Reconocer tu verdadera
naturaleza
Una introducción a los cuatro pensamientos
Curso online
Lama Rinchen Gyaltsen
Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons
Atribución-NoComercial-Compartir Igual 4.0 Internacional. Puede reproducirse sin
cambios con atribución al traductor para uso sin fin lucro. Para ver una copia de esta
licencia, visita http://creativecommons.org/licenses/by nc-sa/4.0/
Reconocer tu verdadera naturaleza: versión 1.0223
Transcripción del curso online
Publicada por Paramita Editorial
Paramita, Centro Budista Sakya
Pedreguer, Alicante, España
www.Paramita.org
Reconocer tu verdadera naturaleza
Lección 1: Introducción a los cuatro pensamientos
«Si realmente deseamos liberarnos del sufrimiento y experimentar la felicidad es
importante trabajar en las causas. Sin trabajar en las causas, no podemos esperar
producir ningún resultado» Su santidad Sakya Trichen (el 41º Sakya Trizin).
La ciencia del ser
Bienvenidos. Quería compartir con vosotros un poco de lo que es la presentación
budista del desarrollo espiritual. Su santidad el Dalai Lama nos ha dicho que lo que
conocemos como budismo es, por una parte, religión; por otra parte es filosofía; y por
otra parte es ciencia.
Entonces, la parte religiosa de los rituales les concierne a los practicantes budistas.
La filosofía, hoy en día, es de gran interés, especialmente a nivel académico, tiene una
filosofía muy sofisticada, muy precisa.
Para nosotros, a lo mejor, lo más interesante hoy es la ciencia budista que no se
preocupa tanto del funcionamiento de las estrellas, sino es más una ciencia interna,
cómo funciona la mente y cómo trabajar con el desarrollo personal, por lo que me
gustaría compartir con vosotros un poco lo que es la ciencia de la mente, la ciencia del
ser.
Y tendríamos que explicar primero un poquito lo que es la mente. Ya que vamos a
trabajar internamente, en realidad, ¿qué es la mente? Incluso hoy en día hay mucha
confusión. Los medios de comunicación muchas veces equiparan lo que es el cerebro
con la mente. Pero, de acuerdo a las tradiciones contemplativas, la mente es otra
dimensión aparte de la materia. Están vinculadas, relacionadas, se afectan una a la
otra, pero es una realidad aparte.
Tenemos la consciencia que habitamos, la que conocemos, la consciencia conceptual;
tenemos percepción a través de los cinco sentidos; pero la mente no se limita a eso.
Hay niveles sutiles de consciencia que aún no percibimos, que están debajo de esa
línea del inconsciente.
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 3
Desde la perspectiva budista, hay una consciencia base, primaria, sustrato… muy pura.
Que podemos decir que es lucidez, claridad, luz, libre de toda limitación. Y está
envuelta por la noción de ser, el ego, de existir, independientemente de todos; está
envuelta de aflicciones, emociones negativas; envuelta de conceptos, ideas; envuelta
de patrones. Y lo que nosotros experimentamos, hoy en día, es la sombra de esa luz al
pasar por los filtros conceptuales y emocionales. Casi como si fuera una película. Y esa
chispa divina o esa consciencia pura, natural es el proyector, luz blanca pura,
cristalina. Pero cuando pasa por los diferentes filtros se va tiñendo, va tomando forma
y colores.
Y lo que nosotros experimentamos hoy en día, aparentemente objetivo, independiente
de nosotros, no es otra cosa que nuestra proyección, lo que nuestra consciencia está
reflejando, dependiendo de nuestro bagaje, condicionamiento cultural, social… de esta
vida. Y también –si queréis considerarlo– condicionamiento antiguo… de vidas
previas. Y lo que parece ser el mundo objetivo, no es otra cosa que nuestra
percepción, nuestra idea de lo que es el mundo. Porque si fuera igual, si fuera objetivo
tendría que ser igual para todos, todos tendrían que tener la misma experiencia en el
mismo momento.
Parece que estamos aquí reunidos, en esta pequeña sala; pero, en realidad, cada uno
está en su mundo, una burbuja… que algunas veces es casi idéntica porque nuestro
karma es muy parecido, pero, en algunos casos, muy diferente. Entonces, si nuestra
realidad es integral, tiene todos estos elementos –conceptuales, emocionales,
condicionamientos de esta vida, de otras vidas, ideas conceptos y demás–, el
entrenamiento espiritual, el desarrollo espiritual debería ser también integral,
holístico; debería tomar en cuenta la totalidad del ser.
Y cuando en el Dharma, en el budismo hablamos de meditación, hablamos de millares
de técnicas –es una tradición vasta y profunda–, pero todas las diferentes técnicas
podemos simplificarlas, agruparlas, categorizarlas en cuatro familias. 1) Meditaciones
que tienen el objetivo de desarrollar y cultivar virtud, generosidad, podemos cultivar
paz y paciencia, podemos cultivar alegría y entusiasmo. 2) Después, hay otras
meditaciones que tratan de buscar equilibrio, calma mental, shamatha, el estado
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 4
meditativo, absorciones meditativas. 3) Hay otras meditaciones que se enfocan en
desarrollar amor. Toda la gama del altruismo, amor, compasión… culminando con la
perfección del altruismo que llamamos bodhichitta o mente iluminada. 4) Y después,
hay otras técnicas que se enfocan en desarrollar sabiduría, acercarnos a la realidad,
objetiva –de los fenómenos–, pero también subjetiva –de quién soy yo–.
Por tanto, meditación abarca muchas cosas, una técnica consciente donde vamos
transformando quiénes somos. En vez de estar a la espera de que algo pase ahí fuera,
tomamos la iniciativa, tomamos el control de nuestras vidas y elegimos… quién quiero
ser, qué quiero pensar, qué quiero sentir, qué realidad quiero habitar. Y cultivamos la
verdad, cultivamos el amor, cultivamos la tranquilidad. Porque, al fin y al cabo,
meditación para los tibetanos es cultivar, familiarizarnos con estados positivos.
Felicidad genuina
A mí me inspiran mucho los grandes maestros, los grandes seres iluminados, no solo
budistas, santos y santas de todas las tradiciones. Y ellos cuentan –cómo un científico
que ha estudiado, ha descubierto dentro de sí esa felicidad– que ya hay dentro de
nosotros dicha, que el estado base del ser es gozo. Incluso algunos de ellos utilizan la
palabra éxtasis cuando entran en comunión con esa divinidad interna. Y nosotros
–aunque no tenemos acceso directo– intuimos su presencia. Por eso no estamos
conformes, aunque tengamos tres yates, queremos el cuarto. Nada nos llena, nos
satisface completamente porque nuestra esencia es infinita; el gozo no tiene límites, la
paz está libre de toda dependencia.
Entonces, el estado natural del ser, esta consciencia base –desde la perspectiva
religiosa la podemos llamar chispa divina, naturaleza búdica; a nivel de psicología es la
consciencia sustrato, la pura consciencia– tiene estos aspectos de gozo, de paz, de luz,
de ecuanimidad y libertad, es decir, que no tenga límites, algo que no tiene… no está
delineado, estructurado, codificado… que no tiene orillas, por decirlo así.
Y una vez que tenemos eso claro –estas cuatro contemplaciones–, nuestro enfoque
debería cambiar: de un enfoque mundano a un enfoque espiritual, donde queremos
lograr esta paz, esta dicha, esta felicidad en el desarrollo espiritual… participando en
la vida, viviendo plenamente, aprovechando todas las oportunidades, pero de una
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 5
manera sana, sin esa desesperación que crea este vacío existencial –donde nos
volcamos, cuando hay algo que es dulce al paladar, lo agarramos de una manera
desesperada… se crea dependencia, apego, aferramiento–. Entonces, podemos
disfrutar sin crear dependencias.Ahora pasamos a la parte meditativa.
Los primeros pasos a descubrir nuestra esencia
¿Cómo llegar a ese estado natural?, ¿cómo reconocer quiénes somos realmente, no el
caparazón, todo el condicionamiento, las etiquetas, las máscaras que empleamos, sino
nuestra verdadera esencia? Naturalmente hay que ir de lo burdo a lo sutil. Lo más
burdo, a lo mejor, es el cuerpo, nuestra conducta. Por eso vais a ver que todo el
entrenamiento espiritual empieza con conducta, disciplina, ética; después trabaja con
la mente, para domar la mente; después desarrolla amor y compasión para neutralizar
el egocentrismo; y finalmente sabiduría, acercarse a esa verdad.
Entonces, brevemente —sé que es uno de los temas más aburridos— pero, por lo
menos, para ser leal a las enseñanzas tengo que mencionarlo: la conducta o disciplina.
Todo lo que tú quieres ser tiene que ser coherente, tiene que estar en armonía con tu
vida, con tu comportamiento. Porque algunas personas quieren meditar y les gustan
las técnicas de meditación y reservan algún tiempito durante la mañana para hacer
sus meditaciones… y es buenísimo y fantástico. Y el resto del día van por la vida como
vikingos, arrasando los pueblos.
Es decir, si nuestra vida es caótica no vamos a poder encontrar paz dentro nosotros. Y,
es más, si nuestra vida es sana, las personas que nos rodean son sanas, la dieta es
sana, lo que consumimos a través de los sentidos es sano… antes de sentarte a meditar
en el cojín, ya estás meditando. Ya has logrado esa estabilidad, ya tienes ese apoyo.
Entonces, desde la perspectiva del Dharma, del Buda, el propósito de la buena
conducta es solo darnos acceso a la mente, solo tener acceso. Porque el nivel en el
que estamos operando ahora es muy reactivo, muy superficial; pero si podemos
tranquilizar nuestra vida, tranquilizar el cuerpo, empezamos a tener acceso para
trabajar la mente y cultivarla.
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 6
Y la segunda pregunta es: ¿Cómo cultivamos la mente? Primero, tenemos que
encontrar equilibrio. Hoy en día, rara vez estamos presentes. O estamos en el pasado,
reviviendo algo; o estamos proyectados al futuro, preocupados por lo que se acerca en
el horizonte. Por tanto, el primer paso es adueñarse del presente. Y salir de lo que los
psicólogos llaman esa fusión cognitiva, que quiere decir, cuando estamos
experimentando algo, no desaparecer en eso que piensas. Tú puedes estar
conscientemente planeando algo y mantenerte en el presente; puedes estar
conscientemente recordando algo, una fiesta, un cumpleaños… y ser aún dueño del
presente. Pero rara vez lo logramos. Fácilmente las emociones nos llevan a
fusionarnos y desaparecemos en esa idea, en ese plan, en ese recuerdo. Y una vez que
desaparecemos, no hay mucho discernimiento, no hay mucho sentido común, no hay
mucha elección. Reaccionamos de una manera previsible, generando emociones
aflictivas.
Por tanto, es muy importante. El primer paso en meditación es ser conscientes de
todo lo que pasa sin engancharnos, sin involucrarnos en ese diálogo, en ese cotilleo
interno.
El objetivo no es tener la mente en blanco. No es ser una estatua de mármol. Tenemos
que tener una vida interna muy rica, dinámica; la cuestión es que no nos atrape, no
fusionarnos a nivel cognitivo. Y nos entrenamos gradualmente desarrollando el poder
de la concentración, de la atención –que hoy en día se está estudiando mucho a nivel
de psicología y medicina, tiene muchos beneficios para el cuerpo y para la mente, el
hecho de entrenarse solo 20 o 30 minutos al día–.
Y partiendo de esa base que tiene muchos niveles –a eso le llamamos la gama de
shamatha, de calma mental– hasta, finalmente, el nivel más profundo que es recuperar
el estado natural de la de la mente –cuando no es sacudida por emociones–, el estado
de paz, de equilibrio base. Y reúne dos cualidades que casi nunca coexisten: lucidez y
tranquilidad. Estar tranquilos, pero muy claros, muy despiertos. Eso es lo que
queremos lograr, refinar el instrumento de la mente. Y después, lo podemos emplear
para investigar quiénes somos y cuál es la naturaleza de la consciencia.
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 7
Pero antes de indagar en quién soy yo, los maestros tibetanos recomiendan: “Primero,
medita en el amor”. Porque no hay fuerza en el universo más potente que el amor para
corregir todas estas emociones negativas, todos los apegos y aferramientos, pero
también para acercarnos a la verdad. Porque la verdad última es no-dual; no hay una
distinción entre sujeto y objeto. Para nosotros, hoy en día, hay una gran distinción
entre yo y los demás, yo y el mundo. Y el amor rompe esa barrera artificial –que
nosotros hemos creado– uniéndonos a través de la empatía con otros seres. El amor y
la compasión nos llevan al umbral de la verdad última. No hay mérito, no hay karma
positivo más fuerte en todo el universo.
Por tanto, hay técnicas, hay prácticas para desarrollar conscientemente, poquito a
poquito, este amor bondadoso, la compasión, la ecuanimidad. Y eso va a ayudarnos a
encontrar más equilibrio en la meditación, pero también a acercarnos a la sabiduría
profunda.
Y no sé si lo podéis apreciar, pero uno de mis maestros me lo contó hace muchos años
y, de ahí en adelante, lo he experimentado muchas veces. Cuando tienes un libro de
filosofía que no entiendes, marca esa página, cierra el libro y vete a hacer mérito,
karma positivo: ayudar a gente que necesita ayuda, hacer ofrendas a los budas,
meditar en el amor, por ejemplo. Y regresas unas horas, unos días más tarde a ese
mismo libro; y ahora vas a comprender algo que antes no comprendías. ¡Parece un
milagro! Tu coeficiente intelectual no ha crecido, tu vocabulario no ha crecido, pero
ahora tu ser está cerca de esa verdad… para utilizar un término de Nueva Era, está
vibrando con esa verdad, está en armonía con esa verdad. Y podemos unir los cabos,
armar el rompecabezas, ver y comprender el mensaje.
Por tanto, las enseñanzas espirituales no necesariamente son para el más inteligente;
requieren cierto nivel de mérito o virtud. Si no, hay cosas que, por muy inteligente que
seas, no las vas a apreciar, no las vas a valorar, no las vas a comprender. Y seguramente
lo habéis visto, hay libros que los lees, y los lees dos años después y parece que es otro
libro… porque tú estás en otro lugar internamente.
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 8
Cultivar virtud: las cuatro reflexiones primarias
1. Nuestra preciosa vida humana
2. La impermanencia – todo cambia
3. El karma – la ley de causa y efecto
4. Las desventajas de una vida mundana
Vamos a empezar con la primera familia, la familia de la virtud. Y esta es una de las
familias más grandes de meditación… porque la virtud es casi todo. Sabiduría, amor,
equilibrio y todas las otras cualidades espirituales que no se pueden resumir dentro
de sabiduría, amor o equilibrio están en esta categoría de virtud. Y dentro de esta
categoría también están lo que se llaman las meditaciones contemplativas, donde
contemplamos las leyes universales para cambiar nuestro enfoque, de un enfoque
mundano a un enfoque espiritual.
Y si os parece vamos a contemplar cuatro de las reflexiones primarias. Son cuatro
ideas para reflexionar que, en realidad, no son nuevas, pero hay cierta resistencia
dentro de nosotros para aceptar estas verdades.
Reconocer tu verdadera naturaleza
Vamos a empezar aclarando que la meditación es tu camino hacia el desarrollo
espiritual y, por lo tanto, a una felicidad genuina, pura y sostenible. Hay muchos yogas
o disciplinas espirituales, pero entre todas ellas, la meditación es la que más fuerza
tiene para transformar quiénes somos. Corregir los patrones antiguos, dañinos,
tóxicos; eliminar las emociones negativas; lograr más equilibrio y paz en nosotros; y
acercarnos, alinearnos, armonizarnos con la verdad y comprender cada vez más
quiénes somos, la esencia de esa consciencia.
Vamos a empezar aclarando que ya tienes todo lo que necesitas, ya viene de fábrica.
Todos tenemos esa naturaleza búdica, que a nivel psicológico podemos decir que es la
consciencia substrato o la base de la consciencia. Todos tenemos ya esa pura
naturaleza que está, hoy en día, temporalmente obstruida por velos conceptuales,
emocionales, mucha ignorancia, mucha confusión, muchos autoengaños. Por tanto, ya
con lo que tenemos, podemos empezar a mejorar; por un lado, descartando todo el
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 9
tóxico, todo lo negativo, buscando y adquiriendo virtud y sabiduría. Y eso, a la vez nos
capacita, nos empodera también para ser de beneficio a otros seres, ser un recurso
para las personas que necesitan buenos consejos. Como sabemos, no podemos
cambiar a nadie, pero sí podemos ayudar, guiar, compartir.
Esta luz, gotra, naturaleza búdica, hoy en día late en lo más profundo de nuestro
corazón. Y en algunas personas está empezando a despertar. Existe en todos los seres
de forma latente, adormecida, pero en algunos empieza a activarse. Eso es lo que
llamamos el despertar de consciencia. Y hay señales. Empieza a surgir una empatía
natural por otros seres; empezamos a tener más paciencia, más tolerancia, una mente
que es más fuerte a esos cambios inesperados en nuestra vida; hay naturalmente la
inclinación a comportarnos bien, a ser virtuosos, a ser generosos. Y también hay fe,
una afinidad natural con el camino espiritual, las enseñanzas del Buda o la meditación.
Y, por favor, eso no es poco. Eso hay que valorarlo, hay que apreciarlo, es muy
importante porque no viene gratis. Hay mucho sacrificio detrás de ese despertar, en
esta y en otras vidas.
Transcripción: Reconocer tu verdadera naturaleza Paramita.org 10