Resumen oral
La “Convención Belém Do Pará” (también conocida como la Convención
Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer) fue el
primer tratado vinculante en el mundo en reconocer que la violencia contra las mujeres
constituye una violación sancionable de derechos humanos, y se firmó en la localidad de
Belém do Pará (Brasil) y fue suscrita el 9 de junio de 1994 con el objetivo de brindarles
una protección especial a los derechos de las mujeres y que los Estados ratificantes
implementen los lineamientos (expresados en dicha Convención) sobre políticas
públicas que permitan prevenir, sancionar y reparar la violencia contra las mujeres y las
niñas independientemente de su clase, raza o grupo étnico, cultura, nivel educacional,
edad o religión que afecte su desarrollo individual, social o en todas las esferas de vida,
brindando herramientas para enfrentar la violencia contra las mujeres con enfoque de
género.
La Convención, define a la violencia contra la mujer “como cualquier acción o
conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o
psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”, que puede tener
lugar dentro de su ámbito familiar o lugar doméstico, dentro de la comunidad y sea
violentada por cualquier persona (como en su lugar de trabajo, instituciones educativas,
establecimientos de salud o cualquier otro lugar) o que pueda ser penetrada por el
Estado y sus agentes.
En el artículo 7 establece cuales son las políticas que los Estados deben adoptar para
prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia como:
A. abstenerse de cualquier acción o práctica de violencia contra la mujer y velar por
que las autoridades, los funcionarios e instituciones se comporten de
conformidad con esta obligación
B. actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia
contra la mujer
C. incluir en su legislación interna normas penales, civiles y administrativas o de
otra naturaleza para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer
D. adoptar medidas jurídicas para conminar al agresor a abstenerse de hostigar,
intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la mujer
E. tomar todas las medidas apropiadas para modificar o abolir leyes y reglamentos
vigentes, o para modificar prácticas jurídicas que respalden la persistencia o la
tolerancia de la violencia contra la mujer
F. establecer procedimientos legales justos y eficaces para la mujer que haya sido
sometida a violencia, que incluyan, entre otros, medidas de protección, un juicio
oportuno y el acceso efectivo a tales procedimientos
G. que las mujeres objeto de violencia tenga acceso efectivo a resarcimiento,
reparación del daño u otros medios de compensación justos y eficaces
H. adoptar las disposiciones legislativas o de otra índole que sean necesarias para
hacer efectiva esta Convención.
En su artículo 8 habla de la adopción de:
programas que fomenten el conocimiento y la observancia del derecho de la
mujer a una vida libre de violencia, que modifiquen los patrones socioculturales
de conducta de hombres y mujeres
ofrecer a las mujeres violentadas el acceso a programas de rehabilitación y
capacitación para que puedan desarrollar una vida plena en todos sus aspectos
garantizar la investigación y recopilación de estadísticas y demás información
pertinente sobre las causas, consecuencias y frecuencia de la violencia contra la
mujer
fomentar la educación y capacitación del personal administrativo de la justicia,
policial y demás funcionarios encargados de aplicar las leyes o personal a cargo
de las políticas de prevención, sanción y eliminación de la violencia contra la
mujer para concientizar y que realicen sus actividades a través de una
perspectiva de género.
Esta última obligación se puede ver reflejada en Argentina con la “Ley Micaela” que
establece la capacitación obligatoria, permanente y progresiva en materia de género para
todas las personas que integran los tres poderes del Estado, con el objetivo de que
dichos funcionarios juzguen/actúen con perspectiva de género para detectar y erradicar
los patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género y
poder entre los hombres y las mujeres y para reconocer a la mujer como un sujeto
vulnerable dentro de la sociedad.
Perspectiva de género (concepto): consiste en la plena identificación de la desigualdad
estructural que padecen las mujeres y sirve para reconocer y visibilizar aquellos
patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género dentro de
la sociedad.
Caso Maria Da Penha
El Caso Maria Da Penha se trata del primer caso en que se aplicó la Convención de
Belém do Pará en el sistema interamericano, con decisión en que se responsabiliza un
país en materia de violencia doméstica contra las mujeres.
El 20 de agosto de 1998, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibió una
denuncia presentada por la señora María Da Penha Maia Fernandes con nacionalidad
oriunda de Brasil, junto con el Centro de Justicia y el Derecho internacional (CEJIL) y
el Comité Latino de Defensa de los Derechos de la Mujer (CLADEM), acerca de la
violencia que penetrada en su domicilio (Ciudad de Fortaleza, Estado de Ceará) por
parte de Marco Antonio Heredia Viveros, su esposo, durante su convivencia
matrimonial en donde la mujer recibió una serie de agresiones y dos tentativas de
homicidio: en una de ellas el señor Heredia Viveros le disparó con un revólver mientras
ella dormía, y luego de volver del hospital por la herida que había recibido, sufrió un
segundo atentado contra su vida en el cual el señor Heredia Viveros trató de
electrocutarla mientras ella se bañaba. Debido a las dos tentaciones, Maria Da Penha
Maia Fernandes tuvo que ser sometida a una paraplejia irreversible (con múltiples
tratamientos físicos de recuperación, ayuda dependiente de otros para movilizarse y
gastos permanentes en medicamentos y fisioterapeutas costosos) y sufría otros traumas
físicos y psicológicos. La mujer recibía constante agresión por parte de su marido, hacia
ella y sus tres hijas, y por temor no se atrevía a separarse, pero aquellos dos intentos de
femicidio hicieron que tomase la decisión de separarse judicialmente de él.
La justicia brasileña tardó más de quince años sin llegar a una condena definitiva contra
el ex-esposo de la señora Fernandes, quien quedó en libertad a pesar de la gravedad de
la acusación, de las pruebas en su contra y de los delitos cometidos en contra de su
esposa. De esta manera, el Poder Judicial de Ceará y el Estado brasileño habían actuado
de manera infectiva omitiendo conducir el proceso judicial de manera rápida y eficaz.
Además, esta denuncia no representaba una situación aislada en Brasil, sino que las
denuncias de violencia doméstica en Brasil no llegaban a convertirse en procesos
criminales y de los pocos que llegaban al proceso, solo una minoría llegaba a condenar a
los penetradores.
Los recursos internos no habían sido efectivos para reparar las violaciones de derechos
humanos sufridas por Maria Da Penha Maia Fernandes, por eso se presentó la denuncia
a la CIDH, y el Estado no respondió a la petición y permaneció silencioso durante todo
el procedimiento.
La petición fue presentada por Maria Da Penha Maia Fernandez, con el CEJIL y el
CLADEM, que cumplió con todos los requisitos de admisibilidad. La Comisión hizo un
análisis del caso y concluyó que:
no se había llegado a una sentencia definitiva y el retardo injustificado en la
decisión de los recursos internos podía acarrear la prescripción del delito y como
consecuencia la impunidad definitiva del agresor, y la imposibilidad del
resarcimiento a la víctima
que desde que se inició la denuncia en 1994, existían suficientes pruebas para
completar el juzgamiento
La Comisión encontró en su Informe Especial sobre Brasil de 1997 que existía
una clara discriminación contra las mujeres agredidas por la ineficacia de los
sistemas judiciales brasileños
En algunas áreas del país, el uso de la "defensa del honor" persistía y en algunas
áreas la conducta de la víctima continuaba siendo un punto central en el proceso
judicial para procesar un delito sexual. En vez de centrarse en la existencia de
los elementos jurídicos del delito en cuestión, las prácticas de algunos abogados
defensores tenían el efecto de requerir a la mujer que demuestre la santidad de su
reputación y su inculpabilidad moral a fin de poder utilizar los medios judiciales
legales a su disposición.
Otros informes indicaban que 70% de las denuncias criminales referidas a
violencia doméstica contra mujeres se suspenden sin llegar a una conclusión
Sin embargo, hallaron medidas positivas efectivamente tomadas en el campo
legislativo, judicial y administrativo como:
1. la creación de delegaciones policiales especiales para atender denuncias
sobre ataques a las mujeres
2. la creación de casas refugio para mujeres agredidas
3. la decisión de la Corte Suprema de Justicia en 1991 que ha invalidado el
concepto arcaico de “defensa del honor” como causal de justificación de
crímenes contra las esposas
Considera la Comisión que no sólo se viola la obligación de procesar y
condenar, sino también la de prevenir estas prácticas degradantes.
Por lo expuesto, la Comisión consideró que en este caso se dan las condiciones de
violencia doméstica y de tolerancia por el Estado definidas en la Convención de Belém
do Pará y existía responsabilidad del Estado por la falta de cumplimiento del Estado a
sus deberes establecidos en los artículos 7(b), (d), (e) (f) y (g) de esa Convención, en
relación a los derechos por ella protegidos, entre ellos, a una vida libre de violencia
(artículo 3), a que se respete su vida, su integridad física, psíquica y moral y su
seguridad personal, su dignidad personal, igual protección ante la ley y de la ley; y a un
recurso sencillo y rápido ante los tribunales competentes, que la ampare contra actos
que violen sus derechos (artículos 4(a), (b), (c ) (d), (e), (f) y (g)). Consideró violados
los derechos a las garantías judiciales y a la protección judicial de los arts. 8 y 25 de la
Convención Americana, en conexión con la obligación de respetar y garantizar los
derechos, prevista en su art. 1(1), debido a la dilación injustificada y tramitación
negligente del caso.
El 1 de noviembre de 2000 la Comisión remitió un informe al Estado Brasileño, el
informe 50 (que en un principio es confidencial y transmitido para el Estado) y que la
CIDH supervisó su cumplimiento durante el plazo de dos meses para dar cumplimiento
a las recomendaciones formuladas, y que, pasado el plazo concedido, si la Comisión no
recibía respuesta del Estado respecto a dichas recomendaciones, la CIDH consideraba
que dichas recomendaciones no han sido cumplidas.
Las recomendaciones dirigidas para el caso particularmente y otras más generales para
el beneficio social de Brasil:
1. Completar el procesamiento penal del responsable
2. Proceder a una investigación y responsabilización en relación con las
irregularidades y retrasos injustificados en el proceso
3. Proveer una reparación simbólica y material a la víctima
4. Continuar y profundizar acerca de reformas que eviten la tolerancia estatal y el
tratamiento discriminatorio respecto de la violencia doméstica
5. Promover la capacitación de funcionarios judiciales y policiales especializados,
para que en los procesos judiciales no afecten los derechos y garantías del
debido proceso
6. Simplificar procedimientos judiciales penales
7. Promover formas alternativas de solución de conflictos intrafamiliares
8. Multiplicar el número de Comisarías de la Mujer con recursos especiales y
brindar apoyo al Ministerio Público en sus informes judiciales
9. Incluir en los planes pedagógicos unidades curriculares sobre el respeto a la
mujer, sus derechos, la Convención de Belém do Pará y el manejo de conflictos
intrafamiliares