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Lectura 2

La Alegoría de la Caverna de Platón ilustra la diferencia entre el conocimiento superficial y la verdadera comprensión. Los prisioneros en la caverna solo ven sombras de la realidad, y cuando uno es liberado y expuesto a la luz, experimenta dolor y confusión al enfrentarse a la verdad. La educación se presenta como un proceso de volver el alma hacia la luz del conocimiento y la verdad, en lugar de simplemente infundirle información.
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Lectura 2

La Alegoría de la Caverna de Platón ilustra la diferencia entre el conocimiento superficial y la verdadera comprensión. Los prisioneros en la caverna solo ven sombras de la realidad, y cuando uno es liberado y expuesto a la luz, experimenta dolor y confusión al enfrentarse a la verdad. La educación se presenta como un proceso de volver el alma hacia la luz del conocimiento y la verdad, en lugar de simplemente infundirle información.
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UNIVERSIDAD NACIONAL SAN CRISTOBAL DE HUAMANGA

DIRECCIÓN DE ADMISION Y ESTUDIOS GENERALES

ASIGNATURA: Filosofía
DOCENTE: Enrique Cano

LECTURA N° 2.

Tomado de:

Platón. (1988). República, Libro VII. En Platón, Diálogos, IV (pp. 338-344). Gredos.

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA
(Fragmento)

-Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación


y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres
en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en
toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello
encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos,
porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos
se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los
prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido
de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para
mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
-Me lo imagino.

-Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda
clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y

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madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
-Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

-Pero son como nosotros. Pues, en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos,
o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte
de la caverna que tienen frente a sí?
-Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

-¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del
tabique?

-Indudablemente.

-Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando
a los objetos que pasan y que ellos ven?
-Necesariamente.

-Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de
los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que
oyen proviene

de la sombra que pasa delante de ellos?

-¡Por Zeus que sí!

-¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos
artificiales transportados?
-Es de toda necesidad.

-Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su


ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera
liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la
luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de
percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que

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respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora,
en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira
correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado
del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que
se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más
verdaderas que las que se le muestran ahora?
-Mucho más verdaderas.

-Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de
eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que
éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
-Así es.

-Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo


antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado
y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno
solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?
-Por cierto, al menos inmediatamente.

-Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer
lugar, miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres
y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos.
A continuación, contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo,
mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la
luz del sol.
-Sin duda.

-Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros


lugares

que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.

-Necesariamente.
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-Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las
estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo
es causa de las cosas que ellos habían visto.

-Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

-Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus


entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y
que los compadecería?
-Por cierto.

-Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las


recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos
que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían
desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese
capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y
envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría
como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un
hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo
de opinar y a aquella vida?
-Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.
Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no
tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
-Sin duda.

-Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con


aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente
hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo
nada breve,
¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo
alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar

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hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían,
si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
-Seguramente.

-Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que
anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de
la vista con la morada– prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del
sol; compara, por otro lado, el

ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el
ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es
lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí
me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es
la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las
cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de
ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la
inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto
en lo privado como en lo público.

-Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

-Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes han
llegado allí no estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino que sus
almas aspiran a pasar el tiempo arriba; lo cual es natural, si la alegoría descrita es
correcta también en esto.

-Muy natural.

-Tampoco sería extraño que alguien que, de contemplar las cosas divinas, pasara a
las humanas, se comportase desmañadamente y quedara en ridículo por ver de
modo confuso y, no acostumbrado aun en forma suficiente a las tinieblas
circundantes o en cualquier otra parte, a disputar sobre sombras de justicia o sobre
las figurillas de las cuales hay sombras, y a reñir sobre esto del modo en que esto
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es discutido por quienes jamás han visto la Justicia en sí.

-De ninguna manera sería extraño.

-Pero si alguien tiene sentido común, recuerda que los ojos pueden ver
confusamente por dos tipos de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la
tiniebla, y otro de la tiniebla a la luz; y al considerar que esto es lo que sucede al
alma, en lugar de reírse irracionalmente cuando la ve perturbada e incapacitada de
mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es que al salir de una vida
luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si, viniendo de una mayor
ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el resplandor. Así, en un caso
se felicitará de lo que sucede y de la vida a que accede; mientras que en el otro se
apiadará, y, si se quiere reír de ella, su risa será menos absurda que si se descarga
sobre el alma que desciende desde la luz.

-Lo que dices es razonable.

-Debemos considerar entonces, si esto es verdad, que la educación no es como la


proclaman algunos. Afirman que, cuando la ciencia no está en el alma, ellos la
ponen, como si pusiera la vista en ojos ciegos.

-Afirman eso, en efecto.

-Pues bien, el presente argumento indica que en el alma de cada uno hay el poder
de aprender y el órgano para ello, y que, así como el ojo no puede volverse hacia
la luz y dejar las tinieblas si no gira todo el cuerpo, del mismo modo hay que
volverse desde lo que tiene génesis con toda el alma, hasta que llegue a ser capaz
de soportar la contemplación de lo que es, y lo más luminoso de lo que es, que es
lo que llamamos el Bien. ¿No es así?

-Sí.

-Por consiguiente, la educación sería el arte de volver este órgano del alma del
modo más fácil y eficaz en que puede ser vuelto, mas no como si le infundiera la
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vista, puesto que ya la posee, sino, en caso de que se lo haya girado incorrectamente
y no mire adonde debe, posibilitando la corrección.

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Alegoría de la caverna

Imagen

Imagen tomada de: [Link]

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