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Domingo 6 de Pascua El Espíritu Operante en El Alma

El documento aborda la importancia de recibir el Espíritu Santo y su papel activo en el alma, destacando que este actúa como un motor que impulsa la santificación y el desarrollo de virtudes. Se enfatiza que los dones del Espíritu son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios que permiten a los creyentes actuar de manera divina y sobrehumana. Además, se menciona el don de consejo como un ejemplo de cómo el Espíritu Santo guía al alma en situaciones difíciles.

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Domingo 6 de Pascua El Espíritu Operante en El Alma

El documento aborda la importancia de recibir el Espíritu Santo y su papel activo en el alma, destacando que este actúa como un motor que impulsa la santificación y el desarrollo de virtudes. Se enfatiza que los dones del Espíritu son hábitos sobrenaturales infundidos por Dios que permiten a los creyentes actuar de manera divina y sobrehumana. Además, se menciona el don de consejo como un ejemplo de cómo el Espíritu Santo guía al alma en situaciones difíciles.

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El Espíritu operante en el alma

(Dones)

El Evangelio y las lecturas de este domingo nos van ya


preparando para la venida del Espíritu Santo en Pentecostés.
Vemos la necesidad de recibir el Espíritu Santo: En la 1ª
lectura: Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los
samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a
Juan. Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu
Santo. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.

En el Evangelio: Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito


para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el
mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en
cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en
ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.

Pocas veces los católicos tomamos consciencia del Dulce


Huésped del alma que habita en nosotros en unión con el Padre
y el Hijo, el Espíritu Santo, en donde mora como en un verdadero templo
viviente. Y esta presencia no es pasiva e inoperante, sino que esta
presencia se orienta a desplegar una actividad vivísima, orientada a
perfeccionarla de grado en grado y conducirla, si el alma no pone
obstáculos a su divina acción, hasta las cumbres más elevadas de la
unión con Dios, en lo que consiste la santidad. Juntamente con la gracia
santificante se nos infunden en el alma las virtudes infusas y los dones
del Espíritu Santo, que constituyen el elemento dinámico u operativo de
nuestro organismo sobrenatural. Unas y otros son hábitos
sobrenaturales que el Espíritu Santo infunde en nuestras almas
juntamente con la gracia santificante para capacitarnos en orden a la
producción de los actos sobrenaturales propios de nuestra condición de
hijos de Dios. Sin ellos no podríamos realizar esos actos sobrenaturales.

Cuántas veces nos contentamos con llevar una vida más o


menos buena, claro uno ve a su alrededor y encuentra mucha
gente que comete pecados gravísimos, que vive fuera de la
Iglesia, que no lleva una vida de gracia... y uno se duerme en
los laureles, pero con no cometer pecado, estamos en el inicio
de la vida espiritual, todavía falta crecer, leíamos el domingo
pasado cómo debemos ser Perfectos como nuestro Padre
celestial lo es.

En este trabajo lleva un papel necesario el trabajo de las


virtudes y de los dones del Espíritu Santo en el alma.

a) Son hábitos sobrenaturales.

b) Infundidos por Dios.— Es cosa clara y evidente si


tenemos en cuenta que se trata de realidades sobrenaturales,
que el alma no podría adquirir jamás por sus propias fuerzas,
ya que trascienden infinitamente todo el orden puramente
natural.

c) En las potencias del alma.— Son el sujeto donde


residen, lo mismo que las virtudes infusas, cuyo acto
sobrenatural vienen a perfeccionar los donde, dándoles la
modalidad divina o sobrehumana propia de ellos.

d) Para recibir y secundar con facilidad:

e) Las mociones del propio Espíritu Santo, que es quien


los mueve y actúa directa e inmediatamente como causa
motora y principal, a diferencia de las virtudes infusas, que
son movidas o actuadas por el mismo hombre como causa
motora y principal, aunque siempre bajo la previa moción de
una gracia actual.

f) Al modo divino o sobrehumano.— Esta es la principal


diferencia entre la moción ordinaria de la gracia actual,
moviendo las virtudes infusas al modo humano, y la moción
divina, que pone en acto los dones del Espíritu Santo al modo
divino o sobrehumano.

La moción divina de los dones

La moción divina de los dones es muy distinta de la


moción divina que pone en marcha las virtudes infusas. En la
noción divina de las virtudes, Dios actúa como causa principal
primera, pero al hombre le corresponde la plena
responsabilidad de la acción como causa principal segunda
enteramente subordinada a la primera. Por eso los actos de
las virtudes son totalmente nuestros, pues parten de
nosotros mismos, de nuestra razón y de nuestro libre albedrío,
aunque siempre, desde luego, bajo la moción de Dios como
causa primera, sin la cual ningún ser en potencia puede pasar
al acto en el orden natural ni en el sobrenatural. Pero, en el
caso de los dones, la moción divina que los pone en marcha
es muy distinta: Dios actúa, no sólo como causa principal
primera—como ocurre con las virtudes— , sino como
causa principal única, y el hombre deja de ser causa
principal segunda, pasando a la categoría de simple
causa instrumental del efecto que el Espíritu Santo
producirá en el alma como causa principal única.

Así es que el Espíritu Santo viene a santificar y a obrar en


todo el organismo espiritual la santificación: Temor de Dios,
fortaleza, piedad, consejo, ciencia, entendimiento y sabiduría.

En particular veremos por poner un ejemplo:

El don de consejo es un hábito sobrenatural por el cual el


alma en gracia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, intuye
rectamente, en los casos particulares, lo que conviene
hacer en orden al fin último sobrenatural.

1) Nos preserva del peligro de una falsa conciencia.

2) Nos resuelve, con inefable seguridad y acierto multitud de


situaciones difíciles e imprevistas.

3) Nos inspira los medios más oportunos para gobernar


santamente a los demás.

4) Aumenta extraordinariamente nuestra docilidad y su misión


a los legítimos superiores.

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