Imperio Romano
El imperio romano se dividió en dos fases, a la primera de estas se le conoce como Principado,
Diarquía o Alto Imperio y a la segunda como El Dominado, Imperio Absoluto o Bajo Imperio.
La primera fase comenzó con Cayo Octavio César Augusto y se caracterizó por un gobierno
compartido entre el príncipe y el senado, esta etapa surgió tras las guerras civiles que
surgieron tras la muerte de Julio César, cuyo asesinato tenía el objetivo de restaurar a la
república, pero esto dio paso a que su hijo adoptivo Octavio tomara el liderazgo, y que tras
derrotar a sus rivales consolidara el imperio.
Octavio introdujo varias reformas que lograron estabilizar politicamente al estado al
centralizar el poder y al mismo tiempo fomentar a la civilización grecorromana, el sistema
imperial perduro hasta la llegada de Diocleciano, quien dividio el imperio en dos para tener
una mejor administración en el año 284 d.C. El imperio fue reunido y dividido en multiples
ocasiones hasta que en el año 395 se dividio de manera definitiva entre Oriente y Occidente
tras la muerte de Teodosio I El Grande.
Tiempo después el imperio romano de Occidente cayo en el año 476 d.C. con la destitución
de Rómulo Augústulo por el rey Odoacro, mientras que el imperio de Oriente continuo bajo
el nombre del imperio Bizantino hasta el año 1453 cuando Constantinopla cayo bajo el poder
otomano.
La influencia que tuvo Roma fue muy duradera y se llevaron a cabo varios intentos de
restauración imperial, como los de Justiniano I y Carlomagno, aunque ninguno de estos logro
la reunificación de los antiguos territorios del Mediterráneo. Con la caída del Imperio de
Occidente se marcó el fin de la Edad Antigua y el inicio de la Edad Media.
EL PRINCIPADO
Durante la fase del Principado, Roma experimento transformaciones sociales y económicas
importantes, en gran medida debido al contacto con el mundo griego que llevo a un proceso
de helenización. A finales de la república la riqueza y el lujo habían corrompido a la ciudad.
En los dos primeros siglos del imperio surgió una clase capitalista llamada équites, mientras
las clases medias se iban empobreciendo.
Octavio también conocido como César Augusto fue el primer emperador de Roma, y
estableció un régimen personal, manteniendo la fachada de las instituciones de la república.
Se le otorgaron múltiples títulos y poderes, como el mando militar, la justicia, la elección de
senadores y el control de las provincias, durante su gobierno comenzó el período de la Pax
Romana, que fue un tiempo de paz y prosperidad en el imperio, en este periodo también la
administración del imperio se dividió en provincias imperiales (fronterizas) y senatoriales
(pacificadas) administradas por funcionarios designados por el emperador. Cuatro dinastías
de emperadores se pueden distinguir claramente durante esta fase, los Julio-Claudios, los
Flavios, los Antoninos, y los Severos.
La dinastía Julio-Claudia (27 a.C. - 68 d.C.), fue la primera dinastía del Imperio, inaugurada por
Augusto (Cayo Octavio), quien consolidó el poder imperial y dio inicio a una larga paz conocida
como la Pax Romana. A él le siguieron Tiberio, que se caracterizaba por su crueldad y por ser
un buen administrador; Calígula, un gobernante errático que padecía de deficiencias
mentales; Claudio, que, pese a ser un hombre inseguro, dejó un legado de grandes obras
públicas, Nerón, quien es recordado por su extravagancia, el incendio de Roma y su crueldad,
culminando con su suicidio y finalmente Servio quien fue designado príncipe por la guardia
pretoriana siendo asesinado un año después por ellos mismos por su ineptitud al gobernar.
La dinastía de los Flavios (69 - 96 d.C.), iniciada por Vespasiano restaurando el orden y
estabilizando el Imperio, iniciando la construcción del Coliseo y su hijo, Tito, concluyó la obra.
Durante el reinado de Tito, el Imperio sufrió la erupción del Monte Vesubio, que destruyó
Pompeya y Herculano. El último emperador de la dinastía, Domiciano, tuvo un gobierno
despótico, conocido por sus fracasos militares y la persecución de cristianos. Esta dinastía
fomentó el crecimiento de las ciudades y del comercio, aunque también marcó el declive de
la agricultura en Italia debido a la expansión de los latifundios.
La dinastía Antonina (96 - 192 d.C.), comenzó con Nerva, seguido de Trajano que expandió el
Imperio a su máxima extensión, y Adriano conocido por consolidar las fronteras,
especialmente con la construcción del Muro de Adriano en Britania. Antonino Pío y Marco
Aurelio continuaron con un gobierno justo y responsable. Sin embargo, con la llegada de
Cómodo, el Imperio entró en decadencia, debido a su incompetencia y excentricidades lo que
provocó una crisis política al final de esta dinastía.
La dinastía de los Severos (193 - 235 d.C.), esta dinastía fue marcada por el resurgimiento de
las crisis militares y la creciente influencia del ejército en la política. Septimio Severo, de
origen africano, restauró temporalmente el orden, pero sus sucesores como Caracalla y
Heliogábalo gobernaron de manera brutal y caótica. Durante este periodo, el Imperio
enfrentó invasiones bárbaras, epidemias y una crisis económica agudizada por la falta de
mano de obra esclava. Al final de esta dinastía, la inestabilidad política creció ya que los
emperadores eran depuestos frecuentemente por el ejército, lo que llevó a una anarquía
militar.
Durante el Principado, el emperador asumió un papel central en la organización política del
Imperio Romano. Con poderes como el proconsular, la tribunicia potestas y la potestad
sensorial, el emperador concentró el poder en si mismo, mientras que el Senado y los
comicios perdieron gradualmente su relevancia. Los senadoconsultos y las decisiones del
emperador se convirtieron en las principales fuentes del derecho.
En esta época, el derecho romano alcanzó su apogeo, los jurisconsultos, como Papiniano,
Ulpiano y Paulo, jugaron un papel clave en la interpretación y desarrollo del derecho. La
aparición de escuelas clásicas, como la Proculeyana y la Sabiniana, ayudo a la valoración y el
enriquecimiento del ámbito jurídico, promoviendo debates y la sistematización del
conocimiento legal.
El derecho en el Principado se caracterizó por su flexibilidad, casuismo y la transformación de
las leyes a través de las constituciones imperiales, que eran resoluciones legislativas dictadas
por el emperador. Estas incluían edictos, decretos, rescriptos y mandatos, que reflejaban la
voluntad del emperador y eran esenciales para la administración del imperio.
Los edictos eran proclamaciones oficiales emitidas por los magistrados romanos, su función
principal era establecer reglas y procedimientos que regirían en el ámbito judicial durante su
año de mandato, los decretos eran decisiones formales tomadas por magistrados,
especialmente por el emperador o los senadores, sobre cuestiones legales específicas o casos
individuales, los rescriptos eran respuestas formales dadas por el emperador a preguntas o
consultas legales planteadas por individuos o magistrados y los mandatos eran nstrucciones
o órdenes emitidas por un magistrado o el emperador a subalternos o funcionarios,
indicándoles cómo debían actuar en ciertas circunstancias.
EL DOMINADO
Durante la fase de, el Dominado Roma se encontraba pasando por una crisis profunda, que
se caracterizó principalmente por la inestabilidad económica, social y política. La economía
esclavista, la cual dependía de conquistas para su sostenimiento, comenzó a desmoronarse
por la falta de conquistas. Las tensiones sociales aumentaron, con bandas de forajidos
asolando el territorio y guerras civiles que desestabilizaban todavía más el imperio. Este
contexto facilitó la expansión del cristianismo que, predicando principios de igualdad y
cosmopolitismo, comenzó a atraer a la gente.
La llegada de Diocleciano (284-305 d.C.) marcó el inicio de una serie de reformas cruciales,
pues ante el caos que reinaba y los constantes ataques de persas y bárbaros, Diocleciano logro
restaurar la estabilidad mediante la instauración de la Tetrarquía, dividiendo el imperio entre
dos emperadores (Augustos) y sus respectivos sucesores (Césares). Este nuevo sistema
permitió una administración más eficiente y la centralización del poder en el emperador.
Diocleciano también llevó a cabo reformas económicas, como el Edicto de Precios Máximos,
para poder controlar la inflación, y fomentó la organización de los gremios.
Sin embargo, también es recordado por su severa persecución de los cristianos, considerados
subversivos debido a sus enseñanzas sobre la igualdad y la caridad. Y a pesar de los esfuerzos
que realizo, las reformas de Diocleciano no lograron consolidar la paz, y tras su abdicación en
305 d.C., el imperio volvió a caer en la anarquía.
Con el Dominado, desaparecieron los últimos vestigios de la República, pues la nueva
constitución estableció un régimen absolutista, con el emperador ejerciendo un poder total
y centralizado, a menudo considerado de carácter divino. Los antiguos cargos republicanos,
como la cuestura y la pretura, se volvieron prácticamente irrelevantes, y nuevos institutos de
poder surgieron dentro de la administración palatina, donde el emperador controlaba todos
los aspectos del gobierno.
En este período el Senado se debilitó considerablemente, convirtiéndose en una mera
corporación municipal sin poder real, aunque todavía mantenía un estatus ceremonial. En el
Imperio de Oriente, se estableció un senado paralelo que carecía de funciones significativas,
sirviendo más que nada para legitimar las decisiones del emperador.
El Imperio de Constantino
Cayo Flavio Valerio Aurelio Constantino nació alrededor del año 280 en Naissus, lugar que
ahora conocemos como Serbia, durante el periodo de desgobierno militar del Imperio
Romano, hijo de Constancio Cloro, fue criado en los campamentos militares romanos y
educado en la corte de Diocleciano, donde fue testigo de la persecución de cristianos. Tras la
muerte de su padre en 306, las tropas proclamaron a Constantino como Augusto en York.
Aunque inicialmente tuvo que aceptar el título de César bajo el gobierno de la Tetrarquía,
finalmente fue reconocido como Augusto por Maximiano tras su matrimonio con su hija,
Fausta.
Constantino abandonó el sistema tetrárquico y reafirmó su control sobre las provincias de
Galia, Britania e Hispania. Y tras varias victorias militares, incluyendo la batalla del Puente
Milvio en 312 contra su rival Majencio, este se convirtió en el único emperador de Occidente.
Este periodo se caracterizó por una serie de alianzas y enfrentamientos, culminando con la
firma del Edicto de Milán en 313, que garantizó la libertad de culto a los cristianos y la
restauración de sus bienes.
Así bajo el reinado de Constantino, el cristianismo ganó reconocimiento oficial. Promulgando
el Edicto de Milán, permitiendo el ejercicio del culto cristiano y otorgando privilegios al clero.
También participó en importantes concilios, como el de Arlés (314) y el de Nicea (325), que
buscaban consolidar la doctrina cristiana. En 330, Constantino trasladó la capital del Imperio
a Bizancio, renombrada como Constantinopla, siendo una ciudad diseñada para ser el nuevo
centro del imperio, uniendo de esta manera a Asia y Europa.
Ya en sus últimos años, Constantino dividió el Imperio entre sus hijos y sobrinos, buscando
asegurar la estabilidad a través de la administración. Pero las rivalidades internas llevaron a
conflictos tras su muerte en 337. Su legado incluye la unificación del territorio, la
institucionalización del cristianismo y la modernización administrativa del imperio,
estableciendo las bases para el desarrollo futuro del Imperio Bizantino.
Tiempo después, a finales del siglo IV, el emperador Teodosio I llevó a cabo una importante
división del Imperio Romano en el año 395, repartiendo sus territorios entre sus hijos. Arcadio
recibió el Imperio Oriental con capital en Constantinopla, mientras que Honorio gobernó el
Occidental con capital en Roma. Esta separación marcó el inicio de un período en el que el
Imperio Occidental enfrentaría un gran declive hasta su caída en 476, mientras que el Oriental
perduraría hasta 1453.
Y durante el siglo V, los germanos, presionados por los hunos, comenzaron a invadir las tierras
romanas, lo que culminó con la llegada de Odoacro, quien destituyo al último emperador de
Occidente, Rómulo Augústulo, marcando el fin de la Edad Antigua.
También el cristianismo comenzó a expandirse en Roma desde el nacimiento de Cristo, en
contraste con la religión pagana romana que estaba centrada en ritos externos y el culto al
emperador, la negativa que tenían los cristianos a rendir culto al emperador generó
persecuciones, como las ordenadas por Diocleciano. Sin embargo, a principios del siglo IV,
Constantino otorgó protección al cristianismo a través del Edicto de Milán en 313, que
permitió su práctica oficial y marcó el inicio del cesaropapismo, donde los emperadores
intervinieron en cuestiones religiosas.
Teodosio I consolidó el cristianismo como religión oficial del Estado en 380, sometiendo la
Iglesia al poder imperial. En el Imperio Oriental, la influencia del cristianismo fue más
compleja, ya que coexistió con las tradiciones helénicas y Justiniano buscó mantener la
ortodoxia cristiana frente a las influencias paganas.
El cristianismo tuvo un impacto significativo en el derecho romano, especialmente en el
derecho de familia y sucesorio, introduciendo cambios en la percepción de la persona
humana y promoviendo la idea de dignidad inherente, lo que influyó en la legislación sobre
el matrimonio y el divorcio. La influencia cristiana llevó a la reducción de la severidad de las
penas, limitaciones al usurero, y un enfoque en la protección del deudor.
Y aunque el cristianismo no abolió la esclavitud, propició la manumisión y el reconocimiento
de derechos, como la legitimación de hijos y el derecho a alimentos. Las ideas cristianas
también permeaban en el derecho público, promoviendo la igualdad ante la ley sin distinción
de raza, sexo o religión, aun así, en ocasiones se alió con el poder imperial en medidas
intolerantes.
El cristianismo también jugó un papel crucial en la preservación y desarrollo del derecho
público romano tras la caída del Imperio, pues la organización de la Iglesia reflejaba
estructuras de poder político y su influencia en la legislación fue objeto de debate entre los
historiadores, aunque algunos sostienen que el cristianismo transformó profundamente el
derecho y sus instituciones, otros argumentan que sus impactos fueron menos radicales.
Caída del Imperio Romano de Occidente
La caída del Imperio Romano de Occidente se refiere a la desaparición del poder central y la
desintegración de su autoridad imperial. Este proceso fue impulsado por una serie de causas,
entre las que destacan los conflictos Internos como las continuas guerras civiles y luchas por
el poder, la desaparición de la aristocracia, la crisis económica, las invasiones bárbaras donde
los pueblos bárbaros comenzaron a amenazar las fronteras del imperio, provocando la
pérdida de territorios, y finalmente la corrupción y Burocracia.
La decadencia social se hizo evidente a través de la indiferencia de la población hacia su
situación, el aumento de la violencia y la corrupción, así como el debilitamiento de los vínculos
familiares. Como consecuencia, los pueblos bárbaros establecieron sus reinos, y adoptaron
algunas costumbres y leyes romanas, figuras como Teodorico, Alarico y Clodoveo jugaron
papeles clave en esta transición hacia una nueva organización política en Europa, que culminó
con la creación del Sacro Imperio Romano Germánico en el siglo X.
Características del Derecho en el Imperio Absoluto
Durante el periodo conocido como Imperio Absoluto, el derecho romano entró en una gran
decadencia principalmente gracias a el declive del derecho clásico, ya que las obras clásicas
perdieron calidad, y el derecho se vulgarizó, generando un desconcierto en la interpretación
jurídica. La carencia de producción jurídica, porque la falta de estudios sobre derecho llevó a
un abandono del análisis jurídico formal, con un aumento del uso del "sentido común" para
resolver las disputas. La influencia del cristianismo, ya que el cristianismo y el socialismo
estatal desplazaron el enfoque del derecho, promoviendo cambios en el matrimonio y
criminalizando acciones contrarias a la moral cristiana. Y por último la anarquía política,
porque la anarquía se reflejó en el desorden jurídico, debilitando la estructura legal del
imperio.
Las fuentes del derecho durante esta época se redujeron principalmente a la costumbre y a
las constituciones imperiales, mientras que el emperador centralizó la interpretación y
aplicación de la ley, disminuyendo de esta manera el papel de la jurisprudencia. La creación
de leyes, como la Ley de Citas, intentó unificar el derecho, aunque este esfuerzo se vio
limitado por la corrupción y la falta de capacidad de los gobernantes.
En resumen, la caída del Imperio Romano de Occidente fue el resultado de una combinación
de varios factores internos y externos que en conjunto debilitaron su estructura, mientras
que el periodo del Imperio Absoluto se caracterizó por un gran retroceso en la calidad del
derecho y un aumento en el poder del emperador. Estos cambios fueron los que sentaron las
bases para la evolución política y legal en Europa durante la Edad Media.