PRESENTACION
Detrás de cada estudiante hay un maestro que marca la diferencia. En el nivel
preescolar, donde se construyen las bases del pensamiento, la creatividad y la socialización, la
preparación de los docentes no es solo importante, sino esencial. Sin embargo, la formación
docente no es un punto de llegada, sino un proceso en constante evolución que debe
adaptarse a los cambios sociales, tecnológicos y pedagógicos.
Este documento, se basa en la obra "Formación Docente: revisiones, desafíos y
apuestas" de Liliana Abrate (2020), así como en otros referentes clave de la pedagogía. Aquí
exploraremos cómo la formación docente puede responder a los desafíos actuales, desde la
planificación de clases hasta la evaluación del aprendizaje, asegurando que cada niño reciba
una educación de calidad.
A lo largo del texto, se presentarán estrategias para la planeación didáctica inclusiva, la
evaluación auténtica y la creación de ambientes de aprendizaje que fomenten el desarrollo
integral de los niños. Además, se analizará el papel de la tecnología en la enseñanza y la
importancia de adaptar la educación a contextos diversos, como las escuelas multigrado e
indígenas.
Más que un análisis teórico, este documento busca ofrecer herramientas prácticas que
permitan a los docentes no solo enseñar, sino transformar la vida de sus estudiantes. Porque
un buen maestro no es solo quien transmite conocimientos, sino quien inspira a aprender.
INTRODUCCION
En cada aula se construye el futuro, y detrás de cada estudiante hay un maestro que
deja huella. Pero ser docente no se trata solo de enseñar, sino de guiar, inspirar y acompañar.
La educación ha cambiado mucho, y hoy formar a los maestros es tan importante como lo que
ellos enseñan. Según la OCDE (2023), el éxito escolar depende en gran parte de la calidad de
los docentes, lo que demuestra que su preparación es clave para cualquier sociedad.
Este documento busca aterrizar la formación docente a la realidad. No basta con
conocer la teoría, hay que saber aplicarla: diseñar experiencias que realmente ayuden a los
niños a aprender, evaluar de forma justa y crear ambientes donde cada estudiante se sienta
visto y valorado. También veremos cómo la tecnología puede ser una aliada en el aula, sin
dejar de lado lo humano.
Basado en el trabajo de Liliana Abrate (2020) y otros especialistas, este texto no solo
informa, sino que ofrece herramientas prácticas para que los docentes marquen la diferencia. Al
final, lo que define a un buen maestro no es cuánto sabe, sino cómo logra despertar en sus
alumnos el deseo de aprender.
¿SABIAS QUE…?
I. La formación docente: tradición e innovación pedagógica
El modelo normalista en Argentina y México (siglos XIX-XX) formó un tipo de docente
con características muy particulares. Estos maestros, principalmente mujeres en Argentina,
eran figuras de autoridad con estricta disciplina personal y moral intachable. Su enseñanza se
basaba en:
- Clases magistrales expositivas
- Ejercicios de repetición y memorización
- Uso de castigos físicos como correctivo
- Enseñanza simultánea a grupos numerosos
- Énfasis en la caligrafía perfecta y modales impecables
En el nivel inicial, estas características se matizaban: las maestras jardineras
desarrollaban mayor cercanía afectiva con los niños, aunque mantenían los mismos métodos
de repetición y disciplina. Su formación enfatizaba el desarrollo de hábitos de higiene y
socialización sobre lo académico, priorizando aprendizajes como:
- Seguir rutinas establecidas
- Desarrollar motricidad fina (mediante ejercicios de rasgado, ensartado)
- Aprender normas de convivencia básica
En México, el modelo incorporó variantes como talleres prácticos en zonas rurales y
algunos intentos de educación bilingüe en comunidades indígenas, aunque manteniendo la
rigidez característica del sistema. Las escuelas normales rurales en México formaban docentes
con adaptaciones particulares:
- Uso de materiales del entorno (en lugar de recursos estandarizados)
- Estrategias multigrado para atender grupos heterogéneos
- Mayor apertura a prácticas culturales locales, aunque dentro del marco
nacionalista
Durante el siglo XX, ambos países transformaron sus enfoques. Argentina adoptó
métodos globales de lectura (1960) y constructivismo (1980), mientras México implementó
métodos activos (1920) y posteriormente el conductismo (1970). Esta evolución llevó a cambiar
el perfil docente: del maestro autoritario al guía del aprendizaje.
Hoy, los docentes argentinos combinan plataformas digitales con enseñanza por
proyectos, conservando algunos valores tradicionales como la ética profesional. En México
destacan las redes de tutoría entre pares, integrando el legado comunitario del normalísimo
rural con nuevos enfoques interculturales.
El desafío actual es equilibrar esta herencia pedagógica -su rigor, disciplina y
compromiso- con las metodologías activas y tecnologías que demandan las aulas del siglo XXI,
formando educadores que mantengan lo esencial de la identidad docente mientras se adaptan
a los nuevos contextos educativos
La formación docente como proceso continuo
Abrate cuestiona la concepción tradicional que considera la formación inicial como un
proceso acabado: "Solemos encontrar en las escuelas ciertas expresiones que aluden a un
proceso concluido, suponiendo que al asumir un cargo ya están formados, han adquirido todo
aquello que le exige el ejercicio de su función".
La autora propone entender la formación como:
- Un proceso de incompletud e inacabamiento
- Una "incomodidad necesaria" para el crecimiento profesional
- Una tarea mutua y colectiva
- Un diálogo constante entre teoría y práctica
Philippe Meirieu (1998, citado en Abrate, 2020) advierte sobre el peligro de entender la
educación como fabricación: "La ambición de dominar por completo el desarrollo de un
individuo es siempre una ambición perversa y mortífera" (p. 41).
Paulo Freire (1997) enfatiza que "la educación es un proceso permanente donde
educadores y educandos se forman mutuamente en la praxis reflexiva" (Pedagogía de la
Autonomía, p. 25).
Esta visión dialógica refuerza la idea de que la formación docente no termina con el
título, sino que se construye en la práctica pedagógica cotidiana.
Además, estudios recientes (Darling-Hammond, 2017) demuestran que los sistemas
educativos más efectivos son aquellos que integran la formación inicial con el desarrollo
profesional continuo, mediante:
- Mentorías: entre docentes experimentados y noveles
- Comunidades de aprendizaje: para reflexionar sobre la práctica
- Formación en servicio: vinculada a problemas reales del aula
- Investigación-acción: como herramienta de mejora docente
Estas aportaciones refuerzan la postura de Abrate: la formación docente es un proceso
vivo, que se nutre de la experiencia, el diálogo con colegas y la confrontación constante con
nuevos desafíos educativos. Como concluye Michael Fullan (2016): "Ningún docente termina
de formarse; solo se transforma a través de su compromiso con el aprendizaje permanente"
(The New Meaning of Educational Change, p. 114).
Desafíos actuales en la formación docente
La pandemia por COVID-19 aceleró transformaciones profundas en la formación
docente, revelando nuevos retos y oportunidades. Este contexto crítico puso en evidencia tres
dimensiones clave que requieren atención prioritaria:
1. Gestión del tiempo educativo:
- Necesidad de replantear secuencias didácticas
- Flexibilización de cronogramas
- Adecuación de ritmos de aprendizaje
2. Reconfiguración de espacios formativos:
- Transición de aulas físicas a entornos virtuales
- Diseño de ambientes híbridos
- Aprovechamiento de espacios comunitarios
3. Nuevas formas de comunicación:
- Dominio de lenguajes digitales
- Uso estratégico de plataformas educativas
- Desarrollo de habilidades para la interacción a distancia
Estos desafíos se enmarcan en un escenario más amplio de transformación educativa,
donde las políticas actuales buscan responder a demandas de inclusión y calidad. La formación
docente debe incorporar:
- Estrategias para trabajar en contextos de diversidad
- Herramientas para la personalización de aprendizajes
- Métodos de evaluación adaptativos
- Enfoques interdisciplinarios
La experiencia pandémica demostró que los docentes requieren desarrollar
competencias específicas para:
- Gestionar emociones en entornos virtuales
- Mantener el vínculo pedagógico a distancia
- Seleccionar y adaptar recursos digitales
- Implementar evaluaciones formativas en línea
Estos retos configuran un nuevo perfil docente que combina lo mejor de la tradición
pedagógica con habilidades digitales y capacidad de adaptación a escenarios cambiantes. La
formación inicial y continua debe integrar estos elementos para preparar profesionales capaces
de responder a las complejidades de la educación contemporánea.