues, la «razón vital» de Ortega trata de comprender el desarrollo de la sociedad
humana no tanto mediante la división «externa» del tiempo en “épocas” como hacen los
historiadores –época antigua, media, moderna y contemporánea–, sino principalmente
mediante la división «interna» de la sociedad en generaciones. Con ellas entran en crisis las
viejas creencias, aparecen ideas nuevas, se crean otras formas del vivir humano, de pensarlo
y, sobre todo, de ‘presentir’ el futuro y de querer realizarlo en el presente. Así pues, para la
“razón vital e histórica" el constituyente básico de la sociedad son las generaciones, no las
'clases sociales' (como sostenía Marx) ni las 'épocas' (como propone la historia tradicional) ni,
por supuesto, los individuos aisladamente considerados (como afirmó Kant y la teoría política
moderna, de Locke a Rousseau).

La distinción entre «hombre-masa» y «hombre-selecto»:

Cada generación está compuesta de dos tipos de personas: el hombre-masa (el


«rebaño», decía Nietzsche) y el hombre-selecto.

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«Hombre-masa» son aquellas personas para las cuales las creencias (los
pensamientos recibidos por tradición) ‘pesan’ más que las ideas propias. Son la mayoría, el
“hombre medio”, carente de singularidad destacable, que siendo incapaz de tener ideas
propias sigue las creencias comunes o las ideas de otros. Su voluntad sólo le da para deseos
de corto alcance (dirigidos al aquí y ahora) y no a largo plazo, pues esto último requiere
constancia en el esfuerzo y un doloroso no ceder ante las dificultades. Dice Ortega: «Cree que
tiene sólo derechos y no cree tener obligaciones: el hombre cómodo, perezoso, al que todo le
viene dado o exige a otros que se lo den, sin poner apenas esfuerzo por su parte.

El «hombre-selecto» es la minoría. Se afana por formular ideas nuevas en la sociedad


frente a las creencias recibidas. Es hombre de futuro, del que se puede decir que vive
presintiendo el futuro, viviéndolo anticipadamente. Sus ideas avivan en la sociedad (en la
'masa') el reto de nuevos quehaceres, el impulso de dar renovada forma al vivir humano.
Posee una fuerte "voluntad de aventura", de ir más más allá de las creencias comunes que la
tradición ofrece.

Sin embargo, Ortega afirma, como Nietzsche hizo también poco antes, que en su
tiempo se ha producido una «rebelión de las masas»: el hombre-masa ha alcanzado tal
preponderancia y poder en la sociedad actual que ha convertido en ideal de vida su
mediocridad. La sociedad presente parece no tener fuerza para vivir de acuerdo con nuevas
ideas. Del futuro ya sólo espera que sea igual o parecido que el pasado.

El hombre occidental ha perdido «voluntad de aventura», sólo desea la seguridad que


le dan las creencias comunitarias (del "rebaño"), no quiere riesgos, y si decide aventurarse, lo
hace también en rebaño y a través de alguna agencia de viajes que le asegure transporte, hotel
a pensión completa y rutas con guía. En Europa la voluntad de aventurarse en lo nuevo y
desconocido (que es precisamente en lo que consiste la auténtica vida humana) ha quedado
reducida a turismo de masas.

Según Ortega, con la “rebelión de las masas” ha llegado a la cultura europea una gran
crisis histórica, una profunda decadencia vital. Necesitamos más que nunca hombres-selectos,
pero la sociedad actual tiene una indudable creencia en la igualdad, vive empeñada en que
nada ni nadie sobresalga (al menos excesivamente), extendiéndose una vulgaridad y
mediocridad generalizadas.
Necesitamos ideas y no creencias. Porque, como dice Ortega, las ideas se tienen (son
producto de una voluntad consciente que quiere pensar de nuevo en las cosas, de una vida
que se quiere propia, singular, única, aventurera, con riesgo), mientras que las creencias te
tienen a ti, te hacen su esclavo, no son tuyas, son el material con el que la tradición moldea y
asegura la vida social, eliminando la «voluntad de aventura», o sea, la verdadera vida
humana, mi vida, la vida singularísima de cada cual.

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4.​ SOBRE LOS TEXTOS PAU.

4.1. El tema de nuestro tiempo (1923).

El tema de nuestro tiempo es un libro del filósofo español José Ortega y Gasset, publicado en
1923. El libro es el inicio de la etapa raciovitalista a la que contribuyó Ortega y Gasset.

Para Ortega, todo tiempo tiene una misión y en el libro desarrolla la que él considera que es
la misión de su generación, de su época: superar el concepto de subjetividad establecido por
el racionalismo y el idealismo durante la Modernidad.

I. "Relativismo y racionalismo".

En "Relativismo y racionalismo", Ortega discute la tensión entre estas dos corrientes


de pensamiento. El relativismo sostiene que el conocimiento y la verdad son relativos a
diferentes contextos y perspectivas, mientras que el racionalismo defiende la existencia de
verdades universales y objetivas. Ortega argumenta que, aunque el relativismo puede ofrecer
una visión más flexible de la realidad, también puede llevar a la confusión y la falta de
certezas. Por otro lado, el racionalismo, aunque busca una verdad absoluta, puede resultar
rígido y desconectado de la experiencia humana. Ortega sugiere que es necesario encontrar
un equilibrio entre ambas posturas para comprender mejor la complejidad de la vida.

II. "La doctrina del punto de vista".

En "La doctrina del punto de vista", Ortega introduce la idea de que todo
conocimiento está influenciado por el contexto y la perspectiva del observador. El concepto
de perspectiva es clave en este capítulo. Propone que no hay una única forma de entender la
realidad, sino que cada individuo aporta su propio punto de vista, lo que enriquece la
comprensión colectiva. Esta idea resalta la importancia de la subjetividad en la experiencia
humana y cómo nuestras interpretaciones son válidas en función de nuestras circunstancias y
experiencias personales.

4.2. "Sobre la historia del ser", en Apuntes para un comentario del Banquete de Platón.

En "Sobre la historia del ser", parte de Apuntes para un comentario del Banquete de Platón
Ortega reflexiona sobre la naturaleza del ser y su evolución a lo largo de la historia. Destaca
cómo el ser no es algo estático, sino que se desarrolla y se transforma en el contexto de la
experiencia humana.

Una de las principales ideas es la relación entre el ser y el pensamiento. Ortega argumenta
que nuestra comprensión del ser está profundamente influenciada por nuestra perspectiva

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histórica y cultural. Además, enfatiza la importancia de la filosofía en la búsqueda de un
entendimiento más profundo del ser, sugiriendo que el diálogo y la reflexión son esenciales
para este proceso.

También se menciona la conexión entre el ser y la vida, donde Ortega sugiere que el ser se
manifiesta a través de nuestras acciones y decisiones. Con este texto Ortega nos invita a
considerar cómo nuestra percepción del ser está entrelazada con la historia y la experiencia
humana, promoviendo desde su raciovitalismo y perspectivismo una visión dinámica y en
constante cambio.

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