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002 Cantera

El documento analiza la importancia de los refranes y sentencias en la literatura medieval española, destacando su riqueza y variedad a través de textos literarios de los siglos XIII al XV. Se mencionan diversas colecciones de refranes medievales y se examinan ejemplos específicos de su uso en obras como el 'Libro de Alexandre' y el 'Libro de Buen Amor'. El autor subraya la relevancia de estos elementos en la transmisión del saber popular y su influencia en la literatura de la época.

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El documento analiza la importancia de los refranes y sentencias en la literatura medieval española, destacando su riqueza y variedad a través de textos literarios de los siglos XIII al XV. Se mencionan diversas colecciones de refranes medievales y se examinan ejemplos específicos de su uso en obras como el 'Libro de Alexandre' y el 'Libro de Buen Amor'. El autor subraya la relevancia de estos elementos en la transmisión del saber popular y su influencia en la literatura de la época.

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Refranes y sentencias

en la literatura medieval española


JESÚS CANTERA ORTIZ DE URBINA
Universidad Complutense de Madrid

INTRODUCCIÓN

En 1959 aparecía como anejo n° 2 de las publicaciones del Boletín de la Real Academia Española
el magnífico estudio de la investigadora irlandesa Eleanor O'Kane titulado Refranes y frases
proverbiales españoles de la Edad Media. Su publicación constituye una aportación muy valiosa para
el conocimiento de nuestro riquísimo refranero medieval. A la gran colección de refranes en ella
recogidos precede un interesante —aunque a veces discutible— estudio de este refranero medieval
español.
Para un buen estudio de nuestra Paremiología medieval procede naturalmente recurrir a las
fuentes. Se impone por lo tanto el examen atento de los refraneros elaborados en esa época, y
también la lectura detenida de nuestros textos literarios medievales para detectar sus paremias y
estudiar el por qué y el cómo de su empleo, su significado y su valor.
Un simple y rápido recuerdo de nuestros más signiñcativos refraneros medievales:
a. el Romancea proverbiorum, que nos ofrece un centenar y medio de refranes recogidos a
mediados del siglo XIV por un estudiante aragonés entre sus notas o apuntes de gramática y
filosofía, [ms. Acad. Hist. Publicado por A. Ríus Serra. Revista de Filología Española, XIII, 1926].
b. el Glosario de otro estudiante también aragonés, y también de mediados del siglo XIV, que
recoge 85 refranes entre proverbios en latín macarrónico y notas jocosas.
c. el Fragmento del programa de un juglar cazurro, elaborado por un juglar andaluz a principios
del siglo XV (año 1410).
d. el famoso Seniloquium, de mediados del siglo XV, con sus 497 refranes, la mayoría de carácter
popular. [B. Nac. ms. 19.343. Publicado por F(rancisco) N(avarro) S(antín). Revista de Archivos,
Bibliotecas y Museos, X, 1904].
e. los Refranes famosíssimos y provechosos glosados. Colección de 279 refranes. Aunque
publicado en 1509 en Burgos, parece haber existido una edición anterior, ya en 1490.
f. los Refranes que dicen las viejas Tras el fuego, atribuidos al Marqués de Santillana, tal como
aparece en su primera edición en Sevilla en 1508. Cabe señalar que un centenar de sus 728 refranes
coinciden casi exactamente en unos casos o son muy parecidos en otros con refranes de la colección
anterior.
Cabría añadir algunas colecciones españolas de aforismos y sentencias aparecidas durante la
primera mitad del siglo XIII, como el Bonium (o Bocados de Oro} y también Paridad de paridades
(o Secreto de los secretos} y asimismo las Flores de la filosofía.
Para algunos autores, el número de refraneros españoles medievales es inferior al de sus
correspondientes en Francia y en Alemania. ¿Menos curiosidad en la España medieval por esas
colecciones que la que parecía sentirse en otros países europeos? Puede ser. Pero cabe también que,
por ser aquí muy familiar el refrán, no se sintiera necesidad de disponer de colecciones en que
estuvieran recogidos.

Paremia, 7: 1998. Madrid.


12 Jesús Cantera Ortiz de Urbina

Sin prescindir, ni mucho menos, de estos refraneros, para la preparación de esta conferencia
hemos preferido fijar la atención en nuestros textos literarios medievales, verdadera mina de refranes
y auténtica cantera del saber popular recogido y empleado por nuestros escritores.
Tras no pocas vacilaciones hemos decidido seguir un orden cronológico, fijando nuestra atención
en los siguientes textos:

1. dos del siglo XIII:


1.1. el Libro de Alexandre
1.2. el Libro de Apolonio

2. cinco del siglo XIV:


2.1. el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita
2.2. los Proverbios morales de Don Sem Tob de Carrión
2.3. el Tractado de la Doctrina
2.4. El Libro del Cavallero Zifar
2.5. El Conde Lucanor

3. tres del siglo XV:


3.1. el Cancionero de Baena, principalmente las composiciones de Alfonso Alvarez de
Villas andino
3.2. El Corbacho
3.3. La Celestina.

1. LIBRO DE ALEXANDRE [1a mitad del siglo XIII]


LIBRO DE APOLONIO [mediados del siglo XIII]

Debo confesar que mucho he disfrutado al volver a leer el Libro de Alexandre para preparar esta
conferencia. Entre otras razones porque me ha hecho revivir mis ya lejanos tiempos de estudiante de
Filología Semítica en los que mi maestro de lengua y literatura árabes, D. Emilio García Gómez, nos
hacía vivir las bellezas de su bonita obra Un cuento árabe de la leyenda de Alejandro. Y mucho más
recientemente mis lecturas y relecturas de la historia legendaria de Alejandro Magno en antiguo
francés y también y sobre todo la que se escribió en lo que corrientemente se llama, siguiendo a
Ascoli, "francoprovenzal' y que por mi parte, y por razones harto evidentes, prefiero llamar
"italofrancoprovenzal'. E incluso me ha hecho recordar el Alexandre le Grana de Racine (1665).
Una treintena de paremias tenemos recogidas del Libro de Alexandre en lengua española de
mediados del siglo XIII. Con frecuencia introducidas con fórmulas muy significativas: Acornó diz el
proverbio' (1905 a), "como diz el vierso' (1478 b), "el escripto lo diz' (1854 d), "los proverbios
viejos siempre son verdaderos' (2240 c), "si quisieras creer los proverbios antigos' (1650 c), "diz la
escriptura' (1847 a y 2209 c), "como diz'el escripío de Dios nuestro Señor' (2664 a), "como diz el
salmista en esto grantverdat' (2464 a), cuyo añadido de "en esto gran verdad' venía pedido por la
necesidad de completar el verso y para tener además una rima fácil con "vanidaf, "volunta!1 y "la
meitat' de los versos que completan esa estrofa.
De esa treintena de paremias que tenemos recogidas del Libro de Alexandre tan sólo tres
citaremos ahora. Y en los tres casos ío hacemos principalmente por su coindicencia con las que
encontramos en otras obras literarias españolas de la Edad Media.
En primer lugar la que aparece en la estrofa 1905 (versos ab): «Como diz el proverbio que non
ha encubierta / Que en cabo de cosa a mal non se revierta», que también encontramos en el Libro de
Buen Amor del Arcipreste de Hita, cuya estrofa 526 (versos ab) dice así: «Como dize el proverbio
—y es palabra bien cierta— / Que mal resulta siempre toda cosa encubierta».
En segundo lugar recordaremos el verso d de la estrofa 63 que dice así: «El dar fiende las peñas
e lleva todo prez».
Refranes y sentencias en la literatura medieval española \

Por dos veces aparece este refrán en La Celestina. Primero bajo la forma de «El dinero las penas
quebranta» en boca de Celestina en el acto III. Y luego bajo la forma más consagrada de «Dádivas
quebrantan peñas» (Traso, en el apéndice).
No dejaremos de señalar que Correas nos lo ofrece con una segunda parte en la que a Apenas' le
da una rima con Agreñas': «Dádivas quebrantan peñas y hacen venir las greñas».
En los Refranes que dicen las viejas tras el fuego aparece bajo ia forma muy breve de «Dádivas
quebrantan peñas» (n° 186), procediendo recordar ésta otra que encierra una filosofía muy parecida:
«Quien dinero tiene, alcanza lo que quiere» (n° 628). Y por fin la estrofa 1854 que en sus versos ab
dice así: «Cortemos yerva mala que non ha encubierta / Que en cabo de cosa a mal non se revierta»,
que inmediatamente nos traen a la memoria la primera parte de la estrofa 17 del Libro de Apolonlo
donde leemos: «La verdura del ramo es como la rayz, / De carne de mi madre engrueso mi cerviz».
Y ya que acabamos de citar el Libro de Apolonio, recordemos, además de esta paremia, la que
dice: «Commo dize el proverbio que suele retrayer, / Que la cobdigia mala saco suele romper» (57
ab); paremia que naturalmente nos hace recordar la tan conocida de «La codicia rompe el saco», que
en los Refranes del Marqués de Santillana aparece bajo la forma «Cobdigia mala, saco rompe» (n°
148).
Al comentar los Proverbios morales de Don Sem Tob de Carrión recordaremos su estrofa 206
que también hace alusión a las consecuencias de la codicia. Y entonces aportaremos asimismo otro
testimonio del Tractado de la Doctrina censurando la codicia.

2.1. EL LIBRO DE BUEN AMOR [siglo XIV]

Hace un momento citábamos el pasaje del Libro de Buen Amor en el que leemos: «Como dize el
proverbio •—-y es palabra bien cierta— Que mal resulta siempre toda cosa encubierta», sugerido por
su coincidencia con otro del Libro de Alexandre.
En su Libro de Buen Amor, luán Ruiz, arcipreste de Hita, no sólo hace gala de su dominio de la
lengua con una extraordinaria riqueza léxica, sino que además —y es precisamente lo que nos
interesa ahora— revela una gran maestría en el empleo así de refranes como sobre todo de
sentencias, en muchos casos de su propia cosecha.
Entre los muchísimos consejos y normas que en esta obra emplea Juan Ruiz, no pocos son
proverbios de gran interés para la Paremiología.
Sin pretender —ni mucho menos— ser exhaustivos, tenemos registradas hasta un centenar y
medio de paremias sacadas del Libro de Buen Amor.
Cierto es que en no pocas ocasiones resulta difícil determinar si la paremia aportada por el
Arcipreste es una paremia ya consagrada por el uso o si se trata de una creación suya, de una
paremia de su propia cosecha.
Aun en los casos en los que se trata de paremias tomadas por él del uso más o menos corriente y
familiar en su época, resulta evidente que con mucha frecuencia el Arcipreste, aparentemente al
menos, las "deforma" para darles una forma especial, entre otras razones, porque así se lo exigen las
necesidades de la métrica.
Así, por ejemplo cuando en la estrofa 526 (versos ab) escribe: «Es el agua muy blanda y da en
piedra muy dura, / Mas, si da muchas veces, hace gran cavadura».
En La Celestina esa misma idea aparece bajo la forma: «Una continua gotera horadará una
piedra» (Sempronio, acto VIII). Y en la Crónica de Don Alvaro de Luna bajo la forma muy
expresiva de «La gotera cava la piedra cayendo en ella por continuas veces». Correas, por su parte,
la registrará diciendo: «La gotera dando, hace señal en la piedra», añadiendo luego la siguiente
interpretación: «Así acaece porfiando hacer mella en la dama o en su fama».
En el español de nuestros días la tenemos registrada bajo las cinco formas siguientes: «La gota de
agua horada la piedra», «La gotera cava la piedra», «Continua gotera horada la piedra», «Dando la
gotera, hace señal en la piedra», «Tantas veces da la gotera en la piedra que hace mella».
Muy cerca de esta filosofía, encontramos estos otros dos testimonios en el mismo Libro de Buen
Amor. «Cavando el hombre mucho, la grande peña acuesta» (613 d); «La roca más pesada de la peña
14 Jesús Cantera Ortiz de Urbina

mayor / Con nuestra maestría y arte arráncase mejor» (617 cd), sacando inmediatamente conclusiones
muy prácticas en la estrofa que nos ofrece a continuación:

Con arte se quebrantan los corazones duros,


Tómanse las ciudades, derríbanse los muros,
Caen las torres altas, álzanse pesos duros:
Por maña juran muchos, por maña son perjuros.

Al hablar hace un momento del Libro de Alexandre hacíamos notar algunas fórmulas empleadas
en él para citar o para introducir una paremia. Resulta interesante observar cómo son introducidas en
este Libro de Buen Amor. Por orden de su aparición hemos registrado las siguientes fórmulas: «!o
dice Jesucristo» (90 a); «dice el proverbio antiguo» (93 a); «como dice la fábula» (95 a); «dícelo
Salomón y dice la verdad» ( 105 a); «la fábula lo dice» (109 a); «lo dice Tolomeo y dícelo Platón,
/ otros muchos maestros en este acuerdo son» (124 ab); «dícelo la escritura» (160 b); «así entended,
por cierto, los proverbios antiguos» (165 c); «como bien dice el sabio» (166 a); «como dice el
proverbio y es palabra bien cierta» (542 b); «proverbio es repetido» (580 a); «dijo la buena vieja»
(796 a); «sé que bien dice verdad el vuestro proverbio chico» (869 a); «acordaos de una hablilla»
(870 a); «ya lo dice la fábula que del sabio se saca» (919 a); «aquesta chica hablilla» (921 a)r«como
dice el proverbio» (928 a); «dice la fábula» (955 c); «como dice la vieja» (957 a); «como dice el
proverbio» (977 a); «por ello cada uno de este refrán se entere» (1200 a); «según dice el filósofo»
(1518 a); «como dice el cuento» (1622 a).
Es curioso —aunque queremos suponer que casual— que no se repitan las fórmulas, si bien
algunas —es verdad— ofrecen un gran parecido entre sí.
¡Hasta 23 fórmulas! Sin contar una más que intencionadamente hemos dejado de citar para
presentarla ahora dándole todo el relieve que a nuestro entender merece.
En nuestra literatura medieval es frecuente encontrar no pocos casos de introducir un refrán
mediante alguna fórmula. Pero nunca con una variedad tan grande como se hace en el Libro de Buen
Amor.
Hablando del mes de noviembre, dice el Arcipreste de Hita en la estrofa 1273 (verso d): «Las
viejas tras el fuego ya cuentan sus patrañas».
Ya en la estrofa 796 (verso a) había escrito «dijo la buena vieja». Y en la 957 (versos ab):
«Como dice la vieja, al tejer su madeja: "De mala gana el hombre, siempre, morir se deja'».
Al leer esto ¡cómo no pensar en ese precioso refranero atribuido —con razón o sin ella, más bien
con razón y mucha— al Marqués de Santillana, que lleva por título Refranes que dicen las viejas
tras el fitego\n la estrofa 160 (versos bcd) leemos: «dícelo la escriptura que / "El buen esfuerzo vence a la

mala ventura' / Y v a toda pera dura gran tiempo la madura'», insistiendo en la estrofa 804 (verso c)
en la alabanza del esfuerzo con estas palabras: «El esfuerzo consigue cuantos deseos son».
Esta alabanza del esfuerzo se repite una y otra vez en nuestros escritores medievales: «Buen
esfuerzo quebranta mala ventura», dice el 125 de los Refranes del Marqués de Santillana, quien
también lo emplea en su Cancionero Castellano editado por el hispanista francés Foulché-Delbosc (I,
198 a), así como también aparece en otros Cancioneros.
Y de forma muy parecida lo leemos en el Libro de Alexandre (71 a) y en el Caballero et
escudero (XXXV, 243 a) de Don Juan Manuel. Y también lo encontramos en Las Siete Partidas (II,
XXVII, 1) bajo la forma de «Vence el buen esfuerzo la malandancia». Y cabría seguir aportando
ejemplos de esta paremia que tan buen predicamento tuvo en nuestros escritores medievales.
Por el encadenamiento de tres refranes o frases proverbiales en un gracioso diálogo entre una
vieja y el Arcipreste, traeremos a colación la estrofa 946 que dice así:
Con su pesar la vieja díjome muchas veces:
"Arcipreste, es más grande el ruido que las nueces'.
Díjele: "¡Oíosme el diablo malas vejas con creces!'
Dijo: "Bebido el vino, hablan mal de las heces'.
Refranes y sentencias en la literatura medieval española 15

Sólo comentaremos, y muy brevemente, esa locución «más es el ruido que las nueces» que
podemos encontrar en el Vocabulario de refranes de Correas, donde figura con el añadido de
«cagajones descabeces». También lo encontramos en boca de Celestina (Celestina, acto IX) y en el
Cancionero Castellano del siglo XV editado por Foulché-Delbosc (II, 562 b). Y asimismo en
Alvarez Gato bajo la forma: «Son (...) las nueces más que el ruido».
Y ya que nos hemos detenido durante unos muy breves momentos en esta paremia «más es el
ruido que las nueces», reproduciremos la estrofa 907 de este mismo Libro de Buen Amor en la que
se recuerda que «de una chica nuez nace gran árbol de noguera» en una bonita estrofa que dice así:

Huya de habla dañosa la mujer placentera;


Pues un grano de agraz produce gran dentera,
De una chica nuez nace gran árbol de noguera,
Muchas espigas nacen de un grano de cibera.

Nuestro refranero español —de tan extraordinaria riqueza— posee varios refranes también para
esta misma idea. Nos limitaremos a recordar algunos de los que es fácil localizar en el tomo
español-francés de nuestra Selección de refranes y sentencias; «De pequeña centella, grande
hoguera» (757), «Con pequeña herida se puede perder la vida» (585), «Por un punto ruin, perdió su
asno Martín» (2313), «Por carta de más o de menos, se pierden los juegos» (2260), «Por un clavo se
pierde una herradura; por una herradura, un caballo; por un caballo, un caballero; por un caballero,
un campo; por un campo, un reino» (2309) [o también: (...) por un caballero, una batalla; por una
batalla, una guerra»].
¡Cómo no recordar, entre otros, los siguientes pasajes de este mismo Libro de Buen Amor. «Dice
el proverbio antiguo: "quien quiere matar al can / Achaque le levanta; y, asi, no le da pan'» (93 ab),
«Cuidad no ser indolente, acordaos de una hablilla: / v Cuando te den la vaquilla, átala con la
soguilla'» (870 ab), que de manera muy parecida recogen los Refranes que dicen las viejas tras el
fuego: «Quando te dieren la vaquilla, acorre con la soguilla» (603).
¿A qué lector español de mediana cultura no le resultan familiares en las puertas del siglo XXI
los siguientes refranes y frases proverbiales escritos por el Arcipreste de Hita hace ya siete muy
largos siglos?: «Pagan alguna ocasión los justos por pecadores» (667 a), «A pan de quince días,
hambre de tres semanas» (1491 b), «Ave vieja no suele en red ser apresada» (1208 d), «¡Qué buen
manjar, si no fuese el pagar!» (944 d).
Y asi podríamos seguir recordando y comentando otros varios de los muchos refranes que
aparecen en el Libro de Buen Amor. Pero, si así lo hiciéramos, se agotaría la hora sin haber
abandonado a nuestro buen Arcipreste de Hita. Pasaremos, pues, a Don Sem Tob, aunque más
adelante nos volveremos a encontrar con refranes del Libro de Buen Amor al comentar algunos de
los que encontraremos en otros escritores.

2.2. LOS PROVERBIOS MORALES DE DON SEM TOB DE CARRIÓN [siglo XIV]

Como su mismo nombre indica, esta obra constituye una larga serie de consejos de doctrina
moral en la que se recogen no pocas paremias. Como las siguientes: «Quien quiere tomar trucha /
Aventúrese al rrío» (Í54 cd), paremia que en La Celestina será citada con una simple insinuación:
«No se toma trucha, etc.», dando por supuesto que la continuación es harto conocida.
También en los Refranes que dicen las viejas tras el fuego aparece esta misma paremia bajo la
forma: «Quien peces quiere, el rabo se remoja» (n° 591).
Recordemos esta otra estrofa de los Proverbios morales, en la que Don Sem Tob crítica la
codicia:

Quando lo poco viene,


Cobdicia de más cresce.
Quanto hombre más tiene,
Tanto más le fallesce (206)
16 Jesús Cantera Ortiz de Urbina

que cabe poner en relación con una paremia que ya comentamos al hablar del Libro de Apolonio y
también con esta estrofa del Tractado de la Doctrina: «Cobdi?ias desordenadas / Traben pérdidas
dobladas, / E causan a las begadas / Muerte segura», después de haber aconsejado: «Non cobdicies
la casada, / Parienta ni consagrada, / Por ty non sea quebrantada / Lealtad».
Veamos ahora esta otra estrofa de los Proverbios morales:

Cierto es y non
Proverbio toda vía:
El huésped y el pege
Fieden al tercero día (526)

Hoy suele decirse: «El huésped y el pez, al tercer día hiede», «El huésped y la pesca, a los tres
días apesta». Por eso dice otro refrán recogido por Correas: «El güesped y el güevo, fresco».
Recordemos asimismo estas otras estrofas de Don Sem Tob:

Tomar del mal lo menos Quien por un solo tiento


Y lo más del bien, Quiere acabar su fecho,
A malos y a buenos Una ves entre ciento
A todos les convien (135) Non sacará provecho (146)

Y esta otra tan bonita:

En lo que Lope gana


Pelayo emprobrese,
Con lo que Sancho sana
Domingo adolese (60)

No podemos dejar de señalar que en los Refranes que dicen las viejas tras el fuego aparece (con
el n° 149) el siguiente: «Con lo que Sancho sana, Domingo adolece». Tampoco dejaremos de hacer
constar que en Correas encontramos los siguientes: «Con lo que Sancho sana, Marta cae mala»,
«Con lo que Pedro adolece, Sancho convalece», «Con lo que Pedro adolece, Domingo convalece»,
«Con lo que Pedro sana y convalece, Domingo adolece», «Con lo que sana el hígado, enferma el
bazo».
Y en el Diálogo de la lengua aparecerá bajo estas formas: «Con lo que Pedro sana, Domingo
adolece», «Con lo que sana el hígado, enferma la bolsa».
No olvidemos a este respecto que asimismo en el siglo XVI, en el Lazarillo de Tormes podemos
leer cómo dice el ciego a su joven acompañante: «lo que te enferma, te sana y da salud».
Y para terminar con los Proverbios morales de Don Sem Tob de Carrión, esta otra estrofa:

¿Quién puede coger rosa


Sin tocar sus espinas?
La miel es muy sabrosa,
Mas tiene aguas besinas (110)

2.3. TRACTADO DE LA DOCTRINA

Aunque atribuido por Amador de los Ríos al rabí Don Sem Tob de Carrión, en el códice IV, 6,
21 de San Lorenzo de El Escorial, figura la siguiente estrofa a manera de colofón: «Malos bicios de
mi arriedro, / E con todo esto non medro, / Sy non este nombre Pedro / de Beraguer» [Véase
«Biblioteca de Autores Españoles» tomo LVII: Poetas Castellanos anteriores a! siglo XV. Madrid,
1952].
Una docena de estrofas del Tractado de la Doctrina constituyen auténticas paremias. Dice así la
115: «Fasle firme gerradura / A tu lengua, de figura / Que te abise a la cordura / Lo que digas».
Una y otra vez en nuestros textos medievales aparece el sabio consejo de saber callar. Por algo
dice un antiguo refrán, recogido por Correas: «La mala llaga sana, y no la de palabra».
Refranes y sentencias en la literatura medieval española 17

El tema de saber callar en la Paremíologfa española es digno de un estudio monográfico que muy
posiblemente emprendamos en un futuro inmediato. Ahora nos limitaremos a esta observación. Pero
volveremos sobre él al comentar los refranes que aparecen en el Libro del Cavallero Zifar y también
cuando hablemos de La Celestina.
Siguiendo con el Tractado de la Doctrina recordaremos su estrofa 145: «Dize la antigua conseia:
/ La mal ganada oueja, / Mala fyn ha la pelleja / Y su duermo». Tampoco dejaremos de recordar la
estrofa 132 que dice asi: «De parientes y sennor, / Dime qual es el mejor? / Respondió el sabidor: /
Pasar sin ellos».
Por algo dice un sabio consejo: «Del superior y del mulo, cuanto más lejos, más seguro», cuya
filosofía se corresponde con estos otros refranes que tenemos recogidos en el tomo II de nuestra
Selección de refranes y sentencias: «Cabe señor ni cabe igreja no pongas teja», «Donde está el rey,
a tres leguas».
Más radical aquí la forma en que lo expresa el refrán recogido por Correas, pues, en lugar de "a
tres leguas', dice "a cien leguas'.
Recordaremos también la estrofa de este Tractado de la Doctrina que dice así: «Con una honca
de miel / Suelven syete de fiel. / Bed que xarope cruel / Este mundo».
Y terminaremos nuestras indicaciones en relación con esta interesante obra recordando una de sus
primeras estrofas, la número 3, cuando aún se está en una especie de introducción: «Esto pensé
ordenar / Para al ninno administrar / Porque es malo despulgar / El 9amarro».
Eleanor O'Kane —por cierto— lo pone en relación con el refrán que dice «Home viejo de
castigar y pellón prieto de espulgar malo es» del Seniloquium y con «Si al viejo castigaste, espurga
tu gamarrón» del Cancionero de Fernán Pérez de Guzmán.
Por nuestra parte no dejaremos de señalar que en el Vocabulario de refranes y frases proverbiales
de Correas figura el que dice: «Malo es el zamarro de espulgar y el viejo de castigar y enderezar».

2.4. EL LIBRO DEL CAVALLERO ZIFAR

Por su riqueza en refranes y locuciones proverbiales así el Libro de Buen Amor como sobre todo
éste del Cavallero Zifar, y más aún La Celestina ofrecen material más que suficiente para poder
dedicar a cada uno de ellos por lo menos una hora de atención, sin llegar en ningún caso a agotar la
materia.
Por ser el Libro del Cavallero Zifar una obra en prosa, los refranes pueden ser citados tal cual se
emplean corrientemente. No hay necesidad de darles una forma especial para adaptarlos de acuerdo
con las necesidades de la métrica. Pueden mantener, en cambio, su rima propia.
Por ejemplo: «Quien se arrebata, su pro non cata» (f. 131 v), «La mala fama, antes descubierta
que la buena sea cierta» (f. 135 r), «Más vale a orne andar señero que con mal compañero» (f. 136
v), «Quien con perros se echa, con pulgas se levanta» (f. 136 v), «Fas bien, y non cates a quien» (f.
139). Recordemos asimismo el que dice «Pierde el lobo los dientes, mas no las mientes» (133 r),
que con e! n° 547 aparece en los Refranes del Marqués de Santillana bajo esta forma: «Pierde el asno
los dientes, mas no las mientes».
En repetidas ocasiones se da en el Libro del Cavallero Zifar una especie de concatenación
parecida a aquella tan bonita que recordábamos hablando del Libro de Buen Amor. «Por un clavo se
pierde una herradura; por una herradura, un caballo; por un caballo, un caballero; por un caballero,
un campo; por un campo, un reino» (2309) [o también: (...) por un caballero, una batalla; por una
batalla, una guerra»].
Veamos algunos ejemplos: «Ca de la mentira nasce discordia, e de la discordia, despegamiento,
e del despegamiento injuria, e de la injuria despartamiento de amor, e del despartamiento aborrengia,
e de la aborrengia guerra, e de la guerra enemistad, e de la batalla crueldat, que estraga todos los
ayuntamientos e las compañías de los ornes» (f. 123 r).
Y sigue poco después (en el mismo folio 123): «Mas debe el rey sienpre dezir verdal, ca de la
verdat nasge temor de Dios, nasge justicia, e de la justigia conpañía, e de la conpañía franqueza, e de
la franqueza solas, e del solas amor, e del amor defendimiento».
18 Jesús Camera Ortiz de Urbina

Y un ejemplo más: «Ca la verdal sienpre quiere estar en pla$a e non ascondída, porque la verdat
es raís de todas las cosas loadas; e de la verdat nas?e temor de Dios, e del temor de Dios nasce
justi£ia, conpanía de la franqueza, e de la franqueza solas, e del solas amor, e del amor
defendimiento, así como de la mentira, que es contraria de la verdat, nasce despagamiento e
discordia, e de la discordia injuria, e de la injuria enamistad, e de la enamistad batalla, e de la batalla
crueldat, destruimiento, daño de todas las cosas del mundo» (f. 126 r y 126 v).
Dada la gran riqueza de refranes y sentencias que figuran en esta obra, muchos podrían ser los
comentarios. Nos limitaremos a unas pocas observaciones.
En primer lugar, unas que dicen relación con el acierto de saber callar y el inconveniente de
hablar a destiempo. Parece casi una obsesión en no pocos de nuestros escritores medievales. Y no les
falta razón. Por algo dice el sabio autor de un conocido libro de devoción o más exactamente de
formación religiosa: «Muchas veces me arrepentí de haber hablado, ninguna de haber callado». No es
del todo exacto, pues en alguna ocasión procede hablar, mereciendo censura el callar por cobardía.
Por eso, mejor sería decir: «Muchas veces me arrepentí de haber hablado; y muy pocas de haber
callado».
Por dos veces aparece en El Cavallero Zifar la prudente observación de que «El mucho favlar
non puede ser syn yerro» (ff. 116 v y 160 v), de acuerdo con éste otro que se'recoge en los Refranes
que dicen las viejas tras el fuego: «Mucho fablar, mucho errar (n° 427).
Y en una especie de concatenación aparecen en los folios 116 v y 117 r del manuscrito del
Cavallero Zifar estas otras muy sabias paremias en relación con este mismo tema: «Como faze buen
callar al que fabla sabiamente, así non faze buen fablar al que fabla torpemente», «Mejor es al orne
que sea mudo que non que fable mal», «Non puede orne aver peor enfermedat que ser mal fablado
é mal corado», «Conteste a las vegadas por el cora9Ón grandes yerros e por la lengua grandes
enpiecos», «A las vegadas son peores llagas de lengua que los golpes de los cuchiellos».
Después de estas consideraciones acerca de la prudencia de saber callar, pasa a hablar de la
paciencia, empleando muy pronto, entre otras, esta paremia: «Cuando uno non quiere dos no pelean»,
que en el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés aparece bajo la forma de «Quando uno no quiere,
dos no barajan».
De los muchos refranes que encontramos en El Cavallero Zifar citaremos unos pocos que resultan
más familiares en nuestros días, absteniéndonos -muy a pesar nuestro- de hacer en general
comentarios: «Quien se muda, Dios le ayuda» (f. 15 v), «Piedra movediza non cubre moho» (f. 15
v), «Quien buen árbol se allega, buena sombra le cubre» (f. 54v), «Del dezir al fazer mucho ay» (f.
79 r), «Quien todo lo quiere, todo lo pierde» (f. 79 v), «De pequeña centella se levanta gran fuego si
orne no pone y consejo» (f. 84 r), «La yerva mala aína cres$e» (f. 96 v), «De Jos escarmentados se
fazen los arteros» (f 104 v), «Más val poco fecho con seso que mucho sin seso» (f. 145 v), «Mal de
muchos, gozo es» (f. 186).
Varios de estos refranes aparecen asimismo en otros escritores medievales. Algunos los
encontramos en los Refranes que dicen las viejas tras el fuego. Y no pocos figuran en el
Vocabulario de Correas.
Así, por ejemplo, el refrán «Piedra movediza non cubre moho» también lo encontramos en los
Refranes del Marqués de Santillana bajo la forma de: «Piedra movediza no la cubre moho» (n° 548).
Y el refrán «Quien buen árbol se allega, buena sombra le cubre» (f. 54v) aparece en La Celestina
donde Pármeno se limita a insinuarlo diciendo: «Quien a buen árbol se arrima...», dando por
supuesto que cualquiera será capaz de captar su continuación «buena sombra le cobija», como
señalaremos más adelante. Por otro lado la paremia «Quien bien sea non lieve» (f. 15 v) aparece a
veces con la coletilla de «ca mudándose a menudo pierde lo que ha». Y en el Conde Lucanor bajo la
forma de: «Quien bien se siede, non se lieve», es decir, «Quien bien se sienta, no se levanta».

2.5. EL CONDE LUCANOR O LIBRO DE PATRONIO [siglo XIV]

Las partes 2a, 3a y 4a de esta obra de Don Juan Manuel constituyen un auténtico repertorio de
sentencias y aforismos medievales. Y además, en las partes 1a y 5a aparecen acá y allá unas veinte
expresiones entre refranes y sentencias.
Refranes y sentencias en la literatura medieval española 19

Nos limitaremos a recordar un interesante párrafo del ejemplo XVI, titulado De la respuesta que
dio el conde Ferrant González a Ñuño Laínez su pariente. Dice así el pasaje que nos interesa
destacar:

(...) más les contes^ería comino dezía el vierbo antigo: s Murió el ombrc e murió el su nombre'; mas
si quisiéremos olbidar los vigios e fazer mucho por nos defender c levar nuestra onra adelante, dirán
por nos después que muriéremos: "Murió el omne, mas non murió el su nombre'.

Como simple curiosidad recordaremos en el ejemplo XLVII (De lo que contestólo a un moro con
una su hermana que dava a entender que era muy medrosa} aparece un dicho en algarabía que,
traducido al español, reza así: «Ahá, hermana, despantádesvos del sueño de la tarrezuela que faze
boc, boc, e non vos espantávades del desconyuntamiento del pescueco». Y apostilla diciendo que
«este proverbio es agora muy retraído entre los moros».
El curioso dicho «Otro loco hay en Chinchilla», también conocido bajo la forma de «Otro loco
hay en el baño», es en cierto modo evocado en la 2a parte del ejemplo XLIII (De lo que contestó al
bien e al mal, e al cuerdo con el loco}.
La mayoría de las sentencias y aforismos de las partes 2a, 3a y 4a tienen su origen en diversas
colecciones aparecidas en España durante la primera mitad del siglo XIII, como el Bonium o
Bocados de Oro y también Paridad de paridades (o Secreto de los Secretos} y las Flores de la
filosofía.
Algunas de estas sentencias siguen vivas en nuestros días, con frecuencia ligeramente modificadas
en su aspecto externo. Por ejemplo, la que dice: «Mejor sería andar solo que mal acompañado»
(316), que al instante nos recuerda la actual «Más vale solo que mal acompañado».
Cabe asimismo poner en relación nuestro refrán «Dime con quién andas y te diré quién eres» con
el que leemos en la 2a parte del Conde Lucanor. «Omne es, con tales se acompaña» (317).
Muy buena la sentencia que afirma: «El que sabe, sabe que non sabe; el que non sabe, cuida [es
decir, piensa, del latín cogitare] que sabe» (318).
Llaman la atención unas cuantas sentencias que encierran dos partes en principio contradictorias.
Por ejemplo la siguiente: «Del fablar viene mucho bien; del fablar viene mucho mal» a la que sigue
esta otra: «Del callar viene mucho bien; del callar viene mucho mal».
Un poco antes aparece esta otra: «El mejor peda90 que ha en el omne es el cora?on; esse mismo
es el peor» (2a parte). Y dicen verdad, planteando el problema de que, aunque en un principio:
«Refrán mentiroso no hay» y «No hay refrán que no sea verdadero», porque «Los refranes son
evangelios chiquitos», también ocurre que hay refranes contradictorios. Por ejemplo, frente al que
nos enseña que «A quien madruga Dios le ayuda»; otro nos advierte que «No por mucho madrugar
amanece más temprano» (o «más aína»).

3.1. CANCIONERO DE BAENA [siglo XV]

El Cancionero de Baena es, también él, una rica mina de refranes, como fácilmente puede
apreciarse en la magnífica edición que de él han hecho los profesores Brian Dutton y Joaquín Gonzá-
lez Cuenca. Sobre todo, el Cancionero de Alfonso Alvarez de Villasandino que, además, se distingue
por su maestría en el manejo del refrán y de la locución proverbial.
Nos limitaremos a muy pocos ejemplos.
En primer lugar, cuando en su "repregunta1 (n° 122 de la edición mencionada) escribe: «E por su
venida mi barva repelo, echad en remojo essa que rapades». Alusión clarísima al refrán que dice:
«Cuando la barba de tu vecino veas pelar, echa la tuya a remojar» (o: «pon la tuya en remojo»).
Este refrán aparece asimismo en el Corbacho (I, XVII, 54) y también lo recoge Correas en su
Vocabulario de refranes y frases proverbiales. No dejaremos de señalar que en La Celestina dice
Pleberio en el acto XVI: «Debemos echar nuestras barbas a remojo y aparejar nuestros fardeles».
Recordemos también los versos: «Más vale "tomo' ciento que mili "t& daré' mesquino», de su
Dezir d'estribot pediéndole merced al Rey (n° 219, versos 25-26 de la edición citada). Versos que al
instante nos traen a la memoria nuestro refrán «Más vale un "toma' que dos "te daré».
20 Jesús Cantera Ortiz de Urbina

En otro Dezir al rey don Enrique (n° 58 de la edición citada; versos 5-6) escribe: «Quien mal
fado ha en la cuna non le viene sin cogobra», que naturalmente evoca los refranes: «Quien nace con
malas fadas, tarde las puede perder», «Quien hadas malas tiene en cuna, o las pierde tarde o nunca»,
que podemos encontrar en los Refranes que dicen las viejas tras el fuego (n° 583), donde también
aparecen estos otros: «Lo que en la leche se mama, en la mortaja sale» (406), «Cabra va por viña:
qual madre, tal fija» (166).
Refranes que, a su /vez, nos recuerdan estos otros que podemos encontrar en el tomo II de nuestra
Selección de refranes y sentencias: «Lo que se aprende en la cuna, siempre dura» (1599), «Lo que se
ha por natura, hasta la fuesa dura» (1600), «Genio y figura, hasta la sepultura» (1220), «Lo que entra
con el capillo, sale con la mortaja» (1578), «Lo que con el capillo se toma y pega, con la mortaja se
deja» (1574), «Lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama» (1577), «Aunque muda el
pelo la raposa, su natural no despoja» (379), «El que nace lechón, muere 1 cochino» (2487).
Recordemos asimismo los que dicen: «Lo que se ha por natura, hasta la fosa dura», «Lo que se
mama en la cuna, no acaba hasta la sepultura» y otros muchos en relación con el que dice: «De tal
palo, tal astilla».
En el Diálogo de la lengua se aportan como ejemplo estos dos: «El que malas mañas ha, tarde o
nunca las perderá», «Cual la madre, tal la hija; y tal la manta que las cobija».
Recordemos el ya citado del Cavallero Zifar: «Pierde el lobo los dientes, mas no las mientes»
(113 r), que hace un momento poníamos en relación con el n° 547 de los Refranes del Marqués de
Santillana: «Pierde el asno los dientes, mas no las mientes».
¡Magníficas las estrofas 3 y 4 de su Réplica contra el Adelantado Perafánl (n° 112 de la edición
citada). Dicen así:

Mi señor Adelantado, Mi señor Adelantado,


un exemplo ay aldeano: otro exemplo ay antigo:
que más val' pardal en mano que dizen que da Dios trigo
que buitre muy embolado. en algunt ero sembrado.
Todo bien considerado, Yo como rudo azedado
aquí yaze otro mal: que nunca aprendí derecho,
non dar buitre nin pardal quise fruto con provecho
e profanar el bien dado. non teniendo barvechado.

Hasta cuatro evocaciones al refranero en estas dos estrofas. Y además, esa doble indicación de
s un exemplo ay aldeano' en la estrofa 3a y "un exemplo ay antigo' en la 4a. Si interesante es el
adjetivo " antigo', para calificar el sustantivo "exemplo' en la estrofa 4a, más interesante aún y sobre
todo más significativo el adjetivo "aldeano' con que en la 3a se califica ese mismo sustantivo
"exemplo', empleado con el significado de "refrán 5 .
No se recata Alfonso Álvarez de Villasandino en recurrir al refranero, aunque sea de origen en
ocasiones al menos tan popular que lo puede calificar de "aldeano'.
La simple lectura de estas dos estrofas nos trae al instante el recuerdo de toda una serie de
refranes que se van ensartando uno tras otro.
En primer lugar, ese v exemplo aldeano' según el cual «Más val' pardal en mano que buitre muy
embolado» nos evoca los actuales «Más vale pájaro en mano que,buitre volando», «Más vale pájaro
en mano que ciento volando», que a su vez nos recuerdan estos otros del tomo II de nuestra
Selección de refranes y sentencias: «Más quiero huevos hoy que mañana pollos» (1687), «Más vale
buena posesión que larga esperanza» (1701), «Más vale "tengo un ochavo' que "préstame un cuarto'»
(1759), «Más vale un "toma' que dos N te daré'» (1766), «No dejes lo ganado por lo que has de
ganar» (1911).
No dejaremos de señalar que también aparece en los Refranes que dicen las viejas tras el fuego:
«Más vale páxaro en mano, que bueytre [sic] volando (422).
Cuando a continuación leemos: «Aquí yaze otro mal: / Non dar buitre nin pardal / E profanar el
bien dado», enseguida pensamos en nuestros refranes: «A caballo regalado, no le mires el diente»,
«A caballo regalado, no le mires la boca», «A caballo regalado, no le guardes el pelo», «A borrico
presentado, no hay que mirarle el diente», «A quien dan, no escoge».
Refranes y sentencias en la literatura medieval española 21
<
En la estrofa 4a nos dice: «Otro exemplo ay antigo: / Que dizen que da Dios trigo / En algunt ero
sembrado», que nos recuerda: «Díos da el frío conforme ai vestido», «Dios aprieta, pero no ahoga»,
«Dios consiente, pero no para siempre», «Dios que da la llaga, da la medicina», «El frío sabe a
quien se arrima». Y termina la 4a estrofa afirmando: «Quise fruto con provecho / Non teniendo
barbechado». Evocación clara del refrán que dice: «Quien no barbecha, no cosecha».
Y también de los dos siguientes que aparecen en el tomo II de nuestra Selección de refranes y
sentencias: «Más vale sazón que barbechera ni binazón» (1747), «Sazón hace trigo, que no barbecho
mollido» (2633). Y de forma un tanto distinta: «Quien no llora, no mama».
Aunque nos hayamos limitado a los refranes, sentencias y locuciones proverbiales en el
Cancionero de Alfonso Alvarez de Villasandino, no podemos resistir el deseo de citar al menos los
versos de Juan Alvarez Gato en los que, en un bonito juego, alude a su propio apellido sin citarlo
expresamente:

Las coplas de mis querellas,


Que vistes vuestras casas,
Vos fuestes la causa dellas,
Aunque pasaste por ellas
Como yo sobre la brasa

dando por supuesto que al instante vendría a la mente la locución que dice: «Pasar como gato sobre
brasas», locución que —cabe recordar— también aparece en El Corbacho.

3.2. EL CORBACHO O REPROBACIÓN DEL AMOR MUNDANO [siglo XV]

El Corbacho es muy rico en refranes. Con gran maestría los consigue ir combinando el
Arcipreste de Talavera con numerosas citas bíblicas, así del Antiguo como del Nuevo Testamento, y
también de distintos autores de la Antigüedad clásica, sin dejar de recurrir en ocasiones a testimonios
más recientes, como los de Francisco Petrarca e incluso del Arcipreste de Hita.
En numerosas ocasiones introduce el refrán con palabras como «segund diz el antigo proverbio»,
o «como dize el enxiemplo», o bien otras por el estilo, mereciendo ser destacada la que dice: «Por
ende dize el enxiemplo vulgar», que emplea en varias ocasiones.
El último párrafo del capítulo IV de la segunda parte es en extremo interesante para conocer el
empleo de refranes por parte del Arcipreste de Talavera en El Corbacho. Vale la pena leerlo.
Dice así: «¡O locas syn seso, faltas de entendymiento, menguadas de juyzio natural! Creed, pues,
syn dubdar que el que más vos loa es por vos engañar, como dize Catón: ""Dulcemente canta la caña
quando el cacador dulcemente cantando con tal engaño toma el ave'. Piense, pues, la muger que con
dulces palabras la han de tomar, que non con ásperas; y esto al comiengo, que después paresce a lo
que le viniere, que dulce es la entrada, mas amarga es la estada; como miel fue la venida, amarga
después la vida. Por ende, dixo Salomón: ^Non por comienco la loor es cantada, mas por la fin
syenpre fue comendada'. Asy que muchas cosas tyenen buenos comiencos que sus fines son
diversos. Por eso dise el enxienplo bulgar: «Quien adelante non cata, atrás cae». Por ende, cada qual
guarde qué faze o qué díze, que la palabra asy es como la piedra, que salida de la mano non guarda
do fiere».
Junto a una cita de Catón y otra de Salomón, trae a colación hasta cinco refranes, para acabar
diciendo: «E como dize el Sabio: "Buela la palabra: desque dicha non puede ser rrevocada:
desdezirse della sy, mas que ya non sea dicha, ynposíble sería».
Una de las notas más sorprendentes en el empleo de refranes, así en El Corbacho como en La
Celestina y también en algunas otras de nuestras joyas literarias de la Edad Media, es esa especie de
sarta de refranes que se van enlanzando uno con otro como eslabones de una misma cadena.
Poco después del ejemplo que acabamos de recordar, en el primer párrafo del capítulo V de esa
misma segunda parte, nueva serie de refranes:

Non guarda vez de molino de forrno nin de honrra, que al primero I'aze postrero e al postrimero
primero; todo va en el dinero. E demás, oy te dirá uno la muger, a cabo de ora otro; sy a uno dize de
22 Jesús Cantera Ortiz de Urbina

sy, a otro dize de non; al uno ya fabel, al otro alfilel; al uno da del ojo, al otro por antojo; al uno da
del pie, al otro fiere del cobdo; al otro aprieta la mano, al otro tuerce el [Link],

. Nuevo ejemplo poco después:

Toma cnxemplo del proverbio antiguo: Perezoso nin tardínero non seas en tomar, muchas cosas
prometidas se pierden por vagar; quando te dieren la cabrilla, acorre con la soguilla; quien te algo
prometiere, luego tomando fíere.

Y así podríamos seguir aportando ejemplo tras ejemplo de series de refranes que se van
enlazando uno con otro.
Verdadera erudición paremiológica —nada fácil de conseguir— es la que nos ofrece El
Corbacho en el capítulo 8 de la parte tercera, cuando, justo después de afirmar que «byen se le
devyera menbrar que a buen callar llaman Sancho, (locución que comentaremos más adelante)
escribe: «Dize el proemio de ¡as Clementinas sobre aquella palabra sylencio, dize:

"El faviante sea discreto en faviar', Dize más Ovidio: "Non ay menor trabajo que callar e mayor pena
que mucho favlar, porque trae consygo el mucho errar'. Dize Catón que la primera virtud créese
refrenar la lengua. Dize Sócrates: "Dezir me pesó; callar nunca'. Dízc el Arcipreste: "Sabyeza tenprado
callar; locura, demasyado fablar'.

De esta suerte, tras una cita del proemio de las Clementinas, trae otra de Ovidio, seguida de otra
de Catón, a la que sigue otra de Sócrates, que a su vez es seguida de otra del Arcipreste de Hita.

3.3. LA. CELESTINA [finales del siglo XV]

La Celestina constituye una auténtica mina de refranes. Tenemos muy adelantada la elaboración
de un «refranero de La Celestina» por orden alfabético o —como se decía— «por orden del a.b.c.»,
acompañado de los comentarios pertinentes y con un índice de todas las palabras clave.
Con razón La Celestina ha despertado el interés de varios paremiólogos. Entre ellos, José Gella
Iturriaga (con su «Refranes de La Celestina» [Actas 245-268]) y Anita Bonilla Ernouf (con su tesis
doctoral «Proverbs and Proverbial Phrases en La Celestina» [Columbia University. 1970]). Sin
olvidar, desde otro punto de vista, el magnífico estudio de Francisco Castro Guísasela Observaciones
sobre las fuentes literarias de ^La Celestina' [R.F.E. Anejo V. Madrid. 1924. Reimpresión 1973],
En La Celestina Fernando de Rojas se revela como un verdadero artista en el acertado empleo del
refrán que maneja con exquisita habilidad y gran maestría. Y los pone en boca de todos sus perso-
najes; principalmente en boca de Celestina, de Sempronio y de Parmeno; y también no pocos en
boca de Calisto y de Melibea.
En lo que podríamos llamar casi un alarde de conocimiento paremia lógico, nos va ofreciendo, a
lo largo de su obra, un riquísimo tesoro de refranes. Más de tres centenares y medio tenemos
recogidos. Amén de diez citas bíblicas, en cierto modo paremiológicas. Y de una veintena de citas
que, según Castro Guísasela, responden a obras latinas de Petrarca, principalmente a su De remediis.
Y también alguna que otra cita de Aristóteles (su Física], de Virgilio (la Eneida], de Ovidio (Ars
amandi], de Séneca, (Ca/toy a Lucilió), e incluso del PseudoSéneca (Proverbio^.
Leyendo La Celestina,'más de una vez nos puede parecer que su autor "piensa en refranes'. Tan
bien domina el refranero y tan familiar le debe resultar que muchas veces se limita a simplemente
insinuar el refrán. Lo cual nos hace pensar además que para Fernando de Rojas el refranero es algo
muy familiar. Y 'también para su público, ya que da por supuesto que una simple insinuación es
suficiente; y no cree necesario tener que citar el refrán todo entero o al pie de la letra.
De donde cabe deducir la vitalidad y la vigencia del refranero en nuestro pueblo a finales del
siglo XV. Solamente unos ejemplos rápidos de estas simples insinuaciones de refranes:
a. «no se toma truchas, etc.» (Celestina, acto VII) dando por supuesto que todos saben concluirlo
añadiendo «a bragas enjutas».
Refranes y sentencias en la literatura medieval española 23

b. «quien a buen árbol se arrima...» (Pármeno, acto VIII), que se completaría diciendo «buena
sombra le cobija», como podemos leer, por ejemplo, en el Diálogo de (a lengua de Juan de Valdés.
Recordemos que este mismo refrán ya lo encontramos, aunque con o mus palabras, en el Libro del
Cavallero Zifar.
c. «y a buen entendedor...» (Sempronio, acto VIII), que sería fácil completar pensando «pocas
palabras bastan», como hoy decimos y como figura en los Refranes f¡ue dicen ¡as viejas tras e! fuego
(n° 78).
d. «el ajuar de la frontera» (Centurio, acto XVIII), que se completaba añadiendo «dos estacas y una
estera», según dice Correas ""por el poco ajuar de los presidios de soldados de fronteras'.

Tal es su dominio del refranero de su época que en algunas ocasiones parece recurrir el autor de
La Celestina al curioso artificio de dividir un refrán entre dos interlocutores, como insinuándolo en
el primero y completándolo quien le responde o replica.
Eleanor O'Kane trae a este respecto dos ejemplos, más o menos discutibles. Uno de ellos, muy
significativo, aunque no se trate propiamente de un refrán, sino de una locución. Cuando Areusa, en
el acto Vil, dirigiéndose a Celestina, le dice: «Tía señora ¿qué buena venida es ésta tan tarde? Ya
rne desnudaba para acostar», Celestina le responde diciendo: «¿Con las gallinas, hija? Así se hará la
hacienda». Enseguida pensamos naturalmente en la locución «Acostarse con las gallinas».
Temas muy interesantes, y a los que bien merecería la pena dedicar sendos estudios son, por un
lado el de las posibles relaciones entre los refranes empleados en La Celestina y los del refranero
conocido por Refranes que dicen las viejas tras el fuego atribuido al Marqués de Santillana; y por
otro el de la también posible relación de los refranes de La Celestina con los del Quijote.
Cabría asimismo estudiar la relación entre los refranes de La Celestina y los que a modo de
ejemplos emplea Juan de Valdés en su Diálogo de la lengua. E incluso los que emplea Covarrubias
en su Tesoro de la lengua castellana. Sin tampoco olvidar cuáles están recogidos por Correas en su
Vocabulario de refranes y frases proverbiales.
Los refranes de La Celestina dan pie para múltiples y muy sabrosas consideraciones. Y ofrecen
material más que suficiente para dedicarles no sólo una hora, sino incluso varias. Nos limitaremos a
unos pocos y breves toques.
En primer lugar recordaremos cómo La Celestina, en el acto III, afirma que «El dinero las peñas
quebranta», mientras que Traso en la parte que suele figurar como apéndice expresa la misma idea
por la expresión que hoy nos resulta más familiar aún de «Dádivas quebrantan penas».
Dejemos constancia de que en la estrofa 497 del Libro de Buen Amor —dentro de una larga serie
de estrofas consagradas al dinero— dice así:

El dinero quebranta las cadenas dañosas,


Quita cepos y grillos, prisiones peligrosas.
Al que no da dinero pónenle esposas.
Hace por todo el mundo cosas maravillosas

concluyendo de esta manera:

Por dinero se muda el mundo en su manera.


La mujer que codicia dinero, es placentera:
Por joyas y dinero corre cualquier carrera:
El dar quebranta peñas, hiende dura madera.

Y en El Corbacho (II, 1) del Arcipreste de Talayera podemos leer estas dos significativas
paremias: «A dádivas no ay azero que rresysta, / Quanto más persona que es de carne», «Si el dar
quiebra las peñas, / Doblegará una muger que non es como piedra».
Recordemos asimismo —como ya indicamos al comentar el Libro de Alexandre— que en los
Refranes del Marqués de Santillana figura «Dádivas quebrantan penas».
Y señalemos asimismo —corno ya se hizo entonces-—- que en el Vocabulario de Correas figura
con un significativo añadido, resultando así: «Dádivas quebrantan peñasy hacen venir de las greñas».
24 Jesús Cantera Ortiz de Urbina

En el acto VII Celestina hace gala de su gran dominio del refranero y de su habilidad y maestría
para manejarlo, pues para una cosa tan simple como la de recalcar la singularidad aporta hasta nueve
refranes seguidos: «No hay cosa más perdida que el mur que no sabe sino un horado» que en el
Diálogo de la lengua figura como «Al mur que no sabe más que un agujero, presto lo toma el gato»,
«Una ánima sola ni canta ni llora», «Un solo acto no hace hábito», «Un fraile solo, pocas veces lo
encontrarás en la calle», que recuerda el que dice: «Monjas y frailes andan a pares». «Una perdiz
sola, por maravilla vuela», «Un manjar solo contino, presto pone hastio», que se corresponde con el
que dice «Todos los días gallina amarga la cocina». «Una golondrina no hace verano», «Un testigo
solo no es entera fe», «Quien sola un ropa tiene, presto la envejece».
Y naturalmente no agota las posibilidades, ni al parecer pretende hacerlo ya que en la misma
Celestina se citan algunos otros que aquí no figuran. No nos sería difícil encontrar más ejemplos en
nuestro rico refranero medieval. Pero a Fernando de Rojas le resulta más que suficiente citar esos
nueve, pues por otra parte podría resultar excesivo seguir añadiendo refranes a los ya mencionados.
No dejaremos de señalar que en la misma Celestina aparecen estas otras paremias: «Un solo
maestro de vicios dicen que basta para corromper un gran pueblo» (Melibea, acto IV), «En una hora
no se ganó Zamora» (Celestina, acto VI), «El buen atrevimiento de un solo hombre ganó Troya»
(Calisto, acto IV), «Un solo golpe no derriba un roble» (Sempronio, acto VIII).
Recordemos además que en el acto XVII pone Fernando de Rojas en boca de Areusa la siguiente
observación: «Para esto te dio Dios dos oídos y dos ojos, y no más de una lengua, porque sea
doblado lo que vieres y oyeres que no el hablar».
Respecto a esta paremia señala Castro Guisasola —según Antonio Prieto— «cómo Diógenes
Laercio atribuye este pensamiento a Xenócrates y a Zenón, y fue sentencia que se apropiaron
diversos escritores medievales y renacentistas».
Al hablar de las paremias en El Cavallero Zifar observamos su insistencia en aportar paremia tras
paremia para justificar la procedencia de ser muy prudentes en el hablar. Y decíamos que ese consejo
viene a ser como una obsesión en muchos de nuestros escritores medievales.
Además de los comentarios que ya se han venido haciendo recordaremos las estrofas 551 y 552
de los Proverbios morales de Don Sem Tob de Carrión, que dicen así:

Pero la meioría Porque le meatad quanto


Del callar non podemos Es el oyr fablemos
Negar, mas toda vía Una lengua, por tanto,
Con bien que le contemos. Dos orejas tenemos.

Y añade a continuación, dentro de la serie de estrofas que dedica a la conveniencia de saber


callar:

Sy fuese el fablar
De plata figurado,
Deve ser el callar
De oro afynado.

Después de estas consideraciones, bien vale la pena recordar dos muy prudentes consejos de los
Refranes que dicen las viejas tras el fuego: «Tras pared ni tras seto no digas tu secreto» (685), «Di
tu secreto a tu amigo, e serás siempre su cativo» (199).
Ya que hemos dedicado estas observaciones al número v uno', recordemos dos paremias de La
Celestina en relación con el número vtres': «A tres tales aguijones no terna cera en el oído»
(Sempronio, acto XII), «Tres veces dicen que es lo bueno y honesto» (Sempronio, acto IX).
Dada la natural limitación de tiempo renunciamos al deseo de hacer consideraciones respecto al
valor del número vtres' en distintas civilizaciones así en la Edad Media como también en la
Antigüedad, limitándonos a recordar el triple brindis en honor de las tres Gracias, que a veces se
multiplicaba por otros tres, resultando entonces ^ nueve' en honor en ese caso de las nueve musas.
Y terminamos estas consideraciones sobre números recordando que en el acto I ^exclama
Sempronio: «¡En sus trece está este necio!». Por la limitación de tiempo a la que hacíamos alusión
Refranes y sentencias en la literatura medieval española 25

hace un momento sólo diremos que caben dos explicaciones para esta locución españolas «estar en
sus trece» o «mantenerse en sus trece». Por un lado puede ser una alusión a nuestro papa Benedicto
XIII, el papa Luna (finales del XIV y principios del XV). Pero, por otro lado cabe también pensar en
los trece artículos de la fe judaica redactados por Maimónides en la segunda mitad del siglo XII.

REFRANES QUE DICEN LAS VIEJAS TRAS EL FUEGO

Y vamos a terminar con unas breves consideraciones acerca de los Refranes que dicen las viejas
tras el fuego, atribuidos al Marqués de Santillana.
Auténtica joya de nuestra Paremiología, con la que se puede disfrutar y aprender al mismo
tiempo. Cabría calificar este refranero de antología de la filosofía popular medieval recopilada
cuando ya se vislumbraban los albores de la Edad Moderna.
En orden alfabético un tanto peculiar, aunque diga que «van ordenados por el a.b.c.».
Es curioso comprobar cómo alguno aparece repetido. Concretamente, el que dice «antes quebrar
que doblar» (n° 104) es luego recogido en el n° 626 bajo la forma de «quebrar, mas no doblar».
El Marqués de Santillana, según el parecer de Eleanor O'Kane, resulta crítico en el uso de los
refranes, excluyéndolos de sus composiciones líricas religiosas y amorosas y en la mayor parte de
sus obras de molde clásico o italianizante, apareciendo sólo en sus versos familiares y en sus sátiras.
La misma Eleanor O'Kane ofrece un ejemplo muy significativo del Doctrinal de privados, muy
dura sátira con motivo de la ejecución de su enemigo Don Alvaro de Luna.
He aquí el ejemplo a que nos referimos:
f"
Fize grazias y mercedes,
Non comí solo mi gallo;
Mas ensillo mi caballo
Solo, como todos vedes.

Se trata de una clara alusión, no sólo irónica sino cruel, del refrán que dice: «Quien solo come
gallo, solo ensilla su caballo», que con el n° 598 figura en los Refranes que dicen las viejas tras el
fuego, donde también podemos encontrar estos otros: «Uno piensa el vayo, y otro el que lo ensilla»
(n° 702), que más tarde emplearía Juan de Valdés como ejemplo en su Diálogo de la lengua: «Aun
no ensillays, y ya cavalgays» (n° 30).
No pocos de los refranes que hemos ido citando sacados de los distintos escritores considerados,
los encontramos en estos Refranes del Marqués de Santillana. Recuérdese, por ejemplo, que al refrán
«Agua vertida, no toda cogida» (n° 91) —que más tarde volveremos a encontrar en el Diálogo de
Lengua de Juan de Valdés— corresponde en el Rimado de Palacio: «Del agua que se vierte, la
medio non es cogida» (445).
Recuérdese asimismo que la locución «A buen callar, llaman Sancho» que encontrábamos en El
Corbacho, figura aquí con el n° 2. No dejando de señalar que también la encontraremos más tarde en
el Diálogo de la lengua.
En relación con esta paremia procede dejar constancia de los últimos versos del romance Morir
vos queredes, padre. San Miguel os haya el alma que alude a la partición de su reino por el rey Don
Femando, cuando va a morir en el castillo de Cabezón el año 1065, y cuyos versos finales dicen:
«Todos dicen amén, amén, / Menos don Sancho que calla», surgiendo entonces este dicho de «Al
buen callar llaman Sancho».
Para no subrayar ni siquiera con lápiz, ni tampoco escribir absolutamente nada en los libros, ni en
los propios y menos aún en los ajenos, sean privados o sean públicos, tengo por norma hacer
fotocopias de los textos sobre los que debo trabajar con mayor insistencia. En la fotocopia de estos
Refranes que dicen las viejas tras el fuego empecé a subrayar en rojo los que consideraba más
destacables para poder volver con mayor facilidad sobre ellos. Después de una segunda y luego una
tercera lecturas, resultó que ya apenas servían los subrayado^, jjues abundaban demasiado. Y hube de
recurrir a otros colores y a otros signos con notas e'indicaciones al margen y a pie de página. Eso
26 Jesús Cantera Ortlz de Urb'mu

revela la enorme importancia de esta colección que hace un momento calificábamos de auténtica joya
de la Paremiología española recopilada en los umbrales del siglo XVI.

A MANERA DE EPILOGO

Muchos de los refranes empleados por nuestros escritores medievales han llegado hasta nuestros
días y perviven con notable vigencia. Unas veces han llegado tal cual; otras, con alguna ligera
variante.
La mujer ha sido con frecuencia no sólo el mejor depósito del folclore oral, sino también la que
ha sabido transmitirlo de generación en generación. «Por boca de madre», en expresión gráfica que
solemos emplear cuando nos referimos a la supervicencia del judeoespañol durante cinco largos
siglos.
Por eso es muy significativo ese título de Refranes que dicen !ax viejas /mv el fuego. Lo mismo
que cuando el Arcipreste de Hita en su Libro de Buen Amor introducía un refrán con alguna de las
indicaciones que ya recogimos más arriba: «dijo la buena vieja», «como dice la vieja», y sobre todo
aquel tan significativo verso que decía: «las viejas tras el fuego ya cuentan sus patrañas».
Obligado es dejar constancia a este respecto de que en el Diálogo de la lengua (1533), al
contestar Valdés a la pregunta de Coriolano sobre si nuestros refranes «son como los latinos y
griegos», afirma que «los castellanos son tomados de dichos vulgares, los más dellos nacidos y
criados entre viejas tras el fuego, hilando sus ruecas», mientras que «los griegos y latinos (...) son
nacidos entre personas doctas y están celebrados en libros de mucha doctrina».
Y para terminar voy a hacer una confesión: muchas, muchísimas horas me ha llevado preparar
esta conferencia. Nunca había necesitado tantísimo tiempo para preparar una lección o una
conferencia de una hora. Pero también debo confesar que pocas veces he gozado tanto como en esas
muchas horas dedicadas a su preparación. El refranero español es una auténtica maravilla. La
sabiduría popular que en él se contiene es realmente asombrosa.

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