A mi siempre me gustó comer tierra, desde chiquita.
Creo que en jardín fue la primera vez, teníamos una maestra media hippona
que nos hizo armar una huerta orgánica, y nos hablaba de la conexión con la
pachamama, y que somos hijos de la tierra, y que venimos de la tierra y hacia
ella vamos y a mi me pareció que no tenía nada de malo. Asi que agarre un
Terrón asi grandote, se me volcaba de la mano, y me lo mandé. Un quilombo
se armó!!!. Las maestras corriendo, la directora llamando a emergencias, mis
compañeros llorando. A mi me había parecido rico, un poco seco, pero no
más que el bizcochuelo de mi abuela. Ahí me di cuenta que había que buscar
un equilibrio. Un poco de tierra, un poco de agua, intercalado. Ojo, sin
mezclar, porque si los mezclas ya estarías comiendo barro y eso sí que es un
asco, es como estar comiendo caca.
Así que cuando estaba terminando la primaria yo ya sabía calcular: una
porción menos de pizza era media macetita de tierra para el postre. Después
en la adolescencia ya me empecé a aburrir un poco, empecé a necesitar
nuevas experiencias, adrenalina le dicen viste, y un día en una fiesta conocí a
un pibe, estábamos ahí charlando, risita que va, miradita que viene y
entramos en confianza, y como quien no quiere la cosa terminamos en el
patio, -vení- me dice, y me levanta el alambrado del fondo que daba a una
obra en construcción – te voy a dar algo que te va a volver loca- me dijo, y no
mentía. Una montaña de tosca había, no quiero exagerar, pero fácil habría
cinco o seis metros de tosca, bien zarandeada, arenosa casi. Aaahhhh no
sabes, los ojitos blancos me quedaron. Pero es brava esa, no es para
cualquiera. Fueron años de mucha locura, salía de mi casa con una palita de
jardinería en la cartera. La loca de la pala me empezaron a decir en el barrio.
Las papas ni las lavaba, kilos y kilos de papa negra sin lavar, no me importaba
nada. Pero no es gratis esa vida eh, tarde o temprano el cuerpo te pasa
factura.
Pero por suerte encontré el camino del señor, ya no más excesos, ya no más
descontrol. No les voy a decir que me baño en agua bendita, cada tanto
algún terroncito, yo que sé , en alguna ocasión especial, pero todo en su justa
medida.