Aceptación Aceptar la realidad como signo
de fortaleza
Aspectos psicológicos de la capacidad de aceptar
La Aceptación: Orientando nuestro bienestar
emocional
Carl G. Jung dijo: ”Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”. ¿Por qué, a
veces, nos cuesta tanto aceptar la realidad? ¿Por qué seguimos dándole vueltas a aquello
que escapa a nuestro control? La aceptación, al contrario de lo que pueda pensarse, no
tiene por qué representar renuncia, abandono o resignación, puede expresar fortaleza
personal: la flexibilidad y capacidad de adaptarnos a una realidad que no podemos controlar
a nuestro antojo.
La aceptación es una herramienta esencial para nuestro desarrollo personal. Aceptar la
realidad, aquello que no podemos cambiar, no es una actitud estática, es una decisión
activa. Decidimos adaptarnos a las circunstancias adversas, en vez de quejarnos o
regodearnos en la frustración, el enfado o la rumiación. Adaptarnos a la realidad mejora
nuestro bienestar emocional. Al aceptar la adversidad, aprendemos de ella y también de
nosotros y nosotras, descubrimos nuestros recursos, los mejoramos, nos transformamos, en
definitiva, nos hacemos personas más resilientes con una mayor capacidad de
autorregulación emocional.
¿Qué es la aceptación?
La aceptación es la capacidad para asumir la vida, tal como es, significa aceptar la realidad,
con situaciones agradables o desagradables, sin intentar cambiar o combatir aquello que no
podemos controlar. Es un proceso de tolerancia y de adaptación (no de lucha). Desde la
aceptación podemos superar con más éxito situaciones vitales complicadas y avanzar en
nuestro crecimiento personal.
ACEPTAR NO ACEPTAR
Integrar Luchar
Aprender Combatir
ACEPTAR NO ACEPTAR
Adaptar Rumiar
Reconocer Revisar
Asumir Exigir
Asimilar Quejarse
Tomar conciencia Evitar
Entender Negar
Comprender Rechazar
El primer paso en esta estrategia eficaz y adaptativa, es detectar aquellas situaciones o
circunstancias desagradables de nuestra vida ante las que no podemos realizar ningún
cambio, bien porque no dependen de nosotros o nosotras, o porque no tenemos control
sobre ellas.
El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional (Buda)
Es aquí cuando tenemos que hacer un ejercicio de aceptación de las circunstancias, sean las
que sean, alineando nuestros pensamientos y acciones en la búsqueda de dicha aceptación.
De esta forma conseguiremos evitar un gasto de energía y de tiempo innecesario.
Aceptación vs Resignación
Aceptar la realidad no significa no hacer nada y resignarse.
Cuando aceptamos una situación negativa o desagradable que no podemos controlar, no
significa aceptar el malestar para siempre. Siempre puedo hacer algo para encontrarme
mejor ante determinadas circunstancias. Es importante centrarse en aquello que sí está en
mi mano, en lo que depende de mi. Sentir autocontrol, decidir responsabilizarme de mi
propio estado de ánimo, para, poco a poco, poder cambiarlo, sin tirar la toalla o caer en la
apatía de la resignación.
Elige qué harías tú en estas 3 situaciones
1. Pedro es jugador profesional de tenis y ha sufrido una grave lesión en
el codo. El médico le confirma sus miedos: no va a poder volver a jugar a
tenis a nivel profesional. ¿Cómo podría actuar Pedro ante esta noticia
tan dolorosa para él?
A. Resignarse y dejar el tenis para siempre, no volver a coger una
raqueta nunca más ni volver a ver ningún partido de tenis en la
tele.
B. No aceptar la situación y seguir pidiendo opiniones médicas que le
digan lo contrario, sometiéndose a tratamientos poco efectivos y
agotadores.
C. Aceptar las circunstancias tal y como son, sin que esto le impida
disfrutar del tenis con sus amigos de forma distendida y
plantearse el poder dar clases en un futuro.
2. María ha decidido romper su relación de pareja con Juan tras varios
años de deterioro y discusiones. ¿Qué podría hacer Juan ante esta
situación dolorosa?
A. Resignarse y prometerse que nunca más volverá a tener pareja, ya
que no va a volver a encontrar a nadie como María y está
dispuesto a quedarse solo para siempre.
B. No aceptar la situación y seguir insistiendo y llamando a María
para pedirle una segunda oportunidad. Está seguro de que al final
ella cambiará de opinión.
C. Aceptar las circunstancias y la decisión de María, asumiendo que
va a pasar unas semanas o meses difíciles y que poco a poco se
irá encontrando mejor, apoyándose en sus amigos y manteniendo
sus rutinas activas.
3. A Ignacio siempre le ha acomplejado su altura, siempre ha sido el más
bajito de sus amigos. ¿Cómo actuaría Ignacio para favorecer la
aceptación de sus circunstancias?
A. Resignarse a pensar que su altura siempre va a ser un problema
para él, y que probablemente nadie se fijará en él por ser tan
bajito.
B. No aceptar su altura tal y como es, utilizando plantillas en los
zapatos, haciendo diariamente ejercicios para estirar la columna,
etc.
C. Aceptar sus circunstancias tal y como son. Centrarse en sus
valores, cualidades y relacionarse con naturalidad. Hay muchas
personas bajitas que tienen pareja, e incluso mi altura me viene
muy bien para ser más ágil en determinados deportes.
Aceptación vs Tolerancia
Aceptar la realidad no significa tolerarla pero oponernos a ella y desafiarla desde la
negación.
La aceptación es incondicional, sin juicios de valor ni «oposicionismo», acepto las
circunstancias tal y como son, sin “peros”.
En cambio, la tolerancia implica asumir una circunstancia emitiendo un juicio negativo.
“Aguantamos” o “soportamos” una situación desagradable pero al mismo tiempo
escondemos un profundo oposicionismo o desacuerdo al respecto.
Esto puede ocasionar que la persona mantenga en el tiempo un profundo sentimiento de
insatisfacción, pudiendo llegar a “explotar” o expresar todo ese oposicionismo de forma
inadecuada o impulsiva.
Si nos vamos al ámbito interpersonal, podemos encontrar ejemplos que nos ayudan a
entender mejor la diferencia entre ambos conceptos:
Aceptar a los demás no es igual que tolerar a los demás.
El aceptar a los demás, implica asumir o entender que las personas pueden tener diferentes
formas de ver las cosas, diferentes formas de interpretar, de actuar o de expresarse.
Todos partimos de un funcionamiento personal único e intransferible, y lo más importante,
todas estas maneras de funcionar son lícitas y válidas. No hay una única manera de hacer
las cosas ni de interpretar las situaciones.
La empatía nos ayuda a entender el funcionamiento del otro, a ponernos en su lugar, a
aceptar sus características personales como válidas y respetables.
La tolerancia, en cambio, consistiría en “aguantar o soportar” las interpretaciones o
acciones de los demás sin entenderlas, sin empatizar con ellas, sin validarlas. Dando por
hecho que mi forma de pensar, sentir y actuar es la única forma válida para afrontar las
situaciones que me rodean.
Aceptación: Una estrategia emocional muy valiosa
Basándonos en recientes investigaciones y en la Terapia de Aceptación y Compromiso o
“ACT” (Hayes, Strosahl y Wilson, 2015; Wilson y Luciano, 2002), se ha demostrado que el
tomar contacto con lo que sentimos, experimentar, sentir e identificar nuestras emociones
(sin emitir juicios o intentar eliminar esas sensaciones desagradables), ayuda a desarrollar
una adecuada regulación emocional.
En nuestra consulta tratamos muchos problemas de ansiedad y encontramos que parte del
problema para poder disminuir esa emoción, es una falta de aceptación de lo que estamos
sintiendo. Atendemos a personas que intentan “eliminar” o no sentir ansiedad, buscando
desesperadamente dejar de sentirla, porque la ven como una amenaza en su vida, huyendo,
evitando todas aquellas situaciones en las que podrían sentir malestar. Y es fundamental
comprender que “no querer sentir ansiedad” se ha comprobado que provoca el efecto
contrario en la persona. La evitación experiencial de emociones, no es el mejor
afrontamiento que podemos hacer. Este afrontamiento de escape, aunque alivie a corto
plazo, hace que las emociones incómodas se perpetúen, y se relaciona con una gran
variedad de psicopatologías y problemas psicológicos.
La ansiedad, como cualquier otra emoción displacentera (tristeza, enfado, culpa, etc.) es
una emoción que forma parte de nuestro repertorio humano, tiene una función adaptativa.
Es nuestro sistema de defensa personal, que nos permite prevenir y responder ante posibles
peligros o amenazas. Conocer esto, no verla como un peligro, es un primer paso para
aceptarla.
Identificar, sentir, dar espacio, expresar, normalizar y aceptar ésta o cualquier otra emoción
desagradable, se ha convertido en uno de los retos más importantes para alcanzar nuestro
bienestar y satisfacción vital.
5 características de la persona, que dificultan la aceptación
¿Por qué determinadas personas tienen más dificultades a la hora de aceptar las
circunstancias vitales negativas? ¿Qué variables marcan la diferencia? Aquí tenemos
algunas características personales que potencian la tendencia a no aceptar la realidad que no
nos gusta.
1. Baja tolerancia a la incertidumbre: no aceptar la
incertidumbre como parte inevitable de la vida, anticipando
constantemente todas las posibles variables que pueden
acontecer (“y si cambia de opinión, y si hay algo que se me
escapa, y si en realidad no me está diciendo toda la verdad”, etc.).
2. Creencias irracionales relacionadas con el control o la
responsabilización excesiva, como: “siempre se puede hacer algo”,
“todo depende de mi”, etc.
3. Reglas morales rígidas (“deberías”) y la sensación permanente
de injusticia: tendencia a interpretar la realidad en términos de
blanco o negro, sin atender a posibles “grises” o formas distintas
de funcionamiento.
4. Atribuciones externas: atribuir las causas del malestar a
variables externas (como el karma, la suerte, etc.) puede dificultar
la aceptación de situaciones displacenteras. Por ejemplo: el
opositor que ha suspendido 5 veces y atribuye a la mala suerte o a
los examinadores la causa de su fracaso.
5. Intolerancia emocional: Cuando aceptar la situación supone
experimentar elevados niveles de malestar, se puede tender a
negar o a no asumir lo que está ocurriendo (evitación experiencial
o cognitiva).
3 circunstancias que dificultan aceptar la realidad
1. Nivel de gravedad de la situación a aceptar: hay situaciones
que son más difíciles de aceptar que otras, en función no sólo de
los recursos personales, sino también del grado de interferencia
que puede generar dicha situació[Link] ejemplo, sería más fácil
aceptar que un familiar va a fallecer de cáncer tras un proceso
largo de enfermedad, que si el fallecimiento es repentino o
inesperado. O el aceptar un despido laboral teniendo un colchón
económico o por el contrario, generando problemas económicos y
de mantenimiento de los [Link], por tanto, el nivel de
gravedad de la situación, en función del ajuste de expectativas o
sorpresividad, el impacto o repercusiones posteriores, etc.
2. Momento vital en el que se produce: en ocasiones pueden
darse simultáneamente varias situaciones vitales estresantes, lo
que dificulta la aceptación de las mismas.
3. Apoyo social disponible: Si en ese momento la persona cuenta
con una adecuada red de apoyo social o por el contrario la persona
se encuentra aislada o desamparada.
6 beneficios emocionales de aceptar la realidad
Todas estas situaciones negativas que aceptamos nos transforman, ponen en marcha
nuestras habilidades de adaptación y abren paso al cambio y al aprendizaje, que van a ser
fundamentales para el afrontamiento de circunstancias futuras.
Algunos de los beneficios que se pueden obtener si se trabaja la aceptación:
1. Aprendizaje y cambio personal, ya no soy el mismo tras el proceso
de aceptación
2. Mayor ajuste con la realidad, fomenta pensamientos más
racionales y objetivos.
3. Resiliencia y fortaleza para manejar situaciones futuras.
4. Paso a la acción: búsqueda de soluciones, desbloqueo.
5. Ahorro de energía y tiempo, optimizar mi malestar sin
magnificarlo.
6. Autoestima, sensación de capacidad y de control personal.
7 técnicas para mejorar nuestra capacidad de aceptación
Te propongo 7 estrategias para desarrollar la capacidad de aceptación, una capacidad que
no es innata, se entrena y se adquiere.
1. Reconoce lo que te lleva a tener emociones displacenteras. Detecta qué situaciones o
circunstancias hay en tu vida que no te satisfacen o te causan malestar, y los diferentes
grados en que los sientes.
2. Identifica tus emociones y lo que te quieren decir. Las emociones están para ayudarte.
Date permiso para sentir, para escucharte y para expresar lo que sientes. Identifica tus
emociones displacenteras, ponles nombre. ¿Es normal que me sienta así?
3. Incrementa tu tolerancia a sentir. Cuando sientas alguna emoción displacentera
(ansiedad, tristeza, miedo, envidia, celos, etc.) es muy eficaz exponerte a lo que sientes.
Fíjate en eso que estás sintiendo, obsérvalo, nota donde lo sientes en tu cuerpo, quédate un
rato sintiéndolo, sin alarmarte. Practica esto con frecuencia.
4. Céntrate en lo que depende de ti. Piensa si hay algo que puedas hacer para resolver la
situación de malestar. Céntrate en lo que está en tu mano.
Si la respuesta es SÍ: busca soluciones posibles y pon en marcha tu
plan de acción.
Sí la respuesta es NO: practica la aceptación. No intentes combatir
o cambiar la situación desagradable. Céntrate en aquellas cosas
que puedo hacer para sentirme mejor.
5. No te centres en la emoción como un peligro a vigilar. No te resignes ni te dejes llevar
por la apatía o por el regodeo emocional, piensa en pequeños pasos y acciones que puedas
llevar a cabo.
6. Afronta las emociones inteligentemente. Elimina la rumiación o la búsqueda de causas
y porqués. Enfócate en “PARA QUÉ” me puede estar ocurriendo esto o para qué me puede
servir.
7. Entrena la aceptación. La aceptación no es innata, es un proceso, tómate tu tiempo y sé
paciente.
Quiero acabar con un pensamiento de José Saramago, hoy, que es el décimo aniversario de
su muerte: «Nuestras fortalezas ante la vida se construyen superando tres barreras: el
miedo, la resignación y la indiferencia».
La aceptación es uno de los pilares del bienestar emocional, que no
debemos confundirla con la resignación, la evitación o la tolerancia. Te
proponemos 7 técnicas para aceptar la realidad tal y como es Compartir
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El contenido de este artículo es información, y aun siendo un artículo
científico y riguroso, y estar elaborada por un equipo de expertos y
expertas, tiene un carácter formativo, educativo y divulgativo, y no
puede ser utilizado o interpretado como diagnóstico psicológico o
médico.
Cuando las emociones desagradables son muy intensas y afectan a tu
vida de forma significativa, recomendamos que acudas a un psicólogo o
psicóloga que valore tus características individuales y te oriente de
forma específica.