Devocionales del Estudio del Libro de 1 de SAMUEL
Día 610 El arca va a Bet-semes, la presencia del Señor vuelve a Israel. (1S.6:10–16)
10 Y aquellos hombres lo hicieron así; tomando dos vacas que criaban, las uncieron al carro, y
encerraron en casa sus becerros. 11 Luego pusieron el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con los
ratones de oro y las figuras de sus tumores. 12 Y las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes,
y seguían camino recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda; y los príncipes
de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de Bet-semes. 13 Y los de Bet-semes segaban el trigo en
el valle; y alzando los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la vieron. 14 Y el carro vino al campo
de Josué de Bet-semes, y paró allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera del carro,
y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová. 15 Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que
estaba junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra; y los
hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel
día. 16 Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos, volvieron a Ecrón el mismo día.
(1 S.6:10-16 Reina Valera 1960)
Los levitas bajaron el arca. Naturalmente, en una ciudad en la que los sacerdotes formaban la casta
gobernante, la gente conocería la naturaleza general de los reglamentos de la ley. Aparentemente, solo
después de la fiesta del sacrificio olvidaron la reverencia debido al símbolo de la presencia de Jehová
entre ellos. Los israelitas tuvieron cuidado de dejar que los levitas se encargaran del arca, como lo
ordenaba la ley (Números 4:1-6, 15). Bet-semes era una ciudad sacerdotal (Josué 21:16), así que había
sacerdotes disponibles. Había alegría, regocijo del regreso del arca, de la presencia del Señor. Pastor EA